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viernes, 18 de noviembre de 2022

JAVIER ELZO Y HANS JOAS REINTERPRETAN EL HECHO RELIGIOSO DESDE LAS CIENCIAS HUMANAS

 

col leandro sequeiros

 ATRIO

Se sigue planteando como conflicto la relación ciencia-religión. Y como por su comprobada efectividad se impone la ciencia, muchos dan por sepultada la religión, como fósil del pasado. Pero el hecho religioso está ahí y debe ser investigado por la ciencia. No por la físico-química pero por una rigurosa ciencia humana como puede ser la sociología. Ilumina todo esto todo este artículo de Leandro Sequeiros en RD. AD.

Desde esta sociedad emergente, nos preguntamos: en pleno siglo XXI, época de postsecularidad, ¿es posible elaborar una ciencia de las religiones?

¿Es posible construir un espacio en el que creyentes (diversos entre sí) y no creyentes (también diversos entre sí) puedan entrar en un diálogo fructífero los unos con los otros?

De entrada, este espacio podría ser el de la historiografía de las religiones, así como el de las demás ciencias humanas.

Es lo que pretende el profesor Javier Elzo de la Universidad de Deusto, que acaba de publicar su último – por el momento – ensayo: La religión desde las ciencias humanas. Tras una lectura de Hans Joas, pensando en la sociedad actual. Bubok ediciones, San Sebastián, 2022, 238 páginas.

El hilo conductor de este libro sigue el último de Hans Joas, “Les pouvoirs du sacré – Los Poderes de lo sagrado”, pero con aportaciones de otros autores y, más modestamente, las propias del sociólogo de Deusto, Javier Elzo, bien conocido en Religión Digital.

Como expresa el propio autor en el prólogo,

“uno de mis objetivos es analizar la posibilidad de una ciencia de las religiones. Y, en particular, si se considera esta ciencia de las religiones, como un espacio en el que creyentes (diversos entre sí) y no creyentes (también diversos entre sí) puedan entrar en un diálogo fructífero los unos con los otros”.

Y se presenta a sí mismo:

“Javier Elzo: Tengo 80 años. Casado, con un hijo y una hija, cuatro nietas y dos nietos. Soy Profesor Catedrático Emérito de Sociología de la Universidad de Deusto. He disfrutado con la docencia, y más aún, con la investigación. Tengo más de 250 publicaciones. He trabajado preferentemente en las áreas de “Sistemas de Valores y de la Religión”, “Sociología de la Juventud”, “Sociología de la Violencia juvenil”, “Epidemiología y Sociología de la Drogadicción” y “Sociología de la familia” y, siempre, los temas relacionados con ETA y la cuestión de la convivencia y reconciliación”.

Y concluye:

“Ya jubilado de dar clases priorizo el ensayo fundamentado. La mayoría en el ámbito de la sociología de lo religioso, especialmente en la catolicidad, sabiendo que la verdad no está en un cajón del que yo detenga la llave. La verdad, siempre incompleta, la vamos construyendo, entre todos, con la deliberación y escucha de los “otros”, particularmente cuando sostienen, con argumentos, planteamientos diferentes a los propios”.

El hilo conductor del sociólogo Hans Joas

Javier Elzo reconoce que encontró muchas respuestas (a sus preguntas sobre el sentido de la religión en una época tecnocientífica) en la lectura atenta de la obra de Hans Joas (Múnich, nacido en 1948), un sociólogo alemán. Joas (a quien no hay que confundir con Hans Jonas) que es Catedrático de Sociología. Desde el año 2000, Joas es miembro del Committee on Social Thought de la Universidad de Chicago.

Desde 2002 a 2011, Hans Joas fue director del Max-Weber-Kolleg para estudios culturales y sociales de la Universidad de Erfurt, y desde 2011 es Permanent Fellow en el Freiburg Institute for Advanced Studies (FRIAS), School of History, de la Universidad de Friburgo. Desde 2006 a 2010 fue vicepresidente de la Asociación Internacional de Sociología.

Sus obras más notables son: Joas, Hans (2015). Do We Need Religion?: On the Experience of Self-transcendence (en inglés). Routledge; Joas, Hans (2014). Faith as an Option: Possible Futures for Christianity (en inglés). Stanford University Press.; War in Social Thought: Hobbes to the Present, Princeton: Princeton University Press 2013 (con Wolfgang Knöbl); The Sacredness of the Person: A New Genealogy of Human Rights, Washington: Georgetown University Press 2013; Bellah, Robert N.; Joas, Hans (2012). The Axial Age and Its Consequences (en inglés). Harvard University

Press; Joas, Hans; Wiegandt, Klaus (2009). Secularization and the World Religions (en inglés). Liverpool University Press.; Honneth, Axel; Joas, Hans (1991). Communicative Action: Essays on Jürgen Habermas’s The Theory of Communicative Action (en inglés). MIT Press.

Todavía son escasas las traducciones al castellano: Joas, Hans, Teoría social: veinte lecciones introductorias. Ediciones Akal. 2016; La creatividad de la acción. Centro de Investigaciones Sociológicas. 2013; Guerra y modernidad: estudios sobre la historia de la violencia en el siglo XX. Ediciones Paidós Ibérica. 2005; El pragmatismo y la teoría de la sociedad. Centro de Investigaciones Sociológicas. 1998.

La tesis de Hans Joas

La tesis que insistentemente repite en sus textos es la de la posibilidad de una ciencia de la religión, una ciencia en el sentido en el que los enunciados de un autor no eran previsibles, simplemente en virtud de sus premisas religiosas o antirreligiosas, sino consecuencia de la investigación empírica y del análisis teórico del material empírico.

En este orden de cosas cabe subrayar que la opción secular es, en una sociedad pluralista como la de Javier Elzo en otros de sus escritos, una opción que viene a añadirse a la de la fe y que transforma en consecuencia ésta última en una opción entre otras. Esta es una idea central de Peter Berger, Charles Taylor y del propio Hans Joas, entre otros.

Elzo señala aquí dos de sus libros. “Les pouvoirs du sacré. Une alternative au récit du désenchantement” (Los poderes de lo sagrado. Una alternativa al relato del desencantamiento) en el que me basaré básicamente en este libro [Hans Joas, “Les pouvoirs du sacré. Une alternative au récit du désenchantement ” Seuil, mars de 2020, 439 p. (de las que 102 p. de notas, indice de nombres y bibliografía)], y “La Foi comme option. Possibilités d’avenir du christianisme“ [Hans Joas, La Foi comme option. Possibilités d’avenir du christianisme“. Salvator, 2021, 253 páginas]. (La fe como opción. Posibilidades futuras del cristianismo), que utilizaré, sí la salud me respeta en otro libro, en parte ya redactado.

Hans Joas profesor en Berlín y Chicago, debe colocarse, a juzgar por el cotidiano “la Croix”, sin duda a la cabeza de la pila de los pensadores de matriz cristiana actuales. Sociólogo de renombre, reconocido en el mundo académico como uno de los mejores especialistas en el tema de la secularización, y en la superación de ciertos planteamientos de Max Weber, Hans Joas enlaza esta vez la historia moderna de las religiones con su momento actual.

El objetivo de Javier Elzo

“Mi objetivo – expone Javier Elzo – es el de ofrecer, en esta publicación, cómo un sociólogo aborda la cuestión de la trascendencia en una sociedad, básicamente occidental, fuertemente secularizada, aunque adelanto que proyecto un próximo ensayo de prospectiva, basada en la realidad actual, desde una perspectiva sociológica, del catolicismo de los próximos años en el sur-oeste de Europa Occidental, especialmente en España”.

El objetivo básico del libro “Los poderes de lo sagrado” escribe Joas en el prólogo a la edición francesa, parte de la idea de que ” …en el centro de los análisis socio – religiosos del último siglo, se encuentra la narrativa probablemente más influyente sobre la historia de la religión y su importancia para la emergencia de la modernidad: el relato del desencantamiento debido a Max Weber. Este libro presenta otra narrativa que explica mejor un aspecto importante: la emergencia, siempre renovada, de una sacralidad que puede revestir formas muy diversas” [Hans Joas. “Les pouvoirs du sacré“, O. c. p.7]

Mas adelante, escribirá que “este libro intenta desencantar uno de los conceptos clave gracias a los cuales la modernidad se comprende a sí misma: el concepto de desencantamiento. Cómo se mostrará en el libro este concepto tiene una profunda plurivocidad de tal suerte que marca también los conceptos opuestos como encantamiento y reencantamiento que se han puesto en circulación desde que se ha formulado el concepto de desencantamiento. Está plurivocidad puede llevar a confusiones y es lo que, en la práctica, ha ocurrido”.

Hans Joas remarca que gran parte de las discusiones respecto del planteamiento de Max Weber estaban teñidas de motivaciones religiosas o antirreligiosas, y él se pregunta si es posible una ciencia que hable sobre la religión de forma absolutamente general, sin que los motivos religiosos o antirreligiosos jueguen necesariamente un papel constitutivo de tal ciencia. Y ese será su empeño, logrado a mi juicio.

Hans Joas es un eminente sociólogo de las religiones y cristiano comprometido, nacido en Baviera, quien ofrece en sus trabajos una sólida reflexión sobre la secularización y las posibilidades futuras del cristianismo en el siglo XXI.

El ensayo de Javier Elzo sobre la sociología de la religión en Hans Joas

Joas en los primeros capítulos aborda una aproximación científica de la religión en varias disciplinas. La primera es la disciplina histórica para lo cual se basa en el ensayo de David Hume que escribió, a mediados del siglo XVIII, una historia universal de la religión (“The natural History of Religion”) fundada empíricamente, haciendo abstracción de toda premisa teológica.

La segunda disciplina empírica será la psicológica. Joas se basa en parte en el trabajo de William James que refiere las diferentes variedades de la experiencia religiosa (The Varieties of Religious Experience”), libro que todavía hoy, un siglo después, es fuente de inspiración.

Para la tercera disciplina, la sociológica o etnológico – antropológica en materia de religión, va a trabajar con Emilio Durkheim y su clásico estudio sobre el origen de la religión en los aborígenes de Australia y en los indios de América del Norte, “Las formas elementales de la vida religiosa” publicado en 1912.

¿Es posible formular enunciados científicos del fenómeno religioso?

Lo que pretende Hans Jonas en estos capítulos es responder a esta pregunta “¿es posible formular enunciados científicos del fenómeno religioso?”. Y, a partir de ahí, recoger elementos diversos para poder formular una teoría global del fenómeno religioso con la que pretende concluir el libro. Será su excepcional capítulo 7º, particularmente en el apartado “la sacralización como fenómeno antropológico”, donde el autor condensa su respuesta, antes de dar paso, hasta el final de la obra, a dar cuenta del título de su libro, “Los poderes de lo sagrado” que, principal pero no exclusivamente, centra en la realeza, en el poder, en la nación o pueblo y en la persona humana.

Ya en estos tres primeros capítulos, Joas, bosqueja una primera idea de su tesis en la que propone hacer volver (“ramener”) la religión a las experiencias humanas situadas históricamente, en las cuales algo o alguna cosa es resentida como sagrada, experiencias que comprendemos de forma correcta, solamente si las anclamos en una psicología de sí mismo, si las pensamos como encarnadas en prácticas (devenidas quizá rituales sociales) y no las limitamos a una mera reducción individualista.

En el capítulo cuarto del libro aborda Joas la cuestión del desencantamiento en Max Weber, pero lo hace trabajando en primer lugar con Troelstch a quien considera junto a Max Weber las dos figuras centrales y preeminentes en el estudio del fenómeno religioso desde el punto de vista sociológico. Empieza con Troelstch en base a su “Sociología histórica de cristianismo” (libro clave, desgraciadamente no traducido al castellano) para desarrollar una imagen histórica que, partiendo del hecho empírico de la nueva emergencia de ideales, presenta la historia del cristianismo como una sucesión de procesos de sacralización y de desacralización. A partir de ahí el autor abordará el estudio de Max Weber.

Javier Elzo ha dedicado un capítulo al estudio de Troelstch, en gran parte desconocido en España, y otro a Max Weber. Por el contrario, ha adicionado los capítulos 5º y 6º de Joas en uno, único, – en este libro, que hará el sexto-, con el único objetivo de no hacer desmesuradamente largo este libro.

Joas señala que, en su capítulo sexto, va a reflexionar sobre lo que se denomina como el “periodo axial” en la historia de la religión. La cuestión es la siguiente: cuándo y dónde la historia de la humanidad, en qué condiciones y con qué consecuencias, se ha producido una transformación fundamental en la concepción de lo sagrado.

“Trascendencia como sacralidad devenida reflexiva”

El resultado de esta transformación fue la emergencia de un concepto de trascendencia en el sentido de una separación, de un distanciamiento (“ecart”) profundo con respecto a todo lo que haya de terrestre, una emergencia que iba de par con un crecimiento fundamental de la reflexividad. En este capítulo presenta las diferentes maneras que se ha intentado pensar esta cuestión y el resumen del estado de saber empírico en este campo. Desarrolla sobre esta base su concepto de la “trascendencia como sacralidad devenida reflexiva”, que será capital en sus análisis.

En este capítulo sexto, Hans Joas, pone en cuestión la idea de que el curso de la historia obedezca a una serie de desarrollos lineales de orden teleológico. Pone el acento crítico en tres conceptos de lo más influyentes y, por consiguiente, los más ´peligrosos´ (sic) para explicar esta linealidad histórica en nuestros días: el concepto tomado de Max Weber de racionalización; el concepto tomado de los trabajos de Spencer, Simmel y Durkheim de diferenciación funcional progresiva; en fin, el concepto, hoy dominante, de modernización, un concepto aparecido en Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial.

El análisis de estos conceptos y de su aplicación le permitirán llevar a cabo una nueva interpretación de la célebre “Consideración intermediaria” de Max Weber

Universalidad antropológica de las experiencias de ‘autotrascendencia’

Joas, en el capítulo 7º de su libro, que es también el 7º del nuestro, parte de las diferentes experiencias concretas e históricas que viven las personas, experiencias que, por su fuerte impacto, se les atribuye la cualidad de sacralidad. Concepto este último también objeto de controversia, como el de religión. Por todo ello no defiende la tesis la universalidad de la religión, pero sí la universalidad antropológica de las experiencias de ‘autotrascendencia’ y de las atribuciones de ‘sacralidad’ que resultan de ello. Hay que subrayar, con fuerza, que Hans Joas parte siempre de la realidad humana y no de una evolución de las ideas, para, a partir de ella, en sus experiencias de autotrascendencia, colectiva e individual, en determinados momentos concretos, abrir pasado a la sacralidad, que puede ser religiosa o profana.

Completo este séptimo capítulo del libro de Javier Elzo con una evaluación, obviamente personal, de las aportaciones del ensayo de Joas, subrayando algunos aspectos esenciales, aunque sin olvidar elementos críticos a su trabajo. En realidad, como en todo ensayo con una tesis (en este caso, la superación del desencantamiento religioso consecuencia de la racionalidad y de la modernidad), se dejan de lado, o no se remarcan suficientemente, otros aspectos clave de la tesis que se propone defender.

Y añade Elzo: “En fin, concluyo con un Epílogo, aportando un ejemplo de experiencia personal de hace unos setenta años (debía rondar entonces los ocho o diez años de edad) que ilustran el papel de la experiencia como configuradora del armazón vital de mi vida, hasta el día de hoy. Veo en el libro de Joas, en la importancia que concede a la experiencia extra – cotidiana en la cotidianidad de la vida, un ejemplo de lo que sacramentalidad (autosacramentalidad en un principio) supone en la vida de las personas”.

 

Leandro Sequeiros

Atrio

CREADORES DE PAZ


col gerardo

fe adulta

Basta abrir los ojos a la realidad y vemos que algo que existe en el mundo a todos los niveles es la diferencia, la riña, los grupos opuestos, la división. Y una de las cosas más difíciles de conseguir es vivir en paz.

Guerras en todo el mundo, riñas, peleas, mala convivencia. Caín y Abel en todos los aspectos, Ahora me están comentando las dificultades que están sufriendo en muchos colegios, al restringir las normas de castigo a los niños porque estamos habituados al castigo.

Veo que en el mundo, en general, hay mediadores, personas e instituciones dedicadas a crear diálogo con las personas de convivencia más difícil. Y a otros niveles están la ONU, los jueces y personas o instituciones para fomentar la convivencia partiendo del diálogo. Pienso en instituciones como la comunidad de san Egidio…

Tenemos soluciones terribles como pueden ser las guerras, las cárceles, los hogares protegidos.

Es mucho más fundamental ayudar a que cada persona se valore en su justo ser, en su saber vivir en compañía. Y eso a todos los niveles personales, vecinales, autonómicos, estatales, mundiales.

Me gustaría que la ONU fuese más efectiva y más activa, que tuviera mayor valor y autoridad entre países, que los mediadores pudieran ejercer con autoridad.

Tenemos actualmente divididas a las personas. A los que no cumplen con las reglas de la sociedad, les metemos en cárceles, pisos tutelados, les infringimos castigos. Pero lo cierto es que como adultos trabajamos poco ayudando a sacar lo bueno que hay en cada persona y tratar de que aflore lo positivo de cada uno. Con castigos, a nivel que sea, no conseguimos educarnos, ser personas responsables y no aprendemos a convivir en paz. Es preciso luchar y trabajar hasta que consigamos aquello que nos lo dice el profeta Isaías:” Habitarán juntos el lobo y el cordero”. Y todos tenemos dentro un poco de lobos y otro poco de cordero. Dejemos aflorar la paz, la Justicia, el amor, la fraternidad, y habrá paz.

 

FRANCISCO ANIMA A LOS FIELES DE 'SU' BUENOS AIRES A "VIVIR LA PROFECÍA DE LA FRATERNIDAD"

 

col renato

 

“Los aliento a seguir este camino, no van solos. Recuerden que son hijos e hijas de una historia y de una Iglesia «que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio, de constancia en el trabajo que cansa, porque todo trabajo es sudor de frente»”, lo escribe el Papa Francisco en la Carta enviada a los participantes de la XXV Jornada de Pastoral Social de la Arquidiócesis de Buenos Aires, Argentina, que se realizó este 12 de noviembre, en el Auditorio de la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (Foetra), en el barrio porteño de Almagro.

Vivamos la profecía de la fraternidad

La misiva del Santo Padre fue leída el sábado pasado durante la XXV Jornada de Pastoral Social de Buenos Aires, que este año se centra en el tema de “La Nación como comunidad de destino”. A los participantes, el Pontífice les recuerda que, su compromiso revela “la necesidad e importancia de esta sana costumbre”.

“Vuestro compromiso no consiste solamente en acciones o en programas de promoción y asistencia; lo que el Espíritu moviliza no es un desborde activista sino ante todo una atención creativa y respetuosa que aprendió a reconocer al otro como a un hermano (Cfr. Evangelii Gaudium, 199). El Espíritu nos moviliza para que vivamos la profecía de la fraternidad”.

El crecimiento de polarizaciones y extremismos

El Papa Francisco también invitó a los participantes en este evento a imaginar un futuro posible, y para ello es necesario dar una mirada a la situación mundial. Es necesario tener presente las guerras con su amenaza nuclear, la reciente pandemia y sus consecuencias en diferentes niveles, la crisis ecológica y migratoria, el aumento de la cultura de la explotación y el descarte… problemáticas a las que se podrían sumar las situaciones locales.

“Detrás de estas realidades, como música de fondo, me preocupa el crecimiento de polarizaciones y extremismos que impiden construir y encontrarse en un «nosotros» común. Son muchos los conflictos que el repliegue en trincheras, tantas veces, ideológicas impiden solucionar. Poco a poco se erosionó el sentido de pertenencia capaz de romper la tiranía de la división y el enfrentamiento para posibilitar, con todas ·las diferencias legítimas que puedan existir, la congruencia de las voluntades en la búsqueda del bien común; que es mucho más que la suma de bienes individuales”.

Recuperar nuestra capacidad de diálogo

Ante el crecimiento de estas polarizaciones que, corroe todo intento de soluciones y lo único que instala es desazón y descreimiento, el Santo Padre destacó que es necesario recuperar nuestra capacidad de diálogo para encontrar caminos de solución.

“En este contexto es imperioso recuperar nuestra capacidad de diálogo, esto es, acercarse, escucharse, conocerse y reconocerse para buscar puntos de contacto que nos ayuden a trascender. Para ayudarnos mutuamente necesitamos dialogar. En reiteradas ocasiones invité a desarrollar una cultura del encuentro, que vaya más allá de las dialécticas que enfrentan. Es un estilo de vida, de cultura y ciudadanía que tiende a conformar ese poliedro que consiente muchas facetas sin perder la unidad”.

El lugar de la esperanza es el aquí y ahora

Finalmente, el Santo Padre concluyó su misiva recordando que, son hijos e hijas de una historia y de una Iglesia que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio, de constancia en el trabajo que cansa, porque todo trabajo es sudor de frente.

“Sabemos que las acciones y transformaciones posibles crecen y se desarrollan en la misma tierra que es capaz de engendrar la cizaña. El lugar de la esperanza es el aquí y ahora y está reservado para aquellos que no tengan miedo de aceptar, como el Señor nos indicó, que trigo y cizaña crecen juntas (cfr. Mt 13, 24-30). Sin esta perspectiva será muy difícil promover cualquier acción y emprendimiento que quiera impulsar, como señala la convocatoria de este año: La Argentina como comunidad de destino”.

¿ORAR POR LAS VOCACIONES?


col velez

 religión digital

Cada vez más, constatamos una realidad: las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal, decrecen. A veces, se ven despuntes que animan. También en Asia y África hay más esperanza. Pero algunas llamadas “nuevas comunidades”, aunque parece que atraen un número significativo de jóvenes, muchas de ellas tienen una línea tradicionalista y moralista que desdice bastante del Vaticano II y los escándalos de sus fundadores no parecen garantía de esos carismas. Además, el papa Francisco insiste en que los seminarios se unan para que haya un número más razonable de seminaristas y se les pueda brindar una mejor formación. En conclusión, la crisis de vocaciones es real.

Pero este problema no es nuevo. Ha sido una preocupación constante expresada en las Conferencias del Episcopado Latinoamericano y Caribeño. En la Conferencia de Río de Janeiro (1955) se anotaba como un angustioso problema del continente la escasez de clero y por eso el Documento conclusivo considera el tema de “Las vocaciones y formación del clero secular” en el primero y segundo capítulo.

En el documento de la Conferencia de Medellín (1968) también se constata “la escasez numérica de los presbíteros, más aún cuando se pondera en relación con el crecimiento demográfico” (Sacerdotes, 3) y de la vida religiosa: “La crisis en las comunidades religiosas toma grandes proporciones, mientras disminuye el número de los que se presentan para ingresar en las mismas (Religiosos, 10).

En la conferencia de Puebla se afirma lo siguiente: “La escasez de sacerdotes es alarmante, aunque en algunos países se da un resurgimiento de vocaciones” (n. 116). “A pesar del reciente aumento de vocaciones, hay una preocupante escasez de ministros, debida -entre otras causas- a una deficiente conciencia misionera (n. 674).

En la Conferencia de Santo Domingo (1992) aunque se reconoce “un aumento en las vocaciones sacerdotales” (n. 79) se vuelve a señalar “la escasez de ministros” (n. 68) y por eso se propone “la pastoral vocacional como una prioridad” (n. 79).

En la Conferencia de Aparecida (2007) también se habla de la “relativa escasez de vocaciones al ministerio y a la vida consagrada (n. 100e; 185) y por eso “ante la escasez en muchas partes de América Latina y el Caribe de personas que respondan a la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada, es urgente dar un cuidado especial a la promoción vocacional (n. 315).

Junto a esta realidad no se ha dejado de orar por las vocaciones, pero pareciera que Dios no escuchara porque la situación no cambia. ¿vale entonces la pena orar por las vocaciones? Se invoca la cita de: “Rueguen al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Mt 9, 38) para darle valor a tal pedido. Pero ¿qué pasa que los ruegos no parecen tener efecto en el dueño de la mies?

Aclaremos algunos aspectos para intentar responder estas preguntas. Por supuesto que la oración de petición es válida porque ella expresa el reconocimiento de nuestra limitación e impotencia ante muchas realidades y la confianza que ponemos en el Señor para seguir trabajando por conseguir aquello que necesitamos. Esto es muy distinto de la concepción más generalizada que tenemos de esta oración en la que por nuestras súplicas conseguimos que Dios se compadezca y “milagrosamente” intervenga para cambiar las cosas según se lo pedimos. Este Dios mágico no es el Dios de Jesús, aunque se enseñe, tantas veces, de esa manera.

Por otra parte, la petición por los obreros para la mies, no se refiere a las vocaciones sacerdotales y religiosas sino a todo el pueblo de Dios, llamado a anunciar el reino de Dios. Lo que esperamos no termine -y hemos de pedirlo- es el acoger la llamada de Dios a vivir el reino y a dar testimonio para que más y más personas reciban esta “buena noticia” y se dispongan a construir este mundo de hermanos y hermanas, hijas e hijos del mismo Dios Padre y Madre, donde se viva la igualdad fundamental y “nadie pase necesidad” (Hc 2, 45). Pero las estructuras -no el ministerio- de vida sacerdotal y religiosa, pueden terminar -como de hecho algunas comunidades se han acabado-, y, tal vez, es urgente que terminen en las formas y modos que hoy tienen para que puedan ser atrayentes para la juventud.

Se habla mucho de que la juventud no tiene ideales o no se compromete con nada o no le interesa lo que pasa en nuestro mundo, pero eso no es verdad. Al menos en América Latina, la juventud está siendo protagonista de las demandas sociopolíticas de nuestros pueblos. La conciencia ecológica es muy fuerte entre los jóvenes. Y basta con estar en las universidades para ver que la juventud sigue teniendo ideales y proyectos en lo que emplea todas sus fuerzas. Lamentablemente para muchos jóvenes esto no es posible pero no porque no tengan sueños sino porque la injusticia estructural no les permite realizarlos.

Tal vez no tengamos que pedir por las vocaciones sino porque descubramos en qué carismas, en qué ministerios, en que estructuras hoy la mies es abundante y allí podrían llegar los segadores. Hay carismas que ya no tienen sentido porque las necesidades que los suscitaron, hoy están cubiertas por el Estado o ya no tienen ningún sentido -por ejemplo, comunidades femeninas al servicio doméstico del clero-. El ministerio ordenado sería más fecundo si se abriera a las mujeres, a los casados -estas son peticiones constantes en muchas instancias eclesiales: sínodo de Amazonía, Asamblea Eclesial, Sínodo de la sinodalidad- pero no se quiere dar el paso. Y, definitivamente, las estructuras eclesiales necesitan una conversión radical para que cumplan su única razón de ser: estar al servicio de reino.

La vitalidad de nuestra fe no depende de mantener estructuras que están mostrando su insignificancia para el momento actual sino de escuchar al Espíritu que todo lo renueva (Ap 21,5). Pedir que sepamos escucharlo no debe estar lejos de pedir obreros para la mies allí donde efectivamente hoy el Señor está llamando pero que, tal vez, no queremos escucharlo.

EL AMOR SIEMPRE VENCERÁ AL ODIO


col michele

 religión digital

Hoy cuando me he levantado he sentido una gran ligereza y esperanza que me ha hecho sonreír. ¡La recuperación de la democracia y la oportunidad de reconstruir nuestro Brasil me trae un gran deseo de luchar por nuestro pueblo, de seguir creyendo que es posible construir la civilización del amor como soñamos en la Pastoral Juvenil!

Soy consciente de que soy una persona privilegiada, nunca he pasado necesidades, soy blanca, he tenido oportunidades y he hecho una opción por la pobreza abrazando la vida religiosa consagrada, a diferencia de nuestras hermanas y hermanos pobres, negros, marginados, indígenas y descartados que casi siempre no tienen opciones, su destino está "predeterminado", la excepción es cuando logran conquistar sus sueños.

Esta realidad conformista es una construcción cultural, "siempre ha sido así", y a menudo la legitimamos cuando apoyamos a los gobiernos que promueven las desigualdades sociales, el odio, la intolerancia, la destrucción de nuestra casa común para obtener beneficios, la corrupción y todos los medios para favorecer a los ricos, a los empresarios y a los políticos deshonestos.

Como mujer también sufrí el dolor de quienes fueron irrespetados, violentados, ridiculizados y excluidos en estos casi 4 años, no podemos perder nuestros derechos ganados con mucha lucha y hasta la vida de compañeros. Nuestro lugar debe estar siempre garantizado en la Iglesia y en la sociedad.

En estos últimos años he roto relaciones con seres queridos, familiares y conocidos que han demostrado sentimientos y acciones violentas y prejuiciosas, que incluso vibraron con la destrucción de nuestro país y nuestra democracia, que se convirtieron en patriotas fanáticos, "moralistas" y seguidores de un dios desconocido para el Evangelio, esto me causó dolor, indignación y estrategias para tratar de garantizar lo evidente, en ningún momento pude entender como personas "buenas" podían sentir tanto odio, querer armas, discriminar a las minorías y defender el fascismo como algo maravilloso...

Creo que muchos compañeros comparten este sentimiento y ahora respiran un poco mejor, porque hemos logrado despertar como brasileños, reiniciar un largo proceso de luchas por la garantía de los derechos, esto no es una victoria de "los buenos sobre los malos", sino un nuevo tiempo para encontrar el amor, la paz, la dignidad y las condiciones básicas para que todas las personas vivan mejor.

No me siento victoriosa porque hayamos ganado unas elecciones, sino porque hemos derrotado un proyecto de muerte, nuestro país no podría seguir a este ritmo, ¿qué sería de las minorías? Como religiosa, me sitúo en el grupo de los pequeños, y siempre estaré del lado de la justicia, de la profecía y del seguimiento del pobre Jesús que amó a los excluidos de su tiempo y no se doblegó ante ningún poder opresor.

Me gustaría tener la capacidad de rescatar las relaciones rotas y las acciones que han generado divisiones, sin embargo, la vida está hecha de ciclos y elecciones y cada persona tiene su propia libertad para tomar caminos y optar por el amor o el odio, la inclusión o la exclusión, la vida de todos o de una pequeña porción de ricos. Puedo luchar en este nuevo comienzo con algunos que han abierto sus corazones y mentes, pero tengo la utopía de contagiar a todos los que se han estado perdiendo y engañando en ideologías absurdas en este momento.

El amor al prójimo, la vida y el cuidado de nuestra casa común serán siempre la respuesta a todos los conflictos; Jesús nos lo enseñó con su propia vida, nunca podemos perder este punto de partida. Como cristianos debemos rescatar los valores básicos para una buena convivencia en sociedad y la dignidad humana.

Agradezco al Padre y a la Madre Dios que nos inspiraron en este gran viaje, en la defensa de la vida, en la construcción de la paz, del amor y de la igualdad, a todas las personas que siguieron firmemente en el Proyecto de Jesús y que no soltaron las manos de nadie, incluso cuando la esperanza flaqueó.

La Vida Religiosa Consagrada ha respondido con mucha profecía ante la situación y ha abrazado a los pequeños aplastados por el sistema opresor, ¡esto es un gran signo de esperanza de que estamos cumpliendo con nuestra misión encomendada por Dios!

 

LGTBIQ+: PARA EMPEZAR

fe adulta

col paqui

 

He leído el artículo de Koldo Aldai “Rehabilitar el cuerpo”, que me lleva a las siguientes reflexiones.

El tema LGTBIQ+ está poco estudiado dentro de la Iglesia (y en la sociedad en general), de manera que esas siglas son un saco donde cabe todo y todo es igual. No es así: por una parte hay que distinguir la orientación sexual LGB lesbianas gays y bisexuales, totalmente naturales y aceptadas, con derecho a formar familia, adoptar hijas e hijos, casarse y todo lo que conlleva cualquier matrimonio.

Creo que la TTQ+, la ideología de género, o sea la identidad de género, se está convirtiendo en una moda muy peligrosa que va contra los derechos mismos de las personas y hasta en contra de su integridad física. Todas nacemos con un sexo ya seamos machos o hembras y un pequeñísimo porcentaje intersexual en el que también sería deseable esperar a una decisión posterior. El género es un constructo social que se asigna a las personas a la hora de nacer en función del sexo cromosómico que se manifiesta en los genitales, es decir, si se nace con genitales masculinos las personas deben comportarse, vestirse, manifestarse con unas maneras que determina la sociedad patriarcal, si se nace mujer hay unos papeles determinados, unas actitudes y unos comportamientos de los que no se pueden salir unos y otras porque romperían el sistema patriarcal si no los cumplen.

La teoría queer dice que las personas pueden elegir su sexo y su género. Lo primero no es posible porque genéticamente, o sea el genotipo, no se puede cambiar XX, XY (incluidas las trisomías y otras excepciones); pero dice que también el género se puede elegir y además variar infinitamente en las maneras de expresarse cada cual.

Desde el feminismo -abolicionista del género- consideramos el sexo binario (no el cerebro), porque así es nuestra especie para reproducirnos como ocurre con otros animales, pero estamos trabajando por la abolición del género de manera que cada persona acepte el sexo con el que nace, acepte el regalo de su cuerpo y luego se manifieste libremente en sus costumbres, lugares sociales, vestimenta, actitudes, etc. como mejor le parezca, para ser feliz, sin seguir el modelo patriarcal de lo femenino y lo masculino.

¿Por qué lo queer o TTQ+ es una moda muy peligrosa? Porque es un negocio que agrede los cuerpos de niñas y niños, de adolescentes, para que se sometan cuanto antes a terapias hormonales que deberán continuar de por vida y a operaciones mutilantes porque les dicen que han nacido en un cuerpo equivocado. Seguro que todas y todos en nuestra adolescencia nos hemos sentido mal con partes de nuestro cuerpo: con la altura, con el color de piel, con el color de pelo, de los ojos, la nariz...que también se satisface con un mercado de la transformación a base de bisturí y otras terapias, aunque normalmente menos agresivas que la modificación de los genitales y demás manifestaciones del fenotipo masculino o femenino. ¿Cuál es la causa de que alguien quiera aparentar ser de otro género existente o no? ¿Por qué manifestarse diferente debe conllevar la mutilación y hormonación del cuerpo? Si esa expresión de la propia identidad no hace daño a la integridad personal (ropa, maquillaje…) es aceptable, pero cuando en medio está el dios Mercado (con grandes campañas desde las farmacéuticas y las clínicas y entrando deliberadamente en los gobiernos) convenciendo en muchos países, ya desde la educación infantil, para que transicionen con terapias imposibles si la familia no dispone una economía fuerte, no podemos estar de acuerdo.

Como personas cristianas debemos estar atentas a los nuevos derroteros del transhumanismo, estas corrientes de moda no admiten críticas, incluso el ser disidente se está castigando por ley con fuertes multas y otras sanciones a personas de la Academia o de cualquier ámbito público o privado. No es un tema fácil, tiene aún más lecturas terribles, pero merece la pena profundizar en él por lo que nos toca legar a nuestras hijas e hijos y a las nuevas generaciones. ¿Qué diría Jesús? Vida en abundancia.


LA LÓGICA DEL EVANGELIO

fe adulta

col haya

 

¿Es que el Evangelio tiene lógica? ¿Es lógico que los últimos sean los primeros, y los primeros sean los últimos? ¿Que las prostitutas y los publicanos precedan a los sacerdotes en el Reino? ¿Es lógico abandonar a todo el rebaño para buscar a una oveja que se ha perdido? ¿Es lógico que los justos paguen por el comportamiento de los pecadores? ¿Es lógico proclamar “Bienaventurados los que eligen la pobreza” y ensalzar a la mujer que lo unge un perfume muy caro? ¿No era más consecuente la reprensión que le hacían los discípulos?

Vamos por partes. En primer lugar Jesús generalmente hablaba para el pueblo sencillo, no para los sabios y entendidos; y hablaba con exageraciones, con caricaturas, para que el pueblo captara al momento el mensaje transmitido. A nadie del pueblo se le ocurrió arrancarse un ojo o castrarse para no caer en la tentación; sólo se cuenta de Orígenes, un eximio teólogo y exegeta, que se castró siendo joven, pero posteriormente en su exégesis de Mateo 19,12 insiste en que no debe interpretarse literalmente.

En segundo lugar en los evangelios existen dos planos, que requieren dos lógicas diferentes. El plano de la plenitud del Reino, que sólo alcanzará su plenitud en la vida definitiva; y el plano de la vida mortal en la que ya se inicia el Reino, pero no se alcanza su plenitud. Ya sí está presente el Reino, pero todavía no, como dicen los teólogos.

También las leyes humanas conocen dos situaciones, las leyes ordinarias, que tratan de proteger (más o menos) los derechos y las libertades de las personas, y la ley marcial, que permite a la autoridad militar o civil el suspender algunos de estos derechos.

En la plenitud del Reino la única norma, la única lógica, es el amor desinteresado e incondicional; y ni siquiera es una norma ni una lógica, porque es una tendencia espontánea, es la Vida misma. No tiene sentido hablar de defender derechos o libertades, porque todo es donación de sí mismo por amor.

Durante la vida mortal coexisten las dos lógicas, la del Reino y la legislación ordinaria (o quizás habría que llamarla la ley marcial), que tiene que defender los derechos y libertades de los débiles, frecuentemente amenazados por los fuertes.

Jesús tiene que presentar su proyecto de Reino en toda su plenitud y animar a vivirlo, pero conoce perfectamente el lastre de egoísmo que todos arrastramos. Por eso emplea una pedagogía progresiva, adaptada al momento y posibilidades de cada oyente o grupo de oyentes.

Siempre me ha chocado la contradicción que surge frecuentemente en los evangelios entre la retribución por méritos y la gracia total por parte de Dios. Entre el ciento por uno (incluso por el vaso de agua) y la gratuita llamada de Dios a compartir la plenitud de su amor. La retribución por méritos corresponde a la lógica del caminante; la gratuidad del amor corresponde a lo que ya ha percibido de la plenitud del amor. “No me mueve, mi Dios, para quererte / el cielo que me tienes prometido / Ni me mueve el infierno tan temido / para dejar por eso de ofenderte...”

En conclusión

¿Existe una lógica en el Evangelio?

La lógica del Evangelio no es una lógica argumental, que se basa en frágiles conceptos abstraídos de experiencias limitadas en el tiempo. Es más semejante a la lógica de la vida, que se basa en un proceso evolutivo hacia la colaboración integradora.

La lógica del evangelio tiene una coherencia que se desarrolla en forma pedagógica progresiva, que va acomodándose a las posibilidades cada uno.

La lógica del evangelio es la lógica del amor, que rebasa, pero no anula, a la lógica de la justicia; como también la física cuántica rebasa, pero no sustituye, a la física determinista.

La lógica del amor rebasa incluso a la lógica de la fe. Teresa de Lisieux confiesa “Si no puedo creer, al menos podré amar”.

 


FIESTA DE CRISTO REY Lc 23, 35-43 Y lecturas: 2Sm 5, 1-3; Sal 121; Col 1, 12-20


col amelia hidalgo com

FE ADULTA

En la 1ª lectura se nos relata cómo el reino del Norte, Israel quiere reconocer a David como rey. Ya había sido reconocido por el reino del Sur, Judá. Se abre para el rey David una etapa en la que todos quieren confiar en él como el rey justo capaz de alcanzar la unidad entre los dos reinos.

Jesús intentó construir un reinado de Dios, una sociedad donde no hubiera fronteras. Era un buen judío y la idea de eliminar las fronteras le venía de atrás. Una idea magnífica que parece que nos hemos empeñado en sofocar a lo largo de los siglos.

Jesús de Nazaret fue elevado a las alturas con rapidez. Dicha labor San Pablo la ejecutó con perfección y quizás en demasía justificando al mismo tiempo los sufrimientos de Jesús. Clara evidencia es la carta de San Pablo a los Colosenses de este Domingo. Muchos en la Iglesia parecen querer mantenerlo allí. Aunque hay teólogos y sacerdotes que explican la cercanía de Jesús en nuestras vidas, esa elevación está tan inaccesible y tan consolidada que difícilmente lo encontramos barriendo y limpiando las paredes de nuestra casa. Este domingo  celebramos la fiesta de Cristo Rey ya que al igual que nombraron a David como rey hemos querido nombrar a Jesús como rey para parecernos a los demás pueblos. Es una fiesta establecida por Pio XI en 1925. Es bastante reciente y parece que prosperó acentuando tanto la lejanía de Jesús como la de Dios. De hecho la seguimos manteniendo en el siglo XXI. ¿De quién es Rey y para quién? Un rey goza de privilegios exclusivos imposibles de compartir. ¿Esa es la figura que corona nuestro tiempo ordinario?  

Si pensamos qué relaciones tenía Jesús con Dios al que consideraba como padre, la diferencia con esa concepción de realeza es abismal y la sorpresa no puede ser mayor. ¿Qué idea podía tener Jesús de su padre Dios? Algunos profetas ya habían considerado a Dios como padre pero el trato que Jesús  tenía con él iba más allá. Veamos: El concepto que Jesús podía tener de Dios era producto de saberse hijo y haber profundizado en toda la Sagrada Escritura. En los textos del Antiguo Testamento se reflejan los premios y castigos que Dios otorga a su pueblo. ¿Cómo concebiría Jesús aquellos métodos de Dios para con el pueblo? Desde su perspectiva de misericordia, no le encontraría mucho sentido. Pero él, ya en su madurez, se los perdonaba, no los tenía en cuenta. Eran otros tiempos. Como un hijo termina olvidando los errores de su padre y de su madre y se los justifica porque eran otros tiempos quedándose con lo mejor que han podido dar. La imagen que solemos tener de nuestros progenitores es el de un padre o una madre que ha hecho muchas cosas por nosotros; la mayoría no las conocemos. Fuimos inconscientes. Incluso podríamos decir que nuestro padre o nuestra madre no han podido hacer más por nosotros. Con sus aciertos y sus errores, con alegrías y con sufrimientos pero han hecho todo lo que han podido, todo lo que han sabido hacer. Jesús descubrió otra imagen de Dios.

Y ¿qué ha pasado cuando hemos vivido la vejez de nuestro padre o de nuestra madre? Que nos han brotado sentimientos de agradecimiento y confianza pero con la certeza de que ellos, que ya lo han hecho todo, no pueden hacer más por nosotros.

Recuerdo a mi padre que con más de 90 años yo le cogía la mano y le decía: “Hola papá”. Y era suficiente para mí. No le pedía nada porque ya nada podía hacer por mí. Pienso que los sentimientos de Jesús con Dios eran similares. A sabiendas que ya Dios lo había hecho todo por Él en este mundo, era el momento de que Él actuara. Le diría a Dios: “Hola papá”. Y ya se sentiría comprendido, aliviado y entusiasmado para empezar o para seguir. Y se lo transmitiría a sus discípulos como una experiencia muy íntima y casi secreta. Me lo imagino diciéndoselo en voz muy baja. Como un descubrimiento nuevo con peligro de ser distorsionado ¡Cómo iban a poner esas palabras en boca de Jesús en la agonía de Getsemaní si Él no se lo hubiese dicho! Y ellos no le comprendieron. Algunos le tomarían por loco. Incluso le despreciarían. ¡Que Jesús se dirigiera como Papá a un Ser del que ellos ni nadie se atrevían a pronunciar siquiera su nombre! ¿Era respeto, temor, lejanía, recelo, desconfianza o quizás, un poco de todo? El término no prosperó aunque San Pablo lo retoma en sus cartas a los Romanos y a los Gálatas, asociado al término Padre. Usar solo Papá era demasiado cercano, demasiado expuesto a todo, demasiado vulnerable. Y así ha llegado hasta nosotros como Abba, Padre.

Cuando los hermanos hablan entre sí no suelen decir “padre decía” o “nuestro padre quiere”. En época de nuestros abuelos quizás eran los términos que se usaban pero no dejaban de mostrar distancia, a veces mucha, entre un padre y sus hijos. Ahora se dice mucho más papá o mamá. Son términos de más cercanía que los de padre o madre. De más confianza. Más implicados unos en otros. Ni los discípulos se atrevieron a seguir con la idea, ni la Iglesia se ha atrevido. En nuestros lenguajes de trato con Dios lo más cercano que le decimos es “Señor”, término que refleja una relación de vasallaje impropia de un hijo al que se le quiere mucho. Pero seguimos con ese lenguaje. ¿Es que acaso la ternura del término Papá nos desestabiliza, nos quita hombría, nos desarma y nos deja sin palabras? Nuestra mentalidad de orar donde desesperadamente pedimos y pedimos aunque con leves actitudes de acción de gracias nos impone distancias con Dios. Mientras que Él insiste en su cercanía a nosotros y su recordatorio de que está dentro de nosotros. Parece más bien las relaciones de una pareja que no acaba de comprenderse. ¡Qué pena! ¡Cuántos siglos de diálogos frustrados!

Es lamentable que la dulzura de las palabras de Jesús al buen ladrón nos empeñemos en dejarla allí, en la cruz. Ese paraíso del que habla se asociaba entonces al Jardín del Edén. Era como decirle al ladrón, “todas las tardes, al ir finalizando el día después de tus trabajos y de los míos, pasearemos, charlaremos, nos contaremos lo que nos apetezca, reposaremos de nuestra actividad y apreciaremos todo lo que la Naturaleza nos brinda. Nos sentiremos plenos y dispuestos a seguir o a emprender ideas nuevas”.

“Hoy estarás conmigo en el paraíso” son las palabras más hermosas de este domingo.

 

Amelia Hidalgo Jiménez

Tomares (Sevilla) 20.Nov.2022

DOMINGO 20 noviembre 2022 Jesucristo, Rey del universo – C (Lucas 23,35-43) MÁRTIR FIEL

col pagola


 



Los cristianos hemos atribuido al Crucificado diversos nombres: «redentor», «salvador», «rey», «liberador». Podemos acercarnos a él agradecidos: él nos ha rescatado de la perdición. Podemos contemplarlo conmovidos: nadie nos ha amado así. Podemos abrazarnos a él para encontrar fuerzas en medio de nuestros sufrimientos y penas.

Entre los primeros cristianos se le llamaba también «mártir», es decir «testigo». Un escrito llamado Apocalipsis, redactado hacia el año 95, ve en el Crucificado al «mártir fiel», «testigo fiel». Desde la cruz, Jesús se nos presenta como testigo fiel del amor de Dios y también de una existencia identificada con los últimos. No hemos de olvidarlo.

Se identificó tanto con las víctimas inocentes que terminó como ellas. Su palabra molestaba. Había ido demasiado lejos al hablar de Dios y su justicia. Ni el Imperio ni el templo lo podían consentir. Había que eliminarlo. Tal vez, antes de que Pablo comenzara a elaborar su teología de la cruz, entre los pobres de Galilea se vivía esta convicción: «Ha muerto por nosotros», «por defendernos hasta el final», «por atreverse a hablar de Dios como defensor de los últimos».

Al mirar al Crucificado deberíamos recordar instintivamente el dolor y la humillación de tantas víctimas desconocidas que, a lo largo de la historia, han sufrido, sufren y sufrirán olvidadas por casi todos. Sería una burla besar al Crucificado, invocarlo o adorarlo mientras vivimos indiferentes a todo sufrimiento que no sea el nuestro.

El crucifijo está desapareciendo de nuestros hogares e instituciones, pero los crucificados siguen ahí. Los podemos ver todos los días en cualquier telediario. Hemos de aprender a venerar al Crucificado no en un pequeño crucifijo, sino en las víctimas inocentes del hambre y de las guerras, en las mujeres asesinadas por sus parejas, en los que se ahogan al hundirse sus pateras.

Confesar al Crucificado no es solo hacer grandes profesiones de fe. La mejor manera de aceptarlo como Señor y Redentor es imitarle viviendo identificados con quienes sufren injustamente.

JESÚS NUNCA PRETENDIÓ SER REY DE NADIE DOMINGO 34 CRISTO REY (C) Lc 23,35-43


col fraymarcos

 fe adulta


Toda la liturgia del año tiene como principio y como fin al mismo Jesús. Comienza en Adviento con la preparación a su nacimiento, y termina con la fiesta que estamos celebrando como culminación más allá de su vida terrena. Como todo ser humano, nació como un proyecto que se fue realizando durante toda su vida y que culminó con una muerte que expresó sin equívocos la plenitud de ser. Pero Jesús respondió a Pilato que su Reino no era de este mundo. A pesar de ello, le proclamamos Rey del Universo. Claro, nosotros sabemos mucho mejor que él lo que es y lo que no es Jesús.

Con el evangelio en la mano, ¿podemos seguir hablando de “Jesús rey del universo”? Un Jesús que luchó contra toda clase de poder; que rechazó como tentación la oferta de poseer todos los reinos del mundo. Un Jesús que dijo: Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de Dios. Un Jesús que invitó a sus seguidores a no someterse a nadie. Un Jesús que dijo que no venía a ser servido, sino a servir. Un Jesús que dijo a los Zebedeo: “El que quiera ser grande que sea el servidor, y el que quiera ser primero que sea el último. Un Jesús que, cuando querían hacerlo rey, se escabulló y se marchó a la montaña. Podíamos hacer más referencias, pero creo que está claro lo que quiero decir.

La palabra Rey, Padre, Hijo, Mesías, Pastor, tienen gran riqueza de significados simbólicos en la escritura. Todas están relacionadas entre sí y no se puede entender separando unas de otras. La idea de un “rey”, en Israel, fue más bien tardía. Mientras fueron un pueblo nómada no tenía sentido pensar en un rey. Cuando se establecieron en  las ciudades de Canaán, sintieron la necesidad de copiar sus estructuras sociales y le pidieron a Dios un rey. Esa petición fue interpretada por los profetas como una apostasía, porque para el pueblo judío, el único rey debía ser Yahvé.

Encontraron la solución convirtiendo al rey en un representante de Dios. Para erigir a una persona como rey, se le ungía. Es lo que significa exactamente Mesías (Ungido, Cristo). La unción le capacitaba para una misión: conducir al pueblo en nombre de Dios. De ahí que desde ese momento se le llamara hijo de Dios. Lo propio de un hijo es actuar como el padre, en lugar del padre. También se le llamaba padre del pueblo y pastor del pueblo. Lo mismo que Dios era padre y pastor para ellos, el que era elegido como rey era ungido, hijo, pastor y padre. Los primeros cristianos utilizaron todas estas palabras para referirse a Jesús y nosotros podemos seguir utilizándolas, pero como símbolos.

El letrero que Pilato puso sobre la cruz era una manera de mofarse de Jesús y de las autoridades. Es curioso que nosotros hayamos ampliado el ámbito de su realeza a todo el universo. ¿Para escarnio de quien? Los soldados también le colocaron una corona y un cetro para reírse de él. ¿Creéis que Jesús se hubiera encontrado más cómodo con una corona de oro y brillantes y con un cetro cuajado de piedras preciosas? Podemos seguir empleando el título, con tal que no le demos un sentido literal. Todo lenguaje sobre Dios es analógico. También el aplicado a Jesús una vez que terminó su trayectoria humana.

Las autoridades, el pueblo, uno de los ladrones le piden que se salve; pero Jesús no bajó de la cruz. Desde el bautismo hasta la cruz, le acompaña la tentación de poder. Jesús se salvó de esa tentación, pero no como esperaban los que estaban a su alrededor. Hoy seguimos esperando, para él y para nosotros, la salvación que se negó a realizar. Nos negamos a admitir que nuestra salvación pueda consistir en dejarnos aniquilar por los que nos odian. Si seguimos esperando la salvación externa, seguridad, poder o gloria, quedaremos decepcionados como ellos. Jesús será Rey del Universo, cuando la paz y el amor reinen en toda la tierra. Cuando todos seamos testigos de la verdad.

El centro de la predicación de Jesús fue “el Reino de Dios”. Nunca se predicó a sí mismo ni revindicó nada para él. Todo lo que hizo, y todo lo que dijo, hacía siempre referencia a Dios. El Reino de Dios es una realidad que no hace referencia a un rey. Ese “de” no es posesivo sino epexegético. No es que Dios posea un reino. Dios es el Reino. Jesús se identificó de tal manera con ese Reino. De Jesús terreno carecería de sentido hablar de su reino. Podemos hablar del Reino de Cristo como una gran metáfora, como el ámbito en el que se hace presente lo crístico, es decir, un ambiente donde reina el amor. Entendido de ese modo y no literalmente, puede tener pleno sentido hablar del Cristo Rey.

Los cristianos descubrieron esta identificación, y pronto pasaron de aceptar la predicación de Jesús a predicarle a él. Surge entonces la magia de un nombre, Jesucristo (Jesús el Cristo, el Ungido). El soporte humano de esta nueva figura queda determinado por la cualidad de Ungido, Mesías. El adjetivo (ungido) queda sustantivado, (Cristo). Lo determinante y esencial es que es “Ungido”. Lo que Jesús manifiesta de Dios, es más importante que el sustrato humano en el que se manifiesta lo divino. Pero debemos tener siempre muy claro que los dos aspectos son inseparables. No puede haber un Jesús que no sea Ungido, pero tampoco puede haber un “Ungido” sin el ser humano, Jesús.

Cristo no es exactamente Jesús de Nazaret, sino la impronta de Dios en ese Jesús. El Reino, que es Dios, es el Reino que se manifiesta en Jesús. Para poder aplicar a Jesús el título de rey, debemos despojarlo de toda connotación de poder, fuerza o dominación. Jesús condenó toda clase de poder. Pero no solo condenó al que somete; condenó con la misma rotundidad al que se deja someter. Este aspecto lo olvidamos y nos conformamos con acusar a los que dominan. No hay opresor sin oprimido. El reinado de Cristo es un reino sin rey, donde todos sirven y todos son servidos. Cuando decimos: reina la paz, no queremos decir que la paz tenga un reino sino que la paz se hace presente en ese ámbito.

Jesús quiere seres humanos completos, que sean reyes, es decir, libres. Jesús quiere seres humanos ungidos por el Espíritu de Dios, que sean capaces de manifestar lo divino. Tanto el que esclaviza como el que se deja esclavizar, deja de ser humano y se aleja de lo divino. El que se deja esclavizar es siempre opresor en potencia, no se sometería si no estuviera dispuesto a someter. La opresión religiosa es la más inhuma porque es capaz de llegar a lo más profundo del ser y oprimirle radicalmente. Entender literalmente términos militares, como “guerrilleros de Cristo”, “cruzados de Cristo”, para designar personas o asociaciones vinculadas a Jesús, es muestra de la más burda tergiversación del evangelio.

En el padrenuestro, decimos: “Venga tu Reino”, expresando el deseo de que cada uno de nosotros hagamos presente a Dios como lo hizo Jesús. Y todos sabemos cómo actuó Jesús: desde el amor, la comprensión, la tolerancia, el servicio. Todo lo demás es palabrería. Ni programaciones ni doctrina, ni ritos, sirven para nada si no entramos en la dinámica del Reino. Cuando responde a Pilato, no dice “soy el rey”, sino soy rey. Quiere demostrar que no es el único, que cualquiera lo es en su verdadero ser.

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY Domingo 34 Ciclo C

 col sicre art


fe adulta

Inicialmente esta fiesta se celebraba el domingo anterior a la de Todos los Santos (1 de noviembre). La reforma del Concilio Vaticano II decidió cerrar el año litúrgico con esta solemnidad para subrayar la victoria final de Jesús.

David, el rey salvador (2 Samuel 5, 1-3)

La primera lectura solo se comprende recordando los acontecimientos previos. Años atrás, el primer rey israelita, Saúl, ha muerto luchando contra los filisteos. Le ha sucedido un hijo bastante inútil, Isbaal, y el poder se concentra en las manos del general Abner. Pero tensiones internas y externas llevarán al asesinato de Abner y, más tarde, de Isbaal. Las tribus del norte, sin rey ni general, se sienten desconcertadas. Y consideran que la única solución es ofrecerle el trono a David, que ya es rey de Judá desde hace siete años. Y se dirigen a la que entonces era capital de Judá, Hebrón (Jerusalén todavía no había sido conquistada).

Nosotros leemos estas palabras sin darle especial importancia. Pero el que los del norte vengan a buscar la salvación en el rey del sur era entonces algo inaudito, que sólo se explica por la necesidad urgente de un rey que los salve.

Jesús, ¿un rey incapaz de salvar? (Lucas 23, 35-43)

Los contemporáneos de Jesús también esperaban un rey con capacidad de salvar. La lectura del evangelio de hoy lo deja muy claro. Las autoridades, los soldados, uno de los malhechores crucificado con Jesús, lo repiten hasta la saciedad. Pronuncian los mayores títulos: Mesías de Dios, Elegido, rey de los judíos, Mesías. Pero sólo están dispuestos a aplicárselos a Jesús si se salva a sí mismo, o, como dice el otro crucificado, «sálvate a ti mismo y a nosotros». La sorpresa aparece al final, en la petición del buen ladrón, cuando reconoce que el reino de Jesús no se realiza en este mundo, no es aquí donde lleva a cabo obras portentosas para que la gente lo acepte como rey. Su reino se encuentra en una dimensión distinta, en la que entrará a través de la muerte. Por eso, el buen ladrón no pide que lo salve. Sólo pide un recuerdo: «acuérdate de mí».

A lo largo de su vida, Jesús escuchó muchas peticiones: de leprosos que deseaban ser curados, de ciegos y cojos, de padres de niños difuntos, de discípulos asustados por la tormenta… Pero esta es la petición más bella y más sencilla: «Jesús, acuérdate de mí». El buen ladrón pide muy poco. Pero hace falta una fe profundísima para creer que ese ajusticiado, al que todos rechazan y del que todos se burlan, dentro de poco será rey, y que un simple recuerdo suyo puede traer la felicidad. Así ocurre en la promesa que Jesús le hace: «hoy estarás conmigo en el paraíso».

«Acuérdate de mí» y «estarás conmigo» son las dos caras de una misma moneda, de la intimidad plena entre el rey y su súbdito, más satisfactoria que todas las prebendas y beneficios mundanos que regalan otros reyes.

Jesús, mucho más que rey (Colosenses 1,12-20)

Si los presentes junto a la cruz negaban la realeza de Jesús, Pablo, sin llamarlo “rey”, habla de su reino y coloca a Jesús por encima de todo lo imaginable en cielo y tierra. La lectura podemos dividirla en dos secciones.

En la primera, se da gracias a Dios por un regalo inimaginable. Imaginemos que somos ciudadanos de un país pobre, miserable, sin futuro; de repente, nos conceden la ciudadanía de un país maravilloso, el pasaporte para entrar en él, incluso nos llevan en avión en primera clase. Eso es lo que ha hecho Dios con nosotros: del mundo de las sombras y del pecado nos ha trasladado al reino de su Hijo querido.

La segunda parte resulta difícil entender si no se conoce la situación de los cristianos de Colosas (en la actual Turquía). ¿Era Jesús superior a los semidioses tan venerados por el pueblo: tronos, dominaciones, principados, potestades? ¿Se extendía su dominio a los seres visibles e invisibles, al pasado y al futuro, al ámbito de los muertos? Preguntas que pueden parecernos trasnochadas pero esenciales para ellos. Pablo responde situando a Jesús por encima de todo lo imaginables en cielo y tierra, pero sin olvidar la realidad de su muerte en cruz.

Nota sobre el sentido originario de la fiesta

Cuando Achille Ratti fue elegido Papa en febrero de 1922 y tomó el nombre de Pío XI, tenía la experiencia reciente de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución rusa. Pocos meses después, en octubre, Mussolini organizaba la marcha sobre Roma, que llevaría al triunfo del fascismo. Un año más tarde (8 de noviembre de 1923) Hitler intenta un golpe de estado en Múnich. Pío XI, alarmado por las tensiones crecientes en Europa y en todo el mundo, piensa que la única y verdadera solución a los problemas de tipo social, político, económico, es atenerse al mensaje del evangelio. Si Cristo fuese el rey de este mundo, muy distintas serían las cosas. Entonces instituyó esta fiesta, aprovechando que en 1925 se cumplían mil seiscientos años del concilio de Nicea, que proclamó la realeza de Cristo al añadir al credo apostólico las palabras: “y su reino no tendrán fin”.

Ha pasado casi un siglo. El lenguaje, como tantas cosas, ha cambiado; las verdades profundas, no. No creo que muchos católicos se animen a decir hoy día que la solución a los problemas que afectan al mundo actual sea Cristo Rey. Pero sí debemos estar dispuestos a defender los valores evangélicos del amor al prójimo, especialmente al más necesitado, de reconocernos todos como hermanos, hijos del mismo Padre, de la compasión, la justicia, la paz.

UN REY DESNUDO Fiesta de «Cristo Rey» 20 de noviembre Lc 23, 35-43

col lozano art

 

fe adulto

La ejecución de Jesús viene relatada bajo el reconocimiento de su realeza, tal como proclamaba el supuesto letrero colocado en la cruz: INRI (Jesús Nazareno Rey de los Judíos). Con ello, sin duda, los autores de los textos evangélicos perseguían un objetivo teológico: mostrar a su Maestro como el Mesías Rey esperado.

La realidad, sin embargo, más allá de ese objetivo, proclamaba a gritos la paradoja presente en ese “rey”: despreciado, condenado, ejecutado…, absolutamente desnudo. Desnudo de cualquier cosa a la que poder aferrarse.

De ese modo, el texto nos introduce en la comprensión de lo que es la “realeza”, nuestra verdadera identidad: aquello que realmente somos es lo que queda cuando hemos sido “desnudados” de todo lo demás.

Desde esta clave, Jesús aparece como el hombre sabio que ha sabido vivir “desnudo” hasta el final. Desnudo de apetencias de tener, poder o aparentar. Pero desnudo, sobre todo, de la identificación con el yo. Y ello fue posible porque vivió en la comprensión de ser -tal como se recoge en el evangelio de Juan- “uno con el Padre”, o “todas las cosas” -como se lee en el evangelio de Tomás-.

Es precisamente esa comprensión la que le otorga autoridad para asegurar vida y decirle al compañero de suplicio: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso”.

El camino de la sabiduría -el camino de la vida- es un camino de desnudez, de soltar todo lo que no somos para vivir en conexión consciente con lo que realmente somos. Porque, con frecuencia, solemos funcionar justo al revés: nos tomamos por lo que no somos, ignorando lo que somos. No es extraño que, como consecuencia, nos veamos perdidos en la confusión y atascados en el sufrimiento.

La liberación viene de la mano de la comprensión. Y en ese camino incluso el sufrimiento puede ser un “aliado” para desnudar nuestras falsas creencias y, a través del silencio de la mente, llevarnos a saborear nuestra genuina “realeza”.

¿Vivo la existencia como un proceso de desnudez?

¿CRISTO… REY? Lc 23, 35-41 «Esta misma tarde estarás conmigo en el Paraíso»


col munarriz

comentario editorial fa7

 


No. Cristo no reina en el mundo. Reina el dinero, la avaricia, la insolidaridad, el deseo, el derroche, la ciencia mercantilizada, la economía deshumanizada, la expoliación de nuestro hábitat, la explotación de personas para exprimirlas como un limón, el vilipendio de las actitudes y los valores que nos hacen humanos, la sacralización de lo que nos animaliza, el desprecio de la concordia, la exaltación del conflicto, la ley del más fuerte, la guerra…

Y me dirán que no todo es así —lo cual es cierto—, pero lo que reina en el mundo sí que es así. Lo que reina en el mundo es lo que lo está llevando a una situación límite donde está en riesgo la propia civilización. Es lo que está cambiando el clima, destruyendo los fondos marinos, produciendo sequías y pérdida de cosechas, provocando a la larga tal escasez de productos esenciales para la vida, que traerá migraciones masivas, conflictos generalizados por obtenerlos... e infinidad de calamidades más.

Pero no hace falta apelar al futuro para ver su infausto legado. Hoy mucha gente muere de hambre y falta de medicinas básicas mientras otros tiramos el treinta por ciento de los alimentos a la basura. Hoy, dentro de toda ciudad desarrollada, convive la miseria con el derroche, y la inhumanidad campa por sus respetos. Una persona puede estar muriéndose en una acera concurrida mientras los demás pasamos indiferentes, o ser víctima una agresión brutal en plena calle y a pleno día sin que movamos un dedo por auxiliarle…

Necesitamos que en el mundo reinen otros valores, porque es evidente que con estos nos encaminamos al desastre a una velocidad de vértigo. Necesitamos sacudirnos la esclavitud a la que nos somete el dinero, sofocar el deseo irracional de cosas que no necesitamos, aprender a vivir con poco, descubrir que el prójimo también tiene anhelos y necesidades, recuperar la capacidad de compadecer, preferir dar que recibir, desterrar la violencia, acostumbrarnos a decir la verdad, trabajar por la paz y la justicia…

Necesitamos reconciliarnos con la Naturaleza, porque no es posible garantizar el bien del género humano sin ampliar nuestro desvelo al entorno que lo acoge. Necesitamos poner coto al crecimiento del mundo artificial porque si no, acabará engullendo al mundo natural…

Solo cuando esto se logre podremos decir que Cristo reina en el mundo. Pero esto no es algo que vaya a ocurrir de manera espontánea, ni solo por la fuerza del Espíritu, sino porque haya personas que trabajen en ello. Jesús creía que era posible, y su última voluntad fue encargarnos a nosotros, sus seguidores, la tarea de hacerlo. Hasta nos dijo cómo: «Que los hombres vean en vuestras buenas obras el amor del Padre».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí