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jueves, 6 de agosto de 2026

Francesca Albanese: 66 naciones, cómplices del genocidio en Gaza

 


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UN Special Rapporteur for the occupied Palestinian territories Francesca Albanese takes part in a talk at The Hague Humanity Hub on February 12, 2025. (Photo by Robin Utrecht / ANP / AFP) / Netherlands OUT (Photo by ROBIN UTRECHT/ANP/AFP via Getty Images)

Enviado a la página  web de Redes Cristianas

Fuente: Observatorio eclesial
Nueva York. Francesca Albanese ha sido relatora especial de Naciones Unidas (ONU) en los territorios palestinos ocupados desde mayo de 2022; fue confirmada por otros tres años en abril de 2025. Es la primera mujer en ocupar ese cargo. (Richard Falk, miembro del consejo editorial de The Nation, ocupó el mismo puesto entre 2008 y 2014.)

Como relatora especial, Albanese ha sido una figura valerosa que ha enfrentado numerosos esfuerzos por desacreditarla y deslegitimarla. En marzo de 2024, in-formó al Consejo de Derechos Humanos de la ONU que las acciones de Israel en Gaza constituían un ge-nocidio.

Y en junio de 2025, la organización publicó un informe de Albanese según el cual muchas entidades corporati-vas, entre ellas Microsoft, Amazon y Alphabet Inc, favo-recen y lucran con la ocupación de los territorios pales-tinos y el genocidio en Gaza.En respuesta, el gobierno de Trump impuso sanciones a Albanese, la puso en la categoría de ?nacional espe-cialmente designada? y prohibió a personas y empresas estadunidenses hacer negocios con ella.

Albanese con-sideró ?obscenas? dichas sanciones y sostuvo que la castigan por su ?búsqueda de justicia?. Amnistía Inter-nacional llamó a esa acción ?una deplorable afrenta a la justicia internacional?.Nos reunimos con Albanese vía Zoom en mayo, preci-samente el día en que un juez de distrito en Estados Unidos bloqueó las sanciones en su contra al declarar que violaban los derechos de la relatora conforme a la Primera Enmienda de la Constitución del país.

Nuestra conversación fue de amplio alcance, definido por lo que Albanese llamó su ?intolerancia por la justicia?.John Nichols: Anteriormente usted presentó un par de informes en los que, de manera muy específica,buscó aseverar la palabra “genocidio”, en esencia para decir a las personas: “Miren, es tiempo de uti-lizar la palabra (con respecto a lo que ocurre en Ga-za)”.

En un principio, enfrentó una tremenda resis-tencia. Ahora hay mucha mayor aceptación, pero me interesa saber por qué eligió ha-cerlo en ese momento.Francesca Albanese: Creo que mu-chos europeos de mi generación, o al menos italianos de mi generación, tuvieron como parte de su alimento una educación acerca de ?nunca más?.

Hemos sido ex-puestos a la memoria del Holocausto.Es decir, tenemos plantada la noción de que algo tan horrible como lo ocurrido durante el Holocausto co-mienza de manera invisible, empieza porque se norma-lizan los crímenes contra un grupo específico.

Eso estaba en el trasfondo; a principios de octubre(2023) había colegas que me decían: ?¡Oh, Dios!, esto es un genocidio!? Eruditos israelíes decían ?esto es ungenocidio? y yo estaba del todo renuente. No quería usar esa palabra. Sin embargo, en las semanas siguientes, me puse a estudiar.

Me puse a hablar con académicos y sobrevi-vientes. Y empecé a documentar los hechos y a elevar durante meses los riesgos de que pudiera haber (un genocidio en ciernes), porque el lenguaje era genocida.Había matanzas, condiciones calculadas para destruir,incontables casos de sufrimiento físico y mental causa-do intencionalmente.

Y allí fue donde dije: ?Miren, esto es lo que Israel ha hecho durante los primeros cinco meses: matar a 30 mil personas, un promedio de 150 por día?. Luego vino la estadística: de manera constante, 85 por ciento eran mujeres y niños. ¿Cómo era posible que fuera sólo un error de cálculo en cuanto al lugar a donde se envía un misil? Entendí: era genocidio y, como otros genocidios, era invisible.

Negar el genocidio es parte y encomienda del genocidio mismo.Los estados miembros (de la Corte Penal Internacional)tienen la obligación de actuar para prevenir el genocidio desde el momento en que se enteran de él. Así, en enero de 2024, la Corte Internacional reconoció el posi-ble daño irreparable causado a los palestinos de Gaza en términos de la Convención sobre el Genocidio.

Los estados miembros deberían cesar de inmediato todo comercio con Israel, en especial el de armas. Lo continuaron.“Necrocapitalismo” Katrina vanden Heuvel: ¿Hasta dónde ha llegado sutrabajo sobre la anatomía del genocidio y la compli-cidad?

Francesca Albanese: He trazado el mapa de la com-plicidad de 66 estados que violan su obligación de pre-venir y castigar actos de genocidio. Sin duda, Estados Unidos es el Estado que gasta más, tanto en el rubro militar como en términos de apoyo financiero, pero también es la sede de los principales centros de rique-za, los grandes consorcios tecnológicos, la industria mi-litar, el sistema financiero.

