FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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miércoles, 7 de octubre de 2026

Confiar en la bondad de Dios

 


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Mt 20, 1-16

Leer el evangelio

1 Porque el reinado de Dios se parece a un propietario que salió al amanecer a contratar jornaleros para su viña. 2 Después de ajustarse con ellos en el jornal de costumbre, los mandó a la viña.

3 Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo 4 y les dijo:

– Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo que sea justo.

5 Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.

6 Saliendo a última hora, encontró a otros parados y les dijo:

– ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?

7 Le respondieron:

– Nadie nos ha contratado.

Él les dijo:

– Id también vosotros a la viña.

8 Caída la tarde, dijo el dueño de la viña a su encargado:

– Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.

9 Llegaron los de la última hora y cobraron cada uno el jornal entero. 10 Al llegar los primeros pensaban que les darían más, pero también ellos cobraron el mismo jornal por cabeza. 11 Al recibirlo se pusieron a protestar contra el propietario:

12 – Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos cargado con el peso del día y el bochorno.

13 Él repuso a uno de ellos:

– Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en ese jornal? 14 Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último lo mismo que a ti. 15 ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera con lo mío?, ¿o ves tú con malos ojos que yo sea generoso?

16 Así es como los últimos serán primeros y los primeros últimos.

Cada vez estoy mas convencido de que muchos de los que se dicen ateos son hombres y mujeres que, cuando rechazan a Dios, están rechazando en realidad un «ídolo mental» que se fabricaron cuando eran niños. La idea de Dios que llevan en su interior y con la que han vivido durante algunos años se les ha quedado pequeña. Llegado un momento, ese Dios les ha resultado un ser tan extraño, incómodo y molesto que han prescindido de él.

No me cuesta nada comprender a estas personas. Dialogando con alguna de ellas he recordado más de una vez aquellas certeras palabras del patriarca Máximos IV durante el Concilio: «Yo tampoco creo en el dios en que los ateos no creen». En realidad, el dios que algunos han suprimido de sus vidas es una caricatura que se han formado falsamente de él. Si han vaciado su alma de ese «dios falso», ¿no será para dejar sitio algún día al Dios verdadero?

Pero ¿cómo puede hoy una persona encontrarse con Dios? Si se acerca a los que nos decimos creyentes, es fácil que nos encuentre rezando, no al Dios verdadero, sino a un pequeño ídolo sobre el que proyectamos nuestros intereses, miedos y obsesiones. Un Dios del que pretendemos apropiarnos y al que intentamos utilizar para nuestro provecho, olvidando su inmensa e incomprensible bondad con todos.

Jesús rompe todos nuestros esquemas cuando nos presenta en la parábola del «señor de la viña» a ese Dios que «da a todos su denario», lo merezcan o no, y dice así a los que protestan: «¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?».

Dios es bueno con todos, lo merezcan o no, sean creyentes o ateos. Su bondad misteriosa está más allá de la fe de los creyentes y de la increencia de los ateos.

Lo que hemos de hacer es olvidarnos de nuestros esquemas, hacer silencio en nuestro interior, escuchar hasta el fondo la vida que palpita en nosotros… y esperar, confiar, dejar abierto nuestro ser. Dios no se oculta indefinidamente a quien lo busca con sincero corazón.

Publicado en: https://www.gruposdejesus.com

amos mil excusas para no aceptar el reino

 

D

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Mt 22, 1-14

Leer el evangelio

1 De nuevo tomó Jesús la palabra y les habló en parábolas:

2 – Se parece el reinado de Dios a un rey que celebraba la boda de su hijo. 3 Envió a sus criados para avisar a los que ya estaban convidados a la boda, pero éstos no quisieron acudir.

4 Volvió a enviar criados, encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado los terneros y los cebones y todo está a punto. Venid a la boda.»

5 Pero los convidados no hicieron caso: uno se marchó a su finca, otro a sus negocios; 6 los demás echaron mano de los criados y los maltrataron hasta matarlos.

7 El rey montó en cólera y envió tropas que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a su ciudad. 8 Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los que estaban convidados no se lo merecían. 9 Id ahora a las salidas de los caminos, y a todos los que encontréis invitadlos a la boda.»

10 Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.

11 Cuando entró el rey a ver a los comensales, reparó en uno que no iba vestido de fiesta, 12 y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?» El otro no despegó los labios.

13 Entonces el rey dijo a los sirvientes: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

14 Porque hay más llamados que escogidos.

DOMINGO 28 (A) (Mt 22,1-14)

El domingo pasado el símbolo era la viña, hoy la imagen es el banquete. Es un relato polémico que acusa a los dirigentes judíos de haber rechazado la oferta de salvación que Dios hace por medio de Jesús. El relato intenta superar el trauma de la separación de la religión judía y advertir del peligro de repetir los mismos errores en la comunidad.

El texto de Is es una joya. El profeta tiene que hablar a un pueblo que atraviesa la peor crisis de su historia. Lo hace con una visión de futuro muy lúcida. Habla de manjares enjundiosos y vinos generosos, de quitar el luto de todos los pueblos, de alejar el oprobio y enjugar las lágrimas de todos los rostros, de aniquilar la muerte.

Bella oferta para un pueblo hundido en la miseria. Se trata de una salvación total por parte de un Dios en quien confía el profeta a pesar de las circunstancias adversas. Dios salva a todos. Apuntado, porque también allí se ponen condiciones: los que no son judíos se ven obligados a venir a “este” monte (Jerusalén) para encontrar salvación.

El banquete es una imagen muy repetida en el AT. Para Jesús significa el Reino de Dios. Para los que pasan hambre diariamente, es una ocasión única para quitar las penas. El banquete de boda era la única ocasión que tenía el pueblo de celebrar una fiesta. Se trata de una metáfora para indicar que Dios está con el pueblo.

Los primeros invitados son los jefes religiosos judíos que se negaron a aceptar el mensaje de Jesús. El prender fuego a la ciudad hace una alusión clara a la destrucción de Jerusalén. Los nuevos invitados son todos los seres humanos, sin importar ni raza ni condición social y, lo que es más escandaloso, sin importar si son buenos o malos.

El Dios de Jesús no es un señor que monta en cólera y manda acabar con aquellos asesinos. Esto no tiene nada que ver con la idea que Jesús tiene de Dios, pero responde muy bien al Dios del AT que a su vez refleja la manera de ser del hombre. Nos sentimos más a gusto con el Dios que premia y castiga que con el de Jesús.

Tampoco el añadido del individuo que no llevaba traje de fiesta tiene mucho que ver con el evangelio. Si salen a los cruces de los caminos para obligar a toda la gente que encuentren, ¿qué sentido tiene que se le exija un vestido de boda? La intención del evangelista es buena, pero se ha entendido literalmente y nos ha despistado.

El texto quiere evitar malas interpretaciones de la pertenencia a la comunidad. Era muy fácil entrar a formar parte de la comunidad y aprovechar las ventajas sin vivir de acuerdo con el evangelio. No basta pertenecer a una comunidad. Solo el que de verdad se revista de Cristo (Pablo) puede estar seguro de entrar en el Reino.

Cuando el texto dice que los primeros invitados no se lo merecían, tiene razón, pero existe el peligro grave de creer que los llamados en segunda convocatoria lo merecían. El centro del mensaje del evangelio está en que invitan a todos: malos y buenos. Seguimos creyéndonos los elegidos, los privilegiados, los buenos con derecho a excluir.

Ojo a los motivos de los primeros invitados para rechazar la oferta. La llamada a una vida en profundidad queda ofuscada, entonces y ahora, por el hedonismo. Los cantos de sirenas de los placeres inmediatos son más persuasivos que las posibilidades de plenitud que podíamos desplegar desde nuestro ser más profundo.

No puede haber banquete, no puede haber alegría, si alguno de los invitados tiene motivos para llorar. Solamente cuando hayan desaparecido las lágrimas de todos los rostros, podremos sentarnos a celebrar la gran fiesta. La realidad de nuestro mundo nos muestra muchas lágrimas y sufrimiento causados por nuestro egoísmo.

Damos mil excusas para no aceptar el reino

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Mt 22, 1-14

Leer el evangelio

1 De nuevo tomó Jesús la palabra y les habló en parábolas:

2 – Se parece el reinado de Dios a un rey que celebraba la boda de su hijo. 3 Envió a sus criados para avisar a los que ya estaban convidados a la boda, pero éstos no quisieron acudir.

