FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

ESTE ES EL BLOG OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO SAN PAULINO DE NOLA
ESTE BLOG TE INVITA A LEER TEMAS DE ACTUALIDAD Y DE DIFERENTES PUNTOS DE VISTA Y OPINIONES.




ATALAYA

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viernes, 8 de marzo de 2013

Reunión de la Inspectoría Centronoroeste, Conferencia Ibérica y Región Europa Oeste

Del 3 al 6 de marzo se han reunido, en Santiago de Compostela, la Inspectoría Centronoroeste, la Conferencia Ibérica y la Región Europa Oeste.
Sebastián Muñoz
El día 3, Inspectores y Vicarios inspectoriales de las tres Inspectorías que componen la nueva Inspectoría Centronoroeste dedicaron la tarde para retomar el documento orientativo en orden a la reorganización de la nueva Inspectoría.
El día 4, con la presencia del Consejero Regional, fue dedicado a la Conferencia Ibérica, teniendo en primer lugar una reflexión sobre la “Formación Permanente” de “El Campello”, presentada por el actual encargado de la misma, D. Antonio Gil. A continuación fue el Consejero Regional quien se reúne con los Inspectores de la Conferencia Ibérica.
Por la tarde, los responsables de la Editorial y de la Librería CCS, presentan la gestión y el balance económico de las mismas. Se completó la jornada con asuntos varios presentados por el Consejero Regional.
El día 5,  fue dedicado a temas de la Región Europa Oeste: Carta que el Rector Mayor está preparando para la Formación Salesiana, presentada por D. Juan José Bartolomé y la situación de la Congregación según los datos estadísticos correspondientes al 31 de diciembre de 2012 presentados por el Sr. Regional.
Por la tarde, el Sr. Ecónomo General de la Congregación, Jean Paul Müller, informaba sobre los nuevos modelos de financiación que se están estudiando en orden al Gobierno y Gestión de la Dirección General de la Congregación. El resto de la tarde fue dedicada a hacer una visita cultural guiada a la Catedral de Santiago: conjunto, museo y las excavaciones que se han llevado a cabo años atrás.
El día 6, de nuevo D. Juan José Bartolomé nos presentó una reflexión sobre el Aguinaldo del Rector Mayor: “El evangelio de la alegría y la pedagogía de la bondad”. Tras un breve descanso, también el Sr. Ecónomo General presentó a la asamblea la situación en la que se encuentra el caso “Gerini”.
Con la urgencia de la salida de algunos hermanos y la comida se han cerrado estos tres días de trabajo y reflexión de estos tres organismos: Inspectoría Centronoroeste, Conferencia Ibérica y Región Europa Oeste.
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Contra el olvido del Espíritu Santo Leonardo Boff

Enviado a la página web de Redes Cristianas
En el artículo anterior nos esforzábamos por rescatar la dimensión del “espíritu” muy ahogado en la cultura materialista y consumista de la modernidad. Ahora queremos rescatar la figura del Espíritu Santo, siempre al margen u olvidada en la Iglesia latina. Como es una Iglesia de poder, convive mal con el carisma, propio del Espíritu Santo. Él es la fantasía de Dios y el motor del cambio, todo lo que la vieja institución jerárquica no desea. Pero Él está volviendo.
El Concilio Vaticano II afirma enfáticamente: «El Espíritu de Dios dirige el curso de la historia con admirable providencia, renueva la faz de la Tierra y está presente en la evolución» (Gaudium et Spes, 26/281). El Espíritu está siempre en acción. Pero aparece con mayor intensidad cuando se producen rupturas instauradoras de lo nuevo. Cuatro rupturas, cercanas a nosotros, merecen ser mencionadas: la realización del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965), la Conferencia Episcopal de obispos latinoamericanos en Medellín (1969), el surgimiento de la Iglesia de la Liberación, y la Renovación Carismática Católica.
Por el Vaticano II (1962-1965), la Iglesia acompasó su paso con el del mundo moderno y sus libertades. Especialmente estableció un diálogo con la tecnociencia, con el mundo del trabajo, con la secularización, con el ecumenismo, con otras religiones y con los derechos humanos fundamentales. El Espíritu rejuveneció con aire nuevo el crepuscular edificio de la Iglesia.
En Medellín (1968) se puso a caminar con el submundo de la pobreza y de la miseria que caracterizaba y sigue caracterizando al continente latinoamericano. En la fuerza del Espíritu Santo, los pastores latinoamericanos hicieron una opción por los pobres y contra la pobreza y decidieron llevar a cabo una práctica pastoral que fuese de liberación integral: liberación no sólo de nuestros pecados personales y colectivos, sino liberación del pecado de opresión, del empobrecimiento de las masas, de la discriminación de los pueblos indígenas, del desprecio por los afrodescendientes y del pecado de la dominación patriarcal de los hombres sobre las mujeres desde el Neolítico.
De esta práctica nació la Iglesia de la liberación. Ella muestra su cara en la apropiación de la lectura de la Biblia por el pueblo, en la nueva forma de ser Iglesia de las comunidades eclesiales de base, en las diferentes pastorales sociales (de los indígenas, los afrodescendientes, de la tierra, la salud, los niños y otras) y en su reflexión correspondiente que es la Teología de la Liberación.
Esta Iglesia de la liberación creó cristianos comprometidos políticamente del lado de los oprimidos y en contra de las dictaduras militares, que sufrieron persecuciones, encarcelamientos, torturas y asesinatos. Es posiblemente una de las pocas Iglesias que puede contar con tantos mártires, como la hermana Dorothy Stang e incluso obispos como Angelleli en Argentina y Oscar Arnulfo Romero en El Salvador.
La cuarta irrupción fue el surgimiento de la Renovación Carismática Católica en Estados Unidos desde 1967 y en América Latina desde los años 70 del siglo XX. Ella trajo de vuelta la centralidad de la oración, la espiritualidad, la vivencia de los carismas del Espíritu. Se crearon comunidades de oración, de cultivo de los dones del Espíritu Santo y de asistencia a los pobres y enfermos. Esta renovación ayudó a superar la rigidez de la organización eclesial, la frialdad de las doctrinas y rompió el monopolio de la Palabra, en poder del clero, abriendo espacio a la libre expresión de los creyentes.
Estos cuatro eventos sólo se evalúan bien teológicamente cuando se ponen bajo la óptica del Espíritu Santo. Él irrumpe siempre en la historia y de forma innovadora en la Iglesia, que entonces se hace generadora de esperanza y de alegría de vivir la fe.
Hoy en día vivimos en la, tal vez, mayor crisis de la historia humana. Es su mayor crisis, porque puede ser terminal. En efecto, nos hemos dado los instrumentos de auto-destrucción. Hemos construido una máquina de muerte que puede matarnos a todos y liquidar toda nuestra civilización tan costosamente construida a lo largo de miles y miles de años de trabajo creativo. Y con nosotros podrá morir gran parte de la biodiversidad. Si esta tragedia ocurre, la Tierra continuará su camino, cubierta de cadáveres, devastada y empobrecida, pero sin nosotros.
Por esta razón, decimos que nuestra tecnología de muerte ha abierto una nueva era geológica: el Antropoceno. Es decir, el ser humano se está mostrando como el gran meteorito rasante amenazador de la vida. Él puede preferir autodestruirse a sí mismo y dañar perversamente a la Tierra viva, Gaia, a cambiar su estilo de vida y su relación con la naturaleza y con la Madre Tierra. Como una vez en Palestina los judíos prefirieron Barrabás a Jesús, los enemigos actuales de la vida pueden preferir Herodes a los niños inocentes. Se mostrará en realidad como el Satanás de la Tierra en lugar de ser el ángel guardián de la creación.
En ese momento invocamos, suplicamos y gritamos la oración litúrgica de la fiesta de Pentecostés: Veni, Sancte Spiritus et emite coelitus, Lucis tuae radio: «Ven Espíritu Santo y envía del cielo un rayo de tu luz».
Sin la vuelta del Espíritu, corremos el riesgo de que la crisis deje de ser una oportunidad de acrisolamiento y degenere en una tragedia sin retorno. En las comunidades eclesiales se canta: «Ven Espíritu Santo y renueva la faz de la Tierra».
* Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor.
Traducción de Mª José Gavito Milano

La Iglesia necesita un buen Papa José María Castillo, teólogo

Benedicto XVI, sobre todo con su renuncia al papado, ha dejado patente que es un hombre bueno. Y que ha sufrido, en el ejercicio de este cargo, más de lo que seguramente sospechamos. En cualquier caso, le decisión de su renuncia representa un precedente que puede ser decisivo para el futuro del papado. No sólo por el ejemplo que nos deja J. Ratzinger, sino además porque ya no es impensable que, en un futuro no lejano, el papado deje de ser un cargo a perpetuidad. Si todos los obispos del mundo, a cierta edad, tienen que presentar su renuncia, ¿por qué no el obispo de Roma?
Pero lo que importa, en estos días de preparación al inminente Conclave, es pensar y proponer cuestiones que van derechamente al fondo del problema que hoy tiene que afrontar la Iglesia. Y ese problema no es otro que el enorme retraso que lleva esta Iglesia para dar la respuesta, que tendría que dar una institución religiosa de ámbito mundial, a los problemas acuciantes que tanto nos apremian. Con frecuencia me pregunto cómo se explica que, cuando se ha destapado la corrupción más masiva y peligrosa de los últimos tiempos, precisamente ahora los responsables del gobierno de la Iglesia no dicen ni palabra (excepto alguna que otra alusión genérica a lo mal que están las cosas) sobre una situación en la que callarse es hacerse cómplice de lo que está pasando. Esto es lo que, sin duda, ha pensado mucha gente. Hasta que se ha sabido una de las claves de este extraño silencio eclesiástico.
Si la corrupción se ha metido de lleno hasta dentro de la misma casa del papa, ¿cómo nos extrañamos de que el anciano Pontífice se sienta ya sin fuerzas para seguir aguantando? Y sobre todo, ¿de qué nos quejamos cuando vemos que todos los que saben algo del asunto se callan como muertos? Habría que estar ciegos para no darse cuenta de que el fondo del asunto está en que la institución eclesiástica es parte del problema. Porque con su ausencia y su silencio está “legitimando” el sistema de corrupción y de injusticias que nos ahoga.
El Vaticano no es una isla en Europa. Ni lo es en el mundo. Por eso, cuando tanta gente de buena voluntad dice que la Iglesia necesita un buen papa, no se refiere a que el nuevo Pontífice sea conservador o progresista, de derechas o de izquierdas. Lo que importa es que el nuevo papa sea un hombre libre y decidido, que limpie el Vaticano de todos cuantos, de la manera que sea, están buscando el triunfo de su propio grupo o de su propia secta, para ser ellos los que piensan mandar en la Curia. Un buen papa será el que sea capaz de hacer esto lo primero. Aunque para ello sea necesario echar de Roma a individuos que se consideran intocables. Cuando una herida está infestada, la herida no se cura untando pomadas. Lo primero es limpiar. Y después sanará el enfermo.
Esto supuesto, el mejor papa que necesita la Iglesia tiene que ser un hombre con lucidez y capacidad para darse cuenta de que, en asuntos de la máxima importancia, las religiones – entre ellas, la Iglesia católica – siguen todavía estancadas y atascadas en los miedos, tradiciones y retrasos previos a la Ilustración. O sea, que, mientras la sociedad y la cultura avanzan a una velocidad de vértigo, las instituciones que pueden ayudarnos a ponernos en contacto con Dios llevan ya más de doscientos años de retraso. Y en esto, me refiero a un problema concreto y de asombrosa actualidad: la puesta en práctica de los Derechos Humanos.
No digo el elogio de los Derechos Humanos. Hablo de su práctica dentro de la misma Iglesia. Mientras esto no se acometa en serio, la Iglesia será una institución trasnochada y carente de actualidad y de interés. Lo que pasa es que acometer esto es duro y difícil. Muy difícil. Porque, si esquela Iglesia quiere ponerse a practicar, en ella misma, los Derechos Humanos, lo primero que tendría que hacer es modificar, en cosas importantes, su ordenamiento jurídico, es decir, el Derecho Canónico. Lo que exigiría modificar bastantes cosas en la organización de la Iglesia. Por ejemplo, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Y, por tanto, el derecho de las mujeres a ser ordenadas de sacerdotes o a ocupar cargos de gobierno en la Iglesia. Y otro tanto habría que decir sobre el debatido problema de la ordenación sacerdotal de personas casadas.
Por lo demás, al indicar estas cuestiones, no estoy tocando para nada ningún asunto de fe. Lo saben muy bien los teólogos. Y tendrían que perder el miedo a decirlo con claridad. En la Iglesia, por mantener tradiciones que no pertenecen a la fe cristiana, se están violando derechos básicos de los fieles en la atención sacramental y en la debida instrucción religiosa y sobre todo bíblica.
Y para terminar. El papado, fiel a lo que fue la tradición de la Iglesia durante más de mil años, tendría que poner a la Curia en su sitio y al Episcopado en el suyo. Jesús no fundó la Curia. Eligió Doce Apóstoles, cuyos sucesores (según la fe de la Iglesia) son los obispos. Pero hoy nos encontramos con la extraña contradicción de que es la Curia, y no el Colegio Episcopal el que toma las decisiones, el que gobierna y el que decide lo que se hace o se deja de hacer. Es absurdo que, en asuntos de extrema gravedad, sea la Curia la que manda incluso en el papa.
La Iglesia necesita un buen papa. Necesita un hombre tan apasionado por el Evangelio, que desconcierte a todos cuantos en el papado buscan un hombre de poder y mando. El papa debe resultar desconcertante. Como Jesús desconcertó a sus propios seguidores. Porque habló y vivió de forma que los profesionales de la religión se le enfrentaron, al tiempo que los pobres y los excluidos de este mundo le buscaban y encontraban en él la acogida que necesitaban. El día que el Vaticano sea el “punto de encuentro” de todos los que sufren, ese día la Iglesia habrá encontrado el buen papa que necesita.

