FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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ATALAYA ENERO 2025

jueves, 20 de junio de 2024

EL CAOS DESTRUCTIVO ACTUAL Y EL CAOS GENERATIVO COMO SALIDA SALVADORA


col martell

 

Es innegable que estamos viviendo una conjunción de crisis de todo orden. Son tantas que no necesitamos citarlas. En una palabra, estamos viviendo una situación de gran caos.

Hace ya muchos años, científicos provenientes de las ciencias de la vida y del universo comenzaron a trabajar con la categoría de caos. Este se presenta como destructivo de un orden dado y, escondido dentro del destructivo, como generativo de un nuevo orden que forcejea por nacer.

Sigamos esta trayectoria: inicialmente se pensaba que el universo era estático y regulado por leyes determinísticas. Hasta el propio Einstein comulgaba inicialmente con esta visión. Pero todo empezó a cambiar cuando un cosmólogo aficionado, Edwin Hubble, comprobó en 1924 que el universo no era estático sino que se encontraba en expansión y en ruta de fuga hacia una dirección indescifrable por nosotros. Más tarde, científicos percibieron una onda permanente y de bajísima intensidad que venía de todas partes. Sería el último eco del big bang ocurrido hace unos 13.700 millones de años. Aquí estaría el origen del universo.

En este contexto de la evolución que se muestra no lineal, pero que da saltos hacia arriba y hacia delante, el concepto de caos adquirió centralidad. El big bang habría producido un caos inconmensurable. La evolución habría surgido para poner orden  en ese caos original, creando órdenes nuevos: la miríada de cuerpos celestes, las galaxias, las estrellas y los planetas.

El fenómeno del caos resultó de la observación de fenómenos aleatorios como la formación de las nubes y particularmente lo que se vino a llamar el efecto mariposa. Es decir: pequeñas modificaciones iniciales, como el batir de alas de una mariposa en Brasil, pueden provocar al final un efecto totalmente diferente, como una tempestad sobre Nueva York.

Esto es así porque todos los elementos están interligados, todo está relacionado con todo y puede complejizarse de forma sorprendente. Se ha constatado la creciente complejidad de todos los factores que están en la raíz de la emergencia de la vida y en órdenes de vida cada vez más altos (cf. J.Gleick Caos: criação de uma nova ciência,1989).

El sentido es este: dentro del caos se esconden virtualidades de otro tipo de orden. Y viceversa, detrás del orden se esconden dimensiones de caos. Ilya Prigrone (1917-1993), premio Nóbel de Química en 1977, estudió particularmente las condiciones que permiten la emergencia de la vida a partir del caos.

Según este gran científico, siempre que exista un sistema abierto, siempre que haya una situación de caos, por tanto, fuera de equilibrio y se constate la conectividad entre las partes, se genera un nuevo orden (cf. Order out of Chaos,1984). En este caso, el nuevo orden emergente sería la vida o una forma nueva de organizar la sociedad.

Todavía según Ilya Prigogine, en el seno de la vida existen estructuras disipativas, en un doble sentido: ellas demandan mucha energía y así disipan esta energía en forma de residuos; por otro lado estas estructuras disipan la entropía y hacen de los residuos base para otras formas de vida. Nada se pierde. Todo se recompone y genera la posibilidad de nuevas formas de vida y eventualmente de nuevas sociedades. Y eso indefinidamente, como proceso de la evolución.

Tratemos de aplicar esta comprensión al destructivo caos actual. Nadie puede decir qué orden, escondido   dentro de ese caos, puede surgir. Solo sabemos que, dadas ciertas condiciones socio-históricas, puede irrumpir un orden diferente. ¿Quién podrá descifrarlo y superar así el caos destructivo?

Lo que podemos dar por cierto es que el actual orden caótico imperante en el mundo no ofrece ninguna ayuda para superar el caos. Al contrario, al llevarlo adelante, puede conducirnos a un camino sin retorno. El resultado final sería el abismo. Bien observaba Albert Einstein: “la idea que creó la crisis (diríamos el caos), no será la misma que nos sacará de ella; tenemos que cambiar”.

Cuando la humanidad se enfrenta a situaciones caóticas fundamentales que pueden amenazar su existencia –y creo que estamos dentro de ellas– no le queda más posibilidad que cambiar. Estimo que el camino mejor es consultar a nuestra propia naturaleza humana. Aunque contradictoria (sapiente y demente) ella se caracteriza por ser un proyecto infinito, cargado de potencialidades. Dentro de estas potencialidades se pueden identificar elementos de un orden diferente y mejor.

Este se fundará, necesariamente, en una nueva relación con la naturaleza, afectuosa y respetuosa, sintiéndonos parte de ella; en el amor que forma parte de nuestro ADN; en la solidaridad que permitió el salto de la animalidad a la humanidad; en la fraternidad universal, basada en el mismo código genético presente en todos los seres vivos; en el cultivo del mundo del espíritu que pertenece también a la esencia del ser humano. Este nos vuelve cooperativos y compasivos y nos revela que somos un nudo de relaciones en todas las  direcciones incluso hacia Aquel Ser que hace ser a todos los seres. Así saldríamos del caos destructivo rumbo al caos generativo.

Estos, entre otros muchos no mencionados, serían algunos de los elementos que podrían fundar un nuevo orden y forma de habitar amigablemente el planeta Tierra, considerado como Casa Común, incluida la naturaleza. Y así estaríamos salvados, por haber superado el caos destructivo rumbo a un caos generativo con otro horizonte de vida y de futuro civilizatorio.

 

Leonardo Boff

Religión Digital

*Leonardo Boff es ecoteólogo y filósofo y ha escrito Cuidar de la Casa Común: pistas para posponer el fin del mundo, Vozes 2024.

LA SALUD MENTAL PÚBLICA


col martell

 

La situación mundial me da pie para el artículo del presente mes: ¿Cuál es la salud mundial? Un psicoanalista francés, Gérard Pommier, (1942-2023) afirmaba: “La sociedad francesa está enferma”. Y luchaba para que su especialidad fuera considerada en la administración pública. Este interés como inquietud también la tenemos en nuestro país. No cito nombres para no olvidarme, pero hay muchos combatientes contra la sordera administrativa. Y la sociedad está enferma, de materialismo y confusión.

El título presenta tres términos que intentaré explicar.

La etimología de la palabra salud cuya raíz es sánscrita indica “entero”, en griego “total”, en latín “intacto” o “salvado”. Por tanto, salud tiene que ver con integridad, estabilidad, un orden. Además, en el mundo griego, un saludo era: ¡Alégrate (salud)!

La salud es un bienestar o un estado total que puede llevar a un bien-estar, y no hay que olvidar, y lo es muy frecuente, a un bien-ser. Dicho de otra forma, la ausencia de afecciones, enfermedades, angustias, etc. Y cuando no existe ese “total o entero”, es decir, falta algo o dimensión, tenemos la enfermedad o “infirmitas”, que significa falta de firmeza.

Si la salud es la totalidad, salud integral, es necesario precisar dimensiones concretas. Por tanto, no hablo de la salud física, que se sabe bastante y cada día más, afortunadamente, sino de otra, tan importante o más que la física: la mental.

La etimología de la palabra mente, cuya raíz indoeuropea ha dado lugar a muchas palabras en diversas lenguas que se relaciona con la capacidad de pensar, la mente y el pensamiento.

Sin embargo, es un término muy polisémico. El sentido concreto que le doy, entre otros, es esa capacidad de pensar, razonar, sentir y poder expresarlo de formas distintas. Cada persona lectora debe buscar su propia significación. Pero insisto, no sólo la capacidad lógica y fría de pensar, sino también junto a la capacidad emotiva, sentida: Cabeza y corazón con el cuerpo. Una totalidad que sobrepasa la física y no es tangible, pero muy real. Y sin duda, soportada por el cerebro. Hoy en día, con el prefijo puesto en todas partes: "neuro". Ciertamente, existe un gran debate. Es para constatar que el ser humano no es ni una máquina, ni un manojo de células ni un artefacto digitalizado ni una conciencia, efecto del cerebro. El ser humano no pertenece solo al mundo materialista, enfermedad actual como he indicado. Es algo más, como indica la física cuántica o la profundidad del mundo interior oriental. Queda por tanto muy abierto el debate del término mental y, de paso, el de conciencia, de la que existen más de cincuenta definiciones. Añado, al final de este término, para complicar algo más este tema: La existencia del mundo inconsciente, la gran aportación de Freud y de todos sus seguidores empezando por, Jung, Szondi etc. pero con una fuerte tendencia actual de ignorarlo para continuar abusando de los poderes, de todo tipo. La mente debe experimentarse con un intento abierto de definición.

