FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

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lunes, 28 de mayo de 2012

Carta abierta a los obispos españoles: habéis perdido el rumbo

 José Miguel Izquierdo Jorge
En vísperas de la publicación de mi libro y en otro momento osado de mi vida, este cura que no estaba muerto, sino más bien de parranda, se atreve desde este trocito de tierra volcánica y en mitad del Atlántico a escribiros porque se siente obligado en conciencia y como creyente en Jesús de Nazaret. Esta es una carta más de entre tantas, y mejor escritas, que os habrán llegado pidiéndoos cordura, sentido común y reflexión, o mejor, dimisión y retirada.
Como creo en Él, y como tengo su gracia para toda la eternidad a través del orden sacerdotal, según la teología, a pesar de que vuestro poder humano (que no divino) me excomulgue de la Iglesia, no me quitaréis JAMÁS la fe en Él y el amor que le tengo a través de mis hermanos sean creyentes o no.
¿Estáis nerviosos? ¿Os preocupa que millares de personas con fe discrepemos y seamos disidentes de vuestra tan cacareada y trasnochada doctrina católica? ¿Os cabrea que millares de personas ateas, agnósticas y de otras religiones se escandalicen por vuestra conducta que nada tiene que ver con el Evangelio? ¿Os sentís perseguidos, de verdad? No me creo nada. Lo que os preocupa en realidad es vuestro prestigio, vuestro poder y vuestros privilegios. Lo que os preocupa es que la gente, incluso aquellos que son católicos practicantes, no os haga caso. Creo que por ahí van los tiros. Por eso, sois tan -y perdónenme vuestras excelencias- cansinos.
Conocer vuestra institución desde que apenas tenía cinco años y estar dentro de ella 16 es tiempo más que suficiente para observar y analizar (que no juzgar) vuestros movimientos, actitudes y objetivos.
Después de que me liberé de la atadura celibataria, llevo callando muchos años, escandalizado por vuestras “marchas atrás”. Cada día, cada mes, cada año habláis y habláis por los codos insistentemente de la Iglesia, del papa, de la moral y la doctrina católicas, del Derecho Canónico, del Magisterio, de la Tradición.
Se os llena la boca cuando empleáis las palabras de Jesús: “…ni las puertas del infierno prevalecerán contra ella.”, cuando realmente la Iglesia sigue viva y esperanzada a través de tantas y tantas personas que llevan como modo de vida, su mensaje y que están dándolo todo por los demás; personas a las que vosotros, por cierto, ninguneáis
Últimamente, y cada día más, os noto violentos: atacáis sin pudor en homilías, utilizando medios de comunicación públicos, a la gente sencilla, al pueblo, que está soportando estoicamente la corrupción de los poderosos a los que, por cierto, no les decís ni mu. No tenéis la valentía de denunciarlos públicamente. Os pregunto: ¿a estos no les toca la malicia del pecado, como dice alguien de entre vosotros?
Os tocan el tema de finanzas en cuanto a pagar el IBI, y nada menos que vuestro jefe, sin ponerse rojo ni cortarse un pelo, declara que para pagarlo, si eso ocurriera, tendrán que recurrir a Cáritas.
Eso sí, mandáis a los infiernos a gente que, según vosotros, está enferma, juzgándola por su inclinación sexual y criticáis hasta a la juventud que hace “botellón”.
Se os ha olvidado hablar del mensaje de aquel hombre sencillo que, para millones de personas, es el más grande de la historia.
Se os ha olvidado hablar y predicar las bienaventuranzas y las parábolas de Jesús.
Se os ha olvidado que hubo un Concilio llamado Vaticano II, en el que la Iglesia, a través de Juan XXIII (¿os acordáis de él?), dijo: «Quiero abrir las ventanas de la Iglesia para que podamos ver hacia afuera y los fieles puedan ver hacia el interior».
Se os ha olvidado, o mejor, no habéis aprendido a ser mensajeros de la paz, de la buena nueva que es el reino de Dios.
Sí, estoy convencido de que las palabras de Jesús chirrían en vuestros oídos. Cuando os habla de pobreza, de compartir, de amor por los demás, sea quien sea, de que Dios es de todos, no le hacéis caso, miráis para otro lado. Os hacéis los locos.
Por eso cuando hermanos en la fe proclaman su mensaje liberador hablando y escribiendo, enseguida vais a por ellos: condenarlos, callarlos, prohibirlos, apartarlos. Y todo porque os están metiendo el dedo en el ojo. Y eso molesta. La lista sería más larga que un día sin pan.
Cada vez más, habéis perdido el rumbo definitivamente y, ¡que casualidad¡, se nota más en medio de una crisis financiera. Mosqueante, ¿verdad? Como esto vaya a peor, y si no os marcháis, me juego la cabeza a que la Inquisición retomará sus actividades. Sabéis muy bien que el miedo está a vuestro favor. Y debido a la crisis, organizáis visitas papales para recaudar fondos, macro-encuentros familiares de vuestro modelo único e indisoluble en plazas públicas. Estáis desquiciados porque vuestra fuerza no es el Evangelio sino vuestra Doctrina.
Nos decís que tenemos que llevar con resignación la crisis, que confiemos en Dios. Claro, así cualquiera. Con vuestros estómagos llenos y asegurados todos los meses, solteros sin familias que mantener y paseando en coches blindados, el resto de los humanos confiaría también en Dios. Es de sentido común.
Haced un favor a miles y miles de creyentes: marchaos. No queremos pastores como vosotros porque no lo sois. Si tenéis un mínimo de responsabilidad y honestidad, retiraos a hacer oración, no sigáis escandalizando y no utilicéis las palabras de Jesús en vuestra defensa, diciendo que os persiguen en su nombre y por su causa, porque la vuestra y la de Él van en sentidos contrapuestos. Los creyentes estamos hartos de tanta opulencia, soberbia y prepotencia. Y sobre todo, hartos de que ignoréis el mensaje de Jesús, manipulándolo a vuestro antojo.
P.D. He utilizado el pronombre p

Lo que ocultaba el cuervo del Papa


 

La Gendarmería vaticana encuentra cajas de documentos secretos en poder del mayordomo
Lo despertaba a las 6.30, le ayudaba en la misa a las 07.00, le servía el desayuno a las 08.00, el almuerzo a las 13.30 y la cena a las 19.30. Lo acompañaba al caer la tarde en su paseo por el jardín, elegía la menta perfumada para la infusión, le daba las medicinas justas y, en torno a las nueve de la noche, le ayudaba a desvestirse para ir a la cama. La Gendarmería vaticana trata de averiguar ahora en qué momento del día Paolo Gabriele, de 46 años, casado y con tres hijos, le robaba las cartas al Papa.
El mayordomo de Benedicto XVI fue detenido el jueves por la tarde acusado de ser “el cuervo” o traidor que en los últimos meses ha venido sustrayendo y difundiendo en los medios de comunicación italianos las cartas secretas dirigidas al Pontífice, una filtración masiva de documentos conocida como Vaticanleaks. Paolo Gabriele, que trabajaba como ayudante de cámara del Papa desde el año 2006, se enfrenta, por tanto, al cargo de “robo de la correspondencia de un jefe de Estado”, un delito equivalente al de “atentado contra la seguridad del Estado”, penado hasta con 30 años de cárcel. Gabriele, que posee la doble ciudadanía italiana y vaticana, permanece bajo la vigilancia de agentes de la Guardia Suiza, aún no ha admitido ninguna culpa y afronta los interrogatorios en silencio.
más información
La conmoción es total en el Vaticano. Paolo Gabriele es una de las nueve personas laicas que compartían la vida diaria del Papa en su apartamento, la llamada “familia pontificia”. Se trata de un hombre de buena presencia, muy reservado, extremadamente religioso y devoto de la santa polaca Faustina Kowalska. Hasta su detención, vivía con su familia en un confortable apartamento dentro de las 40 hectáreas que conforman el Estado Vaticano. Fue allí donde, según los medios italianos, Domenico Giani, el comandante en jefe de la Gendarmería, habría encontrado numerosas fotocopias de la correspondencia privada del Papa: “Cajas repletas de documentos y el aparataje necesario para fotografiar y reproducir documentos”.
Ni su confesor cree que haya sido capaz de urdir en solitario una conspiración de tal magnitud
Pese a que las pruebas halladas en “el nido del cuervo” parecen definitivas, ni su confesor cree que Paolo Gabriele, conocido por sus amigos como Paoletto, haya sido capaz de urdir en solitario una conspiración de tal magnitud. Hay tres versiones. La primera sostiene que la filtración de documentos solo buscaba un interés económico, aunque el mayor beneficiado, el periodista Gianluigi Nuzzi, asegura –sin señalar a nadie– que nunca pagó a su “garganta profunda”.
La segunda versión considera que, si Gabriele lo hizo, fue por un deseo altruista de ayudar a la Iglesia sacando a la luz casos de corrupción. Pero el mayor consenso gira en torno a la tercera opción: el mayordomo solo sería un chivo expiatorio, un instrumento en manos de alguna de las facciones de la Curia vaticana que tratan de desacreditar al actual secretario de Estado, monseñor Tarcisio Bertone, y de paso posicionarse ante la sucesión de Benedicto XVI. De ahí que no se descarten nuevas detenciones.
La palabra mayordomo no refleja del todo el papel de Paolo Gabriele en la vida de Joseph Ratzinger. Cuando le llamó a su lado hace seis años, o cuando decidió que las laicas consagradas Loredana, Carmela, Cristina y Rossella compartieran con él, cada día, su mesa y su misa, estaba eligiendo también a su familia. A los que tendrían por misión acompañar la soledad de un hombre anciano que además es jefe de Estado y, para millones de personas, el representante de Dios en la Tierra. Paolo Gabriele era el primero y el último en verlo cada día. Su traición, según el Vaticano, ha dejado al Papa “golpeado y triste”.

PERPLEJIDAD ANTE EL ESCÁNDALO DE BANKIA

No hay que ser un experto en economía para comprender que lo que estamos viendo desde hace cierto tiempo sobre Bankia es para quedarse perplejo, indignado y cabreado.
Resulta que no hay dinero. El Estado está entrampado hasta los ojos y busca quién le pueda ir comprando su deuda (por cierto pagando unos intereses altísimos). Hay recortes por todos lados para la inmensa mayoría de ciudadanos: funcionarios, pensionistas, sector educativo, sector sanitario, para los inmigrantes a quienes se les niega asistencia sanitaria, recortes en políticas de ayudas sociales, para los trabajadores con la terrible reforma laboral, para cooperación internacional etc…
Y de buenas a primeras nos enteramos que a Bankia se le ha dado primero 4465 millones de euros y ahora los responsables del banco dicen que necesitan 19000 millones de euros más. Total: 23500 millones. Y nos dicen que eso no es un préstamo, sino un capital que le da el Estado. Que ellos no tienen que devolver nada. Y se niegan a exigir responsabilidades a los que han llevado a la entidad financiera a esta situación…Esa deuda de Bankia es más del doble de los recortes en educación y sanidad (10000 millones). Es más que toda la deuda de la comunidad autónoma de Andalucía.
Incluso el Sr. de Guindos dice que a Bankia se le dará el dinero que haga falta. Dinero público, claro.
Ese dinero que no hay para educación, ni para sanidad, ni…Esto es increíble. Se queda uno con la boca abierta.
Un banco es una entidad privada. Una empresa privada. Cuando han llegado épocas de bonanza, los bancos se han hartado de ganar dinero. Cuando vienen años malos, el estado debe dar dinero público para cubrir su déficit…. Esto no hay quien lo pueda soportar. ¿Les puede extrañar que la gente esté indignada?
Aquí no se puede pretender desde el gobierno querer engañar a la gente como si fuéramos todos subnormales.
Nos damos cuenta perfectamente de lo que están haciendo: salvar a los bancos y hundir a los ciudadanos.
Lo que deberían de hacer antes que nada es llamar a los responsables de la gestión bancaria a declarar para exigir responsabilidades. Y actuar contra los culpables de esta situación.
Además me parece lógico que otras entidades financieras con problemas digan que a ellas también hay que tratarlas igual que a Bankia y quieren dinero público. Es el caso de la Caixa de Cataluña. Pero podrán venir otras con el mismo argumento que éstas a exigir el mismo trato para todas. ¿O va a haber un trato de especial preferencia para Bankia por ser la entidad principal (Caja Madrid) de la Comunidad que preside Esperanza Aguirre?
Demasiados escándalos, demasiados disparates. Demasiados motivos para que los ciudadanos estemos indignados y escandalizados.

UN EX SEMINARISTA

HUGO RENÉ SOLARES, renetusorpresa@gmail.com
CIUDAD DE GUATEMALA (GUATEMALA).

ECLESALIA, 28/05/12.- Mi nombre tiene varios rostros, historias, realidades, condiciones. Soy uno de tantos ex seminaristas que dejaron el seminario después de haber adquirido una conciencia que divergía a los formadores y muchos cohermanos. Sí, un “típico rebeldillo”, como ellos acostumbran nombrar a gente fuera del padrón.
Consciente de mi deber como cristiano de ser testigo del amor de Dios en medio del mundo, y no solo al servicio de los selectos: aquellos que cumplen con las normas regulares para participar en los sacramentos, decidí dejar el seminario, la comunidad, la fraternidad… a la que me unía la alegría de compartir y vivir la semi-comunión de valores evangélicos y bienes físicos (quien diga que vive la perfecta comunión de éstos, que lance la primera censura). Salí para ser uno de tantos, uno de los de “a pie”, pues el status social y religioso me corroía.
Tan en broma como en serio, creo que otro motivo de mi salida fue porque la vivencia del celibato dejó de ser voluntario, según Historia del Cristianismo Antiguo, Medieval y Contemporáneo. A juzgar por lo anterior, alcancé un par de semestres de Teología.
Dejando por un lado la ironía, sabía que no sería fácil dejar aquel modo de vida después de un lustro, y un poco más. No he encontrado empleo, pues durante estos años no he adquirido otra clase de experiencia, a no ser de servicio, caridad, piedad, perdón, amor… Estos no son requisitos deseables para empresas dedicadas a cobros, ventas y derivados. Y como resulta que no aprendí el idioma oficial del comercio mundial: inglés, mis oportunidades laborales disminuyen en la medida en que los meses siguen pasando y yo desempleado. Si busco empleo en alguna manufacturadora, el nivel de productividad que presento es el mismo que la agilidad para pasar de una página del breviario a otra. De modo que mis únicas opciones serían: Orientador Religioso en algún colegio católico, o Sacristán en algún templo. Pero no hay vacantes actualmente, después de una búsqueda ardua, lo cual me condena a seguir desempleado.
Tanta ha sido mi frustración en la búsqueda de alguna oportunidad laboral, que he lamentado todo este tiempo dedicado a la formación religiosa, que no me preparó para vivir dentro de una realidad social, pues siempre fui privilegiado con abundantes bienes y oportunidades, aunque haya profesado votos de pobreza. Mi pequeño mundo seminarístico me aisló, casi en su totalidad, de la realidad que viven (y ahora yo también) millones de personas. Debería sentirme conforme por ser parte de esta realidad, pero a nadie nos gusta sufrir y vivir por “el miedo a no encontrar trabajo, o el miedo a perderlo” (documental: El Orden Criminal del Mundo, declaración de Eduardo Galeano).
El Dios de Jesús no me ha dejado solo y me ha amparado. Es el maldito orden social, que favorece a los favorecidos y condena a los inocentes al suplicio de la miseria, el único responsable de mi situación y la de muchos otros como yo, que hemos estado temporalmente fuera de esta deplorable realidad, en un submundo de teorías teológicas y filosóficas.
La esperanza me anima y la fe me alienta: “Creo, aún, en la voz de las personas con buen corazón” (Diego Torres). Y a los que estamos en esta situación, nos veremos en el camino intentando caminar. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

domingo, 27 de mayo de 2012

Cuento con amor y final feliz

La historia que sigue, aviso desde ya, es un cuento con final increíble, pero feliz. ¡Qué quieren que les diga! Será que en este tiempo pascual y primaveral los signos de vida aparecen donde menos se les espera, incluso entre los cardenales! ¿Le suena a alguien por aquí el nombre de Florian Stangl? ¿Y Stützenhofen? ¿Tampoco? La última es una pequeña comuna de la Baja Austria, de apenas 111 habitantes. Y aquel es uno de estos habitantes. Un hombre de 26 años de edad, con pinta de monaguillo al decir de quienes le conocen, que ha pasado casi toda su –todavía corta- vida en la sacristía de la iglesia de su pueblo.
¿Y por qué viene aquí? Pues porque el señor Stangl merece ser citado por su coraje en la defensa de su fe y de su derecho a vivir como católico aunque algunos se empeñen en que no puede ni debe. Su compromiso eclesial es tan indiscutible que, a finales de marzo, fue elegido “consejero parroquial” –una institución particular de Austria, Alemania y Suiza que permite que los laicos escogidos por la asamblea asuman responsabilidades parroquiales- por una amplia mayoría de los miembros de su comunidad.
Pero Stangl está casado. O casi: vive en unión civil homosexual. Y el párroco –cuyo nombre también vamos a citar, pero por las razones contrarias: Gerhard Swierzek-, haciendo gala de ortodoxia y “pureza de corazón”, que diría monseñor Reig, juzgó que la elección y el subsiguiente nombramiento eran inaceptables. Sus “fieles”, a su vez, no aceptaron el rechazo del sacerdote. Y así.
Conclusión: el párroco buscó el lógico respaldo jerárquico de su arzobispo, nada más y nada menos que el cardenal de Viena, Christoph Schönborn, presidente de la conferencia episcopal austriaca y amigo personal del papa. Schönborn convocó a Florian Stangl y a su pareja a una entrevista “a corazón abierto” . Y dicen las buenas lenguas que acabó impresionado por su sinceridad y la firmeza de su fe. Tanto que Stangl salió de la entrevista como consejero parroquial confirmado.Sigue leyendo en alandar…

Rouco y Cáritas

Con la crisis, el suelo tiembla para muchos. Hasta ahora la Iglesia ha sido una excepción. Pero se multiplican las voces que reclaman acabar con el oasis fiscal y la financiación privilegiada de que goza y hasta Ayuntamientos conservadores ven en la extensión del recién acrecentado IBI una fuente con la que llenar sus arcas.
La jerarquía ha tenido por costumbre tapar su boato con la manta de la obra social. Y una institución con prestigio reconocido como es Cáritas ha sido usada para ese fin con el mensaje de que financiar a la Iglesia es financiar a Cáritas.
Debemos decir educadamente que lo anterior no es cierto. Basta leer los transparentes informes de Cáritas para comprobar que, al menos, en lo que respecta a financiación explícita, la aportación de la Iglesia no alcanza el 2% de su presupuesto, correspondiendo el resto a aportaciones públicas y particulares de la más diversa índole.
Por eso resulta chocante que el cardenal Rouco advierta que si la Iglesia se ve obligada a pagar el IBI la actividad de Cáritas se resentiría. De ser así estaría indicando que la jerarquía, aún sin aportar recursos, tiene capacidad de detraerlos, con lo que habría que pensar que quien aporta fondos a Cáritas pensando en su obra social estaría financiando, sin pretenderlo, a la Conferencia Episcopal. Esto pondría en riesgo una parte de los fondos privados que nutren a la benéfica institución.
Estos embrollos tienen, en el fondo, fácil solución, aunque haya quien vea sinecuras en riesgo. Que la separación entre lo público y lo privado sea nítida y que ninguna institución privada goce de privilegio alguno, de modo que cada palo aguante su vela. Laicismo, sin más.— Pedro García Castrillo.

sábado, 26 de mayo de 2012

EL DESPILFARRO DE LA PASCUA

GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@euskalnet.net
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 25/05/12.- Es más necesario que nunca recordar que el vínculo de las primeras comunidades cristianas se fraguaba en la fraternidad y en practicar (no solo predicar) la misma fe en todas partes. Los que tenían responsabilidades no se consideraban una autoridad sobre nadie, sino servidores. Solo cuando la Iglesia se va institucionalizando a causa de su crecimiento es cuando se acrecientan los conflictos; cosa muy humana, pero que en el caso de la mayoría de las iglesias católicas occidentales la cosa ha desbarrado hasta convertir a sus cúpulas en organismos alejados del mandato principal del Señor, coo le gustaba a Lucas llamar a Jesucristo.
Aquella Iglesia primitiva tan cercana en el tiempo a la vida de Jesús tenía atractivo, y su estilo de vida parecía una Buena Noticia. Sus rectores -y rectoras- procuraron una Iglesia con una vivencia comunitaria por encima de las dificultades propias de la diversidad cultural y de las sensibilidades teológicas diferentes e inevitables. Igual que entonces, muchas comunidades tratan de repetir semejante experiencia desde el coraje de su fe pero desde la incomprensión de la jerarquía, por decirlo suavemente.
Los incipientes pasos cristianos a partir de la Pascua de Resurrección fueron recogidos en los Hechos de los Apóstoles (parece que Lucas escribió su evangelio incluidos los Hechos, como un todo) cuyo protagonista es el Espíritu Santo. En este libro, más que en ningún otro, se detallan las vivencias y los primeros testimonios cristianos que nos indican el modelo a seguir y la experiencia en la que todos deberíamos mirarnos como misioneros en su sentido más puro de continuadores de la misión de Cristo, marcada por el amor al prójimo.
Jesús acogió, perdonó, denunció pero no impuso nada como lo atestigua su muerte en la cruz. Sin embargo, a veces sus principales representantes son los que borran la mejor cara de Dios en lugar de ser los instrumentos, las manos de Dios. Frente a la abundancia de quejas y autocompasiones por la persecución encubierta que los católicos decimos sufrir por amor a Cristo, que puede ser cierta en América Latina y en el Tercer Mundo en general, no vale para nuestro mundo opulento. Aquí viven muy bien los mismos que en tiempos de Cristo se sintieron molestos y furiosos con su mensaje y con su ejemplo.
Los católicos de los países ricos damos la impresión de no desear cambios sino la prolongación de lo que tenemos. Los cristianos del bienestar no paramos de hablar de los pobres y actuar a favor de los ricos, aunque nadie va a cambiar si no cambiamos nosotros primero desde una fe regalada que hace preguntas y reclama respuestas. Y en el caso de las jerarquías esto se percibe con mayor claridad al mostrarse como representantes de todos los demás y, lo que es peor, del propio Cristo.
No son los medios de comunicación, ni los poderes fácticos, ni los “malos oficiales” los principales culpables del descrédito de los cristianos ni de la constante sangría de creyentes, sobre todo entre nosotros. Nos bastamos nosotros solos para ponérselo a güevo a los que pretenden vaciar el Mensaje y a quienes se sienten defraudados por nuestra falta de esperanza, humildad y misericordia. Si algo brilla en las azoteas curiales es la falta de valor y humildad para mantener lo esencial: el corazón dispuesto a seguir amando a Dios a través del hermano, con hechos.
Sin acogida y misericordia, sin ofrecernos a aliviar ¡y no poner! cruces a los demás, mostramos una inconsecuencia que a tantos empuja a abrazar mil placebos, como el de la codicia y el desear los bienes ajenos. Sin la denuncia de las injusticias ni la implicación con los excluidos (Bienaventuranzas), no esperemos cambios, porque nunca seremos creíbles. Ése “ved como se aman” es el único reclamo eficaz para remover las conciencias. Esto también va para la jerarquía, que debería mirarse más en la gran enseñanza de los Hechos de los Apóstoles cuyos protagonistas tuvieron que conjugar desde el principio su “contemplación en la acción” con el conformismo de la dictadura de los preceptos y las condenas del judaísmo y el paganismo heleno y romano. Pero aquellos tuvieron muy claro el objetivo de su fe, y las “armas” para combatir sus debilidades: servicio, coraje, amor y ejemplo. Supieron darse a pesar de las consecuencias. Siempre ha sido así la obra de Jesucristo, desde que empezó, en medio de un gran dilema: cuando interpelan desde el ejemplo de la verdad, viene la persecución; y cuando se hacen fuertes desde el poder mundano, se prostituyen y hay que recomenzar.
Ante semejante dilema en medio de los profundos cambios actuales, nuestros jerarcas deberían repetir como un mantra lo que dijo el Maestro: a vino nuevo, no valen odres viejos; y en ello se afanaron aquellas incipientes comunidades cristianas, que son el ejemplo a seguir en su manera de vivir “en medio de lobos”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

viernes, 25 de mayo de 2012

LA BRECHA ENTRE EL CLERO Y EL PUEBLO

La primera llaga que señaló Rosmini es el foso abierto entre el clero y el pueblo. El escribía a mitad del siglo XIX. Hoy, iniciando la aventura apasionante de entrar al siglo XXI, esa herida continúa y no se le ve remedio.Todavía está vigente la figura del rebaño y del pastor, una figuración muy hermosa, poética, idílica. Jesús la empleó porque pertenecía al mundo campesino.
Y de niño y joven debió ver rebaños de ovejas y ganado caprino, guiados por pastores semi rústicos. Después descubrió la vida marinera, pero nunca se olvidó de la vida campestre. Sin embargo es una figura que nos ha hecho mucho mal. Los seguidores de Jesús no son un rebaño sino una familia o comunidad de hermanos. Las ovejas son animales simpáticos pero muy tontos.
No tienen la independencia de otros animales: los gatos, por ejemplo, son autovalentes, los perros son buscadores de caminos nuevos y conocen las ciudades y pueblos mejor que los geógrafos y los alcaldes; los pájaros miran el paisaje desde arriba y eligen sus presas o sus alimentos; las tortugas nacen y se autodireccionan hacia el mar. Corderos y ovejas van donde las lleven, se asustan de los perros guardianes, siguen a la que va haciendo sonar una campanita, necesitan resguardo para pasar la noche, se dejan trasquilar sin dar un balido. Un animal dependiente, tímido, gregario y atontado.
Frente a creyentes convertidos en rebaños se levantan, entonces, pastores que se adueñan de todo, hasta de las conciencias de la gente. Hay muchas personas que dicen que no reciben la comunión o que se sienten castigadas en su pertenencia a la iglesia porque un cura se lo dijo o se lo mandó: “Usted puede o no puede comulgar”. “Usted puede o no puede casarse con alguien que está separado”. “Usted puede o no puede comer tal alimento en cuaresma”. Y cristianas y cristianos del rebaño dicen amén, totalmente dominados en sus decisiones personales en las que nadie puede meterse sin violar las conciencias.
En una comunidad de hermanos, las cosas no deben suceder así. Los que tienen el servicio de ayudar a hacer crecer en la fe, la esperanza y la caridad, podrán proponer las enseñanzas del evangelio, podrán hacer presente la opinión histórica y quizá mayoritaria de la iglesia, podrán señalar las enseñanzas dejadas por los teólogos. Pero jamás podrán imponer respuestas. En la comunidad de discípulos de Jesús el fuego es para avivar la llama del amor a Dios y a los hermanos, nunca para quemar en la hoguera a los prójimos.
La brecha que Rosmini veía en su tiempo entre pueblo y clero se ha acrecentado con los años. El señalaba como una de las causas, la celebración de los ritos en latín. Hoy, el problema es mayor. No se trata del latín; se trata del rito mismo, de su significación, de su influencia en la vida de los creyentes. Se trata de la usurpación de las celebraciones litúrgicas por parte del clero.
Y se da, in crescendo, una situación que nadie podrá resolver sin un golpe a la cátedra: la doctrina católica señala que la comunidad se nutre y crece en la celebración de la Eucaristía. Pero la Eucaristía es propiedad del clero. Sin embargo, es un hecho que las comunidades tienen un crecimiento vegetativo y que el clero está hace muchos años en un proceso de declinación. No sólo no crece, sino que disminuye frente a la explosión de un mundo que se duplica cada tantos años. La brecha será cada vez mayor.
¿Cómo van a celebrar la Eucaristía las comunidades si el clero es el único responsable de ese sacramento fundamental?
Buen tema para la reflexión de este blog. Amiga, amiga, formúlese preguntas y respóndalas desde el corazón. Converse con otros y analice las opiniones de todos. La verdad anda repartida en las experiencias humanas de la gente.

EL MODELO SACERDOTAL (Su crisis de identidad)


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 Por JOSÉ COMBLIN, TEÓLOGO
La separación entre lo sagrado y lo profano
Constituido en el siglo XVII tendió a exasperar la separación entre el clero y el pueblo. Se multiplicaron los signos visibles de la separación: ropa diferente, casa aislada, no participación de los padres en el trabajo manual, en el comercio, en las actividades profanas. El padre se reserva exclusivamente para actividades sagradas. El lenguaje es propio.
El padre no puede aparecer en los lugares públicos de encuentro de personas: teatros, estadios, circos, lugares de diversión, playas y cines. No puede ver espectáculos profanos. Su conversación debe ser muy reservada. En la propia iglesia todo muestra la separación: Hay un espacio reservado para el padre y otro para el pueblo, y nadie puede pasar la frontera, a no ser por absoluta necesidad, por ejemplo, el sacristán o las encargadas de la limpieza. El confesionario es un modelo de esta separación. El padre y el penitente ni siquiera pueden mirarse y reconocerse. La distancia es total. No es diálogo entre las personas, sino diálogo entre pecado y absolución. El pecado entra por un lado y la absolución sale por el otro.
¿Cuál es la razón de ser de tal separación? Si consultamos los libros de espiritualidad sacerdotal del siglo XVII no hay duda: se trata de la separación entre lo sagrado y lo profano, exactamente lo que Jesús vino a suprimir. El padre es el hombre de lo sagrado: su dominio es el mundo sagrado, el edificio del templo, el lugar de administración de los sacramentos. Su mundo es poblado de objetos sagrados: el material de los sacramentos, las imágenes, los libros sagrados. Su trabajo es el sacrificio. La misa es vista en la línea de los sacrificios del Antiguo Testamento. El padre es aquel cuyo trabajo consiste en celebrar la misa.
Lo que él hace son misas. El cardenal que me ordenó dijo un día en un retiro sacerdotal: si el padre celebra la misa y reza el breviario, cumplió su obligación. De hecho su sacerdocio consiste es esto: mantener las funciones sagradas. El resto es facultativo, y puede ser peligroso. No lo constituye como sacerdote.
Estas actividades sacerdotales son totalmente inaccesibles a los laicos. Ellas marcan una separación radical. Son dos modos de vida totalmente separados, pues entre lo profano y lo sagrado no hay comunicación.
Durante tres siglos se construyó un edificio destinado a consolidar y garantizar el aislamiento del sacerdote, que era el ideal que debía ser preservado de cualquier manera. Había la teología del sacramento del Orden. Metafísicamente sacerdote y laico eran dos realidades diferentes. En su ser metafísico el sacerdote era diferente del laico. Esta separación metafísica debía tener sus aplicaciones en la práctica.
La preparación para el sacerdocio tenía por finalidad separar al sacerdote del mundo exterior. El candidato al sacerdocio aprendía la filosofía y la teología escolásticas, que eran incomprensibles para las personas de afuera, y lo tornaban incapaz de entender los pensamientos de los otros. Los estudios levantaban una barrera que impedía cualquier comunicación. El padre no podía dialogar, él debía sólo enunciar la verdad de la cual era depositario, suponiendo que los otros entendiesen. Así fueron los misioneros de la Colonia: enseñaban en portugués a los indios que no los podían entender, para explicarles que debían someterse a los soldados del rey que era el Gran Maestro de la Orden de Cristo y tenia delegación del Papa para imponerles sus órdenes.
Los seminarios eran hechos para aislar. Eran como un monasterio autosuficiente. Los alumnos no tenían necesidad de salir. Tenían todo en la casa. Estaban bien protegidos contra cualquier contacto mundano que los pudiese contaminar.

La Ley del celibato
Además de eso, fue aplicada la ley del celibato. En los orígenes la razón del celibato es lo sagrado. Siendo el padre reservado para las funciones sagradas no puede contaminarse con actos sexuales. Esta fue la razón primitiva, y ella permanece hasta hoy, aunque hayan sido agregadas otras motivaciones. La base es la oposición entre sexo y sagrado. De esta manera la separación entre clérigo y laico es mayor todavía. Pues el celibato separa de manera simbólica muy fuerte. Separa de todas las mujeres y separa de los hombres casados. Para muchos pueblos la entrada en el mundo de los adultos es el matrimonio. Sin el matrimonio el sacerdote permanece fuera del mundo. Es lo que se pretende fortalecer.
Además de eso, el celibato da a los sacerdotes un sentimiento de superioridad moral notable. Debido a que son célibes, los padres se sienten más santos, más heroicos, moralmente superiores, lo que les atribuye una autoridad moral para definir los valores morales en todos los asuntos. El celibato es como la barrera que separa a los santos de los pecadores. Si el padre se reconoce pecador, es como señal de humildad, es una prueba más de su superioridad moral. No es el caso de los laicos, que son pecadores por esencia.
De ahí la convicción en el mundo popular que el matrimonio es sinónimo de pecado. Por esto los sacerdotes no se casan, cree el pueblo simple. En cuanto a los laicos, ya que son pecadores, por definición, el matrimonio es permitido, pero no deja de ser pecado también, un pecado tolerado. Esta convicción todavía puede encontrarse en el mundo popular. Los padres no pueden casarse porque no puedepecar. Ellos deben ser santos.
Todo esto concuerda plenamente con el modelo de sacerdocio que se pretendió inculcar en el siglo XVII. Sin embargo, una vez que nacen dudas respecto a la relevancia histórica de este modelo, todo comienza a ser cuestionado. De ahí que el sentimiento de pérdida de identidad del sacerdote se ha convertido en un problema permanente en la Iglesia de hoy.
Extracto del libro “O povo de Deus”, de José Comblin, publicado por editorial Paulus-Brasil, 2da edición año 2002, pág. 396-398. Traducción al castellano de Juan Subercaseaux A. y Leyla Reyes Z.

Indignado con el patriarcado

Juan José Tamayo, teólogo

Jesús mostró su indignación de manera especial con la sociedad y la religión patriarcales de su tiempo. El cristianismo histórico ha mantenido oculta esa actitud durante muchos siglos, ya que las iglesias cristianas se han configurado patriarcalmente y necesitaban legitimar dicha configuración a través de una imagen igualmente patriarcal del propio Jesús, de su mensaje y su práctica.
Tampoco la exégesis y la teología fueron capaces de descubrir esa indignación, ya que han operado hasta muy recientemente con métodos histórico-críticos androcéntricos, que resultaban patriarcales en la comprensión de la realidad, en la traducción e interpretación de los textos y en las imágenes que ofrecían de Jesús en la predicación, la catequesis, los tratados de teología y los libros de piedad.
Hoy, gracias sobre todo a la hermenéutica y a la teología feministas de la sospecha y a los estudios de antropología cultural y de sociología del Nuevo Testamento, del cristianismo primitivo y del Jesús histórico, se está poniendo de manifiesto la centralidad de la indignación de Jesús contra el patriarcado religioso, político, social y jurídico de su tiempo.
Jesús reconoce a las mujeres la dignidad que el judaísmo ortodoxo les negaba en todos los órdenes. Pone en cuestión las leyes penales que condenaban con más severidad a las mujeres que a los varones, como la lapidación por adulterio y el libelo de repudio. En la escena evangélica de la mujer adúltera hay dos elementos a tener en cuenta en la conducta de Jesús: a) echa en cara a los acusadores su doble moral; b) perdona a la mujer, eximiéndola del castigo que le imponía la ley.
Valora muy positivamente el gesto generoso de la mujer que se presenta en casa del fariseo Simón, donde estaba Jesús comiendo, y derrama sobre él un frasco de perfume, lo que demuestra cercanía, e incluso ternura, hacia Jesús y reconocimiento simbólico de su mesianidad. En otra ocasión Jesús osa afirmar, con harto escándalo para las autoridades religiosas, que las prostitutas, los pecadores y los publicanos precederán en el reino de los cielos a los fieles cumplidores de la ley.
Tal modo de actuar entra en confl icto con la rigidez de los guardianes de la ley.
Pone en marcha un movimiento igualitario de hombres y de mujeres, donde el sexo no es motivo de discriminación ni de reconocimiento
especial en el movimiento de Jesús.
El elemento común a unos y otras dentro del grupo es el seguimiento del Maestro, que exige: compartir su estilo de vida pobre, acoger su enseñanza y anunciar el reino de Dios como buena noticia a las personas pobres y marginadas.
Así lo pone de manifi esto un texto de Lucas que ha pasado desapercibido durante mucho tiempo: Lc 8, 1-3. Jesús reconoce a las mujeres la dignidad y la ciudadanía que les negaban la religión, la sociedad y el Imperio romano. La actitud integradora e inclusiva de Jesús provocó necesariamente confl icto, constituyó un desafío a las estructuras patriarcales del judaísmo y a su discurso androcéntrico, e implicaba un cambio revolucionario no solo en el terreno religioso, también en el político y el social.
Las mujeres jugaron un papel determinante en la expansión del movimiento de Jesús fuera de las fronteras de Israel. Así parecen
indicarlo dos relatos evangélicos pertenecientes a dos tradiciones diferentes: el de la Samaritana, difusora de la Buena Noticia de Jesús en medio de un pueblo heterodoxo a los ojos de los judíos (Jn 4), y el de la Sirofenicia, mujer pagana que pide a Jesús la curación de su hija, poseída por un espíritu inmundo (Mc 7, 24-30; Mt 15, 21-28) y consigue vencer sus iniciales resistencias, hasta convertirlo a la concepción universalista de la salvación.
Pero donde se rompen todos los esquemas patriarcales de la sociedad y la religión judías es en los relatos de la Resurrección.
Las mujeres, cuyo testimonio carecía de todo valor en los juicios porque se las consideraba mendaces por naturaleza, aparecen como las primeras testigos del Resucitado. Los Doce aparecen como testigos indirectos que acceden al conocimiento de la resurrección a través de las mujeres. La actitud de aquellos ante el testimonio de las mujeres concuerda con el comportamiento adoptado durante el proceso de Jesús: si entonces huyeron, ahora se muestran reticentes y desconcertados.
Como judíos misóginos, no creen a las mujeres.
Tal fue el empoderamiento que dio a las mujeres la experiencia de la Resurrección que Pablo las excluyó de la lista de las apariciones, sustituyéndolas por los Doce y a María Magdalena por Pedro (1 Cor 15, 3-8). Pero ello no fue óbice para que el mismo Pablo reconociera la igualdad entre los hombres y las mujeres (Gálatas 3,26-28) y para que estas tuvieran responsabilidades directivas en las comunidades paulinas.
Coincido con Suzanne Tunc: “¡Ellas (las mujeres) son el eslabón indispensable de la transmisión del mensaje evangélico, e incluso el eslabón esencial para nuestra fe en Cristo resucitado”. Y voy más allá todavía: sin el testimonio y la experiencia de la Resurrección por parte de las mujeres, no hubiera nacido la Iglesia cristiana.
Ellas se encuentran en los orígenes y en el primer desarrollo del cristianismo. Después sufrieron una marginación que dura hasta hoy, sin visos de cambio, al menos institucionalmente.
En las bases, sí hay cambios, que han dado lugar al nacimiento de la teología feminista.

JOSÉ A. PAGOLA PENTECOSTÉS 2012

Recibid el Espíritu Santo

Señor, hoy celebramos ese gran regalo que Tú nos haces a todos y a cada uno de los seres humanos y que es tu mismo Espíritu. Hoy es Pentecostés.
¿Por qué siento esta mañana con fuerza tan especial mi vacío interior y la mediocridad de mi corazón? Mis horas, mis días, mi vida está llena de todo, menos de Ti. Cogido por las ocupaciones, trabajos e impresiones, vivo disperso y vacío, olvidado casi siempre de tu cercanía. Mi interior está habitado por el ruido y el trajín de cada día. Mi pobre alma es como «un inmenso almacén» donde se va metiendo de todo. Todo tiene cabida en mí menos Tú.
Y luego, esa experiencia que se repite una y otra vez. Llega un momento en que ese ruido interior y ese trajín agitado me resultan más dulces y confortables que el silencio sosegado junto a Ti.
Dios de mi vida, ten misericordia de mí. Tú sabes que cuando huyo de la oración y el silencio, no quiero huir de Ti. Huyo de mí mismo, de mi vacío y superficialidad.
¿Dónde podría yo refugiarme con mi rutina, mis ambigüedades y mi pecado? ¿Quién podría entender, al mismo tiempo, mi mediocridad interior y mi deseo de Dios?
Dios de mi alegría, yo sé que Tú me entiendes. Siempre has sido y serás lo mejor que yo tengo. Tú eres el Dios de los pecadores. También de los pecadores corrientes, ordinarios y mediocres como yo. Señor, ¿no hay algún camino en medio de la rutina, que me pueda llevar hasta Ti? ¿No hay algún resquicio en medio del ruido y la agitación, donde yo me pueda encontrar contigo?
Tú eres «el eterno misterio de mi vida». Me atraes como nadie, desde el fondo de mi ser. Pero, una y otra vez, me alejo de Ti calladamente hacia cosas y personas que me parecen más acogedoras que tu silencio.
Penetra en mí con la fuerza consoladora de tu Espíritu. Tú tienes poder para actuar en esa profundidad mía donde a mí se me escapa casi todo. Renueva mi corazón cansado.
Despierta en mí el deseo. Dame fuerza para comenzar siempre de nuevo; aliento para esperar contra toda esperanza; confianza en mis derrotas; consuelo en las tristezas.
Dios de mi salvación, sacude mi indiferencia. Límpiame de tanto egoísmo. Llena mi vacío. Enséñame tus caminos. Tú conoces mi debilidad e inconstancia. No te puedo prometer grandes cosas. Yo viviré de tu perdón y misericordia. Mi oración de Pentecostés es hoy humilde como la del salmista: «Tu Espíritu que es bueno, me guíe por tierra llana» (Sal. 142, 10).
 
Entre los cristianos se habla de «espiritualidad» con acentos muy diferentes. A los presbíteros se les pide vivir una espiritualidad sacerdotal, a los casados una espiritualidad matrimonial.
Según las diferentes tradiciones, los religiosos se esfuerzan por vivir su propia espiritualidad benedictina, franciscana o carmelitana. Pero, ¿cuáles son los rasgos de una espiritualidad primera y básica de un seguidor de Jesús?
Lo primero, seguramente, es captar a Jesús como alguien vivo y cercano. Sentir su Espíritu sosteniendo y animando nuestra vida, captar en esa experiencia la cercanía absoluta de Dios y hacer de esa cercanía algo central en nuestra manera de vivir la fe.
Segundo, captar a Jesús como liberador. No es una manera de hablar. Es una experiencia esencial. Sentir a Jesús como alguien que nos libera en lo más profundo del corazón. Alguien que nos da fuerza interior para cambiar, y nos dice una y otra vez: «Tu fe te está salvando».
Captar a Jesús como alguien que nos hace bien. Es un auténtico regalo encontrarse con él. No es lo mismo hacer el recorrido de la vida con Jesús o sin él. Con Jesús, la vida es una carga exigente pero ligera a la vez. Ésta es, tal vez, la experiencia más genuina del Espíritu de Jesús en nosotros.
Captar a Jesús como alguien que nos enseña a vivir en una dirección nueva. Es lo fundamental. Aprender a organizar la propia vida, no alrededor y a favor de uno mismo, del propio grupo o la propia Iglesia, sino en favor de los que sufren lejos o cerca de nosotros. Lo más decisivo no es la propia santidad, sino una vida más digna para todos. Jesús lo llamaba «reino de Dios». (LEER EL EVANGELIO)
Del Espíritu de Jesús van naciendo en nosotros algunas actitudes básicas: una sensibilidad especial hacia los que sufren, una búsqueda práctica de justicia en las cosas grandes y en las pequeñas, una voluntad sincera de paz para todos, una capacidad cada vez mayor de hacer el bien gratis, una esperanza última para todo lo bueno que hoy nos resulta inalcanzable.
Acoger al Espíritu Santo es vivir con la alegría y el dinamismo interior de Jesús.