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jueves, 27 de febrero de 2020

El papel del comunicador salesiano en la actualidad


- Por: Joana Monzó


Salesianos Madrid acogió la VI Jornada Salesiana de Comunicación en la que han participado más de 100 referentes de comunicación de los distintos ambientes salesianos de las Inspectorías María Auxiliadora y Santiago El Mayor.

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En el encuentro se ha abordado el papel del comunicador salesiano en la actualidad y la formación en herramientas sociales como Instagram y podcast.

Javier Valiente, delegado nacional de comunicación, dio la bienvenida y valoró la riqueza en comunicación de ambas inspectorías, así como el trabajo conjunto y señaló: “Podemos pensar en la comunicación como una obra Salesiana. Sobre todo, la conciencia compartida de trabajar coordinados”.

La VI Jornada de Comunicación contó con la participación de José María Rodríguez Olaizola, jesuita, sociólogo y escritor con gran proyección en redes. Fiel defensor del uso de la Comunicación y la Pastoral para tender puentes, unir a personas e ideas, Olaizola expuso los retos del comunicador cristiano y los desafíos que hay que sortear para lograr una comunicación en Internet al servicio de la palabra.

El comunicador cristiano debe vencer la tentación de las trincheras y tender puentes
Que la Iglesia debe estar y está en Internet no cabe duda. Actualmente el contenido católico en el mundo de la comunicación viene dado por un mosaico de presencias y comunicadores cristianos, pero no necesariamente con intención evangelizadora.

“La comunicación cristiana empieza con una actitud cristiana”, compartió Olaizola.  Más importante incluso que los contenidos es la actitud. Para el jesuita, la mejor forma de estar en la comunicación es tender puentes, es decir, buscar espacios de diálogo y de encuentro y vencer las trincheras. “Hay comunicadores que han elegido jugar al juego de la división”, lo cual es un error, considera. “Se puede estar de una manera menos radical, menos apologética”.

Los puentes deben tenderse entre creyentes y no creyentes; entre diferentes sensibilidades dentro de la Iglesia; hay que tender puentes intergeneracionales; entre lugares; y el reto más importante, según Olaizola, “hay que tender puentes hacia los invisibles, los excluidos”. Esos puentes se tienden con los lenguajes, los contenidos y la actitud.

Olaizola considera que estamos saturados y es necesaria una reflexión más amplia, de fondo, así como crear estrategias a largo plazo y un contenido evangelizador de calidad.

Pero, ¿a qué dificultades se enfrenta el comunicador cristiano? Principalmente a las propias características de Internet: la inmediatez y el cambio constante que provocan falta de profundidad, “es difícil dar un contenido que vaya más allá de un titular o de 280 caracteres”. También al ‘emocionalismo’, “nos pesan mucho las críticas, y es necesario mantener la cabeza fría. En comunicación no se puede entrar al trapo del ‘polemismo’ porque destruye puentes”, explicó. Otro rasgo contraproducente de Internet es el analfabetismo digital: entendido como la cantidad de personas que no entienden lo que está leyendo, gente que responde a sus propias obsesiones.

“Una de las exigencias que se le hace al comunicador es definirte”, explicó. “Estar en tierra de todos cuesta porque la tendencia es polarizar”; en Internet “pesan más las voces estridentes y eso hace difícil escuchar voces ponderadas”, advirtió.

Al comunicador cristiano se le debe exigir tener una opinión informada, con capacidad de análisis; transparencia, frente a los que opinan ocultos tras un avatar y comunicar con una identidad personal y para ello “necesitamos trabajar perfiles”, pero eso no se consigue de la noche a la mañana.

Y, por último, el comunicador debe tener en cuenta para quién comunica y con qué fin.

En cuanto al público, Olaizola categorizó tres escenarios y diferentes objetivos: los ya convencidos. Con quienes hay que incidir más en lo que nos une que en lo que separa. Intentar abrir algunas fisuras en los pensamientos planos y ayudar a pasar a una fe más adulta. Los distantes –“en esta categoría estarían la mayoría de nuestros alumnos”, señaló-. Para ellos y ellas “hay que estar preparados para una nueva evangelización; crear contenidos que sean un primer anuncio”. Y los no creyentes, con los se puede abrir brecha.

Uno de los grandes retos que se le proponen al comunicador cristiano en esta nueva etapa de la comunicación es, además de la ya mencionada estrategia a largo plazo, el construir comunidades, “mucha gente busca un espacio de pertenencia mayor” y las redes ofrecen la posibilidad de crearlos.

Tras su exposición, en el tiempo de diálogo, Olaizola habló de sus proyectos más conocidos: pastoralsj.org y “Rezandovoy”, por su experiencia, un proyecto comunicativo tiene que tener un liderazgo, señaló.

De la teoría a la práctica
En una segunda parte de la Jornada se impartieron dos talleres prácticos: Instagram, “El éxito de la imagen”, para sacarle el máximo partido a esta herramienta y red social conociendo todas sus funciones y posibilidades. Impartido por José Luis García Moscoso y Manuel Serrano, de la delegación de comunicación.

Un segundo taller abordó el Podcast como herramienta para las entidades y presencias salesianas. Javier González, periodista de la COPE, explicó las posibilidades que tiene el podcast y guió a los participantes en su edición para hacerlo más atractivo y dinámico, y en la mejor forma de difundirlo, atendiendo a público y objetivos.

Las jornadas de comunicación son además de un encuentro formativo, un espacio de reflexión y de buenas prácticas compartidas.
 
 



Adjuntos

Domingo 1 de marzo, 1 Cuaresma – A (Mateo 4,1-11)

José Antonio Pagola

LAS TENTACIONES DE
LA IGLESIA DE HOY

La primera tentación acontece en el «desierto»
Después de un largo ayuno, entregado al encuentro con Dios, Jesús siente hambre. Es entonces cuando el tentador le sugiere actuar pensando en sí mismo y olvidando el proyecto del Padre: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». Jesús, desfallecido pero lleno del Espíritu de Dios, reacciona: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de Dios». No vivirá buscando su propio interés. No será un Mesías egoísta. Multiplicará panes cuando vea pasar hambre a los pobres. Él se alimentará de la Palabra viva de Dios.
Siempre que la Iglesia busca su propio interés, olvidando el proyecto del reino de Dios, se desvía de Jesús. Siempre que los cristianos anteponemos nuestro bienestar a las necesidades de los últimos, nos alejamos de Jesús.
La segunda tentación se produce en el «templo»
El tentador propone a Jesús hacer su entrada triunfal en la ciudad santa, descendiendo de lo alto como Mesías glorioso. La protección de Dios está asegurada. Sus ángeles «cuidarán» de él. Jesús reacciona rápido: «No tentarás al Señor, tu Dios». No será un Mesías triunfador. No pondrá a Dios al servicio de su gloria. No hará «señales del cielo». Solo signos para curar enfermos.
Siempre que la Iglesia pone a Dios al servicio de su propia gloria y «desciende de lo alto» para mostrar su propia dignidad, se desvía de Jesús. Cuando los seguidores de Jesús buscamos «quedar bien» más que «hacer el bien», nos alejamos de él.
La tercera tentación sucede en una «montaña altísima»
Desde ella se divisan todos los reinos del mundo. Todos están controlados por el diablo, que hace a Jesús una oferta asombrosa: le dará todo el poder del mundo. Solo una condición: «Si te postras y me adoras». Jesús reacciona violentamente: «Vete, Satanás». «Solo al Señor, tu Dios, adorarás». Dios no lo llama a dominar el mundo como el emperador de Roma, sino a servir a quienes viven oprimidos por su imperio. No será un Mesías dominador, sino servidor. El reino de Dios no se impone con poder, se ofrece con amor.
La Iglesia tiene que ahuyentar hoy todas las tentaciones de poder, gloria o dominación, gritando con Jesús: «Vete, Satanás». El poder mundano es una oferta diabólica. Cuando los cristianos lo buscamos, nos alejamos de Jesús.

Domingo 1 de Marzo, 1º de Cuaresma


1 de CuaresmaA40 Mártires de Sebaste (320)
Los comentarios bíblico-litúrgicos para ayudar a la elaboración de las homilías dominicales de este típico “domingo de las tentaciones”, el primero de cuaresma, suelen presentar en esta ocasión un sencillo paralelismo antagónico: la primera tentación fue la que se le presentó a Eva, que acabó en el pecado; pero ha habido otra tentación, la que sufrió Jesús en el desierto, que acabó en victoria, de la que podemos tomar ejemplo. ··· Ver noticia ··

ADÚ


col gerardo

Me da igual: abrir los ojos que escuchar. Una situación muy dura en la humanidad: coronavirus, guerras, refugiados, manifestaciones, muchas y muy fuertes, descontento…. Me produce dolor y tristeza, necesito buscar alguna estrella que brille en medio de esta noche tan obscura, y no encuentro muchas estrellas, ni la luna. Percibo pequeñas luciérnagas que tenuemente marcan y denuncian su presencia.
Somos muchos los que esperábamos del papa más decidido a favor de los viri probati, que casados, pudieran acompañar a las comunidades cristianas, pero el problema sigue y no se ve postura de tomar decisión.
¿Hay algo de luz? ¿Existe alguna chispa de esperanza?
Como el rey Acáz pregunto a los profetas de hoy. Y la respuesta es la misma: “un Niño nos va a nacer y de ahí viene la salvación”. Veo la película ADÚ, y me entusiasmo. Un niño tan valiente, tan decidido. Sí, es película, pero en la realidad se sigue dando. Son tantas personas débiles, niños, ancianos, empobrecidos. Y de ahí va a venir la salvación. Parece un contrasentido.
Pero tantos débiles, sufrientes, empobrecidos, son los que traen las respuestas a los problemas, porque, además, el Padre Dios, está ahí actuando. Igual, muchos millonarios pierden sus riquezas, pero la fuerza de la debilidad, del amor, abre nuevos caminos y viene la salvación. Aunque para ello sea necesario el que exista de por medio una bicicleta vieja y estropeada. Coraje, decisión, valentía.
Fue en la cumbre sobre el clima donde oímos la valentía y el coraje de Greta Thunberg que conquista la cumbre del clima de Madrid casi sin decir una palabra. Surgen constantemente profetas, líderes, mensajeros que marcan otra alternativa a la sociedad.
Y en este sentido me sorprende. Hay una persona capaz de decir lo que siente y vive con total valentía y honestidad. Está creando otro ambiente en el mundo. Es el papa Francisco, porque además va en el camino de sembrar esperanzas y poner los medios: Un palacio para los pobres, vive en la sencillez absoluta, tiene libertad de palabra, ¿qué más se puede hacer?
Es una denuncia demasiado fuerte: un niño contra todas las leyes internacionales, que consigue llegar a un país donde poder vivir mejor. Gracias por no haber buscado los premios del festival. Así hace más denuncia y tiene mayor fuerza su planteamiento. Con muchas personas como Adú, que las hay, el mundo tiene arreglo. Otro mundo.

AMOR INCONDICIONAL DESDE “LO FEMENINO”


col bennasar
Cuando Rut (Rut 1,16…) le dice a Noemí “A donde tú vayas yo iré, donde quiera que vivas viviré, tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” no sabe en qué situación pone su vida. La confianza, lealtad y abandono de esta joven viuda en su suegra, es escalofriante.
¿Por qué será que la fuerza, casi magnética de estas palabras que emergen de las entrañas de Rut, nos enganchan e incluyen en este círculo potente -de pérdida y amor incondicional-?
La Noemí que sufre en silencio, cargada de pérdidas y nostalgias, resetea su “gps” interior y es guiada a Belén, su lugar de origen: Belén: “casa del pan”. Hace mucho había marchado de allí, joven, del brazo de su esposo. Ambos llenos de vitalidad y futuro, buscando un lugar para formar una familia con dignidad, sin pasar necesidad.
Como esa pareja del este de Europa, con dos hijos en su país, que ayer me encontré pidiendo ayuda en la calle. También ellos desean regresar a su tierra, dejar de dormir en cajeros, ducharse, calzar zapatos y no pantuflas en la lluvia y sentir el olor a hogar. Su pérdida de esperanza en una Europa saturada que los mira como a delincuentes hace que deseen regresar a su pobreza donde está su tesoro, sus hijos.
Sí, no exagero, mientras hablaba con ellos y me intentaba situar para ver cómo ayudarles, pasa el típico español cuya imagen no gusta: estirado, prepotente, con un perro que, alimentarle un día, cuesta más que alimentar a toda una familia en otros países, y desde la distancia el hombre del perro, me grita “señora, no se deje tocar”, indignada y confusa le pregunté ¿por qué? y sin detenerse me dice, “por si luego le falta algo”.
Cuando me volví, vi la cara de dolor y humillación en mi joven y atractiva pareja: rubios, guapos, si hubieran ido duchados, descansados y alimentados, podrían parecer más pijos que el del galgo. Pero iban andrajosos, y esto da miedo.
Dejé que aquel ego bien vestido con su perro elegante marchara y seguí con mi, ya más cercana, pareja. Zapatos, calcetines, dinero para el autobús a su tierra… poquito pero básico para su subsistencia un día más, con esperanza.
Y a mi querido señor del galgo, le cuento que no me faltó nada, me dejé tocar por dentro y me sentí hermana, tanto que me sentí culpable de todo lo que me sobra y feliz de saber que nada me pertenece.
Entiendo a Rut y a Noemí, ellas como ellos, mi pareja del este, necesitan encontrar de nuevo sus raíces, y tal vez labrar su pedazo de tierra y dejar de soñar en occidente porque aquí… ¡hay mucho galgo!
Estábamos orando en el retiro de fin de semana con este texto de Rut y Noemí, y pude sentir en el grupo de unas 30 personas, mujeres y hombres, mayoría jóvenes, que había muchas Ruts y Noemís entre nosotras y nosotros.
Unas personas mostraban cansancio, sequedad interior, otras ilusión y miedo a la vez por sentir la energía de un amor que nos invade y toca y mueve nuestros cimientos.
Pienso que es más fácil dejarnos tocar por el pobre de recursos materiales que por los que están tan desertizados por dentro que casi no pueden llegar a la fuente, o prefieren creer que es un espejismo. A veces mirar nuestro vacío es más cómodo que hacer el camino a la fuente; al vacío lo controlamos más y es una opción, el camino a la fuente es una sorpresa, y no siempre nos gusta no saber qué viene después de la curva.
Estas dos mujeres nos hablan de empoderamiento mutuo. Nos hablan de lealtad y de sinergia. Hacen el proceso de despatriarcalizarse, y juntas, apoyadas en el Dios que nos sostiene, emprenden su camino sin más brújula que la del Dios de Noemí.
¿Cómo es el Dios de Noemí que tanto atrae a la joven Rut? ¿Cómo ha logrado Noemí esa seguridad en sí misma? Es una presencia que actúa en su interior, que se intuye en los sentidos. Es la sutil energía que realiza la transformación de nuestro ADN interior.
¿Cómo se da ese cambio, esa transformación? Cuando nos despatriarcalizamos también nosotras, como ellas, y pasamos de un Dios mediado (por instituciones, personas más importantes que  nosotros…) a un Dios que habla directamente al corazón.
Es el Dios que me pone en contacto con mi tierra y me invita a ser parte activa en el proceso, co-creando con la Ruah un mundo nuevo, alternativo y ya sembrado y brotando.
Ese Dios es el tuyo y el mío. El que nos sostiene y habita. El que crea comunidad y comunión. Es el Dios que conduce a Belén, a la casa del pan, en forma de cariño, de comunidad, de sentido, de presencia, de desconcierto y riesgo, de saber que hay alguien con quien hacer el camino.
Cuando el sábado por la noche, en nuestro retiro, otras cuatro personas se comprometían en comunidad a hacer el camino, con otras seis en España, yo me sentí, con el resto, un poco Noemí: lo único que tenemos es ese Dios que nos habita y una fuerza interior imparable que nos mueve como a peonzas por la geografía, porque en cada lugar hay alguien ¡está Rut! y hay que acompañarla en su proceso de descubrir esa fuerza de Noemí dentro de ella.
Y, ya estamos preparando la Pascua, esta vez viene precedida, con el tiempo primaveral, de algún aleluya ya, sí, después de muchas pérdidas… aparecen brotes de vida, Belén está cerca.
Y al grupo, lo que les impactó, fue el espíritu de Rut en los que se comprometían, porque al final, no son las palabras, sino los hechos los que tocan.
Amor incondicional, porque no pone condiciones, porque no pone cánones, porque es abierto, creativo, inclusivo, profético, empoderador, liberador.
Amor porque es energía creadora que sigue evolucionando desde dentro de nosotros y desde el cosmos hacia nosotros. La belleza y el dolor que nos envuelve nos formatean e impulsan a ser Rut, que se fía incondicionalmente de la luz que descubre en Noemí, pedazo de Ruah en nosotras.

Magda Bennàsar Oliver, sfcc

QUERIDA AMAZONÍA


col koldo
Una madre del brazo es privilegiada forma de revivir sin premura la ciudad, (San Sebastián) de exprimir hondos recuerdos, de explorar gratas novedades. El andamiaje exterior y los grandes toldos que esconden nuestra catedral no restaban un ápice de su original belleza interior. El soleado domingo se preocupó de encender para la hora todas las alargadas cristaleras. El órgano gigante añadía la restante solemnidad. San Martín no dolía. El caos de la gran arteria urbana abierta en canal quedaba lejos.
La reforma de la arquitectura exterior bien pudiera ir acompañada de los imprescindibles cambios por dentro. La piedra no puede envejecer si acoge un siempre renovado Espíritu. Podemos invertir muchos millones en nuevas fachadas sin lograr frenar anquilosamiento. No alcanzo a comprender por qué el Papa Francisco no da luz verde al sacerdocio de las mujeres, ni siquiera en la remota selva. 
“Querida Amazonía”, pese a su amable encabezamiento, no deja de ser una exhortación apostólica lastrada de cierta frustración. El “mayor protagonismo de la mujer” ya no puede ser menos que el de una igualdad de derechos felizmente consagrados, por lo menos de palabra, en el resto de los ámbitos sociales. ¿Pueden seguir separados el amor a la Amazonía y el amor a la mujer? Ese amor pasa por la devolución de la presidencia que le corresponde, ya en los altares de la selva tropical, ya en los del asfalto. 
El Espíritu, manifestado de forma clara y seguramente preferencial en el rostro, tierna y amorosamente, encendido de una mujer, es capaz de renovar lo aparentemente caduco. Pero, a veces, sólo a veces, más que a reivindicar, somos invitados a revivir. En ocasiones la fuerza incontestable de un recuerdo vívido, sincero y puro, puede echar el lazo al escurridizo futuro. ¿Quién dudaría que esa mujer que ayudaba en la misa mayor reencarnaba a su manera al Sumo Oficiante de aquella última y más sagrada Cena? 
Fue el pasado domingo en la misa de las doce, en el templo más importante de la ciudad. Detrás de la más bendita Forma brillaba la sonrisa más amable. La contenida sonrisa no desbordaba los márgenes de la obligada ortodoxia en tan significativo templo. Los apuraba. Esa sonrisa fraterna, solar podría ser el adjetivo que más se le acercara, se encendía radiante en el preciso instante que anunciaba al cuerpo de Cristo. La palabra emanaba de un alma consciente del instante único. ¿Habría una mujer más feliz en el mundo que esta asistente compartiendo el pan de la sagrada comunión, la fe en el Jesús de la Iglesia ancha, del amor que no conoce límites?
Esa entrañable sonrisa, ese singular gozo al repartir el “cuerpo” del Nazareno, esa invitación a revivir una profunda comunión, a participar en una hermandad universal, no merece ninguna puerta cerrada. Es el “password” indiscutible a los más elevados y privativos altares. La ayudante jamás pedirá nada, jamás reclamará lo que le corresponde por sobrados y evidentes motivos. Ella no relevará al ya anciano y sacrificado sacerdote que debía gozar de una bien ganada jubilación. Por eso escribimos nosotros. Ella nos perdone. A ella le basta aguardar a que el domingo suenen de nuevo las imponentes campanadas en la torre del Buen Pastor. Entonces se preparará para asir la más sagrada copa, debajo de la más elevada cúpula y ejercer, siquiera por unos muy contados segundos, el más sublime oficio, compartir "Su Cuerpo". 
Con nuestros más finos hilos y esmerados bordados les hemos de preparar atavío de ceremonia. Esa Sonrisa lo merece. Seguramente nuestros ojos de carne no verán a la mujer presidir el altar. Surgirán otros altares y la Iglesia inevitablemente irá perdiendo esas Sonrisas. Querida Amazonía de América y del mundo entero, porque todos respiramos el aire que tu generoso follaje nos regala. En tu floresta sin par, en tu infinito templo sin adoquines, ellas retornen a su sagrado centro. Ellas dieron con las bellas flores y las sublimes esencias; ellas conocen los secretos de la Vida, sostienen la belleza y el mañana. A uno y otro lado del océano no menos infinito, ellas presidan también nuestros altares de verde junco, de madura madera, de inmortal piedra. En el momento supremo, ellas eleven a los cielos esa Forma que jamás caduca.

EN VÍSPERAS DE LA REVUELTA DE LAS MUJERES EN LA IGLESIA… I HAVE A DREAM


col pepa torres
En la víspera de las convocatorias de la Revuelta de las mujeres en la Iglesia… Hasta que la dignidad se haga costumbre, en numerosos lugares del estado español, he tenido un sueño…  
Soñé que estaba en una mezquita y que cuando iba a acceder al espacio separado que se nos designa a las mujeres en ella, una mujer mayor con hijab, nos animaba a levantarnos y a colocarnos en la parte central, mientras los hombres nos abrían amablemente el paso. Otra mujer, joven y negra, con la cabeza descubierta cogía el micrófono y animaba a hombres y mujeres a no consentir ningún tipo de discriminación ni violencia contra mujeres y niñas, y lo hacía en nombre de Allah y Muhammad, su profeta, quien por su trato y relación con las mujeres había siempre reivindicado su dignidad e integridad. Su discurso continuaba argumentando que un buen musulmán o una buena musulmana no podían ser indiferentes ni naturalizar, y mucho menos provocar, el sufrimiento y la violencia contra mujeres y niñas, ni en el interior de los hogares y las instituciones religiosas, ni en los espacios sociales o públicos. Pero mi sueño no terminó aquí, sino que fue poblándose de nuevas imágenes que me iban impregnando de una sensación de alegría y perplejidad.
El segundo escenario era una iglesia de mi barrio en la que los sacerdotes aparecían sentados entre las gentes, sin más distinción que una estela morada con unas letras escritas en blanco en las que se podía leer: en nombre de Jesús ni una muerta más. En el templo reinaba un gran silencio que se rompió cuando desde el púlpito unas voces de mujeres, con distintos acentos, empezaron a proclamar la homilía comentando los textos del crimen de Guibea (Ju 19, 1-29), el Evangelio de la hija de Jairo y la hemorroisa (Mt 9, 18-29), conectando las lecturas con las más de 900 mujeres asesinadas en España en la última década, el feminicidio de Ciudad Juárez, las violaciones de mujeres en la India, el negocio multimillonario de la trata de mujeres en el mundo y los informes presentados al Vaticano recientemente sobre sobre los abusos y la explotación de las religiosas al   interior de la iglesia.
Las mujeres predicaban con convicción y fuerza, pero lo que más me llamaba la atención en mi sueño no eran ellas, sino la escucha interesada y convencida de la mayoría de los hombres que asentían con entusiasmo a sus palabras. La homilía terminaba urgiendo a los poderes públicos, a las iglesias y a todas las autoridades religiosas a no consentir prácticas ni lenguajes violentos ni discriminatorios hacia las mujeres y a implantar en los proyectos pastorales de todos los centros religiosos un programa específico para erradicar la violencia de género y la discriminación.
El tercer y último escenario de mi sueño era la plaza de la catedral de Madrid, donde el papa Francisco, en visita sorpresa, rompiendo todo protocolo, había convocado a una rabina, una imán, una mujer sacerdote, una monja budista y una líder feminista para hacer un declaración conjunta universal de todas las religiones contra la violencia machista, la discriminación y los feminicidios. Cuando la líder feminista iba a coger el micrófono el despertador me hizo volver a la realidad. Los sueños son eso, sueños, pero tienen también el valor de anticipar deseos e imaginarlos y hacer de brújulas para el camino. Quizás esto sea lo que esté en el trasfondo de mi sueño de anoche: iniciativas como la de los obispos estadounidenses  When I Call for Help: A Pastoral Response to Domestic Violencia Against Women, condenando la violencia de género la discriminación de las mujeres y el uso de la religión y la Biblia como forma de legitimación de las mismas.
En el contexto de la revuelta de las mujeres en la Iglesia el próximo 1 de marzo frente a las catedrales de nuestras ciudades las mujeres cristianas tenemos sueños inaplazables que exigen una urgente reforma estructural de la iglesia, de modo que las mujeres estemos presentes, con voz y voto, en los lugares donde se toman las decisiones y ninguna mujer por el hecho de serlo sea excluida de ningún ministerio ni objeto de explotación o violencia.  
Del mismo modo que muchas mujeres del mundo hoy estamos convencidas que el cambio del sistema será feminista o no será, los cambios en la iglesia para ser creíbles han de incluir los sueños impostergables de las mujeres, las eternas ignoradas e instrumentalizadas por los intereses patriarcales de la institución, que olvida que la gloria de Dios es que las mujeres vivamos y lo hagamos con plenitud y en abundancia.  Por eso
Estamos y estaremos en revuelta… Hasta que la igualdad se haga costumbre.
Súmate a la revuelta el 1 de marzo, a las 12 h, frente a la catedral y únete de este modo a la movilización mundial convocada por el movimiento intencional de mujeres  católicas Voices of faith (https://voicesoffaith.org/es-home)...

JESÚS DE NAZARET VOCERO DEL REINO Y DIGNO DE CONFIANZA


col Carme Soto

Mt 4,1-11
El evangelio de Mateo después de informar sobre el bautismo de Jesús en el Jordán introduce el relato de las tentaciones. Un relato que no busca recordar una experiencia ocurrida en un momento y lugar determinado de la vida del Maestro, sino que quiere ofrecer respuestas a algunas preguntas clave que tiene la comunidad receptora del evangelio.
Mateo pertenece a una comunidad cristiana procedente del judaísmo (judeocristianos), pero que han sido expulsados de la sinagoga por defender, ante sus hermanos judíos, que en Jesús se habían cumplido las promesas que Dios había dado a Israel y era el Mesías.  Esta situación les produce dolor y desarraigo y necesitan ahondar y afianzar su fe, por eso para Mateo es tan importante recordarles con frecuencia que Jesús desde su nacimiento está cumpliendo las Escrituras y que en su vida las cosas no ocurren por casualidad, sino que en todo está guiado por el Espíritu de Dios.
Mateo señala con fuerza que Jesús es el hijo de Dios, el mesías y, a pesar de la cruz, el Dios de Israel lo resucitó y confirmó toda su vida, sus palabras y sus obras. La comunidad ha de construir su nueva identidad en Cristo fuera de la sinagoga, pero sabe que el Dios que acompañó a Israel por el desierto hacia la tierra prometida os acompaña ahora también a ellos en su camino de seguimiento de Jesús el Cristo.
El relato de las tentaciones pone de manifiesto de qué manera Jesús es Mesías e Hijo de Dios. Este episodio presenta a Jesús afrontando la experiencia de ser tentado pero la intención primera de la narración no es exhortar a la excelencia moral, ni alertar sobre el carácter engañoso de muchos reclamos sociales que enfrentan y empequeñecen a las personas porque las hacen egoístas soberbias e incluso tiranas.
El relato muestra que Jesús es digno de confianza como lo había afirmado Dios, su padre/madre, en el bautismo. Jesús, al afrontar la misión recibida de proclamar que el Reino de Dios está llegando, no va a utilizar a Dios en su propio beneficio (4,3-4), ni va a vincular su mensaje a la espectacularidad o el éxito (4,5-7), ni va a reunir adeptos por su poder (4,8-10).
La escena se centra en Jesús afrontando el espejismo de las seguridades religiosas.  Las tentaciones lo llevan desde el desierto al Templo.  Dos espacios que, en la fe de Israel, evocan encuentros significativos con Dios.
El desierto es memoria del Dios liberador que acompaña y alimenta a su pueblo, pero también lugar de tentación, de cansancio y búsqueda de seguridades. El templo, lugar sagrado por excelencia para Israel se convirtió muchas veces en terreno donde crecía el orgullo y se levantaban muros de desigualdad y elitismo.  Jesús citando la Escritura rechaza entrar en ellos asumiendo sus tentaciones y los resignifica para convertirlos en espacios de la acción salvífica de Dios.
 Jesús afrontando la tentación deja fuera de su camino la manipulación de lo sagrado, la tranquilidad de las seguridades, el miedo a perder. Afrontando la tentación se hace digno de confianza, inaugurando un modo nuevo de escuchar a Dios, de creer en él. Afrontando la tentación se hace palabra encarnada del Dios del Reino, hogar de quienes tienen hambre y sed, de quienes no tienen poder ni político ni religioso.
Para Mateo y su comunidad contemplar a Jesús en este relato fortalece su fe en él, sostiene su esperanza, los invita a transitar una nueva sacralidad fuera ya de la sinagoga. Las palabras del Deuteronomio pronunciadas por Jesús suenan ahora de forma nueva:
No son los milagros los que hacen mesías a Jesús sino la liberación y sanación que sus signos ofrecen en nombre de Dios (Mt 4,4; Dt 8,3)
No es la construcción de un Reino poderoso lo que orienta la vida de Jesús, sino el hacer visible el amor gratuito de Dios que reconstruye lo que estaba perdido (Mt 4, 7; Dt 6,16)
No todo vale cuando se habla de Dios, no toda forma de creer es digna de Dios, solo la Palabra de la cruz (1 Cor 1, 17-31) balbucea la fe en el Abba de Jesús, locura y necedad para quienes esperan milagros o sabiduría donde solo puede haber amor y perdón (Mt 4,10; Dt 6, 13).

Carme Soto Varela, ssj

CUIDAR LA BIOLOGÍA NO ES MALO. LA TRAMPA ESTÁ EN QUEDARSE SOLO EN ESO


col fraymarcos
Mt 4,1-11
Debe cambiar radicalmente nuestra manera de afrontar el tiempo de cuaresma. Se nos ha insistido hasta la saciedad que la cuaresma era un tiempo de examen de conciencia para descubrir nuestros fallos, para concienciarnos de que habíamos ofendido a Dios, para sentirnos pecadores. Una vez que descubrimos que estábamos enfangados en la mierda, pedir a Dios que nos sacara de ella y si Dios era reacio a perdonarnos, ahí estaba la muerte de Jesús que nos daba derecho a ese perdón. Pasada la alegría de sentirnos perdonados, llegaba la angustia de volver a fallar.
La cuaresma es un tiempo privilegiado para analizar la trayectoria de nuestra vida y descubrir que, con demasiada frecuencia, nos equivocamos, dando pasos que nos alejan de la plenitud de humanidad que es nuestra meta. No tiene mucho sentido que nos paremos a analizar la piedra en la que hemos tropezado. Tampoco tiene sentido hacer penitencia pensando que es el requisito indispensable para que Dios nos perdone. Se trata de tomar conciencia de que alcanzar la meta supone esfuerzo y decisión para no caer en la trampa del hedonismo.
De lo dicho se desprende, que más importante que mirar hacia atrás mortificándonos por los pasos mal dados, es descubrir donde está la meta y comenzar a andar en esa dirección. Lo importante es tomar conciencia clara de donde está la meta. Pero resulta que no puedo saber donde está porque nunca estuve allí. Aquí puede venir en nuestro auxilio la experiencia de otros seres humanos que sí se aproximaron a ella. Para nosotros los cristianos, el hombre que más cerca estuvo de ella es Jesús, por eso debemos fijarnos en él y tomarlo como guía en nuestra vida.
Las tentaciones de Jesús, y las nuestras, nos advierten de la necesidad de esfuerzo para no ser engañados por el placer inmediato que puede proporcionarnos poner nuestra mente al servicio de los sentidos, las pasiones y los apetitos. Los animales disponen de un piloto automático que les conduce en todo momento a su propia meta. Al ser humano se le han entregado los mandos de la nave y no tiene más remedio que dirigirla él. No podemos conducir un vehículo manteniendo fijo el volante. Tampoco nadie puede conducirlo por nosotros, ni siquiera Dios.
La primera tentación pretende convertir a Jesús en oprimido y le ofrece liberarse a cambio de pan. La segunda le ofrece honor y gloria a cambio de servidumbre. Tanto oprimir a otro como dejarse oprimir son ofertas satánicas. La tercera es una oferta de poder desmedido sobre todo y sobre todos los hombres. La opresión es el único pecado, porque es lo único que nos impide ser humanos. Vamos a analizar las tentaciones de Jesús en lo que tienen de común con las trampas que el placer, con apariencia de bien, tiende a todos los hombres.
A nadie se le ocurrirá hoy tomar el relato del Génesis como un hecho histórico. El pecado de Adán es un mito ancestral que encontramos en muchas culturas. Esto no quiere decir que sea simplemente mentira. El mito, en sentido estricto, es un intento de explicar conflictos vitales del ser humano que no se puede entender de una manera racional. El relato de Adán y Eva intenta explicar el problema del mal, y lo hace partiendo de las categorías de aquel tiempo.
Tampoco el relato de las tentaciones es una crónica de sucesos. Jesús se retiró muchísimas veces al “desierto”. Se trata de resumir todas las pruebas que tuvo que superar a lo largo de su vida. En Jesús la tentación tiene una connotación especial, porque se plantea conforme a su situación personal. La talla de su humanidad tiene que darla en relación con la tarea que se le ha encomendado: cómo desarrollar su auténtico mesianismo.
Los posibles tropiezos, al recorrer su camino mesiánico, se relatan condensados en un episodio al comienzo de su vida pública, pero resumen la lucha que tuvo que mantener durante toda su vida. A Jesús no le tentó ningún demonio. La tentación es algo inherente a todo ser humano. Por eso es el mejor argumento a favor de su humanidad. Quien no se haya enterado de que la vida es lucha, tiene asegurado el más estrepitoso fracaso. A todos se nos dan unas posibilidades infinitas de plenitud, pero alcanzarlas supone poner toda la carne en el asador para conseguirlas.
A ver si soy capaz de haceros ver que no se trata de una elección entre el bien y el mal. El ser humano no es el lugar de lucha de dos fuerzas contrarias: el Espíritu y el diablo, el Bien y el Mal. Esa alternativa no es real porque el mal no puede mover la voluntad. Se trata de discernir lo bueno y lo malo, siendo capaces de ir más allá de las apariencias. La lucha se plantea entre el bien auténtico y el aparente. El plantear una lucha contra el mal no tiene ni pies ni cabeza. Una vez que descubro que algo es malo para mí, no tengo que hacer ningún esfuerzo para vencerlo.
Las tres tentaciones de Jesús no son zancadillas puntuales que el diablo le pone. Se trata de contrarrestar una inercia que, como todo ser humano, tiene que superar. Ni el placer sensible, ni la vanagloria, ni el poder, pueden ser el objetivo último de un ser humano. El poder y las seguridades, como fundamento de una relación con Dios, quedan excluidos. El poder podía haber dado eficacia a su mesianismo, pero no llevaría la libertad al hombre. La salvación tiene que llegar al hombre desde dentro de sí mismo, por lo que tiene de específicamente humano.
No necesitamos ningún enemigo que nos tiente. Somos lo bastante complicados para meternos solitos en esos berenjenales. La tentación es inherente al ser humano, porque en cuanto surge la inteligencia y tiene capacidad de conocer dos metas a la vez, no tiene más remedio que elegir. Como el conocimiento es limitado, la posibilidad de equivocarse está siempre ahí. Y suele suceder que adhiriéndose a lo que creía bueno, se encuentra con lo que es malo para él. Si esto no lo tenemos claro, pondremos el fallo en la voluntad que elige el mal, lo cual es imposible.
Si el problema no está en la voluntad, no se podrá resolver con voluntarismo. Aquí está una de las causas de nuestro fracaso en la lucha contra el pecado. Nos han insistido en la fuerza de voluntad para superar la tentación pero todos sabemos que esa estrategia es ineficaz. Si el problema es de entendimiento, solo se podrá resolver por el conocimiento. Mi tarea será descubrir lo que es auténticamente bueno o malo para mí. Ese “para mí”, se refiere a mi verdadero ser, no al yo egoísta e individualista. Ni siquiera podemos esperar de Dios que me saque del dilema.
Un peligro añadido es que en nuestra sociedad tendemos a considerar como bueno lo que la mayoría acepta como tal. El esfuerzo por alcanzar una verdadera humanidad es todavía una actitud de minorías. A través de la historia humana, han sido muy pocos los que han manifestado con su vida una plenitud humana. La mejor prueba es que los consideramos seres extraordinarios. La mayoría de los mortales nos contentamos con vivir cómodamente sin valorar el esfuerzo por llegar a ser algo más. Aquí el valor de la democracia queda muy relativizado.
El “está escrito”, repetido por tres veces, tiene un profundo significado. Adán y Eva pretendieron ser ellos los dueños del bien y del mal, es decir, que sea bueno lo que yo determine como tal y que sea malo lo que yo quiero que lo sea. Es la constante tentación de todo ser humano. Cuando Jesús repite por tres veces: “está escrito”, reconoce que no depende de él lo que está bien o lo que está mal, está determinado, no por una voluntad externa de Dios, sino por la misma naturaleza del ser. Sin descubrir esa naturaleza nunca podremos acertar.

Meditación
La verdadera conquista de lo humano se consigue en el interior.
Solo lejos del bullicio, del ruido y de la vorágine de los sentidos
te puedes encontrar contigo mismo y dilucidar tu futuro.
No te dejes engañar por los cantos de sirena.
Son cada vez más y con más poder de seducción.
Pero la fuerza del Espíritu, siempre será mayor.

ADÁN, EVA Y JESÚS FRENTE A LA TENTACIÓN


col sicre

Domingo 1º de Cuaresma. Ciclo A
Al comenzar la Cuaresma, tiempo de conversión y preparación para celebrar la Pascua, la Iglesia nos recuerda dos actitudes muy distintas frente a la tentación: la de Adán y Eva, en la que podemos vernos reflejados todos nosotros, y la de Jesús. En el primer caso triunfa la debilidad, la caída inmediata; en el segundo, la fuerza, la capacidad de resistir en la prueba. Pero esta contraposición no pretende desanimarnos ni denunciar lo débiles y malos que somos. Al contrario, como afirma Pablo en la segunda lectura, «si por la culpa de uno murieron todos, mucho más, gracias a un solo hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios desbordaron sobre todos».
La debilidad de Eva y Adán (1ª lectura: Génesis 2,7-9; 3,1-7)
El relato describe el proceso que lleva al pecado. No lo hace con un lenguaje intelectual, sino mediante un dialogo vivo. Para ello introduce a la serpiente, que ya en el poema mesopotámico de Gilgamesh, desempeñaba un papel capital como enemiga del hombre, al que roba la planta de la vida y la inmortalidad. Pero el autor de nuestro relato enfoque el tema de manera distinta, más profunda. La serpiente no roba la planta de la vida, sino que destruye al ser humano por dentro.
La tentación comienza con una mentira, exagerando y falseando la prohibición de Dios (comparar sus palabras con 2,16‑17). Presenta al Señor como alguien inhumano y cruel, que impone al hombre algo terrible. Sus palabras son tan burdas que al principio es fácil rechazarlas. Pero la tentación insiste. Niega la existencia de peligro. Y entonces surge la atracción por lo prohibido y la apetencia. Hasta entonces, parece como si Eva y Adán no se hubiesen fijado en el árbol. El simple miedo a morir los retrae de su contemplación. Ahora, «la mujer vio que el árbol tentaba el apetito, era una delicia para los ojos y apetecible para adquirir conocimiento» (3,6). A partir de ese momento, está perdida, y también su marido.
Al punto, el pecado produce sus frutos. La serpiente había prometido que se les abrirían los ojos (3,5). Efectivamente, se les abren y adquieren un conocimiento nuevo (3,7). Pero lo que aprenden es que están desnudos, y esto provoca vergüenza mutua y vergüenza y miedo ante Dios. También surge el sentimiento de culpa, y el ansia de descargar en otro la propia responsabilidad. En su deseo de justificarse, el hombre culpa a la mujer, rompiendo con ello la solidaridad entre la pareja. La mujer, sin otra alternativa, culpa a la serpiente. [Esta última parte no se lee en la liturgia.]
La serpiente ha sido identificada: 1) con Satanás; 2) con una figura simbólica: el apetito humano, la curiosidad intelectual; 3) con una figura mitológica. Es fundamental la idea de que ha sido creada por Yahvé. Sugiere el carácter misterioso del mal.
  1. La fortaleza de Jesús (evangelio: Mateo 4,1-11)
El contraste más fuerte con Eva y Adán lo representa Jesús en el momento de las tentaciones. El relato más antiguo, el de Marcos, es muy breve y misterioso. Mateo y Lucas lo completaron con las tres famosas tentaciones que todos conocemos, y que empalman con el episodio del bautismo, en el que la voz del cielo proclama: «Tú eres mi hijo amado, en quien me complazco». ¿Cómo entiende Jesús su filiación divina? ¿Cómo un salvoconducto para pasarlo bien y triunfar? Todo lo contrario. Inmediatamente después marcha al desierto, y allí va a quedar claro cómo entiende su filiación. 
Primera tentación: solucionar las necesidades primarias
Partiendo del hecho normal del hambre después de cuarenta días de ayuno, la primera tentación es la de utilizar el poder en benefi­cio propio. Es la tentación de las necesidades imperiosas, la que sufrió el pueblo de Israel repetidas veces durante los cuarenta años por el desierto. Al final, cuando Moisés recuerda al pueblo todas las penalidades sufridas, le explica por qué tomó el Señor esa actitud: «(Dios) te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Dios» (Dt 8,3).
En la experiencia del pueblo se han dado situacio­nes contrarias de necesidad (hambre) y superación de la necesidad (maná). De ello debería haber aprendido dos cosas. La primera, a confiar en la providencia. La segunda, que vivir es algo mucho más amplio y profundo que el simple hecho de satisfacer las necesidades primarias. En este concepto más rico de la vida es donde cumple un papel la palabra de Dios como alimento vivifica­dor. En realidad, el pueblo no aprendió la lección. Su concepto de la vida siguió siendo estrecho y limitado. Mientras no estu­viesen satisfechas las necesidades primarias, carecía de sentido la palabra de Dios. 
En el caso de Jesús, el tentador se deja de sutilezas y va a lo concreto: «Si eres Hijo de Dios, di que las piedras éstas se conviertan en panes». Jesús no necesita quejar­se de pasar hambre, ni murmurar como el pueblo, ni acudir a Moisés. Es el Hijo de Dios. Puede resolver el problema fácilmente, por sí mismo. Pero Jesús tiene aprendida desde el comienzo esa lección que el pueblo no asimiló durante años: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de todo lo que diga Dios por su boca». 
La enseñanza de Jesús en esta primera tentación es tan rica que resulta imposible reducirla a una sola idea. Está el aspecto evidente de no utilizar su poder en beneficio propio. Está la idea de la confianza en Dios. Pero quizá la idea más importante, expresada de forma casi subliminar, es la visión amplia y profunda de la vida como algo que va mucho más allá de la necesidad primaria y se alimenta de la palabra de Dios. 
Segunda tentación: pedir pruebas a Dios
La segunda tentación (tirarse desde el alero del templo) también se presta a interpretaciones muy distintas. Podríamos considerar­la la tentación del sensacionalismo, de recurrir a procedi­mientos extravagantes para tener éxito en la actividad apostóli­ca. La multitud congregada en el templo contempla el milagro y acepta a Jesús como Hijo de Dios. Pero esta interpretación olvida un detalle importante. El tentador nunca hace referencia a esa hipotética muchedumbre. Lo que propone ocurre a solas entre Jesús y los ángeles de Dios. Por eso parece más exacto decir que la tentación consiste en pedir a Dios pruebas que corroboren la misión encomendada. Nosotros no estamos acostumbrados a esto, pero es algo típico del Antiguo Testamento, como recuerdan los ejemplos de Moisés (Ex 4,1-7), Gedeón (Jue 6,36-40), Saúl (1 Sam 10,2-5) y Acaz (Is 7,10-14). Como respuesta al miedo y a la incertidumbre espontá­neos ante una tarea difícil, Dios concede al elegido un signo milagroso que corrobore su misión. Da lo mismo que se trate de un bastón mágico (Moisés), de dos portentos con el rocío nocturno (Gedeón), de una serie de señales diversas (Saúl), o de un gran milagro en lo alto del cielo o en lo profundo de la tierra (Acaz). Lo importante es el derecho a pedir una señal que tran­quilice y anime a cumplir la tarea. 
Jesús, a punto de comenzar su misión, tiene derecho a un signo parecido. Basándose en la promesa del Salmo 91,11-12 («a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos; te llevarán en volandas para que tu pie no tropiece en la piedra»), el tentador le propone una prueba espectacular y concreta: tirarse del alero del templo. Así quedará claro si es o no el Hijo de Dios. Sin embargo, Jesús no acepta esta postura, y la rechaza citando de nuevo un texto del Deuteronomio: «No tentarás al Señor tu Dios» (Dt 6,16). La frase del Dt es más explícita: «No tentaréis al Señor, vuestro Dios, poniéndolo a prueba, como lo tentasteis en Masá (Tentación)». Contiene una referencia al episodio de Números 17,1-7.  Aparentemente, el problema que allí se debate es el de la sed; pero al final queda claro que la auténtica tentación consiste en dudar de la presencia y la protección de Dios: «¿Está o no está con nosotros el Señor?» (v.7). En el fondo, cualquier petición de signos y prodigios encubre una duda en la protección divina. Jesús no es así. Su postura supera con mucho incluso a la de Moisés. 
Tercera tentación: el deseo de triunfar
La tercera tentación, a tumba abierta por parte del tentador, consiste en la búsqueda del poder y la gloria, aunque suponga un acto de idolatría. No es la tentación provocada por la necesidad urgente o el miedo, sino por el deseo de triunfar. Jesús rechaza la condición que le impone Satanás citando Dt 6,13. 
* * *
Para Mt, Jesús en el desierto es lo contrario de Israel en el desierto. En aquella época, el pueblo sucumbió fácilmente a las pruebas inevitables de la marcha: hambre, sed, ataques enemigos. Dudaba de la ayuda de Dios, se quejaba de las dificultades. Jesús, nuevo Israel, sometido a tentaciones más fuertes, las supera. Y las supera, no remontándo­se a teorías nuevas ni experiencias personales, sino a las afirmaciones básica de la fe de Israel, tal como fueron propues­tas por Moisés en el Deuteronomio. Los judíos contemporáneos de Mateo y de su comunidad no tienen derecho a acusar a su fundador de no atenerse al espíritu más auténtico. Jesús es el verdadero hijo de Dios, el único que se mantiene fiel a Él en todo momento. 
El problema de la historicidad
El relato de Mt nos obliga a preguntarnos si se trata de hechos históricos o ficticios. Porque el diálogo con el tentador, el viaje a la ciudad santa y el otro a una montaña altísima no parecen tener nada de histórico.
Es interesante recordar que el cuarto evangelio no contiene un episodio de las tentaciones, pero habla de ellas a lo largo de la vida de Jesús. La más fuerte es la del poder, en el momento en que los galileos quieren nombrar a Jesús rey. Y tentaciones muy parecidas en su contenido, no en la forma, se repiten al final de la vida de Jesús, en la cruz: «Si eres Hijo de Dios, sálvate y baja de la cruz» (Mt 27,40). Estas tentaciones reflejan otro dato de gran interés: los tentadores son los hombres, no Satanás. 
Reflexión final
La tentación es un hecho real en la vida de Jesús, a la que se vio sometida por ser verdadero hombre. 
Mt ha recogido este tema para dejarnos claro desde el princi­pio cómo entiende Jesús su filiación divina: no como un privile­gio, sino como un servicio. 
En el fondo, las tres tentaciones se reducen a una sola: colocarse por delante de Dios, poner las propias necesidades, temores y gustos por encima del servicio incondicional al Señor, desconfiando de su ayuda o queriendo suplantarlo. 
Las tentaciones tienen también un valor para cada uno de nosotros y para toda la comunidad cristiana. Sirven para analizar nuestra actitud ante las necesidades, miedos y apetencias, y nuestro grado de interés por Dios.

SERVIR A JESÚS


comentario editorial
“El obispo, como todo cristiano, “servidor de todos” (San Agustín, obispo de Hipona)
1 de marzo. DOMINGO I DE CUARESMA
Mt 4, 1-11
Al punto lo dejó el diablo y unos ángeles vinieron a servirle
El relato de las tres tentaciones en el desierto que trae a nuestra consideración este primer domingo de cuaresma, relatando cómo el diablo intenta provocar la rebelión de Jesús contra los designios del Padre, nos trae a la memoria las triples relaciones opresoras -que también han tentado a la humanidad a lo largo de la historia- en el triple orden de lo económico (pan), lo político (reinos de la tierra), y lo religioso (milagro), como señala Schökel en La Biblia de nuestro tiempo.
Pero lo que no explica el evangelio es qué fue lo que los ángeles le sirvieron, y si por respeto a estos seres celestiales aceptó sus servicios quien en cierta ocasión dijo que él “no había venido a ser servido, sino a servir” (Mt, 20, 28).
“El obispo, como todo cristiano, “servidor de todos”, lo dijo una destacada autoridad de la Iglesia: San Agustín, obispo de Hipona, que conocía muy bien el Evangelio.
Y servir a los otros es redimir cautivos, como hacían y siguen haciendo los Mercedarios, fieles al lema de su Orden: “De cautivos a redimidos”, y en cuyas Constituciones, hoy vigentes todavía, que donde haya una necesidad social, allí estarán ellos presentes para liberar a los demás de sumisiones, pues como dice Sancho Panza en El Quijote: “el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.
Cuando escuché todo lo aquí mencionado, me quedé estupefacto, apoyé mis manos sobre la faz de ello, y me tembló todo el cuerpo poblándomelo de energía, por cuya causa dejé volar mis pensamientos, que habían despegado de la pista de mi mente, y recogido el tren de aterrizaje se fueron de nuevo a un aeropuerto evangélico con el nombre de María Magdalena en el frontispicio.
Lo había construido una arquitecta argentina que había estudiado Bellas Artes, y por eso era tan “lindo”, como ella misma hubiera dicho.
Entré en aquel museo que Marisa Ventura, la arquitecta argentina que había estudiado Bellas Artes, y pasé la mañana disfrutando de su ciencia: “Un viaje de descubrimiento espiritual al corazón de María Magdalena”.
He aquí dos joyas, Marisa y María Magdalena, sonora una otra en silencio, a las que yo trataré de poner música emocionado, porque cuando nos conocimos en Parquelagos aquella tarde, tu cabello enjugó mi rostro, como un día enjugaron los pies del Nazareno, dejando sus pies y mi rostro florecidos.
“Ella fue la mujer y complemento divino de Jesús, la custodia de su mensaje original, de su descendencia y linaje, Mujer de inmensa fe, sabiduría y coraje”, cuya imagen sonora aparece en el Autorretrato con laúd: imagen de sonido, de Jan Havicksz Steen.
“Habitualmente se la describe como la líder del grupo de mujeres seguidoras de Jesús, como una mujer fuerte e independiente, leal seguidora de Cristo”.
Maria Magdalena
La primera en verle resucitado, Magdalena, y te dijo: Nolli me tángere, con su brazo levantado señalando el cielo, aunque seguro estoy, hubiera sido su deseo haberte dado con él un tierno abrazo: “Quiero morir en tus brazos, Magdalena, como Alfredo murió en los de Violetta”.

LLÉVAME DE LA MANO
Llévame de la mano a tus banquetes carnales 
y convídame a la fiesta de tu cuerpo, 
hecho de trágicos amores.
Te enseñaré las flores, Violetta, 
y pediré a los pájaros que te canten canciones matinales, 
y que las cítaras se bajen de los árboles, 
donde los judíos deportados por Nabucodonosor a Babilonia las habían colgado,
y entonen de nuevo el coro, añorando su regreso a Judea:
Va, pensiero sull'ali dorate
va, ti posa sui clivi, sui colli,
ove olezzano trepide e molli
l'aure dolci del suolo natal!

Y tú dirás a Alfredo:
di questo cuore non puoi comprenderé tutto l'amore,
porque tan grande es el amor que le tienes, que no te cabe en el pecho.
Hasta que un día el doctor Grenvil le pronostica 
que no vivirá mucho tiempo, y 
Alfredo muere en los brazos de Violetta.