FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

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ESTE BLOG TE INVITA A LEER TEMAS DE ACTUALIDAD Y DE DIFERENTES PUNTOS DE VISTA Y OPINIONES.




viernes, 23 de octubre de 2026

Una lectura filosófica de las elecciones y de la crisis actual -- Leonardo Boff

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Fuente: Observatorio eclesial
Se están realizando los más variados análisis de la selecciones brasileñas, con el sorprendente ascenso dela extrema derecha, generalmente utilizando categorías propias de una sociología integral. Estos análisis son necesarios.Sin embargo, la gravedad de la crisis brasileña, que es también planetaria, es de tal magnitud que nos faltan categorías adecuadas para comprenderla.

Consideroque necesitamos una mirada filosófica, pues se trata de ir a las raíces para encontrar alguna luz esperanzadora.Parto de la percepción generalizada de que el mundo,tal como está, no puede continuar. Existen demasiadas y graves amenazas al futuro de la vida. De continuar así, advertía Zygmunt Bauman, ?engrosaremos el corte-jo de quienes se encaminan hacia la fosa común?.Ya antes, en 1930, Freud había escrito El malestar en la cultura, concluyendo, en la última página, con esta sombría frase: ?Ahora los hombres han avanzado tanto en el dominio de las fuerzas de la naturaleza que, con su ayuda, les resultará fácil exterminarse unos a otros hasta el último individuo? (edición Vozes, 2026, p. 129).

Actualmente, con el arsenal destructivo existente, acre-centado por la IA autónoma, esto puede convertirse en una realidad.Existe, pues, un malestar colectivo en el mundo que encuentra en el vertiginoso ascenso del fascismo y dela extrema derecha en Brasil, especialmente en los Es-tados Unidos y en otros lugares, una comprobación in-negable.Por mi parte, diría, como hipótesis, que esta atmósfera enemiga de la vida y de la convivencia fraterna entre los seres humanos y con la naturaleza deriva de una radical decepción que degeneró en una profunda de-presión.

La decepción residiría en el fracaso de todas las pro-mesas formuladas por los grandes relatos de los últi-mos siglos: la Ilustración, el capitalismo, el socialismo,las democracias, las tecnociencias de la comunicación—internet, Twitter, Facebook, etc.— y la inteligencia ar-tificial.

Las promesas no se cumplieron.La decepción generalizada desembocó en una gran depresión colectiva: una terrible ola de odio, rabia, noticias falsas y violencia está cubriendo el planeta y Brasil.La depresión nos roba la alegría de vivir.Siempre hubo crisis y siempre las habrá en todas las culturas. La nuestra es singular porque es planetaria.¿Habrá alguna luz en la inmensa obra de doce tomos del historiador inglés Arnold Toynbee, ¿A Study of His-tory?

En ella muestra cómo las culturas surgen, se desarrollan, alcanzan su apogeo y mueren, siendo sus-tituidas por otras.Toynbee utiliza dos categorías básicas: desafío (cha-llenge) y respuesta (response). Cuando el desafío es de poca envergadura, la civilización responde y florece.Cuando el desafío es mayor que su capacidad de res-puesta, la civilización entra en crisis, puede prolongarsu agonía, pero finalmente desaparece.

Esta es una exposición simplificada de una obra com-pleja y extremadamente erudita. Tal vez su límite con-sista en no haber considerado la lucha de clases que,queramos o no, siempre se produce en las sociedades complejas.Ahora nos encontramos bajo el predominio de la inca-pacidad de responder, pues el desafío supera nuestra capacidad. Irrumpe entonces la depresión.¿Existe alguna salida para este atolladero? ¿O ha lle-gado nuestro turno de cerrar nuestro ciclo dentro de la cosmogénesis y desaparecer? Es sabido que todos los seres, después de haber vivido durante millones de años sobre este planeta, alcanzaron su clímax y desa-parecieron.

¿Tendríamos también nosotros el mismo destino? Dejo la cuestión abierta, pues no nos parece improbable ni imposible, ya que nosotros mismos hemos creado los medios para autodestruirnos.Mi sentimiento del mundo me dice que, cuando desfa-llecen las utopías, incluso las más modestas, de mejora dentro del sistema imperante, solo nos queda volvernos hacia nosotros mismos. Somos una fuente inagotable de potencialidades y virtudes y poseemos una capaci-dad ilimitada para las relaciones y la creatividad.

A pesar de ser contradictorios, hechos de luz y de som-bras (C. G. Jung), sabios y dementes (E. Morin), eros—vida— y thánatos —muerte— (Freud), podemos po-tenciar de tal manera nuestra positividad que seamos capaces de definir un nuevo rumbo y una nueva espe-ranza.En este sentido resulta inspiradora la teoría del caos,formulada por el ruso-belga Ilya Prigogine (1917-2003),Premio Nobel de Química en 1977 (Order out ofChaos), y por Lorenz/Gleick.

El universo se originó a partir de un fantástico caos inicial, el Big Bang.La evolución se realizó y continúa reali-zándose poniendo orden en ese caos originario, creando órdenes cada vez más elevadas y complejas hasta irrum-pir en el ser humano con la inteligencia, el sentimiento,el amor y el cuidado.La naturaleza del caos consiste en ser, al mismo tiem-po, destructiva y generativa.

Destruye un orden vigente que ha agotado sus posibilidades, pero guarda semi-nalmente en su interior un nuevo orden. Una vez con-cluido el proceso de destrucción, irrumpe ese nuevo or-den.Este inaugura otra historia hasta que él mismo se agota y comienza a mostrarse caótico y destructivo. Pero conserva en su interior aquello nuevo que está por sur-gir.En la actual fase histórica global nos encontramos bajo la energía destructiva del caos, pero dentro de ella está germinando un nuevo orden, un nuevo mundo que,creemos, será amigo de la vida, de la fraternidad uni-versal —también con los seres de la naturaleza—, justo y tierno, y que permitirá convivir y amar mejor.

Superaremos el caos destructivo bolsonarista-fascista,expresado en las elecciones de la primera vuelta, me-diante el caos generativo de Luiz Inácio Lula da Silva,quien, esperamos, triunfará para llevar adelante el pro-yecto de inclusión de los pobres.Por lo tanto, no desesperemos. Esta lectura, que pre-tende ser filosófica, puede infundirnos un renovado mo-do de esperar.(amerindiaenlared.org)

¡Que se callen hasta después de las elecciones! La caridad cristiana no cabe en la motosierra de las pensiones -- José Carlos Enríquez Díaz Por Juan


 diosenlafrontera

Piden a los pensionistas que confíen, pero a sus dirigentes que callen hasta pasar por las urnas. Cuando la verdad puede costar votos, la derecha prefiere el silencio; cuando ese silencio compromete el futuro de millones de personas, se convierte en engaño político un programa electoral. Cuando Eduardo Inda reclama en Horizonte que el PP se calle con las pensiones hasta después del 29 de noviembre, porque es un asunto sensible que afecta a millones de personas y sus familias, surge una pregunta inquietante: ¿desde cuándo la verdad debe esperar a que se cierren las urnas? Ver noticia

La prensa internacional y el genocidio en Gaza Neoliberalismo y Justicia Social

 
Francesca Albanese,  Relatora Especial de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado ha publicado un importante Informe sobre la responsabilidad de los medios de prensa internacional en la cobertura y difusión del Genocidio en curso en Gaza.

El Informe analiza cómo la destrucción de la verdad se ha convertido en un elemento fundamental de la destrucción de un pueblo. En él se identifican tres patrones interrelacionados: la eliminación de los trabajadores de los medios de comunicación palestinos, mediante asesinatos, mutilaciones, detenciones arbitrarias, torturas, intimidación y la calificación sistemática de estos como ‘terroristas’, con el fin de impedir la documentación de los crímenes; la construcción en Israel de un régimen de información basado en restricciones a los medios de comunicación, censura, propaganda, discurso de odio, incitación al genocidio y negacionismo; y el papel desempeñado por influyentes medios de comunicación internacionales para marginar las voces palestinas y reproducir las narrativas israelíes, normalizando distorsiones jurídicas que, en última instancia, han legitimado atrocidades. En conjunto, estas prácticas no solo han acompañado al genocidio, sino que también han facilitado su comisión y han obstaculizado la rendición de cuentas. Algunos aspectos de estos ataques contra la verdad podrían describirse como un ‘mediacidio’.

Respecto a la eliminación del periodismo palestino, el Informe señala que desde el inicio del ataque genocida a Gaza las fuerzas israelíes han asesinado a casi 300 periodistas. Muchos estaban debidamente identificados y al menos 70 de ellos fueron atacados en represalia por su trabajo.  En ocasiones se han utilizado ataques de ‘doble golpe’, en los que quienes acuden en auxilio de las víctimas del primer ataque son atacados de nuevo. Desde octubre de 2023, se han registrado 240 casos en los que Israel ha utilizado munición real contra equipos de medios de comunicación en Gaza. En Cisjordania se han registrado 139 ataques de colonos contra la prensa. Desde octubre de 2023, más de 100 periodistas y trabajadores de los medios de comunicación palestinos han sido detenidos, y alrededor de 30 siguen encarcelados.

En cuanto al régimen informativo en Israel, Albanese señala que la censura militar ha alcanzado cifras sin precedentes, con una media de 21 intervenciones diarias en 2024 y 15 en 2025. Además, las leyes se han endurecido y los medios independientes han recibido sanciones. Desde octubre de 2023, Israel ha impedido el acceso de periodistas internacionales a Gaza. En 2024 se prohibió a Al Jazeera operar en Israel.

Sobre el rol informativo de la prensa internacional, Albanese asegura que medios como el New York Times y la BBC omitieron o minimizaron la responsabilidad de Israel al informar de hechos como el asesinato de Hind Rajab, que la BBC contó bajo el titular: “Hind Rajab, de 6 años, hallada muerta en Gaza días después de realizar llamadas pidiendo ayuda”. También señala que empresas como Meta, Alphabet (Google) y X aplicaron una moderación de contenidos sesgada a favor de las narrativas del Gobierno de Israel.

El informe finaliza con una serie de recomendaciones a la Asamblea General, a los Estados miembros y a los medios y plataformas de comunicación para preservar las pruebas del genocidio, proteger a los periodistas y el derecho a la información y actuar contra los discursos de odio.

Recordemos que hace más de un año, Francesaca Albanese solicitó desde un Foro en Roma, a los estados del mundo: “Aplicar el derecho internacional y sancionar a Israel, suspender las relaciones económicas, políticas, diplomáticas, militares, estratégicas con ese Estado que continúa con una ocupación militar ilegal, ilegítima e inmoral, cometiendo genocidio contra el pueblo palestino.”

Lea aquí: el informe completo

Redacción de revista ‘Reflexión y Liberación’ / Santiago – Madrid – Roma

La escuela del no -- Carlos Manuel Alejos Lévano


 Enviado a la página web de Redes Cristianas

No se puede hablar de disciplina escolar hoy sin hablar de Condorcanqui.
Mientras en Lima se discute si el pelo debe ser corto y si la falda está corta, en Condorcanqui hay más de 1.000 denuncias desde 2010 por violencia sexual contra niñas awajún y wampis, 524 dentro de colegios, cometidas por docentes. 194 prescribieron, 82 absueltos, solo 112 destituidos. En 2024 fueron 93 casos nuevos, en 2025, 87. Y ahora cierran fiscalías y medicinas legales en la zona por falta de presupuesto. Una sola fiscalía para 800 casos.

Esa es la verdadera indisciplina: la del Estado.

Y está también El Paraíso, Elíseo, cada colegio de Lima donde un chico lleva cuchillo, donde se graba la pelea para TikTok, donde el profesor es amenazado. La violencia no es porque tengan celular. Es porque viven en un país violento y la escuela es espejo, no causa. Prohibir el celular ahí es poner curita a fractura expuesta.

¿Y qué hace el gobierno cuando tiene miedo? Ordena el pelo y borra la memoria.

Octubre 2026: la presidenta anuncia corte de pelo obligatorio, no maquillaje, y además «recorte de ideologías» en los textos 2027. Literal: «no solamente habrá recorte de pelo, sino también el recorte de la ideología que estaban en estos textos escolares». Promete que serán «sin ningún tipo de ideología» e «irreversibles».

¿Qué ideología quiere recortar?

Dos frentes.

Uno, la memoria de la CVR. Quieren quitar «toda interpretación interesada» diciendo «hubo terrorismo y no guerra civil», cuando la CVR nunca habló de guerra civil, habló de conflicto armado interno y de violaciones de DDHH cometidas por Sendero y el MRTA y también por agentes del Estado. Quieren borrar nombres, fotos, los 10 años del 80 al 90, borrar que entraban a asesinar campesinos, borrar el autogolpe del 92 y la condena a 25 años por violaciones a DDHH. Como dice Rosa María Palacios, no quieren pensamiento crítico, quieren impedir que el alumno conozca los hechos para construir su propio juicio. Educar sin memoria es adiestrar.

Dos, la sexualidad integral. La hipocresía mayor: en Condorcanqui niñas de 3 y 4 años aparecen con VIH por agresiones, y la respuesta del Congreso y del Minedu es quitar la ESI porque «es ideología». Quitan la única herramienta que permitiría a una niña decir «esto es abuso», ponerle nombre. Sin ESI, el silencio es total.

Se cierra el círculo: te prohíben el celular para que no veas pornografía, pero te prohíben la ESI para que no sepas qué es abuso. Te obligan a cortarte el pelo para «recuperar el orden», pero cierran la fiscalía que debería ordenar justicia en Condorcanqui. Te dicen que los textos saldrán sin ideología, pero imponen la única permitida: la del olvido.

Ese es el sistema en su fase actual: disciplina estética + amnesia histórica + analfabetismo sexual.

Poner normas y sanciones primero, y lo creativo, pensador y crítico después, no es error pedagógico. Es proyecto político. Un pueblo sin memoria no reclama justicia. Sin educación sexual no identifica el abuso. Sin pensamiento crítico no distingue entre orden y sometimiento. Y un pueblo así, sí da al César todo, hasta lo que es de Dios.

Entonces, ¿qué nos toca si la escuela del Estado es la escuela del NO – no celular, no pelo, no memoria, no ESI?

Nos toca ser la escuela del SÍ. No por desobediencia, sino por fidelidad al Evangelio.

Cuatro tareas concretas para hoy:

1. A la Iglesia: ser guardiana de la memoria, no sacristana del orden. Si el Estado recorta la CVR, nosotros hacemos memoria. Que en cada parroquia se lea un pedacito del informe, que se ponga nombre a las víctimas. Si la escuela oficial borra la historia, la comunidad tiene que ser el libro vivo. Un círculo de memoria al mes. Sin pancarta, con testimonio.

2. A las comunidades: ser lugar donde se pueda nombrar el abuso. Si quitan la ESI, no podemos callarnos. En Condorcanqui no hay debate ideológico, hay niñas violadas. Jesús fue claro con el que escandaliza a un niño. Talleres con padres, con enfoque cristiano, pero que hable claro de cuerpo, consentimiento, cuidado. No pornografía, pero tampoco silencio. El silencio también es abuso. Si el Minedu no lo hace, que lo haga la pastoral.

3. Al profesor con criterio: no ser policía del reglamento, ser pedagogo del sentido. Te exigirán medir el pelo, confiscar el celular, aplicar la falta grave. Cumple la norma, pero no te quedes en ella. Enseña a pensar qué hace el algoritmo con tu cabeza. Pregunta en tutoría: ¿por qué nos preocupa más el pelo que la cabeza que hay debajo? No formes tributarios del César. Forma conciencia. Una pregunta bien hecha vale más que 10 reglamentos.

4. A todos: devolverle a Dios lo que es de Dios. El sistema quiere toda tu atención, cansado, scrolleando, con miedo. Lo que es de Dios es tu interior, tu capacidad de asombro, de indignación, de esperanza organizada. Reserva una hora a la semana sin pantalla para pensar, orar, estar con tu gente. No dejes que la escuela del NO te quite la alegría del SÍ.

El país no necesita más reglamentos. Necesita comunidades que se atrevan a educar para la libertad. Educar no es domesticar, es humanizar.

Carlos Manuel Alejos Lévano
Callao 19 de octubre del 2026

Apostar (a pesar de todo) por el futuro por Juan Ignacio Cortés19 d


 La nación de los extraños, de la periodista y escritora turca Ece Temelkuran es un libro revelador que nos enfrenta a una triste verdad: el mundo de -relativas- paz y prosperidad construido tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, de la Guerra Fría, se desmorona y, en todo el planeta, la extrema derecha gana terreno y muchas señales indican que, a corto plazo, ganará la partida. En estas circunstancias, ¿es posible mantener la esperanza? Temelkuran cree que sí.

El libro de la escritora turca tiene muchos ecos del trabajo filosófico de Albert Camus. El premio Nobel francés -nacido en Argelia, no lo olvidemos: el Mediterráneo como modelo de vida puede que tenga mucho que ver en esta coincidencia de enfoques- también defendió en tiempos oscuros el trabajo a favor de la humanidad. Además, como Camus, Temelkuran escribe de una manera luminosa, profunda y clara al mismo tiempo y que apela no solo a nuestra razón, sino a nuestra más profunda humanidad.


Nada mejor para comprobarlo -y entrar en materia de una vez- que citarla: “un mundo nuevo está en vías de construcción, con unos niveles de barbarie renovados (…) Ni siquiera ese inmenso aturdimiento que, mal que nos pese, hemos desarrollado para soportar el avance sin tregua de la inhumanidad nos servirá ya… Tememos que no quede futuro suficiente en el mundo para que la justicia se materialice (…) Es como si estuviéramos de luto, no por lo que ya hemos perdido, sino por lo que sabemos que acabaremos perdiendo”.

Para Temelkuran, extraños son no solo quienes, como ella -exiliada desde 2016- han perdido físicamente su hogar, sino todas las personas que renuncian a convertirse en cómplices de las “monstruosidades” de nuestro tiempo. Estas personas han -hemos- perdido su “hogar moral” y no saben a qué instrumento político recurrir para sumar sus voces y que lleguen a oídos de los gobernantes.

La escritora explica en una serie de cartas escritas a un extraño anónimo, cómo ha llegado a ese convencimiento. Cuenta -en un relato lleno de ternura y no exento de humor- cómo ella misma tiene que superar múltiples obstáculos para obtener un permiso de residencia en Alemania y cómo, en su camino, se encuentra con muchas otras personas que, de una u otra forma, han perdido su hogar: inmigrantes, solicitantes de asilo, mujeres sin techo en el frío invierno de Berlín…

Temelkuran describe con precisión poética ese sentimiento de extrañeza que cualquiera con un mínimo de sensibilidad ha experimentado alguna vez y describe admirablemente la sensación de aplastamiento, de disolución de la identidad que causa la falta de hogar -“me siento como un objeto flotante y oscuro al que han echado una maldición”; “(soy) una autómata insensible, una máquina de supervivencia”; “la extraña aprende que el hogar no consiste en lo que una recuerda, sino en quién la recuerda”-, pero no se queda en lo personal, sino que da el salto a lo político.

La nación de los extraños incluye en su texto, aunque este no sea su objetivo principal, intuiciones esenciales sobre los mecanismos del fascismo: “No sólo silencia a la gente, sino que la obliga a hablar de determinada manera. Lo que empieza como una elusión rápida y aparentemente insignificante de una o dos palabras se convertirá en un nuevo orden”.

(Pensemos, por ejemplo, cómo en Israel obviar cualquier noticia sobre el sufrimiento de los gazatíes ha llevado a prácticamente todo un país a pensar que un genocidio está justificado).

Temelkuran se muestra convencida de que el fascismo está destinado a triunfar en el corto plazo y que no tiene sentido intentar mantener o reconstruir el supuesto orden de la democracia liberal, lo que no deja de ser un punto de vista controvertido.

Pero, al mismo tiempo, afirma rotunda de que otro futuro será posible -después del inevitable triunfo del fascismo- si todos los extraños nos unimos -“somos tantos, tantísimos, que, si nos sumáramos todos, incluso podríamos ser mayoría”- para tejer “un nuevo hogar hecho de palabras, el único material indestructible que nos queda (…) un mundo nuevo, en el que seguir siendo humano no te convierta en un extraño”.

Si para Sartre el infierno eran los otros, para Temelkuran son la única salvación posible. La supervivencia de los extraños dependerá de que sean capaces de generar “un sentido del vínculo colectivo lo bastante amplio” que supere diferencias -históricas, culturales, étnicas- y que desborde las fronteras de los partidos políticos tradicionales.

Ella no señala la ruta para llegar a la Ítaca de un mundo posfascista más humano, pero sí señala el camino: una moral de la supervivencia -“los extraños somos los que hemos sobrevivido a nuestro propio apocalipsis. Sabemos cómo sobrevivir a la destrucción y empezar de cero”- que permita que las personas se sostengan las unas a las otras incluso cuando están cayendo.

En ese nuevo mundo, la definición de hogar habrá cambiado totalmente y no vendrá definida por fronteras físicas o culturales estables. El hogar, el nuevo hogar será el lugar en donde “poder mantener conversaciones sinceras”. Algo que, sin duda, echamos en falta en nuestra sociedad de posverdades y trucos políticos de trileros.

La nación de los extraños es un libro fascinante y necesario para estos tiempos de rabia y crueldad.

Aumenta el sinhogarismo ante la falta de políticas específicas de vivienda -- Jose Luis Palacios

 


Noticias Obreras

La Federación de Asociaciones y Centros de Ayuda a personas marginadas (FACIAM)alerta de que el sinhogarismo continúa creciendo en España y reclama una política pública de vivienda orientada , en la presentación de su campaña “Un hogar es mucho más que un sitio donde vivir. Es un lugar al que pertenecer”,
Durante el encuentro informativo, celebrado en la sede madrileña de SERCADE, la representante de FACIAM, Elvira Conde, alertó de la evolución de un problema que “lejos de disminuir, aumenta”. Ver noticia 

Los profesores de Gaza luchan contra el hambre, el trauma y la destrucción de las escuelas para mantener viva la educación -- Ahmed Dremly


 Rebelión

Fuentes: Voces del Mundo
A primera hora de la mañana la profesora de inglés Dina Allouh desayuna en su casa, parcialmente destruida, en la calle Al Naser, en el oeste de la ciudad de Gaza. A continuación, emprende una caminata de una hora hasta el colegio privado Al Awael, donde imparte clase a unos 250 alumnos.
Durante los últimos cinco años ha trabajado en diferentes centros educativos de Gaza, impulsada por el sueño de ayudar a una nueva generación a aprender inglés y a construir un futuro mejor. Pero desde que comenzó la guerra genocida de Israel contra Gaza en octubre de 2023, su vida laboral y la educación de sus alumnos han dado un giro radical. Ver noticia

El obispo García Cadiñanos pide votar desde el bien común y rechaza convertir a las personas migrantes en un instrumento electoral -- Abraham Canales


El obispo responsable de Migraciones de la Iglesia española reclama una decisión electoral que anteponga la dignidad humana al miedo y la exclusión. Vincula el voto con una economía al servicio de las personas, la cooperación con el Sur global y una convivencia abierta e inclusiva

El obispo de Mondoñedo-Ferrol y presidente de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Fernando García Cadiñanos, llama a orientar el voto desde el bien común y advierte contra la utilización de las personas migrantes para obtener réditos electorales. Su reflexión sitúa la responsabilidad ante las urnas en una pregunta de fondo: qué sociedad queremos construir y qué lugar tendrán en ella quienes llegan de otros países.

En el artículo “La inmigración y el voto”, publicado este miércoles en La Voz de Galicia, el responsable episcopal parte de la convocatoria electoral anticipada. Aunque identifica la vivienda como detonante del final de la legislatura, considera que las migraciones y la gestión de las fronteras tendrán un peso importante en los debates y las decisiones del electorado. En ese contexto, señala la huella de los sucesos de Ceuta en la opinión pública.

Participar y votar desde el bien común

García Cadiñanos presenta el voto como una expresión de participación política que, para los creyentes, constituye “un deber moral”. Su ejercicio debe formar parte de una implicación activa en la vida social: depositar la papeleta no agota esa responsabilidad ni supone entregar “un cheque en blanco”.

Desde esa perspectiva, vincula la decisión electoral con la voluntad de contribuir al bien común y de participar en la definición del modelo de sociedad. Es una interpelación a las motivaciones desde las que cada persona se acerca a las urnas: “No se puede sufragar desde el miedo, el egoísmo, la cultura del bienestar o la exclusión, sino desde el horizonte del bien común posible”.

El obispo invita a pensar también en las futuras generaciones. La cuestión es qué mundo queremos legarles y cómo incorporamos a ese proyecto compartido a las personas migrantes.

Su advertencia alcanza a la calidad del debate democrático. Frente al análisis de los problemas y las posibles respuestas, denuncia la tentación de presentar la migración como una amenaza o utilizarla como “un chivo expiatorio para ganar réditos primarios que devalúan la verdadera democracia”.

Cuestiona, además, los análisis poco objetivos que profundizan en la polarización y desplazan la cultura del encuentro. Esa mirada, sostiene, deja fuera las aportaciones que las personas migrantes realizan al trabajo, la demografía, los valores, la espiritualidad y la cultura.

Una economía y una convivencia que incluyan

El reconocimiento de esas aportaciones se acompaña de una reflexión sobre la propia identidad. García Cadiñanos recuerda que nuestra cultura se ha formado mediante el encuentro y el diálogo con otros pueblos. La movilidad humana exige, por ello, desarrollar la capacidad de encontrarse, dialogar, acoger e integrar.

Su propuesta se concreta en los criterios con los que valorar las opciones electorales. “Cuando introducimos la papeleta en la urna, estamos apostando por un modelo muy concreto de convivencia”, afirma.

Ese modelo comprende, en primer lugar, “una economía que valore a las personas por encima de su mera productividad laboral”. La dignidad humana aparece así como criterio para juzgar la organización económica y el lugar que concede a cada persona.

La responsabilidad electoral tiene también una dimensión internacional. El obispo propone examinar las políticas de cooperación y comercio por su relación con el Sur global. Asimismo, plantea decidir si se quiere un Estado de bienestar que garantice la integración sin exclusiones y permita que todas las personas participen, con derechos y deberes, en un proyecto común de ciudadanía.

Sin señalar partidos ni recomendar candidaturas, su reflexión culmina en una elección entre formas de organizar la vida compartida: “Una sociedad amurallada o una comunidad abierta”. Fundamenta esta última en la dignidad de todo ser humano y en la convicción cristiana de que “todos, sin excepción, somos hermanos”.

Continuidad en la defensa de las personas migrantes

El presidente de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad Humana mantiene con esta reflexión la línea de sus intervenciones recientes. El 20 de octubre, este diario recogió su análisis sobre las causas económicas de las migraciones y los discursos de odio, a partir de una entrevista en El País. En ella vinculaba el sufrimiento migratorio con las desigualdades y las relaciones internacionales de poder, y defendía el encuentro personal para superar los prejuicios.

También había advertido de la instrumentalización política de las personas migrantes durante la crisis humanitaria de Ceuta y reclamado una respuesta compartida que atendiera tanto a quienes llegaban como a la población local. En septiembre, con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, insistió en que la protección de la infancia migrante debía traducirse en políticas eficaces y en el acceso efectivo a la educación, la atención sanitaria y la acogida.

Confirmado el tumor maligno de león xiv: El Papa se recupera y mantiene previsto su viaje a Uruguay, Argentina y Perú

 


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El nódulo pulmonar del que fue operado León XIV el pasado 13 de octubre era un adenocarcinoma, un tumor maligno. La intervención incluyó la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho. El papa recibió el alta el sábado 17 y continúa su recuperación en el Vaticano, mientras retoma gradualmente sus actividades.

Esta confirmación actualiza la información que ofrecíamos la semana pasada, cuando todavía quedaba por conocer la naturaleza del nódulo. Ahora sabemos que se trataba de un cáncer pulmonar, aunque la información consultada no permite precisar todavía las conclusiones completas del estudio anatomopatológico ni si necesitará tratamientos adicionales. La evolución favorable de la operación es una buena noticia, pero debe distinguirse de la valoración oncológica posterior.

El cirujano que dirigió la intervención, Stefano Margaritora, explicó en una entrevista publicada por los medios vaticanos el 17 de octubre que la operación había transcurrido sin complicaciones. En el momento del alta, los análisis de sangre eran normales, la función cardíaca era satisfactoria y la recuperación del pulmón seguía los plazos previstos.

Margaritora contó también cómo se descubrió el tumor: unas pruebas rutinarias del abdomen permitieron observar una pequeña mancha en la base del pulmón. León no presentaba síntomas respiratorios y se encontraba bien. Fue, según explicó el médico, un hallazgo fortuito que permitió intervenir.

La comunicación de estos detalles prolonga la apertura con la que el propio papa anunció su operación durante el Ángelus del 11 de octubre. Compartió entonces lo que sabía, antes de que se hiciera público un diagnóstico definitivo. Ahora, conocer la naturaleza maligna del nódulo y recibir explicaciones del cirujano permite seguir el proceso con mayor claridad. Es una transparencia que agradecemos y que deberá mantenerse también respecto de las cuestiones que siguen pendientes.

Tras salir del hospital, León volvió a asomarse a la ventana del Palacio Apostólico el domingo 18 para rezar el Ángelus y agradecer el apoyo recibido. Anunció que retomaría sus actividades de manera gradual. La Santa Sede confirmó la audiencia general del miércoles 21 y comunicó que esta semana permanecería en el Vaticano para recuperarse, sin realizar su desplazamiento habitual a Castel Gandolfo.

Uno de los compromisos que más atención suscita es el viaje a Uruguay, Argentina y Perú, previsto del 6 al 17 de noviembre. Hasta el momento no se ha anunciado su suspensión. El cirujano ofreció una valoración favorable: «Diría que no hay motivos clínicos por los que no se pueda realizar este viaje». Al dar esa explicación, calculaba que el papa necesitaría unos diez días más para completar su recuperación física.

La continuidad de los preparativos mantiene abierta la expectativa. El programa publicado contempla una primera etapa en Uruguay, del 6 al 8 de noviembre, con visitas a Montevideo, Paysandú y Florida. Entre las actividades figuran un encuentro con la comunidad de Casavalle, una vigilia en el Estadio Centenario y una misa en el santuario de la Virgen de los Treinta y Tres.

Argentina lo espera del 8 al 11 de noviembre en Buenos Aires, Córdoba y Luján. Están previstas celebraciones multitudinarias, encuentros con jóvenes y representantes de distintas tradiciones religiosas, además de una visita al Pequeño Cottolengo de Don Orione en Claypole. La etapa concluiría con una misa ante la basílica de Luján.

Perú será la etapa más extensa y tendrá un significado personal especial: León regresará al país donde fue misionero y obispo de Chiclayo. El itinerario incluye Lima, Chiclayo, Cusco y Pucallpa, además de otras localidades vinculadas a su recorrido pastoral. La salida hacia Roma está prevista para el 16 de noviembre, con llegada al día siguiente.

Los responsables de la organización peruana han señalado que los preparativos continúan y que estudian adaptaciones para evitarle esfuerzos innecesarios, como utilizar el ascensor en la catedral de Lima y realizar más desplazamientos en papamóvil. Mantener el viaje previsto permite seguir preparando la acogida; su desarrollo concreto deberá acompasarse a la evolución del papa y a las indicaciones de sus médicos.

¿Qué está naciendo en Europa?

 


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En Europa parece estar ocurriendo algo inesperado: crece el número de adultos que piden el bautismo y muchos jóvenes vuelven a acercarse a la Iglesia. Hay motivos para alegrarse. En sociedades atravesadas por la soledad, la incertidumbre y la búsqueda de sentido, que alguien se pregunte por Dios puede abrir una puerta a una experiencia profunda. Pero la pregunta no termina ahí: ¿qué está naciendo realmente? ¿Una fe que transforma la vida y nos acerca a los demás, o una identidad religiosa que ofrece seguridad frente a un mundo que sentimos amenazante?

No podemos conocer las motivaciones de cada persona a partir de las cifras. Sería injusto sospechar de toda búsqueda espiritual, igual que sería ingenuo dar por hecho que todo crecimiento religioso conduce, por sí solo, al compromiso evangélico. La fe puede ser consuelo, refugio y encuentro interior; el problema aparece cuando se queda encerrada en el bienestar individual y no nos vuelve más sensibles al sufrimiento que tenemos alrededor.

El Evangelio no desprecia la intimidad ni la necesidad de encontrar paz. Jesús se retira, ora y busca espacios de silencio. Pero ese encuentro nunca lo aparta de la gente: lo devuelve a los enfermos, a los pobres, a quienes quedan al margen y a quienes la sociedad considera incómodos. La experiencia de Dios, si quiere llamarse cristiana, no puede convertirse en una espiritualidad que nos haga sentir mejor sin preguntarnos qué les pasa a los demás. La pregunta decisiva no es solamente qué siento cuando rezo, sino qué cambia en mi manera de mirar y tratar al otro.

También existe otro riesgo: que el renacer religioso sea utilizado como una bandera cultural y política. En algunos discursos europeos, el cristianismo aparece menos como una llamada a vivir el Evangelio que como una marca de pertenencia: las raíces que supuestamente nos definen frente a quienes vienen de fuera. La cristiandad puede convertirse así en una frontera simbólica: nosotros, los de aquí; ellos, los que amenazan nuestra identidad.

La inquietud se vuelve especialmente concreta cuando el debate público habla de una «invasión musulmana» o «invasión marroquí». La inmigración plantea desafíos reales —de gestión, convivencia, vivienda, empleo y políticas públicas— que deben abordarse con responsabilidad. Pero llamar invasión a la llegada de personas que huyen de la pobreza, la violencia o la falta de oportunidades no es una descripción neutral: es una palabra que puede convertir a seres humanos en una amenaza colectiva y alimentar el miedo. Una sociedad puede discutir sus políticas migratorias sin olvidar la dignidad de quienes migran.

La reunión del Consejo Europeo celebrada en Bruselas los días 15 y 16 de octubre volvió a mostrar la dificultad de construir una respuesta común. Los Veintisiete adoptaron conclusiones sobre migración, defensa y seguridad, entre otros asuntos, pero las diferencias políticas no desaparecieron: los líderes dejaron el tema migratorio para seguir tratándolo en próximas reuniones. En paralelo, el presupuesto plurianual de la Unión para 2028-2034 continúa siendo objeto de fuertes discrepancias. Alemania y otros países contribuyentes reclaman contención, mientras otros gobiernos defienden preservar recursos para políticas comunes, como la cohesión y la agricultura. La guerra de Ucrania y la necesidad de reforzar las capacidades de defensa añaden presión a unas decisiones que también determinarán qué recursos quedan para otras prioridades.

No se trata de negar la necesidad de seguridad ni de presentar como incompatibles la defensa y la solidaridad. Se trata de preguntar qué Europa queremos construir y qué entendemos por seguridad. ¿Puede llamarse segura una sociedad que refuerza sus fronteras, pero deja crecer la exclusión? ¿Qué lugar ocupan la acogida, la cooperación, la lucha contra la pobreza y la protección de los más vulnerables cuando se distribuyen los recursos comunes? El presupuesto también expresa una idea de sociedad: revela qué consideramos urgente y qué estamos dispuestos a dejar en segundo plano.

Aquí aparece una diferencia que merece ser pensada entre la tradición profética latinoamericana y lo que hoy vemos en Europa. En América Latina, con todas sus contradicciones y límites, la Iglesia profética ha tenido referentes históricos muy visibles en la defensa de los pobres, la denuncia de la injusticia y la cercanía con los pueblos excluidos. No sería justo idealizar esa historia ni afirmar que Europa careció de voces proféticas: las hubo y las hay. Pero sí cabe preguntarse si esas voces han ocupado un lugar central o si, con frecuencia, la Iglesia europea se ha sentido más cómoda cuando estaba cerca del poder político y cultural.

La tradición profética no consiste en bendecir una identidad colectiva ni en ofrecer legitimidad religiosa a un proyecto político. Consiste en mantener la libertad necesaria para señalar la injusticia, incluso cuando la cometen quienes se proclaman defensores de la fe. Por eso, una Iglesia verdaderamente evangélica debería poder incomodar tanto a la izquierda como a la derecha, y especialmente a aquellos que utilizan el nombre de Dios para justificar el desprecio o la exclusión.

Tal vez el aumento de bautismos y el interés de tantos jóvenes sean una oportunidad. No hace falta desconfiar de ellos ni decidir de antemano qué los mueve. Hace falta acompañar esa búsqueda y preguntarnos qué comunidades encuentran, qué imagen de Jesús se les presenta y si descubren una fe que ensancha la vida y los compromete con los demás. La respuesta no estará únicamente en las estadísticas, sino en los frutos: más fraternidad, más justicia, más cuidado de quienes quedan atrás.

En tiempos de miedo, la cristiandad puede ofrecer una identidad que parece protegernos. El Evangelio, en cambio, no nos promete una identidad blindada: nos invita a salir al encuentro. No pregunta primero de dónde viene el otro ni si pertenece a nuestro grupo, sino qué necesita y qué hacemos nosotros ante su necesidad.

Por eso, ante este aparente renacer religioso, la pregunta sigue abierta: ¿qué cristianismo está naciendo en Europa? ¿Uno que recupera símbolos y certezas para levantar fronteras, o uno que vuelve a Jesús y encuentra en los últimos una llamada que no puede desoír? Quizá ahí se juegue la diferencia entre una cristiandad que busca reconocerse a sí misma y una Iglesia profética dispuesta a transformar la realidad.

La fragilidad en la cátedra de pedro: Cuando el dolor del Papa nos devuelve a lo humano

 


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En un mundo fascinado por la eficiencia, la autosuficiencia hiperactiva y la imagen impecable de quienes ostentan el poder, la enfermedad irrumpe siempre como una provocación. La reciente intervención quirúrgica del Papa León XIV en el Policlínico Gemelli no es únicamente una noticia del ámbito médico o eclesial; es, ante todo, un espejo transparente en el que se refleja la condición más profunda de nuestra propia existencia: nuestra radical vulnerabilidad.

Lejos del hermetismo o del secretismo con el que la institución acostumbraba a proteger la figura de los pontífices en otros tiempos, la naturalidad y cercanía con la que León XIV ha compartido su proceso de salud nos sitúa ante un gesto de profunda honestidad teológica y humana. No contemplamos a un líder omnipotente parapetado tras la sacralidad del cargo, sino a un hermano que sufre, que se convalece y que no tiene reparo en mostrar la flaqueza del cuerpo. Hay algo profundamente evangélico en esta exposición desarmada. La verdadera autoridad de la fe nunca ha descansado en la solidez de las estructuras ni en el vigor de los aplausos, sino en la capacidad kenótica de abajamiento, de compasión y de fraternidad.

El dolor, cuando no se esconde ni se instrumentaliza, posee una misteriosa capacidad pedagógica. Nos deshace los esquemas del orgullo y nos devuelve a lo esencial. Cuando el Sucesor de Pedro experimenta la debilidad en la habitación de un hospital, la Iglesia recuerda que su centro no está en las grandes proclamaciones ni en el ejercicio vertical del poder, sino en la caritas que cuida y se deja cuidar. Es en ese cruce de caminos donde se destruyen las inercias del clericalismo y florece la comunidad real: la de los que se reconocen necesitados de gracia, la de quienes descubren que la fe no mece certezas absolutas, sino que nos abraza en la intemperie.

Esta fragilidad asumida se convierte en un punto de encuentro cálido entre el Pastor y su pueblo. Quienes atraviesan hoy la enfermedad, la soledad o el desgaste de los años encuentran en la figura del Papa no a un distante jerarca, sino a alguien que camina por sus mismas cañadas de sombra. Su dolor se une discretamente al de tantos hombres y mujeres olvidados en las periferias de nuestro sistema, donde la vulnerabilidad es a menudo descartada.

Por todo ello, en la serenidad de esta convalecencia, renace el deseo sincero de que Dios disponga para León XIV un pontificado prolongado y fecundo. Ojalá su mirada diáfana y evangelizadora no se empañe ante el peso de la enfermedad ni por el desgaste que produce tropezar, dentro de las propias filas, con la incomprensión de quienes responden con reticencias, recelos y resistencias frenadoras ante cada soplo de renovación. Pedimos que Dios le siga otorgando luz y lucidez en medio de un panorama internacional atravesado por enormes conflictos y un futuro incierto. Cuando las tinieblas de la historia parecen densas, la Providencia acostumbra a suscitar voces proféticas para orientar el rumbo.

Que este tiempo de fragilidad sea también el cauce fecundo para consolidar la sinodalidad, haciéndola no un evento puntual, sino el modo de proceder habitual y el lenguaje compartido de la Iglesia. Que llegue por fin esa hora tan esperada en la que, como cantaba el grupo Brotes de Olivo, sepamos "hacer santa la comunidad": un espacio donde la diversidad no asuste, la escucha mutua sane y la fe se viva con la sencillez del Evangelio.

Quizá la mayor lección pastoral de estos días no esté en los grandes discursos, sino en la silenciosa elocuencia de un cuerpo convaleciente que sigue confiando. Recordarnos frágiles es, en definitiva, recordarnos humanos. Y solo desde una humanidad despojada, dispuesta a la escucha y al apoyo mutuo, es posible seguir tejiendo una comunidad viva, capaz de sanar y de dejarse sanar en el amor.

Jesús Lozano Pino