¿Dejarán entrar al Espíritu en la Sixtina? Juan Masiá Clavel, teólogo

Hoy el Espíritu Santo lo tiene difícil como paloma. Tendrá que cambiar de vehículo para entrar en la Sixtina. El teólogo Joseph Ratzinger comentaba, en su libro Momentos estelares del Vaticano II (Theological Highlights of Vatican II), en 1966, la importancia de la colegialidad en la iglesia.
Más que la fría noción jurídica romana de “collegium”, incluye “cuerpo” , “fraternidad”, “sororidad”, “estrecha unión”, “comunión”, no sólo entre el obispo de Roma y los demás obispos, sino entre todo el conjunto de cada iglesia local reunida en comunión con su obispo.
Insistía Ratzinger en que las comunidades locales se llamaban “adelphotes”, es decir confraternidades de hermanos y hermanas. Lamentaba Ratzinger el cambio a partir del siglo tercero, que hace difícil dirigirse al clero y, sobre todo, a los obispos, como hermanos y hermanas, y fomenta el llamarles “papa”. Luego los obispos se tratan entre sí como “colegas”, dice, y se hace habitual hablar del “colegio episcopal”. Pero lo que el Concilio redescubre al hablar de colegialidad es elretorno a lo más evangélico, que es una colegialidad en términos de corporalidad y confraternidad, que es colegialidad no solo de obispos, sino de toda la comunidad eclesial.
No se trataba meramente de compensar la exageración del Vaticano I, por un lado, ni de convertir a cada obispo, por otro lado, en un Papa en pequeño, sino de potenciar la hermandad colegial de la iglesia entera, pueblo de Dios. También hay que evitar que por haber puesto bien a los obispos en su sitio, en confraternidad colegial con el obispo de Roma” no hagamos apearse a un escalón más abajo a todo el pueblo incluidos los sacerdotes. (“Obispo de Roma y sucesor de Pedro” es el nombre con que Benedicto se designa a sí mismo al renunciar, en vez de llamarse “vicario de Cristo”, título teológicamente inexacto, usado desde el siglo XII, que tiene el peligro de olvidar que no es el obispo de Roma el único vicario de Cristo).
Más aún, insistía Ratzinger en que la comunidad local contiene en sí la totalidad real de la iglesia; que no son las iglesias locales meras ramas o sucursales de una empresa multinacional con la central en Roma, sino células vivientes de un cuerpo que contienen en sí, como cada célula del cuerpo humano, toda la identidad del mismo. Estoy convencido, decía Ratzinger, de que esta idea de la iglesia local reunida por el Espíritu es de lo más rico que hay en la doctrina sobre la colegialidad.
***
Hasta aquí nada más que una “perla”, de las muchas que se aprendían en clase con el profesor Ratzinger en los años sesenta. Pero, ¿cómo se casa esa visión de la iglesia con lo anacrónica del Cónclave como método para elegir un obispo de Roma que, en vez de ser un monara absoluto o un Director de empresa multinacional, sea un primus inter pares, que cuide de fortalecer en la fe, confirmar en la esperanza y unir en la caridad a todos sus hermanos y hermanas, como aspiraban a conseguir las tres encíclicas de Benedicto XVI? Habrá que hacer algún cambio, ¿verdad?
¿Lo conseguirá impulsar el Espíritu? Quizás, pero a condición de cambiar de vehículo. Ya no le valdrá la paloma. Necesitará alquilar de Obama un avión “drone” para atravesar con un misil las paredes de la capilla Sixtina. Perdón por lo bélico de la metáfora, poco apropiada para el Espíritu de Paz, pero es que esas paredes no caen tan fácilmente como el muro de Berlín…

Mujeres cristianas en las luchas de las trabajadoras Pino Jiménez. Presidenta nacional de la HOAC. Madrid- Francisca Castilla. Responsable de Difusión de la HOAC. Madrid.

