FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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SAN JUAN BOSCO (Pinchar imagen)

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

ESTE ES EL BLOG OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO SAN PAULINO DE NOLA
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ATALAYA ENERO 2025

miércoles, 12 de febrero de 2025

¿REDUCCIÓN DE JORNADA?


col martell

 

No me atrae especialmente la tan polémica propuesta de Yolanda Díaz. No estoy entusiasmado por la reducción de la jornada. No me convence ese eterno regateo; no veo, con todos los respetos, en los sindicatos un factor emancipador de la persona en el sentido más integral y holístico. 

Sé que es una mirada a largo plazo, pero conviene empezarla a esbozar. Quizás no nos sobren tanto las horas, sino que adolezcamos de una tarea que nos colme y apasione, de un trabajo en el que las horas vuelen y nunca las miremos, ni siquiera de reojo. Postulamos un trabajo en el que podamos volcar todos nuestros dones, nuestro potencial creativo y por lo tanto de servicio. El trabajo no nos proporciona únicamente un sueldo, sobre todo conlleva una posibilidad de servir al mundo. Conviene por su puesto contemplar la conciliación familiar, conviene también que las fronteras entre el trabajo y el ocio vayan poco a poco desapareciendo. Entonces nadie polemizará por las horas. 

No sé si hay que pelearse por rascar horas al empresariado. Quizás convenga aplicarse en el diseño de una sociedad que contemple un lugar laboral adecuado para cada quien, en el que todos encontremos nuestro puesto feliz, la labor que nos confiere plenitud. 

Muchos amigos cuentan con ilusión los días para la jubilación. Deberíamos contar con pena los días que nos restan para servir a la humanidad. Quisiéramos teclear hasta que la vista no atine a ver los trazos de nuestro presente, hasta que los dedos no tengan fuerza para hundir el signo o la letra, hasta que estas palabras carezcan de significado. 

Estamos porque las tareas más ingratas, aún sin automatizar, ésas que nadie quiere, ésas que piden mirar al reloj, las hagamos entre todos los que físicamente podemos. En el País Vasco algo de eso representa el "auzolan". Hay entrañables tradiciones que merecen su "2.0".

Podemos recuperar el trabajo comunitario para aquellas tareas más desagradables. Podemos recuperar el espíritu ghandiano de asumir, en la medida de lo posible, el mayor número de cuidados propios y de quienes nos rodean. A voluntad propia, Ghandi era de los que trajinaban con la basura en los primeros "asrhams" que el apóstol de la no-violencia creó en India. Un " Mahatma", es decir uno de los humanos más grandes y nobles de nuestros días, fue durante mucho tiempo el encargado de los desperdicios de su propia comunidad. Algo de este idealismo adolece nuestro presente tan cronometrado en todos los ámbitos. Ghandi oraba, hilaba, departía, escribía, llevaba a su pueblo a la libertad... y de paso también sacaba la basura suya y de sus hermanos. 

¿Cuánta nostalgia de aquel "mequetrefe en pañales", así refería al propio Ghandi Winston Churchil, en la hora en que tanto rehuimos aquello de volcarnos en el prójimo sin tiempo, ni medida? No queremos que nos reduzcan la jornada, queremos que Dios nos proporcione salud, para acabar todos los días felizmente cansados al culminar las horas comprometidas. 

 

LA NATURALEZA NO PERDONA NUNCA


col koldo

 

“Dios perdona siempre; los humanos perdonamos algunas veces; la Naturaleza no perdona nunca”.

Esta frase se atribuye al naturalista Félix Rodríguez de la Fuente (fallecido en trágico accidente en 1980). Si la frase no es suya, podría serlo porque refleja su mentalidad.

Los que hemos dedicado una parte de nuestra vida al estudio, la investigación y la docencia en Ciencias de la Tierra y Filosofía de la Naturaleza percibimos la hondura y certeza de esa frase. Pero puede ser ilustrativa una reflexión sobre qué es lo que se entiende en el mundo de la filosofía por “Naturaleza”. Y eso es fundamental para poder entender que “la Naturaleza no perdona nunca”.

Las personas que no han tenido la fortuna de tener una adecuada “alfabetización científica”, cuando intentan describir lo que es la Naturaleza, asocian esta palabra con las plantas, los animales, el aire que respiramos. Y tienen parte de razón. Algunos, incluso, la asocian con el sistema solar y con el universo. Y no les falta parte de razón.

Pero la palabra “Naturaleza” (y aquí por influencia de Pierre Teilhard de Chardin, la escribimos con letra mayúscula) es mucho más compleja y ambiciosa. Tiene su origen en la filosofía griega de hace 2.500 años. Para aquellos viejos pensadores, la “Physis” (de la que deriva la palabra “Física”) es el estudio de la parte de la realidad no controlada por el ser humano. Alude al “origen” de todas las cosas, a un “orden” de realidades (de ahí la palabra “cosmos” = orden) que escapan a nuestro control (como era el ciclo del día a la noche, o las estaciones del año)

Pero la palabra “Naturaleza”, a lo largo de la historia del pensamiento humano, ha evolucionado, ha madurado. Hoy, la palabra “natural” se contrapone a lo “artificial”, e incluso a lo “cultural” y más modernamente a “lo virtual”.

Los humanos nos vivimos y dependemos de un complejo sistema de factores naturales (no controlables por el ser humano) y que nos permiten, en interacción con ellos, sobrevivir en un universo hostil. Después de una larga aventura que se estima en 14 mil millones de años, la masa informe del universo se fue condensando en átomos, en materia, en galaxias, en sistemas y en planetas. Y en uno de ellos, muy apartado del centro de nuestra galaxia, la Via Láctea, surgió hace unos 4 mil millones de años una extraña propiedad de unos sistemas materiales a la que hemos llamado “la vida”. Y hace unos dos millones de años, unos rudimentarios mamíferos comenzaron a caminar, construir herramientas y a vivir en sociedad y a comunicarse. Ahora les llamamos “humanos”. Pero este largo camino (cuya antigüedad nos es inimaginable) solo ha sido posible porque todo el conjunto ha constituido un “sistema” enormemente complejo, contingente (no azaroso), con propiedades emergentes que han propiciado un proceso al que desde la ciencia y la filosofía se ha denominado como “Evolución”. Y hace casi cien años, el biólogo Theodosius Dobzhanky sentenció que “nada se explica en el Universo si no es bajo el prisma de la Evolución”.

En la actualidad, la palabra “Naturaleza” no se puede separar de la palabra “Evolución”. En un universo enigmático como es el nuestro, los seres humanos dependemos continuamente de las propiedades evolutivas y emergentes del sistema natural. Existimos porque existen las famosas cuatro fuerzas físicas universales que dan estabilidad a la realidad. ¿Qué sería de nosotros si se alterase la fuerza de la gravedad?

Un amigo me decía que “vivimos de milagro”. Es verdad. La supervivencia de la vida sobre la Tierra (y por ende la vida humana) depende de la estabilidad de una serie compleja de variables. Por eso, los intentos – muchas veces movidos por el dinero – de determinados grupos de poder de querer presionar tanto a la Naturaleza, de modo que los efectos colaterales sean irreversibles, deben ser frenados. El cambio climático (del que nadie puede dudar) es uno de los efectos colaterales perversos. Pero hay otros muchos.

Sin caer en histerias conspiranoicas, es necesario movilizarse. Es una tarea prioritaria de la sociedad civil el presionar sin violencia a los gobiernos y corporaciones (con más poder que muchos gobiernos) para evitar el deterioro trepidante de la armonía de la humanidad con la realidad natural. Y recordemos que la “Naturaleza” es incontrolable y que, además, no perdona nunca.

