FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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miércoles, 27 de agosto de 2025

COMPARTIENDO UNA EXPERIENCIA INTERRELIGIOSA DESDE LA INDIA

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Quiero compartir un testimonio personal de mi estadía en Pune (India), donde estoy teniendo la oportunidad de conocer esta realidad, dejándome enriquecer por ella. Y, así ha sido, porque todo lo diferente abre la mirada, cuestiona la propia comprensión y dispone para desprenderse de las convicciones que creemos inamovibles para acoger la multiplicidad de visiones legítimas y, también, verdaderas.

Antes de hablar de la vivencia de fe, no puedo dejar de decir una palabra sobre la realidad. Estoy viviendo en un barrio muy sencillo con todo lo que ello implica. Concretamente, aunque al apartamento donde vivo no le falta ningún servicio básico, el conjunto es de mucha precariedad, de demasiada necesidad. Verdaderamente, India, es un país muy poblado y muy pobre, eso significa que sientes demasiadas personas a tu alrededor y las necesidades están ahí frente a tus ojos. Por ejemplo, el apartamento de al lado de donde vivo, aloja a cuatro matrimonios, con sus respectivos hijos, en un espacio de dos habitaciones (sé que eso también pasa en muchos barrios pobres de nuestros países, pero, en esa ocasión, estoy aquí, viviendo con estos vecinos). Hay tanta basura por las calles que los “cuervos” son infinitos y producen un ruido ensordecedor y casi te los topas cuando caminas. Y, hablando de las calles, prácticamente no hay andenes y, como es tiempo de lluvias, el barro lo cubre todo y caminas con el miedo real de resbalarte fácilmente. Pero un punto álgido es el transporte. Abundan los rickshaws (mototaxis), las motos y los carros (no hay muchos autobuses por la zona en que vivo) y, aunque en algunos lugares hay semáforos, es como si no existieran, además de que casi siempre están dañados. Aquí el transporte va por donde quiere: no hay derecha, ni izquierda, no hay cruces prohibidos, todos hacen lo que quieren, usan el pito continuamente, y como no hay andenes, los peatones tenemos que mantenernos bien alertas para esquivar todos esos medios de transporte y lograr pasar al otro lado. No crean que estoy exagerando en esta experiencia del transporte. Al menos, por donde vivo y, en algunos otros lugares a donde he ido, incluidas otras ciudades (Honavar, Goa, New Delhi, Agra, Jaipur) es así. Añadiendo que, las vacas forman parte del panorama de las calles y también hay que esquivarlas. Las vacas se consideran sagradas, solo que cuando no las pueden mantener, las sueltan y vagan por toda parte. Realmente, todo este panorama callejero me ha impresionado mucho. Pero lo más abrumador es la pobreza. Mucha gente viviendo en la calle, en condiciones inhumanas. Mucho perro y gato callejero y en muy mal estado, sin que falten las ratas que me asustan bastante. Todo lo descrito aquí, no significa que no haya otros lugares muy ricos, con desborde de lujo y oportunidades para algunas porciones de la población.

Ahora bien, lo que, en verdad, quiero compartir es la vivencia religiosa que he podido percibir. La pluralidad de religiones se nota a cada paso. Hay muchas mezquitas musulmanas cerca de donde vivo y cinco veces al día se oye al IMAN haciendo la oración. También hay muchos templos hindúes y la gente entra a hacer sus ofrendas y conseguir las bendiciones de las divinidades. Por parte de los católicos, no hay tantas parroquias, pero tampoco faltan. Los creyentes asisten, casi diariamente, a misa, escuchándose también, desde el lugar donde vivo, los cantos y oraciones de la liturgia, porque en todo lado utilizan micrófonos de largo alcance. Lo más interesante, es que todos conviven, se respetan y se aceptan. Sin embargo, en este país, con mayoría hinduista, las directrices políticas del actual gobierno están restringiendo esta pluralidad de religiones y se prohíbe rotundamente venir aquí en plan de evangelización. Pero, como ya dije, en la vida diaria, conviven tranquilamente y me hace pensar en tantos esfuerzos por establecer el diálogo interreligioso cuando aquí simplemente se vive cotidianamente. Verdaderamente, Dios está presente mucho más allá de nuestras propias creencias y supera muchas cosas que defendemos en la Iglesia como si no hubiera más formas de vivir la relación con la trascendencia. En países como este, es un hecho y nadie lo pone en duda. O vamos a creer que el 80% de la población de la India que es hinduista, ¿no conoce a Dios? ¿no se va a salvar? o ¿viven en el error? Es imposible pensar así y por eso, la vivencia cercana con estas realidades, aumenta el convencimiento de la presencia de Dios de muchas formas y, según las diferentes culturas, y el impulso al bien que Dios suscita en las múltiples religiones.

Como el catolicismo es minoritario (también hay confesiones protestantes) la cohesión de los que asisten a cada parroquia es muy fuerte. Se conocen, comparten una merienda a la salida de la misa y su participación es muy activa y frecuente. Hay una buena vivencia de comunidad.

En general, en medio de todo el caos que describí al principio, hay unos valores evidentes: la sencillez, la austeridad, el respeto hacia lo sagrado, la valoración de la experiencia religiosa, la decisión personal de pertenecer a una religión y vivir los valores que ahí se proclaman, sin imponerlos a nadie y sin juzgar a los demás. Existe un respeto hacia la creación y un delicado servicio hacia los demás.

Lamentablemente, desde mi punto de vista, la situación de la mujer sigue siendo muy limitada. En casi ninguna mezquita musulmana aceptan mujeres y muchas llevan burka, es decir, cubiertas con el vestido negro de cabeza a pies, solo con una ranura para los ojos, aunque algunas ni esa ranura tienen. ¿Cómo ven el exterior? ¡Ni idea! Las hinduistas siguen con la realidad de las castas y, aunque legalmente están abolidas, en el imaginario siguen vigentes, pudiendo aspirar a grandes cosas si eres de las castas altas o resignarte a tu suerte si eres de las bajas. Y, en el catolicismo, aunque en algunos lugares hay más apertura y se busca la igualdad, en muchas zonas, especialmente rurales -la India tiene un 65% de zonas rurales-, el obispo “impone” ciertas normas a las mujeres (usar el velo obligatoriamente) y las excluye de lugares de participación. No pareciera que la “sinodalidad” haya pasado por ahí.

Aunque no he podido acercarme demasiado a otros aspectos de esta parte de India, existe un ambiente cultural y científico muy acentuado, de tal manera que llaman a Pune, la “Oxford” de la India, y también no deja de haber movimientos sociales que buscan transformar la realidad. Espero tener más contacto con estos aspectos, en breve.

Finalmente, me queda la convicción profunda del sentido religioso de los pueblos y de sus múltiples expresiones. De aquí me surge también, una pregunta honda sobre cómo todas las religiones podrían encarnarse o comprometerse más con la realidad y no quedarse, a veces demasiado, solo en la parte de relación personal con Dios o de cumplimiento de ritos y normas. En un país tan religioso como este, no me parece que la fe sea un motor evidente de transformación. Pero, puedo equivocarme. Lo cierto es la urgencia de testimoniar al Dios que se compromete con su creación y cuenta con nosotros para llevarla a feliz término. Sin duda, este tiempo que he vivido aquí, me agrandará la visión de mundo, de fe, de cultura, de religiones.

 

Consuelo Vélez

Religión Digital

ESTO NO VA, NO ARRANCA

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En mi última entrega (¿Puede la Iglesia reformarse? Blog RD), finalicé mi reflexión así: “Personalmente, no me resigno ni acepto la inscripción de Dante en la entrada al infierno: ‘Abandonad toda esperanza’. Prefiero a Teilhard de Chardin, s.j., que dejó escrito: "Toda nueva verdad nace como herejía, tanto más cuanto más nueva sea". ¡Pura sabiduría humana!

Al glosar José María Vigil una comunicación del Foro de Curas de Madrid elogió, con acierto, su conexión con lo que nos ocurre en la Iglesia: “todos percibimos que esto no va, y todos vemos que el debate no se puede hacer superficialmente, sino planteándolo bien y afrontando los ‘problemas teológicos subyacentes’. Pero no se abordan. No se puede”. Diagnóstico certero. Pero, ¿cómo, entonces, salir del actual estancamiento?

El muy llorado Papa argentino tuvo el coraje de hacer una llamada potente a una vuelta a los inicios, al cristianismo primitivo. No se entendió el significado de su mensaje y mucho menos la profunda trascendencia renovadora que entrañaba. Se prefirió entretener el tiempo, enzarzados en las divisiones y enfrentamientos mutuos (1 Cor 1, 10-17). Lo cual me recuerda el reproche de Jesús al ser preguntado por los discípulos por qué les hablaba en parábolas (Mt 13, 10-18). Él les contestó: “por esto les hablo en parábolas, porque miran sin ver y oyen sin oír ni entender. Se cumple en ellos la profecía de Isaías que dice: ’Oiréis y no entenderéis, miraréis y no veréis, porque está embotado el corazón de este pueblo. Sus oídos están entorpecidos y han entornado sus ojos para no ver con sus ojos ni oír con sus oídos, para no entender y convertirse de modo que yo los cure’”. ¿Acaso nos sentimos excluidos de padecer semejante ceguera y embotamiento del corazón? “Quien tenga oídos, que oiga” (Mt 13, 9).

A la vista  del comportamiento de vida de quienes se han sentido, a lo largo de la historia, seguidores de Jesús, me atrevería a decir aún más: Desde un principio, desde los inicios del cristianismo, se ha rehuido la realidad, o, mejor, no se ha querido ver. Todo se fue enredando sin remedio, se fue, con el tiempo, descentrando y alejando de Jesús, el verdadero y único centro. Todo se volvió de muy difícil retorno hacia la conversión personal. Demasiadas estructuras, rituales y normas, demasiada tradición inmutable, demasiada palabrería. Pero, muy poca vida individual y comunitaria. Digámoslo sin ambages: no devolvimos al César lo que era del César ni a Dios lo que erade Dios (Mt 22, 21). Perdimos, en su momento, la oportunidad de reencontrar el verdadero camino: separar religión y política (Hannah Arendt). Se sigue sin llamar la atención de este mundo por el amor que nos profesamos los cristianos (Tertuliano). Más bien lo hacemos por el odio, que nos enfrenta y divide. Sí, también la Iglesia está muy polarizada.

Personalmente, también tengo la impresión “como si todo se hubiera detenido …No se termina de arrancar” (Larraya Legarra, RD),  después de la muerte de Francisco. ¿Será que nos tuvo mal acostumbrados? Si miramos hacia abajo, nos encontramos con una Jerarquía, a todos los niveles, paralizada o como si no supiese qué hacer. ¿Qué está ocurriendo? ¿Acaso asistimos a un nuevo posicionamiento, relativamente contemporizador hacia dentro y fuera de la Iglesia? ¿Será capaz León XIV de  “mantener viva la voz profética de la Iglesia sin caer en la neutralidad tibia ni en alianzas instrumentales"? Éste es su reto, según Spadaro (RD). Confieso mi turbación y mis dudas. Prefiero, no obstante, dar tiempo al tiempo y esperar a que se ‘abra el cielo´ (Lc 3, 21). Lo deseo vivamente.

Creo, desde mi perspectiva cristiana, que hay que volver a la olvidada mirada al principio. Escucha este texto: “Dijeron los discípulos a Jesús: ’Dinos cómo va a ser nuestro fin’. Respondió Jesús: ¿Acaso habéis descubierto ya el principio para que me preguntéis por el fin? Sabed que donde está el principio, allí estará también el fin. Dichoso aquel que se encuentra en el principio: él conocerá el fin y no saboreará la muerte” (ET, n. 18). Referencia clara y explícita al momento de la creación, al Génesis, al origen divino, al ser hijos de Dios y hermanos todos, pues fuimos creados a imagen y semejanza de Dios (ET, n, 50).

La grandeza y esencialidad de esta enseñanza del apóstol Tomás radica, precisamente, en que “no nos dice que es lo que tenemos que creer, sino que nos reta a descubrir lo que está escondido dentro de nosotros mismos” (Elaine Pagels). Nos reta a la búsqueda personal de Dios, sin dejar de buscar hasta que encontremos (ET, n. 2) pues, como nos recuerda el propio apóstol (ET, n. 70), “cuando saquéis lo que hay dentro de vosotros, esto que tenéis os salvará”.

 

Gregorio Delgado del Río

Religión Digital

¿DISPUESTOS A COLOCARNOS EN EL ÚLTIMO LUGAR E INVITAR A LOS QUE NO PUEDEN PAGARNOS?Lucas 14, 1. 7-14

 


Nos encontramos este domingo con un texto que, si lo escuchamos seriamente, nos sorprenderá e incluso nos hará sonreír pensando, ¿qué está diciendo este? Porque lo que en él se afirma no tiene nada que ver con lo que solemos pensar o decir. Ojalá nos despierte y zarandee de verdad. Encontramos en él tres partes:

Primero nos pone en situación, nos sitúa: Jesús está en la casa de un fariseo “importante” que le ha invitado a comer y el resto de los fariseos le están “espiando”. Es decir, él sabe que sus gestos y palabras van a ser analizadas y juzgadas con lupa, incluso que van a alimentar la polémica.

En segundo lugar una parábola sugerida por el comportamiento que observa en los invitados. Es importante que nos demos cuenta de que estamos ante una parábola, mucho más sugerente y comprometedora que una simple norma de cortesía e incluso de moral. Bajo la imagen del banquete, tan repetida en los evangelios, Jesús nos habla de nuestras actitudes en la vida, ¿Qué puesto o lugar buscamos? ¿Qué puesto creemos que nos merecemos o nos corresponde? ¿Qué lugar queremos que nos reconozcan los demás en la familia, en el trabajo, entre los amigos…? Actitud que responde también a la imagen que tenemos de nosotros mismos, a cómo nos juzgamos a nosotros y cómo juzgamos a los demás.

“Vete a sentar en el último puesto” afirma tajantemente la parábola. ¿Qué provoca esto en nosotros/as si escuchamos profundamente? ¿Podemos imaginárnoslo como slogan publicitario o como consigna para ganar seguidores? Sin duda no. Va en contra de lo que casi siempre pensamos, deseamos o buscamos. Y sin embargo hay otros muchos textos del evangelio muy parecidos porque contiene algo esencial del mensaje de Jesús: quien quiera entrar en el Reino de Dios, ha de ser pequeño, ha de hacerse último, no debe formular falsas pretensiones teniéndose por justo. Pequeño como los niños (Mt 19, 14), conscientes de su nuestra pequeñez y carencias, e incluso del propio pecado, como el publicano en el templo (Lucas 18, 9-14). Último como el que sirve, no el que aspira a ser servido, como Jesús recuerda con su actuar y sus palabras en la última cena. Por eso queda fuera de lugar, entre los seguidores de Jesús la discusión por quien será el primero (Lc 22, 24-27), o quien trabaja más por el reino o se lo merece más.

Pero la parábola no habla solo de banquetes, habla de nuestras actitudes en el templo, es decir de nuestro modo de relacionarnos con Dios y con los demás. Buscar el último puesto es tomar conciencia de la propia realidad reconociendo que la salvación, el “tener un puesto” en el reino es siempre un don de Dios, no algo que nos corresponde porque nos lo ganamos a base de esfuerzo. Es relacionarnos desde ahí con Dios, el que por encima de todo nos ama y nos invita continuamente. Y es relacionarnos así con los demás, como servidores, como hermanos, nunca como jueces o señores. ¿Estamos dispuestos/as a sentarnos en el último puesto? ¿Estamos dispuestos7as a servir a los demás? ¿Es nuestra actitud ante el Señor la del hijo necesitado que se siente perdonado y amado, sin meritos propios? Porque entonces, solo entonces, recibiremos de Dios el verdadero reconocimiento, el “primer puesto” aquel que corresponde a los hijos y con el que ni nos atrevíamos a soñar… Y quizá como María, como Isabel, exclamemos algo parecido a “¿Cómo puede ser esto si yo…?” o “¿Quién soy yo para que me…?”

Y hay una tercera parte, una invitación a ser anfitriones al estilo de Jesús. Nos plantea, ¿a quién solemos invitar a los banquetes, a los “momentos” de vida que protagonizamos, a nuestras fiestas, a  nuestras tareas, a nuestros espacios de ocio? O dicho de otra forma, ¿por quienes nos preocupamos, quienes ocupan nuestro tiempo y nuestra atención? ¿A quién dirigimos nuestros cuidados como buenos anfitriones? ¿A los nuestros, a aquellos que queremos, con los que nos sentimos a gusto, con los que compartimos ideas, intereses, etc.?  Y otra vez Jesús nos sorprende con una norma “rara”, absolutamente distinta a lo que solemos pensar: Invitad a los pobres, a los enfermos, a los que no pueden devolvernos la invitación, a los que no pueden pagarnos el favor, a los que no son como vosotros…  A aquellos de los que no podemos esperar nada. ¿De verdad estamos dispuestos/as a hacer esto? ¿Qué cambiaria en nuestra vida? Esa norma tan afianzada, aun de forma inconscientes, de primero yo y los míos y luego los demás, ¿sabremos descubrirla en hechos y actitudes cotidianas y cambiarla? ¿Es posible vivir de esa manera tan desinteresada?

La gratuidad como distintivo cristiano nos invita a dar sin esperar nada a cambio, a perdonar sin exigencias, a acercarnos y ser agradables también con las personas que no lo son con nosotros, a ayudar y servir a aquellos que no son de los nuestros. Es un camino sorprendente y difícil pero es el que Jesús afirma que nos hará felices: “Dichoso tú si no pueden pagarte” algo tan chocante como el resto de la bienaventuranzas.

Podemos terminar diciendo que en este último domingo de agosto, cuando muchos estamos ya haciendo planes para el nuevo curso, el evangelio nos sorprende y nos da dos criterios muy serios: “Colocaos en el último lugar” el que nos corresponde, el único que nos permitirá ser, pensar y obrar como Jesús e “Invitad a los que no pueden pagaros” abrid vuestra vida a ellos, dedicarles vuestra atención y vuestro tiempo, invitadlos a vuestra casa y a vuestra fiesta…   Y en esta dinámica que es la del Reino, donde los últimos serán los primeros, donde la humildad y la gratuidad son los criterios que nos distinguen, experimentaremos la felicidad, la bienaventuranza que Jesús nos promete, que Él mismo nos da.

VENDRÁN DE ORIENTE Y DE OCCIDENTE


Aunque el evangelio emplee, según el gusto de la época, una pedagogía negativa que a nosotros no nos suena bien, siempre podremos enriquecer nuestra vida cristiana si lo leemos reflexivamente.

Dice el texto de este domingo que VENDRÁN DE ORIENTE Y DE OCCIDENTE a sentarse a la mesa del reino de Dios. Los judíos de aquella época lo tenían muy claro: a la mesa del reino de Dios se sentarán los israelitas y nadie más (como decía la viñeta de Mingote: “Al cielo iremos los de siempre”). Pero Jesús propone una comensalía abierta, una mesa para todos, un festín multicultural. Pasan los años, los siglos, y seguimos lidiando contra la mentalidad excluyente. ¡Cuánto le cuesta al evangelio entrar en nuestra vida real!

¿Cómo andar los caminos de la comensalía abierta que propone el evangelio?

· Sentemos a todos en la mesa de una economía igualitaria: aquella que hace partícipe a todos los ciudadanos de los beneficios sociales donde nadie queda excluido por ser pobre o extranjero, sino que todos reciben amparo y protección social.

· Sentemos a todos en la mesa de una ciudadanía compartida: porque toda persona que vive, trabaja, ama y muere en lugar, es de ese lugar, aunque haya nacido en otra parte. La ciudadanía no puede ser un derecho de algunos sobre la exclusión de otros.

· Sentemos a todos en la mesa de una Iglesia acogedora: donde podamos convivir las diversas maneras de entender y vivir la experiencia cristiana. Donde no haya unos que manden y otros que obedezcan, unos que sirvan y otros que sean servidos.

¿Podremos lograr esto o es una utopía inalcanzable? Podemos, aunque estos no sean tiempos propicios para la acogida. Ahora en verano ocurre que tal o cual pueblo celebra sus fiestas. Todo el mundo puede acercarse, disfrutar con la música, tomar un zurracapote o un pincho. No se exige ningún carné. Vienes y eres bienvenido. Si somos capaces de estos gestos de comensalía abierta, también podemos pensar en una mesa igualitaria, compartida y acogedora, la nueva sociedad, que Jesús soñó. ¿Por qué no extender esto a todos los inesperados hermanos que vienen a nosotros? ¿Quién quiere que la acogida a menas se presente como una amenaza y no una posibilidad? Sí, se puede si se quiere.

 

¿QUÉ TOLERANCIA? José Antonio Pagola


La tolerancia ocupa hoy un lugar eminente entre las virtudes más apreciadas en Occidente. Así lo confirman todas las encuestas. Ser tolerante es hoy un valor social cada vez más generalizado. Las jóvenes generaciones no soportan ya la intolerancia o la falta de respeto al otro.

Hemos de celebrar este nuevo clima social después de siglos de intolerancia y de violencia, perpetrada muchas veces en nombre de la religión o del dogma. Cómo se estremece hoy nuestra conciencia al leer obras como la excelente novela El hereje, de Miguel Delibes, y qué gozo experimenta nuestro corazón ante su canto apasionado a la tolerancia y a la libertad de pensamiento.

Todo ello no impide que seamos críticos con un tipo de «tolerancia» que más que virtud o ideal humano es desafección hacia los valores e indiferencia ante el sentido de cualquier proyecto humano: cada cual puede pensar lo que quiera y hacer lo que le dé la gana, pues poco importa lo que la persona haga con su vida. Esta «tolerancia» nace cuando faltan principios claros para distinguir el bien del mal o cuando las exigencias morales quedan diluidas o se mantienen bajo mínimos.

La verdadera tolerancia no es «nihilismo moral» ni cinismo o indiferencia ante la erosión actual de valores. Es respeto a la conciencia del otro, apertura a todo valor humano, interés por lo que hace al ser humano más digno de este nombre. La tolerancia es un gran valor no porque no haya verdad objetiva ni moral alguna, sino porque el mejor modo de acercarnos a ellas es el diálogo y la apertura mutua.

Cuando no es así, pronto queda desenmascarada. Se presume de tolerancia, pero se reproducen nuevas exclusiones y discriminaciones, se afirma el respeto a todos, pero se descalifica y ridiculiza a quien molesta. ¿Cómo explicar que, en una sociedad que se proclama tolerante, brote de nuevo la xenofobia o se alimente la burla de lo religioso?

En la dinámica de la verdadera tolerancia hay un deseo de buscar siempre lo mejor para el ser humano. Ser tolerante es dialogar, buscar juntos, construir un futuro mejor sin despreciar ni excluir a nadie, pero no es irresponsabilidad, abandono de valores, olvido de las exigencias morales. La llamada de Jesús a entrar por la «puerta estrecha» no tiene nada que ver con un rigorismo crispado y estéril. Es una llamada a vivir sin olvidar las exigencias, a veces apremiantes, de toda vida digna del ser humano.

HACER ALGO PARA QUE TE LO PAGUEN ES UNA TRAMPA DOMINGO 22 (C) Lc 14,1.7-14

 


Hoy tiene importancia el contexto. Un fariseo invita a Jesús. Los judíos hacían los sábados una comida especial. Aprovechaban para invitar a personas importantes y así presumir ante los demás invitados. Jesús era una persona muy conocida y discutida.

Jesús aconseja no buscar los honores y el prestigio ante los demás como medio de hacerse valer. Condena toda vanagloria como contraria a su mensaje. El texto conecta con el domingo: Hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

La segunda encierra un matiz diferente. No quiere decir Jesús que hagamos mal cuando invitamos a familiares o amigos. Quiere decir que esas invitaciones no van más allá del egoísmo amplificado. Esa actitud no es signo del amor evangélico. El amor que nos pide Jesús tiene que ir más allá del puro instinto, del interés personal del ego.

La demostración de que se ha entrado en la dinámica del Reino está en que se busca el bien de los demás sin esperar nada a cambio. La frase “dichoso tú porque no pueden pagarte”, puede entenderse como una estrategia para que te lo paguen más allá.

Jesús trastoca comportamientos que tenemos por normales, para entrar en una dinámica nueva, que nos debe llevar a cambiar la escala de valores del mundo. Ser cristiano es ser diferente. No se trata de renunciar a ser el primero. Se trata de desplegar al máximo lo que realmente eres y no quedarte en el falso yo. 

La falsa humildad es demoledora en el orden espiritual. Existen dos clases de falsa humildad. Una es estratégica y se da cuando nos humillamos ante los demás con el fin de arrancar de ellos una alabanza. Otra es sincera, pero también nefasta. Se da en la persona que se desprecia a sí misma porque no encuentra nada positivo en ella.

Ser humilde es reconocer que eres lo que eres, sin más. Ni siquiera tendríamos que hablar de ello, bastaría con rechazar todo orgullo, vanidad, jactancia, vanagloria, soberbia, altivez, arrogancia, etc. "Humildad es andar en verdad" (Sta. Teresa). Se trata de conocer la verdad de lo que uno es, y además vivir (andar en) esa realidad.

Siempre que se violenta la verdad, sea por defecto sea por exceso, se aleja uno de la humildad. No se trata de que nos convenzan de que somos una mierda. Se trata de descubrir nuestro auténtico ser. Humildad es aceptar que somos criaturas limitadas.

Si sientes la necesidad de parecer humilde es que no lo eres. Constantemente estamos engañándonos a nosotros mismos al creernos más que los demás, incluido más humildes. La mentira más común es la que nos decimos a nosotros mismos.

En los evangelios encontramos rabotazos que nos despistan. Parece que se vieron obligados a responder a los intereses egoístas para ratificar el mensaje. Jesús nunca pudo decir que te pongas el último para que te hagan subir y así ‘quedar muy bien’.

Lo mismo en la segunda propuesta; ‘te lo pagarán cuando resuciten los justos’. El ser humano es capaz de remover cielo y tierra para salirse con la suya, para potenciar su falso yo. Nuestro ego es tan sutil que se mete hasta en la vida más espiritual.

 

BANQUETE, ENSEÑANZA Y CONSEJO Domingo 22 Ciclo C

fe adulta

Después de varios domingos con evangelios complicados y densos de contenido, el de hoy resulta extrañamente fácil de entender. Tan fácil, que suscita sospecha. Un sábado, uno de los principales fariseos invita a Jesús a comer y él acepta.

Primera parte: una enseñanza (Lc 14,7-11)

Se supone, aunque no se cuenta, que todos los invitados corren a ocupar los primeros puestos. Hace veinte siglos, conseguir uno de ellos era importante, no sólo por el prestigio social, sino también porque se comía mejor. Marcial, el poeta satírico nacido en Calatayud el año 40, que vivió parte de su vida en Roma, ironizó sobre esas tremendas diferencias.

Jesús aprovecha para ofrecer una lección. Sus palabras resultan desconcertantes: aconseja un comportamiento puramente humano, una forma casi hipócrita de tener éxito social: ponerse en la cola para que te suban al primer puesto. Por otra parte, la historieta no encaja en nuestra cultura, ya que cuando nos invitan a una boda nos dicen desde el primer momento en qué mesa debemos sentarnos.

Por consiguiente, lo que nos puede parecer una historieta anticuada y poco digna en boca de Jesús, reflejaba para los lectores antiguos una realidad cotidiana divertida, que los llevaba, casi sin darse cuenta, a la gran enseñanza final: Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Si en vez de la voz pasiva (“será humillado, será enaltecido”) escribimos Dios, todo queda más claro: “Al que se enaltece, Dios los humillará, al que se humille, Dios lo enaltecerá”. Ya no se trata de la actitud que debemos adoptar cuando nos inviten a una boda, sino de una actitud continua en la vida y ante Dios. Pocos capítulos más adelante, Lucas propondrá en la parábola del fariseo y del publicano un ejemplo concreto, que termina con la misma enseñanza (Lucas 18,10-14).

Segunda parte: un consejo (Lc 14,12-14)

La segunda intervención de Jesús resulta también atrevida y desconcertante. En las sociedades agrarias, como la del imperio romano, «pobres, lisiados, cojos y ciegos», al no poder trabajar, formaban parte del estrato más bajo, la clase de los despreciables. Y, desde un punto de vista religioso, estas personas quedaban excluidas en Israel de ciertas funciones sacerdotales o de la pertenencia a la comunidad de Qumrán.

Por consiguiente, Jesús se manifiesta en contra de las normas sociales y religiosas vigentes. Pero hay otro aspecto fundamental en sus palabras: lo importante no es lo que obtenemos en esta vida, sino lo que nos darán en la otra. Lo mismo que dice a propósito de la limosna, la oración y el ayuno en el Sermón del monte, cuando contrapone la recompensa efímera que se consigue en la tierra con la perenne que Dios da (Mt 6,1-18).

La referencia a la «resurrección de los justos» no significa que solo ellos vayan a resucitar. La expresión sólo aparece otras dos veces, y en ambas ocasiones va acompañada de la resurrección y castigo de los malvados. Pablo dice al gobernador Félix que «habrá resurrección de justos e injustos» (Hch 24,15). Y el cuarto evangelio: «los que obraron bien obtendrán una resurrección de vida, los que obraron mal una resurrección de juicio» (Jn 5,29).

Primera lectura (Eclesiástico 3, 17-18. 20. 28-29)

Contiene cuatro consejos; los dos primeros empalman directamente con el tema del evangelio.

CUANDO HACEMOS LAS COSAS “PARA QUEDAR BIEN” O LA TRAMPA DEL YO IDEAL Domingo XXII del TO 31 de agosto Lc 14, 1.7-14

La motivación que propone la parábola para no ocupar “los primeros puestos” esconde una trampa sutil en la que solemos caer, siempre que hacemos algo para “quedar bien”. En ese intento, no solo abdicamos de nuestra capacidad de autonomía, sino que nos instalamos en un “yo ideal” que, tras una fachada de “perfección”, esconde falsedad y cae en brazos de la hipocresía o “falsa humildad”: colocarse en el último lugar con el fin de quedar bien, no es humildad. Y que sea algo tan habitual nos revela que se trata de un mecanismo psicológico muy enraizado en nuestra condición.

A partir de su propia necesidad de sentirse reconocido, el niño se ve obligado, desde muy temprano, a dar una imagen de sí mismo que resulte “aceptable” para los demás. Lo cual le llevará, inevitablemente, a crear su propia sombra en la que, con frecuencia de manera inconsciente, recluir aquellos aspectos de sí mismo que no tengan cabida en la imagen que trata de ofrecer.

Ese mecanismo inicial es tan poderoso que puede seguir imperando a lo largo de toda nuestra existencia, de manera que, en todo lo que hagamos, busquemos -de manera automática- “quedar bien”, con el fin de obtener el reconocimiento ansiado.

Se trata de una tarea ardua, agotadora y desgastante. Porque el afán de ofrecer una imagen idealizada se asienta en la mentira sobre nosotros mismos y exige un enorme derroche de energía para sostenerla. No en vano, la distancia que sostenemos entre nuestro yo real y el yo ideal es fuente de neurosis.

Desactivar la trampa del yo ideal requiere -como siempre que queremos salir de cualquier trampa- amar la verdad por encima de cualquier otro interés. Y será la propia verdad, reconocida y aceptada, la que, bajándonos de cualquier pedestal ideal -falso, arrogante, hipócrita y siempre egoico-, nos reconcilie con nuestra humanidad: es el camino de la humildad.

 

CRITERIOS DE FELICIDADLucas 14, 7-14

 


«Todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado»

José E. Ruiz de Galarreta entiende a Jesús como «sabiduría de Dios ofrecida a los seres humanos»; una sabiduría que manifiesta en su profundo mensaje teológico, pero también en los consejos prácticos de mera sabiduría de la vida que menudean en el evangelio. Entre ellos caben destacar los recogidos en los capítulos quinto y sexto de Mateo (y en el sexto de Lucas), donde se muestran los criterios de Jesús en materia de felicidad: «Cuánto más felices seríais si…»

Vamos a detenernos a hablar de felicidad. Según afirman los eudemonistas (con Aristóteles y Tomás de Aquino a la cabeza), la felicidad es el fin último del ser humano, pero debemos tener en cuanta que cuando hablan de felicidad no se están refiriendo a aquellas sensaciones a las que nosotros les damos tal rango sin tenerlo (como el bienestar, el confort o “cualquier situación de satisfacción y contento”, como reza el diccionario), sino que la entienden como “un estado de plenitud y armonía del alma” (o si lo prefieren, del “animo”).

La felicidad así concebida es algo que sólo sentimos circunstancialmente; algo que no somos capaces de abarcar ni comprender, que no sabemos cuándo se va a presentar o dónde buscarla, y que, aún en el momento en que nos sentimos felices, no sabemos en qué consiste ni cuánto va a durar. Esta singularidad nos mueve a pensar que se trata de una realidad ontológica que nos supera; muy por encima del resto de nuestros atributos como pueden ser la inteligencia o la conciencia; un eslabón que nos une a algo muy superior en ciertos momentos de nuestra vida; un adelanto de la realidad del ser humano libre de sus limitaciones. Sin duda, en esos momentos estarán actuando sobre nuestro cerebro un aluvión de estímulos, pero ésa no puede ser la causa de la felicidad, sino la consecuencia; la respuesta somática a un estado del ánimo superior provocado por causas que se nos escapan.

¿Pero dónde buscarla?...

El mundo me dice que seré feliz si soy rico, si tengo poder o prestigio social, si no me dejo avasallar, si soy más listo que los demás para los negocios, si voy de diversión en diversión, si no me meto en líos, si no me insultan ni me persiguen… Jesús, en cambio, me propone un código de felicidad radicalmente distinto e inverosímil: “¿Quieres ser feliz...? –nos dice–, pues confórmate con poco, comparte lo que tienes con los que no tienen, aprende a sufrir, di siempre la verdad, no seas violento, trabaja para que prevalezca la justicia, no trates de aprovecharte de nadie… y no te preocupes si te insultan y te persiguen por ello, pues a la larga serás mucho más dichoso”.

¿Creo en él? ¿Le creo a él? ¿Me fío de él? ¿Estoy dispuesto a vivir compartiendo, perdonando, sembrando la paz, trabajando por la justicia, actuando siempre con sinceridad y sin temor al sufrimiento? ¿Me lo juego todo apostando por unos criterios de locos; viviendo de acuerdo a unos valores tan estrafalarios como poco evidentes?... Decir que sí, que me la juego, que cambio de vida, es tener fe en Jesús; lo demás será otra cosa. Creeré en Jesús si es él quien manda en mis criterios y mis valores; si es él quien da sentido a mi vida; si creo que sus criterios pueden salvar el mundo del desastre y me comprometo con la tarea de hacer realidad su sueño…

Pero, como decía Jon Sobrino: «A eso es a lo que tenemos miedo; a ser felices a lo cristiano».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

miércoles, 20 de agosto de 2025

S. EZEQUIEL MORENO DÍAZ (PATRONO DE LOS ENFERMOS DE CÁNCER)

col martell

 Estamos ante un santo casi de nuestros días, que vivió a caballo entre dos épocas, no ajeno a nuestras mismas aspiraciones y a nuestros mismos miedos, que habría de ser recordado como uno de los grandes evangelizadores de Hispanoamérica de los tiempos modernos. Ezequiel nació en Alfaro el 19 de septiembre de 1848, siendo sus padres Félix Moreno y Josefa Díaz; él vino a ocupar el tercer puesto entre los seis hijos que tuvo el matrimonio. Como tantos otros niños de su época decía que de mayor quería ser fraile. Gustoso acompañaba a su madre a los actos piadosos, hasta acabar siendo monaguillo y sacristán en el convento de las dominicas.

 En 1864, muerto ya su padre y con una difícil situación económica en el hogar, decidió ingresar en el convento de los agustinos recoletos de Monteagudo (Navarra) cuando ya tenía 16 años, para prometer los votos un año después. Ya profeso, se trasladó a Marcilla (Navarra) para realizar sus estudios eclesiásticos, donde se empapó de neoescolasticismo que era la orientación que por aquel entonces se impartía en los centros religiosos, ello unido al espíritu carlista imperante en su entorno, hizo que se mostrara poco receptivo con el liberalismo, circunstancia ésta que va a tener su importancia cuando allá por el año 1896, durante su estancia en Colombia, se viera envuelto en la polémica con el obispo de Ibarra y otros liberales radicales que le llevaron a escribir su tratado titulado “ Catolicismo o Liberalismo”.

 Faltándole poco para acabar la carrera eclesiástica es destinado, junto a 18 compañeros a Manila, donde concluiría sus estudios y sería ordenado sacerdote en el año 1871. A partir de aquí le esperaba una dura tarea, cual era la de evangelizar Palawan, Mindoro y Luzón. Para entrar en contacto con la gente tuvo que aprender el tagalo, al tiempo que ejercía su sagrado ministerio en Calapán. La cosa iba bien hasta que una enfermedad le obligó a regresar a la capital de Filipinas. Repuesto de la enfermedad volvió a Calapán como párroco interino y aquí permanecería hasta ser nombrado párroco en la misión de las Piñas, donde realizó una importante labor humanitaria a favor de quienes habían quedado en la miseria por motivo de una peste y una sequía pertinaz. Sus posteriores destinos serían Batangas, Santa Cruz y finalmente Manila. En el 1885 tuvo que regresar a España al ser nombrado prior del convento de Monteagudo en el municipio de Tudela (Navarra), donde se dedicó a labores de dirección, de predicación y ayuda a los fieles que lo estaban pasando mal a causa de las viruelas, epidemias y las sequías, que se iban sucediendo.

Tras tres años fructíferos de intensa labor ministerial en Monteagudo emprendió viaje a Colombia en el año 1888, con el encargo de restaurar la orden agustiniana por esas tierras, visitando el convento de Candelaria, Raquira y las misiones de Casarena, hasta que el 11 de mayo de 1894 fue nombrado obispo de Pinara. Durante este periodo tendrían lugar las polémicas sobre el liberalismo de las que hacíamos mención al principio.

Al poco tiempo de ser nombrado obispo aparecen los primeros síntomas de una grave enfermedad que le obliga a regresar a España para someterse a una revisión médica, en la que se detecta un cáncer de nariz, que los médicos tratan de atajar por medio de una dolorosa operación, que no sería la última; todas las intervenciones las supo sobrellevar ejemplarmente con espíritu de sacrificio en medio de atroces dolores. Cuando se vio que poco se podía hacer por su salud, buscó refugio en su celda del Convento de Monteagudo junto a su Virgen del Camino, sobrellevando con heroicidad los últimos momentos de su vida. Abrazado a la cruz moría este santo misionero el 19 de agosto de 1906, en el mismo lugar donde había iniciado su vida religiosa.

Reflexión desde el contexto actual:

A los misioneros les cuadra mejor que a nadie la denominación de embajadores de Cristo por todo el mundo. Ésta fue la función esencial en la vida del P. Ezequiel Moreno, que además sufrió en sus carnes el azote del tan temido mal conocido con el fatídico nombre de cáncer, el cual congrega a sus víctimas en torno a una dolorosa experiencia, para compartir generalmente un trágico destino. Como patrón que es de todos los que sufren de cáncer, es por lo que le pedimos en el día de su festividad que interceda para que esta temida enfermedad vaya dejando de ser sinónimo de muerte y cada vez más se vayan abriendo horizontes de esperanza. Quienes la padecen, encontrarán en él la ayuda de su valiosa intercesión y el consuelo de quien conoció en sus propias carnes esta dolorosa experiencia.

 

Ángel Gutiérrez Sanz

Religión Digital

EN OCASIONES, DIOS NOS ENVÍA TAMBIÉN LOBOS VESTIDOS DE PASTORES

col martell

 

Tras terminar en la tarde del pasado miércoles el último libro de Javier Cercas “El loco de Dios en el fin del mundo” (editorial Random House), que llevaba ya algunos meses sobre mi mesilla a la espera de ser leído, encendí mi teléfono móvil, mientras me reencontraba con la Iglesia misionera y periférica del Papa Francisco. Dominado por la dependencia de las redes sociales tras horas de enfrascada lectura, tuve el infortunio, una vez más, de toparme con las declaraciones del arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, que no por execrables deben ser ocultadas ante la opinión pública, también ante el rebaño del Señor, aun cuando puedan constituir un delito de odio y de incitación a la violencia: “Extraña polémica con musulmanes sobre celebraciones en polideportivos. ¿Dónde está la reciprocidad negada de los moritos con los cristianos que asesinan en nuestras iglesias dentro de sus territorios? ¿Ponernos estupendos citando textos civiles o eclesiales, para que nos sigan matando? “

Ciertamente, el “moritos” provocador con el que inicia su primera pregunta refleja una visión xenófoba, racista, supremacista, y clasista de las que nuestro arzobispo nos tiene ya acostumbrados. Ahora bien, la literalidad del resto de su interrogación supone un atentado contra las bases en la que se asienta nuestra sociedad pluralista y nuestra democracia liberal.

Según al arzobispo, los “moritos” de Jumilla que quieren celebrar la fiesta del cordero en un polideportivo, muchos de los cuales viven explotados por aquellos lobos que jalean esa misma visión liberal de Jesús Sanz, son quienes deben garantizar la reciprocidad de la libertad religiosa, entiendo que en África, aun cuando el arzobispo les niega ese mismo derecho en suelo europeo. Pero, aún peor, esos “moritos”, podría decirse, la “morería”, son a su vez responsables de los asesinatos de cristianos en “sus” territorios, según el arzobispo, obviando, por otra parte, que gran parte de los musulmanes de Jumilla son ciudadanos españoles de pleno derecho.

De este modo, el juego dialéctico de “ellos y nosotros”, “nuestros territorios” y los “suyos”, mezclado todo ello en la misma frase con los asesinatos religiosos, que el arzobispo pretende denunciar, supone, sin ninguna duda, base suficiente para acusar a Jesús Sanz de un delito de incitación a la violencia. Según Sanz, los “moritos” de Jumilla son corresponsables de los asesinatos de cristianos en “sus territorios”. Es difícil condensar en menos palabras el discurso del odio, la negación de la Ilustración, el ataque a los derechos individuales y sociales que protege nuestra Constitución, y los pilares de la sociedad occidental en su conjunto, fruto también de una conversación entre razón y fe que el arzobispo quiere destruir sin pudor alguno.

Respecto a la segunda de sus retóricas preguntas, quiero entender que la referencia a los textos eclesiales supone un dardo contra la Conferencia Episcopal Española, que ejemplarmente defendió recientemente la libertad de culto, también en Jumilla. No seré yo quien se entrometa en tal disputa, ahora bien, si deseo realizar algunos apuntes por lo que podría venir.

El pasado 23 de febrero, el arzobispo de Oviedo pronunciaba su homilía dominicana en Avilés y afirmaba disponer de información confidencial sobre la salud del Papa Francisco, tal y como recogió este periódico el día posterior, según la cual Bergoglio “tenía un asma que le asfixia, y que le han tenido que hacer varias transfusiones de sangre. Parece que la infección de los pulmones le ha pasado a la sangre”. No le bastaba a Jesús Sanz con los partes oficiales del Vaticano. Pero su alocución continúa: “posiblemente estemos en el momento final. Recemos para que pueda vivir ese momento con fe”. No sé si el arzobispo dudaba de la fe del Papa, lo que es cierto es que el conjunto de la Iglesia rezaba entonces por la salud del Pontífice y por su recuperación. Gracias a Dios, algún efecto aquellas oraciones debieron tener, y junto a los buenos oficios de los servicios médicos del Vaticano, el Papa Francisco aún seguiría en este mundo dos meses más.

Con todo, tras su partida el 21 de abril, el arzobispo escribía también en redes sociales: “No por esperada, la noticia deja de conmoverte”. Llama la atención, en primer lugar, que el arzobispo evitara usar en esa frase la primera persona del singular. En segundo lugar, hay que hacer notar que el verbo “esperar”, en su primera y segunda acepción, según la Real Academia de Lengua, significa “tener esperanza de conseguir lo que se desea”, y “creer que ha de suceder algo, especialmente si es favorable”, respectivamente. Poco más hay que añadir.

Por cierto, Jesús Sanz habría de visitar Roma un mes después del fallecimiento del Papa, un viaje que nos relató en este periódico (“Cuando todos los caminos llevan a Roma”, 18 de mayo). Entre otras disquisiciones, el arzobispo repasaba las tumbas de los papas ante las que había rezado. Aún a pesar de visitar Santa María la Mayor, donde está el Papa Francisco, no se citaba en todo el texto al reciente fallecido Pontífice.

En fin, el arzobispo de Oviedo pudo saludar hace apenas algo más de dos semanas al Papa León XIV, de nuevo de visita en Roma. Quiso agradecer Jesús Sanz expresamente el trabajo del nuevo Santo Padre en favor de la “unidad y la paz en la Iglesia del Señor”. Ahora bien, quien no trabaja en absoluto a favor de esa paz y esa unidad ni en la Iglesia, ni en el conjunto de la sociedad, es el propio arzobispo. De sus esfuerzos contra la democracia, los derechos humanos, y la libertad somos testigos cada día en Asturias. En esta ocasión, la Conferencia Episcopal y la Santa Sede están también en su diana.

Tristemente para los asturianos, es imposible encontrar un franciscano tan enfrentado con su propio fundador San Francisco de Asís, cuyo ejemplo quiso tomar Bergoglio como referencia para su papado. Ni diálogo religioso, ni respeto al Planeta, ni preocupación por los más pobres y necesitados, ni Iglesia periférica, ni sinodalidad, ni, por supuesto, Concilio Vaticano II.

No sólo nos envía el Señor como ovejas en medio de lobos para que seamos prudentes como serpientes y sencillos como palomas (Mateo 10:16). En ocasiones, nos envía también lobos vestidos de pastores.

 

Jonás Fernández, eurodiputado *

Religión Digital

* publicado originalmente en La Nueva España. Con permiso del autor

MIGUEL PERLADO: "LAS HAM SON UNA COMUNIDAD ABUSIVA, CON UNA FUERTE DERIVA SECTARIA"

col koldo

 

Exorcismos, culto a la 'lideresa', control de la privacidad, alejamiento de las familias, abusos espirituales y, en algún caso, sexual. Estas y otras son las razones por las que el Arzobispado de Madrid ha procedido a la intervención de las Hijas del Amor Misericordioso (HAM). Uno de los principales expertos en sectas, el profesor Miguel Perlado, ha trabajado y asesorado a varias víctimas y familiares de las HAM.

Como tal, conoce mejor que nadie el funcionamiento de esta organización (que no congregación religiosa), así como el impacto que retiros como Effetá o Emaús, algunos de ellos organizados por las HAM, pueden tener en la vida de cientos de jóvenes. Las respuestas son estremecedoras.

Ud ha asesorado a varias víctimas de las Hijas del Amor Misericordioso. ¿Qué situación se vivía dentro?

Las familias con las que he trabajado coinciden en señalar una serie de cambios disruptivos y sintomáticos de una deriva sectaria: alejamiento de amistades, distanciamiento de la familia, cambios en el modo de expresarse, pérdida de la expresividad emocional, un ritmo cotidiano cada vez con más y más ocupaciones ligadas a HAM, cambios en el modo de comportarse o incluso vestirse para amoldarse al de los restantes miembros del grupo, la adopción de gestos o expresiones similares a la superiora de la “comunidad” (María Milagrosa Pérez) y la incorporación progresiva de un lenguaje de grupo reiterativo y centrado en un convencimiento de haber recibido “la llamada”, todo ello en una tonalidad ansiosa y de imperiosa urgencia.