4 Volvió a enviar criados, encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado los terneros y los cebones y todo está a punto. Venid a la boda.»

5 Pero los convidados no hicieron caso: uno se marchó a su finca, otro a sus negocios; 6 los demás echaron mano de los criados y los maltrataron hasta matarlos.

7 El rey montó en cólera y envió tropas que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a su ciudad. 8 Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los que estaban convidados no se lo merecían. 9 Id ahora a las salidas de los caminos, y a todos los que encontréis invitadlos a la boda.»

10 Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.

11 Cuando entró el rey a ver a los comensales, reparó en uno que no iba vestido de fiesta, 12 y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?» El otro no despegó los labios.

13 Entonces el rey dijo a los sirvientes: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

14 Porque hay más llamados que escogidos.

DOMINGO 28 (A) (Mt 22,1-14)

El domingo pasado el símbolo era la viña, hoy la imagen es el banquete. Es un relato polémico que acusa a los dirigentes judíos de haber rechazado la oferta de salvación que Dios hace por medio de Jesús. El relato intenta superar el trauma de la separación de la religión judía y advertir del peligro de repetir los mismos errores en la comunidad.

El texto de Is es una joya. El profeta tiene que hablar a un pueblo que atraviesa la peor crisis de su historia. Lo hace con una visión de futuro muy lúcida. Habla de manjares enjundiosos y vinos generosos, de quitar el luto de todos los pueblos, de alejar el oprobio y enjugar las lágrimas de todos los rostros, de aniquilar la muerte.

Bella oferta para un pueblo hundido en la miseria. Se trata de una salvación total por parte de un Dios en quien confía el profeta a pesar de las circunstancias adversas. Dios salva a todos. Apuntado, porque también allí se ponen condiciones: los que no son judíos se ven obligados a venir a “este” monte (Jerusalén) para encontrar salvación.

El banquete es una imagen muy repetida en el AT. Para Jesús significa el Reino de Dios. Para los que pasan hambre diariamente, es una ocasión única para quitar las penas. El banquete de boda era la única ocasión que tenía el pueblo de celebrar una fiesta. Se trata de una metáfora para indicar que Dios está con el pueblo.

Los primeros invitados son los jefes religiosos judíos que se negaron a aceptar el mensaje de Jesús. El prender fuego a la ciudad hace una alusión clara a la destrucción de Jerusalén. Los nuevos invitados son todos los seres humanos, sin importar ni raza ni condición social y, lo que es más escandaloso, sin importar si son buenos o malos.

El Dios de Jesús no es un señor que monta en cólera y manda acabar con aquellos asesinos. Esto no tiene nada que ver con la idea que Jesús tiene de Dios, pero responde muy bien al Dios del AT que a su vez refleja la manera de ser del hombre. Nos sentimos más a gusto con el Dios que premia y castiga que con el de Jesús.

Tampoco el añadido del individuo que no llevaba traje de fiesta tiene mucho que ver con el evangelio. Si salen a los cruces de los caminos para obligar a toda la gente que encuentren, ¿qué sentido tiene que se le exija un vestido de boda? La intención del evangelista es buena, pero se ha entendido literalmente y nos ha despistado.

El texto quiere evitar malas interpretaciones de la pertenencia a la comunidad. Era muy fácil entrar a formar parte de la comunidad y aprovechar las ventajas sin vivir de acuerdo con el evangelio. No basta pertenecer a una comunidad. Solo el que de verdad se revista de Cristo (Pablo) puede estar seguro de entrar en el Reino.

Cuando el texto dice que los primeros invitados no se lo merecían, tiene razón, pero existe el peligro grave de creer que los llamados en segunda convocatoria lo merecían. El centro del mensaje del evangelio está en que invitan a todos: malos y buenos. Seguimos creyéndonos los elegidos, los privilegiados, los buenos con derecho a excluir.

Ojo a los motivos de los primeros invitados para rechazar la oferta. La llamada a una vida en profundidad queda ofuscada, entonces y ahora, por el hedonismo. Los cantos de sirenas de los placeres inmediatos son más persuasivos que las posibilidades de plenitud que podíamos desplegar desde nuestro ser más profundo.

No puede haber banquete, no puede haber alegría, si alguno de los invitados tiene motivos para llorar. Solamente cuando hayan desaparecido las lágrimas de todos los rostros, podremos sentarnos a celebrar la gran fiesta. La realidad de nuestro mundo nos muestra muchas lágrimas y sufrimiento causados por nuestro egoísmo.

Cuando la gratuidad se somete a condiciones, se pervierte


Avatar de Enrique Martínez Lozano
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Mt 22, 1-14

Leer el evangelio

1 De nuevo tomó Jesús la palabra y les habló en parábolas:

2 – Se parece el reinado de Dios a un rey que celebraba la boda de su hijo. 3 Envió a sus criados para avisar a los que ya estaban convidados a la boda, pero éstos no quisieron acudir.

4 Volvió a enviar criados, encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado los terneros y los cebones y todo está a punto. Venid a la boda.»

5 Pero los convidados no hicieron caso: uno se marchó a su finca, otro a sus negocios; 6 los demás echaron mano de los criados y los maltrataron hasta matarlos.

7 El rey montó en cólera y envió tropas que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a su ciudad. 8 Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los que estaban convidados no se lo merecían. 9 Id ahora a las salidas de los caminos, y a todos los que encontréis invitadlos a la boda.»

10 Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.

11 Cuando entró el rey a ver a los comensales, reparó en uno que no iba vestido de fiesta, 12 y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?» El otro no despegó los labios.

13 Entonces el rey dijo a los sirvientes: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

14 Porque hay más llamados que escogidos.

11 de octubre

Mt 22, 1-14

Con toda seguridad, la parábola original terminaba como una “buena noticia” (eso significa la palabra “evangelio”): “La sala del banquete se llenó de comensales”. Pero muy pronto aparecieron los amantes de poner condiciones, de exigir requisitos, de otorgar carnés de pertenencia, en definitiva, de controlar. Y lo que empezó siendo una buena noticia, una fiesta de unidad universal e incondicional, dio paso a un grupo controlador y excluyente, que llegó a crear incluso una muletilla, cargada de orgullo e intolerancia: “Muchos son los llamados y pocos los elegidos”.

El “traje de fiesta” que se exige sería probablemente el rito del bautismo. La buena noticia original de Jesús se transforma en exigencia y exclusión: quien no pertenece a nuestro grupo merece ser “arrojado fuera”. La gratuidad primera queda ahogada por condiciones impuestas por el grupo que se considera elegido y, por tanto, superior.

Los grupos humanos tienden a ser excluyentes porque, en lugar de regirse por la gratuidad y el gozo de la unidad, prefieren la norma y el control por encima de todo. Seguramente porque nos movemos todavía en una sensación de inseguridad que nos hace vivir con miedo y a la defensiva. Solo en la medida en que se produzca en nosotros una ampliación o expansión de la consciencia, podrá modificarse nuestra mirada.

ENRIQUE MARTÍNEZ LOZANO (Boletín semanal)

Un banquete que termina mal

 


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Mt 22, 1-14

Leer el evangelio

1 De nuevo tomó Jesús la palabra y les habló en parábolas:

2 – Se parece el reinado de Dios a un rey que celebraba la boda de su hijo. 3 Envió a sus criados para avisar a los que ya estaban convidados a la boda, pero éstos no quisieron acudir.

4 Volvió a enviar criados, encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado los terneros y los cebones y todo está a punto. Venid a la boda.»

5 Pero los convidados no hicieron caso: uno se marchó a su finca, otro a sus negocios; 6 los demás echaron mano de los criados y los maltrataron hasta matarlos.

7 El rey montó en cólera y envió tropas que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a su ciudad. 8 Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los que estaban convidados no se lo merecían. 9 Id ahora a las salidas de los caminos, y a todos los que encontréis invitadlos a la boda.»

10 Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.

11 Cuando entró el rey a ver a los comensales, reparó en uno que no iba vestido de fiesta, 12 y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?» El otro no despegó los labios.

13 Entonces el rey dijo a los sirvientes: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

14 Porque hay más llamados que escogidos.

Domingo 28 Ciclo A

El domingo anterior, la parábola de los viñadores homicidas terminaba diciendo que la viña sería consignada «a un pueblo que produzca sus frutos» (v.43). Algo parecido afirma la parábola de hoy, que nos ha llegado a través de Mateo y Lucas. Para comprender el enfoque de Mateo es esencial tener en cuenta no solo el texto de la primera lectura (Isaías) sino también la versión de Lucas.

El punto de partida: un festín de manjares suculentos (Is 25,6-10a)

La parábola de los invitados a la boda se inspira en un poema del libro de Isaías a propósito del gran banquete que Dios organizará “en este monte”, Jerusalén, que supondrá la alegría, la salvación y la victoria sobre la muerte para todos los pueblos. Un banquete al que todos están invitados.

La reinterpretación irónica de Lucas (Lc 14,15-24)

El texto de Isaías podía provocar en cualquiera el sentimiento que pone Lucas en boca de un oyente de Jesús: «¡Dichoso el que coma en el Reino de Dios!». Entonces Jesús, con gran dosis de ironía y realismo, cuenta una parábola que podemos dividir en dos actos:

Acto I:

un hombre organiza un gran banquete;

envía a un criado a llamar a los invitados;

los invitados se excusan de buena manera.

Acto II:

El hombre, irritado, manda al criado a invitar al banquete a pobres, lisiados, ciegos y cojos;

el criado obedece, pero todavía sobra sitio;

el hombre vuelve a enviarlo «hasta que se llene la casa».

Moraleja:

«Ninguno de aquellos invitados probará mi banquete».

En la versión de Lucas, la parábola contada por Jesús explica por qué en la comunidad cristiana (el banquete) no están los que cabría esperar (los judíos), sino otros (los paganos). Del optimismo de Isaías pasamos al terrible realismo con que Jesús enfoca siempre las cuestiones.

La reinterpretación más dura y crítica de Mateo (Mt 22,1-14)

La versión de Lucas podía suscitar en las comunidades cristianas un sentimiento de satisfacción y de falsa seguridad. Para evitarlo, Mateo añade una última escena e introduce también interesantes cambios. Los dos actos se convierten cuatro:

Acto I:

Un rey invita a la boda de su hijo;

envía criados (en plural);

los invitados no quieren ir.

Acto II:

El rey vuelve a enviar criados;

los invitados no hacen caso a los criados e incluso matan a algunos de ellos;

el rey mata a los asesinos y prende fuego a su ciudad.

Acto III:

El rey manda a recoger a por las calles a todo, malos y buenos;

La sala se llena de comensales.

Acto IV:

El rey descubre a un comensal sin traje de fiesta;

manda expulsarlo del banquete.

Moraleja:

«Hay más llamados que escogidos».

Mateo ha reinterpretado la parábola a la luz de los acontecimientos posteriores y en clara polémica con las autoridades religiosas judías.

En el Acto I, el protagonista no es un hombre cualquiera, sino un rey (Dios), que celebra la boda de su hijo (Jesús). Y no envía a un solo criado, sino a muchos (referencia a los antiguos profetas y a los misioneros cristianos). Los invitados, en vez de excusarse de buena manera, como en Lucas, simplemente no quieren ir.

Entonces introduce Mateo un acto nuevo (II), donde la invitación del rey encuentra una oposición mucho mayor (incluso llegan a matar a algunos criados) y la reacción del monarca es terrible, porque manda su ejército a acabar con los asesinos y a prender fuego a la ciudad (destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70).

El Acto III también representa una novedad con respecto a Lucas: no se invita a pobres, lisiados, ciegos y cojos, sino a todos, buenos y malos. El enfoque socioeconómico de Lucas (en el banquete entran los marginados sociales) lo sustituye Mateo por el moral (todo tipo de personas).

Pero Mateo añade un nuevo Acto, el IV, que es el que más le interesa: un invitado se presenta sin vestido de boda y es echado fuera.

Con estos cambios, la parábola explica por qué la comunidad cristiana está compuesta de personas tan imprevisibles y, al mismo tiempo, contiene un toque de atención para todas ellas. En el Reino de Dios puede entrar cualquiera, bueno o malo. Pero, si se acepta la invitación, hay que presentarse dignamente vestido.

Ni frac ni minifalda

Para entrar en una mezquita hay que descalzarse. Para entrar en una sinagoga hay que cubrirse la cabeza. Para entrar en cualquier iglesia se aconseja o exige un vestido digno. Pero el vestido del que habla la parábola no se mide en centímetros ni se debe caracterizar por su elegancia. Es una forma de comportarse con Dios y con el prójimo. O, utilizando una metáfora de san Pablo, hay que vestirse de nuestro Señor Jesucristo. No es un disfraz. Es un modo de vivir y de actuar que recuerde a los demás, dentro de lo posible, como él vivió y actuó.

Comprar el tesoro

 


Avatar de Miguel A. Munárriz Casajús
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Leer el evangelio

1 De nuevo tomó Jesús la palabra y les habló en parábolas:

2 – Se parece el reinado de Dios a un rey que celebraba la boda de su hijo. 3 Envió a sus criados para avisar a los que ya estaban convidados a la boda, pero éstos no quisieron acudir.

4 Volvió a enviar criados, encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado los terneros y los cebones y todo está a punto. Venid a la boda.»

5 Pero los convidados no hicieron caso: uno se marchó a su finca, otro a sus negocios; 6 los demás echaron mano de los criados y los maltrataron hasta matarlos.

7 El rey montó en cólera y envió tropas que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a su ciudad. 8 Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los que estaban convidados no se lo merecían. 9 Id ahora a las salidas de los caminos, y a todos los que encontréis invitadlos a la boda.»

10 Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.

11 Cuando entró el rey a ver a los comensales, reparó en uno que no iba vestido de fiesta, 12 y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?» El otro no despegó los labios.

13 Entonces el rey dijo a los sirvientes: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

14 Porque hay más llamados que escogidos.

Mt 22, 1-14

«El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo…»

Jesús se refiere habitualmente al Reino como banquete, como cosecha, como abundancia… En contra de lo que nos han hecho creer, el Reino no es una carga que Dios nos impone para hacernos dignos de la vida eterna, sino la invitación a un modo de vida que nos hace más felices. Jesús plantea las Bienaventuranzas en términos de felicidad: «Cuánto más felices seríais…», y remacha la idea cuando Pedro le pregunta por su recompensa por haberlo dejado todo por seguirle: «El ciento por uno en esta vida, y además la vida eterna».

El ciento por uno en esta vida… No es extraño que Jesús compare el Reino con un tesoro escondido en el campo que hace palidecer todo lo demás. Y no se trata de una exageración más de Jesús, pues lo vemos cotidianamente en personas cercanas a nosotros que lo han hallado, que han vendido todo para comprarlo y ahora siembran la paz a su alrededor y transmiten una felicidad que quizá otros no somos capaces de vislumbrar siquiera.

Pero hay más, porque sabemos dónde encontrar el tesoro y cómo comprarlo por un precio muy módico, pues se reduce a la renuncia a aquello que estropea nuestra vida… Y parece un buen negocio, pero a pesar de todo, no nos decidimos a abrazarlo porque requiere apostar y a nosotros nos gustan las certezas; nos gusta jugar a lo seguro; y como no nos fiamos de Jesús esta el punto de apostar la vida a sus criterios, preferimos no poner en riesgo los bienes evidentes y tangibles que nos ofrece el mundo. «Si quieres saber lo que es bueno –le dice Jesús al joven rico–, ve, vende cuanto tienes, dalo a los pobres y sígueme»… Pero a aquel joven le pasaba lo mismo que a nosotros: que tenía muchos bienes y se fiaba poco de Jesús.

El mundo nos dice que seremos más felices si somos ricos, si tenemos poder o prestigio social, si no nos dejamos avasallar, si somos más listos que los demás para los negocios, si vamos de diversión en diversión, si no nos metemos en líos, si no nos insultan ni nos persiguen… Pero Jesús nos propone un código de felicidad distinto e inverosímil: ¿Queréis ser felices?… pues conformaos con poco, compartid lo que tenéis con los que no tienen, aprended a sufrir, decid siempre la verdad, no seáis violentos, trabajad para que prevalezca la justicia, y no os preocupéis si os insultan y os persiguen por ello.

El mundo nos ofrece lo tangible y Jesús nos invita a no conformarnos con ello… Y no nos atrevemos y nos lo perdemos. Como decía Jon Sobrino: «A eso es a lo que tenemos miedo, a ser felices a lo cristiano». La clave es fiarse de Jesús como se fían los sencillos que se sienten necesitados de Jesús, le siguen y son felices. El error es preferir nuestra sabiduría a la sabiduría de Dios ofrecida en Jesús a los seres humanos.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí