FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA
SAN JUAN BOSCO (Pinchar imagen)

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA
ESTAMOS EN LARREA,4 - 48901 BARAKALDO

BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

ESTE ES EL BLOG OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO SAN PAULINO DE NOLA
ESTE BLOG TE INVITA A LEER TEMAS DE ACTUALIDAD Y DE DIFERENTES PUNTOS DE VISTA Y OPINIONES.




ATALAYA

ATALAYA
ATALAYA ENERO 2025

miércoles, 4 de octubre de 2023

COBO: “LA MISIÓN NOS PONE EN LA REALIDAD DE LOS ÚLTIMOS, DE LOS PUBLICANOS, DE LAS PROSTITUTAS, DE LOS QUE VAN A TRABAJAR Y LES CUESTA”


col modino

 

Una misa, la primera como cardenal de Mons. José Cobo, marcada por el afecto y el agradecimiento por lo vivido en estos días en Roma y por aquellos que le han acompañado en lo que ha definido como peregrinación con toda la Iglesia.

Misión, tarea y vínculo

La capilla del Pontificio Colegio Español de San José de Roma acogía una celebración en la que analizaba lo vivido en el Consistorio desde tres elementos propios del ser discípulo: una misión, una tarea y un vínculo. Desde ahí recordó las palabras que el Papa profiere al colocar el birrete a los nuevos cardenales: “este birrete es rojo como signo de la dignidad del oficio de cardenal y significa que estás preparado para actuar con fortaleza, hasta el punto de derramar tu sangre por el crecimiento de la fe cristiana, por la paz y la harmonía entre el pueblo de Dios, por la libertad y la extensión de la Santa Iglesia Católica Romana”.

Igualmente recordó que “después de esta misión se te da una tarea, una diaconía, porque siempre Jesús te da una misión, hace un signo de participación, una misión que colabora con el cuidado pastoral del Papa, y junto a esa tarea, que se refleja también en una parroquia, el Papa da un anillo, un vínculo, una alianza, un vínculo con la sede apostólica de Pedro, un vínculo que luego se intercambia en un abrazo, pero que continúa con el abrazo a todos los cardenales y a todo el pueblo de Dios”.

Los pobres, los últimos como modelo

Misión, tarea y vínculo que es la función de todo cristiano, señaló el arzobispo de Madrid, definiéndolo como una propuesta para todos. Una misión que a la luz del evangelio del día “nos pone en la realidad de los últimos, en la realidad de los publicanos, la de las prostitutas, la de los que van a trabajar y les cuesta”, insistiendo en que “esa es la realidad en la que tendremos que vivir eso que llevamos en el corazón, porque nos coloca a los pobres, a los últimos, a los que no están bien mirados como modelo de conversión y de crecimiento en el discipulado”.

Para el neo cardenal ellos son “los que hoy verifican y nos testifican la misión que ayer se recibió. No por lo que somos, sino porque son maestros de la misericordia y de tocar tierra después de lo que hemos vivido”. La misión recibida de Jesús es la que realiza la identidad de la Iglesia, recordó Mons. Cobo, viendo el hecho de estar en Roma una llamada a entender que “la misión y la tarea es compartida, que no se queda en nuestros pequeños espacios, que es más grande, que es una tarea común”.

Dar pasos para acercarnos

Desde ahí definió la identidad no como identificar lo que nos separa, sino que “nuestra misión es dar pasos para acercarnos unos a otros y responder juntos a la misión grande que Jesús nos da”. Por ello, no dudó en afirmar que “el acercamiento de unos a otros para ser parte de esta tarea común es lo que nos identifica, ante todo, porque esa es nuestra señal bautismal”. Una misión común, que ve en Roma, “evita los personalismos, que a veces pueden oscurecer nuestras misiones pequeñas, y evita una visión de Iglesia que se centra en pequeños grupos”.

Con relación a la tarea, cuestionó a la luz de la Palabra de Dios, cómo acogemos esta tarea. En ese sentido, ante la respuesta de los sacerdotes y los ancianos, de los expertos, de los que saben, de los cercanos, donde ellos dicen sí a la voluntad de Dios, “pero su religiosidad, su día a día, acaba siendo una rutina, hasta un punto que Dios ya ni les sorprende, ni les remueve”. Ellos rechazan el mensaje de Juan Bautista y de Jesús como una molestia, lo obstaculizan y se cierran a la realidad del Reino, afirmó, lo que hace que sean adelantados por las prostitutas y los publicanos en el camino del Reino de Dios.

Necesitados de la misericordia de Dios

Por eso hizo ver que “Jesús nos pone a los últimos, a los que tienen que hacer procesos interiores como actitud de acogida”. El desafío es “aprender a mirar a un Dios distinto que prefiere a los que caminan, aunque se equivoquen, que prefiere a los que intentan dar pasos con sus fallos, pero que responden, que se unen a la tarea y que andan con un corazón abierto”, viéndolos como necesitados que acogen a Dios, cuestionando “hasta qué punto nos sentimos necesitados de la misericordia de Dios”, poniéndoles como “modelo de corazón arrepentido y necesitado”, lo que les hace ser los primeros.

El cardenal Cobo llamó a “dejar que ellos nos evangelicen, ellos que soportan los juicios de tantos, esos que se sienten necesitados”. Insistiendo en que nos somos héroes, y sí “discípulos que hemos experimentado la misericordia del Señor”, deduciendo de ahí que “la renovación de la Iglesia sólo puede llevarse a cabo mediante nuestra disponibilidad, mediante la conversión y una fe renovada desde dentro”.

Eso porque “la Iglesia no es una idea, la Iglesia se realiza”, mostrando la importancia de estar juntos, del abrazo, de ser comunidad de los hermanos de Jesús, “una comunidad diversa, una comunidad cercana, pero también una comunidad de afecto, una comunidad que se construye con Jesús, pero que tiene corazón. Una comunidad donde sabemos que nos somos los mejores, pero sí queremos querernos”. Por eso es preciso decir, destacó el purpurado, que “somos la comunidad de los necesitados de la misericordia de Dios, que tenemos la misión sencilla de asegurar que nuestro mundo vea a Dios en nosotros, en nuestros barros”. Unas palabras que encerró agradeciendo a todos, pero especialmente “a todos los que nos ponemos la mirada de los pobres, de los que necesitan de conversión como instrumento para la acción”.

 

Luis Miguel Modino, enviado especial al Vaticano

Religión digital

LA DULCE TRAMPA DE LA DECADENCIA Imprimir

 

col planellas

 

Estimadas y estimados. Nos hallamos en un clima de decadencia generalizada que se esconde bajo la falsa idea de progreso y bienestar. No es la primera vez que la historia humana vive un proceso similar. Para darnos cuenta, basta con leer La Ciudad de Dios de san Agustín o el Decamerón de Giovanni Boccaccio, por poner dos ejemplos diferentes. En este estado de cosas, la experiencia humana pone de manifiesto, con más evidencia, una de las características de nuestra sociedad: encontrarle encanto a toda situación y a todo momento. Y hacerlo para no tener que plantearse críticamente el futuro ni apuntarse a cambio alguno.’

Así, terminamos encontrándonos por todas partes con la existencia de «la dulce trampa de la decadencia», ejercida por multitud de gente que se pasea por calles y plazas o que habitan nuestras casas, manifestando un perfil de absoluta normalidad y convirtiéndose en portadores de este «espíritu de la época» (Zeitgeist). En consecuencia, en la mayoría de conversaciones, raramente hay alguna alusión a obras clásicas de la literatura, o a algún tema que muestre cierta inquietud o que encare el sentido propio de la vida: pocas o ninguna referencia a películas que despierten cierto interés, o a obras musicales destacables y aún menos a ningún postulado social, filosófico o existencial. Se limita todo a libros de «diseño», películas de moda, series precocinadas o temas banales.

Pueden tener estudios universitarios y cobrar sueldos superiores a la media, pero el objetivo más destacado de su vida suele ser una diversión sin fin, para privarse de pensar en lo que realmente son en la vida e ignorando el «mal infinito» —como afirmaba Blaise Pascal— que nunca es suficiente. Es el efecto del agua salada, que cuanto más se bebe más sed se tiene, recordado por Arthur Schopenhauer.

En otro nivel de cosas, altos cargos de las finanzas y de la política han visto incrementado su poder adquisitivo gracias a una tergiversación de las leyes de la economía en beneficio propio, ignorando que la economía tenía —y debería continuar teniendo— como objetivo el reparto equitativo de la riqueza. La lista podría seguir…

La única «religión» que hoy parece captar la atención es el ecologismo y el cambio climático. Se ignora, quizá deliberadamente, que el desastre ecológico actual tiene su raíz en un desastre humanitario mucho más radical. Se trata de la «inhumanidad» de muchos de nuestros contemporáneos, tal como muestra de manera excelente la película Interstellar de Christopher Nolan (2014): la salvación del planeta no depende de la nueva religión de la naturaleza —el ecologismo—, sino que depende del hecho que nuestra especie sepa volver a la idea del ser humano como único ser que es un fin en sí mismo y nunca un medio para ninguna otra cosa. Ya lo afirmaba Emmanuel Kant y nos lo ha recordado el papa Francisco en la Encíclica Laudato si’.

Naturalmente, en toda época histórica decadente, no solo hay decadencia. También hay otra gente que tiene inquietudes y se preocupa por el bien de los otros y no solo para satisfacer los deseos más primarios. Pero esto no impide que «el espíritu de la época» esté marcado por el dulce encanto de la decadencia, precisamente porque no lo parece.

 

Joan Planellas

Religión digital

CONECTAR CON MARÍA PARA SANAR Y PROTEGER LA TIERRA


col bennasar

 

Durante el mes de septiembre, hemos estado celebrando el Tiempo de la Creación junto con el papa Francisco y la comunidad cristiana alrededor del mundo. Me ha nacido del corazón la pregunta: ¿y si pudiéramos dotar a la Tierra, a nuestro querido planeta, de la misma empatía y devoción que en el mundo cristiano sentimos hacia María de Nazaret? ¿Veríamos a la Tierra de manera diferente si le pusiéramos el rostro y la experiencia de María Madre? 

Ella, la Virgen, nos ha cobijado a todos, incluso en los momentos en que, tal vez desde la ignorancia, hemos abusado de la Tierra. ¡Qué distinto sería si antes de firmar contratos billonarios en lugares como la Amazonía, se les pusiese delante a los empresarios el rostro de la Virgen de su devoción o la figura que mejor representa el amor maternal! Quizás les haría reconsiderar la firma de contratos que sean sentencias de muerte para millones de especies y que lleven al agotamiento de oxígeno, vital para toda la humanidad. 

Leía recientemente dos frases que me han tocado profundamente y me inspiraron a compartir esta reflexión:

1. Dice la neurociencia que el corazón percibe 5000 veces más que el cerebro cualquier realidad de su entorno 

2. Están exterminando, literalmente, la Amazonía, de donde se saca muchas de las medicinas que empleamos en la actualidad. 

Ponerle al planeta el rostro de María de Nazaret es, de alguna manera, un llamado a sentir en el corazón la experiencia profunda de conectar con la creación más allá de lo que la mente con sus análisis nos pueda indicar.

Además de los inmensos estragos realizados en Latinoamérica, una maravilla de naturaleza virgen, hemos sido testigos del pánico que desató en agosto el fuego descontrolado en Canadá y Europa, en su mayoría provocado por seres humanos.

¿Cambiaría algo si al momento de provocar estos fuegos se les pusiese delante la imagen de María de Nazaret-Madre? ¿Cómo podemos destruir aquello que nos cura? Solo la ceguera puede ocasionar tal desastre. 

Por todas estas razones, emerge con fuerza la necesidad de ponerle rostro a la devastación que estamos causando. Basándonos en nuestra espiritualidad cristiana, que es encarnada, propongo a María de Nazaret como imagen y elemento de visualización e interiorización para fomentar en la conciencia colectiva la bondad y el respeto por todo lo que tocamos, porque todo es sagrado.

Hace unos días tuve un encuentro con Grey, la preciosa perra de mi nueva vecina, que nunca antes había visto enferma. Al saludar a ambas y observar con penita y cariño los ojos de Grey, recibí una mirada mimosa y tristona.

Hoy, la perra de nuevo apareció con mi vecina, paseando. Esta vez, al verme, se soltó de un tirón y corrió hacia mí con tal energía que me retiré para que no me tirase al suelo con su fuerza recuperada. Su mirada ya era fuerte y sana.

Experimentamos unos segundos de conexión y Grey lo percibió, y hoy soy su amiga. Lo mismo ocurrió con Luna, la perra de otra vecina de nuestra calle, que desde un kilómetro de distancia arrastra a su dueña hacia las personas que conoce hasta conseguir ese contacto y esa caricia que busca.

Y esta es la invitación, del corazón que percibe 5000 veces más que el cerebro, a conectarnos con todo y todos, para sentirnos parte y solución de la vida que estamos destruyendo y que se nos convoca a reconstruir.

¿Por qué creo que la presencia de María podría ayudarnos, como colectivo humano, a recuperar el corazón, y la conexión íntima con la naturaleza y así contribuir a su recuperación y sanación?

En primer lugar, María es una figura maternal reconocida a lo largo y ancho del mundo cristiano. No conozco ninguna cultura ni persona que no reaccione de manera positiva ante su madre, sacando lo mejor de sí.

En segundo lugar, María está como mujer vinculada con la tierra, la vida, lo femenino y la gestación. Esta conexión puede ayudarnos a pasar de una veneración lejana, medio fría o ausente, a una relación cercana, propia de un proceso normal de madurez espiritual.

Y, simplificando mucho, podemos visualizar interiormente la Tierra con sus especies y belleza y con el rostro de María de Nazaret, una figura maternal y protectora. Al igual que otros autores han hablado del Cristo Cósmico, esta perspectiva nos permite abrir nuestra mente a una maravillosa experiencia que, una vez interiorizada, nos abre a horizontes nuevos y nos invita a conectarnos con la Tierra como Madre. 

Conectar con Grey y Luna fue fácil, porque son tan preciosas y sencillas. Pero, ¿cómo nos conectamos con María como Tierra? ¿Y cómo podemos ver en la Tierra la grandeza de María? 

Comprendo que la figura de María tiene mucha carga cultural que debemos separar de la experiencia personal de conocerla y tratarla con cercanía, como madre y hermana mayor. 

Por eso, la Tierra, puede servirnos como un puente hacia esta conexión. A través de nuestros sentidos y la naturaleza podemos dejarnos deslizar hacia una interioridad que nos permita ver a la tierra con el rostro de María, madre.

Se nos invita a despertar y tomar conciencia de lo femenino, que a menudo ha sido minusvalorado en nosotras. Te invito a descalzarte y a caminar sobre hierba, tierra o arena. Siente el frescor de tu pisada desnuda sobre la tierra que nos sostiene. Visualiza a María de Nazaret caminando descalza por sus campos. Hoy somos nosotras, las personas comprometidas en una alianza de amor con el Creador, quienes caminamos por nuestros campos de tierra, tantas veces explotados e incluso violados. 

Respira, y en tu corazón, 5000 veces más sensible al entorno que tu cerebro, visualiza a María Madre Tierra.

Recuerda que miles de personas en todo el mundo hacemos lo mismo: respiramos al unísono gracias a las diferentes franjas horarias. Pongámosle rostro de María Madre a la Tierra que nos sustenta y dejemos que nuestro corazón perciba, sienta, respire, y tome decisiones desde esta conexión, con ella como apoyo e inspiración.

Desde el rincón donde en verano puedo zambullirme en el mar y respirar y sentir la vida, me conecto a la distancia con una montaña que es un santuario de María. A pesar de la sequía que la azota, sigue majestuosa y humilde, conectando con todo lo que vive.

Desde ese lugar refrescante en medio del tórrido verano en Europa, rezo, respiro y me conecto con todo. Siento el llamado a invitarte a unirte, porque cuando todos conectemos, compartiremos esta experiencia en nuestras aulas, comunidades, y actividades pastorales. Entonces la tierra y el mar respirarán con nosotras.

 

Magda Bennásar Oliver, sfcc

espiritualidadcym@gmail.com

globalsistersreport.org

https://www.globalsistersreport.org/es/spirituality/columnas/conectar-con-mar-para-sanar-y-proteger-la-tierra

ATENCIÓN, ¡EDUCADORES!


col anso

 

La noticia saltó a los medios de comunicación a principios de septiembre. Un grupo de estudiantes de Magisterio de la Universidad de La Rioja comenzaba el curso lanzando en el whatsapp lindezas de este tipo refiriéndose a sus compañeras y compañeros de pupitre: “Últimamente son todas muy putas”, “Hay que partirles las “bragas”, “No se aceptan mariquitas en Magisterio”… Muchas personas nos hemos indignado ante estas declaraciones y llenado de estupor al pensar que personas con semejantes actitudes y valores puedan entrar un día en un aula de un centro de enseñanza donde se supone que se trabaja para formar buenos ciudadanos y excelentes personas.

Ramón Sánchez, presidente del Consejo de Estudiantes de Magisterio, ha recalcado que “es algo marginal que no representa a los estudiantes de Magisterio”. De acuerdo, ¡faltaría más! Sin embargo, las declaraciones del rector Juan Carlos Ayala me parecen más preocupantes dado que invita a “hacer una reflexión sobre la normalización de este tipo de conductas”. Es decir, que no son tan minoritarias y esporádicas como podríamos pensar. Parece ser que en algunos círculos se ha creado un clima -afortunadamente minoritario- donde se convive con el manejo y banalización de este tipo de comentarios machistas y homófobos. Y hay que llamar la atención sobre estos usos del lenguaje porque revelan toda una mentalidad y una manera de ver el mundo. El lenguaje no es inocuo, es un instrumento mucho más “peligroso” de lo que pudiera parecer a primera vista. Su uso delata no solo nuestro nivel cultural, sino nuestra talla moral. Pero, además, determinados usos del lenguaje provocan cambios y consecuencias en la realidad. Estas expresiones que podrían llevar a pensar que “no es para tanto” forman parte de un todo muy alarmante. Así lo ha expresado Rosa Montero en un reciente artículo: “que un baboso te plante un beso en los morros sin que tú lo quieras no es ni mucho menos tan grave como ser violada y degollada en un callejón. Pero, por muy distantes que estén, ambas cosas forman parte de un mismo marco de valores”.

A estos datos se suman otros que nos alertan de una situación preocupante. Eduardo Esteban, fiscal coordinador de menores, comenta que la memoria anual de la Fiscalía General del Estado ha alertado de una “explosión delictiva” entre la juventud nunca antes vista. Por otro lado, el porcentaje de jóvenes entre 15 y 19 años que tiene ideas antifeministas o que piensan que es “un invento ideológico” ha crecido del 12% en 2019 hasta el 20% en 2022. Y sospecho que la homofobia no andará lejos de arrojar una estadística similar. Poner coto a esta lamentable situación no es fácil y requiere el concurso de los poderes del Estado, de las familias, de los maestros y profesores y de la sociedad entera. Hoy está muy extendida la tendencia a diluir la responsabilidad de estos tipos de conducta apelando a las desigualdades sociales y a los problemas familiares. No niego que sean serios condicionantes, pero tengo que decir que he conocido mucha gente, de humildísimo origen, con serios problemas y, sin embargo, de una conducta moral recta e intachable.

He titulado este artículo “Atención, ¡educadores!” pero, ojo, que nadie haga una lectura restrictiva: educadores o deseducadores somos todos. Educan los padres que regulan a sus hijos e hijas el uso de móviles y ordenadores y deseducan aquellos que los dejan navegar a discreción, sin orden ni criterio. Educan aquellos periodistas que hacen un esfuerzo por una aproximación objetiva a los hechos verificables y deseducan aquellos que propalan falsas noticias y tergiversaciones interesadas. Educan aquellos políticos que son capaces de anteponer el bien común a los intereses de partido y deseducan aquellos que practican una oposición de tierra quemada, de negación sistemática ante cualquier propuesta del partido gobernante. Educan aquellos médicos que explican que un embarazo no es una enfermedad y deseducan aquellos que, para evitarse problemas, firman bajas a tutiplén, sin causa objetiva. Educan aquellos trabajadores cuidadosos y escrupulosos con los bienes públicos y deseducan los que presumen de no gastar en mantequilla porque trabajan en la cocina de un hospital. Educan a aquellos entrenadores que fomentar una sana deportividad y deseducan aquellos que profieren rugidos del tipo “levántate del suelo, maricón”. Educan aquellos responsable de las leyes de educación que tienen el punto de vista orientado hacia la formación de personas y su educación emocional y deseducan aquellos que solo centran el objetivo de la educación en crear trabajadores y consumidores “competentes”… Seguro que ahora a cualquier lector se le ocurrirá sin esfuerzo poner otros tantos ejemplos.

En repetidas ocasiones y desde distintas instancias se ha reclamado de los políticos un gran pacto nacional sobre aspectos básicos como la educación y la sanidad (dos armas muy potentes de redistribución y justicia social). Un pacto que vaya más allá de una legislatura y pilotado por profesionales de los sectores implicados. Pero los políticos hacen oídos sordos y parecen ir solo a lo suyo, anegados en sus particulares intereses partidistas. Como persona que he dedicado treinta y siete años a la educación de adolescentes me ha gustado lo que ha declarado Fernando Trueba: “Hay tantas cosas que criticar de los planes de estudio… yo no sé quiénes los hacen, probablemente ahora ya los hacen las empresas. Desde luego, no se hacen planes de estudio para hacer personas, ni para formar a la gente ni para hacerla mejor. Ahora mismo se hacen para crear productores y consumidores, y esto es muy triste.” Digo que me ha gustado mucho lo que dice, pero sobremanera porque quien lo dice no es maestro ni profesor ni pedagogo, sino director de cine. Que también estos deben ser considerados educadores.

Así que, queridos amigas y amigos, el horno no está para bollos y el panorama que tenemos ante nuestros ojos bien requiere que hagamos un alto en el camino y una seria reflexión para coger una senda distinta si queremos dejar al final de nuestra vida un mundo un poco mejor que el encontrado. No vamos bien y tendremos que rectificar. No estaría mal empezar por revisar nuestros valores, nuestros estilos de vida, medir el grado de conformidad que tenemos con nosotros mismos… Probablemente necesitaríamos silencio, meditación, ciertas dosis de espiritualidad, un cambio, una conversión, aquello que los griegos llamaron “metanoia”.

 

Pedro Miguel Ansó Esarte

Exprofesor de Humanidades

¿POR "TODOS" O POR "MUCHOS" DESPUÉS DE LA JMJ DE LISBOA?


col zapatero

 

"Repitan todos conmigo: en la Iglesia caben todos, todos, todos", pedía el Papa Francisco a los asistentes a la JMJ de Lisboa.

Estas palabras de Francisco no han hecho sino reafirmarme aún más en lo que desde el principio tuve muy claro y que continué pronunciando siempre en el momento de la consagración durante los años que ejercí el ministerio sacerdotal, a pesar de la entrada en vigor, el 5 de marzo de 2017, de la tercera edición en español del Misal de Pablo VI, en el que se introducía "por muchos" en vez de "por todos", por lo que a las palabras de la consagración del vino se refiere. Es más, al "por todos los hombres" yo añadía siempre "y mujeres".

No quiero entrar a debatir ahora con biblistas, teólogos, etc., sobre si estas fueron o no las palabras pronunciadas por Jesús en la Última Cena. Ni tampoco con lingüistas sobre si el "por muchos", que pretende mantenerse fiel a la traducción latina "pro multis", continúa significando de igual manera "por todos". Ya sé que todo eso puede ser, quizás, muy importante y resultar necesario hacerlo a nivel de estudiosos e investigadores. Cierto. Pero a nivel del vulgo y del pueblo fiel que, en su mayoría, asiste a la celebración de la misa con buena fe, nadie lo pone en duda, pero, al mismo tiempo, movido por una profunda rutina, estos cambios de palabras, supresión en este caso, le dejan indiferente, en el mejor de los casos, o le producen un cierto desconcierto, en el peor de ellos. Que se me perdone el símil, pero, si pudiéramos meternos en las mentes de esas gentes, yo creo que la mayoría de ellos pensarían que eso es simplemente marear la perdiz.

Ya sé que a algunos, posiblemente a muchos, les faltará tiempo para tacharme de superficial, de menospreciar la liturgia (palabras, ritos, signos, etc.), incluso de falto de fe en los santos misterios. Si ellos así lo creen, tendrán sus razones. He procurado siempre que fuera el sentido pastoral el que marcara todo mi actuar y mi compromiso. Haciendo todo lo posible, para que la rigidez de las palabras y de los conceptos no fueran nunca un obstáculo que impidiera ver y descubrir la frescura del Evangelio y la profunda riqueza de la liturgia y de todas la celebraciones de la fe.

No sé si hay que explicar a la gente que eso de "muchos" quiere decir "todos", pero que, en cambio, "no todos" después, etc., etc.

Tengo muy claro que no ha lugar. En todo caso, lo que me sale del corazón es decirle a la gente, a todas y a todos, que Jesús invita a que vayan a Él todas y todos, sin ningún tipo de excepción, cuantos están cansados y agobiados para recibir la paz y el consuelo que brotan de Él a raudales. No invita a muchos, pero que significa todos, porque, claro, etc., etc. Decirles, también, que Dios, padre-madre, quiere a todas y a todos con locura y que los seguirá queriendo a pesar de todos los pesares y de las inmensas miserias que llevamos "todas y todos" dentro de nuestros corazones. Porque creo que de lo que estamos, y están faltos en general, todas y todos, es de sentirnos y sentirse queridos. Y sobrados, pero que muy sobrados, de distingos y matizaciones constantes que no conducen a nada. Que ya está bien de amenazas y advertencias. Que solamente cuando uno/a se siente querido/a y nota que le ronda por todas partes el amor, su vida, la nuestra, cambia de signo y de actitud. Dejar de estar a la defensiva, para pasar a vivirla a pecho descubierto, con el corazón lleno de confianza hacia ese Dios, padre-madre, que ama con locura y perdona sin condiciones. Y, al mismo tiempo, con el mismo corazón lleno de compasión y de acogida hacia el hermano.

No sé si Francisco pensaba en todo esto en Lisboa, cuando pidió que todos gritaran con él aquel "todos, todos, todos". Seguramente no. Pero yo me permito hacer mío, en este caso, el dicho italiano: "Si non è vero, è ben trovato".

Por eso, "Sangre derramada por todos los hombres y mujeres...".

 

Juan Zapatero Ballesteros

zapatero_j@yahoo.es

DNI13048035C  -   Tf 659339249

R. M Castellbell, 48A, 3,1 - Sant Feliu de Llobregat (BCN)

C.G.JUNG: LA ESPIRITUALIDAD COMO DIMENSIÓN ESENCIAL DEL ALMA


col boff

 

Hoy existe una preocupación fundamental: rescatar la razón sensible o cordial (del corazón) para equilibrar el exceso desastroso de la razón instrumental-analítica. Tenemos que armonizar el logos con el pathos, el anima con el animus si queremos resolver los problemas sociales y enfrentar la alarma ecológica. La mente está incorporada siempre, por lo tanto, siempre impregnada de sensibilidad y no solo cerebrizada. Jung vivía esta conexión profunda.

En sus Memorias dice: «hay tantas cosas que me llenan: las plantas, los animales, las nubes, el día, la noche y el eterno presente en los hombres. Cuanto más inseguro me siento sobre mí mismo, más crece en mí el sentimiento de mi parentesco con todo» (p. 361).

En este contexto afirma: «es importante proyectarnos en las cosas que nos rodean. Mi yo no está confinado a mi cuerpo. Se extiende a todas las cosas que hice y a todas las cosas a mi alrededor. Sin esas cosas, yo no sería el mismo, no sería un ser humano, sería tan solo un simio humano, un primate. Todo lo que me rodea es parte de mí… Estoy profundamente comprometido con la idea de que la existencia humana debe estar enraizada en la Tierra» (pp.189;190).

Para Jung, todas las cosas son más que cosas. Nos penetran en forma de símbolos y arquetipos, cargados de emociones y van componiendo la constelación de nuestro yo profundo. Viene al caso recordar esta confesión de C.G. Jung: «mi vida es la historia de la autorrealización del inconsciente». No dice de “mi inconsciente”, sino del inconsciente colectivo que posee dimensiones humanas, cósmicas, animales y vegetales. La culminación del proceso de individuación reside en la integración del todo del cual nos sentimos parte y parcela.

Pocos estudiosos del alma humana han dado más importancia a la espiritualidad que Jung. Veía en la espiritualidad una exigencia arquetípica fundamental de la naturaleza humana en la escalada rumbo a su completa individuación. La imago Dei o el arquetipo “Dios” ocupa el centro del Self: aquella energía poderosa, en lo más profundo de nuestra psique, que atrae todos los arquetipos y los ordena a su alrededor como el sol hace con los planetas (cf. el libro clásico de R. Hostie, C.G.Jung und die Religion, Karl Alber, Freiburg/München 1957).

Sin la integración de este arquetipo axial, el ser humano queda manco y con una incompletitud abismal. Por eso escribe:

«Entre todos mis clientes en la segunda mitad de la vida, es decir, con más de 35 años, no hubo uno solo cuyo problema más profundo no fuera la cuestión de su actitud religiosa. Todos en última instancia estaban enfermos por haber perdido aquello que una religión viva ha dado siempre, en todos los tiempos, a sus seguidores. Y ninguno se curó realmente sin recobrar la actitud religiosa que le era propia. Esto, está claro, no depende en modo alguno de la adhesión a un credo particular, ni de hacerse miembro de una iglesia, sino de la necesidad de integrar su dimensión espiritual».

La función principal de la religión o de la espiritualidad es religarnos a todas las cosas y a la Fuente de donde promana todo ser, Dios. Ese es el propósito básico del Mysterium Conjunctionis que Jung consideraba su opus magnum. Pues en él se trata de realizar la conjuntio, es decir, la conjunción del hombre integral con el mundus unus, el mundo unificado, el mundo del primer día de la creación cuando todo era uno y no había aún ninguna división ni diferenciación. Era la situación plenamente urobórica del ser. Esa fusión es el anhelo más secreto y radical del ser humano y el permanente llamado del Self.

El drama del hombre actual es haber perdido la espiritualidad y su capacidad de vivir un sentimiento de pertenencia.

Lo que se opone a la religión o a la espiritualidad no es el ateísmo o la negación de la divinidad. Lo que se opone es la incapacidad de ligarse y religarse con todas las cosas. Hoy las personas están desenraizadas, desconectadas de la Tierra, del anima, y por eso sin espiritualidad.

Para Jung el gran problema hoy es de naturaleza psicológica. No de la psicología entendida como disciplina o solo una dimensión de la psique, sino de la psicología en el sentido abarcador que le daba, como la totalidad de la vida y del universo en cuanto percibidos y articulados con el ser humano, sea por el consciente sea por el inconsciente personal y colectivo. Y en este sentido escribe: «Es mi convicción más profunda que, a partir de ahora hasta un futuro indeterminado, el verdadero problema es de orden psicológico. El alma es padre y madre de todas las dificultades no resueltas que lanzamos en dirección al cielo» (Cartas III, p.243). Siempre tuvo preocupación por el futuro de la humanidad. Previó, en sus visiones, a partir del inconsciente colectivo, la primera y la segunda guerra mundial. Ocurrieron como lo previó.

Me gustaría saber qué visiones tendría Jung sobre la alarma ecológica actual. Nos dejó una pista: una semana antes de su muerte, el 6 de junio de 1961, tuvo una terrible visión que reveló a Marie-Louise von Franz, que lo acompañó hasta el final:“gran parte del mundo sería destruído”. Pero añadió: “Gracias a Dios, no todo” (Jung vida e obra: uma memória biográfica por Barbara Hannah, Vozes 2022, p.478). Es lo que grandes analistas prevén en el caso de que no cambiemos el rumbo de nuestra cultura anti-vida, consumista y materialista.

El hecho es que la Tierra está enferma porque nosotros estamos enfermos. La Covid-19 lo mostró bien. En la medida en que nos transformamos, transformamos también la Tierra. Jung buscó esta transformación hasta su muerte. Es el único camino que nos puede librar de su visión terrible de destrucción de gran parte de nuestro mundo.

C.G.Jung demuestra ser un maestro y un guía que nos dibuja un mapa apto para orientarnos en estos momentos dramáticos en que vive la humanidad. Él creía profundamente en lo Transcendente y en el mundo espiritual. No será seguramente el capital material sino el capital espiritual, colocado ahora en el centro de nuestras búsquedas, el que nos permitirá evitar un armagedón ecológico. Entonces, así lo creo y espero, podremos vivir una fase nueva de la Tierra y de la Humanidad, la fase planetaria y ecoespiritual.

 

Leonardo Boff

Atrio

Traducción de Mª José Gavito Milano

*Leonardo Boff es coeditor de la traducción de la obra completa de C.G.Jung (19 vol), publicada por la Editora Vozes.

EL HERMANO DE ASÍS AL HERMANO DE ROMA


col arregi

 

Nunca quise ser importante, sino el hermano menor de los más pequeños y de todos los olvidados. Pero, por circunstancias de la historia, el día en que pasé de esta vida mortal a la Vida plena se convirtió en un día señalado para muchas hermanas y hermanos de sueños evangélicos.

El tránsito –que quise consumar “desnudo en la tierra desnuda”– tuvo lugar tal día como hoy, 3 de octubre de 1226, hace casi 800 años, en aquella celdita de ramas y tierra en la Porciúncula de Asís, el lugar de mis amores y de mis sueños. En el atardecer de este día os escribo, hermanas y hermanos todos de la Tierra. Al día siguiente me enterraron en la iglesia, fundida mi tierra con toda la tierra hermana y madre. ¡Qué descanso! ¡Qué libertad! ¡Qué plenitud! Uno con la tierra, el agua y el aire, con las alondras, las aves y todos los animales, uno con todos los seres humanos, sobre todo con los últimos y todos los desconocidos. Uno con Dios.

Desde niño fui soñador. Soñé con otro mundo en este mundo, donde no hubiera señores y siervos, ricos y pobres, palacios y tugurios, ejércitos y guerras y tanta miseria. Incluso antes de conocer de verdad a Jesús y antes de creer en las llamadas verdades del Credo, soñé vagamente con otra Iglesia sin papas con ejércitos y en guerra, sin clérigos poderosos, sin ambiciones ni riquezas ni monopolio de la verdad.

Luego, cuando aprendí a mirar a Jesús en el aquel misterioso crucificado lleno de paz y de luz en la penumbra de la ermita de San Damián –¡aquellos atardeceres de Asís!–, entonces todo encajó en lo profundo de mí. Quería ser como aquel Jesús. Sentía a veces una irresistible rebelión y una paz invencible. Y quise ser rebelde y pacífico. Quise ser hermano de todos, incluso de los grandes señores, y transformar de raíz aquel mundo desgarrado. Y fui sintiendo un impulso intenso por reformar aquella Iglesia de señores de las conciencias y de la verdad, aliados con señores de las tierras y del comercio. Pero decidí no dedicarme a proclamar y promover directamente la reforma irrenunciable de la Iglesia, sino vivir la reforma que soñaba. Por eso no quise ser clérigo ni monje, sino peregrino y compañero de vida de los más pobres, como Jesús. Y todo me decía que la transformación del mundo y de la Iglesia eran inseparables.

Han pasado los siglos, y veo con pasmo que el mundo está más desgarrado que nunca y amenazado por peligros inminentes jamás sospechados. Y veo con tristeza que la institución que se presenta como Iglesia católica de Jesús, en tiempos de tanta gravedad, sigue aferrada al pasado en sus creencias e instituciones, dedica casi todas sus energías a asuntos internos, y limita sus proyectos de reforma a triviales cuestiones de fachada y de aseo. Por eso me permito dirigirme a mi hermano Francisco de Roma con respeto y libertad, como el más pequeño de sus hermanos:

Te deseo Paz y Bien, hermano Francisco de Roma y de las pampas argentinas. Hace 8 siglos, en mi Umbría medieval, me dirigí a “mi señor papa”, pero los tiempos han cambiado. La Vida nos lleva de transformación en transformación. La Vida es permanente novedad en su Fuente indecible y en todas sus formas visibles. El Soplo vital originario, que es también el Espíritu universal de Pentecostés, nos llama a transformar radicalmente la institución de la Iglesia para contribuir con la inspiración de Jesús a la urgente transformación del mundo.

Reconozco, hermano Francisco de Roma, tus esfuerzos, tu valentía y generosidad en medio de tantas resistencias políticas y episcopales. Tu voz resuena en todos los países en favor de la justicia y de la paz, en favor de la vida de todos los empobrecidos, de los pueblos oprimidos, de la comunidad de los vivientes sin respiro. Y me inclino ante ti. Pero déjame que, de Asís a Roma, de corazón a corazón, de hermano a hermano, te diga con humildad y libertad: no percibo la misma claridad y determinación en tu programa de reforma de la Iglesia católico-romana que presides. Los tres sínodos generales celebrados, con todo su fasto y su derroche excesivo, no han traído ninguna novedad de fondo, ningún avance decisivo, y nada anuncia que el cuarto, el “sínodo de la sinodalidad” cuya última fase se inaugura el día de mi tránsito a la plena liberad, vaya a romper con la raíz principal de los males de la Iglesia: el clericalismo. El clericalismo que relega a la mujer, que reprime el cuerpo y la sexualidad en general y la homosexualidad y las diferencias de género en particular. El clericalismo que se traduce en dominación y en abusos y agresiones. El clericalismo que divide y separa, el clericalismo que se opone a las palabras de Jesús: “No haya entre vosotros ni padres, ni maestros ni señores, pues todos sois hermanas y hermanos”.

La Iglesia no podrá ser presencia inspiradora, sanadora, liberadora en este mundo en grave peligro, mientras no erradique de su seno la raíz clerical, ligada a la ambición de poder. Y, para erradicar esa raíz dañina, no bastará con dar la voz y el voto en el sínodo a dos o tres mujeres, ni con ordenar como sacerdotes a varones casados de virtud probada, ni con ordenar diaconisas de segundo orden. Es necesario derogar la idea misma del “orden sagrado” con el papado en su base, y la ideología patriarcal y la lógica del poder sagrado sobre las que descasa. Y la imagen de Dios que la sostiene.

Hermano Francisco, volvamos al camino y al espíritu de Jesús. Volvamos a la Fuente de toda fraterno-sororidad. Que la Vida te bendiga y te dé la paz.

 

José Arregi

Aizarna, 3 de octubre de 2023

LLAMAD@S A CUIDAR LA VIÑA DE DIOS


col Carme Soto

 

De nuevo Mateo nos presenta a Jesús invitando a sus oyentes a imaginar una historia y reaccionar ante lo que en ella acontece. Este relato se situ en los acontecimientos que se desarrollan en Jerusalén y que terminarán con la crucifixión de Jesús.

Desde su llega a Jerusalén (Mt 21) Jesús vive un conflicto abierto con las autoridades religiosas que cuestionan su autoridad y su mensaje. La parábola que recordamos hoy forma parte de la conversación que él tiene con los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo dentro del recinto del Templo (Mt 21, 23) y que está unida con la que escuchábamos el domingo pasado (Mt 21, 28-32) y que continuará en el capítulo siguiente (Mt 22) .

Escuchad esta otra parábola

La parábola presenta a un señor que arrienda una viña a unos campesinos y cuando envía a sus empleados a recoger la parte de la cosecha que le corresponde por el arriendo, los labradores reiteradamente se niegan a entregarle su parte y lo hace de forma violenta, matando a los emisarios. El hecho de que ricos terratenientes, que vivían en las ciudades, arredraran a campesinos sin tierras sus propiedades en el campo a cambio de parte de la cosecha era una situación frecuente en la Palestina del siglo I. Una realidad que no sería dramática para el arrendatario sino estuviese agravada por los impuestos que debían de pagar tanto en forma de diezmos a los sacerdotes como de tributos al Roma y a Herodes y que apenas les permitía quedarse con un mínimo para sus sustento y el de sus familias. Esta carga económica suponía con frecuencia un progresivo endeudamiento de los campesinos que podía llevarlos a la pobreza absoluta incluso a la esclavitud.  Esta situación generaba cada vez mayor inestabilidad social produciéndose diversos movimientos campesinos en contra de los abusos de las elites o de los romanos.

Partiendo de este contexto conocido, Jesús desafía a sus oyentes a identificarse con los viñadores homicidas revelándoles así que es consciente de que su vida está amenazada porque ellos, como líderes religiosos de Israel, están actuando como los arrendatarios de la parábola. La alusión a la viña evoca textos proféticos de Isaías y Jeremías reforzando así su denuncia de la tradición que ellos están cometiendo contra la alianza que Dios hizo con Israel:

“La viña del Señor todo poderoso es el pueblo de Israel…Esperaba de ellos derecho y no hay más que asesinatos, esperaba justicia y solo hay lamentos” (Is 5,1-7)

“Yo te había plantado como viña selecta, llena de las mejores cepas. ¿Cómo te has convertido en cepa degenerada?” (Jr 2,21).

De este modo Jesús se identifica con el Hijo de la parábola y actualiza en su propia vida la memoria profética de Israel. Su anuncio del Reino es una llamada clara a escuchar al@s pobres, a l@s oprimid@s... a buscar la justicia, a no convertir la religión en una excusa para el abuso. Dios quiere que cuiden de su viña, que la hagan fructificar desde la acogida, la bondad y el perdón.

La piedra que rechazaron los constructores

Mateo al recoger en su evangelio esta parábola le va a dar un toque personal para confirmar la fe de su comunidad que estaban experimentando el rechazo den sus hermanos judíos por su fe en Jesús.  

Mateo invita a sus oyentes a reconocer en la parábola el destino de Jesús. Él era el hijo asesinado y su muerte en la cruz demostraba una vez más la infidelidad de Israel al camino que Dios le había propuesto. La pregunta puesta en boca de Jesús al final de la parábola: ¿qué hará el dueño de la viña con estos viñadores? (Mt 21, 40) tiene en el testimonio de quienes le siguen una respuesta clara: Lo habían matado, pero Dios lo había resucitado confirmando así su vida y su mensaje.

Desde esta certeza pueden recordar las palabras del salmo 118. En ellas sostienen su esperanza porque saben que los que se creían arquitectos de la fe han fracasado en su elección.  Jesús es la piedra angular desde la que construir comunidad (Sal 118, 22- 23) y por eso, pueden afrontar el rechazo, el abandono como lo había afrontado Jesús.  Ellos y ellas son ahora los llamados y llamadas a cuidar la viña de Dios y han de hacerlo desde la justicia, la bondad y el perdón. Ellos y ellas, como comunidad del Reino han de dar fruto abriendo las puertas de su casa a quien quiera escuchar su mensaje y encuentre junto a ellos y ellas un camino de vida y salvación.

Hoy, herederas y herederos de aquellas comunidades primeras como la de Mateo, seguimos estando invitadas/os a cuidar la viña de Dios, a cuidar a nuestros hermanos y hermanas, a construir espacios de sororidad y fraternidad, al estilo de Jesús que es la piedra angular de nuestra casa. La parábola nos invita al discernimiento para que no nos apropiemos del mensaje del Reino, desvirtuándolo y alejándolo del horizonte al que señaló Jesús. El horizonte de los/as pequeños/as, de los perseguidos/as, de los abandonados/as, el horizonte del amor compasivo de Dios.

DURA CRÍTICA A LOS DIRIGENTES RELIGIOSOS José Antonio Pagola

 JOSÉ ANTONIO PAGOLA

No es fácil remontarse hasta el relato original, pero, probablemente, no era muy diferente del que podemos leer hoy en la tradición evangélica. Los protagonistas de mayor relieve son, sin duda, los labradores encargados de trabajar la viña. Su actuación es siniestra. No se parecen en absoluto al dueño que cuida la viña con solicitud y amor para que no carezca de nada.

No aceptan al señor al que pertenece la viña. Quieren ser ellos los únicos dueños. Uno tras otro, van eliminando a los siervos que él les envía con paciencia increíble. No respetan ni a su hijo. Cuando llega, lo «echan fuera de la viña» y lo matan. Su única obsesión es «quedarse con la herencia».

¿Qué puede hacer el dueño? Terminar con estos viñadores y entregar su viña a otros «que le entreguen los frutos». La conclusión de Jesús es trágica: «Yo os aseguro que a vosotros se os quitará el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

A partir de la destrucción de Jerusalén el año 70, la parábola fue leída como una confirmación de que la Iglesia había tomado el relevo de Israel, pero nunca fue interpretada como si en el «nuevo Israel» estuviera garantizada la fidelidad al dueño de la viña.

El reino de Dios no es de la Iglesia. No pertenece a la jerarquía. No es propiedad de estos teólogos o de aquellos. Su único dueño es el Padre. Nadie se ha de sentir propietario de su verdad ni de su espíritu. El reino de Dios está en «el pueblo que produce sus frutos» de justicia, compasión y defensa de los últimos.

La mayor tragedia que puede sucederle al cristianismo de hoy y de siempre es que mate la voz de los profetas, que los sumos sacerdotes se sientan dueños de la «viña del Señor» y que, entre todos, echemos al Hijo «fuera», ahogando su Espíritu. Si la Iglesia no responde a las esperanzas que ha puesto en ella su Señor, Dios abrirá nuevos caminos de salvación en pueblos que produzcan frutos.

ENTRE DIOS Y TÚ NO PUEDE HABER INTERMEDIARIO ALGUNO DOMINGO 27 (A) Mt 21,33-43

fe adulta

col fraymarcos

 


De las tres parábolas con que responde Jesús a los jefes religiosos (los dos hijos a la viña, los viñadores homicidas y el banquete de boda), la de hoy es la más provocadora. Al rechazo de los jefes responde Jesús con suma crudeza. Esta parábola se narra ya en el evangelio de Mc, del que copian Mt y Lc. Cuando se escriben ya se había producido la muerte de Jesús, la destrucción de Jerusalén y la separación de los cristianos de la religión judía. Era muy fácil anunciar como profecía, lo que había sucedido ya.

Aunque el relato puede verse como parábola, el mismo Mt nos la presenta como una alegoría, donde, a cada elemento del relato corresponde un elemento metafórico espiritual. El propietario es Dios. La viña es el pueblo elegido. Los labradores son los jefes religiosos. Los enviados una y otra vez son los profetas. El hijo es el mismo Jesús. Los frutos que Dios espera son derecho y justicia. El nuevo pueblo, a quien se ha entregado la viña, que tiene que producir abundantes frutos, es la comunidad cristiana.  

El relato del evangelio es copia, casi literal, del texto de Isaías. Pero si nos fijamos bien, descubriremos matices que cambian sustancialmente el mensaje. En Is el protagonista es el pueblo (viña), que no ha respondido a las expectativas de Dios; en vez de dar uvas, dio agrazones. En Mt los protagonistas son los jefes religiosos (viñadores), que quieren apropiarse de los frutos e incluso de la misma viña. No quieren reconocer los derechos del propietario. Pero al final se retoma la perspectiva de Isaías porque se dice que la viña será entregada a otro pueblo, cosa que ni a Isaías ni a Jesús se le podía ocurrir.

Como los domingos anteriores, se nos habla de la viña. Una de las imágenes más utilizadas en el AT para referirse al pueblo elegido. Seguramente, Jesús recordó muchas veces el canto de Isaías a la viña; sin embargo, no es probable que la relatara tal como la encontramos en los evangelios. No solo porque en él se da por supuesto la muerte de Jesús y el total rechazo del pueblo de Israel, sino también porque a ningún judío le podía pasar por la cabeza que Dios les rechazara para elegir a otro pueblo. Por lo tanto, está reflejando una reflexión de la comunidad cristiana muy posterior a Jesús.

Se os quitará la viña y se dará a otro pueblo que produzca sus frutos. Una manera muy bíblica de justificar que los cristianos se consideraran ahora el pueblo elegido. Esto era inaceptable y un gran escándalo para los judíos que consideraban la Ley y el templo como la obra definitiva de Dios, y ellos, sus destinatarios exclusivos. El relato no sólo justifica la separación, sino que también advierte a las autoridades de la comunidad que pueden caer en la misma trampa y ser rechazada como pueblo elegido.

Recordemos que entre la Torá (Ley) y el mensaje del Jesús, existe un peldaño que a veces olvidamos, y que seguramente hizo posible que la predicación de Jesús prendiera, al menos en unos pocos. Recordad las veces que se dice en el evangelio: “para que se cumplieran las escrituras”. Ese escalón intermedio fueron los profetas, que dieron chispazos increíbles en la dirección correcta; aunque no fueron escuchados. Muchas de las enseñanzas de Jesús, y precisamente las más polémicas, ya las encontramos en ellos.

La piedra desechada es ahora la piedra angular, es ya la apreciación cristiana de la figura de Jesús. Jesús no pudo contemplar el rechazo del pueblo judío como la causa de su muerte. Jesús nunca pretendió una nueva religión, ni inventarse un nuevo Dios. Jesús fue judío por los cuatro costados, y nunca dejó de serlo. Muy a su pesar, su predicación dio lugar al nacimiento del cristianismo. El traspaso de la viña a otros, sobrepasa el pensamiento bíblico. El pueblo elegido es castigado, pero permanece como elegido.

Tendremos verdadera dificultad en aplicarnos la parábola si partimos de la idea de que aquellos jefes religiosos eran malvados y procedían por mala voluntad. Nada más lejos de la realidad. Su preocupación por el culto, por la Ley, por defender la institución, por el respeto a su Dios era sincera. Lo que les perdió fue la falta de autocrítica y confundir los derechos de Dios con sus propios intereses. De esta manera llegaron a identificar la voluntad de Dios con la suya propia y creerse dueños y señores del pueblo.

No se pone en duda que la viña dé frutos. Se trata de criticar a los que se aprovechan de los frutos que corresponden al Dueño. A Jesús le mataron por criticar el mal uso que  hacían los jefes de la religión. Atacó radicalmente los dos pilares sobre los que se sustentaba. No criticó el templo y la Ley en sí, sino la interpretación que hacían de ambos. También nuestros dirigentes son administradores y no dueños de la viña. La tentación de aprovechar la viña en beneficio propio es hoy la misma que en tiempo de Jesús.

La historia nos demuestra que es muy fácil caer en la trampa de identificar los intereses propios o de grupo, con la voluntad de Dios. Esta tentación es mayor cuanto más religiosa sea la comunidad. Esa posibilidad no ha disminuido un ápice en nuestro tiempo. El primer paso para llegar a esta nefasta actitud es separar el interés de Dios del interés del ser humano concreto y personal. El segundo paso es oponerlos. Dados estos pasos ya tenemos justificado que se pueda machacar impunemente al hombre en nombre de Dios.

¿Qué espera Dios de mí? Dios no puede esperar nada de mí porque nada puedo darle. Él es el que se nos da totalmente. Lo que Dios espera de nosotros no es para Él sino para nosotros. Lo que Dios quiere es que todas y cada una de sus criaturas alcance el máximo de ser. Como seres humanos, tenemos que alcanzar nuestra plenitud precisamente por nuestra humanidad. Desde que nacemos tenemos que estar en constante evolución. Jesús alcanzó esa plenitud y nos marcó el camino para que todos podamos llegar a ella.

¿De qué frutos nos habla el evangelio? Los fariseos eran los cumplidores estrictos de la Ley.  Isaías dice: “esperó de ellos derecho y ahí tenéis asesinatos; esperó justicia y ahí tenéis lamentos”. La Torá hubiera dicho: esperó sacrificios, esperó un culto digno, esperó oración, esperó ayuno, esperó el cumplimiento de la Ley.  Al pedir derecho y justicia demuestra que el bien del hombre es lo más importante. Jesús da un paso más. No habla ya de “derecho y justicia” sino de amor total que es la norma suprema.

La denuncia nos afecta a todos, porque todos tenemos algún grado de autoridad y todos la utilizamos buscando muestro propio beneficio en lugar de buscar el bien de los demás. No sólo el superior autoritario que abusa de sus súbditos como esclavos a su servicio, sino también la abuela que dice al niño: si no haces esto, o dejas de hacer aquello, Jesús no te quiere. Siempre que utilizamos nuestra superioridad para domesticar a los demás, estamos apropiándonos de los frutos que no son nuestros.

 

DE CANCIÓN DE AMOR A CANCIÓN DE MUERTE Domingo 27. Ciclo A

 col sicre art

fe adulta

El domingo pasado, Jesús denunció a las autoridades religiosas y políticas por no haber creído a Juan Bautista ni haberse dejado interpelar por el buen ejemplo de los recaudadores de impuestos y las prostitutas. Este domingo, el ataque es más duro: los acusará de ladrones y asesinos. Para comprenderlo hay que remontarse ocho siglos, hasta la época de Isaías.

Acto I: Explanada del templo de Jerusalén. Hacia 735 a.C.

El murmullo se apaga lentamente. Cuando se hace silencio, Isaías se dirige a la gente congregada: «Voy a cantar una canción de amor. Del amor de mi amigo a su viña». El público sonríe incrédulo. No imagina al profeta cantando una canción de amor. Lo más frecuente en él son denuncias y elegías.

La canción habla del trabajo entusiasta que dedica su amigo a una hermosa viña: entrecava el terreno, lo descanta, plata buenas cepas, construye una atalaya y, esperando una magnífica cosecha, cava un lagar. Al cabo del tiempo, la viña, en vez de dar uvas hermosas y dulces, da ácidos agrazones.

Isaías aparta la cítara y mira fijamente al público: «Ahora os toca a vosotros hacer de jueces entre mi amigo y su viña. ¿Podía hacer por ella más de lo que hizo?».

La gente guarda silencio e Isaías continúa: «Voy a deciros lo que hará mi amigo: derribará su valla para que sirva de pasto a ovejas y cabras, para que la pisoteen mulos y toros; la arrasará para que crezcan en ella zarzas y cardos, y prohibirá a las nubes que lluevan sobre ella».

El profeta se interrumpe y pregunta de nuevo: «¿Quién es mi amigo y cuál es su viña?». Pero no da tiempo a que nadie intervenga: «La viña del Señor sois vosotros, los hombres de Israel y de Judá. Dios ha hecho mucho por vosotros, y esperó a cambio que practicarais el derecho y la justicia, que os portarais bien con el prójimo. Pero sólo habéis producido asesinatos y provocado lamentos».

Acto II: Explanada del templo de Jerusalén. Hacia año 29 de nuestra era.

Jesús acaba de contar a los sacerdotes y senadores la parábola de los dos hermanos, advirtiéndoles que las prostitutas y los publicanos les llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Inmediatamente, sin darles tiempo a reaccionar ni responder, les dice:

-Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar…

-Ésa ya la sabemos, comenta uno en voz alta. Esa no es tuya, es de Isaías.

Jesús no se inmuta. Y la parábola toma de repente un rumbo imprevisible. A diferencia de la viña de Isaías, esta sí da fruto. El problema no radica en la viña, sino en los viñadores, que se niegan a entregar los frutos a su legítimo propietario.

El drama se desarrolla en tres etapas. En las dos primeras, el dueño envía unos criados, y los viñadores los apalean, matan o apedrean. En la tercera, envía a su propio hijo. Cuando lo matan, Jesús, igual que Isaías, se encara con los oyentes, pidiéndoles su opinión: «¿Qué hará con aquellos labrado­res?»

A diferencia de lo que ocurre en Isaías, los oyentes intervienen, emitiendo una sentencia tremendamente dura: los viñadores merecen la muerte y la viña será entregada a otros más honrados.

Tres grandes enseñanzas

1. La canción de la viña de Isaías insiste en una idea que a muchos cristianos todavía les resulta extraña: el amor de Dios se paga con amor al prójimo. Dios ha hecho mucho por los israelitas, pero lo que pide de ellos no es actos de culto sino la práctica de la justicia y el derecho. Jesús dirá que el segundo mandamiento (amar al prójimo) es tan importante como el primero (amar a Dios). Y la 1ª carta de Juan afirma: «Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amar… a nuestros hermanos».

2. Para Jesús, a diferencia de Isaías, el pueblo no es una viña mala e improductiva. Al contra­rio, da frutos a su tiempo. El mal radica en las autoridades religiosas, que consideran la viña propiedad privada y no recono­cen a su auténtico propietario. Por eso Mateo termina con un comentario incomprensiblemente suprimido por la liturgia: «Al oír sus parábolas, los sumos sacerdotes y los fariseos se dieron cuenta de que iban por ellos» (v.45). Sería completamente equivocado utilizar la homilía de este domingo para atacar al público presente, que bastante hace con soportarnos. Quienes debemos sentirnos especialmente interpelados somos los que tenemos una responsabilidad dentro de la comunidad cristiana.

3. En su versión final (véase el apartado siguiente), la parábola subraya la importancia y triunfo de Jesús. Después de todos los profetas (los criados), él es “el hijo”, lo más valioso que Dios puede mandar. Y aunque las autoridades religiosas lo infravaloren y desprecien, él termina convertido en la piedra angular del nuevo edificio de la Iglesia.

La complicada historia de la parábola

Ya que esta parábola sólo se encuentra en el evangelio de Mateo, se discute si la contó realmente Jesús o es creación del evangelista. Cabe una tercera postura: la parábola la contó Jesús, pero fue adaptada más tarde por Mateo.

En esta última hipótesis, la parábola primitiva hablaría sólo del envío de los criados, los profetas, a los que los viñadores apalean, matan o apedrean. Y terminaría con las palabras: «Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Cuando mataron a Jesús, los primeros cristianos pensaron que este era el mayor crimen, y Mateo habría añadido las palabras referentes al envío y la muerte del hijo. En la misma línea de subrayar la importancia de Jesús se habrían añadido las palabras del Salmo 118,22: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente». Es un cambio fuerte de metáfora. Los viñadores se convierten en arquitectos, y el hijo en una piedra. Los constructo­res la desechan, porque no la consideran válida como piedra angular, la que soporta el peso de todo el arco. Sin embargo, Dios la coloca en un puesto de privilegio. Con este añadido, la parábola pierde en clari­dad, pero advierte a las autoridades religiosas que su crimen no ha servido de nada, y alegra a los cristianos con la certeza del triunfo de Jesús.

La paz de Dios y la forma de conseguirla (Filipenses 4,6-9)

La lectura de Pablo comienza con las palabras: «Nada os preocupe», y repite más adelante dos promesas muy parecidas: «La paz de Dios custodiará vuestros corazones» y «el Dios de la paz estará con vosotros». La paz, siempre necesaria, lo es quizá más en este tiempo. Pablo indica a los cristianos de Filipos tres recursos para conseguirla: 1) la oración, la súplica y la acción de gracias; 2) tener en cuenta todo lo que es virtud o mérito; 3) poner por obra lo que recibieron, oyeron y vieron en él.

Si reflexionamos sobre estos recursos y los ponemos en práctica, conseguiremos la paz de Dios.

FRENTE A LA DECEPCIÓN, CONSCIENCIA Domingo XXVI del Tiempo Ordinario 8 de octubre Mt 21, 33-43

col lozano art

 

fe adulta

Parece claro que todo este texto es una construcción de aquellos primeros discípulos de Jesús, que necesitaban entender y dar razón de lo que había sucedido. En función de su propia creencia, hacen una relectura, más o menos sesgada, de la historia de su propio pueblo (judío); presentan a Jesús como el “hijo”, al que reconocen como la “piedra angular” del nuevo proyecto; y se consideran a sí mismos como el “nuevo pueblo” a quienes se entrega el proyecto del “Reino de Dios” con el compromiso de que fructifiquen.

Hasta aquí, la lectura que aquellas comunidades creyentes hicieron de la persona y la muerte de Jesús. Pero la descripción inicial que hace la parábola puede fácilmente extrapolarse a cualquier momento de la historia de nuestra humanidad. Porque no es difícil, al contemplar la situación de un mundo marcado por la desigualdad, la injusticia y el conflicto, sentir una enorme decepción. Los “labradores” -por utilizar el lenguaje de la parábola- siguen sin entregar frutos adecuados y se dedican a maltratarse entre sí.

¿Cómo vivir y qué hacer ante ese sentimiento de decepción? Más allá de lo que cada persona sienta que ha de aportar y de la forma de compromiso que haya de adoptar, me parece que la cuestión decisiva pasa por “crecer en consciencia” de lo que somos y vivir en coherencia con ello. Solo la comprensión profunda -no me refiero al mero entender mental- tendrá el poder transformador que haga posible otro modo de ver y otro modo de vivir.

Visto desde el plano profundo, el mundo de las formas se percibe como una gran representación o teatro: “el gran teatro del mundo”, del que hablara Calderón de la Barca. Pero, inmersos en él, podemos vivirlo desde la ignorancia que nos reduce a un papel en el mismo o desde la comprensión que nos muestra la profundidad plena más allá de las formas que se mueven. Esta es la comprensión que transforma.

 


CIENCIA Y RELIGIÓN (EL COSMOS)

fe adulta

col munarriz

comentario editorial fa7

 

Las parábolas de la reprobación están dirigidas específicamente a las autoridades judías, y su aplicación a nosotros es poco evidente. Por eso, vamos a aprovechar estos dos domingos para abordar un tema que nos incumbe: ¿Hasta qué punto el avance de la ciencia está estrechando el espacio necesario para creer en Dios?...

Einstein dijo en cierta ocasión que “el hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir”, y quizás esta historia sea una buena prueba de ello.

Allá por el año 1931, un jesuita belga (y matemático prodigioso) de nombre Georges Lemaître, lanzó por primera vez la idea de un universo en permanente expansión, y añadió que, remontándose hacia atrás en el tiempo, su dimensión inicial tuvo que haber sido ínfima. Aventuró que su origen pudo ser la explosión de una partícula de dimensiones ínfimas y densidad infinita a la que llamó “átomo primigenio”.

Esta hipótesis fue acogida con gran hostilidad por parte de la comunidad científica, aduciendo que Lemaître pretendía favorecer con ella sus ideas religiosas acerca de la Creación. Poco más tarde, Edwin Hubble demostró empíricamente que el Universo se está expandiendo, y la idea de Lemaître comenzó a ser aceptada. Sobre los años cincuenta, George Gamow, brillante físico ucraniano, desarrolló un modelo completo y convincente que hizo de la teoría de Lemaître una teoría respetable.

Así nació el “Modelo Estándar del Big Bang” que está hoy generalmente aceptado por la comunidad científica. Este modelo hace una descripción detallada y rigurosa del proceso que tuvo lugar a partir de aquella gran explosión, aunque, eso sí, renunciando a explicar las causas que la originaron. Sus fundamentos teóricos hay que buscarlos en la teoría especial de la relatividad de Einstein y la mecánica cuántica, y su fiabilidad está avalada por las observaciones y experimentos llevados a cabo en diversos observatorios y aceleradores de partículas.

Básicamente, este modelo sostiene que en el momento del Big Bang se generó un gran flujo de radiación en todas las direcciones, y que ésta energía acabó produciendo los átomos más ligeros de la tabla periódica; hidrógeno, deuterio y helio. Añade que las fluctuaciones de densidad existentes en aquel Universo primigenio dieron lugar a estrellas y galaxias, y que en el interior de las estrellas se fabricaron los átomos más pesados —del litio al uranio—, debido a las condiciones extremas de presión y temperatura allí existentes. Arrojados al espacio por explosión de las supernovas que los contenían, dieron lugar a los meteoritos, planetas y demás cuerpos densos que pueblan el cosmos...

Un relato fascinante, sin duda, pero que no explica de dónde procedía esa partícula primitiva (o esa acumulación de energía) que desencadenó el Big Bang, y que, por tanto, no desvela el enigma del origen del universo y de nuestra propia existencia. Algunos científicos han desarrollado teorías para responder a este enigma, pero todas ellas presentan inconsistencias tan sustanciales que les impiden ser aceptadas como parte integrante del Modelo Estándar del Big Bang.

La postura más común entre los científicos de prestigio la vemos en James Peebles, Premio Nobel de física de 2019, quien, en una entrevista en la embajada sueca en Washington tras obtener el galardón, manifestó lo siguiente: «Lo que sí tenemos es una teoría de la evolución bien probada desde unos segundos después de la explosión. Sin embargo, la misteriosa fase inicial sigue siendo eso, un misterio»

Y es que, sin leyes físicas ni datos empíricos previos al Big Bang, éste se ha convertido en un muro infranqueable en el que la ciencia ha encontrado su frontera. Ello nos invita a buscar las respuestas a las preguntas límite de nuestra existencia en ámbitos distintos al ámbito científico, por ejemplo, el religioso, pues, como decía Einstein: «La ciencia sin la religión es coja, y la religión sin la ciencia es ciega».

Si recurrimos al Génesis para entender qué pasó, vemos que los cronistas de sus dos primeros capítulos nos describen a su modo la Creación, pero de su descripción se desprende que no tienen ninguna vocación científica y que les importa un bledo cómo se formó el mundo o cómo surgió el primer hombre.

El único mensaje que tratan de transmitir es que el mundo es obra de Dios, y que el hombre está alentado por el soplo de Dios; por el espíritu de Dios... Eso sí, para envolver el mensaje se inventan un relato precioso que hace tangible el suceso. No saben nada de física, ni de genética ni de evolución, y aunque hubiesen sabido, el relato científico les habría parecido totalmente irrelevante frente al mensaje central que nos trasmiten.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

miércoles, 27 de septiembre de 2023

Superados seis de los nueve límites planetarios que permiten la vida en la Tierra

 Juan F. Samaniego

Rebelión

Fuentes: La marea climática
Una nueva investigación del Stockholm Resilience Centre cuantifica por primera vez los nueve límites planetarios. Seis de ellos han sido superados, multiplicando los riesgos para nuestra especie y el resto de la biodiversidad del planeta. Ver noticia

La inmigración consecuencia del neoliberalismo

Lois Pérez Leira

kaosenlared

La emigración global sigue en aumento. Según Naciones Unidas, en 2020 había alrededor de 281 millones de migrantes internacionales, un aumento de 51 millones desde 2010. Los principales países de destino siguen siendo Estados Unidos, Alemania, Arabia Saudita, Rusia y Reino Unido. Los principales países de origen son India, México, China, Rusia y Siria. Ver noticia