FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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sábado, 22 de abril de 2017

¿Cómo, dónde y en quién está presente y actúa el Señor resucitado?


José Mª Castillo, teólogo


Castillo2Es un hecho que la resurrección de Jesús constituye el acontecimiento central de nuestra fe cristiana. Pero es un hecho también que ese acontecimiento central de la fe cristiana no parece estar en el centro de la vida de los creyentes. Por lo menos, a primera vista, no se tiene la impresión de que los cristianos lo entiendan y lo vivan así. Hay otras cosas que interesan más al común de los mortales bautizados. Y conste que me refiero a cosas estrictamente religiosas: la pasión del Señor, la devoción a la Virgen y a los santos, determinadas prácticas religiosas, etc.
Sin embargo, a mí me parece que no deberíamos precipitarnos a la hora de dar un juicio sobre esta cuestión. Porque, sin duda alguna, se trata de un asunto más complicado de lo que parece en un primer momento. Por eso, valdrá la pena analizar, ante todo, de qué maneras el Resucitado debe estar presente en la vida y el comportamiento de los creyentes, según el Nuevo Testamento, para poder, desde ahí, sacar luego las consecuencias. ··· Ver notici

Domingo 23 de abril, 2 Pascua – A (Juan 20,19-31): Jesús salvará a su Iglesia

    col pagola
  •  Jn 20, 19-31
Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero ya no está con ellos Jesús. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. ¿A quién seguirán ahora? ¿Qué podrán hacer sin él? «Está anocheciendo» en Jerusalén y también en el corazón de los discípulos.
Dentro de la casa están «con las puertas bien cerradas». Es una comunidad sin misión y sin horizonte, encerrada en sí misma, sin capacidad de acogida. Nadie piensa ya en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Con las puertas cerradas no es posible acercarse al sufrimiento de las gentes.
Los discípulos están llenos de «miedo a los judíos». Es una comunidad paralizada por el miedo, en actitud defensiva. Solo ven hostilidad y rechazo por todas partes. Con miedo no es posible amar al mundo como lo amaba Jesús ni infundir en nadie aliento y esperanza.
De pronto, Jesús resucitado toma la iniciativa. Viene a rescatar a sus seguidores. «Entra en la casa y se pone en medio de ellos». La pequeña comunidad comienza a transformarse. Del miedo pasan a la paz que les infunde Jesús. De la oscuridad de la noche pasan a la alegría de volver a verlo lleno de vida. De las puertas cerradas van a pasar pronto a anunciar por todas partes la Buena Noticia de Jesús.
Jesús les habla poniendo en aquellos pobres hombres toda su confianza: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo a vosotros». No les dice a quién se han de acercar, qué han de anunciar ni cómo han de actuar. Ya lo han podido aprender de él por los caminos de Galilea. Serán en el mundo lo que ha sido él.
Jesús conoce la fragilidad de sus discípulos. Muchas veces les ha criticado su fe pequeña y vacilante. Necesitan la fuerza de su Espíritu para cumplir su misión. Por eso hace con ellos un gesto especial. No les impone las manos ni los bendice, como a los enfermos. Exhala su aliento sobre ellos y les dice: «Recibid el Espíritu Santo».
Solo Jesús salvará a su Iglesia. Solo él nos liberará de los miedos que nos paralizan, romperá los esquemas aburridos en los que pretendemos encerrarlo, abrirá tantas puertas que hemos ido cerrando a lo largo de los siglos, enderezará tantos caminos que nos han desviado de él.
Lo que se nos pide es reavivar mucho más en toda Iglesia la confianza en Jesús resucitado, movilizarnos para ponerlo sin miedo en el centro de nuestras parroquias y comunidades, y concentrar todas nuestras fuerzas en escuchar bien lo que su Espíritu nos está diciendo hoy a sus seguidores.

Domingo 23 de abril de 2017, 2º Domingo de Pascua



2 de PascuaAAdalberto, mártir (997), Jorge, mártir (303)
Si la resurrección de Jesús no tuviera efecto alguno en la vida del discípulo, es decir, si la Resurrección no tuviera como sentido final la re-creación del ser humano y por tanto la re-creación de un nuevo orden, entonces eso de la Resurrección de Jesús no habría pasado de ser un asunto particular entre el Padre y su Hijo. Pero, como la resurrección de Jesús es la base y fundamento de una comunidad y el horizonte hacia el cual tiende toda la creación, por eso, tanto el evangelio de hoy como la primera lectura de Hechos, tratan de iluminarnos sobre cuál es ese horizonte y cuáles, por tanto, son los efectos inmediatos, reales y concretos de la Resurrección. ··· Ver noticia ···

jueves, 20 de abril de 2017

Encuesta reveladora

Gabriel Me. Otalora

Leo en Religión Digital los datos de una reciente encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) sobre cómo se definen los ciudadanos en materia religiosa. Mientras que casi el 69,9% se dice católico, el 59,6% no pisa “casi nunca” la iglesia y si lo hace es en ceremonias sociales como bodas, comuniones, etc. de allegados. A la pregunta de con qué frecuencia asisten a oficios religiosos sin contar esas ceremonias por uso social, un 59,6% responde “casi nunca”; el 13,9% lo hace “varias veces al año”; el 10,1% “alguna vez al mes”; el 13,3% “casi todos los domingos y festivos” y el 2,4% “varias veces a la semana”. Solo el 3,1% se declara creyente de otra religión.
Lo curioso es que, el 75,3% cree en Dios frente al 24,7% que no (el 15,8% se define como agnóstico y el 8,9% como ateo). Es decir, que el sustrato social sigue siendo religioso pero la vivencia, no. Sería interesante que una encuesta de estas características siguiera ahondando en el tema y preguntase a los entrevistados sobre las causas de este divorcio entre la convicción y la práctica.
En mi opinión, veo dos causas principales en estos resultados: el materialismo consumista reinante que se manifiesta en una pavorosa indiferencia; y la imagen deteriorada de la Iglesia católica como institución. La primera nos envuelve a casi todos, y de qué manera. Este modelo neoliberal nos arrastra hacia la indiferencia solidaria dificultando la verdadera experiencia religiosa, la práctica de la oración en escucha y el compromiso con el hermano sufriente.
La segunda causa es un problema que el Papa Francisco no se cansa de repetir por activa y por pasiva alertando del daño que ocasionan las carrearas eclesiásticas, los dogmatismos curiales y la falta de ejemplo que facilita el escándalo. Los templos se vacían de fieles y generaciones casi completas ignoran la liturgia católica. Las vocaciones sacerdotales son exiguas, los laicos pintamos poco en general y las mujeres -religiosas y monjas incluidas- son el vagón de cola. Javier Elzo recuerda en su último libro que Francisco, hace dos años en Filadelfia, dijo que el futuro de la Iglesia pasaba por los laicos y las mujeres para concluir -el sociólogo vasco- que el poder sin autoridad es lo que está en juego en la Iglesia.
Diríase que la mayoría de obispos mantiene una fe replegada y defensiva sin asomo de autocrítica que esperan a un sucesor de Francisco más propicio a sus intereses. No es de extrañar que la sociedad les dé la espalda siendo el colectivo de cristianos peor valorados (muy deficiente, según las encuestas anuales de El País, mientras que Cáritas está en el grupo de cabeza de las instituciones mejor valoradas).
De nuevo el Papa Francisco da las claves para volver al evangelio como Buena Noticia para todos: “Que nadie intente separar estas tres gracias del Evangelio: su Verdad, su Misericordia y su Alegría. Nunca la verdad de la Buena Noticia podrá ser sólo una verdad abstracta, de esas que no terminan de encarnarse en la vida de las personas porque se sienten más cómodas en la letra impresa de los libros. Nunca la misericordia de la Buena Noticia podrá ser una falsa conmiseración, que deja al pecador en su miseria porque no le da la mano para ponerse en pie y no lo acompaña a dar un paso adelante en su compromiso como expresión de una alegría enteramente personal”.
Suficiente material revelador para reflexionar ante la Pascua de Resurrección ahora que el CIS nos cuenta que la mayoría no son agnósticos ni ateos (como algunos rojeras de medio pelo tratan de convencernos) sino desencantados de una oferta religiosa carente de las tres virtudes teologales tal y como el Maestro nos enseñó a vivirlas, es decir, con el ejemplo. En palabras del profeta Casaldáliga, es tarde pero es madrugada si insistimos un poco.

COMPARANDO EL GOBIERNO DE ESPAÑA CON EL DE PORTUGAL

Xavier Caño, ATTAC. Madrid

En Portugal, el gobierno de izquierdas, formado por el Partido Socialista, el Partido Comunista y el Bloco d’Esquerdas, dice adiós a la austeridad. A diferencia de lo que le pasa al PSOE en el Reino de España, el partido socialista portugués no ha olvidado el significado de la palabra ‘socialista’. Y en julio de 2015, el Gobierno portugués de coalición que preside Antonio Costa, descartó nuevas medidas de austeridad en una carta a la Comisión Europea: “No tenemos propuestas ni medidas adicionales de austeridad para 2016 ni para 2017“, dejo claro el ministerio portugués de Finanzas.
Finalmente, en 2016, tras dos presupuestos generales de la coalición de izquierdas, Portugal ha vuelto a crecer y ha rebajado el déficit fiscal al 2,1%, cuatro décimas menos que lo exigido por el implacable Eurogrupo. Pero lo más importante es que los portugueses han recuperado salarios, pensiones y empleo en cifras anteriores al inicio de la traída y llevada crisis. Con estímulos e impulso real a la economía productiva, negada la rigidez presupuestaria exigida por Alemania, Portugal levanta cabeza.
No ocurre lo mismo en el Reino de España que gobierna el partido Popular con la insustancial complicidad de Ciudadanos y los dubitativos movimientos y abstenciones del PSOE. Lo que sucede en Madrid, Valencia, Andalucía y otras comunidades autónomas, por ejemplo, es que la ciudadanía espera mucho más tiempo que hace cuatro años para ser operados en quirófano. Y eso son riesgos. Y también muestra que algo va mal en Valencia, Granada, Málaga, Palma, Barcelona, Burgos, Madrid y otras ciudades, la formación de largas colas de miles de personas para recibir periódicamente paquetes de alimentos con aceite, arroz, leche, azúcar, pan, pasta, legumbres, zumo… Sin embargo, esas largas colas en grandes ciudades no las veréis nunca en los telediarios de ninguna televisión. Son las colas del hambre. Y del hambre no se habla.
Porque la cruda realidad es que la organización solidaria Banco de Alimentos, por ejemplo, solo en Madrid ha distribuido más de 20 millones de toneladas de alimentos para ayudar a unas 200.000 personas. Por tanto cabe concluir que hay hambre en España. Lo remacha un estudio de La Caixa sobre gente pobre en sus programas de ayuda. Según ese informe, 30.000 familias con niños pasan hambre en España y 60.000 menores de edad han pasado o pasan hambre con frecuencia.
Comen muy poco durante el día y nunca cenan, al tiempo que más de 700.000 hogares en España no tienen ingreso alguno y sobreviven por solidaridad familiar y ciudadana. Hace siete años esos hogares sin ingresos eran menos de medio millón. Sin olvidar que un 15% de trabajadores, aún con un empleo y salario, son pobres. Pobres de verdad. Lo que incluye hacer cola cada equis tiempo para conseguir un paquete de alimentos para no pasar hambre. Alimentos que no proporciona el gobierno, sino la solidaridad ciudadana.
Da igual que España ratificara en 1976 el Pacto Internacional de Derechos Sociales, que reconoce el derecho de cualquier persona a no pasar hambre y tener la alimentación adecuada en cantidad y calidad. Da igual, porque lo de este gobierno es parloteo y brindis al sol, pero no tomar medidas para asegurar ese derecho y otros contra la pobreza y la desigualdad.
Sin embargo, Mariano Rajoy, presidente del gobierno, pretende que salimos de la crisis. ¿Con estos hechos, con esos datos? Vivir para ver. Tan falaz visión nada tiene que ver con la auténtica recuperación de derechos del pueblo trabajador, que sería en verdad superar la crisis. Como en Portugal. Pero no que se recupere la minoría, élites económicas y financieras, cuyos beneficios e intereses defienden Rajoy, su gobierno y su partido con tanto ardor.
A modo de didáctico ejemplo, ¿cómo explicar que aumenten tanto los turistas en España (y los ingresos por turismo) cuando no crece un ápice el empleo en el sector ni mejoran los salarios de sus trabajadores? Solo crecen los beneficios de la minoría propietaria del sector turístico. Pero eso no es recuperación. La recuperación es de todos o no hay recuperación. Si no crece el empleo ni aumentan los salarios ni se restauran derechos laborales, estamos otra vez ante una transferencia de rentas del pueblo trabajador a la minoría rica. Y eso en modo alguno es superar la crisis. Eso en buen castellano es saqueo.

La ayuda humanitaria no acabará con el hambre


Andrés R. Amayuelas, presidente de la Coordinadora de ONG de Desarrollo

hambre4Artículo publicado en Planeta Futuro, de El País.
La humanidad afronta la peor crisis humanitaria de los últimos 70 años. Más de 20 millones de personas están al borde de la hambruna en cuatro países: Sudán del Sur, Somalia, Yemen y el nordeste de Nigeria. Tanto las organizaciones de cooperación para el desarrollo como las agencias de Naciones Unidas llevamos tiempo advirtiéndolo sin que la comunidad internacional haya sido capaz ni tan siquiera de dar una respuesta humanitaria inmediata a la altura de la gravedad de la situación. Pleno S.XXI, hambruna e indiferencia política, ¿cómo es posible?··· Ver noticia ·

A falta de curas católicos, las mujeres suben al altar en las iglesias de Portugal


AFP

Mujeres sacerdotesEn ciertas aldeas del sudeste de Portugal, la escasez de curas católicos ha llevado a varias mujeres, simples creyentes, a celebrar ellas mismas el encuentro dominical para animar la vida religiosa de estas comunidades envejecidas pero abiertas al cambio.
En la minúscula iglesia de Carrapatelo, aldea de medio centenar de casas posadas sobre una colina que da a los viñedos de la región de Reguengos de Monsaraz, Claudia Rocha, vestida de negro y con zapatillas, se dirige a una docena de fieles, mujeres mayores en su mayoría.··· Ver noticia

Javier Baeza, párroco de San Carlos Borromeo: “Francisco anuncia un Dios todo-cariñoso”


Juan Ignacio Cortés

Javier Baeza es el párroco de San Carlos Borromeo, una parroquia del barrio de Entrevías (Madrid) que, como se presenta en su página web, “ha intentado poner en práctica el mensaje evangélico de Jesús”, haciendo de la parroquia “un espacio de acogimiento e integración… para seres humanos a los que nuestra sociedad excluye”.··· Ver noticia 

miércoles, 19 de abril de 2017

Francisco denuncia el ataque que dejó un centenar de muertos en Siria

 
Jesús Bastante

Papa Francisco7El Papa pide a los líderes mundiales “el valor de evitar que se propaguen los conflictos y de acabar con el tráfico de armas”
La bendición Urbi et Orbi recordó Oriente Medio, Irak, Yemen, Sudán, Centroáfrica, Ucrania o Latinoamérica
Siria, “la amada y maltratada Siria”, fue protagonista del mensaje de Pascua del Papa Francisco. Sus palabras previas a la bendición Urbi et Orbi contaron, también, con una frase improvisada, haciendo referencia al “último innoble ataque a los prófugos que huían (en Alepo), que ha provocado numerosos muertos y heridos”.··· Ver noticia 

Francisco: “Que el mundo detenga a los señores de la guerra”


Papa Francisco7Papa Francisco en entrevista con el periódico italiano «Repubblica»: «hoy el pecado se manifiesta con toda su fuerza de destrucción en las guerras, en las diferentes formas de violencia y maltrato. Los que pagan la factura son siempre los inermes».
«Creo que hoy el pecado se manifiesta con toda su fuerza de destrucción en las guerras, en las diferentes formas de violencia y maltrato, en el abandono de los más frágiles. Y los que pagan la factura siempre son los últimos, los inermes». Lo dijo Papa Francisco al responder a las preguntas del vaticanista del periódico italiano «Repubblica» Paolo Rodari. La entrevista fue publicada este día del Jueves Santo; hoy por la tarde, el Pontífice entrará a la Casa de Reclusión de Paliano (en Frosinone) para celebrar la Misa «in Coena Domini» con el rito del lavatorio de los pies con algunos detenidos.··· Ver noticia 

Después de tres años de guerra en Yemen, el Pentágono da pasos para intensificar la masacre


Bill Van Auken

Worls Socialist Web Site
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.
El Pentágono ha solicitado formalmente a la Casa Blanca de Trump que levante las restricciones impuestas por el gobierno Obama a la ayuda militar estadounidense a la guerra casi genocida de la monarquía de Arabia Saudí contra el empobrecido pueblo de Yemen.
El lunes [27 de marzo de 2017] el Washington Post informaba de que a principios de este mes el recientemente retirado general de la Marina de Estados Unidos y secretario de Defensa James Mattis, “Mad Dog” [Perro Loco], había presentado un memorando al asesor de seguridad nacional de Trump, el teniente general del ejército de Estados Unidos HR McMaster, para que se aprobara reforzar el apoyo a las operaciones militares que llevan a cabo en Yemen tanto el régimen saudí como su principal aliado árabe, los Emiratos Árabes Unidos. Según el Washington Post, el memorando insistía en que esta ayuda militar estadounidense ayudaría a luchar contra “una amenaza común”.
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¿QUIÉN RESUCITA HOY?


¿Quién no ha sentido, en algún momento de su vida, la experiencia de morir? ¿Quién no ha sufrido el dolor físico, casi somático, de una separación indeseada, de una palabra mal dicha, de un proyecto que se trunca, de un no sentirse comprendido o aceptado?
Cada uno de nosotros lleva grabadas infinitas pequeñas muertes en su geografía íntima. A veces tan pequeñas que no dejan cicatriz visible, pero aun así muy grandes. Lo suficiente como para que nos permitan reconocer esas mismas señales de dolor en otros cuerpos y rostros: las bolsas bajo los ojos de la señora que coge el autobús a las seis de la mañana, el ceño fruncido del funcionario que apenas musita un buenos días, el temblor en la voz de quien recuerda aquel amor del pasado, la inseguridad de la adolescente que se compara con sus amigas, la frustración del que no tiene trabajo, o de quien se busca cada mañana en el espejo y no se encuentra. No hace falta tener grandes problemas para sentirnos morir un poco (¿cuántas veces habremos alzado al cielo de otros ojos nuestra plegaria sentida y sincera, como diciendo calladamente: “¿por qué me has abandonado?”).
Sí, cada uno de nosotros es un testimonio encarnado de resistencia, de resiliencia (ahora que tanto se emplea esta palabra), de aprender a respirar hondo y reencontrar el ánimo, “el ánima”, ese soplo vital que nos mantiene vivos. Porque estamos hechos para resucitar. La nuestra es una bella historia de resurrección, un milagro de fortaleza en la fragilidad que nos impulsa una y otra vez a despertar del letargo, a ponernos en pie, afianzarnos sobre la tierra, dejar atrás nuestras fosas y encierros, y seguir caminando con la cabeza erguida y el pecho descubierto. Para volver a la vida, sí, pero no a la de ayer. Resucitar es recrearnos entrañablemente: asomarnos a aquello que nos duele y acariciarlo como quien unge el cuerpo o los pies de la persona amada. Acoger, aceptar, amar, conmovernos desde las entrañas. Y atrevernos a salir, sin pudor, expuestas las heridas en señal de victoria, más conscientes de nosotros mismos, renacidos y aún dispuestos a hacerlo todo nuevo.
La anastasis es ese dinamismo interno que TODOS y TODAS experimentamos al sentirnos liberados de nuestros miedos e infiernos. De nada sirve admirar este milagro de la Pascua cristiana, este rito de paso o transición, si después no lo reconocemos en nuestra vida cotidiana. Y de poco sirve, además, esta experiencia de sanación personal si no transforma nuestro modo de contemplar a los demás y convivir con ellos. Quien ya pasó por una situación parecida comprende a quien ahora está sufriendo, sabe escuchar (porque también un día necesitó esa acogida), sabe acariciar con palabras y con gestos, domina el lenguaje de la ternura, y sabe conceder espacio, tiempo y dignidad a quienes se encuentran librando esa dura batalla. Porque un día fue también la suya; porque es la de todos.
Cada uno de nosotros está llamado a ser testimonio de resurrección para quienes no alcanzan a ver (y aguardan anhelantes) el estallido del alba. En silencio, nos decimos: “Yo pasé por ese trance que tú atraviesas hoy y salí fortalecido. Sé de tu dolor y me conmueve. Y en cuanto quiera que venga a partir de ahora, no estarás solo/a. Seguimos adelante. Estoy contigo”. Ayudarnos a morir, ayudarnos a vivir: he aquí el milagro que se entreteje cuando dos o más personas se reconocen desde la com-pasión y el amor. La radicalidad de este sentir común, de esta comunión que se llena de sentido por lo sentido, nos moviliza e interpela a adoptar una nueva manera más sensible, empática y receptiva de estar en el mundo. Renacidos una y otra vez de tantas pequeñas crisis, albergamos en nosotros un espíritu de sabiduría y fortaleza que nos impulsa a ser portadores de paz, “resucitadores” de otros.
Luego están esas otras muertes: las que nos arrancan de nuestro lado y para siempre a las personas que amamos y que nos aman, y dejan henchido de ausencia el espacio que antes ocupaba su figura. Hermoso y triste vacío habitado. Quien más, quien menos, sabe a qué me refiero. Hace algo más de dos años perdí a mi mejor amigo y no ha pasado un solo día en que no lo haya recordado. Como la Magdalena, también yo fui al sepulcro para visitar y honrar el último lugar en la tierra donde reposó el cuerpo de mi amigo. Sabía que no lo encontraría allí, que aquel nombre sobre esa lápida fría poco o nada podría decirme del hombre que yo había conocido. Fui, no obstante, porque más allá del vértigo que produce el abismo, somos materia en busca de un abrazo. Y, como hemos hecho tantos, lloré junto a su tumba la tristeza de no volver a verlo. Enterramos a nuestros muertos pensando que con ellos muere también una parte de nosotros mismos, una determinada manera de pronunciar nuestro nombre, retazos de una historia hecha recuerdos.
Transcurre el tiempo (tres días, tres meses, tres años) y, en un determinado momento, incomprensiblemente, ciertos lugares parecen reavivar en nosotros aquella presencia tan amada. Resuenan en lo profundo sus palabras, como el eco de una musiquilla que creíamos olvidada. Comenzamos a revivir instantes y destellos de experiencias compartidas. Y descubrimos con sorpresa que los consejos y enseñanzas de las personas que amamos todavía nos acompañan, nos conforman e iluminan el camino. Así debieron sentirlo los discípulos de Jesús (mi espíritu permanece con vosotros), siendo en realidad una experiencia al alcance de todos. Y cuando esto ocurre, nace en los labios (rebosa del corazón) la sonrisa cómplice y serena de quien, al fin, comprende todo. Y sabe (porque lo ha experimentado) que el milagro de la Vida que se entrega sin medida consiste en un irse dando poco a poco, en un quedarse en los demás cada vez con mayor hondura, en un dejar los corazones sembrados con la belleza de los encuentros.
También era esto, resucitar: un reavivar muy dentro esa mirada que alguien (Alguien) nos regaló un día, haciendo que ya nada volviera a ser lo mismo. Un abrirse a la certeza de un Amor partido y repartido, capaz de inaugurar otra forma de comunión y de presencia. Y un alegrarse sin medida y un agradecer el poder transformador de ese Amor. Agradecer siempre. Porque, al cabo, ¿quién no ha tenido alguna vez esta experiencia de resurrección?

DE PROFESIÓN:VIVIENTE

col zabala

Vivir no es fácil. No elegimos la existencia, fuimos traídos a ella, por un conjunto de circunstancias, mezcla del azar y de la intervención humana. Y, dentro de ambos, está -decimos los creyentes- la Providencia divina. Somos seres contingentes: de no darse esa conjunción en el espacio y en el tiempo, no habríamos llegado a la existencia. De ahí que muchos autores clásicos hablaban de la culpa de haber nacido. La vida es un don con caducidad inexorable, pero en fecha desconocida.
Hay quien se extraña de que personas creyentes puedan tener miedo a la muerte. Otras no temen ese instante, pero manifiestan su temor al proceso de morir, si resulta extremadamente doloroso o prolongado. Suele decirse que cuando un enfermo es consciente de su próximo fin, pasa por tres etapas: negación, lucha y aceptación. Pero el miedo a dejar la vida, común a muchos creyentes o increyentes, es un temor psicológico, existencial. Enfrentarse con ese final inevitable y común a todos los seres vivos, revela la tragedia de la finitud. Un creyente auténtico es quien, en expresión de Hans Küng, espera descansar en el Misterio de la misericordia divina, a pesar de sus dudas e inseguridades.
¿No hemos de vivir plenamente, sin acobardarnos encerrados en recuerdos asfixiantes del pasado, ni temiendo futuros posibles que probablemente no lleguen a la realidad? Saborear cada instante del presente que es lo único que tenemos, aunque esté preñado de posibilidades heredadas del ayer y de proyectos para el mañana. Y ese vivir a plenitud es con-vivir; los seres humanos no podemos existir en soledad, aunque necesitemos espacios de soledad y de silencio para entregarnos de lleno a nuestra realidad de relaciones con otras personas y demás entes del mundo, en diálogo de palabras y contactos.
Hace poco escuchábamos a un amigo médico, pero jubilado activo pues sigue aplicando voluntariamente sus conocimientos médicos a asociaciones y personas que los necesitan. Dijo que los males de nuestra sanidad derivan de que hay pocos profesionales y muchos proletarios. No creo que tuviera una intención clasista, como si ser médico fuera una casta superior a los demás trabajadores. Más bien aludía a quienes ejercen su trabajo llevados de su vocación de servicio y no motivado sólo por la remuneración y por realizar su trabajo pensando en el cumplimiento del horario fijado. Cierto es que hay médicos que miran a sus pacientes, escuchan sus dolencias, se esfuerzan en el reconocimiento directo antes de cualquier prueba de diagnóstico, no miran el reloj, sino que, a través del diálogo terapéutico, curan más que con las medicinas que recetan. Pero el sistema institucionalizado de sanidad no favorece este tipo de conducta; los recortes con la escasez de personal y la rigidez de los minutos a "perder" con cada paciente impulsan a una práctica cada mi más despersonalizada. Y esto que experimentamos en el aspecto sanitario, ¿no se produce cada vez más en casi todos los aspectos de la vida?, ¿no es fruto del sistema neoliberal con su mercantilización de la sociedad, por su competitividad y búsqueda del máximo beneficio a corto plazo?
Conforme aumenta nuestra edad y superamos la fecha de la jubilación, nos puede resultar más difícil contestar a la pregunta ¿cuál es tu profesión? De la que ejercimos ya somos unos ex, aunque el aprendizaje adquirido en ella forme parte de nuestra biografía. Identificarnos como jubilados es reconocernos como sin profesión. ¿No es el tiempo para descubrir -si no lo habíamos hecho antes- nuestra más profunda y auténtica profesión: la de vivientes? Las anteriores no pasaban de ser profesiones minúsculas que no desvelaban nuestra identidad más radical. Pero ser Vivientes no es fácil, hay muchos, jóvenes y mayores, que no pasan de ser Sobrevivientes: personas que son arrastrados por los avatares que les suceden, que no han empezado a ser protagonistas de su propia existencia. Hay los también Vividores: sólo piensan en sí mismos y emplean a los demás como meros instrumentos para sus fines; el goce inmediato, su nula resistencia a la adversidad y su incapacidad para la empatía les convierte en parásitos sociales. Y ¿no podemos llegar a ser Vivientes auténticos que hagan de la vida su profesión, al descubrir su sentido pleno: amar a quienes nos rodean, luchar por un mundo justo y merecer ser amados?

TESTIMONIOS NO CRISTIANOS DE LA EXISTENCIA DE JESÚS DE NAZARETH


¿Padeció bajo el poder de Poncio Pilato? De la existencia de Jesús de Nazareth no duda ningún historiador serio. Para el historiador especializado en culturas antiguas Michael Grant, ya fallecido, hay más evidencia de que existió Jesús que la que tenemos de famosos personajes históricos paganos. También James H. Charlesworth escribió: «Jesús sí existió y sabemos más de él que de cualquier palestino judío antes del 70 d.C.». E. P. Sanders en «La figura histórica de Jesús» afirma: «Sabemos mucho sobre Jesús, bastante más que sobre Juan el Bautista, Teudas, Judas el Galileo y otra de las figuras cuyos nombre tenemos de aproximadamente la misma fecha y el mismo lugar». y F.F. Bruce, autor de «¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento?», sostiene que «para un historiador imparcial, la historicidad de Cristo es tan axiomática como la historicidad de Julio César».
«La muerte en cruz es el hecho histórico mejor atestiguado de la biografía de Jesús», señala a ABC Santiago Guijarro, catedrático de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca.
Jesús no fue considerado como significativo por los historiadores de su tiempo. Si aparece en la literatura pagana y judía de la época fue por el empuje de los cristianos que le siguieron. «Ninguno de los historiadores no cristianos se propuso escribir una historia de los comienzos del cristianismo, y por esta razón sólo mencionan los acontecimientos que tenían alguna relevancia para la historia que estaban contando. Sin embargo, el valor de estos datos puntuales es muy grande», explica Guijarro en «El relato pre-marcano de la Pasión y la historia del cristianismo».
El historiador norteamericano John P. Meier relata en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico» cómo «cuando en conversaciones con gente de la prensa y el libro (...) ésta fue casi invariablemente la primera pregunta: Pero ¿puede usted probar que existió? Si me es posible reformular una interrogación tan amplia en una más concreta como «¿Hay pruebas extrabíblicas en el siglo I d.C. de la existencia de Jesús? Entonces creo que, gracias a Josefo (Flavio Josefo), la respuesta es sí».
Flavio Josefo (93 d.C.)
El historiador judío romanizado (37 a 110 d.C.) recoge en el texto conocido como «Testimonium flavianum» de su libro «Antigüedades judías (91-94)» una referencia a Jesús que si bien se cree que fue retocada con las frases abajo entre paréntesis, se considera auténtico: «En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, (si es lícito llamarlo hombre); porque fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. (Él era el Mesías) Y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los principales de entre nosotros lo condenó a la cruz, los que antes le habían amado, no dejaron de hacerlo. (Porque él se les apareció al tercer día de nuevo vivo: los profestas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él) Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido».
En Ant. 20.9.1. también hace referencia a «Jesús, que es llamado Mesías» al dar cuenta de la condena a Santiago a ser apedreado.
Tácito (116 d.C.)
El historiador romano (56 a 118 d.C) menciona a «Cristo» en sus «Anales» escritos hacia el año 116 d.C. al hablar sobre Nerón y el incendio de Roma en el año 64. Informa de la sospecha que existía de que el propio emperador había ordenado el fuego y recoge cómo «para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba “crestianos”, [un grupo] odiado por sus abominables crímenes. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato. Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo, no sólo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde convergen y se cultivan fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo».
Los historiadores consideran a Flavio Josefo y Tácito como los testimonios primitivos independientes relativos al mismo Jesús más consistentes, aunque también hay otras fuentes que recogen datos sobre los primeros cristianos:
Plinio, el joven (112 d.C.)
Procónsul en Bitinia del 111 al 113 y sobrino de Plinio el Viejo. Se conservan 10 libros de cartas que escribió. En la carta 96 del libro 10 escribe al emperador Trajano para preguntarle qué debía hacer con los cristianos, a los que condenaba si eran denunciados. En ella cita tres veces a Cristo y señala que los cristianos decían que toda su culpa consistía en reunirse un día antes del alba y cantar un himno a Cristo «como a un dios»: «Decidí dejar marcharse a los que negasen haber sido cristianos, cuando repitieron conmigo una fórmula invocando a los dioses e hicieron la ofrenda de vino e incienso a tu imagen, que a este efecto y por orden mía había sido traída al tribunal junto con las imágenes de los dioses, y cuando renegaron de Cristo (Christo male dicere). Otras gentes cuyos nombres me fueron comunicados por delatores dijeron primero que eran cristianos y luego lo negaron. Dijeron que habían dejado de ser cristianos dos o tres años antes, y algunos más de veinte. Todos ellos adoraron tu imagen y las imágenes de los dioses lo mismo que los otros y renegaron de Cristo. Mantenían que la sustancia de su culpa consistía sólo en lo siguiente: haberse reunido regularmente antes de la aurora en un día determinado y haber cantado antifonalmente un himno a Cristo como a un dios. Carmenque Christo quasi deo dicere secum invicem. Hacían voto también no de crímenes, sino de guardarse del robo, la violencia y el adulterio, de no romper ninguna promesa, y de no retener un depósito cuando se lo reclamen».
Trajano contestó a Plinio diciéndole que no buscara a los cristianos, pero que, cuando se les acusara, debían ser castigados a menos que se retractaran.
Suetonio (120 d.C.)
El historiador romano (70-140 d.C.) hace una referencia en su libro «Sobre la vida de los Césares» donde narra las vidas de los doce primeros emperadores romanos. En el libro V se refiere a un tal «Chrestus» al mencionar la expulsión de los judíos de Roma ordenada por el emperador Claudio: «Expulsó de Roma a los judíos que andaban siempre organizando tumultos por instigación de un tal Chrestus».
La mayoría de los historiadores coinciden en que Chrestus es Cristo porque era frecuente que los paganos confundieran Christus y Chrestus y no existe ningún testimonio sobre ningún Chrestus agitador desconocido.
En los Hechos de los Apóstoles se recoge este acontecimiento: «[Áquila y Priscila] acababan de llegar [a Corinto] desde Italia por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma».
Luciano (165 d.C.)
El escritor griego Luciano de Samosata satiriza a los cristianos en su obra «La muerte de Peregrino»: «Consideraron a Peregrino un dios, un legislador y le escogieron como patrón…, sólo inferior al hombre de Palestina que fue crucificado por haber introducido esta nueva religión en la vida de los hombres (...) Su primer legislador les convenció de que eran inmortales y que serían todos hermanos si negaban los dioses griegos y daban culto a aquel sofista crucificado, viviendo según sus leyes».
Mara Bar Sarapión (Finales del siglo I)
Existe una carta de Mara Ben Sarapión en sirio a su hijo en la que se refiere así a Jesús, aunque no lo menciona por su nombre: «¿Qué provecho obtuvieron los atenienses al dar muerte a Sócrates, delito que hubieron de pagar con carestías y pestes? ¿O los habitantes de Samos al quemar a Pitágoras, si su país quedó pronto anegado en arena? ¿O los hebreos al ejecutar a su sabio rey, si al poco se vieron despojados de su reino? Un dios de justicia vengó a aquellos tres sabios. Los atenienses murieron de hambre; a los de Samos se los tragó el mar; los hebreos fueron muertos o expulsados de su tierra para vivir dispersos por doquier. Sócrates no murió gracias a Platón; tampoco Pitágoras a causa de la estatua de Era; ni el rey sabio gracias a las nuevas leyes por él promulgadas».
Celso (175 d.C.)
En «Doctrina verdadera» ataca a los cristianos. Aunque no se conserva su libro, sí muchas de sus citas por la refutación que escribió Orígenes unos 70 años después.
«Colgado» en el Talmud
El gran erudito judío Joseph Klausner ya escribió a principios del s.XX que las poquísimas referencias del Talmud a Jesús son de escaso valor histórico. En el tratado Sanhedrin 43a se menciona a «Yeshú»: «Antes pregonó un heraldo. Por tanto, sólo (inmediatamente) antes, pero no más tiempo atrás. En efecto contra esto se enseña: ´En la víspera de la pascua se colgó a Jesús´. Cuarenta días antes había pregonado el heraldo: ´Será apedreado, porque ha practicado la hechicería y ha seducido a Israel, haciéndole apostatar. El que tenga que decir algo en su defensa, venga y dígalo´. Pero como no se alegó nada en su defensa, se le colgó en la víspera de la fiesta de la pascua».
«Muy probablemente el texto talmúdico se limita a reaccionar contra la tradición evangélica», considera John P. Meier en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico»

M. Arrizabalaga
ABC

martes, 18 de abril de 2017

¿Es o no posible un mundo en paz?


Xavier Garí de Barbarà

[El Ciervo] Desde siempre el ser humano se ha cuestionado sobre la paz en el mundo. Probablemente, en los últimos años ha sido más recurrente porque la actualidad política mundial es cada vez más imprevisible y extremecedora. ¿Podemos dar hoy una respuesta clara a esta pregunta?: ¿es o no posible un mundo en paz?
Suele sentenciarse que la Historia de la humanidad es la historia de un cúmulo de violencias sucesivas, convertidas en batallas y guerras sanguinarias, lideradas por dictadores y tiranos que han convertido al ser humano en una especie de depredador insaciable. Pero se ignora una parte muy importante y mayoritaria de la Historia, que es la que ha trabado una larga trayectoria pacífica y pacifista, que lleva milenios desarrolándose discreta y a veces silenciosamente.··· Ver noticia 

Cuestión de principios II

Jaime Richart
El último rasgo de la mentalidad restringida a un gru­po, a un pueblo o a una comunidad es ser una condensa­ción in­teriorizada de la vida social. Difícilmente destruc­tible desde fuera y difícil de empañar desde dentro…
El caso es que, así las cosas, en la actualidad podemos dis­tinguir en España las siguientes mentalidades yuxta­puestas:
La primera es la de los “viejos conservadores” que pro­fesan a ojos vista el residual del ideario dictatorial (léase autoritarismo, militarismo, fanfarronería, confrontación, ventajismo), eso sí, actualizado, que quedó larvado entre al­tas dosis de pensamiento católico genuino hispano, adusto e intolerante. La otra mentalidad es la que irrum­pe a caba­llo de ese socialismo gradualmente rebajado que colaboró con ellos para “fabricar” la transición. La tercera es la que hace acto de presencia, dificultosamente, a lo­mos del co­munismo democrático que, desde los comien­zos y por su exigua representación parlamentaria, vino desempeñando un papel testimonial de la conciencia humanista hasta ayer.
La mentalidad de los “conservadores” es la de todos cuan­tos permaneciendo al final de la dictadura en el po­der pro­visional, elaboraron la Constitución y prepararon otras le­yes encubiertamente protectoras de sus intereses, tanto de los ya adquiridos históricamente como los usur­pados du­rante el franquismo, y cocinaron así el modelo político. De ese modo y luego a través del partido político en torno al que se organizaron, se aseguraban a sí mis­mos y a los de su clase social su estatuto privilegiado de siempre; lo que sig­nificaba que no perderían nunca de­masiado poder político ni de facto. Aquel insólito tránsito a la democracia, después de una guerra civil y de una ti­ranía de cuarenta años, no fue si no una variante de pacto social, más bien “una conce­sión” a la española, de los po­deres de facto. Un pacto que, a diferencia del habido en otros países europeos en otro tiempo entre el pueblo, la nobleza y el rey en el que estaban presentes las clases más o menos populares, en el caso es­pañol fue vertical. Pues un ministro del dictador y seis acomodados que se prestaron a ello (los padres de la Cons­titución) elegidos por él mismo, los albaceas del franquis­mo, fueron quie­nes prepararon una Constitución para que el pueblo, que sentía en su nuca la amenaza de un ejército más franquis­ta que Franco y el riesgo de un nuevo golpe militar, la re­frendase cuanto antes, y así, de prisa y corrien­do, se pa­sase página a la dictadura y tuviese lugar el cam­bio del marco político. Y así sucedió. Lo que en cierto mo­do ex­plicaría posteriormente (de no haber estado reiterada­mente amañados) el alto número de sus fieles en los pro­cesos electorales subsiguientes, más por los tics autorita­rios y de blandengue religiosidad que encierran los prin­cipios de esa mentalidad que les resultaba familiares, que por una ideología difusa, desprovista de otro contenido que no fue­sen aspavientos catolicistas y patrióticos para mejor encu­brir a lo largo de los años sus artes en el sa­queo de los cau­dales públicos.
En cuanto a la mentalidad de una parte de los recién lle­gados, los socialdemócratas españoles, podemos decir que la base de su mentalidad estaba en la adhesión in­condicional a la república. Sin embargo, pronto renuncia­ron a promover un referéndum sobre la forma de Estado y renegaron de la forma republicana de gobierno. Hasta tal el extremo eso es así, que han terminado siendo más fervoro­sos de la monarquía que los mismísimos conser­vadores postfranquistas que habían propiciado la ley de sucesión.
Y por lo que se refiere a la mentalidad de los otros re­cién llegados, los eurocomunistas, hemos decir que su protago­nismo siempre estuvo en sus llamadas a la con­ciencia social y a los derechos humanos. Pero el miserable argumento de su menor representación númerica en las urnas y por con­siguiente en las instituciones, ha bastado para ser ningu­neada por un bipartidismo virtual al que convenía eliminar a un adversario. Y eso hicieron las dos mentalidades pre­ponderantes. Nunca la escucharon ni plasmaron iniciativa suya legislativa alguna. Ni la del franquismo disfrazado, ni la de los socialdemócratas que ayudaron a abrir las puertas a lo que luego, poco a poco, se ha ido revelando como farsa democrática en buena medida por todas estas maniobras y por haber cerrado en falso la honda herida dejada por la guerra civil.
Es por todo ello por lo que, con un aggiornamiento del len­guaje de los valores universales y de la justicia social de siempre, reaccionan los espíritus de la nueva mentalidad, la “joven”; mentalidad dotada del ímpetu de quienes se saben poseedores de razones poderosas para empujar los cambios imprescindibles por todos los moti­vos expuestos, fundién­dose en lo esencial con la euroco­munista que había estado prácticamente silenciada.
  
Pero la distancia entre esas mentalidades (aparte las coin­cidencias bipartidistas apuntadas) no sólo se detecta en el parlamento y entre las distintas generaciones. Tam­bién en­tre individuos de la última generación, que du­dan. Que dudan entre adherirse a quienes exhiben incli­nación hacia los viejos valores aun desfigurados de la dictadura, o abra­zar los nuevos; “nuevos”, pero realmente muchos más vie­jos que los otros al estar fundamentados en el humanismo y en los ideales de igualdad y de justi­cia social republicanos. Dos opciones igualmente reaccio­narias, pero respondiendo la primera a la nostalgia de la vida, pública y privada, tute­lada por la religión y por la disciplina cuartelera del autori­tarismo, con el añadido ahora de ribetes pseudo democráti­cos, y la segunda, atendiendo a la vieja aspiración de hacer de la igualdad, de la justicia social y del humanismo el eje de la vida po­lítica y pública que, salvo brevísimos períodos en España, por unas causas o por otras nunca ha acabado de cuajar.
La cosa es que, no ya la ideología difusa de un partido po­lítico sino la mentalidad ultraconservadora, vuelve a impo­nerse. Vuelve a imponerse, más allá del recuento de los vo­tos y del juego de las mayorías electorales, que es otro can­tar. La consecuencia, pues, no puede ser otra que el inmovi­lismo, y recientemente una involución; un in­movilismo fus­tigado sólo por la lucidez de la joven men­talidad que inten­ta abrirse paso como savia nueva, y que denuncia una y otra vez la sentina al descubierto en cualquier rincón de la sociedad española.

Por eso la sociedad española hierve, pues aunque la en­tusiasta mentalidad del nuevo partido no se ha asentado todavía, aunque dificultosamente va reflejándose su espí­ritu en una gobernanza aún secuestrada por las usuales maniobras reaccionarias de un poder eclesiástico español que hurta las nuevas orientaciones del papa, y de quie­nes retienen el poder político hasta donde éste alcanza, en am­bos casos reforzado con argucias legales de burdo o fino encaje a cargo de las instancias judiciales. 

El crucificado y los crucificados


Fernando Bermúdez, teólogo

Cristo Campesino 1“Jesús murió como un fracasado”
“Anunció un mundo nuevo, sin ambiciones, sin discriminaciones, sin violencia”
Porque sólo el que reconoce al crucificado en los crucificados de hoy experimentará la gloria de la Vida eterna
Estamos asistiendo estos días a los desfiles procesionales conmemorando la pasión y muerte de Jesús. Es una explosión religiosa y artística. Bellas imágenes, tronos adornados de flores, tambores, música…··· Ver noticia ··

8.500 personas rescatadas del Mediterráneo en los últimos tres días


Emigrantes
Los equipos costeros han recuperado 13 cadáveres, aunque se estima que hay más.
Otros 2.000 inmigrantes han sido rescatados este domingo en el Mediterráneo Central y se recuperaron siete cadáveres de un naufragio, aunque se temen que haya más muertos, según la Guardia Costera italiana y las ONG que operan en esta zona.
La Guardia Costera, que coordina las operaciones en el Canal de Sicilia, explicó a Efe que hoy se rescataron a unos 2.000 inmigrantes en 21 operaciones, aunque el número es estimado ya que no se tienen aún datos oficiales, pues en los rescates participaron medios privados, como dos barcos mercantes que se acercaron a ayudar.··· Ver noticia 

El Papa en Vigilia Pascual: Dejemos el sepulcro y la tristeza porque ¡Cristo está vivo!


Álvaro de Juana

Papa Francisco7VATICANO, 15 Abr. (ACI).- “Vayamos a anunciar, a compartir, a descubrir que es cierto: el Señor está Vivo”. Con estas palabras el Papa Francisco animó en la Vigilia de Pascua a no quedarse encerrados en el sepulcro, sino a resucitar con Cristo, y advirtió de que si no somos capaces de hacerlo es que “no somos cristianos”.··· Ver noticia ··

La Pascua del desarme

José Arregui
José Arregui1Amiga, amigo, hoy es Pascua, que significa paso. Celebramos que todo pasa pero nada se pierde, que todo se mueve y se renueva como la luna y la primavera, que ninguna muerte es definitiva y ninguna vida está condenada, que la bondad y la vida triunfan a pesar, mejor, a través de todos los daños y muertes. Mira el laurel en flor. Escucha el canto del zorzal. Siente el pulso de los pueblos pobres.
Jesús de Nazaret es para los cristianos la imagen por excelencia de la pascua universal, porque pasó la vida haciendo el bien. Y por ello fue condenado por el Sanedrín judío y crucificado por el poder romano, pero por eso mismo confesamos que resucitó: por la vida buena y eterna que vivió. La fe en la resurrección de Jesús no proclama que sucedieran milagros sobrenaturales, tumba vacía y apariciones físicas, sino que la vida de Jesús, su rebeldía pacífica, su fe en el futuro, su bondad feliz no quedaron sepultadas bajo una losa fría. Y que todo paso hacia el bien, por pequeño que sea y no exento de equívocos, también es pascua de la vida, como la de Jesús.
Por eso saludo como signo pascual el desarme de ETA –unilateral, definitivo y sin contrapartidas–, que tuvo lugar el pasado sábado 8 de abril en Bayona (País Vasco francés). Claro que una verdadera Pascua del desarme exigiría muchos más pasos y desarmes infinitamente más importantes –ante todo y sobre todo el desarme del Pentágono, de Rusia y de China, los más poderosos, y el desarme de los poderes económico-financieros, los más asesinos y terroristas, como afirma el papa Francisco–, pero saludo y celebro el desarme de ETA como una llamita pascual. Por eso estuve en Bayona el 8 de abril. La luna de la Pascua estaba creciendo.
Estuve en Bayona porque llevaba más de 40 años soñando que sucediera y temiendo que nunca lo fuera a conocer. Por fin iba a suceder, y había que estar allí. He estado en muchas manifestaciones contra ETA: ¿cómo no participar en esta última manifestación, celebrando su desarme final? Estuve allí conteniendo el aliento hasta el último momento, porque parecían ser muchos y fuertes quienes se resistían a que el desarme se diera, al menos de esa forma. Pero el hecho era más importante que la forma, más importante que los motivos íntimos que cada uno llevara, más importante que los legítimos proyectos políticos que cada uno persiga.
Estuve en Bayona para recordar con pena a las víctimas de la violencia injusta de connotación política desde 1960, a todas y cada una de ellas: 837 asesinados por ETA y grupos derivados, 167 asesinados desde 1960 –fuera de enfrentamientos armados– por las Fuerzas de Seguridad del Estado español y por fuerzas paramilitares. Cada víctima es única. Cada una de ellas sin excepción, cada familia y cada persona que aún sigue herida merece reconocimiento, reparación, cuidado. Cada una me pide ponerme en su lugar.
Estuve en Bayona para mostrar mi gratitud a todas las personas y organizaciones que han hecho posible que llegara ese día, a todos los “artesanos de la paz” que arriesgaron y no desistieron ni en los peores momentos, a Jesús Egiguren y Arnaldo Otegi y Pello Rubio (el anfitrión del caserío Txillarre, Elgoibar), a Jonan Fernández y tantos otros, a los mediadores internacionales, al arzobispo de Bolonia Matteo Zuppi. Me hubiera gustado agradecer a los obispos vascos, pero todos ellos se han sentido ajenos y han estado ausentes de esta pascua del desarme: grave y lamentable ausencia.
También estuve en Bayona porque no comparto el esquema de vencedores y vencidos al que muchos siguen aferrados. Es un lenguaje de guerra, y a la guerra se va a matar. ¿No adoptan peligrosamente la lógica militar de ETA? La guerra es la mayor derrota. Y quienes repiten que “ETA ha fracasado” ¿acaso sugieren que hubiese sido legítima la guerra de ETA si no hubiese fracasado? La guerra es el mayor fracaso.
Estuve en Bayona, por fin, porque aún quedan muchas heridas que curar, mucha paz y convivencia que construir, muchas tumbas y cárceles que vaciar. Quedan muchas palabras, actitudes, leyes, banderas y patrias que desarmar. Queda mucha vida buena y feliz que resucitar como la vida de Jesús, y esa Pascua no será sin nosotros.
José Arregi
(Publicado el 16 de abril de 2017 en DEIA y en los Diarios del Grupo NOTICIAS)