FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

ESTE ES EL BLOG OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO SAN PAULINO DE NOLA
ESTE BLOG TE INVITA A LEER TEMAS DE ACTUALIDAD Y DE DIFERENTES PUNTOS DE VISTA Y OPINIONES.




lunes, 9 de mayo de 2016

Elecciones y gatopardismo en el Estado español Germán Gorráiz López, analista



El puzzle inconexo del caos ordenado puede esbozarse mediante la llamada “Teoría de las Catástrofes” del científico francés René Thom y se basaría en dos conceptos antinómicos para intentar “comprender el orden jerárquico de la complejidad biológica”.Así, el concepto de estabilidad o equilibrio se refiere a un sistema que permanece estable aunque registre un cambio, principio que trasladado a la esfera política se traduciría en la Reforma del Régimen del 78 sin alterar sus principios esenciales (Monárquico, jacobino y neoliberal), tesis que defenderían los partidos del establishment dominante del Estado español (PP, PSOE y la nueva estrella del firmamento reformista, Ciudadanos.

En la orilla antónima, encontramos el concepto de cambio cualitativo o discontinuidad que se produce cuando simples cambios cuantitativos pasan a ser otra cosa diferente y el sistema se transforma internamente de modo radical en una nueva realidad que modifica su situación de equilibro interno y se crea una situación nueva (Nuevo Régimen), tesis defendida tan sólo por Podemos y los grupos independentistas periféricos (EH Bildu y CUP) y que es asociada por el aparato mediático del sistema dominante (mass media) con el advenimiento del caos. Por caos (Khaos o “vacío que ocupa un hueco en la nada”) entendemos algo impredecible y que se escapa a la miope visión que únicamente pueden esbozar nuestros ojos ante hechos que se escapan de los parámetros conocidos pues nuestra mente es capaz de secuenciar únicamente fragmentos de la secuencia total del inmenso genoma del caos.
El biólogo Lyan Watson en su obra “Lifetide” publicada en 1.979 afirma que “ si un número suficientemente grande de personas (Masa Crítica) adquieren un nuevo conocimiento o forma de ver las cosas, esto se propagará por toda la humanidad”, para lo que es necesario que un determinado número de personas (Masa Crítica), alcance una conciencia más elevada , momento en que el individuo es capaz ya de realizar un salto evolutivo y lograr un cambio de mentalidad , tesis conocida como “Teoría del Centésimo Mono”. Sin embargo, el actual sistema dominante o establishment de las sociedades occidentales utilizaría la dictadura invisible del consumismo compulsivo de bienes materiales para anular los ideales del individuo primigenio y transformarlo en un ser acrítico, miedoso y conformista que pasará a engrosar ineludiblemente las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable mediante las técnicas de manipulación de masas. Así, el sociólogo y filósofo alemán Herbert Marcuse, en su libro “El hombre Unidimensional (1.964), explica que “la función básica de los medios es desarrollar pseudonecesidades de bienes y servicios fabricados por las corporaciones gigantes, atando a los individuos al carro del consumo y la pasividad política”.

Así, la estrategia electoral del PP se basará en el mantra de la recuperación económica edulcorada con sibilinas promesas de aumento del techo de gasto autonómico, subidas salariales a funcionarios y jubilados así como reducciones fiscales al estar la sociedad española integrada por individuos unidimensionales que no dudarán en primar el “panem et circenses” frente al vértigo que suscita la utopía de un Nuevo Régimen propugnada por Podemos (“El cielo no se toma por consenso sino por asalto”). En consecuencia, el Cielo deberá esperar pues tras las próximas elecciones de Junio, la formación de Pablo Iglesias (considerado por EEUU como de “filiación chavista”) se verá relegado a la oposición tras la previsible formación de un Gobierno Reformista PP-Ciudadanos que contará con la abstención del PSOE para escenificar la metamorfosis del Régimen del 78 y mediante una reforma edulcorada de la actual Constitución vigente, implementar un Estado monárquico, jacobino y eurocéntrico, siguiendo la máxima del gatopardismo (“Cambiar todo para que nada cambie”).
Germán Gorraiz López – Analista

El nuevo paradigma cristiano. Los pilares del nuevo paradigma Jesús Gil García- Comunidad de Balsas. Zaragoza

Estamos asistiendo a una época clave en nuestro mundo. Los descubrimientos científicos de la física cuántica, de la astronomía y de la arqueología en el siglo XX, y sobre todo en el siglo XXI, ponen en tela de juicio muchas de nuestras certezas consideradas como verdades absolutas. Estos descubrimientos están socavando los cimientos sobre los que se asentaban, y se asientan, los fundamentos de las religiones, y en concreto de la religión cristiana. Hoy ya no es razonable sostener muchas de las verdades de la institución religiosa. En el horizonte asoma un nuevo paradigma cristiano, acorde con los datos proporcionados por las ciencias. Se nos presenta un nuevo desafío de la ciencia a la fe, que se creía incombustible.


Por otra parte, la vuelta a los orígenes, propugnada por el concilio Vaticano II, e incentivada por el papa Francisco (“Cada vez que intentemos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual” EG 11), nos conduce al cristianismo originario, al movimiento de seguidores iniciado por Jesús de Nazaret. Es el paradigma fundacional del cristianismo. Ello conlleva prescindir de las adherencias impuestas a través de los siglos, ajenas al cristianismo originario.
Las novedades de la ciencia y el cristianismo originario constituyen los dos pilares en que se fundamenta al nuevo paradigma cristiano, más allá de la religión cristiana. ¿Cuáles son los interrogantes que estos pilares plantean a la fe? Este es el desafío que se nos plantea a los cristianos de hoy, que buscan con sinceridad la coherencia racional de su fe.


DESCRIPCIÓN DEL NUEVO PARADIGMA
El nuevo paradigma cristiano es un paradigma liberador. Es la aportación de la Teología de la Liberación. El cristianismo tiene que ver con la situación esclavizante de la sociedad en gran parte de la humanidad, sobre todo en el Tercer Mundo, pero también en el mundo más desarrollado. El nuevo paradigma opta por los pobres y se compromete en su liberación. La salvación que promete se llama liberación de toda opresión y esclavitud. Y ello a realizar no en el más allá, en el Reino de los cielos, sino a iniciarlo en este nuestro mundo, mediante el compromiso liberador de los seguidores de Jesús de Nazaret, contra toda forma de esclavitud y explotación.
Es también un paradigma moderno, no teista. La modernidad no acepta la imagen de un Dios en las alturas, que dirige desde los cielos el devenir del cosmos y de toda la humanidad. La ciencia rechaza la visión de los dos pisos, el de arriba lugar de estancia del Dios Omnipotente, y el de abajo donde vivimos los humanos y los demás seres del universo. Dios existe en la profundidad del ser, es la fuente de la vida y del amor.


Existe un solo piso, el cosmos, que avanza dirigido por la energía evolutiva cósmica hacia la plenitud de todos los seres y de todo el universo,
El nuevo paradigma es ecológico. A consecuencia de una lectura literal del Génesis el cristianismo ha defendido un exacerbado antropocentrismo, en el que el hombre ha sido el centro del universo. Todo ha girado en torno a su figura, llamado a dominar al resto de los seres y a toda la naturaleza. Esta visión cosmológica ya ha caído ante los nuevos conocimientos científicos. El universo ha sustituido al ser humano en su centralidad. El nuevo paradigma tiene como centro al cosmos, el universo en su totalidad, y no el hombre. La ecología nos enseña que todos los seres del universo están en relación y dependencia los unos de los otros. Todos los seres están conectados.


Existe una estrecha relación entre los organismos vivos y el ambiente en el que se desarrollan. El ser humano ha recibido la misión del cuidado del resto de los seres vivos y de la naturaleza en general. Su vocación es la cultura del cuidado.
Es además un paradigma pluralista. El cristianismo como religión no es la única existente en nuestro planeta. Existen muchas religiones en cuanto intentos humanos de acercarse a Dios. No es tampoco la única religión verdadera, fuera de la cual no exista la salvación. Es una más dentro del pluralismo religioso. Todas son verdaderas religiones. El exclusivismo religioso del cristianismo está fuera de lugar. El Dios con el que quieren relacionarse las religiones es el mismo en todas ellas, el fundamento del Ser, la fuente de la Vida y el origen del Amor.

El nuevo paradigma cristiano es un paradigma feminista, en el que varón y mujer tienen la misma categoría e importancia. Estamos acostumbrados a que el varón sea superior, por aquello de que la mujer ha sido creada de una costilla del varón, según el relato del Génesis. Pero este relato es mítico, no histórico, como la mayoría de los relatos bíblicos, tanto del Primer Testamento, como del Segundo. Las religiones son mayormente patriarcales, porque han nacido en culturas que han concedido prioridad al varón, por encima de la mujer, Por esto los intermediarios entre Dios y el ser humano son varones, también en el cristianismo. En la cultura moderna hay una tendencia clara a que la mujer tenga las mismas oportunidades que el varón y ocupe puestos de importancia igual que el varón, porque no hay superioridad del uno sobre la otra.
Es el nuevo paradigma pos-religional, más allá de la religión. La religión es producto del neolítico agrícola, pero no vivimos en una sociedad agrícola, ni siquiera industrial o pos-industrial. Hoy se las denomina como sociedades de conocimiento, de constantes cambios (M. Corbí). La religión ya no tiene cabida en estas sociedades. La espiritualidad a la que se aspira es laica, no religional. Está fundada en una ética humanista. Un ética que desarrolla los derechos y los valores humanos, y los que tiene la Naturaleza. El nuevo paradigma no se fundamenta en los mandamientos divinos, sino en la dignidad de la persona humana, en la construcción de una vida digna y justa para todas y todos. El nuevo paradigma no está dependiendo de una legislación que procede directamente del Dios en las alturas y legislador.
Es, finamente, un paradigma que tiene en cuenta la nueva arqueología. Nos referimos al nuevo paradigma surgido de los recientes descubrimientos arqueológicos sobre la antigüedad bíblica. Los últimos hallazgos han puesto en tela de juicio la historicidad de la mayoría de los relatos bíblicos. La Biblia no es un libro histórico, sino una gran metáfora. Los relatos mayoritariamente no son históricos, sino míticos, creados por autores humanos para enaltecer al pueblo judío y darle ánimos en tiempos de desaliento y zozobra. El quehacer al que nos lanza el presente paradigma es a la búsqueda del relato que subyace en el relato mítico. La nueva visión de la arqueología nos invita al descubrimiento de ese nuevo relato que se encuentra debajo del relato bíblico literal.

EL DESAFÍO DEL NUEVO PARADIGMA CRISTIANO
La descripción del nuevo paradigma cristiano implica un desafío a la fe cristiana en su formulación tradicional. La teología cristiana está fundamentada básicamente en los dogmas, en cuanto verdades absolutas, ausentes de un posible error. Pero estas verdades ya no se sostienen hoy en la modernidad, porque contradicen a la razón científica y exigen el milagro, como explicación de lo irracional. La ciencia nuevamente pone en aprietos a la fe. Lo evidente no puede estar supeditado a lo creíble. Todo ello supone un replanteamiento de la fe teniendo en cuenta los hallazgos científicos y la vuelta al cristianismo original, ausente de dogmas y verdades absolutas. El movimiento inicial del cristianismo está centrado fundamentalmente en el seguimiento de la persona y el mensaje de Jesús de Nazaret, y basado en el único mandamiento, el amor desinteresado y gratuito incluso a los enemigos. El mensaje del Reino de Dios que Jesús proclama es el anuncio de la liberación de toda esclavitud a los pobres, marginados y refugiados de nuestra sociedad. Un mensaje laico, la consecución de una sociedad digna y justa para todas y todos, en la que son iguales varón y mujer, fuera de todo dominio y autoridad, y en la que tenga vigencia la cultura del cuidado sobre todos los seres de la Naturaleza.

domingo, 8 de mayo de 2016

QUE FELIZ SOY LOLA MONTES


El Papa Francisco lamenta: “¿Qué te ha pasado, Europa?” Claudi Pérez



Papa Francisco7Francisco recibe el premio Carlomagno de manos de los jefes de las instituciones de la UE
“Qué te ha pasado, Europa?”. El Papa recibió este viernes en El Vaticano el premio Carlomagno en presencia de los grandes líderes europeos: los tres presidentes de las instituciones —Martin Schulz, Donald Tusk y Jean-Claude Juncker— y la mujer más poderosa del continente, la canciller Angela Merkel. Con esa pregunta retórica, que resume a la perfección un discurso incisivo e inspirador, Bergoglio reclamó a Europa cambios profundos en su política económica y en el desafío migratorio. “La identidad de Europa es multicultural”, dijo. ··· Ver noticia 

Gestos “sorprendentes” que esperamos de la Iglesia (7) Rufo González


¿Cuándo se devolverá al pueblo cristiano la voz y el voto?
Mantener el clericalismo es estar “luchando contra Dios” (He 5,39)
Hemos llegado a identificar al clero con la Iglesia. Como dicha identificación es evangélicamente falsa, seguiremos “luchando contra Dios” (He 5,39) si no se corrige. Más aún: la historia reciente de perversión de gran parte del clero (en temas de sexualidad, de poder, de apego a las clases ricas, de oposición al Papa Francisco, de no aceptar comunidades adultas…) está urgiendo la reforma que ponga coto a la deriva clerical. Poca gente duda hoy de que la crisis de la Iglesia es hija de la crisis del clero. Sólo volviendo a la comunidad adulta, se reformará la Iglesia.



Hay que acudir al “Santo Pueblo fiel de Dios”
“El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo, por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unción…
Una de las deformaciones más fuertes… es el clericalismo:
Esta actitud no sólo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón…
El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado; tratándolo como “mandaderos”, coarta las distintas iniciativas, esfuerzos y hasta me animo a decir, osadías… necesarios para poder llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los ámbitos…


El clericalismo lejos de impulsar los distintos aportes, propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar…
El clericalismo se olvida que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios (cfr. LG 9-14) Y no solo a unos pocos elegidos e iluminados”.
(Carta del Papa Francisco a Su Eminencia Cardenal Marc Armand Ouellet, P.S.S. Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina.Vaticano, 19 de marzo de 2016)


Es posible una Iglesia sin clericalismo
Sin encauzar bien el tema de los servicios eclesiales, resulta imposible evangelizar nuestro mundo. La Iglesia debe ser comunidad. Los servicios -ministerios- son secundarios, aunque precisos. El Espíritu suscita carismas para el servicio comunitario. El Espíritu llama a elegir a las personas para los diversos ministerios. Toda la comunidad (no sólo quien preside) puede participar en la elección:
“El camino de la Iglesia es este: reunirse, unirse, escucharse, discutir, rezar y decidir. Esta es la llamada sinodalidad de la Iglesia, en la que se expresa la comunión de la Iglesia. ¿Y quién hace la comunión? ¡Es el Espíritu!… ¿Qué nos pide el Señor? Docilidad al Espíritu. ¿Qué nos pide el Señor? No tener miedo, cuando vemos que es el Espíritu quien nos llama” (Francisco: Homilía en Santa Marta, jueves de la 5ª semana de Pascua sobre He 15,7-21; 28 abril 2016).


El modo, hoy vigente, de gobierno eclesial no es evangélico
Apóstoles, profetas, maestros…, Evangelio, sacramentos, comunidad, Espíritu… Todo esto puede ser respetado y promovido por una organización más comunitaria. El clericalismo pervierte en su favor el Evangelio. Desde el Papa hasta el párroco -sólo tres escalones-, los clérigos son dueños absolutos de las comunidades. A merced de su voluntad, como si fuera la divina. Elaboran leyes -Código de Derecho Canónico- sin control alguno de las comunidades. Leyes que no pueden cambiarse, aunque la mayoría lo quiera. Ni siquiera su discusión pública es permitida. Este proceder contradice letra y espíritu evangélicos: “los jefes de las naciones las dominan y los grandes les imponen su autoridad. Se hacen llamar bienhechores. Nos será así entre vosotros…” ( Mt 20, 25s; Lc 22, 25s; Mc 10, 42s).


Los nombramientos, actos de dominio e imposición clericales
No les importa contradecir el evangelio y el proceder de la Iglesia primera. “Votar” (He 1,26), “elegir toda la asamblea” (He 6, 3-6), “decidir de acuerdo con toda la comunidad” (He 15, 22) son acciones hoy prohibidas en la Iglesia. Un papa benévolo, un obispo condescendiente, un párroco humano.. puede permitir una consulta. Pero ni los horarios de misas puede decidir una parroquia. El servidor manda más que los señores. El Consejo Pastoral, si obispo o párroco permiten que exista, sólo tiene capacidad consultiva. Así se perpetúan en el poder obispos y párrocos aborrecidos por la mayor parte de la diócesis y de la parroquia.


Hoy resulta inaudito leer lo que escribía san Cipriano (s. III):
“El pueblo, obediente a los mandatos del Señor, debe apartarse de un obispo pecador…, dado que tiene el poder para elegir obispos dignos y recusar a los indignos”.
“Sabemos que viene de origen divino el elegir al obispo en presencia del pueblo y a la vista de todos, para que todos lo aprueben como digno e idóneo por testimonio público…”.
“Se ha de cumplir y mantener con diligencia, según la enseñanza divina y la práctica de los Apóstoles, lo que se observa entre nosotros y en casi todas las provincias: que, para celebrar las ordenaciones rectamente, allí donde ha de nombrarse un obispo para el pueblo, deben reunirse todos los obispos próximos de la provincia, y debe elegirse el obispo ante el pueblo, que conoce la vida y la conducta de cada uno, por convivir y tratar con él”. (Carta 67, 3, 2; 4, 1; 5, 1).


Tambié inaudito que Roma intervenga para garantizar la elección comunitaria
En el siglo V los Papas empiezan a intervenir en los nombramientos episcopales, no para hacerlos ellos, sino para garantizar la elección según la práctica tradicional:


– San Celestino (422-432): “nullus invitis detur episcopus”:
“Ningún obispo sea dado a quienes no lo quieran. Búsquese el deseo y el consentimiento del clero, del pueblo y del orden establecido. Y sólo se elija a alguien de otra iglesia cuando en la ciudad para la que se busca el obispo no se encuentre a nadie digno de ser consagrado (lo cual no creemos que ocurra)” (Carta de Celstino I a los obispos de Vienne, PL 50, 434).


– El papa León Magno (440-461): “cleri plebisque consensus”
A pesar de su mentalidad centralizadora (es opinión común que la concepción de la autoridad papal del Vaticano I está en los escritos de este papa), no eliminó el papel del clero y el pueblo para elegir obispos. Tenía claro que la elección comunitaria era “elección de Dios” y que “elegir sin contar con el pueblo es elegir sin contar con Dios”, según la feliz expresión de san Cipriano: “el mismo Dios manifiesta cómo le disgustan los nombramientos que no proceden de justa y regular elección, al decir por el Profeta: `se eligieron su rey sin contar conmigo´ (Os 8, 4)” (S. Cipriano, carta 67):


a) “Guardar las reglas de los Padres es esperar los deseos de los ciudadanos y el testimonio del pueblo, buscar el juicio de los honorables y la elección de los clérigos… Al que es conocido y aceptado se le deseará la paz, mientras que al desconocido de fuera habrá que imponerlo por la fuerza… Por ello, manténgase la votación (`suscriptio´) de los clérigos, el testimonio de los honorables y el consentimiento del orden (cargo público) y del pueblo. El que debe presidir a todos debe ser elegido por todos” (S. León Magno, Carta 10 PL 54, 632-634).
b) “Declaramos que no le es lícito absolutamente a ningún metropolitano (arzobispo) ordenar obispos a su gusto, sin el consentimiento del clero y del pueblo (“cleri plebisque consensus”). Más bien ha de poner al frente de la iglesia de Dios a quien haya sido elegido por el consentimiento de toda la ciudadanía” (S. León Magno, Carta 13. PL 54, 665).
c) “Cuando haya que elegir a un obispo, prefiérase entre todos los candidatos a aquel que demande el consenso del clero y el pueblo (“cleri plebisque consensus”)… Y que nadie sea dado como obispo a quienes no le quieren o le rechazan, no sea que los ciudadanos acaben despreciando, u odiando, a un obispo no deseado, y se vuelvan menos religiosos de lo que conviene porque no se les permitió tener al que querían” (S. León Magno, Carta 14. PL 54, 673).

sábado, 7 de mayo de 2016

El programa que interesa: ¿La verdad o la misericordia? José M. Castillo, teólogo


Castillo1Usted imagínese que ahora, cuando nos preparamos para unas elecciones generales y nos apremian problemas tan preocupantes como son la paz, el terrorismo, los refugiados, la inseguridad económica…, nos viniera un candidato a gobernar diciendo: “Mi programa se va a centrar en la búsqueda de la verdad, de manera que no voy a consentir error alguno”. Mientras que otro candidato al gobierno se pusiera a decirle a la gente: “Mi programa estará centrado en la lucha contra el sufrimiento, de forma que no soportaré ni trabajadores sin trabajo, ni contratos basura, ni familias sin vivienda, ni enfermos sin médico…”. ¿Hay que ser un lince para ver en seguida cuál de estos dos programas tendría mejor acogida?

Yo me planteo esta pregunta elemental porque se sabe que hay obispos que andan invocando lo que dijeron los papas anteriores al actual papa Francisco, confrontando así (aunque no sea eso lo que se pretende) a este papa con sus predecesores. Con lo cual – inevitablemente – se siembra la semilla de la duda, la sospecha, la división, el descrédito….
Sin detenerme en otras consideraciones, voy derechamente a la raíz del asunto. Leyendo y estudiando atentamente los escritos del Nuevo Testamento, pronto se da uno cuenta de que, en esos escritos, se nos presentan dos formas distintas de entender la Fe: 1) En las cartas de Pablo, la Fe consiste en “aceptar como verdadera la predicación sobre Cristo” (Gal 2, 16; Fil 1, 29; Rom 4, 5…). Y esa Fe es la que nos “justifica” ante Dios (Rom 3, 30; 4, 15; 5, 1; 9, 30. 32; 10, 6; Gal 3, 7. 8. 9. 12. 24; 5, 5…). 2) En los evangelios, la Fe es la convicción y la fuerza que resuelve el problema del sufrimiento humano. Por eso, cuando Jesús les dice a los enfermos: “Tu Fe te ha salvado” (Mc 5, 34; Mt 9, 22; Lc 8, 48; cf. Mc 10, 52; Mt 8, 10. 13; 9, 30; 15, 28; Lc 7, 9; 17, 19; 18, 42), en realidad lo que les dice es: “Tu Fe te ha curado”.
Es evidente, pues, que en el N.T hay dos concepciones de la Fe: la Fe como “verdad” y la Fe como “misericordia”. Decir que la Fe, tal como la entiende Pablo, es la “dogmática”, mientras que la Fe, tal como la entiende Jesús, es la “espiritual” (o la “pastoral”), como – según he leído en un periódico – ha dicho el cardenal Müller, todo esto pone en evidencia que la “teología dogmática” tiene su eje y su motor en las cartas de Pablo, en tanto que la “teología espiritual” y “pastoral” es la que se deduce del Evangelio de Jesús. Lo cual quiere decir que el “dogma” (lo que hay que creer) y la “espiritualidad” (lo que hay que practicar) tienen fuentes distintas y van por caminos distintos.
Pues bien, si efectivamente todo esto es así, ¿cómo se explica que el cardenal Müller les exija a tantos matrimonios, divorciados y vueltos a casar, que vivan como hermanos, al tiempo que tolera que dentro del Vaticano haya tantos clérigos que no viven precisamente como hermanos? Y sobre todo, ¿qué representa, de verdad, Jesús en nuestras vidas? Y ¿qué podemos hacer por esta Iglesia? Pero, más que nada, ¿qué nos urge hacer para aliviar el sufrimiento de tanta gente que ya no aguanta más? 

Dudo, luego creo Jaime Tatay


“Pienso, luego existo”, decía Descartes en una de las frases más repetidas y comentadas de la historia de la filosofía. El matemático francés, que marca el inicio del periodo que denominamos modernidad, es recordado también por hacer de la duda un elemento clave de su propuesta intelectual. La duda se transformó para él en un método, en una herramienta capaz de cuestionar prejuicios heredados y en un modo de purificar falsos hábitos mentales.··· Ver noticia 

viernes, 6 de mayo de 2016

Madre


"No os conforméis con ser mediocres; poneos metas altas"


- Por: Manu Serrano
06/05/2016 - 


El Rector Mayor celebra la Eucaristía en el día de Santo Domingo Savio en el colegio dedicado al alumno de Don Bosco en Madrid.

 
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A su llegada esta mañana al colegio Santo Domingo Savio, Don Ángel Fernández Artime ha saludado al personal del centro antes de dirigirse a la parroquia para celebrar la Eucaristía con decenas de alumnos y el coro. Al comienzo de la Misa, el Rector Mayor ha recibido como regalo de la Inspectoría un busto de Domingo Savio y una placa en la que se podía leer una de las frases más populares del joven santo: "Hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres".
"Expresa toda la frescura del joven de hoy; y con el rostro has sabido transmitir lo que llenaba por dentro a Domingo Savio", ha afirmado Don Ángel para felicitar al autor de la imagen. ¿Y qué era lo que llenaba al joven alumno de Don Bosco? El Rector Mayor ha destacado tres rasgos.

