FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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jueves, 23 de octubre de 2014

Francisco, el ganador del Sínodo José Manuel Vidal

Religión Digital


“Los adversarios de la reforma han quedado al descubierto y descolocados”
“La verdad de Cristo no es un talento a enterrar, sino un camino abierto en la Historia”
No suele gustar nada en la Iglesia que se hable de revolución (siempre se prefiere el término reforma) ni de izquierdas o derechas (remite a la política) ni de ganadores y perdedores (insinúa eventuales grietas en la sacrosanta comunión eclesial). Pero, en este caso, hay que proclamar clara y abiertamente que el ganador del Sínodo fue Francisco y, con él, la Iglesia católica. ··· Ver noticia ···

Familia: ¿Qué quiere la Iglesia? José M. Castillo, teólogo



Fuente: Teología sin censura. 
¿Qué quiere resolver la Iglesia en lo que se refiere a los problemas que más preocupan ahora mismo a la familia? Como es lógico, lo primero que llama la atención – y resulta difícil de explicar – es que los problemas que ha tratado el Sínodo no son los que más interesan y preocupan a la gran mayoría de las familias del mundo. El angustioso problema de la vivienda, el problema de un jornal o un sueldo con el que llegar dignamente a fin de mes, el problema de la salud y de la seguridad social, el de la educación de los hijos. Por lo menos, estos asuntos tan graves y que tanto angustian a la gente no han estado – que sepamos – como problema centrales en el orden del día de ninguna de las comisiones o de las sesiones del Sínodo.
Esto da pie para pensar o quizá sospechar – al menos, en principio – que quienes han preparado y organizado los trabajos del Sínodo son personas que pueden dar la impresión de que viven más preocupadas por los dogmas católicos y la moral, que predica el clero, que por los sufrimientos y humillaciones que están soportando muchas más familias de las que imaginamos. No hay que ser ni un sabio ni un santo para darse cuenta de esto. Para hacerse lógicamente la pregunta que acabo de plantear. Y que nadie me diga que los asuntos, que acabo de apuntar, son problemas que tienen que ser resueltos por economistas y por políticos. Por supuesto, lo que he dicho es asunto que concierne directamente a la economía y a la política. Pero, ¿sólo a economistas y políticos? Y entonces, ¿el sufrimiento, la dignidad, la seguridad y los derechos de la gente, los derechos fundamentales de las familias, no nos tienen que interesar, ni por ellos podemos ni tenemos que hacer nada?
Esta es la primera gran cuestión que, a mi modesto de entender, tendría que interesar sobre todo – y antes que ninguna otra cosa – a la Iglesia, especialmente a sus dirigentes. Lo digo con tiempo, cuando todavía tenemos un año por delante para llegar a las conclusiones finales del Sínodo.
Pero, viniendo ya a los problemas que el Sínodo ha tratado, mi pregunta es la siguiente: a la Jerarquía de la Iglesia, ¿qué es lo que más le interesa y le preocupa? ¿gente que “se quiere”? o ¿gente que “se somete”? Confieso que estas preguntas se me han ocurrido pensando y recordando lo que yo mismo estoy viendo en el mundo eclesiástico desde hace más de 60 años, es decir, desde que ando metido en ambientes clericales. Lo mismo en España que fuera de España, lo que yo he palpado, en los ambientes de Iglesia, es que los problemas de la economía y los asuntos sociales no suelen preocupar demasiado. Porque normalmente tales problemas (en las instituciones eclesiásticas) están resueltos.
Mientras que los asuntos relacionados con la ortodoxia dogmática (sumisión a la Jerarquía) y con el sexo (observancia de la moral), no sólo suelen ser muy preocupantes, sino que con frecuencia resultan casi obsesivos o rozando la obsesión. La consecuencia, que se suele seguir de este estado de cosas, y que la gente nota mucho, está a la vista de todos: los obispos no suelen hablar (o se limitan a alusiones genéricas) sobre la corrupción política y sus consecuencias, mientras que esos mismos obispos suelen poner el grito en el cielo si lo que se plantea es el problema de los matrimonios entre personas homosexuales o, en general, cuestiones relacionadas con el sexo. De ahí, por poner un ejemplo, la diferencia de trato que reciben, en tantos confesionarios, los capitalistas y banqueros o los gays y lesbianas.
Todo esto nos lleva – me parece a mí – a una pregunta mucho más radical: ¿por qué las religiones afrontan de manera tan distinta los problemas relacionados con “la propiedad de los bienes” y los problemas que se refieren al “cariño entre las personas”?
Desde el punto de vista de la sociología, uno de los especialistas más reconocidos en esta materia, Anthony Giddens, ha escrito: “La familia tradicional era, sobre todo, una unidad económica. La producción agrícola involucraba normalmente a todo el grupo familiar, mientras que entre las clases acomodadas y la aristocracia la transmisión de la propiedad era la base principal del matrimonio. En la Europa medieval el matrimonio no se contraía sobre la base del amor sexual, ni se consideraba como un espacio donde el amor debía florecer” (Un mundo desbocado, pg. 67-68).
En realidad, “la propiedad de los bienes” (y no “el cariño entre las personas”), como factor determinante de la familia tradicional, viene de más lejos y tiene su origen en otra fuente: el Derecho. Como es sabido, la familia era la unidad que interesaba al primer Derecho romano. Este Derecho no se ocupaba de lo que ocurría dentro de la familia. Las relaciones entre sus miembros eran un asunto privado, en el que la comunidad no intervenía. La familia estaba representada por su cabeza, el paterfamilias, en el que se concentraba toda la propiedad familiar. Y todos sus descendientes, en línea paterna estaban bajo su control.
Cualquier hijo no dejaba de estar bajo su poder. Más aún, un hijo no dejaría de estar bajo el poder de su padre hasta que llegase a adulto e incluso, hasta que no muriese el padre, no podría tener propiedades por sí mismo. Consecuentemente toda la propiedad familiar se mantenía unida y los recursos de la familia, como un todo, se reforzaban (Peter G. Stein, El Derecho romano en la historia de Europa, pg. 7-8). Lo notable es que la Iglesia hizo plenamente suyo este Derecho. De forma que, por ejemplo, el concilio de Sevilla, del año 619, califica al Derecho romano como lex mundialis, es decir la ley por antonomasia a la que tendrían que someterse todos los pueblos (cf. E. Cortese, Le Grandi Linee della Storia Giuridica Medievale, pg. 48).
Pues bien, en este contexto de ideas y de leyes, resulta comprensible y lógico que la Iglesia, a medida que se fue acomodando a la cultura y al Derecho heredado del Imperio romano, en esa misma medida fue asumiendo e integrando en su vida y en su sistema organizativo lo que era común a las demás religiones. Me refiero a lo que, con razón, ha dicho uno de los más reconocidos especialistas en esta materia: “La religión es generalmente aceptada como un sistema de rangos, que implica dependencia, sumisión y subordinación a superiores invisibles” (Walter Burkert, La creación de lo sagrado, pg. 146).
De ahí que las teologías y los rituales de las religiones, si en algo insisten y en algo son semejantes los unos a los otros, es precisamente en cuanto afecta a la “sumisión”. Y conste que, por lo que afecta concretamente a esta sumisión, los rituales que la crean, la fomentan y la mantienen, “no están limitados a una religión particular, sino que se encuentran en todo el planeta, y se puede demostrar que algunos de ellos son prehumanos” (o. c., pg. 156). La sumisión, desde las sociedades prehumanas, se expresa creando la impresión que uno produce al inclinarse, arrodillarse, tirarse al suelo, arrastrarse, en suma, todo lo que es “no agrandarse”. Y está demostrado que los rituales religiosos coinciden todos en esto (K. Lorenz, On Aggression, Nueva York, 1963, pg. 259-264; I. Eibl-Eibesfeldt, Liebe und Hass: Zur Naturgeschichte elementarer Verhaltensweisen, Munich, 1970, pg. 199 ss).
Ahora bien, lo más sorprendente, en todo este asunto, es comparar estos supuestos básicos de la familia y de la religión con los relatos de los evangelios que, repetidas veces, se refieren tanto a la familia como a la religión. Sabemos, en efecto, que Jesús, lo mismo en lo que se refiere a la familia como en lo que respecta a la religión, asumió públicamente y sin ambigüedades, una actitud sumamente crítica. Me explico.
Por lo que afecta a la religión, los evangelios nos informan de los enfrentamientos y conflictos constantes y crecientes que tuvo Jesús con los dirigentes religiosos y sus rituales. A esto se refieren los enfrentamientos con escribas y fariseos, con los sumos sacerdotes y senadores, incluso con el mismo Templo de Jerusalén. Hasta terminar siendo detenido por las autoridades religiosas, acabando en el juicio, la condena y la ejecución violenta en el tormento de los crucificados, los “lestaí” (Mc 15, 27; Mt 27, 38), es decir, no los simples ladrones, sino los rebeldes políticos, como explica F. Josefo (H. W. Kuhn: TRE vol. 19, 717). Jesús fue el hombre más profundamente religioso que podamos imaginar. Pero la religión de Jesús quedó desplazada del modelo establecido: su religión (como el Dios que representaba) no estuvo centrada en “lo sagrado”, sino en “lo humano”. Esto es capital para entender el Evangelio Y sin embargo, esto no es central para entender la Teología cristiana. Ni esto es tampoco el centro de la vida de la Iglesia.
Por lo que se refiere a la familia, es seguro que las relaciones de Jesús con su propia familia fueron tensas y complicadas: sus parientes lo tuvieron por loco (Mc 3, 21) y no creían en él, incluso lo despreciaban (Mc 6, 1-6; cf. Jn 7, 5). Por otra parte, lo primero que Jesús les exigía, a quienes pretendían seguirle, era abandonar la propia familia (Mt 8, 18-22; Lc 9, 57-62). Y cuando un día le dijeron que le buscaban su madre y sus hermanos, la respuesta de Jesús fue decir que su madre y sus hermanos son los que escuchan y cumplen lo que Dios quiere (Mc 3, 31-35; Mt 12, 46-50; Lc 8, 19-21). Pero Jesús, en lo que se refiere a las relaciones con la familia, llegó más lejos. Porque se atrevió a decir que él no había venido a traer paz, sino espadas, división y conflicto, precisamente entre los miembros de la propia familia (Mt 10, 34-42; Lc 12, 51-53; 14, 26-27). Es más, Jesús llegó a tocar en lo intocable de aquel modelo de familia: “No llaméis “padre” a nadie en la tierra” (Mt 23, 9). Una prohibición tan fuerte, en aquella cultura, que llegó a desmontar el eje mismo de aquel modelo de relaciones familiares. Los grandes, los importantes, no son los “padres” y “jerarcas”, sino los “niños”, los “pequeños”: el reinado de Dios es de los que se hacen como ellos (Mt 19, 14).
¿Qué quiere decir todo esto? ¿Dónde está el fondo del asunto? Las relaciones de parentesco no son libres, sino que nos son dadas e impuestas a cada ser humano que viene a este mundo. Por el contrario, las relaciones comunitarias y de amistad, dado que nacen de convicciones libres y de sentimientos que cada cual acepta libremente, son siempre relaciones que se basan en la libertad humana y se mantienen por la fuerza de la decisión libre. Lo más bello, lo más gratificante y lo más motivador de la relación de fe y confianza en el otro, y en Dios, es que siempre es posible porque es una relación libre. De tal manera que lo determinante, en este modelo de familia y de grupo, no es la sumisión, ni al “poder represivo”, ni al “poder seductor” (Byung-Chul Han), sino que lo decisivo es la fe y la confianza, en el encuentro (con el Otro, con los otros, con alguien en concreto) mediante la “relación pura” (A. Guiddens), que se basa en la comunicación emocional. La forma de comunicación en la que las recompensas derivadas de la misma son la base primordial para que tal comunicación pueda mantenerse y perdurar. Por esto precisamente la experiencia nos dice que donde hay cariño verdadero, por eso mismo hay libertad, mientras que donde hay religión (centrada en lo ritual y lo sagrado) hay sumisión.
Ahora bien, supuesto lo dicho en esta (ya demasiado prolongada) reflexión, vuelve la pregunta inicial: ¿Qué quiere la Iglesia con todo lo que ha removido a propósito de la familia? Por supuesto, el papa Francisco, al convocar y programar el Sínodo de la Familia, ha querido responder a problemas apremiantes que tienen planteados miles de familias en todo el mundo. Pero es de suponer que el papa Francisco, al convocar este Sínodo, exigiendo libertad para hablar de los problemas y transparencia para informar de lo que se ha hablado en las sesiones sinodales, lo que ha hecho ha sido poner en marcha, sin posible vuelta atrás, un proceso de apertura de la Iglesia a los problemas reales y concretos que, en este momento histórico, se nos plantean a todos.
Pero lo que ha ocurrido es que, no sólo se ha puesto en marcha este proceso, sino que, además de eso, el mundo se ha enterado de que en la Iglesia persiste muy vivo un sector importante de clérigos (de todos los rangos) y de laicos que identifican las creencias cristianas con posiciones inmovilistas e intolerantes que, además, desde el punto de vista de la más documentada, sana y ortodoxa teología, son posiciones indemostrables. Y, por tanto, posiciones que ocultan pretensiones inconfesables de poder y autoridad que se orientan más a mantener intacta la “sumisión” de los fieles que a fomentar la “libertad” que brota del cariño entre los seres humanos.
La situación es delicada. Hay que evitar, a toda costa, un nuevo cisma en la Iglesia. Pero no podemos estar incondicionalmente con quienes identifican el cristianismo con una religión centrada en la observancia de rituales sagrados, que produce obsesivamente sumisión a jerarquías ancladas en un pasado y en una cultura que ya no son ni nuestro tiempo, ni la cultura en que vivimos. Un cristianismo así, produce personas muy religiosas y un clero fiel a jerarquías eclesiásticas que se identifican más con los privilegios que le ofrece el poder político que con la libertad indispensable para lograr una sociedad más justa en la que todos los ciudadanos podamos vivir en justicia e igualdad de derechos. Si nuestro proyecto de vida quiere ser fiel a Jesús y a su Evangelio, no tenemos más camino que la apertura al futuro que entre todos tenemos que construir. Es más, si de verdad queremos a la Iglesia y ser fieles a la” memoria peligrosa” de Jesús, los cristianos tenemos, en el camino que nos está abriendo y trazando el papa Francisco, el itinerario cierto que nos lleva al fin que anhelamos. 

miércoles, 22 de octubre de 2014

Andre Rieu - Ave Maria (Maastricht 2008) DIGITAL TV

50 años de Don Bosco en Urnieta

 - Por: Juan F. Manjarrés (El Diario Vasco)
22/10/2014 - 26 Vistas 

Con motivo de la celebración de los 50 años de presencia de los Salesianos en Urnieta, el salesiano José Priede es entrevistado en el Diario Vasco.

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«Cuando abrimos hace 50 años no había ni puerta, por ello había un guarda todo el día»

El centro de formación de la localidad se encuentra celebrando el medio siglo desde que comenzara a funcionar
 
No quedan ya entre los Salesianos demasiados testigos directos de lo que fueron los primeros días del centro de Urnieta. El 15 de octubre se han cumplido 50 años desde que se abriera el colegio y esta semana lo celebran con una jornada especial. El asturiano José Priede es uno de los pocos que puede hablar en primera persona de lo que fueron aquellos primeros años en Urnieta. Todavía sigue en la localidad. Medio siglo de recuerdos.
-¿Cómo empezó todo hace medio siglo?

Al principio todo fue algo raro, sobre todo para los chicos, porque llegamos a la casa y no estaba del todo terminada. Había pintores en algunas zonas y no se había colocado ni la puerta, por lo que había un guarda día y noche que cuidaba el edificio. Comenzaron unos 50 chavales y hubo dos personas muy importantes en la puesta en marcha de todo esto. Por un lado, el padre Beobide, que promovió todos los colegios de Gipuzkoa de Salesianos. Estuvo viviendo unos años con Pedro Zaragüeta y su familia, este último, fue esa segunda persona importante en todo esto. En el 55 se puso la primera piedra en un colegio en Intxaurrondo y luego llegó el edificio de Don Bosco, en Errenteria, y todo se centró allí para la formación de los chavales con talleres. Pero seguían buscando una finca para hacer este colegio, se buscó por Irun, por Irura. Querían algo apartado para poder hacer el seminario y cuando dieron con esta zona y con el caserío en venta se compró.
«Hubo dos personas muy importantes: el padre Beobide y Pedro Zaragüeta»El centro comenzó con 40 internos cuyo objetivo era formarse como salesianos.


-¿Cómo era el día a día?

-Teníamos 40 internos, con el objetivo de ser salesianos y aprender una maestría. Era un centro para la formación de profesores salesianos. Al principio llegamos a tener 120 o 130 personas. Luego, algunos se fueron de profesores a las misiones y otros a ciudades como Madrid. con las vacaciones empezaron a irse y fueron abandonando esa formación. Pero cada año venía gente nueva. También acudían al centro de Urnieta a hacer el noviciado de Salesianos, de 1965 a 1969. 50 ó 60 chavales había que iban a ser sacerdotes. Y los que ya habían acabado el noviciado, también se juntaban aquí.

-Habla de Pedro Zaragüeta. ¿Jugó un papel importantísimo, verdad?
-Don Pedro Zaragüeta invirtió todo su capital en esto. No había mucho dinero, pero los Zaragüeta seguían dando dinero y se pudo hacer el pabellón, el taller. Don Pedro era uno más, hablaba con los niños, quería pasar como uno más de nosotros. Su sobrino, Vicente Zaragüeta, era quien le traía en coche porque él no conducía. Era un señor con mucha bondad y se implicó mucho. Tenía dinero y ayudó mucho aquí. Cuando murió dejó casi todo el dinero para terminar la iglesia, el teatro y la piscina.Ésta acabó por desaparecer.

-Y con los años, el centro de Salesianos de Urnieta también fue cambiando.
-La evolución fue progresiva, cuando él murió, se hizo la iglesia y la granja. Se decidió hacer la granja para poder tener algo de comer. A los chavales no se les cobraba mucho y tampoco nosotros teníamos mucho dinero. Así que nos interesamos por tener animales, como una vaca para que diera leche. A los chavales les poníamos un vaso de leche con galletas por la noche. También hubo gallinas. En esos años contábamos con la ayuda de cuatro hermanas salesianas que nos atendían. Había muchas veces que no había qué comer y había que ingeniárselas. Hoy en día todo es diferente. Todo el concepto ha cambiado. Los chavales que venían de los caseríos eran dóciles, con ganas. Solía haber algunos problemillas entre los externos, porque algunos ayudaban en las huertas y con los animales y otros no. Ahora los chicos son de distinta manera. La educación ha cambiado.


Referente
-Pero el centro de Urnieta de Salesianos llegó a convertirse en todo un referente en formación profesional.
-Sí, es verdad. Salesianos ha sido un centro de referencia en la formación profesional. Gente bien colocada y con posibilidades que quería venir a estudiar. Hay chavales que vuelven a visitarnos, y es un orgullo. Hace igual 40 ó 45 años que comenzaron y, habiendo estado uno o dos años, vuelven. Se les daba todo gratis, estaban muy agradecidos.

-Usted no es de Urnieta, ¿cómo llegó hasta aquí?
-Soy un asturiano de 82 años. Cuando era chaval, un salesiano al que llamaban Don Tomás y que se encargaba de recoger a los chavales por los pueblos, me invitó a ir a una reunión que se celebró en la casa del párroco de mi pueblo y fui. Me propusieron unirme a ellos para aprender en Madrid un oficio y acepté. En Guadalajara hice el noviciado durante un año, en un pueblecito, y allí me quede después 6 años trabajando. Fue entonces cuando me notificaron que me mandaban a Urnieta al nuevo centro que había que sacar adelante. Había que atender a los chavales y la granja, y así aparecí en Urnieta. Yo me dedicaba a la huerta, a la granja cuando se puso. Ésta estuvo hasta el 96 en marcha, luego se cerró.

Entrevista publicada en "El Diario Vasco", 22 de octubre de 2014. Texto y Fotografía: Juan F. Manjarrés

Transición española y castas Jaime Richart, Antropólogo y jurista



Con independencia de “la casta”, término usado por un mo­vimiento político y social emergente que alude al conjunto de individuos pertenecientes al poder político, banca­rio y empre­sarial dedicados durante años al bandidaje social del dinero pú­blico, el término sociológico “casta” es relativo a la estratifica­ción social de otros tiempos y de otras culturas, pero se aprecia perfectamente también en España a lo largo del tiempo hasta nuestros días. Basta observar a quiénes ostentan el poder fác­tico en todos los ámbitos de la sociedad y ocupan los puestos más relevantes, salvo las excepciones con las que en todo fe­nómeno social es preciso contar.
La sociedad que está dominada por una parte de ella, la lla­memos casta o la llamemos clase, no es democracia.

Con las excepciones a las que me refiero ¿cuántos políticos, magistrados, banqueros, policías, obispos, empresarios, ricos y en general acomodados no son hijos, nietos o descendientes de los ganadores de la guerra civil? Muy pocos. Pues bien, los que no pertenecen a las filas y familias de los perdedores, esos son los que constituyen una casta social muy definida en España.
Por eso, mientras en España las clases populares, sin apellidos sonoros cuyos privilegios pasan de una generación a otra no ocupen indistintamente en la sociedad puestos como los otros; mientras la inteligencia y méritos que alegan los que ahora los ocupan estén valorados al final de un proceso de estimación por “jueces sociales” situados estratégicamente por esa casta en las grandes empresas y en las instituciones; mientras tales ojeadores tengan la misión sectaria de asegurarse que el aspi­rante a un puesto de trabajo de relieve o el opositor está o no con el pp o el psoe, con el centralismo o la autonomía, con la ambición o la indiferencia, con dios o sin dios… no puede haber verdadera democracia.

Son ya siglos de real o falsa religiosidad, siglos de absolu­tismo, siglos de prepotencia y predominio, siglos de control so­cial ejercido por los mismos individuos en la justicia superior y en las instituciones clave, siglos de dogmatismo y monopoliza­ción de la “verdad” de acuerdo con ese infame pasaje evangé­lico “o estás conmigo o estás contra mí”.
España no coordina bien ni puede coordinar con la Europa que ha pasado por dos guerras mundiales pero ninguna civil en siglos; con esa Europa cuyo cristianismo queda ya muy lejos del catolicismo político que la embarga todavía con todos los trucos y marrullerías propios de ese catolicismo religioso del “una vela a Dios y otra al diablo” que prepondera; ese catoli­cismo de concepción piramidal que contamina todo lo que tiene que ver con la política, con la vida económica, con la vida pública y con las grandes empresas. El hecho de que entre la casta haya Martínez o Suárez no significa nada, pues me re­fiero primordialmente a los que tienen dinero o poder porque ya sus antepasados lo tenían o lo detentaban. El fallecido Suárez no deja de ser un ejemplo de lo que quiero decir. Su apellido es popular, pero fue falangista, y el falangismo fue pieza clave del franquismo. Lo que significa que si de alguna manera fue él artífice de la transición, la tuvo que hacer con los tics de un franquista. La prueba es que la “proeza” de conseguir de los procuradores franquistas la legalización del partido co­munista fue una concesión con condiciones: que el partido se desnaturalizase renunciando a la República y a la bandera tri­color. Y el que concede es por definición el que tiene el poder y al que hay que agradecer… ¡Bonita manera de empezar una democracia! Así fue cómo la mano larga del Poder eterno en España fue decisiva para la suerte de aquella transición y para las consecuencias hasta hoy. Fraga Iribarne es el otro ejemplo llegado del “frío”: espécimen mimético que con toda comodi­dad se fue transfigurando desde el franquismo y los dos minis­terios franquistas cuyas carteras ostentó, hasta decidir el infame arranque de este país con una constitución y una monarquía aprobadas por el pueblo deprisa y corriendo presionado por el terror fundado al golpe de Estado o a la continuidad de otro gobierno militar. Fraga, el franquista civil por antonomasia, fue el verdadero autor intelectual de la transición y del proyecto de texto de la Constitución… Esta es la clase de Transición del 78 que tanto aplaude celebra el bipartidismo; un tránsito que ha consistido en pasar el testigo del predominio de una casta sobre las demás, dando entrada selectivamente a los dóciles del par­tido político que ha venido compartiendo el poder político e institucional, lo que explica fácilmente esa adhesión al sistema de éste monárquico con mayor denuedo todavía que los de la casta predominante.
Así es cómo se trucó el nacimiento de este remedo de demo­cracia. Así es cómo se vició de miedo el consentimiento in­consciente de las clases populares para darle su aprobación. Si España, si el pueblo español no pone en marcha cuanto antes el espíritu republicano que desplace al vigente monárquico del privilegio y no entroniza inmediatamente el imperio de la III República, España estará siempre sojuzgada por la misma casta y la mayoría vivirá en más o en menos una suerte de indigna servidumbre y opresión como las que que de modo ostensible viene sufriendo desde que la orgía de dinero se derrumbó. 

Por encima de sus posibilidades Pedro Serrano


En el debate social sobre la crisis que padecemos, estuvieron a punto de hacernos creer que fuimos nosotros, el pueblo llano, los culpables de la misma por haber vivido por encima de nuestras posibilidades. Pero a hora que vamos descubriendo las cuevas de Alí Babá y la miríada de ladrones, caraduras, aprovechados e incompetentes que han arruinado nuestro país ya tenemos la certeza de que eran ellos los que vivían por encima de sus posibilidades.
Sí, sufridos e indignados conciudadanos, no solo vivían por encima de sus posibilidades económicas, sino también por encima de sus posibilidades morales, éticas y de gestión. En el caso de las tarjetas opacas de Caja Madrid y Bankia se cuenta que los presidentes, directivos y consejeros, cuando tenían que pagar una fiesta, la compra de joyas, una mariscada o un safari, por poner solo algunos ejemplos, se acercaban a la cueva del cajero automático, introducían la tarjeta y con voz taimada decían aquello de “¡Ábrete, Sésamo!”, y el cajero se abría milagrosamente ofreciéndoles cuánto dinero pudieran guardar en sus faltriqueras.

Las tarjetas no son para el otoño Koldo Aldai Agirretxe


Eclesalia
Paseamos estos días por unos bosques generosos. ¿Cuántos dones servidos a la vera de los caminos de otoño? El mimbre rebosa de nueces y los botes de cristal de higos en mermelada. El horno desnuda la piel de unas castañas recién cogidas, manjares de la Tierra tras los cuerpos una y otra vez inclinados. Sin embargo a la Madre no le podemos pedir más de lo que nos dan sus árboles y ramas cargadas, sus recias matas, sus suelos ahora tamizados de ocres y de oros… La Tierra y sus Reinos tienen sus ritmos, sus ciclos, sus límites. Nuestra ambición a menudo echa a correr, se desboca, se vuelve ilimitada y podemos llegar a pensar que los recursos de la Madre también lo son. Nada más equivocado.

La Madre Tierra tiene ya 7.000 millones de comensales a su mesa. Lo que tomamos de más es lo que a otros llega de menos. La austeridad es nuestra medida en un mundo en el que demasiados hermanos no se sientan tres veces al día ante el plato. El plástico engaña, las tarjetas de plástico aún más todavía. Se nos antojan sin fondo, de forma que podemos hacerlas pasar por la máquina cobradora cuantas veces nos apetezca. Ese es el problema de nuestro mundo. Nos hemos encerrado en una burbuja artificial y hemos perdido la noción de la realidad. El campesino no pisa la tierra, el panadero no amasa la masa, el niño no sabe de donde viene el tomate, ni la leche, ni siquiera los huevos… Los 86 directivos de Bankia parecieran no conocer tampoco que la tarjeta que tan alegremente gastaban, tenía un fondo y que además ese fondo se había llenado con el esfuerzo y el trabajo de los ahorradores.
Recuperar el sentido original de economía como preocupación por la casa colectiva, “oikos”, por el bien común, para que finalice el macabro baile de las tarjetas “black”, para que se frene el gasto sin medida en pos de una felicidad individual que siempre se sitúa más allá de nuestras posibilidades. Recuperar la economía como contribución de cada quien al bienestar global. Las tarjetas vienen tras el esfuerzo ya manual, ya intelectual. Una vez que hemos servido y rendido a la comunidad, a la “casa” común, deberemos sacar en razón de nuestras necesidades verdaderas. El sentido de la economía se adultera, desde el momento que tratamos de beneficiarnos personalmente en detrimento de la colectividad necesitada.
A menudo se desenfundan las tarjetas ignorantes del sacrificio que ha costado cargarlas. A veces ese esfuerzo ni siquiera es propio. Los directivos de Bankia y Caja Madrid no invirtieron esfuerzo en cargar con 15 millones de euros las polémicas tarjetas. Nunca debieron habérselas enfundado, menos gastado, menos aún ir con ellas a restaurantes de lujo… Las tarjetas, como la tierra, son para quienes la trabajan, para quienes amasan el pan, cultivan la tierra, hunden el pico o exprimen sus neuronas… El sudor nos traiga la memoria de que la mesa y el vino eran tras el denuedo y el ahínco, nos devuelva el recuerdo del trabajo para el sustento, la conciencia de cuando el dinero tenía que ver con la azada o la pala, cuanto menos con el despertador tronando de buena mañana…
Escribir y no faltar, argumentar y no herir. ¿Cómo conocer que el máximo directivo, Miguel Blesa, se gastó con esas tarjetas 9.000 euros en un safari y 10.000 en vino y al mismo tiempo seguir respirando en paz? ¿Cómo encarar el tema de las tarjetas y mantener la serenidad y la calma? Las tarjetas no eran siquiera para el verano, si es caso para un verano más de todos. Ya no más plásticos colmados con ardor y empeño del otro. Ya no más restaurantes de lujo donde dilapidar el esfuerzo de los ahorradores, de los pequeños inversores en preferentes, sino pan, pizarras y techo para la entera ciudadanía, para que nadie pase angustia, ni privación. Hemos hecho un mundo de plástico, artificial, una economía engañosa y ahora toca volver a la de la realidad, toca volver al mundo del esfuerzo mancomunado y solidario, a la empresa común en la que todos arrimamos.
Despleguemos más esfuerzo a favor del bien común, desenfundemos menos tarjetas a favor del beneficio propio. En realidad las tarjetas tampoco eran para el otoño. No he dado con ningún cajero automático en la profundidad del bosque, pero los pies se han ido tropezando con cantidad de nueces, castañas, higos… que me han salido al camino. Llenemos la alacena común, el almacén colectivo. Guardemos el plástico para los apuros, para cuando llegue el invierno y a golpe de tarjeta debamos alegrar aquel hogar ajeno, aquella casa sin fuego.
koldo@portaldorado.com
ARTAZA (NAVARRA).
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Religión y sexualidad José Arregi, teólogo




“¿Sexualidad y religión forman buena pareja?”. Así se anunciaba un debate en el que participé el pasado mes de agosto en Larzac, bellísimo altiplano de Occitania (Francia), donde pastan miles de ovejas y se fabrica queso Roquefort.
Podría decirse, siguiendo con el símil, que sexualidad y religión se llevaron bien al principio, durante mucho tiempo, hasta que la segunda quiso someter a la primera. La sexualidad se sentía habitada por el Misterio Sagrado: la presencia del otro, el placer del encuentro, el milagro de la nueva vida que nace. Pero también se sentía rodeada de amenazas: no hay relación sin conflictos ni hay vida sin muerte.

El conflicto y la muerte son el precio de ese maravilloso invento de la Vida –maravillosa aventura– que es la sexualidad en orden a crear nuevas formas y especies de vida cada vez más complejas; las células que se multiplican reproduciéndose a sí mismas son inmortales, pero nunca pasan de ser perpetua repetición de lo mismo. Y la Vida busca novedad y evolución, pero también desea la difícil armonía de las partes, y no quiere ser devorada por la muerte. Así pues, como la vida misma, la sexualidad está rodeada de misterio y de peligros. Y ambos la llevaron a acercarse a la religión.
¿Y la religión? La religión fue “al principio” una fuente de aliento, más que un sistema religioso. Un ámbito sagrado de comunión, un horizonte de confianza, un camino amplio y libre para acceder a los bienes más excelsos que la Vida intuía en el fondo de su aventura sexual: la dicha de la relación y la plenitud de la vida sin fin. Cuando digo “al principio”, no me refiero a un tiempo, sino a la hondura de la Vida.
La religión fue infiel a sí misma: se olvidó de ser atención, cuidado, aliento, y se volvió sistema. Las religiones se volvieron fortalezas de poder patriarcal, guardianas del orden, autoritarias y celosas. Quisieron controlar la sexualidad y someterla a sus creencias y supersticiones, a sus normas y tabúes, y reducirla a simple función de la reproducción, mirando con recelo, cuando no condenando, todo placer sexual que no se orientara a la reproducción. “Entonces”, la sexualidad rompió con la religión y la expulsó de su casa –su templo de carne–. Y así es en nuestros días. Todavía hoy, cuando la sexualidad se ha liberado incluso de la función reproductiva, las religiones se empeñan por todos los medios en seguir ejerciendo el control sobre ella, pero ya no lo consiguen más que en reductos marginales de un mundo pasado. La sexualidad ha roto con los sistemas religiosos, porque los sistemas religiosos han roto con la vida.
En el debate de Larzac se proyectó primero el film israelí Kadosh. Narra la tragedia de dos hermanas del barrio judío ultraortodoxo de Jerusalén. La mayor, Rivka, está casada con Meir, y no tienen hijos; el rabino decide que la Torah obliga a Meir a repudiar a su esposa, dando por sentado que la esterilidad es cosa de la mujer y que una mujer estéril es un cántaro rajado, inútil. La pequeña, Milka, está enamorada de Jakob, pero es obligada a casarse con Joseph, un joven rabino. Dos mujeres rotas. Solo podrá sobrevivir la que se rebele contra ese orden religioso fundamentalista, asfixiante.

“Me ahogo”, dice Milka. Deja la familia, sale de Jerusalén. Al fondo se divisa la conocida vista panorámica: la explanada del antiguo templo judío, la Cúpula Dorada y la mezquita Al-Aksa, las torres de las basílicas cristianas. ¿Qué es, pues, realmente Kadosh, santo? Es aquello que permite respirar. Es el amor, con transgresión incluida.
¿Pero cómo es que las religiones han acabado queriendo someter la sexualidad hasta asfixiarla, declarándola impura? “Al principio” no fue así, sobre todo en las grandes religiones monoteístas.

¿No leemos en la Biblia judía el Cantar de los Cantares, tan bello y desinhibido y tan poco “religioso”? ¿No ha reconocido el cristianismo en el amor carnal un sacramento de “Dios”? ¿No han exaltado los poetas musulmanes el erotismo más refinado en los tonos más líricos?
Pero no basta con apelar a los orígenes o a los textos sagrados, pues en los orígenes de todas las grandes religiones y en sus textos sagrados están presentes también el machismo, la homofobia y la repulsa del sexo. Las religiones deben eliminar esos y otros residuos de un mundo pasado, aunque “esté escritos” en sus textos sagrados. Solo así podrán volver a su verdadero “origen”, inspirarse en la Vida e inspirar vida.
(Publicado el 19-10-2014 en DEIA y los Diarios del Grupo Noticias)

Domingo 26 de Octubre, 30 Tiempo ordinario (A): Creer en el amor José Antonio Pagola



La religión cristiana les resulta a no pocos un sistema religioso difícil de entender y, sobre todo, un entramado de leyes demasiado complicado para vivir correctamente ante Dios. ¿No necesitamos los cristianos concentrar mucho más nuestra atención en cuidar antes que nada lo esencial de la experiencia cristiana?

Los evangelios han recogido la respuesta de Jesús a un sector de fariseos que le preguntan cuál es el mandamiento principal de la Ley.


Así resume Jesús lo esencial: lo primero es “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser”; lo segundo es “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor todo queda pervertido.

Al hablar del amor a Dios, Jesús no está pensando en los sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón; tampoco nos está invitando a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón es reconocer a Dios como Fuente última de nuestra existencia, despertar en nosotros una adhesión total a su voluntad, y responder con fe incondicional a su amor universal de Padre de todos.

CROIRE A L’AMOUR
José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv
La religion chrétienne devient pour plusieurs personnes un système religieux difficile à comprendre et, surtout, un ensemble de lois trop compliqué pour vivre correctement devant Dieu. Nous chrétiens, n’avons-nous pas besoin de concentrer beaucoup plus notre attention sur ce qui est essentiel à la foi chrétienne et en prendre soin par dessus tout ?
Les évangiles ont recueilli la réponse de Jésus à un groupe de pharisiens qui lui demandent quel est le principal commandement de la Loi. Voici comment Jésus résume l’essentiel : premièrement, « tu aimeras le Seigneur, ton Dieu, de tout ton cœur, de toute ton âme et de tout ton être » ; deuxièmement, « tu aimeras ton prochain comme toi-même ».
L’affirmation de Jésus est claire. L’amour est tout. Ce qui est décisif dans la vie c’est d’aimer. C’est là le fondement de tout. La première chose c’est de vivre devant Dieu et devant les autres dans une attitude d’amour. Il ne faut pas se perdre dans des choses accidentelles et secondaires, oubliant l’essentiel. Tout part de l’amour. Sans amour, tout est perverti.
En parlant de l’amour pour Dieu, Jésus n’est pas en train de penser à des sentiments ou à des émotions qui peuvent jaillir de notre cœur ; il ne nous invite pas non plus à multiplier nos prières et supplications. Aimer le Seigneur, notre Dieu, de tout son cœur, c’est reconnaître Dieu comme Source ultime de notre existence, éveiller en nous une adhésion totale à sa volonté et répondre avec une foi inconditionnelle à son amour universel de Père de tous.
C’est pourquoi Jésus ajoute un second commandement. Il n’est pas possible d’aimer Dieu et tourner le dos à ses fils et à ses filles. Une religion qui prêche l’amour à Dieu et oublie ceux qui souffrent est un grand mensonge. La seule position réellement humaine devant toute personne que nous trouvons sur notre chemin, c’est de l’aimer et de chercher son bien comme nous le voudrions pour nous-mêmes.
Tout ce langage peut paraître trop dépassé, trop usé et peu efficace. Néanmoins, aujourd’hui aussi, le premier problème du monde est le manque d’amour, qui déshumanise, l’un après l’autre, les efforts et les luttes pour construire un monde plus humain.
Il y a quelques années, le penseur français, Jean Onimus écrivait ceci : « Le christianisme se trouve encore à ses débuts : il nous travaille seulement depuis deux mille ans. La pâte est lourde et on aura besoin de siècles de maturation avant que la charité ne la fasse fermenter ». Nous, disciples de Jésus, nous ne devons pas oublier notre responsabilité. Le monde a besoin de témoins vivants qui aident les générations futures à croire à l’amour car il n’y aura pas un avenir d’espoir pour l’être humain s’il finit par perdre la foi en l’amour.

BELIEVE IN LOVE
José Antonio Pagola.
For more than a few people, Christian religion ends up a religious system that is difficult to understand, and above all, a flimsy framework of laws that is much too complicated for someone to live correctly before God. Don’t we as Christians need to concentrate our attention much more on taking care of what’s essential in the Christian experience before anything else?
The Gospels have put down Jesus’ response to a group of Pharisees who ask him what is the most important commandment of the Law. Thus it is that Jesus sums up what’s essential: the first is “You must love the Lord your God with all your heart, with all your soul, and with all your mind”, the second is “You must love your neighbor as yourself”.
Jesus affirmation is clear. Love is everything. What’s decisive in life is to love. This is the basis of everything. What’s most important is to live before God and before others in an attitude of love. We don’t need to get lost in accidental and secondary things, forgetting what’s essential. Out of love springs everything else. Without love everything ends up twisted.
When he speaks about love for God, Jesus isn’t thinking about feelings or emotions that can arise in our hearts; nor is he inviting us to multiply our prayers and petitions. To love the Lord our God with our whole heart is to recognize God as the ultimate Font of our existence, awakening in us a complete adhesion to God’s will, and responding with an unconditional faith to the universal love of the Father of all.
That’s why Jesus adds a second commandment. It’s not possible to love God and then turn our backs on God’s sons and daughters. A religion that preaches love for God and forgets those who suffer is a huge lie. The only truly human stance before any person we meet in our path is to love that person and seek that person’s good as we would wish for ourselves.
All this way of speaking could seem way too old-fashioned, too worn-out and not at all effective. However, even today the main problem in the world is the lack of love, a lack that dehumanizes over and over any efforts and struggles to build a more human living condition.
Some years ago a French thinker, Jean Onimus, wrote thus: “Christianity is still in its infancy; we’ve only been working at it for two thousand years. The mass of dough is heavy and we’ll need centuries of maturing before charity ferments it”. Jesus’ followers mustn’t forget their responsibility. The world needs living witnesses that help future generations to believe in love, since there’s no hopeful future for human beings if we end up losing faith in love.

MAITASUNEAN USTEA IZAN
José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain
Kristau-erlijioa sistema erlijioso nekosoa iruditzen zaio jende ez gutxiri; batez ere, Jainkoaren aurrean bizi ahal izateko, lege-sare nahasiegia. Ez ote diogu kristauok geure arreta eskaini behar, beste ezer baino lehen, kristau-esperientziak duen gauzarik funtsezkoenari?
Ebanjelioek Jesusen erantzun hau jaso dute, Legearen agindurik nagusiena zein den galdetu dion fariseu-talde bati emana. Hona nola laburtu duen Jesusek gauzarik funtsezkoen hori: «maita ezazu Jauna, zeure Jainkoa, bihotz osoaz, arima osoaz eta zaren osoaz»; hau da bigarrena: «maita ezazu lagun hurkoa zeure burua bezala».
Argia da Jesusen baieztapena. Maitasuna da guztia. Maitasuna da bizitza erabakitzen duena. Maitasuna da gauza guztien oinarria. Lehenengo gauza, Jainkoaren eta gainerakoen aurrean maitasun-jarreraz bizitzea da. Ez ginateke nahastu behar gauza akzidental eta bigarren mailakoen sarean, funtsezkoenaz ahazturik. Maitasunari dariona da gainerako guztia. Maitasunik gabe, dena da gelditzen galbideraturik.
Jainkoarekiko maitasunaz ari denean, Jesusek ez ditu buruan gure bihotzetik sor daitezkeen sentimenduak edo zirrarak; ez gaitu gonbidatzen geure errezoak eta otoitzak ugaltzera ere. Honetan datza Jauna geure Jainkoa maitatzea: Jainkoa gure izatearen azken Sorburutzat aitortzean, geuregan hark nahi duenarentzat atxikimendu osoa esnatzean, Aita bezala gizon-emakume guztientzat duen maitasunari baldintzarik gabeko fedez erantzutean.
Horregatik gehitu du Jesusek bigarren agindua. Ezin duzu Jainkoa maitatu, haren seme-alabei dagokienez axolagabe bizi bazara.Jainkoaren maitasuna predikatu eta sufritzen ari den jendeaz ahazten den erlijioa gezur handi bat. Geure bidean aurkitzen dugun pertsona batean aurrean izan dezakegun giza jarrera bakarra, hura maitatzea da eta harentzat geure buruari opa diogun ongizatea bera bilatzea.
Irudi luke, hizketa hau guztia zaharregia dela, ahituegia, eginkortasun eskasekoa. Halere, gaurko munduan ere lehenengo arazoa maitasun-falta da; giza bizikidetasuna eraikitzeko ahaleginak eta borrokak, bata bestearen ondoren, desgizatiartzen ari den maitasun-falta.
Duela urte batzuk, Jean Onimus idazle frantsesak idatzi zuen: «Kristautasuna bere hasieran dago gaur oraino; bi mila urte bakarrik daramatza gizakia lantzen. Astuna da jende-masa eta mendeak beharko dira maitasunak hartzitu arte». Jesusek jarraitzaileok ez genuke ahaztu behar geure erantzukizuna. Etorkizuneko belaunaldiei maitasunean ustea jartzen laguntzeko, lekuko bizien beharra du munduak; izan ere, gizakiak ezin izango du etorkizun esperantza-emailerik maitasunarekiko ustea galtzen badu.

CREURE EN L'AMOR
José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat
La religió cristiana els resulta a no pocs un sistema religiós difícil d'entendre i, sobretot, un entramat de lleis massa complicat per viure correctament davant Déu. No necessitem els cristians concentrar molt més la nostra atenció en cuidar primer de tot l'essencial de l'experiència cristiana?
Els evangelis han recollit la resposta de Jesús a un sector de fariseus que li pregunten quin és el manament més gran de la Llei. Així resumeix Jesús l'essencial: el primer és "Estima el Senyor, el teu Déu, amb tot el cor, amb tota l'ànima, amb tot el pensament"; el segon és: "Estima els altres com a tu mateix".
L'afirmació de Jesús és clara. L'amor ho és tot. Allò decisiu en la vida és estimar. Aquí hi ha el fonament de tot. El primer és viure davant Déu i davant els altres en una actitud d'amor. No hem de perdre'ns en coses accidentals i secundàries, oblidant l'essencial. De l'amor arrenca tota la resta. Sense amor tot queda pervertit.
En parlar de l'amor a Déu, Jesús no està pensant en els sentiments o emocions que poden brollar del nostre cor; tampoc ens està convidant a multiplicar les nostres pregàries i oracions. Estimar el Senyor, el nostre Déu, amb tot el cor és reconèixer Déu com a Font última de la nostra existència, despertar en nosaltres una adhesió total a la seva voluntat, i respondre amb fe incondicional al seu amor universal de Pare de tots.
Per això afegeix Jesús un segon manament. No és possible estimar Déu i viure d'esquena als seus fills i filles. Una religió que predica l'amor a Déu i s'oblida dels que pateixen és una gran mentida. L'única postura realment humana davant de qualsevol persona que trobem en el nostre camí és estimar-la i cercar el seu bé com voldríem per a nosaltres mateixos.
Tot aquest llenguatge pot semblar massa vell, massa gastat i poc eficaç. No obstant això, també avui el primer problema al món és la manca d'amor, que va deshumanitzant, un darrere l'altre, els esforços i les lluites per construir una convivència més humana.
Fa uns anys, el pensador francès, Jean Onimus escrivia així: "El cristianisme està encara en els seus començaments; porta treballant-nos només dos mil anys. La massa és pesada i es necessitaran segles de maduració abans que la caritat la faci fermentar". Els seguidors de Jesús no hem d'oblidar la nostra responsabilitat. El món necessita testimonis vius que ajudin les futures generacions a creure en l'amor car no hi ha un futur esperançador per a l'ésser humà si acaba per perdre la fe en l'amor.

CRER NO AMOR
José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo
A relixión cristiá resúltalles a non poucos un sistema relixioso difícil de entender e, sobre todo, un armazón de leis demasiado complicado para viviren correctamente ante Deus. Non necesitamos os cristiáns concentrármonos moito máis na nosa atención por coidar primeiro de nada o esencial da experiencia cristiá?
Os evanxeos recolleron a resposta de Xesús a un sector de fariseos que lle preguntan cal é o mandamento principal da Lei. Así resume Xesús o esencial: o primeiro é “amarás ao Señor, o teu Deus, con todo o teu corazón, con toda a túa alma e con todo a túa ser”; o segundo é “amarás ao teu próximo como a ti mesmo”.
A afirmación de Xesús é clara. O amor é todo. O decisivo na vida é amar. Aí está o fundamento de todo. O primeiro é vivirmos ante Deus e ante os demais nunha actitude de amor. Non temos de perdernos en cousas accidentais e secundarias, esquecendo o esencial. Do amor arrinca todo o demais. Sen amor todo fica pervertido.
Ao falar do amor a Deus, Xesús non está a pensar nos sentimentos ou emocións que poden brotar do noso corazón; tampouco nos está convidando a multiplicar os nosos rezos e oracións. Amar ao Señor, o noso Deus, con todo o corazón é recoñecermos a Deus como Fonte última da nosa existencia, espertar en nós unha adhesión total á súa vontade, e respondermos con fe incondicional ao seu amor universal de Pai de todos.
Por iso engade Xesús un segundo mandamento. Non é posíbel amar a Deus e vivirmos de costas aos seus fillos e fillas. Unha relixión que predica o amor a Deus e se esquece dos que sofren é unha gran mentira. A única postura realmente humana ante calquera persoa que atopamos no noso camiño é amala e buscar o seu ben como quixésemos para nós mesmos.
Toda esta linguaxe pode parecer demasiado vella, demasiado gastada e pouco eficaz. Con todo, tamén hoxe o primeiro problema no mundo é a falta de amor, que vai deshumanizando, un tras outro, os esforzos e as loitas por construírmos unha convivencia máis humana.
Hai uns anos, o pensador francés, Jean Onimus escribía así: “O cristianismo está aínda nos seus comezos; lévanos traballando só dous mil anos. A masa é pesada e necesitaranse séculos de maduración antes de que a caridade a faga fermentar”. Os seguidores de Xesús non temos de esquecermos a nosa responsabilidade. O mundo necesita testemuñas vivas que axuden ás futuras xeracións a crer no amor pois non hai un futuro esperanzador para o ser humano se termina por perder a fe no amor.



NOTA DE PRENSA EN TORNO AL NUEVO OBISPO DE LA DIÓCESIS DE MADRID


FORO “CURAS DE MADRID”
  
Los miembros del Foro “Curas de Madrid” recibimos el pasado día 28 de agosto con sorpresa, agrado y esperanza la doble noticia de que el Papa Francisco, tras aceptar la renuncia del cardenal don Antonio María Rouco Varela, había procedido a designar como sucesor suyo al hasta entonces arzobispo de Valencia don  Carlos Osoro Sierra.

Ahora, cuando quedan ya muy pocos días para que se produzca su toma de posesión y con ella el inició efectivo de su ministerio al frente de nuestra querida iglesia local, hemos acordado hacer público a través de esta nota de prensa nuestro deseo de colaborar con él.

Desde noviembre de 2007, cuando nos constituimos en grupo de opinión dentro de la diócesis, hemos sido una voz crítica ante algunas manifestaciones y algunas conductas que nos parecían censurables en nuestra propia iglesia y en la sociedad de la que formamos parte. Siempre lo hemos hecho animados por el deseo de ser fieles al seguimiento de Jesús de Nazaret y con el propósito de serlo en línea con las pautas de aggiornamento eclesial marcadas por el Concilio Vaticano II, pautas que cincuenta años después requieren, a nuestro juicio, una nueva puesta al día.

Desde esta posición, como ya hemos dicho, recibimos con agrado y esperanza la noticia del nombramiento de don Carlos Osoro. Y a partir de este mismo instante y con sinceridad manifestamos nuestro deseo de colaborar con él en aquello que crea podemos serle de utilidad para el bien de la diócesis. Pensamos que nuestra manera de entender y de vivir la fe cristiana así como nuestra experiencia pastoral merecen aunque sólo sea un poco más de escucha y de acogida que las que hemos recibido de la jerarquía en estos últimos años. Confiamos en que el nuevo obispo considere oportuno prestárnoslas. Tiempo habrá de conocer su decisión. Mientras tanto, vaya por delante nuestro deseo de que sea feliz y fecundo el desempeño de su tarea pastoral entre nosotros.

Los miembros del foro “Curas de Madrid”

martes, 21 de octubre de 2014

Carta de un cura a su obispo Joaquím Cervera

Moceop


Barcelona
13 octubre de 2014
Estimado/a
He pensado en escribirte para hacerte llegar un conjunto de reflexiones y decisiones sobre mi futuro.
Perdona si lo hago por escrito, ya que así me explico mejor y creo que el tema lo exige, lo cual no impide que podamos tratarlo de nuevo personalmente.

Declaración encuentro Interétnico por los territorios en la Paz Justicia y paz Colombia

Justicia y paz Colombia

Con apoyo de el MOVICE y CONPAZ nos hemos reunido durante los días 13 y 14 de octubre, más de 250 delegados rurales (indígenas, afro, mestizos) de nueve departamentos de Colombia, en la Zona Humanitaria de Pueblo Nuevo Jiguamiandó, en el Encuentro Interétnico por los derechos territoriales, la verdad y la justicia en la Paz. ··· Ver noticia ···

El mensaje final del Sínodo confirma el camino abierto para el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar

 Religión Digital


“Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie”
Reconoce que, tras un divorcio, existen “nuevas relaciones, nuevas uniones y nuevos matrimonios”
Jesús Bastante- “Hemos demostrado la sinodalidad, con responsabilidad y libertad en el diálogo”. El Sínodo de Obispos sigue adelante. Como “una primera etapa”, como acaban de resaltar los cardenales Raymundo Damasceno Assis; Gianfranco Ravasi; y Oswald Gracias durante la presentación del mensaje final de los obispos. Un mensaje previo a la votación de la Relatio Synodi, pero en el que ya se intuyen algunos de los temas más polémicos.··· Ver noticia ···

Consolidar la revolución democrática votando a Dilma Leonardo Boff, teólogo y escritor



La presente campaña presidencial en la segunda vuelta pone en juego algo fundamental en la historia brasilera: nuestra primera revolución popular, democrática y pacífica, conquistada por el voto, con la llegada de Lula a la Presidencia. No fue solamente una alternancia del poder sino una alternancia de clase social. Un representante de los empobrecidos y siempre colocados al margen llegó al más alto cargo de la nación como fruto del PT, de aliados y de la gran articulación de movimientos sociales y sindicales, y ha sido continuado por Dilma Rousseff.
Como afirmaba el notable historiador José Honório Rodrigues en su Conciliación y Reforma en Brasil (1965): «los intereses del pueblo fueron descuidados por los dirigentes; de ahí las luchas, las rebeldías, la historia cruenta, el compromiso y la conciliación; revolución en el sentido de transformación de la estructura económica, del régimen de tierras, de cambio de relaciones sociales, nunca hemos tenido; el gran éxito de la historia de Brasil es su pueblo y la gran decepción sus dirigentes». Continúa José Honório: «las victorias del pueblo son objetivas e indiscutibles;… Brasil debe al pueblo la unidad política, la integración territorial, el mestizaje, la tolerancia racial, la homogeneidad religiosa, la integración psicosocial, la sensibilidad nacional muy viva que exige un abrasileramiento de las propias contribuciones extranjeras» (p.121-122).
Con Lula y Dilma se inauguró esta revolución, que está todavía inacabada, pero que debe ser consolidada y profundizada. Ojalá en estas elecciones no sean malgastadas por la victoria de quien representa la vieja política oligárquica más interesada en el crecimiento económico, en el mercado y articulada con la macroeconomía globalizada, que en el destino de millones de personas sacados de la pobreza por las políticas republicanas y hechos sujetos sociales participativos en la sociedad.
Por eso es importante que gane Dilma, para garantizar, consolidar y enriquecer con un nuevo ciclo de transformaciones esa revolución inaugural.
En los inicios de la colonización el cronista oficial Pero Vaz de Caminha escribió que aquí «todo lo que se planta da». Los cinco siglos de historia todavía a la luz todavía del paradigma europeo mostraron el acierto de tal afirmación. Aquí todo puede dar y dio para ser la mesa puesta para las hambres del mundo entero. ¿Por qué no iba a funcionar un proyecto-Brasil nuevo, democrático, social, popular, ecológico, ecuménico y espiritual?
El pueblo brasilero se habituó a «hacer frente a la vida» y a conseguir todo «en la lucha», es decir, con dificultad y mucho trabajo. ¿Por qué no va a hacer también frente a este gran y último desafío puesto en su camino? Cómo no conquistarlo «con garra», con conciencia solidaria, con organización, con deseo de empoderarse para garantizar el poder del estado, ya tras 12 años, a fin de darle el verdadero sentido de hacer los cambios necesarios, primeramente para los más olvidados y desde ellos a todos, dándoles sostenibilidad y garantizándoles un futuro bueno para el país.
Ese camino ya ha sido trazado, aunque falte todavía mucho para que esté terminado. Dos veces llegó lo nuevo allí, al poder central. Escasean cada vez más los instrumentos con los cuales las élites dominantes quieren volver al poder con aquel proyecto neoliberal que arruinó a los países centrales y lanzó cien millones de personas al desempleo en Europa y Estados Unidos.
Nos sentimos representados en los versos del cantor: «Solo es cantor quien trae en el pecho el olor y el color de su tierra/ la marca de sangre de sus muertos/y la certeza de la lucha de sus vivos» (La saga de la Amazonia, de Vital Faria). Esa lucha, esperamos, será victoriosa. El país florecerá en el fulgor de su pueblo multicolor como nuestros paisajes que encantan nuestros ojos. Valen estas palabras de unos líderes sindicales en los días sombríos del sometimiento:
«Pueden cortar una, dos y todas las flores, pero no podrán impedir la llegada de la primavera».
La primavera está ya avanzada. Junto con al sol primaveral queremos celebrar la victoria de la mayoría del pueblo, reeligiendo a Dilma Rousseff.
Si no pudiera ser ahora, quedaría el desafío para el futuro. Lo que debe ser, tiene fuerza y llegará el día, bendito día, en que va a triunfar.
Traducción de Mª José Gavito Milano

EL SÍNODO EXTRAORDINARIO DE OBISPOS SOBRE LA FAMILIA PATRICIA PAZ

ecleSALia 
"PREMIO ALANDAR 2011"
 

PATRICIA PAZ, ppaz1954@gmail.com                                                         
BUENOS AIRES (ARGENTINA).

ECLESALIA, 13/10/14.- Quizás no haya peor consejero que el miedo. Cuando tenemos miedo nos cerramos, nos rigidizamos y en general actuamos de manera equivocada. Atrás de muchos actos de violencia está escondido el miedo. Definitivamente lo está en toda discriminación, y en todos los integrismos. Lo nuevo, lo diferente asusta cuando no tenemos la capacidad de abrir nuestra cabeza y sobre todo nuestro corazón a lo que se presenta. Una de las cosas que más repite Jesús en el Evangelio es justamente: “No teman”. El Espíritu en Pentecostés derrumba las paredes del miedo y lanza a los discípulos a proclamar el Evangelio a todos, sacándolos del aislamiento en el que se habían escondido después de la muerte de Jesús. Seguramente tenían mucho miedo, ¡y no era para menos! Pero se dejaron transformar, y, gracias a eso, el mensaje llegó hasta los “confines de la tierra”.
Hoy la Iglesia está viviendo un “Sínodo Extraordinario de Obispos sobre la Familia”. Francisco en su discurso inaugural les pidió a los participantes que hablaran con libertad, sin temor a decir lo que piensan. Este es un primer paso para poder hacer los cambios que está reclamando el pueblo fiel. Otro paso muy importante es “leer los signos de los tiempos”. No se trata de mantener normas y doctrinas que ya casi nadie practica, si no de escuchar y mirar cómo se viven hoy las relaciones familiares, sobre todo los jóvenes. Cuando una institución insiste en poner reglas que nadie cumple pierde autoridad y vigencia. Me temo que es lo que está pasando con la Iglesia Católica. Hay cosas que están tan alejadas de la realidad que muchas veces me pregunto a quién le están hablando los obispos. Sin ir más lejos pensemos en la encíclica “Humanae Vitae”…
¿Está en crisis la familia o lo que entendemos por familia? ¿No será que en el término “familia” entran hoy otras situaciones que no implican únicamente madre-padre-hijos? Sea como fuere, la Iglesia, si quiere seguir siendo “madre y maestra” tendrá que buscar la manera de llegar con su mensaje y de acoger a todos. El objetivo debería de ser ayudar a las personas a vivir relaciones cada vez más humanas. No se trata de adaptarse y aceptar cualquier cosa, sino de volver a mirar cada norma y cada doctrina y ver si todavía tienen sentido. Revisar el porqué de cada cosa a la luz de los descubrimientos exegéticos, culturales, sociales, científicos, psicológicos, antropológicos, etc... No podemos mantener normas que se dictaron hace cientos de años cuando la cosmovisión era totalmente otra. La moral sexual católica adolece en muchos casos de una antropología inadecuada. Por eso tenemos que preguntarnos acerca de la validez de lo que hoy decimos que es moral o inmoral en nuestra vida social, sexual y familiar.
Como dijo el Cardenal Kasper: "El Evangelio no es un museo, no es un código penal, no es un código de doctrinas y mandamientos. Es una realidad viviente en la Iglesia y nosotros tenemos que caminar con todo el pueblo de Dios y ver cuáles son sus necesidades. Algunos cardenales temen que haya un efecto dominó y que, si se cambia un punto, todo colapse". Creo que lo que hay que cambiar es mucho más que un punto y me parece que el peligro es al revés, si no se animan a cambiar, no habrá seguramente un colapso, pero poco a poco la Iglesia irá perdiendo cada vez más vigencia y entonces el mensaje ya no llegará a “los confines de la tierra”. Francisco nos convocó para que como comunidad reflexionemos. Ahora los obispos tienen la oportunidad de hacer los cambios necesarios. ¡Que el amor y la compasión, y no el miedo, sean la fuerza que los anime a hacerlos!
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

lunes, 20 de octubre de 2014

Antonio Esquivias: “El Opus Dei deja a centenares de personas en situaciones de potencial indigencia”

Religión Digital


Denunció que no tiene reconocidos sus años de trabajo en la Obra
“No he recibido contacto alguno de la Obra o de la Iglesia interesándose por mi situación”
Escribo este artículo porque a raíz de mi petición en Change.org y de mi denuncia en Religión Digital de mis derechos laborales a la prelatura del Opus Dei, he leído comentarios que desconocen la posición real de la Iglesia sobre los derechos laborales de las personas que gastan su vida en ella. ··· Ver noticia ···

Migreurop junto a 70 entidades exigen el fin de las devoluciones sumarias y el respeto a la legislación nacional, europea e internacional

Tras el intento de entrada de más de 200 personas en el día de ayer a través de la valla de Melilla, las 70 organizaciones firmantes de esta nota de prensa queremos mostrar nuestro absoluto rechazo a las prácticas llevadas a cabo por las autoridades españolas que, lejos de respetar la legislación nacional, europea e internacional y garantizar el respeto de los derechos humanos y el principio de no devolución, han devuelto una vez más de forma sumaria a personas que se encontraban en territorio español. A pesar de que estas devoluciones están siendo objeto de investigación por parte de los tribunales y que han llevado a la imputación del responsable máximo de la Guardia Civil de Melilla, las autoridades españolas siguen llevándolas a cabo para a expulsar a Marruecos a personas inmigrantes y potenciales refugiadas que llegan a nuestras fronteras.