FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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miércoles, 7 de mayo de 2025

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “SENTIRES Y PENSARES DE UNA CREYENTE LIMINAL”

col koldo

 

sentires pensare

Carmiña Navia nos ofrece un libro que se necesitaba. Si la perspectiva de género implica mirar el mundo con nuevos ojos, era preciso acercarse a la Biblia y a las experiencias de una creyente “liminal”, con el lente de una teología feminista original, como aquí se hace. Adicionalmente, en estas páginas tenemos, no solo sus reflexiones a la luz de su liminalidad[1], de su posición en el umbral de la iglesia, de una cristiandad ajena a jerarquías y estructuras rígidas, sino, además, sus aportes a partir de sus vivencias en diálogo con las mujeres de sectores populares con quienes convive y trabaja desde hace muchísimos años. De cara a un mundo estremecido por innumerables tensiones, Carmiña Navia ofrece su visión, su sensibilidad especial construida en “una dinámica de ágape, de acogida” hacia creyentes y no creyentes, su voluntad de comprender, su “búsqueda de entendimientos”. Sus aportes son novedosos, pues se nos invita a asomarnos a lo que hoy algunas y algunos llaman “sentipensares” de la autora, que parten de la sororidad y de la solidaridad con todos los oprimidos, expuestos en una prosa clara y amena.

Se trata de un libro inmerso en una gran com-pasión (en el sentido de sentir-con) por todos los oprimidos de la tierra, e igual erudición, tanto sobre las Escrituras como en cuanto a las visiones modernas de las feministas sobre todos los temas de la fe. Así, Navia nos llama a ampliar nuestros horizontes en relación con la vivencia de Dios, desde la pregunta de “qué nos dice Jesús de Nazaret hoy a las mujeres… a los y las pobres del continente latino americano”. En primer lugar, examina el contexto religioso que alimenta a Jesús en su inicio terrenal, con sus antecedentes en la tradición judaica, a la vez que en su experiencia de Dios, a quien Jesús percibe desde claves tanto masculinas como femeninas.

Recordemos que ya desde el Antiguo Testamento Dios aparece en un texto como una madre que amamanta a los fieles, una madre que vela por el hijo que alimenta (Isaías 49: 15-23). Pero Navia plantea enfoques originales al examinar los Evangelios. En la parábola del Hijo Pródigo, que ella re-nombra como la parábola del Hijo Menor, por ejemplo, descubre las huellas de una ruptura con el orden patriarcal, mediante la dádiva y el perdón del padre hacia su hijo menor más allá de las reglas establecidas, y una prédica de un amor como el que une a la madre con sus hijos e hijas. Partiendo de una crítica antropológica, la autora lamenta que la experiencia de Dios paterno-materno transmitida por Jesús haya sido interpretada por las autoridades de la Iglesia desde una “imagen monolítica patriarcal”, advirtiendo que Jesús habla de su relación con Dios con “cercanía y ternura”, y le llama abbá, palabra aramea que nombra al padre de forma cariñosa e íntima.

Leemos también cómo, a lo largo de los siglos, una serie de evangelios que claramente recogieron lo que podría llamarse las tendencias feministas de Jesús, como el Evangelio Copto de Tomás o el de María de Magdala, fueron censurados por la Iglesia, declarándolos apócrifos. Sin embargo, estas tendencias permanecen en muchos pasajes del Nuevo Testamento canónico, por ejemplo, en los relatos de Lucas 14 y 15, o Lucas 21, sobre una Gran Cena, y la conminación a entregar bienes a los pobres, a quienes “andan por los caminos”. Aparecen también en la generosidad de Jesús hacia múltiples mujeres que lo rodean y piden ayuda, en la respuesta a la mujer sirio-fenicia, cuya hija Jesús sana por la gran fe de la madre (Marcos 7:24-30 y Mateo 15:21-28), en su relación de amistad amorosa con Marta y María en Betania, u obedeciendo a su madre en las bodas de Caná, para citar solo unos pocos ejemplos. Todo lo cual apunta a un Dios que exige “reconocer al extranjero, a la mujer, al diferente”.

En otro momento del libro, nos encontramos con una reinterpretación novedosa del libro de Job, desde la religiosidad de mujeres populares de medios urbanos de latino América, mujeres que sufren distintos tipos de violencias. La imagen de Dios a la que Job accede al final del texto bíblico, reconociendo la sabiduría y el amor de Dios en medio del infortunio, es comparada con la fe inquebrantable, la aceptación de Dios en todos los momentos de la vida cotidiana que la autora encuentra en las mujeres del barrio donde vive. No se trata de una resignación semejante a un opio adormecedor, sino por el contrario, una cercanía íntima con la deidad, una energía que las “motiva e impulsa en sus luchas cotidianas”: una relación con un Dios padre y madre que “nutre, fecunda y da vida”, según la frase de Ethel Barylka.

Navia, al recoger brevemente las historias de vida del algunas de estas mujeres, para ilustrar el fenómeno del desplazamiento interno y reflexionar sobre él a la luz de la Biblia, nos invita a considerar este fenómeno social sin afán sensacionalista, sino compartiendo la profundidad del sufrimiento de colombianos y colombianas. Adicionalmente, un gran aporte de este ensayo es recordarnos algo que poco o nada aparece en otros estudios sobre el tema: Desde el Antiguo Testamento nos encontramos con la experiencia del pueblo hebreo de su despojo y exilio en Babilonia, recogida en los bellos textos de las Lamentaciones y del Salmo 137: “A orillas de los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos acordándonos de Sion”. Tenemos también el libro de Rut, la moabita, donde “se reivindica la acogida a migrantes como una característica del pueblo de Yahweh”. En las escrituras cristianas, la experiencia del destierro aparece en el éxodo de José y María desde Nazaret hasta Belén, y en el posterior exilio en Egipto, ya nacido Jesús, para escapar a la masacre de niños proyectada y realizada por Herodes. La reflexión sobre estos antecedentes bíblicos culmina en una invitación a “guardar a los y las desplazadas en nuestro corazón”.

De gran interés es el capítulo sobre María de Magdala, figura que ha sido sujeto de múltiples leyendas, al ser vista como cortesana arrepentida o esposa de Jesús y madre de su hija. De la evidencia de la Biblia y en los textos extra canónicos, en cambio, surge una Magdalena que Navia reinterpreta no solo como una discípula destacada del Maestro de Nazaret, sino también, citando el Evangelio de Valentino, como una privilegiada entre los apóstoles, por ser su corazón “más enderezado que el de todos hacia el Reino de los Cielos”. Por otra parte, la autora señala que el papel de María Magdalena en los mismos evangelios canónicos, como primer testigo de la Resurrección, es tan segura, que el Papa Francisco la ha honrado designándola “Apóstol de los Apóstoles” en la liturgia del 22 de julio, y se ha referido a ella como “Apóstol de la esperanza”.

Ahora bien, Navia nos brinda una perspectiva original, al analizar el papel desempeñado por María de Magdala en la vida de Jesús de Nazaret a la luz de la ética del cuidado, ética caracterizada como esa “voz diferente” de las mujeres que ha planteado la psicóloga estadounidense Carol Gilligan, una actitud femenina en la que prima la preocupación por las relaciones y por el bienestar de otros y otras. María Magdalena es una de las mujeres que acuden a sepulcro a “cuidar el cuerpo” del crucificado embalsamándolo. En distintos momento, a Jesús acuden mujeres a cuidarlo; una de ellas lo prepara para su próximo entierro derramando un costoso perfume sobre sus pies (Lucas 7 y Mateo 26). Tales cuidados implican “conocimiento de hierbas naturales, de esencias” que en la historia de la Edad Media vemos que conduciría a que se persiguiera a las “brujas”. De modo similar, ya en el Evangelio de Valentino se advierte el “terror de Pedro” hacia las mujeres, y la rivalidad de otros apóstoles hacia María Magdalena, que llevaría a reducir la importancia de su papel en las primeras comunidades cristianas. Sin embargo, el Evangelio de María de Magdala la presenta “como una visionaria y una líder de la comunidad”.

En un capítulo memorable, Navia se acerca a la problemática de la mujer que aborta, “con las entrañas de misericordia que tuvo siempre Jesús de Nazaret”. Las circunstancias que llevan al aborto son analizadas como una situación liminal, donde la mujer se debate entre su tendencia al cuidado de la vida y las circunstancias difíciles para ejercer ese cuidado; por eso se reclama que escuchemos la voz de la mujer, a menudo radicalmente silenciada en los debates teológicos. Y se señala que el maestro tuvo siempre “un compromiso claro, cotidiano y permanente con la vida en los límites, con la vida cercada…, nunca unido a condenas morales hacia personas situadas en los límites”.

Esta capacidad de acogida, de piedad y clemencia, no es incompatible con una exigencia en otro contexto, de rechazar la solicitud de perdón de los victimarios del conflicto interno en Colombia ante la JEP, actores de delitos sexuales, cuando esta aparente expresión de arrepentimiento se hace por conveniencia, para evadir el castigo, y no con base en una verdadera contrición.  Esta debería ir aunada a un esfuerzo de transformación social y cultural; se requeriría reconocer que nuestra sociedad en parte se cimenta en profundas estructuras simbólicas de irrespeto a la mujer que dan pie a la misoginia y a los crímenes sexuales, como arguye Rita Segato en La guerra contra las mujeres. Solo transformando estas estructuras podemos hablar de un perdón plenamente sanador. Aun así, reconozcamos que para las víctimas perdonar es requisito para liberarse del lastre del odio, de la sujeción a la amargura.

A lo largo de este libro, Navia nos invita a “entender a la mujer como un lugar teológico y lugar privilegiado de leer la voluntad de Dios y los signos de los tiempos”, aprendiendo de “nuestras maestras en el espíritu, abriendo los ojos a tradiciones distintas a las que siempre han regido en las búsquedas espirituales en la iglesia”. Se trata de escuchar sus voces, desde las de las místicas como Clara de Asís o Hildegarda de Bingen, hasta las de todas las teólogas feministas que hoy dialogan en diferentes colectivos de América latina. Otros temas tratados por Navia en este libro, siempre con los mismos aciertos, incluyen la lectura de textos literarios a la luz de sus vivencias de la fe, los feminismos de la Iglesia católica en América latina, miradas liberadoras a la conjunción entre democracia, paz y cristianismo.

Para apreciar todas estas perspectivas en la complejidad de nuestro siglo, se hace imperativa una apertura epistemológica que nos permita un conocimiento renovado, que nos aparte de la rapaz concepción de la tierra como oportunidad de explotación, que reciba las enseñanzas del ecofeminismo, a la vez que nos permita “mirar y comprender con ojos de mujer, de negros, de mestizos o pobladores de barrios populares y marginales”. Esta mirada solo es posible con una teología que vea “la experiencia de los oprimidos” como “un terreno hermenéutico privilegiado”, en las palabras de Paul Kitter.

Por ello Navia nos invita a concebir la revelación no como la transmisión de dogmas sino como la capacidad de un conocimiento amoroso. Se trata de un llamado no solo a abrazar el pluralismo, sino también a abocarnos a “un hermanamiento” entre distintas religiones. Es más, la autora nos llama a pasar “de la religión a la espiritualidad”, donde el reconocimiento de las distintas formas de acercarse al Dios de cristianos y de no cristianos, e incluso la apertura a respetar la espiritualidad de agnósticos y ateos, nos permitan apartarnos de “dogmas, verdades, privilegios, razones … que cuidar”, para así “acercarnos y generar comunión”.

 

Gabriela Castellanos Llanos

[1] Estado de tránsito, fase en la cual se está en el umbral, entre un estado anterior y las nuevas posibilidades de lo que puede estar por llegar.

SENCILLAS CHISPAS DE LUZ

col kowalski

 

Me he dado unos días de reflexión tras la muerte y enterramiento del Papa Francisco. Él ya descansa, apacible y gloriosamente desde el lunes 21 de abril, cuando partió a la Vida que no tiene punto final. La Pascua eterna.

El protocolo vaticano para un evento como este es tan complejo y tan poco espontáneo, no sé si me equivocaré, pero creo que a bastantes se nos escapa todo ese rigor ceremonioso-celebrativo. Tiene mucho color y una simetría perfecta: vestimentas, uniformes, mobiliario, perspectivas, movimientos, decoración, etc. Un dato más: la puesta en escena es eminentemente masculina.

Por esa peculiaridad, durante estos días, he estado recordando con frecuencia la imagen de una mujer, figura mínima en ese espacio inmenso, única representante femenina singular, avanzando sin que a nadie le pareciera que no era su lugar, saltándose el protocolo hasta llegar lo más del féretro donde yacía el cadáver del Papa Francisco.

Su ropa, sencillísimo y pobre hábito en tonos azules, pañuelo en la cabeza, sandalias y el toque de mochila a la espalda pusieron delante de los ojos del mundo a una mujer que quería decir “a-Dios” a su amigo de años y años.

Me llamó la atención su presencia mínima apoyada en el cordón que delimitaba el espacio donde se encontraba el féretro. Pero en un instante lo comprendí como una sencilla chispa de luz.

Esta religiosa, Geneviève Jeanningros, según han informado los medios de comunicación, pertenece a la Orden de las Hermanitas de Jesús (hermanita de Foucault). “Vive desde hace 56 años en una caravana con feriantes, haciendo pastoral con las personas LGBTIQ+” (Vida Nueva 05/06/2024) Asiste con ella a las audiencias de los miércoles para saludar al Papa y acompañar a las personas que cuida y atiende. “Por fin han encontrado una Iglesia que les ha tendido la mano”, dice (ib).

Tender la mano, cuidar, atender, visibilizar son actitudes del Papa que se nos ha ido y que quedan en el recuerdo. Ojalá sean las del que vaya a ser nombrado. Pero también me planteo que han de ser actitudes de la Iglesia institucional como tal. Y, otra vez, ojalá… el nuevo Papa haga cambios en la propia estética de la jerarquía de la Iglesia, que resulta tan distante a la gente.

El Papa Francisco dio su primer paso al frente el día de su nombramiento como Pontífice de la Iglesia Católica, saliendo al balcón vestido totalmente de blanco y con los zapatos de todos los días.

Es buen momento para recordar también a Timothy Radcliff, sacerdote dominico inglés de la orden de predicadores, cuando le notificaron que iba a ser nombrado cardenal, preguntó al Papa Francisco “si podía liberarse de la «elaborada túnica cardenalicia». El Papa, según Radcliffe, le dijo ese mismo día que tenía “plena comprensión” de su situación y que lo “liberaría de usar ropa tan elaborada” (redaccioninfovaticana, 05/10/2024). Otra chispa de luz.

Sé que hay muchos problemas para el nuevo pontificado y esto de la ropa no se considere prioritario, también sé que cada centímetro de tela tiene un significado: “La vestimenta de los cardenales es de color rojo púrpura en la sotana, el roquete blanco, la cobertura de lana, el solideo y la faja roja. El color simboliza el martirio, pues los cardenales están llamados a dar el mayor servicio a la Iglesia incluso con la vida” (ZENIT Noticias / Roma, 21.10.2024).

Pero me atrevo a llamar la atención sobre estos pequeños (y no tanto) detalles, hoy que vivimos en un mundo de imágenes -unas que acercan y otras que pasamos por alto- en los que la Iglesia institucional necesita un cambio de look que se acerque a lo sencillo, lo discreto, lo humilde, lo servicial… las vestiduras también hablan.

El que eligió a Pedro llevaba sandalias.

 

Mari Paz López Santos

ECLESALIA

COBO: "EL NUEVO PAPA ESTÁ LLAMADO A ENSAMBLAR LA DIVERSIDAD DENTRO DE LA IGLESIA Y DEL MUNDO, QUE ESTÁ MUY DIVIDIDO"

col kowalski

 

Poco a poco se va respirando la proximidad del Cónclave. Un Cónclave diferente, dado que 108 de los 134 electores participan por primera vez, a lo que se une la disparidad de procedencias. Un camino que llevará a elegir un nuevo Papa llamado a “saber acoger los procesos que Francisco ha insertado en la Iglesia”, en palabras del arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo.

Después de un pontífice que ha promovido la unidad en la diversidad, el próximo es llamado a “ensamblar la diversidad dentro de nuestra Iglesia y de nuestro mundo, que está muy dividido”. Para ello, tendrá que ver los nuevos desafíos, sin olvidar los pasos dados.

Un Cónclave que más que un parlamento es un ejercicio de diálogo, que lleve a “atinar la decisión que ha tomado el Espíritu, no la que hacemos nosotros”, afirma Cobo. Un camino que debe conducir a encontrar a alguien que tenga “un recorrido de visión global de la Iglesia”, así como de la Curia vaticana, cuyo proceso de reforma fue uno de los pilares de Francisco.

Después del funeral de Pablo Francisco, ya podemos decir que empieza el ambiente del cónclave. ¿Cómo afrontar un cónclave en el que casi la totalidad, 108 de los 134 electores nunca han participado de un evento así?

Esto también cambia un poco las previsiones y lo que conocemos de otros cónclaves. Primero, porque este es un cónclave muy universal, con cardenales de todos los rincones del mundo, no de las grandes ciudades, ni de los grandes centros, sino también de muchas de las periferias. Y eso supone que también tienen voz y que necesitamos conocernos.

Por otro lado, gracias a Dios Francisco ha sido un Papa que no ha tapado las diversidades, sino que ha permitido que se hable, y existen también diversidades. La tarea de escucha y conocimiento es un reto que vamos a tener por delante en este cónclave.

¿Cuáles son los desafíos que enfrenta el nuevo Papa tras el pontificado de Francisco?

El primero es saber acoger los procesos que Francisco ha insertado en la Iglesia, que son procesos mucho más profundos de lo que parece, que son procesos que se verán dentro de unos años. Y también veremos cómo van dando frutos. Y, por otro lado, la valentía de afrontar un cambio de época, que es la que le ha tocado a Francisco y la que le va a tocar también al próximo Papa.

Es un cambio de época donde la Iglesia tiene que ajustar el lenguaje, y donde la Iglesia tiene que dar pasos para dar luz a realidades que antes no habíamos previsto. Y a novedades que realmente están exigiendo una respuesta.

¿Y cómo puede ayudar el pontificado de Francisco al próximo Papa?

La primera ayuda la teníamos ayer en su funeral. El respaldo de todo el pueblo de Dios, el santo pueblo de Dios, como decía el Papa Francisco. El respaldo de las autoridades y de los grandes de la tierra, que también han querido estar aquí, y el respaldo de todos los sectores de la Iglesia.

Francisco, si algo ha hecho es que el Ministerio de la Unidad lo ha ejercido, y se ha demostrado justo en su funeral. El próximo tiene que asumir también esta siembra de unidad, y es un ministerio de ensamblar la diversidad dentro de nuestra Iglesia y de nuestro mundo, que está muy dividido.

Sinodalidad, misericordia, acogida a los emigrantes, a los pobres, a los descartados, el protagonismo de la mujer, la ecología integral, han sido los principales pilares del pontificado de Francisco. ¿Qué se le pediría a este nuevo pontificado?

En primer lugar, mirar al futuro con estos ojos. Hemos aprendido a mirar a la Iglesia y al mundo con los ojos de Francisco, que nos ha ayudado a mirarlo. Y el nuevo tendrá que aportar lo suyo. Quizás el nuevo tendrá que ver otros desafíos, tendrá que hacer otros subrayados, pero desde sin olvidar los del anterior.

Francisco nos ha enseñado a mirar al mundo y a la Iglesia con ojos decididos, que son los ojos de Pedro, y ahora tendremos que mirarlo con los ojos de Pedro, pero sin olvidar el paso que se ha dado anteriormente.

Y en un mundo tan polarizado, incluso una actitud que a veces está presente en la Iglesia, entre los propios católicos, ¿cómo ayudar a la gente a entender que elegir un nuevo Papa significa ir más allá de la polarización? ¿Cómo podemos vivir este proceso en comunión?

Es difícil de entender, porque la elección de un Papa parece que es como en un parlamento, donde cada uno tiene que votar y donde un partido se impone sobre el otro. Creo, y esta es la sensación que muchos tenemos, aquí no se trata tanto de imponer como de saber que el Espíritu ya tiene una elección hecha. Lo que todos tenemos que hacer es atinar la decisión que ha tomado el Espíritu, no la que hacemos nosotros.

Ese es el gran reto, y eso es lo que nos impulsa, y es la gran responsabilidad que tiene un cardenal. No se trata de decir que ganan los míos, que sería una mala mirada, una mirada parlamentarista, sino que gana el Espíritu, es decir, quien generosamente creemos que es el que puede tomar las sandalias del pescador. Quién podría ser, quién es el nuevo Pedro en estos tiempos. Y eso lo decide el Espíritu más que nosotros, y por eso es tan necesario que nos escuchemos, que dialoguemos, porque dialogar supone dar un paso, pero que el otro también dé un paso. Y este es el ejercicio que vamos a hacer en estos días y luego también en el cónclave.

Usted habla del nuevo Pedro y podría ser uno de esos nuevos Pedros, aunque sabemos que, en la teoría eclesiástica, sería difícil por su edad, por sus pocos años como cardenal. ¿Cómo enfrentaría esa posibilidad?

Es que ni se me pasa por la cabeza. Ahora mismo, dentro de los cardenales, hay cardenales que tienen un recorrido de visión global de la Iglesia, que tienen un recorrido de algo también muy necesario, que es la Curia vaticana. Uno de los pilares de Francisco fue afrontar el proceso de reforma de la Curia, que es una asignatura que todavía hay que implementar y desarrollar. Creo que también tiene que ser alguien que conozca y que esté el día de la reforma de Francisco en torno a la Curia.

 

Luis Miguel Modino, corresponsal de RD en América Latina y Caribe

Religión Digital

LA PASCUA Y MARÍA DE MAGDALA

col kowalski

Estamos en tiempos de Pascua, es decir en tiempos de resurrección y tenemos que contribuir a que a nuestro alrededor todo florezca como en la primavera… La Pascua y la primavera siempre han tenido mucho que ver. Pues bien, esta mujer de Magdala, discípula y compañera de caminos de Jesús de Nazaret es -lo descubrimos cada año en las lecturas- la primera testigo de la Resurrección, nos lo dicen los evangelios canónicos y algunos no canónicos. Sus cuidados y cercanía al Maestro la llevan a la tumba temprano en la mañana y en ella tiene su especial experiencia: Jesús de Nazaret ha resucitado, lo va a decir a todos, directamente encargada por él de hacerlo.

Muy pronto sin embargo se inician en la iglesia los intentos de ocultar esta realidad clara. Pablo en sus cartas habla de que Jesús resucitado se le aparece a Cefas, a los 12 y a él mismo y omite la aparición a las mujeres. Posteriormente a finales del

Siglo VI, Gregorio Magno en una homilía pascual de 591 señala a María Magdalena como una prostituta arrepentida. Vienen luego los siglos, las artes, las pinturas y sobre todo las homilías a repetir esta calumnia infame. En 1969, el Papa Pablo VI aclara que esta afirmación fue fruto de un error y que no hay en la Biblia seña alguna que apunte hacia la demostración de esta falsa teoría, que es necesario corregirla. En 2016 el Papa Francisco, establece que la memoria de María Magdalena el 22 de Julio tendrá la categoría de fiesta.

Sin embargo los varones eclesiales se niegan a reconocer en esta mujer la grandeza e importancia del papel que tiene en el seguimiento a Jesús. ¿Qué fantasma habita sus conciencias y sus imaginarios? El día 13 de Abril de 2025, el párroco de la Parroquia Santa María Reina en el barrio Meléndez de Cali, en lugar de señalar el valor de las mujeres que siguieron a Jesús hasta el calvario, según los evangelios, señaló lo siguiente: En la cruz estaban María la madre de Jesús, María la de Cleofás y dos chismosas. Esta aseveración -como es lógico- generó risa en los asistentes.

Me pregunto: ¿Qué hay detrás de esta afirmación de mal gusto? No creo que haya otra respuesta distinta a la incapacidad machista de asumir seriamente la importancia de una mujer que en su actitud demuestra grandeza, fidelidad, amor y valentía. Francisco, el Papa recientemente fallecido, en varias declaraciones dijo que en la iglesia había mucho machismo y que era necesario corregir eso. Él se ocupó de intentar esa corrección en el nivel de lo administrativo… pero lo que subyace realmente, lo que permanece a través de los siglos, es la Gino-fobia en el terreno de lo simbólico.

La celebración de la Pascua cristiana no puede eludir esa imponente figura que es María de Magdala, una mujer testigo por antonomasia de la resurrección. Desde un buen deseo se le ha llamado muchas veces “apóstol de los apóstoles”… pero esto no ha mermado la necesidad imperante de tanto varón eclesial para demeritarla, de ahí tantos intentos: prostituta, penitente arrepentida… y ahora “chismosa”. En el contexto de la iglesia: un mundo de varones (véase sino el Conclave), el miedo de los hombres hacia las mujeres se agranda, se agiganta.

La Pascua del 2025, una buena oportunidad para resucitar a la auténtica María de Magdala, seguidora y apoyo del Maestro Jesús.

 

Carmiña Navia Velasco, en Cali

Fines del mes de Abril del 2025

UN 'CONSEJO DE MINISTROS' (LAICOS Y MUJERES INCLUIDOS) QUE AYUDE AL PAPA A GOBERNAR LA IGLESIA, PROPUESTA REVOLUCIONARIA DEL PRECÓNCLAVE

col bastante

 

"No hay ningún riesgo, estoy muy tranquilo". El cardenal de Bolonia, Matteo Zuppi, aparecía muy tranquilo ayer al mediodía por las calles de Roma. Camino de la peluquería, pues el presidente de la Conferencia Episcopal italiana no había tenido tiempo ni de arreglarse el pelo desde la muerte de Francisco.

Zuppi, uno de los papables que suenan en todas las quinielas, suele llegar a las reuniones de las congregaciones generales conduciendo un pequeño Fiat blanco, al más puro estilo Bergoglio. Y camina solo por la calle, sin los aparejos cardenalicios (como hace Cobo, por ejemplo, en la zona de Montserrat y Campo di Fiore), tratando de pasar desapercibido. No lo consigue.

"Por si acaso el cónclave dura un par de meses, al menos me arreglo un poco", bromeó Zuppi con el grupo de periodistas que le abordó. El presidente de los obispos italianos se quitó importancia, aunque lo cierto es que su nombre sigue sonando, y mucho, como posible candidato papal, sobre todo si, como parece, el 'efecto Parolin' se eclipsa después de la primera (y tercera votación). Ahí podría tener su oportunidad, especialmente si se produce la siempre difícil unidad entre los italianos. Y es que Zuppi, junto a Prevost, Aveline, Artime y alguna otra sorpresa podrían aparecer después de una primera votación en la que todos dan por hecho que Parolin y Tagle aglutinarán la mayoría del voto.

"Seguro que encontraremos el Papa que necesita la Iglesia y el mundo en este momento", reflexiona, antes de entrar en la última congregación, el cardenal Omella, uno de los mejores kingmakers de este precónclave. "Esta tarde nos encerramos en Santa Marta, fuera móviles, tablets y a lo nuestro, a rezar y a votar". "No cedamos a la tentación de la polarización", añade Zuppi antes de entrar en la peluquería. ¿Un corte papal?

Sea quien sea, lo cierto es que el legado de Francisco debe continuar. Y, en buena medida, más allá del nombre, tendrá que afianzar ese estilo de gobierno sinodal, participativo e incluyente. Durante su pontificado, se instituyó el C9, se nombró a laicos (Ruffini) y mujeres (Simona Brambilla) prefectos, un proceso que hay que continuar, y del que también se habló en las reuniones previas al cónclave. De hecho, ya ha habido mujeres participando en el C9 y, de no haber muerto Francisco, la 'alcaldesa' del Vaticano, Raffaella Petrini, hubiera formado parte del mismo.

El C9, y las tres mujeres que participaron en el mismo Vatican Media

El consenso podría estar en la creación de una suerte de 'consejo asesor' permanente, conformado por cardenales de todos los continentes y expertos en distintas materias, desde Teología a Comunicación, Pasando por Economía, Cultura, Medio Ambiente o Relaciones Internacionales e Interconfesionales. Un 'Consejo de Ministros', presidido por el Pontífice, que pudiera contar con la presencia, estable, de los mejores expertos. Muchos de ellos laicos, muchos de ellos, también, mujeres, para profundizar en la dinámica participativa de uan institución que está llamada a reformarse continuamente. Y a escuchar el latido del mundo en el que vive. ¿Lo conseguirá? En buena medida, dependerá de lo que ocurra a partir de este miércoles y hasta la fumata blanca.

 

Jesús Bastante, enviado especial a Roma

Religión Digital

CONSIDERACIONES ENTRE LA MUERTE DEL PAPA FRANCISCO Y EL CÓNCLAVE

col arregi

 

El papa Francisco descansa en paz.  Lo de menos es que su maltrecho cuerpo repose en la Basílica de San Pedro o en la de Santa María la Mayor o en un humilde nicho de cualquier cementerio romano.

Descanse en paz, en la paz profunda de la madre tierra, en la eterna paz creadora que sostiene y mueve el universo eterno.

Resultaba demasiado penoso e inhumano ver cómo lo exhibían impúdicamente, urbi et orbi, en aquel estado físico de dolor y asfixia, y escuchar de boca de fuentes supuestamente enteradas y sinceras que aún le quedaba un largo pontificado por delante para coronar el gran proyecto de su reforma eclesial franciscana. En todo ello se reflejaba la impiedad de un sistema tan anacrónico como insostenible, inflexible y ajeno al dolor y a la limitación de un hombre, Jorge Bergoglio, anciano y doliente. La noticia de su fallecimiento fue para mí, pienso que para muchos, un verdadero alivio.

Pero el espectáculo siguió. Todavía sigue. Tras los fastos funerarios, los panegíricos eclesiásticos de rigor, las cumbres políticas de paso, las tertulias sin fin de los medios entre la banalidad y el morbo, el sistema católico reemprende el mismo vuelo, como el Ave Fénix de sus propias cenizas. Mientras en nuestras sociedades del conocimiento y del cambio acelerado el número de católicos practicantes disminuye un punto porcentual por año, mientras la incertidumbre y las amenazas globales aumentan, mientras el Homo Sapiens parece decidido a desistir de su potencial de sabiduría vital, mientras la inteligencia artificial va adquiriendo a ritmo vertiginoso poderes inquietantes (¿para provecho de quién?), el sistema católico del papado absoluto, jerárquico, masculino, se encierra en Cónclave. Y todo ello en nombre del profeta Jesús, libre y subversivo, en nombre del Espíritu transformador que lo inspiró, del Aliento vital que lo movió.

El Conclave cerrado bajo llaves clericales ilustra bien el sinsentido del papado y de la entera institución católica que en él se sustenta. El papado, como el Cónclave, es un enorme galimatías hecho de buena voluntad, de creencias y prejuicios ancestrales, de intereses contradictorios y de ambiciones de poder en rivalidad. Un inmenso círculo vicioso que aprisiona el Evangelio. El papado, un sistema fundado sobre el poder absoluto de una sola persona, es una gran contradicción en los términos, pues todo poder es relativo a otro poder, de modo que nadie puede ejercer un poder absoluto. El papado se debate entre los barrotes del querer y el no poder absolutos.

El papa Francisco, que descansa en paz, no ha podido romper el nudo de esa contradicción. Mi evaluación de su pontificado se resume justamente en ese término: contradicción. Tal vez quiso reformar radicalmente el sistema piramidal, pero no pudo. Tal vez no pudo ni siquiera quererlo realmente. No es ningún reproche, sino la mera constatación del sistema cerrado y contradictorio en que se vio atrapado. Valgan unos pocos ejemplos significativos. Hace doce años, al atardecer del día de su elección, inclinándose ante la multitud de la plaza de San Pedro, dijo: “Antes de bendeciros, quiero que pidáis a Dios que me bendiga”; podría haber dicho simplemente: “Antes de bendeciros, quiero que me bendigáis”. Desde el primer día se llamó “obispo de Roma” y se mostró sencillo y afable, pero nunca dejó de ejercer una fuerte autoridad ante todas las Iglesias. Su mensaje socio-económico y político fue valiente y subversivo, pero su teología (doctrina sobre Dios, Jesús, la “redención”, el ser humano, la moralidad en cuestiones como la sexualidad, la eutanasia, el aborto…) ha sido muy conservadora. Invitó a “acoger con misericordia” a las personas LGTBIQ+, pero patologizó su condición y condenó como pecado su conducta sexual (y hace pocos meses calificó como “sicarios” a los médicos asistentes del aborto). Aprobó la bendición de las parejas homosexuales, pero a condición de que tuviera lugar en privado, sin liturgia ni rito, como en secreto. Exaltó la figura de la mujer y subrayó sus cualidades, y le confió altas funciones eclesiásticas: subsecretaria del último sínodo sobre la sinodalidad, prefecto del dicasterio sobre la Vida Religiosa, gobernadora de la Ciudad del Vaticano…; pero señaló claramente, de principio a fin, que las mujeres no pueden ejercer ningún “ministerio ordenado” o “sagrado” (diaconado, sacerdocio, episcopado), sino ministerios exclusivamente “laicos” subordinados, dando como razón que las mujeres carecen constitutivamente, por voluntad divina, del poder de representar a Jesús presidiendo la eucaristía o dando la absolución. Advirtió constantemente contra el clericalismo, pero, tras 12 años y cuatro sínodos, no cambió ninguna iota ni tilde de ningún artículo del Derecho Canónico para una superación real, presente o futura, del clericalismo patriarcal que divide a la Iglesia en clérigos y laicos y que margina gravemente a las mujeres. Un clericalismo cuya piedra angular es el papado.

Pues bien, acabado el pontificado del papa Francisco, o por falta de voluntad o de poder real por su parte, el papado con su poder absoluto, divino, contradictorio, sigue enteramente en pie. Y Francisco, como todos los papas, ha sido rehén de su papado. Ha sido un hombre humano, con todas las contradicciones humanas. Lo que no es humano es el papado vigente desde hace 1000 años, reforzado por Trento (siglo XVI) y dotado por el Concilio Vaticano I (siglo XIX), por definición dogmática, de pleno poder de jurisdicción sobre todas las Iglesias y de infalibilidad del papa en sus enseñanzas ex cathedra. Este papado no puede ser reformado, sino simplemente abolido, en nombre de la humanidad y de la Iglesia. En nombre de Jesús, del Jubileo liberador que proclamó, de la comensalía abierta que practicó, de la energía sanadora que emanó, de la fraternidad-sororidad universal que soñó y encarnó.

 

José Arregi

Aizarna, 29 de abril de 2025

PASTORES Y OVEJAS: UNA IMAGEN PELIGROSAJuan 10, 27-30

En la Biblia encontramos abundantes alusiones a los pastores. Estos textos nos ayudan a tener presente un abanico de buenos comportamientos: cuidar, acompañar, preservar del peligro, proteger, etc. Por ejemplo, Moisés comenzó siendo pastor de un rebaño y más tarde fue el pastor -prototipo- que condujo al pueblo a la liberación. Algo similar ocurrió con el joven David: Dios eligió a David su siervo, lo sacó de los apriscos del rebaño… para que apacentase a su pueblo…, él los apacentaba con rectitud de corazón, con la pericia de sus manos los guiaba (Salmo 77, 70-72)

Y, al contrario, hay textos que nos avisan del riesgo de conducir el rebaño con crueldad y violencia, no buscar a las ovejas perdidas, no curar a las enfermas, etc.  Lo podemos recordar leyendo Ezequiel 34.

¿Cuál era la situación de los pastores en tiempos de Jesús? A diario se veían rebaños pastando en los campos. El oficio de pastor se consideraba despreciable, solían ejercerlo personas pobres y marginadas. Estaba mal pagado, por eso era frecuente que los pastores robaran un cordero para alimentar a su familia, lo que les acarreó fama de ladrones.

Jesús rompió los esquemas, identificándose con la figura del Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y arriesga su vida por ellas; las ovejas le conocen y reconocen su voz, etc. Denunció la postura de los falsos pastores de Israel, igual que habían hecho los profetas que le precedieron.

¿Qué provocaron estas palabras en sus oyentes? Que la gente tomara piedras para apedrearlo. La escena del texto de hoy transcurre entre dos situaciones de violencia, verbal y física. A Jesús no le quedó otra salida que poner tierra por medio e irse al otro lado del Jordán.

Miramos ahora nuestra realidad eclesial: Al denominar a los sacerdotes y a la jerarquía “pastores”, se nos ha relegado a los hombres y mujeres laicos al papel de ovejas del rebaño. En consecuencia, se nos pide escuchar y obedecer a estos pastores, hasta el punto de que a muchas personas se les ha anulado la conciencia, porque se ha impuesto la voz y el deseo del pastor (o los malos deseos). Esto sigue presente en la Iglesia y hay que seguir denunciándolo.

¿Qué aporta una oveja a su rebaño? ¿Qué aportamos a la Iglesia, si nos consideramos ovejas? Hoy, tenemos el riesgo de que la imagen de las ovejas de un rebaño nos evoque un grupo de animales con las cabezas bajas, comiendo hierba, dejándose guiar por un pastor que azuza a los perros para reconducir a cada oveja que pretenda alejarse del rebaño… El pastor es el dueño y señor que hace y deshace, porque su trabajo consiste en conducir a unos animales que no saben guiarse a sí mismos.

Hay imágenes bíblicas que sirven para sostener el clericalismo, concebido como pastoreo y ejercicio de poder. Es hora de trabajar con nuevas imágenes que impulsen la corresponsabilidad de laicas y laicos.

Podemos sacar conclusiones…

Miramos hacia el Vaticano: Cuando se suba esta reflexión a la web, se estará celebrando el Cónclave. ¿Serán conscientes los 133 cardenales de que en la elección del Papa no interviene ni una sola mujer, aunque somos mayoría en la presencia y en el trabajo eclesial?

En los días previos a la elección, los cardenales han dialogado sobre el perfil que debe tener el “Pastor”. ¿No hay mujeres significativas en la Iglesia que sean portavoces de los miles y miles de mujeres a las que representan?

¿El motivo de no tener en cuenta a las mujeres es “porque siempre se ha hecho así”? En este caso, la Historia de la Iglesia nos demuestra que se han corregido muchos errores que se cometieron en numerosos cónclaves. Por ejemplo, se han controlado graves injerencias políticas o se ha marcado un ritmo en la elección (no olvidemos que en un cónclave se tardó casi tres años en elegir al papa).  Esos errores no se repetirán. Se pueden seguir corrigiendo errores.

¿O el motivo de no escuchar a las mujeres es porque sólo los “pastores”, varones, mayores y célibes, reciben las inspiraciones del Espíritu Santo? ¿Es tan selectiva la inspiración divina que solo se dirige a los varones, y deja a un lado a las mujeres, aunque seamos mayoría en la evangelización en la Iglesia?

Podemos seguir sacando conclusiones…

 

NADIE LAS ARREBATARÁ DE MI MANO

fe adulta

Hay textos evangélicos de no fácil lectura. Pero si se los lee con detenimiento y sosiego, podremos sacar algo en limpio para alimentar nuestra vida cristiana.

En el breve pasaje del evangelio de Juan que hemos proclamado se dice que NADIE NOS ARREBATARÁ DE LA MANO DE JESÚS. Nosotros hemos pensado muchas veces que la fe era tener unas ideas religiosas, afirmar unos dogmas, acatar la autoridad religiosa, creer en la vida eterna y cosas similares.

Pero igual resulta que tener fe en Jesús, darle la adhesión, es algo tan antropológico como creer que nos lleva en sus manos. Ningún mandamiento ni de la ley de Dios ni de la Iglesia se formula así: “Creerás que Jesús te lleva en sus manos”. Nos parece infantil y, sin embargo, si uno llegara a tener eso por cierto, ese es persona de fe.

¿Cómo nos guarda Jesús en sus manos? A través de nuestras manos. Somos las manos de Jesús, los brazos de su Espíritu. Por eso:

· Porque somos manos de Jesús para los demás, cuidémonos: si vamos aprendiendo que cuidar es el gran trabajo de Jesús con nosotros, seremos capaces de una creciente generosidad para cuidar a los frágiles.

· Porque somos providencia de Dios para los demás, socorrámonos: la providencia es hacernos cargo de la situación del otro y echar una mano para que los pesos de la vida sean más livianos.

· Porque somos caricia de Jesús para los demás, respetémonos: los abrazos que Jesús daba a niños, pecadores, amigos, son muestra de su enorme respeto. Respetémonos para que aprendamos el abrazo que Dios nos da en Jesús.

Dicen que cuando un niño pequeño coge el dedo de la mano de su madre, esta se halla ya para siempre atrapada en ese amor. Pues bien, nosotros hemos cogido la mano de Jesús o, más bien, el ha cogido la nuestra. Estamos atrapados en su amor. Nunca nos fallará. No tomemos esto como un fervorín espiritual sin contenido. La fe del corazón es de más calidad que la simple fe de la cabeza.

Muchas vidas son arrebatadas a diario en Gaza, Cisjordania, Ucrania, Yemen, Congo, etc. De alguna forma creemos que la mano de Jesús las sostiene. Y eso se puede decir con las palabras del Manifiesto contra la guerra y el rearme en Europa: “No nos resignamos a la guerra, porque no queremos la paz de los cementerios, porque la historia nos demuestra que el único camino realista para conseguir la paz no es militar, sino político”. El Jesús que nos lleva de su mano quiere que nos llevemos unos a otros con cuidado, socorro y respeto. Lo que no sea esto, nada tiene que ver con su evangelio.

VOLVER A JESÚS José Antonio Pagola


Se pueden hacer toda clase de estudios y diagnósticos. Lo cierto es que el mundo necesita hoy savia nueva para vivir. Las Iglesias andan buscando aliento y esperanza. Las muchedumbres pobres del planeta reclaman justicia y pan. Occidente ya no sabe cómo salir de esa tristeza mal disimulada que ningún bienestar logra ocultar.

El problema no es solo de cambios políticos ni de renovaciones teológicas, sino de vida. Estamos necesitados de algo parecido al «fuego» que prendió Jesús en su breve paso por la tierra: su mística, su lucidez, su pasión por el ser humano. Necesitamos personas como él, palabras como las suyas, esperanza y amor como los suyos. Necesitamos volver a Jesús.

Desde el inicio, los cristianos vieron que él podía guiar a los seres humanos. Con su conocido lenguaje, el cuarto evangelio lo presenta como el «pastor» capaz de liberar a las ovejas del aprisco donde se encuentran encerradas para «sacarlas afuera», a un país nuevo de vida y dignidad. Él marcha por delante marcando el camino a quienes lo quieren seguir.

Jesús no impone nada. No fuerza a nadie. Llama a cada uno «por su nombre». Para él no hay masas. Cada uno tiene nombre y rostro propios. Cada uno ha de escuchar su voz sin confundirla con la de extraños, que no son sino «ladrones» que quitan al pueblo luz y esperanza.

Esto es lo decisivo: no escuchar voces extrañas, huir de mensajes que no vienen de Galilea. Siempre que la Iglesia ha buscado renovarse se ha desencadenado una vuelta a Jesús para seguir de nuevo sus pasos. Como se ha recordado tantas veces, «sígueme» es la primera y la última palabra de Jesús a Pedro (Dietrich Bonhoeffer).

Pero volver a Jesús no es tarea exclusiva del papa ni de los obispos. Todos los creyentes somos responsables. Para volver a Jesús no hay que esperar ninguna orden. Francisco de Asís no esperó a que la Iglesia de su tiempo tomara no sé qué decisiones. Él mismo se convirtió al evangelio y comenzó la aventura de seguir a Jesús de verdad. ¿A qué tenemos que esperar para despertar entre nosotros una pasión nueva por el evangelio y por Jesús?

 

DOMINGO 4º DE PASCUA (C) Jn 10,27-30DEBEMOS SUPERAR TODA IMAGEN QUE NOS LLEVE A UNA RELACIÓN EXTERNA CON JESÚS

 

 Para poder entender el texto hoy, hay que tener en cuenta todo el discurso que sigue a la curación del ciego de nacimiento: Jesús como puerta, Jesús como pastor. El pastor modelo da la Vida a las ovejas. Dar la Vida no significa dejarse matar, sino matarse por los demás.

No se trata solo de oír a Jesús, se trata de escucharle. Escucharle significa acercarse sin prejuicios y aceptar lo que nos dice, aunque suponga cambiar nuestras conviccio­nes.  Seguirle es estar dispuesto a darse a los demás como él. No basta escuchar, hay que vivir.

Jesús no nos pide ser borregos sino personas responsables de sí mismos y de los demás.

Y yo les doy Vida definitiva. Se trata de la misma Vida que Jesús ha recibido de Dios. La consecuencia primera de seguirle es alcanzar esa Vida del Espíritu. Lo que pasó en Jesús tiene que pasar en mí. Como modelo de pastor, defiende a los suyos con todo su ser, no pasarán a manos de ladrones. Ponerse en manos de Jesús equivale a estar en las de Dios.

Yo y el Padre somos lo Uno. Es la frase que mejor refleja la conciencia que la comunidad tenía de Jesús. No tiene sentido pensar que esa frase exprese su conciencia de ser Dios. Para nosotros, tiene más importancia si caemos en la cuenta de que fue la experiencia de la comunidad de Juan, la que llegó a la conclusión de que Jesús estaba identificado con Dios. 

La Vulgata no dice “somos unus” sino unum (neutro). Nos está lanzando más allá de todo lenguaje. Jesús dice que él y el Padre no se distinguen en nada, pero tampoco se distingue de su origen, ninguna otra criatura. Lo que Jesús dijo, lo puede decir cualquiera. No se puede ir más allá. El lenguaje humano, no da más de sí. Lo único que cabe es el silencio.

El Maestro Eckhart llegó a decir que Dios se aniquila para identificarse con nosotros y que el hombre tiene que anonadarse para ser uno con Dios. La simplicidad de las matemáticas nos puede ayudar. 1 + 1 siempre serán 2. Pero 1 x 1 = 1. Si el resultado de 1 x 1 lo vuelvo a multiplicar por 1, seguirá resultando 1. La unidad con Dios nos hace uno con Él y con todos.

Jesús llegó a una experiencia de unidad total con Dios. Ya no había ninguna diferencia entre lo que era él y lo que era Dios en él. Para dar sentido a una adhesión a su persona, se muestra él totalmente volcado sobre el Padre. Relacionarnos con Jesús es relacionarnos con Dios. Por eso el Jesús que predicó el Reino de Dios, se convirtió en objeto de predicación.

Si nos empeñamos en aferrarnos a la imagen de Dios como ente separado, que está en alguna parte fuera del mundo y de nosotros, será imposible entender la unidad entre Jesús y Dios. Jesús es UNO, no con otro ser que tiene una identidad distinta a la suya sino con el fundamento absoluto de su ser y de todos los seres. La homooúsios del dogma.

Si Jesús promete la Vida al que le escuche, quiere decir que les ofrece la misma Vida que él ha recibido del Padre. Por eso se puede hablar de una identificación absoluta con el Padre. Recordemos las palabras de Juan en el discurso del pan de vida: "El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me come vivirá por mí".

Schillebeeckx dijo: “Si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría Dios; si pudiera quitar de mí lo que hay de Dios, quedaría nada”. Eckhar dijo: “si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría nada”. 1x0=0. Ni yo puedo existir sin Dios ni Dios puede existir sin mí.

 

LAS OVEJAS, EL PASTOR Y LOS LADRONES Domingo 4º de Pascua. Ciclo C

fe adulta

El evangelio del 4º domingo de Pascua se dedica, en los tres ciclos, a recordar a Jesús como buen pastor. Pero el capítulo 10 del cuarto evangelio es tan largo (42 versículos) que la liturgia ha seleccionado unos pocos para cada ciclo.

Las ovejas, el pastor, los ladrones y el padre del pastor (Juan 10,27-30)

Las ovejas. El pasaje no comienza hablando del pastor, como sería lógico, sino de “mis ovejas”, las que escuchan la voz de Jesús y lo siguen, a diferencia de las autoridades judías, que no creen en él. Una lectura precipitada del capítulo puede producir la impresión de que hay personas predestinadas por Dios a seguir a Jesús y otras predestinadas a negarlo. Pero esta contraposición hay que entenderla a partir de lo dicho en el prólogo del evangelio: “Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron; pero a quienes lo recibieron les concedió convertirse en hijos de Dios”. La aceptación y el seguimiento de Jesús no excluyen la libertad humana.

El pastor. En la parábola inicial el pastor llega al rebaño, le abren la puerta y saca a las ovejas. ¿A dónde las lleva? No se dice. Recordando el salmo 22 (“El Señor es mi pastor”), podríamos completar: “en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas”. Pero Jesús introduce un cambio capital: las lleva a “la vida eterna”. Algo que se realiza no solo después de la muerte, sino ya en este mundo.  La fe en Jesús da una dimensión nueva a la existencia de quien cree en él.

Los ladrones. La parábola del buen pastor comienza hablando de ellos. Aquí no se los menciona expresamente, pero son los que intentan arrebatar a las ovejas de las manos de Jesús. En el contexto del evangelio serían los fariseos y demás autoridades que se oponen a que la gente lo siga. En la iglesia de finales del siglo I serían los “cristianos” que niegan que Jesús sea el Mesías y el hijo de Dios (a los que se denuncia en la 1ª carta de Juan). En cualquier caso, no tendrán éxito, no podrán “arrebatarlas de mi mano”. El salmo 22, hablando desde la perspectiva de la oveja, dice algo parecido: “Aunque atraviese cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo”.

El Padre. A lo largo del c.10 hay diversas referencias a la relación de Jesús con “mi Padre”. A primera vista, más que ayudar, estorban y confunden al lector. La clave podría estar de nuevo en el salmo 22, donde el pastor es Dios. Jesús, al arrogarse el título y la función, deja claro que no elimina al Padre. “Yo y el Padre somos uno”. La reacción del auditorio es más dura en este caso: “cogieron piedras para apedrearlo”, y Jesús terminará huyendo al otro lado del Jordán (esto no se lee en la liturgia).

Síntesis. ¿Qué nos dice este breve pasaje hoy día?

1) Lo esencial del cristiano es creer en Jesús y seguirlo. Algo que no es absurdo recordar, porque mucha gente piensa que lo importante es practicar una serie de normas y cumplir con determinados ritos. Todo eso tiene que basarse en una relación personal con Jesús.

2) Confianza en él. En otros momentos del capítulo se subraya su bondad, que culmina en dar la vida. Aquí la fuerza recae en que él no permitirá que nadie arrebate a las ovejas de su mano. Lo cual no significa que nos veamos libres de dificultades, como han dejado claro las dos primeras lecturas de este domingo.

3) Conocimiento de Jesús. Como en tantos otros pasajes del evangelio, se indica su estrecha relación con el Padre, hasta llegar casi a la identificación. Más adelante, en el discurso de la cena, dirá Jesús a Felipe: “El que me ha visto ha visto al Padre”. Algo que sigue resultando escandaloso a muchos cristianos, como lo fue para muchos judíos de su época.

Insultos y expulsión (Hechos de los apóstoles 13,14. 43-52).

La liturgia ha omitido los versículos 15-42, provocando algo absurdo. Al final del v.14 se dice Pablo y Bernabé “tomaron asiento”; e inmediatamente se añade que “muchos judíos y prosélitos se fueron con ellos”. Entonces, ¿para qué toman asiento?

Si no hubieran mutilado el texto habría quedado claro que se sientan para tomar parte en la liturgia del sábado. Al cabo de un rato, les invitan a hablar, y Pablo hace un resumen muy rápido de la historia de Israel para terminar hablando de Jesús. Ahora se comprende que, al terminar la ceremonia, muchos judíos y prosélitos se fueran con los apóstoles. Pero, al cabo de una semana, cuando vuelven a la sinagoga, la situación será muy distinta. Los judíos responden a Pablo y Bernabé con insultos. Más tarde los expulsan del territorio. Dentro de lo que cabe, tuvieron suerte. Más adelante apedrearán a Pablo hasta darlo por muerto.

Martirio y victoria (Apocalipsis 7,9.14b-17)

Cuando el cristianismo comenzó a difundirse por el imperio, encontró pronto la oposición de las autoridades romanas y de la gente sencilla. Veían a los cristianos como gente impía, que daba culto a un solo dios en vez de a muchos, inmoral, enemiga del emperador, al que no querían reconocer como Señor, etc. El punto final en bastantes casos fue la muerte, como ocurrió a Pedro, Pablo y a los otros durante la persecución de Nerón (lo que cuenta el historiador romano Tácito impresiona por la crueldad con que se los asesinó). Sin embargo, la lectura del Apocalipsis no se centra en sus sufrimientos sino en su victoria.

 

UN DIOS SEPARADO NO EXISTE IV Domingo de Pascua 11 de mayo Jn 10, 27-30

fe adulta

Un mecanismo característico de la mente es la proyección, que la lleva a crear imaginarios antropocéntricos, es decir, dotados de rasgos humanos. En el campo religioso, tal mecanismo ha dado como resultado la creación de dioses (y diosas) a la medida humana. Dios aparecía así como un ser (o yo) separado, adornado con nuestras mismas cualidades, aunque en grado superlativo.

Las personas sabias, sin embargo, siempre han afirmado otra cosa. Lo que vivió el propio Jesús –“El Padre y yo somos uno”–, lo han vivido los místicos, aunque pocos lo hayan expresado de ese modo. Recojo algunas afirmaciones destacadas: “El fondo de Dios y mi fondo son el mismo fondo” y “Dios y yo somos uno” (Maestro Eckhart); «Amor [así acostumbraban nombrar a Dios las beguinas] y esas Almas son una misma cosa y no dos” (Marguerite Porète); “Mi yo es Dios: no me conozco otra identidad que Dios” (Santa Catalina de Génova); “¡Vedlo! Soy Dios. ¡Vedlo! Estoy en todas las cosas. ¡Vedlo! Hago todas las cosas” (Juliana de Norwich); “En mi ser esencial, Yo, por naturaleza, soy Dios” (Jan van Ruysbroeck).

Pero, por lo general, los seguidores de Jesús no comprendieron el mensaje que se lee en el evangelio de hoy. Lo que hicieron fue “divinizar” a Jesús y pensar que una afirmación de ese tipo únicamente podía referirse a él, ignorando algo básico desde la comprensión no-dual: lo que es Jesús, lo somos todos.

Hace poco tiempo recibí un correo de un hombre a quien no conozco, en el que, refiriéndose a los años de su juventud pasados en un seminario, expresaba lo siguiente: “Lógicamente de esto hace muchos años, pero en mi interior no veía a Dios como una persona distinta a nosotros sino todo lo contrario, pero no podía decirlo ni insinuarlo en aquellos entornos… Pero yo creía que Dios no podía ser alguien tan distante y distinto a nosotros mismos. Sentía lo mismo que tú expresas en tus libros, pero no le sabía poner nombre: NO DUALIDAD”.

Un dios separado no existe, porque en la realidad no existe separación alguna. Esto es un dato reconocido por la filosofía (piénsese en Alfred Whitehead) y por la misma ciencia (la física cuántica y su principio de interrelación: los experimentos del premio Nobel de física en 2022, Alain Aspect y las explicaciones de Carlo Rovelli). No existen cosas (separadas), sino procesos, es decir, interrelación absoluta. Nada puede quedar fuera de la única Totalidad. Todo es relación, es decir, todo es amor.

VISIBILIDAD DE DIOS Jn 10, 27-30 «Yo y el Padre somos uno»

 


La reiteración de Juan en proclamar la identidad entre Jesús y el Padre –«yo y el Padre somos uno»–, acabó por imponer e n la Iglesia una cristología descendente muy distinta a la primera cristología formulada en Hechos. De la expresión más primitiva usada por Pedro para enunciar la divinidad de Jesús: «Dios estaba con él», pasamos a esta otra mucho más elaborada proclamada por Juan: «El Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios».

Estos dos enunciados tan distintos reflejan la evolución histórica que experimentó la forma de entender la naturaleza divina de Jesús. Algunos cristianos nos sentimos más cómodos con la ambigüedad de la fórmula usada por Pedro. La fórmula de Juan nos da vértigo y tendemos a reducirla al mensaje básico que encierra: “En Jesús hemos conocido a Dios”… El propio Juan, en el capítulo 14 de su evangelio, expresa esta idea de forma clara y terminante: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre»… Excelente noticia.

Podemos admirar a Jesús como lo han hecho tantos personajes no cristianos a lo largo de la historia, podemos aceptarlo como maestro de sabiduría, podemos quedar fascinados por su personalidad, valentía e independencia de juicio como quedaron fascinados los que le siguieron… y podemos “creer en él”, es decir, creer que sus hechos y sus dichos son reflejo fidedigno de Dios…

Juan es capaz de hacer formidables síntesis de la fe de los testigos, y sería una gran necedad no reconocer la importancia de su evangelio. No obstante, resulta difícil sentirse cómodo con el Jesús que nos presenta, pues esa imagen de hombre que lo sabe todo, que recorre Judea y Galilea prodigando discursos teológicos para sabios en lugar de contar parábolas para gente sencilla, que no se conmueve, que no está sometido a tentación y no se aterra ante la inminencia de la muerte en cruz, dista mucho del hombre verdadero en el que creemos.

Creemos en el Jesús que se siente necesitado del bautismo de Juan, que hace teología contando parábolas sencillas a gente sencilla, que antepone la persona a la Ley, que se conmueve ante el sufrimiento y se indigna ante la injusticia, que toca leprosos y come con pecadores, que responde con aplomo a los ataques de los santos de Israel… Que desplanta a los notables de Jericó por atender al jefe de los publicanos y a un mendigo ciego, que expulsa a los mercaderes del Templo, que no se arruga ante los constantes embates de los poderosos de Jerusalén, que se juega la vida y la pierde por salvar a una adúltera desconocida, que organiza una cena para despedirse de sus amigos porque sabe que lo van a matar, que lava los pies, que no se escabulle, que se angustia en Getsemaní y perdona a quienes le crucifican en el Calvario…

A Juan le debemos la fe en “Jesús visibilidad de Dios”, una gran deuda, pero quizás esta fe resulte más reconfortante mirando al hombre verdadero y fascinante que nos presentan los sinópticos.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

lunes, 5 de mayo de 2025

TALLERES DE SALESIANOS DEUSTO: EXCURSIÓN A HONDARRIBIA


 DETALLE DEL PROGRAMA




09:00 Salida desde Lehendakari Agirre (frente al colegio)

11:30 Visita guiada a Hondarribia

14:15 Comida en el Batzoki

(después de comer, tiempo libre para pasear por este bonito pueblo)

Regreso a Bilbao

PRECIO

Participante de talleres 60 € (sesenta euros)

Acompañante no participante de talleres 65 € (sesenta y cinco euros)

INSCRIPCIÓN Y PAGO

Día 6 de mayo (martes), de 17:00 a 19:00 en el aula02 del patio D. Bosco

Número de plazas: 50

viernes, 2 de mayo de 2025

RELIGIOSIDAD POPULAR: UN POLIEDRO PARA DISCERNIR


col martell

 

La religiosidad popular actual, tan mezclada de la cultura consumista, es un espejo fracturado del Evangelio: refleja tanto la fe auténtica del pueblo como las distorsiones del poder y la alienación. Es un poliedro de luces y sombras que la Teología en la era de Francisco nos llama a discernir críticamente

Religiosidad Popular: ¿Opio o Semilla Redentora?

La religiosidad popular puede ser tanto un opio alienante y domesticador o una semilla de cambio personal y social, dependiendo de si despierta conciencia crítica o entretiene con un ritualismo que adormece a un Pueblo en el seguimiento de Cristo hacia el Reino de Dios.

La religiosidad popular sirve en tanto y en cuanto busca una identidad de Pueblo que recoge a los heridos del camino, que deja de ser sumisa y vivir de temores reverenciales para patear las mesas de los mercaderes del templo, que busca activamente la paz y el diálogo en vez de la callada aceptación del armamentismo y los tambores de guerra, que construye un mundo nuevo de justicia con las víctimas y descartados de la historia, en este momento especialmente con los migrantes del mundo, profetas de una nueva era de la historia.

Los riesgos actuales de una religiosidad popular que no evoluciona evangélicamente, incluyen el misticismo pasivo, el culto al sufrimiento y la manipulación política y clericalista. En cambio, su potencial liberador debe reencontrarse en la memoria que cambia las cosas, en la espiritualidad encarnada y en la teología desde los pobres, a quienes Jesús pone como centro de atención. A partir de Él, el centro está en las periferias y la actitud es la de hospital de campaña

Religiosidad Popular Actual: Luces y Contradicciones

  • La religiosidad popular actual refleja tanto la fe auténtica del pueblo como las distorsiones del poder y la alienación, necesitando un discernimiento crítico, una purificación y conversión, como todas las cosas que hacemos los seres humanos, aún las que iniciamos con la mayor nobleza.
  • Hay luces donde el Pueblo Encarna el Evangelio de Cristo pobre con los pobres. Expresiones en las que el Pueblo siente como suyas, no como propiedad clerical o del mercado turístico o de ideologías nacionalcatólicas nostálgicas. Es una memoria rebelde, como lo fue en los inicios y no un aburguesado espectáculo for export.
  • Es una celebración que genera comunidad, espacios festivos donde el pueblo recupera su identidad fraterna abierta, frente a la globalización deshumanizante e individualista. Es "el pueblo que lee la Biblia con los pies en la tierra y las manos en la masa". (Carlos Mesters)
  • Las contradicciones son la fe mercantilizada, el opio espiritual que adormece con magia barata y el moralismo burgués del cual dice Jesús ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello! (Mt 23). De este modo hay una religiosidad que puede convertirse fácilmente en un Sistema que secuestra la Fe y que incluso bendice teologías de la prosperidad para legitimar un orden social injusto o mesianismos políticos con presidentes y líderes que usan lo que les conviene de la Biblia para justificar al 1% que acapara la riqueza del mundo y sus atropellos a la dignidad de los pobres y de los pueblos.

Discernimiento Teológico: Preguntas Clave

Para discernir la autenticidad de la religiosidad popular, es crucial preguntar si acerca al pueblo a la opción por los pobres, si despierta conciencia crítica o adormece, y si es profética o funcional al sistema. La Religiosidad adormece cuando se encierra en un Misticismo pasivo: Peregrinaciones o fiestas patronales que se reducen a folclore sin compromiso (ej.: gastar millones en cohetes para la Virgen mientras hay tantas necesidades sociales).

También distrae con el Culto al sufrimiento, donde la imagen de un Cristo ensangrentado es usada para enseñar "resignación" pasiva en vez de lucha contra las causas de la cruz (pobreza, violencia). Finalmente, esteriliza cuando es un instrumento de manipulación política en la que Gobiernos o iglesias usan la fe popular para controlar al pueblo (ej.: el PRI en México con la Virgen de Guadalupe, o el fascismo católico en España). "La religiosidad puede ser usada para domesticar, si no se liga a la praxis liberadora" (P. Freire)

Religiosidad Popular y Migración: Una Crítica a la Xenofobia

La religiosidad popular puede ser manipulada para excluir a los migrantes. Se convierte así en parte de una idolatría nacionalista, traicionando el Evangelio y contradiciendo el ejemplo de Jesús como migrante. Las raíces idolátricas incluyen los actuales nacionalismos patrioteristas de moda que convierten la patria en un becerro de oro moderno y el uso de la Biblia para justificar la xenofobia, culpabilizando al pobre y al inmigrante, haciéndolos chivos expiatorios de sus proyectos egoístas e ignorantes.

Como gritaba Monseñor Romero: "Ningún gobierno tiene derecho a llamarse cristiano si hace de la frontera un muro de muerte". Una fe que no llora con los deportados, no celebra con los sobrevivientes y no lucha por la justicia con los migrantes, que renovarán nuestros países cansados y asqueados de consumismo, no es fe: es fascismo disfrazado de piadoso. Como escribió Casaldáliga: "El cielo tendrá fronteras abiertas o no será cielo".

Sanando la Religiosidad Enferma: Inclusión y Memoria

Hacen falta procesiones de Semana Santa que recuerden a los mártires actuales (ej.: en El Salvador, llevan fotos de Romero junto al Cristo yacente). Decía Gustavo Gutiérrez: "El pueblo no espera pasivamente su liberación: la celebra, la canta y la lucha en sus fiestas". Como ejemplos tenemos cómo en México, el Día de Muertos que honra a los caídos por la violencia del Estado, en Brasil, las romerías de la Tierra Sin Males mezclan fe y lucha por la reforma agraria.

Procesiones que no se vinculan a ninguna situación social de injusticia actual, son solo una anécdota pintoresca que entretiene, una vanidad identitaria que engaña. Para sanar las heridas del caminar y las enfermedades de la religiosidad popular, es necesario practicar la memoria subversiva, recordando que la Sagrada Familia fue pobre e inmigrante, y reformular ritos que los incluyan con sus bagajes de sabiduría. Hay que discernir si nuestras parroquias son albegues que incluyen o aduanas clericalistas y autorreferenciales.

¡El Pueblo de Dios es Teólogo, pero hay que Despertarlo! Porque La religiosidad popular no es inocente: puede ser instrumento del sistema o motor del Reino. La diferencia está en si lo mantiene de rodillas (adorando imágenes sin cuestionar ídolos del capital) o ayuda a levantar para caminar (como María, que tras la Anunciación "se fue de prisa" a servir – Lc 1:39). "Dios no quiere flores en los altares, sino justicia en las calles". (Frei Beto). El desafío es si nuestras comunidades viven una fe de adorno “identitario” o de lucha y si nos planteamos cómo convertir las tradiciones en herramientas de liberación permanente.

 

Guillermo Jesús Kowalski

Religión Digital

EL PAPA


 He visto en un periódico una fotografía del Papa difunto que me lo dice todo. Es el Papa Francisco. En la parte de su rostro pone este cartel “El hombre”. En la parte inferior le presenta con sotana blanca, toda llena de botones y un ancho fajín, y dice “La institución”.

Creo que el comentario es claro y sencillo. Podemos comentar la persona y su vida como Francisco y otra cosa distinta es su pertenencia a la institución.

Yo no me considero preparado para dar mi opinión sobre ninguno de los dos aspectos.

Siento que ha sido una persona enamorada de Jesús, creyente, solidaria, amiga de los pobres, cercana a los desvalidos, muy próxima a los marginados. Luchadora por un mundo nuevo, sobre todo en paz. Lo diría con una palabra: Un buen cristiano.

Su aspecto como parte de la institución, no lo juzgo, pero me gustaría un cambio muy fuerte en su misión y su título. Se me ocurre inmediatamente comparar la muerte de Jesús, que celebramos la semana pasada y la muerte del Papa. Sobre todo, por el tinglado que se monta en torno a su defunción, muerte, sepultura. No lo entiendo. Con multitud de trajes cardenalicios, autoridades de primera, miles de fieles... Miles de policías y seguridad política. Con comentarios sobre su sucesor y cábalas de la línea futura. Creo que se filtra un poco la papolatria.

Él quiso transformar muchas de las costumbres de la Iglesia: hacerla más sencilla, menos jerarquizada, menos tinglado. Un Vaticano que dejara de ser un imperio y que pasase a ser una comunidad de cristianos, viviendo la pobreza, con muy pocas personas, con menos instituciones, dejando de ser ciudad del Vaticano y pasando todos sus palacios y organizaciones a ser una institución sencilla, en comunión con toda la Iglesia en el mundo entero. En pocas palabras: “Como Jesús de Nazaret y sus discípulos”.

En las grandes decisiones por la paz, la sinodalidad, o en la vivencia del Vaticano, siento que no ha podido hacer lo que él quería. Son muy fuertes las ataduras de la institución.

Destaco su esfuerzo por la paz en un mundo tan revuelto y ha dado un gran paso en la vivencia en la sencillez, aunque me gustaría que el Papa no fuese la figura de gran jefe, viéndose metido en las exigencias de una gran institución.

El pueblo sencillo le queremos y sentimos su cercanía. Ha dado un paso en la vivencia institucional del evangelio. Gracias al Padre Dios por su hijo Francisco, testigo de la Resurrección. Porque sé que el Padre Dios le ha acogido: Descansa en la paz de Dios.