FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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miércoles, 20 de agosto de 2025

HERMANO LEÓN, ¿PUEDE LA IGLESIA PONERSE EN LA FILA DEL HAMBRE EN GAZA?

col kowalski

 

hambre gaza

Palestinos reciben comida en un comedor benéfico en la ciudad de Gaza el 28 de julio de 2025, en medio de una crisis de hambre. Jennifer Poidatz, representante interina de Catholic Relief Services (CRS) en Jerusalén, Cisjordania y Gaza, dijo a OSV News el 31 de julio que el personal de CRS en Gaza está trabajando para llevar alimentos altos en calorías y proteínas a los residentes, en medio de tierras agrícolas destruidas, escasez de combustible y energía, precios elevados, peligro y enfermedades. (Foto: OSV News/Khamis Al-Rifi, Reuters)

Querido papa León: 
Hoy me atrevo a escribirle de nuevo, movida por el dolor insoportable que Gaza nos está gritando. Una amiga muy comprometida con el Evangelio me pidió que le dirigiera una carta. La vivencia de esta tragedia nos desborda y clama al cielo, así que me pareció una indicación del Espíritu.

La primera carta se la escribí con motivo de su elección. En esa ocasión le hablé con el corazón en la mano sobre la urgencia de devolverle a la mujer el lugar que le corresponde en la historia de nuestra Iglesia, usurpado desde los orígenes del cristianismo. Hoy, con el mismo amor por esta Iglesia, le escribo para suplicarle un gesto valiente, radical y profundamente evangélico.  

Cada hora que pasa en Gaza mueren niños, niñas y adultos, más por inanición que por armas. Miles de camiones esperan, cargados con alimentos y agua potable. Solo piden entrar y dejar la carga que representa la vida para cientos de miles de seres humanos desnutridos e inocentes. Pero no se les permite pasar.

Como decía un médico: ya no se trata solo del hambre. Se trata de las secuelas en la salud física y mental de toda una generación. Son cuerpos y mentes que, aunque logren sobrevivir, no podrán recuperarse de los daños sufridos.

“¿Qué haría Jesús hoy, querido papa León? Jesús palestino y judío se colocaría en la fila del hambre. No lo dudo. ¿Dónde deberíamos colocarnos nosotros, como sus hermanos y hermanas?”: Hna. Magda Bennásar

Palestinos transportan suministros de ayuda humanitaria que ingresaron a Gaza en camiones a través de Israel, en Beit Lahia, al norte de la Franja de Gaza, el 29 de julio de 2025. A pesar de las enormes dificultades, Catholic Relief Services (CRS) y sus socios locales han logrado distribuir ayuda a 1.7 millones de personas en Gaza desde 2023, según nuevos datos. (Foto: OSV News/Dawoud Abu Alkas, Reuters)

Y ahora, por si no fuera suficiente, matan a nuestros hermanos y hermanas en la fila de la comida. ¿Se puede ser más maquiavélico?

No solo impiden la entrada de alimentos. También convierten en trampa la poca comida que queda, y por la que la gente se juega la vida de sus hijos. Esa trampa ha sido diseñada para aniquilarlos más rápido y en mayor número.

Esa misma hambre la sufren los pocos médicos que quedan o que acuden en su auxilio. También la padecen los periodistas, los cuales de una manera más profética y fielmente que las Iglesias, nos cuentan lo que ocurre. Lo hacen arriesgando sus vidas y su salud, porque no pueden callar.

¿Qué haría Jesús hoy, querido papa León? Jesús palestino y judío se colocaría en la fila del hambre. No lo dudo. ¿Dónde deberíamos colocarnos nosotros, como sus hermanos y hermanas?

Usted lo sabe, pues Jesús nos lo recuerda en la parábola del buen samaritano (Lucas 10, 25-37). Es precisamente el samaritano quien se detiene, atiende al herido a la orilla del camino, lo carga en sus brazos y lo conduce a un lugar seguro, cubriendo los gastos con su propio dinero.

Nuestros hermanos en Gaza son el cuerpo de Cristo, santidad. Son el cuerpo roto del hombre tirado a la orilla de nuestro camino, a quien los sacerdotes y clérigos no deberían evitar una vez más. No cuando lo urgente es estar ahí, junto al sufrimiento real. No cuando está en juego la vida de cientos de miles de hermanos, ¡de todo un pueblo!

Por eso me atrevo a pedirle que usted, hermano León, junto al resto de purpurados, vestidos de rojo, se pongan en la fila del hambre en Gaza.

Que protejan, con el peso de su presencia visible y el valor de sus vidas a quienes no cuentan. A ese pueblo que quieren borrar del mapa, como años atrás se intentó hacer con otros.

No permita que se conviertan en víctimas de egos que dividirán la historia en un antes y un después.

¿Podrían ustedes, clérigos vestidos con el color rojo del martirio, hacerse visibles allí, en nombre de todos los que no podemos hacerlo?

Hermano León, un gesto profético fuerte —como que la Iglesia se hiciera visible y vulnerable en Gaza— podría hacer que muchas personas volvieran a asomarse a la comunidad cristiana. Impactaría profundamente las conciencias y devolvería credibilidad en quienes están llamados a dar la vida por amor al prójimo.

A mí y a millones nos devolvería la ilusión por la Iglesia de Jesús.

Ya no bastan los sermones, ni las declaraciones ni las manifestaciones para detener la barbarie. Se necesitan hechos radicales.

Recuerdo cómo la huelga de hambre de Gandhi facilitó la independencia de la India. Fue un gesto de desobediencia civil no violenta, pero profundamente transformador.

Estoy rodeada, hermano León, de personas que ayunan, se manifiestan, escriben y rezan. Lo hacemos con la esperanza de detener este holocausto.

Sin ir más lejos, esta misma tarde, en toda la isla de Mallorca, España, en cada ciudad, pueblo, puerto y aldea, de 8 a 10 de la noche, la gente se manifestará en masa. Será una muestra de nuestro dolor y del deseo de un alto al fuego inmediato.

Ayer oraba con un vídeo realizado en Reino Unido. En él, una población entera se turna para leer, sin interrupción ni de la noche, los nombres de los miles de niños asesinados en Gaza. Nombre tras nombre, con lágrimas y un nudo en la garganta, las personas siguen leyendo, haciendo duelo por esa pequeña generación aniquilada.

Los niños del futuro de Gaza ya no están. Han sido borrados de la existencia. Sus madres, si sobreviven, siguen al pie de la cruz, levantada por el odio, viendo cómo el hambre, la sed, y el abandono siguen crucificando a nuestros hermanos y hermanas.

Me desgarra oír su rezo a Alá. Lo que podría ser una alabanza lleva demasiado tiempo siendo un lamento. Es el sonido de un dolor ahogado por la falta de fuerza, por la desnutrición prolongada y por la impotencia más absoluta.

Esa tierra que quieren aniquilar y expropiar para convertir en un enorme resort junto al mar de Jesús y de María de Magdala es un lugar sagrado. Es el lugar donde tantos, en los inicios, escucharon su invitación a seguirle.

¿De verdad no podemos hacer más por Gaza, hermano León?

Nosotros no podemos ir físicamente a Gaza, pero ustedes, pastores revestidos de rojo, pueden hacerlo en nombre de toda la Iglesia. Ese gesto sería Evangelio vivo.

Hoy, nuestros hermanos y hermanas dependen de nuestros gestos radicales para sobrevivir y sentirse acompañados.

Gracias de nuevo por aceptar su ministerio. Es, en verdad, un momento decisivo que exige todo el amor y la fuerza del Evangelio.  

Sinceramente:

Magda Bennásar

EL PAPA INVITA A QUE LAS NEGOCIACIONES DE PAZ "PONGAN EN PRIMER LUGAR EL BIEN COMÚN DE LOS PUEBLOS"

col kowalski

 

"Recemos para promover la paz, para que en las negociaciones se ponga en primer lugar el bien común de los pueblos". León XIV regresó a la plaza de la Libertad de Castel Gandolfo para el rezo del Ángelus dominical, antes de regresar al Vaticano. En sus reflexiones iniciales, Prevost habló del "signo de contradicción" que habrá de afrontar Jesús "cuando en Jerusalén sea agredido, arrestado, insultado, golpeado, crucificado; cuando su mensaje, aun hablando de amor y de justicia, sea rechazado; cuando los jefes del pueblo reaccionen con violencia a su predicación".

Una oportunidad para hablar de las persecuciones, de cómo "el bien no siempre encuentra una respuesta positiva en su entorno".  "Es más, en ocasiones, precisamente porque la belleza de ese bien molesta a quienes no lo acogen, aquel que lo pone en práctica termina encontrando duras oposiciones, hasta sufrir maltratos y abusos", recalcó el Papa, destacando que "obrar en la verdad cuesta, porque en el mundo hay personas que eligen la mentira, y porque el diablo, aprovechándose de ello, a menudo busca obstaculizar el obrar de los buenos". 

Pero Jesús, con su ayuda, "nos invita a no rendirnos ni a equipararnos con esta mentalidad, sino a seguir obrando por nuestro bien y el de todos, incluso de quienes nos hacen sufrir", manifestó el pontífice. Jesús, en efecto, "nos invita a no responder a la prepotencia con la venganza, sino a permanecer fieles a la verdad en la caridad".

"Los mártires dan testimonio de ello derramando su sangre por la fe, pero también nosotros, en circunstancias y de modos diferentes, podemos imitarlos", señaló León XIV, evocando el ejemplo del precio que debe pagar un buen padre si quiere educar a sus hijos "con sanos principios". "Antes o después deberá saber decir algún 'no', hacer alguna corrección, y esto le causará sufrimiento". Igual sucede en el caso de un maestro, "un profesional, un religioso, un político, que se propongan realizar su misión honestamente, y para quienes se esfuercen en ejercitar con coherencia, según las enseñanzas del Evangelio, sus propias responsabilidades". 

"Pidamos juntos a María, Reina de los mártires, que nos ayude a ser, en toda circunstancia, testigos fieles y valientes de su Hijo, y a sostener a los hermanos y hermanas que hoy sufren por la fe", finalizó el Papa, antes de rezar el Ángelus.

En sus palabras posteriores, Prevost se mostró "cerca de la población de Pakistán, India y Nepal, afectadas por aluviones. Rezo por las víctimas y sus familias y quienes sufren por esta calamidad", y tuvo unas breves palabras en referencia a las negociaciones en Ucrania. "Recemos para promover la paz, para que en las negociaciones se ponga en primer lugar el bien común de los pueblos".

"En estos tiempos de vacaciones recibo diversas iniciativas culturales y de evangelización en lugares de vacaciones. Es hermoso cómo la pasión por el Evangelio estimula la creatividad de grupos y asociaciones de toda edad", finalizó, antes de despedirse de los habitantes de Castel Gandolfo.

 

Jesús Bastante

Religión Digital

¿ALGO TUYO SE QUEMA... NO TE ACUERDAS?

col anso

 

Hemos sufrido los primeros incendios extensos en nuestras tierras de Badajoz.

La mayoría de los incendios forestales (55%) se deben a negligencias y errores humanos; no obstante, hay un 10 % que son provocados intencionadamente. En todo caso, la relación del ser humano con esos auténticos dramas ecológicos es evidente.

Siendo conscientes del valor natural que con ello se destruye, del desastre causado; siendo conscientes de nuestro papel como administradores y cuidadores de la tierra, sin duda surgen preguntas a las que tenemos que enfrentarnos desde la realidad y la verdad: ¿Qué hay detrás de esos incendios? ¿Qué o quién los provoca? ¿Qué podemos hacer para evitarlos o reducirlos?

Es un tópico escuchar que los fuegos del verano se apagan en invierno. Sin duda, la gestión del territorio es esencial. Un territorio crecientemente despoblado y envejecido, sin labores agropecuarias, abandonado a las fuerzas de la naturaleza, sin una acción humana que explote las masas forestales y elimine pastos, que cree eficaces líneas de contención del fuego, es un territorio condenado a la destrucción. Se acusa a veces a “los ecologistas” de promover la no-gestión del territorio, causando auténticos polvorines que estallan a la menor oportunidad, en el contexto innegable de crisis climática que vivimos, con el síntoma angustioso de la sequía. Es fácil encontrar a quien culpar de una situación que se ha gestado comunitariamente.

La preocupación por la adecuada gestión del territorio no es exclusiva de unos grupos supuestamente especializados, sino que debe formar parte de los valores de una ciudadanía que sea consciente de que la tierra atraviesa una auténtica crisis, un cambio radical que nos aboca a una destrucción de paisajes, de flora y fauna que hemos venido disfrutando y que podemos perder irremediablemente si no actuamos a tiempo.

Sin duda hay que concienciar a todos, para utilizar bien los recursos y abandonar su sobreexplotación (lo cual implica cambios sustanciales en los modelos económicos y productivos, con el decrecimiento como objetivo). Pero también hay que pedir a nuestras autoridades que incentiven el modelo tradicional de ganadería extensiva, en detrimento de la industrial, porque los rebaños de ovejas o de cabras son la mejor prevención contra el fuego del verano. Asimismo, hay que implementar fórmulas innovadoras, como es el caso del modelo Mosaico, que, desde la Universidad de Extremadura, se está implantando de un modo positivo en diversas comarcas de Cáceres, desde hace ya ocho años, al tiempo que es cada vez más requerido en instancias europeas. Gestionar las actividades agrícolas, ganaderas, forestales y urbanas, buscando una armonía de acciones que trocean el territorio, creando barreras naturales productivas, es una magnífica manera de conservar los recursos maravillosos que tiene nuestra tierra, crear riqueza y hacer sostenible la vida en nuestros pueblos.
Los cristianos creemos en el futuro; en  nuestras manos está el remedio y la acción preventiva, paliativa y restauradora sobre nuestro territorio, que es nuestra casa, donde nos sentimos familia. Por eso propugnamos, desde la fe, actitudes de compromiso y de ayuda a la naturaleza, para convivir con ella y ser administradores sabios y prudentes, que no tengamos que avergonzarnos de haber derrochado lo que un día se puso en nuestras manos, sino que experimentemos con gozo haber hecho lo que se nos encomendó y haber multiplicado la riqueza, el bienestar y el futuro de nuestros pueblos.


Equipo Diocesano Merida-Badajoz de Pastoral Rural Misionera

Religión Digital

VIVES: "ACOGER A LOS MIGRANTES NO ES UNA OPCIÓN POLÍTICA, ES UNA EXIGENCIA EVANGÉLICA"

col arregi

 

El Arzobispo Emérito de Urgell, Joan-Enric Vives, quien colaboró estrechamente con la comunidad de emigrantes portugueses en Andorra, hizo un enérgico llamamiento en Fátima (Portugal) al compromiso activo de todos los católicos "en la defensa de los derechos humanos de los migrantes".

"Acoger a los migrantes no es una opción política, es una exigencia evangélica", declaró la noche del martes 12 de agosto, ante los aproximadamente 60.000 peregrinos que llenaron el Santuario tras la procesión de las velas.

Recordando la larga historia de la emigración portuguesa, Joan-Enric Vives, quien preside la peregrinación de agosto de este año, que incluye la Peregrinación Nacional de Migrantes y Refugiados organizada por la Sociedad Católica Portuguesa de Migración, hizo un llamado a la coherencia histórica y evangélica en la acogida de quienes ahora llegan a Portugal con los mismos sueños.

"Cada día, hombres, mujeres y niños cruzan fronteras en busca de lo mismo que todos deseamos: paz, trabajo, seguridad y un futuro mejor. Y a menudo lo que encuentran es sospecha, rechazo o indiferencia", recordó el prelado, presentando a María como un "modelo de discipulado" que enseña escucha, hospitalidad y ternura.

«Nuestra Señora de Fátima nos invita a comprometernos activamente en la defensa de los derechos humanos de las personas migrantes: el derecho a salir de su país por necesidad o en busca de libertad; el derecho a ser tratados con dignidad en cualquier frontera; el derecho a formar parte de una sociedad que no excluye, sino que acoge e integra, y que promueve la fraternidad», declaró el arzobispo emérito de Urgel, que abarca el Principado de Andorra, donde casi 10.000 habitantes son ciudadanos portugueses.

"Los migrantes no son un problema"

Insistió: «La emigración y las personas migrantes no son un problema: son un signo de los tiempos, que exige una interpretación evangélica y una respuesta solidaria. No se trata solo de caridad, sino también de justicia. La verdadera fe nos lleva a construir puentes, no muros. Nos permite experimentar la fraternidad con cada ser humano, que es nuestro hermano y hermana».

El presidente de la peregrinación de agosto también recordó los cuatro verbos con los que el papa Francisco resumió la actitud cristiana hacia la migración: acoger, proteger, promover e integrar, y los presentó como "un verdadero programa pastoral, social, político y religioso".

"Acoger implica abrir las puertas de la comunidad y del corazón; proteger significa garantizar los derechos humanos y prevenir el abuso y la explotación; promover significa ayudar a cada persona a desarrollar sus talentos; integrar es reconocer que la diversidad enriquece el tejido social y eclesial", explicó el arzobispo de Urgel, presentando la migración como "fuente de renovación comunitaria y una oportunidad para crecer en humanidad, como un camino de fraternidad".

 

RD

INIQUIDAD. AYER, HOY, MAÑANA… ¿SIEMPRE?

col labrador

 

Lc 13, 22-30

Cuántas veces habrán pasado mis ojos leyendo esta palabra en el texto del evangelio de Lc 13, 22-30: Iniquidad.

Cuántas lo habré escuchado en la lectura de la misa del domingo o de cualquier otro día: Iniquidad.

Cuántas veces habré meditado estos versículos sin percibir la presencia de esta palabra: Iniquidad.

En esta ocasión, cuando con tiempo me puse a leer el relato que nos dejó Lucas, la palabra se encendió; se iluminó como antorcha, como hoguera en la noche. Frené y leí detenidamente las palabras que la acompañaban: “No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”.

No es palabra al uso en nuestros tiempos y sin embargo después de hacer un rastreo por Google, desgraciadamente la iniquidad fluye a sus anchas en nuestro mundo sin complejos.

Aquí pongo un par de textos que nos orientan sobre el significado de una palabra con toque siniestro (por lo menos a mí me lo parece), que no es habitual pero que lo que significa está a la orden del día.

Del Diccionario de la RAE: “Maldad o injusticia muy grande. Se refiere a una acción o situación que viola la justicia y la moral, mostrando una gran falta de rectitud y equidad. En esencia es una forma extrema de injusticia”.

Quise avanzar más sobre esto y busqué el significado bíblico: “En la Biblia, la iniquidad (en hebreo “avon”) se refiere a la maldad, la injusticia y la culpa que son resultado de la rebelión contra Dios y sus leyes. Implica una desviación intencional de la norma moral y un rechazo a la autoridad divina, a menudo resultando en consecuencias negativas tanto para el individuo como para la comunidad”.

Por lo que podemos ir viendo esto ha sucedido desde el ayer de los tiempos, en el presente actual y, por la cantidad de frentes abiertos, parece que mañana seguirá estando en nuestras vidas de forma sibilina y cancerosa. Me pregunto: ¿Siempre va a ser igual? ¿Es la enfermedad del Mal?

Dinos, Jesús, quién es comensal en tu mesa, la del Padre, la del reino de Dios, hoy.

Una voz interior preocupada y sufriente susurra: “Los niños, las mujeres y los hombres de Gaza que han perdido todo menos la dignidad humana, aunque los maten con bombas, drones y tiro al blanco en las colas para recibir alimentos. Los periodistas que han silenciado con muertes violentas. Los sanitarios que ya no tienen los mínimos para poder ayudar a sanar o bien morir. Todos los que denuncian la injusticia de un genocidio televisado y en las redes. Porque como ya dije y sigo diciendo los últimos serán los primeros.”

Un largo silencio dio paso a duras palabras envueltas en una tristeza infinita: “Y los que se consideran los primeros y se siente alabados y consentidos en la política transgresora, en los negocios abusivos que causan pobreza y deterioro en la naturaleza; los que gobiernan como si el mundo fuera de su propiedad; quienes tienen la enfermedad obsesiva del poder y el dinero; los que provocan guerras pero ellos no van; los que esquilman recursos en países pobres; los que echan por tierra los derechos humanos que tanto costó que tuvieran presencia jurídica, aunque no para todos; los que expulsan de mala manera a emigrantes; los que miran hacia otro lado… esos primeros, en el mundo, serán los últimos en la mesa del reino de Dios.”

Tras haber leído y meditado el texto de Lucas creo entender que la iniquidad es la sofisticación de la excelencia del Mal en estado puro. Utilizo la palabra “excelencia” que siempre se entiende por algo bueno, digno, sobresaliente, superior, etc. porque quiero que quede claro que el refinamiento del Mal puede llegar a unas alturas que esos adjetivos cuadran traducidos en negativo. No hacen falta más explicaciones, lo vemos a diario.

Pero no agachemos la cabeza. Mirémonos a los ojos, unamos las manos sintiendo la fuerza de la comunidad y enfrentemos al Mal con la fuerza de tres pacíficas e invencibles “herramientas” (que no armas, demasiado bélico) que puestas a funcionar serán invencibles: Fe, Esperanza y Amor.

¡Despertemos, unámonos, seamos creativos! Sabemos cuál es el Camino, conocemos la Verdad que nos hace libres y queremos vivir la Vida con la cabeza alta y la fuerza de la comunidad, como nos dice Jesús (Jn 14, 6-17)

Hay mucho que hacer. La iniquidad está normalizada y habrá que desnormalizarla hasta que desaparezca incluso del diccionario.

 


VENDRÁN DE ORIENTE Y DE OCCIDENTE

VENDRÁN DE Aunque el evangelio emplee, según el gusto de la época, una pedagogía negativa que a nosotros no nos suena bien, siempre podremos enriquecer nuestra vida cristiana si lo leemos reflexivamente.

Dice el texto de este domingo que VENDRÁN DE ORIENTE Y DE OCCIDENTE a sentarse a la mesa del reino de Dios. Los judíos de aquella época lo tenían muy claro: a la mesa del reino de Dios se sentarán los israelitas y nadie más (como decía la viñeta de Mingote: “Al cielo iremos los de siempre”). Pero Jesús propone una comensalía abierta, una mesa para todos, un festín multicultural. Pasan los años, los siglos, y seguimos lidiando contra la mentalidad excluyente. ¡Cuánto le cuesta al evangelio entrar en nuestra vida real!

¿Cómo andar los caminos de la comensalía abierta que propone el evangelio?

· Sentemos a todos en la mesa de una economía igualitaria: aquella que hace partícipe a todos los ciudadanos de los beneficios sociales donde nadie queda excluido por ser pobre o extranjero, sino que todos reciben amparo y protección social.

· Sentemos a todos en la mesa de una ciudadanía compartida: porque toda persona que vive, trabaja, ama y muere en lugar, es de ese lugar, aunque haya nacido en otra parte. La ciudadanía no puede ser un derecho de algunos sobre la exclusión de otros.

· Sentemos a todos en la mesa de una Iglesia acogedora: donde podamos convivir las diversas maneras de entender y vivir la experiencia cristiana. Donde no haya unos que manden y otros que obedezcan, unos que sirvan y otros que sean servidos.

¿Podremos lograr esto o es una utopía inalcanzable? Podemos, aunque estos no sean tiempos propicios para la acogida. Ahora en verano ocurre que tal o cual pueblo celebra sus fiestas. Todo el mundo puede acercarse, disfrutar con la música, tomar un zurracapote o un pincho. No se exige ningún carné. Vienes y eres bienvenido. Si somos capaces de estos gestos de comensalía abierta, también podemos pensar en una mesa igualitaria, compartida y acogedora, la nueva sociedad, que Jesús soñó. ¿Por qué no extender esto a todos los inesperados hermanos que vienen a nosotros? ¿Quién quiere que la acogida a menas se presente como una amenaza y no una posibilidad? Sí, se puede si se quiere.

  Y DE OCCIDENTE

¿QUÉ TOLERANCIA? José Antonio Pagola


La tolerancia ocupa hoy un lugar eminente entre las virtudes más apreciadas en Occidente. Así lo confirman todas las encuestas. Ser tolerante es hoy un valor social cada vez más generalizado. Las jóvenes generaciones no soportan ya la intolerancia o la falta de respeto al otro.

Hemos de celebrar este nuevo clima social después de siglos de intolerancia y de violencia, perpetrada muchas veces en nombre de la religión o del dogma. Cómo se estremece hoy nuestra conciencia al leer obras como la excelente novela El hereje, de Miguel Delibes, y qué gozo experimenta nuestro corazón ante su canto apasionado a la tolerancia y a la libertad de pensamiento.

Todo ello no impide que seamos críticos con un tipo de «tolerancia» que más que virtud o ideal humano es desafección hacia los valores e indiferencia ante el sentido de cualquier proyecto humano: cada cual puede pensar lo que quiera y hacer lo que le dé la gana, pues poco importa lo que la persona haga con su vida. Esta «tolerancia» nace cuando faltan principios claros para distinguir el bien del mal o cuando las exigencias morales quedan diluidas o se mantienen bajo mínimos.

La verdadera tolerancia no es «nihilismo moral» ni cinismo o indiferencia ante la erosión actual de valores. Es respeto a la conciencia del otro, apertura a todo valor humano, interés por lo que hace al ser humano más digno de este nombre. La tolerancia es un gran valor no porque no haya verdad objetiva ni moral alguna, sino porque el mejor modo de acercarnos a ellas es el diálogo y la apertura mutua.

Cuando no es así, pronto queda desenmascarada. Se presume de tolerancia, pero se reproducen nuevas exclusiones y discriminaciones, se afirma el respeto a todos, pero se descalifica y ridiculiza a quien molesta. ¿Cómo explicar que, en una sociedad que se proclama tolerante, brote de nuevo la xenofobia o se alimente la burla de lo religioso?

En la dinámica de la verdadera tolerancia hay un deseo de buscar siempre lo mejor para el ser humano. Ser tolerante es dialogar, buscar juntos, construir un futuro mejor sin despreciar ni excluir a nadie, pero no es irresponsabilidad, abandono de valores, olvido de las exigencias morales. La llamada de Jesús a entrar por la «puerta estrecha» no tiene nada que ver con un rigorismo crispado y estéril. Es una llamada a vivir sin olvidar las exigencias, a veces apremiantes, de toda vida digna del ser humano.

 

MI EGO INFLADO SE ATASCARÁ EN LA PUERTADOMINGO 21 (C) Lc 13,22-30

 


La salvación es el tema central de todas las religiones y no me duelen prendas al decir que todas lo han planteado mal. La salvación que nos ofrecen está orientada al falso yo. Los únicos salvados fueron los místicos y todos lo hicieron a pesar de sus propias religiones.

Jesús no responde a la pregunta, porque está mal planteada. La salvación no es una línea que hay que cruzar, sino un proceso de descentración del yo. Nos han convencido de que tenemos que ser salvados. ¿De qué? ¿Del dolor, de la enfermedad, del pecado, de la muerte? Esas limitaciones son esenciales al hombre. Sin ellas dejaríamos de ser humanos.

Infinidad de preguntas sobre la salvación: ¿Para cuándo? ¿Aquí o más allá? ¿Material o espiritual? ¿Nos salva Dios, Jesús o nosotros? ¿Salvan las obras o la fe? ¿Salva la religión, los sacramentos, la oración, la limosna, el ayuno? ¿Nos salva la Escritura? ¿Individual o comunitaria? ¿Es la misma para todos? ¿Podemos saber si estamos salvados?

Las preguntas están mal planteadas. Todas dan por supuesto que hay un yo que está perdido y debe ser salvado. La salvación no consiste en alcanzar la seguridad para mi yo individual, sino en superar toda idea de individualidad. La religión ha fallado al proponer la salvación de nuestro falso yo, que es el anhelo más hondo de todo ser humano.

Todos se salvan de alguna manera, porque todo ser humano despliega algo de esa humanidad por muy mínimo que sea. Y nadie alcanza la plenitud de salvación porque las posibilidades de ser más humano no tienen límite. Todos estamos salvados y necesitados de salvación. Esta idea nos desconcierta, porque no satisface los deseos del yo.

Lo de la puerta estrecha lo hemos entendido mal y nos ha metido por un callejón sin salida. El esfuerzo no debe ir encaminado a potenciar un yo para asegurar su permanencia incluso en el más allá. No tiene mucho sentido que esperemos una salvación para cuando dejemos de ser auténticos seres humanos, es decir para después de morir.

La salvación no consiste en la liberación de las limitaciones. La salvación consiste en alcanzar una plenitud sin pretender dejar de ser criatura y limitada. La verdadera salvación es posible a pesar de mis carencias porque se tiene que dar en otro plano. Ni la enfermedad ni la muerte ni el pecado restan un ápice a mi condición de ser humano.

Debemos desechar la idea de un umbral que debemos superar. No debemos hacer hincapié en la puerta sino en el que debe atravesarla. No es que la puerta sea estrecha, es que se cierra automáticamente en cuanto ‘alguien’ (un yo) pretende atravesarla. Solo cuando tomemos conciencia de que somos ‘nadie’, se abrirá de par en par.

No sé quiénes sois. Esta advertencia es más seria de lo que parece. Pero no tenemos que esperar a un más allá para descubrir si hemos acertado o hemos fallado. Nuestro grado de salvación se manifestará en la calidad humana de nuestras relaciones con los demás.

No se trata de prácticas ni de creencias sino de humanidad manifestada en el servicio a todos los hombres. Lo que creas hacer directamente por Dios no tiene ninguna importancia. Lo que haces cada día por los demás es lo que determina tu grado de plenitud humana, que es la verdadera y efectiva salvación para el hombre.

 

CUÁNTOS, CÓMO Y QUIÉNES SE SALVAN Domingo 21 Ciclo C

fe adulta

Durante siglos, a los israelitas no les preocupó el tema de la salvación o condena en la otra vida. Después de la muerte, todos, buenos y malos, ricos y pobres, opresores y oprimidos, descendían al mundo subterráneo, el Sheol, donde sobrevivían sin pena ni gloria, como sombras. Quienes se planteaban el problema de la justicia divina, del premio de los buenos y castigo de los malvados, respondían que eso tenía lugar en este mundo. Sin embargo, la experiencia demostraba lo contrario, y así lo denuncia el autor del libro de Job: en este mundo, los ladrones y asesinos suelen vivir felizmente, mientras los pobres mueren en la miseria.

Con el tiempo, para salvar la justicia divina, algunos grupos religiosos, como los fariseos y los esenios, trasladan el premio y el castigo a la otra vida. Dentro de los evangelios, la parábola del rico y Lázaro refleja muy bien esta idea: el rico lo pasa muy bien en este mundo, pero su comportamiento injusto y egoísta con Lázaro lo condena a ser torturado en la otra vida; en cambio, Lázaro, que nada tuvo en la tierra, participa de la felicidad eterna.

Entre los judíos que creen en la resurrección cabe otra postura, importante para comprender el comienzo del evangelio de hoy: sólo los buenos resucitan para una vida feliz; los malvados no consiguen ese premio, pero tampoco son condenados.

Una pregunta absurda: “Señor, serán pocos los que se salven?

Bastantes cristianos actuales habrían formulado la pregunta de manera distinta: “¿Serán muchos los que se condenen?” Sin embargo, el personaje del que habla Lucas parece formar parte de ese grupo que sólo cree en la salvación. Jesús podría haber respondido con otra pregunta: ¿Qué entiendes por “pocos”? ¿Cuatro mil? ¿Veinte millones? ¿Ciento cuarenta y cuatro mil, como afirman los Testigos de Jehová? La pregunta sobre pocos o muchos es absurda, aunque hay gente que sigue afirmando con absoluta certeza que se condena la mayoría o que se salvan todos.

Una enseñanza: “entrar por la puerta estrecha”

Jesús no entra en el juego. Ni siquiera responde al que pregunta, sino que aprovecha la ocasión para ofrecer una enseñanza general. «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán.»

La imagen, tal como la presenta Lucas, no resulta muy feliz. Quienes no pueden entrar por una puerta estrecha son las personas muy gordas, y eso no es lo que está en juego. El evangelio de Mateo ofrece una versión más completa y clara: “Entrad por la puerta estrecha; porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella. ¡Qué estrecha es la puerta, qué angosto el camino que lleva a la vida, y son pocos los que dan con ella!” (Mateo 7,13-14).

En cualquier caso, la exhortación de Jesús resulta tremendamente vaga: ¿en qué consiste entrar por la puerta estrecha? En otros momentos lo deja más claro.

Al joven rico, angustiado por cómo conseguir la vida eterna, le responde: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En el evangelio de Mateo, la parábola del Juicio Final indica los criterios que tendrá en cuenta Jesús a la hora de salvar y condenar: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era emigrante y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, estaba enfermo y me visitasteis, estaba encarcelado y acudisteis”.

La experiencia demuestra que vivir esto equivale a pasar por una puerta estrecha, pero al alcance de todos.

Un final sorprendente y polémico: quiénes

La pregunta sobre el número de los que se salvan ha provocado una respuesta sobre cómo salvarse; pero Jesús añade algo más, sobre quiénes se salvarán.

El libro de Isaías contiene estas palabras dirigidas por Dios a los israelitas: “En tu pueblo todos serán justos y poseerán por siempre la tierra” (Is 60,21). Basándose en esta promesa, algunos rabinos defendían que todo Israel participaría en el mundo futuro; es decir, que todos se salvarían (Tratado Sanedrín 10,1). ¿Y los paganos? También ellos podían obtener la salvación si aceptaban la fe judía.

Sin embargo, la parábola que cuenta Lucas afirma algo muy distinto. El amo de la casa es Jesús, y quienes llaman a la puerta son los judíos contemporáneos suyos, que han comido y bebido con él, y en cuyas plazas ha enseñado. No podrán participar del banquete del reino junto con los verdaderos israelitas, representados por los tres patriarcas y los profetas. En cambio, muchos extranjeros, procedentes de los cuatro puntos cardinales, se sentarán a la mesa.

La conversión de los paganos ya había sido anunciada por algunos profetas, como demuestra la primera lectura (Is 66,18-21). Pero el evangelio es hiriente y polémico: no se trata de que los paganos se unen a los judíos, sino de que los paganos sustituyen a los judíos en el banquete del Reino de Dios. Estas palabras recuerdan el gran misterio que supuso para la iglesia primitiva ver cómo gran parte del pueblo judío no aceptaba a Jesús como Mesías, mientras que muchos paganos lo acogían favorablemente.

Moraleja y matización

Lucas termina con una de esas frases breves y enigmáticas que tanto le gustaban a Jesús: «Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos». En la interpretación de Lucas, los últimos son los paganos, los primeros los judíos. El orden se invierte. Pero los primeros, los judíos como totalidad, no quedan fuera del banquete, también son invitados. El mismo Lucas, cuando escribe el libro de los Hechos de los Apóstoles, presenta a Pablo dirigiéndose en primer lugar a los judíos, aunque generalmente sin mucho éxito.

Primera lectura: Isaías 66, 18-21

El primer párrafo es el que está en relación con el evangelio: habla de la conversión de los paganos desde Tarsis (a menudo localizada en la zona de Cádiz-Huelva) hasta Turquía (Masac y Tubal), y con dos importantes regiones de África (Libia y Etiopía). El punto de vista es distinto al del evangelio: aquí sólo se habla de conversión, no de salvación en la otra vida (tema que queda fuera de la perspectiva del profeta).

Segunda lectura: cuando Dios nos mete por la puerta estrecha (Heb 12,5-7.11-13)

Este breve fragmento de la Carta a los Hebreos no tiene nada que ver con el evangelio. Pero es una hermosa exhortación que lo complementa. En el evangelio se nos anima a «entrar por la puerta estrecha». Muchas veces es la vida la que se estrecha en torno a nosotros, como si Dios nos pusiera a prueba. El autor de la carta enfoca esos momentos difíciles como una reprensión o corrección del Señor. Pero es la corrección de un Padre que desea lo mejor para su hijo, idea que debe consolarnos y fortalecernos.

 

SI COMPRENDIÉRAMOS Domingo XXI del TO 24 de agosto Lc 13, 22-30

fe adulta

El yo, con su tendencia a apropiarse de todo lo que puede alimentarlo, llega al extremo de pretender garantizarse y atrapar la “salvación”. Sin embargo -advierte Jesús-, la puerta que conduce a la vida es estrecha: ningún ego apropiador cabe en ella.

Basta un poco de atención para advertir que no se trata de ninguna exigencia arbitraria: a la vida únicamente puede entrar la vida. Todo lo que no sea vida -todo lo que no sea amor- supone una carga o lastre que actúa como bloqueo que impide el paso a la vida.

La palabra sabia de Jesús invita de manera inmediata a una pregunta elemental: ¿vivo en la consciencia de ser vida, más allá de la forma (persona) en la que me estoy experimentando?, ¿hay en mí algo que no sea vida, a lo que permanezco aferrado o de lo que me quiero apropiar?

En la práctica, la consciencia de ser vida se plasma en la actitud de vivirse como cauce o canal de la misma, que permite que la vida sea y fluya a través de esta persona. Lo cual, en la práctica, se traduce en amor.

Por tanto, decir que a la vida únicamente puede entrar la vida, significa que por su puerta solo cabe el amor. Todo lo que no sea amor no cabe por esa “puerta estrecha”. 

Reconocerse como vida es sabiduría o comprensión. Lo contrario -pensar que estamos separados de la vida- es ignorancia o -como decíamos hace algunas semanas- “necedad”. Es necio -del latín nescio: “no sé”- quien ignora lo que somos en profundidad.

Esa ignorancia radical nos desconecta de nosotros mismos, de los otros y de la vida. Vivimos, en consecuencia, desconectados y egocentrados, girando, de manera narcisista, en torno a los intereses y los miedos del propio ego, y provocando sufrimiento a nuestro alrededor.

¿Qué pasaría si Netanyahu se enterara de que es hermano de los gazatíes o si Trump cayese en la cuenta de que es hermano de los inmigrantes? ¿Qué pasaría si el arzobispo de Oviedo supiera –¡qué raro que un arzobispo no sepa esto y prefiera seguir rigiéndose por la ley del Talión, que Jesús quiso derogar!- que aquellos a quienes llama “moritos” son todos hermanos suyos? ¿Qué pasaría si yo mismo viviera sabiendo, de manera consciente en todo momento, que soy hermano de todos los seres? Dejaríamos de ser “necios”, la comprensión nos transformaría… y se abriría ante nosotros la puerta de la vida.

Algo parece claro: lo que nos transforma, nos hace mejores personas y construye un mundo mejor no es el moralismo, ni el voluntarismo, ni las creencias religiosas, ni la exigencia ética, ni -siendo imprescindible- el compromiso sociopolítico. Solo la comprensión -experiencial, profunda y sentida-, que posibilita el cambio en nuestro nivel de consciencia -el paso de una consciencia egoica a la consciencia transpersonal- hará posible la transformación de nuestra realidad, personal y colectiva.

 

LIGEROS DE EQUIPAJELc 13, 22-30

 


«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha»

En los diálogos que Platón dedica a la República, Sócrates, su protagonista, analiza el proceso de formación de un Estado partiendo de su origen, es decir, de la impotencia de cada individuo para atender por sí mismo todas sus necesidades.

Sócrates –en realidad, Platón– considera que las necesidades básicas del hombre son el alimento, la habitación y el vestido, y partiendo de esta premisa, afirma que en principio bastarían tres hombres para formar un Estado: un agricultor, un constructor y un sastre. Cuando avanza más en su reflexión, advierte también otras necesidades, pero el fondo del razonamiento sigue invariable.

Llegado a este punto, contempla la vida apacible y feliz que llevan sus habitantes, y concluye: «De esta manera, llenos de gozo y salud, llegarán a una avanzada vejez, y dejarán a sus hijos herederos de una vida semejante».

Su contertulio, Glaucón, muestra su desacuerdo con la vida austera que propone Sócrates, a lo que éste contesta: «Muy bien, ya te entiendo. No es solamente el origen de un Estado lo que buscamos, sino el de un Estado que rebose placeres. Quizás no obremos mal planteándolo, porque de esta forma podremos saber por dónde se ha introducido la injusticia en la sociedad. Sea como sea, el verdadero Estado, el Estado sano, es el que acabamos de describir. Si ahora quieres que echemos una mirada al Estado enfermo y lleno de pústulas, nada hay que nos lo impida» ...

En definitiva, el diálogo continúa mostrando que la abundancia provoca avaricia, y que la avaricia acarrea guerras, corrompe a los ciudadanos, complica sobremanera la estructura del Estado y es la primera causa de opresión e injusticia…

Si aplicamos este diálogo a nuestros días, resulta que para garantizar hoy una existencia digna bastaría atender el alimento, el vestido, la vivienda, la educación y la salud, y siguiendo un razonamiento similar al de Platón, llegaríamos a definir una sociedad austera cuyos ciudadanos se habrían sacudido el yugo del consumo, basarían su existencia en unos valores que les liberan (y no en unos afanes que les someten), no tendrían el corazón endurecido por la avaricia y serían más libres y por tanto más humanos.

Y esto puede parecer una utopía, pero quizá sea la única vía para librarnos del desastre al que estamos abocando a este mundo. No es casual que la práctica totalidad de los tratados de sabiduría de la historia propugnen el mismo principio: «Huid del estado que rebosa placeres», «Viajad por la vida ligeros de equipaje», «No acumuléis tesoros en la Tierra», «Entrad por la puerta estrecha»…

Hoy, ante la evidencia irreversible del cambio climático, este principio cobra especial relevancia, y así lo refleja Jon Sobrino, sacerdote jesuita, en una de las frases más lúcidas de nuestro tiempo y que no nos cansaremos de repetir: «Debemos caminar hacia la civilización de la austeridad compartida».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Alaska no, por favor -- Alberto J. Revuelta Lucerga


te-migao

El marqués de Custine, que fue un noble francés que vivió la Revolución de su pais y viajó por Europa, pasando meses en Rusia donde, sus dotes de observación, contactos con aristócratas y viajes por el territorio del zar Nicolás I, en el siglo XIX recogió materiales para publicar La Russie en 1839 (1843), que tuvo gran acogida. Ver noticia

Me preguntan ¿porqué es delito odiar? -- Francisco González Álvarez


fgonzalez

Quienes me hacen esta pregunta son personas mayores, de cultura superior y formadas en la moral tradicional. Son ateos, no practicantes, nacional-católicos, de ideología de derecha o de extrema derecha. Algunos Justifican las manifestaciones de odio y otros se muestran indiferentes ante las numerosas expresiones incendiarias contra el diferente o personas de ideologías opuestas, principalmente activadas por individuos de las ideologías citadas anteriormente; aunque, en menor medida, estos ataques y amenazas verbales se dan también en algunos sectores minoritarios de la izquierda, principalmente en foros de las Redes sociales. Ver noticia

Carta abierta a D. Jesús Sanz, Arzobispo de Oviedo -- Miguel Gambín Gallego, Sacerdote Salesiano, misionero en Malí entre 1981 y 2004

 


“Extraña polémica con musulmanes sobre celebraciones en polideportivos: "dónde está la reciprocidad negada de los moritos con los cristianos que asesinan en nuestras iglesias dentro de su territorio".” (declaraciones de D. Jesús Sanz, Obispo de Oviedo en una red social)


Sr Arzobispo:

Le confieso que me da mucha pereza escribir esto, por no añadir polémicas a las que pululan en nuestro día a día, pero precisamente el carácter de sus declaraciones tan tristes me obligan a discrepar públicamente de usted. No es buena cosa la división dentro de la Iglesia, pero más triste aún es pasar por encima de algo tan fundamental como la acogida al extranjero. Y como sé que mucha gente dentro de la Iglesia no está de acuerdo, pero se calla, dando la impresión de una falsa unanimidad, quiero expresar públicamente mi total discrepancia con sus extrañas declaraciones sobre la inmigración, para dar voz a la inmensa corriente eclesial que acoge, integra, promueve a los inmigrantes a través de una constelación de fundaciones, ONG, asociaciones, presentes en todo el territorio nacional.

Una de las cosas que me mueve a contestarle, es mi experiencia de veintitrés años en un país de mayoría musulmana como es la República de Malí. Allí hay musulmanes, pero no “moritos”, como usted les llama despectivamente. Yo he vivido en perfecta paz y armonía en una sociedad acogedora, plural, y donde las distintas religiones no fueron un motivo de conflicto.

Es más. Algunas fiestas cristianas, como la Asunción y la Navidad eran fiestas oficiales del país. Y eso tanto en Malí, como en Burkina y Senegal, cuyo primer presidente, dicho de pasada, fue cristiano, Léopold S. Senghor.

La sociedad maliense era profundamente integradora. Todos celebrábamos las fiestas de la otra religión, como fiestas de todos. Ése era el mundo en el que viví.

Pedir cuentas a esta gente que llega a nuestro país a ganarse la vida, huyendo de conflictos que han sido cocinados por nuestros gobiernos, o por décadas de neocolonialismo y corrupción sostenida desde occidente, me parece fruto de una tremenda ignorancia.

Si hay que pedir cuentas del terrorismo internacional, amplíe la mirada. Pregunte quién armó a los talibanes en Afganistán en los años 70; quién desestabilizó Libia; quién promovió la guerra de Irak basada en una colección de mentiras; quién ha arruinado el Líbano, quién ha colocado actualmente en Siria a alguien que era considerado un terrorista de los más buscados. En definitiva, quién ha llenado de cadáveres parte del mundo pretendiendo proteger la civilización occidental. Y, finalmente, quién está permitiendo un genocidio transmitido en directo desde Gaza, con el apoyo cómplice de nuestros gobiernos. Mirando desde el otro lado, podíamos ponernos a pedir cuentas a nuestros responsables políticos; si hablamos de terrorismo, ¿cómo califican los musulmanes de esos países los millones de muertos totalizados por todas esas guerras globales?. Como ve, Monseñor, en todas partes cuecen habas.

Pero volvamos a nuestro tema: El artículo 16 de la constitución garantiza la libertad de culto, sin más limitaciones que las de orden público. Que un colectivo solicite la utilización de un espacio público, como se venía haciendo desde hacía un tiempo, no debe de extrañar a nadie, pues se trata de ciudadanos. Sí. Ciudadanos con derechos. Porque sus amigos de la ultraderecha no ven personas. Solo ven “moritos” y “negros”, a los que difícilmente les atribuyen los mismos derechos.

Jesús pone el acento en la universalidad. No se la voy a repetir, pues convencido estoy de que la ha leído muchas veces. Por eso me extraña tanto las conclusiones que saca.

El papa Francisco ha insistido mucho en sus encíclicas en la acogida al inmigrante. ¿Le sueña? Y él puso el acento en una Europa de la acogida, de la integración, de la promoción de personas de otras culturas y religiones.

Porque una de las verdades fundamentales del evangelio es que Jesús se identifica con los más débiles, y que el criterio establecido en el juicio final, no es la pertenencia a una religión, sino el haber tratado bien a los hermanos más débiles, sin haberles pedido los papeles, sino tal como hizo el buen samaritano, por el simple hecho de encontrarse tirados al lado del camino.

Su eminencia es franciscano, y tampoco será necesario recordarle el papel de su querido fundador, cuando se entrevistó en 1219 con el sultán de Egipto, en plena cruzada, sin más armas que la paz y el bien”. San Francisco de Asís propició el diálogo con el Islam, con iniciativas rompedoras y profundamente evangélicas, y sigue siendo un gigante inspirador en estos tiempos turbulentos.

Miguel Gambín Gallego,
Salesiano. Misionero en Malí entre 1981 y 2004

Medio millón de personas en Gaza al borde de la muerte de la hambruna -- Diario Al-Quds Libération


kaosenlared

El Programa Mundial de Alimentos dijo que medio millón de personas en la Franja de Gaza están al borde de la muerte de la hambruna.
El programa añadió: «Estamos haciendo esfuerzos para entregar ayuda a Gaza, pero aún está muy lejos de lo que se necesita».
Subrayó que un alto el fuego es la única manera de ampliar la ayuda.Ver noticia

«Incluso los sacerdotes podrán casarse…» -- Anita Prati


BAF

Fuente: SetimanaNews
Al margen de una entrevista con el cardenal Pellegrino
Sin temor a ser parcial, creo que puedo decir que uno de los méritos de SettimanaNews es que ofrece a los lectores espacios importantes para compartir contribuciones de pensamiento de calidad, en forma de comentarios sobre los artículos publicados. Ver noticia

Los incendios y la falacia del estado mínimo


Los incendios forestales se han convertido en una trágica y constante pesadilla de los veranos europeos. La situación en 2025 ha alcanzado niveles alarmantes, con cerca de una veintena de focos activos y más de 60.000 hectáreas calcinadas sólo en España. El patrón se repite cada año: fuego, evacuaciones, miedo, destrucción. Vidas humanas truncadas, patrimonio natural irremplazable reducido a cenizas y comunidades enteras forzadas a ver cómo su entorno desaparece sin remedio.

Aunque hay causas naturales, como el calentamiento global, en la gestación de esta catástrofe, ésta también es el resultado directo de una política deliberada, de un modelo económico y social que desmantela lo público en nombre de una supuesta eficiencia privada. El neoliberalismo, una doctrina defendida con fervor por los partidos de derecha, ha convertido la gestión del territorio, como tantos otros ámbitos, en una víctima más de la austeridad presupuestaria y del dogma del Estado mínimo. La presión política por rebajar impuestos, con las nefastas consecuencias que ello comporta, procede de una oposición de derechas en la que aumenta la pujanza de la extrema derecha, una fuerza que amplifica y radicaliza las exigencias de un modelo económico que privilegia a una minoría adinerada a costa del bienestar colectivo.

A esta presión interna se suma una nueva y peligrosa dimensión externa. Desde Estados Unidos, la Administración de Donald Trump insiste en que los países europeos, entre ellos España, aumenten considerablemente el gasto militar. Esta exigencia no sólo desvía recursos cruciales que podrían ser destinados a servicios esenciales y a la lucha contra el cambio climático, sino que también refuerza la agenda de la derecha neoliberal y de la extrema derecha. El aumento del gasto en defensa es otro factor importante que postula aún más recortes en sanidad, educación y, por supuesto, en la prevención y extinción de incendios.

 

Mientras, la realidad es tozuda. El cambio climático intensifica las olas de calor y seca la vegetación, creando un terreno fértil para el fuego. Y décadas de abandono del mundo rural han eliminado los cortafuegos naturales que antes ofrecían los cultivos, los pastos y la actividad humana sostenida. El éxodo de la población hacia las ciudades ha transformado campos abiertos en bosques densos y descontrolados, auténticos barriles de pólvora vegetales. Y no por casualidad, las zonas más devastadas por los incendios coinciden con las regiones más despobladas, como el noroeste peninsular.

Frente a esta situación, la respuesta debería ser clara: más medios, más inversión, más presencia pública. Pero los partidos que abrazan el neoliberalismo no están interesados en reforzar lo público. Al contrario, su obsesión por reducir impuestos a los más ricos y sus discursos manidos sobre la «libertad individual» tienden a debilitar sistemáticamente la capacidad del Estado para prevenir, gestionar y responder a catástrofes como esta. Esta política no es sólo irresponsable: es criminal. Cada recorte presupuestario a los servicios públicos tiene consecuencias concretas y devastadoras. La falta de personal y equipamiento en los equipos de extinción, la ausencia de planes integrales de prevención, la escasa formación de brigadas forestales, todo esto es el resultado de decisiones políticas conscientes. No es una cuestión técnica, sino ideológica.

Los defensores del neoliberalismo presentan el desmantelamiento del Estado como una modernización necesaria. Nos dicen que rebajar impuestos a los millonarios generará inversión y prosperidad. Pero la realidad es que esa riqueza prometida nunca llega a la mayoría. Lo que sí llega son hospitales colapsados, con largas listas de espera para intervenciones necesarias, escuelas infra-financiadas, alquileres imposibles de pagar, y bosques ardiendo sin control mientras los servicios de emergencia hacen lo que pueden con medios precarios.

Los incendios forestales son, en este contexto, sólo una cara más de una tragedia mayor: la del empobrecimiento deliberado de lo público en favor de intereses privados, una tragedia que la extrema derecha busca acelerar. La misma lógica que recorta en medios contra incendios es la que privatiza hospitales, convierte la educación en un negocio y trata la vivienda como un activo financiero en vez de como un derecho básico. El coste de un Estado ausente no es una abstracción ideológica. Es humo que asfixia, es tierra quemada, son familias que lo pierden todo. Es el precio de una política que privilegia a una minoría adinerada a costa del bienestar colectivo, con el empuje de la derecha y la extrema derecha.

Lo que necesitamos es justo lo contrario: un Estado fuerte, bien financiado y presente en todo el territorio. Un Estado capaz de planificar, intervenir, cuidar y proteger. Un Estado que no se someta a los dictados del mercado, sino que garantice la dignidad de sus ciudadanos y la sostenibilidad de sus territorios. Porque, sin lo público, todo arde.

Faustino Castaño, miembro de los grupos de Redes Cristianas en Asturias

¿Debería el Papa viajar a Gaza para detener la matanza de inocentes? Un gesto profético necesario en un mundo roto -- José Manuel Vidal


Religión Digital

¿Qué espera León XIV para lanzar un gesto profético urgente y necesario?
¿Podría el Papa, como jefe de Estado, autoridad moral reconocida y líder espiritual de millones de católicos en todo el mundo, cruzar las fronteras de Gaza y detener la matanza?
La sola idea de un Papa exigiendo entrar en una zona de guerra controlada por Israel, un país con estrictas políticas de seguridad, es un gesto de alto voltaje simbólico. Pero, ¿sería factible? Y, más importante todavía, ¿sería efectivo? Ver noticia