FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

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miércoles, 4 de diciembre de 2024

EL MITO DEL PECADO ORIGINAL HA SALTADO POR LOS AIRES INMACULADA (C) Lc 1,26-38

 fe adulta


Estamos celebrando una fiesta entrañable, como todas las de María. Es una fiesta a la que podemos sacar mucho más jugo hoy que en ningún momento anterior de la historia. Si no existiera, tendríamos que inventarla. Vamos a intentar profundizar en su significado. El que me siga, intentando comprender, podrá descubrir una increíble riqueza de contenido. Os recuerdo que no escribo para que penséis como yo sino para que os atreváis a pensar.

Una aclaración imprescindible es que ser fiel a los dogmas no consiste en repetirlos como papagayos sino en descubrir y aceptar su contenido teológico, que siempre está más allá de las palabras. En el caso que nos ocupa, hay que tener en cuenta que, aunque solo ha pasado siglo y medio de la proclamación del dogma, la manera de entender a Dios, al hombre y el pecado (sobre todo el original) ha cambiado drásticamente. Esta distinta perspectiva permite que el sentido teológico del dogma se profundice y se enriquezca.

Hoy sabemos que la grandeza del ser humano consiste en manifestar a Dios, no en su poder o en su grandeza, sino en su capacidad de darse a los demás. María es grande por su sencillez, porque acepta ser nada, separada de Dios. María no es una extraterrestre, sino una persona humana exactamente igual que cada uno de nosotros. Lo único extraordi­nario fue su fidelidad y disponibilidad, su capacidad de entrega. Toda la grandeza de María esta encerrada en una sola palabra: "FIAT". María no puso ningún obstáculo a que lo divino que había en ella se desplegara totalmente; por eso, llegó a la plenitud de lo humano.

¿Cómo fue posible que María alcanzara esa plenitud? Para mí, está aquí el verdadero sentido del dogma. Dentro de cada uno de nosotros, constituyendo el núcleo de nuestro ser, existe una realidad trascendente que no puede ser contaminada. Lo divino que hay en nosotros, permanecerá siempre puro y limpio. María desplegó esta parte de su ser hasta empapar todo lo que ella era, alma y cuerpo, si queremos hablar así. Lo que celebramos es su plenitud, no un privilegio que consistiría en quitarle una mancha antes de tenerla.

Dios no actúa a la manera de las causas segundas. Dios es siempre causa primera. Dios no puede hacer o deshacer, poner o quitar, restar o sumar. Dios es acto puro. Actúa siempre, pero desde cada ser, no desde fuera de él. Dios es la causa de que todo ser, mi propio ser, sea lo que es en su esencia. Dios no puede tener privilegios con nadie. Pablo nos acaba de decir que nos ha predestinado a todos a ser santos e inmaculados ante Él por el amor (la Vulgata traduce amomous, por “immaculati”). No hay que romperse mucho la cabeza para traducirlo por “inmaculados”. ¡Cuánto nos cuesta aceptar la evidencia!

No caigamos en la trampa de pensar que la elección de Dios es como la nuestra. Nosotros somos limitados y la elección lleva consigo siempre una exclusión. Dios no funciona así. Dios puede elegir a uno sin excluir a nadie, es decir puede elegir a todos con la misma intensidad. Si no entendemos esto, devaluamos a Dios y la fiesta perderá su verdadero sentido, que consiste en descubrir en nosotros lo que hemos descubierto en María. Lo que tiene de original María lo puso ella, no Dios. Lo que celebramos es su respuesta a Dios.

Si consideramos a María como una privilegiada, podemos decir: si yo hubiera tenido los mismos privilegios, hubiera sido igual que ella; y nos quedamos tan anchos. No, tú tienes todo lo que ella tuvo, porque Dios se te ha dado totalmente como a ella. Si no has llegado a lo que ella llegó, es por tu culpa. En todo caso, sigue siendo tu meta.

En el fondo, esta fiesta nos hace descubrir en María lo que hemos descubierto en Jesús, la absoluta presencia de Dios en un ser humano. El único título que Jesús se dio a sí mismo fue “Hijo de hombre”, es decir modelo de hombre, hombre acabado. Claro que cuando decimos que Jesús es el “Hombre” queremos decir “ser humano”, es decir varón y mujer. Pues bien, María es la “Hija de mujer”, es decir la mujer acabada.

Lo que de verdad celebramos en esta fiesta es la posibilidad de descubrir en todo ser humano lo divino. Tú, hombre o mujer, descubrirás que eres inmaculado si eres capaz de ir más allá de toda la escoria que envuelve tu verdadero ser. Ese caparazón, que confundimos con nuestro ser, es el “ego”. Jesús lo deja muy claro, no solo cuando nos habla del tesoro escondido, de la perla preciosa sino cuando nos descubre el valor interior de una prostituta.

En María, como en Jesús, podemos descubrir que Dios es encarnación. Ya algunos santos dijeron hace mucho tiempo que en María se había dado una “casi encarnación”. Yo me atrevo a quitar el “casi”. Es muy fácil de comprender. En Dios, el obrar y el ser son lo mismo, pertenecen ambos a su esencia. Dios todo lo que hace lo es. Si en Jesús descubrimos que Dios se encarnó, podemos decir que Dios es encarnación. Si en la figura de Jesús, esto se nos escapa, en María lo podemos descubrir con total transparencia.

El núcleo íntimo de María es inmaculado, incontaminado porque es lo que de Dios hay en ella. Es el don de sí mismo que Dios hace a todos. Lo que debemos admirar en María es el haber vivido esa realidad y haber transparentado lo divino a través de todos los poros de su ser humano. María deja pasar la luz que hay en su interior sin disminuirla ni tamizarla. De esta manera, María nos ayuda a descubrir el auténtico Jesús: Dios en el hombre.

Que nadie saque conclusiones apresuradas. No estamos hablando de una auto-salvación. Dios es el que salva al 100 por 100 y además salva siempre. Sin esa salvación, que se manifestó en Jesús, no tendríamos nada que hacer. Pero si Él salva siempre y a todos, que uno la alcance y que otro no alcance esa salvación, no depende de Dios, sino de cada uno, porque mi salvación depende también al 100 por 100 de mí mismo.

En esta fiesta que estamos celebrando queda meridianamente claro el principio de que Dios no reacciona a las acciones de la criatura, sino que Él es el primero en actuar, y siempre por pura gracia y sin que lo merezcamos. María está llena de gracia desde el principio de su existencia, como todos los seres. Es curioso que el evangelio dice “llena de gracia” y el dogma diga: “preservada de pecado”. Podemos descubrir ahí, el maniqueísmo que desde siempre enseña la oreja por todas partes en nuestro cristianismo. En María el mito del pecado original ha saltado por los aires para quedar recluido en los libros de teología.

Imagina tu “yo”, tu individualidad, como una cáscara, como un caparazón cerrado. Siempre has creído que no eras más que eso. Incluso la religión ha insistido en que eras algo vacío, y lo has aceptado. Intenta romper ese cascarón y deslízate dentro de él... No has salido de ti, si no que has entrado hasta tu verdadero ser. Es el tesoro escondido. Es la perla preciosa. Es Dios en ti. Es la parte de ti, aún no manchada, que ni tú mismo puedes deteriorar. Ahí, eres inmaculado, eres inmaculada. Todo lo demás no importa.

¿HAY MOTIVOS PARA ESTAR ALEGRES? Domingo 2º de Adviento. Ciclo C.

 fe adulta

Las noticias de la televisión y de la radio no invitan generalmente al optimismo. Sin embargo, las lecturas de este domingo intentan transmitirnos alegría. El profeta Baruc ordena expresamente a Jerusalén: “quítate tu ropa de duelo y aflicción”. También el Salmo habla de alegría: “la lengua se nos llenaba de risas, la lengua de cantares”; “el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Pablo escribe a los cristianos de Filipos que reza por ellos “con gran alegría”. Y el evangelio recuerda el anuncio de Juan Bautista: “todos verán la salvación de Dios”. Las lecturas de este domingo no justifican que se suprima el Gloria, todo lo contrario. Hay motivos más que suficientes para cantar la gloria de Dios.

Primer motivo de alegría: la vuelta de los desterrados (Baruc 5,1-9)

La lectura de Baruc recoge ideas frecuentes en otros textos proféticos. Jerusalén, presentada como madre, se halla de luto porque ha perdido a sus hijos: unos marcharon al destierro de Babilonia, otros se dispersaron por Egipto y otros países. Ahora el profeta la invita a cambiar sus vestidos de duelo por otros de gozo, a subir a una altura y contemplar cómo sus hijos vuelven “en carroza real”, “entre fiestas”, guiados por el mismo Dios.

¿Qué impresión produciría esta lectura en los contemporáneos del profeta? Sabemos que a muchos judíos no les ilusionaba la vuelta de los desterrados; había que proporcionarles casas y campos, y eso suponía compartir los pocos bienes que poseían. Otros, mejor situados económicamente, verían ese retorno como un punto de partida de un resurgir nacional.

Y esto demuestra la enorme actualidad de este texto de Baruc. A primera vista, hoy día Jerusalén es Gaza, Líbano, Siria, tantos países de África que están perdiendo a sus hijos porque deben desterrarse en busca de seguridad o de trabajo. Pero también nosotros podemos identificarnos con Jerusalén y ver a esos cientos de miles de personas no como una amenaza para nuestra sociedad y nuestra economía, sino como hijos y hermanos a los que se puede acoger y ayudar en su desgracia.

Segundo motivo de alegría: la bondad de la comunidad (Filipenses 1,4-6.8-11)

Pablo sentía un afecto especial por la comunidad de Filipos, la primera que fundó en Macedonia. Era la única a la que le aceptaba una ayuda económica. Por eso, en su oración, recuerda con alegría lo mucho que los filipenses le ayudaron a propagar el evangelio. Y les paga rezando por ellos para que se amen cada día más y profundicen en su experiencia cristiana. La actitud de Pablo nos invita a pensar en la bondad de las personas que nos rodean (a las que muchas veces solo sabemos criticar), a rezar por ellas y esforzarnos por amarlas.

Tercer motivo de alegría: el anuncio de la salvación (Lucas 3,1-6)

A diferencia de los otros evangelistas, Lucas sitúa con exactitud cronológica la actividad de Juan Bautista. No lo hace para presumir de buen historiador, sino porque los libros proféticos del Antiguo Testamento hacen algo parecido con Isaías, Jeremías, Ezequiel, etc. Con esa introducción cronológica tan solemne, y con la fórmula “vino la palabra de Dios sobre Juan”, al lector debe quedarle claro que Juan es un gran profeta, en la línea de los anteriores. El Nuevo Testamento no corta con el Antiguo, lo continúa. En Juan se realiza lo anunciado por Isaías.

Juan, igual que los antiguos profetas, invita a la conversión, que tiene dos aspectos: 1) el más importante consiste en volver a Dios, reconociendo que lo hemos abandonado, como el hijo pródigo de la parábola; 2) estrechamente unido a lo anterior está el cambio de forma de vida, que el texto de Isaías expresa con las metáforas del cambio en la naturaleza.

Pero, a diferencia de los grandes profetas del pasado, Juan no se limita a hablar, exigiendo la conversión. Lleva a cabo un bautismo que expresa el perdón de los pecados. Se cumple así la promesa formulada por el profeta Ezequiel en nombre de Dios: “Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará”.

Las dos conversiones

¿Se podría mandar a una persona como penitencia estar alegre? Parece una contradicción. Sin embargo, las lecturas de este domingo y de todo el Adviento nos obligan a examinarnos sobre nuestra alegría y nuestra tristeza, a ver qué domina en nuestra vida. Es posible que, sin llegar a niveles enfermizos, nos dominen altibajos de cumbres y valles, momentos de euforia y de depresión, porque no recordamos que hay motivos suficientes para vivir con serenidad la salvación de Dios.

Al mismo tiempo, las lecturas nos invitan también a convertirnos al prójimo, acogiéndolo, amándolo, rezando por ellos.

MITO Y SABIDURÍA II Domingo de Adviento 3 de diciembre Lc 1, 26-38

 fe adulta


El evangelista recurre al relato mítico como vehículo de su propia creencia en Jesús como Hijo de Dios. El mito -y, en concreto, este que habla de un ser divino que nace de una virgen- era habitual en diferentes religiones. Con él se quería señalar la presencia de divinidad en el corazón mismo de la historia humana.

Con el mito, la confusión surge cuando se olvida el simbolismo y se hace una lectura literal del mismo. Lo que solo era un símbolo -una forma de hablar- se toma como si fuera una descripción casi fotográfica de lo ocurrido. Cuando eso sucede, el mito, no solo pierde toda su fuerza expresiva, sino que se convierte en un cuento de niños, totalmente inasumible desde otro nivel de consciencia distinto de aquel en que nació.

Un clave elemental para captar la riqueza del relato mítico consiste en aplicar su contenido, no a un personaje concreto -el que aparece en el propio relato-, sino a la humanidad en su conjunto.

En concreto, en el relato que leemos hoy, “María” es símbolo de todos los seres humanos. Todos ellos, cuando asumen actitudes de apertura, disponibilidad y docilidad, son cauce de Vida.

Leída desde esta perspectiva, la existencia humana es un proceso para “dar a luz” la divinidad que somos. Con frecuencia vivimos hipnotizados y alienados, reduciéndonos a la forma del yo individual (personaje). Pues bien, en medio de esa ignorancia, escuchamos un mensaje que nos dice: “Darás a luz un hijo”. O dicho de otro modo: deja que nazca en ti la divinidad que eres. Eres ya “lleno/a de gracia”, comprende tu identidad y reconócete en ella. Deja de vivir identificado con tu yo y permite que la Vida se viva en ti, en una actitud de rendición incondicional que lleva a exclamar: “Que se haga en mí lo que la Vida quiera”.

 

MARÍA Lc 1, 26-38 «Bendita tú entre las mujeres»

fe adulta

Los pueblos primitivos consideraban a los dioses gente peligrosa, poco de fiar, a la que había que mantener alejada y aplacada. El pueblo judío dio un salto de gigante en la concepción de Dios al considerarle su aliado, pero el salto definitivo se produjo con Jesús, que superó la idea de Dios-juez justísimo que premia a los justos y castiga a los impíos, y nos dio a conocer a “Abbá”; la madre que nos ha engendrado por amor y nos ama con ese amor incondicional que sólo las madres son capaces de sentir.

Y ésta es la mejor noticia que los seres humanos podíamos recibir. Es el corazón de la buena Noticia, porque en Jesús hemos conocido a Dios y es mucho mejor de lo que nadie jamás había sido capaz de imaginar: no es el juez; es Abbá. Gloriosa Noticia.

