FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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jueves, 27 de diciembre de 2012

¿Por qué nos rebelamos los jueces?

José María Tomás y Tío es un respetado magistrado de Valencia, presidente de la sección segunda de la Audiencia Provincial. Hasta qué punto ha llegado la indignación entre el colectivo de jueces, para que una persona tan prudente y serena como José María publique en El Plural este sincero y lúcido análisis en  en el que pide que el notario mayor del Reino certifique “la vigencia del Estado de transgresión” que el mismo Gallardón está liderando.

Gallardón usa la demagogia y la provocación contra nosotros, junto a una indigna manera de leer reivindicaciones legítimas
Los jueces tenemos derecho a rebelarnos. La justicia es nuestra vestidura y sobre todo nuestra aspiración, cuando se vive no sólo como actividad sino como compromiso: tenemos la obligación de mirar lo que ocurre a nuestro alrededor y de ahí surge la necesidad de indignarse y de rebelarse. Eso mantiene a las personas vivas, pues ya hemos pasado demasiado tiempo con encefalograma plano. Nuestra rebelión se convierte en necesaria.Que se produzca una cierta rebelión en la carrera judicial significa que estamos olfateando la realidad y mostrando sensibilidad.
Parece perverso que el Sr. ministro de Justicia pregunte “¿cómo no se van enfadar si les hemos quitado una paga y reducido días de permiso?”. Demagogia y provocación, junto a una indigna manera de leer reivindicaciones legítimas. La mayor parte de los jueces queremos una justicia de mayor calidad, teniendo claro que nos pagan para pensar y dar a cada uno lo suyo, no para fagocitar papeles y responder indebida y tardíamente a reclamaciones de justicia.
Un ejemplo: el viernes pasado, un día cualquiera, una persona que trabajaba en el servicio doméstico, con recursos limitados, me abordó en el pasillo. Sin conocer de nada a los reunidos preguntó: “¿Alguien me puede explicar por qué debo esperar un año y medio para tener respuesta a mi reclamación de salarios? Estoy en la calle”. Me pregunté desconcertado: ¿eso es posible? Lo confirmé en el juzgado y así era: el juicio está señalado para el mes de abril de 2014. La mujer tiene que seguir viviendo y seguramente detrás de ella alguien más. ¿Cómo podemos transitar de puntillas la realidad sin indignarnos?
El gran reto de los que ostentan el poder, de los gestores y directores de la política del país, es descubrir por qué determinadas instituciones alcanzan tan alto grado de ineficiencia y ofrecer soluciones encadenadas.Resolver el problema no pasa por la imposición de tasas disuasorias, que llevan a prohibir a tanta gente que acuda a la justicia en demanda de tutela eficaz. Ignoro si se han llegado a medir las consecuencias de tales decisiones. Pienso que somos demasiados los colectivos discordantes, de gremios de complejas unanimidades. No se aborda con ellas la clave de la cuestión: tenemos tantas deficiencias que quien tiene recursos puede alargar la solución de sus problemas en perjuicio de otros.  Y entre los que tienen recursos cito a la misma Administración, la gran usuaria de la Justicia, que propicia la necesidad de acudir a los tribunales con actuaciones en ocasiones arbitrarias, cuando debería ofrecer soluciones por sistema. La experiencia en la jurisdicción contencioso-administrativa mina toda resistencia.
Otro ejemplo: el Sr. ministro de Justicia ha anunciado la reducida convocatoria de oposiciones a juez. El número de jueces en España es la tercera parte que en Alemania o la mitad que en Portugal, por poner dos referencias. Es verdad que la actividad jurisdiccional está saturada de “impertinencias”, o que un número desproporcionado de jueces presta servicios no jurisdiccionales, pero también que con los jueces disponibles no se puede dar una respuesta satisfactoria. La Ley Orgánica que regula el Poder Judicial impone la convocatoria “al menos cada dos años de todas las plazas vacantes más las previsibles que puedan ser necesarias hasta la siguiente convocatoria”. En el mes de enero próximo se cumplirá el segundo año sin convocar. ¿Con qué autoridad puede exigir el ministro (enviado y suministrador) de la justicia el cumplimiento de la ley si se convierte en infractor advertido?  Como notario mayor del reino podrá certificar la vigencia del Estado de transgresión.
El Consejo General del Poder Judicial oficia de cómplice de esta ceremonia,  con el apoyo vicariante de algunas asociaciones profesionales de jueces. No olvidemos que alguien tiene que liderar y gestionar el cambio hacia una justicia independiente para todos. El Consejo del poder judicial perdió la credibilidad hace tiempo al convertirse en un órgano interesado, incapaz, indefinido, artificialmente engordado, en el que cada cual colocó sus peones, que representa a minorías, sin autonomía económica y cuyo desprestigio confunde a los ciudadanos y a las instituciones de la justicia. Esa confianza perdida es especialmente grave en cuanto genera en los ciudadanos desprecio hacia todo poder y desmoralización entre los profesionales. El agotamiento de la resistencia de los jueces está llevando al inmovilismo, cuando no a  la rebelión, lo que debe servir para despertar conciencias, para abrir un debate que genere compromisos y a mostrar la sensibilidad que la sociedad nos demanda. El desprestigio del Consejo arrastra pues a las instituciones y a los ciudadanos y los jueces deberíamos ser capaces, incluso para hacer frente a la crisis de legitimidad, de dar respuestas satisfactorias en tiempos y contenidos a las peticiones de los ciudadanos.
Debemos ser conscientes de los costes que  asumimos y producimos si no reaccionamos ante la situación: encarecimiento para la justicia y para el usuario; retrasos en los asuntos iniciados, en trámite, en las resoluciones… con perjuicio económico para empresas y trabajadores; coste innecesario del trabajo que se desarrolla por los que intervienen en los procesos, bien sean de prevención policial, de la agencia tributaria, de afectación al medio ambiente o de impunidad en los delitos económicos… que justifica la pérdida de credibilidad, por la ineficiencia y la incertidumbre que se genera.
La reforma de la justicia tiene que empezar por el principio, sabiendo qué es lo que se quiere y siendo conscientes que el desorden y la falta de evaluación abonan corruptelas y amparan la burocracia.
Se convierte en prioritario trabajar por simplificar el derecho, por desjudicializar lo vulgar o intrascendente, por aprovechar las capacidades organizativas, por modernizar las infraestructuras, por coordinarse y realizar una “cirugía” reparadora a la justicia,  reduciendo a lo necesario el gobierno del Poder Judicial, haciendo lo posible por reglamentar por ley la carrera, por preparar mecanismos automáticos de resolución de los procesos y distribuir el poder residuo sin tanto protagonista, como sostenía el magistrado del Tribunal Supremo italiano, Lococo.
Tenemos que ser capaces de mirar más, de escuchar todo, de hablar claro, de escribir lo imprescindible y de acariciar. La resiliencia se convierte en clave: Ser capaces de afrontar la adversidad  y fortalecernos frente a las resistencias de retaguardia para lograr un estado de excelencia profesional y personal. Los jueces debemos ejercer en esta rebelión las cualidades de perseverancia, tenacidad, actitud positiva y actuar contra corriente, superando las situaciones negativas. Solo así esta rebelión será útil, porque será creíble y muestra del compromiso que asumimos.
José María Tomás y Tío es presidente de la sección segunda de la Audiencia Provincial de Valencia

Los dirigentes eclesiásticos cierran las puertas a los ‘signos de los tiempos’ Foro de curas galegos

Revivir ese gran acontecimiento
Vaticano II y aggiornamento permanente
El grupo “ENCONTROS, Foro de curas galegos bispo Araúxo”, a lo largo del curso 2011-2012, compartimos experiencias para alentar la fe, y fortalecer la esperanza en tiempos de crisis eclesial, social y global.
Reflexionamos sobre la organización de la Iglesia, en la actualidad y con perspectiva histórica. Constatamos que se convirtió en una organización excesiva e infundadamente jerarquizada, ineficaz para llevar a cabo su misión, hasta resultar ininteligible su mensaje.
Los dirigentes eclesiásticos no aprovecharon la actualización que supuso el Concilio Vaticano II. De hecho, siguen agarrados al pasado, cierran las puertas a los ‘signos de los tiempos’. Con sus actuaciones u omisiones priman la vuelta a las formas y estructuras medievales. Parece que le tienen miedo a una fe adulta, fomentan conciencias sumisas y dependientes.
Sustituyen el estudio serio de la Biblia por el catecismo. La sociedad identifica a los cristianos con ideologías ultra conservadoras, contrarias a los derechos humanos. Pensamos que esta organización eclesial y la inexplicable cerrazón a los avances de la ciencia es una de las causas fundamentales del rechazo de la institución por parte de cristianos responsables y comprometidos con el anuncio y vivencia del Reino de Dios en la sociedad actual.
Las formas y estructuras del pasado dificultan la recepción del Evangelio en el siglo XXI. La Iglesia quedó sin los obreros en el siglo XIX, luego sin la juventud en el siglo XX, y en el siglo XXI quedará sin las mujeres.
Pensamos que urge la recuperación del aggiornamento de la organización de la Iglesia, excesivamente jerarquizada y clasista, anquilosada y anclada en la nostalgia del pasado, autoritaria, infantilizante y clericalizada. De hecho, niega la igualdad e impide la madurez de la conciencia de los cristianos, hombres y mujeres de hoy. Pensamos que urge conseguir una organización que sepa responder a la evolución del género humano.
Una organización realmente participativa y corresponsable, con la única distinción evangélica derivada de los distintos carismas de los hombres y mujeres que la forman. Una iglesia fraterna, en la que estos distintos carismas no sean absorbidos exclusivamente por obispos y clero, y en la que los teólogos/las, al servicio del Evangelio, puedan investigar libre y responsablemente.
Constatamos, sin embargo, la riqueza que surgió en la Iglesia a partir del Concilio, el gran número de personas, organizaciones, grupos y movimientos que trabajan en Europa y todo el mundo. En Galicia podemos llenar varios folios con la simple enumeración de los grupos de creyentes más conocidos. Muchos de ellos bajo siglas que no cuentan con el beneplácito de los dirigentes, pero, sin duda, movidos por una honda y responsable convicción cristiana.
Como fruto de la reflexión en los encuentros que tuvimos en este curso, compartimos la necesidad de revisar y revivir el gran acontecimiento que supuso lo Concilio Vaticano II, ayudándonos de la teología que le dio vida y escuchando los ‘signos de los tiempos’. Constatamos la necesidad de ayudarnos en la búsqueda de una formación bíblico-teológica seria y madura, abierta al ecumenismo y a la riqueza de las demás confesiones, que nos ayude a conseguir conciencias adultas. Consideramos oportuno participar en la Asamblea Universal del Pueblo Cristiano (http://www.redescristianas.net/asamblea-universal-de él-pueblo-cristiano/ ).
Con motivo del 50 aniversario del inicio del C. Vaticano II, en este curso 2012/2013, seguiremos ahondando en el extraordinario acontecimiento que supuso y procuraremos respuestas creativas e inteligibles para hoy, con fidelidad al Evangelio y al Espiritu. Somos conscientes de las distintas interpretaciones del Vaticano II y de los documentos aprobados por el Concilio más universal de la historia.
Lamentamos la actitud incomprensible de dirigentes eclesiásticos y cristianos obcecados por ideologías conservadoras. No son capaces de superar planteamientos históricos que no concuerdan con el espíritu del Vaticano II, confundiendo la experiencia de la fe en Jesús con doctrinas filosóficas. Somos conscientes de que el gran acontecimiento conciliar nos urge formular el mensaje de Jesús para que sea entendido y vivido por los hombre y mujeres de hoy.
ENCONTROS, Foro de curas galegos bispo Araúxo.- forobispoarauxo@gmail.com

Benedicto XVI carga contra los LGTB en Navidad Pedro M. Bravo

El Papa aprovecha su discurso navideño para volver a atacar el matrimonio igualitario a pesar de que se sigue imponiendo en la legalidad de numerosos países.
Desde la iglesia católica continúan con sus ataques contra los LGTB. Es por ello que el Papa Benedicto XVI ha aprovechado su discurso navideño tradicional para cargar contra las personas no heterosexuales.
“Los homosexuales están manipulando la identidad del género que les dio Dios, con lo que destruyen la esencia misma de la criatura humana”, dijo el pontífice ante la burocracia vaticana que escuchaba su sermón. Para su santidad, los homosexuales no hacen más que “manipular la naturaleza”, tanto en la cuestión ambiental como en la “relación del hombre consigo mismo”.
También tuvo recuerdos para los derechos que los LGTB están consiguiendo, poco a poco, en muchos países. Subrayó que los matrimonios entre personas del mismo sexo constituyen un “ataque” contra la familia tradicional que está acorde con la “naturaleza humana”, esto es, la constituida por padre, madre e hijos.
Con ello, volvió a poner énfasis en el rechazo por parte de la iglesia católica a este tipo de uniones y, también, contra los homosexuales, puesto que van “contra natura” y, por lo tanto, “atentan contra los dictados y lo establecido por Dios”.

José María Castillo, teólogo: “-La mayor parte de los teólogos escriben una teología que no entiende ni interesa al pueblo” Jesús Bastante

Reedita “Teología Popular, La Buena noticia de Jesús” (Desclée)
“Lo mejor de mi vida lo he recibido de la Iglesia, quiero sera fiel y morir en ell
El teólogo José María Castillo llama a la “desobediencia civil”
José María Castillo: “Si la teología se dedica a repetir lo que ya está dicho, nunca avanzará”
Castillo: “No puedo aprobar una institución que habla de derechos humanos pero no los practica”

La Conferencia Episcopal produce la impresión de que sólo le interesa conservar sus privilegios y las leyes que la favorecen, tener asegurada su herencia y agrandar su patrimonio
José María Castillo es uno de los mejores teólogos de este país, y uno de los puntales de Religión Digital. Viene a presentarnos su nuevo libro, “Teología Popular, La Buena Noticia de Jesús”, publicado con Desclée.
Catedrático de Teología en Granada, fue destituido por el cardenal Ratzinger en el año 88, y “nunca recibí explicaciones”, cuenta. Critica que “la mayor parte de los teólogos escriben una teología que ni la entiende el pueblo, ni le interesa al pueblo” y que “el catecismo adolece de los mismos problemas que tiene la teología oficial erudita que se enseña en las aulas”.
J. M. Castillo denuncia también que “la teología que se impone en la actualidad es una colección de contenidos estructurada y sistematizada hace por lo menos 9 siglos”, y concluye opinando sobre la jerarquía de la Iglesia española: “La Conferencia Episcopal produce la impresión de que sólo le interesa conservar sus privilegios y las leyes que la favorecen, tener asegurada su herencia y agrandar su patrimonio”.
¿Es un libro que has renovado, retocado y reformado?
Sí, efectivamente. La Teología Popular, que es el nombre que tuvo desde un comienzo, nació en los últimos años 70, como resultado de una preocupación, que es el alejamiento de la teología y de la preocupación eclesiástica, de la catequesis, del Evangelio, etc.; del pueblo y de la gente. La mayor parte de los teólogos escriben una teología que ni la entiende el pueblo, ni le interesa al pueblo. Y la mayor parte del pueblo no tiene ni idea de lo que es la teología, que son los contenidos de la fe explicados.
¿O sea que el libro es una especie de adaptación de esa “alta teología”, para que la gente de a pie pueda tener una cierta base teológica para discutir y debatir?
Eso es. Aunque, más que una adaptación, lo que yo pretendía (no sé si lo conseguí) es un nuevo método o modo de hacer teología. Una teología que no arranca de lo que han escrito otros teólogos, sino de las preocupaciones de la gente, de sus problemas y expectativas. Y sobre todo, de la gente más sencilla.
Lo que ocurre es que normalmente en los seminarios y en las facultades eclesiásticas la teología que se enseña, en un porcentaje altísimo de sus contenidos y de su lenguaje, ni la entiende el pueblo, ni le interesa al pueblo, como ya he dicho. Entonces, a esto hay que darle alguna solución. Y que no me vengan con la cuestión del catecismo, porque el catecismo, al ser la teología “oficial erudita” condensada, adolece de los mismos problemas que tiene la teología que se enseña en las aulas.
¿O se que el mensaje de la teología no llega a la base debido al lenguaje que emplea la Iglesia, y sobre todo su jerarquía?
Lo que pasa es que la teología que se impone es una colección de contenidos organizada, estructurada y sistematizada hace por lo menos 9 siglos. En sus contenidos básicos sigue siendo la misma que en el siglo XII, y Roma cuida muy mucho de que se mantenga la misma. Esto genera un control, una amenaza constante sobre el pensamiento, la lengua y la pluma de los teólogos, que genera una experiencia terrible, que es el miedo.
¿Cómo puede un teólogo escrutar o estudiar los designios de la Buena Noticia sin libertad?
La teología, según el ideal de Pío XII que recuperó luego brillantemente Juan Pablo II, y que está prolongando Benedicto XVI, es una teología cuyo proyecto es repetir lo que ya se dijo. Y una teología repetitiva lo que hace es prolongar y mantener la situación que tenemos, con dos problemas que a mí me preocupan muchísimo. Uno de ellos, aunque hay valiosas excepciones, es el fracaso de la predicación. Una gran mayoría de homilías, de predicaciones, de sermones, etc.; no le interesan a la gente, ni por su contenido ni por su lenguaje, ni por los problemas que abordan, ni por los resultados o consecuencias que de ahí se sacan.
Eso por una parte, y por la otra, la clase o asignatura de Religión; porque desde el momento que tanto los predicadores como los profesores de Religión están controlados y amenazados (y hablo por experiencia, porque a mí en el año 88 un buen día me llamaron y me comunicaron oralmente, sin que mediara ni un papel, que estaba destituido de mi cátedra en Granada), no hay libertad para hacer teología.
¿Pidió explicaciones por su destitución?
Pedí que se me explicasen al menos los motivos por los cuales se había tomado esa decisión, pero la única explicación que me dieron fue que el actual pontífice (por entonces cardenal Ratzinger, prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe) había visitado junto a otros prelados al general de los jesuitas, y el resultado de aquella entrevista fue mi destitución fulminante.
No he conseguido, tras año yendo a Roma y preguntando, que me dijeran los motivos que habían mediado.

¿Ni por parte de la Santa Sede ni por parte de Kolvenbach?
Ni por unos ni por otro. Yo a Kolvenbach le tengo un gran respeto, y pienso que probablemente él no podía hacer otra cosa, porque lo que sí me consta de una persona de mucha autoridad en la Compañía de Jesús es que del acuerdo de mi expulsión no ha quedado ni un papel. Por tanto, al no haber documentación, no se puede saber si en aquella conversación se agarraron al voto de obediencia o no.
¿Se pueden entender este tipo de fracasos, rupturas y desapariciones formando parte de la Iglesia en la que crees? ¿Se puede seguir amando a la Iglesia y seguir perteneciendo a ella tras algo así?
Yo quiero mucho a la Iglesia, quiero serla fiel y permanecer en ella, morir en ella; porque es la Iglesia a quien debo el conocimiento del Evangelio y de Jesús. Lo mejor de mi vida lo he recibido de ella, gracias a que desde Jesús al momento actual una cadena ininterrumpida de creyentes ha conservado esa fe. Por eso tengo también que elogiar el trabajo de solidaridad, de caridad y de preocupación que están haciendo hoy tantos sacerdotes, religiosas y laicos. Ahora, me duele mucho el comportamiento (y lo digo sin reparos) de la jerarquía oficial, es decir, de la Conferencia Episcopal, que es una institución que produce la impresión de que lo que le interesa es conservar sus privilegios, las leyes que la favorecen, tener asegurados su herencia y su patrimonio, y agrandarlos si es posible.
Lo que no entiendo es cómo ellos no se dan cuenta de que la mayor parte de alumnos que educan en Religión luego no creen.
¿Y por qué muchos de los que optan por la Religión al final acaban renegando de la misma? ¿Las clases son igual de aburridas que las homilías?
Lo más preocupante, a mi manera de ver, son los contenidos que se dan. Y es lo mismo en las homilías y sermones que en la mayor parte de las clases de Religión: no interesan a los oyentes.
Una persona que lleva muchos años trabajando técnica y científicamente en este asunto me decía que está demostrado que los chicos se interesan por lo que les cuentan en la clase de Religión hasta los 12 años. A partir de entonces, cortan. Y luego, como en otras materias les enseñan justo lo contrario, y eso les ofrece más credibilidad que lo que les dan en la clase de Religión, ésta última la aguantan si es que pueden, y en seguida se apuntan a lo otro.
A mí me parece que aún queda mucho de lo que, ya en los años 20 del siglo pasado, Gramsci intuyó de una manera genial: Lo que les interesa, crean o no crean, practiquen o no practiquen, es sacar cuadros intermedios de mando que, entre las altas instancias de gobierno y la gente, actúen como canales que vehiculan y llevan a decisiones concretas lo que interesa a la institución eclesiástica.

¿Podría ser tu Teología Popular un buen manual de estudio para los colegios?
No sé si se puede aspirar a tanto, pero por lo menos aspiraría a que las parroquias, los grupos cristianos, los grupos de creyentes interesados por conocer el origen primero del cristianismo; encuentren en este libro la respuesta a qué es lo que quiso Jesús y lo que enseñó. Porque de ahí resulta lo que tenemos en los Evangelios, que no es una teología especulativa, de conceptos, verdades y dogmas; sino una teología narrativa, de relatos sencillos aparentemente, pero que a medida que se estudian nunca se les encuentra el fondo. Porque son de una profundidad que desmonta muchas de las cosas que damos por indiscutibles, y nos abren caminos y horizontes que no imaginamos.
Para mí el Evangelio, antes que un libro de religión, es un libro para la vida, para llevar una vida honrada, transparente, coherente. Para generar personas bondadosas, honestas y respetuosas. Eso es lo que más necesitamos y lo que más echamos de menos.
Hace poco Ernesto Cardenal llegó a Barajas y al preguntarle por un famoso gobernante de América Latina, dijo: “No puedo hablar de él porque es un ladrón”. A mí me pasa igual, que no puedo hablar de tantos y tantos gobernantes que son unos ladrones, pero sí denunciarlos como Jesús en el templo, cuando le dio el giro radical a la religión condenando a los falsos profetas. Jesús sacó a Dios del templo y lo metió en la vida, en la convivencia, en las relaciones privadas y públicas. Eso es lo que nos hace falta.
¿Este libro es el primer tomo de una serie?
Sí, quedan otros dos que saldrán en primavera y en verano.
Otros titulares:
-La mayor parte de los teólogos escriben una teología que ni la entiende el pueblo, ni le interesa al pueblo
-La Teología Popular no arranca de lo que han escrito otros teólogos, sino de las preocupaciones de la gente, de sus problemas y expectativas
-El catecismo adolece de los mismos problemas que tiene la teología “oficial erudita” que se enseña en las aulas
-La teología que se impone es una colección de contenidos organizada, estructurada y sistematizada hace por lo menos 9 siglos
-La teología repetitiva que promovieron Pío XII, Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI prolonga y mantiene la situación que tenemos
-El cardenal Ratzinger me destituyó de la cátedra en el año 88 sin dar explicaciones
-La Conferencia Episcopal produce la impresión de que lo que le interesa es conservar sus privilegios y las leyes que la favorecen, tener asegurada su herencia y agrandar su patrimonio
-Lo que no entiendo es cómo la Iglesia no se da cuenta de que la mayor parte de alumnos que educan en clase de Religión luego no creen
-Está demostrado que los chicos se interesan por lo que les cuentan en la clase de Religión sólo hasta los 12 años

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Nueva intromisión política de Rouco a cinco días de su Misa de la Familia: más religión y menos catalán M.M.

“Los padres tienen derecho a que sus hijos sean educados en la lengua que ellos determinen”
Nueva intromisión de Antonio María Rouco Varela, cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, en cuestiones políticas. No sólo opina de la religión en las escuelas públicas sino que pretende marcar en qué idioma deben estudiar los alumnos.
En plena polémica por la ofensiva del ministro José Ignacio Wert contra el catalán, al jefe de los obispos no se le ocurre otra cosa que salir en defensa de su reforma educativa. “Los padres tienen derecho a que sus hijos sean educados en la lengua que ellos determinen”, ha dicho. Y añade que “es un derecho fundamental de la familia que no puede ser suplido ni negado por la autoridad”.
¿Convertirá su misa de las Familias Cristianas del próximo domingo en un mitin del PP? Por lo pronto está muy contento de que la reforma Wert proteja la asignatura de religión. Sin embargo, no le agrada tanto la decisión del Gobierno de Rajoy de no derogar la ley de matrimonios homosexuales.
Ana Botella, en el momento de recibir la Comunión de manos de Rouco Varela. (EFE)
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Ana Botella, el año pasado en la Misa a la Familia, en el momento de recibir la Comunión de manos de Rouco Varela. (EFE)
Este domingo, Rouco convertirá de nuevo la madrileña plaza de Colón en un púlpito en el que exponer sus soflamas políticas. La misa tuvo especial relevancia durante los años en los que Zapatero estuvo en el poder y perdió fuelle el año pasado, ya con Rajoy en Moncloa.

Recensión bibliográfica sobre la obra de Benedicto XVI: La infancia de Jesús

Carlos Escudero Freire, teólogo

Introducción

He leído con la atención debida el libro de Benedicto XVI sobre la infancia de Jesús (Mateo 1-2 y Lucas 1-2). Los dos evangelios de la infancia utilizan fuentes muy distintas, con relatos y escenas cuya finalidad teológica es también muy diversa. Como conozco mejor la obra lucana, sólo voy a hacer la recensión de Lucas 1-2. Seguro que algún experto en Mateo 1-2 nos obse
quiará con otra reseña.LEER MÁS EN Koinonía

El Jesús del Papa Juan José Tamayo

En su autobiografía Mi vida (Recuerdos 1927-1977) (Ediciones Encuentro Madrid, 2005), Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) reconoce que el nombramiento de como arzobispo de Munich y Frisinga, a punto de cumplir 50 años, le impidió llevar a cabo el trabajo teológico que estaba desarrollando. “Gusté –afirma- la alegría de poder decir algo mío nuevo y, al mismo tiempo, plenamente inscrito en la fe de la Iglesia, pero evidentemente no estaba llamado a terminar esta obra.
En efecto, apenas estaba empezándola, fui llamado a otra misión”. Esto sucedía en 1977.
Cuatro años después Juan Pablo II le citaba en Roma para encomendarle la presidencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, donde permaneció casi un cuarto de siglo velando por la ortodoxia, vigilando el trabajo teológico de antiguos asesores compañeros en el concilio Vaticano II, discípulos e incluso colegas, y condenando a algunos de los más cualificados cultivadores de la teología moral, de la teología de la liberación, de la teología de las religiones o, simplemente, de la teología conciliar. En 2005 asumió el pontificado con un memorable discurso sobre la dictadura del relativismo, que constituye el guión ideológico de su pontificado.
Durante los últimos cinco años ha escrito una trilogía sobre Jesucristo: Jesús de Nazaret. 1. Desde el Bautismo a la Transfiguración (2007), Jesús de Nazaret. 2. Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección (2011) y La infancia de Jesús (2012, los tres firmados con el doble nombre de “Joseph Ratzinger-BENEDICTO XVI”, cuyos contenidos y orientación confirman su propio testimonio de alejamiento de la teología, su desconfianza hacia los métodos histórico-críticos, su desconocimiento de los estudios de sociología y de antropología cultural sobre los orígenes del cristianismo y del contexto en que surge y su falta de consideración hacia las más significativas investigaciones en torno a los Evangelios, que cuentan con un elevado grado de consenso entre los investigadores y las investigadoras.
El resultado es, a juicio de no pocos especialistas en la materia, una falta de rigor científico en el análisis de los documentos neotestamentarios y en sus reflexiones sobre el Jesús histórico. Esto se aprecia de manera especial en su reciente obra La infancia de Jesús, de la que viene haciéndose una lectura superficial centrando la atención en la idea de la no existencia del buey y la mula en el portal de Belén, de la que se han hecho eco los medio de comunicación a partir del avance informativo del Vaticano y que, por cierto, no se deduce de la lectura del libro del papa.
En esta obra Benedicto XVI se distancia de las investigaciones sobre los orígenes de Jesús, al menos en tres campos: la historicidad o no de las fuentes, la concepción virginal y el nacimiento en Belén. Existen, ciertamente otros aspectos en los que se distancia, pero yo me centraré en los tres indicados.
Las fuentes evangélicas que narran el nacimiento de Jesús, ¿son mito o historia? Benedicto XVI afirma taxativamente: “Los dos capítulos del relato de la infancia de Mateo no son una meditación expresada en forma de historia, sino al contrario: Mateo nos relata la historia verdadera (subrayado mío), que ha sido meditada e interpretada teológicamente”. Creo que el papa, al hacer esta aseveración, no tiene suficientemente en cuenta la peculiaridad del género literario de los evangelios de la infancia, que no están lejos de los relatos sobre el nacimiento, infancia y primera juventud de buena parte de las figuras históricas relevantes del mundo mediterráneo antiguo o de muchos de los héroes y figuras importantes del Antiguo Testamento. Por ello John P. Meier, autor de la magna obra en seis volúmenes Un judío marginal, ante este tipo de relatos pide la máxima cautela, que considera “más recomendable en el caso de los relatos de la infancia de los Evangelios canónicos”.
Sobre la concepción virginal, donde se expresa con más contundencia, si cabe. Tras definir a María como “la humilde virgen de Nazaret”, afirma Benedicto XVI: “María es un nuevo comienzo. Su hijo no proviene de ningún hombre, sino que es una nueva creación, fue concebido por obra del Espíritu Santo… Sólo Dios es su ‘Padre’ en sentido propio”. Más adelante, tras la mención de un texto de la cuarta égloga de Virgilio en el que se afirma “ya retorna la virgen” y que Benedicto XVI considera “una prefiguración del parto virginal”, se pregunta: ¿Es cierto lo que decimos en el Credo: ‘Creo en Jesucristo…, que fue concebido por una y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen’”, para afirmar a reglón seguido: “La respuesta en un ‘sí’ sin reservas”. Y no se queda ahí, sino que entiende la concepción y el nacimiento de Jesús de la Virgen María como elementos fundamentales de la fe cristiana.
Son estas afirmaciones no compartida por buena parte de los exegetas del Nuevo Testamento que coinciden en que el interés primario de Mateo y Lucas en este tema es teológico y no se corresponde con nuestros planteamientos modernos sobre la historicidad. Además, fuera de los relatos de la infancia de Mateo y Lucas no hay referencias explícitas –ni implícitas, según Fitzmyer- a la concepción virginal en el resto del Nuevo Testamento. En contra de la opinión de Benedicto XVI, los especialistas no consideran a María fuente directa de los acontecimientos de los que ella pudo ser protagonista. ¿De qué depende, entonces, la aceptación o el rechazo de la concepción virginal? De las ideas filosóficas y teológicas de que se parta, así como por el peso que se conceda a la enseñanza de la Iglesia.
Otro ejemplo del distanciamiento de las investigaciones es el nacimiento de Jesús en Belén. Dice Benedicto XVI: “Si nos atenemos a las fuentes y no nos dejamos llevar por conjeturas personales, queda claro (subrayado mío) que Jesús nació en Belén y creció en Nazaret”. De nuevo estamos ante una afirmación, que los métodos histórico-críticos aplicados a los evangelios de la infancia ponen en duda o desmientan fundadamente. No puede excluirse de manera categórica que Jesús naciera en Belén, pero la idea predominante en los Evangelios y en Hechos de los Apóstoles es que Jesús era de Nazaret, y solo de Nazaret. Según esto, la conciliación un tanto sospechosa o tortuosa que llevan a cabo Mateo y Lucas entre la tradición predominante de Nazaret con la tradición especial de Belén en los relatos de la infancia indica que el nacimiento de Jesús en Belén no debe interpretarse como un acontecimiento histórico, sino como una afirmación teológica bajo la forma de un relato histórico, cuya pretensión es mostrar la mesianidad de Jesús y su origen davídico.
En suma, creo que el libro de Benedicto XVI es una meditación espiritual que no tiene en cuenta debidamente la peculiaridad del género literario de los evangelios de la infancia, con una conclusión dogmática sobre la concepción virginal, que presenta como verdad histórica. Se trata de obra que, sin duda, alimentará y fomentará la piedad popular y la instalación del cristianismo en el dogma, pero hará un flaco servicio a la investigación sobre los orígenes de Jesús de Nazaret y el movimiento que puso en marcha y dio lugar al nacimiento del cristianismo.

EL PAÍS-BABELIA, 22 de diciembre de 2012, p. 2
Juan José Tamayo director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, Universidad Carlos III de Madrid. Su última obra es Invitación a la utopía (Trotta, 2012).

Ronda la muerte, ronda Juan José Tamayo, teólogo

Enviado a la página web de Redes Cristianas
En 1971 era elegido obispo de Sâo Félix do Araguaia, en el Mato Grosso (Brasil), el misionero claretiano Père Casaldàliga, nacido en Balsereny (Barcelona) hacía cuarenta y tres años en el seno de una familia campesina. Sus insignias episcopales fueron un sombrero de paja que le entregó un líder campesino, un remo-borduna hecho de ‘pau-brasil’ por un indio tapirapé, ofrecido por el jefe de la tribu, a guisa de báculo, un anillo donado por amigos españoles, que regaló a su madre. “No tengo ningún capisayo ni pienso llevar ninguna insignia”, confesó. Y lo ha cumplido.
El mismo día de su consagración episcopal publicó una Carta Pastoral subversiva titulada Una Igreja da Amazônia em conflicto com o latifundio e a marginalizacâo, cuya difusión fue prohibida por el director de la policía federal. “En esta zona –escribía- se mata y se muere más que se vive. Matar o morir es más fácil aquí, más al alcance de todos, que vivir”.
El propósito de Casaldàliga era construir una Iglesia comprometida con las aspiraciones y reivindicaciones de los indios, posseiros y peones, sin honras ni poder, en lucha contra el latifundio y toda forma de esclavitud y, por ello, perseguida por los dueños del dinero, de la tierra y de la política, sin ‘tiburones’ ni explotadores del pueblo, formada por pequeñas comunidades de base desparramadas por las calles y sertâos, con una estructura participativa, corresponsable y democrática.
Ese modelo de Iglesia no se quedó en el papel, sino que se hizo pronto realidad en Sâo Felix, como estaba sucediendo en otras iglesias de América Latina, dando lugar al nacimiento de la iglesia de los pobres. Es esta iglesia popular la que se encuentra en la base de la teología de la liberación -guía ideológica de Casaldàliga-, que él mismo cultiva creativamente a través de sus libros de gran hondura espiritual, sentido místico, inspiración poética, denuncia profética, carácter social, actitud revolucionaria y, sobre todo, con su ejemplo de vida. Una teología que, a pesar de las permanentes condenas de Roma, sigue viva y activa en el nuevo escenario latinoamericano, y se reformula en los nuevos procesos históricos con la incorporación de protagonistas emergentes como las comunidades indígenas, campesinas, afrodescendientes, y los movimientos feministas, ecologistas, pacifistas, homosexuales, etc.
Fue en el Mato Grosso donde se despertó en él la conciencia internacionalista, hasta convertirse en el obispo más “católico” en el sentido etimológico del término: “universal”, que desarrolla a través de la defensa de las causas de los perdedores de la historia y del apoyo a los movimientos de liberación del mundo entero. Casaldàliga es, en ese sentido, un ejemplo de globalización alternativa, de la esperanza, desde abajo.
Por todo ello no tardaron en lloverle las persecuciones de todos los poderes confabulados, militares, terratenientes y políticos protectores de los latifundistas, incluido el Vaticano, tras la muerte de Pablo VI –que siempre lo protegió-. Se sucedieron las amenazas de muerte y los atentados contra su vida, en uno de los cuales fue asesinado el sacerdote Joâo Bosco. Las últimas amenazas de muerte han llevado a Casaldàliga a abandonar la modesta residencia donde ha vivido durante cuatro décadas. El desencadenante ha sido el pronunciamiento judicial que obliga a la retirada de los ocupantes no-indígenas de las tierras de Maraiwatsèdè y a su devolución al pueblo Xavante, cuyos derechos garantiza la Constitución Federal de Brasil.
Pero Casaldàliga relativiza todas las persecuciones y amenazas. La poesía es su mejor respuesta y su forma de desmitificar la muerte, como demuestra en “Romancillo de la muerte”, tan loquiano: “Ronda la muerte, ronda/ la muerte rondera ronda./ Lo dijo Cristo/ antes que Lorca./ Que me rondarás morena,/ vestida de miedo y sombra./ Que te rondaré, morena,/ vestido de espera y gloria./ Frente a la Vida,/ ¿qué es tu victoria?/… ¡Tú nos rondarás,/pero te podremos”. Es la más bella traducción del desafío de Pablo de Tarso a la muerte, cuando le dice con cierta arrogancia: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde tu aguijón?”.
El obispo Casaldàliga, defensor de la vida de los empobrecidos, de los posseiros, de los indígenas -todos ellos excluidos del banquete neoliberal-, es amenazado de muerte a diario ¡Qué paradoja!
El obispo catalán se sitúa en la mejor tradición de los obispos defensores de los indios en América Latina, desde Bartolomé de Las Casas hasta Leonidas Proaño, obispo de Riobamba (Ecuador), y Samuel Ruiz, obispo de Chiapas (México).
Diario EL PAÍS, 24 de diciembre, Edición de Catalunya

Belén en tu casa José Arregui, teólogo

En la Nochebuena de 1223, Francisco de Asís, el Poverello, con su corazón lleno de ternura, con su espíritu lleno de imaginación, organizó un encantador Belén viviente en Greccio, en el valle de Rieti (Italia). Belén. O Betlehem, que significa “la casa del pan” o “la casa de Lehem”, el dios del pan, pues el color y el sabor del pan son sacramento de Dios. Belén: allí veneran los judíos la tumba de Raquel, esposa de Jacob o Israel, querida matriarca judía que sigue llorando a sus hijos desterrados y a todos los hijos de todas las madres masacrados por todos los reyes Herodes. Allí nació el rey David, tan idealizado en la Biblia, pero tan poco ideal en la realidad.
En tiempo de San Francisco, la cristiandad organizaba cruzadas para conquistar aquella “tierra santa”. Morían y mataban para poder peregrinar a Belén y celebrar allí la Navidad. Francisco, el hermano de todos, cristianos o musulmanes, el hermano de todas las criaturas, animadas o inanimadas, pensó que no merecía la pena morir ni matar por ir a Belén. “Todos los lugares son Belén”, se dijo, y quiso representarlo de modo viviente en el lugar más pobre y escarpado, en una cueva de Greccio.
Se reunieron muchos hermanos y pobres campesinos de la región. “Se prepara el pesebre, se trae el heno y se colocan el buey y el asno”, cuenta una biografía de su tiempo, y prosigue: “Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, se valora la humildad y Greccio se convierte en una nueva Belén. La noche resplandece como el día, noche placentera para los hombres y los animales”. Francisco leyó el evangelio y predicó. Y cuando decía “niño de Bethleem” o “Jesús”, se pasaba la lengua por los labios como si los tuviera untados o ungidos de miel. ¡Bendito hermano Francisco!
¿Qué es Belén para nosotros hoy? Es mucho más que un lugar geográfico, por precioso que sea. El significado hace a los lugares y a todas las cosas, aunque, por otra parte, el misterio de las cosas es infinitamente mayor que el significado que les damos. ¿Qué es Belén? Es el nombre poético del misterio más bello y real, el nombre de todos los lugares donde es engendrada y cuidada la vida, donde se cuece y se comparte el pan. Por eso decimos que Jesús nació en Belén, aunque, histórica y físicamente, Jesús nació en Nazaret, en un pobre chamizo adosado al hueco de una roca, como eran entonces las casas de Nazaret. Cuando los evangelios de Mateo y de Lucas dicen que nació en Belén, quieren decir que él es el descendiente esperado del rey David, aquel que debía curar a los heridos y dar pan a los hambrientos, al contrario de lo que hicieron David y todos los reyes.
Belén es el misterio de la vida, tan frágil y divina. Jesús, María, José: un padre, una madre, un hijo. Eso es todo, eso lo es todo: el misterio del cosmos, de la Tierra y de la vida, del hombre y de la mujer, con sus alegrías y sus penas, sus amores y divorcios, sus esperanzas y miedos. Padre, madre, hijo/a. O dos padres, o dos madres, o un padre separado, o una madre separada. En la forma que sea. Allí donde nace, crece, sufre y goza la vida, allí es Belén. Y no te rompas la cabeza con que Jesús fuera hijo de “madre virgen”, pues “virgen” no tiene nada que ver con que haya o no haya relaciones sexuales. Ser “virgen” significa en la Biblia ser libre y disponible a la vez. Por su libertad y bondad de corazón engendraron José y María a Jesús (y a cuatro hijos y al menos dos hijas más, según el evangelio de Marcos).
Belén es la encarnación de Dios. Pero cuando digo “Dios”, no digo un Ser Supremo extraterrestre que se habría encarnado solo una vez en la historia del cosmos, solo en un lugar del universo, solo en un niño de esta nuestra pobre y admirable especie humana Homo Sapiens Demens. Cuando digo Dios, digo Bondad Dichosa, digo Fondo Bueno de la Realidad, digo Relación Amorosa y fecunda. Jesús lo encarnó.
Amiga, amigo: no sé si has puesto un Belén en tu casa. No importa. Tu casa es Belén, cuanto más pobre más verdadero. Y en tu pobre carne, sufriente y dichosa, tú también puedes encarnar a Dios.