Está el extractivismo, y luego las armas, bancos y fon-dos de pensiones, y luego la alta tecnología… la gente lo llama tecnofederalismo; yo lo llamo necrocapitalismo. Palantir, por ejemplo, ha desarrollado tecnología basa-da en la desesperación y la miseria (infligidas) a la gen-te de Gaza.

Y lo dicen. Lo proclaman. Dicen: ?Miren,estos datos (se conjuntaron) mientras la gente se agita-ba bajo el bombardeo?.Lo han utilizado para que estemos mejor preparados en tiempos de emergencia; así diseñaron un programa que luego vendieron a los servicios de salud en Gran Breta-ña, como ha reportado Yanis Varoufakis.Por eso digo que es necrocapitalismo: porque en el ca-pitalismo las ganancias son lo primero. No lo cuestiono,pero lucrar en términos de asesinar niños… es algo perturbador en extremo.

John Nichols: Como relatora, usted ha ido más afondo con esta lucha, ¿correcto? No se trata sólo de reportar lo que hacen unos gobiernos, o de ir tras lo que hacen las corporaciones: usted mencio-na nombres en una forma que le está atrayendo es-crutinio. ¿Estaba consciente de que esos actos lle-varían todo este asunto a un nuevo plano?

Francesca Albanese: Absolutamente. Lo sabía, y lo temía, y he tenido un par de conversaciones al respec-to. Un ex alto funcionario estadunidense me advirtió:?Cuidado, irán por ti?. He investigado a gran cantidad de entidades, incluso filantrópicas, que se asientan en pun-tos neurálgicos del sistema de desplazamiento y em-plazamiento de palestinos, lo cual es típico del colonia-lismo de los asentamientos.

Hoy existen empresas y corporaciones que a masan una cantidad de dinero que tiene plena capacidad para aniquilar las facultades de decisión de los estados, y eso altera el proceso democrático.(Sin embargo, aun con ese riesgo,) ni por un segundo pienso deshacerme de mi departamento en Estados Unidos, porque ese departamento pertenece a mi hija.

Katrina vanden Heuvel: ¿Qué importancia tiene larevelación de la verdad que hace usted en cuanto a dar forma al debate público y al debate en los me-dios en referencia a Palestina e Israel?

Francesca Albanese: Alguien me dijo hace poco: ?us-ted habla de un tema sumamente técnico en una forma que es accesible?. Esa ha sido siempre mi aspiración.Los derechos humanos son para las personas, no para que los académicos escriban costosos libros sobre el tema.Los derechos humanos son espadas y escudos, y esa es la forma en que muchas personas en todo el mundo los ven actualmente.

Poreso estoy de acuerdo en que mi familia demande al presidente Trump.La gente necesita saber que la justicia funciona. Para mí, no sólo se trata de que me devuelvan mi cuenta de banco o mi propiedad. Se trata de restablecer el princi-pio de que la justicia internacional obra en interés del público.

John Nichols: Su voz ha resonado con bastante fuerza entre los jóvenes en Estados Unidos. Ha sido menos resonante con los poderes del país, con los presidentes y líderes del Senado. Me pregunto có-mo evalúa eso.

Francesca Albanese: Lo que ha ocurrido con la gene-ración joven, en particular en Estados Unidos… no creo que ellos me hayan escuchado. Yo los he escuchado.He aprendido de ellos. Ellos son los que empezaron a denunciar a sus universidades por complicidad con el genocidio.

Eso nos ha abierto los ojos.(En cuanto a ser escuchada por los poderosos,) tal vez me han escuchado menos que a Michael Lynk o Ri-chard Falk en el sentido de que ellos lograron dialogar con los poderes. A mí es mejor infantilizarme y llamar-me bruja.Es lo que ellos hacen, y por eso digo que, entre todo lo que Palestina ha expuesto, está también este vínculo entre el patriarcado y el colonialismo de los asenta-mientos.

He encontrado mucho mansplaining, y he dis-frutado de volverlos locos.Publicado originalmente en The Nationhttps://thenationmagazine.substack.com/p/francesca-albanese-wont-back-down?utm_campaign=email-post&r=2cq9x&utm_source=substack&utm_medium=emailTraducción: Jorge Anaya(jornada.com.mx) 27/07/2026

Obispo Raúl Vera, sobre el colectivo LGTBI: “Sin ustedes, la Iglesia no está completa” -- José Lorenzo





Religión Digital

El obispo emérito de Saltillo (México) invitó a las comunidades cristianas a ser acogedoras, y a aquellos que los condenan los instó a actualizar su formación y a asumir una actitud acorde con el mensaje cristiano
“Sin ustedes, la Iglesia no está completa. Ustedes son nuestra familia; no nos dejen solos en este caminar junto al Señor Jesús”, fue la petición explícita que hizo el obispo emérito de Saltillo (México), fray Raúl Vera López, durante una misa celebrada este pasado fin de semana. Ver noticia original en …

En noviembre, viaje apostólico del Papa a Sudamérica: Uruguay, Argentina y Perú

 

Juan

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Vatican News

El Papa León XIV realizará su primer viaje apostólico a América del Sur del 6 al 17 de noviembre, con a la visita a tres naciones del cono sur: Uruguay, Argentina y Perú.
El director de la Sala de Prensa de Santa Sede, Matteo Bruni, informó este 5 de agosto que “el Santo Padre León XIV realizará un Viaje Apostólico a Uruguay, Argentina y Perú del 6 al 17 de noviembre de 2026, aceptando la invitación de los Jefes de Estado y de las Autoridades eclesiásticas de esos respectivos países. Ver noticia original en …

EL RETROCESO DE LA DEMOCRACIA Síntoma de la pérdida de hegemonía USA

 

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Desde el fin de la Guerra Fría, el mundo se acostumbró a una estructura unipolar donde Estados Unidos ejercía como la potencia indiscutible a nivel global. Sin embargo, en las últimas décadas, esa supremacía se ha venido agrietando de manera paulatina. Los síntomas de este desgaste son visibles en múltiples frentes:

  • Económico. El ascenso incontestable de China y la consolidación del bloque de los BRICS, que desafían el monopolio del dólar y de las instituciones financieras occidentales.
  • Geopolítico. La pérdida de control y de capacidad de disuasión en escenarios clave como Oriente Medio, Asia Central y Europa del Este, donde otras potencias regionales desafían abiertamente las directrices de Washington.
  • Social e interno. Una polarización extrema dentro del propio país, crisis de confianza institucional y fracturas sociales que erosionan su imagen de estabilidad.

En este contexto, el evidente retroceso del sistema democrático en el mundo —una realidad constatada por diversos índices internacionales— no es un fenómeno aislado. Es, de hecho, un síntoma directo y una consecuencia del debilitamiento del poder imperial que antes lo sostenía o instrumentalizaba.

Para entender por qué el declive de Washington arrastra consigo a la democracia global, es necesario desmontar un mito: la idea de que la política exterior estadounidense ha sido siempre un proyecto altruista de difusión de la libertad.

La historia de los últimos 250 años muestra una oscilación constante entre ideales progresistas y prácticas depredadoras, dictadas siempre por la conveniencia económica y el dominio geopolítico.

Los ideales fundacionales de los Estados Unidos poseían un profundo carácter rupturista y progresista al confrontar al poder colonial británico, sirviendo incluso de inspiración para la Revolución Francesa. Sin embargo, esa misma nación aplicó sobre la población autóctona e indígena de su territorio la misma lógica depredadora y de exterminio que había iniciado el colonialismo inglés.

Esta dualidad se repitió a lo largo del siglo pasado según las contingencias del poder:

  • El rol progresista. EE. UU. apoyó en su día la independencia de los países iberoamericanos frente a las coronas europeas y fue una pieza indispensable en la derrota de los fascismos en la Segunda Guerra Mundial.
  • El rol retrógrado. Durante la Guerra Fría, la prioridad absoluta fue contener el comunismo. Esto llevó a Washington a financiar y proteger activamente a dictaduras militares en América Latina (mediante la doctrina de la Seguridad Nacional) y a sostener relaciones pragmáticas con regímenes como el de Franco en España.

La causa de estas contradicciones es clara: la potencia obraba según sus intereses de seguridad y beneficio económico. Si para frenar a un rival progresista o de izquierdas hacía falta apoyar a un dictador reaccionario, se hacía. La bandera de la democracia sólo se ondeaba cuando coincidía con el interés geopolítico del momento.

Cuando el poder de una potencia imperial entra en una fase de declive, sus estrategias de supervivencia cambian. Ya no se busca expandir un modelo, sino atrincherar los recursos que quedan.

El lema America First (América primero), popularizado en los últimos años, no es en realidad una anomalía histórica, sino la explicitación de la línea política que ha guiado a la nación desde su nacimiento. Ante la pérdida de competitividad global y la emergencia de un mundo multipolar, la potencia adopta una postura más agresiva, defensiva y unilateral.

Al debilitarse el faro que —siquiera por interés— promocionaba el orden liberal, los autoritarismos ganan terreno en todo el planeta. Si EE. UU. ya no puede o no quiere financiar, presionar o sostener los marcos democráticos globales porque debe centrarse exclusivamente en su propio provecho inmediato, el tejido democrático mundial se desgarra. El retroceso democrático actual es la constatación de que el viejo orden ya no se sostiene.

La gran enseñanza que podemos extraer de este proceso histórico es de carácter ético y universal, aplicable tanto a la alta política como a los actos humanos en general: la motivación detrás de las acciones determina su durabilidad.

Cuando la política de un gobierno o las acciones de una sociedad se basan exclusivamente en el provecho propio, egoísta y cortoplacista, se siembra la raíz de todos los males, de todos los conflictos y de las guerras.

Construir un orden internacional (o una convivencia social) sobre la base del beneficio exclusivo del más fuerte es construir sobre arena. Tarde o temprano, cuando las condiciones materiales cambian, esa estructura se desmorona de forma violenta, que es precisamente lo que presenciamos hoy con la agresividad defensiva de una potencia en declive.

Los valores de la democracia auténtica y de los derechos humanos, por lo que apuesta decididamente Redes Cristianas,  no deben ser herramientas de propaganda geopolítica ni favores dependientes de la hegemonía de un imperio. Deben ser la roca firme sobre la que se construya la convivencia humana. Para afrontar el convulso período de transición actual, la lección es clara: la única respuesta sostenible frente a la agresividad de los viejos poderes no es replicar su egoísmo, sino articular un multilateralismo real basado en el respeto mutuo, la soberanía de los pueblos y la dignidad humana. Sólo así la convivencia será firme, justa y duradera.

Ceuta y el precio de la deshumanización

 


La tragedia de Ceuta obliga a preguntarnos no sólo quién abrió una frontera, sino cómo hemos llegado a aceptar que miles de personas puedan ser utilizadas como instrumento de presión política.

La mayor crisis migratoria vivida hasta ahora en Ceuta ha dejado una profunda conmoción dentro y fuera de España. Entre el 29 y el 30 de julio, decenas de miles de personas cruzaron la frontera desde Marruecos hacia la ciudad autónoma en un movimiento sin precedentes. Mientras continúan las labores de búsqueda, el balance provisional supera ya el centenar de fallecidos y mantiene un número todavía indeterminado de personas desaparecidas.

Las circunstancias que hicieron posible una entrada de tal magnitud siguen siendo objeto de investigación. El Gobierno español sostiene que confluyeron diversos factores: la actuación de redes dedicadas al tráfico de personas, la difusión de falsas expectativas sobre la posibilidad de permanecer en España tras una reciente resolución judicial y una relajación del control fronterizo por parte de Marruecos. Rabat rechaza haber utilizado la migración como instrumento de presión política y niega cualquier forma de chantaje diplomático. Por su parte, la Unión Europea ha expresado su apoyo a España, ha reforzado la cooperación con Marruecos y mantiene que será necesario esclarecer plenamente lo sucedido antes de extraer conclusiones.

Más allá del debate político y diplomático, la tragedia deja una pregunta mucho más profunda. ¿En qué momento dejamos de mirar a estas personas como seres humanos para empezar a hablar únicamente de presión migratoria, efecto llamada, defensa de fronteras o estrategia geopolítica?

Es legítimo que los Estados protejan sus fronteras y gestionen los flujos migratorios. También lo es exigir responsabilidades cuando una crisis de estas dimensiones pone en riesgo tantas vidas. Pero hay una línea que nunca deberíamos cruzar: la que convierte a seres humanos en instrumentos al servicio de intereses políticos. Cuando las personas dejan de tener rostro para convertirse en cifras, amenazas o piezas de una negociación, algo esencial se rompe también en nuestra conciencia.

Cada uno de los fallecidos tenía un nombre, una familia, una historia y un futuro que soñaba construir. Muchos huían de la pobreza, de la violencia o de la falta absoluta de oportunidades. Otros fueron víctimas de falsas promesas o de quienes hacen negocio con la desesperación. Reducir todo ese sufrimiento a una discusión sobre estrategia fronteriza supone aceptar una deshumanización que debería inquietarnos profundamente.

El papa Francisco denunció durante años la «globalización de la indiferencia», esa capacidad de acostumbrarnos al sufrimiento ajeno hasta dejar de considerarlo un problema propio. Quizá la tragedia de Ceuta sea un reflejo doloroso de esa enfermedad. Nos escandalizamos durante unos días, discutimos sobre culpables y responsabilidades, pero corremos el riesgo de olvidar demasiado pronto que detrás de cada estadística había una vida irrepetible.

Para un cristiano, la acogida del extranjero no es una opción ideológica, sino una exigencia del Evangelio. Jesús lo expresó con una claridad desarmante: «Fui forastero y me acogisteis» (Mt 25,35). Y no era una idea nueva. Desde el Antiguo Testamento, la Biblia insiste una y otra vez en proteger y acoger al extranjero, recordando a Israel que también él fue emigrante y forastero en tierra de Egipto. No se trata de un mandato aislado, sino de uno de los fundamentos más profundos de la ética bíblica.

Ceuta deja importantes preguntas abiertas: qué falló, quién debe responder por lo ocurrido y cómo evitar que una tragedia semejante vuelva a repetirse. Pero deja también una pregunta que nos interpela a todos: ¿reconocemos en quienes llaman a nuestras puertas a personas con la misma dignidad que nosotros? ¿Somos capaces de ver en ellas a hermanos y hermanas? Cuando dejamos de reconocer la humanidad del otro, levantamos la valla más peligrosa de todas.

Fuentes consultadas

Ministerio del Interior de España.

Comisión Europea.

Gobierno de Marruecos.

El País, cobertura especial sobre la crisis de Ceuta.

Cadena SER, seguimiento de la evolución del balance de víctimas.

ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados).

Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

¿Qué significa realmente crisis?

 


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Actualmente, todo parece estar en crisis: el orden del capital, la economía, la política, la ciencia, la ética, los valores, las religiones e incluso, entre nosotros en Brasil, el fútbol. En resumen, nos enfrentamos a una crisis de civilización, es decir, a una crisis de nuestra forma de estar en el mundo, de cómo organizamos la sociedad y establecemos los valores y las leyes que nos rigen. No hay margen de maniobra, especialmente en lo que respecta al futuro.

Puede representar una tragedia cuyo desenlace puede ser destructivo, como en el teatro griego, o un drama cuyo final puede ser bendito, como en la liturgia cristiana que celebra la Pascua de la resurrección después del Viernes Santo.

La humanidad se enfrenta a esta decisión: o bien continuar como está, con el riesgo de sufrir una tragedia civilizatoria, o bien abrir un nuevo camino, sin duda marcado por el drama, pero que promete un futuro mejor.

La Carta de la Tierra, uno de los principales documentos de la ONU sobre el futuro del planeta, afirma: «Los fundamentos de la seguridad global están amenazados; estas tendencias son peligrosas, pero no inevitables. La elección es nuestra: o bien formar una alianza global para cuidar la Tierra y a los demás, o bien arriesgarnos a nuestra destrucción y a la destrucción de la diversidad de la vida» (preámbulo). Esta es la crisis radical a la que nos enfrentamos.

Analicemos primero qué entendemos por crisis. La mayoría utiliza el idiograma chino para crisis: como riesgo y como oportunidad, lo cual me resulta esclarecedor. Pero prefiero el rico significado de crisis en sánscrito, ya que es la matriz de nuestra lengua y tiene resonancias en otras palabras.

En sánscrito, crisis proviene de kir o kri, que significa purificar y limpiar. De kri proviene crisol, el crisol para refinar el oro a partir del mineral. Refinar, en un lenguaje elegante, también significa decantar. Una enfermedad grave produce una profunda crisis en la persona enferma. Tras superar una crisis, uno reevalúa el sentido de la vida y redescubre el valor de las cosas más cotidianas. Por lo tanto, la crisis implica un proceso crítico, una purificación de todo lo superfluo. Lo accidental sigue siendo accidental.

Analicemos la naturaleza de la crisis. El primero en explorar la crisis asociada a la angustia fue Søren Kierkegaard (2013-1855: El concepto de angustia, Vozes), considerado uno de los fundadores del existencialismo. Fue filósofo y teólogo. Escribió otra obra titulada *La crisis y una crisis en la vida de una actriz*. Para él, la vida se entiende como un proceso permanente de angustia y crisis, y de superación de la angustia y la crisis.

Otro pensador fundamental sobre la crisis fue el filósofo español Ortega y Gasset (1883-1955), conocido por ser el autor de la frase «Yo soy yo y mis circunstancias». En 1942 escribió un ensayo, publicado posteriormente como *Alrededor de Galileo Galilei: Esquemas de crisis históricas* (Vozes, 1989). En él demostró que la historia, debido a sus rupturas y reanudaciones, posee la estructura de una crisis.

Según el autor, esto obedece a la siguiente lógica: (1) el orden dominante deja de tener sentido evidente; (2) se anuncia la percepción de que se alza un muro ante nosotros, por lo que reinan la duda, el escepticismo y la crítica generalizada; (3) se necesita urgentemente una decisión que cree nuevas certezas y un nuevo significado; pero ¿cómo decidir si no está claro? Sin una decisión, no habrá salida a la crisis; (4) una vez tomada la decisión, incluso a riesgo, se abre un nuevo camino y un nuevo espacio para la libertad. La crisis se ha superado. Un nuevo orden puede comenzar.

Esto se traducirá en un curso de los acontecimientos diferente. Entonces, siguiendo la lógica de la crisis, este orden también entrará en crisis. Y permitirá, tras un proceso crítico de refinamiento y purificación, el surgimiento de un nuevo orden. Así, sucesivamente, se estructura la historia humana.

La crisis también tiene una dimensión personal, especialmente la gran crisis que representa la muerte. Revela, además, una dimensión cósmica: el fin del universo. Este, creo, no culmina en la muerte térmica y el vacío absoluto, sino en una explosión e implosión hacia la Realidad Suprema.

Sin embargo, todo proceso de purificación conlleva cortes y rupturas. De ahí la necesidad de tomar decisiones. La decisión implica una ruptura con lo anterior e inaugura lo nuevo. Recuperemos, pues, el significado griego de crisis.

En griego, krisis, crisis, significa el proceso de toma de decisiones que emprende un juez o un médico. El juez sopesa y considera los argumentos a favor y en contra, y el médico considera los diversos síntomas de la enfermedad. Basándose en este proceso, ambas partes toman decisiones sobre el tipo de sentencia que se debe dictar o el tipo de enfermedad que se debe tratar. Este proceso de toma de decisiones se denomina crisis. Una vez encontrada la solución, la crisis desaparece.

El Evangelio de Juan utiliza la palabra «crisis» 30 veces con el sentido de decisión, que la mayoría de los traductores, insensibles a la riqueza del término original «krisis», traducen como juicio. En realidad, Jesús se presentó como «la crisis del mundo» (krisis tou cosmou), porque obligó a la gente a decidir a favor o en contra de su mensaje y su persona.

Leonardo Boff

Enviado a la página web de Redes Cristianas

¿Predicar en el algoritmo o vender el evangelio? el dilema de los «misioner@s digitales»

 


Entre el deseo de llegar a los jóvenes y el riesgo de convertir la fe en un producto de consumo más

Un sacerdote se suma a un trend (tendencia viral) de TikTok para hablar de la confesión. Un consagrado responde preguntas sobre moral sexual mientras juega a un videojuego en Twitch (plataforma de emisión en directo). Una joven laica comparte su ratito de oración matutina en Instagram como si fuera un vídeo blog de estilo de vida.

En los últimos años, la plaza pública ha cambiado de coordenadas: ya no está frente al atrio de la parroquia, sino en el muro infinito de nuestros teléfonos. Ante el vaciamiento de los templos entre las generaciones más jóvenes, ha irrumpido una nueva figura: los bautizados que evangelizan tras la pantalla. A menudo la prensa los etiqueta como los "curas e influencers de Dios", aunque dentro de las redes muchos prefieren definirse como "misioner@s digitales".

La pregunta resulta inevitable: ¿estamos ante una auténtica primavera pastoral en el continente digital o ante un ejercicio de marketing confesional abocado a la espectacularización de la fe?

Del "hacer ruido" a la búsqueda de sentido

Reducir este fenómeno a un capricho juvenil o a una moda pasajera sería un error de lectura. Los entornos digitales no son simples "herramientas" para enviar mensajes; son un ecosistema con sus propios lenguajes, códigos y dolores.

Para entender su mecánica hay que fijarse en cómo operan estas plataformas. En redes como TikTok o Instagram predomina el uso de los trends (formatos de vídeo, audios, retos o bailes que se ponen de moda de golpe y que miles de usuarios replican). Cuando un evangelizador se suma a uno de estos contenidos virales, lo hace para "hackear" el algoritmo. Al usar la música o la estructura más popular del momento, la red social muestra su vídeo a audiencias masivas que jamás buscarían contenido religioso. Cambian la letra, pero mantienen la música: usan un baile o un audio de humor para superponer textos sobre el perdón, la vocación o la oración.

Cuando un sacerdote o una laica deciden abrir un canal en una plataforma de emisión en directo para charlar de teología sin dogmatismos o aprovechan estas dinámicas de masas, están habitando la periferia existencial de quienes jamás cruzarían la puerta de un templo. Hay un deseo genuino de encuentro, de acompañamiento y de responder al mandato de ir por todo el mundo… adaptando el barco a las mareas de la red.

Luces y sombras: entre la frescura pastoral y los peajes del algoritmo

Analizar este movimiento exige observar cómo sus mayores virtudes conviven mano a mano con sus peligros más sutiles.

Por un lado, la gran virtud de esta presencia en redes es la cercanía y democratización del mensaje. Estos creadores logran desmontar el lenguaje eclesial a menudo engolado o lejano, hablando de Dios en el idioma de la calle y llegando a personas aisladas que buscan respuestas sin sentirse juzgadas. Sin embargo, en el reverso de esta moneda aparece el riesgo de una traducción reduccionista: al intentar encajar el misterio del Evangelio en un trend de 15 segundos, se corre el peligro de infantilizar la fe o banalizar cuestiones complejas para adaptarlas al ritmo frenético del consumo rápido.

Además, en este terreno ocurre con frecuencia lo mismo que padece el periodismo actual: se acaba publicando lo que de antemano se sabe que va a tener más seguimiento y no tanto aquello que resulta pastoralmente necesario o que nos cuestiona personalmente. La tiranía de las métricas hace que, casi sin darse cuenta, se vayan desplazando tanto las temáticas como las formas según el éxito obtenido. El medidor pasa a ser exclusivamente el número de visitas, los likes o la cantidad de comentarios —incluyendo la polémica o el odio si "dan juego"—, provocando que los contenidos más profundos o incómodos vayan perdiendo presencia en la red por falta de alcance.

En paralelo, aunque las redes permiten crear espacios de diálogo directo, la propia dinámica de las plataformas empuja hacia el culto a la personalidad. Resulta tentadoramente fácil que la línea entre anunciar a Jesucristo y promocionar la propia marca personal se vuelva borrosa cuando la fecundidad del ministerio se confunde con el grado de implicación o la interacción cuantitativa de las métricas.

El peligro real: La "espectacularización" de la fe

El mayor desafío no es tecnológico, sino teológico. El motor de plataformas como TikTok o Instagram es el entretenimiento, el impacto visual y la inmediatez. Sin embargo, la fe profunda suele requerir todo lo contrario: silencio, lentitud, contemplación y sentido de comunidad presencial.

¿Qué ocurre cuando el Evangelio se adapta tanto a las reglas del algoritmo que pierde su capacidad de incomodar?

Si para ganar visualizaciones hay que recurrir al sensacionalismo, a la polémica doctrinaria fácil para polarizar o a una estética impecable pero vacía de contenido, la fe corre el riesgo de convertirse en un producto de consumo más. Un contenido que se consume con el pulgar y se olvida al pasar a la siguiente pantalla.

Además, la labor misionera en redes no puede convertirse en un fin en sí misma. La pantalla puede ser el anzuelo o la puerta de entrada, pero el encuentro auténtico con la fe cristiana siempre acaba exigiendo cuerpo, altar, abrazo y comunidad física. Un sacramento no se puede descargar por Wi-Fi.

¿Hacia dónde vamos?

Ni tecnofobia paralizante ni entusiasmo ingenuo. La Iglesia necesita misioner@s digitales, sí, pero maduros, formados y con los pies bien asentados en la tierra.

Las redes sociales no son un sustituto del templo, sino la calle ruidosa por la que pasar a buscar a quien se siente perdido. El reto de los evangelizadores del siglo XXI no es acumular seguidores para su cuenta, sino ser puentes para que esos seguidores encuentren un camino real, de carne y hueso, hacia la comunidad y la trascendencia.

Por fortuna, frente al ruido y la fragmentación de las redes, siempre nos quedará el refugio de espacios como Religión Digital o Fe Adulta —esta última ofrece hoy sus artículos en un excelente formato de audio—, junto a otros portales de referencia que nos invitan a detenernos a leer con pausa y alimentar el pensamiento crítico. Los artículos y ensayos de reflexión teológica, espiritual, religiosa y sociopolítica jamás podrán ser sustituidos por el consumo rápido de la pantalla: prescindir de ellos significaría resignarnos a quedarnos tan solo con una mínima parte de un todo infinitamente mayor.

Cobo pone fin a las hijas del amor misericordioso tras un año de intento de reforma

 


La Archidiócesis de Madrid ha decretado la supresión de la Asociación Pública de Fieles Hijas del Amor Misericordioso (HAM), poniendo fin a un largo proceso de investigación e intervención canónica motivado por graves denuncias sobre el funcionamiento interno de la comunidad. La decisión, firmada por el cardenal José Cobo, llega un año después de que el arzobispado nombrara una comisaria extraordinaria para intentar reconducir la situación y promover una profunda reforma de la asociación.

Las actuaciones comenzaron tras la recepción de diversas denuncias dirigidas contra la superiora de la comunidad, María Milagrosa Pérez Caballero, conocida como Marimí, y contra el modo de gobierno de la asociación. La investigación pasó por el Tribunal de la Rota en España y por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, al apreciarse indicios de hechos de especial gravedad. Entre las acusaciones difundidas por antiguos miembros y familiares figuran presuntos abusos sexuales, abusos de conciencia y de poder, prácticas de exorcismos a menores, terapias de conversión y dinámicas de fuerte control psicológico y espiritual.

En mayo de 2025 el Tribunal de la Rota recomendó la supresión de la asociación. Sin embargo, el cardenal Cobo optó por conceder un tiempo adicional para comprobar si era posible una renovación real. Durante ese año de intervención se revisaron aspectos como el gobierno interno, la formación, la vida comunitaria, el acompañamiento espiritual e incluso la gestión económica. Finalmente, el arzobispado ha concluido que no se daban las condiciones necesarias para garantizar la continuidad de la asociación dentro de la comunión eclesial.

La medida implica la desaparición de las HAM como asociación pública de fieles reconocida por la Iglesia. No obstante, el decreto aclara que quienes pertenecían a ella continúan siendo miembros de la Iglesia católica y podrán recibir acompañamiento pastoral si así lo desean. La supresión no impide que sus integrantes, como personas adultas, puedan seguir conviviendo, pero ya no lo harán con reconocimiento canónico como asociación pública.

Fundadas en 1983 por el sacerdote Antonio Mansilla y erigidas como asociación pública de fieles en 2007 por el cardenal Antonio María Rouco Varela, las Hijas del Amor Misericordioso llegaron a extenderse a varias diócesis españolas y desarrollaron también presencia internacional. Paradójicamente, apenas dos años antes de su supresión habían obtenido la aprobación definitiva de sus estatutos, una circunstancia que ha suscitado interrogantes sobre los mecanismos de supervisión eclesial y sobre la capacidad de detectar a tiempo situaciones de abuso dentro de comunidades reconocidas oficialmente.

La resolución de Cobo refleja también un cambio de sensibilidad dentro de la Iglesia. Cada vez resulta más evidente que el daño no lo provocan solo los abusos sexuales. También las manipulaciones de la conciencia, el ejercicio autoritario del poder o determinadas prácticas espirituales pueden dejar heridas profundas y exigen una respuesta clara, algo impensable en un tiempo en el que estas cuestiones apenas asomaban al debate eclesial.

Fuentes consultadas

Arzobispado de Madrid. La Archidiócesis de Madrid decreta la supresión de la Asociación Pública de Fieles Hijas del Amor Misericordioso.

Religión Digital. Cobo decreta la suspensión de las HAM.

Vida Nueva. Cobo cierra las HAM un año después de destapar sus abusos.

El País. La Archidiócesis de Madrid decreta la supresión de una asociación religiosa denunciada por presuntos exorcismos y agresiones sexuales.

ACI Prensa. El cardenal Cobo suprime las Hijas del Amor Misericordioso tras aprobar sus estatutos en 2024

“ya no lloramos”, dijo el Papa francisco

 


Y yo hoy quiero llorar de dolor e indignación por tantas personas muertas, 80-90… ¿quién lo sabe? Un número sin más, ni edad, ni sexo, ni nacionalidad, sin nombre…Personas que tienen familias que lloran muchas sin saber si su gente está viva o muerta…

¿Cómo podemos deshumanizarnos así viendo esta tragedia como invasión, guerra…? ¿Cómo podemos utilizar esta tragedia para sembrar más odio, enfrentamiento, mentiras y quedarnos tranquilas?

Es imprescindible, en esta ocasión y siempre, buscar las causas de lo que sucede para poder atajar el problema desde el fondo, pero no podemos quedarnos sólo en buscar causas, que hay que hacerlo, sino en preguntarnos como humanidad ¿QUÉ NOS PASA?.

Utilizar la muerte, la tragedia, el hambre, la desesperación de no ver futuro, la desolación que estas situaciones expresan, para hacer “politiqueo” y ni Política que es una cosa muy seria, es indecente y habla muy mal de quienes lo hacen.

Las causas, como muy bien están diciendo analistas serios, son complejas y nos hablan de bloques ideológicos enfrentados capaces de generar algo tan terrible para derribar un gobierno al precio que sea. Hay que desenmascarar todas las causas, pero no podemos dejar de poner de relieve que tenemos un sistema que en palabras del Papa Francisco es “asesino y ecocida”. Este sistema mata, nos destruye como humanidad, y destruye el planeta.

Apoyar este sistema es apoyar su barbarie, más allá de intereses personales, familiares, sociales, institucionales o eclesiales este sistema mata.

Hoy quiero unir mi llanto a tantas personas que lloran a sus seres queridos muertos aquí, en Marruecos, en Gaza, en Sudan…imposible nombrar los lugares donde la muerte injusta es lenguaje cotidiano.

Hoy quiero creer que no hemos perdido nuestra humanidad por eso doy gracias a quienes han acogido, consolado, dado de comer a quienes engañados y manipulados sin escrúpulos, se han lanzado al mar buscando una vida mejor. Gracias también a las fuerzas de seguridad de España que no utilizado las balas, ni los cañones de agua sino la persuasión, la acogida, el consuelo…a los buzos que buscan a los muertos, a quienes con su empatía y compasión están echando una mano.

Lloremos y busquemos cómo cooperar en un mundo más justo, más fraterno, más compasivo.

La paradoja del eco: ¿Por qué no escuchamos la voz?

 


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Escucha

Vivimos obsesionados con entender los mandatos de Jesús. Discutimos teología, analizamos el contexto histórico y debatimos si en nuestra vida actual nos está pidiendo ponernos en marcha ("Sígueme") o soltar las cargas del pasado para cambiar de rumbo ("Vete y no peques más").

Sin embargo, en medio de tanto análisis, podría decirse que se nos escapa el paso cero: de nada sirven los mandatos si somos incapaces de escuchar la Voz que los pronuncia.

El peligro de ser multitud

Los Evangelios están llenos de multitudes. Miles de personas que vieron pasar a Jesús de lejos, que lo apretujaban por necesidad o curiosidad, pero que quizás jamás experimentaron una transformación real.

¿La diferencia con los personajes del milagro?

Podríamos llamarla la antena interior. Si hoy no entrenamos nuestra percepción interna, corremos el riesgo de convertirnos en simples espectadores históricos.

Para interactuar con lo divino, el relato evangélico parece invitarnos a pasar de la masa al encuentro personal. Pero eso requiere un entrenamiento del que no siempre se habla. La puerta estrecha hacia adentro

¿Cómo se entrena esa percepción para descifrar lo que se nos está pidiendo?

La respuesta puede entenderse como una paradoja que rompe con la lógica del mundo: para entrar al corazón, hay que encogerse. La "puerta estrecha" bien puede leerse, más que como un lugar físico o un conjunto de reglas morales, como un estado del ser.

Mientras el mundo nos exige ser grandes, fuertes, ruidosos y llenos de certezas, la entrada al santuario interior parece sugerir todo lo contrario:

Hacerse pequeño: Recuperar la inocencia y la confianza del niño que no necesita demostrarle nada a nadie.

Hacerse humilde: Vaciarnos del ego, del orgullo y de las máscaras que nos inflan. Cabría pensar que una persona "inflada" difícilmente cabe por una puerta estrecha.

Silenciar el ruido: Apagar las expectativas ajenas y los traumas propios para que el susurro de la Voz pueda ser descifrado. Una tarea para toda la vida.

Se podría sugerir que buena parte de la vida espiritual se resume en esto. Ese es el trabajo de toda una vida. No se trata tanto de correr hacia afuera buscando respuestas, sino de descender hacia adentro en busca de la sintonía.

Cuando nos disponemos a hacernos lo suficientemente pequeños para cruzar esa puerta interior, dejamos atrás la actitud de la multitud que mira de lejos.

Solo ahí, en la intimidad del silencio, el oído puede limpiarse para vislumbrar, con mayor claridad, el mapa de nuestro destino.

Carlos Gutierrez
Director y Autor de carl/Teologia inédita