ropia
El Papa cuestiona los fundamentos morales de nuestro futuro: "Todos nacemos desnudos y necesitados". Los líderes mundiales debaten quién controla la tecnología. No es lo mismo.
A miles de kilómetros de distancia, en París y Nueva York, en la misma semana de finales de septiembre de 2026, ocurren dos eventos que definen el dilema de la humanidad contemporánea. En la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el Papa León XIV pronuncia palabras que trascienden la diplomacia. En la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, los líderes más poderosos del planeta debaten marcos regulatorios, competencia geopolítica y control estratégico. Una pregunta ética. Un debate sobre poder. El mismo momento histórico, dos universos paralelos.
El contraste no es casual. Es el espejo de nuestra época.
Mientras el Papa habla de humanidad…
El Papa León XIV llegó a Francia el 25 de septiembre con un mensaje que no admite ambigüedades. En su discurso en la UNESCO, plantea una premisa radical: "Todos nacemos desnudos y necesitados. Somos pobres por nacimiento: necesitados de pan y de palabras, de cuidados y de afecto; es decir, de todo aquello que nutre el cuerpo y el espíritu".
No es poesía abstracta. Es una afirmación de fondo: la igualdad no es solo un ideal, es la condición que todos compartimos desde que nacemos. Nadie nace con poder. Todos comenzamos en vulnerabilidad compartida.
Desde esa perspectiva, el Papa desarrolla su reflexión sobre la inteligencia artificial. Pide que las nuevas tecnologías "sigan estando al servicio de la persona humana, en lugar de convertirse en un instrumento más de dominación e injusticia". No es un llamado a la regulación técnica. Es una pregunta existencial sobre quién controla a quién.
El Papa invoca la imagen bíblica que define su pensamiento: Babel frente a Pentecostés. "La Torre de Babel representa una unidad impuesta mediante la dominación", explica; "la pretensión de hacerse como Dios y someter a los pueblos a un único yugo conduce a la confusión de lenguas y a la falta de comprensión mutua". En Pentecostés, en cambio, "la plaza pública se convierte en un lugar donde se celebra la paz que sana toda ofensa contra la persona humana". Y concluye: "No es la dominación de Babel, sino la paz de Pentecostés, la que hace posible esta comunión entre todos los pueblos".
La pregunta es directa: ¿Babel o Pentecostés? ¿Construimos la IA como competencia donde cada nación domina a la otra, o como instrumento donde la dignidad de todos es el principio?
La palabra que el Papa no deja de repetir en Francia
El Papa es tajante sobre la guerra: "En este momento concreto, debemos reconocer que la más terrible de las 'obras humanas' es la guerra; porque en ella la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y matar".
No la llama conflicto geopolítico. La llama perversión de la capacidad creativa humana. Y luego conecta directo: si usamos la ciencia para destruir, ¿qué futuro construimos?
La paz, según el Papa, no viene de tratados: "La paz no puede construirse sólo con tratados, ni con compromisos entre fuerzas opuestas". Viene de algo más profundo: "La paz es auténtica cuando brota de la virtud de la justicia y no de un simple contrato, de una voluntad recta más que de un equilibrio inestable de intereses". Eso requiere transformación moral, no solo gestión técnica. Esa es la palabra que el Papa no deja de repetir en Francia: paz.
…los poderosos hablan de poder
En la misma semana, a miles de kilómetros de distancia, la Asamblea General de las Naciones Unidas se convierte en el escenario donde los líderes mundiales debaten la IA desde una perspectiva distinta.
Emmanuel Macron, presidente de Francia, propuso una iniciativa aparentemente noble: que los países independientes se unan para desarrollar un modelo de IA de código abierto que no dependa de las "grandes potencias", China y Estados Unidos. La propuesta tiene mérito, pero su punto de partida es la soberanía nacional, no la humanidad compartida.
Donald Trump fue más directo. Rechazó los marcos regulatorios internacionales y "cualquier intento" de construir un proyecto "globalista" para controlar la inteligencia artificial. Su postura deja el futuro de la IA en manos de la competencia entre naciones. En ese planteamiento no hay espacio para preguntas sobre dignidad humana o comunión.
Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, fue el más duro, pero dentro del mismo lenguaje de poder. Llamó la atención sobre la necesidad de regulación: "Sería una omisión histórica imperdonable no enfrentar el desafío de la regulación de las gigantes tecnológicas e IA". Luego fue más contundente: "Un puñado de tecno-oligarcas quiere resucitar una versión de neoliberalismo digital, sin reglas ni transparencia. Están promoviendo una carrera sin frenos éticos". Denunció que "empresas que conocen los riesgos de sus productos transfieren a las familias la tarea imposible de enfrentar los algoritmos". El diagnóstico de Lula es más crítico y sí incorpora una dimensión ética, pero su pregunta central sigue siendo: ¿quién regula? ¿quién controla? No: ¿para quién? ¿para qué humanidad?
El lenguaje de la ONU es el lenguaje del poder: regulación, gobernanza, marcos, competencia, soberanía, dependencia. Son palabras que asumen que los Estados-nación son los actores, que el poder es desigual, y que la política es el arte de negociar ese poder.
El contraste de dos mundos
En el mismo momento histórico, dos discursos paralelos que no parten del mismo lugar para abordar el problema. Es como si, frente a una enfermedad existencial, mientras un médico pregunta "¿qué es lo que afecta la salud de la humanidad?", otros debatieran "¿quién vende la medicina y a qué precio?".
El Papa pregunta: ¿Qué humanidad queremos ser?
Los líderes mundiales preguntan: ¿Cómo gestionamos la tecnología dentro del sistema de poder actual?
Una pregunta va a la raíz. La otra parte de una realidad que da por sentada. Y aquí es donde la brecha se vuelve peligrosa: es posible tener los mejores marcos regulatorios del mundo y seguir construyendo Babel.
Pero existe una capacidad humana precisa: la de mantener viva una pregunta moral incluso cuando sabes que el mundo elige poder. No es ingenuidad. Es lucidez acompañada de esperanza. Hay millones de personas —maestros, padres, científicos con conciencia, políticos que dudan— que escuchan las palabras del Papa y sienten que algo en ellas es verdadero. En sus ámbitos, hacen pequeñas rebeliones morales. No son épicas. No se ven en la ONU. Pero son reales.
Al terminar esta semana de contrastes —UNESCO versus ONU, profecía versus diplomacia— queda claro que mientras el mundo debate quién controla la máquina, alguien insiste en recordar para qué debería servir. El Papa lo resumió: "Todos nacemos desnudos y necesitados". Fue el acto más radical de la semana: recordar que antes de cualquier tecnología, existe la dignidad humana. Y esa verdad, incómoda para quienes controlan el sistema, es lo que sostiene al mundo.
Elaborado por María Eugenia Massariol
Fuentes:
• Discurso del Papa León XIV en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), París, 25 de septiembre de 2026.
• Discursos de líderes mundiales en la Asamblea General de las Naciones Unidas, 22-24 de septiembre de 2026: Emmanuel Macron (Presidente de Francia), Donald Trump (Presidente de Estados Unidos), Luiz Inácio Lula da Silva (Presidente de Brasil).
No hay comentarios:
Publicar un comentario