FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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jueves, 5 de noviembre de 2026

Cuando la inteligencia aniquila -- Sergio Ferrari

 


Enviado a la página web de Redes Cristianas

De la ciencia ficción al campo de batalla
En un planeta que se asienta sobre un polvorín y con conflictos bélicos en aumento, las armas tradicionales ceden paso a medios que hasta hace apenas dos lustros hubieran parecido de ciencia ficción.
Por ejemplo, un dron con capacidad para seleccionar objetivos con total autonomía apoyado en un procesador de alta velocidad y con un sistema de navegación artificial que compara imágenes en tiempo real con fotos precargadas para guiar el ataque sin contar con un GPS (geolocalización satelital).

O bien, un vehículo no tripulado capaz de avanzar contra posiciones defensivas enemigas sin que ningún ser humano deba transitar la línea de fuego.
El uso bélico de la Inteligencia Artificial (IA), cada vez más generalizado, genera preguntas no solo sobre su capacidad destructiva, sino también sobre riesgos,
límites, reglas y valores éticos y jurídicos.

La tercera semana de octubre, la Organización de Naciones Unidas (ONU) advirtió que un número reducido de Estados y empresas privadas producen y controlan tecnologías que afectan la seguridad de todo el planeta. La inteligencia artificial se está imponiendo en los arsenales militares, acelerando las decisiones y reduciendo el margen del juicio humano, incluso en el ámbito nuclear, reconoce la ONU.

Hablando con periodistas en Nueva York, Robin Geiss, un jurista y diplomático alemán actualmente director del Instituto de Naciones Unidas para la Investigación
sobre el Desarme (UNIDIR), comentó que se acerca cada vez más “la guerra dirigida por máquinas”, y que la pregunta que esto nos plantea es, sencillamente: “¿Vamos a dejar que las máquinas seleccionen y maten a seres humanos?”. En su análisis, el peligro radica en la transformación ya en marcha de las operaciones militares donde la IA “interviene en casi todas las etapas, desde el análisis de inteligencia hasta la identificación de objetivos, pasando por el pilotaje de drones y los ciberataques”.

Según Geiss, “a medida que estas tecnologías avanzan, las decisiones se aceleran y la posibilidad de una intervención humana se reduce”. En este escenario, explica, “los ciclos de decisión se acortan, se acercan a la velocidad de las máquinas, y el margen del juicio humano se estrecha, incluso en el ámbito nuclear”. Dicha aceleración podría causar conflictos más difíciles de controlar.

Adicionalmente, los sistemas de IA –cuyo funcionamiento a veces sigue siendo opaco– introducen nuevos riesgos de error, de cálculo equivocado y de escalada involuntaria. En un enfrentamiento entre potencias nucleares, por ejemplo, una decisión apresurada sobre la base de un análisis erróneo podría tener consecuencias catastróficas.

A fin de evitar que esta dinámica se escape de las manos, la ONU prepara un marco o reglamento de conducta responsable y voluntario que promociona un léxico común e instala un foro permanente –con el apoyo especial de Suiza y Pakistán– para intentar destrabar negociaciones que avanzan más despacio que las innovaciones militares. En paralelo, el Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación (UNITAR) y Austria impulsan una reflexión para encontrar la manera de evitar las posibles desviaciones del uso bélico de la inteligencia artificial sin restringir por ello su empleo para fines pacíficos ( https://news.un.org/es/story/2026/10/1542086 ).

Medios cada vez más generalizados Desde la recopilación de información hasta la toma de decisiones estratégicas, esta semana “nueva” inteligencia ha ido ganando peso en áreas bélicas cruciales.
Según un estudio de la Universidad de Navarra, España, “uno de los aspectos más notables de la IA en defensa es su capacidad para analizar grandes cantidades de datos en tiempo real”. Los sistemas de IA pueden procesar información proveniente de múltiples fuentes, como sensores, satélites y redes de vigilancia, y extraer patrones y tendencias difíciles de detectar mediante métodos tradicionales.

Además, sus algoritmos de procesamiento de imágenes pueden identificar objetos, patrones y comportamientos anómalos, lo que mejora la detección temprana de amenazas y la identificación de objetivos. Y los drones y los vehículos terrestres autónomos pueden dirigirse de manera remota o seguir rutas preprogramadas con algoritmos de IA, lo
que reduce el riesgo para el personal militar y permite una mayor flexibilidad en la planificación de misiones ( https://www.unav.edu/web/global-affairs/el-reto-de-la-inteligencia-artificial-para-la-seguridad-y-defensa ).

Los ejemplos abundan y se multiplican a diario con el desarrollo de nuevos instrumentos bélicos en los que la IA juega un rol ya irreemplazable. Entre ellos, el
Skyborg estadounidense, cerebro de avión caza que vuela de manera autónoma y toma sus propias decisiones para atacar enemigos; el escudo de defensa chino, que
predice la trayectoria de los misiles hipersónicos en 15 segundos y puede frenar a los planeadores hipersónicos; el Elbit System israelí, que detecta dónde se encuentra el enemigo en pleno combate gracias a información obtenida en tiempo real a través de sus rifles de asalto.

En esta lista interminable de armas “futuristas” que ya forman parte de los arsenales de los Estados más poderosos se encuentran el robot semiautónomo armado Jaguar; sistemas defensivos y ofensivos de drones de diversa procedencia y de amplia utilización hoy en el conflicto Rusia-Ucrania como en la guerra contra Irán, y medios de artillería con sistemas de tiro asistidos, como el CAESAR MK2 francés, un camión autopropulsado que optimiza los cálculos balísticos de manera instantánea, analiza factores ambientales en tiempo real y reduce el ciclo de disparo y retirada,
evitando así la respuesta enemiga.

Particular importancia adquirió hace pocas semanas una serie de declaraciones de portavoces militares estadounidenses confirmando el despliegue de un arma espacial en la órbita terrestre, lo que produjo una inmediata reacción china con la advertencia de no multiplicar armamento en el “espacio ultraterrestre”. Espacio que, si bien ya está inundado de sistemas civiles mayormente destinados a las comunicaciones, ahora se está convirtiendo en escenario de un salto bélico que podría no tener freno ni retorno ( https://www.bbc.com/mundo/articles/ckr507379gm8o ).

Armas autónomas para desbastar al propio planeta Un artículo de fines de octubre del Instituto Internacional de Investigación para la Paz en Estocolmo (SIPRI) intenta responder una cuestión fundamental: ¿Cómo se aplica el Derecho Internacional Humanitario a la industria armamentista y cuándo se la puede responsabilizar por violarlo?

Laura Bruun y Marta Bo, las dos investigadoras a cargo de este estudio patrocinado por el reputado instituto sueco, sostienen que las capacidades y los servicios de
inteligencia artificial militar se utilizan cada vez más en diversas operaciones para respaldar las decisiones de selección de objetivos, entre otras funciones. Debido al
hecho de que estas capacidades habitualmente son diseñadas, fabricadas, habilitadas y mantenidas por actores empresariales, inevitablemente se reavivan antiguos debates sobre cómo aplicar el derecho internacional humanitario en estos casos ( https://www.sipri.org/commentary/topical-backgrounder/2026/military-ai-industrys-

involvement-armed-conflict-implications-under-international-humanitarian-law ).

El estudio del SIPRI procura clarificar este debate con un ejemplo elocuente: los ataques que Irán lanzó en 2026 contra centros de datos de la empresa estadounidense Amazon Web Services en Bahréin y en los Emiratos Árabes Unidos.
Aun cuando el propósito de dichos centros ha consistido en proporcionar servicios civiles, Irán argumentó que los mismos ahora estaban apoyando “las actividades militares y de inteligencia del enemigo”. Estas acciones reabrieron la discusión sobre
cuándo una entidad o actor civil puede convertirse en un legítimo objetivo militar.

Según el Derecho Humanitario Internacional, las personas empleadas y las instalaciones de una empresa privada poseen estatus civil y están debidamente protegidas. Sin embargo, en determinadas circunstancias pueden perder ese estatus y convertirse en un legítimo objetivo militar. Que es lo que ocurre si una empresa privada se incorpora a las fuerzas armadas o pertenece a una de las partes en conflicto, o si sus actividades constituyen una participación directa en las hostilidades.

En cuanto al papel del Estado, luego de un meticuloso análisis la conclusión del SIPRI es clara: el Estado tiene la responsabilidad primordial de asegurar el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario. En el caso específico de la adquisición y utilización de un sistema de IA militar, “una vez que un Estado decide [hacer eso], es responsable de su uso lícito y de cualquier efecto derivado del mismo”. En otras palabras: si una empresa de IA militar operando dentro de su jurisdicción viola el marco jurídico y el Estado no adopta medidas razonables para prevenir o responder a esa violación, se convierte en el principal responsable.

En el contexto de la IA militar, es muy importante aclarar en qué circunstancias la conducta de una empresa se puede atribuir al Estado teniendo en cuenta la frecuencia cada vez mayor de proyectos conjuntos público-privados que se están promoviendo a nivel militar.

Si bien la posibilidad de avanzar un consenso sobre el uso y el control de la IA militar depende de la voluntad política de los actores internacionales de mayor peso —
fundamentalmente los Estados, las organizaciones internacionales y la industria armamentística–, no se puede ignorar que dicha voluntad está condicionada por obstáculos igualmente políticos, como la histórica rivalidad entre las grandes potencias y sus inevitables discrepancias con respecto a los límites razonables en la utilización de “armas autónomas”.

En una era civilizatoria cuando el uso (y el propio concepto) cada día más difundidos de estas armas no solo dan escalofríos, sino que además confrontan al planeta con el riesgo mayor de su potencial autodestrucción.

África olvidada: la guerra civil en Sudán. Firma -- Juan Cejudo


 El blog de Juan Cejudo

Ya decía Fermín Salvochea: «Mi patria es el Mundo, mi religión hacer el bien, mi familia, la Humanidad».
Por eso no debemos dejar de mirar a África, el continente olvidado y en concreto a la situación que desde hace algunos años se viene produciendo en Sudán, donde la guerra entre las Fuerzas Armadas de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido han provocado ya decenas de miles de muertos y más de 14 millones de desplazamientos. Ver noticia

Milei, Abascal y el Evangelio ante el espejo de los pobres -- José Carlos Enríquez Díaz

 


diosenlafrontera

Milei vuelve a España para abrazarse a una derecha que habla mucho de libertad y poco de quienes no pueden llegar a fin de mes. Mientras él presume de su revolución económica y Abascal y Ayuso lo reciben con los brazos abiertos, el Evangelio sigue haciendo una pregunta incómoda: ¿qué lugar ocupan los pobres en ese proyecto de sociedad? Ver noticia 

HOAC, ante la huelga general: «Una exigencia de justicia que nos convoca a actuar»

 


Religión Digital

«Apoyamos la huelga como una acción solidaria para reclamar salarios dignos, el acceso efectivo a una vivienda y medidas frente a la carestía de la vida. Nuestro apoyo se concreta en acompañar, favorecer la información y el discernimiento en nuestros equipos y ambientes, y colaborar con las iniciativas que defienden estos derechos. En todo caso, respetamos las decisiones personales que se adopten desde una conciencia formada y responsable» Ver noticia

La crisis individual de la confianza institucional -- Leandro Sequeiros, presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta)

 


Enviado a la página web de Redes Cristianas

Cuando me subo a un autobús, ¿qué grado de confianza tengo de que el
conductor no esté drogado y nos lleve a un accidente?
Los recientes accidentes de trenes de Alta Velocidad en España, con un
saldo de casi un centenar de muertos, ha abierto el debate sobre la fiabilidad
de los transportes públicos.

Cuando sacamos un billete de tren o de autobús o de avión, estamos
manifestando nuestra confianza de que, no solo nos llevarán a nuestro destino,
sino de que FUNCIONAN, están operativos y controlados todos los complejos
sistemas que garantizan la casi seguridad de que no habrá un accidente.

En las sociedades democráticas y desarrolladas el concepto de
fiabilidad social o confianza institucional no debía ponerse en cuestión. Si
después de un accidente de avión, de ferrocarril o de autobús bajan
significativamente las ventas de billetes, es signo de que se está quebrando la
fiabilidad social o confianza institucional.

Estos conceptos están muy presentes en el pensamiento del teólogo y
bioético español Francisco José Alarcos Martínez y se articulan
principalmente a través de su obra vinculada a la ética pública, la bioética y el impacto de las nuevas tecnologías. Como catedrático de la Universidad Loyola
y asesor de la Agencia Digital de Andalucía, Alarcos aborda cómo las
sociedades contemporáneas construyen y sostienen la convivencia en
momentos de crisis institucional.

Los ejes fundamentales de su postura respecto a la fiabilidad de las
estructuras sociales y éticas se estructuran en tres dimensiones:

1. Transparencia vs. Honradez
En los ensayos sobre ética en la vida pública, Alarcos analiza la transformación
de las exigencias sociales frente a la corrupción. Señala que tradicionalmente
la fiabilidad social se sustentaba en la honradez personal (vinculada a la
autenticidad del individuo).

Sin embargo, en la sociedad actual, ese paradigma
se ha desplazado hacia la transparencia institucional, entendida como una
exigencia técnica de coherencia entre lo que las instituciones dicen y lo que
hacen. Para él, la verdadera fiabilidad social surge cuando la transparencia no
desaloja los valores éticos profundos, sino que sirve de puente normativo para
recuperar la confianza perdida.

2. Ética de la Información y Gestión del Conocimiento
En el ámbito de la comunicación y las profesiones de la información, el autor
asocia la fiabilidad social con la responsabilidad del profesional hacia los
usuarios. Propone tres pilares éticos básicos que garantizan un entorno social
confiable:

? Discriminación: Capacidad de separar la información verídica y valiosa
de la "basura" o el ruido mediático.
? Ordenación: Estructuración ética y lógica del conocimiento.
? Facilitación: Garantizar el acceso democrático y comprensible de los
datos a los ciudadanos.

3. Fiabilidad en la Era Digital y de la Salud
Como experto en bioética y asesor en gobernanza digital, el profesor
Francisco Alarcos extiende el concepto de fiabilidad al plano biosocial y
tecnológico.

Coincide en que la introducción de la inteligencia artificial, la
automatización y la medicina de precisión en la gestión pública solo es viable
socialmente si se cuenta con comités éticos que fiscalicen los sesgos
algorítmicos.

La fiabilidad social en el siglo XXI ya no depende únicamente de las
relaciones humanas, sino de la confianza que los ciudadanos depositan en la
seguridad y equidad de los sistemas tecnológicos que rigen sus vidas

Una victoria que costó y seguirá costando caro -- Marcelo Barros


 Menos mal que Brasil salió ganando con la victoria de la democracia y el estado de derecho, frente a la barbarie y la estupidez. En cierto modo, fue una triple victoria. Antes de ganar en las urnas y en el recuento de votos válidos, Lula ganó al movilizar la juventud, que desde hacía tiempo no salía a las calles como lo hizo en esos días, entre la primera y la segunda vuelta. Esta victoria del presidente Lula no fue solo contra un candidato, en sí mismo, poco preparado e inapropiado, sino contra el poderío del dinero internacional, invertido aquí para comprar el Brasil. También venció a los señores de arriba, quienes utilizaron todo su poder para forzar el regreso a la cultura de la servidumbre que perpetúa la injusticia.

De hecho, fue una victoria histórica e inigualable, no solo del presidente Lula y su equipo, sino, en cierto modo, de la parte más sensata de la población brasileña, que no permitió que volviéramos a los tiempos de la Alemania de los años 1930, como deseaban los adversarios, para quienes, incluso el período de la dictadura militar brasileña, de 1964 a 1985, les parece moderado y tolerante. Esta victoria de Brasil significa mantener en alto la bandera, que no permitirá que toda América Latina sea dominada por la extrema derecha.

Al pensar en esta victoria política, me viene a la mente el comienzo de todas las aventuras de Astérix y Obélix, en las historietas que tanto amaba mi generación: «Estamos en el año 50 a. C. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea habitada por galeses indomables resiste, aún y siempre, al invasor».

 Hoy en día, esa aldea es mundial y la poción mágica se llama educación crítica y liberadora. Sin ella, los galos de hoy serán dominados por los imperios y sus soldados actuales. Qué bueno sería que toda esa militancia que garantizó la victoria de Lula asumiera la tarea de liderar una campaña de educación social y política por todo el país.

Brasil tiene una dimensión continental y cualquier iniciativa debe estar dentro de los límites constitucionales de la República, pero si no se garantiza, de manera concreta, la participación directa del pueblo organizado, esta victoria actual podría perderse pronto. En el discurso que pronunció al agradecer la victoria, el presidente Lula prometió que gobernará en diálogo permanente con el pueblo. Si esto se concreta, será un elemento fundamental de ese proceso educativo, que solo el diálogo puede brindar.

Hoy, celebremos la victoria. Mañana temprano, comencemos a sembrar las semillas para el futuro. No solo de cara a las próximas elecciones, sino para la formación ciudadana, que permitirá convertir la Fiesta de la Democracia, no solo en un evento que ocurre cada cuatro años, sino en un proceso en el que la Democracia popular y participativa pueda equilibrar los posibles desajustes de la Democracia representativa, la cual, en su configuración actual, de hecho, representa muy poco al Brasil real que conocemos.

Quien haya leído la novela “El viejo y el mar”, de Ernest Hemingway, recuerda que el viejo pescador les contaba sus hazañas a sus compañeros, pero nunca pudiera mostrarles el botín de una pesca excepcional. Una noche, en su pequeña embarcación, logró capturar un pez inmenso y lo llevó atado al barco para mostrarles el trofeo de su victoria a sus incrédulos compañeros. Sin embargo, entre alta mar y el puerto donde desembarcó, un cardumen de pececitos devoró toda la carne del pez. Al llegar al puerto, el anciano logró, por fin, demostrar que había hecho una gran pesca, pero del pez que había capturado solo quedaba la espina.

Para mí, que soy cristiano, esa espina del pez devorado por los pececitos me recuerda la cruz de Jesús, señal de resistencia y amor que va más allá del dolor y la muerte. Es claro que la lucha continúa. Los adversarios que perdieron esta batalla intentarán otras. Eso es parte del proceso. Ante quienes optan por el odio, la fuerza del amor siempre prevalecerá. Quienes se han dejado embrutecer por la propaganda del odio yacen sumidos en su inhumanidad.

En su primera declaración tras ser reelegido, el presidente Lula confirmó que Brasil es un Estado laico en el que todas las religiones gozan de total libertad y siempre serán tratadas con igualdad y respeto. Es necesario advertirles esto a los apóstoles de la vieja cultura de la cristiandad, como religión civil, ya sea católica romana, evangélica o pentecostal. Que el presidente Lula haya sido atacado y haya sufrido humillaciones por parte de la milicia del odio, ya era de esperarse. Lo más triste es ver a pastores cristianos y a grupos que usan el nombre de Jesús fingir que defienden la fe y propagar sus prejuicios para engañar a las personas más sencillas.

En 1943, en el campo de concentración nazi, el pastor Dietrich Bonhoeffer escribía: «La estupidez humana es más peligrosa que la maldad. Contra el mal siempre se puede protestar. El mal puede ser expuesto. Se puede revelar. (…) Con la estupidez, en cambio, es diferente. No hay forma de defenderse de la estupidez. Las protestas no sirven de nada. Ningún razonamiento logra convencer a una persona estúpida. Ella se aferra a sus propios prejuicios y, por más que se le muestren hechos, no la convencerán».

(Cf: . https://www.ihu.unisinos.br/categorias/592293-da-estupidez-dietrich-bonhoeffer-1943).

A quienes eligen la estupidez del prejuicio, en lugar de la confianza del amor, les recordamos las palabras de Jesús dirigidas a sus adversarios: «Muchas personas vendrán del Oriente y del Occidente y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino divino, mientras que los que se consideran hijos del reino se quedarán afuera» (Mt 8, 11-12).

León xiv viajará a sudamérica con un mensaje de alegría, acogida y apertura

 


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El Papa confirma el viaje tras una evolución favorable

León XIV realizará finalmente su viaje apostólico a Uruguay, Argentina y Perú entre el 6 y el 17 de noviembre. La confirmación despeja las dudas que habían surgido a raíz de su reciente intervención quirúrgica. El 26 de octubre, su médico personal comunicó que los últimos controles mostraban una evolución favorable y que no existían contraindicaciones médicas para emprender el recorrido. La Santa Sede confirmó que el programa se mantiene según lo previsto.

La información permite transmitir una noticia esperada por las comunidades católicas de la región: el Pontífice se encuentra en condiciones de realizar una visita de doce días que tendrá un marcado carácter pastoral. Más allá de los actos institucionales y las celebraciones multitudinarias, el programa incluye encuentros con comunidades educativas, personas en situación de vulnerabilidad, jóvenes, trabajadores y representantes de los pueblos amazónicos.

Uruguay: «Les anuncio una gran alegría»

La primera etapa, del 6 al 8 de noviembre, transcurrirá por Montevideo, Paysandú y Florida. La Iglesia uruguaya ha elegido como lema «Les anuncio una gran alegría», tomado del anuncio del ángel a los pastores en el Evangelio de Lucas. El cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, explicó que la visita quiere llevar un mensaje de esperanza a todo el país y no únicamente a los católicos.

Ese acento adquiere especial significado en un país de fuerte secularización. Entre los encuentros previstos figura el acercamiento a la realidad social de Casavalle, en Montevideo, junto con actividades vinculadas al ámbito educativo y celebraciones en Paysandú y Florida. La alegría anunciada por el lema no se presenta así como un simple clima festivo, sino como una invitación a reencontrar la esperanza y a abrir el mensaje cristiano a toda la sociedad.

Argentina: «Bienvenidos todos. Vayan y anuncien»

Del 8 al 11 de noviembre, León XIV visitará Buenos Aires, Claypole, Córdoba y Luján. El lema elegido por la Conferencia Episcopal Argentina reúne dos dimensiones inseparables de la vida cristiana: la acogida —«Bienvenidos todos»— y el envío misionero —«Vayan y anuncien»—. La propuesta expresa el deseo de una Iglesia hospitalaria, en la que nadie quede excluido, y llamada a salir al encuentro de los demás.

El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, viene invitando a preparar espiritualmente la llegada del Papa y ha señalado que su visita debe ser una ocasión para confirmar la fe, fortalecer la esperanza y trabajar por la paz. También ha insistido en que el acontecimiento no puede agotarse en los días de celebración: el desafío será mantener vivo después el impulso recibido.

El itinerario permite poner ese lema en contacto con realidades concretas: en Claypole, el Papa visitará el Pequeño Cottolengo Don Orione, dedicado a la atención de personas con discapacidad; en Buenos Aires se encontrará con el mundo del trabajo y con representantes de distintas confesiones cristianas y tradiciones religiosas, además de visitar el complejo penitenciario federal; y en Córdoba y Luján se encontrará con comunidades eclesiales y peregrinos. La acogida y el anuncio misionero se vinculan así con el cuidado de las personas vulnerables, la dignidad del trabajo, la cercanía a quienes están privados de libertad y la convocatoria a un pueblo diverso.

Perú: «Abramos el corazón»

La última etapa se desarrollará del 11 al 16 de noviembre. León XIV estará en Lima, Chiclayo, Pimentel, Santa Cruz de Succhabamba, Cusco y Pucallpa. El lema peruano, «Abramos el corazón», invita a abrirse a Dios para renovar la fe, al prójimo para construir fraternidad y a la misión para anunciar el Evangelio y promover la paz.

La visita tendrá además un significado personal para el Pontífice, que desarrolló en Perú una parte importante de su trayectoria misionera y episcopal. El regreso a Chiclayo y a otros lugares vinculados a su experiencia pastoral dará a esta etapa un carácter de reencuentro. El programa contempla celebraciones con las comunidades locales, encuentros con jóvenes y universitarios, y una reunión con representantes de los pueblos amazónicos en Pucallpa. La apertura que propone el lema se concreta, por tanto, en la escucha de las Iglesias locales y de culturas y territorios diversos.

Un recorrido con un horizonte común

Los tres lemas no son idénticos, pero dibujan un itinerario pastoral que puede leerse como una secuencia: anunciar la alegría y la esperanza en Uruguay; acoger a todos y renovar el impulso misionero en Argentina; y abrir el corazón a Dios, a los demás y a la misión en Perú. Ese horizonte encuentra un punto de unión en las propias palabras de León XIV al confirmar el viaje: pidió que sea una ocasión para abrir los corazones unos a otros, fortalecer la comunión y renovar el compromiso de anunciar el Evangelio con alegría. Es, por tanto, una invitación a una Iglesia cercana, capaz de salir de sí misma y de reconocer las necesidades y riquezas de cada pueblo.

La gira permitirá a León XIV encontrarse con una Sudamérica plural: desde los desafíos de la secularización y la pobreza urbana hasta las comunidades educativas, el mundo del trabajo, los jóvenes y los pueblos amazónicos. La visita no anticipa las palabras que el Papa pronunciará en cada lugar, pero sí muestra, a través de los lemas y de los encuentros previstos, qué esperan compartir las Iglesias locales y qué realidades desean poner ante su mirada.

Elaborado por María Eugenia Massariol

Fuentes

Conferencias Episcopales de Uruguay, Argentina y Perú.

De exámenes

 


Avatar de Gerardo Villar
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Parece mentira. Estamos a principios de curso y ya nos piden a todos un examen. Se trata de que analicemos y examinemos las propuestas de los distintos partidos políticos. Me parece una oportunidad estupenda para hacer un análisis lento, profundo y amplio.

Nos convocan a votar. Es una suerte y un derecho. Cada uno de nosotros puede dar su opinión mediante el voto. Yo quiero estudiar las propuestas de cada partido, sus contenidos, su historia, sus ofertas y sus exigencias. Un examen lento, profundo y sereno. Sin intereses personales, sin dejarme llevar por la propaganda. Quiero conocer el programa y las condiciones de cada agrupación. Con mucha serenidad y más con la cabeza que con el corazón.

Si apoyo unas propuestas, tendré que ser consecuente y trabajar en esa línea.

Me da miedo dejarme llevar por ciertos grupos, por sus gritos o por orientaciones no contrastadas. Me doy cuenta de que con mi voto estoy contribuyendo a decidir el futuro de los próximos cuatro años. Y estaré atento para comprobar si esas propuestas se cumplen.

Incluso voy a fijarme despacio en los carteles, a ver qué proponen y qué ofrecen para toda la sociedad desde unos principios humanos y cívicos. Que no defiendan solo mis intereses, sino el bien común y la solidaridad. Nada de venganzas ni de afán de mandar o imponer.

Quiero mirar a la sociedad para ver qué necesita, qué me exige, qué puedo ofrecer y qué puedo pedir. Y darme cuenta de que no todos vivimos en las mismas circunstancias ni tenemos las mismas necesidades. Quiero contribuir a una sociedad justa. Nada de rencores, impulsos, afán de dominio o imposiciones.

No quiero mítines ni violencia. Somos ciudadanos y podemos leer los programas electorales. No voy a escuchar a nadie que presente su programa insultando, ni a nadie que provoque violencia. En lugar de escuchar mítines, leeré los proyectos de cada partido y votaré según mi conciencia.

GERARDO VILLAR

La teología del metro cuadrado y la promesa de Isaías

 


Avatar de Jesús Lozano Pino
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Hay imágenes que duelen por lo que tienen de anacronismo escandaloso. Haber visto las tiendas de campaña plantadas en plazas y aceras por jóvenes y no tan jóvenes que exigen un lugar donde vivir no es solo la estampa de una emergencia social; es el síntoma de una profunda fractura espiritual. Vivimos en sociedades desarrolladas capaces de trazar mapas de galaxias lejanas, pero incapaces de garantizar algo tan elemental como cuatro paredes y un techo donde abrigar la vida.

Cuando la vivienda se convierte en un bien de lujo inalcanzable, la ciudad deja de ser un hogar compartido para transformarse en un mercado hostil. Las acampadas por la vivienda no son meras protestas sectoriales; son el grito desesperado de una intemperie que atraviesa el alma. Es la constatación de que se le está negando a una parte sustancial de la sociedad el derecho más básico a la raíz, a la pertenencia y a la paz cotidiana.

La profecía indignada de Isaías

Ante este desgarro, la Escritura no se calla ni se refugia en una religiosidad desencarnada. Hace más de dos mil quinientos años, el profeta Isaías puso palabras a un anhelo de justicia que hoy resuena con una vigencia escalofriante:

«Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos. No construirán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma… No se fatigarán en vano» (Is 65, 21-23).

La visión de Isaías no es una promesa etérea reservada para un más allá desentendido de la historia. Es un programa de densa gravedad humana y terrenal. El profeta denuncia la raíz de la injusticia: el esfuerzo estéril, la fatiga inútil de quien trabaja y se desgasta sin lograr alcanzar el pan ni el cobijo, sometido a la lógica del despojo. La salvación que Dios anuncia en el texto no se mide por abstracciones, sino por la concreción más elemental: tener un lugar propio, poder habitar lo que las manos construyen y no vivir bajo la amenaza perpetua de la expulsión.

El hogar como sacramento de la paz y mandato constitucional

En la gran tradición bíblica, el hogar —la casa— no es solo un refugio físico contra las inclemencias del tiempo; es el primer sacramento de la presencia de Dios en la vida ordinaria. Es el espacio sagrado donde se teje la identidad, la memoria familiar y la hospitalidad. Es el lugar donde el ser humano, hecho a imagen de un Dios que eligió «poner su tienda entre nosotros», se quita la armadura del rendimiento y puede, por fin, descansar en paz.

Ese anhelo humano y sagrado es, además, un compromiso democrático ineludible. El Artículo 47 de nuestra Constitución consagra de manera solemne que «todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada», obligando a los poderes públicos a promover las condiciones necesarias y a regular la utilización del suelo para impedir la especulación. Cuando este mandato legal se convierte en letra mojada y se expulsa a la gente de la posibilidad de tener un techo, no solo se vulnera la ley fundamental del Estado: se profana algo santo y se rompe el pacto de alianza más básico entre los ciudadanos.

Por eso, las acampadas ciudadanas interpelan directamente a la conciencia ética, política y espiritual de nuestra sociedad. No reclaman privilegios; reclaman la tierra nueva prometida y exigida por la ley: aquella donde el fruto del esfuerzo no sea devorado por la voracidad del mercado, sino que redunde en la alegría y la dignidad de todos.

La promesa de Isaías culmina con una imagen de reconciliación radical: «El lobo y el cordero pastarán juntos… No harán daño ni estrago por todo mi Monte Santo». No puede haber monte santo —es decir, no puede haber convivencia pacífica ni salud espiritual— mientras la exclusión habitacional siga arrojando a los más frágiles a los márgenes del asfalto. En el Reino de Dios, como en una democracia justa, la paz es inseparable de la justicia.

La fuerza invencible de la esperanza: Cielos nuevos en la tierra de los hombres

Frente al cinismo de quienes aseguran que el mercado es inmutable, la teología de la creación nos recuerda que la última palabra de la historia la tiene la vida compartida, no el cálculo financiero. Las tiendas levantadas en las plazas no son solo un grito de dolor ante el desamparo; son, paradójicamente, tiendas de encuentro, de solidaridad vecinal y de resistencia luminosa que anuncian que una humanidad nueva se está gestando en las rendijas del pavimento.

La teología corre siempre el peligro de espiritualizar en exceso los textos bíblicos hasta despojarlos de su fuerza profética. Pero el Dios de la Revelación se planta, sin ambages, del lado de los que sufren la intemperie, de los inquilinos asfixiados y de los jóvenes que ven mutilado su proyecto vital.

Escuchar hoy a Isaías en medio de las acampadas urbanas nos recuerda que la esperanza no es resignación, sino una fuerza transformadora. Es la convicción de que el orden actual de las cosas —excluyente y mercantilizado— no tiene la última palabra.

Construir un cielo nuevo y una tierra nueva empieza por lo más cercano: por asegurar que ninguna familia duerma en el desamparo, que el pan y el techo estén al alcance de todos y que la ciudad vuelva a ser un regazo de acogida. Porque hasta que el último ser humano tenga un hogar donde decir con paz «esta es mi casa», la mesa de la fraternidad seguirá incompleta.

Confiar en todo tiempo

 


Avatar de Gabriel Mª Otalora
Escucha

Los proclamados santos y santas -Todos los Santos- rezaban con una gran confianza sin atisbo de resignación; era una de sus características. Por eso mismo, encontrar ejemplos de confianza verdadera en nuestro día a día nos ensancha el corazón. Es lo que me ha ocurrido esta semana leyendo una entrevista al nuevo vicario que afecta a mi parroquia, nombrado poco antes de cumplir los 34 años. Me he quedado con la primera pregunta y la respuesta que publica la revista diocesana: ¿Cuál es el sentimiento que te aflora en esta etapa de Vicario territorial? Su respuesta: “Así de entrada, tranquilidad y confianza. Tengo bastante asumido que es un cargo que me queda grande. No lo he buscado, por lo tanto, genial, porque es de Dios. Intentar estorbar lo menos posible, servir, y acompañar la vida de la Iglesia que se va desarrollando en la vicaría, cuidando las comunidades y a las personas”.

La confianza es un proceso intangible que se apoya en las experiencias vividas y se construye con el tiempo, incluso en tiempos líquidos como los actuales. Confiar en alguien conlleva el riesgo de equivocarnos. Y resulta evidente la fragilidad de la confianza, tan fácil de perder como cara de recuperar, cuando todos estamos necesitados de que confíen en nosotros; no deja de ser un acto de amor, de valoración personal, más allá del cálculo interesado. La desconfianza se parece más a un arma defensiva, como si al cerrarnos, quedásemos protegidos de los demás; pero lo que ocurre es que impedimos nuestro crecimiento personal.

Observémoslo al revés: cuando alguien atribulado se confía a nuestro criterio, ¿qué experimentamos? ¿No es cierto que el éxito de muchas empresas mercantiles comienza por el trato que recibe el cliente por parte de los empleados que atienden al público? ¿Qué sentimos cuando alguien que nos importa mucho, confía más en nosotros que nosotros mismos? ¿Sentimos que estamos ante un tonto confiado? No. Lo que sentimos es una alegría profunda y un orgullo sano al constatar que somos dignos de confianza para nuestros semejantes. Es la actitud de vida de los grandes santos y santas. Es lo que Dios desparrama en nosotros cuando nos fiamos de Él: una plenitud inacabada.

¿Cómo ser testigos de esa confianza renovada ante los temores, inseguridades y exclusiones que atraviesan nuestras vidas y a toda la sociedad? La confianza es un lenguaje universal. De ahí la importancia máxima que tiene para los seguidores de Cristo vivir y generar verdadera confianza, la que nace de la experiencia de creer en Alguien que nos ama y respeta nuestra libertad en el empeño de vivir acorde a lo que decimos creer. Eso es lo que me ha transmitido el vicario Borja Uriarte en su entrevista.

A veces confundimos la reputación con confianza, cuando lo cierto es que la primera se refiere a lo que la gente piensa de ti, mientras que la confianza tiene que ver con lo que la gente espera de ti. Esto último, ser creíble, es sinónimo de verdadera autoridad. Y en la medida que somos creíbles, somos líderes, es decir, incrementamos la capacidad de influencia. Es una parte de la inteligencia y de la madurez. Si lo miramos desde nuestra fe es fácil entender la importancia de nuestras inconsecuencias a la hora de desprestigiar la Buena Noticia. Somos testigos, mostramos la Buena Noticia por atracción, por la manera en que vivimos nuestra fe, no tratando de convencer en plan proselitista, a veces incluso dando mal ejemplo.

Todos buscamos confiar y que confíen en nosotros: respeto, comprensión, compromiso, escucha… Fiarse, fiarnos de alguien es una manera de amar, no lo olvidemos. Confiamos en las personas coherentes que nos escuchan de corazón. Y cuando fallan, piden perdón con humildad ganándose una nueva oportunidad. Nuestro prestigio y el de la fe que decimos abrazar es lo que nos jugamos con nuestras actitudes. Sin olvidarnos de George Eliot, la influyente escritora victoriana quien expresó esta realidad universal: no existe una soledad más solitaria que la desconfianza.