FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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ATALAYA ENERO 2025

miércoles, 20 de agosto de 2025

S. EZEQUIEL MORENO DÍAZ (PATRONO DE LOS ENFERMOS DE CÁNCER)

col martell

 Estamos ante un santo casi de nuestros días, que vivió a caballo entre dos épocas, no ajeno a nuestras mismas aspiraciones y a nuestros mismos miedos, que habría de ser recordado como uno de los grandes evangelizadores de Hispanoamérica de los tiempos modernos. Ezequiel nació en Alfaro el 19 de septiembre de 1848, siendo sus padres Félix Moreno y Josefa Díaz; él vino a ocupar el tercer puesto entre los seis hijos que tuvo el matrimonio. Como tantos otros niños de su época decía que de mayor quería ser fraile. Gustoso acompañaba a su madre a los actos piadosos, hasta acabar siendo monaguillo y sacristán en el convento de las dominicas.

 En 1864, muerto ya su padre y con una difícil situación económica en el hogar, decidió ingresar en el convento de los agustinos recoletos de Monteagudo (Navarra) cuando ya tenía 16 años, para prometer los votos un año después. Ya profeso, se trasladó a Marcilla (Navarra) para realizar sus estudios eclesiásticos, donde se empapó de neoescolasticismo que era la orientación que por aquel entonces se impartía en los centros religiosos, ello unido al espíritu carlista imperante en su entorno, hizo que se mostrara poco receptivo con el liberalismo, circunstancia ésta que va a tener su importancia cuando allá por el año 1896, durante su estancia en Colombia, se viera envuelto en la polémica con el obispo de Ibarra y otros liberales radicales que le llevaron a escribir su tratado titulado “ Catolicismo o Liberalismo”.

 Faltándole poco para acabar la carrera eclesiástica es destinado, junto a 18 compañeros a Manila, donde concluiría sus estudios y sería ordenado sacerdote en el año 1871. A partir de aquí le esperaba una dura tarea, cual era la de evangelizar Palawan, Mindoro y Luzón. Para entrar en contacto con la gente tuvo que aprender el tagalo, al tiempo que ejercía su sagrado ministerio en Calapán. La cosa iba bien hasta que una enfermedad le obligó a regresar a la capital de Filipinas. Repuesto de la enfermedad volvió a Calapán como párroco interino y aquí permanecería hasta ser nombrado párroco en la misión de las Piñas, donde realizó una importante labor humanitaria a favor de quienes habían quedado en la miseria por motivo de una peste y una sequía pertinaz. Sus posteriores destinos serían Batangas, Santa Cruz y finalmente Manila. En el 1885 tuvo que regresar a España al ser nombrado prior del convento de Monteagudo en el municipio de Tudela (Navarra), donde se dedicó a labores de dirección, de predicación y ayuda a los fieles que lo estaban pasando mal a causa de las viruelas, epidemias y las sequías, que se iban sucediendo.

Tras tres años fructíferos de intensa labor ministerial en Monteagudo emprendió viaje a Colombia en el año 1888, con el encargo de restaurar la orden agustiniana por esas tierras, visitando el convento de Candelaria, Raquira y las misiones de Casarena, hasta que el 11 de mayo de 1894 fue nombrado obispo de Pinara. Durante este periodo tendrían lugar las polémicas sobre el liberalismo de las que hacíamos mención al principio.

Al poco tiempo de ser nombrado obispo aparecen los primeros síntomas de una grave enfermedad que le obliga a regresar a España para someterse a una revisión médica, en la que se detecta un cáncer de nariz, que los médicos tratan de atajar por medio de una dolorosa operación, que no sería la última; todas las intervenciones las supo sobrellevar ejemplarmente con espíritu de sacrificio en medio de atroces dolores. Cuando se vio que poco se podía hacer por su salud, buscó refugio en su celda del Convento de Monteagudo junto a su Virgen del Camino, sobrellevando con heroicidad los últimos momentos de su vida. Abrazado a la cruz moría este santo misionero el 19 de agosto de 1906, en el mismo lugar donde había iniciado su vida religiosa.

Reflexión desde el contexto actual:

A los misioneros les cuadra mejor que a nadie la denominación de embajadores de Cristo por todo el mundo. Ésta fue la función esencial en la vida del P. Ezequiel Moreno, que además sufrió en sus carnes el azote del tan temido mal conocido con el fatídico nombre de cáncer, el cual congrega a sus víctimas en torno a una dolorosa experiencia, para compartir generalmente un trágico destino. Como patrón que es de todos los que sufren de cáncer, es por lo que le pedimos en el día de su festividad que interceda para que esta temida enfermedad vaya dejando de ser sinónimo de muerte y cada vez más se vayan abriendo horizontes de esperanza. Quienes la padecen, encontrarán en él la ayuda de su valiosa intercesión y el consuelo de quien conoció en sus propias carnes esta dolorosa experiencia.

 

Ángel Gutiérrez Sanz

Religión Digital

EN OCASIONES, DIOS NOS ENVÍA TAMBIÉN LOBOS VESTIDOS DE PASTORES

col martell

 

Tras terminar en la tarde del pasado miércoles el último libro de Javier Cercas “El loco de Dios en el fin del mundo” (editorial Random House), que llevaba ya algunos meses sobre mi mesilla a la espera de ser leído, encendí mi teléfono móvil, mientras me reencontraba con la Iglesia misionera y periférica del Papa Francisco. Dominado por la dependencia de las redes sociales tras horas de enfrascada lectura, tuve el infortunio, una vez más, de toparme con las declaraciones del arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, que no por execrables deben ser ocultadas ante la opinión pública, también ante el rebaño del Señor, aun cuando puedan constituir un delito de odio y de incitación a la violencia: “Extraña polémica con musulmanes sobre celebraciones en polideportivos. ¿Dónde está la reciprocidad negada de los moritos con los cristianos que asesinan en nuestras iglesias dentro de sus territorios? ¿Ponernos estupendos citando textos civiles o eclesiales, para que nos sigan matando? “

Ciertamente, el “moritos” provocador con el que inicia su primera pregunta refleja una visión xenófoba, racista, supremacista, y clasista de las que nuestro arzobispo nos tiene ya acostumbrados. Ahora bien, la literalidad del resto de su interrogación supone un atentado contra las bases en la que se asienta nuestra sociedad pluralista y nuestra democracia liberal.

Según al arzobispo, los “moritos” de Jumilla que quieren celebrar la fiesta del cordero en un polideportivo, muchos de los cuales viven explotados por aquellos lobos que jalean esa misma visión liberal de Jesús Sanz, son quienes deben garantizar la reciprocidad de la libertad religiosa, entiendo que en África, aun cuando el arzobispo les niega ese mismo derecho en suelo europeo. Pero, aún peor, esos “moritos”, podría decirse, la “morería”, son a su vez responsables de los asesinatos de cristianos en “sus” territorios, según el arzobispo, obviando, por otra parte, que gran parte de los musulmanes de Jumilla son ciudadanos españoles de pleno derecho.

De este modo, el juego dialéctico de “ellos y nosotros”, “nuestros territorios” y los “suyos”, mezclado todo ello en la misma frase con los asesinatos religiosos, que el arzobispo pretende denunciar, supone, sin ninguna duda, base suficiente para acusar a Jesús Sanz de un delito de incitación a la violencia. Según Sanz, los “moritos” de Jumilla son corresponsables de los asesinatos de cristianos en “sus territorios”. Es difícil condensar en menos palabras el discurso del odio, la negación de la Ilustración, el ataque a los derechos individuales y sociales que protege nuestra Constitución, y los pilares de la sociedad occidental en su conjunto, fruto también de una conversación entre razón y fe que el arzobispo quiere destruir sin pudor alguno.

Respecto a la segunda de sus retóricas preguntas, quiero entender que la referencia a los textos eclesiales supone un dardo contra la Conferencia Episcopal Española, que ejemplarmente defendió recientemente la libertad de culto, también en Jumilla. No seré yo quien se entrometa en tal disputa, ahora bien, si deseo realizar algunos apuntes por lo que podría venir.

