FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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miércoles, 6 de septiembre de 2023

ATAR O DESATAR, ESA ES LA CUESTIÓN COMENTARIO AL EVANGELIO Mt 18,15-20

fe adulta

col rosario ramos

10 de septiembre de 2023

El evangelio que hoy nos propone la liturgia, es muy paradójico, complejo de vivir y sencillo de entender. Ahora bien, entre esa complejidad y la simplicidad del mensaje, estaría la determinación de cada persona para encarnarlo en la vida.

El texto nos puede confundir porque está cortado por delante y por detrás. Habría que leer los versículos anteriores y posteriores para poder situar bien estas palabras. Hoy va de relaciones humanas y reconciliación, es decir, el pan nuestro de cada día. Importante comenzar a destacar que Mateo introduce una novedad en la vida de sus seguidores. Es la primera vez que utiliza la palabra “hermano" para referirse al vínculo existente entre los discípulos de Jesús.

Este discurso de Jesús forma parte de la respuesta que da a los discípulos cuando le preguntan: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? La respuesta de Jesús puede resultar desconcertante: hacerse como niños y cuidar a los niños. Leído desde la superficialidad habrá personas que disfruten con esta respuesta; puede dar la razón a quienes opinan que la religiosidad, la fe, la espiritualidad, es una vivencia infantilizante y que genera personas poco hechas, débiles, pequeñas, sin terminar. Leído con un poco más de profundidad, podríamos acercarnos a lo que tal vez Jesús pretendía expresar.

En la época de Jesús sabemos que los niños no eran reconocidos socialmente, mucho menos las niñas. Los niños, por el hecho de no ser personas maduras, serias, acabadas, parece que no tienen mucho que aportar. Jesús nos remite al niño, a la niña que todos llevamos dentro, al que vivía con intensidad, con confianza, el que no entendía de tiempos y de espacios, el que vivía conectado a lo ilimitado y el que pensaba en libertad y poco le importaba quedar bien ante los demás. Y, especialmente, ese niño, esa niña, con una profunda y sana capacidad de reconciliación, sin rencor y sin rivalidad.

Este breve discurso de Jesús podría parecer el de un psico-pedagogo que busca reconstruir unas relaciones sanas entre iguales. Jesús nos plantea el proceso para hacernos conscientes de nuestros actos y su alcance en los demás. Nos propone agotar todas las posibilidades. “Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas”. ¿Cómo vivimos la herida que otros nos hacen? ¿Y cuándo somos nosotros quienes herimos y nos reprenden? Invito a los lector@s a pararse y ahondar en este asunto porque puede haber sorpresas cuando somos muy honestos con la verdad que vivimos.

El paso maduro, equilibrado y sano, es decírselo a la persona en cuestión. Ahora bien, para ello, necesitamos soltar dos trampas de nuestra mente: intentar quedar bien ante el otro, aunque perdamos, y una actitud reactiva de devolver de inmediato el daño recibido. Si nos liberamos de ello, si realmente le decimos que nos ha herido y le hablamos de manera que le llegue una vibración de sinceridad, de búsqueda de la verdad, dice Jesús que “habremos salvado al hermano”. ¿Salvado de qué o de quién”? Si salvar es librar a una persona o a una cosa de un peligro o de una amenaza, Jesús tiene razón. ¿Quizá salvarle del peligro de la tiranía y de darle un poder que no le corresponde?

A veces es imposible poder hacer consciente a la persona de sus actos Si esto no es posible porque, a veces, las personas nos cerramos a cualquier verdad que no sea la nuestra, busquemos ayuda, no por incapacidad de resolución del asunto, sino para ampliar el horizonte y objetivar todo lo posible la corrección fraterna.

Continúa el texto con unas palabras de Jesús que considero esenciales y que hacen referencia a la dinámica de nuestro vínculo con Dios: En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos. Siempre se ha hablado de que estas palabras se refieren al poder de perdonar los pecados en un sentido más sacramental y ejercido por los ministros. Sinceramente no lo tengo claro, tampoco lo niego, pero creo que el poder para perdonar es propio de toda persona, poseemos esta capacidad, este poder, de una manera innata y es la máxima expresión de autenticidad y madurez a la que se puede llegar.

Perdonar los pecados de los demás cuando no va conmigo es muy fácil y, si eso te da un poder y un status, no hay mucho más qué decir; ahora bien, perdonar a quien nos hiere y recibir el perdón de la persona a la que hemos herido, es una manera de conectar la tierra con el cielo, lo humano y lo divino.

Los vínculos que existen entre nosotros son más que simples lazos humanos: comprometen al "Cielo", como expresa el texto, porque el "Cielo" se ha comprometido con nosotros y somos prolongación de Dios en la tierra y la tierra es prolongación de lo humano en el Cielo. Utilizo Cielo-Tierra como alegoría para designar la dimensión humana y divina que conforma nuestra existencia. Atar o desatar, dos movimientos que nos llevan a conectarnos desde una vida auténtica o desconectarnos de nuestra “casa” y de nuestra verdad. 

Cierra Jesús este breve discurso con su convencimiento de la fuerza de la comunidad, no como convivencia sino como comunión, importante matiz. Es un poder que podemos llegar a vivir los seres humanos con un impacto transformador en un mundo tan separado, divido, diverso, frenético… ¿podríamos conectarnos unos a otros para que la vida fluyera en unidad y capacidad de transformación? Ya veremos.

FELIZ DOMINGO

UNA IGLESIA REUNIDA EN EL NOMBRE DE JESÚS

 J.A. PAGOLA


Cuando uno vive distanciado de la religión o se ha visto decepcionado por la actuación de los cristianos, es fácil que la Iglesia se le presente solo como una gran organización. Una especie de «multinacional» ocupada en defender y sacar adelante sus propios intereses. Estas personas, por lo general, solo conocen a la Iglesia desde fuera. Hablan del Vaticano, critican las intervenciones de la jerarquía, se irritan ante ciertas actuaciones del papa. La Iglesia es para ellas una institución anacrónica de la que viven lejos.

No es esta la experiencia de quienes se sienten miembros de una comunidad creyente. Para estos, el rostro concreto de la Iglesia es casi siempre su propia parroquia. Ese grupo de personas amigas que se reúnen cada domingo a celebrar la eucaristía. Ese lugar de encuentro donde celebran la fe y rezan todos juntos a Dios. Esa comunidad donde se bautiza a los hijos o se despide a los seres queridos hasta el encuentro final en la otra vida.

Para quien vive en la Iglesia buscando en ella la comunidad de Jesús, la Iglesia es casi siempre fuente de alegría y motivo de sufrimiento. Por una parte, la Iglesia es estímulo y gozo; podemos experimentar dentro de ella el recuerdo de Jesús, escuchar su mensaje, rastrear su espíritu, alimentar nuestra fe en el Dios vivo. Por otra, la Iglesia hace sufrir, porque observamos en ella incoherencias y rutina; con frecuencia es demasiado grande la distancia entre lo que se predica y lo que se vive; falta vitalidad evangélica; en muchas cosas se ha ido perdiendo el estilo de Jesús.

Esta es la mayor tragedia de la Iglesia. Jesús ya no es amado ni venerado como en las primeras comunidades. No se conoce ni se comprende su originalidad. Bastantes no llegarán siquiera a sospechar la experiencia salvadora que vivieron los primeros que se encontraron con él. Hemos hecho una Iglesia donde no pocos cristianos se imaginan que, por el hecho de aceptar unas doctrinas y de cumplir unas prácticas religiosas, están siguiendo a Cristo como los primeros discípulos.

Y, sin embargo, en esto consiste el núcleo esencial de la Iglesia. En vivir la adhesión a Cristo en comunidad, reactualizando la experiencia de quienes encontraron en él la cercanía, el amor y el perdón de Dios. Por eso, tal vez, el texto eclesiológico más fundamental son estas palabras de Jesús que leemos en el evangelio: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

El primer quehacer de la Iglesia es aprender a «reunirse en el nombre de Jesús». Alimentar su recuerdo, vivir de su presencia, reactualizar su fe en Dios, abrir hoy nuevos caminos a su Espíritu. Cuando esto falta, todo corre el riesgo de quedar desvirtuado por nuestra mediocridad.

SIN COMUNIDAD NO PUEDE HABER PERSONA HUMANA DOMINGO 23 (A) Mt 18,15-20

fe adulta

col fraymarcos

Del capítulo 16 hemos pasado al 18. Mateo comienza una serie de discursos sobre la comunidad. Es la primera vez que se emplea el término “hermano” para designar a los miembros de la comunidad. Hay que notar que este texto está a continuación de la parábola de la oveja perdida, que termina con la frase: “Así vuestro Padre no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños”. El tema de hoy no es el perdón. Los textos lo dan por supuesto y van mucho más allá al tratar de ganar al hermano que ha fallado.

Lo que nos relata el evangelio de hoy es lo que se venía practicando en la comunidad de Mateo. Se trata de prácticas que ya se llevaban a cabo en la sinagoga. En este evangelio es muy relevante la preocupación por la vida interna de la comunidad (Iglesia). El evangelio nos advierte que no se parte de una comunidad de perfectos, sino de una comunidad de hermanos, que reconocen sus limitaciones y necesitan el apoyo de los demás para superar sus fallos. Los conflictos pueden surgir en cualquier momento, pero lo importante es estar preparados para superarlos sin violencia.

En la primera frase tenemos un problema en el mismo texto, porque han llegado a nosotros distintas versiones: ‘si tu hermano peca’, ‘si tu hermano peca contra ti’, ‘si tu hermano te ofende’. Lo que está claro es que ninguna de estas versiones se puede remontar a Jesús. Los evangelios ponen en boca de Jesús lo que era práctica de la comunidad para darle valor definitivo. Al fallo debía responder perdón y corrección. El próximo domingo, Jesús dirá a Pedro que tiene que perdonar ‘setenta veces siete’.

Si tu hermano peca” no debemos entenderlo con el concepto que tenemos hoy de pecado. La práctica penitencial de los primeros siglos se fue desarrollando solo en torno a los pecados contra la comunidad, no se tenía en cuenta ni se juzgaba la actitud personal con relación a Dios sino el daño que se hacía a la comunidad. La respuesta de la comunidad no juzgaría la situación personal del que ha fallado sino el daño que había hecho a la comunidad, que tiene que velar por el bien de todos sus miembros.

La corrección fraterna no es tarea fácil, porque el ser humano tiende a manifestar su superioridad. En este caso puede suceder por partida doble. El que corrige puede humillar al corregido queriendo hacer ver su superioridad moral. Aquí tenemos que recordar las palabras de Jesús: ¿Cómo pretendes sacar la mota del ojo del tu hermano, teniendo una viga en el tuyo? El corregido puede rechazar la corrección por falta de humildad. Por ambas partes se necesita un grado de madurez humana no fácil de alcanzar. Hoy tenemos la dificultad añadida de que no existe una verdadera comunidad.

Tendemos a esperar que los otros sean perfectos y en cuanto algún miembro de la comunidad falla ponemos el grito en el cielo. La verdad es que ninguna comunidad es posible sin aceptar y comprender que todos somos imperfectos y que antes o después saldrán a relucir esas carencias. Es muy difícil advertir al otro de sus fallos sin acusarle y humillarle, pero es más difícil todavía aceptar que me corrija otro que es pecador como yo.

Partiendo de que todo pecado es un error, lo que falla en realidad es la capacidad de los cristianos para convencer al otro de su equivocación, y que siguiendo por ese camino se está apartando de la meta que él mismo pretende conseguir. Una buena corrección tiene que dejar muy claro que buscamos el bien del corregido y no nuestra vanagloria. Debemos ser capaces de demostrarle que no solo se aleja él de la plenitud humana, sino que impide o dificulta a los demás caminar hacia esa meta. Radicalmente apartado de los demás, ningún ser humano conseguiría el más mínimo grado de humanidad.

Atar y desatar”. Es una imagen del AT muy utilizada por los rabinos de la época. Se refiere a la capacidad de aceptar a uno en la comunidad o excluirlo. Así lo entendieron también las primeras comunidades, cuyos miembros eran todos judíos. El concepto de pecado, como ofensa a Dios que necesita también el perdón de Dios, tal como lo entendemos hoy, no fue objeto de reflexión en la primera comunidad. No se trata de un poder conferido por Dios para perdonar los pecados entendidos como ofensas contra Él.

Todo lo que atéis en la tierra...” Hace dos domingos, el mismo Mateo ponía en boca de Jesús exactamente las mismas palabras referidas a Pedro. El poder de decidir ¿lo tiene Pedro o lo tiene la comunidad? Solo hay una solución: Pedro actúa como cabeza de la comunidad. En el evangelio de Mateo no se encuentra una autoridad que toma decisiones. En el contexto, podemos concluir que son las personas individuales las que tienen que acatar el parecer de la comunidad y no al revés, como se nos ha querido hacer ver.

“Donde dos estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Dios está identificado con cada una de sus criaturas, pero solo se manifiesta (está en medio) cuando hay por lo menos dos (comunidad). La relación de amor es el único marco idóneo para que Dios se haga presente. Se trata de estar identificados con la actitud de Jesús, es decir, buscando únicamente el bien del hombre, de todos los seres humanos, también de los que no pertenecen al grupo. Esto lo hemos olvidado por completo.

Es imposible cumplir hoy ese encargo de la corrección fraterna porque está pensado para una comunidad donde se han desarrollado lazos de fraternidad y todos se conocen y se preocupan los unos de los otros. Lo que hoy falta es precisamente esa comunidad. No obstante, lo importante no es la norma concreta, que responde a una práctica de las comunidades de entonces, sino el espíritu que la ha inspirado y debe inspirarnos a nosotros la manera de superar los enfrentamientos a la hora de hacer comunidad.

La comunidad es la última instancia de nuestras relaciones con Dios. Es absurdo pretender una directa relación con Dios para solucionar mis fallos. El texto evangélico insiste en que hay que agotar todos los cauces para hacer salir al otro de su error, pero una vez agotados todos los cauces, la solución no es la eliminación del otro, sino la de apartarlo, con el fin de que no siga haciendo daño al resto de los miembros de la comunidad. La solución final manifiesta la incapacidad de la comunidad para convencer al otro de su error. Si la comunidad tiene que apartarlo es que no tiene capacidad de integrarlo.

El objetivo de la comunidad es la ayuda mutua en la consecución de la plenitud humana. La Iglesia debe ser sacramento (signo) de salvación para todos. Hoy día no tenemos conciencia de esa responsabilidad. Pasamos olímpicamente de los demás. Seguimos enfrascados en nuestro egoísmo incluso dentro del ámbito de lo religioso. El fallo más letal de nuestro tiempo es la indiferencia. Martín Descalzo la llamó “la perfección del egoísmo”. Otra definición que me ha gustado es esta: “es un homicidio virtual”.

¡QUÉ FÁCIL ES CRITICAR, QUÉ DIFÍCIL CORREGIR! Domingo 23. Ciclo A.


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fe adulta

La formación de los discípulos

A partir del primer anuncio de la pasión-resurrección y de la confesión de Pedro, Jesús se centra en la formación de sus discípulos. No sólo mediante un discurso, como en el c.18, sino a través de las diversos acontecimientos que se van presentando. Los temas podemos agruparlos en tres apartados:

1. Los peligros del discípulo:

* ambición (18,1-5)
* escándalo (18,6-9)
* despreocupación por los pequeños (18,10-14)

2. Las obligaciones del discípulo:

* corrección fraterna (18,15-20)
* perdón (18,21-35)

3. El desconcierto del discípulo:

* ante el matrimonio (19,3-12)
* ante los niños (19,13-15)
* ante la riqueza (19,16-29)
* ante la recompensa (19,30-20,16)

De estos temas, la liturgia dominical ha seleccionado el 2, corrección fraterna y perdón, que leeremos en los dos próximos domingos (23 y 24 del Tiempo Ordinario) y el último punto del 3, desconcierto ante la recompensa (domingo 25).

La obligación de corregir (Ezequiel 33,7-9)

Al tratar de la corrección fraterna, es muy buen punto de partida la primera lectura, tomada del profeta Ezequiel. Cuando alguien se porta de forma indebida, lo normal es criticarlo, procurando que la persona no se entere de nuestra crítica. Sin embargo, Dios advierte al profeta que no puede cometer ese error. Su misión no es criticar por la espalda, sino dirigirse al malvado y animarlo a cambiar de conducta. Si el profeta calla por comodidad o miedo, se le pedirá cuenta de su silencio.

El modo de corregir (Mateo 18,15-20)

En la misma línea debemos entender el evangelio de hoy, que se dirige a los apóstoles y a los responsables posteriores de las comunidades. No pueden permanecer indiferentes, deben procurar el cambio de la persona. Pero es posible que ésta se muestre reacia y no acepte la corrección. Por eso se sugieren cuatro pasos: 1) tratar el tema entre los dos; 2) si no se atiene a razones, se llama a otro o a otros testigos; 3) si sigue sin hacer caso, se acude a toda la comunidad; 4) si ni siquie­ra entonces se atiene a razones, hay que considerarlo «como un gentil o un publicano».

Esta práctica recuerda en parte la costumbre de la comunidad de Qumrán. La Regla de la Congregación, sin expresarse de forma tan sistemática como Mateo, da por supuestos cuatro pasos: 1) corrección fraterna; 2) invocación de dos testi­gos; 3) recurso a los miembros más antiguos e importantes («los grandes»); 4) finalmente, si la persona no quiere corregirse, se le excluye de la comunidad.

La novedad del evangelio radica en que no se acude en tercera instancia a los «grandes», sino a toda la comunidad, subrayando el carácter democrático de la vivencia cristiana. Hay otra diferencia notable entre Qumrán y Jesús: en Qumrán se estipulan una serie de sanciones cuando se ofende a alguno, cosa que falta en el Nuevo Testamento. Copio algunas de ellas en el Apéndice.

Hay un punto de difícil interpretación: ¿qué signifi­ca la frase final, «considéralo como un gentil o un publicano»? Generalmente la interpretamos como un rechazo total de esa persona. Pero no es tan claro, si tenemos en cuenta que Jesús era el «amigo de publicanos» y que siempre mostró una actitud positiva ante los paganos. Por consiguiente, quizá la última frase debamos entenderla en sentido positivo: incluso cuando parece que esa persona es insalvable, sigue considerándola como alguien que en algún momento puede aceptar a Jesús y volver a él. Esta debe ser la actitud personal («considéralo»), aunque la comunidad haya debido tomar una actitud disciplinaria más dura.

¿Qué valor tiene la decisión tomada en estos casos? Un valor absoluto. Por eso, se añaden unas palabras muy parecidas a las dichas a Pedro poco antes, pero dirigidas ahora a todos los discípulos y a toda la comunidad: «Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.» La decisión adoptada por ellos será refrendada por Dios en el cielo.

Relacionado con este tema están las frases finales. Generalmente se los aplica a la oración y a la presencia de Cristo en general. Pero, dado lo anterior y lo que sigue, parece importante relacionar esta oración y esta presencia de Cristo con los temas de la corrección y del perdón.

El conjunto podríamos explicarlo del modo siguiente. La correc­ción fraterna y la decisión comunitaria sobre un individuo son algo muy delicado. Hace falta luz, hallar las palabras adecuadas, el momento justo, paciencia. Todo esto es imposible sin oración. Jesús da por supuesto -quizá supone mucho- que esta oración va a darse. Y anima a los discípulos asegurándoles la ayuda del Padre, ya que El estará presente. Esta interpretación no excluye la otra, más amplia, de la oración y la presencia de Cristo en general. Lo importante es no olvidar la oración y la presencia de Jesús en el difícil momento de la reconciliación.

El mejor modo de corregir: el amor (Romanos 13,8-10)

Los textos de Ezequiel y del evangelio suponen situaciones conflictivas en la comunidad; hablan de malvados y de personas que pecan. La carta a los Romanos también conoce el peligro del adulterio, el asesinato, el robo, la envidia… Pero no se centra en denunciar esos pecados, sino en fomentar la caridad. «Uno que ama a su prójimo no le hace daño». El que ama cumple toda la ley, y su amor puede ser el mejor modo de corregir.

Apéndice: la práctica de la comunidad de Qumrán

Nota: En el siglo II a.C., un grupo de judíos, descontentos del comportamiento del clero y de las autoridades de Jerusalén, se retiró al desierto de Judá y fundó junto al Mar Muerto una comunidad. Se ha discutido mucho sobre su influjo en Juan Bautista, en Jesús y en los primeros cristianos. El interesado puede leer J. L. Sicre, El cuadrante. Vol. II: La apuesta, cap. 15.

Los cuatro pasos en la Regla de la congregación

1) «Que se corrijan uno a otro con verdad, con tranquilidad y con amor lleno de buena voluntad y benevolencia para cada uno» (V, 23-24).

2 y 3) «Igualmente, que nadie acuse a otro en presencia de los "grandes" sin haberle avisado antes delante de dos testigos» (VI, 1).

4) «El que calumnia a los "grandes", que sea despedido y no vuelva más. Igualmente, que sea despedido y no vuelva nunca el que murmura contra la autoridad de la asamblea. (...) Todo el que después de haber permanecido diez años en el consejo de la comunidad se vuelva atrás, traicionando a la comunidad... que no vuelva al consejo de la comunidad. Los miembros de la comunidad que estén en contacto con él en materia de purificación y de bienes sin haber informado de esto a la comunidad serán tratados de igual manera. No se deje de expulsarlos» (VII,16-25).

Algunos castigos

«Si alguien habla a su prójimo con arrogancia o se dirige a él groseramente, hiriendo la dignidad del hermano, o se opone a las órdenes dadas por un colega superior a él, será castigado durante un año...»

«Si alguno habló con cólera a uno de los sacerdotes inscri­tos en el libro, que sea castigado durante un año. Durante ese tiempo no participará del baño de purificación con el resto de los gran­des.»

«El que calumnia injustamente a su prójimo, que sea castiga­do durante un año y apartado de la comunidad.»

«Si únicamente hablo de su prójimo con amargura o lo engañó conscientemente, su castigo durará seis meses.

«El que se despereza, cabecea o duerme en la reunión de los "grandes" será castigado treinta días».

 

NORMAS COMUNITARIAS Y REALIDAD ABIERTA Domingo XXIII del Tiempo Ordinario 10 de septiembre Mt 18, 15-20

col lozano art

fe adulta

El capítulo 18 del evangelio de Mateo contiene una serie de normas que habían de regir la vida comunitaria de aquellos primeros grupos de discípulos de Jesús que se iban constituyendo.

No son, por tanto, palabras del propio Jesús, sino una creación posterior, exigida por la situación. La constitución de cualquier grupo humano requiere normas que regulen su funcionamiento.

El problema aparece cuando las normas se absolutizan, otorgándoles valor por encima de las personas. Suele ser una tendencia habitual en grupos sectarios y, más en general, en comunidades impregnadas de autoritarismo, y dan lugar a un modo de vida legalista y moralista. Riesgos que no están ausentes en el texto que comentamos, que insta a considerar como “pagano” o “publicano” a quien no se ajuste a las normas.

Sea como sea el modo en que los diferentes grupos tratan de solventar la cuestión de su propio funcionamiento, lo que parece obvio es que tanto el legalismo como el moralismo mostrarán pronto sus efectos negativos: no solo porque se coloca la norma o la ley por encima de la persona -en contra de lo que el propio Jesús había advertido: “No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre”-, sino porque se ignora el carácter abierto de lo real.

Que la realidad sea abierta significa que, en contra de lo que suele ser la rigidez mental -que casa mejor con actitudes legalistas y moralistas-, permite diferentes niveles de consciencia, de los que brotarán, lógicamente, lecturas y comportamientos diversos.

Esto no significa caer en un relativismo vulgar para el que todo vale lo mismo y que justifica cualquier cosa, sino reconocer el modo abierto como se expresa lo real. No todo vale igual, pero cada persona tiene un camino propio que recorrer. Caminos bien diferentes que, sin embargo, tienen cabida y son acogidos dentro de la realidad, esencialmente abierta.

Sin embargo, el nivel mítico de consciencia -que, en mayor o menor medida, pervive en todos nosotros- impide verlo. Porque para ese nivel, solo existe una verdad -la propia- y un único modo correcto de ver y de hacer las cosas. Solo un nivel de consciencia pluralista y aperspectivista regala una mirada omnicomprensiva, respetuosa, tolerante y constructiva.

 

ATAR Y DESATAR Mt 18, 15-20

fe adulta

col munarriz

comentario editorial fa7

 


«Todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo»

Esta frase le ha servido tradicionalmente a la Iglesia para basar en ella su poder, pero existe otra interpretación más profunda y humanizadora: Si perdonáis y compadecéis, habrá perdón y compasión en el mundo, y si no, no los habrá

Jesús está diciendo una obviedad: que el mundo será finalmente lo que nosotros hagamos de él; que cada persona y la humanidad entera están por construir, y que en nuestras manos está que esa realidad que vamos conformando día a día sea plena y armoniosa, o un desastre fruto de nuestras pasiones. Cada uno de nosotros, el mundo, la humanidad, se pueden estropear, y está en nuestra mano evitarlo.

Esta interpretación implica que el mundo tiene sentido, que está dirigido a un fin, y que el sentido de nuestra vida está íntimamente ligado al destino del mundo. Dios nos ha engendrado por amor y nos ha confiado a nosotros, sus hijos, la terea de completar su obra. Para poder hacerlo, nos ha insuflado su espíritu, es decir, nos ha dotado de la capacidad de amar y compadecer, y también, de inteligencia y libertad. Pero aquí surge el problema, porque la libertad nos permite obrar el mal, y el mal nos complica sobremanera el camino hacia la meta.

Por eso, nuestra tarea, el sentido de nuestra vida, es la lucha contra el mal, una lucha que requiere confianza en el resultado; confianza en que si no cejamos alcanzaremos un mundo donde el mal haya sido definitivamente erradicado. Confianza también en que Dios está de nuestro lado en esta lucha. Sin la implicación de Dios tendríamos la batalla perdida de antemano, porque el mal es mucho más fuerte que nosotros, y porque lo tenemos tan arraigado, que en muchas ocasiones nos sentimos a su merced (Romanos 7,15).

Pero no estamos inermes ante el mal. Como decía Juan Antonio Estrada en su libro “La pregunta por Dios”, tenemos la capacidad de luchar contra el mal físico, usando la razón, y contra el mal moral, movidos por nuestra conciencia que nos empuja a defender los derechos de todos. Es el soplo de Dios que alienta en nosotros el que nos da la fuerza necesaria para evitar que el mal se adueñe de nosotros, para impedir que nos esclavice, para afrontar los sucesos negativos con esperanza, para combatir su potencial destructivo, para impedir que el mal termine doblegando al hombre; para seguir soñando con un final feliz donde el mal haya sido aniquilado…

En Jesús hemos conocido el sueño de Dios, y también hemos conocido que tenemos la capacidad de contribuir a él. «Pasó por el mundo haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal porque Dios estaba con él». La forma de luchar contra el mal es sembrando el bien, es decir, perdonando, compadeciendo y ayudando. Ésa es la tarea de quien sigue a Jesús: sembrar.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

miércoles, 30 de agosto de 2023

Human Rights Watch HRW denuncia el uso desproporcionado de la fuerza letal de Israel contra niños palestinos y que se ponga fin a la impunidad sistemática.

 palestina libre

Human Rights Watch pide a la ONU que incluya estos crímenes en su informe anual sobre violaciones graves contra menores en conflictos armados. «Los niños palestinos viven una realidad de apartheid y violencia estructural, donde podrían ser asesinados a tiros en cualquier momento sin ninguna perspectiva seria de rendir cuentas». Las fuerzas israelíes están matando a tiros a niños palestinos y urge poner fin a la impunidad sistemática.  Ver noticia 

Francisco, en el ojo del huracán: Ucrania le acusa de “propaganda imperialista” a favor de Rusia

 Religión Digital

La Santa Sede y la Nunciatura en Kiev rechazan las interpretaciones de unas palabras del Papa a los jóvenes rusos
El pasado 25 de agosto, el papa Francisco intervino por videoconferencia ante unos 400 jóvenes congregados en la basílica de Santa Catalina, en San Petersburgo, en la Jornada de la Juventud Rusa, que se estaba celebrando esos días, y a quienes invitó a ser «sembradores de semillas de reconciliación, pequeñas semillas que en este invierno de guerra no brotarán de momento en la tierra helada, sino que florecerán en una futura primavera»  Ver noticia 

JMJ (2023) EN LISBOA Y “ADOLESCENCIA PROLONGADA” (2)


col leandro sequeiros

 

adolescencia prolongada1

JMJ (2023) en Lisboa y “adolescencia prolongada” (2)

El consumo de tiempo libre en la “adolescencia prolongada”

La tabla 1 muestra, según el sociólogo Javier Elzo, cuáles son los intereses más aceptados por la juventud española.

El conjunto se puede resumir en dos palabras: pasarlo bien. Nuestros jóvenes quieren una familia que los acoja (evidentemente como a ellos y ellas les gusta, sin muchas exigencias) y el bienestar físico. Es decir, un horizonte vital dominado por el hedonismo desenfadado. Este medio ambiental en el que se desarrolla la vida de la gran mayoría de jóvenes, se concreta después en otras actitudes vitales, como el consumismo puro y duro, una sexualidad desinhibida, escasos compromisos y nada de pensar en ideales exigentes.

Y, para pasarlo bien, el tiempo libre de nuestros jóvenes oscila entre las 25 y las 40 horas semanales. Algo impensable en sus abuelos.

adolescencia prolongada2

Lo que más preocupa a los adolescentes entre 15 y 17 años que viven con sus padres es comprarse una moto y a los más mayores, comprarse una casa para emanciparse. A parte de estas «preocupaciones», cómo llenar el abundante tiempo libre es la máxima ocupación. Pensar el presente más inmediato (por ejemplo, a qué van a dedicar el fin de semana) es la preocupación más acuciante para la mayoría, ya que el futuro no les quita el sueño.

Salir con amigos para beber y fumar

No queremos ser agoreros ni pesimistas. Y tampoco se puede generalizar. Pero según el Instituto de la Juventud, la principal actividad de nuestros jóvenes es salir con los amigos, seguido de practicar deporte e ir de copas, aunque la primera y tercera sean, en la práctica, la misma cosa. La edad en que toman la primera copa se sitúa en los 16,2 años. Casi todos (92,4% ) lo hacen los fines de semana y en bares y discotecas (96,7%).

La principal razón por la que se inician en el alcohol es «por integrarse en un grupo, por los amigos» (33,3%) y la segunda, «por probar» (24,4%). El consumo de alcohol ha ido creciendo significativamente entre nuestra juventud. El crecimiento más espectacular se da entre las chicas, ya que casi la mitad ya consume alcohol antes de los 20 años. La franja de edad con mayor consumo de alcohol se sitúa entre los 25 y los 29 años.

Ligado al consumo de alcohol está el de tabaco. También la iniciación al tabaco es muy temprana. Con datos de 2002, el 4% de los chicos y el 8% de las chicas empiezan a fumar a los 14 años. A los 16, lo hacen el 18% de los varones y el 28% de las mujeres. A diferencia del alcohol, las chicas se inician antes y con más intensidad en el tabaco. De todas maneras, las campañas contra el tabaquismo han conseguido éxitos parciales, ya que los porcentajes eran superiores en años anteriores. Los motivos para fumar son exactamente los mismos que el alcohol: integrarse en el grupo de amigos y probar una nueva experiencia.

Alcohol y tabaco suelen ser, muchas veces, antesala del consumo de drogas. En torno al 19% de los jóvenes entre 19 y 24 años son consumidores habituales de drogas, pero un 44% afirma probar drogas «alguna vez», según la encuesta de consumo de drogas año 2002 de la Fundación de Ayuda a la Drogadicción. La droga más consumida es el cannabis (el 90% de los consumidores habituales). El consumo de estupefacientes crece entre la juventud y se introduce en edades tempranas. Casi el 35% de los jóvenes entre los 15 y 19 años han probado alguna droga y en torno al 14% en esta franja de edad ya consumen con cierta regularidad.

La precocidad en el consumo de drogas es un dato muy alarmante. Según la Unidad de Adolescencia de la Clínica Dexeus de Barcelona, el número de menores de 16 años que pide ayuda para desintoxicarse en las unidades de atención al drogodependiente se ha doblado en tan sólo un año. Si en el 2002, del total de drogodependientes en tratamiento, un 1,9% eran adolescentes que no superaban los 16 años, en el año 2003 ese porcentaje se situaba en el 3,8%. Si el salir los fines de semana con el trío alcohol, drogas y tabaco como formas de llenar las horas es la principal actividad fuera del hogar de nuestros jóvenes, ¿cuáles son las que realizan dentro de casa? La mayor dedicación es consumir televisión, seguida de escuchar música y usar el ordenador.

Estas son las tres mayores ocupaciones en la franja 15-19 años. Entre los 20 y 24 años, la tercera ocupación pasa a ser la lectura, cuyo peso como actividad dentro del hogar aumenta con los años. El consumo de televisión está entre los más altos de Europa, así como la afición desmesurada por el teléfono móvil (nueve de cada diez jóvenes lo usan habitualmente). La media de horas semanales frente al ordenador es de nueve.

Sexualidad fuera de responsabilidad

Respecto a la sexualidad, que suele ser otra actividad de ocio, ya que la inmensa mayoría no la ligan a una relación estable basada en el amor y el compromiso mutuos, los datos son también significativos. La edad promedio de la primera experiencia sexual se sitúa en los 18 años para las chicas y los 17 para los chicos. En la franja 21-24 años, más del 90% de jóvenes afirma haber tenido relaciones sexuales completas.

Por último, un dato que llama la atención es el crecimiento de los delitos penales entre adolescentes y jóvenes. En 1998 se contabilizaron 3.514 delitos entre jóvenes (90% varones). Sólo cuatro años después esta cifra subía a 12.941; es decir, se ha cuadruplicado. La mayoría de los delitos son robos (casi la mitad), pero alarma el número de homicidios: en 1998 fueron ocho y en 2002, cuarenta y ocho. Este delito se ha multiplicado por seis en sólo cuatro años.

Valores y creencias de los jóvenes

El Papa insta a los jóvenes a que “hagan lío” para cambiar el mundo. Pero ¿cuáles son las concepciones del mundo, las interacciones con la realidad, los sistemas de valores y las creencias (religiosas o no) de los que se viven en la llamada “adolescencia prolongada”? Las actitudes vitales (individuales y de grupo) antes descritas conectan con un universo de preferencias intelectuales, códigos de conducta y criterios morales muy determinado que no puede sorprender, vistos los datos anteriores.

La mayoría de jóvenes (algo más de la mitad) encuentran en la familia el primer ámbito de socialización y adquisición de ideas, valores y creencias. El segundo ámbito de socialización es el grupo de amigos, a poca distancia de la familia.

Los centros de enseñanza sólo son lugar de adquisición de ideas y creencias para el 18% de los jóvenes y las iglesias ocupan el último lugar (sólo para el 2,7%). Aunque la familia pierde importancia en cuanto a lugar de transmisión de ideas, sigue siendo un lugar privilegiado. Si el grupo de amigos y el centro de enseñanza ofrecen un universo mental coherente con la familia, los chicos y chicas pueden recibir una visión del mundo estable y sin contradicciones.

La importancia del colegio (a pesar de que no ocupa un lugar destacado) cobra su significado si entendemos que es allí donde los adolescentes traban sus amistades.

adolescencia prolongada3

La actitud de los jóvenes frente a algunos temas

La tabla 2 muestra algunas de las ideas más extendidas entre la juventud española y que diseñan un espectro ideológico que se podría calificar de «progre», pues la mayoría de posicionamientos que defiende la progresía intelectual se reflejan en estas preferencias.

La mayoría está a favor de las uniones homosexuales, la transexualidad (en consonancia con su actitud totalmente permisiva con el sexo), el aborto libre y voluntario, la eutanasia y tener hijos sin casarse previamente. Aunque en este panorama sorprende que la mayoría esté a favor de la enseñanza religiosa en las escuelas y en contra del consumo de drogas. Todo un conjunto ideológico marcado por las preferencias hedonistas propias de las conductas mayoritarias y por el relativismo moral imperante en la sociedad occidental.

Las modas intelectuales, asumidas acríticamente y con contradicciones, configuran también un modelo de compromiso político especial, alejado de los programas y debates políticos más convencionales. La mayoría muestran simpatía por movimientos ecologistas, de defensa de derechos humanos, pacifistas, feministas y de protección a los animales (más de 6 puntos en una escala de 0 a 10), mientras que poca simpatía para los partidos políticos (3,51 puntos), – por cierto, menos valorados que las organizaciones religiosas (3,65 puntos).

En cambio, este panorama hay que matizarlo cuando se pasa al compromiso activo. La gran mayoría de jóvenes (más del 80%) no militan activamente en organizaciones que defiendan algunos de las ideas en las que dicen creer.

Sólo un 12,6% dice formar parte de alguna asociación deportiva. Y, sorprendentemente, el segundo lugar entre el asociacionismo lo ocupan las asociaciones religiosas: un 3,3 participan activamente en alguna y casi un 4% lo han hecho alguna vez en su vida. En cambio, militan en organizaciones pacifistas un 0,4%, en movimientos antiglobalización un 0,5 y en ecologistas un 1%. No parece que el compromiso activo sea una característica de la juventud y, en todo caso, parece que el único compromiso aceptado sea el religioso, aunque muy minoritario.

En cuanto a instituciones o actividades sociales, la inmensa mayoría (78%) considera la familia como la institución más importante (otra cosa es la definición de familia, que pasa por una reformulación bastante amplia). La salud y la amistad son otros de los elementos más valorados, mientras que la religión sólo es muy importante para el 8% y bastante importante para el 21%. La política convencional está a la cola de interés: el 4% la considera muy importante y el 18% bastante. En contraste con el escaso interés por la religión, destaca la preocupación por el «bienestar espiritual», muy importante para el 24% y bastante para el 47%.

La tabla 3 muestra las creencias religiosas de los jóvenes españoles respecto al catolicismo. Aunque la mayoría se declaran católicos (más del 60%), los practicantes son minoría, aunque más comprometida y libre que hace años. La edad con mayor nivel de práctica se sitúa entre los 13-14 años (37%), bajando al 15% entre los 15-17 años y al 11% entre los 18 años, coincidiendo con la crisis de la adolescencia. A partir de los 21 años se observa una pequeña recuperación en la conciencia religiosa católica de los jóvenes.

adolescencia prolongada4

En el universo religioso de los jóvenes predomina —quizás por la formación católica recibida en la enseñanza primaria y media— una religiosidad de fondo: una gran mayoría (64%) cree en Dios y más de la mitad (55%) en Jesucristo. Algunos de los principios básicos del cristianismo siguen suscitando una cierta adhesión entre la juventud: el 45% cree en el alma, el 42% en la Virgen María, el 36% en el cielo, el 26% en los milagros y el 29% en la Iglesia católica. Pero respecto a la Iglesia, la actitud de los jóvenes es más bien crítica: sólo el 11% considera que ha de ser fiel a su doctrina (cifra que coincide con la de católicos practicantes), mientras que el 64% piensa que ha de adaptarse a los tiempos modernos (se supone que al código de conducta vivido por los jóvenes). Incluso casi el 10% opina que ha de desaparecer, lo que muestra un anticlericalismo radical en un sector —de momento minoritario— de nuestra juventud.

Pero, aunque la confianza en la Iglesia y en sus dogmas es baja y la gran mayoría de jóvenes se alejan de la doctrina cristiana, surgen opciones alternativas religiosas entre la juventud. La tabla 4 es significativa. Aunque los jóvenes no son muy dados a creer en la Iglesia y sus dogmas, son capaces de aceptar cualquier otra creencia. Nada menos que el 30% cree en los espíritus, el 21% en curanderos y el 14% en los horóscopos.

Todo ello dibuja un panorama preocupante: el alejamiento de la Iglesia se desliza hacia formas de religiosidad intelectualmente poco sólidas, pero que no comprometen la conducta moral, son compatibles con sus actitudes vitales y llenan esa de ansia de «bienestar espiritual» que dicen buscar.

adolescencia prolongada5

El escaso valor que nuestra juventud da a la religión y en concreto, al catolicismo, contrasta con el peso importante que tiene la enseñanza religiosa entre los niños y adolescentes.

Según datos de la Conferencia Episcopal, durante el curso 2004-2005, el 79,3% de los alumnos de enseñanzas no universitarias cursaban la asignatura de Religión católica. Además, uno de cada cuatro alumnos de enseñanzas no universitarias lo hace en un centro católico y más de cien mil lo hacen en universidades católicas o de inspiración cristiana.

La pregunta que pueden hacerse los responsables de la educación cristiana de nuestra juventud es cómo es posible que disponiendo de tan amplios medios (en gran medida sufragados por el Estado, que paga los sueldos del profesorado de Religión y los conciertos educativos) no haya calado más profundamente en estos jóvenes un sentido cristiano de la vida y del mundo. En cierta medida cabría hablar de un fracaso del papel de los centros católicos en la transmisión de unos valores más acordes con el cristianismo.

 

Leandro Sequeiros San Román

Portal Krisis (batalloso.com) 18/08/2023 

SERPIENTES DE VERANO


col gerardo

 

Todos los años ocurre en época de verano algún acontecimiento que absorbe la atención y es el centro de la información superficial. El resto no suele ser noticia. Este verano no ha sido así. Se han multiplicado y se han intensificado esas serpientes, esos relámpagos, de forma que casi ha sido una constante tormenta. Algunas han sido incluso tormentas con pedrisco más que solo de agua.

Vamos viviendo un verano con hechos muy trascendentes y que nos han tocado muy fuertemente. He aquí un pequeño recuento:

1. Nuevo gobierno-elecciones en España

2. Fuego, arrasando miles de hectáreas

3. Guerra en Ucrania-Rusia

4. Otras guerras África

5. Ataques con muerte en las maras y los gobiernos de Sudamérica

6. Accidentes con muertos y muerte de varias personas por ataques personales

7. Sequía pertinaz

8. Turismo muy numeroso

9. Celebración del fútbol femenino con victoria (y polémica)

10. Encuentro de las JMJ, con el revuelo que hay en la Iglesia

Da la impresión de que no hemos vivido a fondo esas realidades sociales, humanas, físicas… Me da miedo si vamos a saber y poder reaccionar cuando empecemos el curso: ¿cómo reaccionar ante estas situaciones?

Se requiere (necesitamos) solidez, valentía, colaboración, implicación muy fuerte para saber enfrentarnos a la situación. ¿Seremos capaces de resolver estas serpientes sin que las tormentas correspondientes nos dominen?

Pienso que en medio de todas esas serpientes, ha habido también muchas personas que con serenidad, silencio, colaboración… HAN TRABAJADO POR UN MUNDO EN JUSTICIA Y PAZ. Por un mundo y una ciudad en la que quepamos TODOS, TODOS.

Esos trabajadores son como aguaceros que han mojado el suelo con paz y armonía. Todos los días hemos visto relucir las estrellas del cielo y no han faltado las canciones del verano. Pero sobre todo, no faltan personas dispuestas a enfocar el mundo, a despejar las tormentas.

EL CATOLICISMO DE VOX


col otalora

 

La irrupción de Vox en las instituciones políticas ha sido fulgurante, teniendo en cuenta que llevaba tiempo presentándose a elecciones con resultados muy marginales. Tres elementos dan a Vox un sello peculiar: su visión radical nacionalista española de inspiración franquista, una economía de mercado ultraliberal de reducir el gasto público al mínimo. Y su mal llamado ultracatolicismo, alejado en esto de los partidos de extrema derecha europeos.

Buxadé y Espinosa de los Monteros representaban las dos caras reaccionarias de Vox, los ultra católicos y los ultraliberales. Sus luchas internas han primado el catolicismo radical. Por eso quiero detenerme en el perfil que impera ahora mismo en Vox: ser los defensores puristas de lo católico. En realidad, ¿esto es así?

Vox ha mantenido una calculada posición para evitar cualquier crítica tanto a la Iglesia como al Papa para no espantar a este segmento del electorado. Pero la entrevista de Francisco con Jordi Évole en la precampaña de 2019 lo cambió todo, llegando a sonados desencuentros con la Iglesia católica, hasta el punto de que Abascal se refirió al Papa como “ciudadano Bergoglio” por su postura sobre el salario universal y la inmigración. 

Vox defiende “los valores tradicionales” atacando a todo lo que no cabe en sus convicciones, y lo hace apelando a la víscera del votante. Además, el ascenso de Abascal no se entiende sin el apoyo de El Yunque, conocido también como Organización del Bien Común, tras la cual opera un grupo poderoso de fanáticos de extrema derecha que tienen por objetivo “defender la religión católica, luchar contra las fuerzas de Satanás” e instaurar “el reino de Cristo en la tierra”… Eso sí, desde la confrontación y el sectarismo; hacerlo así no es católico, no es cristiano.

Su postura ante la violencia machista la niegan los datos. ¿Qué diría Jesús a esas mujeres maltratadas?, ¿lo que dice Vox? La petición de expulsar a inmigrantes choca con la acogida y la hospitalidad cristianas. Cáritas habla de personas y derechos y el partido ultra habla de ilegales y Derecho penal. Diríase que recela, rechaza, la llamada a “la fraternidad y la justicia para todos” que el Papa insiste en su encíclica Fratelli Tutti como algo esencial católico. Igualmente rechaza el encíclica católica Laudato si, renegando del cambio climático y de la solidaridad que propone Francisco.

Gentes racistas, xenófobas que anhelan la Cruzada del nacionalcatolicismo se sienten identificadas con Vox, un espacio en el que alimentan su desprecio y su odio a otras personas y colectivos. El Evangelio no va por este camino. Tampoco es católico proclamar una postura contra el aborto, por ejemplo, obviando la denuncia profética de que tantísimos recién nacidos mueren en el Tercer Mundo por hambre y sed. Jesús vivió con actitud de mansedumbre, humildad, respeto y acogida al diferente denunciando las injusticias, especialmente contra los más vulnerables. Nada de esto promueve Vox, por más que haya bien pensantes que les dé seguridad religiosa, que no es precisamente lo que ofrece el Evangelio, sino compromiso audaz desde el amor a todos.

¿Dónde queda la búsqueda de la paz y la actitud de amor en las propuestas de Vox? El descontento social no debe canalizarse hacia las dictaduras, sino hacia la democracia basada en la justicia social. No cabe hacer política como católico desde el odio y el rechazo. Hay que actuar desde el diálogo, el encuentro, el respeto y la construcción de puentes. La política del odio hace que tengamos los ojos cerrados ante nuestro propio rechazo al diferente, cualquiera que este sea: político, social, sexual...

Llama especialmente la atención que en el programa electoral de Vox no haya una sola mención al catolicismo, más allá de la “protección de las tradiciones populares, eventos religiosos y festejos taurinos propios de la España rural, frente a los ataques del progresismo y el globalismo”. Sobre la religión católica y su enseñanza, Vox elude a la Iglesia católica, a pesar de que su discurso proclama la intención de recoger la sensibilidad del católico. Sí concreta, en cambio, la petición de una “proposición no de Ley para la protección de los españoles frente al yihadismo y la creciente islamización de España”.

No estamos en un Estado confesional, pero si un partido abandera lo ultracatólico, al menos que no sea tan inconsecuente. Entre otras cosas, porque escandaliza.

 

Gabriel Mª Otalora

LA FE UNE, LA IDEOLOGÍA DIVIDE


col gelabert

 

 

Y esta diferencia es expresión de riqueza, de belleza, de comunión. Es una riqueza para compartir, no para oponernos.

Desgraciadamente, si miramos al conjunto de la Iglesia, a veces tengo la impresión de que hay grupos o personas que crean división por motivos ideológicos, que en ocasiones confunden con la fe. La fe es una cosa: es adhesión a Jesucristo. Sus expresiones son múltiples. Las explicaciones de las grandes verdades de la fe cristiana se expresan en lenguajes y culturas diferentes. Hay quién confunde una expresión cultural con la única posible expresión de la fe. Y entonces aparecen personas que, en vez de esforzarse en entender y comprender, condenan sin entender o, al menos, sin buscar puntos de encuentro o el lado bueno que puede haber en la postura del otro. Comenzar por reconocer el lado bueno del otro es un primer paso importante para encontrarse. Recalcar lo malo que hay en el otro es el mejor (o el peor) modo de alejarse y separarse. Y la vocación cristiana siempre es vocación de encuentro.

Todavía más lamentable, si miramos al conjunto de la Iglesia, son las descalificaciones que se hacen del Papa Francisco. Cada Papa y cada Obispo tiene su estilo, su modo de expresarse, sus preferencias pastorales. Pero esto no es motivo para no respetar al Papa o el Obispo, y no reconocer su autoridad en cuestiones pastorales, disciplinares o litúrgicas. Eso dejando aparte que el problema no es el desacuerdo en estos terrenos, porque ahí hay mucha libertad, sino la crítica sin matices y la manifestación pública de un desacuerdo que se expresa como condena y descalificación.

Los gustos litúrgicos son importantes; las opciones pastorales son importantes. Pero el aceptarse en la diferencia es todavía más importante. Si la liturgia se convierte en un arma descalificatoria, es dudoso que sea una buena liturgia, o sea, un buen culto a Dios. Porque Dios siempre nos llama al entendimiento y el perdón. Las dificultades y tensiones que puedan aparecer en la comunidad eclesial se resolverán, no con medidas de poder o de prepotencia, sino de acogida y, como está de moda decir ahora, de sinodalidad, o sea, de escucha mutua.

 

Martín Gelabert

Religión Digital

¿CUÁNTO CUESTA UN CARDENAL?


col aradillas

 

En la terminología canónica se define la palabra “cardenal” como “prelado o superior eclesiástico de categoría inmediatamente inferior a la del papa y consejero de este en los asuntos graves de la Iglesia”.

Sin otros requisitos, y en conformidad con lo que se adoctrina al pueblo-pueblo (también al de Dios), tal definición gramatical se hace referencia correcta y concreta en estas nuestras reflexiones, humanas y divinas, pese a que en temas relacionados con el dinero -denarios- eclesiástico, además de tener que lamentar que suena en demasía alrededor del altar, cualquier otra consideración o constatación es rigurosamente inaccesible, y aun con amenazas anatematizadoras.

Y de entre las preguntas que le sonsacamos al pueblo acerca del tema, de frecuente y exorbitante comunicación social y religiosa en la actualidad, destaca en primer lugar, para bien o para mal, la de qué y cuánto cuesta ser elegido Cardenal de Curia, así como el mantenimiento “digno y proporcionado” de tal título en algunas diócesis o super diócesis, o nombre concreto, por supuesto que, hoy por hoy, todavía masculino, al carecer de género femenino tal distinción y ejercicio en la Iglesia, santa, católico, apostólica y romana.

Conforme a las apariencias litúrgicas y canónicas, que son los casos que más y mejor percibe el pueblo, un cardenal cuesta mucho. Una auténtica exageración, desde supuestos y principios evangélicos y los habituales en la comunidad eclesial a la que pertenece y preside “en el nombre de Dios”, y como valor y en reconocimiento supremo otorgado por el papa, única persona en la Iglesia dotada con la facultad de conceder tal título y condición.

Muy por encima, y siempre con piedad y misericordia cristiana, el pueblo-pueblo, y parte del “Alto y Bajo Clero”, echa las cuentas y comprueba que el palacio -a veces “villa” cardenalicia, o casa de recreo situada en el campo”- demanda una notable cantidad de dinero para su mantenimiento. Los ornamentos llamados “sagrados”, en su variedad de colores, no le van a la zaga. Mitras, anillos, báculos, “familiares”, “capas magnas”, mesas bien abastecidas sin tener que invocar lo del “bocatto di cardenali”(muy exquisito, delicado y sabroso), sin faltar excelentes bebidas y otras cosas adyacentes, coches de marca “Mercedes” (por aquello de la definición de oración como “ invocar a Dios y pedirle precisamente mercedes”), cortejan a perpetuidad la figura de los cardenales con el correspondiente ritual, e interpretando además y filibusteramente ser esta, y no otra “la santa y sacrosanta voluntad de Dios”.

Sí, pero el papa Francisco…

El papa Francisco, con su ejemplo y adoctrinamiento, ha iniciado y propiciado una especie de cruzada de fraternal democratización del colegio del que ha de surgir, en su día, su sucesor pero, pese a todo, las dificultades que se presienten y manifiestan a veces por parte de sus congéneres, resultan ser aún notorias y palpables.

La vanidad se encuentra demasiadamente cómoda entre los ornamentos cardenalicios, en las “tomas de posesión” (¡¡) de ”sus” sedes, en el sobrenombre y trato de “Príncipes de sangre real de la Iglesia”, en sus títulos y escudos de armas, en el “NOS por la gracia de Dios”, aunque en sus lemas las palabras “siervo” y “servicio” se encuentren como predicado o parte de la oración gramatical.

¿Y quién, o quiénes, sufragan -pagan- tales y tantos dispendios cardenalicios? ¿El Vaticano? ¿El Óbolo de San Pedro? ¿Los “Años Santos”? ¿La entidad bancaria que en su día bautizó y protegió san Ambrosio?

No sería justo olvidar que la administración de algunas diócesis en crisis económicas, o acaparadoras de riquezas muertas, le fue confiada a expertos profesores en ascética y mística, o en el ejercicio de exorcistas, que expulsan a legiones de demonios, sobre todo a los titulares de pingües cuentas bancarias que, contra toda ley, duermen el sueño de los injustos en “paraísos” fiscales.

El santo afán reformador del papa Francisco respecto a los cardenales, aún a los más recientemente nombrados por él, exigen con urgencia revisión y reforma. Y ampliación al sexo femenino. En todo colegio, incluido el cardenalicio, para que lo sea y funcione como Dios manda y así lo requieren los tiempos, la mujer habrá de hacerse activamente presente y en igualdad de condiciones -derechos y deberes- que el hombre, sin descartar por “heterodoxa” la posibilidad de ser también aspirante al SOLIO PONTIFICIO. Este, para entonces, feliz y teológicamente, habrá cambiado de nombre y de sobrenombre.

Con respeto, devoción y curiosidad misericordiosa, esta penúltima e indiscreta pregunta: ¿Cuánto le cuesta a la diócesis de Madrid, su nuevo y joven Cardenal José Cobo? ¿Cuánto le sigue costando el Eminentísimo y Reverentísimo Purpurado Cardenal Mons. Don Antonio Rouco Varela?

 

Antonio Aradillas

Religión Digital

PEDRO CASALDÁLIGA: CRISTIANO Y REVOLUCIONARIO


col tamayo

 

El 8 de agosto de 2020 fallecía en Brasil Dom Pedro Casaldáliga, obispo de Mato Grosso, una persona de gran talla moral que constituye a mi juicio uno de símbolos más luminosos del cristianismo liberador. En el tercer aniversario de su muerte quiero hacer memoria de su figura profética, mística y poética. Casaldáliga rompió la vieja incompatibilidad entre ser cristiano y ser revolucionario con su apoyo, e incluso presencia, en la mayoría de los procesos revolucionarios de América Latina de las últimas décadas: Cuba, Nicaragua, el Salvador, Frente Zapatista, etc.

Logró hacer la síntesis de lo que suele considerarse irreconciliable: revolución y canción, evangelio y subversión. Así lo confesaba con su proverbial sinceridad poética: “Con un callo por anillo,/ monseñor cortaba arroz./ ¿Monseñor ‘martillo y hoz’? Me llaman./ Me llamarán subversivo./ Y yo les diré: lo soy./ Por mi pueblo en lucha, vivo./ Con mi pueblo en marcha, voy./ Tengo fe de guerrillero/ y amor de revolución./ Y entre Evangelio y canción/ sufro y digo lo que quiero”.

Supo compaginar lo local y lo global dando lugar a la síntesis glocalizadora. Pegado al Mato Grosso, tierra de comunidades negras, indígenas y campesinas sometidas a esclavitud por los fazendieros, fue uno de los obispos más internacionales.  Se identificó con las causas de dichas comunidades: de los posseiros, de los mártires, de las mujeres subyugadas, de los indios sacrificados, del diálogo interreligioso, de los afrodescendientes cuyas culturas siguen siendo humilladas. Hizo suyas también las causas de todos los crucificados de la tierra mutando la globalización neoliberal excluyente en globalización desde abajo, desde las víctimas, la alterglobalización inclusiva y liberadora.

Denunció las injusticias generadas por el neoliberalismo, al que incluyó en la nueva lista de pecados, hasta considerarlo el mayor pecado y la gran blasfemia del siglo XXI. Su rechazo del colonialismo le llevó a luchar contra el Imperio, contra el neoimperalismo, más poderoso, más omnímodo y más inicuo que el viejo imperialismo. Su consigna no pudo ser más desestabilizadora del Imperio: “Contra la política opresora de cualquier imperio, la política liberadora del Reino de Dios, que es de los pobres y de todos aquellos y aquellas que tienen hambre y sed de justicia”.

Casaldáliga, el gran amante de la vida de quienes la tenían más amenazada, se vio amenazado de muerte a diario. Pero cuanto más arreciaban las amenazas, más apostaba por la vida, hasta convertir su poesía en la mejor defensa de la vida de la gente que moría antes de tiempo y en el arma incruenta más desmitificadora de la muerte, a quien desafió en el “Romancillo de la muerte”, con aire lorquiano:

“Ronda la muerte, ronda/ la muerte rondera ronda./ Lo dijo Cristo/ antes que Lorca./ Que me rondarás morena,/ vestida de miedo y sombra./ Que te rondaré, morena,/ vestido de espera y gloria./ Frente a la Vida,/ ¿qué es tu victoria?/... ¡Tu nos rondarás,/pero  te podremos”.  Es la más bella y certera traducción comprometida del desafío de Pablo de Tarso a la muerte, cuando le dice en plan desafiante: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde tu aguijón?” (1Cor15,55).

A la violencia de los poderosos respondió con la no-violencia activa, inseparable de la justicia, en la mejor tradición de los grandes pacifistas de la historia: Buda, Confucio, Sócrates, Jesús de Nazaret, Francisco de Asís, Gandhi, Luther King, Juan XXIII, Helder Cámara, Monseñor Romero, Ellacuría, Chico Mendes, Mariella Franco, Berta Cáceres, los místicos y las místicas de todas las religiones, etc.

Fue espiado tanto por colegas del episcopado latinoamericano como por el Vaticano que le llamó a capítulo siendo el cardenal Ratzinger presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y papa Juan Pablo II y le amenazó con el cese como obispo. Tal actitud persecutoria, lejos de amedrentarle, le reafirmó en su radicalismo evangélico, pero sin romper ningún puente de comunicación que le permitiera avanzar en el camino hacia Otro Cristianismo Posible.  

Creo que la mejor expresión del itinerario vital, existencial, humano y religioso de Pedro Casaldáliga es “teología y praxis de liberación”: la praxis como acto primero; la teología como acto segundo, que dio lugar a una de las tendencias más creativas de  la teología de la liberación: la Teopoética de la liberación. En ella el obispo de Mato Grosso logró aunar estética literaria y ética. Pero no en abstracto, sino desde la opción por los condenados de la tierra para contribuir a su liberación, devolverles es su dignidad y rehabilitarlos como seres humanos en el ejercicio pleno de sus derechos, siendo el derecho a una vida digna y verdaderamente eco-humana fraterno-sororal el principal y la fuente de los demás derechos.

La nonagenaria vida de Pedro Casaldáliga tuvo sentido y, quizá más importante, contribuyó a llenar de sentido la vida de aquellas personas, colectivos y pueblos a quienes los poderes coaligados se le negó. Así cobra sentido también su proverbial afirmación: “Mis causas son más importantes que mi vida”.

Para profundizar en las ideas aquí expuestas remito a Juan José Tamayo, Pedro Casaldáliga. Larga caminada con los pobres de la tierra (Herder, Barcelona, 2020).

 

Juan José Tamayo/teólogo de la liberación