Pero poco les duró a los cristianos la alegría de este feliz hallazgo, pues desde época muy temprana, la teología erudita se encargó de dar un cambiazo nefasto sustituyendo a Abbá por la primera persona de la Santísima Trinidad, es decir, por el Padre que, como todos los padres, tiene exigencias, establece principios y leyes, supedita su amor a la obediencia, tiene predilección por los más obedientes y capacitados… y las cosas ya no son lo mismo. Aquellos sabios habían retrotraído la historia a la época de los juicios, los premios y los castigos, y ni siquiera Jesús salió bien parado de este envite, pues se convirtió en el rey que volverá entre trompeteos de ángeles para separar las ovejas de las cabras y enviar a las cabras al castigo eterno.

¡Había muerto la buena Noticia!

Pero cuando los fieles cristianos se sintieron desamparados y a expensas de un juez que iba a determinar su destino, se apresuraron a buscar una buena abogada; y no puede haber mejor abogada que una madre, porque no lleva las cuentas del mal... Por supuesto, la mejor madre que podían encontrar era María, la madre de Jesús, así que la revistieron de todos los atributos de Dios-Abbá y recuperaron en María lo que los sabios les habían arrebatado… Y eso que debería haber sido Dios-Abbá, fue para los cristianos (y lo sigue siendo) la madre de Jesús. Bendita devoción popular a María.

Y nos viene a la memoria una de aquellas cosas tan raras que decía Jesús… «Te doy gracias Padre porque has ocultado estas cosas a los sabios…»

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

miércoles, 27 de noviembre de 2024

El obispo emérito de Solsona rompe su silencio acompañando a su mujer a TV3: “El personaje del obispo quedó ahí (…). Yo soy Xavi Novell, la gente que me conoce sabe cómo soy y ya está” -- Jesús Bastante

 


Religión Digital

Novell acompañó a Silvia Caballol a TV3
El exprelado acompañó a su mujer, Silvia Caballol, a una entrevista en el programa ‘Col-lapse’, y antes de la misma fue abordado por el presentador del programa, en el backstag”
En algunas cosas estamos perfectamente de acuerdo, en otras discrepamos y las vemos de forma distinta. Pero no quiero que Silvia sea como yo quisiera que fuera, quiero que sea ella, ya que por eso me enamoré” Ver noticia

Un grupo de intelectuales se querella contra Juan Carlos I ante el Supremo por cinco delitos fiscales -- Ana María Pascual


 Público

Doce juristas, filósofos y periodistas ejercen la acción popular para llevar ante la Sala Segunda la argumentación de la Fiscalía con las que archivó sus investigaciones, en marzo de 2022, sobre las defraudaciones tributarias del rey emérito. La esencia de la querella es que Juan Carlos I no regularizó correctamente su situación fiscal al ser avisado previamente por el Ministerio Público de que incoaba diligencias, lo que evita la exoneración penal. Ver noticia

(Vídeo) Las condiciones son insostenibles en el Norte de Gaza. Más de 800 muertos en las últimas semanas. Hambruna y crisis humanitaria -- Almayaden en Español

 


kaosenlared

(Vídeo) 50 días de asedio han devastado el norte de Gaza
La ofensiva israelí en el norte de Gaza cumple 50 días, el asedio ha dejado al menos 2.000 muertos, más de seis mil heridos y miles de desplazados. Las fuerzas de ocupación han causado hambruna y crisis humanitaria, mientras atacan al único hospital operativo en la zona. Ver noticia

El Papa recuerda que la Iglesia debe acoger a parejas convivientes y divorciados: “A todos, no olviden esta palabra”

 


Religión Digital

Audiencia al Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y de la Familia
El Papa recordó este lunes que, aunque la Iglesia “promueve la familia dentro del matrimonio”, debe acoger también a parejas que conviven y a divorciados, en una audiencia con la comunidad académica del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y de la Familia Ver noticia

EEUU: Mahony pide a los obispos denunciar el “escalofriante” plan de deportaciones masivas de Trump -- John Lavenburg

 


Religión Digital

El emérito de Los Ángeles pone el acento en las consecuencias para las familias mixtas

Frente a lo que él llama la “escalofriante y aterradora realidad” del plan del presidente electo Donald Trump de deportaciones masivas de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos, el cardenal Roger Mahony está alentando a los obispos católicos de Estados Unidos a alzar sus voces Ver noticia

El Papa Francisco pide que Israel se detenga -- Marco Politi – Roma

 


Reflexión y Liberación

El salón de honor del Museo está dedicado a los 44.000 palestinos de Gaza asesinados por el ejército israelí a lo largo de un año. En las paredes están sus fotos. Dos tercios son mujeres y menores. Aquí y allá se pueden ver cuadrados vacíos bordeados de negro en la pared; son para las víctimas anónimas que aún están enterradas bajo los escombros. Ver noticia 

EL MIEDO A LA LIBERTAD, MOTOR DEL ACTUAL RUMBO POLÍTICO Y ECLESIAL


col martell

 

Hace casi treinta años, en una clase de Filosofía con jóvenes estudiantes de bachillerato, reflexionábamos sobre la libertad. Nos servíamos de la lectura previa de tres libros: “El miedo a la libertad” de Erich Fromm, “La Ola” de Todd Straser y el capítulo XVI de “Los hermanos Karamazov”, donde Dostoievski nos relata la leyenda del Gran Inquisidor. Como telón de fondo de todas las lecturas constatábamos una idea común: nos da miedo la libertad, preferimos la sumisión, que alguien nos mande, es más eficaz, crea menos problemas. Si el filósofo Emmanuel Kant nos decía: “Atrévete a pensar”, hoy habría que proclamar: “Atrévete a ser libre”.

Estos recuerdos no son casuales. He visto cómo en Estados Unidos se prefiere a Trump, un autócrata que quiere poner las cosas en orden, aunque él tiene pendientes actuaciones delictivas. He visto, también, salvando las distancias, cómo en el Sínodo la Iglesia no se ha atrevido, de momento, a pronunciarse sobre problemas muy candentes como son la `posibilidad de recibir el ministerio ordenado por parte de las mujeres o el celibato opcional de los curas.

“En tiempos de desolación, no hacer mudanzas”, parece su lema. Ya nos encargaremos de hacer ver que los anhelos de cambio son los causantes de los momentos de desolación. 

Es curioso, por otra parte, que en tiempos especiales de miedo a la libertad se ponga a la libertad como lema y slogan de campañas publicitarias. A la vez que te proclamo libre de vestir, beber o fumar una u otra marca, te castro la capacidad de elegir y pensar por ti mismo. Somos todos libres, pero bajo una organización determinada que no beneficia a todos por igual. Nos hacen gallinas sueltas en un gallinero donde pueden estar, también, zorros libres y sueltos.

Me voy a ceñir al miedo a la libertad en la Iglesia, aunque las razones profundas de ese miedo sean las mismas en el terreno político y social.

En los Cuentos de Juan de Arguijo, en el año 1617, se recoge este dicho tan repetido y revelador: “Virgencita, virgencita, que me quede como estoy”. La actitud de conservarlo que se tiene es producto del miedo a lo desconocido y una renuncia a luchar por el futuro.

El Concilio Vaticano II surge con el propósito de que la Iglesia no se quede como está, sino que se atreva a abrir las ventanas para dejar paso al aire fresco. Anuncia un tiempo de aggiornamento, de búsqueda. 

Después de la primavera conciliar vino el otoño y un cierto invierno, después de la apertura de ventanas vino el cierre para que nada cambiase demasiado y que no se colase en la iglesia “el humo de Satanás”. Después del florecimiento de grandes teólogos escudriñadores de los signos de los tiempos, vino la abundante condena de teologías que intentaban abrirse al paso del Espíritu que siempre sopla desde abajo y hace nuevas todas las cosas.

No se trata de condenar ciertos momentos de la Iglesia, pero sí de interpretar la historia y sacar consecuencias para poder seguir alimentando el fuego del Espíritu renovador.

Es sorprendente que una mayoría de cristianos evangélicos o católicos han apoyado con su voto a Trump y consideran que sus posiciones en lo social o en su vida personal son pequeñas lagunas ampliamente superadas por su ideología de fondo, que es defensora de una posición conservadora de los valores tradicionales que llaman cristianos. ¿No estaremos convirtiendo lo que debía ser un seguimiento de Jesús en una ideología que, además, es conservadora?

¿Es más importante conservar o ir alumbrando un mundo donde a todos se les reconozca la misma dignidad de hermanos, hijos de un mismo padre y madre Dios?

Cuando nos parece más peligrosa la no creencia que la idolatría, cuando nos parece más importante adorar al dios dinero o a una raza que consideramos superior a las demás y no somos capaces de considerar a todas las personas como hermanas, tendremos que hacernos mirar en qué hacemos consistir el ser hombres y mujeres de Dios. Hay un mandamiento que nos dice: “no tomarás el nombre de Dios en vano”.

¿Dios es el asegurador de nuestras vidas cómodas o el que nos impulsa a ir haciendo realidad un mundo nuevo, lo que llamamos “Reino de Dios”? Escogemos las certezas, el acomodo, el transitar caminos seguros; o, por el contrario, ¿nos aventuramos a buscar, a salir de nosotros mismos y dejarnos llevar por el Espíritu de Dios que habita en nosotros y nos impulsa?

El miedo a la libertad de Erich Fromm profundiza en nuestro miedo a elegir, a ser nosotros mismos. En el Gran Inquisidor de Dostoievski se manda callar a Jesús porque ha creído ingenuamente en las personas y en su capacidad de ser libres y no se ha dado cuenta de que lo que estas buscan y necesitan es a alguien que los someta, los haga culpables y los perdone. En La Ola de Todd Straser se nos plantea cómo unos estudiantes inseguros rinden más en unas clases organizadas con una disciplina hitleriana.

¿Qué repercusiones tiene todo esto en nuestra Iglesia? El Concilio Vaticano II fue una explosión de búsqueda de nuevas formas de hacer teología, de una liturgia más participada por el pueblo de Dios, de una nueva relación con el mundo; esto nos hizo vivir una etapa esperanzada. Por desgracia no duró demasiado.

Entra el miedo en nuestras estructuras eclesiales porque se considera que el abandono del estatus clerical de cientos de curas, religiosos y religiosas ha sido consecuencia de una secularización y un acercamiento peligroso al mundo. No sirve este hecho para plantear que puede haber otra forma posible de ser cura, monja o fraile. Las críticas que se hacen a ciertas formas de organización de la Iglesia y los nuevos planteamientos en liturgia o moral se consideran como un mal fruto del Concilio, que ha abierto algunas ventanas peligrosas y, en lugar de analizar el aire que entra, se prefiere cerrarlas. Se teme la protestantización de la Iglesia, la pérdida de mando del clero, la comunión de todos los bautizados que exige el cambio hacia unas estructuras igualitarias. 

En este otoño eclesial frente a las búsquedas se prefieren las certezas. Frente a movimientos laicales que hacen revisión de vida y quieren cambiar estructuras sociales y eclesiales que no responden al plan de Dios, se quiere la seguridad de una sana doctrina que no pone en peligro nuestra forma de funcionar. Frente al seguimiento de Jesús que resulta, a veces, subversivo, se crean movimientos con líderes muy fuertes que dan seguridad. Todo esto, ¿por maldad calculada? No, creo que por miedo. Además, huir del miedo atrae a la gente y esto nos reconforta y pone contentos.

La autoridad del líder, que da seguridad y certeza, es básica en la mayoría de los movimientos católicos surgidos y apoyados por una Iglesia que quiere reconducir el ardor utópico y transformador que surge en los primeros momentos postconciliares. En tiempos de crisis la certeza y la unidad junto al líder atraen, pero tienen un grave peligro. La raíz de las perversiones de la religión consiste en reducirla a normas, creencias convertidas en ideologías, instituciones que van surgiendo y apoyan, a la vez que son apoyadas por los poderes de este mundo. Así surgen líderes que inconscientemente suplantan y oscurecen la buena noticia del Reino de Dios anunciado por Jesús, el único Señor. Estas normas, instituciones y personas se convierten en ídolos absolutos con el peligro de suplantar a Dios y esclavizar al sujeto religioso, ya que la autoridad, para no ser puesta en duda, necesita sacralizarse.

Decía el teólogo Rovira Belloso que la Iglesia tendría que escribir lo que no es esencial: normas, organizaciones, condenas y leyes humanas, con la humildad del que escribe con lápiz, nunca con tinta china. Lo peligroso es hacer lo contrario: hacer inmutable e imborrable lo no esencial por miedo a que se debilite una estructura eclesial y, por otra parte, borrar con facilidad lo nuclear del mensaje evangélico.

¿Los grupos y organizaciones cristianas, que estamos potenciando, son refugio cálido para personas con miedo a la libertad o, más bien, son grupos transformadores, personas que creen que otro mundo es posible y otra forma de ser Iglesia es posible?

Tenemos que escoger entre la oración: “virgencita, virgencita, que me quede como estoy” o tomar para nuestra oración las palabras de María: “hágase en mí según tu palabra”.

 

Avelino Seco Muñoz (Sacerdote en Santander)

Religión Digital

NO CREYENTE, PERO PRACTICANTE


 Agradezco al jesuita José Ignacio González Faus la difusión del poema Credo, de Magdalena Sánchez Blesa. Lo reproduzco para darle mayor difusión todavía y convertirlo en punto de encuentro en torno a la reflexión de nuestra fe.

Porque los cristianos de nuestra sociedad vivimos la fe como un derecho adquirido, algo que se transmite de padres a hijos con la colaboración de algunos catequistas y la asignatura de religión. La realidad es que aprendemos una cultura religiosa para andar por casa sin mayores profundidades ni compromisos excesivos. La Eucaristía, en fin, se ha convertido en una obligación de cumplimiento  -cumplo y miento- que no cuestiona mucho ni resulta ser el centro de nuestra vida espiritual. No somos conscientes del regalo de la fe y de que todo lo importante que tenemos en la vida requiere ser desarrollado: la capacidad de andar, de hablar, de madurar como personas y también de maduración de nuestra fe en el amor de Dios que no todos tienen.

Una fe es un regalo (gracia) como todo lo demás: la vida es un regalo, la salud y tantas cosas más que no somos conscientes de que las disfrutamos hasta que faltan… ¿Por qué algunos tienen salud, dinero, amor o fe, y otros no? ¡Para compartirlo!, para hacer de la necesidad una gran solidaridad. De esto va el Evangelio, incluido el gran regalo de la fe. Con nuestro ejemplo de vida apreciamos de verdad el tesoro que tenemos, y que supone también convertirnos en Buena Noticia para los demás. Esto es evangelizar.

El regalo de la fe supone agradecimiento y compromiso de vivirlo agradecidos y sembradores de Buena Noticia. Por eso resulta impactante conocer a personas sin fe que viven el Evangelio apoyadas solamente en el mensaje cristológico del Nuevo Testamento como una noticia extraordinaria que merece la pena ser vivida entre nosotros, incluso si tras la muerte espera la nada.