La etimología de la palabra pública es también diversa. En primer lugar, puede significar lo que pertenece a la sociedad y da pie a República.

Ahora bien, pública también, y aquí me refiero al artículo, unos recursos públicos al alcance de la ciudadanía. La salud mental es una cuestión que pertenece a todo tipo de gobierno, concretada en un ministerio de salud “total o integral” en función y al servicio de aquellas personas que lo necesiten. Los entendidos afirman que la psiquiatría es la cenicienta de la medicina y enfocada sólo biológicamente, que es necesario, pero totalmente insuficiente e insatisfactorio. Hay que saber que España es el país que se consume más ansiolíticos dentro de Europa. Siguiendo este informe, en 2020 registró un consumo 91 dosis diarias por cada 1.000 habitantes; en otros, como Bélgica y Portugal, un consumo de 84 y 80 dosis diarias. Los expertos dan una explicación de que, por una parte, es la falta de psicólogos en la atención primaria y por otra, no considerar la psiquiatría dinámica, lo que conduce preferentemente a los tratamientos psicofarmacológicos en lugar de psicoterapias para tratar tanto la ansiedad como el insomnio, como ejemplos más extendidos. Los expertos sugieren que aumentar el número de psicólogos podría ayudar a reducir significativamente la dependencia de los ansiolíticos y mejorar la salud mental general de la población. Y, por otra parte, más económico. ¿Le interesa al gobierno el mundo psicoterapéutico?

Y la prevención o profilaxis debería empezar en la escuela en educar al silencio, al respeto y a la cultura del esfuerzo junto a una escala de valores. ¿Interesa esa atalaya a los gobiernos? Todo hace sospechar que no. Se prefiere una sociedad enferma que es consumista de psicofármacos que una población sana mental que sea creativa, gozosa y a la vez de pensar críticamente. Y si es así, no somos una democracia sino una sociedad enferma por vivir sólo materialmente, de tener, junto a la confusión de ideologías, que no permite razonar, pensar y decidir. E indico para comprender esta temática unos libros de Jorge Tizón: Salud emocional en tiempos de crisis (2020) y Psicopatología del poder (2015).

Deseo una buena salud integral!!

 

Jaume PATUEL PUIG, pedapsicogogo

SURFISTA O SUBMARINISTA


col koldo

 

Igual es mi edad la que me lleva a pensar así y ver la realidad desde esta perspectiva.

Siento que en la sociedad pasamos de corrida, sin profundizar, sin meternos en lo profundo del mar de la vida y sus interrogantes. Tenemos tantísimas cosas y acontecimientos que nos ocupan, que nos llenan con poquitos la vida.

Está la realidad del disfrute, del deporte, de la comida y bebida, del dinero, del bienestar o malestar. Y yo corro el peligro de no profundizar. Lo inmediato me ocupa, jugando sobre las olas de los acontecimientos. Movidos por el viento del entretenimiento.

Se me ocurren estas ideas al vivir las fiestas de San Bernabé. Al ver el programa, hay tantos acontecimientos y entretenimientos que no nos queda espacio para analizar qué significó en la historia y qué significa actualmente la fiesta. Y eso mismo lo veo en cualquiera de las múltiples fiestas religiosas o civiles.

Cuando no son los acontecimientos, es la tele, pero dedicamos poco tiempo a pensar, a encontrar el sentido de nuestra vida y de nuestro hoy. Tenemos toda la vida muy ocupada. Quizás los ancianos tenemos más tiempo libre, más oportunidades de pensar y calar, de meternos en los profundo de nuestro momento y de analizar las cosas. Los anuncios llenan la mayor parte de los medios de comunicación. Las noticias, cuanto más superficiales sean, más nos atraen.

Me asustan las votaciones de hoy. Porque ¿cuántas personas han leído el contenido de las propuestas de cada partido? ¿O votamos según el ruido de los altavoces que nos invitan?

Quizás cada vez lo religioso tiene menos peso en la sociedad, pero encuentro que cada vez funciona más por convencimiento. En minoría, pero cada vez vivimos más en profundidad el Evangelio y al Dios de Jesús. Y eso lo veo positivo.

Sin embargo aún es necesaria una invitación a calar y profundizar en nuestros ritos. Pues suenan mucho a caminar sobre los ritos y las plegarias y decimos cosas que podríamos cambiar de sentido. Cuando rezamos un rosario todo seguido, da impresión de una recitación seguida sin pensarla, sin meditarla. Y lo mismo me suena muchas veces cuando cantamos. Menos rezos y más contemplación.

Una invitación al submarinismo. Dejemos el surfismo para los deportistas de ese arte.

UNA VISITA DE ALTO RIESGO


col zapatero

 

Acompaño a una hermana polaca de paso en España. Visitamos en Segovia la tumba de san Juan de la Cruz y leo en una vitrina una carta del santo dirigida a Doña Juana de Pedraza: “Nunca mejor estuvo que ahora, porque nunca estuvo tan humilde ni tan sujeta”.

La afirmación me descoloca por lo firme y lo rotunda y mi sistema defensivo se pone en pie de guerra: ¿Cómo es eso de “estar mejor” estando “sujeta”? ¿No procede de una teología medieval y dolorista ya superada? ¿No estamos creados para ser libres? Hasta ganas me dan de escuchar otra vez a Nino Bravo cantando aquello de “Libreeeee, como el sol cuando amanece yo soy libre…”

Menos mal que, seguramente por inspiración del santo, dedico un tiempo a dar vueltas a lo de “estar sujeta” y en otra carta suya leo esto: “Y sepan que no tendrán ni sentirán más necesidades que a las que quisieren sujetar el corazón”. Eso me lleva a reconocer a regañadientes que casi siempre soy yo misma la que se amarra y sujeta a esas necesidades y, presuponiendo que no me pasa a mí sola, invito a salir de sus madrigueras a algunas de esas necesidades que se esconden como las raposillas del Cantar para poder ponerles nombre:

- la necesidad de permanecer en un habitat diseñado y acondicionado por nosotros mismos - esta comunidad, este trabajo, este clima, este médico…-, que nos sujeta a un futuro de momias disecadas.

- la necesidad de reconocimiento, palmaditas y medallas que nos sujeta a la barra de un caballito de verbena que sube y baja al compás de la música.

- la necesidad de vivir recordando viejas glorias de un pasado en que éramos tantos y tan jóvenes y con tantas obras, que nos sujeta a un pedestal de estatua del Museo de Cera…

Saldrían muchas más, pero quizá baste esta sentencia final de la carta para dejarnos rendida el alma y con ganas de otra libertad: “El pobre de espíritu en las menguas está más constante y alegre (…) no queriendo sujetar nada para sí y perdiendo cuidados por poder arder más en amor.”

Si a alguien se le ocurre visitar la tumba del santo en Segovia, ya sabe a lo que se expone.

 

Dolores Aleixandre

Religión Digital

(Vida Religiosa, Abril 2024)

"LA DEMOCRACIA NO TERMINA EMITIENDO NUESTRO VOTO": EL OBISPO ARIZMENDI PONE 'DEBERES' A LOS MEXICANOS TRAS LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES


col koldo

 

“Exige al gobierno en turno que cumpla sus responsabilidades, que se comprometa a erradicar el clima de violencia e inseguridad que padecemos, pero de nosotros depende que los hijos y los jóvenes aprendan el valor del trabajo, del sacrificio y de la solidaridad, y que no nos dejemos corromper por las dádivas gubernamentales”.

Es la petición que, pocos días después de celebradas las elecciones que dieron la predidencia de México a la candidata de Morena, Claudia Sheinbaum -la primera mujer en ostentar ese cargo en la histioria del país latinoamericano-, ha hecho el obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi, a través de una carta pastoral titulada “No todo depende del Gobierno”.

“Esperamos que los elegidos sean muy buenos gobernantes y legisladores, para el bien de todos, también de quienes no les favorecieron con su voto. Pero lamento que muchos no tuvieron en cuenta esas cualidades, sino sólo quién les puede dar mayores beneficios económicos, quién les garantiza que sigan recibiendo su apoyo en dinero cada mes o cada dos meses, con quién pueden tener algún puesto que les reditúe mejores ingresos, y no les importó la historia y la forma de vida de sus candidatos. Cuando manda el dinero, se cierran los ojos y sólo se extiende la mano. Para muchos, en esto no cuenta su fe cristiana, sino sólo su interés económico”, señala monseñor Arizmendi.

No imitar al vecino del Norte

En este sentido, y a modo de ejemplo, pero sobre todo de advertencia, el obispo emérito de la emblemática diócesis mexicana señala que “puede pasar como con los candidatos a la Presidencia en Estados Unidos. Muchos apoyan a Donald Trump, a pesar de que el Tribunal de New York lo haya condenado por 34 cargos, a pesar de haber sido infiel en su matrimonio y a pesar de su postura tan racista ante los migrantes. Sólo se fijan en que con este candidato la economía nacional y personal puede mejorar. Se amparan diciendo que él está contra el aborto, pero no toman en cuenta que promueve la industria armamentística, la que produce tanto dinero y que provoca tantas guerras y muertes, y que defiende a los vendedores de armas letales que tanto daño hacen allá y aquí con nuestros cárteles; si hubiera más restricciones para adquirir un arma, habría menos muertes de inocentes. El dinero y la economía pueden cerrar los ojos”.

Por ello, citando el Proyecto Global de Pastoral 2021+2024 de la Conferencia Episcopal Mexicana, Arizmendi señala que “a pesar de que se han destinado grandes cantidades de dinero para consolidar nuestra democracia, siendo una de las más caras del mundo, no termina de afianzarse, dejando profundamente insatisfechos a muchos ciudadanos que se sienten desilusionados por esta forma de gobierno, sobre todo por los escándalos de corrupción, los salarios estratosféricos de políticos y funcionarios, la superficialidad de las plataformas de los partidos, la manipulación del voto que juega con la pobreza de la gente y los escasos resultados que se ofrecen para una vida mejor de los pueblos”.

De ahí que, finalmente, invite a actuar dado que “los ciudadanos tendremos que saber que la democracia no termina emitiendo nuestro voto, sino que es necesario dar seguimiento a este proceso, exigir el cumplimiento de las promesas de campaña y pedir la rendición de cuentas de manera transparente, deber al que todo político está obligado”.

 

Religión Digital

DE PÁRROCOS Y PARROQUIAS


col kowalski

 

La parroquia no es el párroco. La parroquia son todos los feligreses, juntamente con el párroco. El párroco es un miembro más de la parroquia, aunque tiene su papel. Él tiene su papel, y los feligreses el suyo. Algunos tienen un oficio parroquial con responsabilidades: catequistas, lectores, ministros extraordinarios de la comunión, cantores, acólitos, miembros del consejo de pastoral y del consejo de economía. Todos son importantes. Y los que no tienen ningún oficio son igualmente importantes, porque si la parroquia es de todos, si falta uno, la parroquia no está completa.

La parroquia no es el párroco. Y la parroquia tampoco es del párroco. La parroquia es de “todos, todos, todos”, como diría el Papa Francisco. Y si es de todos, todos son responsables, todos están llamados a cuidarla y a participar, todos y cada uno tiene una palabra que decir. La parroquia no es del párroco, pero sin duda el párroco tiene el importante papel de moderar los distintos oficios y tareas parroquiales, de estimular la fe, de acoger a los pobres, de presidir la eucaristía.

Y todo eso no como un propietario, como el patrón que manda y los demás obedecen sin rechistar, sino como el primero que sirve. El párroco es un servidor. Y si sirve, y cuando sirve, ocupa de forma eminente el papel de Cristo. “No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad el interés de los demás” (Flp 2,4). Estas palabras valen para todos, pero sobre todo para los que tienen responsabilidades en la Iglesia. Si hacemos eso “tendremos los sentimientos propios de Cristo Jesús” (Flp 2,5).

La viña es una buena imagen de la Iglesia y, por tanto, una buena imagen de la parroquia. Dice el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, 6) que “el celestial Agricultor plantó la Iglesia como viña escogida. La verdadera vid es Cristo, que comunica vida y fecundidad a los sarmientos, que somos nosotros, que permanecemos en Él por medio de la Iglesia, y sin Él nada podemos hacer”. El mejor lugar donde vamos a encontrarnos con Cristo, vid verdadera que nos comunica a nosotros la vida, es en la Eucaristía, en la que escuchamos su Palabra y le recibimos en comunión. Para eso necesitamos una parroquia y un párroco que nos presida la Eucaristía, nos parta la palabra de Dios y nos reparta la comunión. La Eucaristía es la celebración por excelencia de la comunidad parroquial.

Cada parroquia es como una viña que Dios ha plantado en medio de nuestras ciudades. En ella podemos encontrarnos con la vida que es Cristo. Nosotros somos sus miembros. La parroquia es un lugar de fraternidad, de solidaridad y de acogida, porque el Señor que allí nos espera nos llama a ser hermanas y hermanos, a ser cuidadores los unos de los otros.

SOBRE LA NORMA DE NO ACEPTAR MUCHACHOS HOMOSEXUALES EN LOS SEMINARIOS: APRENDER EL ARTE DE AMAR Y SER AMADO


col anso

 

En estos días hemos escuchado algunas noticias de cosas que dice y hace el papa Francisco, y notamos contradicciones; el término frociaggine, traducido en castellano mariconeo, para manifestar que no veía bien la admisión de jóvenes homosexuales en los seminarios, nos sonó mal, es  despectivo, y nos dolió porque venía de Francisco, que además de saber bien italiano, es el papa que con sus actitudes y palabras ha mostrado acogida a los cristianos y cristianas que se identifican en las siglas lgbtiq­+.­   Después, a los pocos días, viene otra noticia diciendo que el mismo papa le había respondido una carta a un muchacho gay, quien por sinceridad sobre su orientación sexual había sido expulsado de su seminario, y que Francisco lo animaba a seguir adelante con su vocación.

A veces, cuando medito estas cosas, me parece que Jorge Bergoglio, en este asunto y otros que se discuten hoy en la sinodalidad, afronta también algunos de los problemas que Raymond Burke, Gerhard Müller, Robert Sarah, Joseph Zen y otros tienen con Francisco.  Si no es cómodo para Burke, Müller, Sarah y Zen y otros ir al paso de Francisco, tampoco lo es para el mismo Bergoglio. Y para Bergoglio es más difícil todavía porque él no es otro que Francisco; así que no es mi intención hacer juicios al papa que más me ha entusiasmado; ¿quién soy yo para juzgarlo?; rezo por él como siempre nos lo pide.  No es fácil tener el timón del barco que es la Iglesia en tiempos de tempestades y de Espíritu Santo.

Quiero, a raíz de estos hechos, plantear mi reflexión y lo hago con el propósito de buscar salidas a muchos de los problemas que vivimos como comunidad eclesial. Escribo a la luz de mi propia biografía y de mis sentimientos, de mi vida en diversos presbiterios y junto a hermanos en un instituto de vida apostólica, de mi experiencia como formador y rector de seminario, tanto en Nairobi como en Medellín, del acompañamiento espiritual que he tenido la gracia de ofrecer a personas que se identifican como homosexuales, algunas de ellas personas que todavía sufren por sus sentimientos y experimentan el rechazo en las instancias eclesiales.

Se trata pues de la norma, vigente todavía, de no aceptar muchachos homosexuales en los seminarios; la norma existe desde hace mucho tiempo y, sin embargo, no se llega a verificar en la realidad y lo que hace es crear dificultades; la verdad es que, como en todo grupo humano, en los seminarios hay un buen porcentaje de varones homosexuales y estos varones llegan a la ordenación y, después, hacen parte del presbiterio y ejercen el ministerio.  Somos hombres y nada de lo humano nos es ajeno, por más que lo queramos atajar y reglamentar.  Creo que la mayoría de estos seminaristas no tengan como motivación fundamental esconderse, disimular su sexualidad o buscar atajos para satisfacer sus pulsiones, muchos de ellos responden simplemente a un llamado que sienten en sus corazones y llegan con buena voluntad y generosidad.

El problema no es que haya homosexuales en los seminarios ni en los presbiterios y congregaciones, creo que poco a poco vamos reconociendo que es una gracia serlo, como es una gracia ser heterosexual. Nadie se ha esforzado usando su voluntad para ser lo uno o lo otro, nadie ha conquistado en un acto de virtud su orientación, nadie ha decidido ser heterosexual u homosexual, ambas son condiciones humanas, no un trofeo que nos ganamos. 

El problema es que, con la norma que los rechaza, los muchachos homosexuales se quedan, en buena proporción, sin formación, y esto porque a medida que se hacen conscientes y dueños de su orientación o llegan a la conclusión que nada pueden hacer para cambiarla, empiezan a reprimir, a llenarse de vergüenza, a negar, a disimular, a sufrir.  En estas situaciones es muy difícil que se dé un proceso de formación y resulta muy complicado, aunque no siempre imposible, que alguien pueda crecer como persona y llegar a la madurez, aprender el arte de amar y ser amado, reconocerse don para el pueblo de Dios y entregarse al servicio de la gente.    

Hace un tiempo, cuando todavía era yo rector de seminario, nos preguntábamos cómo prevenir los abusos sexuales en general y especialmente a menores.  Se daban muchas respuestas, desde iluminar los espacios hasta crear protocolos precisos para el trato a los visitantes. Me parecía prioritario, y así lo expuse sin que mis colegas me dieran sus oídos, que la norma que prohibía recibir a homosexuales tendría que olvidarse si queríamos propiciar sexualidad sana y no propensa a los abusos, y que todos los admitidos, heterosexuales o no, pudieran encontrar un ambiente acogedor para hablar de sí mismos, de sus sentimientos, de su vida y así, desde la confianza y la transparencia indispensables, recibir adecuada formación. 

Opino esto, no porque crea que la homosexualidad sea la causa de la pedofilia y otros abusos, como tampoco lo es el celibato, sino porque puedo concluir que una sexualidad reprimida, negada, avergonzada, explota fácilmente en abuso; las ollas de presión a las que les falla su válvula de escape hacen volar por los aires la cocina toda; y algo así ha sucedido y sigue sucediendo en nuestras iglesias, a cada diócesis y congregación le va llegando su estallido. 

Y la sexualidad reprimida también se da en muchos heterosexuales, que por la forma en que se afronta el celibato, tienen que guardarse igualmente buena parte de sus sentimientos y experiencias y dejarlos en el armario, no sea que su ordenación encuentre impedimentos.  Sí, la vida me lo ha comprobado, en algunos seminarios y casas de formación tanto los homosexuales como los heterosexuales están en el armario y se presume engañosamente de una cierta asexualidad. Sucede también en nuestros presbiterios diocesanos y congregaciones, no todos somos heterosexuales, hay diversidad entre nosotros, y cada uno, en el seguimiento de Jesús, que no es otra cosa que la entrega de sí en el amor, tiene un don para la Iglesia y el mundo.

El papa ha reconocido que hay frociaggine en los seminarios; ya esto es un paso adelante y es una contribución, independiente del término que le haya salido espontáneamente de sus labios y por el que después pidió perdón; al menos no presumió asexualidad y habló sin tapujos; eso sí, hubiéramos esperado un término que no llevara ninguna carga de desprecio y de juicios.  Y es que no siempre donde hay homosexualidad hay mariconeo, hay muchos hombres homosexuales que viven con integridad, en fidelidad a su vocación, asiduos en la oración, cuidando sus comunidades, entregados a los pobres

Reconocer la realidad, así con estos límites, es paso adelante y contribución; ahora habría que hacerse cargo de esta realidad y afrontarla: impedir que cambie la norma de la prohibición es esconder la cabeza como el avestruz y dejar que las cosas sigan como siempre han estado, las que, con norma y todo, no han estado bien.   Y no han estado bien porque en este tema hay mucho sufrimiento y Dios no quiere el sufrimiento de nadie.

Hay pues que hacer un hondo discernimiento, sea sobre los candidatos heterosexuales sea de los homosexuales, comprobar su aptitud para liderar al pueblo de Dios, y cumplido esto, confirmar o no, a nombre de la Iglesia, la vocación a la que se han sentido llamados antes de llegar al seminario; no todos los llamados tienen que ser necesariamente escogidos.

Sueño una Iglesia, en la que todos y todas, también nosotros hombres y mujeres célibes, estemos agradecidos y contentos de nuestra sexualidad.  Algo me hace pensar que ese muchacho gay, a quien habían echado del seminario por ser sincero y al que Francisco terminó alentando en su vocación, puede ayudarnos a hacer posible este sueño.

 

Jairo Alberto Franco Uribe

Religión Digital

LA PERSEVERANCIA DE LAS MISIONERAS DE LA EUCARISTÍA EN GUATEMALA, NACIDAS EN EL PERIODO MÁS ATERRADOR DE LA HISTORIA DEL PAÍS


col arregi

 

El pueblo maya de Guatemala nos regaló uno de nuestros caprichos favoritos: el chocolate. Ya en el año 600 cultivaban árboles de cacao, tostaban los granos, los mezclaban con agua, añadían un poco de especias y hacían 'la bebida de los dioses'. Utilizaban las habas como moneda: con cuatro se podía comprar una calabaza y con diez, un conejo.

Guatemala es un país de emprendedores y hoy es la mayor economía de Centroamérica, según el Banco Mundial (BM). Lamentablemente, también tiene una delas tasas de desigualdad más altas de América Latina, informa el BM, con "algunas de las peores tasas de pobreza, desnutrición y mortalidad materno-infantil de la región, especialmente en las zonas rurales e indígenas". En 2014, el 59.3 % del país vivía en la pobreza y el 52 % de los afectados eran indígenas.

Las Misioneras de la Eucaristía, una comunidad de mujeres que sirven en las remotas montañas de Guatemala, son herederas tanto de la gloria como de los retos de su país. Su misión de preferencia por los más abandonados está ayudando a reducir estas desigualdades, uno de los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas.

En el actual clima de construcción de muros entre Estados Unidos y los países latinoamericanos, decidí cruzar la línea divisoria y seguir su triste y notable historia. Me puse en contacto con la hermana Kathleen Curtin, de las Hermanas de la Presentación de la Santísima Virgen María de San Francisco, quien se convirtió en mentora de las hermanas en 1990, justo antes de la muerte de la hermana Anthony Marie Orland, una antigua religiosa de las Hermanas de la Presentación de San Francisco que fundó las Misioneras de la Eucaristía. La hermana Kathleen me contó historias de aquella época y me envió materiales que recibió de las Misioneras de la Eucaristía y de los archivos de las Hermanas de la Presentación que documentan la fundación de este extraordinario grupo de mujeres.

Hna. Anthony Marie Orland, llamada Madre Tonia, una antigua religiosa de las Hermanas de la Presentación de San Francisco, fundó las Misioneras de la Eucaristía en Guatemala. (Foto: cortesía Hermanas Misioneras de la Eucaristía en Facebook).

La congregación nació en la década de 1970durante una de las guerras civiles más brutales de la historia de América Latina, que incluyó un legado de abusos y asesinatos de mujeres. En 1996, cuando después de 36 años terminó la guerra, más de 200 000 personas habían sido asesinadas, en su mayoría indígenas; más de medio millón fueron expulsadas de sus hogares y muchas más fueron violadas y torturadas. Los mayas, y en particular las mujeres mayas, se llevaron la peor parte de la violencia institucionalizada.

En 1975, Orland fundó las Misioneras de la Eucaristía, una de las tres únicas congregaciones de mujeres indígenas del país. Orland, conocida como Madre Tonia, comenzó su vida misionera en Chiapas, México, trabajando con mujeres indígenas. Se sintió inspirada para unirse a la comunidad de Madre Teresa, las Misioneras de la Caridad, en la India, pero cuando el Gobierno indio le denegó el visado, regresó a California. Sin desanimarse en su sueño de trabajar con los marginados, se fue a Chimaltenango, Guatemala, en 1973.

Guatemala obtuvo su independencia en 1821, pero no trajo consigo las libertades esperadas, ya que los líderes nacionales recién elegidos y los déspotas militares mantuvieron a la mayoría de la población marginada y pobre. Todo el país seguía oprimido por conflictos en los que participaban el gobierno militar, grupos policiales de derechas y rebeldes de izquierdas. Estados Unidos alimentó el caos, alegando el temor a una toma del poder por los comunistas.

Alex Mikulich escribió recientemente un artículo de opinión para National Catholic Reporter en el que atribuye los actuales problemas migratorios a esta alianza impía entre los Gobiernos de Estados Unidos y América Latina. Todo el mundo corría peligro durante la guerra, especialmente los que apoyaban a los llamados rebeldes, incluidos los misioneros a los que se llamaba comunistas por proporcionar alimentos u oportunidades de educación.

La fundación de las Misioneras de la Eucaristía se desarrolló en este contexto. Mientras asistía a un congreso nacional de misioneros en Guatemala, Madre Tonia escuchó que los obispos soñaban con vocaciones que podrían atender a las comunidades indígenas de las montañas. Los religiosos podrían mantener viva su cultura y comunicarse con la gente en su lengua nativa.

Con la aprobación del obispo de Sololá Angélico Melotto Mazzardo, Madre Tonia invitó a mujeres indígenas a rezar y discernir durante dos días al mes. Un año después, en marzo de 1975, dejó Chimaltenango por San Martín Jilotepeque para vivir en una casa tradicional de adobe. Al cabo de un mes, ocho mujeres de Chimaltenango y San Martín Jilotepeque se unieron a ella. El párroco Gonzalo Herrera consagró la casa al Sagrado Corazón, y así nacieron las Misioneras de la Eucaristía.

Ninguna del grupo original de ocho perseveró, pero las que siguieron expresan su compromiso de esta manera: "Nos dedicamos a evangelizar mediante el testimonio, la instrucción y la promoción del amor y el hambre de la Sagrada Eucaristía, especialmente en los lugares más lejanos y con las personas más abandonadas".

Seis años despuésMelotto trasladó a Madre Tonia y a tres candidatos a Santa Apolonia, una parroquia destruida por el terremoto de 1976 y sin párroco. Así, además de la formación, su grupo se dedicó al trabajo pastoral y, con donativos del sacerdote fallecido, ayudó a reconstruir Santa Apolonia y las comunidades cercanas de San José Poaquil. Sin embargo, esta zona se estaba convirtiendo poco a poco en un bastión de los grupos parapoliciales de derechas. Militares y paramilitares abusaban de las comunidades indígenas, dejando a muchas viudas sin medios para mantener a sus hijos. Las hermanas ayudaron a 400 mujeres a formar una cooperativa de tejedoras para ayudarlas a generar ingresos.

A principios de la década de 1980, la violencia iba en aumento. Cuando el general Efraín Ríos Montt tomó el poder, el obispo coadjutor de Sololá Eduardo Ernesto Fuentes Duarte, y los feligreses locales convencieron a las hermanas para que abandonaran Puerto San José, temiendo por sus vidas, ya que las mujeres indígenas eran objeto de abusos, violaciones y asesinatos. Una a una, las candidatas de la comunidad regresaron a casa, dejando a una hermana maya, Virginia, y a Madre Tonia. Milagrosamente, incluso en medio de la confusión, otras mujeres se unieron a ellas como candidatas, y algunas perseveraron hasta la profesión final.

A principios de 1982, cuando Madre Tonia se enteró de que mujeres y niños de San Martín Jilotepeque estaban atrapados porque sus maridos habían sido secuestrados y asesinados, envió alimentos en camiones desde varias parroquias para ayudarles. Al entrar en el pueblo, el ejército la detuvo, la acusó de guerrillera y la encarceló. El padre Gonzalo advirtió al ejército de que encarcelar a una norteamericana podía acarrearles graves problemas, y por eso la soltaron al cabo de dos horas. Regresó a Santa Apolonia, pero semanas después le avisaron de que los soldados volvían a buscarla. Su comunidad de siete miembros se marchó a la casa del obispo  de Ciudad de Guatemala.

Los habitantes de Santa Apolonia, que echaban de menos a las hermanas, les rogaron que regresaran, prometiéndoles protección. Tres hermanas y dos candidatas regresaron en 1984, mientras que Madre Tonia se quedó en la ciudad con dos novicias. En abril de 1985, las trasladó a San Andrés Semetabaj, a una nueva casa de formación construida con fondos de donantes de Estados Unidos y Guatemala.

A lo largo de los 10 años siguientes, las hermanas se formaron en labores de catequesis y abrieron nueve comunidades de misión. Viendo la necesidad de una formación más diversa, Madre Tonia se alegró mucho cuando las hermanas Liz Remily y Joanna Bruno, dos enfermeras y Hermanas de la Presentación, se ofrecieron voluntarias para impartir clases de preenfermería a las hermanas.

"Estábamos encantadas de ayudar", dijo la hermana Joanna y agregó: "La hermana Tonia nos invitó a nuestra primera misión en Guatemala, Santa Clara La Laguna, Sololá. Encontramos un edificio abandonado que antes usaban los antiguos voluntarios como clínica".

Hoy, de las 36 hermanas profesas, hay enfermeras diplomadas, auxiliares de enfermería diplomadas, maestras de primaria, una psicóloga clínica licenciada, una diplomada en teología, contables y secretarias.

Treinta y una hermanas trabajan en parroquias con ancianos abandonados y con jóvenes en centros de formación. Conocen íntimamente la vida en la montaña, donde han crecido, con altitudes de hasta 3000 metros y temperaturas de - 6.6 grados. Vivieron con familias que se ganaban la vida a duras penas cultivando maíz, judías y algunas gallinas. Vivían hacinados en chozas de adobe de una o dos habitaciones con tejados de hojalata y suelos de tierra. Con suerte, algunos tenían pozos, pero otros caminaban hasta el río en busca de agua. La atención sanitaria por parte de curanderos y comadronas locales sigue siendo habitual, y los pacientes se ven disuadidos por la distancia que hay que recorrer para llegar a los centros gubernamentales, que a menudo carecen de medicamentos o suministros. Las hermanas conocen bien las alegrías y decepciones cotidianas de la gente.

Turbulencias y alegrías marcaron los comienzos de su comunidad. Las hermanas quedaron extasiadas cuando Madre Tonia recibió el permiso del Vaticano y de su congregación de la Presentación para profesar los votos perpetuos en su nueva comunidad en 1995. Y lloraron cuando, diagnosticada de cáncer, Madre Tonia fue a Houston para recibir tratamiento y murió en 2000, sólo cinco años después de unirse a las Misioneras de la Eucaristía.

Mientras recibía quimioterapia en Houston, Madre Tonia había conocido a Rose Mary Badami, la fundadora de Magnificat Houses Inc, quien la invitó a traer a sus hermanas para unirse a la misión de Magnificat Houses, similar a la de las Misioneras. Madre Tonia, entusiasmada con la oportunidad, recibió la aprobación del arzobispo de Houston-Galveston, pero se dio cuenta de que no podía llevar a cabo su sueño. En su lugar, pidió a la hermana Kathleen, conocida como hermana Cata, que acompañara a las hermanas. Tres Misioneras de la Eucaristía y la hermana Kathleen cumplieron el sueño de Madre Tonia en diciembre de 2001.

Cinco hermanas, tres de ellas ciudadanas estadounidenses, trabajan en albergues colectivos de Houston con personas sin hogar y personas que salen de la cárcel, y con Loaves & Fishes, un comedor social que sirve comidas caseras seis días a la semana. Las Misioneras de la Eucaristía sueñan con atraer a mujeres de Estados Unidos para que se unan a ellas en la misión. La hermana Kathleen ya no vive con ellas, pero las visita anualmente para ofrecer su apoyo y ayudar a recaudar fondos.

Al prepararme para escribir este blog leí muchos artículos de documentos oficiales, periódicos y relatos de radio sobre el terrible período de la historia de Guatemala cuando se fundaron las hermanas. Había oído hablar de ellas en años anteriores, pero escribir esta historia fue muy conmovedor. Sentí asombro y angustia ante la fortaleza de estas mujeres que perseveraron y siguen adelante, incluso hoy. Las fotos de sus boletines reflejan alegría en sus rostros. Sé que es el poder de Dios, pero su resistencia me resulta insondable.

 

Joyce Meyer

Religión Digital / Global Sisters Report

VIVIMOS EN MEDIO DE TEMPESTADES. ¿CÓMO LAS GESTIONAMOS? ¿QUIÉN NOS SOSTIENE?


col labrador

 

Marcos 4, 35-41

En el capítulo 4, del que forma parte el texto de hoy, el evangelista Marcos empieza ofreciendo diversas parábolas de Jesús sobre el Reino de Dios y la explicación de alguna de ellas. A continuación, presenta a Jesús haciendo cuatro milagros que lo revelan como liberador: ante las fuerzas de la naturaleza (calma una tempestad), del mal (libera a un endemoniado), de la enfermedad (cura a una hemorroísa) y de la muerte (resucita a la hija de Jairo).

Es decir, el evangelio presenta a Jesús como alguien que es capaz de controlar y dominar algunos elementos y realidades ante los que el pueblo era impotente. Alguien que con su palabra increpa a la naturaleza, y esta le obedece. Esta catequesis recuerda la palabra creadora de Dios en el Génesis. Es importante no perder de vista este marco, para comprender mejor el texto de la tempestad calmada.

Hay elementos en este relato con los que no podemos identificarnos.  Ahora no creemos que el mar de Galilea, ni ningún otro mar del mundo, estén habitados por monstruos que mueven el agua en las profundidades y producen tempestades. Ninguna invocación sobre el mar puede hacer que, automáticamente, se calme.

Sin embargo, podemos centramos en el valor simbólico del texto: las tempestades que hay en nuestra propia vida y en la sociedad.

Continuamente experimentamos “vientos fuertes”, que nos colocan en medio de una tempestad, ya sea interior, familiar, laboral, de salud, de fe, etc. Suelen ser experiencias muy duras. El agua (el sufrimiento) inunda nuestra nave y sentimos que la barca vital está a punto de romperse o de naufragar.

Podemos hacernos una pregunta clave: en las tempestades de la vida, ¿a qué o a quién recurrimos? ¿Con qué herramientas gestionamos las tempestades personales?

Además, vivimos en medio de peligrosas tempestades sociales. Ha costado muchos años conquistar los derechos humanos, y actualmente, ciertas personas, grupos y partidos políticos, tiran por la borda esas conquistas. Hacen sonar las sirenas del barco para que cunda el pánico y el miedo nos empuje a refugiarnos en la bodega.

Quieren que, al sentir miedo, dejemos en sus manos el timón, las velas, los remos, la carta náutica y la brújula de todas las naves.

Quieren conducir la gran nave social al puerto que decidan las multinacionales, sin auxiliar a las pequeñas barcas que se encuentran en el mar, ni dejar subir a bordo a quienes piden auxilio desde el agua.

Tenemos miedo. Hay motivos para tenerlo si analizamos la situación mundial. Pero grupos poderosos se están sirviendo de ese miedo para dejar que se ahoguen miles de personas inocentes, y justificarlo en nombre de intereses patrios.  

En este contexto resuenan las palabras de Jesús: ¿Por qué tenéis miedo?

Podemos preguntarnos en las comunidades: El miedo a quienes son diferentes, o vienen de lejos, ¿es más fuerte que la fe en que podemos seguir construyendo una nueva humanidad, fraterna y sororal? ¿El miedo nos hace organizar la pastoral, como si estuviéramos en una piscifactoría, en lugar de salir a mar abierto? ¿Hasta dónde vamos a dejar que el miedo gobierne y condicione nuestras vidas?

La fe nos da una fuerza imparable para navegar en medio de un mar embravecido, para recuperar el timón de cada nave, para saber que las cartas de navegación del Evangelio conducen a buen puerto y que las brújulas funcionan perfectamente, sin necesidad de recurrir al tarot, a gurús, al lujo, al poder o a cualquiera de las “herramientas” atractivas y baratas que se venden actualmente.

La fe es confianza y es fidelidad, por eso sabemos que el timón de las naves no se rompe, a pesar de los embates del mar.

Jesús “se encarnó en las tempestades de su tiempo” y trajo la gran revolución social. Nos aseguró que estaría con nosotr@s hasta el final de los tiempos. Sabemos que no navegamos en solitario, en medio de las tempestades de cada día, que no sólo es patrón del barco, sino el propio barco.

Y las palabras de Jesús, que un día resonaron sobre las aguas del mar de Galilea, hoy nos salpican a cada uno, a cada una, y nos interpelan de nuevo: ¿Aún no tenéis fe?

Recordemos con agradecimiento a los hombres y mujeres del mar, que se juegan la vida pescando para alimentarnos. Y oremos y pidamos perdón a los miles de migrantes que han muerto en el mar, soñando un futuro mejor.

MIEDO A CREER José Antonio Pagola

 


Los hombres preferimos casi siempre lo fácil y nos pasamos la vida tratando de eludir aquello que exige verdadero riesgo y sacrificio. Retrocedemos o nos encerramos en la pasividad cuando descubrimos las exigencias y luchas que lleva consigo vivir con cierta hondura.

Nos da miedo tomar en serio nuestra vida asumiendo la propia existencia con responsabilidad total. Es más fácil «instalarse» y «seguir tirando», sin atrevernos a afrontar el sentido último de nuestro vivir diario.

Cuántos hombres y mujeres viven sin saber cómo, por qué ni hacia dónde. Están ahí. La vida sigue, pero, de momento, que nadie los moleste. Están ocupados por su trabajo, al atardecer les espera su programa de televisión, las vacaciones están ya próximas. ¿Qué más hay que buscar?

Vivimos tiempos difíciles, y de alguna manera hay que defenderse. Y entonces cada uno se va buscando, con mayor o menor esfuerzo, el tranquilizante que más le conviene, aunque dentro de nosotros se vaya abriendo un vacío cada vez más inmenso de falta de sentido y de cobardía para vivir nuestra existencia en toda su hondura.

Por eso, los que fácilmente nos llamamos creyentes deberíamos escuchar con sinceridad las palabras de Jesús: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». Quizá nuestro mayor pecado contra la fe, lo que más gravemente bloquea nuestra acogida del evangelio, sea la cobardía. Digámoslo con sinceridad. No nos atrevemos a tomar en serio todo lo que el evangelio significa. Nos da miedo escuchar las llamadas de Jesús.

Con frecuencia se trata de una cobardía oculta, casi inconsciente. Alguien ha hablado de la «herejía disfrazada» (Maurice Bellet) de quienes defienden el cristianismo incluso con agresividad, pero no se abren nunca a las exigencias más fundamentales del evangelio.

Entonces el cristianismo corre el riesgo de convertirse en un tranquilizante más. Un conglomerado de cosas que hay que creer, cosas que hay que practicar y defender. Cosas que, «tomadas en su medida», hacen bien y ayudan a vivir.

Pero entonces todo puede quedar falseado. Uno puede estar viviendo su «propia religión tranquilizante», no muy alejada del paganismo vulgar, que se alimenta de confort, dinero y sexo, evitando de mil maneras el «peligro supremo» de encontrarnos con el Dios vivo de Jesús, que nos llama a la justicia, la fraternidad y la cercanía a los pobres.

 

SI NO CONFÍO EN MEDIO DE LA TORMENTA, NO CONFÍO EN ABSOLUTO DOMINGO 12º (B) Mc 4, 35-40

fe adulta

 


Leemos hoy el final del c. 4. Podemos tener la sensación de tomar un tren en marcha sin saber de dónde viene ni a dónde va. Después de enseñar en Cafarnaúm, dejando clara la reacción de los jefes religiosos, narra Marcos varias parábolas y termina con el relato de la tempestad calmada. Los milagros, llamados de naturaleza, son los que menos visos tienen de responder a hechos efectivamente reales. Son todo simbolismo.

La Biblia utiliza varias palabras para expresar lo que hoy llamamos milagro. El concepto de milagro que tenemos hoy (hecho en contra de la naturaleza) es reciente. No tiene sentido preguntarnos si los evangelios nos hablan de milagros con este significado. Lo que nos importa es descubrir el sentido de esa manera de hablar. El milagro era un modo de expresarse normal, comprensible para todos los que vivían en aquel tiempo.

En tiempo de Jesús nadie se cuestionaba la posibilidad de milagros. Plantearnos este tema es anacrónico. Recordemos la conocida frase de Evely "Nuestros mayores creían gracias a los milagros; nosotros creemos a pesar de ellos". Rousseau: “Quitad del evangelio los milagros, y toda la tierra quedará a los pies de Jesucristo". Los milagros del Nuevo Testamento se han acabado como tales milagros. Debernos verlos con otra perspectiva. Decía Voltaire: milagro es la violación de las leyes matemáticas, divinas, inmutables, eternas. Por esta sola razón, un milagro es una contradicción in terminis".

Jesús pide a los discípulos que vayan a la otra orilla. Está haciendo referencia al paso del mar Rojo. Aquel paso los llevó a la tierra prometida. La otra orilla del mar de Galilea era tierra de gentiles. Es una invitación a la universalidad, más allá del ámbito judío, que se opone a la apertura. La primera “tormenta” que se desató en el seno de la comunidad cristiana fue precisamente por el intento de apertura a los paganos.

La tempestad está haciendo referencia a Jonás (fue increpado por el capitán por estar durmiendo mientras ellos estaban muertos de miedo). El mar es en la Biblia, símbolo del caos, lugar tenebroso de constantes peligros. Dominar el mar era exclusivo de Dios. De ahí podemos sacar la enseñanza simbólica. El mensaje de Jesús tiene que llegar a todos los hombres, pero no se conseguirá si no se abandona la falsa seguridad de pertenecer a un pueblo elegido, sino a través de la lucha contra las fuerzas del mal.

Mientras todos estaban muertos de miedo, él dormía... Hay que tener en cuenta que se llamaba también “cabezal” a la especie de almohada, donde se colocaba la cabeza de un muerto. Están haciendo clara referencia a una situación postpascual. La primera comunidad tiene claro que Jesús está con ellos, pero de una manera muy distinta a cuando vivía. Aunque no lo vean, tienen que seguir confiando en su presencia.

¿No te importa que nos hundamos? La necesidad extrema les obliga a pedir ayuda a Jesús como último recurso. Las palabras que le dirigen indican su estado de ánimo. No dudan que Jesús pueda salvarlos, dudan de que esté interesado en hacerlo, lo cual es el colmo de la desconfianza. Es dudar de su amor. Es lo que Jesús reprocha a los discípulos. Siguen necesitando de la acción externa para encontrar seguridad.

Increpó al viento y dijo al mar: ¡Cállate! Son las mismas palabras que Jesús dirige a los espíritus inmundos. Además, en singular, como queriendo personalizar al viento. Recordad que la palabra “ruah” (viento) es la misma que significa espíritu. Viento que perjudica equivale a mal espíritu. El “poder” de Jesús se dirige contra la fuerza del mal, no contra los elementos, que, aunque pueden ser hostiles, nunca son malos. Hoy sabemos que después de toda tormenta viene la calma con total normalidad.

¿Por qué sois cobardes? ¿Aún no tenéis fe? No son preguntas, sino constataciones de una evidencia. Ni confiaban en sí mismos ni confiaban en él. Aquí tenemos otra clave para la reflexión. Confiar en un Dios que está fuera, y actuará desde allí, nos ha llevado siempre al callejón sin salida del infantilismo religioso. Una vez más queda de manifiesto que la fe no es la aceptación de unas verdades teóricas, sino la adhesión confiada a una persona. Jesús les acusa de no confiar ni en Dios, ni en él, ni en ellos.

¿Quién es este? El miedo y la pregunta final dejan claro que no habían entendido quién era Jesús. El relato no tiene en cuenta que Marcos ya había adelantado varios títulos divinos aplicados a Jesús desde la primera línea de su evangelio: “Orígenes de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios”. Queda demostrado que no vale una respuesta intelectual. Lo que es Jesús, no hay manera de mostrarlo ni demostrarlo. El descubri­miento tiene que ser experiencia personal de lo que Jesús es en nosotros.

A todos nosotros nos invita hoy el evangelio a cruzar a la otra orilla. Estamos tan seguros en nuestra orilla que no será fácil que nos arriesguemos a cruzar el mar. Ni siquiera estamos convencidos de que exista otra Orilla, más allá de las comodidades y las seguridades que ambicionamos. Sin embargo, nuestra meta está al otro lado del riesgo y del peligro. La falta de confianza sigue siendo la causa de que no nos atrevamos a dar el paso. No terminamos de creer que Él va en nuestra propia barca.

El mensaje de Jesús es que debemos confiar, aunque nos parezca que Dios no se preocupa de nosotros. El enemigo del hombre no es la naturaleza, sino una falsa visión de la misma. La naturaleza es siempre buena. Dios no tiene que rectificar su obra para que los hombres confíen en Él. Flaco favor haría Jesús a sus discípulos si accediera a entrar en la dinámica de un Dios, que pone su poder al servicio de los buenos. Jesús les habla de un Dios que se identifica con ellos también en las circunstancias adversas.

Job plantea una cuestión muy seria, pero la solución que da no es la adecuada. Dios tiene que devolver a Job lo que supuestamente le había quitado para que su fidelidad sea creíble. El Dios en quien Jesús confió fue el Dios escondido, en quien hay que confiar aunque veamos que no actúa. Dios está siempre dormido. Su silencio será siempre absoluto. Ni tiene palabras ni instrumentos para hacer ruido. Mientras no busquemos a Dios en el silencio, nos encontraremos con un ídolo fabricado a medida.

No son las acciones espectaculares de Dios las que nos tienen que llevar a confiar en Él. El maestro Eckhart decía que tomamos a Dios por una vaca de la que podemos sacar leche y queso. Pero también decía: utilizamos a Dios como una vela para buscar algo; y cuando lo encontramos, la tiramos. La idea de un Dios que pone su poder a mi servicio es nefasta. No se trata de confiar en otro, si no de confiar en que Él está más cerca de mí que yo mismo. Solo si siento a Dios en mí, me sentiré seguro.

 

¿QUIÉN ES ESTE? ¿QUIÉNES SOMOS NOSOTROS? Domingo 12. Ciclo B.

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El episodio de hoy supone un gran paso adelante en la revelación de Jesús. Al principio, cuando la gente lo oye hablar y actuar en la sinagoga de Cafarnaúm, se pregunta asombrada: «¿Qué es esto?» (Mc 1,27). Más tarde, cuando cura al paralítico, exclama: «Nunca hemos visto nada igual» (Mc 2,12). Ahora, tras manifestar su poder sobre la naturaleza, calmando la tempestad, los discípulos se preguntan: «¿Quién es este

El mar como símbolo de las fuerzas caóticas (Job 38,1.8-11)

En el mito mesopotámico de la creación (Enuma elish) el dios Marduk debe luchar contra la diosa Tiamat, que representa el mar, para poder crear el universo. El mar simboliza el peligro, la amenaza a la vida. (En términos modernos, el tsunami que devora y destruye la tierra firme.)

La primera lectura, del libro de Job, recoge este tema, pero despojándolo de sus connotaciones politeístas. El mar no es una diosa, es una fuerza caótica que amenaza con cubrirlo todo. El Señor no le machaca el cráneo ni la descuartiza, como hace Marduk con Tiamat; se limita a encerrarlo con doble puerta, a fijarle un confín en el que «se romperá el orgullo de tus olas».

El peligro del mar (Salmo 107)

El mar no es sólo una amenaza para la tierra firme, lo es también cuando se intenta cruzarlo en una pequeña nave como las antiguas. En el momento más inesperado se oscurece el cielo, estalla la tormenta, la nave sube y baja al ritmo frenético del oleaje. Sólo cabe la posibilidad de encomendarse a Dios. Esta es la experiencia que recoge el fragmento del Salmo 107, al que quizá mucha gente no preste atención, pero esencial para entender el evangelio de hoy.

Jesús, los discípulos y el mar (Marcos 4,35-41)

El pasaje del evangelio podemos dividirlo en cinco partes: 1) introducción: Jesús y los discípulos se embarcan a la otra orilla; 2) la tormenta: reacción opuesta de Jesús, que duerme, y de los discípulos, que lo despiertan asustados; 3) Jesús calma la tormenta; 4) Palabras de Jesús a los discípulos; 5) reacción final de éstos.

Tres de estas partes tienen especial relación con los textos de Job y el Salmo.

La segunda (la tormenta) recuerda la situación de grave peligro descrita en el Salmo. Pero, en este caso, los discípulos no se encomiendan a Dios, acuden a Jesús; no creen que pueda resolver el problema, simplemente les asombra que duerma tan tranquilo mientras están a punto de hundirse.

La tercera, en cambio, recuerda la lectura de Job, no por el tono poético, sino por el poder y la autoridad suprema que Jesús manifiesta sobre el mar, semejante a la de Dios en el Antiguo Testamento.

La quinta, que habla de la reacción de los discípulos, recuerda la reacción de los navegantes en el Salmo, pero con un cambio fundamental: los marineros del salmo se llenan de alegría y dan gracias a Dios, los discípulos sienten gran miedo y se preguntan quién es Jesús. Curiosamente, Marcos no ha dicho que los discípulos tuvieran miedo durante la tormenta, pero ahora sí lo tienen; es el miedo que provoca el contacto con el misterio.

Prescindiendo de la introducción, la parte que queda sin paralelo es la cuarta, las palabras de Jesús a los discípulos, que les interroga sobre su miedo y su fe. La ausencia de paralelo sugiere que estas dos preguntas son esenciales en el relato. De hecho, el pasaje dice al lector dos cosas: 1) el poder de Jesús es semejante al que se atribuye a Dios en el Antiguo Testamento; poder para dominar el mar y poder para salvar. 2) Al escuchar la lectura, el cristiano debe reconocer que sus miedos son muchos y su fe poca. Conocer a Jesús no es saberse de memoria unas fórmulas de antiguos concilios. El evangelio debe sorprendernos día a día y hacer que nos preguntemos quién es Jesús.

Desde antiguo se valoró el aspecto simbólico del relato: la nave de la iglesia, sometida a todo tipo de tormenta, esa salvada por Jesús. Un aspecto que también podemos valorar a nivel individual.

¿Quiénes somos nosotros? (2 Cor 5,14-17)

Este breve fragmento de la carta podemos verlo como un complemento al evangelio de Marcos.

«¿Quién es este?», se preguntan los discípulos, sorprendidos por su poder sobre el viento y el mar. La respuesta de Pablo sobre quién es Jesús no se basa en el poder sino en la debilidad: «el que murió por nosotros». Pero esta aparente debilidad tiene un enorme poder transformador: convierte a los cristianos en criaturas nuevas. Ya no deben vivir para ellos mismos, «sino para quien murió y resucitó por ellos.»

Vivir para Cristo es la mejor síntesis de lo que fue la vida de Pablo después de su conversión. Viajes continuos, peligros de muerte, fundación de comunidades, persecuciones de todo tipo, prisiones, redacción de cartas… todo estaba motivado por el deseo de servir a Cristo y vivir para él. Un buen espejo en el que mirarnos.

 

EL SILENCIO, PUERTO A LA VIDA XII Domingo del TO 23 de junio Mc 4, 35-40

 

fe adulta

La lectura simbólica del relato evangélico urge a silenciar el «viento» y el «oleaje», para poder pasar así del miedo a la confianza.

Mientras no salgamos de la mente, será imposible hallar la calma y, con ella, el valor para afrontar el “oleaje” que pueda sobrevenir. Siendo la mente una herramienta prodigiosa, ocurre que cuando nos identificamos o reducimos a ella, no solo la convertimos en una fábrica de preocupaciones constantes, sino que nos impedimos captar la belleza y profundidad de lo real.

La mente, como los sentidos, nos engaña con facilidad, al hacernos creer que la realidad es exactamente igual a la imagen mental que nos hacemos de ella. Y no es así. Por su propia naturaleza, la mente objetiva y fragmenta lo real, mostrándolo como la suma de una infinidad de objetos separados.

Por el contrario, cuando acallamos la mente, percibimos que lo único realmente real es la consciencia (o la vida). Cualquiera puede comprobar cómo, al silenciar el pensamiento, lo único que queda es consciencia desnuda sin contenidos (objetos). Queda un puro “darse cuenta” como espaciosidad abierta capaz de acoger todo.

Esta “espaciosidad” resulta inalcanzable para la mente, que únicamente puede operar en el mundo de los objetos. Y, al no poder captarla, la ignora o la niega. En consecuencia, quedamos reducidos a objetos separados, es decir, asumimos como verdadera la imagen que la mente nos traslada.

Sin embargo, la imagen mental de la realidad no es la realidad. De ahí la importancia decisiva de entrenarnos en acallar la mente si queremos ver con claridad. Porque nos va en ello nada menos que el acceso a la comprensión y, con esta, a la luz, la libertad y la liberación del sufrimiento.

No llegaremos a saber lo que es la vida si nos reducimos a lo que nuestra mente puede percibir. Es preciso silenciar la mente y atender lo que queda: solo así nos descubrimos en nuestra identidad profunda como plenitud de vida que se está desplegando en nuestra persona particular. Esa comprensión es la que nos permite trascender la creencia errónea de separatividad y acceder a la consciencia de unidad, que transformará nuestro modo de ver y de vivir.

MILAGROS

fe adulta

col munarriz

 

Mc 4, 35-40

«Pero ¿quién es éste?  ¡hasta el viento y las aguas le obedecen!»

Llamamos milagro a un hecho inexplicable por las leyes naturales y que se atribuye a una intervención sobrenatural de origen divino. Es de notar que la primera premisa de esta definición es objetiva (no es explicable en el estado actual de la ciencia), pero la segunda es subjetiva (la causa que lo provoca es de naturaleza divina).

Esta subjetividad hace que podemos adoptar cuatro posturas distintas ante los relatos de milagros que recogen los evangelios. La primera consiste en negarlos porque chocan frontalmente con nuestra mentalidad cientifista y, además, porque sabemos que los evangelistas no dudan en violentar la historia para comunicar mejor su fe. También sabemos que en su época los hechos milagrosos son muy bien admitidos, y que con ellos se viste la actividad de los personajes extraordinarios. De acuerdo con esto, parece lógico pensar que estos relatos han sido inventados por los evangelistas tras la experiencia pascual, y que tienen poca conexión con el Jesús histórico.

De hecho, basándose en estos razonamientos (u otros parecidos), los milagros son rechazados de plano por los grandes filósofos de la ilustración, como Spinoza, Hume y Voltaire. Más tarde —y esta vez con base en argumentos de naturaleza exegética— teólogos recientes de la categoría de Rudolph Bultmann toman también una postura rotunda en contra de los milagros. En cambio, John P. Meier y Joachim Jeremías se muestran más cautos al respecto.

La segunda postura consiste en darles a estos relatos un carácter meramente simbólico, aunque sus partidarios admitan que detrás de cada relato milagroso puede haber un hecho histórico. Para algunos, la intención del evangelista sería mostrar a través de los milagros que Jesús era más que un predicador carismático; que Dios estaba con él, mientras que, para otros, su intención sería mostrar el corazón de Dios a través de las curaciones de Jesús; Dios no es el que nos complica la vida, sino nuestro médico. También se manejan otras simbologías más complejas y rebuscadas.

Hay una tercera postura que consiste en afirmar que su fama de sanador se remonta al Jesús histórico; que los evangelios narran hechos extraordinarios de Jesús que sus contemporáneos calificaron de milagros. Jesús arrastra multitudes no sólo por su predicación, sino por sus curaciones, y a ellas debe buena parte de su fama. No obstante, se admite que esa misma fama crea en torno suyo una leyenda que multiplica sus hechos milagrosos, y que los evangelistas recogen por igual las tradiciones de hechos sucedidos y las leyendas que nacen de estos hechos.

Finalmente, la cuarta postura consiste en admitir los milagros narrados en los evangelios sin reservas. “Eso es lo que nos cuentan los evangelistas (alguno, testigo del hecho) y eso es lo que pasó”.

Y éstas son las cuatro opciones planteadas asépticamente, pero merece destacarse que a no pocos creyentes del siglo XXI nos desconciertan los milagros e incluso nos contrarían. Nos parece que introducen en los evangelios elementos mágicos que les quitan credibilidad, y en ocasiones preferiríamos que no estuvieran allí. Sin embargo, están ahí, y si los quitamos hacemos otros evangelios y, por tanto, otro Jesús.

Y es que el relato de milagros ocupa buena parte de cada uno de los cuatro evangelios (en el caso de Marcos, el 47% si descontamos la pasión), y no resulta lógico pensar que son fiables los pasajes cuando cuadran con nuestra mentalidad, y no lo son cuando no cuadran. O son fiables o no lo son; no podemos aceptar de la Palabra sólo lo que nos gusta, sino la Palabra entera.

El recurso al simbolismo podría ser válido hasta cierto punto, pero no cuando estamos hablando de una parte sustancial de cada evangelio. En muchos casos es evidente la intención del evangelista de relatar unos hechos de los que fue testigo o del que recibió noticia directa de testigos oculares. Y, sin negar que el significado del hecho es más importante que el hecho en sí, es innegable el género histórico que subyace en el fondo de estos relatos.

En segundo lugar, afirmar a Dios y negar de manera tajante los milagros resulta contradictorio. Si Dios es el Señor, es muy dueño de irrumpir en el mundo físico para comunicarnos algo si lo considera conveniente … a no ser que estemos hablando de un Dios que no tenga nada que ver con el Dios de Jesús.

En tercer lugar (y bajando de las alturas metafísicas a ras de suelo), Guillermo de Ockham, filósofo franciscano que vivió entre los siglos XIII y XIV, nos legó un principio metodológico que hemos denominado “la navaja de Ockham”, según el cual, «en igualdad de condiciones la solución más simple suele ser la más probable». Pues bien, si lo aplicamos al tema que nos ocupa, la solución más simple (y por tanto más probable) es que Jesús hacía milagros.

No obstante, queremos finalizar insistiendo en el carácter subjetivo del tema. Ante una curación sorprendente de Lourdes, un creyente y un escéptico pueden mostrarse de acuerdo en que el hecho no es explicable desde la ciencia, pero el primero lo achacará a una intervención divina, y el segundo al grado insuficiente de desarrollo de la ciencia médica… y creo que las dos posturas son igualmente válidas.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí