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miércoles, 19 de febrero de 2020

Las religiones se enfrentan a la rebelión de mujeres



María Dolores Prieto Santana, educadora y antropóloga. Colaboradora de Tendencias21 de las religiones

Redes Cristianas
La teología feminista aboga por que la mujer asuma su pleno protagonismo en las religiones

modernas
“Las religiones nunca se han llevado bien con las mujeres. Siempre han sido las grandes perdedoras”,
según el teólogo Juan José Tamayo Acosta. En el cristianismo, aunque en la época patrística se valoró su dignidad en la iglesia y existen figuras femeninas importantes, también predominan los criterios discriminadores en relación a la mujer. Tamayo plantea cinco tesis para analizar y profundizar en esta circunstancia, que revisaremos en el presente artículo. Por su parte, la teología feminista actual trata de reivindicar de forma radical la condición plena de la mujer como ser humano, en ningún caso inferior a la condición del varón. Por María Dolores Prieto Santana.

La presencia y el papel de la mujer en la historia de las diversas religiones es algo histórico que, como tal, se sale de la especulación para verse sólo como una simple constatación de cuanto realmente ha pasado. pasado.
La falta de reconocimiento de la mujer en las religiones no sólo dependió de las mismas religiones, sino del carácter primitivo de las sociedades antiguas; aunque nunca puede olvidarse que las religiones formaban también una parte sustancial de esas mismas culturas y contribuyeron a modelarlas.
La teología feminista actual trata de reivindicar de forma radical la condición plena de la mujer como ser humano, en ningún caso inferior a la condición del varón como ser humano. La teología feminista, por una parte, denuncia la infravaloración del papel de la mujer

en el pasado, las formas en que se mantiene todavía en el presente y aboga para que la mujer asuma su pleno protagonismo en las religiones modernas…..
Una de las tendencias sociales emergentes en el siglo XXI es la del progresivo “empoderamiento” (permítaseme el anglicismo) de las mujeres en nuestra sociedad, tanto en el barrio rico del planeta como en el tercer mundo. También este proceso está presente en las tradiciones religiosas, tanto de raíces cristianas como en los demás monoteísmos.
En junio de 2013, el profesor Juan José Tamayo Acosta, Director de la Cátedra de teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid, ha intervenido con una conferencia en la Escuela de Teología Feminista de San Salvador. Esta Escuela tiene un ambicioso programa que se desarrollará de julio a diciembre de 2013. Este programa está estructurado en torno a tres núcleos fundamentales: Historia de la Teología Feminista; Derechos Humanos de las mujeres, un compromiso ético y teológico; sexualidad.
Religión

En estas páginas de Tendencias21 de las religiones hemos publicado recientemente un artículo sobre su intervención en el foro social de Túnez. La conferencia pronunciada por Juan José Tamayo el 28 de junio de 2013 versó sobre reflexiones sobre las mujeres en las religiones y la  teología feminista. De ella se han hecho eco diversas publicaciones. Creemos de interés presentarla a nuestros lectores para que tengan ocasión minista de intercambiar sus puntos de vista.
Para Tamayo, “esta conferencia, de carácter introductorio, analiza críticamente la actitud de las religiones hacia las mujeres y pone las bases para una teología feminista de la liberación elaborada a partir de las categorías de la teoría feminista: género, patriarcado, autonomía, subjetividad, pacto entre mujeres, violencia de género, etc.”

Como se indica en la cabecera de este artículo, el autor propone cinco tesis, cinco formulaciones generales sobre la situación general de las mujeres en el marco de las tradiciones religiosas. Evidentemente, es simplificador querer abarcar todas las mujeres y todas las tradiciones religiosas. Pero en esta simplificación, aunque siempre mutiladora, resaltan más las grandes tendencias sociales de fondo implicadas en esta problemática. Son una muestra de la tendencia constante e imparable a establecer un digno papel para la mujer en el protagonismo histórico, y en especial de las religiones.
1. Las mujeres son las grandes olvidadas y perdedoras de las religiones
Esta es la primera tesis que propone el profesor Tamayo. Tal vez excesivamente asertivo, pero que luego matiza y justifica. La primera constatación empírica, de acuerdo con los datos de la sociología, es que “las mujeres en las religiones no son reconocidas como sujetos morales: se las considera menores de edad que necesitan guías espirituales varones que les conduzcan por la senda de la moralidad, les digan lo que es bueno y lo que es malo, lo que pueden y no pueden hacer, sobre todo en materia de sexualidad, de relaciones de pareja y en la educación de sus hijos. Las normas morales a cumplir por las mujeres –alejadas, cuando no contrarias, la mayoría de las veces, a las orientaciones igualitarias de los fundadores y fundadoras- son dictadas por los varones, que se las imponen como de obligado cumplimiento.
Mucha carga de profundidad tiene esta afirmación. Ello nos lleva a una cuestión ya abordada por Tendencias21: la herencia de la sociedad patriarcal todavía latente en el neolítico tardío. Sigue el texto:

“en el imaginario patriarcal religioso, influido por los clérigos, imames, rabinos, lamas, gurús, pastores y maestros espirituales, las mujeres son consideradas tentadoras, ligeras de conducta, amorales, etc.
Esa imagen se ha elaborado a partir de determinados textos de algunos libros sagrados escritos en lenguaje patriarcal, considerados válidos en todo tiempo y lugar, y leídos con ojos fundamentalistas y mentalidad misógina”.

Hay una segunda constatación sociológica que apoya la tesis de la deficiente relación de las tradiciones religiosas con las mujeres: “Las mujeres casi nunca son reconocidas como]i sujetos religiosos. En no pocas religiones la divinidad suele ser masculina y tiende a ser representada sólo por varones. De lo que Mary Daly concluye, creo que certeramente: “Si Dios es varón, el varón es Dios”. Así, los varones se sienten legitimados divinamente para imponer su omnímoda voluntad a las mujeres y el patriarcado religioso –Dios, en definitiva- legitima el patriarcado en la sociedad. Precisamente porque sólo los varones pueden representar a Dios, sólo los varones pueden acceder al ámbito de lo sagrado, al mundo divino, entrar en el sancta sanctorum; subir al altar, ofrecer el sacrificio, dirigir la oración comunitaria en la mezquita, presidir el servicio religioso en las sinagogas (con algunas excepciones).
“Ser cura es cosa de hombres”
Sobre el problema (para algunas teólogas feministas sustancial y para otras accesorio e incluso anecdótico) prosigue: “sólo los varones pueden ser sacerdotes en la Iglesia Católica, imames en el islam y rabinos en el judaísmo ortodoxo, sin que haya texto sagrado alguno que excluya a las mujeres. En la Iglesia católica la ordenación sacerdotal de mujeres es considerada delito grave al mismo nivel que la pederastia, la herejía, la apostasía y se castiga de manera más severa que la pederastia: con la excomunión.
La oración comunitaria de los viernes presidida por mujeres es calificada de profanación de lo sagrado. En la Iglesia católica, las mujeres pueden consagrar su vida a Dios, pero, en razón de su sexo, no pueden representar a Dios. En las mezquitas las mujeres suelen estar separadas de los hombres -¿para no contaminar?-, son colocadas en la parte superior tras una celosía, e incluso a veces tienen que entrar por una puerta distinta a la de los hombres. Ala

de los hombres”.
“Las mujeres no son sujetos teológicos”
La tercera constatación que justifica el maltrato que las tradiciones religiosas hacen a las mujeres, prosigue Tamayo: “Las mujeres difícilmente son reconocidas como sujetos teológicos. Las instituciones religiosas suelen poner a las mujeres todo tipo de trabas para el estudio y la docencia de la teología, para la interpretación de los textos sagrados, para la reflexión sobre la fe, etc. Y cuando deciden u osan pensar la fe y hacer teología desde sus experiencias de sufrimiento y de lucha, e interpretar los textos de sus respectivas religiones desde la propia subjetividad, desde sus experiencias vitales, suelen ser acusadas de entrar en un terreno que no les corresponde y de caer en el subjetivismo. ¡Como si los varones no lo fueran en sus lecturas e interpretaciones! En la mayoría de las religiones la teología está escrita con caracteres masculinos”.
Además, “La organización de las religiones se configura la mayoría de las veces patriarcalmente: todos los sacerdotes católicos y todos los imames son varones; el Dalai Lama es varón; la mayoría de los rabinos y de los lamas son hombres. Por ello, las religiones bien pueden definirse como perfectas patriarquías. Hay, con todo, honrosas excepciones en las iglesias de tradición protestante, que ordenan pastoras, sacerdotisas y obispas a las mujeres. Práctica que debería generalizarse para terminar con la discriminación de género en el acceso a los ministerios ordenados”.
La quinta constatación sociológica de que las religiones no valoran a las mujeres es que “las mujeres acceden con dificultad a puestos de responsabilidad en las comunidades religiosas. El poder suele ser detentado por varones. A las mujeres les corresponde acatar las órdenes. Lo que tiende a justificarse por el discurso androcéntrico de las religiones apelando a la voluntad divina: es Dios quien encomienda el poder y la autoridad a los varones. En el caso del cristianismo, se apela a Jesús para cerrar el paso a la ordenación sacerdotal de las mujeres”.
Tamayo corrobora esta afirmación con lo que afirma Benedicto XVI en el libro-entrevista con el periodista Peter Seewald: no es que no queramos ordenar a las mujeres sacerdotes, no es que no nos guste. Es que no podemos, porque así lo estableció Cristo, que dio a la Iglesia una figura con los Doce y, después, en sucesión con ellos, con los obispos y los presbíteros (los sacerdotes). En otras palabras, que sólo ordenó sacerdotes a hombres.
El conferenciante se pregunta: “¿las iglesias cristianas, cada vez más numerosas, que ordenan a mujeres y les reconocen funciones sacerdotales y episcopales, están transgrediendo el mandato de Cristo o aplican en sus comunidades el principio evangélico y democrático de igualdad entre hombres y mujeres?”
Los datos bíblicos son expresivos: “con la Biblia cristiana en la mano y desde una hermenéutica de género hay que decir: a) que lo que pone en marcha Jesús de Nazaret no es una Iglesia jerárquico-patriarcal como la actual, sino un movimiento igualitario de hombres mujeres; b) que Jesús de Nazaret no ordenó sacerdotes ni a hombres ni a mujeres.
Todo lo contrario: eliminó el templo como lugar de culto proponiendo como alternativa la adoración “en espíritu y en verdad”. El cristianismo, como dijera lúcidamente Díez-Alegría, es una religión ético profética, no ontológico-cultural. Con la historia de la Iglesia en la mano y las investigaciones arqueológicas puede afirmarse que durante varios siglos las mujeres ejercieron funciones sacerdotales y episcopales. ¿No es la historia, para la Iglesia, “maestra de la vida”?”
Las formas múltiples de exclusión de las mujeres
Pero existe otra constatación sociológica más grave aún: para Tamayo, apoyado en los datos del Instituto de la Mujer del gobierno de España, muestra “las religiones legitiman de múltiples formas la exclusión de las mujeres de la esfera pública, de la vida política, de la actividad intelectual, del campo científico, y limitan sus funciones al ámbito doméstico, a la esfera de lo privado, a la educación de los hijos e hijas, a la atención al marido, al cuidado de los enfermos, personas mayores, etc. Cualquier tipo de presencia de las mujeres en la actividad política o social es considerado ajeno a la “identidad femenina” (¿?) y un abandono de su verdadero campo de operaciones, que es el hogar., con la consiguiente culpabilización. A lo sumo defienden que la mujer pueda realizarse en el hogar y en el trabajo, lo que no se aplica a los hombres”.
Como conclusión de todo lo dicho, se puede afirmar que: “La mayoría de las religiones niegan a las mujeres el reconocimiento y el ejercicio de los derechos reproductivos y sexuales:
– Las mujeres no son dueñas de su propio cuerpo, que es controlado por los confesores, directores espirituales, esposos, etc.

