FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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SAN JUAN BOSCO (Pinchar imagen)

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

ESTE ES EL BLOG OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO SAN PAULINO DE NOLA
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miércoles, 12 de abril de 2023

PROTAGONISTAS ELLAS COMO APÓSTOLES DE LA RESURRECCIÓN


col otalora

 

El Antiguo Testamento nos habla de la experiencia troncal que marcó para siempre a sus protagonistas: la liberación de la esclavitud en Egipto. Aquellos judíos querían libertad y aprendieron a ser la mejor posibilidad de sí mismos de una manera diferente a como lo habían pensado, entre la fe y la esperanza de la Alianza, en medio de sus flaquezas y deserciones. Al final, su éxodo hacia la Tierra Prometida se convirtió en una analogía de lo que es la vida del creyente con los mismos altibajos que aquel pueblo judío, pero en su desierto interior.

El antes y el después lo marcó el paso de Jesús por este mundo que, lejos de hacer las cosas más fáciles, continúa invitándonos a un éxodo más personal en una nueva Alianza con el Amor universal como la esencia de toda la existencia.

La manifestación de Dios ya no ocurre en la montaña, sino en nuestro interior cada vez que acogemos la Buena Noticia de que Dios es amor y damos con nuestro ejemplo el sentido nuevo que dio el Mesías a toda la Escritura. De hecho, la Pascua del Resucitado es el día más importante del año litúrgico, el acontecimiento central de nuestra experiencia de fe. Incluso en los cuarenta días de Cuaresma no se incluyen los domingos porque cada domingo se considera una Pascua.

Desde aquél entonces, quienes tenemos el regalo de la fe -y la encomienda de evangelizar el Amor mediante el ejemplo- celebramos la Pascua, el paso del Señor entre nosotros con su entrega total que da sentido gozoso a toda la existencia. Aquellos testigos de su vida, muerte y Resurrección no dejan de interpelarnos nuestra fe. Y digo testigos en el sentido más amplio, ya que fueros ellas las primeras discípulas (enviadas), escogidas para anunciar que Cristo ha resucitado.

Si leemos de seguido el pasaje de la Resurrección en los cuatro evangelios, fueron al sepulcro seguidoras y seguidores de Jesús, pero se refleja claramente que es a ellas a quienes se les revela Cristo Resucitado y son ellas quienes reciben el encargo de comunicárselo a los discípulos. Las mismas que habían seguido a Jesús a Jerusalén... ¡desde Galilea!

Dicho lo anterior, hay dos momentos clave en el Evangelio, el nacimiento del Mesías y su Resurrección. Curiosamente, ambos protagonizados por mujeres: María es la que alumbra a Jesús como madre, y estas mujeres son las testigos de un nuevo tiempo Pascual, mientras los discípulos optaron por esconderse por miedo al haber sido seguidores de Jesús... Los 4 evangelistas mencionan solo a mujeres como testigos del Resucitado, y a la vez citan a María Magdalena entre las presentes, un grupo numeroso, nos dice Lucas.

Lo impactante es que esta realidad no se ha sido resaltada teológicamente a la hora de valorar la presencia de la mujer en la Iglesia. Sin embargo, son ellas las que reciben el encargo de proclamar la noticia de la Resurrección a los discípulos buscando la manera de hacerse creíbles cuando las mujeres no estaban consideradas como testigos fiables. En aquella época, la mujer no contaba para nada, ni siquiera podía ser testigo de un juicio pues se la consideraba poco creíble. Sin embargo, su testimonio anunciando la Resurrección a los once, fue protagonizado por mujeres.

Se inaugura, pues, el tiempo de la Iglesia, el de sus seguidores  como Pueblo de Dios que debemos continuar con la obra del Resucitado. Lucas relata en Hechos algunas pinceladas del nuevo tiempo y Pablo nos habla incluso de diaconisas presidiendo nuevas comunidades en el proceso de evangelización misionera por el Mediterráneo.

Hoy es el día en que la jerarquía eclesiástica no concede a las mujeres la voz debida por razón de su sexo, mientras retumba en cada Pascua de Resurrección, la necesidad de que desarrollemos una teología profunda sobre la mujer. Quizá descubramos algunas buenas razones por la que Dios dio a conocer al mundo a su Hijo por medio de una mujer y que mujeres fuesen las elegidas a la hora de desvelar al Resucitado y, más tarde a través de ellas, a los apóstoles.

¡Feliz Pascua, paz y bien!

LA ERA POST-FRANCISCO. AMEN, ASÍ, SIN TILDE


col pino

 

A pesar del dato objetivo de increencia que se constata en la sociedad actual, especialmente en los jóvenes, pienso que la cuestión hoy a debate no es tanto si creemos o no en Dios como en qué Dios decimos creemos o no creemos. Seguramente muchos estaríamos de acuerdo en algunos postulados, si nos escucháramos y nos mirásemos a la cara. Suelo decir con cierta frecuencia en mis clases: “en ese dios que me comentas… yo tampoco creo”. No estamos tan lejos..., lo que nos falta es diálogo, respeto y, sobre todo, una mayor determinación para el entendimiento. Parafraseando a Concepción Arenal, cuando no comprendemos una cosa, la solemos declarar ilógica, inexistente o absurda antes que reconocer que nos sobrepasa.

Pues bien, algo así ocurre tras estos años de Pontificado del Papa Francisco. El tema de discusión a estas alturas no es tanto qué tipo de hombre encabeza a la Iglesia católica como qué va a ocurrir cuando éste no esté al frente (aunque algunos siguen empeñados en desacreditarlo). Jorge Mario Bergoglio, examinado por muchos con lupa en sus comienzos, ya ha tenido suficiente tiempo para mostrarnos su verdadero rostro. Precisamente sus contrarios más hostiles han dado amplias razones de su talla como hombre de razón y de fe. Quienes mejor hablan de él son sus feroces contendientes. Y no hablo exclusivamente de los clásicos, como Trump, Bolsonaro y algunos más. Me refiero, especialmente, a los de dentro, como las dudas que ya mostraron en su tiempo (acerca de la pureza doctrinal del nuevo Papa) Meisner, Caffara, Brandmuller o Burke, y algunos otros nuevos que se sumaron y se suman, que son o han sido voces de otros muchos que se mantienen en silencio expectantes al posible desenlace que pueda acontecer dentro del Vaticano. Es digno de estudio observar a aquellos fieles que, siendo tradicionalmente "más papistas que el Papa", curiosamente cuestionan a este Pontífice en contra de su habitual complacencia y adoctrinamiento eclesiástico. Las feroces campañas que iniciaron hace tiempo en internet muchos grupos ultras solo delatan, no ya la capacidad, determinación y sensatez que Francisco usa en sus planteamientos y discursos, sino también el espíritu y la fe que envuelven a este Papa inusual y, hasta ahora, poco visto en las filas de la Iglesia.

En realidad, no hace más que poner en funcionamiento las reglas del juego que ya estableció el Vaticano II, aquel Concilio que aún está por estrenar (en su alcance y particularidad). Por ello, estimo contundentes las razones que aseguran que Francisco ha sido y es el hombre que supo leer e interpretar los signos que la Iglesia necesita para los tiempos que corren y, además, llevarlos a cabo. No se trata de subir a los altares a este Papa y “condenar” a los anteriores, sólo destacar el punto de inflexión que, a  mi parecer, Francisco supone en la praxis eclesial y su contextualización en el mundo. Lo sé, no ha llevado a término todo lo que muchos llevan esperando de la institución. Quedan muchos retos sin afrontar ni resolver. Algunos dicen que este es otro más…Y no, no es otro más. Sus acciones están siendo significativas y, lo mejor, haciendo todo lo posible de su parte para que lo que se produzca sea una evolución “revolucionaria” cuyo único límite es el amor.

Quedan todavía miembros afectados de escándalos dentro de la curia (¿y dónde no?, sin que esto sirva de justificación). Es cierto que muchos aplauden los modos y criterios de Francisco pero no aterrizan su mensaje en las parroquias y comunidades (¿vino nuevo en odres viejos?, ¿doble moral?), que hay campos y asuntos por ahora aparcados. Ahí están, es cierto, pero, ¿qué se le podía pedir a un desconocido dentro de una conocida institución de más de dos milenios de luces y sombras? ¿Es que alguien hasta ahora (y no pregunto solo por alguien religioso) había conseguido de forma tan preciosa unir los asuntos morales con los ecológicos y políticos con tanta sencillez y, a la vez, profundidad, sin obviar los espirituales? Que sea portada del Time no es casualidad, que aglutine mandatarios de distintas religiones y culturas, a creyentes y no creyentes en torno a un modelo de política sostenible y defensa de nuestra “Madre Tierra” tampoco. A nadie, creo, se le pasa por alto que ha sido pieza clave, para lograr acercamientos políticos y numerosas medidas de justicia social... Y así podíamos decir muchas más cosas: su repercusión a nivel ecológico, su defensa de los refugiados, su preferencia por los marginados… Estamos ante un gran hombre, uno de los mejores que ha parido Madre Tierra. Sí, un hombre de carne y hueso, pero con mucho corazón. Ahí está su grandeza: en su normalidad. Lo que hacía falta… más cuando existen algunos impresentables personajes con mucho poder en el planeta que quieren hacer historia sin contar con los más débiles.

El problema, pienso, no está en el ahora, mientras esté Francisco acompañándonos, como fiel jesuita. La gran pregunta que se avecina con pies agigantados es qué pasará cuando no esté Francisco. ¿Conseguirán sus ideas y proyectos llegar a buen término? ¿Qué rumbo se avecina en la Iglesia y en el mundo tras el Papa de la misericordia? ¿Será que su impronta logrará establecer las bases irrevocables de un nuevo modelo de Iglesia al servicio de la misión, o quedará sin efecto por mor de una vieja escuela de religiosidad de calmantes y adoctrinamientos? ¿Nos iremos al otro extremo (catequizando de forma dogmática y condenatoria) según avisa la ley del péndulo? ¿Cómo será el nuevo hombre y la nueva Iglesia que llegue tras Francisco?

Esperemos que el testigo que nos deje el “Papa Paco”, este hombre cercano al pueblo y, por lo tanto, cercano a Dios, sensato y humilde pero valiente, sirva para que la Iglesia sirva y sea en su seno acogedora, fiel a la buena noticia del Evangelio y clara y contundente en su defensa de los hombres y mujeres de este mundo, especialmente los pobres y descartados.

Como decía el cantautor Silvio Rodríguez, prefiero “hablar de cosas imposibles porque de lo posible se sabe [sabemos] demasiado”. Si algo intenta mostrarnos Francisco es que lo que importa es amar. Pues eso, ahí está el mensaje:

Amen, así, ¡sin tilde!

Qué así sea…

Si Dios quiere

¡Y nosotr@s también!

Jesús Lozano Pino

mano corazon sol

DESPERTAR, LEVANTARSE, SALIR FUERA


col mesa

 fe adulta

Encuentro muy significativo que en el Nuevo Testamento se empleen dos términos en griego para expresar y dar a conocer el significado de la resurrección de Jesús: uno es “levantarse” y otro “despertar”.

El mismo Jesús nos dijo que el Espíritu nos iría diciendo en cada momento de la historia lo que tendríamos que decir, cómo actuar y actualizar su buena noticia de liberación. Los sucesos de nuestro pasado, las personas que han dejado huella en nuestra vida, sus palabras, sus gestos, sus muestras de cariño, su compromiso… nos dicen siempre algo nuevo cuando las recordamos.

Igual nos pasa con Jesús y, en concreto, con su resurrección.

Porque lo importante no es el sepulcro vacío sino todo lo que vivió y por lo que se desvivió: porque él sanaba la vida, iluminaba la vida, liberaba la vida, daba nuevas esperanzas para experimentar en plenitud la vida. Ahí radica el sentido de su resurrección: la muerte no pudo ocultar ni sepultar la vida íntegra y entregada en cada momento por Jesús. Y a eso invitaba a sus discípulos: “He venido para que tengan vida y la tengan en plenitud. Anunciad esta buena noticia a toda criatura”. Quien así vive, ya ha resucitado.

Volvemos al comienzo. Resucitar significa despertar, no continuar con los ojos cerrados a la realidad, es necesario abrirlos al mundo que nos rodea, aunque esté oscuro, a pesar del frío, del dolor y la angustia, de la inseguridad, del miedo y la desesperanza. Manteniendo los ojos abiertos para no cerrarnos a nada, para no quedar aislados en nuestra propia concha. Quien abre los ojos y los mantiene abiertos ya ha empezado a descorrer la losa de su propio sepulcro.

Resucitar también significa levantarse. Es necesario abrir bien los ojos, para mirar con claridad. Pero se puede seguir recostado, impidiendo que esa mirada sea movilizadora. Es necesario un esfuerzo más: hay que levantarse, ponerse en pie, con decisión, sabiendo que después de despertar debemos recomenzar un día más. Poniendo en marcha todos nuestros recursos psicológicos, afectivos, empáticos, resilientes y reconociendo todo lo que poseemos y lo que podemos seguir aprendiendo y adquiriendo para ayudar, recibiendo ayuda a la vez. 

Pero queda un paso más, con el mandato de Jesús a Lázaro: “Sal fuera”. Hay que salir del sepulcro, del encierro, la reclusión, el confinamiento. Debemos quitarnos las vendas que nos atan e impiden andar con libertad. Es necesario despertar, levantarnos y salir, para sentirnos de verdad resucitados y ayudar a resucitar a quienes aún malviven, sobreviven, escondidos, aislados, marginados, excluidos en innumerables sepulcros en nuestra sociedad y en nuestro mundo. La resurrección no es un recuerdo de un hecho pasado, sino un acicate permanente, diario, pasando en cada momento de la muerte a la vida. Comprometiéndonos para que quienes se mantienen ocultos en las sepulturas que se imponen o se las imponen, puedan salir a la luz del día, a la claridad esperanzadora de la vida.

Porque solo resucitamos de verdad si resucitamos juntos.

¿CÓMO VIVIR LA PASCUA EN MEDIO DE TANTAS CRISIS?


col boff

 

Muchas crisis están asolando a la humanidad: la crisis económica que ha hundido a los grandes bancos de los países centrales, la crisis política con el ascenso mundial de las políticas de derecha y extrema derecha, la crisis de las democracias en casi todos los países, la crisis del Estado que se burocratiza cada vez más, la crisis del capitalismo globalizado que no puede resolver los problemas que él mismo ha creado, generando una acumulación de riqueza en muy pocas manos en un mar de pobreza y miseria, la crisis ética, pues ya no cuentan los valores de la gran tradición de la humanidad, sino el vale todo posmoderno (every think goes), la crisis del humanismo pues imperan relaciones de odio y de barbarie en las relaciones sociales, la crisis de civilización que ha comenzado a introducir la inteligencia artificial autónoma que articula miles de millones de algoritmos y toma decisiones independientes de la voluntad humana, poniendo en riesgo nuestro futuro común, la crisis sanitaria que ha alcanzado a toda la humanidad a través de la Covid-19, la crisis ecológica que, si no cuidamos la biosfera, nos alerta de una posible tragedia terminal del sistema-vida y del sistema-Tierra. Detrás de todas estas crisis hay una crisis aún mayor: la crisis del espíritu que representa una crisis de la vida humana en este planeta. 

El espíritu es el momento de la vida consciente en el cual nos damos cuenta de que pertenecemos a un todo mayor, terrenal y cósmico, y que estamos a merced de una Energía poderosa y amorosa que sustenta todas las cosas y a nosotros mismos. Tenemos la facultad específica de poder dialogar con ella y de abrirnos a ella, identificando un Sentido mayor que impregna todo y que atiende nuestro impulso de infinitud. La vida del espíritu (que algunos neurólogos llaman el “punto Dios” en el cerebro) está siendo sepultada por la voluntad irrefrenable de acumular bienes materiales, por el consumismo, por el egoísmo y por una profunda falta de solidaridad.