Este es el caso de la poetisa que lo escribió, supongo que en un arranque de belleza interior que sonroja por la mediocridad con la que vivimos nuestra fe. Ella se define una “no creyente practicante” llena de honestidad que cuestiona sin pretenderlo muchos esquemas mientras ilumina el camino verdadero del que la Iglesia institucional se ha alejado tanto para instalarse en el legalismo clericalista que ahoga el tesoro de la fe y aleja a tantos porque por los hechos, precisamente, distorsionan el Mensaje.

Invito a quienes estén leyendo estas líneas a que  lean despacio este poema, y mejor si lo hacen dos veces seguidas. Una lectura en actitud de oración, abiertos al Espíritu, porque la humildad que destilan esto versos son un estupendo abrelatas para abrirnos primero al agradecimiento, y a repensar nuestra actitud de creyentes después; si nos reconocemos cristianos “por la gracia de Dios” para algo y para alguien. El Sembrador salió a sembrar y nos dejó esta estupenda semilla. Que aproveche:

Credo - Magdalena Sánchez Blesa

No creo en ti, Señor, y no me alegro.
No creo en ti, por mucho que he rezado,
pidiéndote, Señor, que me redimas
y me perdones este gran pecado.
No creo en ti, lo siento con el alma,
pero quiero que sepas una cosa:
cumpliré el evangelio punto a punto,
cumpliré el evangelio coma a coma.

Te estoy hablando a ti, ¿a quién, Dios mío?
¿A quién le estoy hablando si no creo?
Pero ¿qué más daría si no existieses,
para hacer lo que dice el Evangelio?
No creo en ti, Señor, pero descuida,
que voy a recibir al forastero,
que voy a visitar a los reclusos,
y a darle de comer a los hambrientos.

No te preocupes, Dios, que yo no busco
un cielo donde ir, no es mi objetivo.
Lo haré, no por librarme del infierno,
lo haré sin pretender un paraíso.
Lo haré porque me nace, simplemente.
Lo haré porque me duele en mis adentros
que esté la tierra llena de criaturas
pasando pejigueras y tormentos.

No creo en ti, Señor, mas no te apures,
nunca te ofenderé, líbrame de ello.
Y cargaré tu Cruz hasta el Calvario
sin ningún interés de ningún cielo.
Y me tendrás, Señor, en cualquier calle,
donde haya una persona padeciendo.
Me tendrás en la cárcel, en el fango,
en cada pozo, en cada basurero.
En todas las criaturas de este mundo
que yo me encuentre con la soga al cuello.

No me guardes sillones, no lo hago
por alcanzar tu Reino.
Deseo que descanse mi ceniza
eternamente, cuando me haya muerto.
Que nadie me despierte, no me importa,
que mi gloria será seguir durmiendo.
Porque estoy agotada de la brega,
porque no puedo a veces con mi cuerpo.

No creo en ti, Señor, da mi parcela,
a quienes no han tenido nunca un techo,
a quienes no han tenido nunca nada,
a quienes viven siempre en el infierno.
Yo cedo mi sillón, que estoy cansada
de bregar y bregar a cada instante.
Porque no soy creyente, Señor mío,
soy, desgraciadamente, practicante.

 

¿LUGARES SAGRADOS?


col koldo

 

Me cuesta entender la fiesta de la Dedicación de la catedral de San Pedro y de otros templos dentro de la cristiandad.

Veo en el evangelio que Jesús tuvo una relación de oposición al templo. Y Él predice que desaparecerá el de Jerusalén. Dios está en todas las partes. Y todo lugar es sagrado. Jesús ora y se retira al monte y al silencio para ello. Nosotros nos aferramos a los templos como lugares sagrados y centros de nuestra fe. Jesús hizo el gesto de expulsión de los mercaderes del templo como lugar de negocio. Los evangelios nos dicen que también iba al templo, pero el verdadero encuentro con Dios lo realizaba a solas y en medio de la naturaleza.

Los primeros cristianos oraban en sus casas.

Cierto que hace falta silencio para facilitar el encuentro con Dios, para caer en la cuenta y ser conscientes de que Dios nos habita. Él mismo nos dice que “cuando estemos dos o más reunidos en su nombre, Él está con nosotros” ¿Por qué hemos dado tanta importancia a los templos y les hemos constituido como lugares de arte y de una categoría especial?

Cuánto dinero invertimos ahora en restaurar los edificios, altares, tejados… Cuánto interés en recuperar el arte de las iglesias, mientras que los pobres carecen de esos medios.

Hoy está ocurriendo en la vieja cristiandad que varios templos dejan su misión de culto, faltan feligreses y pasan a dedicarse a otros servicios, a veces no religiosos.

Todos tenemos la experiencia de celebraciones, sobre todo con grupos especiales, en lugares fuera de los templos. Y la verdad es que resultan templos muy interesantes: el campo, los salones, las casas.

Muchas veces las iglesias son frecuentadas por haber dentro de ellas algunas imágenes de santos a los que se tienen especial devoción (ermitas, santuarios…).

No podemos olvidar que la gran celebración se realizó en una habitación de la casa de Jerusalén donde se celebró la Primera Eucaristía. Fue la celebración la que la hizo sagrada.

Cada persona somos templo en el que Dios habita y dentro de cada uno podemos ofrecer el gran culto a Dios: El Amor.

LA RUPTURA DEL SILENCIO Y LA INACCIÓN DE LA IGLESIA: EL PAPEL DE GARCÍA MAGÁN


col kowalski

 

Durante los días pasados, las víctimas y supervivientes de la pederastia en España, representadas por las asociaciones ANIR, Lulacris y AVA, participaron en tres eventos significativos que facilitaron una catarsis colectiva: la reunión con el gabinete del Ministerio de Juventud e Infancia, la entrega de los Premios de Protección a la Infancia y la asistencia al Congreso de los Diputados para presenciar la comparecencia del Defensor del Pueblo ante la cámara.

Fueron días profundamente emotivos para quienes, en otros tiempos, vivieron presos de la incredulidad, el estigma y la ignominia. Por fin, se sentían arropados por personalidades, entidades y periodistas representativos de la sociedad española. El silencio comenzaba a resquebrajarse y, con ello, la vergüenza que durante años habían sentido. Las lágrimas que brotaron, dibujaban en sus rostros la complicidad, la gratitud y el vínculo forjado con los protagonistas de los diferentes relatos, incluidas las personas premiadas y las intervenciones que realizaron.

A pesar del dolor y el sufrimiento, lo más reconfortante fue comprobar cómo, en una causa común, convergieron personas que decidieron vivir, avanzar, luchar y, a pesar de todo, seguir riendo y albergando una posible esperanza. Su ejemplo demuestra que, incluso en los momentos más oscuros, cuando el dolor y la soledad dificultan cualquier progreso, es posible encontrar una salida que dignifique.

Nada de esto habría sido posible sin el esfuerzo y trabajo incansable de las citadas asociaciones, pero, sobre todo, de la familia Cuatrecasas-Cuevas. Su papel ha sido clave como la argamasa que une, fortalece y sostiene los anhelos compartidos por las diferentes individualidades comprometidas en esta tarea.

En cuanto a la Iglesia de España, son de agradecer los gestos del actual presidente de la CONFER, el señor Díaz Sariego, y del arzobispo de Madrid, el señor Cobo, así como de Juan Carlos Cruz. Sin embargo, es necesario reflexionar sobre el papel público que desempeña el secretario de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el señor García Magán. Su actitud parece alejada de los valores cristianos de justicia, humildad y compasión. En lugar de promover la reparación y la transparencia, sus declaraciones suelen estar marcadas por polémicas y un aparente cinismo, priorizando la defensa de la estructura eclesial sobre la verdad y la justicia que demandan las víctimas, renunciando a la verdad de Cristo, en la que también se incluye la capacidad de enfrentarse a la persecución y la inacción que siguen sufriendo los damnificados de los pederastas católicos.

