FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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miércoles, 19 de agosto de 2026

Los obispos italianos impulsan una campaña a favor del Nobel de la Paz para los niños asesinados por Israel en Gaza -- José Lorenzo

 

 

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Religión Digital

A través del diario ‘Avvenire’, promueven la concesión del prestigioso galardón a los 300 niños y niñas asesinados por Israel en los 300 días siguientes al alto el fuego de octubre de 2025
“Merecen el Premio Nobel de la Paz porque ellos mismos encarnan el significado mismo de la palabra paz, porque han sufrido las consecuencias físicas y mentales de las acciones de adultos imprudentes e irresponsables”. Ver noticia original 

Cuba reitera su denuncia a la política de máxima asfixia de EEUU

 























Tercera Información

El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, reiteró hoy aquí la denuncia a la política de máxima presión y asfixia económica aplicada por el Gobierno de Estados Unidos contra su país.
En la red social X, el canciller de la isla señaló que dicha hostilidad “no es nueva: es una extensión de las medidas adoptadas desde el primer mandato del actual presidente estadounidense” (Donald Trump). Ver noticia original

Empieza el juicio a meta, acusada de convertir a los niños en producto

 


Meta está acusada de diseñar sus redes para enganchar a los menores: la rentabilidad también necesita límites éticos.

Meta, propietaria de Facebook e Instagram, se enfrenta en California a uno de los juicios más importantes de su historia. Los fiscales de cuatro estados norteamericanos acusan a la compañía de haber diseñado deliberadamente sus plataformas para fomentar un uso compulsivo entre niños y adolescentes, pese a conocer los posibles daños para su salud mental.

Según la acusación, mecanismos tan cotidianos como el desplazamiento infinito de la pantalla, la reproducción automática, los «me gusta», los filtros de imagen o las recomendaciones del algoritmo no son inocentes. Han sido pensados para conseguir que permanezcamos conectados el mayor tiempo posible. Cuanto más miramos, más datos proporcionamos y más publicidad puede vender la empresa.

El sistema, sostuvo ante el jurado la fiscal adjunta de California, «funcionaba especialmente bien con los niños». La compañía habría estudiado la sensibilidad del cerebro infantil a las recompensas y a la aprobación social para aumentar su dependencia de las plataformas. «Los niños son un producto», llegó a afirmar. Una frase brutal que resume el fondo del debate: el peligro de convertir la vulnerabilidad humana en una oportunidad de negocio.

Meta rechaza estas acusaciones y asegura que lleva años incorporando medidas para proteger a los adolescentes. El juicio acaba de comenzar y serán los tribunales quienes determinen las responsabilidades. Pero, más allá de su resultado, las pruebas y testimonios conocidos vuelven a plantear una pregunta que afecta al conjunto de nuestra sociedad: ¿hasta dónde puede llegar una empresa para aumentar sus beneficios?

La actividad empresarial crea empleo, desarrolla servicios útiles y puede mejorar la vida de millones de personas. El beneficio económico es legítimo y necesario. Pero no puede convertirse en el único criterio. No todo lo que resulta técnicamente posible y económicamente rentable es moralmente aceptable, especialmente cuando están en juego la salud, la intimidad y el desarrollo de niños y adolescentes.

Es importante el debate que esta noticia pone sobre la mesa. Nos invita a detenernos y preguntarnos qué sociedad estamos creando cuando exponemos la salud mental de los más jóvenes a mecanismos pensados para generar adicción, precisamente en la edad en que comienzan a abrirse al mundo.

El problema no está en las redes sociales en sí mismas. También nos permiten comunicarnos, aprender, compartir proyectos y mantener vínculos que de otro modo se perderían. El límite aparece cuando la persona deja de ser usuaria y se convierte en producto; cuando el objetivo ya no es prestarle un servicio, sino capturar su atención, conocer sus debilidades y utilizarlas para retenerla.

La tentación de convertir en absolutos los instrumentos creados para servirnos no es nueva. Jesús criticó a quienes habían convertido una norma religiosa en un absoluto: «El sábado ha sido hecho para el ser humano y no el ser humano para el sábado». La ley debía estar al servicio de la vida, y no la vida sometida a la ley. Trasladado a nuestros días, podríamos formularlo así: las empresas están para servir a las personas, no para servirse de ellas. Algunas multinacionales han acumulado tanta capacidad de influencia que pueden condicionar incluso a los gobiernos democráticos. Es una señal de que hemos perdido el norte ético.

Poner límites no significa estar en contra de la innovación ni del progreso. Significa recordar que ninguna rentabilidad justifica aprovecharse de la fragilidad de los demás. Mucho menos cuando esa fragilidad pertenece a quienes todavía están creciendo. Porque, también en los negocios, la dignidad humana debe ser siempre el límite que no se puede traspasar.

Fuentes consultadas: La Vanguardia y El País.

Diálogo entre ateos formales y ateos cristianos

 


No hace mucho tiempo, era corriente encontrar libros y artículos sobre el Diálogo entre Marxismo y Cristianismo o entre comunistas y cristianos. Fue famoso el libro de Alfonso Carlos Comín. Cristianos en el Partido, Comunistas en la Iglesia. Comín era un cristiano católico que fue miembro del Comité Central del PCE, en tiempos de Carrillo. Pero, según creo, hoy este es un asunto pasado de moda. Sin embargo, si me parece que puede tener interés y vigencia hoy el Diálogo entre Ateos formales y declarados en diversas organizaciones, particularmente en Andalucía o Europa Laica y los No-teístas o Ateos cristianos. Pero ¿qué se entiende por No-teístas o Ateos cristianos? Si estos existen, creo firmemente que debería existir un diálogo entre ambos ateísmos, el formal y el cristiano, en el que cada grupo expusiera ampliamente las razones de su ateísmo y las razones de su nueva creencia fundante. Mientras llega ese momento, me permito explicar qué se entiende por No-teísmo o ateísmo cristiano.

Incomprensible era hasta hace poco pensar que un cristiano dejara de serlo, porque había dejado de creer en Dios. Para ser cristiano, se afirmaba en todas partes, en la Iglesia y fuera de ella, que lo primero era creer en Dios trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo y después seguir el ejemplo de Jesucristo, el judío crucificado de hace veintiún siglos. Pero hoy si se afirma y sostiene, que NO es necesario creer en Dios para ser cristiano. Paso a explicarlo sucintamente.

Esta es una cuestión que he tenido clara desde cierto tiempo, por ello no he tenido dificultad en militar en Andalucía y Europa Laica, relacionándome con ateos y agnósticos sin dificultad alguna. Pero ha poco, mi amigo, José Mª Vigil, me regaló el libro: Después de Dios, otro modelo es posible, que es uno de los autores, libro que se puede descargar gratuitamente en la dirección web citada (apartado NO-Teísmo). Su lectura me ha aclarado mucho más esta cuestión.

Este libro, se dice en la Introducción, quiere aclarar un malentendido fundamental y milenario existente dentro del cristianismo: el nacimiento cultural de Dios=Theos, el Señor de los cielos, de allá arriba, que creó el mundo en 6 días y es amo del mundo y de nosotros los humanos en particular. A este dios todopoderoso y cruel a veces, hay que tenerlo a nuestro favor, ofreciéndole oraciones y sacrificios, incluso si ordena a Abrahan matar a su hijo Isaac… Ante este dios se revelaron ateos ilustres, como Baruch Spinoza, Voltaire, Nietzsche, Marx etc., considerándolo una ilusión, un engaño o el opio que adormecía el pensamiento crítico de las personas, por lo que decretaron su muerte, a mi ver, con toda razón.

El cristianismo endulzó esta figura de Dios, llamándole Padre, como vivo símbolo de bondad y plenitud, pero no hizo desaparecer, sino que tapó y encubrió al Theos=Dios, manteniendo el sentido de dependencia y sometimiento a su voluntad absoluta. Hoy muchos cristianos abandonamos esa creencia y abominamos de ese Theos=Dios en que hemos creído, durante tanto tiempo. Y, por ello, también nos declaramos y nos llamamos No-teístas o ateos de tal dios. Somos los nuevos ateos cristianos y, por ello, podemos unirnos, sin dejar de ser cristianos, con los que se declaran ateos formales y seguidores de los ateos ilustres nombrados anteriormente o por otras razones, que ellos deben exponer y manifestar. Y es aquí donde cabe el diálogo entre estos ateísmos formales y cristianos.

