FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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SAN JUAN BOSCO (Pinchar imagen)

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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ATALAYA ENERO 2025

miércoles, 23 de julio de 2025

Israel, un peligro existencial para el mundo y la humanidad

 


Fuentes: El Colectivo (Medellín) - Rebelión

Israel es un Estado que controla un pequeño territorio de 21.000 km2, 12.000 de los cuales son un desierto. Su exiguo tamaño se constata al observar un mapa del mundo. Para tener una mirada comparativa con Colombia, Israel tiene un tamaño similar al departamento de la Guajira, el No. 25 por tamaño del país.

Israel tiene menos de 10 millones de personas (entre ellos 6,5 millones de judíos y 3 millones de árabes), una cifra poco relevante si la comparamos con la población del planeta, de 8.000 millones. Los habitantes judíos del Estado sionista constituyen el 0.08% de la población mundial, cuya cantidad es inferior a la de Bogotá, que alberga 8 millones.

Estos indicadores elementales, en condiciones normales, comprobarían la poca importancia de un país de esa naturaleza en la vida mundial. Sin embargo, los hechos cotidianos de los últimos 80 años evidencian que Israel es un peligro para el mundo entero y sus diversas formas de vida.  Cómo puede suceder que un Estado diminuto haya adquirido tal preponderancia en la política internacional hasta el punto de que su sola existencia suponga un riesgo para el resto de la humanidad.

Dos aspectos ayudan a entender el asunto: la historia posterior a 1948 cuando fue creado dicho Estado y su importancia geopolítica en el dominio mundial de los Estados Unidos. En términos históricos, Israel es el resultado de la confluencia de una concepción racista, el sionismo, que desde finales del siglo XIX pregonó por la construcción de un estado en la Palestina histórica, con los intereses de las potencias mundiales (primero Inglaterra y luego Estados Unidos) que incrustaron una cuña colonialista en Asia Occidental, para controlar los hidrocarburos de la región ‒indispensables para el funcionamiento del capitalismo‒ y enfrentar a los movimientos de liberación nacional que germinaron en el mundo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Israel, un proyecto colonial del occidente imperialista, para existir y expandirse requiere apropiarse de las tierras de los palestinos, a los que somete, expulsa, tortura y asesina en forma sistemática y sin pausa desde hace más de un siglo, incluso desde antes de la fundación oficial del Estado sionista.

Israel, un emblema del colonialismo occidental en una región donde la población árabe es abrumadoramente mayoritaria (en estos instantes unos 475 millones de habitantes), solo puede existir mediante el respaldo económico y militar de Occidente. Con esa financiación, y la impunidad que de allí se deriva, Israel industrializó el terrorismo de Estado y ha realizado pavorosos crímenes desde su mismo origen. Una doctrina racista y excluyente (el sionismo) sustenta el mito de la superioridad divina de Israel y genera limpieza étnica, genocidio, asesinatos a vasta escala, atentados terroristas, invasiones y bombardeo de países vecinos y/o cercanos. Su servicio secreto de “inteligencia genocida”, el Mosad, es un cuerpo de asesinos profesionales que actúa impunemente fuera de las fronteras de Israel y tiene carta franca para matar a los “enemigos” donde quiera que se encuentren. Asesina a dirigentes políticos, líderes religiosos, científicos, investigadores, artistas y pensadores que considera blancos legítimos y todo con el respaldo incondicional de Estados Unidos y la Unión Europea.

Esas tropelías criminales las lleva a cabo un enorme entramado militar, que hace de Israel un gigante artificial y deforme, con pies de barro. Su cabeza diminuta proclama el “derecho divino” a existir y a ocupar la “tierra santa”, formar el gran Israel y a matar a sangre y fuego según los textos sagrados. Su cuerpo abultado está formado por su escabroso poderío militar, posible por el patrocinio de Estados Unidos y la Unión Europea.

Según datos del Global Fire Power [GFP], Israel ocupa el puesto No. 18 por poderío militar entre 145 países del mundo estudiados, un lugar subestimado porque por su tamaño y población su desmesura militar es evidente. Posee una fuerza de sicarios del aire que manejan más de 600 aviones de combate y 160 helicópteros con los que bombardea cuando le viene en gana ‒es decir, todos los días‒ a los habitantes de Gaza, Líbano, Siria, Yemen o Irán. Sus tropas están formadas por 187.000 soldados permanentes, más de medio millón de reservistas y ocho mil paramilitares.

Su poder en tierra está constituido por 2200 tanques, 56.000 vehículos blindados de combate y 300 lanzacohetes. Pese a su pequeña costa, de 270 kilómetros, dispone de 67 buques de guerra y submarinos.  Para completar el panorama de muerte, Israel posee armas nucleares. Es un secreto a voces. Israel siempre se ha negado a que le realicen cualquier inspección nuclear, y nadie lo sanciona por ese hecho que parece normal a los ojos de la comunidad internacional de delincuentes que gobierna el mundo.

Este engendro del colonialismo tardío y del imperialismo, que expele muerte y sangre hasta por su último poro, sustenta su existencia en una ideología victimista, en donde se presenta como una eterna víctima que ha convertido al denominado Holocausto (un término hechizo para referirse al genocidio de los judíos en la II Guerra Mundial) en una justificación de todos sus crímenes. Dispone de poderosos lobbies (grupos de presión) en diversos lugares del mundo, siendo el más influyente el que opera en Estados Unidos, el cual ha logrado que la política exterior de la primera potencia mundial esté dictada en forma directa por los intereses genocidas del Estado de Israel, como se acaba de demostrarse con la “Guerra de los Doce Días”, en la que Irán sufrió el ataque aleve y cobarde del ente sionista, con la participación directa de los Estados Unidos.

Las acciones criminales de Israel se basan en un falaz derecho a la autodefensa, a los ataques preventivos para liquidar a sus potenciales o reales enemigos y a su sed expansionista para crear el Gran Israel siguiendo la senda bíblica. Ese pretendido derecho a existir, que reconocen como un mantra sagrado los más afamados pensadores europeos desde la creación de estado sionista, es una falacia, para sustentar un detestable régimen genocida y racista.

Si la humanidad quiere eliminar uno de los peligros más letales para su existencia es imperioso que Israel desaparezca de la faz de la tierra lo antes posible. Por si faltaran pruebas de ese peligro, hace pocos días en Israel se hablaba de usar armas nucleares si la guerra con Irán se iba perdiendo, lo que era inevitable si no hubiera intervenido Estados Unidos. Incluso, circuló la noticia (que está por confirmarse), que nos pone los pelos de punta, que Rusia derribó a tiempo un bombardero israelí que llevaba un arma atómica para ser lanzada sobre territorio persa.

En estas condiciones, Israel, un país gobernado por psicópatas y genocidas, no puede seguir existiendo porque cada minuto que perdure en la faz del planeta es un riesgo existencial para el resto del mundo. La consigna debe ser ¡NUNCA MÁS ISRAEL ni el SIONISMO GENOCIDA!, porque uno de nuestros dilemas existenciales es claro: o Israel o la Humanidad.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Un pueblo bajo las bombas y la globalización de la indiferencia


 Redes Cristianas

Fuente: Observatorio eclesial
El ataque a la iglesia de Gaza y la absurda escalada bélica
Gaza. Las imágenes de la explosión son elocuentes: un disparo de un tanque del ejército israelí ha alcanzado de lleno la iglesia de la Sagrada Familia, parroquia católica de Gaza. En ese recinto, dos iglesias y una escuela, viven refugiadas desde hace casi dos años quinientas personas, familias que han perdido su hogar.

Tres personas han perdido la vida. Otras diez han re-
sultado heridas. Una de ellas, Suhail, colabora con
L’Osservatore Romano con una pequeña columna: «Os
escribo desde Gaza».

La de hace unos días, el 8 de julio, se titulaba «El amor es más fuerte que la guerra» y concluía así: «Recemos para que no solo Gaza, sino todo el mundo pueda vivir algún día en paz, a través del perdón mutuo y la reconciliación.

Un día en el que no haya más guerras, porque el amor es más fuerte que la guerra».
Las autoridades israelíes se disculparon afirmando que
se trataba de un error, que Israel respeta los lugares de culto y que se llevará a cabo una investigación sobre el caso.

Son afirmaciones que ciertamente no pueden tranquili-
zar, no solo porque las desmienten las elocuentes imá-
genes de las mezquitas arrasadas y las iglesias ataca-
das —el ataque contra la iglesia ortodoxa de San Porfi-
rio costó la vida a decenas de personas —, sino tam-
bién porque desde hace año y medio se siguen espe-
rando los resultados de la investigación sobre el asesi-
nato de dos mujeres cristianas tiroteadas por un franco- tirador en la parroquia de Gaza.

A este respecto, son especialmente significativas las
palabras pronunciadas por el embajador israelí en Italia, Jonathan Peled, quien dijo: «No tenemos ninguna intención de poner en peligro las instituciones civiles. Pero los terroristas están en todas partes, incluso en edificios públicos como escuelas y, lamentablemente, lugares de culto».

Estas afirmaciones llaman la atención porque, en cierto modo, proporcionan el contexto de lo que se ha definido como un «error». Quinientas personas indefensas, muchas de las cuales se reúnen a diario para rezar el rosario, se han convertido, a su pesar, en un objetivo colateral porque, como dice el embajador Peled, «a veces estas son las consecuencias de la guerra».

Como bien saben los lectores y oyentes de los medios
de comunicación vaticanos, no hemos esperado a que
murieran cristianos para hablar de las matanzas diarias en Gaza, donde cada semana mueren decenas de niños, mujeres y hombres inocentes, víctimas colaterales de los ataques o de los golpes de quienes deberían garantizar la distribución segura de alimentos.

No nos ocupamos de las víctimas de Gaza ahora por-
que son cristianas o porque ha sido gravemente herido
Suhail, un joven colaborador de L’Osservatore Romano
que contaba cómo se vive la experiencia cristiana en el
drama de la guerra: todas las víctimas inocentes cla-
man venganza ante Dios, toda vida es sagrada y los
cristianos de la Franja, de todas las confesiones, com-
parten en todo el destino de su pueblo, el martirizado
pueblo palestino.

La masacre inhumana contra Israel perpetrada por los
terroristas de Hamás el 7 de octubre de 2023 fue con-
denada por la Santa Sede con palabras inequívocas,
pidiendo la liberación de todos los rehenes y recono-
ciendo el derecho de Israel a defenderse.
Pero esa masacre inhumana, que ha causado daños a
tantos civiles inocentes, no puede justificar sesenta mil muertos y ciudades arrasadas. No puede justificar el silencio y la inutilidad de tantos que fingen no ver.

Por eso nunca nos cansaremos de denunciar lo absur-
do de esta guerra, repitiendo las palabras que León XIV
dirigió a la Reunión de Obras de Ayuda a las Iglesias
Orientales, el pasado 26 de junio: «Todos nosotros, la
humanidad, estamos llamados a evaluar las causas de
estos conflictos, a verificar las verdaderas y tratar de
superarlas, y a rechazar las falsas, fruto de simulacio-
nes emocionales y retórica, desenmascarándolas con
decisión.

La gente no puede morir a causa de noticias falsas».
Estamos llamados a superar esa globalización de la in-
diferencia por etapas, que nos hace indignarnos con
razón por algunas víctimas y pasar por alto otras.
Estamos llamados a mirar con realismo la situación en
Oriente Medio y la absurda escalada bélica con la con-
tinua apertura de nuevos frentes, como si la supervi-
vencia de los líderes en el poder, tanto en las organiza-
ciones terroristas como en los Estados, dependiera de
la perpetuación infinita de las guerras en lugar de la
paz.

Es hora de que la comunidad internacional recupere por fin el valor de intervenir con todos los instrumentos que el derecho pone a su disposición: para silenciar las armas, poner fin a las matanzas y acabar con los juegos de poder cuyo precio lo pagan miles de víctimas inocentes.

(vaticannews

Estados Unidos avanza hacia la autocracia


 Redes Cristianas

Fuente: Observatorio eclesial
Legisladores demócratas que visitaron el campo de concentración para migrantes construido por el gobierno de Donald Trump en una zona aislada en los pantanos de los Everglades, en Florida, expresaron su
consternación por las condiciones inhumanas del recinto.

Tras la visita, la congresista Debbie Wasserman
Schultz denunció las condiciones realmente perturbado-
ras y viles y señaló que el sitio, un espectáculo en el
que abusan de seres humanos, debe ser cerrado de
inmediato. Por su parte, el representante Maxwell Ale-
jandro Frost informó que al menos uno de los reclusos
dijo ser ciudadano estadunidense.

Aunque algunos republicanos del grupo legislativo des-
cribieron el establecimiento como limpio y funcional, el
hecho es que está compuesto por jaulas para 32 per-
sonas infestadas de insectos.

Las descripciones obligan a recordar el infame campo
de concentración que George W. Bush mandó construir
en Guantánamo, en el ilegal enclave naval estaduni-
dense en territorio cubano, para recluir a miles de infor-
tunados a los que el gobierno estadunidense consideró
sospechosos de terrorismo, los secuestró en decenas
de países, los trasladó en vuelos secretos y los mantu-
vo presos por años sin juicio y sin informar de su para-
dero.