El señor García Magán, como si todavía fuese un joven inmaduro, insiste en comparaciones y acusaciones que responsabilizan a otros, pero no ofrece respuestas claras a cuestiones capitales como: ¿Por qué la Iglesia española no colabora plenamente con el Estado? ¿Por qué boicotea las directrices de la Santa Sede? ¿Cuándo asumirá su responsabilidad promoviendo indemnizaciones y el reconocimiento de las víctimas en las diferentes diócesis? ¿Cuándo pondrá a disposición de los denunciantes los expedientes de los procesos canónicos?

Mientras estas preguntas permanezcan sin respuesta, la Iglesia continuará eludiendo sus responsabilidades, utilizando este tema para sus batallas ideológicas, las cuales no son nuevas, sino heredadas de figuras tan dañinas para los derechos y libertades civiles como Rouco Varela y Cañizares: prebostes católicos que militaron en la obstrucción y el vilipendio sistemático de derechos constitucionales tales como el matrimonio entre personas del mismo sexo.

El señor Magán, en lugar de favorecer el entendimiento, opta por hacer declaraciones incendiarias y poner palos en las ruedas, refugiándose en la altanería de su mitra, la soberbia de su báculo y cayendo en el relativismo moral para fundamentar su defensa. Evitando, de ese modo, cumplir con su propio lema de ser «un hombre entre los hombres». Debería, en cambio, demostrar un liderazgo comprometido, acorde con las responsabilidades de su cargo, y abrirse a una introspección que refleje la bondad y la compasión genuinamente cristianas, alejándose de los paradigmas abyectos y fanáticos que pretenden hacerse un hueco como respuesta a la postmodernidad.

En este punto, es oportuno recordarle que, al igual que la Santa Sede puede proponer modificaciones en los acuerdos con España, el Gobierno español también puede hacerlo. ¡Faltaría más! Esta tarea podría iniciarse desde el Ministerio de Asuntos Exteriores o la Unión Europea, en coordinación con los ministerios afectados. Iniciativa a la que también podrían unirse los diferentes grupos parlamentarios a través de resoluciones o proposiciones no de ley, así como la sociedad civil, mediante el asesoramiento de expertos y el trabajo de colectivos sociales.

Para ir concluyendo, cabe señalar que el señor García Magán debe abandonar la retórica que alimenta el conflicto, revestirse de humildad y misericordia, actuar con mayor determinación y dignificar, así, tanto su cargo como la causa de las víctimas de la pederastia de la Iglesia española. Ellas piden hechos y reparación ya.

 

Ciro Molina de León

Religión Digital

ISABEL, CON FIRMEZA, DIJO ¡NO!


col kowalski

 

Isabel dijo no, pero antes, hacía unos meses, había creído y había dicho sí a lo imposible. Su vida cambió la historia, la suya y la nuestra, para siempre.

Llevo días dialogando con ese texto y sus personajes, y es tanta la fuerza que tienen, que me da temor empezar a escribir, porque no es fácil sacar a la luz interpretaciones que normalmente no se hacen. Puede ocurrir que, si las haces, te miren con sospecha en nuestra Iglesia tradicional.

Luego siento que por dentro me dicen: “Más sospecha que la que vivieron ellas, Isabel y María… imposible”. Qué fácil es y qué peligroso engrandecer y rezar a las personas que nos acompañan en nuestra travesía, pero menos fácil es desentrañar las verdades cronificadas que se interpretan desde un contexto histórico hoy ya anacrónico. Es urgente que a esas verdades las despojemos del polvo patriarcal para verlas a la luz de la Ruah y de los signos de hoy.

De construir para reconstruir. Esta es la historia de Isabel.

A Isabel, por aceptar el anuncio del ángel hecho a su esposo, el sacerdote Zacarías, se le considera bisagra entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Ella, aunque no nos lo cuenten así, es una de las mujeres bastante invisibilizadas que hace posible la encarnación de Jesús, porque su aceptación del plan de Dios es paralela a la de María de Nazaret.

Ambas mujeres, llenas de vida, contra todo pronóstico, encabezan el Evangelio. Ellas son mujeres judías practicantes, y por su apertura al Espíritu del Dios vivo, posibilitan con sus vidas que una tradición en aquella época, que se estaba quedando mortecina, pueda evolucionar hacia un nuevo paso, que tendrá que alejarse de lo de antes para poder surgir. Y así nos lo cuentan, con pasión, los evangelistas.

La esterilidad de Zacarías e Isabel significa la esterilidad de la institución judía, expresada en su incredulidad al no dar el paso de la lógica a la fe: Zacarías replicó al ángel: “¿Qué garantías me das de eso? Porque yo soy ya viejo y mi mujer de edad avanzada”.

El ángel le repuso: “Yo soy Gabriel (que significa la fuerza de Dios), que estoy a las órdenes inmediatas de Dios, y me ha enviado para darte de palabra esta buena noticia. Pues mira, te quedarás mudo por no haber dado fe a mis palabras…” (Lucas 1, 18-21).

Esa mudez significa que el judaísmo representado en la figura del sacerdote Zacarías dejó de alimentar su fe; significa que su relación con Dios es más de cumplimiento de sus leyes y múltiples prescripciones. La mudez también significa que ya no surgen profetas, porque su palabra dejó de encender la chispa de la fe en los corazones.

A partir de ahí, en el relato bíblico, es Isabel quien tiene la palabra, porque ella sí creyó y, por ello, quedó llena del Espíritu de Dios, que a través de su vida sencilla y abierta a la Ruah hace de su palabra profecía.

Por los textos sabemos que hay una historia preciosa, intercalada, que es el anuncio del ángel a María de Nazaret. El diálogo es absolutamente fascinante. La joven María, desde su transparente humildad, le hace preguntas al representante de Dios (Lucas 1, 34); a diferencia del representante de la institución sacerdotal, Zacarías, su actitud es abierta y disponible. No pide garantías, acoge el misterio, se fía y se lanza a una experiencia que cambia la historia y nos abre un camino de vida, de gestación, de dolor aceptado para dar a luz el proyecto de Dios.

María acompaña a Isabel; sus embarazos son para ellas un gozo y un misterio. La mayor con la joven, la joven con la anciana; como en nuestras comunidades, todas gestando vida, unidas por el mismo sentir.

Como decía, es Isabel quien toma la palabra cuando nace el pequeño. Según la tradición del judaísmo, sería el padre quien pondría el nombre a la criatura en esa cultura patriarcal… y además se pondría el mismo nombre que el padre.

“Pero la madre (Isabel) intervino diciendo: ‘¡No! Se va a llamar Juan'” (Lucas 1, 60).

Isabel, con su sincero compromiso con el Dios de su vida, toma fuerza y recibe la palabra que escuchará toda la historia. Con esa autoridad interior, dobla y arquea la institución y al patriarcado, y será el mismo Zacarías quien, al acatar el plan de Dios a través de ella, recuperará la palabra, ahora más dócilmente, desde la casa donde vivían, no desde el templo donde tenía el trabajo de sacerdote, rezando en nombre del pueblo.

Y aquí estamos, queridas hermanas, en esa coyuntura histórica. Tal vez muchas nos sintamos estériles porque la institución tal o cual…

Yo, apoyada por esa palabra, por esa mujer, por Isabel, deseo compartir que este tiempo que nos toca vivir es tiempo de escucha atenta para irnos haciendo más y más servidoras de la Palabra de Dios, que tiene la fuerza de derribar las férreas torres institucionales para otorgar la palabra a las personas que la institución invisibiliza.

Nuestro llamado al profetismo, que recibimos en el bautismo, a ser sacerdotes, profetas y pastoras, que luego ratificamos de un modo muy potente al realizar nuestros votos o promesas de consagración, nos indica un camino de renovación, de evolución.

A veces serán las voces de las hermanas mayores las que dirán, como Isabel: “¡No! Por ahí no; no vayamos a perpetuar tradiciones obviando el Evangelio, el cual —con su desnudez, desinstalación y dinamismo interno— nos conduce a lo desconocido que, si es de Dios, será bueno”.

Otras veces, las menos mayores, tendremos que proponer con la vida y la palabra proyectos de autentificación y actualización de nuestras propuestas y ministerios.

De construir para construir: así es la historia de las mujeres bíblicas y la nuestra. La evolución vendrá si asumimos el ministerio de “ser bisagras”, de decir no a lo viejo, de empujar esa puerta que se abre aparentemente al vacío, pero es que ese es el camino de la fe y el del futuro inminente de la vida consagrada, de la vida en el Espíritu.

Jesús tuvo que separarse de la institución porque le impedía ser él mismo. La institución llegó a quitarle de en medio, pero su Espíritu es el que impregna nuestras vidas; es el que posibilita la gestación que el momento histórico necesita. Para ello respondimos a su llamado.

Decir no puede parecer negativo, pero puede posibilitar cerrar sótanos para abrirnos a la luz. Ya desde la casa, su casa, lugar donde el Espíritu habita, los dos dan vida a Juan Bautista, que nos mostrará el camino que conduce a Jesús.

Y hoy nosotras damos vida a estas historias que están ahí para ser reencarnadas en los diferentes lenguajes de hoy.

Decimos no para poder decir sí y dejar que la vida siga su evolución.

 

Magda Bennásar Oliver, sfcc

espiritualidadcym@gmail.com

KIKE FIGAREDO, SJ: "SOY EL SACERDOTE MÁS FELIZ DEL MUNDO. VIVO LA ALEGRÍA DE SER TESTIGO DE TANTAS OBRAS DE DIOS"


col kowalski

 

“En mi catedral, cuando celebro la misa, más de la mitad de la asamblea está formada por no bautizados. Son personas en búsqueda, que buscan a Dios, un sentido a la existencia”, afirma el jesuita Enrique Figaredo Alvargonzález, Prefecto Apostólico de Battambang, misionero durante 40 años en Camboya y actual Presidente de la Conferencia Episcopal de Laos y Camboya.

“En el momento de la distribución de la Eucaristía decimos: a este lado, una fila para recibir la Comunión; al otro, la fila de los no bautizados, para recibir la bendición. Y esta otra fila crece constantemente”, señala el Prefecto, quien reflexiona sobre el rol de la Iglesia: “Es muy hermoso ver la iglesia como un lugar de reconciliación del corazón: la gente lleva el peso de su historia y encuentra en Cristo un oasis que regenera, que alivia las cargas de la existencia. Escuchando el Evangelio y la predicación, que yo mismo calibro a menudo, dirigiéndome a los no cristianos, muchos se conmueven al sentir la llamada de Dios y emprenden el camino y el tiempo del catecumenado. Dios se manifiesta en sus corazones”.

El Prefecto explica cómo los camboyanos se acercan a la Iglesia católica, en un país de mayoría budista donde sólo hay unos 30.000 católicos de una población de 17 millones: “La gente se interesa cuando ve que nos ocupamos de los pobres, los huérfanos, los indigentes, los discapacitados. Ven compasión. También aprecian la escucha y la participación: cuando acogemos a alguien en la iglesia, lo invitamos a participar en la misa, el coro y las reuniones. Esto crea una implicación personal inmediata”.

Además señala que, con Cristo, "encuentran la esperanza de ser salvados y liberados de los espíritus negativos que la vida, los acontecimientos pasados o las creencias culturales ponen como un yugo en sus corazones". “El espíritu de Dios libera. El Evangelio de Cristo es un mensaje liberador, y a nivel cultural, en Camboya, tiene un impacto profundamente transformador. Proclamamos el poder de Dios que libera. En el plano espiritual, Dios da la liberación de los espíritus negativos, del destino adverso. El Señor Jesús da una vida plena, transforma el corazón”.

Además, el religioso de origen español menciona el número de bautizos: "Celebramos unos 100 bautizos de adultos al año, la mayoría jóvenes. Cuentan que la llamada del Señor les da sentido a la vida y pertenencia a una comunidad. Hay bautizos de familias enteras. También tenemos más de 100 bautismos de niños cada año en las familias católicas”. Otro aspecto llamativo, señala el Prefecto Apostólico Figaredo, es “ver la iglesia llena de jóvenes y niños, y con muy pocos ancianos: justo lo contrario de lo que ocurre en Occidente. Camboya es un país muy joven: el 50% de la población tiene menos de 25 años, y esto también se ve en las iglesias”.

En cuanto a la vida de la Iglesia en la Prefectura Apostólica, Figaredo destaca que hay 22 sacerdotes, de los cuales tres son camboyanos, y el resto son misioneros provenientes de varios países, sobre todo de Asia, de Indonesia, India, Vietnam, Filipinas, pero también de países de África, Colombia y Francia. También, tenemos 60 religiosas de muchas nacionalidades y 4 camboyanas. Vivimos el desafío de la relación entre personas de diferentes culturas y nacionalidades, con el espíritu de ser amables y compasivos, de experimentar la empatía y la sinodalidad. Del Sínodo, al que asistí en el Vaticano, me traigo el espíritu de fortalecer la escucha y la conversión espiritual”.

Al repasar los 40 años de su misión en Camboya, el padre Figaredo afirma: “La comunidad católica ha crecido en número, pero hace falta acompañamiento espiritual, ser responsables de la comunidad. Para ello, los catequistas de la prefectura son una ayuda preciosa: unos 90, casi todos jóvenes. Y entre los más mayores, algunos fueron catequistas en la época anterior a la guerra, antes de la era de los Jemeres Rojos y Pol Pot. Durante la época de Pol Pot, se escondieron, porque se mataba a sacerdotes, obispos y catequistas. Los jóvenes católicos se escondían, pero llevaban la fe en el corazón y la mantuvieron en secreto durante el sufrimiento de la guerra. Y ahora están allí de nuevo proclamando la fe a los más pequeños”.

Como sacerdote y misionero español, que ha vivido en Camboya durante 40 años, el jesuita concluye: “He sido bendecido. Soy el sacerdote más feliz del mundo. Vivo la alegría de ser testigo de tantas obras de Dios. Pienso en los discapacitados que no tenían oportunidades y ahora están casados, trabajan, asisten a la comunidad. Los primeros jóvenes a los que seguí, a nivel espiritual y pastoral, ahora son padres, ahora que tengo el cabello blanco, tengo también 'nietos' espirituales. Siento mucha gratitud por haber visto tanta vida hermosa. Ahora puedo cantar mi Magníficat”.

 

RD/Fides

Religión Digital

“NO CALLARÁS” LAS VIOLENCIAS QUE SIGUEN SUFRIENDO LAS MUJERES


col anso

 

Cada 25 de noviembre, día en que internacionalmente se insiste en la urgencia de “Eliminar la Violencia contra las mujeres”, se realizan marchas, se lanzan consignas, se busca crecer en la conciencia sobre esta realidad para que no acontezca nunca más. Sin embargo, no es fácil mantener el ímpetu, ni la voluntad de cambio porque los seres humanos buscamos estabilidad y, en cuanto encontramos una manera de estar en el mundo que no nos traiga demasiados problemas, dejamos la lucha, la militancia, la constancia, e incluso los ideales de hacer de nuestra realidad algo distinto.