.
– A las mujeres no se les permite planificar la familia: deben tener los hijos y las hijas que Dios quiera, los que Dios les mande, no los que ellas libremente decidan.
– No pueden ejercer la sexualidad fuera de los límites impuestos por la religión (matrimonio, heterosexualidad). La práctica de la sexualidad fuera del matrimonio o con personas del mismo sexo es prohibida y considera impura ca de la sexualidad fuera del matrimonio o con personas de otro sexo es prohibida y consideradas impuras por la la menstruación.
– Si deciden interrumpir el embarazo, incluso ateniéndose a la ley, son acusadas de pecadoras y criminales y se pide para ellas incluso penas de cárcel. En la condena y criminalización del aborto coinciden los líderes religiosos, por ejemplo, del catolicismo y del Islam.
– Las mujeres no pueden utilizar métodos anticonceptivos, porque eso implica poner obstáculos a la vida”.
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2. Las religiones han ejercido distintos tipos de violencia contra las mujeres

Tras esta primera tesis, la segunda (apoyada en la primera) va todavía más lejos: las religiones y la violencia. Esta cuestión, ya desarrollada por Martha Nussbaum (ver Tendencias21) a su irracionalidad, sigue muy presente en la sociedad. Según Tamayo, “los textos sagrados dejan constancia de ello. Justifican pegar a las mujeres, lapidarla, ofrecerlas en sacrificio para cumplir una promesa y para aplacar la ira de los dioses, dejarlas encerradas en casa hasta que se mueran, imponerles silencio, no reconocerles autoridad, no valorar su testimonio en igualdad de condiciones que a los varones, etc. Las prácticas religiosas vienen a ratificarlo. A las mujeres no se les reconoce la presunción de inocencia, sino que se las presume culpables mientras no se demuestre lo contrario. Son ellas las que caen en la tentación y tientan a los varones, y por eso merecen castigo”.
Las mujeres, puertas de satanás.
Algunos textos de los llamados Padres de la Iglesia –por referirnos a los ámbitos cristianos- son tremendos: consideran a las mujeres “la puerta de Satanás” y la “causa de todos los males”. Un teólogo tan influyente en el cristianismo como Agustín de Hipona llega a afirmar que la inferioridad de la mujer pertenece al orden natural. Otro teólogo tan decisivo en la teología cristiana como Tomás de Aquino define a la mujer como “varón imperfecto”.
Lutero habla de las mujeres como inferiores de mente y cuerpo por haber caído en la tentación y afirma que las mujeres han sido creadas sin otro propósito que el de servir a los hombres y ser sus ayudantes. Esto son hechos históricos atestiguados.
La violencia de los hombres de Iglesia contra las mujeres, incluidos los santos como Agustín de Hipona, es descrita con toda su crudeza y realismo en una escena de la novela de Jostein Gaarder, Vita brevis, que recoge la carta dirigida por Floria Emilia a Aurelio Agustín, con quien había vivido en concubinato doce años:
“Una tarde, cuando habíamos compartido de nuevo los regalos de Venus, te volviste de pronto airado hacia mí y me golpeaste. ¿Recuerdas que me golpeaste? ¡Tú, precisamente tú que antaño fuiste un respetable profesor de Retórica, me pegaste brutalmente porque te habías dejado tentar por mi ternura! Sobre mí recayó la culpa de tu deseo… Obispo, pegaste y gritaste porque me había convertido de nuevo en una amenaza para la salvación de tu alma. Cogiste una vara y me golpeaste de nuevo. Pensé que querías acabar con mi vida porque eso hubiera sido para mí lo mismo que castrarte. Pero yo no temía por mi vida, sólo estaba destrozada, tan decepcionada y avergonzada de ti que recuerdo claramente que deseé que me mataras de una vez” [Jostein Gaarder, Vita brevis. La carta de Floria Emilia a Aurelio Agustín, Siruela, Madrid, 1997, pp. 112-113].
Tras relatar la agresión con pelos y señales, Floria comenta que no fue a ella a quien golpeó Agustín, sino a Eva, a la mujer, y le recuerda, citando a Publio Sirio, que quien se comporta injustamente con una persona, amenaza a muchas personas. Al final de la carta le confiesa al obispo de Hipona con justificado dramatismo: “Siento escalofríos porque temo que lleguen tiempos en los que las mujeres sean asesinadas por hombres de la Iglesia de Roma” (p. 126).
Y sigue planteado una pregunta escalofriante: “Pero, ¿por qué se las habría de matar, honorable obispo? Porque os recuerdan que habéis renegado de vuestra propia alma y atributos, pensáis. ¿Y en favor de quién? En favor de un Dios, decís, en favor de Él que ha creado el firmamento que os cubre y la tierra sobre la que viven las mujeres que os dan a luz” (pág. 126-127).
La antigua compañera de Agustín dice a los hombres de Iglesia que, si Dios existe, los juzgará por los placeres a los que han dado la espalda y por negar el amor entre hombre y mujer. Floria Aurelia termina la carta comunicando al obispo que si fue él quien se ocupó de hacerle llegar sus Confesiones para que se bautizara, no le va a dar esa satisfacción.
Desde luego, estos textos impresionan. Pero, desgraciadamente reflejan lo que probablemente ha sido la historia y una forma de ver a la mujer que todavía pervive en la mente de algunos.
3. Sin embargo, las mujeres son las más fieles seguidoras de las religiones
La tercera tesis del profesor Juan José Tamayo en la conferencia pronunciada en junio en San Salvador es que, a pesar de todo, las mujeres siguen siendo las más fieles seguidoras de las religiones. ¿Se trata de síndrome de Estocolmo? Sigamos el hilo del conferenciante: “Hay quienes hablan de que la orientación femenina hacia la religión es innata, más aún, genética, que las mujeres son por naturaleza más crédulas y, por eso, son más asiduas a las actividades religiosas. Ninguna investigación genética lo demuestra. Se trata de un estereotipo cuyo objetivo es someter a la mujer a las restrictivas y represivas orientaciones religiosas. Quienes así piensan, se olvidan de que tradicionalmente ha sido a las mujeres a quienes más se ha inculcado el sentimiento religioso. Se trata, por tanto, de un proceso inducido, que responde a una determinada educación y aprendizaje”.
Y concluye: “Las mujeres son las mejores transmisoras de las enseñanzas religiosas a sus hijos en la familia y a los niños y niñas en los espacios religiosos a través de la educación religiosa. Ellas son también las que mejor reproducen la organización patriarcal y la ideología androcéntrica y las que más practican las religiones”. ¿Nos encontramos en un callejón sin salida? ¿En un proceso delicadamente trazado de dominación?
Imagen: NLPhotos. Fuente: PhotoXpress.

4. Rebelión de las mujeres
Pero no todas las mujeres son así. Crece el sentimiento profundo de rebelión de las mujeres, incluso en el islam, contra esa situación. “En las últimas décadas – prosigue Tamayo – asistimos a una auténtica rebelión de las mujeres en el ámbito de las religiones, tanto a nivel personal como colectivo, tanto en el interior de las religiones como en la sociedad”. Esta rebelión se detecta, a nivel personal, transgrediendo conscientemente las normas y orientaciones en materia de sexualidad, relaciones de pareja, planificación familiar, opciones políticas, etc.
En el interior de las religiones, hay rebelión de las mujeres creando movimientos y asociaciones de mujeres que ejercen su libertad de organización y funcionan autónomamente al margen de los varones e incluso enfrentadas con las autoridades religiosas. Hay quienes piensan que la rebelión de las mujeres será el factor determinante que fuerce al Islam a salir de su fundamentalismo histórico.
Hay rebelión social, participando activamente en los movimientos feministas y en las organizaciones sociales como expresión de la convergencia en las luchas por la emancipación de las mujeres y como forma de comprometerse con los sectores más vulnerables de la sociedad. Concluye Tamayo que “la rebelión de las mujeres dentro de las religiones constituye uno de los hechos mayores y de más profunda significación en la historia del fenómeno religioso, que tiene importantes repercusiones políticas y sociales.
Supone un avance en la lucha por la emancipación de las mujeres y por la liberación de los marginados y excluidos. Por eso la rebelión feminista de las mujeres creyentes debe contar con el apoyo de los colectivos y las personas religiosas, pero también con el de todos los ciudadanos y ciudadanas comprometidos en la lucha por la emancipación de los pueblos sometidos a las distintas formas de opresión. La indignación de las mujeres creyentes constituye la respuesta a la situación de indignidad en que son situadas en el seno de la mayoría de los sistemas de creencias, de las religiones y de los movimientos espirituales”.
5. Teología feminista
La rebelión de las mujeres y de los colectivos de mujeres en la sociedad y en el seno de las organizaciones y tradiciones religiosas se expresa hoy en la construcción social de un pensamiento teológico propio.
“Fruto de esta rebelión – dice Tamayo – ha surgido una nueva manera de vivir y de pensar la fe religiosa desde la propia subjetividad de las mujeres en las diferentes religiones, sobre todo cultivada por mujeres: la teología feminista, que:
a) Parte de las experiencias de sufrimiento, de lucha y de resistencia de las mujeres contra el patriarcado y sus diferentes manifestaciones.
b) Recupera la memoria de las antepasadas que trabajaron por avanzar la historia hacia la libertad de los oprimidos y por la emancipación de las mujeres contra todo tipo de discriminación.
c) Reescribe la historia de las religiones desde la perspectiva de género dando voz y protagonismo a las mujeres silenciadas por el patriarcado religioso.
d) Utiliza las categorías de la teoría de género para analizar críticamente las estructuras patriarcales y los discursos androcéntricos de las religiones y proponer una teología alternativa que contribuya a la emancipación de las mujeres en todos los ámbitos de su existencia”.
Teología feminista global

La teología feminista no es una teología regional que se ocupe temáticamente de cuestiones relativas a las mujeres, ni que interese solo a las mujeres y sea elaborada por mujeres. Se trata de una teología: a) fundamental, que intenta dar razón de la fe en Dios no sometida al modelo divino patriarcal y en el seguimiento de Jesús conforme al movimiento igualitario de hombres y de mujeres que decidieron seguirle; b) de la liberación, que quiere contribuir a la salvación de todos los oprimidos y a la transformación de las estructuras religiosas del dominio masculino; c) crítica, que recurre a los métodos histórico-críticos y a la teoría feminista y utiliza una hermenéutica de la sospecha para leer los textos fundantes de las religiones en perspectiva de género. La hermenéutica de la sospecha que se extiende también a las traducciones e interpretaciones, en su mayoría hechas desde presupuestos andro-antropo-céntricos; d) que reconoce a las mujeres como sujetos religiosos, morales y teológicos, como interlocutoras directas de Dios sin la mediación de los varones y portadoras de gracia y salvación. Las teologías feministas están desarrollándose en la mayoría de las religiones.
A la revolución feminista, la primera de carácter pacifista de la historia, el patriarcado responde con la violencia de género. A la teología inclusiva de género, muchas religiones responden con la exclusión de las mujeres.
Todas estas son ideas desarrolladas por el profesor Juan José Tamayo en su conferencia en El Salvador en junio de 2013. Son, sin duda, una nueva ocasión para ver cómo reflexiona la teología feminista y para que nosotros mismos nos propongamos una reflexión crítica personal.
Conclusión
Concluimos con las mismas palabras del conferenciante: “En el siglo XIX las religiones perdieron a la clase obrera porque se colocaron del lado de los patronos que los explotaban y condenaron las revoluciones sociales que luchaban por una sociedad más justa y solidaria. Los trabajadores dieron la espalda a las religiones porque se sintieron traicionados por ellas, alejándose, la mayoría de las veces, del mensaje igualitario y solidario de los orígenes. En el siglo XX las religiones perdieron a los jóvenes y a los intelectuales por sus posiciones filosóficas y culturales integristas, alejadas de los nuevos climas de la modernidad. Si continúan por la senda patriarcal por la que ahora caminan, en el siglo XXI las religiones perderán a las mujeres, hasta ahora sus mejores y más fieles seguidoras. Sin la clase trabajadora, sin los jóvenes, sin los intelectuales y sin las mujeres, las religiones habrán llegado a su fin. Y no podrán echar la culpa de su fracaso a nadie. Ellas mismas se habrán hecho el harakiri”. (Para una profundización de estas ideas, cf. Juan José Tamayo. Otra teología es posible. Pluralismo religioso, interculturalidad y feminismo, Herder, Barcelona, 2012, 2ª ed., especialmente el capítulo “Revolución feminista en la teología”, pp. 213-265).
María Dolores Prieto Santana, educadora y antropóloga. Colaboradora de Tendencias21 de las religiones.

EL SOL SALE PARA TODOS

comentario editorial
El día será lo que hagas de él, por lo tanto, levántate, como el sol, y quema (William C. Hannan)
Mt. 5, 38 48
Vuestro Podre del cielo, que hace salir su sol sobre buenos y malos
El sol sale para todos, para nosotros también, el sol no discrimina, no sabe de pobreza y riqueza, de razas y castas sociales, provee el mismo calor para todos quienes lo reciban, es opción de nosotros el quedarnos bajo las sombras o levantarnos cada amanecer para aprovechar el calor del día a día, pues diariamente tenemos oportunidades para dar lo mejor de nosotros y seguir adelante siempre luchando por lo mejor que podamos lograr en nuestras vidas.
¿Podemos tener mejor tarea en nuestras manos que la de ayudarnos y ayudar a los demás a ser profundamente humanos?
Jesús también la tuvo y la ejerció constantemente, como prueban sus palabras y sus hechos, y como lo repiten todos buenos cristianos, continuando sus ejemplos.
Lo decía también William C. Hannan: “El día será lo que hagas de él, por lo tanto, levántate, como el sol, y quema”.
Levantarnos cada amanecer del día, ver nacer el sol cuando amanece por Oriente y sentarnos tranquilamente para contemplarlo, dejándonos abrasar por él, y luego repartir nuestro abrasar entre cuanto se nos acercan, es cumplir el mandato evangélico de ser luz, para el mundo, y jamás ocultar ese sol que nuestro Padre del sol tan generosamente nos ha dado.
De este modo cumpliremos el levítico mandato, y también evangélico, de amar al prójimo como a nosotros mismos, contemplando el dicho de Mateo en el evangelio de este domingo de: el sol sale sobre buenos y malos.
Agustín Recio Borreguero los canta de esta manera:
EL SOL SALE PARA TODOS
“El sol sale para todos, 
para nosotros también“, 
el sol no discrimina, 
no sabe de pobreza y riqueza, 
de razas y castas sociales.
El sol provee el mismo calor 
para todos quienes lo reciban.
Es opción de nosotros
el quedarnos bajo las sombras 
o levantarnos cada amanecer 
para aprovechar el calor del día a día.
Cada día es una oportunidad 
 para dar lo mejor de nosotros 
y seguir adelante siempre luchando 
por lo mejor que podamos lograr en nuestras vidas.

Hermano Francisco (Carta al obispo de Roma sobre la querida Amazonia)


José I. González Faus

González Faus“La ley del celibato no es un mandato divino sino una tradición humana” Hermano Francisco (Carta al obispo de Roma sobre la querida Amazonia)
“Acordarse de los pobres no es solo acordarse de sus derechos humanos pisoteados, sino también de que puedan recibir a Cristo”
“En tu curia romana, hermano Francisco, hay legión de presbíteros que viven en celibato y no tienen prácticamente trabajo ministerial alguno”
“La curia romana podría quedar ocupada por laicos fieles, (“viri probati” también), casados y padres de familia. Porque ninguna ley eclesiástica exige el celibato para ser oficinista, ni por importante o sagrada que sea esa oficina. Serían unos excelentes “burócratas cristianos””··· Ver noticia

Castillo: “¿Lo más peligroso para la Iglesia es la amenaza de un cisma o la presión del clericalismo integrista?”


Castillo1“Responder al derecho de los fieles es una obligación apremiante”
“Esta situación se resolverá cuando se tomen dos decisiones, que son cada día más apremiantes: 1) La ordenación presbiteral de hombres casados; 2) Establecer en la Iglesia la igualdad de derechos de mujeres y hombres”
“¿Una vez más la Iglesia se va a empeñar en imponer, al mundo y a la historia, lo que el mundo y la historia han demostrado ya sobradamente que la Iglesia no tiene poder para eso, ni está en este mundo para eso?”··· Ver noticia

Pikaza: ” Jesús no fue sacerdote en sentido clerical, sino laico”


Pikaza2“En el principio las cosas de Jesús y de la Iglesia no fueron como son ahora”
En su documento sobre la Iglesia en Amazonia, el Papa Francisco ha expuesto de forma esperanzada los dones y tareas de la Iglesia, pero algunos pensamos que sus conclusiones en línea ministerial son insuficientes, y quizá no responden a los presupuestos y principios que expone el documento.
El Congreso de laicos de Madrid nos ha dado también esperanza, y muchos hemos sentido que su voz es más evangélica que la de sus obispos, como si las “ovejas” tuvieran que enseñar el camino a los pastores (así parece confirmarlo la foto y tema de la gran misa final)··· Ver noticia

jueves, 13 de febrero de 2020

Pikaza: “Para ‘sacerdotes’ en el sentido tradicional católico, sobran los que tenemos”


Pikaza2“El Papa ha dicho bien: no a sacerdotes casados ni mujeres sacerdotes. Ahora empieza todo”
“No se arregla nada con que algunos casados puedan ser sacerdotes, ni que se ordenen algunas mujeres, en la forma actual del sacerdocio clerical”
“En las circunstancias actuales, ‘ordenar’ algunas mujeres o casados para este sacerdocio clerical sería un engaño, una mentira, una equivocación” ··· Ver noticia ·

Diamantino

Redes Cristianas
Manuel Velasco Haro
Diamantino1Texto leído en la celebración del 25 aniversario de la muerte de Diamantino García en Osuna el 9 de Febrero(Redacción de RR.CC)
El día 9 de febrero de 2020 se cumplen 25 años del fallecimiento de nuestro querido compañero Diamantino. Hace ahora 25 años que muchos y muchas de nosotros estuvimos aquí en este mismo lugar aquel día triste y lluvioso, dándole la última despedida. A pesar del tiempo transcurrido, la sola mención de su nombre sigue despertando en mucha gente una fuerte sensación de nostalgia, emoción y recuerdos inolvidables. Falleció demasiado joven, como los grandes mitos, pero su vida, sus palabras y sus hechos forman parte del mejor patrimonio humano que ha tenido Andalucía en toda su historia.
Diamantino había nacido en Ituero de Azaba, un pequeño pueblo de Salamanca, pero con cinco años se trasladó a Sevilla. Aquí estudió y se hizo sacerdote, convencido de dedicar su vida a los demás. El 10 de Agosto de 1969, llegó a Los Corrales con tan solo 26 años de edad para dirigir la Parroquia, aunque su destino no fue casual, porque junto a un equipo de cuatro compañeros más, habían elegido la Sierra Sur de Sevilla para su trabajo: Los Corrales, Martín de la Jara. Pedrera. Gilena y Aguadulce. Allí se instalaron Diamantino, Miguel, Enrique, Juan y Esteban.
En las primeras semanas iniciaron la creación del “Movimiento Junior”, organizando una serie de grupos de niños y jóvenes que nos reuníamos con ellos para hablar de solidaridad, del egoísmo de las injusticias sociales. Al poco tiempo dejaron de repartir las hojas parroquiales que llegaban del Episcopado y comenzaron a editar cada semana sus propias hojas, en las que reflejaban otra versión del cristianismo y de los problemas reales de la gente. Más tarde, comenzaron a señalar también la falta de libertad del Régimen Franquista y la reacción no se hizo esperar en las autoridades de la época, ni en los sectores conservadores, que empezaron a escandalizarse de aquellos curas.
A medida que los grupos se fueron ampliando, curiosamente, en todos los pueblos surgió el mismo calificativo hacia los jóvenes que nos acercábamos a ellos, señalándonos en tono despectivo como: “la gente del cura”. Desde los primeros momentos aquellos nuevos sacerdotes se propusieron ser considerados como otros trabajadores más del pueblo, trabajando en la aceituna o emigrando a la vendimia francesa. En muy poco tiempo, Diamantino consiguió hacerse querer por muchas familias humildes, conociendo a todos y todas por sus nombres y por sus apodos. Allí donde había un enfermo, un necesitado o un problema, siempre estaba presente y disponible para resolver cualquier asunto. Comenzó a convertir su casa, la iglesia y la sacristía en un centro de actividad permanente; reuniones, clases de alfabetización, asambleas, charlas semanales… Allí se leían otros libros, se escuchaban otras canciones, o se representaban pequeñas obras de teatro.
Durante los primeros años, entrar en su casa significaba descubrir cada día nuevas experiencias que en la calle estaban prohibidas. Su brillante don de palabra atraía como un potente imán con ideas claras y firmes. Su intensa dedicación a los débiles le hacía ser muy crítico con la jerarquía de la Iglesia, a la que denunciaba de alianza con los poderes establecidos y de pasividad ante las injusticias. Su cristianismo era liberador y comprometido con los pobres. Por ello, quiso hacer de la Iglesia un refugio para defender a los débiles, organizando encierros, huelgas y protestas contra el abuso y la explotación. En los momentos difíciles, era el primero en dar la cara, una actitud por la que fue amenazado, detenido, juzgado, y perseguido.
En uno de los informes que envió la Guardia Civil al Gobernador se decía textualmente: “Donde hay conflictos laborales, allí se encuentra Diamantino, siendo su labor la de un revolucionario. Este sacerdote, está conceptuado en este puesto como activista en contra del Régimen actual, ya que es muy amante de todos los partidos políticos que están en contra del Gobierno de la Nación, siendo de tendencias comunistas por cuyo motivo su conducta deja mucho que desear”.
Tras la muerte del dictador parecía abrirse una esperanza, hacia una sociedad democrática que acabara con las injusticias del pasado, pero aquellos curas obreros adivinaron pronto el modelo de Democracia que se estaba pactando. En una Hoja Parroquial del equipo de curas, publicada en octubre de 1976, señalaron con extraordinaria precisión: “Democracia, una palabra que ahora atraviesa de parte a parte todos los periódicos del país, y que se hace imprescindible en cualquier discurso de personas que han convivido cómodamente con la Dictadura. Democracia, una palabra que interesa menos de lo que se aparenta. Pronto se instalará en nuestro país una controlada Democracia, pero la mayoría seguiremos muy alejados de los centros donde se tomen las decisiones económicas y políticas. A lo más que llegaremos será a echar una papeleta con un voto para darle más poder a quien controla la opinión pública desde los medios de comunicación. Con poder votar no está hecha la Democracia. La Democracia es darle verdadero poder y participación al pueblo para que él sea el propio protagonista de su destino y de su historia“.
Consciente de que se abría una compleja etapa, Diamantino se implicó de lleno, participando en la fundación del Sindicato Obrero del Campo (SOC) y en la creación de Asociaciones de Vecinos que canalizaran las inquietudes políticas, sociales y culturales, hasta desembocar en las primeras Elecciones Municipales de 1979.
El continuo problema del paro y la emigración azotaban nuestros pueblos. La Reforma Agraria pendiente en Andalucía era uno de los grandes retos históricos y su puesta en marcha podía aportar grandes soluciones. Después de cuarenta años, se reanudaba la lucha por la tierra. El 12 de julio de 1978, la finca “Aparicio”, ubicada en la carretera de Osuna a Martín de la Jara, fue el primer objetivo y muchos trabajadores de la comarca respondieron a la llamada. Se extendieron las ocupaciones por toda Andalucía y el respeto a la figura del “jornalero”, saltó a todos los medios de comunicación. El Himno de Andalucía recobró vida real en cada ocupación al cantar con orgullo: “Andaluces levantaos, pedid Tierra y Libertad”.
Grandes fincas, propiedad de terratenientes, no escaparon al punto de mira de Diamantino, encabezando en numerosas ocasiones ocupaciones para exigir cultivos que dieran mano de obra y repoblación forestal. Su participación en la mayoría de los conflictos del campo, le fueron forjando como un luchador infatigable y un líder jornalero sin precedentes. Su presencia y sus palabras reforzaban los encierros en Ayuntamientos, Diputaciones u Oficinas del INEM. La preocupación constante por la falta de trabajo le hizo buscar y gestionar medios y posibilidades para impulsar Cooperativas de Trabajadores. Conocía los despachos de la Administración y de los gobernantes como nadie. Su alcance hacia cualquier lugar sorprendía a diario. Con él se relacionaban innumerables personas de todas partes, y de su mano llegaron a nuestros pueblos líderes sindicales, políticos, y mucha gente del mundo del arte y la cultura. Unos y otros traían un enorme caudal de experiencia a nuestros pueblos olvidados desde siempre.
Su dedicación era constante como cura obrero en la Iglesia y en la calle, trabajando en su casa y en el campo, atendiendo problemas, organizando y movilizando, acompañando a los que sufrían, visitando cárceles, hospitales y barrios marginados de toda Andalucía. No había excusas para él. Si ocurría una desgracia, no importaba la distancia. De día o de noche, con peligro o sin él, Diamantino siempre hacía todo lo posible para estar presente. Su sola presencia tranquilizaba y los problemas se hacían más pequeños con su apoyo. Todo ello fue proyectando su gran valor personal hacia amplios sectores de la sociedad, con el que fue ganándose el respeto a todos los niveles.
Nuestros pueblos, castigados de siempre por el paro y la emigración, encontraron en Diamantino un aliado incondicional, un luchador incansable por la dignidad. Sus aportaciones fueron fundamentales para que los trabajadores de Andalucía y Extremadura percibieran ayudas, subsidios y empleos comunitarios. Su avance siempre constante en favor de la justicia, saltó las fronteras y su ejemplo escapaba hacia cualquier lugar. A su casa llegaban los oprimidos, los marginados, los castigados por la droga, los que no tenían vivienda, los inmigrantes… Su continua actividad, reconocida en todos los ámbitos políticos y sociales, alcanzó un enorme prestigio de entrega y honradez por toda Andalucía. Lo llamaban desde cualquier lugar para escucharle. Sus artículos en la prensa eran un continuo clamor de denuncia y defensa de los olvidados.
Su vida se fue consolidando como un patrimonio de todos, conociendo personalmente la miseria allí donde nace, y la lucha de los pueblos oprimidos por liberarse. A finales de los 80, participó en la fundación de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía y de la organización Entrepueblos para unir esfuerzos en defensa de los pobres con campañas y proyectos de ayuda al Tercer Mundo y a los inmigrantes. En toda esa labor era consciente de los grandes obstáculos que debía combatir frente al poder establecido, convirtiéndose en un personaje molesto para los distintos gobiernos. También tuvo que convivir con la incomprensión de aquellos sectores de población que lo atacaron y calumniaron, un hecho que él siempre atribuyó a la ignorancia y a la falta de conciencia. Durante toda su vida denunció los gastos militares, la entrada de España en la OTAN, la manipulación televisiva, el folklore religioso de los falsos cristianos y la utilización de las imágenes para campañas turísticas y comerciales.
A finales de 1989, le llegó uno de los golpes más duros. Un cáncer linfático comenzó a acompañarle para el resto de su vida, creándole una continua dependencia de tratamientos y hospitales. A pesar de ello, seguía su tarea diaria, volcado cada vez más en la Asociación Pro Derechos Humanos.
En 1993, le concedieron la Medalla de Plata de Andalucía por su defensa de los colectivos más desfavorecidos, pero su conciencia, siempre firme y critica con el poder no daba tregua a lo que toda su vida habían sido sus objetivos. Con sus propias palabras manifestó: “Después de tantos años y de haber pasado tanto. De haberme perseguido, incomprendido y detenido, es estimulante que ahora a quienes seguimos luchando, haya ciertas voces que nos admiran. De todos modos yo me pregunto inquietado cuando hago esta reflexión, -¿Qué cosas estaré haciendo mal cuando están empezando a hablar bien de mi?”.
La enfermedad no se detuvo y sus esfuerzos por mantener el ritmo y aparentar un estado de salud normal, eran enormes. Cada vez con menos defensas, el cansancio y la fiebre iban debilitando su voz. Sin embargo, a niveles sociales, muchos colectivos barajaban su nombre para proponerlo Defensor del Pueblo en Andalucía, pero su salud se movía en dirección contraria. Sin despedirse de nadie, a finales de Noviembre de 1994, decidió venirse a Sevilla con su familia. Desde aquí seguía de cerca la actividad de la Asociación Pro Derechos Humanos a golpe de teléfono, pero el proceso había entrado en una etapa irreversible.
Poco a poco Diamantino se fue apagando. Muchas personas seguíamos en silencio sus últimos días en el hospital. Cada tarde y cada noche alimentábamos una pequeña esperanza. No había un instante en el que continuamente dejaran de pasar por la puerta de su habitación gente de cualquier lugar para intentar verlo y expresarle la gratitud de haberlo conocido. Tras un mes de angustia, la mañana del 9 de Febrero de 1995, recibimos la peor noticia. Diamantino nos había dejado para siempre.

Desde entonces, su vida comenzó a ser parte de nuestra memoria colectiva y un fuerte estímulo para quienes intentan continuar su lucha. Tras su fallecimiento numerosas Plazas, calles, locales y centros de enseñanza de toda Andalucía empezaron a llevar su nombre. Veinticinco años después de su muerte seguimos recordándolo, pero sus doctrinas sólo sobrevivirán si los pueblos y la gente a los que entregó su vida tienen la valentía de mantener vivo su ejemplo.

Diamantino y la fe de los ateos

José M. Castillo, teólogo
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Texto leído en la celebración del 25 aniversario de la muerte de Diamantino García en Osuna el 9 de Febrero(Redacción de RR.CC)

Hace 25 años que Diamantino García nos dejó para siempre. Y debo decir que es ahora, cuando el mundo, la sociedad, la religión… evolucionan y cambian más a fondo y con más velocidad, ahora precisamente es cuando podemos comprender y valorar lo que representa, en este momento, la genialidad y la hondura profética de aquel modesto cura campesino que fue este hombre singular.

No estoy diciendo tópicos de elogio convencional. Estoy recordando uno de los momentos más emocionantes que he vivido en mi larga vida. Ahora que ya he cumplido los 90 años, me acuerdo, emocionado, de aquella mañana, cuando en la parroquia del Cerro del Águila (Sevilla) estaba terminando el funeral de Diamantino, cuyo féretro iban a sacar enseguida de la iglesia parroquial. Y fue en aquel momento, cuando la gente empezaba a salir del templo, un hombre, con aspecto de trabajador campesino, subió al presbiterio, y desde allí, delante del féretro, gritó con voz potente: “¡Compañeros!, yo soy ateo; pero en el Dios de Diamantino, en ese Dios yo también creo”.
Hace 25 años que escuché aquel grito. Y confieso que ahora es cuando la voz de aquel hombre me impresiona con más fuerza. Porque en este momento es cuando veo con más claridad y con más nitidez al “Dios de Diamantino”. Es el Dios en el que, a mi juicio, podemos creer. El único Dios, que, con el paso de los años, va quedando en pie. No es el Dios de los templos y los conventos. Ni el Dios de los sacerdotes y los teólogos. Ni, por supuesto, el Dios de los ritos sagrados y sus liturgias. Es el “Dios encarnado”. Es decir, el “Dios humanizado”, que se nos dio a conocer en un humilde galileo, Jesús de Nazaret.
El Dios “trascendente”, el Absolutamente-Otro, al que no conocemos, ni podemos conocer, no se reveló en la religión del templo y la liturgia, ni en la teología de los clérigos más doctos. Se nos dio a conocer en Jesús (Jn 1, 18; 14, 8-11; Mt 11, 27), al que los “hombres de la religión” odiaron, persiguieron y asesinaron. El mismo Jesús que, en un “juicio ateo” (como nos recordó K. Rahner y repitió el poeta José M. Valverde), se fundió con los que sufren y soportan la escasez, los extranjeros y los encarcelados, con los desamparados de este mundo (Mt 25, 31-46). El Dios que, con su forma de vivir y trabajar, enseñó Diamantino desde el día en que llegó a la parroquia de Los Corrales, en la diócesis de Sevilla.

Desde las últimas décadas del siglo pasado, las personas religiosas viven cada día más preocupadas porque la religión de toda la vida se hunde, se diluye, no interesa. El papa Francisco quiere arrancar de la Iglesia el clericalismo integrista y la “esquizofrenia” religiosa que eso conlleva. De ahí, los enfrentamientos que Francisco está soportando.
¿Es todo esto señal de una ruina inevitable? Ya Diamantino nos dijo que no se trata de una ruina. Se trata de una transformación. La transformación que coNsiste en hacer y vivir lo que hizo y vivió Diamantino: identificarse y fundirse con la gente que trabaja y sufre, tal y como lo han hecho los que se han despojado de la seguridad, los privilegios, el dinero y las distinciones que nos da la religión. El centro de nuestra vida no debe estar ni en nuestras creencias, ni en nuestras observancias, sino en la honestidad, la coherencia y la transparencia de nuestra forma de vivir. Si hacemos eso, viviremos la religión de otra manera. La viviremos como la vivió Jesús, el Señor. Habrá menos religión, pero entenderemos y viviremos el Evangelio. 

‘Querida Amazonía': el texto íntegro


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