A la vez, desde el punto de vista del funcionamiento de grupo, el trabajo con las familias pone de manifiesto también una intromisión excesiva en el fuero interno de sus hijos, lo que ha afectado a un adecuado discernimiento, sintiéndose todos ellos presionados a formar parte de HAM porque, lo contrario, “es rechazar a Dios”. En este contexto, los otros devotos del grupo también ejercen su influencia a través de un entorno de bombardeo emocional, empujando a tomar la decisión de un mayor compromiso con la comunidad o entrar en convento. En muchos casos, eso se ha llevado a cabo de forma silenciosa o tensando las relaciones con la familia, que pasa a ser percibida como una fuente de falta de amor o como un lugar causante de traumas, por lo que mejor distanciarse. Me consta, además, que en algunos casos ha podido utilizarse a un centro de psicología conectado a las HAM para afianzar el proceso de entrada. Este proceso sectario se acompaña también de desaconsejar comentar ciertas cuestiones con personas externas a las HAM y guiarse exclusivamente por la persona a la que se asigna funciones de dirección espiritual o a lo que marca directamente la superiora.

A los nuevos devotos, la superiora les asigna un nuevo nombre según directrices divinas, pasan a dedicarse por completo a las HAM, se restringe el acceso a la información de modo que solo pueden leer o ver aquello aprobado por la superiora o su séquito más directo (“las 11”), aprenden que la superiora está “en unidad con el Padre Mansilla” -lo que significa que su criterio es incuestionable- , sus comunicaciones con la familia pasan a ser muy escasas y controladas, deben participar en ciertas actividades tales como ayunos intensos o momentos de oraciones de horas junto a la superiora, actividades donde se alternará entre la consolación y la desolación y pasarán a normalizar la devoción que todos los devotos muestran hacia la superiora, a quien llaman Marimi o Mami.

Todo esto llevó a que diversas familias se dirigieran a los órganos eclesiales pertinentes para trasladar sus preocupaciones ante lo que observaban de manera reiterada entre sus hijos, un patrón de transformación que, lejos de apuntar a una espiritualidad madura o sana, tendía más hacia el exceso, la presión y la espiritualización de ciertos comportamientos abusivos.

¿Cuál es el perfil de los captados?

El perfil de los jóvenes es variado, aunque una buena parte de ellos proviene de familias acomodadas. Jóvenes, idealistas, ingenuos, con inquietudes espirituales. En una buena parte, inmaduros. Muchos de ellos, sin suficiente formación religiosa. Se les promete una vida espiritual mucho más profunda y auténtica que la que pudieran encontrar en cualquier otro lugar. En la gran mayoría de los casos, están atravesando un momento de vulnerabilidad particular, ya sea por una ruptura de una relación afectiva, o algún duelo familiar. Casi todos son atraídos a través de encuentros de Effetá o Emaús que organizan las mismas HAM, encuentros cerrados, de alta intensidad emocional, en donde se destripa emocionalmente a los participantes y en donde se ejerce mucha presión de pares para participar e invitar a otros a participar, con lo que terminan siendo arrastrados amigos o familiares que entran en bloque.

HAM, ¿es una 'secta'? ¿Por qué?

Ya sabe que este término dice mucho, pero también puede confundir mucho. Me parece más importante entender el proceso que se desarrolla en estas comunidades y la experiencia vivida. Pero sí, podemos hablar con propiedad de una deriva sectaria, de un grupo que ha ido progresivamente mostrando más y más elementos que llevan a un funcionamiento “tipo secta”, y no a una comunidad religiosa que fomente la autonomía y maduración de sus integrantes.

Alguno de sus elementos nucleares, ya los he mencionado, pero pueden resumirse en tres puntos clave:

1) un culto desmedido a la superiora y al fundador (llevan estampas, portan pequeñas reliquias de ambos, hay imágenes de ellos por doquier, se desarrolla una narrativa por la que el fundador es descrito como un santo y la superiora como heredera directa de su carisma, se celebran fechas señaladas de la superiora, la superiora desarrolla múltiples roles al mismo tiempo),

2) un proceso de grupo que tiende a la fusión (todos se comportan de igual modo, se aísla a los devotos del exterior, reinterpretación de sus vidas para empujarlos al camino del verdadero amor dentro de HAM, descripción del mundo externo como un peligro para la llamada de Dios, distorsión y/o ruptura del vínculo natural con las familias, desarrollo descripción un pensamiento de grupo que gira en torno a las enseñanzas de los fundadores, la obediencia se transforma en sumisión y la humildad en humillación, una atmósfera de secreto en cuanto a las enseñanzas que se reciben, etc.)

y 3) daños psicológicos, sexuales o espirituales sobre una porción de devotos (hay que tener en cuenta que lo sectario se detecta cuanto mayor sea la cercanía con la figura de la superiora, de modo que aquellos que están en lugares periféricos quizá no perciban la naturaleza abusiva de ciertos comportamientos).

Habla de daños, ¿en qué sentido?

Hablo de daño espiritual, que también es psicológico y puede ser físico o sexual. Por un lado, tenemos el abuso que deriva de una estructura de poder en donde la figura de la superiora se autoasigna un carisma y una gracia que pasa a dirigir la vida de todos los devotos, espiritualizando cualquier acto de la vida cotidiana. Se trata de una estructura de poder que no rinde cuentas al exterior y que es autoreferencial. La superiora asegura tener una gracia y poderla dispensar. Esa gracia se traduce en controlar el comportamiento de los devotos o en incurrir en actos sensuales (besos, excesiva efusividad intragrupo) o sexuales (me consta el abuso de al menos un devoto varón al que se convenció de que los actos sexuales eran una forma de sanarlo, siempre bajo argumentos espirituales).

Pero hay también abusos desde una perspectiva doctrinal, sea por modificaciones en la liturgia, el empleo de objetos religiosos de manera inapropiada -de acuerdo al contexto en que se encuentran- o por nociones que se introducen en donde se emplea jerga psicológica (por ejemplo, hablan mucho de que hay que trabajar “la histeria” que todos ellos arrastran de la falta de amor de sus familias de origen) para dar la sensación de mayor profundidad espiritual.

El abuso espiritual es silencioso, pero va minando a la persona. El contexto de relación que se crea dentro del grupo que sigue incondicionalmente a Marimi, termina por justificar ciertos excesos o abusos como normales o como parte del proceso de transformación espiritual. Evidentemente, lo que siempre llama la atención en estos contextos espiritualmente abusivos es lo sexual, si bien en mi experiencia tiende a ser el último escalón de una larga cadena de abusos de conciencia paulatinos.

Asimismo, dentro de la vida de grupo, sabemos que se han llevado a cabo prácticas de exorcismo bajo la idea de que ciertos síntomas supuestamente patológicos tendrían un origen espiritual, de manera que se reza para exorcizar todos esos males, incluso en menores de edad. En estas prácticas se hace participar a otros miembros de la comunidad, que a modo de psicodrama deberán llevar a cabo una suerte de escenificación en grupo del dolor y el sufrimiento que comporta ayudar a sanar las almas. La idea es que tales influencias nocivas que impiden el crecimiento espiritual provienen de las familias, lo que empuja nuevamente a vincularse más a las HAM y a instaurar finalmente un contexto de relación dominado por una dependencia ansiosa, el miedo y la culpa a no estar haciendo bien las cosas.

¿Qué influencia tiene sobre los chicos y chicas Marimí?

Es prácticamente absoluta, incuestionable. Se le suponen unos conocimientos y unos dones y se les otorgan, tanto a Mansilla como a ella, unas propiedades cuasi divinas. Ella es la que tiene la gracia, la que lo domina todo, la que puede dar la gracia a los demás. La obediencia se torna en sumisión, y la humildad se convierte en humillación. Ella dice que la histeria debe ser reemplazada por la humildad, pero la práctica demuestra que esa humildad deriva más hacia la humillación. Ella, Marimí, es la que tiene la gracia y dispensará a quien considere, y justificará, espiritualizándolo, los abusos espirituales o sexuales.

Es una autoridad, claramente, sobre la conciencia de todos los miembros de la comunidad, incluidos los laicos. Pero no ejerce esa autoridad de forma constructiva, sino impositiva. Cualquier decisión pasa por ella, porque se le considera la heredera espiritual del padre Mansilla, y como tal se le rinde culto, al igual que al padre Mansilla, prácticamente considerado un santo.

¿Como valora la intervención del Arzobispado de Madrid? ¿Qué cree que puede pasar?

La intervención que ha decretado el arzobispo de Madrid me parece muy pertinente. Pero están ante un escenario altamente complejo y que requiere determinación, claridad y una escucha muy fina. Mi impresión, en todo caso, es que los que todavía están muy vinculados, van a vivir la intervención externa con un intento de control o de manipulación. Es decir, que lejos de sentir que es una ayuda, lo pueden interpretar como un ataque a la superiora, confirmando lo que la propia narrativa sectarizada inspira (“no me entienden, nos cuestionarán, nos criticarán, no comentéis esto con muchas personas, porque ya sabéis cómo es la Iglesia”).

O pensarán que es un ataque a algo muy puro: este es otro de los signos de una deriva sectaria. Los devotos se sienten en un lugar único, muy especial, formando parte de una comunidad de “escogidos”. O también podrían interpretar esta situación como un ataque de “católicos liberales que no entienden”, de modo que pasarán a sostener que todo son mentiras o bulos, o denuncias de un antiguo devoto que no entendió, salió rebotado o tenía problemas.

También puede ocurrir que algunos se fundan todavía más en torno a su superiora, y se promueva una escisión. Habrá que estar atentos. La intervención busca poner orden en la casa, ver qué ha pasado, especialmente en el caso de los abusos de conciencia y espirituales que hayan podido darse.

Las HAM han pasado a funcionar como una comunidad espiritualmente abusiva y, en ese sentido, la posible intervención debería ocuparse tanto de la recuperación terapéutica como de la espiritual. Sería aconsejable que sus miembros pudieran regresar con sus familias, o en el caso de que fueran reubicadas en otros lugares, que no se deje de realizar este trabajo con las familias. La solución no pasa solo por reubicar (es importante, de entrada, separarlas para evitar un mayor repliegue sobre sí mismas), sino por saber qué ha sucedido y revisar las distorsiones doctrinales que se traducen en distorsiones perceptivas y vinculares profundas. Porque aquí hay una transformación desde adentro. Invaden tu fuero interno, ejercen la manipulación y la distorsión desde adentro de tu propia conciencia.

En cuanto al futuro de las HAM, como grupo, es incierto, ya que cuando el abuso penetra y se vuelve estructural, la posibilidad de cambio de la comunidad se vuelve mucho más difícil. Y en esos casos, no queda más que disolver la organización. Y, aunque pudiera sanearse la estructura interna de la organización, en tanto grupo, no hay que olvidar que el impacto del abuso espiritual penetra hasta los recovecos más íntimos de la propia conciencia, de ahí la necesidad de un trabajo profundo que revise la intoxicación que haya podido producirse, porque afectará al modo en que pueda vivirse lo espiritual en el futuro.

¿Hasta qué punto retiros como Effetá o Emaus pueden llegar a ser dañinos?

Hace años que vengo atendiendo consultas de familiares católicos que se acercan con una honda preocupación en torno a lo que le está pasando a sus hijos que, después de participar en estos retiros, regresan mesmerizados, eufóricos, como habiendo descubierto ‘todo’ en ellos. Este tipo de retiros que se han puesto tan de moda en los últimos años, no están exentos de riesgos, ciertamente, particularmente por el nivel de secretismo que se exige y la alta intensidad emocional de los mismos, que ponen todo el mundo interno de sus participantes patas arriba, generando una suerte de hemorragia emocional y espiritual que rápidamente se prometerá que tan sólo puede ser cerrada por la participación en más y más retiros.

¿Por qué ese secretismo?

El secreto atrae. Lo que está oculto ejerce cierta fascinación. Al mismo tiempo, el secretismo exigido es una marca de ser diferentes o especiales (“no lo cuentes a cualquiera”, “no todos lo entenderán”). De cualquier manera, los pasos tienden a ser siempre los mismos: seducción, aislamiento y adoctrinamiento. Tras un primer impacto seductor (“se harán cosas muy guays, van gente de nuestra edad, no es aburrido como ir a la iglesia, no te puedo comentar mucho pero te invito a participar”), salen fascinados, como si estuvieran ‘colocados’ o se hubieran tomado algo: sólo hablan bondades, repiten las mismas frases como clisés, se aprecia un claro intento de reclutar a otros de forma insistente, lo que es muy característico de estos formatos. Se habla de conversiones, aunque yo dudaría de aplicar el término ‘conversión’ porque, para mí, una conversión requiere un proceso madurativo más lento. Aquí nos encontramos ante un fuerte impacto, un contexto de grupo deslumbrante y fascinador, pero que al mismo tiempo desestabiliza por el proceso y la dinámica de grupo que se desarrolla dentro de tales retiros (hablar del dolor de uno mismo ante los demás, abrirse del todo ante desconocidos, escuchar testimonios de conversiones impactantes, horas y horas de experiencia muy intensa, contagio de grupo a nivel emocional, etc.).

Es el ‘cristianismo guay’, o ‘cool’…

Un cristianismo guay, como bien dices tú, o ‘cool’, en contraposición con la idea de una Iglesia sobria o aburrida. En cambio, en estos encuentros te encuentras a jóvenes muy entregados, y que llevan a que la persona se abra en canal, explique toda su vida, hasta los más íntimos secretos. Hay una suerte de ‘catarsis’ de grupo, que parece que sana pero que lo único que hace es aumentar más la carga de la culpa, y que está al servicio de favorecer el reclutamiento de más gente. Porque, finalmente, lo que buscan estas comunidades no es el crecimiento de las personas, sino alimentarse vorazmente de la mayor cantidad de adherentes o devotos posibles.

 

Jesús Bastante

Religión Digital

PAZ Y NATURALEZA

col kowalski

 

Arde por todas las partes. Y arden todas las personas. Violencia. Es urgente serenar los ánimos y la naturaleza. Voy oyendo muchas pistas para apagar fuegos. Hasta el sol arde en temperaturas excelsas. Hay cosas que se pueden arreglar. Otras, no. Pero es preciso ponernos de acuerdo la humanidad y hacer un esfuerzo todas las personas.

Hasta los hombres y mujeres arden en ganas de fiesta y descanso. Las personas intentan vivir en vacaciones. Viajes. fiestas, juergas…. Hace falta serenidad. Necesitamos vivir en un tono de calma, de disfrute tranquilo, de gozar en la tranquilidad. Y programar los gobiernos sistemas de valorar la naturaleza y preparar un sistema forestal con medios para que no arda sino que se cuide y se dote de medios que permitan tener una naturaleza los más sana posible.

Parece que todo arde, brota, salta. El calor asciende a grados muy fuertes. Pero hay un interrogante fuerte: ¿estamos poniendo las personas el esfuerzo en conservar la tierra? Dice el Genesis “cuidad la tierra”. Sin embargo ¿la estamos cuidando o la maltratamos? ¿Caminamos hacia caminos de destrucción en lugar de disfrutar en la creación?

Lo mismo que en la naturaleza está ocurriendo en la sociedad con la agresividad y las guerras. Estamos destruyendo, rompiendo, luchando. Y vienen las muertes.

¿Qué podemos hacer para conseguir la paz en la creación y entre las personas? Llamados a la felicidad, estamos dando el paso hacia la agresividad, la lucha, la muerte… Alto. ¿Nos paramos y planeamos otro estilo de vida? Que Dios nos hizo para ser felices y vivir en la paz.

Y podemos conseguirlo: árboles, bosques, limpieza de montes, agua clara, organizar la limpieza de los bosques, trabajar juntos y programar varios pueblos unidos, evitar todo fuego, cuidar las aguas, trabajar, fomentar la unión de las personas, contratar forestales todo el año, buscar técnicos, que trabajen unidos los pueblos por la limpieza de los ríos y montes. Y por encima de todo, buscar la paz, la armonía entre las personas, no crear luchas entre pueblos.

Es preciso a nivel natural y de personas crear un ambiente de calma, serenidad. Programar un mundo sereno. Guardar y conservar lo que somos y tenemos. No a la guerra ni al fuego. Cambiemos por paz y naturaleza bella.