Esta exhibición de sadismo penitenciario, contrario a
cualquier noción de derechos humanos, viene a rema-
tar la secuencia de atropellos a las leyes estaduniden-
ses e internacionales que ha sido la persecución racista
y xenófoba contra trabajadores extranjeros –del que in-
cluso han sido víctimas personas naturalizadas– en te-
rritorio del país vecino, sin más fundamento que pare-
cer, a ojos de los agentes del Servicio de Inmigración y
Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), mi-
grantes indocumentados.

Pero la demolición de la legalidad emprendida por la
segunda presidencia de Trump no se limita a perseguir,
acosar y violentar a reales o supuestos extranjeros,
sino que se expresa también en una forma autocrática y
facciosa de ejercicio del poder.

Ejemplo de ello es el despido de funcionarios del De-
partamento de Justicia que participaron en la formula-
ción de imputaciones contra el magnate republicano por
la sustracción de documentos oficiales secretos –
muchos de los cuales fueron recuperados en un cateo
policial de su mansión de Mar-a-Lago– y por su intento
de alterar el resultado de las elecciones de 2020, en las
que fue vencido por el demócrata Joe Biden.

Los despidos abarcan prácticamente a todo el equipo
del ex fiscal especial Jack Smith, quien investigó a
Trump y presentó denuncias en contra de varios de sus
seguidores que participaron en el asalto al Capitolio el 6
de enero de 2021. Otro dato alarmante en este sentido
es el recurrente desacato de la Casa Blanca a senten-
cias judiciales.

Así pues, además de la hostilidad trumpiana contra el
mundo en general, expresada principalmente en las
amenazas de imponer aranceles como una forma de
chantaje y extorsión a gobiernos soberanos, y adicio-
nalmente a los estragos económicos que están cau-
sando esa estrategia de negociación y los recortes al
sector público, es ya inocultable la ofensiva contra la
institucionalidad y el marco legal y el avance hacia la
autocracia.

Cardenal Marx: «No se puede ser católico y odiar a otros, no se puede ser católico y dividir sociedades»

 Religión Digital


«¡Somos internacionales! Ese es el mensaje de la Iglesia católica en todo el mundo»
«En el centro de la fe cristiana no hay un vacío, no es una teoría, sino una fiesta, un encuentro, una comida común. Eso es el núcleo de nuestra fe. Todo lo demás viene después»
«Todos se encuentran en pie de igualdad, cantan juntos, se escuchan unos a otros y no hablan por encima de los demás» Ver noticia

Los niños de Gaza mueren antes de que llegue la comida mientras continúa la agresión de la ocupación


 kaosenlared

La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) dijo que los niños en la Franja de Gaza están muriendo de hambre debido a la grave escasez de alimentos y la desnutrición, advirtiendo que la Franja se enfrenta a un desastre humanitario sin precedentes debido a la continua agresión de la ocupación israelí durante casi 22 meses. Ver noticia

Obispos de África meridional apoyan la denuncia de genocidio en Gaza presentada por el Gobierno sudafricano

 


Religión Digital

«Nuestras oraciones y nuestra solidaridad deben ir acompañadas de hechos»
En una declaración tras el bombardeo del complejo de la Iglesia de la Sagrada Familia en Gaza, los obispos de Sudáfrica, Botsuana y Esuatini, recuerdan que la respuesta de Israel a la masacre perpetrada por Hamás el 7 de octubre de 2023 «es ahora ampliamente reconocida en todo el mundo como genocidio y limpieza étnica» Ver noticia

María Magdalena y Virginia Wolf, pioneras de la igualdad -- Juan José Tamayo, teólogo

 


El Blog de Juan José Tamayo

22 de julio, fiesta de María Magdalena
A mis maestras y amigas filósofas, teólogas, biblistas, coranólogas, historiadoras, periodistas, antropólogas, sociólogas, escritoras y artistas feministas, en sintonía
No he encontrado otra forma mejor de recordar a María Magdalena en su fiesta del 22 de julio que haciendo una reflexión sobre su figura bajo la inspiración del magnífico libro La resurrección de María Magdalena. Leyendas, Apócrifos y Testamento cristiano (EVD, Estella, 2008), de la teóloga y biblista Jane Schaberg (1938-2012), que vincula a María Magdalena con la escritora británica Virginia Woolf. Ver noticia

22-29/7/25. DE MAGDALENA A MARTA. ¿QUÉ HACER CON LA MUJER EN LA IGLESIA? NADA. DEJAR QUE SEA


col martell

 

No quiero revoluciones en plan de guerra, secesión, protesta. Quiero simplemente humanidad Y evangelio, desde Jesús a quien la iglesia recibe y sigue como anthropos (ser humano, no como aner, varón).

En el principio era la Palabra y la palabra se hizo Carne, varón y mujer. La mujer en la iglesia es Palabra, igual que el varón. Lo demás sobra, es invento de ciertos clérigos no evangelio. 

JESÚS NO DIJO NADA ESPECIAL PARA MUJERES. Su EVANGELIO ES IGUAL PARA TODOS 

Jesús hace camino con varones y mujeres, separándo­se así de los rabinos de Israel que solamente acogían a varones. Conforme a los rabinos, las mujeres eran incapaces de entender la Ley y de explicarla. Este dato es perfecta­mente comprensible en una sociedad patriarcalista donde sólo los varones se encontraban socialmente "liberados" para el "ocio" de la ley, para el estudio de las Santas Escrituras.

Pues bien, Jesús no ha querido instaurar un movimiento de letrados, expertos en la ciencia sagrada. Busca el mundo nuevo del hombre (ser humano) liberado para el reino. Para eso son igualmente varones y mujeres. Ambos aparecen como iguales ante el don de Dios y de su gracia. Por eso las mujeres pueden seguirle y le siguen como miembros de derecho pleno dentro de su grupo.

Jesús no ha fundado una escuela de expertos varones que se aíslan para el cultivo de la ley; él ha enseñado en una universidad abierta, en la escuela superior donde varones y mujeres, niños y mayores, pueden escucharle, entenderle y seguirle.

En aquella sociedad patriarcalista (en sentido familiar, so­cial y religioso) Jesús condena ante todo el pecado propio de los varones. A la luz del evangelio es claro que son ante todo los varones patriarcalistas quienes rechazan más a Dios al oponerse al "derecho y gracia" de los pobres. En este sentido más profundo, podemos afirmar que Jesús ha venido a destruir las obras del varón (no las de la mujer, como dirá más tarde una tradición partidista que encontramos en los gnósticos).

Prácticamente son siempre las obras del varón patriarcalista (orgulloso, dominador, macho) las que impiden la llegada del reino. Pero, al lado de esos varones opresores hay otros que se encuentran oprimidos; también a ellos ofrece Jesucristo el reino.

Jesús parece haber situado en un mismo plano de opresión y debilidad de varones y mujeres, al vincular en su gesto de perdón a publicanos y prostitutas (cf Mt 21,31). Unos y otros parecían obligados a vender su cuerpo (mujeres) o su honestidad económica (varones) al servicio de una sociedad machista que les oprime y utiliza para despreciarles después. Los dos grupos se encuentran vinculados ante Jesús por una misma situación de pecado social; los dos están unidos en un mismo camino de gracia, abierto al Dios que les perdona y les acoge a los hombres. 

Jesús no es un reformador social que acepta en parte lo que existe para cambiarlo después o mejorarlo un poco Los reformadores pactan siempre porque quieren partir de algo "bueno" (fuerte) que ya existe; por eso acaban siendo detallistas, legalistas, distinguiendo lo que se debe aceptar y lo que debe rechazarse.

Jesús, en cambio, actúa como profeta escatológico: no se ha puesto a reformar el mundo para mejorarlo; no se ocupa de cambiar detalles; anuncia algo más hondo, más definitivo, el fin del mundo viejo. Esto nos sitúa en el centro del evangelio. Para decirlo en terminología de Mc 2,18-22:

Jesús no viene a remendar con paño nuevo el viejo manto israelita; por eso no le vale el odre viejo de la ley para poner allí su vino nuevo. Como enviado escatológico de Dios anuncia el fin del mundo viejo, of

Jesús es creativo. No se reduce a llamar bienaventuradas a las mujeres (como dice a los pobres); ni afirma que ellas son primeras en el reino (como hace con os niños) etc. Jesús realiza con ellas algo mucho más importante: las acepta y acoge allí donde se encuentran y, uniéndolas a todos los varones oprimidos o necesitados, las sitúa en camino de reino.

Esta es precisamente su creación, la verdad y fuerza de su reino. No enfrenta a las mujeres contra los varones: no las envilece ni enaltece en forma falsa. Las acoge como son y las respeta (las valora) en su misma condición de personas que se encuentran abiertas hacia el reino.

Jesús no ha venido como reformador legalista, sino que ha ofrecido los principios de una transformación fundamental en la que vienen a quedar ya transcendidos los principios de la antigua sociedad patriarcal. De esa forma ha roto toda forma de dominio del varón sobre la mujer, iniciando un camino de reino donde cada uno (varón o mujer) vale por su misma libertad personal y sólo en liber­tad puede vincularse verdaderamente con el otro. 

Significativamente, al llegar a este nivel, descubrimos que no existe ya desigualdad entre varones y mujeres. Unos y otras valen como personas: en su propia autonomía creadora. Sólo libremente, de manera personal, pueden vincularse unos a los otros, sea en amor de matrimonio, sea en actitud de celibato. En esta perspectiva ha de entenderse toda la moral de Jesús en el sermón de la montaña: su visión del ser humano como ser que vive en ámbito de gracia. Pienso que a veces, al buscar y precisar como con lupa los detalles del "sermón antropológico" del Cristo, se ha olvidado algo que es obvio y evidente:

Dentro del Sermón de la Montaña o de los textos con él emparen­tados, Jesús no ha distinguido las funciones de varones y mujeres. Este no es un dato accidental, detalle del que luego pueda prescindirse.

Los textos morales de aquel tiempo (de judíos, estoicos, incluso las tablas de deberes domésticos de la iglesia postpaulina: Col 3,18-4,1: Ef 5,22-6,9; 1 Ped 3,1-7 etc.), están llenas de mandatos propios de varones y mandatos de mujeres. De esa forma ofrecen tablas de preceptos familiares donde todo está reglamentado para el varón y la mujer (especialmente para la mujer) 

Es sorprendente y luminoso, es evangélico y creador el hecho de que Jesús ignore (o no postule) tales distinciones A juicio de Jesús no existe una segunda moral especificamente de mujeres, propia y exclusiva para ellas sino que hay una misma para todos, varones y mujeres. En otras palabras, dentro del Evangelio resulta impensable, carece de sentido un texto tan fundamental como el orden tercero de la Mishna (Nashim) que trata básicamente de las mujeres

La exigencia moral del sermón de la montaña no es un apéndice accidental o tardío que se deba añadir a una vida eclesial ya formada donde se hallan prefijados los deberes de varones y mujeres. Con su llamada creadora de reino (de gratuidad, perdón, renuncia a la violencia, vida compartida...), Jesús está ofreciendo las bases de la nueva humanidad; está suscitando aquello que pudiéramos llamar la nueva creación, donde no existen ya varones y mujeres como distin­tos ante Dios sino personas abiertas para el reino[4].

Para nosotros, los cristianos, las funciones del varón y la mujer, en cuanto seres personales, han de entenderse y formularse preci­samente a partir del sermón de la montaña. Pues bien, en este plano, conforme al evangelio no se puede hablar de ninguna distinción entre el varón y la mujer. Ambos son iguales desde el reino y para el reino. Todo intento de crear dos moralidades o de justificar la superioridad del varón, reservando para él funciones personales, cristianas, especiales cuyo acceso está vedado a las mujeres me parece contrario al evangelio

APLICACIÓN PARA LOS MINISTERIOS

1. En principio está el “sacerdocio común”,la certeza de que todos los cristianos pueden y deben compartir la vida de Jesús, en apertura a Dios y comunión de vida, siendo así sacerdotes (sacerdocio común de los fieles). En ese sentido, el sacerdocio se identifica con la misma existencia cristiana, interpretada como don de Dios, en agradecimiento, en amor ofrecido a los demás. Éste es el sacerdocio común, que el mensaje y la vida de Jesús ofrece a todos los que quieran escucharle. Por eso, en la Iglesia, en principio, no hay lugar para consagrados especiales, ni sedes santas, ni santos lugares o personas, ropas, canciones o colores ofrecidos a Dios por ser distintos. Ser cristiano en radicalidad, eso es ser sacerdote. Ese mismo sacerdocio vivido es la santidad cristiana. Sólo en un segundo momento, desde ese sacerdocio común, se puede y debe hablar de ministerios especiales, al servicio de la misión y comunión cristiana.

2. La tradición posterior ha sacralizado un tipo de clero jerárquico masculino, de manera que sólo puede haber eucaristía con un ministro “ordenado” de un modo jerárquico. Esta sacralización ha “invertido” la experiencia de Jesús y de la Iglesia primitiva, que empezaba por las comunidades, que nombraban a sus propios ministros. Pues bien, pienso que ha llegado el momento de invertir esa inversión, de manera que el conjunto de la iglesia (no sólo la jerarquía) recupere su libertad creadora, su sacerdocio de base. Siempre que un grupo de cristianos se reúna, de buena fe, en nombre de Jesús, escuche su palabra e invoque su memoria en el pan y vino compartido, podemos y debemos afirmar que existe eucaristía, aunque actualmente no será oficial, si no está presente un obispo o presbítero, en nombre de la Iglesia jerárquica. Pero es verdadera eucaristía, siempre que se mantenga el recuerdo de Jesús y su palabra, en comunión concreta, en torno al pan de la vida, porque lo primero en la iglesia es ese sacerdocio de base.