El pasado 23 de febrero, el arzobispo de Oviedo pronunciaba su homilía dominicana en Avilés y afirmaba disponer de información confidencial sobre la salud del Papa Francisco, tal y como recogió este periódico el día posterior, según la cual Bergoglio “tenía un asma que le asfixia, y que le han tenido que hacer varias transfusiones de sangre. Parece que la infección de los pulmones le ha pasado a la sangre”. No le bastaba a Jesús Sanz con los partes oficiales del Vaticano. Pero su alocución continúa: “posiblemente estemos en el momento final. Recemos para que pueda vivir ese momento con fe”. No sé si el arzobispo dudaba de la fe del Papa, lo que es cierto es que el conjunto de la Iglesia rezaba entonces por la salud del Pontífice y por su recuperación. Gracias a Dios, algún efecto aquellas oraciones debieron tener, y junto a los buenos oficios de los servicios médicos del Vaticano, el Papa Francisco aún seguiría en este mundo dos meses más.

Con todo, tras su partida el 21 de abril, el arzobispo escribía también en redes sociales: “No por esperada, la noticia deja de conmoverte”. Llama la atención, en primer lugar, que el arzobispo evitara usar en esa frase la primera persona del singular. En segundo lugar, hay que hacer notar que el verbo “esperar”, en su primera y segunda acepción, según la Real Academia de Lengua, significa “tener esperanza de conseguir lo que se desea”, y “creer que ha de suceder algo, especialmente si es favorable”, respectivamente. Poco más hay que añadir.

Por cierto, Jesús Sanz habría de visitar Roma un mes después del fallecimiento del Papa, un viaje que nos relató en este periódico (“Cuando todos los caminos llevan a Roma”, 18 de mayo). Entre otras disquisiciones, el arzobispo repasaba las tumbas de los papas ante las que había rezado. Aún a pesar de visitar Santa María la Mayor, donde está el Papa Francisco, no se citaba en todo el texto al reciente fallecido Pontífice.

En fin, el arzobispo de Oviedo pudo saludar hace apenas algo más de dos semanas al Papa León XIV, de nuevo de visita en Roma. Quiso agradecer Jesús Sanz expresamente el trabajo del nuevo Santo Padre en favor de la “unidad y la paz en la Iglesia del Señor”. Ahora bien, quien no trabaja en absoluto a favor de esa paz y esa unidad ni en la Iglesia, ni en el conjunto de la sociedad, es el propio arzobispo. De sus esfuerzos contra la democracia, los derechos humanos, y la libertad somos testigos cada día en Asturias. En esta ocasión, la Conferencia Episcopal y la Santa Sede están también en su diana.

Tristemente para los asturianos, es imposible encontrar un franciscano tan enfrentado con su propio fundador San Francisco de Asís, cuyo ejemplo quiso tomar Bergoglio como referencia para su papado. Ni diálogo religioso, ni respeto al Planeta, ni preocupación por los más pobres y necesitados, ni Iglesia periférica, ni sinodalidad, ni, por supuesto, Concilio Vaticano II.

No sólo nos envía el Señor como ovejas en medio de lobos para que seamos prudentes como serpientes y sencillos como palomas (Mateo 10:16). En ocasiones, nos envía también lobos vestidos de pastores.

 

Jonás Fernández, eurodiputado *

Religión Digital

* publicado originalmente en La Nueva España. Con permiso del autor

MIGUEL PERLADO: "LAS HAM SON UNA COMUNIDAD ABUSIVA, CON UNA FUERTE DERIVA SECTARIA"

col koldo

 

Exorcismos, culto a la 'lideresa', control de la privacidad, alejamiento de las familias, abusos espirituales y, en algún caso, sexual. Estas y otras son las razones por las que el Arzobispado de Madrid ha procedido a la intervención de las Hijas del Amor Misericordioso (HAM). Uno de los principales expertos en sectas, el profesor Miguel Perlado, ha trabajado y asesorado a varias víctimas y familiares de las HAM.

Como tal, conoce mejor que nadie el funcionamiento de esta organización (que no congregación religiosa), así como el impacto que retiros como Effetá o Emaús, algunos de ellos organizados por las HAM, pueden tener en la vida de cientos de jóvenes. Las respuestas son estremecedoras.

Ud ha asesorado a varias víctimas de las Hijas del Amor Misericordioso. ¿Qué situación se vivía dentro?

Las familias con las que he trabajado coinciden en señalar una serie de cambios disruptivos y sintomáticos de una deriva sectaria: alejamiento de amistades, distanciamiento de la familia, cambios en el modo de expresarse, pérdida de la expresividad emocional, un ritmo cotidiano cada vez con más y más ocupaciones ligadas a HAM, cambios en el modo de comportarse o incluso vestirse para amoldarse al de los restantes miembros del grupo, la adopción de gestos o expresiones similares a la superiora de la “comunidad” (María Milagrosa Pérez) y la incorporación progresiva de un lenguaje de grupo reiterativo y centrado en un convencimiento de haber recibido “la llamada”, todo ello en una tonalidad ansiosa y de imperiosa urgencia.

A la vez, desde el punto de vista del funcionamiento de grupo, el trabajo con las familias pone de manifiesto también una intromisión excesiva en el fuero interno de sus hijos, lo que ha afectado a un adecuado discernimiento, sintiéndose todos ellos presionados a formar parte de HAM porque, lo contrario, “es rechazar a Dios”. En este contexto, los otros devotos del grupo también ejercen su influencia a través de un entorno de bombardeo emocional, empujando a tomar la decisión de un mayor compromiso con la comunidad o entrar en convento. En muchos casos, eso se ha llevado a cabo de forma silenciosa o tensando las relaciones con la familia, que pasa a ser percibida como una fuente de falta de amor o como un lugar causante de traumas, por lo que mejor distanciarse. Me consta, además, que en algunos casos ha podido utilizarse a un centro de psicología conectado a las HAM para afianzar el proceso de entrada. Este proceso sectario se acompaña también de desaconsejar comentar ciertas cuestiones con personas externas a las HAM y guiarse exclusivamente por la persona a la que se asigna funciones de dirección espiritual o a lo que marca directamente la superiora.

A los nuevos devotos, la superiora les asigna un nuevo nombre según directrices divinas, pasan a dedicarse por completo a las HAM, se restringe el acceso a la información de modo que solo pueden leer o ver aquello aprobado por la superiora o su séquito más directo (“las 11”), aprenden que la superiora está “en unidad con el Padre Mansilla” -lo que significa que su criterio es incuestionable- , sus comunicaciones con la familia pasan a ser muy escasas y controladas, deben participar en ciertas actividades tales como ayunos intensos o momentos de oraciones de horas junto a la superiora, actividades donde se alternará entre la consolación y la desolación y pasarán a normalizar la devoción que todos los devotos muestran hacia la superiora, a quien llaman Marimi o Mami.

Todo esto llevó a que diversas familias se dirigieran a los órganos eclesiales pertinentes para trasladar sus preocupaciones ante lo que observaban de manera reiterada entre sus hijos, un patrón de transformación que, lejos de apuntar a una espiritualidad madura o sana, tendía más hacia el exceso, la presión y la espiritualización de ciertos comportamientos abusivos.

¿Cuál es el perfil de los captados?

El perfil de los jóvenes es variado, aunque una buena parte de ellos proviene de familias acomodadas. Jóvenes, idealistas, ingenuos, con inquietudes espirituales. En una buena parte, inmaduros. Muchos de ellos, sin suficiente formación religiosa. Se les promete una vida espiritual mucho más profunda y auténtica que la que pudieran encontrar en cualquier otro lugar. En la gran mayoría de los casos, están atravesando un momento de vulnerabilidad particular, ya sea por una ruptura de una relación afectiva, o algún duelo familiar. Casi todos son atraídos a través de encuentros de Effetá o Emaús que organizan las mismas HAM, encuentros cerrados, de alta intensidad emocional, en donde se destripa emocionalmente a los participantes y en donde se ejerce mucha presión de pares para participar e invitar a otros a participar, con lo que terminan siendo arrastrados amigos o familiares que entran en bloque.

HAM, ¿es una 'secta'? ¿Por qué?

Ya sabe que este término dice mucho, pero también puede confundir mucho. Me parece más importante entender el proceso que se desarrolla en estas comunidades y la experiencia vivida. Pero sí, podemos hablar con propiedad de una deriva sectaria, de un grupo que ha ido progresivamente mostrando más y más elementos que llevan a un funcionamiento “tipo secta”, y no a una comunidad religiosa que fomente la autonomía y maduración de sus integrantes.

Alguno de sus elementos nucleares, ya los he mencionado, pero pueden resumirse en tres puntos clave:

1) un culto desmedido a la superiora y al fundador (llevan estampas, portan pequeñas reliquias de ambos, hay imágenes de ellos por doquier, se desarrolla una narrativa por la que el fundador es descrito como un santo y la superiora como heredera directa de su carisma, se celebran fechas señaladas de la superiora, la superiora desarrolla múltiples roles al mismo tiempo),

2) un proceso de grupo que tiende a la fusión (todos se comportan de igual modo, se aísla a los devotos del exterior, reinterpretación de sus vidas para empujarlos al camino del verdadero amor dentro de HAM, descripción del mundo externo como un peligro para la llamada de Dios, distorsión y/o ruptura del vínculo natural con las familias, desarrollo descripción un pensamiento de grupo que gira en torno a las enseñanzas de los fundadores, la obediencia se transforma en sumisión y la humildad en humillación, una atmósfera de secreto en cuanto a las enseñanzas que se reciben, etc.)

y 3) daños psicológicos, sexuales o espirituales sobre una porción de devotos (hay que tener en cuenta que lo sectario se detecta cuanto mayor sea la cercanía con la figura de la superiora, de modo que aquellos que están en lugares periféricos quizá no perciban la naturaleza abusiva de ciertos comportamientos).

Habla de daños, ¿en qué sentido?

Hablo de daño espiritual, que también es psicológico y puede ser físico o sexual. Por un lado, tenemos el abuso que deriva de una estructura de poder en donde la figura de la superiora se autoasigna un carisma y una gracia que pasa a dirigir la vida de todos los devotos, espiritualizando cualquier acto de la vida cotidiana. Se trata de una estructura de poder que no rinde cuentas al exterior y que es autoreferencial. La superiora asegura tener una gracia y poderla dispensar. Esa gracia se traduce en controlar el comportamiento de los devotos o en incurrir en actos sensuales (besos, excesiva efusividad intragrupo) o sexuales (me consta el abuso de al menos un devoto varón al que se convenció de que los actos sexuales eran una forma de sanarlo, siempre bajo argumentos espirituales).

Pero hay también abusos desde una perspectiva doctrinal, sea por modificaciones en la liturgia, el empleo de objetos religiosos de manera inapropiada -de acuerdo al contexto en que se encuentran- o por nociones que se introducen en donde se emplea jerga psicológica (por ejemplo, hablan mucho de que hay que trabajar “la histeria” que todos ellos arrastran de la falta de amor de sus familias de origen) para dar la sensación de mayor profundidad espiritual.

El abuso espiritual es silencioso, pero va minando a la persona. El contexto de relación que se crea dentro del grupo que sigue incondicionalmente a Marimi, termina por justificar ciertos excesos o abusos como normales o como parte del proceso de transformación espiritual. Evidentemente, lo que siempre llama la atención en estos contextos espiritualmente abusivos es lo sexual, si bien en mi experiencia tiende a ser el último escalón de una larga cadena de abusos de conciencia paulatinos.

Asimismo, dentro de la vida de grupo, sabemos que se han llevado a cabo prácticas de exorcismo bajo la idea de que ciertos síntomas supuestamente patológicos tendrían un origen espiritual, de manera que se reza para exorcizar todos esos males, incluso en menores de edad. En estas prácticas se hace participar a otros miembros de la comunidad, que a modo de psicodrama deberán llevar a cabo una suerte de escenificación en grupo del dolor y el sufrimiento que comporta ayudar a sanar las almas. La idea es que tales influencias nocivas que impiden el crecimiento espiritual provienen de las familias, lo que empuja nuevamente a vincularse más a las HAM y a instaurar finalmente un contexto de relación dominado por una dependencia ansiosa, el miedo y la culpa a no estar haciendo bien las cosas.

¿Qué influencia tiene sobre los chicos y chicas Marimí?

Es prácticamente absoluta, incuestionable. Se le suponen unos conocimientos y unos dones y se les otorgan, tanto a Mansilla como a ella, unas propiedades cuasi divinas. Ella es la que tiene la gracia, la que lo domina todo, la que puede dar la gracia a los demás. La obediencia se torna en sumisión, y la humildad se convierte en humillación. Ella dice que la histeria debe ser reemplazada por la humildad, pero la práctica demuestra que esa humildad deriva más hacia la humillación. Ella, Marimí, es la que tiene la gracia y dispensará a quien considere, y justificará, espiritualizándolo, los abusos espirituales o sexuales.

Es una autoridad, claramente, sobre la conciencia de todos los miembros de la comunidad, incluidos los laicos. Pero no ejerce esa autoridad de forma constructiva, sino impositiva. Cualquier decisión pasa por ella, porque se le considera la heredera espiritual del padre Mansilla, y como tal se le rinde culto, al igual que al padre Mansilla, prácticamente considerado un santo.

¿Como valora la intervención del Arzobispado de Madrid? ¿Qué cree que puede pasar?

La intervención que ha decretado el arzobispo de Madrid me parece muy pertinente. Pero están ante un escenario altamente complejo y que requiere determinación, claridad y una escucha muy fina. Mi impresión, en todo caso, es que los que todavía están muy vinculados, van a vivir la intervención externa con un intento de control o de manipulación. Es decir, que lejos de sentir que es una ayuda, lo pueden interpretar como un ataque a la superiora, confirmando lo que la propia narrativa sectarizada inspira (“no me entienden, nos cuestionarán, nos criticarán, no comentéis esto con muchas personas, porque ya sabéis cómo es la Iglesia”).

O pensarán que es un ataque a algo muy puro: este es otro de los signos de una deriva sectaria. Los devotos se sienten en un lugar único, muy especial, formando parte de una comunidad de “escogidos”. O también podrían interpretar esta situación como un ataque de “católicos liberales que no entienden”, de modo que pasarán a sostener que todo son mentiras o bulos, o denuncias de un antiguo devoto que no entendió, salió rebotado o tenía problemas.

También puede ocurrir que algunos se fundan todavía más en torno a su superiora, y se promueva una escisión. Habrá que estar atentos. La intervención busca poner orden en la casa, ver qué ha pasado, especialmente en el caso de los abusos de conciencia y espirituales que hayan podido darse.

Las HAM han pasado a funcionar como una comunidad espiritualmente abusiva y, en ese sentido, la posible intervención debería ocuparse tanto de la recuperación terapéutica como de la espiritual. Sería aconsejable que sus miembros pudieran regresar con sus familias, o en el caso de que fueran reubicadas en otros lugares, que no se deje de realizar este trabajo con las familias. La solución no pasa solo por reubicar (es importante, de entrada, separarlas para evitar un mayor repliegue sobre sí mismas), sino por saber qué ha sucedido y revisar las distorsiones doctrinales que se traducen en distorsiones perceptivas y vinculares profundas. Porque aquí hay una transformación desde adentro. Invaden tu fuero interno, ejercen la manipulación y la distorsión desde adentro de tu propia conciencia.

En cuanto al futuro de las HAM, como grupo, es incierto, ya que cuando el abuso penetra y se vuelve estructural, la posibilidad de cambio de la comunidad se vuelve mucho más difícil. Y en esos casos, no queda más que disolver la organización. Y, aunque pudiera sanearse la estructura interna de la organización, en tanto grupo, no hay que olvidar que el impacto del abuso espiritual penetra hasta los recovecos más íntimos de la propia conciencia, de ahí la necesidad de un trabajo profundo que revise la intoxicación que haya podido producirse, porque afectará al modo en que pueda vivirse lo espiritual en el futuro.

¿Hasta qué punto retiros como Effetá o Emaus pueden llegar a ser dañinos?

Hace años que vengo atendiendo consultas de familiares católicos que se acercan con una honda preocupación en torno a lo que le está pasando a sus hijos que, después de participar en estos retiros, regresan mesmerizados, eufóricos, como habiendo descubierto ‘todo’ en ellos. Este tipo de retiros que se han puesto tan de moda en los últimos años, no están exentos de riesgos, ciertamente, particularmente por el nivel de secretismo que se exige y la alta intensidad emocional de los mismos, que ponen todo el mundo interno de sus participantes patas arriba, generando una suerte de hemorragia emocional y espiritual que rápidamente se prometerá que tan sólo puede ser cerrada por la participación en más y más retiros.

¿Por qué ese secretismo?

El secreto atrae. Lo que está oculto ejerce cierta fascinación. Al mismo tiempo, el secretismo exigido es una marca de ser diferentes o especiales (“no lo cuentes a cualquiera”, “no todos lo entenderán”). De cualquier manera, los pasos tienden a ser siempre los mismos: seducción, aislamiento y adoctrinamiento. Tras un primer impacto seductor (“se harán cosas muy guays, van gente de nuestra edad, no es aburrido como ir a la iglesia, no te puedo comentar mucho pero te invito a participar”), salen fascinados, como si estuvieran ‘colocados’ o se hubieran tomado algo: sólo hablan bondades, repiten las mismas frases como clisés, se aprecia un claro intento de reclutar a otros de forma insistente, lo que es muy característico de estos formatos. Se habla de conversiones, aunque yo dudaría de aplicar el término ‘conversión’ porque, para mí, una conversión requiere un proceso madurativo más lento. Aquí nos encontramos ante un fuerte impacto, un contexto de grupo deslumbrante y fascinador, pero que al mismo tiempo desestabiliza por el proceso y la dinámica de grupo que se desarrolla dentro de tales retiros (hablar del dolor de uno mismo ante los demás, abrirse del todo ante desconocidos, escuchar testimonios de conversiones impactantes, horas y horas de experiencia muy intensa, contagio de grupo a nivel emocional, etc.).

Es el ‘cristianismo guay’, o ‘cool’…

Un cristianismo guay, como bien dices tú, o ‘cool’, en contraposición con la idea de una Iglesia sobria o aburrida. En cambio, en estos encuentros te encuentras a jóvenes muy entregados, y que llevan a que la persona se abra en canal, explique toda su vida, hasta los más íntimos secretos. Hay una suerte de ‘catarsis’ de grupo, que parece que sana pero que lo único que hace es aumentar más la carga de la culpa, y que está al servicio de favorecer el reclutamiento de más gente. Porque, finalmente, lo que buscan estas comunidades no es el crecimiento de las personas, sino alimentarse vorazmente de la mayor cantidad de adherentes o devotos posibles.

 

Jesús Bastante

Religión Digital

PAZ Y NATURALEZA

col kowalski

 

Arde por todas las partes. Y arden todas las personas. Violencia. Es urgente serenar los ánimos y la naturaleza. Voy oyendo muchas pistas para apagar fuegos. Hasta el sol arde en temperaturas excelsas. Hay cosas que se pueden arreglar. Otras, no. Pero es preciso ponernos de acuerdo la humanidad y hacer un esfuerzo todas las personas.

Hasta los hombres y mujeres arden en ganas de fiesta y descanso. Las personas intentan vivir en vacaciones. Viajes. fiestas, juergas…. Hace falta serenidad. Necesitamos vivir en un tono de calma, de disfrute tranquilo, de gozar en la tranquilidad. Y programar los gobiernos sistemas de valorar la naturaleza y preparar un sistema forestal con medios para que no arda sino que se cuide y se dote de medios que permitan tener una naturaleza los más sana posible.

Parece que todo arde, brota, salta. El calor asciende a grados muy fuertes. Pero hay un interrogante fuerte: ¿estamos poniendo las personas el esfuerzo en conservar la tierra? Dice el Genesis “cuidad la tierra”. Sin embargo ¿la estamos cuidando o la maltratamos? ¿Caminamos hacia caminos de destrucción en lugar de disfrutar en la creación?

Lo mismo que en la naturaleza está ocurriendo en la sociedad con la agresividad y las guerras. Estamos destruyendo, rompiendo, luchando. Y vienen las muertes.

¿Qué podemos hacer para conseguir la paz en la creación y entre las personas? Llamados a la felicidad, estamos dando el paso hacia la agresividad, la lucha, la muerte… Alto. ¿Nos paramos y planeamos otro estilo de vida? Que Dios nos hizo para ser felices y vivir en la paz.

Y podemos conseguirlo: árboles, bosques, limpieza de montes, agua clara, organizar la limpieza de los bosques, trabajar juntos y programar varios pueblos unidos, evitar todo fuego, cuidar las aguas, trabajar, fomentar la unión de las personas, contratar forestales todo el año, buscar técnicos, que trabajen unidos los pueblos por la limpieza de los ríos y montes. Y por encima de todo, buscar la paz, la armonía entre las personas, no crear luchas entre pueblos.

Es preciso a nivel natural y de personas crear un ambiente de calma, serenidad. Programar un mundo sereno. Guardar y conservar lo que somos y tenemos. No a la guerra ni al fuego. Cambiemos por paz y naturaleza bella.

HERMANO LEÓN, ¿PUEDE LA IGLESIA PONERSE EN LA FILA DEL HAMBRE EN GAZA?

col kowalski

 

hambre gaza

Palestinos reciben comida en un comedor benéfico en la ciudad de Gaza el 28 de julio de 2025, en medio de una crisis de hambre. Jennifer Poidatz, representante interina de Catholic Relief Services (CRS) en Jerusalén, Cisjordania y Gaza, dijo a OSV News el 31 de julio que el personal de CRS en Gaza está trabajando para llevar alimentos altos en calorías y proteínas a los residentes, en medio de tierras agrícolas destruidas, escasez de combustible y energía, precios elevados, peligro y enfermedades. (Foto: OSV News/Khamis Al-Rifi, Reuters)

Querido papa León: 
Hoy me atrevo a escribirle de nuevo, movida por el dolor insoportable que Gaza nos está gritando. Una amiga muy comprometida con el Evangelio me pidió que le dirigiera una carta. La vivencia de esta tragedia nos desborda y clama al cielo, así que me pareció una indicación del Espíritu.

La primera carta se la escribí con motivo de su elección. En esa ocasión le hablé con el corazón en la mano sobre la urgencia de devolverle a la mujer el lugar que le corresponde en la historia de nuestra Iglesia, usurpado desde los orígenes del cristianismo. Hoy, con el mismo amor por esta Iglesia, le escribo para suplicarle un gesto valiente, radical y profundamente evangélico.  

Cada hora que pasa en Gaza mueren niños, niñas y adultos, más por inanición que por armas. Miles de camiones esperan, cargados con alimentos y agua potable. Solo piden entrar y dejar la carga que representa la vida para cientos de miles de seres humanos desnutridos e inocentes. Pero no se les permite pasar.

Como decía un médico: ya no se trata solo del hambre. Se trata de las secuelas en la salud física y mental de toda una generación. Son cuerpos y mentes que, aunque logren sobrevivir, no podrán recuperarse de los daños sufridos.

“¿Qué haría Jesús hoy, querido papa León? Jesús palestino y judío se colocaría en la fila del hambre. No lo dudo. ¿Dónde deberíamos colocarnos nosotros, como sus hermanos y hermanas?”: Hna. Magda Bennásar

Palestinos transportan suministros de ayuda humanitaria que ingresaron a Gaza en camiones a través de Israel, en Beit Lahia, al norte de la Franja de Gaza, el 29 de julio de 2025. A pesar de las enormes dificultades, Catholic Relief Services (CRS) y sus socios locales han logrado distribuir ayuda a 1.7 millones de personas en Gaza desde 2023, según nuevos datos. (Foto: OSV News/Dawoud Abu Alkas, Reuters)

Y ahora, por si no fuera suficiente, matan a nuestros hermanos y hermanas en la fila de la comida. ¿Se puede ser más maquiavélico?

No solo impiden la entrada de alimentos. También convierten en trampa la poca comida que queda, y por la que la gente se juega la vida de sus hijos. Esa trampa ha sido diseñada para aniquilarlos más rápido y en mayor número.

Esa misma hambre la sufren los pocos médicos que quedan o que acuden en su auxilio. También la padecen los periodistas, los cuales de una manera más profética y fielmente que las Iglesias, nos cuentan lo que ocurre. Lo hacen arriesgando sus vidas y su salud, porque no pueden callar.

¿Qué haría Jesús hoy, querido papa León? Jesús palestino y judío se colocaría en la fila del hambre. No lo dudo. ¿Dónde deberíamos colocarnos nosotros, como sus hermanos y hermanas?

Usted lo sabe, pues Jesús nos lo recuerda en la parábola del buen samaritano (Lucas 10, 25-37). Es precisamente el samaritano quien se detiene, atiende al herido a la orilla del camino, lo carga en sus brazos y lo conduce a un lugar seguro, cubriendo los gastos con su propio dinero.

Nuestros hermanos en Gaza son el cuerpo de Cristo, santidad. Son el cuerpo roto del hombre tirado a la orilla de nuestro camino, a quien los sacerdotes y clérigos no deberían evitar una vez más. No cuando lo urgente es estar ahí, junto al sufrimiento real. No cuando está en juego la vida de cientos de miles de hermanos, ¡de todo un pueblo!

Por eso me atrevo a pedirle que usted, hermano León, junto al resto de purpurados, vestidos de rojo, se pongan en la fila del hambre en Gaza.

Que protejan, con el peso de su presencia visible y el valor de sus vidas a quienes no cuentan. A ese pueblo que quieren borrar del mapa, como años atrás se intentó hacer con otros.

No permita que se conviertan en víctimas de egos que dividirán la historia en un antes y un después.

¿Podrían ustedes, clérigos vestidos con el color rojo del martirio, hacerse visibles allí, en nombre de todos los que no podemos hacerlo?

Hermano León, un gesto profético fuerte —como que la Iglesia se hiciera visible y vulnerable en Gaza— podría hacer que muchas personas volvieran a asomarse a la comunidad cristiana. Impactaría profundamente las conciencias y devolvería credibilidad en quienes están llamados a dar la vida por amor al prójimo.

A mí y a millones nos devolvería la ilusión por la Iglesia de Jesús.

Ya no bastan los sermones, ni las declaraciones ni las manifestaciones para detener la barbarie. Se necesitan hechos radicales.

Recuerdo cómo la huelga de hambre de Gandhi facilitó la independencia de la India. Fue un gesto de desobediencia civil no violenta, pero profundamente transformador.

Estoy rodeada, hermano León, de personas que ayunan, se manifiestan, escriben y rezan. Lo hacemos con la esperanza de detener este holocausto.

Sin ir más lejos, esta misma tarde, en toda la isla de Mallorca, España, en cada ciudad, pueblo, puerto y aldea, de 8 a 10 de la noche, la gente se manifestará en masa. Será una muestra de nuestro dolor y del deseo de un alto al fuego inmediato.

Ayer oraba con un vídeo realizado en Reino Unido. En él, una población entera se turna para leer, sin interrupción ni de la noche, los nombres de los miles de niños asesinados en Gaza. Nombre tras nombre, con lágrimas y un nudo en la garganta, las personas siguen leyendo, haciendo duelo por esa pequeña generación aniquilada.

Los niños del futuro de Gaza ya no están. Han sido borrados de la existencia. Sus madres, si sobreviven, siguen al pie de la cruz, levantada por el odio, viendo cómo el hambre, la sed, y el abandono siguen crucificando a nuestros hermanos y hermanas.

Me desgarra oír su rezo a Alá. Lo que podría ser una alabanza lleva demasiado tiempo siendo un lamento. Es el sonido de un dolor ahogado por la falta de fuerza, por la desnutrición prolongada y por la impotencia más absoluta.

Esa tierra que quieren aniquilar y expropiar para convertir en un enorme resort junto al mar de Jesús y de María de Magdala es un lugar sagrado. Es el lugar donde tantos, en los inicios, escucharon su invitación a seguirle.

¿De verdad no podemos hacer más por Gaza, hermano León?

Nosotros no podemos ir físicamente a Gaza, pero ustedes, pastores revestidos de rojo, pueden hacerlo en nombre de toda la Iglesia. Ese gesto sería Evangelio vivo.

Hoy, nuestros hermanos y hermanas dependen de nuestros gestos radicales para sobrevivir y sentirse acompañados.

Gracias de nuevo por aceptar su ministerio. Es, en verdad, un momento decisivo que exige todo el amor y la fuerza del Evangelio.  

Sinceramente:

Magda Bennásar

EL PAPA INVITA A QUE LAS NEGOCIACIONES DE PAZ "PONGAN EN PRIMER LUGAR EL BIEN COMÚN DE LOS PUEBLOS"

col kowalski

 

"Recemos para promover la paz, para que en las negociaciones se ponga en primer lugar el bien común de los pueblos". León XIV regresó a la plaza de la Libertad de Castel Gandolfo para el rezo del Ángelus dominical, antes de regresar al Vaticano. En sus reflexiones iniciales, Prevost habló del "signo de contradicción" que habrá de afrontar Jesús "cuando en Jerusalén sea agredido, arrestado, insultado, golpeado, crucificado; cuando su mensaje, aun hablando de amor y de justicia, sea rechazado; cuando los jefes del pueblo reaccionen con violencia a su predicación".

Una oportunidad para hablar de las persecuciones, de cómo "el bien no siempre encuentra una respuesta positiva en su entorno".  "Es más, en ocasiones, precisamente porque la belleza de ese bien molesta a quienes no lo acogen, aquel que lo pone en práctica termina encontrando duras oposiciones, hasta sufrir maltratos y abusos", recalcó el Papa, destacando que "obrar en la verdad cuesta, porque en el mundo hay personas que eligen la mentira, y porque el diablo, aprovechándose de ello, a menudo busca obstaculizar el obrar de los buenos". 

Pero Jesús, con su ayuda, "nos invita a no rendirnos ni a equipararnos con esta mentalidad, sino a seguir obrando por nuestro bien y el de todos, incluso de quienes nos hacen sufrir", manifestó el pontífice. Jesús, en efecto, "nos invita a no responder a la prepotencia con la venganza, sino a permanecer fieles a la verdad en la caridad".

"Los mártires dan testimonio de ello derramando su sangre por la fe, pero también nosotros, en circunstancias y de modos diferentes, podemos imitarlos", señaló León XIV, evocando el ejemplo del precio que debe pagar un buen padre si quiere educar a sus hijos "con sanos principios". "Antes o después deberá saber decir algún 'no', hacer alguna corrección, y esto le causará sufrimiento". Igual sucede en el caso de un maestro, "un profesional, un religioso, un político, que se propongan realizar su misión honestamente, y para quienes se esfuercen en ejercitar con coherencia, según las enseñanzas del Evangelio, sus propias responsabilidades". 

"Pidamos juntos a María, Reina de los mártires, que nos ayude a ser, en toda circunstancia, testigos fieles y valientes de su Hijo, y a sostener a los hermanos y hermanas que hoy sufren por la fe", finalizó el Papa, antes de rezar el Ángelus.

En sus palabras posteriores, Prevost se mostró "cerca de la población de Pakistán, India y Nepal, afectadas por aluviones. Rezo por las víctimas y sus familias y quienes sufren por esta calamidad", y tuvo unas breves palabras en referencia a las negociaciones en Ucrania. "Recemos para promover la paz, para que en las negociaciones se ponga en primer lugar el bien común de los pueblos".

"En estos tiempos de vacaciones recibo diversas iniciativas culturales y de evangelización en lugares de vacaciones. Es hermoso cómo la pasión por el Evangelio estimula la creatividad de grupos y asociaciones de toda edad", finalizó, antes de despedirse de los habitantes de Castel Gandolfo.

 

Jesús Bastante

Religión Digital

¿ALGO TUYO SE QUEMA... NO TE ACUERDAS?

col anso

 

Hemos sufrido los primeros incendios extensos en nuestras tierras de Badajoz.

La mayoría de los incendios forestales (55%) se deben a negligencias y errores humanos; no obstante, hay un 10 % que son provocados intencionadamente. En todo caso, la relación del ser humano con esos auténticos dramas ecológicos es evidente.

Siendo conscientes del valor natural que con ello se destruye, del desastre causado; siendo conscientes de nuestro papel como administradores y cuidadores de la tierra, sin duda surgen preguntas a las que tenemos que enfrentarnos desde la realidad y la verdad: ¿Qué hay detrás de esos incendios? ¿Qué o quién los provoca? ¿Qué podemos hacer para evitarlos o reducirlos?

Es un tópico escuchar que los fuegos del verano se apagan en invierno. Sin duda, la gestión del territorio es esencial. Un territorio crecientemente despoblado y envejecido, sin labores agropecuarias, abandonado a las fuerzas de la naturaleza, sin una acción humana que explote las masas forestales y elimine pastos, que cree eficaces líneas de contención del fuego, es un territorio condenado a la destrucción. Se acusa a veces a “los ecologistas” de promover la no-gestión del territorio, causando auténticos polvorines que estallan a la menor oportunidad, en el contexto innegable de crisis climática que vivimos, con el síntoma angustioso de la sequía. Es fácil encontrar a quien culpar de una situación que se ha gestado comunitariamente.

La preocupación por la adecuada gestión del territorio no es exclusiva de unos grupos supuestamente especializados, sino que debe formar parte de los valores de una ciudadanía que sea consciente de que la tierra atraviesa una auténtica crisis, un cambio radical que nos aboca a una destrucción de paisajes, de flora y fauna que hemos venido disfrutando y que podemos perder irremediablemente si no actuamos a tiempo.

Sin duda hay que concienciar a todos, para utilizar bien los recursos y abandonar su sobreexplotación (lo cual implica cambios sustanciales en los modelos económicos y productivos, con el decrecimiento como objetivo). Pero también hay que pedir a nuestras autoridades que incentiven el modelo tradicional de ganadería extensiva, en detrimento de la industrial, porque los rebaños de ovejas o de cabras son la mejor prevención contra el fuego del verano. Asimismo, hay que implementar fórmulas innovadoras, como es el caso del modelo Mosaico, que, desde la Universidad de Extremadura, se está implantando de un modo positivo en diversas comarcas de Cáceres, desde hace ya ocho años, al tiempo que es cada vez más requerido en instancias europeas. Gestionar las actividades agrícolas, ganaderas, forestales y urbanas, buscando una armonía de acciones que trocean el territorio, creando barreras naturales productivas, es una magnífica manera de conservar los recursos maravillosos que tiene nuestra tierra, crear riqueza y hacer sostenible la vida en nuestros pueblos.
Los cristianos creemos en el futuro; en  nuestras manos está el remedio y la acción preventiva, paliativa y restauradora sobre nuestro territorio, que es nuestra casa, donde nos sentimos familia. Por eso propugnamos, desde la fe, actitudes de compromiso y de ayuda a la naturaleza, para convivir con ella y ser administradores sabios y prudentes, que no tengamos que avergonzarnos de haber derrochado lo que un día se puso en nuestras manos, sino que experimentemos con gozo haber hecho lo que se nos encomendó y haber multiplicado la riqueza, el bienestar y el futuro de nuestros pueblos.


Equipo Diocesano Merida-Badajoz de Pastoral Rural Misionera

Religión Digital

VIVES: "ACOGER A LOS MIGRANTES NO ES UNA OPCIÓN POLÍTICA, ES UNA EXIGENCIA EVANGÉLICA"

col arregi

 

El Arzobispo Emérito de Urgell, Joan-Enric Vives, quien colaboró estrechamente con la comunidad de emigrantes portugueses en Andorra, hizo un enérgico llamamiento en Fátima (Portugal) al compromiso activo de todos los católicos "en la defensa de los derechos humanos de los migrantes".

"Acoger a los migrantes no es una opción política, es una exigencia evangélica", declaró la noche del martes 12 de agosto, ante los aproximadamente 60.000 peregrinos que llenaron el Santuario tras la procesión de las velas.

Recordando la larga historia de la emigración portuguesa, Joan-Enric Vives, quien preside la peregrinación de agosto de este año, que incluye la Peregrinación Nacional de Migrantes y Refugiados organizada por la Sociedad Católica Portuguesa de Migración, hizo un llamado a la coherencia histórica y evangélica en la acogida de quienes ahora llegan a Portugal con los mismos sueños.

"Cada día, hombres, mujeres y niños cruzan fronteras en busca de lo mismo que todos deseamos: paz, trabajo, seguridad y un futuro mejor. Y a menudo lo que encuentran es sospecha, rechazo o indiferencia", recordó el prelado, presentando a María como un "modelo de discipulado" que enseña escucha, hospitalidad y ternura.

«Nuestra Señora de Fátima nos invita a comprometernos activamente en la defensa de los derechos humanos de las personas migrantes: el derecho a salir de su país por necesidad o en busca de libertad; el derecho a ser tratados con dignidad en cualquier frontera; el derecho a formar parte de una sociedad que no excluye, sino que acoge e integra, y que promueve la fraternidad», declaró el arzobispo emérito de Urgel, que abarca el Principado de Andorra, donde casi 10.000 habitantes son ciudadanos portugueses.

"Los migrantes no son un problema"

Insistió: «La emigración y las personas migrantes no son un problema: son un signo de los tiempos, que exige una interpretación evangélica y una respuesta solidaria. No se trata solo de caridad, sino también de justicia. La verdadera fe nos lleva a construir puentes, no muros. Nos permite experimentar la fraternidad con cada ser humano, que es nuestro hermano y hermana».

El presidente de la peregrinación de agosto también recordó los cuatro verbos con los que el papa Francisco resumió la actitud cristiana hacia la migración: acoger, proteger, promover e integrar, y los presentó como "un verdadero programa pastoral, social, político y religioso".

"Acoger implica abrir las puertas de la comunidad y del corazón; proteger significa garantizar los derechos humanos y prevenir el abuso y la explotación; promover significa ayudar a cada persona a desarrollar sus talentos; integrar es reconocer que la diversidad enriquece el tejido social y eclesial", explicó el arzobispo de Urgel, presentando la migración como "fuente de renovación comunitaria y una oportunidad para crecer en humanidad, como un camino de fraternidad".

 

RD

INIQUIDAD. AYER, HOY, MAÑANA… ¿SIEMPRE?

col labrador

 

Lc 13, 22-30

Cuántas veces habrán pasado mis ojos leyendo esta palabra en el texto del evangelio de Lc 13, 22-30: Iniquidad.

Cuántas lo habré escuchado en la lectura de la misa del domingo o de cualquier otro día: Iniquidad.

Cuántas veces habré meditado estos versículos sin percibir la presencia de esta palabra: Iniquidad.

En esta ocasión, cuando con tiempo me puse a leer el relato que nos dejó Lucas, la palabra se encendió; se iluminó como antorcha, como hoguera en la noche. Frené y leí detenidamente las palabras que la acompañaban: “No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”.

No es palabra al uso en nuestros tiempos y sin embargo después de hacer un rastreo por Google, desgraciadamente la iniquidad fluye a sus anchas en nuestro mundo sin complejos.

Aquí pongo un par de textos que nos orientan sobre el significado de una palabra con toque siniestro (por lo menos a mí me lo parece), que no es habitual pero que lo que significa está a la orden del día.

Del Diccionario de la RAE: “Maldad o injusticia muy grande. Se refiere a una acción o situación que viola la justicia y la moral, mostrando una gran falta de rectitud y equidad. En esencia es una forma extrema de injusticia”.

Quise avanzar más sobre esto y busqué el significado bíblico: “En la Biblia, la iniquidad (en hebreo “avon”) se refiere a la maldad, la injusticia y la culpa que son resultado de la rebelión contra Dios y sus leyes. Implica una desviación intencional de la norma moral y un rechazo a la autoridad divina, a menudo resultando en consecuencias negativas tanto para el individuo como para la comunidad”.

Por lo que podemos ir viendo esto ha sucedido desde el ayer de los tiempos, en el presente actual y, por la cantidad de frentes abiertos, parece que mañana seguirá estando en nuestras vidas de forma sibilina y cancerosa. Me pregunto: ¿Siempre va a ser igual? ¿Es la enfermedad del Mal?

Dinos, Jesús, quién es comensal en tu mesa, la del Padre, la del reino de Dios, hoy.

Una voz interior preocupada y sufriente susurra: “Los niños, las mujeres y los hombres de Gaza que han perdido todo menos la dignidad humana, aunque los maten con bombas, drones y tiro al blanco en las colas para recibir alimentos. Los periodistas que han silenciado con muertes violentas. Los sanitarios que ya no tienen los mínimos para poder ayudar a sanar o bien morir. Todos los que denuncian la injusticia de un genocidio televisado y en las redes. Porque como ya dije y sigo diciendo los últimos serán los primeros.

Un largo silencio dio paso a duras palabras envueltas en una tristeza infinita: “Y los que se consideran los primeros y se siente alabados y consentidos en la política transgresora, en los negocios abusivos que causan pobreza y deterioro en la naturaleza; los que gobiernan como si el mundo fuera de su propiedad; quienes tienen la enfermedad obsesiva del poder y el dinero; los que provocan guerras pero ellos no van; los que esquilman recursos en países pobres; los que echan por tierra los derechos humanos que tanto costó que tuvieran presencia jurídica, aunque no para todos; los que expulsan de mala manera a emigrantes; los que miran hacia otro lado… esos primeros, en el mundo, serán los últimos en la mesa del reino de Dios.

Tras haber leído y meditado el texto de Lucas creo entender que la iniquidad es la sofisticación de la excelencia del Mal en estado puro. Utilizo la palabra “excelencia” que siempre se entiende por algo bueno, digno, sobresaliente, superior, etc. porque quiero que quede claro que el refinamiento del Mal puede llegar a unas alturas que esos adjetivos cuadran traducidos en negativo. No hacen falta más explicaciones, lo vemos a diario.

Pero no agachemos la cabeza. Mirémonos a los ojos, unamos las manos sintiendo la fuerza de la comunidad y enfrentemos al Mal con la fuerza de tres pacíficas e invencibles “herramientas” (que no armas, demasiado bélico) que puestas a funcionar serán invencibles: Fe, Esperanza y Amor.

¡Despertemos, unámonos, seamos creativos! Sabemos cuál es el Camino, conocemos la Verdad que nos hace libres y queremos vivir la Vida con la cabeza alta y la fuerza de la comunidad, como nos dice Jesús (Jn 14, 6-17)

Hay mucho que hacer. La iniquidad está normalizada y habrá que desnormalizarla hasta que desaparezca incluso del diccionario.

 


VENDRÁN DE ORIENTE Y DE OCCIDENTE

VENDRÁN DE Aunque el evangelio emplee, según el gusto de la época, una pedagogía negativa que a nosotros no nos suena bien, siempre podremos enriquecer nuestra vida cristiana si lo leemos reflexivamente.

Dice el texto de este domingo que VENDRÁN DE ORIENTE Y DE OCCIDENTE a sentarse a la mesa del reino de Dios. Los judíos de aquella época lo tenían muy claro: a la mesa del reino de Dios se sentarán los israelitas y nadie más (como decía la viñeta de Mingote: “Al cielo iremos los de siempre”). Pero Jesús propone una comensalía abierta, una mesa para todos, un festín multicultural. Pasan los años, los siglos, y seguimos lidiando contra la mentalidad excluyente. ¡Cuánto le cuesta al evangelio entrar en nuestra vida real!

¿Cómo andar los caminos de la comensalía abierta que propone el evangelio?

· Sentemos a todos en la mesa de una economía igualitaria: aquella que hace partícipe a todos los ciudadanos de los beneficios sociales donde nadie queda excluido por ser pobre o extranjero, sino que todos reciben amparo y protección social.

· Sentemos a todos en la mesa de una ciudadanía compartida: porque toda persona que vive, trabaja, ama y muere en lugar, es de ese lugar, aunque haya nacido en otra parte. La ciudadanía no puede ser un derecho de algunos sobre la exclusión de otros.

· Sentemos a todos en la mesa de una Iglesia acogedora: donde podamos convivir las diversas maneras de entender y vivir la experiencia cristiana. Donde no haya unos que manden y otros que obedezcan, unos que sirvan y otros que sean servidos.

¿Podremos lograr esto o es una utopía inalcanzable? Podemos, aunque estos no sean tiempos propicios para la acogida. Ahora en verano ocurre que tal o cual pueblo celebra sus fiestas. Todo el mundo puede acercarse, disfrutar con la música, tomar un zurracapote o un pincho. No se exige ningún carné. Vienes y eres bienvenido. Si somos capaces de estos gestos de comensalía abierta, también podemos pensar en una mesa igualitaria, compartida y acogedora, la nueva sociedad, que Jesús soñó. ¿Por qué no extender esto a todos los inesperados hermanos que vienen a nosotros? ¿Quién quiere que la acogida a menas se presente como una amenaza y no una posibilidad? Sí, se puede si se quiere.

  Y DE OCCIDENTE

¿QUÉ TOLERANCIA? José Antonio Pagola


La tolerancia ocupa hoy un lugar eminente entre las virtudes más apreciadas en Occidente. Así lo confirman todas las encuestas. Ser tolerante es hoy un valor social cada vez más generalizado. Las jóvenes generaciones no soportan ya la intolerancia o la falta de respeto al otro.

Hemos de celebrar este nuevo clima social después de siglos de intolerancia y de violencia, perpetrada muchas veces en nombre de la religión o del dogma. Cómo se estremece hoy nuestra conciencia al leer obras como la excelente novela El hereje, de Miguel Delibes, y qué gozo experimenta nuestro corazón ante su canto apasionado a la tolerancia y a la libertad de pensamiento.

Todo ello no impide que seamos críticos con un tipo de «tolerancia» que más que virtud o ideal humano es desafección hacia los valores e indiferencia ante el sentido de cualquier proyecto humano: cada cual puede pensar lo que quiera y hacer lo que le dé la gana, pues poco importa lo que la persona haga con su vida. Esta «tolerancia» nace cuando faltan principios claros para distinguir el bien del mal o cuando las exigencias morales quedan diluidas o se mantienen bajo mínimos.

La verdadera tolerancia no es «nihilismo moral» ni cinismo o indiferencia ante la erosión actual de valores. Es respeto a la conciencia del otro, apertura a todo valor humano, interés por lo que hace al ser humano más digno de este nombre. La tolerancia es un gran valor no porque no haya verdad objetiva ni moral alguna, sino porque el mejor modo de acercarnos a ellas es el diálogo y la apertura mutua.

Cuando no es así, pronto queda desenmascarada. Se presume de tolerancia, pero se reproducen nuevas exclusiones y discriminaciones, se afirma el respeto a todos, pero se descalifica y ridiculiza a quien molesta. ¿Cómo explicar que, en una sociedad que se proclama tolerante, brote de nuevo la xenofobia o se alimente la burla de lo religioso?

En la dinámica de la verdadera tolerancia hay un deseo de buscar siempre lo mejor para el ser humano. Ser tolerante es dialogar, buscar juntos, construir un futuro mejor sin despreciar ni excluir a nadie, pero no es irresponsabilidad, abandono de valores, olvido de las exigencias morales. La llamada de Jesús a entrar por la «puerta estrecha» no tiene nada que ver con un rigorismo crispado y estéril. Es una llamada a vivir sin olvidar las exigencias, a veces apremiantes, de toda vida digna del ser humano.

 

MI EGO INFLADO SE ATASCARÁ EN LA PUERTADOMINGO 21 (C) Lc 13,22-30

 


La salvación es el tema central de todas las religiones y no me duelen prendas al decir que todas lo han planteado mal. La salvación que nos ofrecen está orientada al falso yo. Los únicos salvados fueron los místicos y todos lo hicieron a pesar de sus propias religiones.

Jesús no responde a la pregunta, porque está mal planteada. La salvación no es una línea que hay que cruzar, sino un proceso de descentración del yo. Nos han convencido de que tenemos que ser salvados. ¿De qué? ¿Del dolor, de la enfermedad, del pecado, de la muerte? Esas limitaciones son esenciales al hombre. Sin ellas dejaríamos de ser humanos.

Infinidad de preguntas sobre la salvación: ¿Para cuándo? ¿Aquí o más allá? ¿Material o espiritual? ¿Nos salva Dios, Jesús o nosotros? ¿Salvan las obras o la fe? ¿Salva la religión, los sacramentos, la oración, la limosna, el ayuno? ¿Nos salva la Escritura? ¿Individual o comunitaria? ¿Es la misma para todos? ¿Podemos saber si estamos salvados?

Las preguntas están mal planteadas. Todas dan por supuesto que hay un yo que está perdido y debe ser salvado. La salvación no consiste en alcanzar la seguridad para mi yo individual, sino en superar toda idea de individualidad. La religión ha fallado al proponer la salvación de nuestro falso yo, que es el anhelo más hondo de todo ser humano.

Todos se salvan de alguna manera, porque todo ser humano despliega algo de esa humanidad por muy mínimo que sea. Y nadie alcanza la plenitud de salvación porque las posibilidades de ser más humano no tienen límite. Todos estamos salvados y necesitados de salvación. Esta idea nos desconcierta, porque no satisface los deseos del yo.

Lo de la puerta estrecha lo hemos entendido mal y nos ha metido por un callejón sin salida. El esfuerzo no debe ir encaminado a potenciar un yo para asegurar su permanencia incluso en el más allá. No tiene mucho sentido que esperemos una salvación para cuando dejemos de ser auténticos seres humanos, es decir para después de morir.

La salvación no consiste en la liberación de las limitaciones. La salvación consiste en alcanzar una plenitud sin pretender dejar de ser criatura y limitada. La verdadera salvación es posible a pesar de mis carencias porque se tiene que dar en otro plano. Ni la enfermedad ni la muerte ni el pecado restan un ápice a mi condición de ser humano.

Debemos desechar la idea de un umbral que debemos superar. No debemos hacer hincapié en la puerta sino en el que debe atravesarla. No es que la puerta sea estrecha, es que se cierra automáticamente en cuanto ‘alguien’ (un yo) pretende atravesarla. Solo cuando tomemos conciencia de que somos ‘nadie’, se abrirá de par en par.

No sé quiénes sois. Esta advertencia es más seria de lo que parece. Pero no tenemos que esperar a un más allá para descubrir si hemos acertado o hemos fallado. Nuestro grado de salvación se manifestará en la calidad humana de nuestras relaciones con los demás.

No se trata de prácticas ni de creencias sino de humanidad manifestada en el servicio a todos los hombres. Lo que creas hacer directamente por Dios no tiene ninguna importancia. Lo que haces cada día por los demás es lo que determina tu grado de plenitud humana, que es la verdadera y efectiva salvación para el hombre.

 

CUÁNTOS, CÓMO Y QUIÉNES SE SALVAN Domingo 21 Ciclo C

fe adulta

Durante siglos, a los israelitas no les preocupó el tema de la salvación o condena en la otra vida. Después de la muerte, todos, buenos y malos, ricos y pobres, opresores y oprimidos, descendían al mundo subterráneo, el Sheol, donde sobrevivían sin pena ni gloria, como sombras. Quienes se planteaban el problema de la justicia divina, del premio de los buenos y castigo de los malvados, respondían que eso tenía lugar en este mundo. Sin embargo, la experiencia demostraba lo contrario, y así lo denuncia el autor del libro de Job: en este mundo, los ladrones y asesinos suelen vivir felizmente, mientras los pobres mueren en la miseria.

Con el tiempo, para salvar la justicia divina, algunos grupos religiosos, como los fariseos y los esenios, trasladan el premio y el castigo a la otra vida. Dentro de los evangelios, la parábola del rico y Lázaro refleja muy bien esta idea: el rico lo pasa muy bien en este mundo, pero su comportamiento injusto y egoísta con Lázaro lo condena a ser torturado en la otra vida; en cambio, Lázaro, que nada tuvo en la tierra, participa de la felicidad eterna.

Entre los judíos que creen en la resurrección cabe otra postura, importante para comprender el comienzo del evangelio de hoy: sólo los buenos resucitan para una vida feliz; los malvados no consiguen ese premio, pero tampoco son condenados.

Una pregunta absurda: “Señor, serán pocos los que se salven?

Bastantes cristianos actuales habrían formulado la pregunta de manera distinta: “¿Serán muchos los que se condenen?” Sin embargo, el personaje del que habla Lucas parece formar parte de ese grupo que sólo cree en la salvación. Jesús podría haber respondido con otra pregunta: ¿Qué entiendes por “pocos”? ¿Cuatro mil? ¿Veinte millones? ¿Ciento cuarenta y cuatro mil, como afirman los Testigos de Jehová? La pregunta sobre pocos o muchos es absurda, aunque hay gente que sigue afirmando con absoluta certeza que se condena la mayoría o que se salvan todos.

Una enseñanza: “entrar por la puerta estrecha”

Jesús no entra en el juego. Ni siquiera responde al que pregunta, sino que aprovecha la ocasión para ofrecer una enseñanza general. «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán.»

La imagen, tal como la presenta Lucas, no resulta muy feliz. Quienes no pueden entrar por una puerta estrecha son las personas muy gordas, y eso no es lo que está en juego. El evangelio de Mateo ofrece una versión más completa y clara: “Entrad por la puerta estrecha; porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella. ¡Qué estrecha es la puerta, qué angosto el camino que lleva a la vida, y son pocos los que dan con ella!” (Mateo 7,13-14).

En cualquier caso, la exhortación de Jesús resulta tremendamente vaga: ¿en qué consiste entrar por la puerta estrecha? En otros momentos lo deja más claro.

Al joven rico, angustiado por cómo conseguir la vida eterna, le responde: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En el evangelio de Mateo, la parábola del Juicio Final indica los criterios que tendrá en cuenta Jesús a la hora de salvar y condenar: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era emigrante y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, estaba enfermo y me visitasteis, estaba encarcelado y acudisteis”.

La experiencia demuestra que vivir esto equivale a pasar por una puerta estrecha, pero al alcance de todos.

Un final sorprendente y polémico: quiénes

La pregunta sobre el número de los que se salvan ha provocado una respuesta sobre cómo salvarse; pero Jesús añade algo más, sobre quiénes se salvarán.

El libro de Isaías contiene estas palabras dirigidas por Dios a los israelitas: “En tu pueblo todos serán justos y poseerán por siempre la tierra” (Is 60,21). Basándose en esta promesa, algunos rabinos defendían que todo Israel participaría en el mundo futuro; es decir, que todos se salvarían (Tratado Sanedrín 10,1). ¿Y los paganos? También ellos podían obtener la salvación si aceptaban la fe judía.

Sin embargo, la parábola que cuenta Lucas afirma algo muy distinto. El amo de la casa es Jesús, y quienes llaman a la puerta son los judíos contemporáneos suyos, que han comido y bebido con él, y en cuyas plazas ha enseñado. No podrán participar del banquete del reino junto con los verdaderos israelitas, representados por los tres patriarcas y los profetas. En cambio, muchos extranjeros, procedentes de los cuatro puntos cardinales, se sentarán a la mesa.

La conversión de los paganos ya había sido anunciada por algunos profetas, como demuestra la primera lectura (Is 66,18-21). Pero el evangelio es hiriente y polémico: no se trata de que los paganos se unen a los judíos, sino de que los paganos sustituyen a los judíos en el banquete del Reino de Dios. Estas palabras recuerdan el gran misterio que supuso para la iglesia primitiva ver cómo gran parte del pueblo judío no aceptaba a Jesús como Mesías, mientras que muchos paganos lo acogían favorablemente.

Moraleja y matización

Lucas termina con una de esas frases breves y enigmáticas que tanto le gustaban a Jesús: «Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos». En la interpretación de Lucas, los últimos son los paganos, los primeros los judíos. El orden se invierte. Pero los primeros, los judíos como totalidad, no quedan fuera del banquete, también son invitados. El mismo Lucas, cuando escribe el libro de los Hechos de los Apóstoles, presenta a Pablo dirigiéndose en primer lugar a los judíos, aunque generalmente sin mucho éxito.

Primera lectura: Isaías 66, 18-21

El primer párrafo es el que está en relación con el evangelio: habla de la conversión de los paganos desde Tarsis (a menudo localizada en la zona de Cádiz-Huelva) hasta Turquía (Masac y Tubal), y con dos importantes regiones de África (Libia y Etiopía). El punto de vista es distinto al del evangelio: aquí sólo se habla de conversión, no de salvación en la otra vida (tema que queda fuera de la perspectiva del profeta).

Segunda lectura: cuando Dios nos mete por la puerta estrecha (Heb 12,5-7.11-13)

Este breve fragmento de la Carta a los Hebreos no tiene nada que ver con el evangelio. Pero es una hermosa exhortación que lo complementa. En el evangelio se nos anima a «entrar por la puerta estrecha». Muchas veces es la vida la que se estrecha en torno a nosotros, como si Dios nos pusiera a prueba. El autor de la carta enfoca esos momentos difíciles como una reprensión o corrección del Señor. Pero es la corrección de un Padre que desea lo mejor para su hijo, idea que debe consolarnos y fortalecernos.