Otra cuestión de diálogo sería el tema de la Iglesia católica, que se considera la única fundada por Jesucristo y símbolo e instrumento de la unión con Dios de todo el género humano. Pero hoy para los ateos formales esta Iglesia es un motivo más de su ateísmo, al contemplar el pésimo ejemplo que muestra, con el asunto de las inmatriculaciones y los numerosos casos de pederastia. Para nosotros, los ateos cristianos, este tema es también un escándalo, que pone a prueba nuestra militancia eclesial. Pero esta es cuestión a debatir… Como se ve, todo ello es otro motivo real de diálogo entre los diversos ateísmos, tanto formales, como cristianos, que esperamos confiados de que pueda darse lo más pronto posible.

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Antonio Moreno de la Fuente

Miembro de Comunidades Cristianas Populares
y de Andalucía Laica

La izquierda a examen y el dolor de los pueblos: Por qué américa latina gira a la derecha

 


Avatar de Jesús Lozano Pino
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La causa de los vulnerables no admite cheques en blanco a ninguna ideología

El pasado 26 de junio, al concluir mi presentación en el Congreso Internacional de Filosofía «De lo animal y lo divino» en Comillas, el profesor Ricardo Pinilla Burgos me planteó una consideración que me parece vital rescatar si no queremos quedar atrapados en el dogmatismo ideológico. Más que una simple pregunta, Ricardo me invitaba a reflexionar sobre el hecho de que Jesús de Nazaret jamás se dejó encasillar en una tendencia política concreta. Me recordaba cómo en la historia reciente nos encontramos con situaciones donde gran parte del clero y de la comunidad eclesial lucharon hombro con hombro contra poderes dictatoriales que oprimían a su pueblo —como ocurrió de manera tan nítida en la Nicaragua del somocismo—, pero cómo, una vez que la izquierda llegó al poder, esa misma Iglesia terminó siendo censurada, perseguida y desterrada, como dolorosamente vemos hoy bajo el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Recuerdo que en ese instante le respondí categóricamente algo que hoy quiero traer a estas páginas: no podemos firmar un cheque en blanco a ninguna ideología, por más bien que suene teóricamente. Y escribo estas líneas precisamente desde ahí: no desde la acera de enfrente ni desde la distancia cómoda de quien juzga sin involucrarse, sino desde el corazón mismo de quienes hemos creído, creemos y seguiremos creyendo que otro mundo es posible; de quienes sabemos que la opción preferencial por los pobres es innegociable y que la justicia social es el nombre moderno del amor evangélico. Precisamente por eso, porque nos duele en las entrañas la causa de los vulnerables y la dignidad de los crucificados de la historia, no podemos permitirnos el lujo del silencio ni la complacencia.

América Latina atraviesa un terremoto político de proporciones históricas. El avance de opciones conservadoras, de ultraderecha y de "mano dura" ya no es una anécdota electoral: es un seísmo que reconfigura el mapa continental.

Lo vemos en el regreso del fujimorismo al poder en el Perú tras una parálisis institucional insostenible; en el fenómeno libertario de Javier Milei en Argentina arrastrado por el ahogo económico; en el consolidado proyecto de Daniel Noboa en Ecuador prometiendo seguridad frente al crimen organizado; en la hegemonía del centro-derecha en Uruguay y Paraguay; en el ascenso de las derechas radicales en Chile y Colombia; en el modelo de excepción de Nayib Bukele en El Salvador —cuya fórmula de mano dura fascina a media región—; y en Brasil, donde a pesar del retorno de Lula al gobierno, la sombra del bolsonarismo sigue intacta, dominando el Congreso, articulando un poderoso movimiento sociocultural y amenazando a una izquierda desgastada que suda para mantener la gobernabilidad.

Ante este escenario, la tentación más fácil para la intelectualidad progresista y para buena parte del cristianismo comprometido es escudarse en el diagnóstico de siempre: la manipulación mediática, el "pánico moral" orquestado por las élites o la innegable garra geopolítica de Estados Unidos, que presiona a cada país a su manera para mantener su hegemonía regional.

Ese análisis contiene verdades indiscutibles, pero es dolorosamente incompleto. Si queremos ser fieles al Evangelio y a la realidad sangrante de nuestros pueblos, debemos atrevernos a mirar al espejo y formular la pregunta que quema: ¿Por qué la izquierda no ha dado la respuesta esperada? ¿Por qué millones de hombres y mujeres empobrecidos están buscando refugio en proyectos de derecha?

