Mt 25, 1-13
Leer el evangelio
1 Entonces se parecerá el reino de Dios a diez muchachas que cogieron sus candiles y salieron a recibir al novio. 2 Cinco eran necias y cinco sensatas.
3 Las necias, al coger los candiles, se dejaron el aceite; 4 las sensatas, en cambio, llevaron alcuzas de aceite además de los candiles.
5 Como el novio tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
6 A medianoche se oyó gritar:
– ¡Que llega el novio, salid a recibirlo!
7 Se despertaron todas y se pusieron a despabilar los candiles. 8 Las necias dijeron a las sensatas:
– Dadnos de vuestro aceite, que los candiles se nos apagan.
9 Pero las sensatas contestaron:
– Por si acaso no hay bastante para todas, mejor es que vayáis a la tienda a comprarlo.
10 Mientras iban a comprarlo llegó el novio: las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
11 Cuando por fin llegaron las otras muchachas, se pusieron a llamar:
– Señor, señor, ábrenos.
12 Pero él respondió:
– Os aseguro que no sé quiénes sois.
13 Por tanto, manteneos despiertos, que no sabéis el día ni la hora.
Domingo 32. Ciclo A
Se acerca el fin de curso
Nos acercamos al final del año litúrgico, que terminará el 28 de noviembre. Como si nos aproximáramos al final de curso y tuviéramos que hacer un examen, la Iglesia quiere que nos preparemos a fondo y con tiempo. Para ello, en estos tres últimos domingos del año (32-34), se leen tres parábolas que se complementan: las diez muchachas, los talentos, el Juicio Final. Estas parábolas sólo se encuentran en el evangelio de Mateo, que las añade con un fin muy concreto: tomarse la vida en serio.
Un accidente inesperado
El 28 de octubre tuvo lugar el choque de dos trenes en Urda, que ha provocado la muerte de 69 personas. Si pudieran volver a la vida estarían de acuerdo con las palabras del evangelio: «Estad en vela, porque no sabéis el día ni la hora».
Vigilar no es vivir angustiado
San Luis Gonzaga estaba un día jugando al frontón y le preguntó un compañero: «Hermano Luis, si supieras que ibas a morir dentro de poco, ¿qué harías?». Y él respondió: «Seguir jugando». ¿Cómo se conjugan la vigilancia y el juego? La parábola de hoy puede ayudarnos a comprenderlo.
Las diez muchachas
En tiempos de Jesús, cuando se celebraba una boda, un grupo de muchachas acompañaba al novio a recoger a la novia para celebrar la ceremonia. A partir de este hecho tan trivial crea Jesús la parábola. Nos encontramos ante diez muchachas divididas en dos grupos de cinco: unas necias, que se olvidan del aceite para los candiles; otras sensatas, que llevan aceite de repuesto. Hasta aquí todo es posible. Pero la parábola adquiere de repente un tono irreal, porque quien da el plantón no es la novia, sino el novio, que se retrasa hasta la medianoche.
Mientras, las diez se han quedado dormidas, y los candiles siguen consumiendo aceite. Al llegar el novio, unas pueden reponerlo fácilmente, los otros están casi agotados. Las sensatas no quieren darles aceite, y el novio se niega a admitirlas después de cerrada la puerta.
La conclusión de la parábola es desconcertante: «Por tanto, estad en vela, porque no sabéis el día ni la hora». Desconcertante, porque ninguna de las diez ha velado, todas se quedaron dormidas. Lo cual significa que la vigilancia, en este caso, equivale a la sensatez de llevarse la provisión de aceite. ¿Qué significa esto en la práctica?
Dos interpretaciones posibles
La parábola se ha interpretado en dos líneas principales.
Una concede especial importancia al aceite, viéndolo como imagen de la fe, del fervor, de las buenas obras, de lo que debemos estar provistos cuando llegue el esposo, Cristo.
Otra no presta atención al aceite; lo importante es estar preparados ya, y no retrasarlo hasta un momento que resulte demasiado tarde. Esta segunda línea parece la más exacta, como lo demuestra su traducción al lenguaje moderno. Diez universitarios se acercan al fin de curso. Cinco han estudiado durante todo el año, asistido a las prácticas, tomado apuntes; otros cinco han empalmado movida con movida. En el momento de entrar al examen piden a los primeros que les pasen las respuestas. Los otros se niegan, como es lógico. El examen se prepara con tiempo, no se improvisa ni se copia.
De todos modos, las dos interpretaciones se complementan. Si decimos: «Lo importante es estar preparados», ¿en qué consiste la preparación? «En llevar aceite de repuesto». Y ¿qué es el aceite? Mateo dejará claro dentro de dos domingos, al hablar del juicio final, que el aceite del que debemos estar provistos son las buenas obras: dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo, etc.
La clave de la 1ª lectura
La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, se ha elegido porque su tema empalma con el de la sensatez de las cinco muchachas. En esta lectura, la sabiduría no es algo intelectual, un conjunto de conocimientos, sino una persona a la que se ama, se busca y se encuentra, o que está sentada a nuestra puerta esperándonos. Los primeros cristianos aplicaron esta imagen personalizada de la sabiduría a Jesús, que es la Sabiduría de Dios.
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