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jueves, 24 de septiembre de 2026

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Leer el evangelio

28 – A ver, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero diciéndole: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña». 29 Le contestó: «No quiero»; pero después sintió remordimiento y fue.

30 Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Este contestó: «Por supuesto, señor», pero no fue.

31 ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad del padre?

Contestaron ellos:

– El primero.

Jesús les dijo:

– Os aseguro que los recaudadores y las prostitutas os llevan la delantera para entrar en el reino de Dios. 32 Porque Juan os enseñó el camino para ser justos y no le creísteis; en cambio, los recaudadores y las prostitutas le creyeron. Pero vosotros, ni aun después de ver aquello habéis sentido remordimiento ni le habéis creído.

Mt 21, 28-32

«Las prostitutas y los publicanos os precederán en el Reino»

Esta frase va dirigida a los sacerdotes y ancianos de Israel en el momento cumbre del enfrentamiento de Jesús con las autoridades de Israel, y muestra su rechazo radical a la infidelidad manifiesta de quienes han sido elegidos para ser instrumento de Dios, y en lugar de ello se han apropiado de Él. Pocas veces en el evangelio se muestra Jesús tan agresivo, tan hiriente; y aunque estos textos se enmarcan en la batalla sin cuartel que en aquellos momentos mantiene con las autoridades, no cabe duda de que son de plena aplicación a nosotros.

Es condición indispensable para seguir a Jesús sentirse necesitado de él. Por eso lo siguieron los necesitados, y lo persiguieron y lo mataron los doctores y letrados que se sentían en posesión de la verdad y consideraban a Jesús un farsante; los santos que se consideraban justos delante de Dios cumpliendo fielmente Ley y olvidando la misericordia; los ricos que se sentían satisfechos tal como estaban, y los poderosos que no podían admitir competidores que pusiesen en riesgo su poder y su influencia.

Los ricos, los santos, los sabios, los poderosos… Fiel reflejo de lo que nosotros somos en realidad. Nuestra sociedad es opulenta comparada con la que describen los evangelios, Aparentemente nos ofrece todo lo que necesitamos y nos resulta muy difícil sentirnos necesitados o renunciar a la riqueza. Pero es que, además, por una u otra razón, casi todos los que nos consideramos seguidores de Jesús nos sentimos ciudadanos preeminentes del Reino, bien sea por cumplir la ley de Dios y acatar los dogmas de la Iglesia con rigor (haciendo así un Dios a nuestra medida que poco o nada tiene que ver con Abbá), o bien por sentirnos tan sabios por dominar la filosofía o la metafísica, o por conocer la exégesis más actual e independiente, que nos permitimos calificar a Jesús de fiable o infiable según se ajuste o se deje de ajustar a nuestros criterios (con lo que nos hacemos un Jesús a nuestra medida).

En muchas ocasiones el propio Jesús nos advierte a los buenos de que quizá las cosas no sean tal como las imaginamos; lo cual sería un motivo serio para sentirse preocupado si no desdeñásemos sus advertencias porque honestamente creemos que van dirigidas a los otros y no a nosotros:

«Las prostitutas y los publicanos os precederán en el Reino» … «Te doy gracias padre porque has ocultado estas cosas a los sabios y las has revelado a los sencillos» … «Qué difícil es que un rico entre en el Reino, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja» … «Muchos me dirán aquel día: Señor, Señor, ¿no cumplíamos la ley y los dogmas? ¿no conocíamos a la perfección el evangelio?».

Y no se trata de superar o no superar un juicio, sino de perderse o no perderse la buena Noticia del Reino, pues son muchos los indicios que nos indican que nos la estamos perdiendo. Vemos a nuestro alrededor gente sencilla que refleja en sus actos que ha encontrado el tesoro, y viéndoles quizá nos preguntemos si nosotros lo hemos encontrado.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

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