FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

ESTE ES EL BLOG OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO SAN PAULINO DE NOLA
ESTE BLOG TE INVITA A LEER TEMAS DE ACTUALIDAD Y DE DIFERENTES PUNTOS DE VISTA Y OPINIONES.




lunes, 7 de marzo de 2016

•El Papa Francisco recupera el buen sentido de Jesús Leonardo Boff



Leonardo Boff2El eje que estructura los discursos del Papa Francisco no son las doctrinas y los dogmas de la Iglesia católica. No es que no las aprecie, sabe que son elaboraciones teológicas creadas en diferentes momentos de la historia. Ellas provocaron guerras de religión, cismas, excomuniones, quema de teólogos y mujeres (como Juana de Arco y las que consideraban brujas) en la hoguera de la inquisición. Esto duró varios siglos y el autor de estas líneas tuvo una amarga experiencia en el cubículo donde se interrogaba a los acusados en el adusto edificio de la ex-Inquisición, situado a la izquierda de la basílica de San Pedro.

El Papa Francisco está revolucionando el pensamiento de la Iglesia remitiéndose a la práctica del Jesús histórico. Él recupera lo que hoy en día se llama “la Tradición de Jesús” que es anterior a los evangelios actuales, escritos 30-40 años después de su ejecución en la cruz. La Tradición de Jesús o también, como se llama en los Hechos de los Apóstoles “el camino de Jesús”, se funda más en valores e ideales que en doctrinas. Son esenciales el amor incondicional, la misericordia, el perdón, la justicia y la preferencia por los pobres y marginados y la total apertura a Dios Padre. Jesús, a decir verdad, no pretendió fundar una nueva religión. Él quiso enseñarnos a vivir. A vivir con fraternidad, solidaridad y cuidado de unos a otros.
Lo que más resalta en Jesús es su buen sentido. Decimos que alguien tiene buen sentido cuando tiene la palabra oportuna para cada situación, un comportamiento adecuado y cuando atina rápidamente con el meollo de la cuestión. El buen sentido está ligado a la sabiduría concreta de la vida. Es distinguir lo esencial de lo secundario. Es la capacidad de ver y de poner las cosas en su debido lugar. El buen sentido es lo opuesto a la exageración. Por eso, el loco y el genio que en muchos puntos se aproximan, se distinguen aquí fundamentalmente. El genio es aquel que radicaliza el buen sentido. El loco radicaliza la exageración.
Jesús, como nos dan testimonio los evangelios, se manifestó como un genio del buen sentido. Un frescor sin analogías atraviesa todo lo que dice y hace. Dios en su bondad, el ser humano con su fragilidad, la sociedad con sus contradicciones y la naturaleza con su esplendor aparecen con una inmediatez cristalina. No hace teología ni apela a principios morales superiores. Ni se pierde en una casuística tediosa y sin corazón. Sus palabras y actitudes muerden de lleno en lo concreto donde la realidad sangra y debe tomar una decisión ante sí mismo y ante Dios.
Sus amonestaciones son incisivas y directas: “reconcíliate con tu hermano” (Mt 5,24). “No juréis de ninguna manera” (Mt 5, 34). “No resistáis a los malos y, si alguien te abofetea la mejilla derecha, muéstrale también la otra” (Mt 5, 39). Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen” (Mt 5, 34). “Cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que da tu derecha” (Mt 6, 3).
Este buen sentido le ha faltado a la Iglesia institucional (papas, obispos y curas), no a la Iglesia de la base, especialmente en cuestiones morales. Aquí es dura e implacable. Las personas con su dolor son sacrificadas a los principios abstractos. Se rige antes por el poder que por la misericordia. Y los santos y sabios nos advierten: donde impera el poder, se desvanece el amor y desaparece la misericordia.
Qué diferente es el Papa Francisco. La cualidad principal de Dios, nos dice, es la misericordia. A menudo repite: “Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso” (Lc 6, 36). Y explica el sentido etimológico de la misericordia: miseris cor dare: «dar el corazón a los míseros», a los que padecen. En la charla del Ángelus del 6 de abril de 2014 dijo con voz alterada: «Escuchad bien: no existe límite alguno para la misericordia divina ofrecida a todos». Y pide a la muchedumbre que repita con él: «No existe ningún límite para la misericordia divina ofrecida a todos».
Como un teólogo nos recuerda que Santo Tomás de Aquino afirma que, en lo que se refiere a la práctica, la misericordia es la mayor de las virtudes «porque se derrama hacia los otros y además los socorre en sus debilidades».
Lleno de misericordia ante los peligros de la epidemia de virus Zika abre espacio al uso de anticonceptivos. Se trata de salvar vidas: «evitar el embarazo no es un mal absoluto», dijo en su visita a México en febrero de este año. A los nuevos cardenales les dice con todas las palabras: «La Iglesia no condena para siempre. El castigo del infierno con el cual atormentaba a los fieles no es eterno». Dios es un misterio de inclusión y de comunión, nunca de exclusión. La misericordia siempre triunfa.
Esto significa que tenemos que interpretar las referencias de la Biblia al infierno no fundamentalísticamente, sino pedagógicamente, como una forma de llevarnos a hacer el bien. Lógicamente no se entra de cualquier manera en el Reino de la Trinidad. Hay que pasar por la clínica purificadora de Dios hasta irrumpir, purificados, dentro de la eternidad bienaventurada.
Tal mensaje es verdaderamente liberador. Y confirma su exhortación apostólica “La alegría del Evangelio”. Esta alegría es ofrecida a todos, también a los no cristianos, porque es un camino de humanización y de liberación.


* Leonardo Boff es articulista del JB online y escribió:” Los derechos del corazón”, Paulus 2016.

Traducción de MJ Gavito Milano

Mártires de la ecología

Mártires de la ecología

Hace dos días asesinaban a esta activista hondureña por defender la vida de los indígenas en sus tierras. En las reuniones de Movimientos se había encontrado varias veces con el papa Francisco, quien les animaba a seguir su lucha: Berta Cáceres y los mártires de «Laudato si’». ¿Es un utopista este papa que lanza a su gente a la muerte? ¿Y que hace ahora su amigo el cardenal Maradiaga que con apelación por la paz afianzó el criminal golpe de estado contra Zelaya? AD. ··· Ver noticia 

Perdón querida Berta

 


“Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡Perdón!” expresó tiernamente el Papa Francisco en su visita a los pueblos indígenas de Chiapas, México. Hoy es bueno recoger estas palabras para decírselas a nuestra querida Berta.
Los medios de comunicación cerraron sus puertas a las peticiones de Berta Cáceres y al COPINH, desoyeron sus propuestas, ignoraron el premio que había recibido, pero qué va eso no vende. Tampoco tomaron sus declaraciones cuando fue detenida por la policía, no cubrieron cuando fue llamada a los juzgados, ninguno hizo eco de su defensa por su pueblo indígena, ni su lucha permanente a favor de las mujeres y los bienes naturales. Pero hoy la historia sí vende, hay sangre, hay dolor y ese es un gran negocio para las empresas privadas de información. Se vuelven a olvidar de su lucha, de su clamor constante para entender la cosmovisión del pueblo Lenca y su relación con la madre naturaleza. ··· Ver noticia ···

Pactos de gobierno en Cuaresma: ¿casualidad o signo? (1) Francisco José Pérez

 

Para muchas personas no dejará de ser mera casualidad; para otras, un signo que invita a la lectura de esa realidad desde una mística de ojos abiertos. Además, la propuesta del Papa de tener presentes las obras de misericordia como “un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza…” resulta pertinente a la hora de valorar los posibles pactos y propuestas en aras a un nuevo gobierno. ··· Ver noticia ···

Errante José Arregui, teólogo


José Arregui1Eran las 6,30 del 17 de febrero, la mañana más fría de este invierno. Había pasado la noche, como pudo, en la cabina de un cajero automático de Zumaia. El calor se le iba, la vida se le iba, pero lo intentó de nuevo. Quería salir, caminar, seguir vagando por el mundo, como había hecho durante los últimos 25 años. Tambaleaba. Dio unos tumbos entre coches y se desplomó muerto. Era Periko o Pedro Arregi, mi primo carnal. Tenía 62 años, una hermosa melena rubia, unos ojos muy vivos y bellos, una gran elocuencia y un buen corazón.

¿Qué le había empujado desde joven a perderlo todo, hasta el carnet de identidad, que nunca llevaba y nadie halló? A perder su buen sueldo de cocinero, bien apreciado en un prestigioso restaurante de Pamplona. A perder su casa en Elizondo, en el Baztán navarro, un verde valle lleno de armonía. A perder… a perder sobre todo a una mujer extraordinaria, Pepa, y a unos hijos excelentes, Sara, Javier, Iñigo.
Lo tuvo todo en su mano, pero lo dejó irse. Se dejó ir por la vida, por los caminos del mundo, sin rumbo, a la buena de Dios. Su impulso le vencía. Era bueno, pero hizo sufrir lo indecible a sus padres, a sus numerosos hermanos y hermanas, y más que a nadie, más de lo imaginable, a su mujer y a sus hijos. Un día, después de 13 años de matrimonio, Pepa no pudo más y rompió con él. Era la única manera de no romperse del todo ella misma y sus hijos.
“Pedro, no te reprocho nada, la vida y mi dolor me son testigos. Mientras estuviste con nosotros, y después de que te fuiste, mi vida ha sido un sinvivir. Pero nunca salió de mi boca ante nuestros hijos ni media palabra contra ti. Cuidé tu memoria en ellos, les enseñé a respetarte siempre a pesar de todo. Ellos son testigos, y hoy también lo eres tú, desde el misterioso corazón bueno de la vida en que vives, así lo deseo y lo espero. Tuve que dejarte para que pudiéramos sobrevivir tus hijos y yo. Y sé que tú lo comprendías, pues a la amatxi Nicolasa, en su lecho de muerte, hace muy pocos años, le dijiste: ‘Cualquier otra mujer hubiera hecho lo mismo’. Descansa, Pedro.
También nosotros podemos ahora descansar, curar nuestros recuerdos, reconciliarnos con todo. Las heridas podrán cicatrizar. Por fin podemos recordarte y hablar de ti, como lo hacemos a menudo, en paz, en medio de la pena y de las contradicciones. Viviremos en paz. Vive en paz, Pedro. Pepa”.
Muchos –más que nadie su mujer, sus hijos y una hermana– se empeñaron en rescatarlo de su vida errante. Todo fue en balde. Le habían diagnosticado un trastorno bipolar, un cuadro que hoy tiene muy buen tratamiento, pero hay que querer, y él no quería. ¿No quería? “Yo hago lo que me da la gana”, respondió una vez a su hijo que trataba de hacerle recapacitar y volver. Fue un gran irresponsable. Pero ¿quién podrá juzgarlo? ¿No pudo porque no quiso? ¿O no quiso porque no pudo? Un mendigo al borde del camino se dirige a nosotros, levanta las manos y nos ruega, como el ciego a Jesús, y levanta sus manos: “Ten piedad de mí”.
“Aita, tampoco nosotros te reprochamos nada. Hemos sufrido, sí. Hemos vivido en permanente zozobra. Cuando faltabas porque faltabas, cuando estabas por el pueblo o los alrededores porque estabas. Entre el vacío del corazón y la vergüenza social. Dos días antes de tu muerte, supimos que te habían visto en Elizondo y te buscamos. Yo, Sara, te busqué por todas partes, con el corazón herido de amor y de pena. Te busqué con el alma en vilo, y no te encontré. Y luego este final. Pero tal vez así es mejor. Ahora tu espectro, deseado y temido, se nos volverá memoria y figura restaurada. Te queremos. Sara, Javier, Iñigo”.
Aunque caminemos por cañadas oscuras, la Presencia nos sosiega, la Vida nos conduce de la mano al hogar de la Paz, a las fuentes de la Vida. Las flores de San José florecen abundantes en las umbrías del Baztán y a la vera de los caminos húmedos de tu Ureta natal.
José Arregi
(Publicado en los diarios del Grupo NOTICIAS el 06-03-2016)

Palábras proféticas: “nuestra vida pende de un hilo”. Última entrevista Berta Cáceres

 

berta-caceresLa dirigente popular y activista feminista hondureña Berta Cáceres fue alevosamente asesinada el pasado miércoles. Para homenajear su memoria, reproducimos a continuación la versión castellana de esta entrevista recientemente concedida al periódico comunista italiano Il Manifesto. Sirva también para celebrar el día internacional de la mujer trabajadora (8 de marzo) esta pieza de feminismo laico, socialista y anti-eurocéntrico, tan en la línea, por ejemplo, de las dos entrevistas (1 y 2) y el artículo recientemente traducidos en SinPermiso de la valiente y lúcida feminista argelina Marieme Hélie Lucas. ··· Ver noticia ···

viernes, 4 de marzo de 2016

•La función de la Ley Gabriel Mª Otalora

La función de la ley, de cualquier ley humana, es servir de medio para organizar una convivencia. Si nos referimos a la función de la Ley, con mayúscula, no consiste en salvar sino en convencer a los que están bajo su régimen de que ella también es un medio: la Ley no salva, lo que salva es la promesa hecha realidad en la persona de Jesucristo. También nosotros nos peguntamos muchas veces, ¿para qué tanto afán en vivir desde el miedo la Ley de Dios? Cumpliendo la Ley como un fin estamos muy cerca de aquellos escribas y fariseos. Son muchos, en cambio, los que cumplen con su actitud la ley de Dios en su sentido más cristiano desde la experiencia del Amor. Karl Rahner les llamaba “cristianos anónimos”.

Pero de tanto leer y escuchar el evangelio con la mirada contemporánea, sus historias y personajes acaban por quedarse atrapados en la sociología de aquél momento, alejados de nosotros. Corremos el riesgo de que la verdadera enseñanza cristiana se quede en una caricatura entre manifestaciones de la devoción popular. La actitud de Jesús fue ejemplar en sus conductas combinando audacia y prudencia (que no temeridad ni cobardía) sin atender a cálculos religiosos, políticos ni de seguridad personal.
No nos engañemos, pues los excluidos de ahora serían también los que mejor sintonizarían con Jesús y su Buena Noticia entre incomprensiones socio-históricas y negaciones de todo tipo, empezando porque no conocen la Ley ni la cumplen. Incluso el Papa Francisco gusta a los de fuera, quizá menos a bastantes de casa. Algo parecido le ocurrió a Jesús.
Es necesario volver la mirada a Jesús en nuestra Iglesia para que no sea más importante la institución que el Evangelio. El Plan de Dios y la fe cristiana son mucho más que una adhesión doctrinal, es humanizarse para amar. Esto lo expresa muy bien Adela Cortina, catedrática de Ética, con esta cita a la que me refiero siempre que puedo: “El cristianismo no es una ética de mínimos de justicia, sino una religión de máximos de felicidad. Los mínimos de justicia le parecen irrenunciables, pero tales mínimos no agotan el contenido de la religión cristiana. Sus propuestas no compiten con la ética cívica, sino que la complementan. Mientras que la universalidad de los mínimos de justicia es una universalidad exigible, la de los máximos de felicidad es una universalidad ofertable”. Lo cristiano es un plus sobre la justicia humana exigible.
Sin embargo, muchos católicos, cuando nos miramos con humildad, vemos como estamos intentando todavía aprobar el mínimo ético exigible aunque defendemos la ortodoxia a capa y espada. La cosa es más seria en palabras de Martin Luther King: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética; lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.

Refugiados: Welcome a la exclusión, la pobreza y la caridad Ghassan Saliba Zeghondi

La mayoría de las ciudades de Cataluña, grandes y pequeñas, en un momento de indignación ante la imagen del niño sirio ahogado en las costas de Turquía, se han chispado a proclamar ciudades y municipios de acogida “refugiados welcome”. Se ha desencadenado la competitividad  política entre los welcome, quien es el más bueno y el más humanista.  Por cierto hoy, sale un informe, según el cual 10.000 niños han desaparecido en el intento de llegar a Europa. Pero ya no es noticia, o ya no interesa a Merkel que sea una noticia, ya se ha pasado otra vez de la indignación a la indiferencia, no nos mueve la muerte de los niños. Y tampoco nos importa la aprobación de leyes que legitiman el robo a las personas refugiadas, quitarles el poco dinero que tienen,  todo lo que han ahorrado toda la vida, o lo que han conseguido al vender alguna propiedad, y no nos indignamos por las medidas de deportaciones de decenas de miles de personas refugiadas en los llamados “paraísos del asilo”.
Con todo el respeto a la movilización de la sociedad civil, que ha demostrado un gran valor de solidaridad, desgraciadamente las administraciones digamos central, autonómica o local han demostrado que no están a la altura, un desconocimiento de la realidad, una confusión, una descoordinación, pero sobretodo una voluntad de instrumentalizar los sentimientos de solidaridad de la ciudadanía a través de los grandes discursos sobre “ciudades y municipios de acogida”. Se han creado grupos, comisiones, se han multiplicado por mil las conferencias y los expertos en asilo, refugio, protección internacional, todo a la espera de “los bienvenidos refugiados”, a través de la famosa cuota. La política europea de refugio, y las cuotas de reubicación no son más que humo para tapar la insensibilidad y la pérdida de valores, y realmente nos han “vendido humo” y frustración a muchas personas nobles y solidarias. Las personas refugiadas a través de la “cuota” no han llegado, ni llegan y creo que no llegaran nunca por esa  vía.
No hay que esperar, las personas refugiadas ya están entre nosotros,  ya llevan muchos años llegando por sus “propios medios”, por la vía de siempre. En el caso de los sirios, ya han llegado decenas de familias y personas, por invitaciones de familiares, o por la ruta de Siria a Argelia, a Marruecos, a Ceuta y Melilla, y después el propio gobierno español los desplaza a varias ciudades de la península sin ningún tipo de ayuda y sin ningún programa de atención. Es incomprensible que las administraciones dediquen presupuestos y se “movilicen” para la acogida de personas refugiadas que no llegan, y abandonen a las personas refugiadas que están aquí, simplemente con el absurdo argumento que “no han llegado a través de la cuota”.
Yo quiero citar un caso, entre muchos que conozco. El sábado de la semana pasada, después de participar en Mataró, en una conferencia sobre la inclusión social de las personas con diversidad funcional auditiva -seguro que el tema, no tiene nada a ver con las personas refugiadas-, al coger el tren de vuelta a Barcelona, he coincidido con una señora de Siria, que arrastraba un carro de compra. Me reconoció como árabe, y seguramente  le dio más confianza cuando supo que soy de origen libanés: como solemos decir, los sirios y los libaneses somos “un pueblo en dos estados”. Empezó a contar la historia de su familia:  son seis, cuatro hijos menores, uno nació en Cataluña hace pocos meses, y el marido enfermo. Salieron de Siria a Argelia, y después a Marruecos, a Melilla y acabaron hace poco en Barcelona. Tienen las tarjetas rojas, las famosas tarjetas que se dan cuando la solicitud de asilo está en trámite, viven en un piso pequeño de alquiler, gracias a la ayuda y el aval de una familia marroquí. Sobreviven de las ayudas que recogen en las puertas de las mezquitas. Ese día venía de recoger algunos alimentos de una mezquita de Mataró. Le pregunté si había ido a los servicios sociales delayuntamiento, confiando yo en la “declaración universal de ciudad de acogida”.  Me contestó con  cansancio y desesperación: si, pero  nos han pedido certificados de que estamos en paro, de que no estamos  recibiendo ningún subsidio por desempleo, y pidieron ese certificado hasta para mi hijo menor de 6 meses de edad. Así que esta familia solicitante de asilo y de protección internacional, el único recurso de supervivencia que tiene, es la recogida de alimentos y ayudas en las puertas de las mezquitas.

Volver a Jesús. ¿A qué Jesús y para qué?



Jesús2ÉXODO afronta en su número 132 el reto de volver la vista a Jesús, a ese Jesús por el que sus contemporáneos apenas se interesaron, como nos ilustra Ariel Álvarez. Solo lo hicieron cuando sus seguidores empezaron a molestar en la sociedad judía o en el imperio.
Y ¿qué es lo que molestó de su vida y mensaje en aquel tiempo? José Laguna arranca su reflexión con la premisa de ‘a quien hace obras de misericordia se le premia no se le crucifica’. ¿Cómo pudo ocurrir una inversión tal de la misma para acabar con Jesús en la cruz? Al parecer no podía molestar algo tan inocuo como hablar del amor al prójimo, del perdón a los enemigos, del servicio a los demás como actitud de vida, de defender a los más pobres…


Pero, cuando la compasión por quienes vivían en los márgenes empezó a revestir dimensiones conflictivas, se movilizaron los mecanismos punitivos de los órdenes político y religioso. La vida de Jesús no representa al ‘hombre que hacía el bien’ sin más, sino al que añadía un plus sobre las acciones de los publicanos, al que elegía claramente la misericordia sobre la ley y sanaba en sábado. La misericordia de Jesús fue misericordia conflictiva.
Los primeros seguidores de Jesús fundaban su estilo de vida tanto en su experiencia prepascual como en la experiencia postpascual: en el momento de la resurrección de Jesús experimentaron el saber que el muerto en la cruz estaba vivo y, a la vez, experimentaron que sus pretensiones en vida (el anuncio del Reino) quedaban refrendadas por Dios. De esos seguidores surgió la Iglesia, aunque Jesús sólo predicó el reino, no fundó ninguna religión ni ninguna iglesia, tal como nos recuerdan R. Velasco y J. A. Estrada. Las experiencias fundantes de la vida de los primeros cristianos instituyeron la congregación de los creyentes, la comunidad de la Iglesia. Pero en el devenir de los primeros siglos de estas comunidades se produce una gran escisión que marcará el porvenir eclesial, tal como recuerda R. Velasco: ‘la Iglesia se esfuerza por la situación de los pobres, pero no es capaz de eliminar las causas de la pobreza y acaba por resignarse a ser portadora de una salvación que acontece en la otra vida, al margen de lo que suceda en esta’.
Por supuesto que la historia del cristianismo recoge oposiciones a estas derivas, como el concilio de Constanza y el propio Vaticano II. J. A Estrada lo clarifica “si Dios no salva en la historia, la única que podemos evaluar, resulta poco plausible la esperanza en la vida eterna”.
Es en esta perspectiva donde cobra especial relevancia la hermosa recreación del Evangelio que hace Pedro Miguel Lamet al principio de este número. Volver a Jesús es vivir, morir y resucitar como él. Y esto solo es posible desde los lugares privilegiados del reino, entre los marginados y excluidos. Hoy día, entre los emigrados y refugiados sirios en las costas del Mediterráneo.
Como afirma Pepe Laguna: “el cielo puede esperar para aquellos que en la tierra gozan del favor de una vida resuelta. En el margen, la esperanza es una urgencia. Ante el dolor del margen, no cabe más alternativa que el ejercicio disidente de la misericordia”.

Pedro Casaldáliga, Pedro Miguel Lamet, Nicolás Castellanos, Rufino Velasco, Gloria Cavanna, Evaristo Villar, Ariel Álvarez, Benjamín Forcano, Pepe Laguna, Juan Antonio Estrada, Cristina Ruiz, P. Ángel García y Jeremy Corbyn.

•Domingo 6 de Marzo, 4 Cuaresma – C (Lucas 15,1-3.11-32): El otro hijo José Antonio Pagola

EL OTRO HIJO

Sin duda, la parábola más cautivadora de Jesús es la del «padre bueno», mal llamada «parábola del hijo pródigo». Precisamente este «hijo menor» ha atraído siempre la atención de comentaristas y predicadores. Su vuelta al hogar y la acogida increíble del padre han conmovido a todas las generaciones cristianas.
Sin embargo, la parábola habla también del «hijo mayor», un hombre que permanece junto a su padre, sin imitar la vida desordenada de su hermano, lejos del hogar. Cuando le informan de la fiesta organizada por su padre para acoger al hijo perdido, queda desconcertado. El retorno del hermano no le produce alegría, como a su padre, sino rabia: «se indignó y se negaba a entrar» en la fiesta. Nunca se había marchado de casa, pero ahora se siente como un extraño entre los suyos.
El padre sale a invitarlo con el mismo cariño con que ha acogido a su hermano. No le grita ni le da órdenes. Con amor humilde «trata de persuadirlo» para que entre en la fiesta de la acogida. Es entonces cuando el hijo explota dejando al descubierto todo su resentimiento. Ha pasado toda su vida cumpliendo órdenes del padre, pero no ha aprendido a amar como ama él. Ahora solo sabe exigir sus derechos y denigrar a su hermano.
Esta es la tragedia del hijo mayor. Nunca se ha marchado de casa, pero su corazón ha estado siempre lejos. Sabe cumplir mandamientos pero no sabe amar. No entiende el amor de su padre a aquel hijo perdido. Él no acoge ni perdona, no quiere saber nada con su hermano. Jesús termina su parábola sin satisfacer nuestra curiosidad: ¿entró en la fiesta o se quedó fuera?
Envueltos en la crisis religiosa de la sociedad moderna, nos hemos habituado a hablar de creyentes e increyentes, de practicantes y de alejados, de matrimonios bendecidos por la Iglesia y de parejas en situación irregular… Mientras nosotros seguimos clasificando a sus hijos, Dios nos sigue esperando a todos, pues no es propiedad de los buenos ni de los practicantes. Es Padre de todos.
El «hijo mayor» es una interpelación para quienes creemos vivir junto a él. ¿Qué estamos haciendo quienes no hemos abandonado la Iglesia? ¿Asegurar nuestra supervivencia religiosa observando lo mejor posible lo prescrito, o ser testigos del amor grande de Dios a todos sus hijos e hijas? ¿Estamos construyendo comunidades abiertas que saben comprender, acoger y acompañar a quienes buscan a Dios entre dudas e interrogantes? ¿Levantamos barreras o tendemos puentes? ¿Les ofrecemos amistad o los miramos con recelo?

Domingo 6 de marzo de 2016, 4º de Cuaresma

 

4 de CuaresmaC
María de la Providencia, religiosa fundadora (1871)
Análisis
La primera lectura, del libro de Josué, nos presenta un elemento fundamental para la liturgia, que es la celebración de la Pascua en el desierto. El texto presenta una serie de elementos que pueden discutirse desde una perspectiva “histórica”: el nombre Guilgal seguramente no se remite a lo que dice aquí el texto sino a un “círculo” de piedras que puede haber dado origen a un sitio que hoy no conocemos con seguridad (hay diferentes locaciones posibles). Pero no es esto lo importante, sino que algo importante ha terminado. Esto es presentado como “el oprobio” de Egipto. ··· Ver noticia ···

El Video del Papa 2 - El respeto a la Creación - Febrero 2016


Sobrecarga de empatía Carlos Miguélez Monroy, Periodista y editor en el Centro de Colaboraciones Solidarias


El bombardeo de imágenes lastimeras puede provocar un exceso de empatía por los problemas de los demás. Esto nos satura, provoca que abandonemos nuestros problemas y nos paraliza para al final no hacer nada. Ni por los demás ni por nosotros mismos.
Nuestros muros de Facebook se saturan a diario con imágenes de niños en los huesos, de refugiados ante alambradas con pinchos diseñados para desgarrar, de inmigrantes que luchan por sobrevivir en las frías aguas europeas, de mujeres que sufren y padecen. Pero también se llenan de fotos de perros abandonados y de otros animales maltratados, de peticiones de Change.org para prohibir tal o cual práctica, para salvar este o aquel bosque, para contar la historia de un niño con cáncer que no recibe tratamiento por trabas burocráticas, de personas con discapacidad que no disfrutan de algunos de sus derechos sociales.


Publicadas para provocar una reacción, un exceso de imágenes y de mensajes como éstos pueden provocar una “saturación de empatía”, como lo llama el psicoterapeuta Joseph Burgo en The New York Times. “¿Tienes problemas de primer mundo? No te sientas culpable”, pregunta con el título del artículo y da pistas sobre lo que va a desarrollar.

Sostiene el doctor Burgo que esa sobrecarga puede provocar que descuidemos nuestros problemas, que de forma objetiva no pueden compararse con los de un niño que pierde a sus padres en Aleppo, a los de una madre que no puede dar de comer a sus hijos.
“Si permitiéramos que cada tragedia masiva nos afectara profundamente, pronto padeceríamos una sobrecarga de empatía. La empatía por otros es una cosa buena, una capacidad humana básica que sostiene la civilización. Pero tiene una cara negativa cuando te hace avergonzarte de lo que te importa, o cuando te distrae de otras de tus emociones importantes”, sostiene Burgo.


Cuando se instalan la vergüenza de nuestros propios sentimientos o ciertos sentimientos de culpa corremos el peligro de paralizarnos y de no hacer nada ni por nosotros mismos ni por los refugiados a los que acogen nuestras ciudades.
Con frecuencia, se produce la respuesta contraria a esa sobrecarga de empatía con comportamientos narcisistas. Cerramos el paso a nuestros receptores de empatía y volcamos toda la atención en nosotros mismos. Brota así ese narcisismo con el que también bombardeamos a nuestros “amigos” en redes sociales: selfies, fotos de pies, fotos de cielos, el kilometraje de nuestras carreras por la ciudad, paisajes y fotos de todo tipo, reflexiones en voz alta cuando no indirectas despechadas a los ex o a quienes nos han rechazado o lastimado…


El doctor Burgo nos aporta elementos para entender algunas de las causas del narcisismo en las redes. En lugar de condenar y de juzgar a esos narcisistas sin más, podemos ver con un nuevo prisma los efectos que pueden producir las imágenes y los videos que compartimos, muchas veces sin digerirlos y procesarlos antes, incluso sin contrastarlos.
También nos invita a no tener que dar explicaciones a nadie de nuestras prioridades. No tenemos que sentirnos culpables por estar más enfocados en nuestros fracasos sentimentales y nuestras orfandades emocionales que en los niños que trabajan en las fábricas de ropa en el llamado Tercer Mundo que luego compramos a precios desorbitados en Zara o en otras tiendas del Primer Mundo. No podemos hacer la revolución fuera mientras dejamos de lado a nuestro entorno más cercano y que también nos necesita. La conciencia sobre lo que ocurre en el mundo y la sensibilidad con todo lo humano que nos rodea puede ser compatible con el manejo de nuestros problemas más cercanos y nuestros sentimientos.


Los medios de comunicación podrían tomar nota. El exceso de imágenes lastimeras y de noticias negativas sirve de caldo de cultivo para el lado más frívolo y rosa de nuestro narcisismo y de nuestro egoísmo en sociedades opulentas que conviven con la miseria con cada vez menos rubor.
También las organizaciones sociales pueden sacar conclusiones antes de lanzarse a un bombardeo de mensajes y de imágenes que puedan producir un efecto boomerang. Para implicarse como voluntarias y ayudar a los demás, las personas tienen que buscar un equilibrio entre su parte más empática con los problemas “ajenos” y su parte más “egoísta”. Todo puede cambiar cuando caigamos en la cuenta de que nada humano nos es ajeno: ni lo que les ocurre a otros ni lo que nos ocurre en este momento a nosotros.

Cardenal Pell : “No estoy aquí para defender lo indefendible” Pablo Ordaz

 


Durante la comparecencia, el Cardenal Pell dijo que no había podido viajar a Australia para someterse a las preguntas de la Comisión por motivos de salud…El Cardenal Pell, jefe de finanzas del Vaticano, declara ante una Comisión de investigación por abusos sexuales del Gobierno de Australia…
Desde las diez de la noche a las dos de la madrugada, en el salón de un hotel de Roma y bajo la mirada de una quincena de víctimas de abusos sexuales llegadas ex profeso, el cardenal australiano George Pell, responsable de las finanzas del Vaticano, declaró el domingo por videoconferencia ante una comisión gubernamental de su país que investiga casos de pederastia ocurridos entre los años setenta y noventa. El cardenal australiano, que no está acusado de abusos sexuales pero se sospecha que pudo haber hecho oídos sordos ante algunas denuncias, admitió que la Iglesia australiana “cometió errores enormes” al no reaccionar de forma adecuada ante los casos de pederastia. George Pell, de 74 años, es el más alto cargo de la Iglesia católica en declarar por un asunto relacionado con la pedera ··· Ver noticia ···

miércoles, 2 de marzo de 2016

El perverso juego de la pederastia Juan José Tamayo, teólogo



Tamayo3HOMBRES IGUALITARIOS – Revista Digital de AHIGE
REVISTA HOMBRES IGUALITARIOS
Año VII Número 90
Poder sobre las almas, poder sobre las conciencias, poder sobre los cuerpos
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones. Universidad Carlos III de Madrid
Una llamada de Francisco que contrasta con los silencios y encubrimientos de sus predecesores
No todas las llamadas telefónicas son ociosas e ineficaces. Hay algunas que logran sus objetivos y tienen efectos inmediatos. Los han tenido las que el papa Francisco hizo al joven profesor granadino que le escribió una carta informándole de los abusos sexuales que él y otras personas menores de edad sufrieron desde la infancia por parte de algunos sacerdotes y seglares. Francisco le llamó en dos ocasiones para pedirle perdón, mostrarle su apoyo, comprometerse a investigar el caso y decirle que lo pusiera en conocimiento del arzobispo de Granada, quien, a decir verdad, no mostró la misma diligencia que el papa, ya que tardó en responder a las llamadas del joven agredido sexualmente.


El arzobispo solo tomó medidas sancionadoras bajo la presión del papa, más solícito en la solidaridad con la persona herida y en el castigo del delito que el propio pastor diocesano. Es algo que viene repitiéndose últimamente. Los obispos encubren las agresiones sexuales de los clérigos y llegan a comprar el silencio de las víctimas y de sus familias con dinero. El papa, empero, toma la iniciativa de la denuncia y sanciona a los propios obispos retirándolos de sus funciones pastorales por la indignidad de su inmoral comportamiento.
Es algo que viene repitiéndose últimamente. Los obispos encubren las agresiones sexuales de los clérigos y llegan a comprar el silencio de las víctimas y de sus familias con dinero.
Las llamadas de Francisco contrastan con el largo silencio de Juan Pablo II y del cardenal Ratzinger, durante su presidencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ante situaciones similares. Fue un silencio cómplice con los abusos sexuales producidos contra víctimas indefensas en numerosas instituciones eclesiásticas: parroquias, seminarios, noviciados, colegios, cometidos por cardenales, arzobispos, obispos, sacerdotes, formadores religiosos, educadores, padres espirituales, y conocidos por la citada Congregación por las numerosas denuncias que llegaban hasta ella.
Esta, lejos de tramitar e investigar los casos denunciados y ponerlos en manos de la justicia, imponía silencio a las víctimas para que no trascendiera el escándalo de tamaña agresión, y, para disuadirlos de que revelaran o denunciaran las agresiones sexuales, los amenazaba con penas temporales y eternas, que generaban total indefensión e incluso culpabilidad en la persona objeto de los abusos. ¿Sanción para el pederasta? Hasta hace poco tiempo, ninguna. A lo sumo, el obispo ordenaba el cambio de destino pastoral al religioso pederasta sin informar a la nueva feligresía de la razón de dicho traslado. Así, el pederasta podía seguir cometiendo las agresiones sexuales con total impunidad.
La permisividad del delito, el silencio, la falta de castigo, el encubrimiento, la complicidad y la negativa a colaborar con la justicia convertían la pederastia no solo en una agresión sexual individual, sino en una práctica legitimada estructural e institucionalmente –al menos de manera indirecta- por la jerarquía eclesiástica en todos sus niveles en una cadena de ocultamiento que iban desde la más alta autoridad eclesiástica hasta el pederasta, pasando por los eslabones intermedios del poder religioso.
La complicidad y la negativa a colaborar con la justicia convertían la pederastia no solo en una agresión sexual individual, sino en una práctica legitimada estructural e institucionalmente

Masculinidad sagrada y pederastia.
La raíz de tan abominable práctica se encuentra, a mi juicio, en la estructura patriarcal de la Iglesia católica y en la masculinidad hegemónica que convierte al varón en dueño y señor en todos los campos del ser y del quehacer de la institución eclesiástica: Organizativo, doctrinal, moral, religioso-sacramental, sexual, etc. Y no cualquier varón, sino el clérigo -en sus diferentes grados: diácono, sacerdote, obispo, arzobispo, papa-, que es elevado a la categoría de persona sagrada.

La masculinidad sagrada se torna condición necesaria para ejercer el poder, todo el poder, todos los poderes. Lo domina y controla todo, absolutamente todo: el acceso a lo sagrado, la elaboración de la doctrina, la moral sexual, los puestos directivos, la representación institucional, la presencia en la esfera pública, el poder sagrado de perdonar los pecados, el milagro de convertir el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, el triple poder de enseñar, de santificar y de gobernar.
Este poder empieza por el control de las almas, sigue con la manipulación de las conciencias y llega hasta la apropiación de los cuerpos en un juego perverso que, como demuestran los numerosos casos de pederastia, termina con frecuencia en las agresiones sexuales más degradantes para los que las cometen y más humillantes para quienes los sufren. Se trata de un comportamiento diabólico programado con premeditación y alevosía, practicado con personas indefensas, a quienes se intimida, y ejercido desde una pretendida autoridad sagrada sobre las víctimas que se utiliza para cometer los delitos impunemente.
El poder sobre las almas es una de las principales funciones de los sacerdotes, si no la principal, como reflejan las expresiones “cura de almas”, pastor de almas”, etc., cuyo objetivo es conducir a las almas al cielo y garantizar su salvación, conforme a una concepción dualista del ser humano, que considera el alma la verdadera identidad del ser humano e inmortal. El poder sobre las almas lleva derechamente al control de las conciencias. Solo una conciencia limpia, pura, no contaminada con lo material, garantizaba la salvación. Por eso la misión del sacerdote es formar a sus feligreses en la recta conciencia que exige renunciar a la propia conciencia y someterse a los dictámenes morales de la Iglesia. Se llega así al grado máximo de alienación y de manipulación de la conciencia.
La misión del sacerdote es formar a sus feligreses en la recta conciencia que exige renunciar a la propia conciencia y someterse a los dictámenes morales de la Iglesia. Se llega así al grado máximo de alienación y de manipulación de la conciencia.
Pero aquí no termina todo. El final de este juego de controles es el poder sobre los cuerpos, que da lugar a los delitos de pederastia cometidos por clérigos y personas que se mueven en el entorno clérico-eclesiástico, que son el objeto de este artículo. Quienes ejercen el poder sobre las almas y sobre las conciencias se creen en el derecho de apropiarse también de los cuerpos y de usar y abusar de ellos. Es, es sin duda, la consecuencia más diabólica de la masculinidad sagrada hegemónica. Cuanto mayor es el poder de las almas y más tiránico el control de las conciencias, mayor es la tendencia a abusar de los cuerpos de las personas más vulnerables que caen bajo su influencia: personas crédulas, niños, niñas, adolescentes, jóvenes, personas discapacitadas, etc.
Quienes ejercen el poder sobre las almas y sobre las conciencias se creen en el derecho de apropiarse también de los cuerpos y de usar y abusar de ellos. Es, es sin duda, la consecuencia más diabólica de la masculinidad sagrada hegemónica.

Y un efecto perverso más para intranquilizar las conciencias de las personas creyentes, e incluso de quienes no lo son, y para impedir el disfrute gozoso de la sexualidad: la masculinidad hegemónica se presenta como hetero-normativa y construye la homosexualidad: a) desde el punto de vista religioso, como pecado que debe ser condenado; b) desde el punto de vista jurídico, como delito que debe ser castigado –y de hecho lo es en numerosos países hasta con la pena de muerte; c) y, desde el punto de vista médico-sanitario, como una enfermedad que hay que curar.
El mayor escándalo de la Iglesia católica.

La pederastia es el mayor escándalo de la Iglesia católica de todo el siglo XX y de principios del siglo XXI, el que más descrédito ha provocado en esta institución bimilenaria y el que ha generado más pérdida de creyentes, que han abandonado la Iglesia, bien dando un portazo, bien haciendo mutis por el foro. Algunos de los que se presentaban como modelos de entrega a los demás, se entregaron a crímenes contra personas desprotegidas. Algunos de los que eran considerados expertos en educación, utilizaron su supuesta excelencia educativa para abusar de los niños y las niñas que los padres les confiaban para recibir una buen formación. Algunos de los que se presentaban como guías de “almas cándidas” para llevarlas por el buen camino de la salvación, se dedicaban a mancillar sus cuerpos y anular sus mentes.
Y eso sucedió durante décadas en no pocas de las instituciones religiosas: parroquias, seminarios, colegios, noviciados, etc., y afectó a decenas de miles de víctimas, según el reciente Informe de la ONU. Los delitos sexuales fueron cometidos por miles de eclesiásticos apoyándose en su poder espiritual, que demostró ser una coraza para actuar criminalmente y protegerse de la justicia. ¡El poder, siempre el poder! Y en este caso, el poder espiritual, el más dañino de los poderes cuando se desvía del camino de la espiritualidad liberadora, transita por la senda del control de las conciencias y manipula la voluntad de los creyentes; y el poder patriarcal, que ha ejercido más violencia en la historia que todas las guerras. ¡El poder espiritual y el poder patriarcal, siempre unidos en las religiones!
¿Desconocía el Vaticano tan extendida, programada y perversa situación de la pederastia y tan humillantes prácticas para las víctimas? La conocía perfectamente, ya que hasta él llegaban informes y denuncias que archivaba sistemáticamente hasta olvidarse de ellas. A las víctimas y a los informantes les imponía silencio para salvar el buen nombre de la Iglesia, amenazando con penas severas que podían llegar hasta la excomunión si osaban hablar.
¿Desconocía el Vaticano tan extendida, programada y perversa situación de la pederastia y tan humillantes prácticas para las víctimas? La conocía perfectamente, ya que hasta él llegaban informes y denuncias que archivaba sistemáticamente hasta olvidarse de ellas.
Tal modo de proceder creó un clima de permisividad, una atmósfera de oscurantismo y un ambiente de complicidad con los abusadores, a quienes se eximía de culpa, mientras que la culpabilidad se trasladaba a las víctimas, que se veían bloqueadas para ir a los tribunales ante la imagen de autoridad que daban los pederastas. Hacerlo público se consideraba una desobediencia a las orientaciones eclesiásticas y una traición al silencio impuesto por las autoridades competentes, que decían representar a Dios en la tierra.
No importaba la pérdida de dignidad de las víctimas, ni los daños y secuelas, muchas veces irreversibles, ni las lesiones graves físicas, psíquicas y mentales con las que tenían que convivir los afectados de por vida. Faltó com-pasión con las víctimas y sensibilidad hacia sus sufrimientos. No hubo acto de contrición alguno, ni arrepentimiento, ni propósito de la enmienda, ni reparación de los daños causados, ni se produjo acto alguno de rehabilitación, ni se hizo justicia. Todo lo contrario: se echó más leña al fuego de las agresiones Tal actitud supuso una nueva y más brutal agresión.
Sucede, además, que la mayoría de las veces los casos de pederastia se produjeron en instituciones y centros de formación masculinos dirigidos por varones: párrocos, formadores de seminarios, educadores de colegios, maestros de novicios, padres espirituales, obispos, todos célibes, en el ejercicio del poder patriarcal en estado puro. Lo que demuestra que el patriarcado recurre incluso a los abusos sexuales para demostrar su poder omnímodo en la sociedad y en las religiones y, en el caso que nos ocupa, sobre las personas más vulnerables. Un poder legitimado por la religión, que convierte a los varones en “vicarios de Dios” y portavoces de su voluntad. Es la forma más perversa de entender y de practicar la masculinidad, que despersonaliza y cosifica a quienes previamente ha destruido. Masculinidad y violencia, pederastia y patriarcado son binomios que suelen caminar juntos y causan más destrozos humanos que un huracán.
El patriarcado recurre incluso a los abusos sexuales para demostrar su poder omnímodo en la sociedad y en las religiones y, en el caso que nos ocupa, sobre las personas más vulnerables.
El cáncer de la pederastia con metástasis, extendido por todo el cuerpo eclesial, es la mejor y más fehaciente prueba del fracaso del catolicismo del Juan Pablo II y del cardenal Ratzinger, que lo encubrieron: el primero como papa concediendo todo tipo de atenciones religiosas a reconocidos pederastas como Marcial Maciel; el segundo como todopoderoso presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe durante casi un cuarto de siglo. Ratzinger, ya como papa Benedicto XVI, se vio obligado a dimitir ante la suciedad que le llegaba al cuello y que no supo limpiar a tiempo.
¿Quiso limpiarla de verdad? No lo sabemos. Lo cierto es que no lo hizo. ¿No pudo? Claro que pudo. ¿No demostró mano dura con los teólogos y las teólogas que disentían de su manera de pensar, a quienes vigiló detectivescamente, impuso silencio, retiró el reconocimiento de “teólogos católicos”, condenó sus libros, expulsó de sus cátedras? ¿No puso bajo sospecha a la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas de Estados Unidos –que representa al 80% de monjas de ese país-, a quienes acusó de feminismo radical y las colocó bajo el control de un arzobispo, que actúa como detective? ¿Por qué entonces le tembló el pulso y no actuó con la misma contundencia ante los casos de pederastia?

Denuncia de la ONU contra el Vaticano.
Aunque con retraso, llega ahora una severa denuncia de la ONU contra el Vaticano, al que acusa de anteponer su reputación a la defensa de los derechos de los niños, de violar la Convención que protege dichos derechos, de no reconocer la magnitud de los crímenes, de ejercer una prolongada y sistemática política de encubrimiento de la violaciones y, ante la gravedad de los hechos, limitarse a trasladar a los pederastas de parroquia.

La reacción inmediata del Vaticano, a través de su portavoz, el jesuita Federico Lombardi, no ha sido precisamente la de ofrecer su colaboración a la ONU y a los tribunales civiles de justicia, ni la de proceder con urgencia al esclarecimiento de tamaños crímenes. Lo que ha hecho ha sido contra-atacar y acusar a la ONU de llevar a cabo “ataques ideológicos” y de interferirse en las enseñanzas de la Iglesia y en la libertad religiosa. Me parece una respuesta equivocada, ya que, a mi juicio, la ONU no hace ataques ideológicos ni se interfiere en asuntos ajenos a su competencia, sino que exige, como es su obligación, el cumplimiento de la Convención de los Derechos del Niño. ¡Demasiado tarde lo ha hecho!
Si el modelo de Iglesia de los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI fracasó, fue, entre otras razones, por su actitud permisiva hacia la pederastia. El nuevo modelo de cristianismo que está gestándose solo puede ver la luz si el Vaticano cambia de actitud en este tema. En una institución tan centralista y vertical como la Iglesia católica, donde el papa tiene la plenitud del poder, le corresponde a Francisco responder a las graves denuncias y a las legítimas peticiones de la ONU sin titubeos ni estrategias dilatorias, y actuar con contundencia contra la pederastia: poner fin a la impunidad, condenar públicamente los crímenes cometidos, pedir perdón por ellos, cesar en sus funciones a los responsables, abrir los archivos donde se encuentra la información acumulada durante décadas y entregar a la justicia a los pederastas y a sus encubridores.
Si el modelo de Iglesia de los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI fracasó, fue, entre otras razones, por su actitud permisiva hacia la pederastia. El nuevo modelo de cristianismo que está gestándose solo puede ver la luz si el Vaticano cambia de actitud en este tema.
Y debe hacerlo sin demora, ya que el tiempo puede jugar a favor de la credibilidad de Francisco, que hoy es muy elevada, pero también en contra. A mayor retraso y más ambigüedad en la respuesta, más pérdida de credibilidad; a más celeridad en la colaboración y más contundencia en la condena de la pederastia, el papa argentino será más creíble.
Si se refugia en injustificados contra-ataques, como ha hecho torpemente su portavoz monseñor Lombardi, y no actúa en la dirección que le ha marcado la ONU, mucho me temo que la reforma de la Iglesia con la que se ha comprometido fracasará. Sus gestos de apertura se quedarían en gestos para la galería y sus palabras de solidaridad se las llevará el viento. ¡Así de triste!
Ante tamaños e indignos delitos contra la dignidad de personas indefensas como los cometidos por los pederastas hay que indignarse, denunciar, tomar medidas, pedir justicia, exigir sanciones para que no reine la impunidad. Ojalá se hubieran producido estas reacciones desde el principio, cuando comenzaron a conocerse los casos de pederastia, y no se hubiera esperado a actuar cuando se habían dado ya miles y miles de agresiones y cuando muchos de los delitos habían prescrito.
Yo creo que las actitudes condenatorias, muy necesarias, no son suficientes, si se quedan en la mera denuncia. Pueden ser incluso un acto de cinismo si no se llega hasta el fondo del problema. Hay que ir a las raíces del fenómeno de la pederastia, mucho más extendido en la Iglesia católica que los casos que aparecen, a las causas de fondo de tan diabólico comportamiento: la masculinidad dominante convertida en sagrada, el poder igualmente sagrado de los varones consagrados a Dios sobre las almas y las conciencias, el poder fálico-sagrado sobre los cuerpos y el sistema patriarcal imperante en la Iglesia católica.
Ante tamaños e indignos delitos contra la dignidad de personas indefensas como los cometidos por los pederastas hay que indignarse, denunciar, tomar medidas, pedir justicia, exigir sanciones para que no reine la impunidad.
Mientras la masculinidad hegemónica se eleve a la categoría de sagrada y siga siendo la base del ejercicio del poder, mientras el patriarcado sea la ideología sobre la que se sustenta el aparato eclesiástico y la forma organizativa del mismo, volverán a producirse dichos comportamientos criminales contra las personas indefensas: niños, niñas, adolescentes, jóvenes, seminaristas, novicios, mujeres, personas discapacitadas, alumnos, alumnas, etc. Se buscarán métodos más sibilinos, pero las cosas no habrán cambiado.
Y no me parece que haya voluntad, ni deseo, ni compromiso de cambiar las cosas a nivel institucional. Es verdad que con el papa Francisco se empieza a notar un cambio de prioridades, que ya no son el dogma, la moral sexual o la defensa de un único modelo de matrimonio calificado de “cristiano”. Las prioridades del papa argentino son la creación de una Iglesia de los pobres, el mensaje social liberador del cristianismo, la denuncia radical del actual modelo económico neoliberal. Francisco está demostrando un mayor respeto hacia las diferentes identidades y opciones sexuales que sus predecesores.

Necesidad de un cambio estructural en la Iglesia católica
Pero, aun así y todo, en el organigrama eclesiástico siguen imperando la masculinidad hegemónica y el patriarcado homofóbico. No hay más que ver la organización jerárquico-patriarcal de la Iglesia católica: el papa, los cardenales, los arzobispos y obispos, las conferencia episcopales, los sacerdotes, los diáconos, el gobierno de la Iglesia (la Curia romana), los presidentes de las Congregaciones romanas, los responsables de la las instituciones judiciales, los miembros de la Comisión de cardenales nombrada por Francisco para la reforma de la Iglesia, los miembros del Sínodo de obispos sobre la familia con voz y voto, los que presiden y administran los sacramentos: ¡Todos hombres!

¿Y las mujeres? No son consideradas sujetos eclesiales, ni morales, ni sacramentales, son excluidas de los espacios de responsabilidad eclesial, del ámbito de lo sagrado, de los ministerios eclesiales, de la reflexión teológica “magisterial”, de la elaboración de la moral, de la representación eclesial. Los homosexuales son también excluidos de dichos espacios.

La organización patriarcal homofóbica no es una excepción o una desviación de la norma. Responde al más estricto cumplimiento y es la más escrupulosa aplicación de la legislación y de la actual normativa en la Iglesia católica, tal como se fija en el vigente Código de Derecho Canónico (promulgado por el papa Juan Pablo II, 25 de enero de 1983), que ha suplantado al Evangelio.
Más todavía: esta organización se pretende justificar teológica y bíblicamente apelando a los orígenes de la Iglesia, a su fundación divina, al orden jerárquico-patriarcal establecido por Jesús de Nazaret, conforme a la elección solo de hombres y al principio de la sucesión apostólica, a la que solo tienen acceso los hombres. Por ello, al ser de origen divino y al responder a la voluntad del fundador, tal organización se considera inmutable e irreformable.


¿Dónde está la trampa de este razonamiento? En que no responde a los orígenes del cristianismo, ni al movimiento que puso en marcha Jesús de Nazaret, sino que es una reconstrucción ideológica dictada por el deseo de perpetuación de la hegemonía patriarcal en todos los campos dentro de la Iglesia: el doctrinal, el moral y el organizativo.
Estoy de acuerdo con las denuncias, con las condenas, con las sanciones, y contra la tolerancia ante los numerosos casos de pederastia que se han producido y siguen produciéndose en todos los grados de la clerecía y en las diferentes instituciones católicas. Pero no es suficiente. Es necesario cambiar la actual estructura mental, organizativa y legislativa autoritaria de la Iglesia, que es patriarcal, homófoba y hegemónico-masculina, por otra que sea realmente igualitaria e inclusiva.

Spotlight, dos Óscares a la verdad y a la justicia Marco A. Velásquez Uribe

 


“La Iglesia está en la vereda opuesta de los medios”
“La pederastia es una monstruosidad”, dijo el Papa Francisco a los periodistas que lo acompañaban en el vuelo de regreso a Roma, en su reciente viaje a México.
Esa monstruosidad ha sido desenmascarada, lamentablemente no tanto por mérito de la Iglesia jerárquica, sino, principalmente por el coraje de las víctimas y gracias al profesionalismo de un enorme contingente de periodistas, que en distintas partes del mundo, se han abocado a seguir las pistas de un delito deleznable. ··· Ver noticia ···

Perspectiva indígena de la visita del papa Francisco en México Eleazar López Hernández- Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas

 

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(Ponencia presentada en la Mesa de Análisis “Balance y desafíos de la visita del papa Francisco en México)
Hemos quedado totalmente empapados con la visita del Papa Francisco a México
No cabe duda que los seis días en que estuvo el Papa Francisco en México nos dejaron saturados de gestos, palabras y contextos planteados por el mismo Papa y por los demás actores de la Iglesia y de la sociedad mexicana, cada uno cuidando y enarbolando sus intereses de clase o sus banderas de lucha para llamar la atención y demandar la mirada y la bendición del visitante. Después de ese enorme chubasco de presencia papal se requiere analizar con calma lo que nos deja para la cotidianidad ese hecho extraordinario que rebasó nuestras posibilidades inmediatas de valoración seria y profunda. ··· Ver noticia 

martes, 1 de marzo de 2016

Del universo lexical del Papa Francisco Alder Júlio Ferreira Calado

 

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En el tesoro de la sabiduría bíblica, y más precisamente del Evangelio, aprendemos que “la boca habla de lo que está lleno el corazón” (“Ex abundantia enim cordis os loquitur”. MT 12, 34). No es en vano que uno de los procedimientos más usados en el esfuerzo de comprensión de un perfil, consiste en rastrearle los dichos más frecuentes. ¿Qué tal adoptar tal criterio al esfuerzo de comprensión del Papa Francisco, en estos casi diez meses de su ministerio? En este caso, aún tenemos a nuestro favor el hecho de que se trata de alguien cuyas palabras no acostumbran discordar de sus prácticas, y a quien podemos aplicar una feliz afirmación del Papa Paulo VI, em su también Exhortación Apostólica “Evangelii Nuntiandi,” de 1975: “Los hombres de hoy escuchan más a los testigos que a los maestros, y, si también escuchan a los maestros, es porque ellos son testigos” (EN, n. 41). ··· Ver noticia ···

Educación infantil: una herramienta para combatir la desigualdad Valeria Méndez de Vigo y Sara García de Blas

 

La educación infantil comprende la etapa educativa que atiende a niños y niñas desde el nacimiento hasta los seis años, con la finalidad de contribuir a su desarrollo físico, afectivo, social e intelectual. Cuando es de calidad incide de manera positiva a lo largo de toda la vida dado que, como muestran algunos estudios, aquellas personas que participan en un programa educativo de calidad durante la primera infancia tienen menores niveles de repetición y obtienen mejores calificaciones en los cursos posteriores. ··· Ver noticia ···

Los antidisturbios comienzan la demolición del mayor campamento de refugiados de Europa Luna Gámez / José Bautista

 


Francia despliega a más de 200 antidisturbios para desmantelar la zona sur del mayor campo de refugiados de Europa
Más de 3.700 refugiados serán desahuciados de sus chabolas, entre ellos 293 menores huérfanos y sin tutor, según las ONG que operan en la zona
Tres grados de temperatura y la penetrante humedad de Calais. Este lunes a las ocho de la mañana dos bulldozers, una veintena de trabajadores contratados por el Estado francés y al menos 200 agentes antidisturbios empezaron a desmantelar la Jungla de Calais, el mayor campo de refugiados de Europa, situado en la orilla francesa del Canal de la Mancha. ··· Ver noticia ···