La causa del Pueblo por encima de las siglas

Jesús de Nazaret jamás firmó un cheque en blanco a ningún poder de este mundo. Su mirada no se detenía en los eslóganes ni en la retórica de los gobernantes, sino en los frutos concretos y en el sufrimiento de la gente de a pie. La ciudadanía latinoamericana no vota por una repentina conversión al libre mercado: vota golpeada por la realidad cotidiana.

Cuando miramos lo ocurrido en los últimos años, es preciso reconocer con honestidad profética tres heridas abiertas que han desgastado la credibilidad de muchos proyectos progresistas:

La incapacidad para resolver lo cotidiano: Las familias no comen ideología. La inflación desbocada, el desempleo, la ineficiencia de los servicios públicos y la irrupción del crimen organizado han sumido a los barrios populares en un estado de angustia permanente. Cuando una madre no sabe si su hijo regresará vivo a casa o si mañana podrá llenar la cesta de la compra, el discurso del "orden y la seguridad" no suena a teoría política; suena a necesidad vital de supervivencia.

El cáncer de la corrupción: Nada traiciona más la causa de la emancipación ni causa mayor escándalo ético que ver a quienes llegaron al poder en nombre de los descalzos enriquecerse en los despachos del Estado. El desengaño ante la corrupción transgresora ha asfaltado la autopista por la que hoy avanza la derecha.

El dolor insostenible de Cuba y Venezuela (y el papel de los imperios): Es en el análisis de Cuba y Venezuela donde cierta izquierda pierde su autoridad moral al caer en la trampa del sesgo ideológico. Nadie niega que la mano de Washington aprieta de formas distintas y devastadoras a ambos países: en Cuba, mediante un criminal, inútil e inmoral bloqueo económico que asfixia a familias enteras y que debe denunciarse sin ambages desde el Evangelio; en Venezuela, mediante sanciones y maniobras de injerencia geopolítica. Pero admitir eso no puede ser el comodín para justificar la tiranía ni para tapar el sol con un dedo. En Venezuela, el éxodo masivo de millones de hermanos que huyen de la miseria, la represión y el colapso de un régimen que se dice socialista es sencillamente indefendible. Y en Cuba, la agresión externa no justifica la falta de libertades políticas, la persecución de la disidencia ni la represión a los jóvenes que piden pan y dignidad en las calles. Totalitarismo es totalitarismo, y el sufrimiento del pueblo no cambia de naturaleza según quién ejerza el control o apriete el gatillo.

La trampa mortal del capitalismo salvaje y el modelo neoliberal

Comprender el cansancio y la desesperación del pueblo no significa, bajo ningún concepto, validar ni bendecir las soluciones que hoy propone la ola conservadora. El diagnóstico del dolor de la gente no puede confundirse con una rendición ante el ídolo del mercado.

El capitalismo salvaje y el modelo neoliberal en su versión más feroz —la que promete la desregulación absoluta, la privatización de bienes comunes esenciales como el agua, la salud o la educación, el desmantelamiento de las coberturas sociales y la criminalización de la protesta popular— representan una trampa mortífera. Es un sistema fundado en la idolatría del dinero, que convierte los derechos sagrados de las personas y el ecosistema en mercancías y que, como no se cansaba de advertir el papa Francisco, es una economía «que mata» porque descarta a los débiles y devora la Casa Común.

El giro hacia la ultraderecha no es la medicina, sino un veneno peor que agravará la brecha de la desigualdad y dejará a millones de hermanos en el desamparo más absoluto. Precisamente por eso, porque la alternativa neoliberal y autoritaria es incompatible con la vida abundante que promete el Evangelio, la izquierda y los movimientos populares necesitan hacer esta autocrítica con urgencia. No se trata de renunciar a la justicia social ni de entregarnos al capitalismo, sino de purificar la lucha emancipadora de la ineficiencia, la corrupción, el dogmatismo y el autoritarismo.