Enviado a la página web de Redes Cristianas
“El factor religioso puede contribuir a hacer más plena la vida liberada y liberadora de las mujeres”. Esta afirmación de la teóloga feminista Lucía Ramón, expresada en su libro Queremos el pan y las rosas. Emancipación de las mujeres y cristianismo, viene siendo verificada por la ya larga historia de las mujeres en la HOAC. Y es que la radicalidad evangélica no es ajena a las aspiraciones emancipatorias de las mujeres.
“Las Rosas”
Cuando en el Nuevo Testamento leemos que “no solo de pan vive el hombre” instintivamente nuestro corazón se agita hasta hacernos apartar la vista de las urgencias materiales, del combate por la supervivencia, y otear un horizonte trascendente y lleno de sentido. Las primeras obreras que abrieron el camino a la igualdad y el reconocimiento de los derechos de la mujer no se contentaron con reivindicar la justicia material, expresada en el salario o el límite horario, sino que también pedían “las rosas”, unas relaciones más humanas y justas, una sociedad más amable y decente, un reconocimiento del valor de lo inmaterial. En Queremos el pan y las rosas (Ediciones HOAC, Madrid, 2011), Lucía Ramón explica que “el hambre y la sed de justicia de las bienaventuranzas de Jesús de Nazaret no se agotan en la subsistencia material, sino en las luchas de las trabajadoras que debe ser interpretada también como el hambre de una vida liberada e íntegra, libre de cualquier forma de dominación, liberada para amar, gozar y crear más vida” (pg. 22).
Un movimiento genuinamente cristiano orientado específicamente a la evangelización
del mundo del trabajo, como la HOAC, no podía permanecer por mucho tiempo ajeno a las luchas emancipatorias de las mujeres. El reconocimiento de toda persona como criatura de Dios y de todos los hombres y mujeres como integrantes de la misma gran familia humana se traduce inmediatamente en la defensa de la dignidad intrínseca de todos los seres humanos y en la lucha por el reconocimiento de sus derechos inalienables.
La Iglesia Universal, por boca de Juan Pablo II, de algún modo comparte, igualmente
las aspiraciones liberadoras de la población femenina. En su carta al Congreso
de la Mujer celebrado en Pekín afirmó: “Por desgracia somos herederos de una historia de enormes condicionamientos que, en todos los tiempos y en cada lugar, han hecho difícil el camino de la mujer, despreciada en su dignidad, olvidada
en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a la esclavitud.
Esto le ha impedido ser profundamente ella misma y ha empobrecido la humanidad entera de auténticas riquezas espirituales”

JOSÉ ANTONIO PAGOLA: CON LOS BRAZOS ABIERTOS

Notas introductorias:
Esta parábola solamente aparece en Lucas.
Es considerada por los críticos como la más extraordinaria de las que han quedado recogidas en la tradición evangélica. No se advierten en ella manipulaciones ni intervenciones de la comunidad. Por consiguiente es una de las típicas parábolas en las que se ve la mano original de Jesús: Por mucho que se la analice no se descubre en ella añadidos ni interpolaciones. (LEER EL EVANGELIO)

Es un relato sencillo, una narración extraordinaria y muy del estilo de Jesús.

Esta parábola, por otra parte, ha sido muy mal predicada, pues se acentúan aspectos que no son los más importantes. El verdadero protagonista no es el hijo pródigo sino el padre que trata con amor al hijo mayor y al hijo menor. El hijo mayor tiene también una importancia enorme. La parábola se debería titular: “La parábola del amor de un padre no comprendido por sus hijos”. Este es el verdadero tema de la narración.

Veamos esta diferencia: en la parábola de la viña, Dios aparece bajo la figura del dueño generoso: ésta Dios es presentado bajo la figura del Padre que sabe hacer fiestas, sabe gozar perdonando a sus hijos.

La parábola tiene dos partes: 

1ª: (11-24) En ella se describe la actitud del hijo menor y sobre todo la alegría del padre al volver a encontrar a su hijo que lo creía muerto.

2ª: (24-34) En ella se narra la actitud del hijo mayor y en esta parte está la verdadera enseñanza de la parábola: el hijo que está todo el tiempo en casa, al final es el que se queda fuera de ella. Es el que no comprende la actuación del padre: él que creía que todo lo hacía bien: “jamás dejé de cumplir orden tuya”. Y esto… es muy triste, que después de no haber dejado de cumplir ninguna orden del padre, termine sin saber cómo es el padre.

Al final de la segunda descripción sobre el hijo mayor, se repite la actuación bondadosa del padre que comprende y abre una puerta a este hijo mayor.

Las dos partes terminan con el mismo estribillo: “este hijo mío estaba muerto y…” 

Narración de la parábola
A) La actuación del hijo menor : Este comienza por perder la fe en su padre, y en esto estará su pecado: no creer que su padre le puede hacer feliz, que puede llenar su vida y entonces pide la herencia. Según el Deuteronomio, al hijo mayor le correspondía el doble que a los otros hijos. Por consiguiente siendo dos hermanos, al mayor le correspondía los 2/3 y 1/3 al segundo. El hijo menor pide lo que le corresponde en dinero y se marcha a una tierra lejana. Para un judío tierra lejana era igual a tierra pagana. En tiempo de Jesús había una emigración muy grande: en Palestina había más o menos medio millón de habitantes y en la diáspora unos 4.000.000 de judíos. Por eso, Jesús habla de algo muy real. El pecado del hijo no está en su entrega al libertinaje sino en que no se fía de su padre; prefiere una vida autosuficiente, independiente. Así más tarde tendrá precisamente esta impresión: “He pecado contra el cielo y contra tí.

B) A qué resultados llega: La parábola nos describe en breves trazos la miseria en que cae. Jesús es un gran narrador. Este hijo buscaba la liberación, la independencia de su padre y cae en la esclavitud de un pagano, de un extranjero y termina viviendo no gozosamente sino trabajando en un trabajo considerado maldito por los judíos: cuidar puercos, animales impuros, inmundos. El que cuidaba estos animales caía en un estado de impureza ritual total. Dice un dicho rabínico del tiempo de Jesús: “Maldito el hombre que cría cerdos”. Este hijo, que quería buscar el gozo, la felicidad, termina de hambre, sin poder alimentarse ni con el alimento de los animales impuros en una tierra pagana… Para una mentalidad judía está bien destacada la enorme distancia entre la primera situación del hijo que vivía en el hogar, junto a su padre que le quiere y esa situación de esclavitud a que llega.

C) Reacción del hijo menor: Sin embargo este hijo reacciona, reflexiona: “entró en sí mismo…” recordó la felicidad que tenía junto a su padre. Y no se queda en una reflexión teórica sino que reconoce su culpa, no se justifica, se da cuenta de que, una vez repartida la herencia, no tiene derecho a presentarse como hijo, no le corresponde nada en el hogar. Piensa, sin embargo, que podría ser aceptado como jornalero. Y se decide a volver y pone en práctica su decisión que es lo importante: “Se levantó y partió hacia su padre”.

D) La acogida del padre: El padre es el verdadero protagonista de la parábola.
La parábola lo presenta de una manera exagerada: “Estando todavía lejos, el padre echó a correr”. El echar a correr es poco digno para un oriental. Los orientales, con un poco de dignidad, nunca echan a correr y menos si son ancianos. Pero parece que a este padre no le importa nada… y echa a correr, lo besa, lo abraza efusivamente e interrumpe la confesión de su hijo y hace una serie de gestos que indican toda su alegría por el retorno de su hijo.
El padre pide a sus siervos le traigan:
El vestido: En Oriente y sobre todo en tiempo de Jesús no existían condecoraciones, se daba más importancia al vestido. Aquí hay que entender el vestido del hijo para que no se confunda con uno de los siervos.
El anillo: El anillo solo podían llevarlo el dueño y sus hijos y solía tener un sello.
Las sandalias: ya que los esclavos iban descalzos. El hijo viene descalzo como señal de esclavitud.
Organización de la fiesta: Matar un ternero cebado como signo de la alegría que tiene que reinar en la familia.
Toda la actuación del padre narrada por Jesús tiene la finalidad de destacar toda la felicidad, toda la alegría, todo el perdón de este padre que ha recuperado a este hijo al que creía muerto.
La actuación de este padre destaca más si pensamos en cómo podía haber reaccionado: podía haber rechazado al hijo que ya había perdido todos sus derechos y, en todo caso, podía haberlo recibido como jornalero; o también haberlo recogido como hijo pero en silencio, un poco avergonzado ante los vecinos por haberlo recibido. Pero… armar fiesta, armar todo ese tinglado… parece excesivo y como si el hijo mayor tuviese razón.
Esta es la primera parte de la parábola, que hubiera podido terminar aquí si Jesús hubiera querido decir solamente que Dios es bueno con el pecador que se arrepiente. Pero tiene otra intención más importante todavía. Por eso continúa con:

Actuación del hijo mayor: Llega éste a casa y se indigna ante la actuación del padre: le escandaliza el comportamiento paterno, no le puede comprender porque… y éste es un dato de los más importantes este hijo mayor no ha salido de casa, no ha pecado, ha cumplido todas las órdenes, está sirviendo en casa del padre y… no le conoce: se escandaliza del amor, del perdón y de la compasión de su padre. Movido como por un sentimiento de justicia, protesta porque cree que el amor del padre es exagerado. Es incapaz de comprender la inmensa alegría del padre y su perdón.

Concretando, veamos la postura que adopta:
a) Ante el padre, él se siente como el hijo fiel: “Jamás he dejado de cumplir una orden tuya”: es exactamente la postura del fariseo. Ante el padre se siente seguro e injustamente tratado.

b) Ante el hermano, adopta una postura de superioridad y desprecio. No quiere llamar hermano al menor: “ha venido este hijo tuyo”. Esta postura es totalmente la del fariseo: la de sentirse seguro ante Dios y despreciar a los que no son tan buenos.

Y de nuevo, la postura del padre: ama también al hijo mayor, ama a los dos. La respuesta al hijo mayor está llena de amor. Le llama hijo: “hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo”.
Le quiere hacer ver que él no goza de menos afecto: que él lo tiene todo y que de hecho comparten juntos la felicidad del hogar y le vuelve a insistir: “el hijo que ha llegado es hermano tuyo” pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse porque este hermano tuyo estaba muerto…”

La enseñanza de la parábola
A) El amor paternal de Dios al pecador: es la parábola que con más fuerza destaca el amor paternal de Dios para con los hombres, para con los pecadores: para con los que buscan el hogar, es decir, a Dios y al hombre. Tiene un amor ilimitado para todo el que un día descubre que en la vida no se puede vivir solo, aislado, independiente: para esos Dios es perdón, es acogida, es el Dios de los hijos perdidos, el de los últimos… Dios es alguien que se alegra por el retorno de los hijos perdidos.

B) La actuación injusta de los fariseos: La parábola termina con la reacción del hijo mayor… y siempre las parábolas suelen tener la enseñanza principal al final.
El hijo mayor, prototipo de la incomprensión, representa la postura farisea: hace valer sus derechos ante el padre, se siente cumplidor perfecto de la ley: …como a veces nos sentimos nosotros: cumplimos la ley, lo normal, no hay en nuestra vida grandes fallos, grandes equivocaciones o errores… nos sentimos seguros ante Dios.

Por otra parte desprecia y no quiere llamar hermano al que realmente lo es aunque sea pecador.

Por eso Jesús nos quiere descubrir una vez más el enorme contraste que existe entre la postura farisea del hijo mayor y la postura bondadosa del padre. Mientras que Dios, es de un amor inmenso, de un amor paternal infinito, los fariseos son de una mentalidad estrecha e incapaces de entender todo el amor de Dios a los pecadores.

La parábola es una crítica a esa postura nuestra en la que vamos -quizás sin darnos cuenta- criticando a los demás, considerándonos con más derechos que ellos al amor de Dios. Pensamos que otros no saben la verdad, que no van por el buen camino, sin darnos cuenta de que esta gente que nos parece perdida puede estar siendo comprendida, llamada por Dios con un amor que ni podemos sospechar. Y puede ocurrir que, a pesar de sentirnos en casa y pasar toda la vida cumpliendo las órdenes del padre… al final, podemos “quedarnos fuera de casa” y no comprender ni a Dios ni a los hombres.

C) Jesús justifica su actuación con los pecadores: Si Jesús acoge a los pecadores es porque quiere ser como el Padre: porque el Padre es la misma bondad, Jesús no hace más que actualizar, encarnar a ese Dios que ama a los pecadores. Dirá continuamente: los fariseos se deberían alegrar y participar en la fiesta pero no lo hacen. Y viene con una Buena Nueva a acoger a los pecadores y ellos no quieren participar en la fiesta …y este es el problema.
Esta es la gran enseñanza de Jesús: los hombres deberíamos participar en esa gran alegría que es el Evangelio y saber que Dios es para los pecadores, los malos, los pobres, los últimos.

Jesús se defiende de la crítica de los grupos fariseos y se atreve a meter en su mismo grupo a un publicano: Leví, el hijo de Alfeo. Comía con publicanos y pecadores y perdía la fama… pero no le importaba. Lo único que decía era ésto: “No necesitan los sanos de médico sino los enfermos” “no he venido a llamar a justos sino a pecadores”. En la vida es muy peligroso sentirse justo y… en el fondo, sí que nos sentimos más o menos santos que los demás.

De todas formas, la parábola termina dejando una puerta abierta al hijo mayor pero no sabemos qué pudo hacer…


La enseñanza de la parábola HOY
Esta parábola ha sido utilizada para hablar de la confesión, la reconciliación, el pecado, etc.. También puede hablarse de eso. Pero ANTES hay que decir:

A) La parábola se presta a presentar a Dios como amor paternal: es decir, que de la manera de presentar la parábola tiene que surgir la idea, la vivencia de un Dios capaz de hacer fiesta por un pecador arrepentido, capaz de acogerle como hijo y un Dios que ofrece su hogar a todo el que lo busca.

B) Si Dios es tan bueno, nadie puede sentirse tratado injustamente y nadie, nadie puede adoptar la postura de incomprensión del hijo mayor ni escandalizarse ante la actuación de Dios porque los demás no merecen o merecen menos que nosotros: nadie puede protestar.
Todos nos tenemos que sentir amados infinitamente por Dios y nadie puede adoptar una postura crítica justificable ante Dios.
Por otra parte, si Dios es Padre de todos, incluso de los que van contra El, de los pecadores, nosotros no podemos adoptar una postura de rechazo ante nadie.
Si Dios es alguien que ofrece hogar a todo hombre, nosotros, de ninguna manera, por ninguna razón, podemos adoptar una postura de rechazo ante nadie, sea cual fuere su postura, diga lo que diga y tenga la mentalidad que tenga.

C) La comunidad primitiva, la comunidad elegida (como el hermano mayor), es decir, la Iglesia lo comparte todo con el Padre: vivir en la Iglesia es tener la gracia de conocer el Evangelio y poder estar dentro del hogar, poder tener gestos sacramentales de amor con Dios. Los creyentes tenemos que sentirnos invitados a compartir la alegría de Dios que acoge a los pecadores que están fuera del hogar.
La parábola es una invitación a la alegría y al optimismo por tantos hombres que quizás no estén en casa pero no importa. Miles, millones de hombres que no están dentro de la Iglesia pero que no están olvidados de Dios sino comprendidos y acogidos, quizás únicamente por El.

La parábola es una advertencia para todos aquellos que no se sienten hijos pródigos.

Al final de la parábola, es el hijo mayor el que es el que de hecho se queda fuera de casa, el que se queda lejos del padre y del hermano y el que no entra a la fiesta. Por lo tanto, se puede vivir toda la vida junto al padre, cumpliendo estrictamente todas sus órdenes y sin embargo se puede no conocer al padre y no comprender al hermano. Entonces, el estar lejos o cerca de Dios no depende solamente de permanecer en casa o fuera de ella sino de comprender el amor de Dios. Está cerca del Padre el hermano que comprende el amor del Padre y sabe adoptar una postura de amor, de perdón, de comprensión con los demás hermanos. Desde el momento que no adoptamos esta postura ante alguien, ya estamos fuera de casa, lejos del padre.

La parábola se presta a toda una enseñanza sobre el pecado y también es una descripción de la conversión.

Descripción del pecado:
A) Según la descripción de Jesús, el pecado del hijo pródigo consiste en una falta de fe: no cree en la felicidad que puede aportarle el hogar.

B) Este hijo se aleja del hogar del padre y del hermano.

C) La postura de este hombre es de autosuficiencia, independiente: querer independizarse de Dios, eso es pecar: bastarnos a nosotros mismos.

D) Su vida se concreta después en una vida inmoral y libertina.

E) El pecado le lleva a una situación de miseria, de esclavitud, de hambre. El que peca no es libre. En la medida en que en nuestra vida hay pecado, no puede haber libertad. Esta nos la pueden quitar desde fuera pero también nos la quitamos desde dentro: esclavitud, miseria…

Descripción de la conversión
A) Según la parábola, la conversión supone reflexión: hay que detenerse en la vida a pensar. Muy hábilmente somos capaces de pasar años sin enfrentarnos en serio a nosotros mismos. Es muy difícil entrar en uno mismo pero por ahí hay que empezar.

B) El hijo puede recordar la felicidad que tenía junto a su padre y esto es muy importante a medida que pasan los años: se nos olvida la felicidad que nos puede dar Dios. Llega un momento en que nos puede parecer que no nos quiere nadie, ni Dios: entonces se está en peligro de cualquier barbaridad.

C) Este hombre se decide a retornar junto al Padre.

D) Confiesa humildemente su pecado y pide perdón. No tiene ninguna justificación. Es que es muy peligroso ponerse a sacar argumentos y justificarnos ante Dios. Es mejor dejarlo.

E) Este hombre se levanta, pone en práctica su decisión y su conversión y tiene el abrazo reconciliador del padre. No es suficiente que levante: se requiere que el padre le salga al camino y le abrace.

La conversión termina en una aceptación del hijo, en una fiesta y en un banquete.