Una de las violencias más fuertes y evidentes contra las mujeres, es la violencia física que llega incluso al asesinato, tipificado por la ley como feminicidio. Cada vez que hay noticias sobre algún feminicidio algunas voces se levantan, pero también a esas noticias nos vamos acostumbrando. Incluso se niega o se justifican con la típica frase de más de una persona -y lamentablemente muchas veces mujeres- de que los varones también sufren violencia y que cuando van a los tribunales no les creen sobre esa violencia y que, en realidad, ellos son más víctimas que las mujeres. Por supuesto que hay varones que también sufren violencia por parte de las mujeres y pueden tener muchos tropiezos en las acciones legales. Pero la proporción de la violencia ejercida contra cada uno de los sexos, no tiene comparación, ni históricamente, ni en la actualidad. Además, hay un hecho que hace más dura le violencia contra las mujeres: se les ataca por muchas razones, pero también por ser mujeres. El sexo femenino tiene una connotación subordinada, inferior, cosificada que hace tan fácil que se ataque a las mujeres por serlo y de ahí viene la tipificación del feminicidio. A los varones se les ataca también, pero no por ser varón, sino por odio, venganza, etc. No se niega lo horroroso de esta violencia, pero es muy grave la violencia por razón de pertenecer al sexo femenino.

La violencia más sutil, menos visible, que es fácil pasarla de largo es esa violencia de palabras, actitudes, chistes, ironías, gestos, etc., que suceden cotidianamente entre amigos, entre marido y mujer, entre conocidos, en las relaciones diarias con la gente con la que se interactúa. Nadie duda de la buena voluntad de las personas y de que algunos se sienten atacados -cuando se les hace caer en cuenta en su actitud o expresión machista- y también de la ignorancia o poca conciencia que se tiene sobre esta realidad. Entender y develar el machismo exige atención, estudio, reflexión y conversión efectiva de la persona, reconociendo lo que tiene introyectado de la mentalidad patriarcal en la que se ha crecido y tomar la decisión de aprender a vivir las relaciones humanas sin machismo. Esto es tarea de varones y mujeres. Porque una vez más, hay que reconocer que son muchas las mujeres que mantienen la mentalidad machista, la fomentan y la dejan estar en sus maridos y sus hijos y hasta se enfadan cuando se habla del tema. Apelan a qué ellas nunca se han sentido maltratadas y que tanta queja desdice de las mujeres.

Podríamos detallar más tipos de violencias, pero terminemos refiriéndonos a una de las violencias que la comisión de mujeres del CELAM ha destacado este año, para la conmemoración de este 25 de noviembre. Nos referimos a la violencia espiritual que supone “utilizar la fe como herramienta de control, distorsionando el mensaje de amor y justicia para manipular o silenciar a las mujeres”. Muy importante este tipo de violencia. No hay un lugar más difícil de hablar de feminismo, de derechos de mujeres, de violencia contra ellas que las instituciones eclesiales. Si por muchas razones a la mujer se les silencia en las iglesias o se les exige actitudes o uso de velos, faldas largas, blusas cerradas, etc., con más razón, si se ponen estos temas para la discusión se considera que falta fe o no se tiene la capacidad de sacrificio y resignación que tuvo la virgen María (cosa que tampoco es una afirmación acertada con respecto a lo que los evangelios dicen de María), o se está atentando contra la familia, etc. Es decir, fuera de sufrir por la violencia que las mujeres viven en la sociedad no se cuenta, decididamente, con la institución eclesial para apoyar, denunciar y liberar a las mujeres de tanta violencia. Es muy peligroso apelar a la fe para mantener el silencio, la sumisión, el aguante bajo la pseudo razón de salvar a la familia por la capacidad de sacrificio de las mujeres. Por el contrario, es necesario juntar fe y vida, compromiso de fe contra la violencia de las mujeres, fuerza para levantar la voz y que tanta violencia no se admita más.

El lema señalado por la comisión de mujeres del CELAM es muy importante: “No callarás”. Efectivamente es tiempo de no callar ningún tipo de violencia que sufran las mujeres, seguir tomando conciencia de ellas y denunciarlas para transformarlas. Que este 25 de noviembre, mucho más desde una postura creyente, no decaigamos en el esfuerzo por transformar los ambientes para una vida segura para las mujeres.

Y, por supuesto, “no callarás” ad intra de la institución eclesial porque la Iglesia continúa negando la participación plena de las mujeres en la Iglesia, justificándolo con razones que bíblica, ni teológicamente, son válidas.

 

Consuelo Vélez

Religión Digital

REFLEXIONES DE ADVIENTO

fe adulta

col arregi

 

PRIMERA SEMANA.

Iniciamos nuevamente el tiempo de adviento, cuyo sentido se despliega para quienes tenemos en el horizonte la persona y palabra de Jesús el maestro galileo. Tiempo de espera. Una espera activa y plena de esperanzas. ¿Qué esperas anunciamos hoy a nuestro mundo tan lleno de prisas, tan copado por el minuto que pasó y por el que viene?

La Biblia en sus palabras del primer testamento nos deja testimonios de esperanzas de un pueblo, que desde situaciones muchas veces desesperadas, soñaba con otras realidades posibles que mejoraran su existencia. Las voces reunidas bajo el nombre de Isaías, son de las más potentes en transmitirnos estos sueños, con una inmensa fuerza poética.

En el capítulo 11 de este profeta, leemos:

Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Dios…  No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos. Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja. Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar.

En estas líneas se nos dibuja un horizonte utópico. Sólo las utopías llevan el mundo hacia adelante. Nuestro actual punto de partida es difícil: Esperamos desde una oscuridad grande. Una sociedad global llena de injusticias que no respeta la vida humana, que no respeta la naturaleza, que ha expulsado el amor de sus corredores de vida. Una sociedad que cada día que pasa pierde más su calidad humana. Esperamos desde situaciones personales, comunitarias y colectivas duras y desesperanzadoras. Pero hay promesas y llamadas en nuestros horizontes, validemos esas promeses y tomemos decisiones personales y colectivas que nos impulsen a caminar hacia ellas.

Mucho hay para transformar en nuestras sociedades y en nuestros interiores. Rumi dice: Trabaja en el mundo invisible al menos tan duro como trabajas en el mundo visible. La realidad exterior nos abruma hoy: La guerra general se nos viene encima arrasando, con sus horrores, toda forma de vida; en Colombia se nos pierden los planos de la reconciliación, la paz, la honestidad y la justicia. Como sociedad no podemos vivir el adviento colectivamente, pero sí podemos tomar familiar o comunitariamente estos días para sopesar nuestro aporte. Hacia dónde llevarlo… ¿Cómo anunciar a otros y otras esa utopía que jalone horizontes hacia relaciones más amables, más hermanas, más amigas de la dignidad?

El espíritu que anima el adviento nos debe penetrar los días cotidianos, las tareas que nos reclaman, los descansos que nos esperan…  para que logremos contagiarnos de una “espera” sin límites que guíe nuestros pasos a la tarea de hacernos más humanos y de preparar nuestras vidas para albergar la luz de un  nacimiento que alumbre atardeceres. Entremos a este tiempo con el corazón rebosante de esperanza y de amor.