Alegría profunda
Domingo Savio mostraba siempre "una alegría profunda, auténtica", ha asegurado Don Ángel, que le ha expresado a los alumnos: "Sois muy inteligentes. Sabéis distinguir lo auténtico de lo que no lo es". Con lo auténtico, "estamos bien, nos sentimos en paz, llenos de vida, felices por lo que vivimos".
Responsabilidad
Otro rasgo que ha destacado el Rector Mayor de Domingo Savio es que era "muy responsable". Y sabía contagiarlo a los demás: " Era un gran líder capaz de ser animador de sus compañeros para servir a otros muchachos".

Amistad con Dios
"¿Qué significa ser santo?", se preguntaba el Rector Mayor. Y respondía detalladamente: "No es suficiente con que os conforméis con ser mediocres. Tenéis increíbles capacidades para soñar. Tenéis un precioso corazón y una gran generosidad". Y añadía: "No podemos ser santos si dejamos a Dios de lado. Domingo Savio no se entiende sin Dios en la vida, sin Jesús que lo acompaña. Él nunca os va a defraudar. No va a impedir vuestra felicidad".
Tras la Eucaristía, el Rector Mayor se ha tomado un chocolate con porras con los alumnos del colegio para seguir celebrando la santidad del joven Domingo Savio en su día.

Una alegría profunda, auténtica.

Me atrevo a lanzar desafíos a los jóvenes. Sois muy inteligentes. Sabéis distinguir lo auténtico de lo que no.
Estamos bien, nos sentimos en paz, llenos de vida, felices por lo que vivimos.

Muy responsable. Era un gran líder capaz de ser animador de sus compañeros para servir a otros muchachos.

¿Qué significa ser santo? ¿Estar de rodillas sobre el mármol hasta que me duelan las rodillas? Me propongo metas altas en la vida. No es suficiente con que os conforméis con ser mediocres. Tenéis increíbles capacidades para soñar. Tenéis un precioso corazón y una gran generosidad. Cuando uno se propone metas altas, se siente más feliz. No podemos ser santos si dejamos a Dios de lado. Domingo Savio no se entiende sin Dios en la vida. Sin Jesús que lo acompaña. Nunca os va a defraudar. No va a impedir vuestra felicidad. Compañero en la vida.

Defendiendo al Papa por solidaridad; no porque sea necesario Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara


Papa Francisco7Hoy quiero dejar claras unas cuantas cuestiones con las que algunos teólogos conservadores atacan al Papa, aunque éste no las haya defendido, o enseñado, como lo acusan, solo para minar su imagen, y para desautorizarlo. Hasta hace poco tiempo este tipo de teólogos era más papista que el Papa. Entonces, ¿qué ha pasado para que hayan sufrido un cambio tan profundo y radical? Pues algo muy sencillo de explicar, pero no por sencillez pierde nada de maravilloso y fantástico. Que los papas, incluso lo más modernos, vamos a decir, desde León XIII, -que no han sido tan escandalosamente mundanos, ni ambiciosos, ni amantes del poder, como los medievales, o los renacentistas y barrocos-, pero sí han tenido, todos, una misma, o muy parecida, impronta: la de ser papas, y antes obispos y cardenales, es decir, constituir una jerarquía eclesiástica. ¡no eclesial!, que no es lo mismo. Y, de repente, ha aparecido un papa evangélico, eclesial, cristiano, de verdad.

Y los ha pillado a todos descolocados. El cardenal Müller se atrevió a afirmar que el papa Francisco sabe poca teología, que sería bueno que se impusiera más en esa disciplina tan esencial a un clérigo. Pues si Francisco, un jesuita que ha pasado por todos los rigurosos filtros jesuíticos, y ha llegado hasta dónde ha llegado, no sabe Teología, ¿qué decir de Jesús, nuestro Jesús de Nazaret? ¿En qué facultad o con qué profesor famoso, tipo Gamaliel, estudió? Tengo la impresión de que tanto Müller, como otros cardenales que se han echado al monte contra un papa providencial y absolutamente necesario en la Iglesia hoy, como el papa Francisco, han perdido no solo el oremus, sino la capacidad de una reflexión objetiva y lógica, y hasta el sentido de la realidad, que es lo peor.
Al papa le han acusado de que en su magnífica exhortación apostólica “Amoris Laetitia”, ¡magnífica para nosotros y para millones de católicos! no deja claros, o no defiende, o niega, conceptos como “la ley natural”, la “objetividad universal del pecado”, el origen divino, “iure divino” (de derecho divino), de ciertas instituciones humanas y sociales, como el matrimonio, su indisolubilidad, la absoluta pecaminosidad, sin condicionamientos, del adulterio, etc., etc. Pues bien, el papa no ha caído en ninguna de esas trampas, listo como es, y sabiendo que lo estaban esperando. Pero yo voy más allá: como en mi caso, caiga o no en trampas, a mí, y a todo el mundo, le da lo mismo, yo sí que niego, o explico de modo muy diferente, la ley natural, la primacía moral de la conciencia, la indisolubilidad del matrimonio, la condición pecaminosa del adulterio, y cuando éste se produce, y hasta la necesidad de la Gracia para poder comulgar.
Éstos serán, pues, mis temas, en el artículo que comenzaré a escribir, tranquilamente, el día 3, después que pasen los fastos de estos días, que me han tenido muy ocupado y muy disperso. Y os pido un poco de paciencia, porque como se trata de asuntos muy delicados y comprometedores, pienso escribir con tacto al explicarlos y defender mi punto de vista. ¡Gracias por vuestra delicada y fraterna comprensión!

777.600 minutos en una cárcel: traspasar los muros Carlos Miguélez Monroy, Periodista y editor en el Centro de Colaboraciones Solidarias


La cultura puede convertirse en una herramienta de reinserción en las cárceles. Los modelos más punitivos basados en la venganza no reparan. Ni tampoco reinsertan a personas que pueden aprovechar una segunda oportunidad.
El número 777.600 equivale a los minutos que tienen 18 meses, el promedio de duración de las condenas de los presos en las cárceles españolas. Por eso llamó así SOLIDARIOS para el Desarrollo el acto que celebró hace unos días para compartir reflexiones sobre la realidad penitenciaria.


Se abordó el exceso de algunas condenas para delitos menores como hurtos o relacionados con el consumo de drogas, la falta de alternativas como trabajos comunitarios para el cumplimiento de determinadas condenas, el endurecimiento de las leyes con 30 reformas del Código penal en 30 años que han obedecido más a una “justicia de telediario” y electoralista que a bases científicas y jurídicas. España tiene una de las tasas más bajas de delitos y de homicidios más bajas de Europa y una de las poblaciones carcelarias más elevadas en proporción al número total de habitantes.

El modelo penitenciario, como en otros países, aún no tiene bases asentadas para conseguir que se restaure el daño provocado por ciertas faltas, lo que se conoce justicia restaurativa. Resulta difícil cumplir este principio para delitos graves, pero en muchos casos podrían habilitarse mecanismos para que el infractor cumpla condiciones para que la víctima se sienta restaurada en el daño cometido sin necesidad de recurrir a la dura realidad carcelaria.
En muchas ocasiones se vulneran el principio de reinserción consagrado en la propia Constitución Española. El efecto discapacitante que produce el encierro dificulta el proceso de normalización de la vida fuera de la cárcel una vez que la persona ha cumplido su condena y sale a la calle. Javier, un antiguo preso reinsertado y rehabilitado, emocionó al público al contar su experiencia.


Ya en libertad, un día lo invitaron al Estadio Santiago Bernabéu para ver en vivo al Real Madrid, el equipo de sus amores. Al encontrarse con las multitudes en una de las cárceles aledañas se paralizó, con dificultades para respirar. Tuvo que sentarse apoyado contra una pared para llamar a su hermano y pedirle que fuera a recogerlo.
“Nunca imaginé que desarrollaría semejante agorafobia por estar dos años encerrado, y que me impidiera hacer una de las cosas que más amaba”, dijo el invitado. Andrés, otro interno que pasó un total de 20 años en la cárcel, con entradas y salidas recurrentes por hurtos para conseguir droga, contó su experiencia también y habló de su vida dentro de los muros. Testimonios como el suyo desmontan los tópicos sobre lo bien que se está en la cárcel, como si de un hotel con todo pagado se tratara. Una vez dentro es mejor interpretarlo así para que los muros no se cierren cada vez más.

José María, otro ex interno invitado para contar su testimonio, se declaró un privilegiado por haber pasado poco tiempo encarcelado y haber contado con el apoyo de su familia, algo que él considera positivo para superar una experiencia semejante. También agradeció la presencia de los voluntarios que cada semana acuden a alguno de los centros penitenciarios de Madrid para compartir un espacio de cultura con una treintena de presos y con un invitado del mundo de la cultura, de la universidad o del deporte que habla de algún tema y da pie para debates y reflexiones compartidas. A esta actividad que desarrollan voluntarios de SOLIDARIOS desde hace 30 años.
Comenzaron con la llamada telefónica de un estudiante de periodismo de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) al profesor José Carlos García Fajardo, para decirle que lo iban a ingresar en la prisión de Segovia. “¡No me falle!”, y el profesor no sólo no le falló sino que comenzó a llevar a otros universitarios como acompañantes. Después, el resto de reclusos que seguían la Universidad a Distancia pidieron que los dejaran participar. Así se hizo.
Unos setenta voluntarios colaboran cada semana en el proyecto Aula de Cultura, una iniciativa que se desarrolla en siete centros penitenciarios de España con el apoyo de personalidades del mundo cultural y por la que ya han pasado más de 4.000 internos, más de 2.500 invitados y casi 3.000 voluntarios para acercar la cultura como herramienta de reinserción a las cárceles españolas. Los modelos más punitivos basados en la venganza no reparan. Ni tampoco reinsertan a personas que pueden aprovechar una segunda oportunidad.
Twitter: @cmiguelez

Carlos Taibo, Politólogo, autor de ‘Para entender el TTIP’: “El TTIP es la mayor osadía del gran capital” Gorka Castillo

 

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Carlos Taibo (Madrid, 1956) no se anda por las ramas. Su percepción del mundo no es nada alentadora. La crisis financiera, los acuerdos comerciales soterrados, la política al servicio de intereses económicos privados o la nula incidencia popular en la toma de decisiones son suministros para un cóctel incendiario como la desigualdad. La mirada de este profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid se endurece al escuchar esa palabra. En su último libro, Para entender el TTIP. Una visión crítica del acuerdo transatlántico de comercio e inversiones (Los Libros de la Catarata), despedaza con la frialdad de un taxidermista lo que considera “la mayor osadía del gran capital para que su poder sea irreversible”. ··· Ver noticia 

•Domingo 8 de mayo, Ascensión del Señor – C (Lucas 24,46-53): Crecimiento y creatividad José Antonio Pagola

CRECIMIENTO Y CREATIVIDAD

Los evangelios nos ofrecen diversas claves para entender cómo comenzaron su andadura histórica las primeras comunidades cristianas sin la presencia de Jesús al frente de sus seguidores. Tal vez, no fue todo tan sencillo como a veces lo imaginamos. ¿Cómo entendieron y vivieron su relación con él, una vez desaparecido de la tierra?
Mateo no dice una palabra de su ascensión al cielo. Termina su evangelio con una escena de despedida en una montaña de Galilea en la que Jesús les hace esta solemne promesa: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Los discípulos no han de sentir su ausencia. Jesús estará siempre con ellos. Pero ¿cómo?
Lucas ofrece una visión diferente. En la escena final de su evangelio, Jesús «se separa de ellos subiendo hacia el cielo». Los discípulos tienen que aceptar con todo realismo la separación: Jesús vive ya en el misterio de Dios. Pero sube al Padre «bendiciendo» a los suyos. Sus seguidores comienzan su andadura protegidos por aquella bendición con la que Jesús curaba a los enfermos, perdonaba a los pecadores y acariciaba a los pequeños.
El evangelista Juan pone en boca de Jesús unas palabras que proponen otra clave. Al despedirse de los suyos, Jesús les dice: «Yo me voy al Padre y vosotros estáis tristes… Sin embargo, os conviene que yo me vaya para que recibáis el Espíritu Santo». La tristeza de los discípulos es explicable. Desean la seguridad que les da tener a Jesús siempre junto a ellos. Es la tentación de vivir de manera infantil bajo la protección del Maestro.
La respuesta de Jesús muestra una sabia pedagogía. Su ausencia hará crecer la madurez de sus seguidores. Les deja la impronta de su Espíritu. Será él quien, en su ausencia, promoverá el crecimiento responsable y adulto de los suyos. Es bueno recordarlo en unos tiempos en que parece crecer entre nosotros el miedo a la creatividad, la tentación del inmovilismo o la nostalgia por un cristianismo pensado para otros tiempos y otra cultura.
Los cristianos hemos caído más de una vez a lo largo de la historia en la tentación de vivir el seguimiento a Jesús de manera infantil. La fiesta de la Ascensión del Señor nos recuerda que, terminada la presencia histórica de Jesús, vivimos «el tiempo del Espíritu», tiempo de creatividad y de crecimiento responsable. El Espíritu no proporciona a los seguidores de Jesús «recetas eternas». Nos da luz y aliento para ir buscando caminos siempre nuevos para reproducir hoy su actuación. Así nos conduce hacia la verdad completa de Jesús.

Los divorciados vueltos a casar no están excomulgados José M. Castillo, teólogo


Castillo1Como es sabido, el cardenal G. L. Müller, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, ha dicho recientemente, en Madrid y Oviedo, que los divorciados vueltos a casar están excomulgados. Pero, dado que esta excomunión no consta en el vigente Código de Derecho Canónico, el cardenal ha precisado su afirmación distinguiendo entre una “excomunión canónica” (que no sería el caso de los divorciados vueltos a casar) y una “excomunión sacramental”, que consistiría en negar la eucaristía a los divorciados “que viven una nueva unión”. Con lo que el cardenal ha afirmado exactamente lo contrario de lo que ha dicho el papa Francisco en su Exhortación “Amoris laetitia” (nº 243).

El cardenal Müller, para justificar su enfrentamiento con el papa, ha dicho (según informan los medios de comunicación) que él no es “una copia servil del Pontífice, sino (que está en el cargo que está) para servir con su cabeza”.
Como es lógico, al hacer esta afirmación – si es que efectivamente Gerhard L. Müller ha dicho lo que acabo de indicar -, resulta que este cardenal, no sólo se opone al papa, sino además al Concilio Vaticano II, que expresamente afirma que los obispos, “junto con su Cabeza, el Romano Pontífice, y nunca sin esta cabeza”, son sujeto de suprema potestad en la Iglesia (LG 22, 3). De lo que se sigue inevitablemente que los católicos nos vemos obligados, desde ahora, a organizar nuestras creencias y nuestras conductas, no sólo por lo que nos enseña la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio, sino además por lo que nos dicta la cabeza del cardenal Múller.
Confieso sinceramente que me cuenta trabajo creerme y aceptar que un cardenal de la Iglesia, que ocupa un cargo de tanta responsabilidad, haya dicho estas cosas. Sobre todo, si tenemos en cuenta que, en todo este asunto, lo que está en juego es la felicidad o la desgracia de miles de familias, que, por causa de situaciones muy difíciles y muchas veces sin culpa de nadie, tienen que soportar daños irreparables que se siguen en la mayoría de estos casos.
Además, a todo lo dicho, es importante añadir que, en el tema de la indisolubilidad del matrimonio, no se puede aducir en seguida “la constante tradición de la Iglesia”. Por la sencilla razón de que esa “tradición constante” no ha existido. En cualquier estudio, bien documentado, de teología de los sacramentos, se nos dice que, en los primeros siglos de la Iglesia, los cristianos seguían los mismos condicionamientos y usos, por lo que concierne al casamiento, que el contorno pagano. Y se sabe con seguridad que esta situación duró así, por lo menos, hasta el siglo IV (J. Duss-Von Werdt, Myst. Sal., IV/2, 411).
Sabemos, en efecto, que en Egipto, en el s. III, algunos obispos permitían a las mujeres que se volvieran a casar, viviendo aún su marido anterior. Como también es sabido que Orígenes opinaba, de estos obispos, que “no habían actuado enteramente sin razón… para evitar males mayores” (PG 13, 1245-1246). Y es conocido que, en el s. IV, el Concilio de Arlés (año 314) afirma de los divorciados que se les aconseje que no se casen, pero que no se les prohíba” (can. 10; cf. H. Crouzel, G. Cereti). Es más, en el s. VIII, el Sínodo de Verbería (año 753-756) admite el divorcio y la consiguiente libertad para casarse de nuevo (J. Gaudemet). Y lo que es más importante, el papa Gregorio II (año 726) responde a una consulta, que le hace el obispo san Bonifacio, que un marido cuya esposa ha enfermado y como consecuencia no puede darle el débito conyugal, “que vuelva a casarse, pero no deje de ayudar económicamente a la que enfermó” (PL 89, 525). Incluso se sabe que el propio Carlomagno (venerado como santo en Aquisgrán) repudió a su esposa y se casó en nuevo matrimonio, en los años 770 y 771 (J. Gaudemet).
Y todavía, dos indicaciones importantes. Ante todo, la teología de los siete sacramentos, incluido el matrimonio, no se elaboró hasta mediado el s. XII. Y en segundo lugar, cuando se habla de estos temas, se debería tener presente que los cánones de la Sesión VII del Concilio de Trento, en los que se afirma la enseñanza oficial de la Iglesia sobre los siete sacramentos (DH 1600-1630), no son definiciones dogmáticas y, por tanto, no proponen una “doctrina de fe”. Porque, a la pregunta de si lo que se condenaba eran “herejías” o “errores”, los Padres conciliares no llegaron a ponerse de acuerdo. De ahí que, en el Proemio, se dice que esos cánones se proponen “para eliminar los errores y extirpar las herejías” (DH 1600).
Por lo tanto, los cánones de Trento no dan de sí para concluir con pronunciamientos indiscutibles. Y menos aún, infalibles. En cualquier caso, la tan repetida “constante tradición de la Iglesia” no es tal. Ni la tradición, de la que disponemos, justifica excomuniones, ni canónicas, ni sacramentales. A no se que pretendamos hacer de la Iglesia una oficina de desprecios y humillaciones, que no llevarán a la gente a unirse más a esta Iglesia, sino a alejarse más de ella

Domingo 8 de mayo de 2016: Ascensión del Señor


AscensiónB
Vícto, Acacio
En primer lugar recomendamos vivamente revisitar un excelente texto de Leonardo BOFF, tanto para quienes han de preparar una homilía, como para quienes quieran utilizarlo en la reunión de estudio bíblico, o incluso para el estudio personal; puede ser tomado de la biblioteca de los Servicios Koinonía, aquí: http://www.servicioskoinonia.org/biblico/textos/ascension.htm Además, les ofrecemos un comentario tradicional. ··· Ver noticia 

miércoles, 4 de mayo de 2016

Rector Mayor: “Vivimos tiempos de sumar”

  
04/05/2016 - 130 Visitas


En su llegada a Bizkaia para encontrarse con las Comunidades Salesianas de SDB y FMA de la provincia y con el Monseñor Mario Iceta, obispo de la Diócesis.

 
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EL X Sucesor de Don Bosco, don Ángel Fernández Artime, en su visita a la Inspectoría Santiago el Mayor, recaló el quinto día en Salesianos Deusto (Bilbao). A su llegada, pasadas las 9 de la noche, le esperaban las comunidades salesianas de Bizkaia: Salesianas de Barakaldo, y Salesianos de Barakaldo, Cruces, Deusto y Miguel Rua. También estuvo presente Mons. Mario Iceta, obispo de la diócesis.

Tras la cena de familia, las tradicionales buenas noches salesianas fueron el marco para escuchar al Rector Mayor en un clima de familia alrededor del padre.

Mons. Iceta tomó la palabra para agradecer la labor de la Familia Salesiana en la diócesis, especialmente con los jóvenes. Pidió la ayuda del Espíritu Santo para continuar con esta tarea. “Os invito a que contéis conmigo”, concluyó el Obispo de Bizkaia.

El Inspector, Juan Carlos Pérez Godoy, que saludó en Euskara -bromeando con el Rector Mayor sobre los progresos realizados en esta lengua-, subrayó la “experiencia extraordinaria que estamos viviendo de sentido de Congregación y sentido de Iglesia”, aludiendo a la presencia de los obispos diocesanos a lo largo de la visita del Rector Mayor. “Es una característica salesiana, cuidar el sentido de Iglesia”, añadió, explicando que la visita del Rector Mayor es una ocasión para animarnos a seguir construyendo iglesia allí done están presentes los salesianos.

Sentido de Iglesia que, el propio Rector Mayor, subrayó al inicio de sus buenas noches. Agradeció la presencia de Mons. Iceta como “expresión de comunión”. Vivimos “tiempos de sumar y de ayudarnos todos por el Reino”, señaló. “No se trata de una visita de protocolo; me alegra que estéis en nuestra casa (aludiendo a los obispos) porque tiene más sabor de hogar, de familia. Y esto tiene mucho de nuestro Fundador”.

Refiriéndose a la presencia de las Salesianas, recalcó la experiencia vivida en las naciones, más de 40, visitadas. “Las Hijas de María Auxiliadora siempre se hacen presentes. No lo hacen por simpatía al Rector Mayor, es algo más profundo pues sienten al Rector Mayor como padre de la Familia Salesiana”.

Don Ángel pudo saludar a Don Julián Larrea representante de la familia bienhechora de la obra salesiana de Deusto, a quien agradeció el cariño mostrado hacia los salesianos.

También agradeció el trabajo de Manu Serrano, Marian Serrano y Xabier Camino,  del equipo de comunicación de la Inspectoría.

¿Se puede ser cristiano y laicista? Evaristo Villar


Debate en el CAUM
Texto de la ponencia presentada por Evaristo Villar en el CAUM, Madrid el lunes 25 de abril de 2016.
I. A propósito del título
¿Se puede ser cristiano y laicista? Desde mi punto de vista, existen algunas preguntas previas que le dan mayor importancia al tema. Por ejemplo esta, ¿se puede ser cristiano sin ser laicista? Y esta otra, ¿se puede ser laicista sin ser cristiano?


Como esta segunda cuestión en un lugar como en el que estamos puede ser provocadora, quiero comenzar por ella. ¿Se puede ser laicista sin ser cristiano? No la considero ingenua ni carente de sentido. Mi generación, nuestras generaciones, hemos crecido en España en una cultura cristiana, nacionalcatólica. Todas las personas, voluntaria o forzadamente, tenemos una cierta cultura cristiana. En el CIS del 2002 se puede encontrar un dato bien ilustrativo al respecto: el 95% de los españoles y españolas preguntados declaraba que habían recibido educación católica. Con consentimiento o como víctimas, nuestra socialización ha sido, salvo excepciones, católica1.
Es más, diferentes autores, españoles o no, han afirmado explícitamente que “el laicismo tiene raíces cristianas”. Un escritor nada sospechoso de apologista cristiano, Fernando SAVATER —que reconoce que el cristianismo ha hecho dos grandes aportaciones a la historia de las ideas: la concepción de la persona y la separación entre religión y Estado— afirma expresamente2 que “Los cristianos inventaron el laicismo”. Ya antes Max WEBER (historiador, filósofo y sociólogo) había desenterrado las raíces judeocristianas de la secularización. Y en la segunda mitad del s. XX tuvo mucha repercusión en Europa la “teología de la secularización3”, con F. GOGARTEN, J. B. METZ, como principales representantes.
En esta línea, el filósofo alemán de origen judío Ernst BLOCH, que no fue creyente, escribe en 1968 un libro muy interesante titulado Ateísmo en el cristianismo. El que me ve a mi ve al Padre, en el que afirma que “lo mejor de la religión es el hecho de crear herejes” (interesa mantener esta palabra porque la religión, más allá de los valores aceptados por la mayoría, posibilita siempre un discurso abierto que puede entrar en el terreno de la disidencia, de la anomía, y hasta de la herejía). Y afirma, además Bloch, refiriéndose a nuestro tema, que ”solo un ateo puede ser un buen cristiano”. Y la completa la frase diciendo, “aunque, solo un cristiano puede ser un buen ateo”4.
Vienen a apoyar estas afirmaciones, de algún modo, la postura mantenida cincuenta años antes por el líder socialista francés, Jean JAURÉS, en respuesta a su a su hijo en 1919 que le pedía que le eximiera del estudio de la religión. Entre las ricas justificaciones en las que apoya su negativa quiero destacar estas: “tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serán sin un estudio serio de la religión… (Porque) la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización… Solo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen facultad para serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión”5. Reconozco que la respuesta a la pregunta de si “se puede ser laicista sin ser cristiano”, por efecto de la galopante secularización actual, no puede tener hoy el mismo eco que en décadas pasadas. Cada día puede resultar más irrelevante; pero su irrelevancia no tiene por qué anular la historia.
II. ¿Se puede ser cristiano sin ser laicista?
Una mirada a la historia del cristianismo nos dará respuestas contradictorias. Pero la respuesta, para ser correcta, —y esta es la tesis principal que quiero defender– tiene que ver con la visión que se tenga de Jesús de Nazaret, que es el referente principal o la fuente básica de la inspiración cristiana. El cristiano construye su identidad y se define como seguidor de la persona, el mensaje y las causas de Jesús. Pero, ¿de qué Jesús se trata? Si se considera a Jesús como el fundador de una religión, de una Iglesia… tendremos una respuesta; si se lo ve como el origen de un movimiento subversivo, revolucionario, alternativo, origen de una sociedad alternativa… tendremos otra bien diferente.
Mi respuesta a la pregunta planteada tiene que ver, pues, con estos dos campos arriba insinuados: uno sobre la identidad del Jesús histórico y otro sobre la larga historia de sus seguidores y seguidoras.
1ª Desde la referencia a Jesús, su identidad
Hasta el siglo XVIII no hubo mayor problema: a Jesús se llega a través de los evangelios. Se tiene la convicción de que los cuatro evangelios son relatos auténticos, que reflejan fielmente y dan acceso al Jesús de la historia.
El escepticismo cundió cuando, a partir de los siglos XVIII y XIX, diversos exégetas y científicos pusieron de manifiesto el vacío de casi 40 años que existe entre los hechos narrados y el evangelio de Marcos, considerado el relato más antiguo. R. BULTMANN llegó a defender que, aunque no se puede negar la existencia histórica de Jesús, no se puede llegar a ella desde las fuentes evangélicas.
Posteriormente los discípulos de Bultmann, que ven exagerada la postura del maestro, consiguen llenar ese vacío abordando el estudio científico de los evangelios desde tres niveles complementarios: el literario, el teológico y el histórico.
La hermenéutica actual está situando finalmente al Jesús de la historia en el lugar al que más directamente apunta el contexto sociocultural, político religioso que se desprende desde los evangelios y desde los pocos testimonios antiguos que tenemos fuera de los mismos6.
En definitiva, podríamos concluir que, si hay algo que queda claro, para lo que aquí nos interesa, después del exhaustivo estudio exegético llevado a cavo en los dos últimos siglos, es lo siguiente: que Jesús no fundó ninguna religión, ni perteneció a la clase dirigente del país; que perteneció al pueblo y que fue laico. Y laico es el término que utilizaron los traductores de la Biblia hebrea (siglos III-II a.c.) para pasar al griego la palabra “am” que se refiere al pueblo, es decir, a la gente que no es de la clase sacerdotal o levítica.
Interesa, para nuestro propósito, profundizar un poco más en este aspecto. Jesús fue laico, y se mostró muy crítico con la religión y las instituciones de su tiempo. Tuvo un mensaje deslegitimador de la teocracia de Israel (Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, Mc 12, 17), del fundamentalismo religioso judío (Los recaudadores y prostitutas os precederán en el reino de Dios, Mt 21, 31), del etnicismo y etnocentrismo de ese pueblo que se consideraba elegido (Se os quitará el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos, Mt 21, 43) y del nacionalismo excluyente (Dejad que los chiquillos —extranjeros, pobres, enfermos, etc.— se me acerquen, porque el reino de Dios les pertenece a los que son como ellos, Mc 10, 14). Por este posicionamiento y por su vida en “malas compañías” fue excomulgado de la sinagoga. Fue la suya una conducta y un discurso escandalosos sobre las que se consideraban columnas intocables para las instituciones religiosas y sociopolíticas de los judíos: quebrantó el sábado (El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado, Mc 2, 27 y curó en sábado, Mc 3, 1 y ss.), quebró el respeto sagrado al templo (Yo os aseguro: no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida”, Mc 13, 2 y expulsó a los mercaderes, Jn 2, 16), suplantó la ley (La ley y los profetas duraron hasta Juan. A partir de entonces se anuncia la Buena Noticia del reinado de Dios y todos quieren forzar el acceso, Lc 16, 16). Por cualquier punto desde donde se le mire, el enfrentamiento de Jesús con las instituciones judías fue directo y frontal. No hubo paños calientes. Esto le llevó a la muerte.
Lo que pasó luego, ya lo sabemos: “Jesús anunció la llegada del reino de Dios, dijo Alfred LOISY, y lo que vino fue la Iglesia”. Primero fue la teologización que hicieron Pablo y el resto de escritores, evangelistas o no, del NT, más preocupados por la marcha y deriva de las comunidades que por la historia de Jesús. La Iglesia de los siglos posteriores formuló todo esto en conceptos, mayormente tomados de la filosofía griega, creó una doctrina, una religión y la impuso en forma dogmática. —Los 4 primeros concilios no se preocupan ya de la vida de Jesús: llenaron ese vacío de conceptos, lo revistieron de naturalezas y personas, etc. que poco tenían que ver con el Jesús de la historia—. Así se fue creando una doctrina, una religión.
Desde aquí se puede entender la tensión dialéctica que recorre las venas de la historia cristiana entre la memoria y el recuerdo de la vida de Jesús y la doctrina que fue acumulando la Iglesia sobre él. Esta tensión podemos imaginarla, al menos, en dos planos alternativos o dos formas de entender lo cristiano después de Jesús:
Una se acomoda mejor a las respuestas hechas, a la cultura de las certezas; la otra nace desde las preguntas, desde lo que se va haciendo, descubriendo.
La una, como el mito, considera su origen ab initio, in illo tempore, se considera depositaria de una revelación cerrada, de una herencia a conservar; la otra va surgiendo desde el acontecer, desde el ahora, más que herencia es siempre una novedad, un descubrimiento.
La una es un sometimiento a una doctrina; la otra es siempre un desmontaje, una liberación de todo lo asimilable a una ideología, de todo lo que esclaviza.
La una es sagrada, ritual y dogmatica; la otra es profana, es histórica, creativa, en busca siempre de la verdad.
La una, como Ulises, es siempre un regreso a la seguridad del propio hogar (eterno retorno); la otra, como Prometeo, es siempre una lucha por superar los límites de la humano.
La una es una religión, un poder; la otra es un Evangelio, con la debilidad de un poema que se está naciendo.
Es curiosa —tomo la imagen de Adonis— la similitud con el mito de Eva en el paraíso7: la religión, como Eva, nace sin madre (se entiendo que la madre es la que siempre da a luz lo nuevo), por eso la religión surge desde los tiempos primordiales como algo inamovible, prefijado); sin embargo Jesús de Nazaret nace sin padre (el padre como algo hecho, cerrado, acabado), no es una revelación fija sino algo que se descubre, una utopía, un poema abierto a la plenitud sin límites del ser humano. Como analiza en uno de sus libros un gran amigo mío, Carlos Escudero Freire, “El evangelio es profano”8.
2ª Desde la referencia a la historia de los cristianos y cristianas.
El cristianismo nunca ha estado exento de la tensión entre el intento de convertirlo en una religión al uso, —una sociedad bien estructurada internamente en competencia o en complicidad con la forma política dominante— y el mantenimiento de una alternativa humanista, defensora de la dignidad y derechos del ser humano. Solo quiero traer aquí unas pinceladas, principalmente referidas a nuestro país y, más en concreto, a partir de la modernidad donde la tensión aparece con mayor claridad9. Me refiero, mayormente, a tres momentos que, a mi juicio, son determinantes: la dialéctica entre catolicismo y cristianismo, entre religión y catolicismo, entre la diversidad y el monolitismo de la jerarquía actual.
Siendo justos, la tensión ya venía desde lejos. Recordemos de paso la dialéctica que acompañó a los dos o tres primeros siglos entre los partidarios de la continuidad con un judaísmo renovado y los defensores de camino nuevo e independiente de la herencia recibida. Esto se puede advertir en las tres tendencias o modelos que saltan a la vista en una lectura crítica de los textos del NT: el modelo Santiago (judaizante), el modelo Pablo (liberador) y el modelo Pedro (de adaptación y concordismo). Pero pasemos a los tres momentos arriba anunciados.
1º La tensión entre el catolicismo y el cristianismo arranca en nuestro país ya el s. XVI y continúa, con diferentes matices, durante el XVII y XIX entre los partidarios de una línea dogmática, imperial y defensora del antiguo régimen y los intelectuales, escritores y teólogos defensores de una línea humanista: los erasmistas, los lascasianos, (seguidores de Bartolomé de las Casas) y los místicos (Teresa de Jesús y Juan de la Cruz). —En la novela histórica El Hereje, Delibes dejó muy bien reflejada esta tensión—. El mensaje que subyace es este: no se puede ser cristiano, seguidor de Jesús, siendo católico.
La línea humanista, al calor de la ilustración política de Carlos III, está bien representada por una pléyade de autores que van desde el benedictino orensano Benito FEIJOO, el militar gaditano José CADALSO, el jurista limeño Pablo OLAVIDE hasta el político asturiano Gaspar JOVELLANOS. La tensión se incrementa en s. XIX con la Constitución de Cádiz, de 1812 y la Institución Libre de la Enseñanza, inspirada en la filosofía krausista, donde destacan intelectuales como Francisco Giner de los RÍOS, Gumersindo de AZCÁRATE, Fernando de CASTRO, etc. Fue el suyo un laicismo religioso, donde la religión se entiende como parte constitutiva del ser humano y compatible con la ciencia. En algunos, en Azcárate por ejemplo, ya se apunta a un Estado laico. Con diferentes matices se pueden sumar a esta lista los integrantes de la Generación del 68 con Juan VALERA, Pedro ALARCON, José María PEREDA, Benito Pérez GALDÓS, Leopoldo Alas CLARIN y Emilia Pardo BAZÁN.
Es bien significativa, a este propósito, la desazón que este modo de catolicismo oficial produce en Fernando de los RÍOS, ideólogo socialista y cristiano heterodoxo, que confiesa no ser católico no por “no ser religioso, sino por querer serlo más”. En uno de sus discursos públicos lamenta el desconcertante papel del catolicismo español: “Pobre catolicismo español, que nunca ha llegado a ser cristiano”.
2º La tensión entre religión y cristianismo, dominante en la generación del 98, tiene como trasfondo la condena del modernismo, del liberalismo y del socialismo por la jerarquía eclesiástica, así como el Concilio Vaticano I (el de la infalibilidad) y el Juramento Antimodernista de Pio X. Su mensaje, casi dramático, sale de la pluma de Miguel de UNAMUNO: “el catolicismo actual es un espacio inviable para una experiencia religiosa y para la coherencia entre fe y razón”; es decir, no se puede ser religioso y cristiano. Una persona tan sensible a la modernidad y a la experiencia religiosa como Unamuno se horroriza al constatar la alianza establecida entre el trono y el altar y la pérdida de la veta mística que, desde el siglo XVI, latía en la cultura española. Este lamento es bien comprendido por Antonio MACHADO al reconocer ante Unamuno que “la cuestión religiosa solo le preocupa en España a usted y a los que sentimos con usted”. A juicio de este hombre “fundamentalmente bueno” y poeta, la Iglesia en España es “espiritualmente huera” y está dominada por “pedantones incapaces de estudiar nada vivo”. ORTEGA Y GASSET, que siempre se mostró no católico, encontró “la emoción católica perdida” leyendo al poeta italiano Antonio Fogazzaro. Y entonces se pregunta: “Si fuera tal el catolicismo, ¿no podríamos nosotros ser algún día católicos?”. En esta misma línea, el poeta LEÓN FELIPE escribe en su Nueva Antología Rota: “Los grandes depositarios espirituales que llevaban en sus manos el alimento sagrado de la fe, lo vendieron o lo usaron para mover la carroza de la política y de Poder”.
3º La tensión actual entre una sociedad pluricultural y multirreligiosa y el inmovilismo estructural de la Iglesia católica.
La pulsión laicista, exiliada o clandestina durante la Guerra Civil y la dictadura, vuelve ahora con fuerza, recordando la mejor tradición emancipatoria que, desde el s. XVI, ha recorrido sin ruptura las venas de este país.
Si entendemos el laicismo como un derecho básico, social y político cuyo objetivo es instaurar la laicidad, es decir, la autonomía del Estado y la libertad de conciencia, los modos de acceder a estos nobles fines son diferentes. Aunque muy dividido (como suelen acontecer las cosas importantes entre nosotros) esta nueva pulsión laicista se enfrenta al monolitismo de Iglesia jerárquica, incapaz de superar el nacional-catolicismo alimentado por colectivos fundamentalistas y anacrónicos, cuyo poder y medios de comunicación son bien conocidos. Frente a este inmovilismo jerárquico se va consolidando, cada vez mayor fuerza, un discurso crítico y liberador, laicista, tanto al interior de la Iglesia como en la sociedad civil.
Este discurso dibuja un arco virtual con múltiples matices entre un planteamiento radical contra la utilidad pública de las religiones (el Fernando SAVATER de los comienzos o Gonzalo PUENTE OJEA) y aquellos que, a rebufo del filósofo Jügen HABERMAS, consideran más rentable política y socialmente un discurso más comprehensivo en el que cuente no solo la racionalidad de las religiones sino también los límites de la misma razón científica10.
Siguiendo la tipología que establece Díaz-Salazar en su libro ya citado España Laica11, podemos recoger estas tendencias esquemáticamente —y solo con intención pedagógica— en dos planos: el referido a la religión y el plano sociopolítico y económico:
a) Desde el plano religioso podemos encontrar:
Un laicismo excluyente de la religión. Desde una posición, no solo política sino metafísica y ontológica se excluye la religión de la esfera pública. Como su inspirador el laicismo original francés, se trata de un laicismo no solo anticlerical, sino también antirreligioso: rechaza la dimensión pública de la religión.
Un Laicismo neutral y a veces de neutralización de la religión que es compatible, según uno de sus defensores Luis CIFUENTES, con “posiciones filosóficas teístas, ateas y agnósticas”. No se muestra sensible a los posibles beneficios de una sana relación Iglesias-Estado y, consecuentemente, rechaza los Contratos o Acuerdos del Vaticano con los Estados
Laicismo inclusivo o inclusión de la religión ilustrada y liberadora, porque, como ha defendido Luis GÓMEZ LLORENTE, “ni el laicismo es necesariamente antirreligioso, ni el cristianismo es de suyo burgués y reaccionario”. Cabría incluir aquí una lista interminable desde integrantes de la antigua Plataforma por un Sociedad Laica, Fundación CIVES, Izquierda Socialista hasta, al menos en práctica, Europa Laica.
b. Desde el plano sociopolítico y económico que atraviesa todas las anteriores categorías, existe —siempre en la práctica— un laicismo liberal que, ajustado a la nueva burguesía progresista y anticlerical, es capaz de llegar a buenos apaños económicos con la jerarquía de la Iglesia, pero sin incidencia real en el planteamiento político y en la transformación de la economía social. Y un laicismo socialista que, empeñado en un nuevo impulso democrático, apuesta decididamente por un nuevo orden socioeconómico y ecológico. Se trata de un laicismo, muy presente entre los cristianos de izquierda, que va más allá de la libertad de conciencia, la salida de la religión confesional de la escuela pública y la misma financiación de la Iglesia. Su apuesta es por un planteamiento alternativo (otro mundo es posible) de la misma democracia y de la articulación de la convivencia en una sociedad pluricultural y multirreligiosa
Dentro de la Iglesia, los movimientos liberadores hunden sus raíces, no solo en el Jesús de la historia y en la tradición heterodoxa, y aún herética, del cristianismo histórico, sino en fuentes más recientes de la misma Iglesia como el Vaticano II y las Teologías de la Liberación. La lista de estos colectivos, generalmente silenciados, sería interminable. Cito como más conocidos La Asociación de Teólogos Juan XXIII y los cristianos de izquierda, de algún modo cercanos o vinculados a Redes Cristianas, como Iglesia de Base de Madrid, y cuyos medios de expresión más incisivos pueden encontrarse no solo en sus propias páginas web sino también en publicaciones a ellos vinculadas como Iglesia Viva, Éxodo, Utopía, Cristianisme i justícia, Alandar, etc.
III. Algunas cuestiones para pensar, debatir…
1ª Cada día nos va creciendo la evidencia de la incapacidad de las grandes instituciones (UE, Estados nacionales, etc.) para mantener la promesa de igualdad y el bienestar de la ciudadanía. Cuando esto ocurre (y crece la desigualdad social, la precariedad laboral, la pobreza y exclusión, etc.), la gente busca identidad en instituciones menores, mantenidas por la propia etnia o la religión. Cabe entonces preguntarse, ¿qué transformaciones tendría que hacer el laicismo democrático para asegurar a la población poder seguir viviendo junta? O dicho de otra manera, ¿cómo hacer que el derecho a la diferencia pueda convertirse en principio de pertenencia?
2ª Y este sueño: una vez separado el trono y el altar, establecida la laicidad con todo lo que esta ha tenido que superar (los acuerdos con la Santa Sede, la financiación de la Iglesia, la religión confesional en la escuela pública, los símbolos religiosos en lugares públicos, la presencia oficial en actos religiosos, etc.), todavía nos quedará pendiente el problema del Estado: ¿Cómo tendría que ser el Estado laico para ofrecer identidad a todas aquellas personas que hoy no la tienen: nuevos y viejos pobres, parados y jubilados, jóvenes en precario y sin vivienda, jóvenes insumisos, niños con hambre y mujeres discriminadas por razones económicas y de género, trabajadores del campo y trabajadores autónomos, emigrantes, inmigrantes, refugiados, etc.?