3. Conocer la historia, para cambiar la situación actual. No defiendo el angelismo, ni la improvisación autoritaria (que cada uno viva y haga como quiera, llamándose cristiano), pero tampoco la imposición unitaria de una jerarquía o la nivelación y sometimiento de los fieles, ni la pura anarquía. Al principio no había jerarquía superior, sino comunidades diferentes, que cultivaban desde su variedad un recuerdo común de Jesús y una experiencia convergente de plenitud escatológica. Las iglesias no se unieron como imperio (Roma), ni como pueblo separado, con su ley nacional (judaísmo posterior), sino como red de comunidades que se saben vinculadas por un mismo Jesús. Así nació la Gran iglesia, a partir del 'nuevo pacto' mesiánico (eucarístico) a modo de comunión de comunidades.

4. Principio apostólico. La Iglesia es apostólica, está fundada en la fe y misión de aquellos a quienes Jesús ha llamado y enviado, en el transcurso de su vida y tras su muerte, por experiencia pascual, no sólo los Doce, sino otras mujeres y parientes de Jesús (cf. Hech 1, 13-14) o los testigos a que alude Pablo en 1Cor 15, 3-9 (Pedro, los Doce, apóstoles, Santiago, muchedumbre de hermanos...). Los cristianos posteriores somos herederos de aquellos primeros creyentes y enviados, que aceptaron el testimonio de Jesús, tanto en Galilea (profetas itinerantes) como en Jerusalén. No podemos ni queremos crear una iglesia nueva, pues la iglesia está fundada en ellos para siempre: su fe sigue siendo digna de fe para nosotros, sobre su base seguimos construyendo. Por eso somos iglesia apostólica.

5. Varones y mujeres. Ciertamente, como signo de los viejos patriarcas (=generadores) de Israel, los Doce han sido varones y así representan la nueva federación mesiánica de tribus de Israel. Pero no son significativos como patriarcas, sino como creyentes y mensajeros de Jesús, de tal forma que su misión pueden realizarla por igual varones y mujeres. . Además ese modelo de los Doce ha fracasado y todas las funciones ministeriales han sido asumidas igualmente por varones y mujeres, como suponía Pablo. Sólo después (por lo menos desde Pastorales) la iglesia se haya vuelto patriarcal, ese cambio responde al contexto social, no al evangelio: en perspectiva de evangelio, la reducción del ministerio cristiano a los varones carece de sentido. 

6. Ser coherentes. En perspectiva de evangelio sólo existe una respuesta: ser coherentes y claros, desde la raíz del Cristo, viviendo con libertad creadora y gozo intenso, sin resolver los temas por imposición de arriba ni de abajo, sino por diálogo entre todos, de forma que no haya arriba ni abajo. Posiblemente es conveniente (inevitable) que la gran institución clerical se derrumbe, pero no para alzar otra semejante (que todo cambie, para que todo siga igual, como suele decirse), sino para descubrir y expresar la novedad mesiánica. Para que el reino llegue tiene que caer un tipo de ministerio actual, no por afán destructor, sino por amor de Dios y entrega a los pobres (Mc 11, 12-26 par).

7. Partir de lo que existe. Algunos sienten prisa: les gustaría que llegaran nuevos romanos imperiales (como el 70 EC) para destruir la sacralidad externa de la iglesia actual. Otros sostienen que es tiempo apocalíptico: acaba la iglesia, termina el cristianismo, pero acaba también la vida sobre el mundo. En contra de eso, pienso que las cosas tienen un sentido positivo, que es bueno lo que tenemos y que así debemos apoyarnos en ello, pues mucho de ello es bueno: fruto de un largo proceso de fe y sufrimiento, camino esperanzadamente abierto. Lo que a veces parece simple iglesia en ruinas (visión de Francisco de Asís) contiene elementos que deben aprovecharse y restaurarse, según el ejemplo de aquel que no quiso quebrar la caña cascada, ni apagar la mecha humeante (cf. Mt 12, 20). Aquí debe aplicarse la paciencia histórica, hecha de ternura ante lo que parecen ruinas.

8. Fin de una Curia Vaticana clerical y de varones Desde hace siglos se viene hablando de una reforma "in capite et in membris" (de Roma y del conjunto de la cristiandad). En contra de lo que podía pasar en otro tiempo, sentimos una gran ternura por Roma (su historia y arte), pero pensamos que las funciones centralizadoras y burocráticas de su Curia Vaticano resultan no sólo innecesarias sino contraproducentes. El ministro del evangelio es, por definición, un hombre o mujer que llega de modo directo a los excluidos de todo tipo, y crea comunión directa entre los fieles. Eso es difícil en la actual Curia Vaticana, donde parece que la documentación y burocracia, en línea de sistema, se sitúan por encima de la libertad y comunión personal del evangelio.

9. A favor de Pedro (=Papa) El obispo de Roma en cuanto tal no es necesario, pues no lo hubo hasta entrado el II dC (aquella iglesia estaba dirigida por presbíteros), pero de hecho ha realizado una función de pacto y unidad, sintiéndose vinculado a Pedro (y Pablo), cuya memoria y confesión mantiene Roma. La mejor aportación de la iglesia de Roma es que empiece siendo hermana entre las otras, dejando que esas otras exploren y busquen su camino, en clave de evangelio. Se abre así un modelo distinto de unidad en comunión, que no sea un simple retorno a la historia más antigua (con sus reuniones, sínodos, concilios y encuentros comunes), ni tampoco una continuidad de lo que ahora existe (dirección unificada de la administración de las iglesias), sino experiencia de comunión dialogal entre iglesias hermanas y autónomas, dentro de un mundo unificado en clave de diálogo y comunión de todos.

10. Creatividad comunitaria. Ciertamente, la iglesia es lugar donde nacemos a la fe y aprendemos a vivir; pero sobre todo es casa donde compartimos el pan y dialogamos, como hermanos-hermanas y madres (cf. Mc 3, 31-25), en madurez humana y búsqueda comunitaria. Este ha sido y será un camino difícil. Ciertamente, ella ha dejado resquicios de autonomía creadora, que han explorado genialmente los grandes místicos como Juan de la Cruz, que muchas veces han debido exilarse interiormente para expresar sus experiencias; pero en general ella es una institución obsesionada por la seguridad y control de sus fieles. La Iglesia actual una institución venerable, que acoge a muchos pobres y ofrece espacio de amor para millones de personas, pero tiene miedo de la creatividad comunitaria y del diálogo leal entre los fieles. Por eso debemos cambiarla, por amor al evangelio. No se trata de dejar a los creyentes solos, cada uno ante su Biblia, como han hecho algunos grupos protestantes, sino de potenciar comunidades, capaces de explorar y tantear, de crear y ofrecer caminos de evangelio (en libertad y comunión), en este tiempo nuevo en que la mayoría parecemos cansados.

