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Tanto la Iglesia Evangélica como la Conferencia Epis-copal Alemana, que reúne a los obispos católicos, han advertido en años recientes del crecimiento de posicio-nes nacionalistas, xenófobas y antidemocráticas. La discusión tiene un nombre inevitable, el Partido Alterna-tiva para Alemania (AfD por sus siglas en alemán, Al-ternative für Deutschland).
La AfD nació en 2013 como una formación euroescéptica y conservadora, pero luego experimentó un desplazamiento cada vez mayor hacia posiciones nacionalistas, de derecha radical y antimigratorias. Ha acuñado la palabra remigración como bandera electoral y exige la expulsión de un millón de extranjeros. El problema es preocupante porque el AfD ya no puede ser considerado una fuerza política marginal.
El 6 de septiembre obtuvo un resultado histórico en las elecciones de Sajonia-Anhalt, quedando a las puertas de una mayoría absoluta y abriendo por primera vez la posibilidad concreta de que la extrema derecha gobierne un estado federado alemán sin necesidad de una coalición.Su crecimiento electoral ha obligado a las iglesias a replantearse incluso su tradicional papel de mediadoras entre posiciones políticas diferentes. El punto de partida no es una preferencia electoral, sino un principio que tiene al mismo tiempo una dimensión religiosa, histórica y constitucional: la dignidad humana.
El artículo primero de la ley fundamental local establece que ?la dignidad del ser humano es inviolable? y es obligación del Estado respetarla y protegerla. Para las iglesias, esta afirmación coincide con uno de los fundamentos centrales del cristianismo: la persona no puede ser valorada de manera diferente por su origen, religión, condición social o procedencia. Aquí, la Iglesia Evangélica es muy importante, pues tuvo su origen cuando el monje Martín Lutero, en 1517,inició la llamada Reforma, el movimiento religioso que dividió al cristianismo dando origen a nuevas ramas.
Ésta ha señalado que las posiciones de carácter étnico-nacionalista y las expresiones contrarias a la democra-cia de sectores importantes del AfD son incompatibles con contenidos fundamentales de la fe cristiana. Tam-bién ha condenado las actitudes hostiles contra refu-giados, personas de origen migrante, queer y otros grupos vulnerables. La Iglesia católica ha adoptado una postura inequívoca. La Conferencia Episcopal ha reiterado que el nacionalismo étnico y las posiciones que desprecian la dignidad de determinadas personas no tienen cabida. En el este de Alemania, el AfD ha conseguido niveles de apoyo elevados.
Autoridades eclesiásticas han señalado que detrás del voto también hay experiencias de desigualdad, pérdida, frustración y sensación de abandono que no pueden resolverse simplemente calificando de extremistas a to-dos sus electores.(jornada.com.mx) 13/09/20263. Ciudadanía sitiada y la contra Magnifica Humanitas: Ultraderecha, gobernanza algorítmica y la disputa por los ecosistemas educativos democráticos e inclusivos: Jorge Osorio Vargas*Resumen
Este artículo plantea los desafíos para la construcción de ciudadanía en un contexto de ofensiva ultraderechista y control corporativo del conocimiento. Se examina cómo grandes empresas tecnológico-educativas imponen una gobernanza global del aprendizaje basada en la estandarización, la medición conductual y la disciplina epistémica. Frente a ello, se propone una reconceptualización delos ecosistemas educativos como espacios de delibera-ción ciudadana, memoria histórica y resistencia democrática, anclada en experiencias de América Latina.1.
El acoso a la democracia como cuestión pedagógica. La democracia contemporánea no es destruida solo por golpes de Estado explícitos. En Chile y el mundo, la ultraderecha ha perfeccionado un asedio gradual: deslegitima instituciones, naturaliza el odio como opinión y vacía de contenido la participación.Simultáneamente, grandes corporaciones (Google,Pea rson, Blackboard, plataformas EdTech) promueven una gobernanza global del aprendizaje que reduce la educación a gestión de datos, competencias medibles y perfiles de empleabilidad. Este artículo sostiene que ambos fenómenos –la política de la ultraderecha y la economía política del conocimiento– convergen en un mismo objetivo: producir sub-jetividades dóciles, despolitizadas y funcionales al capitalismo de plataforma.
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