FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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lunes, 27 de octubre de 2014

El derecho a emigrar


ecleSALia 27 de octubre de 2014
"PREMIO ALANDAR 2011"
 
 
 
EL DERECHO A EMIGRAR
YOLANDA CHÁVEZ, yolachavez66@gmail.com
LOS ÁNGELES (USA).

ECLESALIA27/10/14.- Una de las tareas escolares más recientes de mi hijo de once años en su clase de estudios sociales, consistió en hacer un mapa para explicar las primeras migraciones del ser humano. Dibujó caminos con líneas de flechas rojas para señalar los recorridos que aquellos migrantes hicieron sobre los continentes de nuestro planeta…
“Ellos migraron porque se agotaron sus suministros de alimentos debido al súbito cambio de clima. Comenzó a hacer mucho frío; no podían cazar o recoger bayas. Si se quedaban en África, morían”.
La primera migración fue provocada por el hambre, el instinto natural por sobrevivir hacía que aquellos seres humanos de hace ya más de 50.000 años, salieran de los territorios tan conocidos por ellos para aventurarse a otros totalmente desconocidos. La posibilidad de encontrar alimentos les daba el coraje y el derecho de hacerlo.
Es la misma razón por la que tuve que dejar mi país. En el hogar se habían agotado los suministros de alimentos para mis hermanos y yo desde el asesinato de mi padre. Hay una enfermedad provocada por vivir tanto tiempo entre la injusticia de una sociedad con rostro de impunidad, de persecución, de asesinato. Donde los salarios no son proporcionales a las jornadas de trabajo, donde se corta la cabeza que se levanta; Se llama desesperanza. Mi madre la contrajo, enfermó gravemente, perdió el ánimo, la fe y la fuerza para seguir adelante, ella ya no tenía ganas de vivir.
La modesta beca por prestar mis servicios como maestra en comunidades de difícil acceso no daba para sostener mis estudios y una familia. Sin embargo sobrevivimos hasta que pude finalizar una carrera profesional.
En ese tiempo de servicio aprendí a sentir a Dios muy de cerca. Ocurrió en una humilde aula para alfabetización de adultos en la que me reunía cada tarde con los campesinos que deseaban aprender a leer y escribir después de sus jornadas de trabajo y mis clases con los niños; lo sentí en el nombre escrito por primera vez con el puño y letra de su dueña o dueño y en el gozo de afirmar la propia identidad: “Yo soy Fermín” “yo soy Teresa” “yo soy Felipe”… en el modo en que celebrábamos semejante acontecimiento en el grupo, (cuando una persona lograba escribir por primera vez su nombre, levantaba con ambas manos la hoja donde lo había escrito y todos los presentes aplaudíamos y corríamos a abrazarle) pese a las condiciones de pobreza extrema que como yo, aquellas comunidades se encontraban, vivían con una esperanza que rebasaba mi sentido común.
En aquella humilde aula, los campesinos aprendieron a leer y escribir y yo aprendí a hablar con Dios. Mis oraciones consistían en pedir una señal que me indicara que más debía hacer para poder llevar comida a mis hermanos porque en mi país tener una profesión no significa nada. Una serie de puertas que no se abrían me señalaron el camino al norte, emprendí sin remedio el camino a pie dejando atrás mi tierra; la tierra donde conocí a Dios pero también la tierra donde habían asesinado a mi padre y todas mis posibilidades.
¿De dónde viene la fuerza que nos mueve comotomándonos por los brazos, a caminar más allá de nuestras propias tierras?
¿De dónde viene la esperanza que nos llena el corazón para atrevernos a cruzar valles de muerte?
¿De dónde vino aquella madrugada el dolor que me desencajó el rostro y me agotó las lágrimas al ver morir mi propia carne y mi propia sangre, en la muerte del extraño que no logró alcanzar la frontera como yo?
¡Estoy segura que de Dios! Cuando se cruzan fronteras Dios las cruza con nosotros; nos habilita para hacerlo, está en la forma de los pies, en la estructura de las manos, en las ganas de vivir. Nos da la fuerza para desear el futuro y el derecho fundamental de pelear por la vida.
Está también en el desconocido territorio donde se enfrenta la más dolorosa falta de solidaridad cuando se menoscaba la dignidad del ser humano, cuando se etiquetan a los grupos y se les excluyen de derechos como a los “Once millones”. Un grupo tratado como objeto, como masa con la que los gobiernos de los territorios que los expulsa y al que se llega, no saben qué hacer.
No es una masa, son personas con una historia de vida, con genuina fe en el futuro. Personas de rostros invisibles para los poderosos a quienes Dios cuestiona su presencia: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4,9)¿Cuál es el mejor momento para responderle? ¿Cerca de las elecciones o después de ellas?...
Hoy sigo hablando con Dios en un aula, ahora como Maestra de Catequistas. En estas aulas hay personas que forman parte de familias que han sido separadas por las redadas de inmigración, han vivido las deportaciones de familiares arrestados en sus lugares de trabajo, o los han perdido en centros de detención.
También en esas aulas se vive el gozo de afirmar la propia identidad con cuestionamientos tan fundamentales como: ¿Quién soy yo? La felicidad de descubrirse a sí misma, a sí mismo, ya no rebasa mi sentido común, ahora lo entiendo.
Sucede un gran momento; En nuestras circunstancias sentimos el abrazo tierno de nuestra antigua madre; Nantzin, Tonantzin-Guadalupe; Mamita, Madrecita Nuestra… ese abrazo nos reúne como hijas e hijos. Nos alza contra su mejilla, nos despierta de un letargo añejado con miedos y dudas para iluminar nuestra existencia con una gran certeza: Somos los hijos benditos, sus más pequeños. Ella es la realidad sobre la que se ha apoyado toda nuestra vida. Nuestra Madre nos hace familia. Unión que es libertad, esperanza, experiencia profunda; nos encontramos de frente con el rostro maternal y tierno de Dios que cuida, protege y consuela a lo más débil, a lo más indefenso. “¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas?” (Is. 49; 15). Las personas inmigrantes reflejamos al hijo entrañable. Esta certeza nos infunde dignidad, fuerza para enfrentar las adversidades y caminar hacia el futuro. Por instinto natural comenzamos a buscar el amor, el cuidado, la justicia y la paz, características propias de Dios y desde nuestras condiciones su presencia se hace manifiesta. Sus entrañas de ternura nos impulsan, nos mueve a ser hijos e hijas solidarias trabajando para relacionarnos con todos nuestros hermanos y hermanas de maneras justas, dignas, compasivas…
Nace la necesidad de rechazar lo incompatible a una familia humana, a cuestionar aquellos medios de comunicación que explotan el dolor de hogares desmembrados por las deportaciones, a comentarios de presentadores de noticias como: “Los inmigrantes marcharon por las calles exigiendo se respeten sus derechos…un momento, no tienen derechos, ¿Cuáles derechos?”
Los derechos están en la persona, el ser persona ya nos da derecho.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (Art.2) confirma que estos Derechos se aplican a todas las personas “sin distinción de ningún tipo, tales como raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política u otra, origen social o nacional, propiedad, nacimiento u otro status”.
Sé que como a los “Once millones”, Dios señaló un camino a aquellos seres humanos de las primeras migraciones hace más de 50.000 años para que no murieran. Los humanos seguimos migrando porque está en nuestra información genética. Se lucha por la vida hasta el último aliento.
Pido a nuestra Señora que me ayude a descubrir los recursos, las palabras y las plataformas para llamar a las conciencias de mis hermanas y hermanos que han dibujado, con sus pasos, líneas de flechas rojas sobre los continentes, para que no se acostumbren al maltrato.
Maltratar o ser maltratadas, maltratados, no está bien. Que se entienda de una vez por todas:
No es moral que en los mares, en los cerros y desiertos de nuestra casa común aparezcan cadáveres de mujeres, hombres y niños inmigrantes cada día y nadie haga nada.
La migración es un derecho. Los que persiguen, acorralan, o provocan la muerte de inmigrantes, lo están haciendo con Dios.
Dios mismo representa la causa de las personas extranjeras:
“No maltrates ni oprimas a los extranjeros, pues también tú y tu pueblo fueron extranjeros en Egipto” (Éxodo 23:9). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia)

domingo, 26 de octubre de 2014




Queridos amigos y amigas: como ya sabéis el pasado fin de semana celebramos en Madrid las Jornadas de Cristianos por el Socialismo.
Este año nos hemos centrado en la figura de Jesús. Os adjunto las ponencias de Xosé Arregui y José María García Mauriño. También un documento que nos ha hecho llegar Benigno sobre el empobrecimiento de la clase trabajadora en nuestro país. Espero que los documentos sean de vuestro interés.
Aprovecho para comunicaros la triste noticia del fallecimiento de nuestro compañero y amigo de las Jornadas de C.P.S., Alfredo Tamayo S.J. de San Sebastián. Su recuerdo permanecerá entre nosotros
El título que se me ha propuesto habla a la vez de seducción y subversión. A primera vista, podrían parecer conceptos alejados entre sí. Seducir es cautivar el ánimo, y cautivar el ánimo parece más propio de un bello galán agraciado de palabra y de modales que de un subversivo provocador.
Jesús fue un subversivo y un provocador. No sabemos nada de su físico ni tenemos informe psicológico alguno de su personalidad, pero no fue ciertamente un galán seductor. No le interesaban las apariencias, ni le importaba la opinión ajena, ni cuidaba los modales. Eso sí, estaba dotado, como observa el evangelio de Marcos, de “autoridad”: esa fuerza de atracción, que emanaba de una persona y que puede ser irresistible.


De Jesús emanaba esa fuerza en todos sus gestos. Y en su palabra. Era un genio de la palabra, lleno de imaginación creadora y de recursos retóricos: el aforismo y la máxima, la paradoja y la antítesis, la comparación y la parábola, que es una comparación desarrollada en forma de cuento. El mensaje y el estilo se fundían. Poseía el don de adecuar el estilo al contenido. Era incisivo sin ser mordaz, polémico sin ser agresivo. Sabía combinar a la perfección aspereza y dulzura, denuncia y evangelio. Su buena noticia provocaba conflicto, pero el conflicto se transformaba en gracia transformadora para quien estuviera dispuesto a cambiar de corazón, a dejarse seducir desde lo mejor para lo mejor.
Si alguna vez la muchedumbre del pueblo prendada de él, pronto se desengañó. Su propuesta no respondía a las expectativas de la masa. El poder religioso fue el primero en alarmarse: Jesús trastocaba demasiadas cosas, y era un peligro para el sistema religioso y para el equilibrio político. Es verdad que el poder imperial romano no se sentía demasiado amenazado por un profeta marginal no violento, pero más valía intervenir a tiempo y cortar por lo sano: tuvieron muy pocos reparos para dar por buena la acusación del Sanedrín judío: crucificaron, pues, a Jesús, dejando libres a sus discípulas y discípulos. Pero la llama de Jesús que había prendido en ellas, en ellos, no se apagó.
Aquí estamos hoy. La llama de la esperanza subversiva sigue viva, a pesar de todo. Queremos cuidar ese fuego de indignación y de paz, de bienaventuranza y rebeldía, para hacer frente a la codicia insaciable del Mercado –el peor de los terrorismos, la peor de las epidemias, mucho peor que el ébola–, para cuidar lo mejor de nosotros, para cuidar a las hermanas y hermanos que perecen, para cuidar la tierra y la vida amenazada de todos los vivientes, para curar y salvar la Vida.
Jesús nos inspira y nos impulsa. Inspirar e impulsar, impulsar desde la inspiración: eso es seducir en el mejor sentido de la palabra. Y para eso estamos aquí.


1. ¿Nos seduce Jesús porque su subversión fuera acabada?
¿Imagináis a Jesús como un hombre perfecto? ¿Y qué es un hombre perfecto? Un cuerpo perfecto no existe, aunque en otro sentido se podría decir que todo cuanto existe –una flor, una abeja, y no digamos un niño con síndrome de Down– es maravilloso y perfecto dentro de su limitación. Todos somos limitados, y Jesús también lo fue. Por ejemplo, un Jesús físicamente perfecto, sin limitación ni dolencia, no sería humano.
¿Lo sería un Jesús de inteligencia perfecta, que no sabemos ni en qué consiste? Por grande que fuera, aunque fuera muy superior a la de Sócrates, Leonardo da Vinci, Newton o Einstein, la inteligencia de Jesús sería la de un individuo de la especie humana Homo Sapiens, con una determinada capacidad cerebral y un determinado grado en el ejercicio de la misma. Si dentro de miles o de millones de años –por mutación natural o por tecnología genética o neuronal– aparece alguna especie (tal vez exista ya en el universo) con una capacidad cerebral muy superior al Homo Sapiens actual, esa especie podrá ser más inteligente que Jesús, Homo Sapiens judío de hace dos mil años, con 1.400 cm3 de cerebro, como nosotros.
Y así con todo. ¿O necesitamos pensar que Jesús estaba dotado de una psicología perfectamente equilibrada, y que nunca sintió angustia ni tuvo sentimiento negativo alguno para consigo o los demás, como nos pasa a todos? Ya nos gustaría tener el equilibrio y la espontaneidad, la firmeza y la ternura, la fortaleza y la sensibilidad de Jesús. Pero alguna vez aparecerá o haremos que aparezca un cerebro más logrado que el de esta especie que somos (y que fue Jesús), esta especie que sigue funcionando todavía en buena parte según los mecanismos “primitivos” del cerebro reptil, y que sigue sintiendo todavía los miedos, las rabias y las tristezas propias del viejo cerebro mamífero. También Jesús lo sintió. Espero que algún día pueblen nuestro querido planeta unos seres –humanos o no– que posean en un grado infinitamente mayor esas cualidades que llamamos “personales”: que sean más conscientes de su verdadero ser, más libres para hacer el bien, más felices siendo solidarios y más solidarios cuanto más felices.
¿Y pensáis que la espiritualidad de Jesús fue perfecta, es decir, que alcanzó la Conciencia plena, o que vivió en plenitud de paz y de armonía consigo mismo, con todos los seres, con el Todo o con Dios? También la espiritualidad depende y emerge del conjunto de todas las condiciones constitutivas del ser viviente en su relación.
Pues bien, ¿nos seduce menos Jesús porque no fuera perfecto? ¿Y necesitamos que fuera un revolucionario perfecto para dejarnos inspirar y animar, impulsar por él? No, no nos seduce menos porque muchos días sintiera miedo y desaliento, o duda y angustia, ni porque otros muchos días sintiera rivalidad o incluso resentimiento u otros sentimientos negativos, ligados todos ellos a nuestras conexiones neuronales… Y tampoco nos seduce menos porque no hubiera curado todas las enfermedades ni denunciado todas las injusticias sin desfallecer jamás. No nos seduce menos porque no hubiera llevado a cabo la subversión o la revolución acabada.
No nos seduce porque fuera un ser divino del cielo, enviado por Dios. Nos seduce porque fue un hombre de carne y hueso como nosotros, y porque alcanzó un grado de humanidad, de compasión y libertad, de sensibilidad y compromiso, que está en nuestras manos alcanzar. Jesús fue y sigue siendo profeta, sacramento, símbolo o encarnación de la Compasión liberadora y creadora. Por haber sido tan humano le confesamos divino, y en él reconocemos nuestro ser más verdadero y nuestra vocación más alta, con todas nuestras limitaciones, que fueron también las suyas en un grado o en otro.


2. Lo que vieron sus ojos. Una subversión de la mirada
La subversión de Jesús empezó en su manera de ver la realidad y de dejarse afectar por ella. La subversión de la vida comienza por la subversión de la mirada, y a la inversa. El corazón siente de acuerdo a lo que ven los ojos, pero los ojos ven de acuerdo a lo que siente el corazón. La realidad subvierte la mirada, y la mirada subvierte la realidad. Ojos que no ven corazón que no siente. Pero los ojos no ven cuando el corazón no siente.
Los ojos de Jesús vieron mucho dolor, y sus entrañas se conmovieron. Vio a su pueblo despojado de la tierra y del mar; la tierra sagrada de los padres pisoteada por la bota del imperio romano, y el mar de Galilea en “mar de Tiberíades”, una ciudad construida y habitada por romanos.
Vio la cultura secular de su pueblo amenazada por el helenismo global imperante; la identidad de las raíces ahogada por el frío universalismo del poder romano.
Vio a Herodes Antipas, rey vasallo de Roma, doblar los impuestos para sufragar sus obras monumentales y hacer méritos ante el poder imperial; y a las familias ahogadas por las deudas y el hambre. Vio a campesinos vender sus parcelitas de tierra y convertirse en arrendatarios, y a arrendatarios que no podían pagar las rentas vio convertirse en asalariados o esclavos.
Vio cómo la explotación, el desempleo, los impuestos excesivos y las deudas impagables enfermaban a la gente. Vio los caminos llenos de enfermos, abandonados a la caridad de los transeúntes.
Vio resquebrajarse la fe y la esperanza de la pobre gente en Dios: campesinos, pescadores, artesanos. Vio cómo entraba en crisis su último recurso, su único sostén: la confianza en el Dios de los padres y de las madres: ¿dónde estaba Dios? ¿Qué era Dios?
Vio también la riqueza injusta, insolente, insultante. Por ejemplo, en sus anuales visitas al templo, vio las mansiones de la parte alta de Jerusalén, donde vivía la aristocracia sacerdotal, lujosos edificios que, según han descubierto recientes excavaciones, estaban decorados con frescos y mosaicos de estilo romano, que poseían piscinas escalonadas revestidas de estuco, provistas de frascos de perfumes elaborados con vidrio fenicio…
Jesús vio y se conmovió. Se conmovió y se indignó. Se indignó y se comprometió en la transformación de aquella realidad doliente. Se comprometió porque sus ojos veían más a fondo, más allá, otro mundo posible.
Esa mirada de Jesús nos seduce. Nos seducen sus ojos cuando los miramos, y cuando vemos el mundo como ellos lo vieron. ¿Qué vemos? Vemos que 147 grupos  controlan el 40% de la economía mundial, que las 85 personas más ricas acumulan el equivalente de lo que ganan 3.057 millones de pobres del mundo. Y vemos, por mucho que no nos lo quieran enseñar, que cada año mueren de hambre en el mundo entre 13 y 18 millones de personas.
Vemos que la desigualdad, lejos de disminuir, va en aumento, y que el orden del mundo es un absoluto desorden: no hay fronteras para el gran capital, pero el gran capital impone fronteras y muros con concertinas allí donde le interesa. Los partidos buscan poder, pero cuanto más poderosos son más se someten a los dictados del Mercado, que es como hoy se llama a la “abominación de la desolación” (Mc 13,14), y una vez que alcanzan el poder se limitan a secundar las órdenes de aquél, las órdenes de Mamón, el ídolo insaciable.
Necesitamos volver a mirar los ojos de Jesús, y aprender a mirar como ellos, con esperanza a pesar de todo, con esperanza activa y transformadora.


3. Otro mundo le sedujo. Una subversión llamada “Reino de Dios”
A pesar de cuanto veían sus ojos, Jesús no se resignó. A pesar de lo que veían sus ojos, o más bien porque supo mirar con ellos más a fondo y desde más adentro. Vio que toda la realidad, tan herida e inacabada, habita en el corazón de Dios, el Misterio creador, liberador, transformador de todas las cosas, y que el Misterio de Dios habita en el corazón de todo, sobre todo en el corazón de los más oprimidos y sufrientes.
Llegó a la convicción profunda de que un mundo llegaba a su fin, de que otro mundo emergía imparable desde el Fondo de la realidad, desde Dios. “Levantad la cabeza, se acerca vuestra liberación” (Lc 21,28). Estas palabras que Lucas pone en boca de Jesús resumen bien el mensaje, la praxis, la esperanza de Jesús. Pero no solo estaba convencido de que estaba muy cerca, sino de que ya estaba haciéndose presente con él la subversión liberadora, la transformación subversiva, el Reino de Dios.
“Reino de Dios”. Esta expresión nos resulta extraña, y además molesta; nos repele más que inspira. No podemos imaginar a Dios como el gran soberano del mundo, pues todos los soberanos han oprimido a los pequeños y han sucumbido a la tentación de la egolatría, la codicia y el poder absoluto. Pero por eso mismo Jesús, siguiendo la tradición profética, reconocía a Dios como único rey. Pues la realeza de Dios es lo más opuesto a la realeza de los reyes de este mundo. El reinado de Dios consiste en defender al extranjero, el huérfano y la viuda. El Reino de Dios es el mundo como Dios lo sueña, es decir, como lo sueña lo mejor de nosotros mismos y de todos los seres: un mundo justo y fraterno, un mundo bueno y feliz. El Reino de Dios es el nuevo mundo realizándose en este mundo, desde dentro de él.
El Reino de Dios es el mundo al revés. Jesús invirtió el mundo, invirtiendo los pilares que lo sustentaban. Desautorizó y depuso el honor social, que era en la época (y sigue siendo todavía) el valor supremo en toda la cuenca del Mediterráneo. Rompió con el modelo vigente de familia patriarcal, legitimada por una religión patriarcal. Curó enfermos, devolviéndoles la fe en sí mismos: “Tu fe te ha curado”. Las curaciones eran un gesto de compasión, sí, pero también un acto de rebelión contra el sistema político y económico que enfermaba a los pobres y empobrecía a los enfermos. Anunció la liberación a los pobres y pequeños, pero no les prometió que fueran a ser grandes o ricos.
Un mundo al revés. Por eso, el mensaje y la praxis de Jesús eran un desafío para el sistema establecido, religioso y político, para los poderes vigentes. Y nada lo pone de manifiesto mejor que sus parábolas. Jesús fue un extraordinario narrador de parábolas. Pero éstas no fueron en su boca en primer lugar relatos ejemplares, “parábolas de buen ejemplo”, sino ante todo y sobre todo historias provocadoras. Fueron “parábolas de desafío” (J.D. Crossan, El poder de las parábolas, PPC, Madrid 2014, pp. 51-142). Cuanto Jesús cuenta la parábola de los talentos, no invita a hacer producir intereses al capital recibido, sino más bien provocar “un debate en su auditorio entre la tradición romana a favor de los intereses en el contexto del imperio y la tradición judía anti-intereses de acuerdo con la Torá” (ib., p. 110). Cuando narra la parábola del buen samaritano, no pone el acento en cómo hay que comportarse, sino en que los buenos (los sacerdotes y los levitas) no socorren al herido y, en cambio, el malo (el samaritano) sí lo hace. Cuando dice que una vez fueron al templo un fariseo y un publicano, es –dice Crossan– como si un sacerdote católico empezara su sermón diciendo: “Un papa y un chulo fueron a San Pedro a rezar” (ib., p. 96). Y los evangelios en su conjunto son “parábolas de desafío sobre Jesús” (ib., p. 148).
Se comprende que Jesús provocara conflictos. La aristocracia sacerdotal y laica le puso en su punto de mira. Y su actividad pública no duró más allá de un año y medio o dos años (tal vez incluso solamente unos 8 meses).
No sucedió todo lo que Jesús esperaba, pero eso es lo de menos. Se comprometió en que sucediera: eso es lo decisivo. A ello nos seduce, llama y empuja. También hoy nos habita el sentimiento, avalado por muchos datos, de que estamos al final de un mundo y de que otro mundo está emergiendo. Hemos de hacer que emerja. ¿Cambiará realmente el modelo económico y político? Ha de cambiar, hemos de empeñarnos en provocar pequeños cambios parciales para un cambio total. ¿Nacerá otro mundo? Ha de nacer, hemos de sembrar sus semillas.
“Si no tenemos la fuerza de estrechar nuestras manos con las manos de
todos, si no tenemos la ternura de tomar en nuestros brazos los niños del mundo, si no tenemos la voluntad de limpiar la tierra de todos los ejércitos; este pequeño planeta será un cuerpo seco y negro, en el espacio negro” (GUAYASAMÍN, Oswaldo, El tiempo que me ha tocado vivir, Instituto de cooperación iberoamericana, Madrid 1988).


4. Y logró seducir. Un grupo subversivo
Un movimiento carismático de discípulos y discípulas se formó pronto en torno suyo. Algunos hicieron como el propio Jesús había hecho: dejaron su trabajo y su familia, incluso tal vez a su mujer o su marido, y empezaron a hacer vida itinerante con Jesús.
En el grupo de sus seguidores de vida itinerante había también seguidoras, mujeres, cosa que debió de resultar muy difícil de digerir para la clase dirigente e incluso para la población en general. He ahí un grupo de hombres y mujeres que caminan, comen y duermen juntos al descampado. ¡Qué clase de profeta es éste que promueve tal promiscuidad! Y para entender todo el alcance provocador de ese hecho, hay que tener en cuenta otra cosa. La sangre menstrual no solamente volvía ritualmente impuras, es decir, incapacitadas para participar en el culto, a las propias mujeres, sino también a todos los que entraran en contacto con ellas. En un grupo mixto como el de Jesús, siempre podía haber alguna mujer en período de menstruación, y eso ponía a todo el grupo en permanente riesgo de impureza ritual. ¡Qué clase de grupo es éste! Es el grupo de Jesús, provocador y subversivo. Quiso que su grupo encarnara la renovación del mundo que anunciaban, siendo un movimiento de hermanas y de hermanos iguales y libres.
¿Cómo los sedujo Jesús para ese proyecto subversivo y exigente? Los sedujo más que nada despertando en ellas, en ellos, la lucidez de los ojos y la compasión del corazón. Los sedujo suscitando en ellos, en ellas, una profunda fe en sí mismos y en toda la realidad, que es otro nombre de la fe en Dios: la fe y la esperanza a pesar de todo, la fe y la esperanza transformadoras de todo.
Los sedujo a través de una radical revolución de valores: atribuyendo a los pobres los valores de la gente importante. Revalorizó a la gente sencilla transfiriéndoles los valores de la clase alta. A las mujeres sin lugar ni poder, a los campesinos, artesanos y pescadores los declaró capaces de las virtudes atribuidas a los reyes y a los grandes: “Porque ella vino del extremo de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y aquí hay uno que es más importante que Salomón” (Mt 12,42). Siendo como son trabajadores, Jesús los declaró sabios y les llamó a serlo, como si de unos aristócratas se tratara. Y les instó a ser pacíficos, pacificadores, magnánimos, actitudes consideradas en la época propias de los soberanos, considerados a su vez como seres divinos o hijos de alguna divinidad. Les enseñó a perdonar sin esperar nada a cambio, como solamente podían permitirse la clase superior. Los invitó a ser bienhechores y generosos en relación con los bienes, como la gente rica, y estimó más la limosna del pobre, el óbolo de la viuda, que las opulentas limosnas de los ricos.
Jesús dignificó a las clases más pobres, y les hizo creer en su propia dignidad, les transmitió la confianza profunda de que ellos podían los artífices del Reino de Dios, de la presencia liberadora y transformadora de Dios. Una revolución de la conciencia para llevar a cabo una revolución de la sociedad.
¿Y qué es la Iglesia sino la gran comunidad, hecha de comunidades, seducidas por esta esperanza subversiva de Jesús? Jesús no fundó ninguna Iglesia, pero la Iglesia, para serlo, ha de fundarse en Jesús. ¿Para qué sirve la Iglesia si no mantiene ardiente el fuego de Jesús que calienta los corazones y transforma sin cesar las estructuras? Jesús no estableció ningún un sistema de dogmas, normas y ritos. No es el fundador de una religión, sino de un movimiento vivo, animado por una esperanza siempre nueva, renovadora de la vida. ¿Para qué sirven todos los dogmas, normas y ritos si no ayudan a la vida en su incesante renovación, en su irreductible pluralidad?


5. Contra la seducción de la violencia. Una subversión no-violenta
El mensaje del reino de Dios contenía un gran potencial de violencia: Dios quería llevar a cabo, y quería que ellos llevaran a cabo, una subversión del statu quo violento. Era grande la tentación de tomar las armas para acelerar la intervención divina y la subversión consiguiente. Para muchos, la situación era desesperada, la acción urgía. Eran lugartenientes de Dios, y había que ayudarle. La violencia seduce fácilmente más a quienes ya no pueden más y no tienen nada que perder. La violencia es el recurso de cínicos poderosos o de impotentes desesperados.
En su anuncio y realización del Reino de Dios, Jesús optó claramente por la no-violencia, por la resistencia activa no violenta contra el poder imperial violento. “Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre del cielo” (Mt 5,44-45). Es como si les dijera: “Dios es el verdaderamente poderoso, y por eso no es violento: sed como Dios”. Consta, sí, que hubo debate al respecto entre los discípulos en vida de Jesús y después de su muerte; en los evangelios hallamos datos contradictorios: a sus discípulas y discípulos Jesús los envía sin bastón para defenderse en Mt 10,10 (Lc 9,3); pero no así en Mc 6,8; les invita a hacerse con espadas en Lc 22,36, y les disuade de utilizarla en Lc 22,38.49-52). ¿En qué quedamos? Dicen los entendidos que el material más antiguo (la fuente Q), el más originario, Jesús prohíbe la utilización del “bastón”. Una prueba indirecta del carácter no violento del movimiento de Jesús es que Pilato lo crucifica solo a él, por ser un revolucionario, pero deja en paz a sus discípulos, porque era un revolucionario no violento.
En una situación marcada por la violencia estructural y por la violencia revolucionaria de reacción, Jesús no utiliza una retórica violenta, apela a un Dios no violento, promueve un movimiento inspirado “en una visión de amor y reconciliación” (G. Theissen, El movimiento de Jesús, Sígueme, Salamanca 2005, p. 251), en un Dios no violento, con una retórica no violenta.
Estimuló la acción “sin estimular la violencia (G. Theissen, o.c., p. 278). Incentivó directamente actitudes y estrategias no violentas. Hace falta creer mucho en sí mismos para emprender una revolución sin recurrir a la violencia, y Jesús les transmitió esa profunda fe en sí mismos y en el poder de su proyecto subversivo no violento. Señalaré algunos elementos de esa estrategia no violenta (G. Theissen, o.c., pp. 274-297).
Asignó a sus seguidoras y seguidores el poder de curar: “Os he dado poder para pisotear serpientes y escorpiones y para dominar toda potencia enemiga, y nada os podrá dañar” (Lc 10,18). “No necesitáis ejercer la violencia, pues tenéis un poder superior”.
Imaginó una serie de gestos que servían para encauzar simbólicamente la violencia, sin ejercerla. El bautismo es uno de esos gestos: la ocupación romana ha profanado la tierra, y el bautismo de conversión es una forma de volverla sagrada; “el poder del agua es superior al poder de las armas”. O el gesto simbólico de destrucción del templo: el sistema religioso entero y el sistema social segregador basado en él es puesto enteramente en tela de juicio, aunque de manera indirecta, simbólica, sin un programa organizado. O el nombramiento de los Doce: significa la restauración de Israel, pero sin un plan de acción política. O la “entrada triunfal” en Jerusalén, pero sin proclamarse mesías político liberador…. O el sacudir el polvo de los pies allí donde no son bien recibidos (Lc 9,3-5): también es un gesto de violencia simbólica que controla el mecanismo de la violencia real. En resumen, Jesús “no ejerció ninguna política de poder, pero hizo política por medio de acciones simbólicas” (G. Theissen, o.c., p. 283).
Propuso también otras estrategias para procesar la agresión. Así, insistió en el “no matarás” y el “amarás al enemigo” (Mt 5); exigió el perdón setenta veces siete (Mt 18,21s); desplazó la agresión al “demonio” en forma de exorcismos (Beelcebú es el poder que oprime a Galilea); insistió en la “autoestigmatización” (nadie debe considerarse mejor que otro cualquiera: “Mira la paja en tu ojo antes que la viga en el ajeno”; “No juzguéis y no seréis juzgados”).
Así lograba controlar la violencia potencial de su mensaje. Y la no violencia es más transformadora que la violencia. “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra” (Mt 5,5). Los “mansos” son los “no violentos”. La mansedumbre es “una valentía sin violencia, una fuerza sin dureza, un amor sin cólera” (André Comte-Sponville, Pequeño tratado de las grandes virtudes, Espasa Calpe, Madrid 1996, p. 225).


6. “Dichosas vosotras/os”. La subversión de la felicidad
Jesús sedujo a sus discípulas y discípulos llevando a cabo una “revolución de valores” en lugar de una “revolución de poder” (Theissen 2005, 249). Los educó en valores, podríamos decir. Pero ¿qué significa esto? A veces se habla de “valores” como si fuesen objetos valiosos o mandamientos divinos que es preciso guardar. “Educación en valores” suena a veces como “educación en principios éticos absolutos”. Si fuera así, poco habríamos cambiado, seguiríamos aferrados al mismo esquema
Jesús educó en las bienaventuranzas. Pero las bienaventuranzas no son mandamientos, sino promesas. Tampoco son en primer lugar un programa de acción, sino una oferta de liberación. No anuncian el premio en el más allá para los miserables de aquí, sino la inversión de la situación para todos los que viven en la miseria: los pobres campesinos ahogados por las deudas vivirán dignamente, los hambrientos tendrán pan, los que lloran serán consolados. “Suyo es el Reino de Dios”.
Es decir, Dios está de su parte, la Vida y el Bien están de su lado, y la Vida y el Bien son más fuertes que todos los poderes que matan. El que lo experimenta es como si hubiera descubierto el tesoro escondido, la perla preciosa. O la realidad más verdadera, más allá de todas las apariencias.
Y el que lo descubre se transforma a sí mismo y entonces se vuelve transformador de las estructuras –y también a la inversa–, se siente liberado y entonces se hace liberador. Pero también a la inversa: se transforma a sí mismo en verdad quien transforma su entorno, es libre solamente quien libera, aunque sean solamente semillitas de liberación. Semillitas poderosas como la vida, como la felicidad.
¿Qué subyace a las Bienaventuranzas de Jesús sino la experiencia de un gran gozo? Es el gozo de saber que el Reino de Dios es inminente, es más, se hace ya presente, la situación ya se invierte, los pobres ya se liberan. Y eso conlleva mayor conmoción en la tierra que si los astros del cielo cayeran sobre ella.
Otros profetas en tiempo de Jesús, como su maestro Juan el Bautista, anunciaron la inminente intervención divina y el inminente vuelco de la realidad. Lo propio de Jesús es precisamente la convicción de que Dios ya está actuando, el vuelco ya se está dando, la liberación ya está en marcha: los cojos andan, los ciegos ven, los afligidos son consolados, los pobres recuperan el pan y la dicha, son protagonistas de su propia liberación. “El Reino de Dios ya está entre vosotros”, decía Jesús. Y no se refería a un Reino de Dios espiritual, solamente interior. Se refería a que la gran transformación estaba en curso.
¿Se confundía Jesús? Es un interrogante grave, visto el mundo en que vivimos. Pero las Bienaventuranzas nos educan o nos seducen, nos invitan a invertir la mirada y las fuentes de la felicidad, a mirar más adentro y palpar la presencia del Reino o de Dios o de la Vida en el corazón de la realidad sufriente y en el corazón de nuestro pobre corazón. En medio de todas las contradicciones, el mundo está lleno de semillas de Reino, el mundo está lleno de Dios, y eso es lo más real. Quien lo ve se siente más feliz, y quien se siente más feliz se hace subversivo como Jesús. Somos subversivos de los de verdad, como lo fue Jesús, si somos felices de verdad, como lo fue Jesús.


7. “Misericordia quiero, no sacrificios”. La subversión de la religión
Contra los tópicos antijudíos presentes en los mismos evangelios canónicos (sobre todo en Mateo y Juan) y profusamente difundidos en la teología, la predicación y el imaginario común de los cristianos, la investigación histórico-crítica de los 30 últimos años ha puesto de relieve con razón el carácter profundamente judío, incluso más precisamente galileo de Jesús. No podemos negar que fue un hombre religioso, un judío piadoso, fiel a la Torá. Oraba con los salmos y otras oraciones judías. Cumplía los preceptos rituales de la pureza y del ayuno. Acudía al templo de Jerusalén. Respetaba la autoridad de los sacerdotes.
Pero tampoco podemos negar que tuvo sus más y sus menos con la religión judía y, desde ahí, con la religión en general. No infringía las normas por principio, pero anteponía la necesidad humana a la norma religiosa; no fue muy observante de las normas de pureza, especialmente en lo que toca a las abluciones de las manos y al contacto con los enfermos (recuérdese la escena en la que toca a un leproso para curarlo); infringió a menudo la ley del ayuno, y la ley del descanso sabático; sobre todo, comió con gente considerada impura y pecadora. Y formuló un principio que lo dice todo y que todo lo pone en tela de juicio: “El sábado es para la persona, no la persona para el sábado”. ¿Para qué es el sábado y toda ley religiosa sino para curar? Si no cura, está de sobra. Y si enferma, hay que dejarla de lado. Y, cuando los escribas y las autoridades religiosas le tomaban cuentas de su libertad y de sus infracciones, él no se justificó apelando a ninguna autoridad externa, como si no necesitara rendir cuentas a nadie, como si su propia autoridad personal bastara, como si él mismo pudiera erigirse en intérprete de la voluntad de Dios por encima de todas las otras instancias.
Con ocasión de una de sus visitas a Jerusalén en la Pascua, hizo un gesto provocador y subversivo de destrucción del templo. Y ésa fue la gota que colmó el vaso y que provocó la inmediata intervención del Sanedrín y, a demanda de ésta, de la autoridad romana.
Hizo suyo y llevó al extremo el principio más subversivo para toda religión establecida: “Misericordia quiero y no sacrificios. Misericordia quiero y no creencias. Misericordia quiero y no culto. Misericordia quiero y no moral”. La verdadera religión es cuestión de bondad (P. Ricoeur): no tiene otro objetivo que liberar el fondo de bondad de todas las personas. El Evangelio de Jesús es cuestión de bondad.
No sé si el cristianismo como sistema religioso de creencias, ritos y normas morales podrá sobrevivir a la profunda metamorfosis cultural que estamos viviendo, pero pienso que el espíritu y la praxis de Jesús siguen teniendo y seguirán teniendo plena vigencia en otro paradigma cultural y religioso distinto. La libertad y la rebeldía de Jesús, su osadía y creatividad, su sensibilidad y compasión, su projimidad sanadora, su comensalía abierta, su espíritu de “igualdad y fraternidad”, su coherencia y fidelidad hasta el fin… todo eso son claves muy actuales para otro mundo necesario y posible. Y la clave es la fe y la praxis de la bondad, una fe en la bondad que aúna indignación y mansedumbre, desapego y compromiso, paz y subversión.


8. El aliento que transforma. Una esperanza subversiva
Recientemente apareció en EL PAÍS un magnífico artículo de Byung-Chul Han, “¿Por qué no es posible la revolución?” (3 OCT 2014). No era una declaración de rendición, ni una llamada al conformismo o a la resignación. Era un lúcido análisis de cómo el sistema neoliberal opresor, impío, explotador, está infectándolo todo y, a la vez, diluyéndose e invisibilizándose de tal manera, que nadie sabe ya dónde está el enemigo, contra qué o contra quién hay que rebelarse. “El poder estabilizador del sistema ya no es represor, sino seductor, es decir, cautivador. Ya no es tan visible como en el régimen disciplinario. No hay un oponente, un enemigo que oprime la libertad ante el que fuera posible la resistencia. El neoliberalismo convierte al trabajador oprimido en empresario, en empleador de sí mismo. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se convierte en una lucha interna consigo mismo: el que fracasa se culpa a sí mismo y se avergüenza. Uno se cuestiona a sí mismo, no a la sociedad”.
¿No es posible, pues, la revolución? El sistema está empeñado en hacérnoslo creer, en hacernos creer que no hay alternativa. Es el momento de abrir los ojos, aunque a todo el que los abra lo llamarán iluso o demagogo.


Jesús nos invitaría a abrir los ojos y a levantar la cabeza. Nos urgiría a la esperanza, pero una esperanza que alienta y transforma. Así fue la esperanza de Jesús, y la esperanza de Jesús es nuestra esperanza. Su esperanza es un modelo y un camino para la nuestra, más allá de nuestras esperas y expectativas, más allá de nuestros éxitos y fracasos.
Como Jesús, podemos esperar que otro mundo en este mundo es no solo necesario, sino también posible, e incluso ya real y presente en la entraña misma de la realidad. Pues la bondad que es Dios es la entraña de la realidad. Ésa es nuestra esperanza.

La esperanza de Jesús nos lleva a reconocer que todas las criaturas son “promesas reales del Reino” (J. Moltmann). La esperanza de Jesús nos invita a confiar en la creación en curso. “Hágase, y se fue haciendo”. “Hágase, y se está haciendo” a través de nuestra finitud abierta al infinito, a través de nuestra energía empujada desde dentro de sí misma por el Espíritu. Dios no ha acabado de crear, ni cesa de crear desde dentro mismo de la creación. Seamos pacientes con nosotros mismos, con todas las criaturas, con el universo infinitamente grande y pequeño. Seamos pacientes, pero no desistamos. Eso es esperar como Jesús, para que cada día se verifique, al menos un poco, la afirmación del Génesis sobre el Creador cuando miraba su creación en marcha: “Y vio Dios que era bueno “.
La esperanza de Jesús nos llama a creer firmemente cada día que otro mundo en este mundo es posible: de que la paz es no solo necesaria, sino también posible; de que la justicia es no solo necesaria, sino también posible; de que lo que hoy es imposible puede volverse posible mañana, si ponemos nuestro granito de arena cada día y la unimos a otros muchos granitos de arena. Nuestro mundo está expuesto a peligros más graves y numerosos que nunca. Pero cada vez es más claro que este mundo tiene solución, y sabemos cuál es. Lo que falta es voluntad para aplicarla. Y la voluntad puede ser despertada, suscitada.

La esperanza de Jesús nos recuerda que “todo es posible para el que cree”, y despierta en nosotros el gusto, el deseo, la voluntad desapegada de hacer real eso poco que es posible a nuestra poca fe, a nuestra débil esperanza. Dios es la inagotable posibilidad siempre abierta en el corazón de la realidad.
La esperanza de Jesús nos anima a creer en Dios como Jesús, más allá de sus imágenes. La esperanza de Jesús nos anima a creer en Dios como Ternura que consuela y reconforta, que está con el que sufre, con todo el que sufre. La esperanza de Jesús nos anima a confiar como él en el Misterio divino que es el Sí, el Amén a la creación y a todas sus promesas. 

sábado, 25 de octubre de 2014

Guatemala y Honduras: La disolución de los derechos humanos y la depredación de defensores Ollantay Itzamná


Los griegos enseñaron que los derechos humanos son principios éticos innatos a todo ser humano, y conforme despierta la razón, sus portadores van tomando consciencia y ejerciéndolos. Siglos después, los europeos inculcaron que los humanos tienen derechos en la medida que el Legislador los va otorgando.
A los primeros se los denominó iusnaturalistas. A los segundos, iuspositivistas. En el primer caso, los estados sólo reconocen derechos ya preexistentes. En el segundo, son los estados quienes crean y otorgan los derechos. Es importante este detalle sobre el origen, porque de ello depende quién o cómo se defiende los derechos.

Las religiones, en especial las monoteístas, tarde ingresaron en el debate de los derechos humanos. La Iglesia Católica, por ejemplo, hasta casi finalizado el siglo XIX, siguió concibiendo los derechos humanos como una doctrina “pestilente” (Sylabus de Pío IX).
Para los pueblos de Abya Yala, el asunto es un tanto distinto. Nosotros asumimos que los derechos no son monopolio exclusivo de los humanos, sino una cualidad universal compartida por todos los seres que coexistimos en la comunidad cósmica. Estos derechos compartidos tienen su origen y su historia en la misma cosmogénesis. De allí proviene la razón de ser de la fraternidad cósmica.
La diferencia entre humanos y los demás seres no es ontológica, sino deontológica (deber ser). Por nuestra condición de consciencia diferenciada, estamos llamados a ser cuidadores, jardineros (criadores) de los derechos de toda la comunidad cósmica. Los derechos humanos dependen de los derechos de la Madre Tierra.
Derechos humanos aparentes en la era de los estados naciones
El derecho positivo internacional, y los estados naciones actuales, presas de la filosofía antropocéntrica y especista, progresivamente fueron reconociendo y legislando sólo los derechos humanos con carácter universal. Pero, incluso el carácter universal de los derechos humanos no es más que una falacia. No sólo porque los mecanismos y procedimientos de aplicabilidad de dichos derechos son altamente racistas y nortecéntricas, sino porque las sociedades adineradas del Norte mantienen su estilo de vida gracias a la sistemática violación de los derechos de las sociedades del Sur.
A esto se suma que el carácter antropocéntrico y especista de los derechos humanos positivos ha dañado al límite la capacidad autoregulativa y regenerativa del planeta (negando sistemáticamente los derechos a nuestra Madre Tierra), al límite de colapsarla. Quizás porque jamás se dieron cuenta que nuestros derechos dependen de los derechos de la Madre Tierra
Situación de los derechos humanos en Guatemala y Honduras
Guatemala y Honduras, países protegidos y consentidos por el Estado “adalid” y “defensor universal” de los derechos humanos, es una evidencia del fracaso del discurso humanista del Norte. En estos países, al igual que en muchos otros, el Norte y Europa jamás permitieron procesos de cambios sociopolíticos estructurales tendientes a universalizar los derechos para todos los humanos, porque ello implicaba afectar los privilegios de sus agentes económicos.
Al grado que en estos estados naciones casi bicentenarios, el derecho humano más elemental como es el derecho a la vida se constituye en un privilegio existencial que cada quien debe preservarla a cada instante.
Guatemala y Honduras, al igual que otros países, firmaron y ratificaron casi la totalidad de los convenios y declaraciones internacionales referentes a los derechos humanos. En sus ordenamientos jurídicos incorporaron incluso hasta los derechos humanos de la tercera generación. Pero, en ninguna otra época de la historia, en esta tierra donde florecieron milenarias civilizaciones, el valor de la vida humana se ha devaluado tanto como ahora.
Ni tan siquiera en el período que duró la invasión militar española (siglo XVI) o norteamericana (siglo XX, dictaduras y genocidios) se llegó a asesinar a bala a un promedio de 20 a 25 personas por día, como ocurre ahora. La situación es aún más escalofriante si le ponemos atención a las silenciosas muertes diarias por cáncer, diabetes, desnutrición, etc. ¿Dónde están los derechos humanos para ellos/as? ¿Dónde está el Estado de Derecho para ellos/as?
No se cuenta con defensores profesionales de derechos para este contexto. Las y los agentes técnicos-profesionales juristas apenas estaban capacitados para defender el derecho a la propiedad. En las universidades no se forman a abogados defensores para los derechos sociales, ni económicos, mucho menos para los ecológicos, ni para los derechos colectivos de los pueblos.
El sistema neoliberal disolvió a los estados, activó la violencia generalizada y expulsa a la diáspora a guatemaltecos y hondureños
En estos países, los estados naciones, en su origen e historia, fueron esencialmente racistas, clasistas, machistas y especistas. Los estados se constituyeron como herramientas para la acumulación de los privilegios de unos pocos, y para la dominación material y cultural de las grandes mayorías.
Por aquí, la democracia y la ciudadanía no pasaron de ser retórica. En los hechos, las grandes mayorías jamás dejaron de ser súbditos obedientes y creyentes de las élites violentas. Los grupos de poder utilizaron y utilizan a las iglesias, escuelas, leyes, entidades públicas, organizaciones políticas, medios de información, etc., para anular el pensamiento, la memoria y la dignidad de los pueblos. En estos territorios no se pudo consolidar el Estado nación, ni la ciudadanía. Por tanto, tampoco el cumplimiento y ejercicio de derechos. Las personas saben de memoria la Biblia, pero de sus derechos, casi nada.
En estas condiciones llegó la imposición del sistema neoliberal para despojar los bienes y derechos que la colonia española y norteamericana no habían logrado llevarse consigo. Esta tercera invasión de corporaciones desterritorializadas, en menos de dos décadas, diluyó y diluye casi por completo los derechos humanos, de primera, segunda, tercera, hasta de la cuarta generación.
El principal enemigo del sistema neoliberal era y es el Estado de Derecho y la ciudadanía (con derechos). Por tanto, achicar o aniquilar el Estado de Derecho (convertirlo en su gendarme), y transformar a “ciudadanía” en consumidores, era el objetivo principal de este sistema. En el caso de Guatemala y Honduras, con aparentes Estados de Derecho, y ciudadanía casi inexistente, el neoliberalismo no tuvo mayor oposición para sus objetivos.
Pero, lo que quizás no contemplaron los promotores de la nueva religión neoliberal fue que los estados aparentes no tenían suficiente autoridad como para subordinar a los pueblos a los intereses de los nuevos amos.
En estos casi dos décadas de la omnipotencia de la religión neoliberal, el desempleo galopante, el crecimiento sin precedentes de la brecha entre ricos y empobrecidos, la destrucción de ecosistemas y expulsión de poblaciones enteras de sus territorios, la corrupción endémica en el sistema judicial, legislativo y ejecutivo, etc., generaron una violenta desintegración de las sociedades. Territorios completos quedaron bajo el control total de la industria del narcotráfico y el crimen organizado.
La incertidumbre y el libre mercado de armas obligaron a la gente a armarse. Al grado que la autoridad legal no sólo se diluye irremediablemente, sino las personas resuelven sus conflictos interpersonales a bala y machete. Las pequeñas empresas pagan doble impuesto (impuesto de guerra al crimen organizado, e impuesto fiscal al Estado).
Muchas otras empresas privadas simplemente abandonan estos países al no poder lidiar con la violencia generalizada. Al mismo tiempo, millones de guatemaltecos y hondureños son expulsados por el sistema neoliberal hacia la trágica ruta al Norte. En fin, algunos agentes del sistema neoliberal incluso hacen dinero con la industria de la violencia y de la estampida migratoria.
A esta incertidumbre existencial, producto de la disolución de las instituciones estatales y la violenta desintegración de las sociedades, se suma la incertidumbre alimenticia, climática, hídrica, etc. Guatemala y Honduras, países tropicales y muy sensibles a las variaciones hidrometeorológicas se encuentran catalogados como países de riesgo climático límite superados sólo por otros como Bangladesh. El control del agua y de la tierra está activando conflictos violentos entre ricos y empobrecidos. Las sequías y huracanes generan tantas perdidas económicas que el PIB de estos países se reduce más año que pasa.
Defensores/as de derechos, enemigos internos de los estados
En este contexto de las consecuencias del sistema neoliberal la tarea de la defensa de los derechos, y la defensa de las y los defensores de derechos se encuentra en alerta roja. No únicamente porque los agentes del sistema neoliberal (empresarios hidromineros, palmeros, cañeros, etc.) catean a defensores de derechos como los enemigos de “su desarrollo”, sino porque los mismos gobernantes consideran que la defensa de los derechos es una actividad subversiva en contra de la seguridad interna del país. Es decir, en estos dos países, el o la defensora de derechos es “enemigo interno del Estado”.
Esta es otra evidencia de la falacia de la vigencia de los derechos humanos en estos países. Las personas conscientes, individual o colectivamente, se atreven a defender los derechos, ante el silencio cómplice o permisivo de los estados (llamados a garantizar dichos derechos), pero, el propio Estado, lejos de agradecer y promover defensores, los criminaliza. Sólo porque los derechos humanos y sus defensores se constituyen en un estorbo para el funcionamiento del sistema neoliberal.
Es estos países se persigue, encarcela y asesina a defensores/as como si se tratase de cualquier escoria de la sociedad. Lejos de investigar a los culpables se los premia con la impunidad. Y así, el anti sujeto se impone en el imaginario colectivo generando miedo y sumisión.
Pueblos indígenas en defensa de los territorios
Ante la ausencia de la “ciudadanía” organizada para defender los derechos humanos anulados por el sistema neoliberal, surgen con fuerza y de manera simultánea los “no ciudadanos” para defenderse y defender los derechos en estos países. Estos sujetos colectivos “no ciudadanos” son los pueblos indígenas, quienes jamás formaron parte de los estados racistas, ni fueron tomados en cuenta como ciudadanos.
Estos pueblos, que en Guatemala son mayoría demográfica, y en Honduras una minoría casi anulada, se articulan localmente alrededor de los derechos colectivos reconocidos en el convenio 169 de la OIT y en la Declaración Universal sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Derechos como el de Tierra-Territorio, Consulta Previa y Autodeterminación son las banderas con las que estos nuevos sujetos sociopolíticos intentan frenar el avance de la rearticulación del capital por despojo y expulsión emprendida por las empresas y corporaciones neoliberales.
Los proyectos de minería, hidroélectricas, expansión del sistema eléctrico plan Puebla-Panamá, monocultivos, etc. son resistidos pacíficamente por las comunidades y pueblos organizados. Pero, la reacción de los estados (gendarmes de las empresas privadas) tampoco se deja esperar. Asesinan selectivamente a las y los dirigentes. Persiguen penalmente a cuantos se movilizan en resistencia. Pero, la resistencia indígena sigue y crece más en Guatemala que en Honduras.
Los pueblos indígenas al defender el el territorio, no sólo están defendiendo el derecho que tiene el pueblo al agua, a los bosques, al suelo, a las identidades culturales, etc., sino desde la perspectiva de la integralidad o de la fraternidad cósmica todos los seres que cohabitan en el territorio tienen derechos. Y, del cumplimiento de esos derechos depende la satisfacción del bienestar y los derechos humanos. Este es el sentido de la propuesta de la reconstitución de las territorialidades. Por eso, los procesos de la resistencia colectiva en defensa de los territorios están hilvanados por vivencias y reencuentros con las y los ajaus, las y los formadores, las y los ancestros, etc.
En aquellas ceremonias mayas, casi clandestinas, las y los presentes en resistencia comparten sus comidas y bebidas para fortalecerse como sujetos colectivos. Al mismo tiempo, dan de comer y beber a los ajaus (espíritus protectores de las fuentes de agua, de los cerros, de los bosques, de las personas), a las y los ancestros, a las y los mártires, para así todos juntos fortalecerse y mantenerse en la defensa de los derechos que asisten a toda la comunidad cósmica.
Aún no existen leyes especiales sobre los derechos colectivos de los pueblos indígenas, mucho menos de los derechos de la Madre Tierra. Pero, las acciones colectivas de resistencia en defensa de estos derechos no sólo manifiestan la desobediencia creciente, sino la proclamación de que “los derechos de la Madre Tierra y de los pueblos no dependen de la voluntad estatal. Mucho menos cuando el Estado es excluyente y racista con los “no ciudadanos”.
Éste es el sentido de la defensa de los derechos colectivos de los pueblos y de la Madre Tierra. En un contexto en el que el sistema neoliberal diluye los derechos humanos, y los estados declaran como sus enemigos internos a todo defensor/a de derechos, los nuevos sujeto colectivos se levantan con un planteamiento inesperado para el sistema: la reconstitución de los territorios para garantizar por sí mismos los derechos para todos/as en esas unidades territoriales.

viernes, 24 de octubre de 2014

Embajada de México ORDENA disolver manifestación en España. #EPNBringTh...

'Pienso luego me desaparecen'. 'No estamos en México, no va a pasar nada'


ENCAPSULADOS EN MADRID. EMBAJADA DE MÉXICO ORDENA DISOLVER MANIFESTACIÓN EN ESPAÑA.


OCTUBRE 23, 2014, AR1ZZ
Personal de la Embajada de México en Madrid, se dio a la tarea de salir a grabarnos y tomarnos fotografías a quienes fuimos a protestar en apoyo a los compas de #Ayotzinapa. Siempre protegidos detrás de los policías. El mequetrefe que se observa en el vídeo, de traje café, con sombrero y corbata roja, estaba grabando directamente a los que nos manifestábamos. ¿Para qué? ¿Qué nos van a hacer? ¿Somos los siguientes? ¿Habrán de instaurar en España las narcofosas, también?

Fuimos ENCAPSULADOS EN MADRID, al más puro estilo de los métodos de la policía en la Ciudad de México. Hubo un momento, en que estábamos un grupo de unos 100 manifestantes, rodeados por decenas de policías que nos impedían salir del círculo en que nos envolvieron y nos prohibían caminar en cualquier dirección. Son serviles los gobiernos del mundo a un solo amo: el dinero. Se confabulan y se vuelven cómplices de la masacre y la sangría en que se ha convertido nuestro país. El gobierno español protege a su socio y mientras hace ‘la vista gorda’ con México, ‘se rasga las vestiduras’ cuando no se trata de un país de esos que no están ‘alineados’.

Comunicado de jueces para la democracia y de la unión progresista de fiscales ante las actuaciones contra inmigrantes


Ante los recientes sucesos en la valla fronteriza de Melilla, Jueces para la democracia y la Unión Progresista de Fiscales manifestamos nuestro profundo rechazo a la práctica ilegal de las denominadas ” devoluciones en caliente” y al uso injustificado de la violencia hacia las personas inmigrantes, impropio de un estado de derecho.
La publicación de un video grabado por una ONG permite apreciar cómo, tras ser repetidamente golpeado, un inmigrante inerte es tratado como un objeto o animal para ser entregado a las autoridades marroquíes.

jueves, 23 de octubre de 2014

Salesianos, premiados por la revista Magisterio


- Por: Javier Valiente
22/10/2014 - 73 Vistas

La revista Magisterio hará entrega, el próximo 30 de octubre, de los Premios Magisterio a los Protagonistas de la Educación 2014. Entre los premiados está la Congregación Salesiana

 
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Como señalan los organizadores, “en esta edición la Congregación Salesiana ha sido premiada con el galardón especial Mención Educativa por los más de 150 años de labor docente en todo el mundo”, y por celebrarse el Bicentenario del nacimiento de San Juan Bosco, fundador de los salesianos, “un modelo educativo de total vigencia para el siglo XXI”.
 
El acto de entrega de estos premios se celebrará en el auditorio CaixaForum de Madrid, a las 19’30 horas del próximo jueves 30 de octubre. En el mismo acto, otras instituciones educativas también serán reconocidas en su labor como la Fundación Educo, el Ministerio de Educación Británico, el Grupo Vaughan, La Consejería de Educación de Castilla La Mancha, o la Universidad Internacional de la Rioja.
 
La revista Magisterio es un referente entre las publicaciones sobre educación en nuestro país. Comenzó su andadura en 1867, siendo el decano de la prensa no diaria en España, y ofrece diversas publicaciones para profesores, estudiantes y para padres con hijos en edad escolar.

CARTA ABIERTA DIRIGIDA A PAPA FRANCISCO APOYA A SACERDOTES BERRÍOS, PUGA Y ALDUNATE

aldunate y
Del final del Sínodo hablaremos cuando tengamos el texto de la Relatio en castellano. Entretanto…

En la misiva se destaca la “crisis” por la cual atraviesa la iglesia chilena atribuyendo esa responsabilidad al cardenal Ricardo Ezzati por la conducción con un estilo de “liderazgo autoritario, con falta de humildad y escasa capacidad para escuchar”.

Publicado por: Patricio Gutiérrez
A modo de respuesta de la polémica desatada por el cardenal Ricardo Ezzati por la supuesta acusación a los sacerdotes Felipe Berríos, Mariano Puga y José Aldunate ante el Vaticano (ver Ricardo Ezzati denuncia ante el Vaticano a tres ejemplares sacerdotes chilenos), poco más de  un centenar de laicos cristianos escribió una carta abierta al Papa Francisco para informar la “crisis” que afecta a la iglesia católica chilena.
Figuras como Fabiola Letelier, Andrés Aylwin, Mónica Echeverría, Delfina Guzmán, Claudio di Girólamo y Roberto Celedón fueron revelando un conjunto de hechos delicados que – en el contexto de la investigación que afecta a los padres José Aldunate SJ, Mariano Puga y Felipe Berríos SJ – definen una profunda “crisis” en la iglesia.
Según los mencionados, existen divisiones y rivalidades, censura a la libertad de opinión, falta de respeto a la conciencia ajena, desconfianza y miedo entre los consagrados, además de falta de transparencia económica.
En la carta se atribuye especial responsabilidad al cardenal Ezzati por la conducción de la Iglesia con un estilo de “liderazgo autoritario, con falta de humildad y escasa capacidad para escuchar”.
La misiva le indica al Papa Francisco que la iglesia nacional sufre y que el pueblo de Dios parece “como ovejas sin pastor”. Asimismo solicitan que encomiende una Visita Apostólica al Arzobispado de Santiago para evaluar la situación.

CARTA ABIERTA AL PAPA FRANCISCO

Querido Hno. Papa Francisco:
Junto con agradecer la esperanza que Ud. ha traído de vuelta a la Iglesia universal, un grupo de cristianos estimamos conveniente ejercer nuestra corresponsabilidad laical, y solicitar respetuosamente su atención a un hecho que ha conmocionado a la opinión pública de nuestro país: la acusación, desmentidos, aclaraciones y retractaciones de altos dignatarios de la Iglesia que han producido desconcierto, confusión y división en el Pueblo de Dios, derivado de una investigación canónica contra tres insignes sacerdotes.
La prensa ha informado de una investigación canónica, motivada por opiniones públicas personales que expresan: apoyo a reformas que se discuten en el Congreso Nacional; acogida a marginados por su condición sexual; comprensión a mujeres que sucumben dramáticamente abortando a un hijo en gestación; y acompañamiento en el discernimiento moral.
Sin inmiscuirnos en cuestiones canónicas, vemos que lo ocurrido no es un hecho aislado, sino el síntoma de una grave crisis que vive nuestra Iglesia chilena en general, y la Iglesia de Santiago en particular. Por eso, consideramos necesario compartir una mirada objetiva de la situación de nuestra Iglesia, ofreciendo de paso un testimonio de la vida sacerdotal de los hermanos cuestionados.
1. «Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio» EG48
Los sacerdotes involucrados – padres José Aldunate SJ, Mariano Puga y Felipe Berríos SJ – se han ganado el cariño y respeto de la mayoría de los chilenos. Ellos son el rostro comprometido y acogedor de una Iglesia cercana a los pobres y perseguidos. Ellos son referentes morales y personas creíbles por su coherencia evangélica, cautivando a multitud de niños, jóvenes y adultos, sin distinción de clase, credo ni ideología.
Es sabido que la voz de estos sacerdotes incomoda, entre ellos, a algunos obispos y a grupos vinculados a la Iglesia que ejercen poder.
2. «Deseo de escuchar a todos y no sólo a algunos que le acaricien los oídos» EG 31
La opinión pública ha sido testigo, con no poca perplejidad, de un pudoroso conflicto entre el arzobispo de Santiago, cardenal Ricardo Ezzati Andrello, y el nuncio apostólico, monseñor Ivo Scápolo. Mientras el cardenal desconoce responsabilidad y endosa culpas a la nunciatura, monseñor Scápolo actúa con prudencial sigilo.
Entre los antecedentes objetivos disponibles hay constancia de la investigación canónica, así como de la difusión de los hechos en una reunión del clero de Santiago presidida por el cardenal arzobispo.
Se instala así la duda, la intriga y la desconfianza, invadiendo el alma del Pueblo de Dios que, confundido, contempla el Cuerpo Místico de Cristo herido.
3. «La gloriosa libertad de los hijos de Dios.» Rm 8,22b
Con estos hechos se impone la censura a la libertad de opinión y se revela un rasgo de la Iglesia preconciliar, jerárquica y piramidal. Queda también en evidencia el indebido respeto por la conciencia ajena.
Como un hecho persistente, vemos en la Iglesia de Santiago un nocivo ambiente de desconfianza y de miedo que inhibe la libertad de los hijos de Dios, afectando particularmente al clero y a la vida religiosa. Ello, es consecuencia de un estilo de liderazgo autoritario de público conocimiento: “Hace un par de meses en reunión con sus vicarios del Arzobispado consultó: «¿Es verdad que me ven como alguien autoritario?» Los vicarios se miraron y negaron el hecho porque asumen que su estilo ejecutivo que imprime en su gestión es parte de su personalidad”. (Diario La Segunda, 22 de Agosto de 2014).
4. «¡El dinero debe servir y no gobernar!» EG 58
En la Iglesia chilena, vemos opacidad económica que afecta su imagen pública. Los fieles tenemos derecho a conocer con transparencia las fuentes de financiamiento y los gastos de nuestra Iglesia, así como la administración de su patrimonio y los vínculos comerciales con algunos grupos económicos. Nuestra Iglesia necesita liberarse del apego al poder del dinero, que inhibe la libertad evangélica de los pastores.
A modo de ejemplo, está la demanda judicial de una familia contra el Arzobispado de Santiago por 200 millones de dólares, por la supuesta apropiación indebida de parte de la propiedad de la filial de SOPROLE, Sociedad Procesadora de Leche del Sur S.A. (El Mostrador, 21 de noviembre de 2013).
5. «No a la mundanidad espiritual» EG 97
Vemos con preocupación que un emblemático edificio institucional, inaugurado en Diciembre de 2013 en el campus San Andrés de la Pontificia Universidad Católica de la Santísima Concepción, lleve el nombre de Monseñor Ricardo Ezzati Andrello y haya sido inaugurado por él mismo. (http://noticias.iglesia.cl/noticia.php?id=22992).
6. «Cada pueblo, en su devenir histórico, desarrolla su propia cultura con legítima autonomía» EG 115
Vemos que no se respeta la autonomía del Estado, como cuando el arzobispo de Santiago hacía lobby privado ante el gobierno del expresidente, Sebastián Piñera, para persuadir que el Estado de Chile no ratifique la Convención Interamericana Contra Todas las Formas de Discriminación e Intolerancia, adoptada por la 43ª Asamblea de la OEA. Eso dañó la imagen eclesial, exponiéndola a un severo escrutinio social y político. (The Clinic, 16 de Octubre de 2013).
7. «El mensaje que anunciamos siempre tiene algún ropaje cultural, pero a veces … podemos mostrar más fanatismo que auténtico fervor evangelizador» EG 117
Vemos falta de prudencia pastoral cuando el arzobispo de Santiago ha protagonizado una persistente y reñida confrontación pública en la discusión de la Reforma Educacional, donde la Iglesia aparece defendiendo privilegios y mecanismos de segregación que no son compartidos por todo el Pueblo de Dios. Muchos ven en ello la defensa de privilegios, más que servicio al Bien Común.
En los denominados temas valóricos, la falta de serenidad y un estilo confrontacional impiden que la riqueza magisterial de la Iglesia ilumine el diálogo social, consiguiendo tensionar la vida cívica del país. (El Mercurio, 19 de Enero; 22 de Mayo y 27 de Julio de 2014).
8. «La homilía es la piedra de toque para evaluar la cercanía y la capacidad de encuentro de un Pastor con su pueblo» EG 135
Vemos cómo se deteriora la autoridad del arzobispo de Santiago. Prueba de ello es que al convocar a un “Gran Propósito Nacional”, en la homilía del Te Deum realizado en el templo catedral de la Iglesia de Santiago el 18 de Septiembre de 2014, no tuvo respuesta pública. Ante el silencio, insistió publicando una carta en El Mercurio del 28 de Septiembre, la que nuevamente no encontró acogida.
9. «La Iglesia católica es una institución creíble ante la opinión pública» EG 65
Vemos con tristeza una pérdida de credibilidad de nuestra Iglesia, ratificada en una persistente caída de este atributo en encuestas de opinión serias. Nos duele que sólo un 30% de los chilenos concedan credibilidad a la Iglesia Católica. Ello singifica que la mitad de los católicos no confían en su propia Iglesia. (Encuesta CEP, Julio de 2014).
10.       «La dulce y confortadora alegría de evangelizar» EG 9
Nuestra Iglesia chilena sufre y su imagen es desacreditada; mientras el Pueblo de Dios resiente la crisis y parece “como ovejas sin pastor” (Mt 9, 36b). Mucho bien hace nuestra Iglesia, pero su tarea esencial se ve dificultada porque, sin credibilidad, no es posible anunciar la confortadora Alegría del Evangelio.
Querido papa Francisco, para encontrar cauces de solución, y por el bien superior de nuestra Iglesia, queremos solicitar respetuosa y responsablemente, que tenga a bien considerar la venida de una Visita Apostólica al Arzobispado de Santiago, para evaluar objetivamente la delicada situación descrita.
En este atrevimiento de escribirle una carta abierta, nos mueve un entrañable amor a nuestra Iglesia, y nos ha convencido aquello que “Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: « ¡Dadles vosotros de comer! » (Mc 6,37)” EG 49.
Con afecto filial, lleno de esperanza, y con el compromiso de nuestra perseverante oración por Ud. y por el bien nuestra Iglesia, le saludan afectuosamente