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PAGINA OFICIAL DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Aula Social don Bosco
En un manifiesto, firmado a título personal, los prelados han expresado su malestar contra “uno de los candidatos” sin mencionar directamente el nombre, pero en clara alusión a las posturas políticas de Bolsonaro.
Echando mano de Magnifica Humanitas, señalaron que frente a lo que consideran injusto la actual coyuntura “exige tomar postura en nombre del Santo Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)”.
“Hay dos candidaturas planteadas. Independientemente de que votemos o no, uno de los candidatos será el próximo presidente de Brasil. Pero es necesario votar. Voten para marcar la diferencia”, dijeron.
Los obispos han denunciado que la candidatura de Bolsonaro amenaza de forma directa los puntos centrales de la doctrina social de la Iglesia, la existencia de la democracia, la soberanía nacional y la práctica del bien común.
Opinaron que no se “trata de una elección más”, sino que se juega el futuro del país “cuyos ejemplos en la historia del siglo XX dejaron amargos y crueles recuerdos”. Por eso, han planteado algunas cuestiones para “orientar a los católicos en su decisión”.
Condenaron que Bolsonaro “promete la sumisión de Brasil a los Estados Unidos”, de hecho, acusan al candidato de formar parte de “una conspiración para gravar los productos brasileños, defiende la intervención extranjera en nuestras elecciones y promete entregar nuestras tierras raras a la explotación de EE.UU.”.
También advirtieron que el partido de Bolsonaro está en contra de los programas sociales, la casa común y el combate contra la pobreza, desconociendo las causas de la miseria en Brasil, a pesar de que en las últimas semanas “el candidato” haya informado que “mantendrá algunos”.
Consideran que esta postura atenta contra los principios de la doctrina social de la Iglesia en abierta contradicción con “la opción evangélica preferencial por los pobres, reafirmada en los documentos principales de nuestra Iglesia”.
Criticaron que Bolsonaro ante un eventual gobierno legalizaría el uso de armas como “tal como hizo su padre [Jair Bolsonaro] durante su Gobierno”, lo cual va en contravía al mensaje de la Iglesia al plantear que las armas representan “representa una amenaza grave para la estabilidad y la paz”.
Los obispos brasileños también han criticado que Bolsonaro es partidario de de la tortura, de hecho, argumentaron que “su familia rindió homenajes a uno de los mayores torturadores de la dictadura brasileña, el general Brilhante Ustra, causante de numerosas muertes”.
En este caso, la Iglesia valora la democracia, por ende, “no puede favorecer la formación de grupos restringidos de dirigentes que usurpen el poder del Estado para sus intereses particulares o sus objetivos ideológicos”.
Asimismo recordaron que Bolsonaro padre fue condenado y encarcelado por atentar contra la democracia y, por tanto, su hijo “continúa su línea ideológica”.
Inclusive ha emitido diversas declaraciones de amenaza al orden constitucional y, de resultar electo, “gobernará con mayoría absoluta en el Congreso Nacional y en el Supremo Tribunal Federal, propiciando “las condiciones para una usurpación del poder y la sumisión del país a su ideología”.
Por esta y otras razones, opinaron que Lula si bien su gobierno está sujeto a críticas “siempre demostró responsabilidad con los pobres y con la Casa Común y actuó dentro de los márgenes del orden democrático, en apego a la Constitución”.
“La simpatía o rechazo hacia el actual Gobierno no puede justificar entregar el país a quien contradice de manera tan frontal las enseñanzas de nuestra Iglesia”, finalizaron.
La reunión, en momentos que Trump sigue en guerra en varios frentes alrededor del mundo, no contó con el respaldo de la poderosa Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) y se produce a menos de dos semanas de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, en las que se renovarán todos los escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado. Su portavoz, Chieko Noguchi, se desvinculó explícitamente de la conferencia. Esto fue significativo, ya que las relaciones entre el episcopado estadounidense y el gobierno federal se manejan habitualmente a través de los canales institucionales establecidos.
El estupor y desagrado de no pocos cardenales que trabajan en la Santa Sede tiene que ver con las tensiones entre Trump y el Vaticano. El presidente ha criticado duramente al Papa León XIV por sus posturas sobre el genocidio en Gaza, la intervención militar en Irán y sus reiterados llamados por un no al armamentismo y un rotundo sí a la paz mundial.
Posteriormente en la Casa Blanca, Trump, en rueda de prensa se refirió al encuentro con los obispos católicos en términos positivos y señaló exultante que: ‘Fue una gran reunión. Bueno, principalmente oraron. En realidad, fue un encuentro muy agradable. Son personas estupendas; gente maravillosa…’.
El sello de Mario Enzler en la operación pro Trump
En el conservador centro de estudios Heritage Foundation, el ex guardia suizo Mario Enzler, admirador del Opus Dei y asesor de esta organización de estudios y estrategias políticas asentada en Washington, fue el encargado de invitar a los obispos a la Casa Blanca. La mayoría declinó la invitación por la preocupación que les generaba la imagen política de reunirse con Trump tan cerca de las elecciones. Informes recepcionados en el vaticano indican que miembros de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) no patrocinaron dicha reunión, más bien se sorprendieron por el carácter político de la cita.
Pero, la reunión sugerida y dirigida por Enzler se llevó a cabo como la Heritage Foundation lo estudió y planificó para lograr un alto efecto mediático y político a favor de Trump, el Partido Republicano y las grandes transnacionales que directamente están relacionadas con la gigantesca industria de armamentos norteamericana y que mueve miles de millones de dólares anualmente. Precisamente a esta industria armamentista el Papa León le ha dedicado, más de una vez, una severa y contundente critica desde la doctrina católica por la vida y la paz.
En las redes de contactos habituales para el trabajo ideológico conservador de la Heritage Foundation, Enzler es pieza clave, tanto por vinculación con profesores universitarios del área de la economía, como con especialistas en temas religiosos que tienen algún eco en el vaticano mismo. De hecho Enzler se reunió con el Papa León en el vaticano el pasado mes de mayo y le sintetizó cómo la Heritage Foundation trabaja por ‘la dignidad humana’. Por cierto no le apoyó al Papa en sus constantes llamados al fin de las guerras y detener la expansión de la industria de armamentos, que son una clara expresión de una ‘industria de la muerte’. Enzler, en definitiva, usa un relato y estrategia hipócrita de cual es usar el concepto ‘dignidad humana’ y no ver cómo Trump y su gobierno atacan y apoyan invasiones militares unilaterales como lo ocurrido con Irán y todavía en Gaza y Cisjordania.
Han pasado por la Heritage Foundation decenas de funcionarios que hoy están en la Casa Blanca asesorando a Trump. De hecho es el caso de las protagonistas domésticas en esta controversial cita de los obispos católicos con Trump; Jenny Korn, directora de la Oficina de Fe de la Casa Blanca, La asesora espiritual del presidente, Paula White-Cain y La asesora de comunicaciones de Trump, Margo Martin, entre otros altos funcionarios que dicen pertenecer al mundo cristiano.
La Santa Sede ha identificado a los 12 obispos católicos que se reunieron y oraron con el presidente Donald Trump en el Despacho Oval el 22 de octubre. También confirman la presencia de Mario Enzler, señalado por la Nunciatura Apostólica en Washington como ‘enlace católico con los obispos estadounidenses’:
-Arzobispo James Golka, de Denver;
-Arzobispo Jeffrey Grob, de Milwaukee;
-Arzobispo emérito Joseph Naumann, de Kansas City (Kansas);
-Obispo Edward Burns, de Dallas;
-Obispo James Wall, de Gallup (Nuevo México);
-Obispo Steven Raica, de Birmingham (Alabama);
-Obispo Thomas Hennen, de Baker (Oregón);
-Obispo Michael Barber, de Oakland (California);
-Obispo Scott Bullock, de Rapid City (Dakota del Sur);
-Obispo William Joensen, de Des Moines (Iowa);
-Obispo Francis Kalabat, de la Eparquía Católica Caldea en Detroit
-Obispo Elias Zaidan, de la Eparquía Católica Maronita en Los Ángeles.
No solo en Roma y Washington esta controversial y temeraria reunión se considera una verdadera bofetada a los esfuerzos y llamados a la paz que sin descanso entrega al mundo el Papa León. Muchos cristianos y personas de buena voluntad se preguntan; ¿cómo es posible que obispos católicos vayan a orar y bendecir a Trump en los mismos momentos que su gobierno no cesa en agredir militarmente no solo en Gaza o Teherán o en Cisjordania con armas de guerra made in USA? …
León XIV, por su parte, con su paciencia, sabiduría y carisma agustiniano ha señalado claramente que no teme proclamar el Evangelio y la paz para el mundo, aunque esto le cueste severas críticas y descalificaciones de Trump y altos personeros de su gobierno.
“Los señores de la guerra fingen no saber que basta un instante para destruir, pero que a menudo no basta una vida para reconstruir. Disimulan no ver que se necesitan miles de millones de dólares para matar y devastar, y que no se encuentran los recursos necesarios para sanar, educar y levantar. Quienes saquean los recursos de la tierra que les pertenece, suelen invertir gran parte de las ganancias en armas, en un espiral de desestabilización y muerte sin fin… Caminemos juntos, en el amor, buscando siempre la paz”. (Papa León en el Encuentro por la Paz / Catedral de San José – Bamenda – 16 de abril de 2026).
Jaime Escobar Martínez / Director de revista ‘Reflexión y Liberación’
Roma – Santiago – Madrid
Entre el secretismo vaticano y la escasa participación de los laicos, los obispos siguen siendo elegidos sin contar verdaderamente con el pueblo de Dios. Ni la valía pastoral de Fernando García Cadiñanos debe ocultar una cuestión de fondo: en la Iglesia, los fieles continúan siendo meros espectadores de una decisión que afecta directamente a sus comunidades. Ver noticia
¿Alguna vez la Iglesia llegará a tiempo al tren de los signos de los tiempos como el feminismo, la modernidad, la posmodernidad, una teología liberadora, una sexualidad liberada de la obsesión de pecado o a superar prejuicios fundamentalistas respecto al aborto, el divorcio, la eutanasia…?
Afortunadamente, gracias a la Ruah, seguirá habiendo herejes que superen las normas del derecho canónico con la libertad del Evangelio. La comunidad de seguimiento de Jesús va por delante de la jerarquía eclesiástica y clerical. Pero hay muchas irregularidades que podrían regularizarse.
(Revista Tiempo de Hablar/Tiempo de Actuar, Nº 186)
La paz necesita grandes acuerdos, pero también se prepara en las aulas, en los barrios y en nuestra manera de mirar a quienes creemos diferentes. Tres noticias nos acercan a personas que están trabajando en esa siembra para que sea posible la convivencia con los que tienen otra cultura y otras creencias.
En Asís, representantes de distintas religiones se reúnen por la paz, cuarenta años después del encuentro convocado por Juan Pablo II. En Italia, cristianos y musulmanes han elaborado juntos materiales educativos para conocer el islam. En Líbano, un equipo de educadores de ocho confesiones religiosas retoma su tarea con refugiados y personas desplazadas por la guerra.
El encuentro de Asís, inaugurado el 25 de octubre, reúne a personas de más de cincuenta países bajo el lema «Una paz desarmada y desarmante». Entre las participantes está Hala Alkarib, defensora de los derechos de las mujeres en el Cuerno de África. Su petición sitúa el encuentro ante una exigencia muy concreta: «Espero que no se quede todo en palabras. Necesitamos actuar».
Reunirse junto a quien invoca a Dios de otra manera ya es un primer paso muy importante. Sentarse con los diferentes supone reconocer que podemos compartir las mismas inquietudes y asumir compromisos comunes. Pero esa cercanía necesita prolongarse cuando termina el encuentro y cada cual regresa a su comunidad.
El desafío de lograr la paz alcanza también a nuestra oración. Pedir la paz puede ayudarnos a reconocer el sufrimiento ajeno y a revisar nuestras propias actitudes. Nos compromete a escuchar, a renunciar a la descalificación y a defender la dignidad de quienes quedan fuera de nuestras afinidades. Cuánto nos cuesta a veces practicar esa paz con alguien que tenemos cerca.
La segunda noticia nos lleva precisamente a uno de los lugares donde aprendemos a mirar a los demás: la escuela. El 21 de octubre se presentaron en Roma once fichas para conocer el islam, impulsadas por la Conferencia Episcopal Italiana y el Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islamología. Las ha elaborado un equipo de cristianos y musulmanes que ha discutido sus diferencias hasta encontrar una manera compartida de explicarlas. Los materiales, destinados a docentes, abordan la historia, la fe, la espiritualidad y las relaciones entre ambas tradiciones.
Hay algo especialmente valioso en ese modo de trabajar: permitir que el otro participe en el relato que hacemos de él. Con demasiada facilidad creemos saber cómo son los musulmanes, los judíos, los ateos o los cristianos. Nos bastan tres frases repetidas para atribuir a millones de personas una misma forma de pensar y de vivir.
También nos ocurre dentro de la Iglesia. Algunas etiquetas nos ahorran el esfuerzo de escuchar: en cuanto clasificamos a alguien como conservador o progresista, creemos conocer de antemano todo lo que puede decirnos. Así perdemos la oportunidad de descubrir sus razones, sus temores y sus preguntas. ¿Qué diálogo puede nacer si ya hemos decidido que el otro no tiene nada que aportarnos?
Conocer exige tiempo y disposición para corregir lo que dábamos por sabido. Podemos mantener nuestras convicciones y, al mismo tiempo, reconocer lo que hay de verdadero y valioso en otra experiencia. Una fe adulta debería permitirnos ese encuentro sin vivir cada diálogo como una amenaza.
La tercera noticia nos lleva a Sidón, donde el proyecto Fratelli, impulsado por los hermanos maristas y los de La Salle, ha retomado sus programas educativos después de tener que cerrar en marzo por seguridad. Atiende a refugiados sirios, palestinos y personas desplazadas del sur del Líbano. Sesenta educadores de ocho confesiones religiosas comparten esta tarea. El misionero Guillermo Moreno cuenta que han decidido permanecer junto a la gente y acompañarla también cuando tiene que desplazarse. Colaboran en el cuidado de las personas aun manteniendo diferencias religiosas profundas.
Estas iniciativas necesitan recursos, continuidad y respaldo público. Sería injusto descargar sobre educadores, voluntarios y comunidades religiosas lo que corresponde también a los gobiernos. La paz exige proteger a la población civil, garantizar derechos y hacer posible una vida digna. El cuidado cotidiano y la responsabilidad política deben sostenerse mutuamente.
Para quienes nos reconocemos en el Evangelio, estas noticias ofrecen una ocasión para preguntarnos qué frutos produce nuestra fe. Si nos hace más disponibles, más capaces de aprender y más atentos al sufrimiento. Si nuestras comunidades son lugares donde se puede entrar con una historia distinta y encontrar acogida.
Sembrar requiere preparar la tierra, cuidar lo que empieza a crecer y perseverar cuando los resultados tardan. Quizá podamos comenzar por algo cercano: una conversación pendiente, un prejuicio que nunca hemos revisado, una tarea que podríamos compartir con quienes apenas conocemos.
Encontrarse, conocerse y cuidarse están a nuestro alcance. Son acciones pequeñas, como las semillas, cuyos frutos necesitan tiempo y cuidados. Que Dios bendiga todas las iniciativas que siembran la paz.
Inma Calvo Torrejón
Fuentes
Kielce Gussie, «Encuentro por la Paz en Asís: más que palabras, acciones concretas». Vatican News, 26 de octubre de 2026.
Giordano Contu, «La CEI y el PISAI presentan las fichas para conocer el islam». Vatican News, 23 de octubre de 2026.
Ariana Pernía Paolini, «Fratelli Líbano: Hallar la paz en medio de la guerra». Vatican News, 24 de octubre de 2026.
El pasado 23 de octubre, Studio Ghibli recibió en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026. El jurado reconoció la capacidad del estudio japonés para transformar la creatividad en conocimiento y comunicación, creando historias que trascienden fronteras y generaciones. Sus películas destacan por la imaginación, la sensibilidad, la amistad, la empatía y el respeto por la naturaleza.
Fundado en Japón en 1985 por Hayao Miyazaki, Isao Takahata y Toshio Suzuki, Studio Ghibli ha construido un universo cinematográfico propio. Sus películas combinan mundos fantásticos, personajes complejos y una animación artesanal que invita a detenerse en los detalles. Aunque muchas de ellas pueden disfrutarse en familia, sus historias no están destinadas exclusivamente a los niños: también plantean preguntas que cobran nuevos significados cuando las vemos desde la experiencia adulta.
«El viaje de Chihiro»: crecer sin perderse a uno mismo
Si hay una película que puede servir como puerta de entrada a este universo, es «El viaje de Chihiro», dirigida por Hayao Miyazaki en 2001 y ganadora del Óscar a la mejor película de animación en 2003.
La protagonista es Chihiro, una niña de diez años que, durante una mudanza, entra con sus padres en un mundo extraño habitado por espíritus. Cuando sus padres sufren una misteriosa transformación, tendrá que desenvolverse en un lugar regido por reglas desconocidas y trabajar en una casa de baños para encontrar la manera de salvarlos y regresar a su mundo.
Pero la película va mucho más allá de la aventura fantástica. Chihiro debe aprender a confiar en sí misma, asumir responsabilidades y descubrir quién es en un entorno que amenaza con hacerle perder hasta su propio nombre. Su recorrido habla del miedo ante los cambios, de la maduración y de la capacidad de encontrar recursos personales cuando las seguridades habituales desaparecen.
La película también invita a reflexionar sobre la codicia, el consumo y la relación con la naturaleza. Los personajes que olvidan sus límites o se dejan dominar por la avaricia contrastan con quienes ofrecen ayuda sin exigir nada a cambio. El mundo fantástico se convierte así en un espejo de algunas contradicciones de nuestra propia sociedad.
Un cine que nos invita a mirar de otra manera
Una de las singularidades de Studio Ghibli es que no necesita explicarlo todo. Los silencios, los paisajes, los gestos cotidianos y los momentos de aparente quietud forman parte esencial de sus historias. En un mundo acostumbrado a la velocidad y al ruido, sus películas nos recuerdan el valor de observar, escuchar y dejarnos sorprender.
Para un espectador adulto, «El viaje de Chihiro» puede ser también una reflexión sobre las transformaciones que experimentamos a lo largo de la vida: los cambios que no elegimos, las pérdidas que nos obligan a madurar y los encuentros que nos ayudan a recuperar el rumbo. La fantasía no nos aleja necesariamente de la realidad; a veces nos permite contemplarla desde una perspectiva nueva.
El reconocimiento concedido a Studio Ghibli es una buena ocasión para acercarse a su obra sin prejuicios sobre el cine de animación. Porque una película puede estar al alcance de los niños y, al mismo tiempo, ofrecer a los adultos preguntas profundas sobre la libertad, la responsabilidad, la ambición y el cuidado de los demás.
Si todavía no conoces el cine de Studio Ghibli, empieza por «El viaje de Chihiro». Deja que su mundo fantástico te acompañe y, al terminar, pregúntate qué te ha contado sobre el tuyo.
Elaborado por María Eugenia Massariol
Para ampliar la información
Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026
A primera vista, proclamar la paz y el amor parece la tarea más noble y sencilla del mundo. Es un discurso amable, sin aristas, que suele recibir aplausos unánimes. Sin embargo, cuando una persona adquiere una conciencia profunda de las desigualdades, la opresión y las injusticias estructurales que atraviesan la sociedad, resulta casi imposible mantener una tranquilidad acomodada. Hablar de paz y de amor deja de ser un eslogan reconfortante para convertirse en una profunda grieta existencial y en un dilema ético complejo.
¿Cómo se puede estar en paz cuando existe una violencia silenciosa que priva a millones de personas de una vida digna? ¿A qué tipo de amor nos referimos si este exige guardar silencio ante el sufrimiento ajeno para no romper la armonía social? La verdadera conciencia destruye la tranquilidad complaciente y transforma la paz pasiva en una exigencia innegociable de justicia.
La comodidad de la obediencia y el mito del "el que obedece no se equivoca"
Para comprender por qué a ciertas corrientes les resulta tan sencillo apelar a discursos pacificadores y vivir sin la inquietud del conflicto social, es necesario analizar cómo se construye la relación con la autoridad y la autonomía personal.
Históricamente, las ideologías de corte más conservador —tanto en el plano político como en el religioso— han tendido a estructurarse de manera marcadamente piramidal. En estas doctrinas, valores como la obediencia, la disciplina y el respeto irrestricto a la jerarquía suelen situarse por encima del cuestionamiento individual y de la propia conciencia.
Bajo esta lógica tradicional se asentó una máxima ampliamente difundida: "el que obedece no se equivoca". Esta premisa sugiere que la responsabilidad moral de un acto recae únicamente en quien da la orden o dicta la norma, liberando al subordinado de cualquier culpa o remordimiento. Sin embargo, desde el desarrollo de la autonomía moral, esto constituye una grave falacia:
Delegación de la responsabilidad ética: Asumir que la obediencia exime de error implica renunciar al propio juicio y entregar la conciencia crítica a manos de un tercero.
Inmunidad ante la autocrítica: Al considerar que la verdad o el orden correcto ya han sido dictados por la autoridad superior, se anula la necesidad de revisar los propios actos o cuestionar mandatos injustos.
Docilidad y sumisión como "falsa paz": El disentimiento o el cuestionamiento ético no se perciben como una búsqueda de la verdad, sino como un acto de deslealtad. En este contexto, la "paz" no es más que la mera ausencia de conflicto visible, asentada sobre el sometimiento.
El pensamiento crítico: la indignación como acto de compromiso
Por el contrario, el pensamiento crítico implica un trabajo arduo de construcción de la autonomía personal. Quien analiza la realidad desde una postura contestataria no lo hace por mero deseo de llevar la contraria, sino porque su propia conciencia le impide permanecer tranquilo e ignorar las grietas del sistema.
Las posturas fundamentadas en el análisis crítico nacen de la convicción interior y no del mandato externo. Cuando alguien cuestiona el estado de las cosas, su compromiso no se basa en la obediencia ciega a un dogma o a una jerarquía, sino en un juicio ético asumido libre y conscientemente.
La protesta y el inconformismo no son la negación de la profundidad humana, sino su consecuencia directa: es el rechazo a aceptar un "amor" abstracto que ignora el dolor concreto y la negativa a excusarse en la obediencia para no actuar.
Por eso, hablar de amor desde esta perspectiva y pretender estar en paz resulta infinitamente más complejo. Exige buscar un amor que no anestesie la indignación, sino que la movilice; y una paz que no sea la tranquilidad anestesiada de los obedientes, sino la consecuencia directa de la justicia restablecida.
El riesgo del dogma en todos los frentes
Sería un error asumir que la inclinación a ceder la autonomía moral es patrimonio exclusivo de un solo espectro político o espiritual. Si bien las estructuras de izquierda o los espacios de espiritualidad progresista nacen con una vocación emancipadora y de pensamiento crítico, no están exentos de caer en las mismas inercias piramidales.
Cuando en nombre de una "causa justa", una ideología partidista o un dogma se exige disciplina ciega, se persigue la disidencia o se aplasta el debate interno, la izquierda y la espiritualidad crítica traicionan su propia razón de ser. Revalidar la máxima de que "el que obedece no se equivoca" bajo un ropaje progresista sigue siendo la misma entrega de la capacidad crítica en manos de una cúpula.
Por ello, el verdadero pensamiento emancipador debe mantener la autocrítica como una herramienta innegociable, velando siempre por la libertad, la inquietud ética y la responsabilidad de la conciencia individual.
Un amor y una paz que transformen
Tener conciencia de las injusticias sociales duele y quita la tranquilidad. Elimina la inocencia y hace que las palabras biempensantes se sientan insípidas si no van acompañadas de una transformación real.
Vivir en paz y hablar de amor sabiendo cómo funciona el mundo no puede significar abrazar la complacencia ni escudarse en la obediencia pasiva; significa asumir el reto más difícil: asumir la incomodidad de la conciencia, defender un amor que desmonte las estructuras que oprimen y trabajar por una paz que solo pueda existir allí donde primero se ha hecho justicia. La autonomía moral es el único camino para que esa búsqueda sea genuina, responsable y verdaderamente humana.
¿Es posible una economía diferente sin renunciar a la innovación, la iniciativa privada y el desarrollo? Esta es una de las preguntas que plantea Mariana Mazzucato en *Bien común. Una nueva economía que funcione para todos*, su nuevo libro, presentado en España en octubre. La economista propone revisar las reglas que organizan la actividad económica para que la creación de riqueza responda también a las necesidades de la sociedad y no quede orientada únicamente a la rentabilidad.
Mazzucato es profesora de Economía de la Innovación y Valor Público en el University College London, donde dirige el Instituto de Innovación y Propósito Público. Su trayectoria también está vinculada al Vaticano: en 2022, el papa Francisco la nombró miembro de la Pontificia Academia para la Vida. Desde su trabajo académico y su colaboración con organismos internacionales, defiende que las decisiones económicas deben tener en cuenta sus consecuencias sociales y medioambientales.
La vivienda como derecho y desafío colectivo
Uno de los ejemplos más cercanos de su propuesta es la vivienda. En sus intervenciones recientes, Mazzucato cuestiona que un bien esencial para la vida se trate principalmente como un activo financiero cuyo valor depende de la rentabilidad que pueda generar.
Su planteamiento no consiste simplemente en conceder ayudas cuando los precios ya son inasequibles. Propone que los poderes públicos actúen desde el principio sobre las condiciones del mercado, impulsen una oferta suficiente de vivienda social y orienten la inversión hacia las necesidades reales de la población. También invita a preguntarse qué tipo de viviendas se construyen, dónde se ubican y si contribuyen a crear comunidades habitables.
La cuestión va más allá del mercado inmobiliario. ¿Qué ocurre cuando el acceso a una vivienda, a la salud o a otros recursos esenciales depende cada vez más de la capacidad económica de cada persona? Para Mazzucato, estos problemas deben convertirse en objetivos colectivos que movilicen inversión, conocimiento e innovación.
Cambiar las reglas, no solo corregir las desigualdades
La economista cuestiona una visión según la cual el mercado actúa primero y el Estado interviene después para corregir sus consecuencias negativas. A su juicio, las instituciones públicas también deben participar en la definición de los objetivos que orientan la economía y establecer formas de colaboración con las empresas que generen beneficios para el conjunto de la sociedad.
Esto no significa eliminar la iniciativa privada ni negar que las empresas deban obtener beneficios. La cuestión es cómo se crea el valor, quién contribuye a generarlo y cómo se distribuyen sus resultados. Mazzucato sostiene que la inversión pública ha sido decisiva para numerosos avances tecnológicos y que la sociedad debe participar de forma más justa en los beneficios derivados de ese esfuerzo colectivo.
Su propuesta abre así una vía de reflexión que no se limita a elegir entre dejar actuar al mercado sin apenas condiciones o sustituirlo por completo. Invita a pensar cómo se pueden transformar las reglas del sistema económico para orientar la innovación y los recursos hacia objetivos compartidos.
Una reflexión que conecta con el bien común
Estas preguntas también tienen interés desde la doctrina social de la Iglesia. En *Laudato si’*, el papa Francisco relacionó el cuidado de la casa común con la justicia social y la atención a las personas más vulnerables. En *Fratelli tutti*, invitó a superar el individualismo y a construir una fraternidad que se traduzca en decisiones concretas.
La propuesta de Mazzucato no constituye una nueva doctrina oficial de la Iglesia, pero plantea cuestiones que dialogan con esa tradición: qué entendemos por progreso, qué responsabilidad tienen las instituciones y cómo garantizar que la riqueza contribuya a una vida digna para todos.
La publicación de *Bien común* ofrece una ocasión para ampliar este debate. Más que prometer soluciones sencillas, la economista invita a revisar las decisiones que tomamos como sociedad y a preguntarnos qué objetivos deberían orientar nuestra economía.
Compartimos esta conferencia pública para escuchar directamente a Mariana Mazzucato y conocer sus propuestas. Una invitación a reflexionar sobre una cuestión fundamental: ¿podemos construir una economía que no mida su éxito únicamente por la riqueza que produce, sino también por la vida que hace posible?
Elaborado por María Eugenia Massariol
Conferencia completa
Mariana Mazzucato presenta *Bien común*: https://youtu.be/kGP1loocHDI?is=xROCNLj6HTk0Fa59