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jueves, 29 de septiembre de 2022

PENSAMIENTO CRÍTICO FRENTE A LA CULTURA DE LA BANALIDAD

FE ADULTA

col leandro sequeiros

 

Razón y Fe, 2022, t. 286, nº 1459, pp. 209-220, ISSN 0034-0235 209

1. Usar y tirar: la sociedad de la banalidad

Los sociólogos insisten en que hemos construido y estamos construyendo una sociedad cada vez más banal, más vacía, más consumista de evasiones. Tal vez siempre lo haya sido, pero antes se intentaba disimular, se consideraba un hecho negativo, mientras que ahora no hay ningún empacho en aceptar la banalidad.

Es una banalidad que abarca muchos aspectos y que se ha infiltrado en el sistema circulatorio de la vida social, aunque probablemente no tenga ese carácter peyorativo que, a priori, pueda parecer, pues el ser banal no deja de ser una opción más de las muchas que ofrece la existencia humana.

Es un hecho que, en las nuevas generaciones de ciudadanos occidentales, en general, aumentan las actividades banales; no hay más que fijarse en la forma en que reciben la información, siempre en exceso, pero de forma muy ligera, procesan cantidad de información en soportes de fácil asimilación: en audio o en pantalla, con mensajes cortos, que apenas requieren esfuerzo intelectual, o a través de las redes sociales, que suelen ser el mayor canto que se ha inventado a la banalidad. Las generaciones emergentes huyen de la prensa y, en particular, de los artículos largos de opinión; les basta, en el mejor de los casos, con leer titulares, aunque, naturalmente y gracias a Dios, hay honrosas excepciones.

Esta banalidad se plasma en el ‘usar y tirar’ que tanto se está instalando en la nueva sociedad: se utiliza ropa de usar y tirar, comida de usar y tirar –léase comida instantánea en abundancia, con cantidad de sobras que acaban en el contenedor de basura–, muebles de usar y tirar… hasta parejas de usar y tirar; la vieja costumbre de parejas bastante estables está dando paso a numerosas y sucesivas parejas de duración efímera y escaso compromiso.

Si se contempla críticamente el conjunto de valores de nuestra sociedad, llama la atención que las redes sociales construyen la vida como una sucesión de banalidades, sin gran apego por casi nada y con una gran dosis de provisionalidad, pensamiento Ikea y por extensión, a los afectados por esta corriente ideológica, generación Ikea. Y daba a entender con este símil mueblístico la preferencia de estas generaciones por lo inmediato, sin planteamientos de futuro ni de permanencia, a lo cual, sin duda, colabora la provisionalidad de buena parte de los trabajos y los sueldos de la actual clase trabajadora, que no permiten proyectos estables de futuro, aunque tampoco me parece suficiente motivo para abrazar esa banalidad generalizada en la que está inmersa la sociedad.

Insisto en que, cuando se habla aquí de banalidad, no se hace de forma peyorativa –uno ya tiene edad suficiente como para no dar consejos a nadie sobre la manera de conducir su vida– sino como una constatación, mezclada con sorpresa, de que los hábitos, sobre todo intelectuales, están cambiando y que el antiguo valor del esfuerzo y la sólida formación está dando paso a la liviandad, a la ligereza… a la banalidad.

2. Zygmunt Bauman y la ceguera moral de la cultura

Cuando se habla de “banalidad”, un referente obligado es el sociólogo Zygmunt Bauman. El 9 de enero de 2017 falleció en su casa de Inglaterra el sociólogo de origen polaco a los 91 años. Desde su punto de vista, lo que denomina la “modernidad líquida” –como categoría sociológica– es una figura del cambio y de la transitoriedad, de la desregulación y liberalización de los mercados.

La metáfora de la liquidez –propuesta por Bauman– intenta también dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones y por unos principios éticos inciertos. El amor se hace flotante, sin responsabilidad hacia el otro, y se reduce al vínculo sin rostro que ofrece la realidad virtual. Surfeamos en las olas de una sociedad líquida que puede licuar incluso a las religiones.

Tal como han apuntado los comentaristas, la modernidad líquida es un tiempo sin certezas, donde los hombres que lucharon durante la Ilustración por poder obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición descubren la falta de certezas. Esta humanidad moderna se encuentra ahora con la obligación de ser libre asumiendo los miedos y angustias existenciales que tal libertad comporta. Por eso, ahogarse en un océano de banalidad es la solución inmediata para sobrevivir.

Este es el sombrío panorama que nos describe Bauman. Este es ahora muy conocido por acuñar el término, y desarrollar el concepto, de la llamada modernidad líquida. Tal difusión ha tenido este término que, junto con el también sociólogo Alain Touraine, Bauman fue ganador del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2010.

El último de sus libros traducidos al castellano, Ceguera Moral (1), insiste más aún sobre las consecuencias extremas a la que puede llevar la modernidad líquida: a la pérdida del rumbo moral, a la ausencia de unos principios éticos de validez universal y perenne que den cierta solidez al edificio de las sociedades occidentales.

Pero ¿qué lugar puede ocupar la experiencia religiosa en este contexto? Si las religiones suelen ofrecer fortaleza y seguridad, ¿qué se puede esperar en la época de la modernidad líquida? ¿Abre Bauman alguna posibilidad? ¿Hay brotes de un posible retorno de lo religioso (como apuntaba José María Mardones hace muchos años) (2) en un mundo deseoso de certezas?

3. Los rasgos pesimistas de la sociedad occidental según Zygmunt Bauman

El fallecimiento de Bauman ha reactivado el interés por sus ideas. En un ensayo de Mónica Redondo (3), “5 ideas de Zygmunt Bauman que retratan a la sociedad moderna”, se apuntan cinco claves para entender lo que está pasando en nuestro mundo. La Modernidad Líquida de Bauman rompe con las estructuras fijadas en el pasado.

La filosofía de vida, los valores y lo que se considera ético y moral ha cambiado radicalmente en los últimos años, a causa de los cambios políticos y sociales ocurridos a partir de la segunda mitad del siglo xx.

En el libro Modernidad líquida, Bauman es capaz de explicar los fenómenos sociales de la era moderna y qué es lo que nos diferencia de las generaciones anteriores. A partir del año 2000, año de su publicación, el filósofo polaco escribe una serie de obras que resumen sus conceptos sobre la realidad que nos rodea: Amor líquido (2003), Vida líquida (2005) y Tiempos líquidos: vivir una época de incertidumbre (2007).

Estos parecen ser los puntos más significativos de Bauman:

1. La realidad líquida consiste en una ruptura con las instituciones y las estructuras fijadas. En el pasado, la vida estaba diseñada específicamente para cada persona, quien tenía que seguir los patrones establecidos para tomar decisiones en su vida. En la modernidad, el filósofo polaco afirma que las personas ya han conseguido desprenderse de los patrones y las estructuras, y que cada uno crea su propio molde para determinar sus decisiones y forma de vida. La sociedad actual se basa en el individualismo y en una forma de vida cambiante y efímera.

2. En la vida líquida según Bauman, la sociedad se basa en el individualismo y se ha convertido en algo temporal e inestable que carece de aspectos sólidos. Todo lo que tenemos es cambiante y con fecha de caducidad, en comparación con las estructuras fijas del pasado.

Muchas de las cosas que explicó Bauman hace 17 años en su obra Modernidad líquida y las que la siguieron se han convertido en una realidad en nuestros días. El sociólogo logró explicar el funcionamiento de la sociedad actual y determinar la relación de las nuevas generaciones con conceptos como el amor, el trabajo o la educación.

3. El amor líquido en la red social Tinder. Muy poco tienen que ver las relaciones de nuestros abuelos con la nuestra. Miedo al compromiso, rollos de una noche, desengaños amorosos… Para muchos jóvenes (y no tan jóvenes) este puede ser el pan de cada día. Para Zygmunt Bauman, estas relaciones son las que dan nombre a su concepto de amor líquido.

Según su patrón, el miedo al compromiso y a las cosas a las que hay que renunciar, como la libertad, son la razón principal por la cual existe este miedo a comprometerse y a darlo todo por una pareja. La vida líquida es una sucesión de nuevos comienzos con breves e indoloros finales. Las relaciones amorosas acaban convirtiéndose en breves episodios, en los que priva la búsqueda del beneficio personal. Cuando una pareja deja de ser rentable, se deja de lado y se busca una nueva. Ni más ni menos que la filosofía de Tinder. Es cierto que historias de amor para siempre han ocurrido gracias a la aplicación de búsqueda de parejas, aunque la mayoría de los usuarios desliza rostros en su pantalla hasta encontrar el indicado para pasar la noche.