11. Hogar contemplativo. Queremos que la contemplación sea un aspecto central de la vida cristiana, de manera que haya lugares y momentos donde creyentes puedan reunirse para compartir la experiencia de fe, en silencio o cantando, de un modo temporal o para siempre, ofreciendo al conjunto de la iglesia el testimonio de la experiencia fundante de Cristo. El futuro debe ser un tiempo de amor contemplativo, si no quieren que el sistema le destruya. Pues bien, le contemplación cristiana ha de encarnarse y ofrecer su testimonio en los lugares donde el ser humano está más estropeado, es decir entre los excluidos del sistema, en gesto de plena gratuidad

12. Libertad creadora: ¡viene el reino! Parece que muchos han dejado de creer. Unos suponen que el ciclo cristiano termina: esto se acaba, resistimos un tiempo, mantenemos algunas estructuras, luego Dios dirá; somos los últimos de una larga historia, de mil años de tradición cristiana occidental. Otros tienen miedo y defienden el sistema: se creen llamados a mantener el orden y guardas las estructuras, en plano de dogma y disciplina, como si Cristo les necesitara para mantener la iglesia; normalmente se fijan en cosas secundarias (hábitos y rezos exteriores, estructuras caducas). Pues bien, en contra de unos y otros, pienso que este es un tiempo bellísimo para sembrar evangelio. Esto es lo que importa: no tener miedo y explorar formas de vida cristiana, desde el evangelio, en comunión cordial con el conjunto de la iglesia, pero sin estar esperando las directrices directas de una jerarquía. Se trata de ser iglesia, de acoger la voz del evangelio y de crear vida cristiana, con autonomía, en la línea de todo lo que he venido diciendo en este libro.

13. La importancia de los ministerios En este fondo destaca nuevamente la importancia de los ministerios, que no tienen carácter sacerdotal (en el sentido clásico del término: no ofrecen víctimas, ni aplacan a Dios con sacrificios), pero son fundamentales, como mediadores de Palabra y Amor comunitario. No hay iglesia visible sin ellos, ni fraternidad sin institución, que organiza el amor desde el evangelio. Como Cristo fue ministro (servidor) del Reino de Dios (de los humanos), así sus seguidores: todos son ministros de la Humanidad reconciliada, de maneras diferentes, dentro de una iglesia que se encuentra llena de tensiones, en momento de crisis. En este contexto queremos evocar el tema de la re-forma de los ministerios, conforme a dos caminos que deben acercarse (completarse), para bien de la Iglesia: 

14. Camino oficial. El Vaticano mantiene una actitud tradicional: insiste en el sistema y actúa como "estado religioso unificado", con nuncios ante las naciones, nombramiento directo de obispos, formación presbiteral en seminarios, celibato, exclusión de mujeres etc. Mirado de un modo exclusivista, este modelo se encuentra a mi entender bastante seco. Está acabado (al menos en occidente), por la escasez vocacional y, sobre todo, por el tipo de vocaciones que prepara, desligadas de sus comunidades, separadas de la vida y crecimiento real de los cristianos. Es muy buena la mediación de caridad de la Iglesia de Roma (así decía Ignacio de Antioquía), pero no para imponer sino para animar…Esta animación de la Iglesia de Roma con su obispo es muy importante, pero no puede imponerse sobre el conjunto de las iglesias. Por eso, las reformas que proponga el Papa Francisco o sus sucesores son (serán) muy importantes, pero ellas no pueden definir el futuro de la Iglesia. La función de Pedro según Mt 16, 17-19 tiene un sentido diferente.

15. Camino extra-oficial. Hay comunidades que empiezan a reunirse por sí mismas, sin un presbítero oficial, suscitando desde abajo sus propios ministerios de celebración y plegaria, servicio social y amor mutuo etc., como al principio de la iglesia. Son comunidades que han comenzado a compartir la Palabra y celebrar el Perdón y la Cena de Señor sin contar con un ministro ordenado al estilo tradicional, pero sin haber roto por ello con la iglesia católica, sino todo lo contrario, sabiéndose iglesia. Estos "ministros" pueden recibir nombres distintos: a veces se les llaman colaboradores, otra son auxiliares o párrocos seglares, otras asistentes pastorales... Lo del nombre es lo de menos. Más importante es el hecho de que algunos están reconocidos y realizan funciones oficiales. En otros casos, tanto las comunidades como sus "ministros" actúan sin respaldo oficial. En caso de conflicto con la jerarquía pueden afirmar que actúan de un modo "privado": lo que presiden no es Eucaristía o Penitencia sacramental, sino celebración piadosa (no oficial) de la Cena y Perdón de Jesús. Pero esta parece una disputa de palabras. Las comunidades que actúan de esta forma carecen de visibilidad oficial (no tienen comunión ministerial externa), pero pueden estar en Comunión real con el conjunto de la iglesia. Ellas son, por ahora, pequeñas y frágiles, pero estoy convencido de que van a multiplicarse, eligiendo sus ministros (varones o mujeres), para un tiempo o para siempre, conforme a la palabra de Mc 9, 39 no se lo impidáis.

16. Comunidades no integradas, comunidades integradoras. Teológicamente hablando, estas comunidades no integradas (por ahora) en el orden oficial de la Gran Iglesia (de ahora) no plantean dificultades. Así nacieron al principio las iglesias, así eligieron sus ministros, así se federaron formando unidades mayores. Por ahora, la Gran Iglesia no admite ese modelo, pero lo hará pronto, no sólo por la fuerza de los hechos sino, por la misma evolución de sus ministerios oficiales, que irán perdiendo sacralidad sacerdotal (carácter jerárquico) para convertirse en servicios comunitarios de carácter flexible, desde el interior de las mismas comunidades. El organigrama jerárquico de la iglesia actúa es más propio de un sistema burocrático sacral y estamental que de una comunión de seguidores de Jesús. Sólo así se entiende el hecho de que esta Iglesia ordene ministros en sí (presbíteros sin comunidad, obispos sin iglesia), como expresión de honor y cambio de estado (elevación estamental). Muchos de esos ministros absolutos (sin comunidad o iglesia), mantienen un carácter difícil de precisar, de manera que parece preciso que volvamos a los primeros tiempos de la iglesia, que en el siglo V (Concilio de Calcedonia, año 451) prohibía la ordenación en sí, sin referencia a una iglesia.

 

Xabier Pikaza

Religión digital

ORACIÓN DE LOS FIELES


col martell

 

La iglesia está llena de gente que pide a Dios que haga lo que ellos tienen que hacer.

Me quedo muy impresionado por las peticiones que se hacen a Dios en la Eucaristía. Muchas veces se le piden cosas muy abstractas: la paz, por el clero, por los políticos, que llegue la evangelización a ciertos países. Otras veces, problemas que nosotros tenemos y nos toca solucionar: un aprobado, una curación, un resultado eficaz.

Hasta le pedimos que nos toque la lotería, que ganemos en el partido…

El dicho: “Señor, échame una mano para resolver este problema”. Y la contestación de Dios: “te he dado dos manos”.

Me choca en principio porque el ritual de la eucaristia dice “Oración de los fieles”. Y el cura recita él todas las peticiones, normalmente siguiendo un libro. El caso es que todos respondemos: “te rogamos, óyenos”.

Pienso que:

1.- Han de ser los fieles, los que tras las lecturas y viendo la realidad de la comunidad y del mundo, dialoguemos con Dios y tratemos en amor sobre esa realidad.

2.- Que cada uno de nosotros nos impliquemos en resolver con Dios esos problemas y realidades.

3.- La petición no necesita ofrecer velas, con dinero a cambio. Lo que sí deberíamos conseguir es ver y descubrir las actitudes que hemos de tomar ante aquella realidad: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

4.- No se trata de convencer a Dios para que nos dé lo que le pedimos, sino simplemente escuchar a ver qué nos dice ante ese planteamiento.

Ante toda necesidad, podemos primero ver cómo podemos nosotros resolverla y escuchar lo que Dios nos dice. Somos una comunidad que, en contacto con Dios, tratamos de resolver nuestros problemas.

 

MUY CATÓLICOS, PERO… Hechos


col koldo

 


En días pasados, celebré la Primera Comunión de varios niños y niñas. Antes de la Misa, el párroco me dijo que, entre ellos, estaba la hija del líder local del grupo armado dedicado a la extorsión, quien ya no vive en la comunidad, pero su hija participó en la catequesis parroquial. El papá no estuvo en la celebración. Hasta allí, nada preocupante. En la homilía y en la oración de los fieles, hice alguna breve alusión a que Dios no está de acuerdo con el abuso de las armas. Al término de la celebración, el párroco se dio cuenta de que el padrino de la niña era el líder municipal de dicho grupo armado, y lo más grave, que estuvo en la Misa con su arma corta al cinto. No sabemos si antes se confesó en otra parte y si recibió la Comunión. Además, después de la Misa me platicaron que, durante la celebración, estuvieron en las puertas del atrio parroquial dos camionetas con jóvenes con armas largas, quizá para proteger a su líder…

Algo semejante pasa en algunas celebraciones religiosas. Esos criminales participan en ellas, pero siguen extorsionando a todo mundo, incluso asesinan y levantan a quien no se somete a sus órdenes. Son la nueva autoridad en nuestros territorios. Hay diócesis donde levantan a un sacerdote y lo obligan a que vaya a algún lugar de la montaña a celebrar un bautismo, unos quince años o una boda, sin seguir todos los procedimientos normales para estos casos.

Algunos obispos han dicho a los sacerdotes que no se pueden resistir violentamente y que vayan y celebren lo que se les pide, pero que hagan muy larga la celebración, supliendo de esa manera las catequesis presacramentales que no han recibido. Hay ocasiones en que los sacerdotes piden a los que llevan armas que las dejen en la sacristía o en otro lugar de la parroquia, mientras es la celebración; después, las vuelven a llevar, como acostumbran. La mayoría de estos grupos son católicos y llevan algún escapulario u otra imagen religiosa, pero no viven conforme a nuestra fe. Muy católicos, pero a su manera. ¡Eso no es verdadero catolicismo!

Algunas instituciones de nuestro episcopado, con ayuda de la Universidad Pontificia de México, han impartido unas charlas a sacerdotes para que sepan cómo dialogar, no negociar, con esos grupos criminales. Yo he hablado con dos líderes de mi región, e intento hacerlo con otro, no para negociar intereses personales, sino para invitarles a cambiar de vida y para que respeten a las personas y a nuestros pueblos. No podemos quedarnos sólo en lamentos y en críticas a las autoridades que no hacen lo suficiente para detener el crimen de la extorsión.

Esto no pasa sólo con grupos armados. En cualquier celebración, por ejemplo del Bautismo o de la Confirmación, en que papás y padrinos se comprometen a renunciar a las obras del demonio y mantenerse firmes en la fe católica, al terminar el rito hacen grandes fiestas con borracheras que la costumbre considera como normales, siendo que son contrarias a la fe. O siguen viviendo en su vida ordinaria como si no fueran creyentes.

Iluminación

El Papa León XIV, en diversos momentos, nos ha dicho: “La Iglesia y el mundo no necesitan personas que cumplen con sus deberes religiosos mostrando su fe como una etiqueta exterior; necesitan, en cambio, obreros deseosos de trabajar en el campo de la misión, discípulos enamorados que den testimonio del Reino de Dios dondequiera que se encuentren. Quizás no falten los ‘cristianos de ocasión’, que de vez en cuando dan cabida a algún buen sentimiento religioso o participan en algún evento; pero son pocos los que están dispuestos a trabajar cada día en el campo de Dios, cultivando en su corazón la semilla del Evangelio para luego llevarla a la vida cotidiana, a la familia, a los lugares de trabajo y de estudio, a los diversos entornos sociales y a quienes se encuentran en necesidad. Para hacer esto no se necesitan demasiadas ideas teóricas sobre conceptos pastorales; se necesita, sobre todo, rezar al dueño de la mies. En primer lugar, pues, está la relación con el Señor, cultivar el diálogo con Él. Entonces Él nos convertirá en sus obreros y nos enviará al campo del mundo como testigos de su Reino” (6-VII-2025).

La parábola del buen samaritano “sigue desafiándonos también hoy, interpela nuestra vida, sacude la tranquilidad de nuestras conciencias adormecidas o distraídas y nos provoca contra el riesgo de una fe acomodada, ordenada en la observancia exterior de la ley, pero incapaz de sentir y actuar con las mismas entrañas compasivas de Dios. La compasión, en efecto, está en el centro de la parábola.

La parábola nos desafía también a cada uno de nosotros, por el hecho de que Cristo es manifestación de un Dios compasivo. Creer en Él y seguirlo como sus discípulos significa dejarse transformar para que también nosotros podamos tener sus mismos sentimientos; un corazón que se conmueve, una mirada que ve y no pasa de largo, dos manos que socorren y alivian las heridas, los hombros fuertes que se hacen cargo de quien tiene necesidad. 

