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miércoles, 28 de octubre de 2026

¿Cómo se siembra la paz?

 


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Escucha

La paz necesita grandes acuerdos, pero también se prepara en las aulas, en los barrios y en nuestra manera de mirar a quienes creemos diferentes. Tres noticias nos acercan a personas que están trabajando en esa siembra para que sea posible la convivencia con los que tienen otra cultura y otras creencias.

En Asís, representantes de distintas religiones se reúnen por la paz, cuarenta años después del encuentro convocado por Juan Pablo II. En Italia, cristianos y musulmanes han elaborado juntos materiales educativos para conocer el islam. En Líbano, un equipo de educadores de ocho confesiones religiosas retoma su tarea con refugiados y personas desplazadas por la guerra.

El encuentro de Asís, inaugurado el 25 de octubre, reúne a personas de más de cincuenta países bajo el lema «Una paz desarmada y desarmante». Entre las participantes está Hala Alkarib, defensora de los derechos de las mujeres en el Cuerno de África. Su petición sitúa el encuentro ante una exigencia muy concreta: «Espero que no se quede todo en palabras. Necesitamos actuar».

Reunirse junto a quien invoca a Dios de otra manera ya es un primer paso muy importante. Sentarse con los diferentes supone reconocer que podemos compartir las mismas inquietudes y asumir compromisos comunes. Pero esa cercanía necesita prolongarse cuando termina el encuentro y cada cual regresa a su comunidad.

El desafío de lograr la paz alcanza también a nuestra oración. Pedir la paz puede ayudarnos a reconocer el sufrimiento ajeno y a revisar nuestras propias actitudes. Nos compromete a escuchar, a renunciar a la descalificación y a defender la dignidad de quienes quedan fuera de nuestras afinidades. Cuánto nos cuesta a veces practicar esa paz con alguien que tenemos cerca.

La segunda noticia nos lleva precisamente a uno de los lugares donde aprendemos a mirar a los demás: la escuela. El 21 de octubre se presentaron en Roma once fichas para conocer el islam, impulsadas por la Conferencia Episcopal Italiana y el Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islamología. Las ha elaborado un equipo de cristianos y musulmanes que ha discutido sus diferencias hasta encontrar una manera compartida de explicarlas. Los materiales, destinados a docentes, abordan la historia, la fe, la espiritualidad y las relaciones entre ambas tradiciones.

Hay algo especialmente valioso en ese modo de trabajar: permitir que el otro participe en el relato que hacemos de él. Con demasiada facilidad creemos saber cómo son los musulmanes, los judíos, los ateos o los cristianos. Nos bastan tres frases repetidas para atribuir a millones de personas una misma forma de pensar y de vivir.

También nos ocurre dentro de la Iglesia. Algunas etiquetas nos ahorran el esfuerzo de escuchar: en cuanto clasificamos a alguien como conservador o progresista, creemos conocer de antemano todo lo que puede decirnos. Así perdemos la oportunidad de descubrir sus razones, sus temores y sus preguntas. ¿Qué diálogo puede nacer si ya hemos decidido que el otro no tiene nada que aportarnos?

Conocer exige tiempo y disposición para corregir lo que dábamos por sabido. Podemos mantener nuestras convicciones y, al mismo tiempo, reconocer lo que hay de verdadero y valioso en otra experiencia. Una fe adulta debería permitirnos ese encuentro sin vivir cada diálogo como una amenaza.

La tercera noticia nos lleva a Sidón, donde el proyecto Fratelli, impulsado por los hermanos maristas y los de La Salle, ha retomado sus programas educativos después de tener que cerrar en marzo por seguridad. Atiende a refugiados sirios, palestinos y personas desplazadas del sur del Líbano. Sesenta educadores de ocho confesiones religiosas comparten esta tarea. El misionero Guillermo Moreno cuenta que han decidido permanecer junto a la gente y acompañarla también cuando tiene que desplazarse. Colaboran en el cuidado de las personas aun manteniendo diferencias religiosas profundas.

Estas iniciativas necesitan recursos, continuidad y respaldo público. Sería injusto descargar sobre educadores, voluntarios y comunidades religiosas lo que corresponde también a los gobiernos. La paz exige proteger a la población civil, garantizar derechos y hacer posible una vida digna. El cuidado cotidiano y la responsabilidad política deben sostenerse mutuamente.

Para quienes nos reconocemos en el Evangelio, estas noticias ofrecen una ocasión para preguntarnos qué frutos produce nuestra fe. Si nos hace más disponibles, más capaces de aprender y más atentos al sufrimiento. Si nuestras comunidades son lugares donde se puede entrar con una historia distinta y encontrar acogida.

Sembrar requiere preparar la tierra, cuidar lo que empieza a crecer y perseverar cuando los resultados tardan. Quizá podamos comenzar por algo cercano: una conversación pendiente, un prejuicio que nunca hemos revisado, una tarea que podríamos compartir con quienes apenas conocemos.

Encontrarse, conocerse y cuidarse están a nuestro alcance. Son acciones pequeñas, como las semillas, cuyos frutos necesitan tiempo y cuidados. Que Dios bendiga todas las iniciativas que siembran la paz.

Inma Calvo Torrejón

Fuentes

Kielce Gussie, «Encuentro por la Paz en Asís: más que palabras, acciones concretas». Vatican News, 26 de octubre de 2026.

Giordano Contu, «La CEI y el PISAI presentan las fichas para conocer el islam». Vatican News, 23 de octubre de 2026.

Ariana Pernía Paolini, «Fratelli Líbano: Hallar la paz en medio de la guerra». Vatican News, 24 de octubre de 2026.

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