Tres certezas para no perder la brújula

El compromiso cristiano con la liberación de los oprimidos no pertenece a ningún partido ni a ningún gobierno de turno; pertenece a la entraña misma de nuestra fe. Para mantener encendida la esperanza en esta hora convulsa de América Latina, nos sostienen tres certezas innegociables:

El Evangelio es el único absoluto: Nuestra lealtad no está empeñada con ningún régimen ni con ningún sistema económico, sino con el Reino de Dios y su justicia. Denunciar la opresión, la corrupción o el autoritarismo, lo cometa quien lo cometa y se vista de la ideología que se vista, no es hacer el juego a la reacción: es ser fieles al Dios de la Vida.

Los derechos de los pobres no se negocian: La lucha por la tierra, el techo, el trabajo digno, la salud y la educación no es una concesión ideológica ni un favor estatal, sino un mandato evangélico supremo que ningún dogma neoliberal ni ninguna manipulación política podrán borrar jamás.

Los regímenes pasan, el Pueblo permanece: Los gobiernos, las hegemonías políticas, los imperios económicos y las mareas ideológicas van y vienen. La Iglesia de Jesús no debe medir su fidelidad por su cercanía a los pasillos del poder, sino por su capacidad de ser cobijo, voz y abrazo para quienes sufren.

América Latina no necesita caudillos ni mesías —de ningún signo— que exijan fe ciega a costa de la libertad, la justicia y la dignidad. Necesita una política que vuelva a escuchar el clamor de los pobres y de la tierra con humildad, eficacia y honestidad transparente. Mientras los de abajo sigan pagando los platos rotos de los grandes discursos y los abusos del capital o del Estado, los creyentes seguiremos ahí, en las periferias del dolor, recordando con el maestro Gustavo Gutiérrez y con el papa Francisco que donde hay un ser humano golpeado, allí está Cristo exigiendo justicia y abriendo caminos de verdadera liberación.

Recopilación de ideas sobre los valores europeos y el patrimonio cultural cristiano

 


Las cifras de principios de agosto de 2026 situaron el número de fallecidos en la entrada masiva a Ceuta entre 78 y 88 según fuentes oficiales españolas, y hasta 141 si se incluyen los cuerpos recuperados en aguas marroquíes según fuentes independientes. En cuanto a personas esperando ser acogidas hay alrededor de 1.000 migrantes ante el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, y entre 1.300 y 1.500 menores no acompañados pendientes de identificación y acogida. Las cifras de muertos y de menores en desamparo son escandalosas. Otra cifra importante: las estimaciones más citadas sitúan el número de muertos (y desaparecidos) en el Mediterráneo en lo que va del siglo XXI en más de 40.000 personas. Este mar baña las, se puede decir, muy “católicas” naciones de Italia, Francia y España, que no estaría mal que sus jerarquías eclesiásticas en ocasión tan dramática de desamparo de niños hicieran un signo de acogida conjunta de un número importante de estos menores migrantes, como testimonio y denuncia de la falta de solidaridad mostrada por destacadas formaciones políticas que fraudulentamente presumen de identificarse con lo cristiano.

Por otra parte, recientemente, el 10 de agosto de 2026, leemos el comunicado sobre, o contra, la migración entre la ultra italiana Meloni y la socialdemócrata danesa Frederiksen en el que vemos una fuerte carga identitaria al señalar la necesidad de preservar “los valores europeos” y proteger “el patrimonio cultural cristiano de Europa”, al mismo tiempo que, contradictoriamente, intensificaron su presión para poder llevar a otros países no europeos los extranjeros “ilegales”, lo que en parte lograron.

A PROPÓSITO DE “LOS VALORES EUROPEOS”

Los valores de la Unión Europea están formalmente recogidos en el Artículo 2 del Tratado de la Unión Europea (TUE). En ellos destaca el respeto a la Dignidad Humana y Derechos Humanos, inviolables como base del ordenamiento legal, defienden la libertad de circulación, de expresión y de asociación, igual que el principio democrático que exige que el funcionamiento de la UE se fundamente en la representación ciudadana (Parlamento Europeo) y el control intergubernamental (Consejo). Se prohíbe la discriminación por sexo, origen, religión, discapacidad, edad u orientación sexual. En la UE el Estado de Derecho implica que toda actuación de la UE y de sus Estados miembros debe basarse en el derecho, con un control judicial independiente liderado por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

La acogida de migrantes vulnerables —especialmente menores no acompañados y personas que huyen de la guerra, el hambre o la persecución— conecta directamente con los valores del Artículo 2 del Tratado de la Unión Europea (TUE) y se articula a través de un marco legal específico que garantiza el derecho de asilo con el debido respeto a las normas de la Convención de Ginebra de 1951 y obliga a evaluar las solicitudes individuales de quienes huyen de persecuciones (políticas, religiosas, ideológicas) o del riesgo de daño grave (guerras), prohíbe devolver o expulsar a una persona a un país donde su vida, libertad u otros derechos fundamentales corran un riesgo grave, obliga a que cualquier medida legislativa o de acogida aplicable a niños o menores no acompañados ponga como prioridad absoluta su protección, tutela legal, educación y reagrupación familiar.

Los Principios de Actuación que deben regir son Solidaridad y Responsabilidad lo que conlleva un reparto equitativo de la responsabilidad entre los Estados miembros, tanto a nivel financiero como de reubicación física de los solicitantes. Además, El Pacto Europeo sobre Migración y Asilo establece mecanismos de respuesta ante crisis migratorias para evitar que la carga recaiga de forma desproporcionada sobre los países de llegada o frontera exterior.

SOBRE EL PATRIMONIO CULTURAL CRISTIANO

Tomemos como referencia la postura de la Iglesia católica europea expresada a través de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE) que, en sintonía con las orientaciones de la Santa Sede, sitúa la dignidad humana y los derechos fundamentales en el centro del debate migratorio, por encima de los criterios estrictamente geopolíticos, de seguridad o electorales.

Los principios fundamentales de la postura doctrinal católica se articulan, en palabras del Papa Francisco, sobre este eje: acoger, proteger, promover e integrar a las personas migrantes y refugiadas. Los obispos insisten en que los migrantes son personas con una dignidad inviolable que debe prevalecer en cada decisión legislativa. También afirman reiteradamente que las políticas migratorias europeas no deben construirse sobre el miedo a la alteridad cultural o religiosa ni sobre el temor a las presiones electorales populistas y exigen una verdadera solidaridad compartida entre todos los Estados miembros de la UE para evitar que la carga recaiga únicamente en los países fronterizos del Mediterráneo.

Los obispos europeos reconocen el derecho de los Estados a gestionar sus fronteras, pero critican duramente los enfoques centrados únicamente en el control y la contención y advierten que el marco normativo actual corre el riesgo de vulnerar el derecho fundamental de asilo y menoscabar los derechos humanos en las fronteras exteriores. Muy concretamente muestran seria preocupación ética ante el traspaso de la gestión y custodia de migrantes a terceros países que no garantizan los estándares mínimos de protección. También rechazan el uso generalizado de la detención preventiva —especialmente de familias y menores— y las normativas que facilitan retornos masivos o exprés y reclaman con frecuencia la apertura de corredores humanitarios y canales formales de migración laboral para evitar la trata de personas y las vidas perdidas en el mar.

En síntesis, la Conferencia Episcopal europea aboga por un modelo que concilie el ordenamiento normativo del flujo migratorio con un compromiso humanitario firme, recordando que la vocación de Europa es construir una sociedad abierta, fraterna y basada en el respeto a la vida humana.

CONCLUSIÓN

Después de lo leído, vemos que el objetivo real del comunicado de la socialdemócrata danesa Mette Frederiksen y la ultraderechista italiana Giorgia Meloni, no es defender los valores europeos y la cultura cristiana, sino reducir a cero, sea como sea, la permanencia de inmigrantes irregulares en sus países. Esto no parece que sea posible, por lo que tal pretensión es más que otra cosa un eslogan populista que cae muy bien a los votantes que piensan solamente en su bienestar personal al margen de cuáles sean los principios humanitarios y cristianos tradicionales en la UE.

Los comentaristas políticos afirman que “Meloni y Frederiksen han estrechado su colaboración para promover una transformación del sistema europeo de asilo y reforzar las políticas de deportación de inmigrantes a países de fuera de la UE. Su argumento es que “nadie puede negar que la inmigración ilegal tiene un impacto negativo”, al provocar un “aumento de las tasas de criminalidad”, ejercer “más presión sobre los servicios públicos” y erosionar “la confianza en las instituciones públicas”, según el comunicado conjunto”.

Esta valoración sobre la inmigración no se corresponde con la verdad que se deduce de los datos de análisis de estos temas. Son muchos los estudios que demuestran que las personas en situación irregular presentan tasas de arresto, condenas e encarcelamiento menores o equivalentes a las de la población nativa; la llegada de población migrante a zonas urbanas a menudo no altera, o incluso reduce, las tasas de delitos violentos y contra la propiedad.

Tampoco es toda la verdad lo que dicen respecto a la presión sobre los servicios públicos: en el corto plazo y a nivel municipal o local, los flujos migratorios no planificados pueden saturar temporalmente albergues de emergencia, atención médica de urgencia o escolarización en municipios receptores directos. Sin embargo, a nivel macroeconómico, la evidencia muestra que la población migrante aporta mano de obra clave en sectores tensionados y contribuye a la recaudación fiscal indirecta (IVA, impuestos al consumo, tasas), compensando en gran medida los costes que producen en los servicios públicos.

Ante el problema político real que supongan los inmigrantes, no se puede utilizar el mito de la criminalidad para cerrar a cal y canto las fronteras europeas. Parece más conforme con los valores europeos y los principios cristianos medidas como la regularización llevada a cabo por el actual y anteriores gobiernos españoles, que la solución buscada por el gobierno ultra de Meloni de externalizar en Albania el asentamiento de inmigrantes, que fue puesto en entredicho por el tribunal europeo. Finalmente, la presión ejercida por Italia y Dinamarca junto con otros socios europeos dio sus frutos a principios de junio, cuando la UE aprobó el Pacto de Migración y Asilo, que autoriza a los Estados miembros a firmar acuerdos con terceros países que se consideren “seguros” para deportar a los migrantes. Han conseguido un marco legal para deshacerse de migrantes, pero no llamen a esto defender el patrimonio cultural cristiano o los tradicionales valores europeos. Entienden ellos que así protegen el bienestar o los miedos de sus votantes y así mismo en el poder. Así de claro.

José María Álvarez (pertenece a los grupos de Redes Cristianas)

La misericordia no se toma vacaciones

 


Aunque la agenda pontificia ha bajado el ritmo en Castel Gandolfo, León XIV ha seguido acordándose de quienes sufren en las fronteras, bajo las bombas o después de una catástrofe.

Agosto ha aligerado la agenda de León XIV. El Papa ha pasado estos días en Castel Gandolfo, con menos actos públicos y un ritmo más reposado. Pero el sufrimiento del mundo no ha desaparecido de sus palabras. Durante la última semana, su mirada ha vuelto una y otra vez hacia quienes viven en los márgenes: los menores migrantes, las víctimas de la guerra y los pueblos golpeados por nuevas tragedias.

En un mensaje dirigido a las religiosas de Estados Unidos, León XIV propuso responder a «la globalización de la indiferencia y la impotencia» con «el remedio del amor y la misericordia de Cristo». También las animó a ser «expertas en sinodalidad»: mujeres capaces de escuchar, dialogar y buscar juntas caminos nuevos.

La misma sensibilidad apareció en su mensaje para la próxima Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, dedicada este año a los niños y adolescentes. Bajo el lema «Incluso uno solo de estos pequeños», el Papa reclamó protección, educación y el derecho a crecer junto a la propia familia. Antes que migrante, refugiado o extranjero, cada menor es un niño al que nadie debería arrebatarle la infancia.

El día de la Asunción, durante la misa celebrada en la parroquia de Santo Tomás de Villanueva, en Castel Gandolfo, León XIV habló de otra manera de mirar. Frente a una sociedad empeñada en ocultar el paso del tiempo, invitó a descubrir en los rostros y los cuerpos «los signos del amor que no tiene fin». La misericordia comienza precisamente ahí: cuando dejamos de medir el valor de las personas por su juventud, su belleza o su utilidad.

Un día después, el encuentro de Jesús con la mujer cananea le permitió volver sobre las fronteras que levantamos entre unos y otros. Jesús, explicó el Papa, llevó adelante su misión «dejándose conmover por lo que ve y lo que oye». Aquella mujer extranjera logró abrir una puerta que parecía cerrada y reveló que en la mesa de Dios «a nadie le corresponden las migajas».

La reflexión tuvo una prolongación muy concreta. Tras el ángelus, León XIV pidió el fin de la violencia contra la población palestina de Cisjordania y reclamó avances hacia una solución basada en dos Estados. La compasión evangélica no puede quedarse en un sentimiento: obliga a mirar de frente a quienes pierden sus hogares, viven bajo las armas o ven cómo la violencia les roba el futuro.

La semana concluyó con varios mensajes de condolencia. El Papa expresó su cercanía a las víctimas del terremoto de Indonesia, del naufragio ocurrido en el lago Kariba, en Zimbabue, y del accidente sufrido por un grupo de peregrinos polacos en Hungría. Tampoco olvidó al pueblo colombiano ni a las comunidades castigadas por las guerras, las catástrofes y la persecución.

Las vacaciones pueden aligerar una agenda, pero no suspender la atención. Esta semana, León XIV no ha pronunciado grandes discursos ni desplazamientos. Ha hecho algo más sencillo: recordar nombres, lugares y heridas que corren el riesgo de quedar lejos. Tal vez esa sea la forma más concreta de demostrar que la misericordia no se toma vacaciones.

Fuentes consultadas: Vatican News y Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Una pregunta de infinitas respuestas

 


¡Qué fácil contestar preguntas que no nos atañen directamente! Sin responsabilidad, simplemente un comentar genérico que no nos implique: “lo escuché en un reel”, “me lo comentó una amiga”, “salió en un debate de tertulianos”.

No vale, lo sé, a Ti no te vale. Por eso amplias el campo:

“Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo? La cosa se complica porque con siete palabras haces una pregunta que tiene un toque muy comunitario formulada en plural. Pregunta de la que se podían esperar infinitas respuestas. Pero no, tus discípulos guardaron silencio. Salvo uno.

Simón Pedro, tomó la palabra y dijo: “Tú eres el Mesias, el Hijo del Dios vivo”. Un impulso. Una certeza. Un no poder callar. Un sentir sin teorizar. Una revelación incuestionable… ¡Pedro, Pedro… la que se te venía encima!

¿Y nosotros, hoy, aquí, ahora? No hace falta pensar mucho para comprender que la pregunta que hiciste sigue vigente, activa, retante y, quien se la tome en serio y no la esquive, la tendrá que contestar sí o sí; sin escabullirse en un plural comunitario.

A quién escuche en lo profundo de su ser: “¿Quién dices tú que soy Yo?, no tendrá que enredarse en grandes explicaciones, sobrarán sabios conceptos teológicos, se sentirá ajeno a las multitudes y se dejará hacer dejando a un lado su ego interior, ese que tantas veces hace sombra, para que la luz ilumine su respuesta y su vida en general.

La oración y el silencio serán compañera y compañero del camino que lleva al hondón del alma, lugar del encuentro y las respuestas sinceras.

Mari Paz López Santos

FEADULTA, 23 agosto 2026

Sobre esta piedra edificaré mi iglesia

 


23 de agosto de 2026

A veces viene bien abandonar lecturas consagradas de los evangelios y adentrarse por caminos alternativos.

Cuando Jesús dice a Pedro SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA siempre se nos ha dicho que se refería a la roca de Pedro sobre la que está asentada firmemente la Iglesia católica. Pero puede que signifique otra cosa: Jesús puso a Simón el mote de Pedro posiblemente por su carácter terco a la hora de entender los planteamientos evangélicos y por su debilidad. Pedro significa no roca, sino piedra del camino, guijarro. Sobre ese cimiento tan frágil está asentada la Iglesia. Y ¿por qué no se hunde? Porque la sostiene tiene Jesús.

Nosotros, los cristianos, somos el cimiento frágil, la piedra quebradiza, sobre la que se asienta la Iglesia. Y no se hunde porque la mantiene en pie Jesús, si no, si fuera por nosotros, hace tiempo que la comunidad cristiana se habría venido a pique. Esto nos ayuda a poner el acento donde está: la Iglesia es de Jesús porque él la mantiene en pie más allá de nuestra debilidad. Nuestra tarea es colaborar con Él para que siga manteniéndola. Colaboramos cuando vivimos con la mayor intensidad posible los valores del Evangelio.

Es verano: a veces en nuestras conversaciones sale a relucir la Iglesia, generalmente para mal. Hablemos lo mejor que podamos de la Iglesia con conciencia de su debilidad. Hablemos con verdad, sin exagerar su lado negativo, que bastante tiene, y apreciando sus aspectos positivos, que los hay. Y, sobre todo, contribuyamos con nuestra vida honrada a presentar una Iglesia evangélica y creíble.