Obedecer a los mandamientos del Señor y convertirse a Él no significa multiplicar actos exteriores, sino, al contrario, se trata de volver al propio corazón para descubrir que precisamente allí Dios ha escrito su ley del amor. Si en lo íntimo de nuestra vida descubrimos que Cristo, como buen samaritano, nos ama y se hace cargo de nosotros, también nosotros somos impulsados a amar del mismo modo y seremos compasivos como Él. Sanados y amados por Cristo, nos convertimos también nosotros en signos de su amor y de su compasión en el mundo. Esto nos hace prójimos los unos de los otros, genera una auténtica fraternidad, derriba muros y vallas. Y finalmente el amor se abre camino, volviéndose más fuerte que el mal y que la muerte” (13-VII-2025).

Acciones

Tratemos de ser coherentes con nuestra fe católica. Si decimos creer en Dios y estar dispuestos a vivir conforme a sus mandamientos, amémoslo a El con todo el corazón y amémonos unos a otros, procurando siempre el bien de los demás, sin hacerles daño.

 

Felipe Arizmendi

Religión Digital

PADRE NUESTRO


col kowalski

 

Así comienza la oración que Jesús enseñó a los apóstoles (Lc 11:1-4), cuando éstos le pidieron que les enseñara a rezar, como el Bautista lo hizo con sus discípulos. 

Jesús comienza su oración llamando a Dios: Padre nuestro. No, Padre mío. Y es que el Padrenuestro es esencialmente una oración comunitaria, nunca una oración individual. Por eso decimos Padre nuestro. De aquí que de la paternidad de Dios, nace, necesariamente, la fraternidad de los unos con los otros. Porque no es posible rezar a un mismo Padre, sin que nos reconozcamos hermanos todos los que nos dirigimos al mismo Dios. 

¿Cómo rezará el Padrenuestro el presidente Putin, cuando en Ucrania está masacrando a sus hermanos, hijos de un mismo Padre? Cuando está asesinando a los hijos del Padre, al cual él reza. 

¿Cómo rezará el Padrenuestro (porque seguro que lo reza), el presidente Trump, cuando, por una parte juró su cargo sobre la Biblia y por la otra, está criminalizando y persiguiendo a los inmigrantes, intentado hacer deportaciones masivas de las personas que llama “ilegales” y que son hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los que, a través de las redes sociales, incitan a la violencia contra los inmigrantes, hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los dirigentes de la derecha española, que desprecian y señalan a los inmigrantes “irregulares” y de una manera especial a los menores no acompañados?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los grupos violentos que agreden a sus hermanos en Torre Pacheco, haciendo daño a los hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los que han incendiado mezquitas (como la de Piera) o lugares de culto de los musulmanes, haciéndolo, seguramente, invocando el nombre de Dios y la “defensa” de España?

¿Cómo rezará el Padrenuestro el presidente del País Valenciano y sus consellers, que con su acción negligente durante la Dana del pasado 29 de octubre, no evitaron la muerte de 228 hermanos suyos, valencianos también, ahogados por la desidia y la parálisis de un gobierno que, de haber avisado a tiempo, habría evitado la  muerte 228 personas, hijas de un mismo Padre?

¿Cómo rezará el Padrenuestro el concejal del PP de mi pueblo, que escribió en las redes sociales: “Cada día entran ilegalmente a nuestro país personas que no vienen a sumar, vienen a hacer daño”? (Levante, 1 de julio de 2025).

Cuando rezamos el Padrenuestro estamos invocando a un mismo Padre y por eso mismo, estamos reconociendo a los demás, como a hermanos. De aquí que el Padrenuestro nos urge a la fraternidad, a descubrir en los demás a unos hermanos. No a unos enemigos, ni a unos que vienen a “hacer daño”, como dicen de sus hermanos inmigrantes, los que después “devotamente”, e hipócritamente rezan el Padrenuestro. 

Decía Plauto (254-184 aC), que “el hombre es un lobo para el hombre”. Y los filósofos de la sospecha decían: “El otro es el infierno”. Los cristianos Putin, Trump, los políticos que criminalizan a los que llaman “inmigrantes irregulares”, los salvajes que incendian mezquitas o agreden a las personas “sin papeles que vienen de otros países, ¿ven a estas personas como enemigas? ¿Cómo pueden rezar el Padrenuestro, con sinceridad, despreciando y criminalizando a sus propios hermanos?

En su competición con VOX, para ver quién es más racista, el señor Feijóo ha pedido la deportación “inmediata” de cualquier inmigrante irregular que delinca. “Debemos ser contundentes”, ha expresado el señor Feijóo. (El Mundo, 16 de julio de 2025). El presidente del PP habría de empezar a ser contundente con los políticos de su partido condenados recientemente por la Audiencia de València, por fraude, prevaricación y malversación, como lo han sido dos exalcaldes del PP, uno de Enguera y otro de Requena (La Veu del País Valencià, 16 de julio de 2025). Pero claro, estos exalcaldes no eran inmigrantes y por eso el señor Feijóo no será contundente con ellos.  

San Juan, en su primera carta, nos dice: “El que dice que está en la luz y odia a su hermano, todavía está en la tiniebla” (1Jn 2:9). Y también: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos” ya que “todo aquel que odia a su hermano, es un homicida” (1Jn 3:14-15).

El Padrenuestro nos evita que caigamos en la aporofobia, que como la definió la profesora Adela Cortina, es “el rechazo, la aversión, el miedo y el desprecio hacia el pobre”. Simplemente por el hecho de ser pobre, ya que el racismo (normalmente), no se manifiesta en los futbolistas que llegan de Latinoamérica o de África, que no solamente no sufren ningún rechazo, sino que son aplaudidos y admirados. Tampoco hay ningún problema con el color de la piel, con los turistas que llegan con las carteras llenas de dinero. El único problema que encuentran los racistas es con los inmigrantes pobres.  

Aquellos que, llenos de odio, quieren expulsar a los inmigrantes “ilegales”, criminalizándolos, los que incendian mezquitas o los que incitan al odio y agreden a los extranjeros, demuestran su hipocresía cuando rezan el Padrenuestro, porque rezan esta oración sin reconocer como hermanos a todos los hijos de Dios. A todos éstos, más les valdría no rezar el Padrenuestro, porque odiando a sus hermanos inmigrantes, rezan hipócritamente la oración del Señor, ya que no reconocen como a hermanos a los inmigrantes que vienen a nuestro país, no a hacer daño (como dicen algunos), sino a buscar una vida más digna.

 

Josep Miquel Bausset

Religión Digital