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miércoles, 28 de octubre de 2026

Baruch spinoza: Una sabiduría de vida para nuestro tiempo (ii)

 


Avatar de Rose-Marie Barandiaran – José Arregi
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Rose-Marie Barandiaran: Al traducir tus escritos, he encontrado a menudo una sensibilidad hacia las tradiciones asiáticas. ¿Podrías hablarnos un poco más de ello? ¿Cómo definirías brevemente los conceptos de Brahman, Dao y Arché?

José Arregi: En mi tesis doctoral, presentada en 1990 en el Instituto Católico de París, trabajé sobre el diálogo interreligioso. En 1987 había iniciado mi docencia teológica impartiendo las asignaturas de Cristología e Historia de las religiones. Fue la ocasión de interesarme más de cerca por las tradiciones orientales, tratando de superar las caricaturas teológicas que predominaban entre nosotros entonces y que todavía persisten hoy. También me permitió afrontar a fondo los desafíos que la filosofía asiática plantea a nuestra imagen tradicional y dualista de Dios. Brahman es, en la tradición hindú, el ser o la realidad última y eterna del universo, idéntica al Atman, el ser o la realidad última de cada ser individual. Equivale, en lo fundamental, al Shunyata (“Vacío”, “no-forma”) y al Nirvana (“extinción”, fin de la forma individual) de la tradición budista, así como al Dao de la tradición china. Incluso puede relacionarse con la Arché –fondo, principio o fundamento de todos los seres– de la filosofía mística de los pensadores presocráticos griegos, anteriores a Platón y Aristóteles y a su dualismo.

Rose-Marie Barandiaran: Quisiera retomar algunas expresiones que utilizas a menudo: “Dios como el ser que hace ser, como el aliento que hace vivir, como el eros que atrae, como el deseo y la confianza…” ¿Cómo nos permite esto concebir de otra manera la creación, de modo que Dios se vuelva “transparente”, según la expresión que empleas?

José Arregi: Dios se encarna y se manifiesta en todos los seres. El universo entero es eternamente diafanía (Teilhard de Chardin), transparencia de Dios. Nuestra vocación consiste en hacer que los seres establezcan relaciones justas y pacíficas, que creen comunión. De ese modo, dan forma a la creatividad, encarnan a Dios.

Rose-Marie Barandiaran: Esto resulta difícil de comprender porque nos han formado mediante un catecismo basado, sobre todo, en mitos de Oriente Medio. Pero me parece que la expresión “Dios, el Todo de todo” que he encontrado en tus escritos y que me resulta muy adecuada, tiene la ventaja de ser sencilla y de remitirnos a la idea de emergencia, que nos podrías explicar ahora.

José Arregi: El término emergencia me parece fundamental para vislumbrar la relación entre el misterio que llamamos “Dios” y la interrelación o comunión creadora de todos los seres que llamamos “mundo”. De las partículas emerge el átomo; de la unión de los átomos emergen las moléculas; de las moléculas emergen las células; de las células, los órganos; y de los órganos, el organismo. Todos los organismos relacionados entre sí constituyen el universo, que es como un organismo infinito y eterno. De él emerge esa misteriosa “totalidad que es más que la suma de las partes y cuyas propiedades no existían en las partes”: el Todo que está presente en cada ser y en la suma orgánica de todos los seres.

Rose-Marie Barandiaran: ¿Quieres decir que de lo “inferior” emerge lo “superior”?

José Arregi: Podría decirse así. Lo que llamamos “yo”, “espíritu” o “conciencia” es la totalidad que emerge del organismo que cada uno de nosotros somos. Y Dios sería, por tanto, esa totalidad misteriosa, esa presencia palpitante que emerge eternamente del universo.

Rose-Marie Barandiaran: ¡Ahora sí que comprendo la importancia que concedes al término emergencia!

José Arregi: El Todo, o Dios, no es divisible. No somos partes de Dios; eso constituiría el panteísmo burdo que ha sido condenado y que ni Spinoza ni ninguno de los grandes pensadores acusados de panteísmo sostuvo jamás. Dios no es la simple suma de las partes del universo, del mismo modo que un ser vivo no es la mera suma de las partes que lo constituyen. Dios es infinitamente más que la simple suma de las partes que componen el universo, pero solo existe como el Todo que emerge del universo eterno.

Rose-Marie Barandiaran: Entiendo que no ha habido un comienzo: el universo, como Dios, es eterno, aunque se transforme continuamente. Esta visión me parece acorde con el pensamiento científico.

José Arregi: Todos los seres, en sus infinitas relaciones mutuas, son la forma multiforme de Dios. Engendrado por la creatividad divina, el mundo, a su vez, engendra a Dios. Entonces puede surgir una pregunta: Dios, el pleno despliegue de la potencialidad que anima el universo ¿queda relegado al futuro? No. Pero sí podemos decir que Dios es un advenimiento eterno. También podemos decir que ese advenimiento eterno no se deja encerrar en nuestras categorías espacio-temporales: aquí, allí, antes, ahora, después. La plenitud está más allá del tiempo y del espacio, y se hace presente en cada instante, en cada lugar y en cada forma pasajera.

Rose-Marie Barandiaran: Comprendo que la realidad no es “sustancia”, sino relación. ¡Hemos recorrido un largo camino desde la filosofía escolástica!

José Arregi: Para resumir, digamos que “Dios es en todo lo que existe”. Dios es la relación amorosa, pura y plena, de todo con todo: una relación dinámica y creadora, inmanente, no exterior a cuanto existe. El mundo es la forma de Dios, y Dios es el alma del mundo, la presencia eterna que anima el universo.

Rose-Marie Barandiaran: Hace ya mucho tiempo que no puedo creer en el Dios del catecismo. Lo que tú explicas, José, nos permite comprender la realidad tal como la contempla hoy la ciencia y, al mismo tiempo, dar a Dios el lugar que le corresponde. ¿Podemos decir que Spinoza estaba tan adelantado a su época que apenas podía ser comprendido, pero que hoy tendría un lugar en el diálogo con todas las personas que buscan a Dios más allá del teísmo? Te dejo la última palabra.

José Arregi: ¡Bendito –Baruch en hebreo– Spinoza, pionero del pensamiento y de la religión modernos! Por supuesto, utiliza conceptos escolásticos heredados –no podía hacer otra cosa–: materia y forma, acto y potencia, esencia y existencia, sustancia y accidente. Pero, en el fondo, aunque no pudiera explicitarlo, apuntaba a un misterio o una presencia originaria que está más allá del teísmo y del ateísmo. Y, sin embargo, las imágenes y las ideas de la mayoría de quienes afirman a “Dios” y de quienes lo niegan siguen estando demasiado ligadas a esas dos posiciones.

* Nota: Francisco de Asís regresa de un viaje y se presenta en el monasterio durante una noche helada. El portero se niega repetidamente a abrirle la puerta. Francisco, el Poverello («pobrecillo»), decide esperar pacientemente a pesar de la incomodidad. Este es un ejemplo de la capacidad de alcanzar la «verdadera alegría».

Aizarna-Toulouse
Noviembre de 2025

(Publicado en francés, en versión resumida, en Golias Magazine nº 229, julio-agosto de 2026)

www.josearregi.com

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