Más de un millón de personas ha llegado este año a Europa como demandantes de asilo. La mayoría, jugándose la vida en un largo camino, huyendo de la guerra, el terrorismo, la persecución y el miedo. Sobre todo del miedo. La crisis de los refugiados ha sido sin duda el acontecimiento más relevante del año en Europa y cuartopoder.es lo repasa a través de las grandes cifras. ··· Ver noticia ···
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sábado, 2 de enero de 2016
viernes, 5 de septiembre de 2014
Dos encuestas y una miopía culpable Emilio Pizocaro, periodista
Las encuestas que se hicieron publicas este fin de semana vaticina un tiempo político tormentoso. Posiblemente la clave se encuentra en la lectura cuidadosa de un artículo publicado este domingo por el diario El País . Se trata del tercero de una serie escrita por el sociólogo J.M. Toharia, presidente de Metroscopia, que revela de manera rotunda y sin paliativos el rechazo masivo de los españoles contra la actual clase política.
La encuesta , producto de un largo trabajo que se transformará en libro, trasunta una realidad cada vez más evidente ; el actual régimen ha perdido legitimidad ante la ciudadanía. En palabras de Toharia “el nuevo tiempo político que se anhela debería suponer un giro radical en los modos y estilo de partidos y dirigentes”.
La cifras cantan por si solas:
- Más del 80 por ciento de los españoles piensan que los “partidos solo están centrados en mantener sus cuotas poder, no tienen programas a largo plazo y no eligen a las personas más competentes o mejor preparadas”.
- Un 93 por ciento cree que los candidatos deben ser elegidos en primarias, en listas abiertas y no por las directivas de los partidos.
- Nada espera la ciudadanía de los actuales dirigentes. Por eso nueve de cada diez exige que sean “expulsados de la vida pública” los cargos que han sido imputados por al justicia.
- Un 87 por ciento cree que los dos partidos mayoritarios manipula la justicia.
- El 82 por ciento exige que cambie el sistema electoral y que los diputados voten directamente los deseos de sus electores.
- Un 82 por ciento cree necesario una Reforma de la Constitución lo que expresa un deseo mayoritario por un cambio político radical.
Toharia es consiente que la pesquisa sociológica anticipa un momento de transformación intenso y profundo. Por eso disimula, con alambicado lenguaje, la radicalidad de las exigencias populares, y propone una tímida segunda transición. Sin embargo, pese al tamiz ideologizado de su propuesta , el sociólogo se ve obligado en reconocer que la investigación deja claramente establecido que el cambio no podrá ser encabezada por las actuales cúpulas partidarias .
En el fondo, la encuesta de El País perfila , a grandes trazos, el sentir más urgente de la población. El análisis de los datos expresan inequívocamente que la gente quiere un cambio de fondo . Las opiniones son contundentes . Ya no se trata de cambiar al gobierno sino de cambiar el régimen. La gente quiere un sistema que le permita la participación directa en los asuntos que le conciernen.
En resumen, la crisis económica y la corrupción han producido un divorcio sin vuelta entre la ciudadanía y la clase política. Todo indica que el “no nos representan” del 15M llego para quedarse. La mayoría de la población quiere una democracia real, participativa y directa. En otras palabras una revolución democrática. Ese es el consenso popular ,
Hasta el momento la respuesta de los políticos profesionales es de manual. Ha decidido seguir tratando de emborrachando la perdiz. Creen que una mentira más no se notará . Se equivocan . Las ostentosas declaraciones, tanto del PP y como del PSOE , apostando por una maloliente “regeneración democrática” ya no convence a nadie.
Lo que los políticos profesionales no quieren o no pueden aceptar es que la encuesta pone en evidencia que la mayoría absoluta de los ciudadanos ha perdido la confianza en su gestión de los asuntos públicos oscura y corrupta. Este nuevo sentido común es abrumadoramente mayoritario y va más allá de las diferencias partidarias tradicionales.
En esa misma línea están los datos de la reciente encuesta de El Mundo. La gran desilusión popular con los partidos de la constitución del 78 es la que explica el vertiginoso ascenso de Podemos. En pocos meses, esta nueva organización ciudadana embiste con éxito a todo el statu quo y llega, de hecho, a transformarse en la segunda fuerza política del país.
Ante el temporal que se viene encima resulta hasta lógico, que las cúpulas del bipartidismo monárquico se rebanen los sesos e inventen mil triquiñuelas para evitar el éxito de la ciudadanía auto-organizada.
Lo que no parece lógico es la reacción del dirigente máximo de Izquierda Unida que hace caso omiso de las encuestas y del sentir de sus militantes. En recientes declaraciones Cayo Lara repite que no es partidario de primarias en su organización y que prefiere que los lideres sean elegidos por consenso. En buen romance, que la cúpula elija y los militantes y simpatizantes se queden mirando la carnicería.
No se trata de hacer leña del árbol caído, pero la encuesta de El Mundo retrata una Izquierda Unida en caída libre. Mientras Podemos crece del 7.9 al 21,2 por ciento; Izquierda Unida cae a un 4,1 desde el 9.9 que obtuvo en las europeas .
Pero más allá de las cifras lo cierto es que, tal como lo hemos venido advirtiendo, Cayo Lara y su entorno no han querido entender los importantes cambios que se han producido en la conciencia popular desde el 15M.
La mochila que lleva Cayo Lara y los sectores más conservadores de IU pesa cada día más. La perdida de credibilidad entre sus votantes es la señal más importante. El daño hecho por la actual dirección partidaria a la organización, tiene por lo menos tres hitos que ciegan la razón por su insensatez; gobernar con el PSOE en Andalucía, cohonestar el gobierno del PP en Extremadura, haber apoyado en Madrid a un corrupto como Moral Santin, brazo derecho de Blesa.
Peor aún. Según fuentes periodísticas, es tal el arcaísmo político del líder de IU, que recientemente habría confesado que él sigue apostando por una alianza con el PSOE; el partido, sostén obligatorio de un régimen bicéfalo y viciado.
La gravedad del asunto exige un desmentido urgente. Y si no ocurre , habrá que dar por sentado que la postura del Coordinador Federal es firme y que su actitud seguirá carcomiendo las entrañas de sufrida militancia de Izquierda Unida.
Como acertadamente ha sentenciado Julio Anguita se trata de una “miopía culpable” . Tal como van las cosas esta “miopía” puede llevar a Izquierda Unida a una aguda crisis interna. Los militantes lo saben. Ya son muchos los que han perdido la paciencia. Están cansados de esperar una “refundación” que nunca llega.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Uno de la mayoría silenciosa Jordi Évole, Periodista
Soy un afortunado. El otro día la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría habló de mí. Bueno, de mí y de unos cuantos más. De los que
no fuimos a la cadena humana, de esos a los que ella llamó «mayoría
silenciosa», ese concepto que debe salir en el minuto 1 de reunión de
cualquier Gobierno que ve salir a la calle mucha gente. Tan originales como siempre.
Apreciada vicepresidenta, yo no fui a la cadena, pero le rogaría que la próxima vez que hable de mayoría silenciosa
no me cuente, no se apropie de mi silencio. Porque le aseguro que
quedarme en casa no significa tener la opinión que usted interesadamente
presupone.
Mire, no fui a la cadena porque sigo manteniendo buenos vínculos con
el resto de España que hacen que mi primera opción no sea la
independencia. Mis padres nacieron allí, se criaron aquí, aprendieron
catalán, me lo enseñaron. He viajado por toda España sin ocultar nunca
mi catalanidad, y he tenido la suerte de conocer también una España
dialogante, plural y tolerante. Una España prácticamente desaparecida de
algunos medios de comunicación
catalanes, que prefieren darle eco a una columna incendiaria de la
página 27 de La Razón. Y pasa lo mismo con la Catalunya dialogante,
plural y tolerante: que ha desaparecido de algunos medios españoles
empeñados, por ejemplo, en magnificar en sus grotescas portadas la
supuesta persecución del castellano en Catalunya. Y así los extremos han
ido retroalimentándose hasta la situación actual de casi no retorno.
Dicen ustedes que aquí hay medios de comunicación públicos volcados
en la causa independentista. No le diré que no. Y es una anomalía que
eso ya no sea ni noticia. Pero pocas cosas son tan eficaces para el
independentismo como un buen editorial del Abc o una declaración de su
ministro Wert.
Los que creemos aún en los puentes entre Catalunya y España ya somos minoría. Y no me extraña tras todos los
sinsabores vividos desde el gratuito «apoyaré» de Zapatero: un Estatut
votado en referendo, aprobado por el Parlament, cepillado en el Congreso
y luego inconstitucional.
Ahora en Catalunya lo que impera es exhibirse como independentista. A
una amiga su hijo de 9 años le preguntó por qué ellos no iban a lo de
la cadena, que visto por la tele parecía muy guay. Y mi amiga no supo
qué responderle. Porque la puesta en escena cívica, reivindicativa y
festiva es indiscutiblemente atractiva. Por no hablar del rotundo éxito
de convocatoria. Pero yo nunca he sido muy de patrias. Ni de aquella ni
de esta. Descolgaría el banderón de la plaza Colón, me incomodan las
banderitas españolas en los polos de algunos, igual que me incomoda
vivir en un lugar en el que la estelada se ha convertido en adorno
habitual de balcones, pulseras o zapatillas deportivas.
Me dicen que con la independencia Catalunya será libre. Será libre de
España para poder equivocarse o acertar por su cuenta, como es lícito.
Pero libre con mayúsculas no me lo acabo de creer. Y no es que yo ahora
sea libre. No lo soy. Por ejemplo, como periodista
mi libertad radicaría en poder publicar aquello que considero que debo
publicar. ¿Es posible llevar a la portada de algún gran medio catalán o
español algo que afecte gravemente a un banco que ha dado un crédito a
ese medio de comunicación? ¿Y con la independencia eso será posible?
Pero ¿sabe qué pasa, apreciada vicepresidenta? Que si alguien me da
motivos para cambiar de opinión esos son ustedes, que con su actitud se
han convertido en la máquina más bestia de hacer independentistas. Desde
que gobiernan, ustedes no han perdido un solo minuto en intentar
entender lo que pasa aquí. A veces tengo la sensación de que son ustedes
los primeros interesados en que Catalunya se independice.
Dejen votar
Si realmente quieren escuchar a la «mayoría silenciosa», déjenla
votar. Y si la Constitución es un obstáculo, refórmenla: ustedes y el
PSOE ya tienen experiencia en reformas constitucionales exprés. Y,
puestos a pedir, háganlo más pronto que tarde. Porque yo también tengo
prisa. Tengo prisa para que mis gobernantes se preocupen de algo más que
no sea la independencia. Para que los gobiernos que hemos elegido se
ocupen, por ejemplo, de la gente que lo está pasando mal. Aunque puede
que a los que gobiernan aquí o allí eso no les interese.
jueves, 23 de mayo de 2013
Criminalización de la ciudadanía indignada e insumisa Xavier Caño Tamayo (CCS), periodista
Aumenta la represión en Europa. El Gobierno de Grecia decreta la movilización forzosa (militarización, en realidad) del profesorado para evitar la huelga contra los recortes salariales y la pérdida de derechos. En el Reino de España, hay encarcelamientos arbitrarios e injustos por manifestarse desde el nacimiento del 15-M hace dos años, y manifestantes elegidos aleatoriamente son multados sistemáticamente por el Gobierno. En Portugal, una gran manifestación contra los recortes gubernamentales finalizó con once heridos. En Italia son reprimidas con dureza inusitada las manifestaciones de estudiantes. En Reino Unido, encarcelan con seis meses de prisión a quienes ocupen edificios vacíos y deshabitados… Los gobiernos reprimen a la ciudadanía más consciente y activa en Europa… La represión crece a medida que aumenta la conciencia crítica ciudadana.
La criminalización de la protesta ciudadana crece con falsas acusaciones de vandalismo callejero que, perpetrado por reducidos y sospechosos grupos, se insinúa (o dice directamente) que forman parte del movimiento ciudadano. Responsables políticos de la policía se refieren de modo malévolo, sin contexto ni matiz, a los hechos violentos que en ocasiones se dan al final de pacíficas concentraciones y manifestaciones, atribuyéndolos al movimiento ciudadano. Unos hechos violentos cuya autoría recae a menudo sobre agentes infiltrados de la policía o provocadores más o menos dirigidos. Miembros del Gobierno o del partido que lo sostiene en el Reino de España insultan a la ciudadanía llamando nazis o terroristas etarras a quienes protestan en paz y con eficacia y revelan sus canalladas políticas dejándolos sin argumentos.
El Gobierno responde al aumento de conciencia crítica ciudadana con más antidisturbios, cámaras de vigilancia en espacios públicos e incitación a la delación de presuntos “antisistema”. Antisistema es el saco donde meten toda denuncia y resistencia contra el saqueo que es la crisis y el vaciado de la democracia. El Gobierno y sus aliados cambian la normativa de reunión y seguridad pública y convierten las faltas penales en delitos para poder aplicar la prisión preventiva. Faltas como las acometidas y destrozos del mobiliario urbano. También se tipifican nuevos delitos para reprimir a la ciudadanía más activa. Como difundir por Internet convocatorias de manifestaciones que pudieran derivar en alteraciones del orden público. O, en un desquiciado rizo del rizo, convertir la resistencia pasiva pacífica en atentado contra la autoridad, penado con años de cárcel.
Una muestra de ese fascismo soterrado creciente de la actuación policial contra manifestantes en Europa es una declaración del mando de una unidad anti-disturbios española. Aseguró que incluso Gandhi en actitud de resistencia pasiva se hubiera llevado algún porrazo que otro de sus hombres. Ya en el inicio del 15 M, más de doscientos intelectuales, artistas, profesores universitarios y dirigentes sociales salieron al paso de la persecución y criminalización del movimiento, denunciando la represión y arbitrariedad policial y política al detener y encarcelar a manifestantes pacíficos. Por desgracia, esa situación no solo se mantiene sino que empeora.
Para los más viejos del lugar, que sufrieron la dictadura franquista, lo expuesto huele cada vez más a rancio fascismo. Con la visible diferencia de que esos fascistas o fascistoides de hoy no recurren a mascaradas ni concentración de disfraces y banderas.
Al revisar la actuación de buena parte de gobiernos y policías de países europeos, cuyas ciudadanías exigen sus derechos con firmeza, se comprueba que hay una deriva cada vez más autoritaria de buena parte de esta Europa sometida al poder financiero y las corporaciones empresariales.
Lo resume con lucidez el magistrado Carlos Doménech al exponer que las nuevas medidas penales en el Reino de España son pasos hacia un estado policial. Que va bien encaminado lo muestra el hecho de que el Consejo de Poder Judicial cuestiona la constitucionalidad de esa pretendida reforma penal que es la tipificación de nuevos delitos para neutralizar a la ciudadanía pacífica activa y la aplicación de penas mucho más severas.
Buena parte de gobiernos europeos han olvidado que la soberanía nacional reside en la ciudadanía, de la que emanan todos los poderes del Estado; el poder que ellos tienen sin ir más lejos.
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