Mt 14, 13-21
«Dadles vosotros de comer»
Decía Ruiz de Galarreta que «antes creíamos por los milagros, y ahora creemos a pesar de los milagros». A los creyentes del siglo XXI, los milagros nos desconciertan e incluso nos contrarían. Nos parece que introducen en los evangelios elementos mágicos que les quitan credibilidad, y en muchas ocasiones preferiríamos que no estuvieran allí. Sin embargo, están ahí, y si los quitamos hacemos otros evangelios y, por tanto, otro Jesús. Algo parece seguro; y es que en torno a Jesús ocurrían hechos asombrosos que sus contemporáneos, de forma generalizada, tomaban por milagros.
La multiplicación de los panes debió de ser algo muy sonado, pues está recogida en los cuatro evangelios. Pero nuestra mentalidad ilustrada nos impide aceptar la versión que ofrecen los evangelistas (alguno de ellos probablemente testigo del hecho), y hemos preferido elaborar otra versión, según la cual, lo que allí ocurrió es que Jesús quiso aprovechar la ocasión para dejar patente que cuando se comparte, hay para todos y encima sobra: “El Reino es la abundancia de compartir”… Y esta versión es muy atractiva, muy al estilo de Jesús, muy válida para cualquier cristiano… pero no es la que se desprende de los textos.
En cualquier caso, después de comer se desató la euforia. Habían comido bien y se sentían atendidos por Jesús como jamás habían sido atendidos por nadie. Ya no eran ovejas sin pastor sino un pueblo cohesionado en torno a su líder, y viendo la señal que Jesús acababa de realizar, se dijeron: «Éste verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo», y quisieron hacerlo rey.
Juan dice en su evangelio que «temiendo Jesús que iban a venir a apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo». Previamente, Jesús había alejado a sus discípulos en la barca (posiblemente por ser los cabecillas de aquel movimiento) y había despedido a la gente. Tras ello, se retiró al monte a orar toda la noche; quizá porque había sentido la tentación de afrontar la Misión desde el poder; es decir, de aceptar el mesianismo que le reclamaba la gente.
Juan dice también que «desde aquel momento muchos discípulos se volvieron atrás y dejaron de andar con él», lo que supuso un punto de inflexión en la etapa galilea de Jesús. Con su gesto había dejado claro que él no era el Mesías que esperaban, y esto provocó el abandono de muchos de sus seguidores que lo tenían por tal. Sabemos, además, que la desbandada debió ser importante, pues cuando Jesús se volvió a reunir con los doce les preguntó: «¿También vosotros queréis marcharos?» … a lo que Pedro contestó con una profesión de fe emocionante: «Nosotros creemos en ti»… y se acabó. Los demás tienen sabiduría, argumentos, sistemas filosóficos, razones históricas, poder. Nosotros creemos en ti; el hijo de José y María, el carpintero de Nazaret.
Miguel Ángel Munárriz Casajús
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