FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

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ESTE BLOG TE INVITA A LEER TEMAS DE ACTUALIDAD Y DE DIFERENTES PUNTOS DE VISTA Y OPINIONES.




lunes, 15 de octubre de 2012

Los obispos catalanes apoyarán la independencia

El prelado auxiliar de Barcelona, Sebastià Taltavull, sostiene que la doctrina social de la Iglesia reconoce ese derecho a los pueblos
La división del catolicismo español alcanza ya a las jerarquías, esta vez a propósito del concepto de Nación y a la idea de España como bien moral que hay que preservar. Los obispos catalanes sostienen de nuevo que no es doctrina que deba seguirse sin más. Lo subrayó esta mañana Sebastià Taltavull, prelado auxiliar del cardenal arzobispo de Barcelona, Lluis Martínez Sistach, que se encuentra en Roma asistiendo al Sínodo de los Obispos Europeos. Según Taltavull, la iglesia catalana “estaría al lado del pueblo catalán” si opta por la independencia de España”.
Lo dijo en declaraciones a la emisora Catalunya Radio, antes de precisar que ese apoyo a la independencia se producirá siempre que el proceso sea democrático y pacífico. Taltavull remachó su argumentación afirmando que la doctrina social de la Iglesia reconoce el derecho de los pueblos a la independencia
Hace apenas diez días, la Conferencia Episcopal Española (CEE) dijo todo lo contrario, es decir, que España no está en el evangelio, pero casi. Esta fue la posición doctrinal de la CEE: “Ninguno de los pueblos o regiones que forman parte del Estado español podría entenderse, tal y como es hoy, si no hubiera formado parte de la larga historia de unidad cultural y política de esa antigua nación que es España. Propuestas políticas encaminadas a la desintegración unilateral de esta unidad nos causan una gran inquietud”. Fue la Comisión Permanente de la CEE quien hizo esa proclamación, en forma de una llamada “Declaración” sin votos en contra.
La CEE admitió el pasado día cuatro “en principio” la legitimidad de las posturas nacionalistas si son “verdaderamente cuidadosas del bien común”, y exhortó “encarecidamente” al diálogo, pero con este objetivo: “Se debe preservar el bien de la unidad, al mismo tiempo que el de la rica diversidad de los pueblos de España”.
La Comisión Permanente episcopal se había reunido para despachar asuntos de trámite y ultimar el orden del día de la próxima asamblea plenaria de la CEE, el próximo noviembre, pero se vio forzada a esa declaración por las propuestas independentistas que el presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, había anunciado una semana antes.
Pese a que en la Permanente del episcopado español se sientan cuatro prelados catalanes (el cardenal de Barcelona, el arzobispo de Tarragona y dos obispos diocesanos), el órdago doctrinal de la CEE contra el independentismo no tuvo eco alguno entre ellos. En apenas una semana, eran todos los prelados catalanes los que desdecían a sus colegas nacionales, nada menos que mediante una llamada “Nota” aprobada por unanimidad en sesión de la Conferencia Episcopal Tarraconense con la disculpa de la convocatoria de elecciones en esa comunidad.
Después de renovar su “compromiso de servicio”, los tarraconenses subrayan “la defensa de los derechos de las personas y de los pueblos, y el respeto a las minorías, como base irrenunciable de cualquier construcción política”. Añaden: “En un régimen democrático, cada ciudadano debe poder manifestar las propias convicciones y hacer camino con los otros”
No es la primera vez que los obispos españoles abordan el asunto del nacionalismo, pero esta vez lo hacían convencidos de que algunos sectores aprovechan la crisis y el malestar social para alimentar procesos de desunión “a costa del interés general”. La manera de hacer la advertencia fue poniendo de nuevo sobre la mesa, como anexo de una “declaración” sobre la crisis de ahora, la Instrucción pastoral Orientaciones morales ante la situación actual de España , de 2006, en la que los salían al paso del Plan Ibarretxe y de las declaraciones del ex presidente del Gobierno, José Rodríguez Zapatero, sobre que el termino Nación era discutido y discutible. Fue el entonces cardenal primado de Toledo, Antonio Cañizares, hoy ministro de Culto del papa Benedicto XVI, quien afirmó en esa ocasión que la unidad de España “es un bien moral de obligada protección”.
Entonces, el documento episcopal era una instrucción, es decir, doctrina de la Iglesia católica española. Esta vez se rebajó el tema a una “Declaración”. De 21 miembros de la Comisión Permanente (entre ellos, todos los cardenales y arzobispos), cuatro se abstuvieron. Cuatro son los obispos catalanes que forman parte de ese órgano.
Esta mañana se suscitó la duda de si las palabras de Taltavull (Ciutadella de Menorca. 1948), lo eran a título personal, o si reflejaban la posición doctrinal de sus colegas catalanes. No hay duda. Tartavull habla en nombre de todos. Así se refleja en sus declaraciones. Un obispo auxiliar no acude a un medio de comunicación sin saberlo su superior, en este caso el cardenal Sistach.
Menorquín y relativamente joven (64 años) para lo que se lleva en el episcopado español, Taltavull, que es obispo desde marzo de 2009, desarrolló su carrera eclesiástica en Menorca, con relevantes cargos desde muy temprano, entre otros el de vicario general desde 1989. También ha sido profesor de Teología dogmática y rector del Seminario Diocesano. Es decir, no es un lego en la materia que sus colegas españoles llaman doctrina. Destaca, sin embargo, la claridad de su comprensión del independentismo como derecho de los pueblos, acostumbrados a las melifluas afirmaciones de sus compañeros sobre ese u otros asuntos comprometidos.

Apoyo a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca

Según datos de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, estamos asistiendo a un verdadero drama social. Cada día se ejecutan en España 566 desahucios –contando sólo los de hipotecas- que afectan en un 82% de los casos a familias con menores a su cargo y carentes de otra vivienda alternativa. La hipoteca media a la que se enfrentan oscila entre los 100.000 y 200.000 euros (cfr. Público.es de 02/06/2012). Este drama, que clama al cielo, se está desarrollando precisamente en un país donde, según el Instituto Nacional de Estadística, hay 5,6 millones de viviendas vacías, lo que representa un 20% del parque inmobiliario.
El engaño y la usura de las entidades financieras, promotoras y constructoras, unido a la falta de control y corrupción por parte de las administraciones públicas, han sido los principales causantes de este desatino. El estancamiento de los salarios, la multiplicación de los ERE y el vertiginoso incremento del desempleo (entre 2000 y 2007 se incrementó en 106% el m2 del suelo, mientras que el salario lo hizo solo en un 8%) ha empujado a la clase media y al sector inmigrante a endeudarse con hipotecas de hasta 40 años.
Los desalojos están quebrando el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas, suscrito por España el 16 de diciembre de 1966 y que entró en vigor el 3 de enero de 1976 (cfr. art. 11.1). Por su parte, la Constitución española de 1978, en su artículo 47, dice expresamente: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”.
Redes Cristianas reconoce que la vivienda, además de un derecho constitucional, es un bien de primera necesidad con el que no se puede especular impunemente. Defendemos que este tipo de deudas generadas por la usura, el engaño y la especulación éticamente no se deben pagar y apoyamos la acción que está llevando a cabo la Plataforma de Afectados por la Hipoteca recabando firmas para presentar en el Congreso de los Diputados una Iniciativa Legislativa Popular para exigir una “Proposición de Ley que regule la dación en pago, la paralización de los desahucios y el alquiler social”.
Invitamos a todas las personas a apoyar esta noble campaña que finaliza el 31 de octubre y a la que solo le faltan 80.000 firmas.

TIEMPOS DE CRISIS, TIEMPOS MESIÁNICOS



ecleSALia 15 de octubre de 2012
"PREMIO ALANDAR 2011"

ROMÁN DÍAZ AYALA, romandiazayala@gmail.com
HUMANES (MADRID).

ECLESALIA, 15/10/12.- “El Reparador de la salvación humana, Jesucristo, quien, antes de subir a los cielos, ordenó a sus Apóstoles predicar el Evangelio a todas las gentes, les hizo también, como apoyo y garantía de su misión, la consoladora promesa: Mirad que yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos (Mt 28,20). Esta gozosa presencia de Cristo, viva y operante en todo tiempo en la Iglesia santa, se ha advertido sobre todo en los períodos más agitados de la humanidad (…) Confiad, yo he vencido al mundo (Jn 16,33)”
Con estas palabras el querido y llorado papa Juan XXIII anunciaba al mundo, que quedaba oficialmente convocado el Concilio Vaticano II, un 25 de diciembre de 1961. A esta Constitución Apostólica se había llegado cuando dos años antes, el 25 de enero de 1959, dio a conocer a los cardenales de Roma su propósito de convocación y entonces se pusieron en marcha los períodos ante preparatorio (1959-1960) y preparatorio (iniciado el 5 de junio de 1960)
En estos días (11 de octubre de 1962) se cumplen cincuenta años de la Apertura del Concilio, y con esa sencillez y claridad de espíritu nos decía en el documento que analizamos, la Constitución de convocatoria del Concilio, que esperaba de las deliberaciones su influjo que “llegará a iluminar con su luz cristiana y penetrar de fervorosa energía espiritual no sólo lo íntimo de las almas, sino también el conjunto de las actividades humanas”.
El Papa Angelo Roncalli sabía de qué estaba hablando. Conoció de primera mano la tragedia de la primera guerra mundial y perteneció a la generación testigo del período de entreguerras con su colofón de la Conflagración final, los holocaustos, más Hiroshima, Nagasaki… La división del mundo en dos bloques, la Guerra Fría, la Guerra de Corea, y cuando “el primer anuncio hecho por Nos el 25 de enero de 1959, fue como la menuda semilla que echamos en tierra con ánimo y mano trémula”, entonces había triunfado una Revolución en Latino-américa, un régimen en Cuba que se pasó al bloque socialista, y que encendió la llama de la insurrección en el continente. Luego vendrían las dictaduras militares.
La Segunda Guerra dejó un mundo convulso que parecía dominado por la técnica y la economía y que recrudecía nuevas formas de colonialismo en los países que se independizaban políticamente. Sus dos encíclicas, Mater et Magistra (1961) y Pacem in Terris (1963) daban la clave para que entendiéramos el reto del Concilio y sobre qué energía espiritual hablaba que emanando del Concilio iluminase y penetrase “el conjunto de las actividades humanas”. “La Iglesia no tiene una finalidad primordialmente terrena, no puede, sin embargo, desinteresarse en su camino de los problemas relativos a las cosas temporales ni de las dificultades que de éstas surgen”.
No se trata de un interés meramente intelectual y ajeno a la vida propia. Ya se encarga de explicitarlo más: “Ella (la Iglesia) sabe cuánto ayudan y defienden al bien del alma aquellos medios que contribuyen a hacer más humana la vida de los hombres, cuya salvación eterna hay que procurar”.
Entendía Juan XXIII la presencia de la Iglesia, “de hecho o de derecho”, en las instituciones y en la elaboración de una doctrina social. El Concilio luego promulgó que la Iglesia era todo el Conjunto del Pueblo de Dios donde los fieles todos tenían su protagonismo y una función plena. Fue iniciativa del papa que tuviéramos una plena comprensión de la Iglesia como el conjunto de quienes somos la fiel “imagen divina que le imprimiera en su rostro el divino Esposo, que la ama y protege, Cristo Jesús”. Nos pidió los esfuerzos necesarios para la unidad llamando a los no católicos romanos “hermanos separados”.
Y, por último quiero mencionar que a la pregunta de para qué sirve el Concilio, el papa Juan nos decía: “juzgamos que formaba parte de nuestro deber apostólico el llamar la atención a todos nuestros hijos para que, con su colaboración a la Iglesia, se capacite ésta cada vez más para solucionar los problemas del hombre contemporáneo”. Entendía el papa que debía obedecer a “una voz íntima de nuestro espíritu, hemos juzgado que los tiempos estaban ya maduros para ofrecer a la Iglesia católica y al mundo el nuevo don de un Concilio Ecuménico” (…) “para incrementar en el espíritu de los fieles la gracia de Dios y el progreso del cristianismo”.
Más abajo todavía, y para seguir respondiendo a la pregunta de para qué sirve el Concilio, nos dice que en aquel momento “la Iglesia anhela fortalecer su fe y mirarse una vez más en el espectáculo maravilloso de su unidad; siente también con creciente urgencia el deber de dar mayor eficacia a su sana vitalidad y de promover la santificación de sus miembros, así como el de aumentar la difusión de la verdad revelada y la consolidación de sus instituciones”.
Hubo muchas resistencias, todas venían de dentro de la Jerarquía y de la Curia Romana. Los obispos estadounidenses vivían un poco ajenos a los problemas más acuciantes, porque el liderazgo de todo orden ejercido por su Gobierno impedía ver las raíces de los conflictos que sacudían al mundo y porque la iglesia americana gozaba de un gran prestigio ascendente y el reconocimiento social de amplios sectores. No en balde por primera vez en su historia elegían a un católico para la Presidencia de la Nación en 1960, católico y de ascendencia irlandesa, un descendiente de inmigrantes.
Los obispos de todo el mundo, incluido los estadounidenses tuvieron su conversión del Camino de Damasco en cuanto el Concilio comenzó su andadura.
Los españoles tenían otros problemas. Salieron del Concilio divididos formando parte de los dos sectores, los aperturistas y renovadores y algunos que se refugiaron en una postura muy conservadora que sólo admitía los aspectos formales de la Reforma. Nuestros problemas interiores prevalecieron y el “progreso cristiano” que nos pidió Juan XXIII sólo se realizó a medias.
Seguimos en tiempos mesiánicos. El querido papa Juan nos dio la clave y debo citarle de nuevo: “acogiendo como venida de lo alto una voz íntima de nuestro espíritu”.
Hermanos queridos, ante la crisis sigamos la voz íntima que viene de lo alto y observemos los signos de los tiempos. Lo dijo él. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

domingo, 14 de octubre de 2012

ensaje Final del Congreso continental de Teología Latinoamericana: Cerca de Dios… cerca de los pobres

07-11 0ctubre 2012
Con motivo de los 50 anos de la apertura del Concilio Vaticano II y de los 40 del inicio de la Teología de la Liberación nos hemos reunido en el Congreso Continental de Teología en la Universidad de Unisinos de Sao Leopoldo/RS Brasil. Al llegar al final dirigimos a nuestras Iglesias y pueblos un mensaje para compartir lo que hemos escuchado y dialogado, vivido y celebrado.
Hemos participado 750 personas entre jóvenes y adultos, laicas y laicos, religiosas y religiosos, sacerdotes y obispos y hermanas y hermanos de otras confesiones cristianas. Proveníamos de los diferentes países de América Latina y del Caribe, de América del Norte y de Europa. Hemos vivido un verdadero kairós y movilizado la comunidad teológica del Continente.
Ante todo queremos comunicar que hemos salido fortalecidos en nuestra esperanza, una esperanza que nos impulsa a poner nuestras vidas al servicio del Reino de Dios. Hemos orado evocando el caminar eclesial desde el inicio del Concilio Vaticano II y de los 40 años de teología de la liberación. Hemos reflexionando creativamente en paneles y talleres sobre aspectos importantes del pueblo de Dios y que desafían nuestro quehacer teológico y pastoral.
Hemos constatado y asumido nuestras diferencias y diversidades históricas, geográficas, culturales, de procesos sociales y eclesiales. Nos hemos enriquecido con ellas, muy especialmente cuando hicimos memoria y celebramos el testimonio martirial de quienes en décadas recientes han dado muestras extraordinarias de fidelidad al Dios de la vida, en el seno de nuestro pueblo, sobre todo entre los empobrecidos.
Hemos recordado especialmente la figura luminosa y entrañable del Papa Juan XXIII, de quien evocamos el gesto de abrir puertas y ventanas para que la Iglesia católica aprendiera que para ser madre y maestra, necesitaba volverse hija y discípula. Recordamos, también, a Pablo VI que acertó a poner lucidez y audacia en los trabajos del Concilio y en el caminar del pueblo de Dios del inmediato postconcilio. Esta memoria nos la transmitió con emoción y fuerza Mons. José M. Pires de 94 años; él fue padre conciliar.
Hemos reafirmado nuestra convicción de que el camino que emprendimos en Medellín, ha de seguir siendo nuestro camino en este tiempo. Hemos tomado conciencia, también, de las exigencias que supone el nuevo contexto cultural, social, político, económico, ecológico, religioso y eclesial, ahora globalizado, depredado y excluyente.
Hemos confirmado que la Teología de la Liberación está viva y continúa inspirando las búsquedas y los compromisos de las nuevas generaciones de teólogos. Pero a veces es brasa se esconde bajo las cenizas. En ese sentido, este congreso se ha convertido en un soplo que ha re encendido el fuego de esta teología que quiere seguir siendo fuego que enciende otros fuegos en la Iglesia y en la sociedad.
Conscientes de que la “Iglesia debe escrutar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio” (GS 4), hemos querido pasar a los tiempos de los signos y hacer un proceso de construcción colectiva que articule nuestro pensar, sentir y actuar. Este proceso ha supuesto un esfuerzo de escucha atenta de distintos testimonios y experiencias, convicciones y miradas, en un compartir que nos interpela desde el hoy de nuestros diferentes contextos y nos lleva a apostar por un presente que tenga futuro.
Los tiempos han cambiado. Esto nos ha llevado a detenernos y poner en diálogo nuestra teología latinoamericana con realidades y saberes que no estuvieron presentes en los trabajos del Vaticano II, ni en los primeros momentos de la Teología de la Liberación. Para nosotros son nuevos clamores que vienen de los migrantes, las mujeres, los pueblos originarios y afro descendientes, las nuevas generaciones y todos los nuevos rostros de exclusión que emergen desde la invisibilidad.
Estos gemidos son fruto de un sufrimiento, el que buscamos compartir con pasión con quienes son privados de una vida digna, de un “buen vivir” (Sumakausai) como que quiere Dios.
Confiamos en que este congreso marque el comienzo de una etapa nueva. Para eso se ha organizado. Algo nuevo está brotando y cada vez nos damos más cuenta (Is. 43,13). Queremos que ese futuro esté marcado por la fidelidad, la fecundidad, la creatividad y la alegría. En él nuestro quehacer teológico debe acertar a asumir los nuevos desafíos en plena sintonía con la Palabra de Dios, bajo la acción del Espíritu y en profunda comunión con los pobres que para nosotros son los preferidos de Jesús. Así tiene que ser ya que “todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo” (DA 393).
Durante el congreso miramos hacia adelante y miramos lejos, hacia el futuro; nos deja con sueños y con ganas de hacerlos realidad. Uno de los más importantes es animar teólogos y teólogas jóvenes a que acojan la herencia de los teólogos de la primera generación de la Teología de la Liberación. Esta herencia la transmitió Gustavo Gutiérrez al recordar con emoción a los teólogos jóvenes que en su quehacer teológico sean rigurosos, profundos, cercanos a las comunidades insertas en el mundo y que den su vida por los pobres. Con su frase “Cerca de Dios, cerca de los pobres” evocó a todos los participantes lo mejor de la teología latinoamericana. Con ella recogemos nosotros lo mejor de este congreso.
Los participantes de este Congreso regresamos a nuestras comunidades eclesiales dispuestos a asumir las tareas que tiene la teología latinoamericana hoy y a testimoniar con nuestro proceder que otra teología es posible para que otro mundo sea posible. Eso sucederá si nuestros jóvenes tienen visiones y nuestros

sábado, 13 de octubre de 2012

BIZKAIKO ABADEEN FOROA:Los nombramientos papales para el sínodo de los obispos

Los del Opus Dei y Comunión y Liberación en la “pole position”

36865. Ciudad del Vaticano - Adista.
Valerio Gigante

La mayor parte de los delegados al Sínodo son elegidos por las Conferencias Episcopales, aunque los obispos designados tengan que recibir posteriormente la aprobación de la Santa Sede.
 
Hay, sin embargo, un grupo de padres sinodales cuyo nombramiento corresponde personalmente al Papa. Por eso, con la celebración de cada Sínodo, analizar la lista de los nombramientos pontificios se ha convertido en un ejercicio clásico entre los “vaticanistas” ya que, a la vez que se publicita el conocimiento que cada uno de ellos tiene de los episcopados nacionales y continentales y de los equilibrios en el interior de la Curia y del colegio cardenalicio, se muestra la correlación de fuerzas existente entre los diversos sectores y entre las muchas “almas” que habitan la Iglesia.


No faltan ocasiones en las que, más que un ejercicio de “escuela”, el análisis de los nombramientos papales puede revelarse como un importante medio para comprender la dirección que podrían tomar los trabajos de la asamblea; o, más en general, para entender qué aires soplan por el Vaticano.

Y el aire, en una primera lectura de los nombres que el Papa ha elegido para la XIII Asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos (7-28 de octubre 2012), hechos públicos el 18 de septiembre pasado, parece rolar siempre en la misma dirección, o sea hacia la derecha.

Evidentemente, hay nombramientos que son lógicos y que no pueden faltar (tal es el caso de los cardenales Angelo Sodano, decano del colegio cardenalicio, Péter Erd, presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa, y Carlos Aguiar Retes, presidente del CELAM), pero hay otros que sólo son comprensibles por una elección directa de Ratzinger, por su voluntad de orientar los trabajos del Sínodo, o por su deseo de “contrapesar” los resultados que arrojan las votaciones de las Conferencias Episcopales mediante la “repesca” algunos de los eclesiásticos “aparcados” por sus colegas obispos.

A partir de esta clave, pueden comprenderse los nombramientos de toda una serie de prelados de perfil claramente conservador, incluso marcadamente reaccionarios, como es el caso de los cardenales Joachim Meisner, arzobispo de Colonia; Vinko Puljic, arzobispo de Vrhbosna-Sarajevo; George Pell, arzobispo de Sydney; Josip Bozanic, arzobispo de Zagreb; André Vingt-Trois, arzobispo de París, y también obispos diocesanos tales como el de Tolone, Dominique Rey, el de la Plata, Héctor Rubén Aguer o el patriarca de Venecia, Francesco Moraglia, ex alumno del cardenal Siri y encendido partidario del restablecer el misal tridentino.

En los nombramientos papales aparece también una “cualificada” presencia de Comunión y Liberación. A las nominaciones, totalmente previsibles, del presidente de la hermandad de Comunión y Liberación, Carron, y del arzobispo de Milán, el cardenal Angelo Scola, hay que añadir como delegados del Papa a Mons. Filippo Santoro, obispo de Tarento, y durante muchos años hombre de Comunión y Liberación en Brasil (fue arzobispo de Petropolis), y a Mons. Luigi Negri, obispo de San Marino-Montefeltro, “ciellini” muy activos y partidarios de las externalizaciones políticas.

Hay que subrayar que de los siete obispos italianos nombrados por Ratzinger, al menos tres (Negri, Scola, Santoro), son de Comunión y Liberación.

Nutrida es, igualmente, la representación del Opus Dei, habida cuenta de lo “decisivas” que son hoy estas realidades eclesiales, (por cierto, a menudo, en conflicto entre ellas) en la determinación de los siempre frágiles equilibrios de la Iglesia.

Si se da por supuesto el nombramiento del prelado del Opus Dei Javier Echevarría Rodríguez, no es menos previsible el de otros dos “opusdeistas”: el nuevo arzobispo de Los Ángeles, mons. José Horacio Gómez y el arzobispo de Guayaquil, mons. Antonio Arregui Yarza. Sorprende que en la lista falte el arzobispo de Lima, el cardenal Juan Luis Cipriani Thorne. Su Conferencia Episcopal prefirió elegir otros candidatos;  y el Papa ha decidido no “repescarlo”.

Además, al Papa corresponden los nombramientos de los moderadores del Sínodo.

Sobre todo, de los tres presidentes delegados (el presidente es el Papa), que son los cardenales John Tong Hon, obispo de Hong Kong, Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara en México y Laurent Monsengwo Pasinya, arzobispo de Kinshasa en la República Democrática de Congo.

Luego topamos con algunas figuras claves en la dirección de los trabajos del aula sinodal como es el relator general, (es decir, el obispo que tendrá la relación introductora en el Sínodo, a partir de la cual quedarán encaminados los debates), el cardenal estadounidense Donald William Wuerl, arzobispo de Washington, el gran “acusador” de la teóloga Elisabeth Johnson y uno de los más fieros opositores a la reforma sanitaria de Obama; y del secretario especial (que se ocupa de la redacción de las Proposiciones finales que someter al Papa), el francés Pierre-Marie Carré, arzobispo de Montpellier, y que, como el colega Wuerl, preside la Comisión Doctrinal dentro de la misma Conferencia episcopal. Dos “guardianes” de la doctrina, ocupados, por tanto, en vigilar el “correcto” desarrollo de los trabajos.

Una curiosidad. El Papa también nombra una serie de “expertos” o “Auditores Secretarii Specialis”. En la lista, hecha pública el 22 de septiembre, también aparece el nombre de Enzo Bianchi, prior de la Comunidad Monástica de Bose.
BIZKAIKO ABADEEN FOROA

Hans Küng, teólogo: “Las luchas de poder acabaron por paralizar el Concilio”

Hans Küng: “Juan XXIII deseaba reformas, pero cedió demasiadas veces”
Juan Pablo II y su sucesor Benedicto XVI son “papas restauradores”
Küng cree que un Concilio Vaticano III podría mover mucho, tan sólo porque los obispos de todo el mundo se reunirían de nuevo y podrían ver cuántos de ellos desean una modernización de la Iglesia
Obispos valientes, un papa abierto a las reformas y la disposición a un diálogo abierto: cuando el teólogo suizo Hans Küng llega a Roma en 1962 para participar en el Concilio Vaticano II, se muestra fascinado por el espíritu abierto de los pastores de la Iglesia católica.
“Los obispos deseosos de reformas se dieron cuenta de repente de que hay otros que piensan igual que ellos. Era asombroso el cambio que eso suponía”, recuerda Küng, de hoy 84 años, en conversación con la agencia dpa en la ciudad alemana de Tubinga.
Sin embargo, rápidamente se desató una lucha de poder entre los obispos de las Iglesias locales que pedían cambios y los representantes conservadores de la curia romana, afirma Küng. Eso acabó por paralizar el concilio, indica.
Küng, quien tenía 34 años al comienzo de la gran asamblea de más de 2,000 obispos, participó en el conflicto como asesor del entonces obispo de Rotemburgo, Joseph Leiprecht. En sus escritos, ya antes del concilio, Küng abogó por cambios sustanciales en la Iglesia católica, tales como la abolición del celibato para los sacerdores y una reforma de la curia romana, exigencias que generaron un fuerte rechazo.
“Por ello estaba muy escéptico cuando viajaba en mi Volkswagen rumbo a Roma. Y tampoco me hacía mucha gracia tener que pasar semanas con mi uniforme, mi talar”, afirma Küng, señalando que por ello le resultó impresionante ver a obispos oponerse abiertamente a la política conservadora de la curia vaticana.
Pero la lucha de poder entre los reformistas y los continuistas se decantó pronto a favor de los conservadores. “Esta minoría tenía el aparato en las manos”, explica Küng. En su opinión, el papa Juan XXIII estaba abierto a las reformas, pero no logró imponerse frente a sus colaboradores en la curia.
“Cedió demasiadas veces”, lamenta el teólogo, catedrático de la universidad de Tubinga y quien a través de su Fundación Ética Mundial aboga por una relación pacífica entre las naciones y las religiones.
El entonces joven profesor no tuvo ocasión de hablar en el concilio, lo que estaba reservado a los obispos. “Pero nosotros, los teólogos conciliares, escribíamos los discursos de los obispos. El idioma del concilio era el latín, pero la mayoría de los obispos no lo hablaban bien. Así, ganamos una influencia considerable”.
Entre 1962 y 1965, los participantes del concilio se reunieron cuatro veces durante varias semanas. Al final, se consiguió mucho, se muestra convencido Küng. Como ejemplos cita la introducción de la misa en idiomas nacionales, el análisis crítico de la Biblia y la apertura a otras religiones.
“Era de repente una Iglesia completamente diferente a la de antes del concilio”, afirma. Muy a pesar de fuerzas conservadoras en la Iglesia que desde entonces intentan revisar las decisiones del concilio, opina Küng, para quien Juan Pablo II y su sucesor Benedicto XVI son “papas restauradores”.
Küng cree que un Concilio Vaticano III podría mover mucho, tan sólo porque los obispos de todo el mundo se reunirían de nuevo y podrían ver cuántos de ellos desean una modernización de la Iglesia. “Pero tan sólo por ese motivo el papa no convocará ningún concilio en un futuro previsible”, teme el teólogo.
(Rd/Agencias)

El ministerio de Defensa paga 10.000 millones más por armas que apenas puede usar

Pedro Morenés
Contratos de armamento
Los principales contratos de armamento en España.

(Pulsar con el ratón
AQUÍ 20 minutos para ver el gráfico aumentado y poder leer)

El precio de los grandes contratos ya firmados se ha inflado desde los 20.964 hasta los 30.121 millones.
La crisis ha reducido las horas de vuelo, ejercicios terrestres y plantilla.
Los principales contratos de armamento firmados por el ministerio de Defensa (y actualmente en vigor) se han incrementado ya en 10.000 millones de euros respecto a su coste inicial.
Estos 49 contratos (ver tabla arriba) que incluyen aviones, helicópteros, tanques, buques, misiles y hasta submarinos, fueron encargados por un valor total de 20.964 millones de euros. Ahora, su coste real es ya de 30.121 millones. Así lo revela un exhaustivo estudio del Centro de Estudios para la Paz.
El fabricante del Eurofighter es uno de los grandes acreedores del Gobierno españolEl contrato para comprar 87 cazas Eurofighter, firmado en 1997, tenía un coste inicial de 6.363 millones de euros. Los 87 cazas cuestan ahora 11.470 millones. “Nuevas variables provocan que suba el precio de un contrato. Por ejemplo, que la tecnología avanza y el mismo avión trae nuevos diseños técnicos que elevan su precio”, señala Pere Ortega, uno de los investigadores del centro.
En el caso del Eurofighter, señala Ortega, España ha pedido retrasar la entrega de 15 de estos 87 cazas, prevista para este año. “Esta demora de tres años subirá los costes”. El fabricante del Eurofighter es uno de los grandes acreedores del Gobierno español. De hecho, las arcas públicas deben desembolsar este año 1.171 millones para pagar la deuda contraída por el contrato de este caza.
La deuda a la industria lastra todo el presupuestoEse es el gran talón de Aquiles del ministerio de Defensa español: la deuda generada con la industria armamentística, que es ya de 32.000 millones, más que todo el gasto previsto para prestaciones de desempleo en 2013 (26.000 millones) y lo que recauda el Estado por el impuesto de sociedades (19.000 millones).
De hecho, en septiembre el Consejo de Ministros aprobó un crédito especial por valor de 1.782 millones de euros para abonar parte de la deuda acumulada con los proveedores. No solo habrá que pagar los 1.171 millones del Eurofighter, también 242 millones por el tanque Leopard, 76 millones por el helicóptero Tigre y 187 millones por los Buques de Acción Marítima. “La deuda a la industria lastra todo el presupuesto”, concluye Ortega.
Menos horas de vuelo
Pero, en un contexto de crisis tan fuerte como la que vivimos, ¿es necesario este gasto tan fuerte en armamento, con contratos comprometidos durante tanto años? La respuesta parece que es no, teniendo en cuenta que el propio Gobierno retrasa las entregas de este material y que el Jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad) reconocía hace pocos días en el Congreso que los pilotos han tenido que reducir sus horas de vuelo de 85.000 a 65.000, “las mínimas que necesitan los pilotos para asegurar niveles de seguridad”, debido a las restricciones presupuestarias.
Si la crisis se agudiza, “se pueden perder capacidades esenciales de Defensa”, enfatizó el Jemad. Pero hay más. En 2013 el 50% de los vehículos del Ejército de Tierra estáran parados para no gastar en combustible: de 1.400 ejercicios se pasarán a 650. Y la plantilla total de los tres Ejércitos se verá reducida el año que viene en 3.572 efectivos.
El presupuesto baja un 11%
España ocupa el 10º puesto mundial en gasto militar. El presupuesto de Defensa para 2013 es de 5.936 millones, un 11% menos que este año, una reducción mucho menor que la que han sufrido otras carteras como Educación (-17%) y Sanidad (-15%). El Centro de Estudios para la Paz, no obstante, asegura que las cuentas de Defensa están “infravaloradas”, ya que no se imputan otros gastos militares incluidos en otros ministerios. Así, la cifra se eleva a 15.000 millones.

La Teología de la Liberación lucha contra la pobreza y busca la dignidad entre las personas

“Teología latinoamericana y teología europea: interpelaciones mutuas”. Este fue el tema de la Conferencia pronunciada por el profesor. Andrés Torres Queiruga, de la Universidad de Santiago de Compostela, en el anfiteatro Padre Werner, durante el cuarto día del Congreso Continental de Teología, celebrada en Unisinos, con la participación de más de 700 personas.
Según el profesor, cada vez más la sociedad vive en el marco una cultura global. “Los medios de comunicación, libros etc. están produciendo un contexto cada vez más universal. En este sentido, manifestó que es necesario construir una teología integral”, evalúa al precisar que “tenemos que darnos cuenta que una teología será auténtica cuando todo el cuerpo eclesial sea auténtico”.
Para Torres Queiruga, toda la sociedad tiene el derecho de hacer teología. “Y sólo habrá una teología cristiana cuando esta sea de a toda la comunidad”, explica. Según el profesor, deberíamos pensar en énfasis, en maneras específicas de tratar de vivir la teología que todos queremos hacer. “En este sentido, una teología, como la europea o la latinoamericana, pueden ayudarse mutuamente”.
“Jon Sobrino”, continúa, “decía que debemos ver la teología como más pensada con la revolución social, o sea, desde la realización de todo aquello que es nuestra fe y actitud de Iglesia. Nuestra fe puede caracterizar una teología más empeñada y más comprometida en asumir los desafíos de la modernidad.
Teología de la Liberación
La Teología de la Liberación, según Queiruga se preocupó por los pobres, “pero no sólo a nivel económico, también, por la realización de la vida humana, principalmente atendiendo a los que más sufren”. Para él, hay dos absolutos: Dios y el hambre. Y es verdad que si hay hambre, esto se convertirá para la persona en una necesidad humana ineludible. “Es como decir: en primer lugar vivir, después filosofar”.
Según el conferencista, la Teología de la Liberación marcó en la historia, que no se puede hacer teología sin ver que al lado, hay pobres y personas sufriendo. “Creo que todos nosotros sentimos un peso en la conciencia al ver la pobreza. Pero, la mayoría de nosotros no es capaz de grandes heroísmos. La contribución de la Teología de la Liberación fue mostrarnos esto”, afirmó.
“Si miramos lo que el Concilio Vaticano II intentó hacer, que fue poner la Iglesia al día, veremos que realmente se alcanzó. Y fue la TL, que acogió la praxis de la fe; que vio que una fe sin obras es una fe muerta”, puntualiza. Y añade: “La Teología de la Liberación lucha contra la pobreza y busca una mayor dignidad entre las personas. Es una aventura en el ámbito histórico, no se apagará jamás en la historia. Y este es su mayor mérito”.
El Cambio
Para Queiruga, la Iglesia debe comenzar desde abajo. “Hacer una lectura popular de la Biblia, que movilice a las personas”, continúa. Y dice: “este mismo hecho de comenzar desde abajo, de motivar a las personas a participar en la vida social, hace a la religión más cercana. Esto podemos percibirlo desde Europa”.
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¿Qué hace Sistach en Roma?

El cardenal Sistach, arzobispo de Barcelona, ha dado orden a su obispo auxiliar que le comunique al párroco de Sant Medir la prohibición de que el teólogo Juan José Tamayo no puede pronunciar una conferencia en la mencionada parroquia. El cardenal no ha dado – al menos que se sepa – explicaciones de la decisión que ha tomado, ni ha justificado su prohibición. Ni, por supuesto, se ha molestado en comunicárselo, él mismo, al párroco con el que le une una amistad de bastantes años.
Por supuesto, con el Derecho Canónico en las manos, el arzobispo tiene poder para tomar la decisión de prohibir la conferencia de Tamayo. Lo que yo me pregunto es si, con el Evangelio en las manos, se puede tomar la misma decisión. Sobre todo, si tenemos en cuenta que Sistach está estos días en Roma, en el Sínodo de Obispos, que trata de cómo celebrar “el año de la fe” y de cómo conmemorar el concilio Vaticano II. Y yo simplemente me pregunto: ¿la mejor manera de actualizar el concilio es hacer justamente lo contrario de lo que dijo el concilio? Y ¿la mejor manera de actualizar la fe es hacer lo contrario de lo que el Evangelio de Jesús afirma sobre la fe?
Insisto en esta última pregunta. Sistach, seguramente, no ha caído en la cuenta de que Jesús (según los evangelios) entendía la fe de manera que, de forma sorprendente, la fe que más elogia es la del centurión (Mt 8, 5-13; Lc 7, 2-10; Jn 4, 43-54), que, por su cargo, tenía que practicar una religión distinta de la de cualquier israelita.
Como elogia la fe de la mujer sirofenicia a la que le curó una hija enferma. O como elogia la fe de un samaritano leproso. Mientras que, por el contrario, al menos por lo que cuentan los sinópticos, repasando los pasajes en los que la fe se pone en relación con los apóstoles, es para decir que aquellos hombres no tenían fe, o la tenían más escasa que la pequeñez de un grano de mostaza. El Jesús de los sinópticos no elogia, ni una sola vez, la fe de los apóstoles. ¿No es esto sorprendente? ¿Se puede asegurar que el “sistema romano”, con toda su parafernalia, sea el motor que va a renovar la fe de esta Iglesia, a la que tanto queremos y a la que tanto vemos vacilar precisamente en la fidelidad a la fe que Jesús nos enseña en el Evangelio?
Por todo esto, comprendo la decisión de Sistach. Lo que no es posible comprender es que, desde la pompa, el boato y las verdades a medias (o incluso las mentiras) de Roma, la fe y el Vaticano II se vayan a renovar.