Desde agosto de 1945, cuando los Estados Unidos lanzaron dos bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki, se nos abrió la conciencia de que podemos autoaniquilarnos. Ese peligro aumentó con la carrera armamentista, que incluye a nueve naciones con armas químicas, biológicas y cerca de 16.000 cabezas nucleares. La guerra actual entre Rusia y Ucrania ha hecho que Putin amenace con el uso de armas nucleares, suscitando el temor apocalíptico del fin de la especie humana.

En este escenario, ¿cómo celebrar la mayor fiesta de la cristiandad que es la Pascua, la resurrección del Crucificado, Jesús de Nazaret? La resurrección no debe ser entendida como la reanimación de un cadáver como el de Lázaro. Resurrección, en las palabras de San Pablo representa la irrupción del “novissimus Adam” (1Cor 15,45), es decir, del ser humano nuevo, cuyas infinitas virtualidades presentes en él (somos un proyecto infinito) afloran totalmente. Aparece así como una revolución en la evolución, una anticipación del fin bueno de la vida humana. El Resucitado alcanzó una dimensión cósmica, nunca más ha dejado el mundo y llena todo el universo.

En este sentido la resurrección no es la memoria de un pasado, sino la celebración de un presente, siempre presente para suscitarnos alegría, la suave sonrisa de que la muerte matada de Jesús de Nazaret, el viernes santo, es solo una travesía a una vida libre de la muerte y plenamente realizada: la resurrección. El horizonte sombrío se aclaró e irrumpió el Sol de la esperanza.

Pensando en términos del proceso cosmogénico que engloba todo, la resurrección no está fuera de él. Por el contrario, es una emergencia nueva de la cosmogénesis, de ahí su valor universal, más allá del salto de la fe. La resurrección es la síntesis de la dialéctica, de donde Hegel sacó su dialéctica, de la vida (tesis), la muerte (antítesis) y la resurrección (síntesis). Esta es el final de todo, ahora anticipado para nuestra alegría. Es el verdadero génesis, no del principio, sino del fin alcanzado ya.

Considero que la versión del evangelio de San Marcos sobre la resurrección es la más realista y verdadera. Él termina el texto con Jesús resucitado diciendo a las mujeres: “id a decir a los apóstoles, y a Pedro, que él (el Resucitado) va delante de vosotros a Galilea. Allí le veréis, como os dijo” (Mc 16,7). Y así termina. Las apariciones relatadas, es convicción de los estudiosos que serían un añadido posterior. Es decir: todos estamos en camino hacia Galilea para encontrarnos con el Resucitado. Él personalmente ha resucitado, pero su resurrección no se ha completado, mientras sus hermanos y toda la naturaleza no hayan resucitado aún. Por esta razón, el mundo fenomenológicamente sigue igual o peor, con guerras y momentos de paz, con bondades y maldades, como si la resurrección no hubiera tenido lugar como signo de superación de esta realidad ambigua.

Feliz fiesta de Pascua para todos los que pueden realizar este camino y también para los que no puedan hacerlo.

 

Leonardo Boff

Religión Digital

*Leonardo Boff ha escrito: La resurrección de Cristo. Nuestra resurrección en la muerte. Sal Terrae

CARTA ABIERTA A TOMÁS, APÓSTOL, (E INCRÉDULO, COMO YO) Juan 20, 19-31

col marife

 

fe adulta

Querido Tomás, apóstol y hermano:

El evangelio de hoy nos habla de ti, pero el evangelista Juan no nos lo pone fácil.  En primer lugar, apenas tenemos datos sobre tu vida. En segundo lugar, Juan no narra una situación, sino que ofrece una catequesis a su comunidad. Hoy, veinte siglos más tarde, ayúdame a recuperar el sentido de esa catequesis.

Para empezar, voy a imaginarme la escena, como si nos la contara alguien del grupo que hubiera presenciado lo que narra el texto. O, como decía San Ignacio de Loyola: “Como si presente me hallase”.  

Anochecía. El día se nos había hecho muy largo, porque no podíamos hacer nada; estábamos con las puertas cerradas, sin hacer ruido. Los judíos nos buscaban; seguramente los romanos también, porque cuando ajusticiaban a uno de los nuestros, perseguían a su grupo, para ajusticiarlo. Lo sabíamos por experiencia.

Nos mirábamos en silencio, pero no acertábamos a decir nada. En el Gólgota nos habíamos hecho muchas preguntas: ¿Había merecido la pena acompañar al Maestro hasta el final? ¿Nos crucificarían los romanos por formar parte del grupo? ¿Cómo sería la morada que nos había prometido Jesús, para estar a su lado, cuando él se fuera? Ahora, sin la presencia de Jesús ¿qué íbamos a hacer? ¿Nos iríamos cada uno por nuestro lado? ¿Qué sería de nosotras, las mujeres del grupo, que habíamos dejado todo para seguirle y no podíamos volver a nuestras casas?  

Hoy ya no nos hacíamos preguntas, sólo cabía esperar… ¡Y ni siquiera sabíamos lo que esperábamos!

De repente, en la penumbra, oímos la voz inconfundible de Jesús:

- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así os envío yo.

Quedamos desconcertados. Supimos que era Él. Su voz era inconfundible. Se había dado cuenta de que el miedo nos ahogaba, de que ni siquiera teníamos aliento para vivir, por eso sopló con fuerza sobre nosotros y nos dijo:

- Recibid el Espíritu Santo…

Recordé que muchas veces nos había hablado del Espíritu Santo y nos lo había prometido. Que solía saludarnos dándonos su paz… Pero esta vez era diferente. En medio de nuestro miedo y de nuestra cobardía, el Maestro se hacía presente en la comunidad para comunicarnos el aliento de Vida.

Es más, se atrevía a enviarnos. Pero, ¿a dónde? ¿Cuál sería nuestra misión, de ahora en adelante? ¿No se daba cuenta de la situación de Jerusalén? Había crucifixiones casi a diario. La fiesta de la Pascua era una ocasión para que las autoridades políticas sembraran el pánico sobre el pueblo, especialmente sobre la gente de Galilea.

Esta noche no estaba Tomás en el grupo. Era un tipo curioso. En realidad, se llamaba Judas, pero le llamaban Tomás (que significa gemelo en arameo) y Dídimo (que significa gemelo en griego), aunque él nunca nos habló de quién había sido su hermano o hermana.

Cuando le contamos nuestro encuentro con Jesús, Tomás reaccionó como era habitual en él, como un “incrédulo”, pero, en el fondo, reconocíamos que todos éramos tan incrédulos como él, o más. Pero él era valiente y lo reconocía. Los demás disimulábamos nuestra falta de fe.

Pocos días después, cuando seguíamos reunidos en la casa, Tomás se quedó helado, como si viera a un fantasma. No se atrevía a acercarse a Jesús, pero el Maestro le ofreció sus manos y le invitó a tocarle; cuando le dijo: “No seas incrédulo, sino creyente”, supimos que nos lo estaba diciendo a cada uno de nosotros, a cada una. No era un reproche, era una invitación del Maestro a confiar, a entregarle nuestros miedos y acoger su paz.

Nuestros padres habían visto muchas señales. Habían sido liberados de Egipto, habían recibido a los profetas y habían creído, porque habían visto la mano de Yahvé que los acompañaba. Ahora Jesús, a través de Tomás, nos pedía creer sin haber visto.

Entendimos que nos pide creer, en lugar se sucumbir a la vida pagana de los romanos, que se extiende cada vez más. Creer, aunque por ello nos persigan los judíos y quienes no entienden nuestro discipulado. Creer que Jesús es el Hijo de Dios, aunque nosotros, con nuestros ojos, veamos a un proscrito, crucificado a las afueras de la ciudad. Creer que somos hijos e hijas de Dios, aunque continuamente toquemos nuestro barro. Creer que el Reino está dentro de nosotros y de cada persona, aunque veamos leprosos, pecadores o tiranos. Jesús nos pide dar un salto sobre el abismo, en lugar de quedarnos atrapados en lo que ven nuestros ojos…

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Tomás, hermano, ayúdanos, para que descubramos que HOY, en medio de los vaivenes del mundo, sigue haciéndose presente el Resucitado, en cada persona y en cada comunidad, con su saludo de paz. Que no olvidemos que sigue enviándonos su aliento de Vida. Que nos demos cuenta de que no podemos tocar las huellas de sus manos, pero nos ofrece “tocar” las huellas que ha ido dejando en nuestra vida y en la comunidad, para reconocerle. Que nos invita a “tocar” las heridas de las manos y el costado de l@s crucificad@s de la tierra. Y, que, al tocarlas y abrazarles, podamos decir contigo: ¡Señor mío y Dios mío!

LO CONTRARIO DE PAZ

col santos com

 

fe adulta

“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos” (Jn 20, 19-31)

Apasionantes las lecturas de la primera semana de Pascua. Leerlas te adentra en el tiempo que vivieron los que luego les tocaría contarlo y dejar su testimonio escrito; aunque en esos momentos, su estado de ánimo sólo les permitiera estar atemorizados, mirando las puertas cerradas a un mundo hostil y excesivamente peligroso tras la pérdida de quien consideraban su guía y protector de cara al futuro.

El inicio de la Pascua es un camino lleno de luces y sombras, subidas y bajadas,  interrogantes y sorpresas y de profundos temores que echaron por tierra todo lo vivido antes la muerte de su Maestro.

Cayendo la noche escuchan con toda claridad. “¡Paz a vosotros”!... así, directo, de forma sencilla, coloquial.

Pero conociendo quiénes eran (y somos), ve que sería de ayuda aportar una prueba visible: “les enseñó las manos y el costado”. Los conocía bien, a nosotros también.

Viendo como reaccionaban, alegría en sus caras y posturas erguidas, se escuchó por segunda vez: “¡Paz a vosotros!

Me hice una pregunta directa: ¿Qué es lo contrario de Paz? Me ha servido a lo largo de la primera semana de Pascua para rumiar qué es lo que les ofrecías y que nos ofreces, más allá de un saludo.

He buceado intentando comprender qué es lo destruye la Paz. He preguntado a algunos amigos y personas cercanas, intentando abrir el abanico de posibilidades para saber qué entendemos como contrario a la Paz.

Alguien dijo que lo contrario de la paz es la guerra. Otro, la violencia. Una joven decía que es un estado de intranquilidad interior que genera desasosiego. Una amiga con mucho recorrido de vida dijo que es el dolor. La enemistad destruía la paz, dijo otra persona. Hostilidad y conflicto también salieron como contrarios a la Paz.

Mi respuesta es que lo contrario de Paz es miedo. El evangelio de Juan, antes de acabar el segundo renglón, lo deja claro. Pero he tenido que pasar la vista muchas veces para concretar.

El Miedo inyectado en el corazón humano mata la Paz. Todo lo demás son los hijos del Miedo que van minando el estado interior del ser humano, de la familia, comunidades, sociedad, estados y cualquier otro grupo humano por pequeño que sea.

El caso de Tomás que no estaba con los demás (quizás por miedo no se atrevió ni a salir a la calle) es ejemplo claro de lo que el miedo demanda: certezas y datos concretos: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado,  no lo creo”.

“A los ocho días, estaban otra vez los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a vosotros”. Aunque la mayoría había recibido el Espíritu Santo y la misión que Jesús les encomendaba, las puertas seguían cerradas. Necesitaban tiempo.

Tomás escuchó el saludo más lo que iba dirigido en exclusiva a él: el dato, la certeza y el resultado. Que no es a lo que Jesús da primacía sino a lo contrario: “Bienaventurados los que crean sin haber visto”.  

¿Cómo es la Paz de Cristo?

“La paz de Cristo no es una fórmula de evasión individual ni de realización egoísta. No puede haber paz en el corazón del hombre que busca la paz para él solo. Para hallar la verdadera paz, la paz de Cristo, tenemos que desear que otros también tengan la paz y estar dispuestos a sacrificar parte de nuestra paz y felicidad, con el fin de que otros tengan paz y sean felices.

La paz que trae Cristo no es la paz de un orden tiránico que es desorden porque en él toda oposición queda suprimida, y las diferencias se borran violentamente. La paz no significa la supresión de todas las diferencias, sino su coexistencia y fecunda colaboración. La paz no consiste en un hombre, un partido o una nación, que aplauden y dominen a todo lo demás. La paz existe donde los hombres que pueden ser enemigos son, por el contrario, amigos en razón de los sacrificios que han hecho con el fin de encontrarse en un nivel más alto, donde las diferencias entre ellos no son ya origen de conflicto".  (Thomas Merton -  La paz monástica, 83)

Sí, dichosos y bienaventurados los que crean sin haber visto porque a través del perdón, la justicia, la acogida, la reconciliación la solidaridad… mantendrán abonada y bien regada la Paz que nos traes cada Pascua.

Vayamos por ahí cada día a repartirla gratis.

ABIERTOS AL ESPÍRITU 2 Pascua – A (Juan 20,19-31)

col pagola

 

No hablan mucho. No se hacen notar. Su presencia es modesta y callada, pero son «sal de la tierra». Mientras haya en el mundo mujeres y hombres atentos al Espíritu de Dios será posible seguir esperando. Ellos son el mejor regalo para una Iglesia amenazada por la mediocridad espiritual.

Su influencia no proviene de lo que hacen ni de lo que hablan o escriben, sino de una realidad más honda. Se encuentran retirados en los monasterios o escondidos en medio de la gente. No destacan por su actividad y, sin embargo, irradian energía interior allí donde están.

No viven de apariencias. Su vida nace de lo más hondo de su ser. Viven en armonía consigo mismos, atentos a hacer coincidir su existencia con la llamada del Espíritu que los habita. Sin que ellos mismos se den cuenta son sobre la tierra reflejo del Misterio de Dios.

Tienen defectos y limitaciones. No están inmunizados contra el pecado. Pero no se dejan absorber por los problemas y conflictos de la vida. Vuelven una y otra vez al fondo de su ser. Se esfuerzan por vivir en presencia de Dios. Él es el centro y la fuente que unifica sus deseos, palabras y decisiones.

Basta ponerse en contacto con ellos para tomar conciencia de la dispersión y agitación que hay dentro de nosotros. Junto a ellos es fácil percibir la falta de unidad interior, el vacío y la superficialidad de nuestras vidas. Ellos nos hacen intuir dimensiones que desconocemos.

Estos hombres y mujeres abiertos al Espíritu son fuente de luz y de vida. Su influencia es oculta y misteriosa. Establecen con los demás una relación que nace de Dios. Viven en comunión con personas a las que jamás han visto. Aman con ternura y compasión a gentes que no conocen. Dios les hace vivir en unión profunda con la creación entera.

En medio de una sociedad materialista y superficial, que tanto descalifica y maltrata los valores del espíritu, quiero hacer memoria de estos hombres y mujeres «espirituales». Ellos nos recuerdan el anhelo más grande del corazón humano y la Fuente última donde se apaga toda sed.


SOLO AMANDO, PODEMOS DESCUBRIR A JESÚS VIVO DOMINGO 2º DE PASCUA (A) Jn 20,19-31


col fraymarcos

 

fe adulta

Es esclarecedor que en los relatos pascuales Jesús solo se aparece a los miembros de la comunidad. O como es el caso de hoy, a la comunidad reunida. No hace falta mucha perspicacia para comprender que están elaborados cuando las comunidades estaban ya constituidas. No tiene mucho sentido pensar, como sugieren los textos, que el domingo a primera hora de la mañana o por la tarde ya había una comunidad establecida. Los exégetas han descubierto que los textos quieren decir algo muy distinto.

“Todos lo abandonaron y huyeron”. Eso fue lo más lógico, desde el punto de vista histórico y teológico. La muerte de Jesús en la cruz perseguía precisamente ese efecto demoledor para sus seguidores. La muerte en la cruz no pretendía solo matar a la persona sino borrar completamente su memoria. Seguramente lo dieron todo por perdido y escaparon para no correr la misma suerte. Todos eran galileos, que habían venido a la fiesta para volver a su tierra. La muerte de Jesús solo pudo acelerar esa vuelta.

Cómo se fueron estructurando esas primeras comunidades, es una incógnita. Ese proceso de maduración de los seguidores de Jesús no ha quedado reflejado en ninguna tradición. Los relatos pascuales nos hablan ya de la convicción absoluta de que Jesús está vivo. Es una falta de perspectiva histórica el creer que la fe de los discípulos se basó en las apariciones. Los evangelios nos dicen que para “ver” a Jesús después de su muerte, hay que tener fe. El sepulcro vacío, sin fe, solo lleva a la conclusión de que alguien lo ha robado y las apariciones, a pensar en un fantasma.

Esa experiencia de que seguía vivo, y además, les estaba comunicando a ellos mismos Vida, no era fácil de comunicar. Antes de hablar de resurrección, en las comunidades primitivas, se habló de exaltación y glorificación, del juez escatoló­gico, del Jesús taumaturgo, de Jesús como Sabiduría. Estas maneras de entender a Jesús después de morir, fueron condensándose en la cristología pascual, que encontró en la idea de resurrección el marco más adecuado para explicar la vivencia de los seguidores de Jesús. En ninguna parte de los escritos canónicos del NT se narra el hecho de la resurrección. La resurrección no es un fenómeno constata­ble empíricamente.

La experiencia pascual de los seguidores sí fue un hecho histórico. Cómo llegaron los primeros cristianos a esa experiencia no lo sabemos. En los relatos se manifiesta la dificultad del intento de comunicar a los demás esa vivencia de una realidad que está fuera del tiempo y el espacio. Fueron elaborando unos relatos que intentan provocar en los demás lo que ellos estaban viviendo. Para transmitir esa experiencia, no tuvieron más remedio que encuadrarla en el tiempo y el espacio para que fuera comprensible.

Reunidos el primer día de la semana. Jesús comienza la nueva creación el primer día de una nueva semana. El texto manifiesta la práctica de reunirse el domingo que se hizo común muy pronto entre los cristianos. Los que seguían a Jesús, todos judíos, empezaron a reunirse después de terminar la celebración del sábado, que seguían manteniendo como buenos judíos. Al reunirse en la noche, era ya para ellos el domingo. En el texto se ve que estaba ya consolidado el ritmo de las reuniones litúrgicas.

Se hizo presente en medio sin recorrer ningún espacio. Jesús había dicho: “Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Él es para la comunicad fuente de Vida, referencia y factor de unidad. La comunidad cristiana está centrada en Jesús y solamente en él. Jesús se manifiesta, se pone en medio y les saluda. No son ellos los que buscan la experiencia, sino que se les impone. Después de lo que habían vivido, era imposible que no pensaran en Jesús que estaba vivo.

Los signos de su amor (las manos y el costado) evidencian que ese Jesús que están viendo es el mismo que murió en la cruz. Este es el objetivo de todos los relatos pascuales. Lo que ven no es un fantasma ni una elucubración o alucinación mental de cada uno. El miedo que les había atenazado al ser testigos de su muerte en la cruz, desaparece. Ahora descubren que la verdadera Vida nadie puedo quitársela a Jesús ni se la quitará a ellos. La permanencia de las señales indica la permanencia de su amor. La comunidad tiene la experiencia de que Jesús comunica su misma Vida.

“Sopló" es el verbo usado por los LXX en Gn 2,7 para indicar que Dios convirtió el hombre barro en ser viviente. Ahora Jesús les comunica el Espíritu que da la verdadera Vida. Queda completada así la creación del hombre nuevo. "Del Espíritu nace espíritu" había dicho Jesús (Jn 3,6). Ahora toman conciencia de lo que significa nacer de Dios. Se ha Hecho realidad en Jesús y en ellos, la capacidad para ser hijos de Dios. La condición de hombre-carne queda transformada en hombre-espíritu, objetivo de la creación.

Al dejar claro en el relato que Tomás no estaba con ellos, pretende aportar una lección magistral para todos los cristianos. Separado de la comunidad, es imposible llegar a la experiencia de un Jesús vivo. El separado está en peligro de perderse. Solo cuando se está unido a la comunidad se puede ver a Jesús, porque solo se manifiesta en el amor a los demás que sería imposible si no hay alguien a quien amar. Nadie puede pensar en un amor intimista que pudiera existir sin hacerse efectivo en los demás.

Cuando los otros le decían que habían visto al Señor, le están comunicando la experiencia de la presencia de Jesús, que les ha trasformado. Les sigue comunicando la Vida, de la que tantas veces les había hablado. Les ha comunicado el Espíritu y les ha colmado del amor que ahora brilla en la comunidad. Jesús no es un recuerdo del pasado, sino que está vivo y activo entre los suyos. De todos modos, queda demostrado en el relato, que los testimonios de otros no pueden suplir la experiencia personal.

¡Señor mío y Dios mío! La respuesta de Tomás es tan extrema como su incredulidad. Se negó a creer si no tocaba sus manos traspasadas. Ahora renuncia a la certeza física y va mucho más allá de lo que ve. Al llamarle Señor y Dios, reconoce la grandeza, y al decir mío, el amor de Jesús y lo acepta dándole su adhesión. Naturalmente Tomás no es una persona concreta sino un personaje que representa a cada uno de los miembros de la comunidad que dudan, pero terminan por superar esas dudas.

Dichosos los que crean sin haber visto. Todos tienen que creer sin haber visto. Lo que se puede ver no hace falta creerlo. Lo que Jesús le reprocha es la negativa a creer el testimonio de la comunidad. Tomás quería tener un contacto con Jesús como el que tenía antes de su muerte. Eso ya no es posible. Solo el marco de la comunidad hace posible la experiencia de Jesús vivo pero desde una perspectiva nueva.

 

EL TOMÁS INCRÉDULO Y LAS COMUNIDADES CREYENTES Domingo 2º de Pascua. Ciclo A.fe

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fe adulta

Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren: mientras en Marcos son tres las mujeres que van al sepulcro (María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé), y también tres en Lucas, pero distintas (María Magdalena, Juana y María la de Santiago), en Mateo son dos (las dos Marías) y en Juan una (María Magdalena, aunque luego habla en plural: «no sabemos dónde lo han puesto»). En Mc ven a un muchacho vestido de blanco sentado dentro del sepulcro; en Mt, a un ángel de aspecto deslumbrante junto a la tumba; en Lc, al cabo de un rato, se les aparecen dos hombres con vestidos refulgentes. En Mt, a diferencia de Mc y Lc, se les aparece también Jesús. Podríamos indicar otras muchas diferencias en los demás relatos. Como si los evangelistas quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico. Uno de los relatos más interesantes y diverso de los otros es el del próximo domingo.

Un relato con dos partes y un epílogo (Jn 20,19-31)

Lo que cuenta Juan se divide en dos partes, separadas por ocho días, y el final de su evangelio (al que más tarde se añadió otro final, el c.21).

Lo que ocurre al anochecer del primer día de la semana contiene un clímax y un anticlímax. El clímax lo representa la aparición de Jesús, que transforma el miedo de los discípulos en alegría, y el don del Espíritu Santo. El anticlímax, la reacción incrédula de Tomás, que no estaba presente en aquel momento y su exigencia de unas pruebas claras para creer en la resurrección de Jesús. No olvidemos que Tomás fue el que dijo, cuando Jesús decidió ir a curar a Lázaro: «Vamos también nosotros y muramos con él». Tomás quiere mucho a Jesús, pero la otra vida no entra en su perspectiva.

Al cabo de ocho días se presenta de nuevo Jesús y se dirige especialmente a Tomás, que nos representa a todos nosotros, para darle y darnos la gran lección: «Dichosos los que creen sin haber visto».

El epílogo insiste en la finalidad del evangelio. Todo lo escrito, que podría haber sido mucho más, pretende que creamos «que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y con esta fe tengáis vida gracias a él». Este mensaje de fe y vida resulta muy adecuado en estos momentos, cuando estamos tan rodeados de noticias de enfermedad y muerte.

Las peculiaridades de este relato de Juan

1. El miedo de los discípulos. Es el único caso en el que se destaca algo tan lógico, y se ofrece el detalle tan visivo de la puerta cerrada. Acaban de matar a Jesús, lo han condenado por blasfemo y por rebelde contra Roma. Sus partidarios corren el peligro de terminar igual. Además, casi todos son galileos, mal vistos en Jerusalén. No será fácil encontrar alguien que los defienda si salen a la calle.

2. El saludo de Jesús: «paz a vosotros». Tras la referencia inicial al miedo a los judíos, el saludo más lógico, con honda raigambre bíblica, sería: «no temáis». Sin embargo, tres veces repite Jesús «paz a vosotros». Aunque parezca extraño, este saludo sólo se encuentra también en la aparición a los discípulos en Lucas (24,36). Lo más frecuente es que Jesús no salude: ni a los once cuando se les aparece en Galilea (Mc y Mt), ni a los dos que marchan a Emaús (Lc 24), ni a los siete a los que se aparece en el lago (Jn 21). Y a las mujeres las saluda en Mt con una fórmula distinta: «alegraos». ¿Por qué repite tres veces «paz a vosotros» en este pasaje? Vienen a la mente las palabras pronunciadas por Jesús en la última cena: «La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os acobardéis» (Jn 14,27). En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.

3. Las manos, el costado, las pruebas y la fe. Los relatos de apariciones pretenden demostrar la realidad física de Jesús resucitado, y para ello usan recursos muy distintos. Las mujeres le abrazan los pies (Mt), María Magdalena intenta abrazarlo (Jn); los de Emaús caminan, charlan con él y lo ven partir el pan; según Lucas, cuando se aparece a los discípulos les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de palparlo para dejar claro que no es un fantasma, y come delante de ellos un trozo de pescado. En la misma línea, aquí muestra las manos y el costado, y a Tomás le dice que meta en ellos el dedo y la mano. Es el argumento supremo para demostrar la realidad física de la resurrección. Curiosamente se encuentra en el evangelio de Jn, que es el mayor enemigo de las pruebas física y de los milagros para fundamentar la fe. Como si Juan se hubiera puesto al nivel de los evangelios sinópticos para terminar diciendo: «Dichosos los que crean sin haber visto».

4. La alegría de los discípulos. Es interesante el contraste con lo que cuenta Lucas: en este evangelio, cuando Jesús se aparece, los discípulos «se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma»; más tarde, la alegría va acompañada de asombro. Son reacciones muy lógicas. En cambio, Juan sólo habla de alegría. Así se cumple la promesa de Jesús durante la última cena: «Vosotros ahora estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os la quitará» (Jn 16,22). Todos los otros sentimientos no cuentan.

5. La misión. Con diferentes fórmulas, todos los evangelios hablan de la misión que Jesús resucitado encomienda a los discípulos. En este caso tiene una connotación especial: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». No se trata simplemente de continuar la tarea. Lo que continúa es una cadena que se remonta hasta el Padre.

6. El don de Espíritu Santo y el perdón. Mc y Mt no dicen nada de este don y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que, en Juan, el perdonar o retener los pecados significa admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.

Dos lecturas contra Tomás

Las dos primeras lecturas le quitan la razón a Tomás cuando piensa que para creer hace falta una demostración personal y científica. Las dos hablan de personas que creen en Jesús resucitado y viven de acuerdo con esta fe sin pruebas de ningún tipo.

La primera, de Hechos, ofrece un cuadro espléndido, quizá demasiado idílico, de la primitiva comunidad cristiana. Que en medio de numerosas críticas y persecuciones un grupo de gente sencilla desee formarse en la enseñanza de los apóstoles, comparta la oración, los sentimientos y los bienes, es algo que supera todo expectativa. Estas personas creen, sin necesidad de prueba alguna, que Jesús ha resucitado y las salva.

La segunda, tomada de la Primera carta de Pedro, alaba a Dios por su gran misericordia y destaca la fe de la comunidad en medio de diversas pruebas. Para terminar con unas palabras que también serían una gran lección para Tomás y lo son para nosotros: «No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y trasfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación».

 


¿RESURRECCIÓN DE LA CARNE? Domingo II de Pascua 16 de abril Jn 20, 19-31

col lozano art

 

fe adulta

Hace unas semanas, en una web de contenido religioso, Leonardo Boff, citando a Rumi, escribía: “Cuando muera, mi espíritu volverá al Espíritu del que nunca se separó. Cuando desaparezca mi forma, volverá al Sin-forma, del que ninguna frontera le separaba”.

Pues bien, comentando esas palabras, un participante escribió lo siguiente: “Nuestro Señor resucitado asó pescado en la orillica con su gente y me temo que las formas disueltas en formas espectrales no son del mismo placer. Francamente igual que adoro a Dios muerto en la cruz y arrojado a la fosa de los ajusticiados malditos, adoro a Jesús disfrutando del pescaico asado (sic) al amanecer”.

(El “pescaico asado” hace referencia a un “relato de apariciones” que se narra en el apéndice añadido al evangelio de Juan (21,1-14). Pero tal relato no quiere reflejar un hecho acaecido. Se trata, más bien, de una catequesis, construida con elementos simbólicos, sobre la presencia del Resucitado y la Eucaristía, simbolizada justamente en la imagen de los peces asados que, en la narración, Jesús les ofrece).

Está bien que alguien tenga unos gustos u otros. La cuestión, sin embargo, es que no se trata de gustos, sino de atender a la verdad. Si por gustos fuera, también los niños desearían que sus papás fueran omnipotentes y que los Reyes Magos existieran realmente. Y mucho me temo que, hablando del “más allá de la muerte”, los humanos tenemos tendencia a crear paraísos a nuestra medida, acordes con nuestros gustos personales, buscando perpetuar el yo, que se vería finalmente liberado de todo sufrimiento. Ahora bien, ¿no suena esto más a ilusión que a realidad? ¿Qué ocurre cuando se ha comprendido que el yo, como tal, no existe? Si no somos el yo que pensamos ser, si ninguna forma -el yo es una forma más- es permanente, si todo lo que nace muere…, ¿tiene sentido pensar que los yoes pervivirán más allá de la muerte? ¿No es más sensato y más verdadero tener el coraje de deshacernos de ilusiones infantiles?

Sabemos que el pensamiento griego, al partir de una antropología dualista, podía defender la inmortalidad del alma, aun aceptando la descomposición del cuerpo. Por el contrario, el mundo judío, sobre la base de una concepción antropológica monista -que no concebía un “alma” separada del cuerpo- únicamente podía hablar de una vida más allá de la muerte garantizado que habría de resucitar la persona “entera”, dado que toda ella sería indivisible. Y esto fue lo que llevó a hablar de la “resurrección de la carne”. Pero, ¿realmente alguien puede creer que los cuerpos -por más que se hable de “cuerpos gloriosos”- vayan a resucitar?

Carecemos de respuesta a lo que haya de ocurrir tras la muerte. Sin embargo, no parece difícil saber lo que no puede ser. En cualquier caso, la postura de cada cual ante ese tema, dependerá de la respuesta que de a la gran cuestión: ¿qué soy yo? Si, en la línea de Rumi, lo que somos es Consciencia, Lo sin-forma, Espíritu…, esto es lo único que permanecerá, porque solo eso es eterno, no la forma del yo.

Se comprende que el yo ame perpetuarse por toda la eternidad, incluso que disfrute del “pescaico asado al amanecer”. Pero quizás necesitemos abandonar sueños y ahondar en la verdad de lo que somos. Hemos “olvidado” que el yo es solo un hijo del pensamiento -una construcción de la mente- y nos hemos apegado tanto a él que hemos terminado pensando que era nuestra identidad. ¿Dónde está ese yo al que tanto queremos, cuando la mente se silencia y no hay pensamientos? Cuando nos atrevemos a mirar con rigor, descubrimos que la “forma espectral” no es la consciencia sin forma, sino el yo, realidad virtual (pensada), que añora el disfrute de aquello a lo que nuestra mente se había apegado.

¿Puedo ver más allá de la ilusión del yo?


LA MISIÓN Jn 20, 19-31 «Recibid el Espíritu Santo»

fe adulta

comentario editorial fa7

col munarriz

 


Tras la lectura de los relatos de la Pasión —eminentemente históricos— corremos el riesgo de pensar que los textos de la Resurrección siguen narrando los sucesos de aquel fin de semana; y no es así. El único suceso que podemos considerar histórico es la increíble transformación de los discípulos de Jesús, que pasaron de estar con las puertas atrancadas por miedo a los judíos, a jugarse la vida, y en muchos casos perderla, para dar testimonio de su fe en el crucificado.

¿Pero cuál fue la experiencia que provocó ese cambio? … El evangelio la expresa como apariciones del resucitado, pero sospechamos que el peso de lo simbólico y teológico apenas nos deja adivinar los sucesos que tuvieron lugar. Nos gusta suponer (quizá basados en los relatos evangélicos) que los discípulos creyeron de repente fulminados por una gracia espectacular. Así lo narra Juan en el texto de hoy: «Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”», pero en Jesús hemos visto que éste no es el estilo de Abbá; que su forma de actuar en el mundo se parece más a la de la semilla o la levadura.

La muerte de Jesús supuso un golpe mortal para la fe de sus seguidores, y todo indica que tras ella estaban en proceso de disolución. Lucas expresa esta idea con el pasaje de los dos discípulos de Emaús volviendo desmoralizados a su casa. Juan nos dice que Pedro, los Zebedeos y otros discípulos, había vuelto a Galilea y retomado sus ocupaciones…

Probablemente fue en este contexto de dispersión y desánimo cuando actuó en ellos el Espíritu; sin alardes, desde dentro, despacio, en silencio; como la semilla, como la levadura… Porque sólo la fuerza del Espíritu hace comprensible que recuperasen la fe contra toda evidencia; o, mejor dicho, que naciesen a otra fe, porque la anterior estaba muerta, enterrada con el cuerpo de Jesús en el sepulcro y sellada con la losa.

Y desde esta perspectiva, podemos aventurar que los relatos de la Resurrección son en realidad una profesión de fe en “Jesús Señor”, y solo seremos fieles a los textos leyéndolos así. Pero la curiosidad nos tienta y nos plantea preguntas: ¿Cuánto tiempo pasó hasta que los testigos manifestasen su fe? ¿semanas? ¿meses?... No lo sabemos ni nos importa, porque lo importante es que aquellos hombres, acobardados tras su muerte, se presentaron de nuevo en el Templo afirmando, y empeñando su vida en ello, que lo habían visto vivo después de su muerte y que habían recibido de él una misión: «Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros».

Excelente definición de la Iglesia: enviados por Jesús, con su misma misión. Ruiz de Galarreta invitaba a leer también en términos de misión esta otra frase del texto de hoy: «Lo que atéis quedará atado, y lo que desatéis quedará desatado» ... Es decir, “Si perdonáis y compadecéis habrá perdón y compasión en el mundo, y si no lo hacéis no los habrá” … mucho más profunda que la meramente jurídica o fundacional

Es el compromiso con la misión lo que da sentido a la vida del cristiano, y lo hace hasta el punto que lo demás solo es importante en la medida que ayude a la misión.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

jueves, 6 de abril de 2023

PalestinaMédicos Sin Fronteras: Un millar de palestinos en un campo de tiro... Médicos Sin Fronteras: Un millar de palestinos en un campo de tiro israelí

 palestinalibre

Félix Flores

MSF denuncia las condiciones de vida en las colinas al sur de Hebrón, sin acceso a la salud y entre casas demolidas. “Los soldados entran en las aldeas por la noche, imponen toques de queda y otras restricciones de movimiento, dirigen entrenamientos militares cerca de las zonas habitadas, confiscan vehículos y derriban casas. Les hacen la vida imposible».Ver noticia

La Semana Santa podría tener sentido para no cristianos

 


La Semana Santa podría adquirir sentido incluso para quienes no comparten el mito cristiano si fuese la reivindicación, no de la muerte brutal de un solo hombre hace dos mil años, sino de la vulnerada dignidad de todos aquellos que entonces fueron víctimas de la sevicia del poder, incluyendo a los crucificados con Jesús a las afueras de Jerusalén. Quizás esa conmemoración incrementase aún su trascendencia si lo fuese de quienes hasta hoy siguen viendo destrozadas sus vidas por Estados criminales. Después de todo, las infamias y tropelías perpetradas por los déspotas que sueñan con viejos o nuevos imperios acaban siempre por volver –ahí se hallan ahora, nítidamente perceptibles, en la barbarie padecida al este de Europa– de forma tan insistente como retornan, año tras año, vigilias y procesiones.

(Fernando Bermejo Rubio, “La identidad de los crucificados en el Gólgota: lo que una investigación histórica descubre sobre la muerte de Jesús”, en EL PAÍS, 3 abril 2023. Es profesor del departamento de Historia Antigua de la UNED y autor de ‘La invención de Jesús de Nazaret’)

SIN MIEDO A LA VERDAD


col mar delgado

 

El Vaticano reniega de la "Doctrina del Descubrimiento" contra los indígenas.

El 30 de marzo, el Dicasterio para la Cultura y la Educación (cuyo Prefecto es el cardenal dominico portugués José Tolentino de Mendonça) y el Dicasterio para el Servicio en Favor del Desarrollo Integral del Hombre (cuyo Prefecto es el cardenal jesuita canadiense Michael Czerny) adoptaron una declaración conjunta sobre la "Doctrina del Descubrimiento", que pasó a formar parte del derecho internacional (europeo) con el fin de someter territorios que antes no estaban bajo dominio de príncipes "cristianos". 

La doctrina del descubrimiento y las expectativas actuales

Hacia 1800, esta doctrina se sancionó legalmente en Estados Unidos para justificar su propia expansión hacia el Salvaje Oeste. Más tarde, las potencias imperialistas de Europa pensaron lo mismo cuando se repartieron África en la Conferencia sobre el Congo en Berlín 1885. Immanuel Kant había criticado claramente esta doctrina cuando deploró "el comportamiento inhóspito de los Estados civilizados, principalmente comerciantes, de nuestra parte del mundo ... al visitar países y pueblos extranjeros (lo que consideran lo mismo que conquistarlos)": "América, los países negros, las Islas de las Especias, el Cabo, etc., eran, cuando fueron descubiertos, para ellos países que no pertenecían a nadie; pues a los habitantes no los tenían en cuenta para nada".

Así pues, los pueblos recién descubiertos fueron considerados por los europeos como "res nullius" y se arrogaron el derecho de apoderarse y explotar sus recursos naturales y humanos. Ya en el siglo XVI, esta doctrina fue criticada por los teólogos católicos de la Escuela de Salamanca. Las tierras de los paganos del Nuevo Mundo, decía el dominico Francisco de Vitoria en la tradición de Tomás de Aquino, no carecían de señorío, porque la legitimación del dominio político se fundaba en el derecho natural, no en la fe. 

Los documentos papales en los que el papado concedía amplios derechos de descubrimiento desempeñaron un papel esencial para los católicos, al menos para los imperios ibéricos de España y Portugal. Se trata sobre todo de las bulas de Nicolás V "Dum Diversas" (1452) y "Romanus Pontifex" (1455), en las que el Papa concedió a los portugueses derechos de dominio sobre los territorios descubiertos o por descubrir, así como el derecho a someter y esclavizar a los infieles y sarracenos en las islas, ciudades y países de África y Asia ya conquistados y por conquistar. Y se trata también de la bula "Inter caetera" (1493) de Alejandro VI, en la que concede a los españoles derechos de soberanía al oeste de las Azores, así como el derecho a "someter" a aquellos pueblos. Sin embargo, a diferencia de las bulas de Nicolás V, la bula alejandrina no autoriza explícitamente a esclavizar a los paganos (los indios), sino que contiene un insistente mandato de evangelización; excluye así, de forma implícita, la esclavización, ya que los bautizados no podían ser esclavizados. Por eso, Colón no se apresuró mucho en fomentar la evangelización de los Indios.

Para los protestantes, en cambio, la conciencia de la elección divina era suficiente, porque pensaban que habían recibido el derecho a las nuevas tierras directamente de Dios, como el pueblo de Israel la Tierra Prometida. Después de que los puritanos desembarcaran en la costa este de Norteamérica, formularon la siguiente autocomprensión en 1640: "La tierra pertenece a Dios Nuestro Señor. El Señor puede dar la tierra a su pueblo elegido. Nosotros somos el pueblo elegido".

No sólo los pueblos indígenas esperan que las iglesias a) reconozcan la Doctrina del Descubrimiento, y b) que el Papa pida perdón por ella o se distancie explícitamente de las mencionadas bulas de sus predecesores o las declare "nulas y sin valor". Mientras que el papado desde los años 1980 ha pedido perdón en repetidas ocasiones por la opresión/esclavitud de negros e indios y el desprecio de sus culturas por parte de los "cristianos", no ha deplorado su propia implicación "institucional", ni siquiera en la presente declaración. 

Paso correcto, pero no exento de sofismas 

Al igual que las numerosas declaraciones eclesiásticas sobre el descubrimiento de América con ocasión del Quinto Centenario 1992, la actual tampoco se corresponde con el estado de la investigación histórica, aunque hay que saludarla como otro paso tentativo en la dirección correcta; más bien se caracteriza por el habitual "sofisma" curial. Este consiste en culpar de los desarrollos erróneos de la Historia de la Iglesia no tanto a los papas y al clero, que aparentemente han dominado el arte de "no ser los responsables", sino a los laicos malvados y a "los poderes políticos que querían exterminar las culturas indígenas". La declaración se refiere cuidadosamente sólo a las "culturas" indígenas y no a sus "religiones". Pues no se puede culpar a "los poderes políticos" de la conversión más o menos forzosa bajo la dominación colonial ni de la destrucción de sus templos, imágenes y escritos en nombre de la exclusividad eclesiástica de la salvación.

También suena a sofisma cuando la Declaración subraya solemnemente que "la doctrina del descubrimiento no forma parte del Magisterio católico"; porque estas cosas políticas nunca se consideraron parte de la "fe" católica. Entonces, ¿el Magisterio católico incluye sólo lo que concierne a la fe y la moral? ¿Qué ocurre con el "Dictatus papae" de 1075? En él se afirma que sólo el Papa es "obispo universal" de todo el orbe y, por tanto, tiene jurisdicción universal; que sólo él puede deponer y restituir obispos; que sólo él puede deponer emperadores y que todos los príncipes deben rendirle pleitesía. El papalismo, una patología si no "la herejía" del papado en el segundo milenio, tiene en esto uno de sus fundamentos. No está lejos de ahí la pretensión de jurisdicción universal, también en asuntos temporales, sobre todo el orbe, como tampoco lo está el hablar de la "necesidad salvífica" de la sumisión completa a la autoridad del Papa, como defendió Bonifacio VIII en la bula "Unam sanctam" (1302) y formuló el Concilio de Florencia como "doctrina de fe" en 1402 con el dogma de "ninguna salvación fuera de la Iglesia (del Papa)".

El "Dictatus papae" y textos similares sobre la "teoría de las dos espadas" allanaron el camino a la política feudal curial del papado medieval, según la cual el Papa podía conferir la realeza (por ejemplo, a los normandos en Sicilia en 1130) o repartir territorios. Las bulas del siglo XV se inscriben en esta tradición. Fueron promulgadas por un papado que se dejó adular por los teólogos papalistas de la Alta y Baja Edad Media, al tiempo que se resistía a aprender de la buena teología escolástica. En la tradición de la buena teología, Francisco de Vitoria pudo decir claramente en 1539 que el Papa no tenía poder civil o temporal sobre todo el orbe ("Papa non est dominus civilis aut temporalis totius orbis"). Por tanto, no podía disponer de los territorios de los paganos, sino sólo encomendar a ciertos cristianos su evangelización. Bartolomé de Las Casas, este cristiano tan noble, que también criticó la doctrina del descubrimiento en el siglo XVI, intentó interpretar la bula de Alejandro VI en términos de lo que se "podía y quería decir" partiendo del Evangelio y no en términos de lo que se decía literalmente, es decir, contra la concesión a los españoles del derecho a "someter" las nuevas tierras y gentes.

Dado que ningún Papa puede decretar nada en contra del Evangelio, y dado que en ninguna parte aparece que el Señor permitiera u ordenara a sus discípulos subyugar al mundo entero con las armas, sino sólo caminar como ovejas entre lobos y promover pacíficamente la Buena Nueva, la palabra "someter" en la bula sólo puede significar según Las Casas la evangelización pacífica. A pesar de este malabarismo hermenéutico en nombre del sentido común mirando al Evangelio como constitución fundamental de la Iglesia, los reyes españoles y sus juristas se refirieron para la legitimidad de su dominio a la Bula de Concesión de 1493 hasta la independencia de los países de América Latina; y el papado nunca lo contradijo. El Papa Francisco tendría menos problemas hoy con el claro distanciamiento de la doctrina del descubrimiento de sus predecesores si el papado hubiera escuchado a los buenos teólogos, no a los aduladores, y si hubiera habido más sentido común en la historia del papado a la manera de Las Casas ¡y menos voluntad de poder!

Por último, la referencia a la bula de Pablo III "Sublimis Deus" (1537), que se cita como prueba de la defensa por parte del papado de los derechos y la dignidad humana de los paganos, también suena a sofisma. Esta bula surgió bajo la presión de los misioneros indiófilos, que se arriesgaron a tener problemas con la Corona por ello, no como motu proprio por parte del papado. Es cierto que Pablo III, ahora sí siguiendo la enseñanza de los buenos teólogos y misioneros, escribe en ella: "Determinamos y declaramos [...] que dichos indios y todas las gentes que en el futuro los cristianos llegasen a conocer, aunque vivan fuera de la fe cristiana, pueden usar, poseer y gozar libre y lícitamente de su libertad y del dominio de sus propiedades, que no deben ser reducidos a servidumbre y que todo lo que se hubiese hecho de otro modo es nulo y sin valor".

Pero también aquí hay que distinguir entre lo que se dice y lo que se quiere decir. Mientras que los autores de la declaración interpretan la bula a favor del papado como una especie de defensa universal de los derechos humanos por parte de Roma y probablemente piensan que lo de "nulo y sin valor" incluye también la autorización papal a los portugueses en el siglo XV para esclavizar a los negros, la investigación histórica es más bien de la opinión de que esas palabras sólo prohibían la esclavitud de los indios y paganos similares, pero no la de los negros. De facto, ésta continuó y creció considerablemente durante los siglos XVII y XVIII... y una condena explícita de la trata negrera "a su debido tiempo" no se encuentra en la historia del papado (al igual que la condena clara del Holocausto judío tampoco llegó cuando era realmente necesaria).

Sin miedo a la verdad

La reciente declaración romana es el comienzo de un replanteamiento, pero no va lo suficientemente lejos. En las sucesivas aperturas de partes de los archivos vaticanos desde León XIII, los papas acostumbran a decir que la Iglesia no tiene miedo a la verdad. Es un buen lema, porque sólo la verdad "nos hará libres" (Jn 8,32): libres de la carga del papalismo del segundo milenio, que el papado no debe arrastrar al tercer milenio. Todo esto nos enseña también, entre otras cosas, lo siguiente: si el papado de la Edad Media y del Renacimiento hubiera escuchado a los buenos teólogos en lugar de a los aduladores, no habría llegado tan lejos con la "falsa doctrina" de la pretensión universal de poder y la concesión del dominio sobre los territorios de los paganos. Y si hoy escuchara más a la investigación histórica y teológica seria en lugar de a los que en Roma dicen lo que allí se quiere oír, estaría mejor asesorado a la hora de enfrentarse a la doctrina del descubrimiento y otros temas.

 

Mariano Delgado*

Religión Digital

*Mariano Delgado es catedrático de Historia Medieval y Moderna de la Iglesia en la Universidad de Friburgo desde 1997, así como decano de la clase VII (Religiones del Mundo) en la Academia Europea de Ciencias y Artes (Salzburgo).