FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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SAN JUAN BOSCO (Pinchar imagen)

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

ESTE ES EL BLOG OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO SAN PAULINO DE NOLA
ESTE BLOG TE INVITA A LEER TEMAS DE ACTUALIDAD Y DE DIFERENTES PUNTOS DE VISTA Y OPINIONES.




jueves, 27 de junio de 2019

Domingo 30 de Junio, 13 Tiempo ordinario – C (Lc 9,51-62)

José Antonio Pagola
CÓMO SEGUIR
A JESÚS

Jesús emprende con decisión su marcha hacia Jerusalén. Sabe el peligro que corre en la capital, pero nada lo detiene. Su vida solo tiene un objetivo: anunciar y promover el proyecto del reino de Dios. La marcha comienza mal: los samaritanos lo rechazan. Está acostumbrado: lo mismo le ha sucedido en su pueblo de Nazaret.
Jesús sabe que no es fácil acompañarlo en su vida de profeta itinerante. No puede ofrecer a sus seguidores la seguridad y el prestigio que pueden prometer los letrados de la ley a sus discípulos. Jesús no engaña a nadie. Quienes lo quieran seguir tendrán que aprender a vivir como él.
Mientras van de camino, se le acerca un desconocido. Se le ve entusiasmado: «Te seguiré adonde vayas». Antes que nada, Jesús le hace ver que no espere de él seguridad, ventajas ni bienestar. Él mismo «no tiene dónde reclinar su cabeza». No tiene casa, come lo que le ofrecen, duerme donde puede.
No nos engañemos. El gran obstáculo que nos impide hoy a muchos cristianos seguir de verdad a Jesús es el bienestar en el que vivimos instalados. Nos da miedo tomarlo en serio porque sabemos que nos exigiría vivir de manera más generosa y solidaria. Somos esclavos de nuestro pequeño bienestar. Tal vez, las crisis económicas nos podrían hacer más humanos y más cristianos.
Otro pide a Jesús que le deje ir a enterrar a su padre antes de seguirlo. Jesús le responde con un juego de palabras provocativo y enigmático: «Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar el reino de Dios». Estas palabras desconcertantes cuestionan nuestro estilo convencional de vivir.
Hemos de ensanchar el horizonte en el que nos movemos. La familia no lo es todo. Hay algo más importante. Si nos decidimos a seguir a Jesús, hemos de pensar también en la familia humana: nadie debería vivir sin hogar, sin patria, sin papeles, sin derechos. Todos podemos hacer algo más por un mundo justo y fraterno.
Otro está dispuesto a seguirlo, pero antes se quiere despedir de su familia. Jesús le sorprende con estas palabras: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no es apto para el reino de Dios». Colaborar en el proyecto de Jesús exige dedicación total, mirar hacia adelante sin distraernos, caminar hacia el futuro sin encerrarnos en el pasado.

El papa Francisco nos ha advertido de algo que está pasando hoy en la Iglesia: «Tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, sacándonos de nuestros horizontes, con frecuencia limitados, cerrados y egoístas, para abrirnos a los suyos».

Domingo 30 de junio de 2019, 13º Ordinario


12 del tiempo ordinarioC
Protomártires de Roma (s. I-IV)
Narra la vocación de un profeta, Eliseo. Es un rico campesino. Estaba arando su finca con doce yuntas de bueyes cuando lo encuentra Elías. Éste le echa encima su manto y con esto adquiere sobre él como cierto derecho. Eliseo no sabe negarse; sacrifica la pareja de bueyes con que araba, abandona su familia y se pone al servicio de Dios. Se dan en el caso de Eliseo las condiciones de una vocación especial: llamada de Dios, respuesta a la llamada, ruptura con el pasado y nuevo género de vida al servicio de su misión.
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martes, 25 de junio de 2019

Sin la Iglesia no habría crisis en Venezuela

ATRIO


Es un honor para Atrio que uno de sus amigos y colaboradores sea la persona que, tanto en español como en francés, más claramente esté denunciando, desde dentro, la posición de los obispos antes los procesos revolucionarios de América Latina. A alguien podrá parecer excesivas vueltas sobre el mismo tema. Pero no podemos menos que presentar aquí lo que va escribiendo en otros foros quien en ATRIO se expresaba hace unos días así: Mi receta es vivir día a día,  bien pegado a ese compañero interior que alimenta mi espíritu y mi corazón. Con eso vivo mi fe y mi esperanza. Ánimo y gracias, hermano Oscar. AD.
Hay una sentencia  que dice: “En América latina ningún golpe de estado sería posible sin el apoyo de la Iglesia.” La historia de los 50 últimos años  confirma esa sentencia.  Ella se confirma aun mas  en el caso de Venezuela donde el episcopado, sostenido por el Vaticano, encabeza la lucha contra la revolución bolivariana. Vean lo que declaraba recientemente el cardenal Porras: “La institución que más ha dado la cara contra el régimen de Venezuela ha sido la Iglesia.” Mas claro que así, no se puede deccir.

Demasiados cuentos y secretos en la Iglesia

ATRIO


Ya dijimos que Antonio Aradillas volvería por aquí. Con su experiencia de años y su estilo joven. Eres siempre bienvenido, Antonio. AD.
  • “Los cuentos-cuentos ni son ni hacen Iglesia. A esta la hacen los evangelios, con sus parábolas”
  • “El progreso relativo a la cultura eclesiástica apenas si sobrepasa los límites de la niñez, ni en su contenido ni en la expresión e interpretación de los signos”
  • “El secreto campea en la Iglesia, patroneando también doctrinas y comportamientos jerárquicos, con tranquilidad de conciencia y con la seguridad de que nadie se atreverá a ‘corregirles la plana'”

EL VUELCO

ATRIO


        Entre Dos Hermanas y Sevilla los términos municipales se mezclan en terrenos baldíos, olivares a punto de fenecer y construcciones en medio de la nada desolada. Ahí unos caminantes han descubierto el cuerpo de un hombre muerto.
        En las 3000, a un tiro de piedra, con el Guadaira por medio y la S-30 de barrera amenazante, uno de los clanes gitanos que controlan la venta y cultivo de marihuana sabe de quién es el cadáver del descampado nazareno.
        Siete hombres del clan secuestraron hace semanas al hombre vivo que ahora es un cadáver mordido por ratas y alimañas, por perros sin dueño y por córvidos varios. Lo encerraron en uno de los pisos de propiedad pública de la Junta de Andalucía que controlan para refugio de delincuentes en busca y captura por juzgados de todo el país. En uno de esos pisos, que los gobernadores civiles de Franco entregaban los 18 de julio, fiesta del glorioso alzamiento nacional y que los clanes narcos de las 3000 se apropian extorsionando y expulsando a sus ocupantes, dueños o inquilinos, retuvieron secuestrado al que vivía en el cadáver encontrado y del que se ocupa ahora la policía, los forenses, la científica, los juzgados.

Ha fallecido Don Carlos Fernández Villar

FacebookLinkedInTwittere la comunidad de A Coruña, fallecía en la madrugada del 22 de junio de 2019.

 
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Su muerte ha sido natural, fruto de la edad y del desgaste, como natural y sencilla ha sido su vida de entrega al Señor durante tantos años. 
El entierro tuvo lugar el domingo 23 de junio, a las 12:00 h. con la eucaristía y posterior conducción desde la Parroquia María Auxiliadora de Coruña al cementerio de San Amaro.
El funeral está previsto para el día 25 de junio, martes a las 20:00 h. En la Parroquia María Auxiliadora de A Coruña.

Pedimos por su eterno descanso y le encomendamos mueva los corazones de muchos jóvenes a la llamada de Dios.

Enrique Martínez Lozano: La riqueza oculta del silencio

Riesgos y oportunidades del sínodo de la Amazonía


Victor Codina

Francisco ha convocado para octubre de 2019 un sínodo sobre la Amazonía, sínodo que está lleno de riesgos y oportunidades.
La primera dificultad consiste en que mucha gente, tanto de fuera como de dentro de la Iglesia, no sabe qué significa un sínodo, ni sabe qué es la Amazonía, ni ha oído hablar de que haya un sínodo sobre la Amazonía.
Sínodo es una reunión de obispos, convocada por el Papa en Roma para tratar algún tema de interés. Ahora el sínodo es: “Amazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y la ecología integral”.
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El poder sin valores humanos, abusa y esclaviza


Editorial de África, Fundación Sur

Esta constatación la encontramos en muchas personas e instituciones poderosas, sobre todo en las políticas y económicas, pero también en las culturales, humanitarias y hasta religiosas. El poder, sin valores humanos, tiende a corromper las relaciones y actividades intrapersonales y sociales.
A finales de 2018, siguieron saltando a la luz, numerosos escándalos de abusos sexuales, esta vez, en la Unión Africana.
El abuso sexual es un problema serio para las mujeres que trabajan en la Comisión de la UA, según la investigación realizada. La mayoría de las víctimas son mujeres jóvenes que buscan trabajo dentro de la organización.
El equipo de investigación encontró 44 casos de abusos sexuales como condición para conseguir trabajo. A veces no existía más que una promesa de trabajo
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lunes, 24 de junio de 2019

Radiografía contra el desencanto


Gabriel Mª Otalora
Redes Cristianas
Mi padre solía decir que la vida no es un día de fiesta ni un día de luto, sino un día de lucha, que puede desembocar en una experiencia capaz de hacernos fuertes y más humanos a medida que vamos cumpliendo etapas. O acabar en todo lo contrario, convertidos en una caricatura de lo mejor que pudimos haber sido. (Dicen que no hay papel pequeño cuando un actor es grande).
Instalados en la seguridad de los conocimientos y en otros asideros intelectuales y materiales, los adultos tenemos propensión a abandonar valores y compromisos en la medida en que el camino deja de ser confortable y seguro. Los primeros años del siglo XXI acarrean mucho desencanto y “mi corazón vive por encima de sus posibilidades”, en expresión poética de Antonio Pereira. Ahora existen viejos de treinta años, y personas de setenta que no se sienten mayores. El añorado José Luis Martín Descalzo dibujó hace varios lustros una guía que quiero rescatar porque no ha perdido un ápice de actualidad sobre cuando el ser humano se convierte en un viejo de verdad. Según sus sabias reflexiones, uno se avejenta cuando ha perdido una serie de batallas, da igual a qué edad. Él lo resumía así:
La primera batalla se da en torno al amor a la verdad y suele ser la primera que se pierde. Uno estaba seguro en sus años juveniles que viviría con la verdad por delante. Pero pronto descubre que en esta tierra hay caminos más cortos y la mentira parece rentable y útil. En estos tiempos, no son pocos los que creen que la verdad no lleva a ninguna parte.
La segunda batalla tiene lugar en el terreno de la confianza. Se entra en la rueda de la vida creyendo que los hombres son buenos: si de nadie somos enemigos, ¿cómo alguien quiere serlo de nosotros? Y ya ahí, esperándonos, el segundo batacazo…
La tercera es más grave, porque ocurre en el mundo de los ideales; uno ya no está seguro de las personas, pero cree aún en las grandes causas de su juventud, en la familia, en tales o cuales ideales políticos… Entonces descubre que el mundo ni es perfecto, ni mide la calidad de las banderas ni la de sus seguidores; lo que mide sobretodo es el éxito. ¿Y quién no prefiere una mala causa triunfante a una buena que ha sido desplazada o ninguneada? Es el momento en que un trozo del alma se seca.
La cuarta batalla es la más romántica. Confiamos en la justicia y la santa indignación habla por nosotros. Todavía creemos en la paz. Pensamos que el mundo es recuperable, que el amor y las razones de una lucha por un mundo mejor son suficientes frente a otros intereses. Pero comenzamos a desconfiar de la blandura de unos, de la rigidez de los otros; que se puede dialogar con éstos pero no con aquéllos… hasta que decidimos “imponer” nuestra paz violenta y nuestras “santísimas” coacciones.
Pero todavía quedan algunas ráfagas de entusiasmo, leves esperanzas que rebrotan leyendo un libro o viendo una película. Pero llega un día en que las consideramos meras “ilusiones” poco conectadas a la realidad; nosotros estamos de vuelta y nos convencemos sin ayuda de nadie que no debemos engañarnos, que “no hay nada que hacer”, que “el mundo es así” y que el ser humano es triste. Los alegres ahora nos parecen poco menos que insustanciales.
Perdida esta batalla del entusiasmo, a la persona solo le quedan dos caminos. El primero, engañarse creyendo que triunfa a base de taponar con sucedáneos los huecos del alma en los que un día habitó la esperanza. El segundo, rescatar las dosis necesarias de humildad para aceptar las leyes de la vida, y que nuestro barco es frágil y va a la deriva, hambrientos de ideales y afectos, vacíos, sin alegría, sin rumbo, sin alma pero que sigue buscando. Será entonces, nos dice Martín Descalzo, cuando se pueda recuperar terreno perdido en tantas batallas, independientemente de la edad que tenga cada cual.
Nunca es tarde para recomenzar; nunca: es la base de toda esperanza para valorar tantas cosas estupendas que nos perdemos pretendiendo la excelencia perfeccionista. Volvamos al Evangelio, la fuente de toda madurez que aprende a crecer exuberante como la floresta en la naturaleza: en medio de chaparrones y tiempos inclementes.

Propuesta del Vaticano reaviva la revuelta conservadora contra el Papa


curas casadosFrancisco abrió la puerta a que hombres casados puedan ordenarse sacerdotes en zonas donde es grave la escasez de curas. Fuerte polémica.
Un nuevo frente de tormenta proveniente del sector más conservador de la Iglesia empieza a despuntar en el horizonte del pontificado de Francisco. Después de la fuerte resistencia de los integristas a la aprobación por parte del Papa para que puedan recibir la comunión los católicos divorciados en nueva unión (condicionada a un estudio de cada caso), otra probable decisión del argentino preanuncia que volverán a presentar batalla: el acceso de hombres casados al sacerdocio en zonas del mundo donde la escasez de sacerdotes es muy severa. De concretarse sería la segunda gran reforma en materia de normas eclesiásticas del actual pontífice.··· Ver noticia ···

Por una Iglesia profética, postsecular, posreligiosa


José Arregi
José Arregui1La difusión de las ciencias por la Universidad ha socavado o acabará socavando la cosmovisión milenaria que sostiene las creencias y las prácticas religiosas tradicionales. No podemos pensar que una divinidad preexistente creó el mundo de la nada en un pasado remoto e interviene en él cuando quiere, ni que somos el centro del cosmos, ni que habrá un fin del mundo con un juicio final y un infierno eterno para los malos. Y tantas y tantas cosas que seguimos leyendo y escuchando todavía. Todo eso ya pasó o tiene los días contados. Vivimos una época posreligiosa.
A la vez, sin embargo, vivimos una época también postsecular. Y no porque las religiones tradicionales sobrevivan todavía e incluso ganen protagonismo político en muchos países como los Estados Unidos de América, Rusia o Brasil. Son manifestaciones reactivas y fundamentalistas, más políticas que religiosas, y han traicionado al Espíritu profético y místico que alentó sus orígenes. Vivimos una época postsecular porque los Homo Sapiens que somos (todavía…), debido a nuestro desarrollo cerebral y cultural, somos seres simbólicos –como lo fueron otras especies humanas extintas y lo siguen siendo otros primates hominoides, cada especie a su manera–. Somos más de lo que pensamos, sentimos, sabemos, tenemos. La Realidad nos precede. Todo emerge de la “materia”, que no sabemos qué es y, sobre todo, por qué es. La materia es matriz. El Misterio nos envuelve. La realidad se reencanta. Todo está interrelacionado, abierto y habitado por impredecibles e inagotables posibilidades. Todo se transforma. ¿Hacia dónde? Depende de todo, y en particular de nosotros, como sucede con el cambio climático.
Y ¿qué tiene que ver esto con la Iglesia? También de la Iglesia depende la transformación de este planeta y de esta humanidad hacia una forma más justa y libre, más fraterna y feliz. Y la condición fundamental para que la Iglesia sea transformadora es su propia transformación profunda. Llevamos siglos de retraso: es urgente que la Iglesia deje sus formas y doctrinas religiosas tradicionales, para convertirse en Iglesia profética y mística para unos tiempos posreligiosos y postseculares. Para ser la fraternidad que soñaba Jesús, aunque nunca pensó en ninguna forma de Iglesia futura.
Es verdad que un poderoso vendaval profético recorre la Iglesia Católica romana, mucho más de lo que nunca pensé, con el papa Francisco. Reclama una Iglesia en salida, que no sea aduana, sino “puesto de socorro para los heridos”. Pone a los pobres sobre el desarrollo, la política sobre la economía, la justicia sobre la doctrina, la persona sobre el Derecho Canónico, el Evangelio sobre la institución. Denuncia la economía que mata, el expolio del planeta, el colonialismo económico y cultural, el cierre de fronteras a refugiados e inmigrantes. Urge a una “valiente revolución cultural” que evite la catástrofe ecológica, que salve a la humanidad y a la comunidad planetaria. “Nuestra fe es siempre revolucionaria”, dijo en Bolivia. “Actuad ahora, el tiempo se acaba”, acaba de proclamar. ¡Gracias, Hermano papa Francisco!
Todo eso es sin duda lo esencial, pero no basta para ser de verdad una Iglesia profética que sople sobre el mundo de hoy el Espíritu del Génesis y del Jubileo que alentaba a Jesús. Como no basta reformar la Curia vaticana ni perseguir la pederastia. ¡Qué menos! Como tampocobasta “ordenar” a hombres casados, y menos aun nombrar diaconisas de segundo orden, subordinadas a varones clérigos. Veo a Francisco profundamente anclado todavía en un lenguaje religioso y en un modelo clerical de Iglesia. Lo escucho predicar ideas teológicas de hace milenios: que Dios es un Señor que interviene cuando quiere, que Jesús murió para expiar nuestros pecados, que el demonio en persona actúa, que la teoría del género es “una colonización ideológica” y una “maldad”, que matrimonio solo hay uno, porque “hombre y mujer los creó” Dios.
Todo eso ya no lo entiende casi nadie. No inspira a nadie. Para ser profética, la Iglesia ha de abrir de par en par sus viejas murallas doctrinales e institucionales, atravesar hasta la otra orilla, postsecular y posreligiosa. Allí donde viven, gozan y sufren, conversan y buscan los hombres y las mujeres de hoy. Donde sopla el Espíritu.
(Publicado en DEIA y en los Diarios del Grupo NOTICIAS el 23 de junio de 2019)

viernes, 21 de junio de 2019

CORPORIS MYSTERIUM. DESCONCIERTO TEOLÓGICO

col ramonhnz

Frente a la celebración del Corpus esta semana, abordo el tema con inmensas precauciones, sabedor de que puedo incomodar, encabritar y hasta escandalizar a muchos. Pero al cirujano no le debe paralizar el hecho de tener que echar mano del bisturí, sobre todo cuando la vida está en juego. Tal es el caso o algo parecido. ¡Con lo bonito que sería dejar que las cosas fluyan mansamente y que te lleve la suave corriente!
Eucaristía escorada
Diré groso modo, como base, que en el siglo XIII se produce un gran revuelo al abordar el tema de la “presencia real” de Cristo en la Eucaristía, con secuelas importantes para la vida de los creyentes. La preocupación por el tema de tal presencia, tan debatido entonces, lleva a la especulación teológica a servirse de la filosofía griega. Los términos “substancia” y “accidentes” son el eureka definitivo para la racionalización de un gran misterio: el pan y el vino, sin perder apariencia y consistencia, llevan en su misma entraña, en su substancia, el cuerpo y la sangre de Cristo. Cristo, por tanto, se hace realmente presente en ellos como “substancia”. ¡Aleluya! El poder de consagrar que otorga a los sacerdotes el sacramento del orden obra, por así decirlo, un gran milagro físico-metafísico. ¡Gran logro teológico!, y sin embargo….
No, el tema no ha quedado zanjado ni fijado para siempre. Es más, la Eucaristía resultante sale malparada de esa racionalización metafísica, pues su condición de “sacramento”, que convierte a Cristo en pan de vida y bebida de salvación, pierde fuelle al convertirse la Eucaristía en una especie de segunda encarnación y, por ello, en objeto de un trato “personal” que no encaja en el sacramento ni a machamartillo.
Adoración
La insistencia en probar la presencia real hace que lo “sacramental” derive a “personal”. De ahí al acompañamiento y a la adoración de Cristo en las especies solo media un paso imperceptible. Y así, lo que únicamente debería servir para comida de salvación deriva en “presencia física” de un Dios digno de ser adorado y acompañado en su soledad. En ese contexto, la festividad del Corpus resulta tan lógica como desatinada.
Tal desajuste teológico y desbarajuste piadoso me obligan a gritar con fuerza que la Eucaristía queda desvirtuada al perder su enorme fuerza sacramental de transformación de nuestra conducta. Partir y compartir el pan de vida exige mucho más que genuflexiones. Además, nada hay en el pan y en el vino que invite a hincar la rodilla.
La conversión de la presencia real en “personal” polariza la piedad cristiana. Asombra el aplomo con que el cantor de la Eucaristía, Santo Tomás de Aquino, trata este sacramento, pero su teología, sólidamente sustentada en la transubstanciación, acentuó tanto la “presencia” que desnaturalizó un sacramento que fundamenta y expresa la Iglesia misma.
De poco han servido las advertencias del mismo Jesús en Jn 4,21-24: “Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre… se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad… Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.
Partir el pan
Debemos rescatar el significado y la virtualidad de partir y compartir el cuerpo y la sangre del Señor, gesto ritual frente al cual palidece la incuestionable belleza de la celebración del “Corpus”. Que para ello los cristianos nos sirvamos de pan y vino desmonta de un plumazo cualquier atisbo de canibalismo entre nosotros. Se come pan y se bebe vino con la fuerza significativa de comunión efectiva con un Cristo que es vida y salvación. La tradición cristiana anterior lo expresaba mejor hablando de “simbolismo ontológico”, aunque fuera una expresión menos solemne e ingeniosa que la de “transubstanciación”.
Dicha tradición realzaba la virtualidad eucarística al identificar a cada comensal con un grano de trigo y otro de uva. Por ello, los cristianos somos en ella, al mismo tiempo, comida y comensales. La “comunión indigna” sobre la que advierte San Pablo en 1 Cor 11:27-32 denuncia el egoísmo de “no compartir”.  Partir (ascética) y compartir (caridad) es la clave del cristianismo.
Para convertirse en Eucaristía, el cristiano debe seguir el proceso a que son sometidos los granos de pan y uva: de siega, trilla, molienda, fermentación y cocción, en un caso; de vendimia, pisado y fermentación, en el otro. Se trata de comportamientos ascéticos muy exigentes. Resuena en ello el “niégate a ti mismo” evangélico (Mt 16:24).
Compartir el pan
“Compartir” mete en danza nuestra propia vida, pues debemos hacerlo no solo con lo que tenemos, sino también con lo que somos. Debemos poner nuestra carne en el asador del mandamiento del amor. Esa es la madre del cordero del cristianismo.
La razón estriba en que la auténtica “presencia personal” de Cristo no está en el pan de vida y en la bebida de salvación, sino en cada uno de los seres humanos sin excepción, a tenor de lo que dice el mismo Jesús en Mt 25:40: “… a mí me lo hicisteis”. De ahí que la única manera de acercarse a Cristo es alimentarlo, vestirlo, acompañarlo y adorarlo en todos y cada uno de los seres humanos. Un cristiano no debería hincar su rodilla más que ante otro ser humano y más cuanto más necesitado sea, pues Jesús se identifica con él.
De atenernos a esta esplendorosa verdad, la de ver a Dios en cada ser humano, los cristianos cambiaríamos por completo, de forma radical, nuestros comportamientos depredadores y pondríamos en solfa los de todos los demás. Nadie ha podido jamás ni podrá en el futuro proclamar una verdad tan esplendorosa y trascendente, tan libre de demagogias y soflamas populistas. La presencia de nuestro Dios es tan fuerte que aflora invasora en el rostro doliente de todo ser humano, también en el de los agnósticos, ateos, descreídos y desesperados de la vida. Lo hace, además, de forma especial en el de los pobres y desvalidos para que podamos echarle una mano. Teniendo esa conciencia, jamás podremos negarnos a auxiliar a otro ser humano cualesquiera sean su situación y condición.
Frente a un imaginario dilema entre Eucaristía y el ser humano más depravado, el cristiano debe decantarse por el último. En la imposible hipótesis de tener que pisotear la Eucaristía o darle una bofetada a un pederasta asesino, el cristiano debería optar por lo primero, pues entre ambos hay la diferencia que media entre un alimento y quien lo come. El “sagrario” donde realmente habita Dios es el hombre. Repito que la extraordinaria virtualidad de la Eucaristía dimana de que, en ella, todos somos al mismo tiempo comida y comensales, de que participar en su celebración nos exige partirnos y compartirnos.

Antonio Aradillas: “En la Iglesia hay mucho cuento. Y muchos cuenta cuentos y cuentistas”


“Demasiados cuentos y secretos en la Iglesia”
“Los cuentos-cuentos ni son ni hacen Iglesia. A esta la hacen los evangelios, con sus parábolas”
“El progreso relativo a la cultura eclesiástica apenas si sobrepasa los límites de la niñez, ni en su contenido ni en la expresión e interpretación de los signos”
“El secreto campea en la Iglesia, patroneando también doctrinas y comportamientos jerárquicos, con tranquilidad de conciencia y con la seguridad de que nadie se atreverá a ‘corregirles la plana'”··· Ver noticia ·

Salesianos PAMPLONA, adiós al colegio del ensanche durante 92 años


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El Diario de Navarra ha publicado un reportaje con motivo de la despedida del Centro de los Salesianos Pamplona en la calle Aralar.
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La pasada semana acudían al centro Miriam Munárriz, periodista y Eduardo Buxens, fotógrafo. Recorrieron en centro, hablaron con alumnos, alumnas, equipo docente. Conocieron la dinámica que se está llevando con motivo del traslado, recogieron impresiones por la despedida y sobre el nuevo centro en Sarriguren.

El resultado: un reportaje de dos páginas en el periódico con mayor tirada de Navarra que se pueden leer en el documento adjunto

MISA del Domingo Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Solemnidad Semana XII del tiempo ordinario 23 de junio de 2019

Germán Rivas

Génesis 14, 18  –  20.   Salmo 109. 1   Corintios 11, 23  –  26.   Lucas 9, 11b  –  17. Hoy  celebramos  la  Solemnidad  del  Cuerpo  y  la  Sangre  de  Cristo.  Cristo  Jesús  se  nos  da  como alimento  para  el  camino,  comulgamos  en  la  Eucaristía  con  su  propia  Persona,  con  su  Cuerpo  y  su Sangre,  bajo  la  forma  del  pan  y  del  vino.  Debemos  estar  agradecidos  a  Cristo,  que  muriendo  y resucitando por nosotros, nos acompaña en el camino  de la vida.
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jueves, 20 de junio de 2019

Domingo 23 de junio de 2019 Cuerpo y Sangre de Cristo


La primera lectura (Gen 14,18-20) es un antiguo texto legendario, originalmente quizás de naturaleza política-militar, en el que el misterioso personaje Melquisedec rey de Salem ofrece a Abraham un poco de pan y vino. Se trata de un gesto de solidaridad: a través de aquel alimento, Abraham y sus hombres pueden reponerse después de volver de la batalla contra cuatro reyes (Gen 14,17). El pasaje, sin embargo, parece contener una escena de carácter religioso, siendo Melquisedec un sacerdote según la praxis teológica oriental.

El Cuerpo y la Sangre de Cristo – C (Lc 9,11-17)

José Antonio Pagola
EN MEDIO
DE LA CRISIS

Muchas personas siguen sufriendo de muchas maneras crisis económica. No nos hemos de engañar. No podemos mirar a otro lado. En nuestro entorno más o menos cercano nos iremos encontrando con familias obligadas a vivir de la caridad, personas amenazadas de desahucio, vecinos golpeados por el paro, enfermos sin saber cómo resolver sus problemas de salud o medicación.
Nadie sabe muy bien cómo irá reaccionando la sociedad. En algunas familias podrá ir creciendo la impotencia, la rabia y la desmoralización. Es previsible que aumenten los conflictos. Es fácil que crezca en algunos el egoísmo y la obsesión por la propia seguridad.
Pero también es posible que vaya creciendo la solidaridad. La crisis nos puede hacer más humanos. Nos puede enseñar a compartir más lo que tenemos y no necesitamos. Se pueden estrechar los lazos y la mutua ayuda dentro de las familias. Puede crecer nuestra sensibilidad hacia los más olvidados.
También nuestras comunidades cristianas pueden crecer en amor fraterno. Es el momento de descubrir que no es posible seguir a Jesús y colaborar en el proyecto humanizador del Padre sin trabajar por una sociedad más justa y menos corrupta, más solidaria y menos egoísta, más responsable y menos frívola y consumista.
Es también el momento de recuperar la fuerza humanizadora que se encierra en la eucaristía cuando es vivida como una experiencia de amor confesado y compartido. El encuentro de los cristianos, reunidos cada domingo en torno a Jesús, ha de convertirse en un lugar de concienciación y de impulso de solidaridad práctica.
Hemos de sacudir nuestra rutina y mediocridad. No podemos comulgar con Cristo en la intimidad de nuestro corazón sin comulgar con los hermanos que sufren. No podemos compartir el pan eucarístico ignorando el hambre de millones de seres humanos privados de pan y de justicia. Es una burla darnos la paz unos a otros olvidando a los que van quedando excluidos socialmente.

La celebración de la eucaristía nos ha de ayudar a abrir los ojos para descubrir a quienes hemos de defender, apoyar y ayudar en estos momentos. Nos ha de despertar de la «ilusión de inocencia» que nos permite vivir tranquilos, para movernos y luchar solo cuando vemos en peligro nuestros intereses. Vivida cada domingo con fe, nos puede hacer más humanos y mejores seguidores de Jesús. Nos puede ayudar a vivir con lucidez cristiana, sin perder la dignidad ni la esperanza.