4. Ciudadanos del mundo. Si hay algo que no queremos, son ataduras, ni en el amor ni en nuestra forma de vida. En la era moderna, es bastante común entre los jóvenes hacer un viaje de varios meses por América Latina o el Sudeste Asiático, con el objetivo de romper con las barreras y ser testigos de realidades distintas a las de su país de origen.

La realidad líquida de Bauman describe precisamente este escenario, que invita al movimiento, al flujo y a la búsqueda de nuevas experiencias, pero sin echar raíces en ningún lugar. Son ciudadanos del mundo, pero de ningún lugar al mismo tiempo.

5. No más trabajos para toda la vida. Esta filosofía basada en la búsqueda de nuevas experiencias y ser ciudadano de mundo también se ve reflejada en el ámbito laboral dentro de la sociedad líquida. Nuestros abuelos y padres entraron a trabajar en una empresa cuando acabaron la universidad, y se jubilaron en el mismo lugar 40 años después. Las personas no quieren ataduras ni en el amor ni en el trabajo, según Bauman.

En la actualidad, no existe el llamado trabajo de nuestra vida. Los empleos son cambiantes y el mercado actual necesita renovaciones dentro de las empresas cada poco tiempo. Por otro lado, Bauman identifica en sus obras la necesidad de cambio en los trabajadores, a los que se les reclama cada día más volatilidad y capacidad de trabajo en diferentes áreas.

4. Hannah Arendt, sobre la banalidad del mal

Pero hay otro aspecto de la “banalidad” ética de nuestra sociedad que, aunque está insinuada por Bauman, había sido recogida por la filósofa judía Hannah Arendt. Un 14 de octubre de 1906 nacía Hannah Arendt, una de las figuras más relevantes de la filosofía política alemana del siglo xx que teorizó sobre la “banalidad del mal” y que falleció en Nueva York en 1975. Arendt “se convertiría en una de las teóricas políticas alemanas (con atisbos de filósofa) más importantes del siglo xx. Víctima del antisemitismo nazi de 1933, Arendt pasó parte de su vida como apátrida entre 1937 y 1951, cuando el Gobierno de Alemania le quitó la nacionalidad (que más tarde le entregaría Estados Unidos)” (4).

Arendt fue un personaje que, a pesar de que se estudie como filósofa política, ella misma rechazaba ser relacionada con la reflexión filosófica. Le gustaba describirse como “teórica política”, pero obras como La condición humana y su constante crítica a otros pensadores han terminado por situarla en el prisma filosófico.

5. La banalidad del mal,Hannah Arendt y por qué se permiten atrocidades

Seguramente, la obra más conocida de Hannah Arendt es Eichman en Jerusalén. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Adolf Eichman, el que fuera responsable de la logística para la organización y distribución de los campos de concentración, huyó a Argentina para evitar un Tribunal de Guerra. Finalmente, en 1961, Eichman fue secuestrado y juzgado en Jerusalén, saltándose todo el derecho internacional. Entonces, The New Yorker pidió a Hannah Arendt que realizara una crónica del juicio.

Fue a partir de este suceso que Arendt redactó el que, seguramente, sea su ensayo más conocido: Eichman en Jerusalén. En él, la alemana no solo describió el proceso del juicio minuciosamente, sino que se planteó una pregunta esencial: ¿por qué Eichman no parecía malvado si lo que había permitido y en lo que había contribuido era a todas luces un horror? Hannah Arendt ve a Eichman como una persona absolutamente normal: consciente de lo que ha hecho, nunca lo niega pero tampoco ve nada

 intrínsecamente malo en los actos que ha realizado.

“Cumplía órdenes de Estado”, defendía el alemán quien, además, alegaba la condición de “buen ciudadano” que cumplía aquello que se encomendaba. Y, sobre esto, Arendt definió “la banalidad del mal” (depende de la traducción, se puede encontrar de otra forma). En primer lugar, la banalidad, en tanto que es poco trascendente, no lo sitúa sobre el hecho que “es horrible”, sino sobre el por qué Eichman lo permite o contribuye a ello. Para Hannah Arendt, el que el acusado no sustente sus actos en fuertes convicciones ideológicas o morales resulta, incluso, más aterrador que el mismo hecho en sí. ¿Por qué una persona normal, que ni es malvada ni tiene mayores pretensiones que las de cumplir órdenes, se involucra en tamaña maldad?.

Por una incapacidad de juicio. Hannah Arendt distingue entre conocimiento y pensamiento; el primero es la acumulación de saberes y técnicas, la conceptualización de lo aprendido mientras que el segundo lo define como una suerte de constante diálogo interno en el que, en la íntima soledad, uno juzga sus propias acciones.

Eichman carecía de “pensamiento”, o al menos no lo ejercitaba mientras orquestaba el traslado de miles de judíos para ser ejecutados. Esto lo situaba como un “nuevo agente del mal” que, sin parecerse en nada a los más convencidos ideológicamente, se entremezclaban en una masa desideologizada y sin reconocimiento que contribuye (activa o pasivamente) al “horror”.

Hannah Arendt distingue –dentro de la incapacidad del juicio– entre tres grupos: los nihilistas, que con la creencia de que no hay valores absolutos se sitúan en las esferas de poder; los dogmáticos, que se aferran a una postura heredada; y los ciudadanos normales, similar al hombre-masa que estableció Ortega y Gasset, el grupo mayoritario que asume las costumbres de su sociedad como “buenas” de una manera acrítica. Todos los grupos carecen del pensamiento definido por Hannah Arendt. La alemana defendió que el nazismo se alimentó, y fue alentado, por estos tres grupos, lo que permitía que el grueso del país pudiera realizar los horrores contra la Humanidad. Aun así, Arendt explica que esta  ausencia de diálogo interno no es un mal de por sí y menos aún conlleva ningún acto, a priori, malo. Es en situaciones extremas, como el auge y establecimiento del nazismo en Alemania, en las que esta banalidad del mal reluce como complicidad e incluso simpatía con los “horrores”.

6. Las condiciones humanas: Hannah Arendt y la banalidad del mal

Discípula de Martin Heidegger y Karl Jaspers, el pensamiento de Arendt se puede acercar al pensamiento del existencialismo moderno. En su obra más representativa (entre otras), La condición humana, la pensadora alemana realiza un estudio sobre el estado de la humanidad en los tiempos que le son dados.

Arendt define la “condición humana” como aquello que le determina, negando la “naturaleza humana” como primer referente. Destaca “tres actividades fundamentales” sobre las que se yergue esta condición: labor, trabajo y acción; todas ellas englobadas en el concepto vita activa. Cada una de estas corresponde a una condición: biológica, mundana y pluralidad.

7. Es oportuno, importante e incluso necesario recuperar la capacidad de reflexión sobre el sentido de la vida

Las figuras intelectuales sobre la banalidad, tanto Bauman como Arendt, y la oportunidad del libro del profesor Manuel Fraijó, Semblanzas de grandes pensadores (5), nos invitan a leer y fomentar el pensamiento crítico para repensar nuestra vida en el contexto de la cultura líquida y de la banalidad. Una sociedad que tiene el peligro de “encefalograma plano”, que solo piensa en pasarlo bien, evadirse, consumir y usar y tirar, necesita algún tipo de revulsivo como el mismo Fraijó insinúa. Los recientes debates en Europa sobre la necesidad de volver a introducir la formación filosófica en los currículos educativos de secundaria nos abren a la esperanza. En el largo, fatigoso y a veces estéril camino de la reflexión no estamos solos. Muchos hombres y también mujeres (pero estas apenas aparecen en los libros de texto de filosofía) nos han precedido. No vamos solos, sino que avanzamos sobre lo que otros han elaborado antes.

El 15 de febrero de 1676 escribía Isaac Newton en una carta al físico Robert Hooke: “si he podido ver más lejos es porque me encaramé a hombros de gigantes”. Parece ser que esa expresión no es original de Newton, pues los expertos la atribuyen en el teólogo y filósofo John de Salisbury (1115-1180). Sea o no Newton el autor, merece nuestra atención. La historia social de las ciencias muestra que el desarrollo del pensamiento racional no suele ser obra de una sola persona. Ya Thomas S. Kuhn destaca la importancia de las comunidades científicas como constructoras de los paradigmas que fortalecen, transforman y derrocan las teorías científicas. De igual modo, las ciencias sociales crecen y se edifican desde determinadas concepciones del mundo y de la realidad. Históricamente, han sido los llamados “pensadores”, las mentes más privilegiadas, las que encaramándose a los hombros de los pensadores anteriores han hecho avanzar la interpretación de los procesos sociales.

8. La revista Razón y Fe nos invita a retomar el hábito de pensar frente a la cultura de la banalidad

La revista Razón y Fe, desde su fundación en 1901, nos invita a reaprender y a pensar. A valorar a los que consideramos “pensadores”. A fomentar una generación de hombres y mujeres con Capacidad crítica ante la realidad y no vivir en la banalidad de lo efímero. En una sociedad multicultural urge la construcción de espacios y plataformas de reflexión interdisciplinar que de la

atonía la cultura de masas dominante que solo busca consumir sin que ello transforme los hábitos de vida. Desde esta perspectiva, la búsqueda del sentido de la vida en una sociedad multicultural es una tarea apasionante. Y para este tipo de lectores la reflexión compartida con los que pueden denominarse “grandes pensadores” abre horizontes de posibilidad de ser creyentes en el siglo xxi.

Desde este marco cultural recomendamos el ensayo del profesor Manuel Fraijó, catedrático emérito de Filosofía de la religión en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). El autor no solo ha desarrollado una intensa labor magisterial en la universidad, sino que sigue siendo un fecundo conferenciante en el ámbito de la Historia de la filosofía, de la Filosofía de la religión, de la Historia de las Religiones y de la Teología. En estas conferencias, tanto en España como en América Latina, confronta con sus oyentes no solo los resultados de sus estudios sino también la reelaboración continua de sus propias vivencias humanas y espirituales enriquecidas por las aportaciones de los que pueden denominarse “grandes pensadores”.

No es fácil delimitar qué es lo que puede entenderse por “grandes pensadores”. En el libro que comentamos se refiere solamente a aquellos hombres (prácticamente todos) que desde la Reflexión racional (filosófica) han elaborado las diversas concepciones del mundo, el lugar del ser humano en el mundo y el sentido de los valores y la vida humana en el contexto de un mundo globalizado.

Por eso, el volumen que aquí comentamos de Manuel Fraijó no se incluye entre los manuales de historia de la filosofía como disciplina del desarrollo del pensamiento humano desde la fría postura del observador. Es más que eso. Se encarama a los hombros de los grandes pensadores para ver más lejos las direcciones del porvenir (que diría Pierre Teilhard de Chardin).

Este volumen contiene la elaboración personal de profesor Manuel Fraijó del proceso de búsqueda racional del sentido de la vida de 22 grandes maestros del pensamiento, desde Confucio hasta Karl Rahner pasando por figuras tan diferentes entre sí como Martín Lutero, Voltaire, Feuerbach, Nietzsche o Kant. En todos ellos ve el autor elementos positivos que pueden ayudar al lector abierto de mente a su propia reelaboración cognitiva y axiológica. No queramos ver en este volumen una selección de los que podrían ser los “mejores” pensadores de todos los tiempos.

En un mundo como el nuestro en el que parece triunfar la cultura de la evasión y de la banalidad, el reconocimiento de que han existido y existen personas que tienen como preocupación Existencial básica la reflexión, puede ser un revulsivo para la construcción de una sociedad de hombres y mujeres libres y dueños de sus propios destinos.

9. Conclusión

Posiblemente, en un mundo en el que las comunidades científicas perciben la urgencia, posibilidad y necesidad de fomentar el pensamiento crítico, racional, no banal, interdisciplinar, con la integración de científicos naturales, ingenieros, filósofos y humanistas, teólogos, economistas y cultivadores de las ciencias del espíritu (que postulaba Dilthey) no es  una distracción sino una exigencia de la tarea de buscar y construir juntos sistemas interpretativos de la realidad que den sentido global y respuesta a la gran pregunta que ya se hacía en su tiempo Immanuel  Kant: ¿qué es el hombre?

Este texto del prólogo a este volumen del profesor Fraijó es un manifiesto a favor de la convergencia de pensamientos hacia respuestas a las grandes preguntas: “En lo que coinciden todos los pensadores de este libro es en su rechazo de la obviedad y en su entrega a la reflexión. Desde sus inicios, la filosofía [y aquí podríamos integrar todos los esfuerzos racionales del pensamiento humano] partió de que nada es obvio, de que en todo lo que nos circunda habitan la extrañeza y la perplejidad.

Bien lo sabía Schopenhauer cuando escribió: “La vida es algo penoso; he decidido pasarla reflexionando sobre ella”. Algo parecido nos legó Husserl, uno de los filósofos del siglo xx que más han valorado la reflexión filosófica: “Tuve necesariamente que filosofar; de lo contrario no habría podido vivir en este mundo”. Solo cabe esperar que no sea cierta la sentencia de Fichte: “Si uno filosofa, no vive; y si vive, no filosofa”. Siempre será posible, pienso, unir vida y filosofía, pensamiento y experiencia”.

La perspectiva poliédrica de los pensadores que nos presenta Manuel Fraijó, junto a otros muchos hombres y mujeres que elaboraron, elaboran y elaborarán respuestas multidisciplinares a las grandes preguntas de la humanidad siempre es necesaria.

 

Leandro Sequeiros, SJ

Presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta)

 

(1) Z. Bauman, Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida, Barcelona 2015

(2) J. Mª. Mardones, Síntomas de un retorno. La religión en el pensamiento actual, Sal Terrae, Santander 1999.

(3) M. Redondo, “5 ideas de Zygmunt Bauman que retratan a la sociedad moderna. Con motivo de la muerte del autor de Modernidad líquida, explicamos cómo la filosofía de Bauman describe la forma de vida de la sociedad actual”, https://hipertextual.com/2017/01/5- ideas-bauman

(4) L. H. Rodríguez (14-10-2019), https://

www.newtral.es/hannah-arendt-sobrela-humanidad-del-mal/20191014/

(5) M. Fraijó, Semblanzas de grandes pensadores, Madrid 2020, 353-370.

CON IRONÍA Y SIN RESPETO, JESÚS HABLA DEL DINERO

 

col ruz

 

A propósito de  Lc 16,1-13*

Enraizada en la tradición literaria oriental, no resulta sencillo definir lo que es una parábola; baste mencionar que las parábolas de Jesús de Nazaret son relatos de asunto socioeconómico —sólo tres de contenido religioso por contraposición a lo profano: Lc 12,16-21; 16,19-31; 18,9-14—, de estructura abierta y, por consiguiente, orientadas a provocar una reflexión en el oyente a partir de un efecto de choque producido por elementos narrativos insólitos y que invitan a cerrar el relato con una toma de posición personal.

En algunas parábolas, el efecto de choque no se advierte en una primera lectura: es preciso, entonces, redescubrirlo haciendo uso del conocimiento de la Palestina del primer tercio del siglo I —y, en general, del mundo mediterráneo de entonces— para conseguir una mejor aproximación al medio socioeconómico y religioso donde Jesús desarrolla la praxis del Reino de Dios. En otras parábolas —tal esta—el efecto de choque es tan evidente, más aún tan incómodo para la sensibilidad actual, que ha generado esfuerzos de muchos estudiosos del Nuevo Testamento y de otros tantos predicadores por suavizar ora el lenguaje, ora el mismísimo contenido de las palabras que, hoy como ayer, fastidian y provocan rechazo a algunos oyentes del Galileo.

El contexto del relato es uno de los tantos latifundios que se han generado en Galilea merced a que la voluntad de Yahvé de que no hubiese pobres en Israel, expresada en la remisión de las deudas cada siete años (Dt 15,1-11) y en el retorno de la propiedad a su dueño original en el Año Jubilar (Lv 25,1-55), se ha convertido, para entonces, en papel mojado. Y es que, desde el siglo II a.C., existe en Israel un proceso de acaparamiento de tierras que llega a su clímax durante la ocupación romana.

Dos son las causas principales de este fenómeno: la carga impositiva de las diferentes administraciones de ocupación que acaban por llevar a los pequeños agricultores a la enajenación de sus propiedades, y las reorganizaciones territoriales derivadas de los cambios políticos que ocasionan la migración y, por lo tanto, al abandono o venta de la tierra. Añádase que, desde Herodes el Grande, los gobernantes de Israel se consideran propietarios de la tierra —muy en contra de lo expresado en la Escritura como palabra de Yahvé: «La tierra no puede venderse a perpetuidad, porque la tierra es mía, y ustedes son forasteros y huéspedes en mi tierra.» (Lv 17,23)— y disponen de ella en favor de un pequeño grupo de privilegiados. Esta contradicción con el Libro Santo se hace más aguda en la alta Galilea, alrededor del Lago de Genesaret, donde están las tierras más fértiles y productivas: justamente allí y en tiempos de Jesús, Herodes Antipas fomenta todavía más los latifundios.

Ahora bien, siendo la economía de Palestina eminentemente agrícola, como la de todos los países de la cuenca del Mediterráneo del primer tercio del siglo I, la tierra es la base de la economía, de donde su acaparamiento equivale a la acumulación de la riqueza en forma de lo que podría llamarse, dado el tamaño de las propiedades, empresas agropecuarias. Estas combinan la producción de cereales con la vid y el olivo, a más de fruta, hortalizas, madera, y el muy codiciado bálsamo, base de perfumes y medicamentos. Los prósperos propietarios suelen dedicarse a viajar dejando la marcha del negocio en manos de un administrador.

Pues bien, resulta que el administrador de la parábola que Jesús narra ha manejado el negocio a su antojo y, desde luego, lucrando, hasta que el propietario, enterado de sus fechorías, le pone un hasta aquí. Tal es el poder del administrador entonces que, de prisa, falsifica la contabilidad a costa de los bienes del dueño y en beneficio suyo. Y aunque se ha pretendido que las rebajas a las deudas se dedujesen de las ganancias del propio administrador por ser cosa común que los tales administradores ampliasen el margen de los beneficios para su bolsillo, François Bovon opina que: "la 'injusticia' del ecónomo, no consistió únicamente en dilapidar los bienes del dueño, sino también en falsificar los 'documentos', pagarés o contratos de arrendamiento [como un] 'hijo de este tiempo' y no [como] un ecónomo que, tras una debilidad (la dilapidación) se arrepiente y obra honestamente" (así en El evangelio según San Lucas III, Salamanca 2004).

Entonces el sinvergüenza viene a ser alabado por su patrón, cosa insólita pero factible si se toma en cuenta que la alabanza no es de manera absoluta sino por la inteligencia con que actúa: desde su perspectiva de latifundista el dueño admira y se inclina ante la clase de su administrador, quizá por lo mucho que se le parece.

Ahora bien, ¿qué relación puede haber entre esta historia de rufianes y el Reino de Dios? Lo más probable es que la respuesta haya que buscarla en el colofón de la parábola: «Yo les digo: Háganse amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, los reciban en las eternas moradas», donde "dinero injusto" viene expresado con el término mamona, que aparece en el Nuevo Testamento únicamente en las palabras de Jesús (Mt 6,25 y par.; Lc 16,9). De origen incierto, mamon/a viene mencionado en la versión griega del Antiguo Testamento, en algunos textos extra bíblicos y en la Misná y el Talmud, y acaba siendo "asociado frecuentemente con la adquisición no honrada de bienes o con el afán de obtener ganancias por medios engañosos y fraudulentos, [y también] aparece personificado como un poder que se halla en conflicto con lo que Dios exige al hombre" (así H. Balz, G. Schneider, Diccionario exegético del Nuevo Testamento, Salamanca 2001).

Es así que Jesús de Nazaret con esta parábola —en la que se advierte la ironía del Maestro en relación con la economía de su tiempo y, particularmente, con la acumulación de la riqueza derivada de los latifundios a la que no respeta en lo más mínimo— pone a los suyos en la disyuntiva de someterse a mamon/a y a su dinámica de corruptelas, o de aceptar la dimensión de autonomía y libertad del Reino de Dios que, en más de un caso, habrá de suponer una redistribución del dinero injusto: como propone François Bovon (op. cit.): "Hacer dones con él es el único sistema de blanqueo del dinero sucio..."

 

José Rafael Ruz Villamil

YUCATÁN (MÉXICO)

ECLESALIA, 26/09/22

JESÚS FUE UN REFUGIADO EN EGIPTO

RELIGIÓN DIGITAL

col jl sanchez

 

La Vicaría de Cultura y Relaciones Institucionales de la archidiócesis de Valencia junto con la Cátedra de la Caridad Santo Tomás de Villanueva de la Universidad Católica de Valencia se unen a la 108ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado que tendrá lugar el domingo 25 de septiembre. El Vicario episcopal de Cultura y Relaciones Institucionales y director técnico de la Cátedra de la Caridad de la UCV, D. José Luis Sánchez García, ha enviado una carta a distintos ámbitos de la cultura para que participen de la reflexión que viene haciendo cada mes y que en esta ocasión quiere tratar este tema relevante y trascedente de la migración.

El Vicario episcopal ha indicado que “acoger a los migrantes y refugiados significa ver a Jesús refugiado en Egipto en cada uno de los rostros de los que llegan hasta nosotros. Esto no nos exime de tener en cuenta la legislación en esta materia. Para que la acogida pueda ser integradora y podamos compartir entre todos las bondades que aquí tenemos, es necesario que no se rompa el equilibrio y la armonía social”.

Sánchez García ha resaltado que “tenemos que conseguir que los migrantes sean vistos como una oportunidad, como un regalo, más que como un problema. Para ello, todos tenemos que colaborar, instituciones del estado y públicas, el derecho y las leyes, junto a nuestro deseo de familia universal. No todo es posible, tiene que haber límites para que la sociedad pueda ser integradora, siendo conscientes que uno o varios países no pueden acoger a todos. Necesitamos una ética de la sostenibilidad desde donde se plantee la colaboración de todos en este proyecto universal para que pueda ser una realidad”.

El Vicario episcopal de Cultura y Relaciones Institucionales de la archidiócesis de Valencia recuerda este año de manera particular a todos los migrantes y refugiados a causa de la guerra en Ucrania y de otros conflictos bélicos actuales, animando a que “con responsabilidad y compromiso, no les dejemos solos: Todos somos hermanos”.

Origen en la I Guerra Mundial

La celebración de la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado tiene su origen en 1914. Pío X, meses antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, llamó a todos los cristianos a rezar por los migrantes, conmovido por los millones de italianos que habían tenido que emigrar desde comienzos del siglo. Pocos meses más tarde, su sucesor, Benedicto XV, instituyó el “Día del migrante” para apoyar espiritual y económicamente las obras pastorales que ayudaban a los emigrantes italianos.

Desde entonces la Iglesia celebra esta jornada como una ocasión para expresar su preocupación por todas aquellas personas vulnerables que se encuentran desplazadas, rezar por ellas, brindarles apoyo y sensibilizar a todos sobre las oportunidades inherentes al hecho migratorio, fenómeno presente desde los comienzos de la historia de la humanidad.

Este año, bajo el lema “Construir el futuro con los migrantes y los refugiados”, el Papa Francisco ha insistido en el valor que supone la aportación de los migrantes y refugiados a las sociedades que los acogen, siendo su presencia “una oportunidad de crecimiento cultural y espiritual para todos”, que genera “espacios de confrontación fecunda”. Partiendo de la importancia de participar en la construcción del Reino de Dios aquí y ahora, el Papa recuerda que el proyecto divino “es esencialmente inclusivo y sitúa en el centro a los habitantes de las periferias existenciales”. Esta colaboración implica “un trabajo minucioso de conversión personal y de transformación de la realidad” en la búsqueda de la justicia, la fraternidad y la paz en este mundo, ha indicado el Santo Padre.

El Vicario episcopal de Cultura y Relaciones Institucionales de la archidiócesis de Valencia y director técnico de la Cátedra de la Caridad UCV, al término de su reflexión ha apuntado que “los migrantes deben compartir con nosotros la construcción del futuro del que van a ser partícipes, sin que esto sea obstáculo para continuar ayudando a todas las personas vulnerables en nuestra nación, que siguen necesitando de nuestro apoyo. Para ello hemos de seguir desarrollando una sensibilidad que nos implique más a todos”.

Más de cien millones, obligados a huir

Según datos de ACNUR, en 2021 un total de 89,3 millones de personas se han visto obligadas a huir de sus hogares, de las cuales 27,1 millones son personas refugiadas (más de la mitad menores de 18 años). A estos datos hay que sumar en este año los registrados por la invasión de Ucrania: al menos más de 5,6 millones de ucranianos refugiados en Europa y una estimación de más de 7,1 millones de personas desplazadas dentro de Ucrania. A finales de 2022 se prevé que, en todo el mundo, más de 101,1 millones de personas habrán tenido que huir de sus hogares.

Las causas de estos desplazamientos forzados son muy variadas: desde persecución, conflictos, violencia, violaciones de los derechos humanos o acontecimientos de graves alteraciones del orden público, a búsqueda de protección por motivos climáticos y medioambientales.

En este año del Centenario de la Coronación de la Virgen de los Desamparados podemos concretar nuestro apoyo colaborando con alguno de los proyectos que dan soporte a personas que han tenido que huir de sus hogares y necesitan ayuda (más información en https://centenario.basilicadesamparados.org/).

 

LOS MISIONEROS SALESIANOS ATIENDEN A MÁS DE MEDIO MILLÓN DE PERSONAS REFUGIADAS EN EL MUNDO


misiones salesianas

 

El último domingo de septiembre la Iglesia celebra la 108ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. El tema elegido este año por el Papa Francisco es Construir el futuro con los migrantes y los refugiados. Este día constituye el recuerdo para expresar nuestra preocupación por las diferentes categorías de personas en situación de vulnerabilidad en movimiento; para pedir por ellos mientras se enfrentan a muchos desafíos; y para sensibilizar sobre las oportunidades que ofrecen las migraciones.

El asentamiento de refugiados de Palabek, en el norte de Uganda, en el que MISIONES SALESIANAS trabaja desde su apertura en 2017 es un ejemplo de construcción de este futuro. Es el único abierto en el país africano para recibir a las personas que siguen huyendo de la violencia en Sudán del Sur, y más de 67.000 personas viven en una extensión de 20 kilómetros cuadrados. Cada mes llegan cerca de 2.000 nuevos refugiados. Los misioneros salesianos viven en el asentamiento con las personas refugiadas y proporcionan acompañamiento, atención y la posibilidad de educación en escuelas primarias y en la escuela técnica Don Bosco.

En las escuelas de primaria “también damos de comer a los menores y atendemos a los que tiene alguna discapacidad”. La Escuela Técnica “es un oasis para los jóvenes. Allí aprenden carpintería, soldadura, mecánica, agricultura, costura, energía solar y peluquería. Luego ponen en práctica el oficio para mejorar la situación de sus familias y contribuir a la paz”, asegura el misionero salesiano.

Los misioneros salesianos atienden a más de medio millón de personas desplazadas y refugiadas en el mundo. En Sudán del Sur, en Turquía y Líbano, en Egipto, en Centroafricana, en RD Congo, en Etiopía, en Pakistán, en Kenia, y también en México, en India y, por supuesto, en Ucrania y en los países fronterizos. Atender a los menores, de manera especial a los no acompañados, ofrecer acompañamiento, atención sanitaria, acceso a la alimentación y servicios básicos y, sobre todo, acceso a la educación son nuestras prioridades con la población migrante y refugiada a la que prestamos ayuda en los cinco continentes.

En el último año hemos alcanzado un triste récord: en el mundo ya hay 100 millones de personas desplazadas a la fuerza. Cien millones de historias de niños y niñas, hombres y mujeres, personas mayores, que se han visto obligadas a dejar su hogar y huir para salvar su vida. Muchos de ellos se han convertido en refugiados en otros países, pero otros siguen buscando un lugar acogedor donde comenzar una nueva vida y tener mejores oportunidades.

 

SUEÑO CON UNA IGLESIA FORMADA POR MUJERES Y HOMBRES QUE SE PARTEN COMO PAN PARA TODOS LOS QUE MASTICAN LA SOLEDAD Y LA POBREZA

RELIGIÓN DIGITAL

col bastante

Francisco viajó este domingo pasado a Matera, 'la ciudad del pan', para clausurar el XVII Congreso Eucarístico Nacional. Lo hizo temprano, para permitir que los fieles tuvieran más tiempo para ejercer su voto en las presidenciales italianas. En la ciudad italiana, le esperaban unas 15.000 personas, que escucharon de boca del Papa una petición: "Volvamos a Jesús, volvamos a la Eucaristía".

"Volvamos al sabor del pan, porque mientras estamos hambrientos de amor y de esperanza, o estamos rotos por las fatigas y los sufrimientos de la vida, Jesús se convierte en alimento que nos alimenta y nos sana. Volvamos al gusto por el pan, porque mientras la injusticia y la discriminación de los pobres siguen produciéndose en el mundo, Jesús nos da el Pan de Compartir y nos envía cada día como apóstoles de la fraternidad, la justicia y la paz", clamó Bergoglio, pidiendo a los 800 delegados presentes en el congreso, y a las decenas de miles de files que lo acompañaron en el estadio local, que "volvamos al sabor del pan para ser una Iglesia eucarística, que pone a Jesús en el centro y se convierte en pan de ternura y misericordia para todos. Volvamos al sabor del pan para recordar que, mientras se consume esta existencia terrenal nuestra, la Eucaristía anticipa la promesa de la resurrección y nos guía hacia la vida nueva que vence a la muerte".

El Papa arrancó su homilía denunciando que, todavía hoy, "el pan no siempre se comparte en la mesa del mundo; no siempre emana la fragancia de la comunión; no siempre se parte en justicia". En la parábola de Jesús, la del rico sin nombre y el pobre Lázaro, nos muestra una contradicción. Y una pregunta: "¿a qué nos invita el sacramento de la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida del cristiano?".

El rico sin nombre y el pobre Lázaro

En primer lugar, subrayó Francisco, "la Eucaristía nos recuerda la primacía de Dios". Así, el hombre rico "no está abierto a una relación con Dios: sólo piensa en su propio bienestar, en satisfacer sus necesidades, en disfrutar de la vida", en encerrarse en sí mismo.

"Autosatisfecho, borracho de dinero, aturdido por la feria de la vanidad, no hay lugar en su vida para Dios porque sólo se adora a sí mismo", añadió el Papa. Un "rico", por los bienes que posee. "Qué triste es esta realidad aún hoy, cuando confundimos lo que somos con lo que tenemos, cuando juzgamos a las personas por la riqueza que tienen, los títulos que ostentan, los papeles que desempeñan o la marca de ropa que llevan", lamentó el Papa, quien denunció "la religión del tener y del parecer, que a menudo domina la escena de este mundo, pero que al final nos deja con las manos vacías".

Tan vacías, que "a este rico del Evangelio no le queda ni el nombre. Ya no es nadie". Por el contrario," el pobre tiene un nombre, Lázaro, que significa 'Dios ayuda"' y que, pese a la pobreza, "mantiene su dignidad intacta porque vive en relación con Dios".

Este es el desafío de la Eucaristía: "adorar a Dios y no al yo". Porque "si nos adoramos a nosotros mismos, morimos en la asfixia de nuestro pequeño yo; si adoramos las riquezas de este mundo, se apoderan de nosotros y nos hacen esclavos; si adoramos al dios de la apariencia y nos embriagamos en el despilfarro, tarde o temprano la vida misma nos pedirá la cuenta".

En cambio, "cuando adoramos al Señor Jesús presente en la Eucaristía, recibimos también una nueva mirada sobre nuestra vida: no soy las cosas que poseo y los éxitos que consigo alcanzar; el valor de mi vida no depende de lo mucho que pueda presumir, ni disminuye cuando fracasé y fallé. Soy un hijo amado; estoy bendecido por Dios".

 

¿FE O ACCIÓN? TODO O NADA

FE ADULTA

col depalma

El texto de Lucas 17,5-10 responde al deseo de la fe. Queremos que nuestra fe crezca, que inunde nuestras vidas. Pero como veremos, esto no resulta tan sencillo.

Según el relato lucano, tanto la fe como la acción que se deriva de ella tienen una dimensión colectiva más que individual. Los apóstoles piden a Jesús que les aumente la fe. Es una petición conjunta y no meramente individual. Y Jesús también les responde en plural diciéndoles: “si tuvierais fe”. Y a continuación ubica la fe en relación con la acción también grupal en respuesta a un mandato también dirigido a un colectivo: “cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado”. Tres acciones conjuntas entonces, el pedido de la fe, la respuesta dirigida a un grupo y una acción conjunta que responde a una voluntad trascendente.
Los apóstoles situaban la fe en el campo de la cantidad y por eso piden a Jesús que se las aumente. Consideran que tienen un poco de fe, pero que no es suficiente. Jesús cambia el centro de la conversación: no se trata de que sea mucha o poca la fe; se trata de tenerla, aunque sea muy pequeña y se trata de tenerla juntos y situarla en una forma de acción que sea respuesta a la voluntad de Dios.

La fe se vincula así a la acción, comprendida esta última en el marco de una relación trascendente que posibilita precisamente tanto la fe como la acción. Con dos ejemplos, Jesús expondrá esta situación.

El primer ejemplo nos remite a la interpretación de la naturaleza, muy utilizada por Jesús como modelo de realidad. La fe se representaría como un grano de mostaza, y la acción consecuente se parecería a la palabra dirigida a una montaña que recibe una orden desproporcionada a la realidad natural y creatural. Es probable que este relato hiciera referencia a tradiciones mitológicas de la época en la que los dioses y las diosas eran las encargadas de erigir montañas o hacer fluir los ríos y dar vigor a los mares. En ese contexto, la fe aparecería como una forma relacional con la trascendencia que haría capaz de realizar acciones que manifiestan la voluntad divina.

El segundo ejemplo, habla de un señor que tiene criados o pastores, quienes realizan lo que se les ordena. Otra vez, Jesús pone la cuestión de la fe en relación directa a la acción, una acción directamente relacionada con un mandato, que ha de cumplirse.

Así la fe no es cuestión de cantidad sino de hacer y actuar. Y es un actuar conjunto que exige un discernimiento también conjunto de la voluntad de Dios. Ciertamente se trata de un texto muy exigente que pone a la fe entre el todo o nada. No hay poca fe; hay o no hay. Y esta fe, tan pequeña como inconmensurable, se basa en una relación y comunicación con Dios que moviliza al cosmos y a las personas. Como dijimos al comienzo, esto no resulta para nada sencillo.

27 Tiempo ordinario – C (Lucas 17,5-10) ORAR DESDE LA DUDA PRIER À PARTIR DU DOUTE


JOSÉ ANTONIO PAGOLA

 En el creyente pueden surgir dudas sobre un punto u otro del mensaje cristiano. La persona se pregunta cómo ha de entender una determinada afirmación bíblica o un aspecto concreto del dogma cristiano. Son cuestiones que están pidiendo una mayor clarificación.

Pero hay personas que experimentan una duda más radical, que afecta a la totalidad. Por una parte sienten que no pueden o no deben abandonar su religión, pero por otra no son capaces de pronunciar con sinceridad ese «sí» total que implica la fe.

El que se encuentra así suele experimentar, por lo general, un malestar interior que le impide abordar con paz y serenidad su situación. Puede sentirse también culpable. ¿Qué me ha podido pasar para llegar a esto? ¿Qué puedo hacer en estos momentos? Tal vez lo primero es abordar positivamente esta situación ante Dios.

La duda nos hace experimentar que no somos capaces de «poseer» la verdad. Ningún ser humano «posee» la verdad última de Dios. Aquí no sirven las certezas que manejamos en otros órdenes de la vida. Ante el misterio último de la existencia hemos de caminar con humildad y sinceridad.

La duda, por otra parte, pone a prueba mi libertad. Nadie puede responder en mi lugar. Soy yo el que me encuentro enfrentado a mi propia libertad y el que tengo que pronunciar un «sí» o un «no».

Por eso, la duda puede ser el mejor revulsivo para despertar de una fe infantil y superar un cristianismo convencional. Lo primero no es encontrar respuestas a mis interrogantes concretos, sino preguntarme qué orientación quiero dar a mi vida. ¿Deseo realmente encontrar la verdad? ¿Estoy dispuesto a dejarme interpelar por la verdad del Evangelio? ¿Prefiero vivir sin buscar verdad alguna?

La fe brota del corazón sincero que se detiene a escuchar a Dios. Como dice el teólogo catalán E. Vilanova, «la fe no está en nuestras afirmaciones o en nuestras dudas. Está más allá: en el corazón... que nadie, excepto Dios, conoce».

Lo importante es ver si nuestro corazón busca a Dios o más bien lo rehúye. A pesar de toda clase de interrogantes e incertidumbres, si de verdad buscamos a Dios, siempre podemos decir desde el fondo de nuestro corazón esa oración de los discípulos: «Señor, auméntanos la fe». El que ora así es ya creyente.

Des doutes peuvent surgir chez le croyant sur un point ou un autre du message chrétien. La personne se demande comment comprendre telle ou telle déclaration biblique ou un aspect particulier du dogme chrétien. Ce sont des questions qui demandent des éclaircissements supplémentaires.

Mais il y a des personnes qui éprouvent un doute plus radical, qui affecte l'ensemble de la foi. D'un côté, ils sentent qu'ils ne peuvent ou ne doivent pas abandonner leur religion, mais de l'autre, ils ne sont pas capables de prononcer avec sincérité ce «oui» total qu'implique la foi.

La personne qui se trouve dans cette situation ressent souvent un malaise intérieur qui l'empêche de faire face à sa problématique avec paix et sérénité. Elle peut aussi se sentir coupable. Qu'est-ce qui a pu m'arriver pour que j'en arrive là? Que puis-je faire maintenant? La première chose à faire est peut-être d'aborder cette situation de manière positive devant Dieu.

Le doute nous fait expérimenter que nous ne sommes pas capables de «posséder» la vérité. Aucun être humain ne «possède» la vérité ultime de Dieu. Les certitudes que nous avons dans d'autres domaines de la vie ne sont ici d'aucune utilité. Face au mystère ultime de l'existence, nous devons marcher avec humilité et sincérité.

Le doute, en revanche, met ma liberté à l'épreuve. Personne ne peut répondre à ma place. C'est moi qui me trouve confronté à ma propre liberté et qui dois dire «oui» ou «non». C'est pourquoi le doute peut être le meilleur moyen de se réveiller d'une foi enfantine et de surmonter un christianisme conventionnel. La première chose n'est pas de trouver des réponses à mes questions spécifiques, mais de me demander quelle orientation je veux donner à ma vie: est-ce que je veux vraiment trouver la vérité? Est-ce que je suis prêt à me laisser interpeller par la vérité de l'Évangile? Ou est-ce que je préfère vivre sans chercher aucune vérité?

La foi jaillit d'un coeur sincère qui s'arrête pour écouter Dieu. Comme le dit le théologien catalan E. Vilanova, «la foi n'est pas dans nos affirmations ou dans nos doutes. Elle est au-delà: dans le coeur... que personne d'autre que Dieu ne connaît».

L'important est de voir si notre coeur cherche Dieu ou s'il le fuit. En dépit de toutes sortes de questions et d'incertitudes, si nous cherchons vraiment Dieu, nous pourrons toujours dire du fond de notre coeur cette prière des disciples: «Seigneur, augmente notre foi». Celui qui prie de cette manière est déjà un croyant.

 

SI TUVIERA UN MÍNIMO DE FE-CONFIANZA NO NECESITARÍA CAMBIAR NADA DOMINGO 27 (C) Lc 17,5-12


col fraymarcos

 FE ADULTA


Sigue el evangelio con propuestas aparentemente inconexas, pero Lucas sigue un hilo conductor muy sutil. Hasta hoy nos había dicho, de diversas maneras, que no pongamos la confianza en las riquezas, en el poder, en el lujo; pero hoy nos dice: no la pongas en tu falso ser ni en la obras que salen de él, por muy religiosas que sean. Confía solamente en “Dios”. Los que se pasan la vida acumulando méritos, no confían en Dios sino en sí mismos. La salvación por puntos es lo más contrario al evangelio. Ese Señor al que tengo que rendir cuentas tiene que dejar paso al Dios que es el fundamento de mi ser.

Una vez más debemos advertir que las Escrituras no se pueden tomar al pie de la letra. Si lo entendemos así, el evangelio de hoy es una sarta de disparates. En realidad son todos símbolos que nos tienen que lanzar a buscar un significado mucho más profundo de lo que aparenta. Ni hay un dios fuera a quien servir, ni hay un yo raquítico que patalea ante su Señor. Cada uno de nosotros es solo la manifestación de Dios que, a través nuestro, manifiesta su poder para hacer un mundo más humano. No hay un mí ningún yo que pueda atribuirse nada. Ni hay fuera un YO al que pueda llamar Dios. Ni Dios puede hacer nada sin mí, ni yo puedo hacer nada sin él. ¿De qué puedo gloriarme?

La petición que hacen los apóstoles a Jesús está hecha desde una visión mítica de Dios, del hombre y del mundo. La parábola del simple siervo, cuya única obligación es hacer lo mandado, refleja la misma perspectiva. Ni Dios tiene que aumentarnos la fe, ni somos unos siervos inútiles, ni necesitamos poderes especiales para trasplantar una morera al mar. La religión ha metido a Dios en esa dinámica y nos ha metido por un callejón sin salida. Descubrir lo que realmente somos sería la clave para una total confianza en Dios, en la vida, en cada persona. El mismo relato nos da pistas para salir del servilismo al dios cosa.

Jesús no responde directamente a los apóstoles porque la petición no está bien planteada. No se trata de cantidad, sino de autenticidad. Jesús no les podía aumentar la fe, porque aún no la tenían ni en la más mínima expresión. La fe no se puede aumentar desde fuera, tiene que crecer desde dentro como la semilla. A pesar de ello, en la mayoría de las homilías que he leído, se termina pidiendo a Dios que nos aumente la fe. Efectivamente, podemos decir que la fe es un don de Dios, pero un don que ya ha dado a todos. ¿Que Dios sería ese que caprichosamente da a unos una plenitud de fe y deja a otros tirados? Viendo cada una de sus criaturas, descubrimos lo que Dios está haciendo en ellas en cada momento.

Al hablar de la fe en Dios, damos a entender que confiamos en lo que nos puede dar. Se interpretó la respuesta de Jesús como una promesa de poderes mágicos. La imagen de la morera, tomada al pie de la letra, es absurda. Con esta hipérbole, lo que nos está diciendo el evangelio es que toda la fuerza de Dios está ya en cada uno de nosotros. El que tiene confianza podrá desplegar toda esa energía. Lo contrario de la fe es la idolatría. El ídolo es un resultado automático del miedo. Necesitamos el ser superior en quien poder confiar cuando no puedo confiar en mí. Dios no anda por ahí jugando a todopoderoso. Tampoco nosotros podemos utilizar a Dios para cambiar la realidad que no nos gusta.

La fe no es un acto sino una actitud personal fundamental y total que imprime un sí definitivo a la existencia. Confiar en lo que realmente soy me da una libertad de movimiento para desplegar todas mis posibilidades humanas. Nuestra fe sigue siendo infantil e inmadura, por eso no tiene nada que ver con lo que nos propone el evangelio. La mayoría de los cristianos no quieren madurar en la fe por miedo a las exigencias que esto conllevaría. La fe es una vivencia de Dios, por eso no tiene nada que ver con la cantidad. El grano de mostaza, aunque diminuto, contiene vida exactamente igual que la mayor de las semillas. Esa vida, descubierta en mí, es lo que de verdad importa.

Tanto a nivel religioso como civil, cada vez se tiene menos confianza en la persona humana. Todo está reglamentado, mandado o prohibido, que es más fácil que ayudar a madurar a cada ser humano para que actúe por convicción. Estamos convirtiendo el globo terráqueo en un inmenso campo de concentración. No se educa a los niños para que sean ellos mismos, sino para que respondan automáticamente a los estímulos que les llegan. Los poderosos están encantados, porque esa indefensión les garantiza un total control sobre la población. Lo difícil es educar para que cada individuo sea él mismo y responda personalmente ante las propuestas de salvación que le llegan.

Para nosotros, creer es el asentimiento a unas verdades teóricas, que no comprendemos. Esa idea de fe, como conjunto de doctrinas, es completamen­te extraña tanto al Antiguo Testamento como al Nuevo. En la Biblia, fe es equivalente a confianza en... Pero incluso esta confianza se entendería mal si no añadimos que tiene que ir acompañada de la fidelidad. La fe-confianza bíblica supone la fe, la esperanza y el amor. Esa fe nos salvaría de verdad. Esa fe no se consigue con imposiciones porque nace de lo más hondo del ser.

No debemos esperar que Dios nos libre de las limitaciones, sino de encontrar la salvación a pesar de ellas. Esa confianza no la debemos proyectar sobre una Realidad que está fuera de nosotros y del mundo. Debemos confiar en un Dios que está y forma parte de la creación y de nosotros. Creer en Dios es apostar por el hombre. Es estar construyendo la realidad material, y no destruyéndola; es estar por la vida y no por la muerte: por el amor y no por el odio, por la unidad y no por la división. ¿Por qué tantos que no "creen" nos dan sopas con honda en la lucha por defender la naturaleza, la vida y al hombre?

Superada la fe como creencia, y aceptando que es confianza en…, nos queda mucho camino por andar para una recta comprensión del término. La fe que nos pide el evangelio no es la confianza en un señor poderoso por encima y fuera del mundo, que nos puede sacar las castañas del fuego. Se trata más bien, de la confianza en el Dios inseparable de cada criatura, que la atraviesa y la sostiene en el ser. Podemos experimentar esa presencia como personal y entrañable, pero en el resto de la creación se manifiesta como una energía que potencia y especifica cada ser en sus posibilidades. Creer en Dios es confiar en la posibilidad de cada criatura para alcanzar su plenitud.

La mini parábola del simple siervo nos tiene que llevar a una profunda reflexión. No quiere decir que tenemos que sentirnos siervos y menos aún, inútiles sino todo lo contrario. Nos advierte que la relación con Dios como si fuésemos esclavos nos deshumaniza. Es una crítica a la relación del pueblo judío con Dios que estaba basada en el estricto cumplimiento de la Ley, y en la creencia de que ese cumplimiento les salvaba. La parábola es un alegato contra la actitud farisaica que planteaba la relación con Dios como un toma y da acá. Si ellos cumplían lo mandado, Dios estaba obligado a cumplir sus promesas. Es la nefasta actitud que aún conservamos nosotros.

FALTA DE FE Y SOBRA DE PRESUNCIÓN Domingo 27 Ciclo C

 col sicre art

fe ADULTA

Después de la parábola del rico y Lázaro, leída el domingo pasado, Lucas empalma cuatro enseñanzas de Jesús a propósito del escándalo, el perdón, la fe y la humildad. Son frases muy breves, sin aparente relación entre ellas, pronunciadas por Jesús en distintos momentos. De esas cuatro enseñanzas, el evangelio de este domingo ha seleccionado solo las dos últimas, sobre la fe y la humildad (Lucas 17,5-10).

Menos fe que un ateo

Cuenta Lucas que un día los apóstoles le pidieron a Jesús: «Auméntanos la fe».  Ya que no eran grandes teólogos, ni habían estudiado nuestro catecismo, su preocupación no se centra en el Credo ni en un conjunto de verdades. Si leemos el evangelio de Lucas desde el comienzo hasta el momento en el que los apóstoles formulan su petición, encontramos cuatro episodios en los que se habla de la fe:

  • Jesús, viendo la fe de cuatro personas que le llevan a un paralítico, lo perdona y lo cura (5,20).
  • Cuando un centurión le pide a Jesús que cure a su criado, diciendo que le basta pronunciar una palabra para que quede sano, Jesús se admira y dice que nunca ha visto una fe tan grande, ni siquiera en Israel (7,9).
  • A la prostituta que llora a sus pies, le dice: “Tu fe te ha salvado” (7,50).
  • A la mujer con flujo de sangre: “Hija, tu fe te ha salvado” (8,48).

En todos estos casos, la fe se relaciona con el poder milagroso de Jesús. La persona que tiene fe es la que cree que Jesús puede curarla o curar a otro.

Pero la actitud de los apóstoles no es la de estas personas. Cuando una tempestad amenaza con hundir la barca en el lago, no confían en el poder de Jesús, piensan que morirán ahogados. Y Jesús les reprocha: “¿Dónde está vuestra fe? (8,25). La petición del evangelio de hoy, “auméntanos la fe”, empalmaría muy bien con ese episodio de la tempestad calmada: “tenemos poca fe, haz que creamos más en ti”. Jesús, como en otras ocasiones, responde de forma irónica y desconcertante: “Vuestra fe no llega ni al tamaño de un grano de mostaza”.

¿Qué puede motivar una respuesta tan dura a una petición tan buena? El texto no lo dice. Pero podemos aventurar una idea: lo que pretende Lucas es dar un severo toque de atención a los responsables de las comunidades cristianas. La historia demuestra que muchas veces los papas, obispos, sacerdotes y religiosos/as nos consideramos por encima del resto del pueblo de Dios, como las verdaderas personas de fe y los modelos a imitar. No sería raro que esto mismo ocurriese en la iglesia antigua, y Lucas nos recuerda las palabras de Jesús: “No presumáis de fe, no tenéis ni un gramo de ella”.

Ni las gracias ni propina

En línea parecida iría la enseñanza sobre la humildad. El apóstol, el misionero, los responsables de las comunidades, pueden sufrir la tentación de pensar que hacen algo grande, excepcional. Jesús vuelve a echarles un jarro de agua fría contando una parábola con trampa. Al principio, el lector u oyente se siente un gran propietario, que dispone de criados a los que puede dar órdenes. Al final, le dicen que el propietario es Dios, y él es un pobre siervo, que se limita a hacer lo que le mandan. Si fuese un camarero, no debería esperar que le den las gracias ni propina. Un lenguaje duro, hiriente, muy típico del que usa Jesús con sus discípulos.

El profeta Habacuc y la guerra de Ucrania (Hab 1,2-3; 2, 2-4)

Advierto de entrada que esta lectura solo se relaciona con el evangelio por la frase final: “El justo vivirá por su fe”. Sin embargo, su temática es tan actual que la comento brevemente.

El librito del profeta Habacuc es de los más breves y de los más desconocidos. Una lástima, porque el tema que trata es el que estamos viviendo desde hace meses: la injusticia del imperialismo. Nosotros hablamos de Rusia y su invasión de Ucrania. Habacuc recuerda las invasiones sucesivas de Asiria, Egipto y Babilonia.

El profeta comienza quejándose a Dios. No comprende que contemple impasible las desgracias de su tiempo, la opresión del faraón y de su marioneta, el rey Joaquín. Y el Señor le responde que piensa castigar a los opresores egipcios mediante otro imperio, el babilonio (1,5-8). Pero esta respuesta de Dios es insatisfactoria: al cabo de poco tiempo, los babilonios resultan tan déspotas y crueles como los asirios y los egipcios. Y el profeta se queja de nuevo a Dios: le duele la alegría con la que el nuevo imperio se apodera de las naciones y mata pueblos sin compasión. No comprende que Dios «contemple en silencio a los traidores, al culpable que devora al inocente». Y así, en actitud vigilante, espera una nueva respuesta de Dios.

La visión que llegará sin retrasarse es la de la destrucción de Babilonia, el injusto que será castigado por Dios. El justo es el pueblo judío y todos los que confíen en la acción salvadora del Señor. El mensaje de Habacuc es un grito de esperanza y de fe en un futuro mejor.

Este tema no tiene relación con la petición de los discípulos. Pero las palabras finales, “el justo vivirá por su fe”, tuvieron mucha importancia para san Pablo, que las relacionó con la fe en Jesús. Este puede ser el punto de contacto con el evangelio. Porque, aunque nuestra fe no llegue al grano de mostaza ni esperemos cambiar montañas de sitio, esa pizca de fe en Jesús nos da la vida, y es bueno seguir pidiendo: “auméntanos la fe”.

SIERVOS INÚTILES Domingo XXVII del T.O. 2 de octubre Lc 17, 5-10

col lozano art

 fe adulta


Desde la mente -o estado mental de consciencia-, esas palabras de Jesús –“somos siervos inútiles”- suenan intolerables, ya que parecen promover una actitud de sometimiento y auto-desvalorización, que choca frontalmente con la primera apetencia del ego, que reclama sentirse reconocido y valorado. Más todavía en un contexto sociocultural que hace de la autoestima y, más profundamente, del protagonismo del yo sus señas de identidad.

Es cierto que, en algunas ocasiones, aquella expresión se leyó en clave de autodesprecio y, en otras, sirvió de pretexto para alimentar una “falsa humildad”.

Entre ambas lecturas extremas y erradas, la expresión de Jesús apunta a una sabiduría que trasciende la mente y desvela el funcionamiento último de lo real.

Desde la mente, nos consideramos hacedores (más o menos) autónomos y libres, a la vez que presumimos de nuestra capacidad de control. Y en ese plano es así, de la misma manera que, mientras estamos dormidos, creemos que todo lo que aparece en nuestros sueños es completamente real.

Sin embargo, apenas trascendida la mente, la percepción cambia por completo. La comprensión nos muestra que el yo es solo un “objeto” más dentro del mundo de las formas: la ilusión de ser el hacedor libre es condición para que funcione todo este despliegue del llamado mundo de las formas. Pero es solo eso: una ilusión. Hasta el punto de poder afirmar que, mientras permaneces en el estado mental, estás hipnotizado, viviendo un espejismo, algo que no es más que fruto de tu propia creencia.

El único actor real es el sujeto. Y el único sujeto que merece ese nombre -lo que no puede ser observado, Eso que es consciente de todos los objetos- es la consciencia (o la vida o la totalidad).

¿Qué significan, entonces, las palabras de Jesús? El reconocimiento de que no hay ningún yo hacedor, no hay nadie que haga nada; todo se hace a través de nosotros. La expresión “siervo inútil” equivale al término “cauce” o “canal”. Y ningún canal presume de hacer algo. El único sujeto realmente real -aquello que permanece cuando todo cambia- es la vida que se despliega, lo cual, en la admirable paradoja de lo real, no niega que, en el nivel de las formas, sigamos funcionando como si fuéramos hacedores libres.

Vivimos creyendo que somos libres, pero sabemos que no lo somos. Solo hay un sujeto: la consciencia o la vida. Y Eso es lo que realmente somos. Lo que llamamos “yo” es solo un “siervo inútil”, que se engaña cuando se apropia de la acción o cuando cae -por utilizar el lenguaje de los sabios- en la “falsa sensación de autoría”.

¿Desde qué nivel de consciencia leo la realidad?

LA FE MUEVE MONTAÑAS


col munarriz

comentario editorial fa7

 

Lc 17, 5-10

«Si tuvierais fe como un grano de mostaza…»

Cuando Jesús quiere resaltar una idea crucial, lanza una exageración descabellada y ya nunca se olvida. Son muchas las que hallamos en el evangelio y que hoy, veintiún siglos más tarde, seguimos recordando y saboreando con deleite: «Coláis el mosquito y os tragáis el camello» «Ves la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo» «Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino» … y tantas otras…

Estas exageraciones extremas tienen una gran fuerza, y esa fuerza estriba en que en ellas nos vemos reflejados de forma tan fidedigna, que nos sentimos concernidos y movidos a reflexión. Jesús, gran conocedor de la condición humana, sabe que este lenguaje resulta mucho más interpelante que los razonamientos lógicos tan de nuestro gusto y del gusto de los sabios y entendidos, y lo usa con frecuencia.

Su formulación paradójica primero nos sorprende, luego nos revela la verdad profunda que encierra y no la olvidamos jamás. Refiriéndonos al pasaje de hoy, en sus paralelos de Mateo y Marcos se alude a la capacidad de la fe de mover montañas, y lo que en principio parece una boutade sin fundamento, se convierte en uno de los mensajes más relevantes del evangelio.

Porque nos está diciendo que no seamos tímidos ni timoratos; que, si tenemos fe en la fuerza del Espíritu, seremos capaces de cambiar el mundo para convertirlo en el reino de Dios, es decir, seremos capaces de mover la mayor montaña que alguien haya podido imaginar… Ése es el sueño de Jesús y la misión que nos encargó a sus seguidores, pero estamos perdiendo la batalla porque no tenemos ninguna fe en la victoria. Derrotados de antemano, bajamos los brazos como los boxeadores que se sienten impotentes ante su rival, y Jesús nos dice desde el rincón del cuadrilátero: “No os rindáis, no os resignéis, está a vuestro alcance, y si tenéis fe lo lograréis”.

Jesús nos está exhortando a que confiemos en la victoria y sigamos en la brecha, pero ¿cómo hacerlo?... En primer lugar, debemos saber que contamos con una gran ventaja, y es que los criterios evangélicos (cuando son genuinos) resultan sumamente contagiosos. Pero también debemos saber que el fundamento de estos criterios es el amor del Padre, y que el mundo nunca creerá en ese amor si en torno suyo solo ve egoísmo, ambición, opresión e injusticia. Nosotros creemos porque lo hemos visto en Jesús, y el mundo creerá si lo ve en nosotros.

«Que los hombres vean en vuestras buenas obras el amor del Padre» … Jesús cree que con esta actitud podemos cambiar el mundo; que, de esta forma tan sencilla, aunque exigente, seremos capaces de mover esa montaña descomunal que hoy nos parece inamovible.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí