FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

ESTE ES EL BLOG OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO SAN PAULINO DE NOLA
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sábado, 26 de mayo de 2012

EL DESPILFARRO DE LA PASCUA

GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@euskalnet.net
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 25/05/12.- Es más necesario que nunca recordar que el vínculo de las primeras comunidades cristianas se fraguaba en la fraternidad y en practicar (no solo predicar) la misma fe en todas partes. Los que tenían responsabilidades no se consideraban una autoridad sobre nadie, sino servidores. Solo cuando la Iglesia se va institucionalizando a causa de su crecimiento es cuando se acrecientan los conflictos; cosa muy humana, pero que en el caso de la mayoría de las iglesias católicas occidentales la cosa ha desbarrado hasta convertir a sus cúpulas en organismos alejados del mandato principal del Señor, coo le gustaba a Lucas llamar a Jesucristo.
Aquella Iglesia primitiva tan cercana en el tiempo a la vida de Jesús tenía atractivo, y su estilo de vida parecía una Buena Noticia. Sus rectores -y rectoras- procuraron una Iglesia con una vivencia comunitaria por encima de las dificultades propias de la diversidad cultural y de las sensibilidades teológicas diferentes e inevitables. Igual que entonces, muchas comunidades tratan de repetir semejante experiencia desde el coraje de su fe pero desde la incomprensión de la jerarquía, por decirlo suavemente.
Los incipientes pasos cristianos a partir de la Pascua de Resurrección fueron recogidos en los Hechos de los Apóstoles (parece que Lucas escribió su evangelio incluidos los Hechos, como un todo) cuyo protagonista es el Espíritu Santo. En este libro, más que en ningún otro, se detallan las vivencias y los primeros testimonios cristianos que nos indican el modelo a seguir y la experiencia en la que todos deberíamos mirarnos como misioneros en su sentido más puro de continuadores de la misión de Cristo, marcada por el amor al prójimo.
Jesús acogió, perdonó, denunció pero no impuso nada como lo atestigua su muerte en la cruz. Sin embargo, a veces sus principales representantes son los que borran la mejor cara de Dios en lugar de ser los instrumentos, las manos de Dios. Frente a la abundancia de quejas y autocompasiones por la persecución encubierta que los católicos decimos sufrir por amor a Cristo, que puede ser cierta en América Latina y en el Tercer Mundo en general, no vale para nuestro mundo opulento. Aquí viven muy bien los mismos que en tiempos de Cristo se sintieron molestos y furiosos con su mensaje y con su ejemplo.
Los católicos de los países ricos damos la impresión de no desear cambios sino la prolongación de lo que tenemos. Los cristianos del bienestar no paramos de hablar de los pobres y actuar a favor de los ricos, aunque nadie va a cambiar si no cambiamos nosotros primero desde una fe regalada que hace preguntas y reclama respuestas. Y en el caso de las jerarquías esto se percibe con mayor claridad al mostrarse como representantes de todos los demás y, lo que es peor, del propio Cristo.
No son los medios de comunicación, ni los poderes fácticos, ni los “malos oficiales” los principales culpables del descrédito de los cristianos ni de la constante sangría de creyentes, sobre todo entre nosotros. Nos bastamos nosotros solos para ponérselo a güevo a los que pretenden vaciar el Mensaje y a quienes se sienten defraudados por nuestra falta de esperanza, humildad y misericordia. Si algo brilla en las azoteas curiales es la falta de valor y humildad para mantener lo esencial: el corazón dispuesto a seguir amando a Dios a través del hermano, con hechos.
Sin acogida y misericordia, sin ofrecernos a aliviar ¡y no poner! cruces a los demás, mostramos una inconsecuencia que a tantos empuja a abrazar mil placebos, como el de la codicia y el desear los bienes ajenos. Sin la denuncia de las injusticias ni la implicación con los excluidos (Bienaventuranzas), no esperemos cambios, porque nunca seremos creíbles. Ése “ved como se aman” es el único reclamo eficaz para remover las conciencias. Esto también va para la jerarquía, que debería mirarse más en la gran enseñanza de los Hechos de los Apóstoles cuyos protagonistas tuvieron que conjugar desde el principio su “contemplación en la acción” con el conformismo de la dictadura de los preceptos y las condenas del judaísmo y el paganismo heleno y romano. Pero aquellos tuvieron muy claro el objetivo de su fe, y las “armas” para combatir sus debilidades: servicio, coraje, amor y ejemplo. Supieron darse a pesar de las consecuencias. Siempre ha sido así la obra de Jesucristo, desde que empezó, en medio de un gran dilema: cuando interpelan desde el ejemplo de la verdad, viene la persecución; y cuando se hacen fuertes desde el poder mundano, se prostituyen y hay que recomenzar.
Ante semejante dilema en medio de los profundos cambios actuales, nuestros jerarcas deberían repetir como un mantra lo que dijo el Maestro: a vino nuevo, no valen odres viejos; y en ello se afanaron aquellas incipientes comunidades cristianas, que son el ejemplo a seguir en su manera de vivir “en medio de lobos”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

viernes, 25 de mayo de 2012

LA BRECHA ENTRE EL CLERO Y EL PUEBLO

La primera llaga que señaló Rosmini es el foso abierto entre el clero y el pueblo. El escribía a mitad del siglo XIX. Hoy, iniciando la aventura apasionante de entrar al siglo XXI, esa herida continúa y no se le ve remedio.Todavía está vigente la figura del rebaño y del pastor, una figuración muy hermosa, poética, idílica. Jesús la empleó porque pertenecía al mundo campesino.
Y de niño y joven debió ver rebaños de ovejas y ganado caprino, guiados por pastores semi rústicos. Después descubrió la vida marinera, pero nunca se olvidó de la vida campestre. Sin embargo es una figura que nos ha hecho mucho mal. Los seguidores de Jesús no son un rebaño sino una familia o comunidad de hermanos. Las ovejas son animales simpáticos pero muy tontos.
No tienen la independencia de otros animales: los gatos, por ejemplo, son autovalentes, los perros son buscadores de caminos nuevos y conocen las ciudades y pueblos mejor que los geógrafos y los alcaldes; los pájaros miran el paisaje desde arriba y eligen sus presas o sus alimentos; las tortugas nacen y se autodireccionan hacia el mar. Corderos y ovejas van donde las lleven, se asustan de los perros guardianes, siguen a la que va haciendo sonar una campanita, necesitan resguardo para pasar la noche, se dejan trasquilar sin dar un balido. Un animal dependiente, tímido, gregario y atontado.
Frente a creyentes convertidos en rebaños se levantan, entonces, pastores que se adueñan de todo, hasta de las conciencias de la gente. Hay muchas personas que dicen que no reciben la comunión o que se sienten castigadas en su pertenencia a la iglesia porque un cura se lo dijo o se lo mandó: “Usted puede o no puede comulgar”. “Usted puede o no puede casarse con alguien que está separado”. “Usted puede o no puede comer tal alimento en cuaresma”. Y cristianas y cristianos del rebaño dicen amén, totalmente dominados en sus decisiones personales en las que nadie puede meterse sin violar las conciencias.
En una comunidad de hermanos, las cosas no deben suceder así. Los que tienen el servicio de ayudar a hacer crecer en la fe, la esperanza y la caridad, podrán proponer las enseñanzas del evangelio, podrán hacer presente la opinión histórica y quizá mayoritaria de la iglesia, podrán señalar las enseñanzas dejadas por los teólogos. Pero jamás podrán imponer respuestas. En la comunidad de discípulos de Jesús el fuego es para avivar la llama del amor a Dios y a los hermanos, nunca para quemar en la hoguera a los prójimos.
La brecha que Rosmini veía en su tiempo entre pueblo y clero se ha acrecentado con los años. El señalaba como una de las causas, la celebración de los ritos en latín. Hoy, el problema es mayor. No se trata del latín; se trata del rito mismo, de su significación, de su influencia en la vida de los creyentes. Se trata de la usurpación de las celebraciones litúrgicas por parte del clero.
Y se da, in crescendo, una situación que nadie podrá resolver sin un golpe a la cátedra: la doctrina católica señala que la comunidad se nutre y crece en la celebración de la Eucaristía. Pero la Eucaristía es propiedad del clero. Sin embargo, es un hecho que las comunidades tienen un crecimiento vegetativo y que el clero está hace muchos años en un proceso de declinación. No sólo no crece, sino que disminuye frente a la explosión de un mundo que se duplica cada tantos años. La brecha será cada vez mayor.
¿Cómo van a celebrar la Eucaristía las comunidades si el clero es el único responsable de ese sacramento fundamental?
Buen tema para la reflexión de este blog. Amiga, amiga, formúlese preguntas y respóndalas desde el corazón. Converse con otros y analice las opiniones de todos. La verdad anda repartida en las experiencias humanas de la gente.

EL MODELO SACERDOTAL (Su crisis de identidad)


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 Por JOSÉ COMBLIN, TEÓLOGO
La separación entre lo sagrado y lo profano
Constituido en el siglo XVII tendió a exasperar la separación entre el clero y el pueblo. Se multiplicaron los signos visibles de la separación: ropa diferente, casa aislada, no participación de los padres en el trabajo manual, en el comercio, en las actividades profanas. El padre se reserva exclusivamente para actividades sagradas. El lenguaje es propio.
El padre no puede aparecer en los lugares públicos de encuentro de personas: teatros, estadios, circos, lugares de diversión, playas y cines. No puede ver espectáculos profanos. Su conversación debe ser muy reservada. En la propia iglesia todo muestra la separación: Hay un espacio reservado para el padre y otro para el pueblo, y nadie puede pasar la frontera, a no ser por absoluta necesidad, por ejemplo, el sacristán o las encargadas de la limpieza. El confesionario es un modelo de esta separación. El padre y el penitente ni siquiera pueden mirarse y reconocerse. La distancia es total. No es diálogo entre las personas, sino diálogo entre pecado y absolución. El pecado entra por un lado y la absolución sale por el otro.
¿Cuál es la razón de ser de tal separación? Si consultamos los libros de espiritualidad sacerdotal del siglo XVII no hay duda: se trata de la separación entre lo sagrado y lo profano, exactamente lo que Jesús vino a suprimir. El padre es el hombre de lo sagrado: su dominio es el mundo sagrado, el edificio del templo, el lugar de administración de los sacramentos. Su mundo es poblado de objetos sagrados: el material de los sacramentos, las imágenes, los libros sagrados. Su trabajo es el sacrificio. La misa es vista en la línea de los sacrificios del Antiguo Testamento. El padre es aquel cuyo trabajo consiste en celebrar la misa.
Lo que él hace son misas. El cardenal que me ordenó dijo un día en un retiro sacerdotal: si el padre celebra la misa y reza el breviario, cumplió su obligación. De hecho su sacerdocio consiste es esto: mantener las funciones sagradas. El resto es facultativo, y puede ser peligroso. No lo constituye como sacerdote.
Estas actividades sacerdotales son totalmente inaccesibles a los laicos. Ellas marcan una separación radical. Son dos modos de vida totalmente separados, pues entre lo profano y lo sagrado no hay comunicación.
Durante tres siglos se construyó un edificio destinado a consolidar y garantizar el aislamiento del sacerdote, que era el ideal que debía ser preservado de cualquier manera. Había la teología del sacramento del Orden. Metafísicamente sacerdote y laico eran dos realidades diferentes. En su ser metafísico el sacerdote era diferente del laico. Esta separación metafísica debía tener sus aplicaciones en la práctica.
La preparación para el sacerdocio tenía por finalidad separar al sacerdote del mundo exterior. El candidato al sacerdocio aprendía la filosofía y la teología escolásticas, que eran incomprensibles para las personas de afuera, y lo tornaban incapaz de entender los pensamientos de los otros. Los estudios levantaban una barrera que impedía cualquier comunicación. El padre no podía dialogar, él debía sólo enunciar la verdad de la cual era depositario, suponiendo que los otros entendiesen. Así fueron los misioneros de la Colonia: enseñaban en portugués a los indios que no los podían entender, para explicarles que debían someterse a los soldados del rey que era el Gran Maestro de la Orden de Cristo y tenia delegación del Papa para imponerles sus órdenes.
Los seminarios eran hechos para aislar. Eran como un monasterio autosuficiente. Los alumnos no tenían necesidad de salir. Tenían todo en la casa. Estaban bien protegidos contra cualquier contacto mundano que los pudiese contaminar.

La Ley del celibato
Además de eso, fue aplicada la ley del celibato. En los orígenes la razón del celibato es lo sagrado. Siendo el padre reservado para las funciones sagradas no puede contaminarse con actos sexuales. Esta fue la razón primitiva, y ella permanece hasta hoy, aunque hayan sido agregadas otras motivaciones. La base es la oposición entre sexo y sagrado. De esta manera la separación entre clérigo y laico es mayor todavía. Pues el celibato separa de manera simbólica muy fuerte. Separa de todas las mujeres y separa de los hombres casados. Para muchos pueblos la entrada en el mundo de los adultos es el matrimonio. Sin el matrimonio el sacerdote permanece fuera del mundo. Es lo que se pretende fortalecer.
Además de eso, el celibato da a los sacerdotes un sentimiento de superioridad moral notable. Debido a que son célibes, los padres se sienten más santos, más heroicos, moralmente superiores, lo que les atribuye una autoridad moral para definir los valores morales en todos los asuntos. El celibato es como la barrera que separa a los santos de los pecadores. Si el padre se reconoce pecador, es como señal de humildad, es una prueba más de su superioridad moral. No es el caso de los laicos, que son pecadores por esencia.
De ahí la convicción en el mundo popular que el matrimonio es sinónimo de pecado. Por esto los sacerdotes no se casan, cree el pueblo simple. En cuanto a los laicos, ya que son pecadores, por definición, el matrimonio es permitido, pero no deja de ser pecado también, un pecado tolerado. Esta convicción todavía puede encontrarse en el mundo popular. Los padres no pueden casarse porque no puedepecar. Ellos deben ser santos.
Todo esto concuerda plenamente con el modelo de sacerdocio que se pretendió inculcar en el siglo XVII. Sin embargo, una vez que nacen dudas respecto a la relevancia histórica de este modelo, todo comienza a ser cuestionado. De ahí que el sentimiento de pérdida de identidad del sacerdote se ha convertido en un problema permanente en la Iglesia de hoy.
Extracto del libro “O povo de Deus”, de José Comblin, publicado por editorial Paulus-Brasil, 2da edición año 2002, pág. 396-398. Traducción al castellano de Juan Subercaseaux A. y Leyla Reyes Z.

Indignado con el patriarcado

Juan José Tamayo, teólogo

Jesús mostró su indignación de manera especial con la sociedad y la religión patriarcales de su tiempo. El cristianismo histórico ha mantenido oculta esa actitud durante muchos siglos, ya que las iglesias cristianas se han configurado patriarcalmente y necesitaban legitimar dicha configuración a través de una imagen igualmente patriarcal del propio Jesús, de su mensaje y su práctica.
Tampoco la exégesis y la teología fueron capaces de descubrir esa indignación, ya que han operado hasta muy recientemente con métodos histórico-críticos androcéntricos, que resultaban patriarcales en la comprensión de la realidad, en la traducción e interpretación de los textos y en las imágenes que ofrecían de Jesús en la predicación, la catequesis, los tratados de teología y los libros de piedad.
Hoy, gracias sobre todo a la hermenéutica y a la teología feministas de la sospecha y a los estudios de antropología cultural y de sociología del Nuevo Testamento, del cristianismo primitivo y del Jesús histórico, se está poniendo de manifiesto la centralidad de la indignación de Jesús contra el patriarcado religioso, político, social y jurídico de su tiempo.
Jesús reconoce a las mujeres la dignidad que el judaísmo ortodoxo les negaba en todos los órdenes. Pone en cuestión las leyes penales que condenaban con más severidad a las mujeres que a los varones, como la lapidación por adulterio y el libelo de repudio. En la escena evangélica de la mujer adúltera hay dos elementos a tener en cuenta en la conducta de Jesús: a) echa en cara a los acusadores su doble moral; b) perdona a la mujer, eximiéndola del castigo que le imponía la ley.
Valora muy positivamente el gesto generoso de la mujer que se presenta en casa del fariseo Simón, donde estaba Jesús comiendo, y derrama sobre él un frasco de perfume, lo que demuestra cercanía, e incluso ternura, hacia Jesús y reconocimiento simbólico de su mesianidad. En otra ocasión Jesús osa afirmar, con harto escándalo para las autoridades religiosas, que las prostitutas, los pecadores y los publicanos precederán en el reino de los cielos a los fieles cumplidores de la ley.
Tal modo de actuar entra en confl icto con la rigidez de los guardianes de la ley.
Pone en marcha un movimiento igualitario de hombres y de mujeres, donde el sexo no es motivo de discriminación ni de reconocimiento
especial en el movimiento de Jesús.
El elemento común a unos y otras dentro del grupo es el seguimiento del Maestro, que exige: compartir su estilo de vida pobre, acoger su enseñanza y anunciar el reino de Dios como buena noticia a las personas pobres y marginadas.
Así lo pone de manifi esto un texto de Lucas que ha pasado desapercibido durante mucho tiempo: Lc 8, 1-3. Jesús reconoce a las mujeres la dignidad y la ciudadanía que les negaban la religión, la sociedad y el Imperio romano. La actitud integradora e inclusiva de Jesús provocó necesariamente confl icto, constituyó un desafío a las estructuras patriarcales del judaísmo y a su discurso androcéntrico, e implicaba un cambio revolucionario no solo en el terreno religioso, también en el político y el social.
Las mujeres jugaron un papel determinante en la expansión del movimiento de Jesús fuera de las fronteras de Israel. Así parecen
indicarlo dos relatos evangélicos pertenecientes a dos tradiciones diferentes: el de la Samaritana, difusora de la Buena Noticia de Jesús en medio de un pueblo heterodoxo a los ojos de los judíos (Jn 4), y el de la Sirofenicia, mujer pagana que pide a Jesús la curación de su hija, poseída por un espíritu inmundo (Mc 7, 24-30; Mt 15, 21-28) y consigue vencer sus iniciales resistencias, hasta convertirlo a la concepción universalista de la salvación.
Pero donde se rompen todos los esquemas patriarcales de la sociedad y la religión judías es en los relatos de la Resurrección.
Las mujeres, cuyo testimonio carecía de todo valor en los juicios porque se las consideraba mendaces por naturaleza, aparecen como las primeras testigos del Resucitado. Los Doce aparecen como testigos indirectos que acceden al conocimiento de la resurrección a través de las mujeres. La actitud de aquellos ante el testimonio de las mujeres concuerda con el comportamiento adoptado durante el proceso de Jesús: si entonces huyeron, ahora se muestran reticentes y desconcertados.
Como judíos misóginos, no creen a las mujeres.
Tal fue el empoderamiento que dio a las mujeres la experiencia de la Resurrección que Pablo las excluyó de la lista de las apariciones, sustituyéndolas por los Doce y a María Magdalena por Pedro (1 Cor 15, 3-8). Pero ello no fue óbice para que el mismo Pablo reconociera la igualdad entre los hombres y las mujeres (Gálatas 3,26-28) y para que estas tuvieran responsabilidades directivas en las comunidades paulinas.
Coincido con Suzanne Tunc: “¡Ellas (las mujeres) son el eslabón indispensable de la transmisión del mensaje evangélico, e incluso el eslabón esencial para nuestra fe en Cristo resucitado”. Y voy más allá todavía: sin el testimonio y la experiencia de la Resurrección por parte de las mujeres, no hubiera nacido la Iglesia cristiana.
Ellas se encuentran en los orígenes y en el primer desarrollo del cristianismo. Después sufrieron una marginación que dura hasta hoy, sin visos de cambio, al menos institucionalmente.
En las bases, sí hay cambios, que han dado lugar al nacimiento de la teología feminista.

JOSÉ A. PAGOLA PENTECOSTÉS 2012

Recibid el Espíritu Santo

Señor, hoy celebramos ese gran regalo que Tú nos haces a todos y a cada uno de los seres humanos y que es tu mismo Espíritu. Hoy es Pentecostés.
¿Por qué siento esta mañana con fuerza tan especial mi vacío interior y la mediocridad de mi corazón? Mis horas, mis días, mi vida está llena de todo, menos de Ti. Cogido por las ocupaciones, trabajos e impresiones, vivo disperso y vacío, olvidado casi siempre de tu cercanía. Mi interior está habitado por el ruido y el trajín de cada día. Mi pobre alma es como «un inmenso almacén» donde se va metiendo de todo. Todo tiene cabida en mí menos Tú.
Y luego, esa experiencia que se repite una y otra vez. Llega un momento en que ese ruido interior y ese trajín agitado me resultan más dulces y confortables que el silencio sosegado junto a Ti.
Dios de mi vida, ten misericordia de mí. Tú sabes que cuando huyo de la oración y el silencio, no quiero huir de Ti. Huyo de mí mismo, de mi vacío y superficialidad.
¿Dónde podría yo refugiarme con mi rutina, mis ambigüedades y mi pecado? ¿Quién podría entender, al mismo tiempo, mi mediocridad interior y mi deseo de Dios?
Dios de mi alegría, yo sé que Tú me entiendes. Siempre has sido y serás lo mejor que yo tengo. Tú eres el Dios de los pecadores. También de los pecadores corrientes, ordinarios y mediocres como yo. Señor, ¿no hay algún camino en medio de la rutina, que me pueda llevar hasta Ti? ¿No hay algún resquicio en medio del ruido y la agitación, donde yo me pueda encontrar contigo?
Tú eres «el eterno misterio de mi vida». Me atraes como nadie, desde el fondo de mi ser. Pero, una y otra vez, me alejo de Ti calladamente hacia cosas y personas que me parecen más acogedoras que tu silencio.
Penetra en mí con la fuerza consoladora de tu Espíritu. Tú tienes poder para actuar en esa profundidad mía donde a mí se me escapa casi todo. Renueva mi corazón cansado.
Despierta en mí el deseo. Dame fuerza para comenzar siempre de nuevo; aliento para esperar contra toda esperanza; confianza en mis derrotas; consuelo en las tristezas.
Dios de mi salvación, sacude mi indiferencia. Límpiame de tanto egoísmo. Llena mi vacío. Enséñame tus caminos. Tú conoces mi debilidad e inconstancia. No te puedo prometer grandes cosas. Yo viviré de tu perdón y misericordia. Mi oración de Pentecostés es hoy humilde como la del salmista: «Tu Espíritu que es bueno, me guíe por tierra llana» (Sal. 142, 10).
 
Entre los cristianos se habla de «espiritualidad» con acentos muy diferentes. A los presbíteros se les pide vivir una espiritualidad sacerdotal, a los casados una espiritualidad matrimonial.
Según las diferentes tradiciones, los religiosos se esfuerzan por vivir su propia espiritualidad benedictina, franciscana o carmelitana. Pero, ¿cuáles son los rasgos de una espiritualidad primera y básica de un seguidor de Jesús?
Lo primero, seguramente, es captar a Jesús como alguien vivo y cercano. Sentir su Espíritu sosteniendo y animando nuestra vida, captar en esa experiencia la cercanía absoluta de Dios y hacer de esa cercanía algo central en nuestra manera de vivir la fe.
Segundo, captar a Jesús como liberador. No es una manera de hablar. Es una experiencia esencial. Sentir a Jesús como alguien que nos libera en lo más profundo del corazón. Alguien que nos da fuerza interior para cambiar, y nos dice una y otra vez: «Tu fe te está salvando».
Captar a Jesús como alguien que nos hace bien. Es un auténtico regalo encontrarse con él. No es lo mismo hacer el recorrido de la vida con Jesús o sin él. Con Jesús, la vida es una carga exigente pero ligera a la vez. Ésta es, tal vez, la experiencia más genuina del Espíritu de Jesús en nosotros.
Captar a Jesús como alguien que nos enseña a vivir en una dirección nueva. Es lo fundamental. Aprender a organizar la propia vida, no alrededor y a favor de uno mismo, del propio grupo o la propia Iglesia, sino en favor de los que sufren lejos o cerca de nosotros. Lo más decisivo no es la propia santidad, sino una vida más digna para todos. Jesús lo llamaba «reino de Dios». (LEER EL EVANGELIO)
Del Espíritu de Jesús van naciendo en nosotros algunas actitudes básicas: una sensibilidad especial hacia los que sufren, una búsqueda práctica de justicia en las cosas grandes y en las pequeñas, una voluntad sincera de paz para todos, una capacidad cada vez mayor de hacer el bien gratis, una esperanza última para todo lo bueno que hoy nos resulta inalcanzable.
Acoger al Espíritu Santo es vivir con la alegría y el dinamismo interior de Jesús.
 

miércoles, 23 de mayo de 2012

La sociedad desigual


José M. Castillo, teólogo

Si algo hay claro, en lo que está sucediendo ahora mismo en España, es que quienes nos gobiernan están gestionando las cosas de manera que nos llevan derechamente y con prisa hacia un modelo de sociedad cada día más desigual.
Quiero decir, por tanto, que el problema más grave, que en este país tenemos planteado, no es un problema económico, sino un problema constitucional. El Gobierno del PP, que no hizo la vigente Constitución (ya que entonces no existía el PP), se está cargando la Constitución.
Y se la está cargando porque está liquidando, a marchas forzadas, uno de los principios constitucionales más básicos, el principio que quedó bien definido en el artículo 14 de nuestra Constitución: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna”.
Ahora bien, un Gobierno que gestiona las cosas de manera que la educación y la sanidad cuentan cada día con menos dinero, para atender a todos los ciudadanos por igual, es un Gobierno que tiene. como proyecto, un modelo de sociedad que será irremediablemente desigual. Porque será una sociedad en la que los hijos de los ricos irán a buenos colegios y serán cuidados por los mejores médicos y en las mejores clínicas, al tiempo que los hijos de los trabajadores, de los parados y de los pobres, irán a escuelas públicas mal atendidas y peor costeadas; y tendrán que esperar en las listas de espera para que los atiendan en hospitales en los que las urgencias se van a ver cada día más abarrotadas.
Todo esto, ya empieza a ser así. Los gobernantes nos dicen que todo esto es provisional. Pero lo que todos vemos es que las medidas económicas, que están tomando, nos llevan derechamente a un tipo de sociedad en el que habrá una pequeña elite de gente privilegiada y más adinerada de lo que es ahora mismo, al tiempo que el resto de la población vivirá como pueda, educará a sus hijos como pueda y remediará sus males donde pueda y cuando pueda.
Se nos dice que todo esto tiene que ser así porque no hay otra salida de la crisis. Pero, ¿de qué crisis? ¿de la crisis “económica” o de la crisis “ideológica”? No es verdad que no haya más que una salida de la crisis. Porque, si nos atenemos a lo que dicen los entendidos en economía, resulta que hay tantas salidas como economistas. Si es que de verdad hablamos de dinero, hay otras posibles maneras de repartir el dinero. Y lo saben muy bien quienes nos gobiernan. Lo que ocurre es que, hablando de dinero, de lo que realmente se habla es “otro modelo de sociedad”. El modelo de sociedad desigual, el que hemos tenido en España durante siglos, el que se quiere recomponer e imponer. El modelo de los ricos que mandan. Y de la inmensa masa de los pobres y los trabajadores que se someten y hacen lo que les conviene a quienes manejan el capital.
Así las cosas, ¿quién levanta la voz para protestar de lo que está pasando? Protestan los trabajadores, los estudiantes, lo indignados del 15 M… Pero, ya se sabe, los que tienen el mando en sus manos nos recuerdan enseguida que todo lo que nos pasa es culpa de Zapatero y sus gentes. O sea, se nos dice que todo se reduce a un problema económico. Y que la economía, bien gestionada, es la economía cuyo modelo ejemplar es la señora Merkel a la que hay que seguir con la mayor fidelidad posible. Pero nadie se atreve a decir que el problema es mucho más grave. Porque lo que se nos quiere imponer es una sociedad desigual, en la que los ricos estén donde estuvieron siempre. Y los pobres en su sitio, abajo y aguantándose con paciencia y resignación a la suerte que les ha tocado en la vida.
Yo esperaba que la Iglesia – a quien se le supone una autoridad moral importante – levantara su voz alertando a la gente de lo que se nos viene encima. Pero, ya lo estamos viendo: los obispos, a lo suyo: a clamar contra lo mal que están y lo peligrosos que son los homosexuales. O, en otros casos, a decirle a la gente que, si todo el mundo tiene que apretarse el cinturón, los obispos no tienen que apretarse cinturón alguno. Porque, como acaba de asegurar Mons. Rouco, si se le toca al dinero de la Iglesia, a quien realmente se le toca es al hambre de los pobres. Porque eso es lo que ha venido a decir el cardenal de Madrid cuando le ha dicho al Gobierno y a la opinión pública que tocarle al dinero de la Iglesia es dañar a Caritas o sea, a la pobre gente que pasa hambre.
¿Y no pensó en esto el Sr. Rouco cuando el papa vino a Valencia, y luego a Santiago y Barcelona, y luego a Madrid? ¿Tiene claro el Sr. Rouco la cantidad de millones que todo eso ha costado. ¿Por qué no se gastó todo ese dinero en dar de comer a los que se ven en necesidad extrema desde antes de que el papa viniera a Valencia? Por favor, señor cardenal, no le haga Vd más daño a la Iglesia. Es verdad que daño, le hacemos todos. Vamos a reconocerlo con humildad. Pero hay quienes, por el cargo que ocupan, tienen en todo esto mayor responsabilidad.

RECIBID EL ESPÍRITU

Pentecostés (B) Juan, 20, 19-23
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 23/05/12.- Poco a poco, vamos aprendiendo a vivir sin interioridad. Ya no necesitamos estar en contacto con lo mejor que hay dentro de nosotros. Nos basta con vivir entretenidos. Nos contentamos con funcionar sin alma y alimentarnos solo de pan. No queremos exponernos a buscar la verdad. Ven Espíritu Santo y libéranos del vacío interior.
Ya sabemos vivir sin raíces y sin metas. Nos basta con dejarnos programar desde fuera. Nos movemos y agitamos sin cesar, pero no sabemos qué queremos ni hacia dónde vamos. Estamos cada vez mejor informados, pero nos sentimos más perdidos que nunca. Ven Espíritu Santo y libéranos de la desorientación.
Apenas nos interesan ya las grandes cuestiones de la existencia. No nos preocupa quedarnos sin luz para enfrentarnos a la vida. Nos hemos hecho más escépticos pero también más frágiles e inseguros. Queremos ser inteligentes y lúcidos. ¿Por qué no encontramos sosiego y paz? ¿Por qué nos visita tanto la tristeza? Ven Espíritu Santo y libéranos de la oscuridad interior.
Queremos vivir más, vivir mejor, vivir más tiempo, pero ¿vivir qué? Queremos sentirnos bien, sentirnos mejor, pero ¿sentir qué? Buscamos disfrutar intensamente de la vida, sacarle el máximo jugo, pero no nos contentamos solo con pasarlo bien. Hacemos lo que nos apetece. Apenas hay prohibiciones ni terrenos vedados. ¿Por qué queremos algo diferente? Ven Espíritu Santo y enséñanos a vivir.
Queremos ser libres e independientes, y nos encontramos cada vez más solos. Necesitamos vivir y nos encerramos en nuestro pequeño mundo, a veces tan aburrido. Necesitamos sentirnos queridos y no sabemos crear contactos vivos y amistosos. Al sexo le llamamos "amor" y al placer "felicidad", pero ¿quién saciará nuestra sed? Ven Espíritu Santo y enséñanos a amar.
En nuestra vida ya no hay sitio para Dios. Su presencia ha quedado reprimida o atrofiada dentro de nosotros. Llenos de ruidos por dentro, ya no podemos escuchar su voz. Volcados en mil deseos y sensaciones, no acertamos a percibir su cercanía. Sabemos hablar con todos menos con él. Hemos aprendido a vivir de espaldas al Misterio. Ven Espíritu Santo y enséñanos a creer.
Creyentes y no creyentes, poco creyentes y malos creyentes, así peregrinamos todos muchas veces por la vida. En la fiesta cristiana del Espíritu Santo a todos nos dice Jesús lo que un día dijo a sus discípulos exhalando sobre ellos su aliento: "Recibid el Espíritu Santo". Ese Espíritu que sostiene nuestras pobres vidas y alienta nuestra débil fe puede penetrar en nosotros por caminos que solo él conoce. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

COMO LOS GLÓBULOS ROJOS

ecleSALia 
COMUNIDAD DE MONJAS TRINITARIAS, monjasdesuesa@gmail.com
SUESA (CANTABRIA).

ECLESALIA, 22/05/12.- Hay una serie de dibujos animados sobre el cuerpo humano realmente didáctica. Es llamativo que bastantes personas de la generación de quienes tenemos 30-40 años nos acordemos más de lo que aprendimos en las clases de ciencias viendo esos vídeos, que de lo que ponía en el libro de texto y de la “palabrería” de la profesora. Y es notorio que estamos formando una sociedad que aprende mucho más de lo que observa, de los gestos y las actitudes de los demás, que de las palabras y llamadas de atención.
En esos dibujos unos de los protagonistas son los glóbulos rojos y se ve claramente su misión: repartir el oxígeno por las distintas partes del cuerpo. Se les ve cansados, desanimados y dando tumbos cuando caminan “vacíos”, sin su carga; y cuando llegan a los pulmones aparecen totalmente liberados, felices, libres y conscientes de la inmensidad de oxígeno que les envuelve. Pero de esa inmensidad solo son capaces de transportar y transmitir una pequeña cantidad. Van caminando, contentos, a cumplir su misión y, cuando tropiezan y ven que pierden su tan preciosa carga, retroceden en su busca, la recuperan y siguen adelante para llevar su porción de aire a las células que no pueden o no saben llegar a esa inmensidad de oxígeno que les da la vida.
No sería mala idea que las personas nos fijásemos en estos glóbulos rojos. En Dios tenemos esa inmensidad de oxígeno que, en la oración y en la contemplación nos llena de paz y nos envuelve completamente con su amor infinito. Dios, que nos da la vida. Y de esa inmensidad que percibimos sólo somos capaces de mostrar y transmitir una pequeñísima parte. Pero tenemos la capacidad; Él nos la da y Él nos invita a ejercitarla.
Dios mío, hoy me estás pidiendo que haga uso de esa capacidad. Y aunque llevo todo el día preguntándote una y otra vez que cómo quieres que me base en unos dibujos animados para hablar de ti y de nuestra misión, tu respuesta está ardiendo dentro de mí “transmíteme, transmíteme…”
“¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?”. Los apóstoles de Jesús optaron por comunicar, contar lo que habían visto y oído, y gracias a ellos hoy arde nuestro corazón. Ahora depende de nosotras, de cada persona cristiana, depende de ti y de mí que ese fuego continúe propagándose de generación en generación; o es que… ¿vas a permitir que se apague y se reduzca a unas cenizas? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia). 

Rouco amenaza con quitar fondos a Cáritas si obligan a la Iglesia a pagar el IBI

El presidente de la Conferencia Episcopal ha asegurado que la Iglesia pagaría el impuesto pero que este desembolso afectaría a “otras actividades”
Si la Iglesia tiene que pagar el Impuesto de Bienes e Inmuebles (IBI) “se pagará”, pero el dinero se retraerá de otras acciones de la Iglesia como la que desarrolla Cáritas. Esta ha sido la amenaza que el cardenal Rouco Varela ha lanzado este lunes tras ofrecer una conferencia en el Oratorio de San Felipe Neri bajo el título La Constitución de 1812: ¿Una nueva configuración de las relaciones Iglesia-Estado?
Preguntado por los periodistas, Rouco Varela ha explicado que “la Iglesia está dentro de la legislación general” por lo que no “tendrá ningún problema en pagar si así lo establece la ley” aunque ha señalado que ese desembolso podría afectar a ”otras actividades” como la desarrollado por Cáritas, aunque en este punto ha confiado en la “generosidad de los fieles” para mantener la actividad solidaria.
Asimismo, la máxima autoridad de la Iglesia Católica en España ha defendido las razones por las que la Iglesia no paga el polémico impuesto. “La norma exime de pagar el IBI a toda entidad que trabaja o actúa sin ánimo de lucro”, y en referencia a la iglesia ha subrayado que se debe a un “principio previo” que afecta sólo “a los edificios de culto donde se practica la actividad pastoral de forma estricta y a las catedrales”.
Antonio Rouco Varela ha destacado que lo que se entiende como “actividad pastoral estricta” se recoge en el acuerdo que alcanzaron “España y la Santa Sede sobre asuntos económicos en 1979″.

Carta de un investigador a Rodrigo Rato

 (con oferta de trabajo incluida)

Querido Rodrigo,
Eres mi ídolo. No sé cómo lo has hecho, pero el gobierno está considerando inyectar 7.000 millones en el banco que presidías. No es la primera vez que lo consigues: en 2010, el Estado os prestó 4.500 millones y después os avaló por 27.500 millones más.
Como investigador, te admiro muchísimo: me encantaría tener tu talento para convencer a los gobiernos de que suelten el parné. Sólo esos 7.000 millones es más dinero que toda la financiación para I+D en los Presupuestos Generales del Estado (6.400 millones).
El desastre de Bankia me ha proporcionado una amarga satisfacción, pues confirma una de mis hipótesis científicas: la estructura política de nuestro país está podrida hasta las entrañas. En los consejos de administración de Bankia y sus corporaciones, estábais todos: Mercedes de la Merced y Manuel Lamela (PP), Arturo Fernández (vicepresidente de la CEOE), Maria Enedina Álvarez (ex-diputada PSOE), José Antonio Morán Santín (IU), José Ricardo Martínez (secretario general de UGT Madrid), etc.
¡Viva la meritocracia, coño!
No me puedo explicar el fracaso de Bankia: estaba en manos del más selecto grupo de mentes privilegiadas. No se habían visto tantos premios Nobel juntos desde la Conferencia Solvay de 1927.
Por bromitas como la de tu banco, este año no vamos a pagar los premios a los ganadores de la Olimpiada de Física. Empollones, frikis, cuatro-ojos, pajilleros compulsivos: ¡os lo tenéis bien merecido! ¿Qué hacéis estudiando física con 17 años? ¡Dedicarse ar furbol!
En el fondo, mi sarcasmo nace de la envidia. Tú ganaste el año pasado 2,3 millones de euros. Mi salario es 110 veces menor. Pero debo reconocer que la diferencia está justificada: yo sólo estudio las ecuaciones que describen los agujeros negros, mientras tú creas agujeros negros que ya quisiera la Galaxia de Andrómeda.
Rodrigo, te escribo porque quiero hacerte una oferta. Ahora que tienes más tiempo libre, me gustaría que te unieses al grupo de científicos que luchamos para que la ciencia española no desaparezca. Tu talento nos vendría fenomenal. Con uno de tus golpes maestros, nos compramos el CERN, el telescopio Hubble y la NASA entera. Lo digo en serio: el presupuesto de la NASA para 2012 es de 18.000 millones de dólares. ¡Está a tu alcance!
Por cierto, Rodri, nos vemos este sábado en Sol. Hazme una perdida cuando llegues, ¿vale?
Un abrazo, crack.
Dr. Alberto Sicilia.
P.D.- Mi oferta a Rato va en serio. ¡Hagámos un poquito de ruido, a ver si nos responde!
P.D.2.- Una pregunta esencial para comprender el mundo que nos rodea: ¿Para qué sirven los bancos?

lunes, 21 de mayo de 2012

LOS RECORTES 2012.avi

Reconstruye mi Iglesia

Cristián del Campo, SJ, Capellán de Un Techo para Chile y Un Techo para mi País

Primera lección del Concilio: volver a la fuente que es Jesucristo. Nada de lo que digamos o hagamos puede ir en contra de lo más esencial que nos vino a transmitir:
Unos 800 años atrás el joven Francisco de Asís oyó que el mismo Cristo le decía: “reconstruye mi Iglesia que está en ruinas”. Cuenta la historia que el pobre de Asís se lo tomó bien en serio y literalmente comenzó a reparar distintas iglesias y capillas.
Hasta que comprendió que la reparación era más profunda: era la reconstrucción espiritual de una Iglesia cargada de opulencia y mareada con tanto poder. Ocho siglos después, necesitamos emprender otra reconstrucción que surge del profundo amor que le tenemos a nuestra Iglesia, pues lo que hemos vivido en estos últimos años nos tiene que llevar a reaccionar. A 50 años del inicio del Concilio Vaticano II, que abrió las ventanas de la Iglesia para que entrara viento fresco, hoy es nuestra oportunidad.
Para no abundar en puras generalidades y atendiendo a nuestro contexto chileno, humildemente, propongo 10 ideas:
1.- Primera lección del Concilio: volver a la fuente que es Jesucristo. Nada de lo que digamos o hagamos puede ir en contra de lo más esencial que nos vino a transmitir: el amor a Dios se expresa en el amor al prójimo. Podrán faltar muchas cosas, pero jamás la acogida, respeto y cariño que todo hombre y mujer merece.
2.- Aún más: Jesús amó a todos, pero preferentemente a los más excluidos y despreciados. Sin esa opción nuestra fe no es cristiana. Por eso, no solo hay que rechazar las últimas declaraciones del Cardenal Medina, sino reprenderlo. Porque Jesús no dudó en “pararle los carros” al primer Papa, cuando éste quiso llevar las cosas por un camino que no era el de Dios.
3.- Bien nos vendría un tiempo comunitario de penitencia, convocado por nuestros Pastores, que exprese nuestra necesidad de purificación. Y que esa purificación se exprese luego pidiendo perdón a los que más hemos ofendido y dañado, e intentando reparar lo que más se pueda el daño ocasionado.
4.- Abrir en la Iglesia mayores espacios de participación verdaderos y efectivos. Propongo para partir una política de affirmative action con las mujeres, que asegure su liderazgo en comisiones, consejos y secretariados.
5.- Ser capaces de distinguir entre aquello que podemos discutir de aquello verdaderamente incuestionable, encarnando así la máxima de San Agustín: en lo esencial, unidad; en la duda, libertad; en todo, caridad.
6.- Que ninguno de nosotros, curas o laicos, se ponga a tirar piedras desde la vereda de enfrente, como si esta Iglesia no fuera su Iglesia. Amarla es aportar activamente desde dentro con fidelidad y libertad.
7.- Sentarnos a hablar, junto con los laicos, de temas pastorales claves: acogida a homosexuales y parejas homosexuales, comunión a separados, fertilización asistida y métodos no naturales de anticoncepción. Y que lo que la experiencia pastoral nos regala a diario, nos sirva de insumo para dialogar con el Magisterio.
8.- Que los curas seamos evaluados, por ejemplo, en lo que predicamos dominicalmente. Basta ya de prédicas largas, aburridas, con lenguaje decimonónico y desconectadas de la realidad. Y sobre todo, ojo con los que quieren pasar por paladines de la ortodoxia, disfrazando opiniones personales en lo que el Magisterio nunca ha sostenido.
9.- Que los laicos no le echen la culpa al empedrado y se la jueguen por formarse para ser adultos en la fe, y no sigan por la vida con 30, 50 ó 70 años con lo mismo que aprendieron en el colegio o en la catequesis de la parroquia ¿Cuál es la última carta pastoral o encíclica que leímos? Si no nos informamos mínimamente, no haremos más que “repetir como loros” lo que dice el último titular del diario o lo que se comenta en Twitter.
10.- Apostar a que nuestra credibilidad como Iglesia se recuperará en la medida que “arranquemos hacia adelante”: abriéndonos en vez de replegarnos, conversando en vez de callarnos, confiando antes que desconfiando que la sociedad secular avanza también en la búsqueda de la verdad, de la justicia y de una mayor humanidad.
Hay mucho más, ciertamente. La lista queda abierta para ser discutida y completada.
Francisco de Asís no la tuvo fácil. Tuvo que combatir el statu quo, los miedos a la pobreza, el vértigo hacia lo novedoso, la resistencia hacia lo distinto. Pero Francisco persistió porque Dios se lo había pedido. Y de tanto insistir se encontró en el camino con otros compañeros que soñaban lo mismo, con Clara de Asís, y con miles y millones que reconstruyeron la Iglesia porque la amaban.
El Mostrador / Reflexión y Liberación.