O PARA COMPARTIR?
26 de julio de 2026
Cuando leemos la Palabra con atención, con ojos y corazón abierto, siempre nos da luz. Eso sí, hace falta estar vivo ante ella, no amodorrado.
Habla el evangelio de hoy de un buscador de tesoros que, encontrando uno de gran valor, vende todo lo que tiene y compra el campo en el que está enterrado. Pero nos hacemos unas preguntas: ¿empeña todo lo que tiene simplemente para tener el tesoro guardado, para que nadie se lo quite, para saber él solo dónde está y disfrutarlo cuando nadie lo vea? ¿O lo compra para disfrutarlo con otros, con su familia y amistades, con su pueblo?
Pues ¿de qué sirve tener un tesoro oculto si nadie lo puede ver, ni disfrutar ni compartir? Un tesoro así es algo muerto porque el cuadro hermoso o la joya preciosa adquieren su valor en los ojos que la miran. Si no hay ojos que contemplen el tesoro, está muerto.
Por eso hablamos tantas veces a lo largo del año de compartir. Y ciertamente las comunidades cristianas son muy generosas. Vamos entendiendo desde hace mucho tiempo que sin compartir no hay vida cristiana. Y vamos aprendiendo también que cuando se habla de compartir no nos estamos refiriendo solamente al dinero, sino también a otros bienes que son tan importantes o más que el dinero pero que no son bienes monetarios. Estamos hablando de tiempo dedicado, de escucha atenta y sin prisas, de compartir alegrías sencillas y penas cotidianas, estamos hablando de compartir sueños que den horizonte a la vida.
Verano es tiempo bueno para el compartir. Desenterremos ese tesoro de bondad que tenemos en el corazón y que tienen los demás y compartámoslo. Veremos algo sorprendente: que el tesoro del amor, cuando se comparte, no mengua, sino que crece. Compartir es ganancia para todos.
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