 

Leandro Sequeiros. Presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta)

DAVID NEUHAUS: “EL PLAN PARA EXPULSAR A LOS PALESTINOS DE GAZA PARA MÍ ES COMO UNA PATADA EN EL ESTÓMAGO”


col kowalski

 

«No tenemos prisa». Con estas palabras, el expresidente de Estados Unidos Donald Trump dio este pasado domingo un detalle clave sobre el plan de reconstrucción y desarrollo de la Franja de Gaza bajo control directo de Washington, esbozado la semana pasada durante la visita del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

En declaraciones a la prensa a bordo del Air Force One, mientras viajaba a Nueva Orleans para presenciar la Super Bowl, Trump afirmó que Gaza debe considerarse «un gran sitio inmobiliario» y que Estados Unidos «tomará posesión de él y lo desarrollará lentamente, muy lentamente», con el objetivo de «aportar estabilidad a Oriente Medio». Desde Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, al ser preguntado sobre el «plan Trump» para Gaza, se ha mostrado cauto: «Por ahora no conocemos los detalles, así que debemos ser pacientes».

Por su parte, el padre David Neuhaus, jesuita israelí y profesor de Sagrada Escritura, no oculta su conmoción. En declaraciones a Agencia Fides, califica las conjeturas sobre el futuro de Gaza como «una patada en el estómago». Neuhaus, nacido en Sudáfrica en el seno de una familia judía alemana que huyó del nazismo en los años treinta, ha sido vicario patriarcal del Patriarcado Latino de Jerusalén para los católicos de habla hebrea y para los migrantes.

Padre Neuhaus, ¿qué consideraciones se pueden hacer ante las recientes propuestas que han surgido sobre el futuro de Gaza?

El presidente estadounidense Donald Trump tiene una visión para Gaza, que compartió con el mundo el 4 de febrero de 2025. El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, estaba de visita con él. Fue como una patada en el estómago. Y ni siquiera soy palestino. Soy israelí.

¿A qué se refiere en concreto?

El plan audazmente proclamado por Trump es transformar la Franja de Gaza, de los montones de escombros dejados por la campaña militar de Israel, en una zona costera preciada. En esta visión, no hay lugar para la población que considera Gaza su hogar. Esta población debe ser reubicada (y no está claro dónde). Se trata de una etapa más en la expulsión de los palestinos de Palestina....

¿Ve lo que está ocurriendo como parte de un proceso?

Es un proceso que comenzó hace mucho tiempo. También provocó la concentración de la población palestina en la Franja de Gaza. Fue en 1947/1948 cuando la población de Gaza se triplicó con creces con la afluencia de quienes fueron expulsados por los israelíes de sus hogares dentro de Israel, lo que convirtió a Gaza en una de las zonas más densamente pobladas del mundo. Trump sólo ha hablado de Gaza, pero el gobierno de Netanyahu ya ha empezado a trabajar en Cisjordania, sembrando una destrucción similar a la de Gaza en las ciudades de Yenín y Tulkarem. Miles de palestinos ya han sido expulsados de sus hogares.

¿Son las nuevas ideas sobre el futuro de Gaza la única forma de imaginar el presente y el futuro del Estado judío en el contexto del Oriente Medio actual?

La visión de Trump y Netanyahu contrasta con la de Peter Beinart, periodista judío estadounidense. Recomiendo su último libro, “Being Jewish after the Destruction of Gaza: An Assessment”, como antídoto al discurso de los líderes de Estados Unidos e Israel.
Beinart replantea la identidad judía a la luz de los últimos acontecimientos, insistiendo en que el único camino para Israel es garantizar la igualdad de todos sus ciudadanos. Como hijo de judíos sudafricanos, ha asimilado plenamente el mensaje de la lucha contra el apartheid. Otra voz crítica es la de la activista israelí Orly Noy, presidenta del Centro de Información Israelí para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados (B’Tselem). En un reciente pronunciamiento, ha afirmado: “La guerra solo terminará cuando la sociedad israelí comprenda que no solo es inmoral, sino también imposible garantizar nuestra existencia mediante la opresión y el sometimiento de otro pueblo. Las personas a las que encarcelamos, bombardeamos, matamos de hambre y despojamos de su libertad y su tierra pueden reclamar exactamente los mismos derechos que nosotros, hasta la última nota”.
(GV) (Agencia Fides 10/2/2025)

 

Agencia Fides

Religión Digital - 11.02.2025

GABRIEL Mª OTALORA: "SER BUENA PERSONA ES UNA CARACTERÍSTICA DE LAS PERSONAS INTELIGENTES DE VERDAD"


col kowalski

 

Amar es la mejor y la más inteligente inversión para la persona humana. Eso es, al menor, lo que sostiene Gabriel Mª Otalora (Bilbao) en su libro 'Radiografía del amor. Algunos ejemplos' (San Pablo). A su juicio, en una época marcada por "el exceso de ego como patología", el autor sostiene que "ser buena persona es una característica de las personas inteligentes de verdad", porque ayuda a ser feliz e, incluso, es bueno para la salud, "por algo 'amor' se traduce del latín como 'no muerte'". Y a los cristianos "nos vendría bien reflexionar con otra reflexión de Tertuliano: 'Los cristianos no nacen, se hacen', como diciendo que la fe es un regalo que hay que alimentar".

¿Qué pretendes con tu libro sobre el amor? ¿A quiénes va dirigido?

Es un alegato para reivindicar lo que es amor verdadero, tal y como siempre se ha entendido: donación, desear el bien del otro, un estilo de vida desde la mejor actitud que puede desplegar el ser humano.

Necesitamos reflexionar sobre nuestra filosofía de vida, tan marcada por el materialismo y el corto plazo del carpe diem mal entendido. Es por lo que pretendo ayudar a desempolvar nuestra mejor cualidad humana, da igual la edad o la manera de ser.

¿Te atreves con una definición personal del amor?

Creo que es la mejor actitud para retar al dolor, la única que en las situaciones extremas o cotidianas es capaz de dar pleno sentido a la existencia.

¿Dónde tiene que acabar el amor a uno mismo, para no caer en el narcisismo?

Ay, qué pregunta tan actual… Creo que las consultas de psicólogos y psiquiatras están llenas por causa de este tema, del exceso de ego como patología. Aquí también el Evangelio es sabio: ama al prójimo como a ti mismo, no menos, pero tampoco más para no caer en una patología. El egoísta, por ejemplo, no ama a nadie, tampoco se quiere a sí mismo. Lo cierto es que no podemos amar plenamente si no nos queremos sanamente. Por eso he dedicado una parte significativa del libro a plantear esta realidad, y expresamente a concretar lo que no es amor.

¿Es posible el amor de pareja para siempre? Parece que los jóvenes ya van al matrimonio, convencidos de que puede ser algo temporal

Es la audacia del amor cuando se vive desde el amor verdadero. Pero lo mismo se puede decir del amor de la amistad, del amor a los hijos o a los padres, del amor en la vida consagrada… La vida es larga y está llena de retos y dificultades. Yo lo formularía al revés: es posible que el amor no sea para siempre, pero es igual de posible que sí pueda serlo, ejemplos no nos faltan y la orientación humana es que queremos que sea para siempre.

En el caso de los jóvenes tienen la dificultad añadida de que viven inmersos en la sociedad líquida, descomprometida, superficial, que tanto dificulta una opción radical como querer vivir el amor con alguien con voluntad de que dure siempre.

¿El amor a los animales puede desembocar en los ‘perrijos’?

Es un fenómeno muy ligado a la soledad de nuestro tiempo: el animal de compañía tan necesario para tantas personas que en ocasiones deriva en la petofilia o desarreglo psicológico de un apego afectivo desmedido. Pero ocurre también entre personas… Por eso lo recojo en el libro.

¿Por qué aseguras que “amar es lo más inteligente”?

Ser buena persona es una característica de las personas inteligentes de verdad. Es centrarse y tender a lo mejor que tiene el ser humano. Y la actual banalización de la vida no deja que veamos lo esencial. No somos una sociedad estúpida, sino que nos comportamos estúpidamente, neciamente. Por eso señalo algunos casos de verdadera estupidez que vienen como tal en el Evangelio (personas necias). Esforzarse en amar es lo más inteligente que existe. Va unido a nuestra ansia principal (felicidad). Deberíamos leer más el Evangelio… ¡y las  buenas biografías!

¿Amar es bueno incluso para la salud?

Claro que sí… No hay más que ver la maldad, que a medida que aumenta en un ser humano, acaba desequilibrándole. Lo vemos en las biografías de grandes dictadores, el que menos, tiene dos o tres patologías mentales. Recojo en el libro un estudio de Annie Marquier que sorprenderá a los lectores que no lo conozcan. El amor es plenitud de vida, que por algo “amor” se traduce del latín como “no muerte”.

¿De los ejemplos personales de amor que cita, con cuál de ellos se quedaría, si tuviese que elegir uno?

Mmm… En realidad, he pretendido que todos ellos sean un poliedro con las diferentes caras del poder transformador que atesora el amor de verdad, da igual el contexto histórico, social o personal. Precisamente para evitar la tentación de encasillar el amor en determinado contexto. 

¿El amor sigue distinguiendo a los cristianos actuales?

No y sí; me explico. No, porque estamos lejos en esta sociedad decadente de que se repita aquella frase admirativa del prestigioso abogado romano Tertuliano, cuando observaba a los cristianos del siglo II antes de convertirse al cristianismo: “Mirad como se aman”. Y sí que nos distingue y somos luz para otros cuando nos afanamos en vivir nuestra fe desde el amor a la manera de Jesús de Nazaret. Quizá nuestra mayor dificultad interna sea que la institución eclesial es más importante que el Mensaje. Lo mismo le ocurrió a Jesús. Volviendo a Tertuliano, nos vendría bien reflexionar con otra reflexión suya: “Los cristianos no nacen, se hacen”, como diciendo que la fe es un regalo que hay que alimentar. 

¿Es verdad eso de ‘ama y haz lo que quieras’?

Lo dijo Agustín en una de sus homilías, que lo hagamos todo desde y por amor. Y lo expresó precisamente comentando la primera carta de Juan sobre que Dios es amor. Esta es la dirección correcta, donde tenemos que apuntar de por vida. Es un gran regalo tener esto claro, aunque nuestra fragilidad nos desvíe de lo esencial.

 

José Manuel Vidal

Religión Digital

UNA IGLESIA QUE NO SE CONSTITUYE A PARTIR DEL OTRO, DE LO DIFERENTE, ES UNA IGLESIA IDOLÁTRICA


col kowalski

 

"Dios está hablando por todas partes". El teólogo argentino José Carlos Caamaño fue el encargado de cerrar la tercera jornada del congreso organizado por la Red Ecclesia in America en la Universidad de San Diego con una intervención acerca del ecumenismo, la sinodalidad y el diálogo cultural, basada no tanto en certezas como en compartir las preguntas, y el camino. "Somos peregrinos en preguntas, no en certezas", subrayó.

“Una Iglesia que no construye su identidad a partir del diferente, se convierte en una comunidad idolátrica", afirmó Caamaño, quien invitó a la Iglesia a "descubrir su identidad a partir de los diferentes". Algo que supone una dificultad histórica para la institución religiosa, tanto en lo tocante al diálogo interreligoso como intercultural. 

"Cuando hemos podido recorrer los caminos culturales hemos podido reconocer con los luteranos una teología de la Gracia. Y, sin embargo, en su momento, donde hubo un choque cultural, fuimos capaces de enfrentarnos y separarnos", ejemplificó el teólogo, poniendo como ejemplo la ruptura en tiempos de Lutero.

"En el diálogo interreligioso y ecuménico, más que acordar algunas verdades comunes, hay agendas por acciones comunes, en las que se realiza la unidad", proclamó Caamaño. "Una es la agenda por la paz, por la justicia social, por el cuidado de la Casa común… Hay muchos lugares en los que podemos establecer el diálogo", apuntó, señalando la urgencia de "retomar la idea de agenda de paz, por la justicia y por el cuidado de la casa común, que no es solo una agenda verde".

Escuchar la verdad del otro

Un diálogo que comporta necesariamente la escucha del otro, lo que "supone siempre un martirio, el martirio de reconocer que la verdad me está siendo pronunciada por el diferente". Que el otro puede tener, también, la razón. Que el otro, también, puede tener la verdad. "La verdad tiene una permanencia, pero solo la podemos alcanzar desde nuestra actualidad", insistió. "Se nos exige articular esa verdad, volver a pronunciarla, declinarla con nuevas condiciones existenciales", y también desde un lenguaje que se haga entendible.

Esta también es labor de la teología, que en opinión de Caamaño "solo es relevante en la medida que articule el testimonio cristiano con el tiempo". "Debemos hacer teología de los procesos históricos", señaló, advirtiendo de una excesiva ortodoxia que no se pone en diálogo con los diferentes, y que puede "abonar agendas totalitarias". 

"El distinto, el otro, es fundamental para salir de nuestras endogamias lingüísticas", señaló el teólogo. "Ese tercero, el otro, que irrumpe como un amado común. Que puede ser el pobre, el que sufre, el abandonado… Una agenda por el tercero que puede resultar incómoda". Pero que es absolutamente necesaria. "Somos una comunidad que tiene mucho que preguntar y preguntarse, dudas y certezas que compartir", concluyó, recordando a Guardini, a quien una vez le preguntaron qué creía que Dios le preguntaría al final de los tiempos. "No lo sé, pero yo tengo un montón de preguntas para Él".

El fenómeno de los nuevos populismos

Durante la jornada de ayer, varios ponentes analizaron el fenómeno de los nuevos populismos, tanto de derechas como de izquierdas, fundamentalmente desde la óptica latinoamericana. Paulo Fernando Carneiro de Andrade, de la Pontificia Universidade Católica do Rio de Janeiro, puso el ejemplo de Bolsonaro en Brasil, con "una concepción del Estado mínimo, mucho más radical que la promulgada por el neoliberalismo", y que "considera a la izquierda especialmente culpable de intentar promover la justicia social expropiando la propiedad de la clase de media". Respecto a los pobres, piensan que "hay que dejarles a su suerte, que asuman las consecuencias de sus elecciones". Los "perdedores", entre los que se incluyen afrocescendientes, mujeres y personas LGBTQ.

Con un frente religioso, simbolizado en la Teología de la Batalla Espiritual neopentecostal, que ha desarrollado una visión del Estado y de la sociedad que apoya el anarcocapitalismo", y que también han asumido los carismáticos católicos en Brasil, que buscan líderes que sepan lidiar con los "demonios", sustituyendo la lógica política por la lógica religiosa. Dios contra el Diablo. Populismos ultraderechistas que "chocan de raíz con la DSI", explicó Carneiro de Andrade.

Movimientos Populares vs nuevos populismos

David Lantigua, de la Universidad de Notre Dame, por su parte, defendió la relevancia del magisterio del Papa Francisco en defensa de las democracias frente al impacto de los populismos. “Francisco ha advertido de la nueva idolatría del dinero, que se opone a la voluntad de Dios”, recalcó, subrayando el apoyo papal a los nuevos movimientos populares, para considerar “otra forma de hacer política, desde abajo”.

"El imperio de Trump y su alianza con las tecnológicas ha iniciado una guerra contra el sistema de control y de gobierno, con un intento de derribar el 'deep state'", advirtió, apuntando a los Movimientos Populares como una alternativa a este tipo de populismos.

Nicolás Panotto, finalmente, lanzó las claves teológicas para un populismo crítico,que se enfrente a los populismos contemporáneos, tanto de izquierda como de derechas, “dos fenómenos políticos antagónicos que tienen puntos en común”, como el contexto de polarización en el que nacen, los liderazgos o la propuesta de nueva institucionalidad. 

“El populismo puede reflejarse como progresista y conservador”, destacó el teólogo protestante, quien invitó a no perder el derecho a enunciar lo que significa ser pueblo, lo que significa la democracia. “¿Qué entendemos como pueblo, cómo construir un proceso de discernimiento de las demandas como pueblo de Dios y junto al pueblo de Dios?”, se preguntó, invitando a construir “una ética teológica de la hospitalidad”,para tejer redes solidarias y apostar “por un pueblo que se siente diverso, pero articulado desde la compasión y la solidaridad mutua”.

En este sentido, Panotto reivindicó “un populismo crítico, emancipador, para encontrarnos y sentirnos juntos”.

 

Jesús Bastante enviado especial a San Diego

Religión digital

LA SINODALIDAD, SIN TRANSFORMAR EL CLERICALISMO, PERPETÚA LA ESTRUCTURA


col anso

 

Nunca defrauda. Sorprende a algunos, enoja a otros y no deja indiferente a nadie. La teóloga colombiana Consuelo Vélez protagonizó una de las ponencias de la tercera jornada del congreso organizado por la Red Ecclesia in America que se está celebrando en la Universidad de San Diego, con un llamamiento a lograr una teología intercultural para poder hablar, realmente, de Iglesia sinodal.

Consuelo, que ha participado “desde la periferia” de los trabajos del Sínodo de la Sinodalidad, se mostró a favor “de que se den las condiciones para hacer realidad una Iglesia sinodal”. Algo que, admitió, “no me parece fácil”.

¿Por qué? Porque “hay muchos espacios”, especialmente en la propia estructura, donde “este tema no interesa”. En este sentido, Vélez reclamó la necesidad de “reconocer el rostro del otro” y “ser capaces de caminar con otros”. Algo que se topa de bruces con la realidad del clericalismo.

“El clericalismo es una realidad que sigue atentando contra la igualdad fundamental que tenemos todos por el bautismo”, proclamó Consuelo Vélez, quien insistió en que “la sinodalidad, sin denunciar el clericalismo e intentar transformarlo, se queda en una bonita posibilidad, pero no en una realidad que se haga posible”.

“El clericalismo es de toda la Iglesia, porque la escala de diferencias de dignidad ministerial, sigue vigente”, denunció la teóloga, quien lamentó que esta práctica, denunciada por el Papa Francisco, continúa presente hoy. “Si no estamos interesados en transformar el clericalismo, la estructura continúa, aunque hablemos de sinodalidad por activa y por pasiva”, resaltó. Y es que “la cultura clerical nos ha impedido vivir esta dignidad bautismal con todas las consecuencias”. Una realidad que no solo impregna no sólo a la ‘casta clerical’, sino también, y especialmente, a los laicos. “En la Iglesia todavía es muy difícil reconocer una pastoral del laicado”.

Y también, a los diferentes. Es el caso de la mujer, cuya presencia en el Sínodo fue histórica pero cuya relevancia decayó en el documento final, pero también el de “otras poblaciones que no tuvieron prácticamente presencia”, como los jóvenes y otras minorías.

 “Siempre que voy a Roma me asusto un poco, tantos vestidos negros me asustan”, confesó, entre bromas y veras Consuelo, lamentando que “aunque la sala sinodal tenía una riqueza de universalidad de procedencias, a la hora de la verdad se veía la uniformidad del hábito que la Iglesia se ha dado a sí misma”.

“En la Iglesia cabemos todos, todos, todos, como ha dicho el Papa Francisco, que tal vez debería decir todos, todas, todes…”, argumentó Vélez. “No se llega a dar el paso que se reconozca explícitamente la dignidad humana de estas personas”, porque “detrás de la cultura están personas”. Y están los pobres. “Dónde están los pobres”, se preguntó Consuelo, quien concluyó que “poder recepcionar la sinodalidad pasa por una reflexión teológica, y creo que esa es también nuestra tarea”.

“Hay que transformar el clericalismo, que no permite que haya diferentes culturas”, finalizó la teóloga. “Existe una cultura clerical, que divide a los que tienen el Espíritu Santo y otros, que parece que solo tenemos que obedecer”.

 

Jesús Bastante, enviado especial a San Diego

Religión Digital

COMPARTIR ES NUESTRA MAYOR RIQUEZA. CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE DE MANOS UNIDAS


col arregi

 

Estimadas y estimados, no es necesario ser un gran experto en economía para darse cuenta de una gran paradoja que lleva muchos años existiendo. Los indicadores económicos, a pesar de las crisis, siempre muestran un crecimiento económico continuo. Crece el «Producto Interior Bruto» de los estados, los bancos y las multinacionales acumulan grandes beneficios, los adelantos tecnológicos no se detienen... Y sin embargo cada vez hay más personas y más países que se alejan del bienestar que todos deseamos. El Tercer Mundo no consigue resolver los problemas endémicos de hambre, salud y educación, y en los países desarrollados se agravan los desequilibrios que llevan a sectores importantes de la población a vivir situaciones muy inseguras en cuanto a la vivienda, al trabajo e incluso a la alimentación.

El aumento de los desequilibrios se encuentra seguramente en la raíz del clima de violencia que se extiende por gran parte del planeta, mientras que en los países desarrollados estamos asistiendo con cierta perplejidad a una notable crisis demográfica, que requiere migrantes de otros países para hacer los trabajos que nosotros ya no queremos hacer. Y mientras tanto, ¿por qué tantas personas se ven obligadas a migrar, arriesgando sus propias vidas? ¿No haríamos nosotros lo mismo si nos encontráramos en su situación?

En el Antiguo Testamento los años jubilares eran tiempos cíclicos de reparación de las heridas y de restauración de la armonía que Dios había inscrito en el mundo en el momento de la creación. Era tiempo de dejar descansar la tierra, condonar las deudas y liberar a los esclavos.

El sistema económico vigente en nuestro mundo no es compatible con la institución del jubileo. Su objetivo es conseguir el máximo beneficio a toda costa. Si pretendes desviarte de este paradigma estás perdido, la competencia salvaje te barrerá. De ahí viene la ya famosa sentencia del papa Francisco: «Esta economía mata».

Ya hace tiempo que se ha puesto en marcha un nuevo movimiento denominado «Economía de Francisco», en recuerdo del santo de Asís, que procura desarrollar un nuevo sistema económico más humano, que no busque el máximo beneficio de las corporaciones sino el mayor bienestar de las personas y de las sociedades, que no profundice los desequilibrios y las injusticias, sino que incluya a todos y no deje a nadie atrás. En pocas palabras, que busque el bien común, que es lo que atañe a toda la humanidad sin excepciones.

La institución eclesial de «Manos Unidas» lleva ya muchos años trabajando en esta línea. Cada uno de sus proyectos de desarrollo es una apuesta por la verdadera prosperidad de la humanidad, muy diferente del enriquecimiento ilimitado de unos pocos. Colaborar con «Manos Unidas» es como atravesar una puerta santa que nos hace pasar del egoísmo a la fraternidad, de la competencia a la cooperación, del capitalismo enloquecido a una economía con rostro humano. Colaborar con «Manos Unidas» es revivir la parábola evangélica del Buen Samaritano.

 

Joan Planellas

Religión Digital

¿FELICES O SACIADOS? Lc 6, 17.20-26

fe adulta

col labrador

 


La dicha del Reino no consiste en estar saciados, sino en buscar más: más paz, más justicia, más alegría para todos…

Como en otras ocasiones, os invito a leer el evangelio de este domingo como si no lo conociéramos, como si fuera la primera vez que llega a nosotros. Seguro que nos asombra su alegría y desenfado. Su lenguaje directo, concreto y positivo.

Nuestro asombro crecerá aún más si recordamos el contexto en el que se escribió. Pensemos  también en esas primeras comunidades cristianas que son excluidas, silenciadas, que no tienen ninguna relevancia social ni religiosa e incluso son perseguidas.

¿Cómo es posible que estos hermanos y hermanas logren transmitirnos su testimonio de alegría, de sentirse afortunados, dichosos? Es más, ¿cómo nos explicamos que esta sea su experiencia más profunda? Posiblemente es difícil para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, que ponemos tantas condiciones y necesitamos tantas seguridades para sentirnos felices. Las palabras del texto, sus detalles, nos pueden ayudar a descubrir el mensaje que nos trae el evangelio de hoy.

Jesús, ha bajado del monte, de su encuentro con Dios y “levanta los ojos”. Mira a sus discípulos, a las numerosas personas que le siguen de todas las aldeas y ciudades. Y al mirarlos, lo que se le ocurre es llamarlos DICHOSOS.

No les dice lo que deben hacer para serlo, lo que hubiera “enganchado” con los oyentes. Proclama, grita, que “son dichosos”. Y para que no quede duda, añade dos cosas que nos pueden desconcertar aún más: son dichosos AHORA, en presente. Es distinto a “llegarán a serlo”; tampoco les dice eso de “aguanten que luego…”

lo son porque son pobres, hambrientos, tienen lágrimas en los ojos…  esta es su situación y, en esta situación Jesús manifiesta que son felices. ¿Cómo mira Jesús la realidad de los que le rodean? ¿En qué descubre que es suyo el Reino de Dios? ¿Con qué fuerza lo dice para que los que le escuchan sientan que está expresando su experiencia más honda? 

¡La dicha es estar con Él! Sentirse de los suyos, confiar en su amor, sentir su cercanía…  ¿No hemos tenido cada uno de nosotros experiencias similares? ¿No nos hemos sentido dichosos y dichosas en medio de dificultades, críticas, incomprensiones, enfermedades propias o sufrimientos de personas muy queridas? ¿No hemos sentido que más allá de todo eso hay una persona, un amor, una confianza sin medida que todo lo supera?

Esta es la fe que nuestros primeros hermanos quieren transmitirnos. Creer en Jesús, confiar en su salvación y su amor, es fuente de dicha y felicidad, es experimentar ya otro tipo de amor, de relaciones con Dios y con los hermanos. 

Y, por si aún nos quedan dudas,  Lucas, muy didáctico, nos advierte de que lo que a veces buscamos: sentirnos saciados, pasarlo bien siempre, que todos hablen bien de nosotros… es un camino equivocado. No es el camino de la felicidad que da el Reino, de la dicha que da el seguir a Jesús.

Es como si nos dijera: ¡Cuidado con buscar el camino que os prometían ayer los entendidos de la Ley, o la publicidad barata y facilona hoy! Si os sentís saciados, si reís, si no aspiráis a nada más que lo logrado, si todos hablan bien de vosotros… ¡Lloraréis y lo pasaréis mal!

La dicha del Reino no consiste en estar saciados, sino en buscar más: más paz, más justicia, más alegría para todos… ¡Porque sabemos que es posible! No consiste en que “lo pasemos bien”, al contrario, lloramos y sufrimos por muchas personas y situaciones… La dicha del Reino no se expresa en que todos hablen bien de nosotros, al contrario, apenas nos entenderán, nos pasarán por delante, se burlarán de nosotros, nos excluirán porque con nuestra forma de pensar –la de Jesús– somos una amenaza…

Pero, sin saber muy bien cómo, sin que sea una empresa a conquistar o unas virtudes a conseguir, ahí, en la realidad que vivimos AHORA somos dichosos y nada, ni nadie nos quitará esta alegría, porque sus claves no están en lo que pasa ni en lo que nos pasa. La clave es la persona de Jesús, nuestra fe en él, nuestra vinculación con él. Todo lo demás, se nos dará por añadidura. Y se nos dará hoy, ahora… ¿nos lo creemos? ¿Desbordamos y contagiamos alegría?  

El evangelio de hoy no nos trae un programa moral, ni una explicación teórica sobre la felicidad, nos acerca la experiencia de los primeros cristianos que han encontrado en Jesús su alegría y nos recuerdan que estamos invitados a vivir su misma experiencia. ¿Nos atrevemos?

 

¡AY DE LOS QUE DESPRECIAN!


 fe adulta


El evangelio no se casa con el poder. Por eso, para nuestra sorpresa, san Lucas ofrece cuatro bienaventuranzas y, a renglón seguido, cuatro malaventuranzas contra los ricos desentendidos, los saciados que no reparan en la necesidad del otro, quienes se mofan de los pobres y quienes manipulan la verdad.

Estas cuatro malaventuranzas tienen un denominador común: el desprecio del otro, sobre todo si es frágil, humilde, si no cuenta. Por eso, podría haber añadido san Lucas: ¡AY DE LOS QUE DESPRECIÁIS!

Creo que muchos convendremos en pensar que la cultura del desprecio nos amenaza. Somos bombardeados a diario por una “industria” que tiene mucho interés en generar exclusión. El desprecio se palpa en el ambiente y en el propio corazón. La dignidad, la honestidad y la humildad son valores que corren el riesgo de verse superados por un menosprecio global.

Hoy también san Lucas nos diría: ¡Ay de los que desprecian! ¡Ay de ti si no consideras digna a toda persona! ¡Ay de ti si consumes sin freno! ¡Ay de ti si manipulas cosas y te sumas a los bulos que inventa el sistema!

¿Cómo contrarrestar esa cultura del desprecio a la que aludimos? ¿Cómo escapar lo más lejos posible de las malaventuranzas evangélicas?

· Si compartes, despreciarás menos: porque no se puede compartir desde el desprecio, sino desde la certeza de que tengo obligaciones adquiridas con quien lo pasa mal.

· Si no despilfarras, despreciarás menos: porque el despilfarro es una bofetada en el rostro de los pobres. Da igual la cantidad; lo que cuenta es la actitud de control y de sobriedad.

· Si te interesan los frágiles, despreciarás menos: porque la cultura del desprecio va envuelta en una deliberada ignorancia de las situaciones de los pobres. No se quiere saber para no sentirse responsable. Pero lo eres.

· Si te importa la verdad, despreciarás menos: porque el desprecio está amasado en la mentira y cuando esta se ha hecho dueña de la sociedad y del corazón de cada uno, la dignidad humana se esfuma.

No son buenos tiempos para malaventuranzas. Y menos si se dirigen al dictador mundial como ha hecho la obispa Marian Budde. No nos extraña que reciba duras críticas y amenazas. Puede que nosotros mismos pensemos así: no molestemos al poderoso, pongámonos de parte del fuerte, bailemos el agua a quienes tienen el dinero.

Pero escuchemos a san Lucas, aguantemos los dardos de sus malaventuranzas que también apuntan a nosotros. Dice un escritor: “La línea que separa el bien del mal no pasa a través de los Estados, ni entre las clases, ni entre los partidos políticos, sino justo a través de todo corazón humano, a través de todos los corazones humanos” (A. Solzhenistyn, citado en el sermón de la obispa Budde). Está bien que se nos recuerde esto el día después de Manos Unidas. Se nos está diciendo que la tarea de una vida basada en la dignidad, la honestidad y la humildad es tarea de todo el año.

TOMAR EN SERIO A LOS POBRES José Antonio Pagola

 


Acostumbrados a escuchar las «bienaventuranzas» tal como aparecen en el evangelio de Mateo, se nos hace duro a los cristianos de los países ricos leer el texto que nos ofrece Lucas.

Al parecer, este evangelista –y no pocos de sus lectores– pertenecía a una clase acomodada. Sin embargo, lejos de suavizar el mensaje de Jesús, Lucas lo presenta de manera más provocativa.

Junto a las «bienaventuranzas» a los pobres, el evangelista recuerda las «malaventuranzas» a los ricos: «Dichosos los pobres... los que ahora tenéis hambre... los que ahora lloráis». Pero, «ay de vosotros, los ricos... los que ahora estáis saciados... los que ahora reís». El Evangelio no puede ser escuchado de igual manera por todos. Mientras para los pobres es una Buena Noticia que los invita a la esperanza, para los ricos es una amenaza que los llama a la conversión. ¿Cómo escuchar este mensaje en nuestras comunidades cristianas?

Antes que nada, Jesús nos pone a todos ante la realidad más sangrante que hay en el mundo, la que más le hace sufrir, la que más llega al corazón de Dios, la que está más presente ante sus ojos. Una realidad que, desde los países ricos, tratamos de ignorar, encubriendo de mil maneras la injusticia más cruel, de la que en buena parte somos cómplices nosotros.

¿Queremos continuar alimentando el autoengaño o abrir los ojos a la realidad de los pobres? ¿Tenemos voluntad de verdad? ¿Tomaremos alguna vez en serio a esa inmensa mayoría de los que viven desnutridos y sin dignidad, los que no tienen voz ni poder, los que no cuentan para nuestra marcha hacia el bienestar?

Los cristianos no hemos descubierto todavía la importancia que pueden tener los pobres en la historia del cristianismo. Ellos nos dan más luz que nadie para vernos en nuestra propia verdad, sacuden nuestra conciencia y nos invitan a la conversión. Ellos nos pueden ayudar a configurar la Iglesia del futuro de manera más evangélica. Nos pueden hacer más humanos: más capaces de austeridad, solidaridad y generosidad.

El abismo que separa a ricos y pobres sigue creciendo de manera imparable. En el futuro será cada vez más difícil presentarnos ante el mundo como Iglesia de Jesús ignorando a los más débiles e indefensos de la Tierra. O tomamos en serio a los pobres o nos olvidamos del Evangelio. En los países ricos nos resultará cada vez más difícil escuchar la advertencia de Jesús: «No podéis servir a Dios y al Dinero». Se nos hará insoportable.

 

DICHOSO EL QUE NO ES CAUSA DEL HAMBRE O LA POBREZA ESPIRITUAL DE OTRO DOMINGO 6º (C) Lc 6,17-26


 fe adulta


Siempre que tengo que hablar de las bienaventuranzas me viene a la mente: “pase de mí este cáliz”. La verdad es que ni me entienden los pobres ni los ricos. Lo grave es que esta actitud tiene la más férrea lógica, porque trato de explicarlas racionalmente y las bienaventuranzas sobrepasan toda racionalidad. Cualquier intento de aclararlas desde la razón está abocado al rotundo fracaso. Sin experiencia profunda de lo humano, las bienaventuranzas son un sarcasmo. Ni el sentido común ni el instinto pueden aceptarlas.

Es el texto más comentado del evangelio, pero también el más complicado. Intentaré llevarte lo más lejos posible en su comprensión, sabiendo que no tienen explicación posible. El primer problema lo encontramos en los mismos evangelios. Lucas propone solo tres o cuatro y de la manera más breve posible: bienaventurados los pobres, los que lloran, los que pasan hambre. Mateo narra ocho o nueve, pero, además, añade un matiz que trata de explicar ya la dificultad para entenderlas. Dice: pobre de espíritu, hambre y sed de justicia. Es también muy significativo que Marcos y Juan ni siquiera las mencionen.

No tenemos ni idea de cómo las formuló Jesús, con toda seguridad en arameo. Tampoco podemos saber el sentido que le dieron al traducirlas al griego. Hoy estamos en condiciones de afirmar que la interpretación literal no tiene ni pies ni cabeza. El colmo del cinismo llegó cuando se intentó convencer al pobre de que aguantara estoicamente su pobreza, incluso diera gracias a Dios por ella, porque se lo iba a pagar con creces en el más allá. Si para mantener la esperanza tenemos que echar mano de un más allá, malo.

No se puede separar el primer término de cada propuesta del segundo. A nadie se le ocurriría decir al que lleva dos días sin comer: ¡Qué suerte tienes! Debías estar feliz y contento. Sería dar a entender que Dios está encantado de que la gente sufra. Pero tampoco se pueden unir automáticamente. El hecho de ser pobre no garantiza por sí la verdadera riqueza. Ni el hecho de ser rico determina una condenación automática. Lo que determina una mayor o menor plenitud humana es la actitud vital de cada uno.

Pero es que el nexo de unión entre las dos partes de cada propuesta también es problemático. El “porque” no tiene ninguna connotación causal. El pobre es dichoso, no por ser pobre, sino porque él no es causa de que otro sufra. Dichoso porque, a pesar de todo, él puede desplegar plenamente su humanidad. Este es el profundo mensaje de las bienaventuranzas. De la misma manera el rico no es maldecido por ser rico sino por poner su confianza en la riqueza y desentenderse de los demás seres humanos.

Descubiertas todas estas dificultades, yo haría una formulación distinta: Bienaventurado el pobre, si no permite que su “pobreza” le atenace. Bienaventurado el rico, si no se deja dominar por su “riqueza”. No sabría decir qué es más difícil. En ningún momento debemos olvidar los dos aspectos. Ser dichoso es ser libre de toda atadura que te impida desplegar tu humanidad. Se proclama dichoso al pobre, no la pobreza. Se declara nefasta la riqueza no al rico. Tanto la pobreza como la riqueza son malas si me impiden ser humano.

Tampoco quiere decir el evangelio que tenemos que renunciar a la riqueza para asegurarnos plenitud de humanidad. Debemos renunciar a ser la causa del sufrimiento de los demás. Las bienaventuranzas no son un “sí” de Dios a la pobreza ni al sufrimiento, sino un rotundo “no” de Dios a las situaciones de injusticia. Siempre que actuamos desde el egoísmo hay injusticia. Siempre que impedimos que el otro crezca hay injusticia.

Las bienaventuranzas invierten radicalmente nuestra escala de valores. En contra de lo que damos por supuesto, puede ser feliz el pobre, el que llora, el que pasa hambre, el oprimido. La misma formulación nos despista porque está hecha desde la perspectiva mítica. Solo desde la perspectiva de un Dios que actúa desde fuera se puede entender “Dichoso los que ahora pasáis hambre porque quedaréis saciado”. Si para mantener la esperanza tenemos que acudir a un más allá, podemos caer en la trampa de dar por buena la injusticia que estamos causando, esperando que un día Dios cambie las tornas.

Las bienaventuranzas quieren decir, que, aún en las peores circunstancias que podamos imaginar, las posibilidades de ser humanos en plenitud, no nos las puede arrebatar nadie. Recordad lo que decíamos el domingo pasado: “Rema mar adentro”, busca en lo hondo de ti, lo que vale de veras. Si creemos que la felicidad nos llega del consumir, no hemos descubierto la alegría de ser. Al poner la confianza en las seguridades externas, en el hedonismo absoluto, estamos equivocándonos y en vez de felicidad encontramos desdicha. Nunca se ha consumido más y sin embargo nunca ha habido tanta infelicidad.

Al añadir Lucas ¡Ay de vosotros los ricos!, deja claro que no habría pobres si no hubiera ricos. Si todos pudiéramos comer lo suficiente, nadie nos consideraría ricos. Si todos pasáramos la misma necesidad, nadie nos consideraría pobres. La parábola del rico Epulón lo deja claro. No se le acusa de ningún crimen; No se dice que haya conseguido las riquezas injustamen­te. El problema era no haberse enterado de que Lázaro estaba a la puerta. Sin Lázaro a la puerta, su riqueza no tendría nada de malo. El evangelio no da valorar a la pobreza en sí, sino a no ser causa de la pobreza de otros.

Llevamos dos mil años intentando armonizar cristianismo y riqueza; salvación y poder. Nadie se siente responsable de los muertos de hambre. Vivimos en el hedonismo más absoluto y no nos preocupa la suerte de los que no tienen un pedazo de pan para evitar la muerte. Jesús nos dice que, si tal injusticia acarrea muerte, alguien tiene la culpa. Buscar en primer lugar mis seguridades y, si me sobra, dar a los demás, no es suficiente.

Decimos: Yo no puedo hacer nada por evitar el hambre. Tú puedes hacerlo todo, porque no se te pide que elimines el hambre en el mundo sino de que tú salgas de toda injusticia. No se trata de hacer un favor a otro, aunque sea salvarles la vida, se trata de que tú salgas de toda inhumanidad. Los “ricos” somos los que tenemos que cambiar buscando esa humanidad que nos falta. Tu salvación está en no ser causa de opresión para nadie. Si damos de comer al pobre le salvamos la vida. Si salgo de mi egoísmo, salvo la vida al pobre y me libero de mi inhumanidad, que es más importante.

Las bienaventuranzas ni hacen referencia a un estado material ni preconizan una revancha futura de los oprimidos ni pueden usarse como cebo con la promesa de lo mejor para el más allá. Las bienaven­turanzas presuponen una actitud vital escatológica, es decir, una experiencia del Reino de Dios, que es Dios mismo como fundamento de mi ser. El primer paso hacia esa actitud es el superar el egoísmo que nos lleva al individualismo, dejar de creer que somos lo que no somos y dejar de vivir de ese engaño.

POBRES Y ODIADOS – RICOS Y ESTIMADOS Domingo 6º. Ciclo C El Discurso de la llanura (domingos 6º, 7º, 8º)

 fe adulta


Hasta ahora, Lucas ha hecho frecuente referencia a la actividad de Jesús como predicador, pero solo ha ofrecido una intervención algo extensa: la de la sinagoga de Nazaret. En ella se enfrentó a todo su auditorio, provocando incluso el deseo de matarlo.

En esta segunda intervención, Jesús se dirige a sus partidarios, pero teniendo presentes a sus enemigos.

La primera parte del discurso contrapone a estos dos grupos (domingo 6º).

Pero no seguirá una guerra entre ellos. La segunda parte exhorta a amar a los enemigos (domingo 7º).

¿Y cómo comportarse con los amigos, con los otros miembros de la comunidad? La tercera parte responde a esta pregunta recogiendo frases sueltas de Jesús (domingo 8º).

En conjunto, un discurso parecido al “Sermón del monte” del evangelio de Mateo. Mucho más breve, con menos temas, pero de sumo interés y novedad.

Bienaventuranzas y ayes (domingo 6º)

El “Discurso en la llanura”, igual que el “Sermón del monte”, comienza con unas bienaventuranzas. Pero no son ocho, como en Mt, sino cuatro. Las cuatro declaraciones siguientes comienzan con “ay”, término usado por las plañideras en el antiguo Israel para empezar un canto fúnebre. A los cuatro primeros grupos se les promete una vida feliz. A los cuatro siguientes se les anuncia la muerte.

Prescindiendo momentáneamente de las declaraciones cuarta y octava, advertimos la siguiente estructura:

Dichosos los pobres,

los que ahora tenéis hambre

los que ahora lloráis

¡Ay de vosotros, los ricos!,

los que ahora estáis saciados

los que ahora reís

No se trata de seis grupos distintos, sino de dos: pobres y ricos, caracterizados por la carencia o abundancia de comida, y por el llanto o la risa.

Las declaraciones 4ª y 8ª no hablan de personas distintas. Completan lo dicho de los dos grupos anteriores fijándose en cómo son tratados por “los hombres”.

En resumen, tenemos dos grupos: el de los pobres, que pasan hambre, lloran y son odiados; y el de los ricos, saciados y sonrientes, alabados por la gente. Al primero lo tratan mal, como a los antiguos profetas; al segundo bien, como a los falsos profetas.

Pobres y odiados

“Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios”. Sin el matiz: “de espíritu”, que añade Mateo, y que se presta a interminables disquisiciones. Los pobres, sin más. Los que pasan hambre y lloran. Declararlos “dichosos”, precisamente por eso, suena casi a blasfemia. Pero las desgracias no terminan aquí. Al hambre y el llanto se añaden las persecuciones. A diferencia de las primeras declaraciones, muy breves, la cuarta admira por su extensión: “Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas”.

Ahora no hay que esperar a la otra vida para recibir el consuelo. Ya en esta, cuando se experimenta el odio, la exclusión, el insulto, la descalificación, por ser discípulos de Jesús y querer seguirlo, ese mismo día, el cristiano debe alegrarse y saltar de gozo.

¿Está loco Jesús? ¿Es un masoquista consigo mismo y un sádico con sus discípulos? Volviendo a releer el evangelio, en su nacimiento van unidas la suma pobreza (“no había sitio para ellos en la posada”) y la inmensa alegría (“os anuncio un gran gozo”, dice el ángel a los pastores). Al comienzo de su actividad, en Nazaret, experimenta el odio y la exclusión, sin que eso lo desanime. No se trata de locura, masoquismo ni sadismo, sino de una visión distinta de la realidad. Para Jesús, lo esencial no es la situación presente, sino la futura. La primera bienaventuranza promete el Reino de Dios; la cuarta, “una recompensa grande en el cielo”. Aquí, en la tierra, queda el consuelo de ser tratados como los antiguos profetas.

Las primeras comunidades cristianas experimentaron también la pobreza, el hambre y la persecución, sin que esto les impidiese estar alegres. La de Jerusalén debió solicitar la ayuda de comunidades más ricas para poder sobrevivir a la hambruna en tiempos del emperador Claudio. Las comunidades de Macedonia, a pesar de su “extrema pobreza” desbordaban de alegría (2 Corintios 8,2). Y los apóstoles, después ser azotados, “marcharon del tribunal contentos de haber sido considerados dignos de sufrir desprecios por su nombre [de Jesús]” (Hch 5,41).

Aunque he interpretado las cuatro primeras bienaventuranzas como dirigidas a las primeras comunidades cristianas (y a las actuales que se les parecen), esto no excluye la interpretación individual. “Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis” anticipa lo que contará Lucas poco después de dos mujeres que lloran por motivos muy distintos: la viuda de Naim, que ha perdido a su único hijo, y una prostituta anónima necesitada de perdón y de consuelo. Ambas historias tienen un final feliz, ya en esta vida, antes de la llegada del Reinado de Dios.

Ricos y alabados

Algunos pueden pagar 100.000 euros (¡cien mil!) por una noche en un hotel de Macao. Si su presupuesto no da para tanto, puede contentarse con una noche en Cannes por 25.000. Naturalmente, la cena debe pagarla aparte: bastarán 2.000 euros. Y mientras come puede mirar la hora en un reloj que le ha costado dos millones (Cristiano Ronaldo). Son casos extremos, pero hay millones de personas que pueden permitirse una vida de lujo y comodidad.

¿Se refiere el último “ay” a este mismo grupo? “¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros!” No parece que “todo el mundo” hable bien de esas personas, aunque sigan sus andanzas en las revistas del corazón, la televisión y las redes sociales.

Salvadas las distancias, los escribas aparecen en el evangelio de Lucas como ejemplo de personas que desean ser estimadas y amantes del dinero: “Guardaos de los escribas, que gustan de pasear con hábitos amplios, aman los saludos por la calle y los primeros puestos en sinagogas y banquetes; que devoran las fortunas de las viudas con pretexto de largas oraciones. Su sentencia será más severa” (Lc 20,46).

Y que la riqueza puede ser causa de tristeza, ya en esta vida, lo demuestra el episodio del personaje importante incapaz de renunciar a lo que Jesús le pide: “Al oírlo, se entristeció, porque era muy rico” (Lc 18,23).

El mejor comentario: la parábola del rico y Lázaro

A propósito de las tres primeras bienaventuranzas y los tres primeros “ay”, el mejor comentario lo ofrece Lucas en esta parábola. Comienza por el final, por el rico que viste con lujo y banquetea espléndidamente todos los días; sigue el pobre, cubierto de llagas, ansioso de comer las migajas que caen de la mesa del rico.

María alabó a Dios en el Magnificat porque “a los pobres los colma de bienes, y a los ricos los despide vacíos”. Si alguien piensa que eso va a ser en esta vida, se equivoca. Jesús deja que Lázaro muera de hambre, en la miseria. Será después de muerto cuando entre en el Reino de Dios para ser eternamente feliz, mientras el rico suspirará por una simple gota de agua, atormentado para siempre. «¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis.»

¿Está condenado el rico?

La respuesta, de acuerdo con la técnica de Lucas, no la encontrará el lector hasta mucho más adelante, en el episodio de Zaqueo. El rico también es hijo de Abrahán, puede acoger a Jesús en su casa y dar a los pobres la mitad de sus bienes.

Una reflexión

¿Por qué puede expresarse Jesús de forma tan radical, proclamando dichosos a los pobres, los que pasan hambre, los que lloran, los perseguidos? Por dos motivos: 1) porque él también era pobre, vivió de limosna y sufrió persecución hasta la muerte; 2) porque creía firmemente en la recompensa futura en el Reino de Dios, donde quedaría saciada el hambre y enjugado el llanto.

Una advertencia

Las cuatro bienaventuranzas se dirigen a comunidades pobres o a los pobres como Lázaro. Las comunidades ricas o las personas que no carecemos de nada no podemos apropiárnoslas; no podemos utilizarlas para tranquilizar nuestra conciencia pensando en la dicha futura de los pobres.

1ª lectura (Jeremías 17, 5-8)

Se ha elegido por motivos literarios, para indicar que la contraposición de bienaventuranzas y ayes es algo conocido por los profetas, aunque Jeremías usa términos distintos: maldito y bendito. Pero los temas y las metáforas se oponen perfectamente. Es una forma de animar a confiar en Dios, no en los hombres.

2ª lectura (1 Corintios 15, 12. 16-20)

Aunque no está elegida buscando una relación con el evangelio, la esperanza en la resurrección encaja muy bien con la recompensa grande en el cielo de la que habla Jesús.

BIENAVENTURANZAS: UN MENSAJE SOCIAL, RELIGIOSO Y ESPIRITUAL VI Domingo del TO 16 de febrero Lc 6, 17.20-26

 


La que es considerada por muchos, cristianos o no, como la más bella página del evangelio, contiene un profundo mensaje de sabiduría atemporal, que puede contemplarse desde diferentes ángulos.

Desde la perspectiva social -o incluso sociopolítica-, se remarca la primacía de los pobres y sufrientes de todo tipo. Allí donde las personas más vulnerables sean las más atendidas, estará emergiendo una sociedad más humana. Dicho de otro modo: también en el plano social, el criterio decisivo es la compasión.

Desde una perspectiva religiosa, el mensaje de Jesús es radicalmente subversivo, incluso -o sobre todo- para la propia religión. Resulta que Dios no es “imparcial”, sino que opta preferentemente por los pobres y los sufrientes. Y no porque sean “mejores personas” que los demás, sino simplemente porque sufren. El Dios de Jesús es un Dios indiscutiblemente parcial.

Desde una perspectiva espiritual, ser “pobre” significa estar desidentificado del propio ego. Es pobre quien se sabe “nadie”, no por algún tipo de moralismo, sino porque ha comprendido que su verdadera identidad no se reduce al yo. A partir de ahí, vive una actitud de docilidad ante la vida y de comunión con los otros. Renuncia a “llevar las riendas” de la vida, se libera de la pulsión por controlar todo y aprende a fluir con lo que es.

Al adoptar una visión de conjunto, se aprecia la admirable convergencia de las tres perspectivas, reclamándose mutuamente. Solo en la medida en que comprendo qué soy, puedo liberarme de la reducción al yo (a la personalidad), dejando que la Vida que soy (somos) se viva en mí, viendo y actuando con los otros desde la consciencia de unidad, que se plasma en respeto, amor y compasión.

FIARSE Lc 6, 20-26 «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios»


 


Podemos tomar las bienaventuranzas como una propuesta de felicidad individual, y también como un estilo de vida capaz de cambiar el mundo. Pero ¿cambiarlo para qué?... pues cambiarlo para que no se aparte de su destino. La humanidad es el sueño de Dios y está destinada a alcanzar la plenitud para la que ha sido concebida, pero en su propia naturaleza hay un germen que le tienta con fuerza a equivocar el camino, a olvidar su esencia, a “deshumanizarse”. Y la propuesta de Jesús, toda la propuesta de Jesús, puede entenderse como una invitación a enderezar el rumbo; a asumir la tarea de sembrar humanidad en torno a cada uno de nosotros.

Pero para aceptar una tarea de esta envergadura es preciso tener mucha fe en quien nos la propone, y esto nos lleva a preguntarnos: ¿Qué significa para mí creer en Jesús?...

El verbo “creer” tiene una primera acepción que lo define como “tener por cierto”. De acuerdo con ella, creer en Jesús es aceptar una serie de asertos propuestos por los teólogos cristianos, como, por ejemplo, “Creo en Jesucristo, su único hijo nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo… etc.” Pero esta fe, concebida como simple aceptación de una doctrina o un dogma, puede resultar estéril si no afecta a nuestra vida. Podemos creer todos los postulados de la Iglesia y actuar con unos criterios opuestos a los de Jesús.

Pero el verbo creer también tiene otra acepción: “fiarse de”. Por ejemplo, yo creo en mi médico, es decir, me fío de mi médico y me pongo en sus manos para que me abra en canal. Este segundo significado cuadra mucho mejor con la fe en Jesús, y a él nos vamos a atener en esta breve reflexión.

El mundo me dice que seré feliz si soy rico, si tengo poder o prestigio social, si no me dejo avasallar, si soy más listo que los demás para los negocios, si voy de diversión en diversión, si no me meto en líos, si no me insultan ni me persiguen… Jesús, en cambio, me hace una propuesta radicalmente distinta: ¿Quieres ser feliz...? pues confórmate con poco, comparte lo que tienes con los que no tienen, aprende a sufrir, di siempre la verdad, no seas violento, trabaja para que prevalezca la justicia, no trates de aprovecharte de nadie, y no te preocupes si te insultan y te persiguen por ello, pues a la larga serás mucho más dichoso… En otras palabras, ¿quieres ser feliz?... pues siembra humanidad.

Y ante esta propuesta la pelota queda en mi tejado: ¿Me lo juego todo apostando por unos criterios de locos; viviendo de acuerdo a unos valores tan estrafalarios como poco evidentes? Decir que sí, es apostar la vida a sus criterios, es avanzar en la línea que él nos propuso, es comprometerme con la tarea de marcar el rumbo de la humanidad en la medida de mis fuerzas, es colaborar seriamente con el proyecto de Dios de llevar a este mundo a su destino...

Es difícil imaginar una tarea más apasionante que ésta, pero es preciso fiarse mucho de Jesús para abrazarla con fervor y llevarla hasta las últimas consecuencias. Nos entusiasma lo de Jesús, pero sólo nos fiamos de él hasta el momento en que nos invita a salir de nuestra zona de confort. Entonces ya no nos convence. Un ejemplo de esto son las bienaventuranzas, porque las leemos y nos encantan, pero no nos apetece nada renunciar a la abundancia, ni compartir, ni trabajar por la paz y la justicia, y mucho menos, ser insultado o perseguido por ello

Y no dudamos de que es Jesús el que tiene razón; que el camino propuesto por él me lleva a la felicidad, pero nos falta el coraje necesario para emprenderlo. Como dijo Jon Sobrino en una charla en Pamplona: «A eso es a lo que tenemos miedo; a ser felices a lo cristiano».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

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