FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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viernes, 17 de marzo de 2017

NO SÉ CÓMO AMARTE

col lamet

Cartas de María Magdalena a Jesús de Nazaret, Mensajero
Mi primera respuesta fue de emoción apasionada, que iba creciendo a medida que P. M. Lamet recreaba la historia de María de Magdala, maltratada por su padre y por su entorno, sin más salida que dejar su casa y mantener la vida (su vida) con la moneda de opresión y compra-venta de su cuerpo, por simple y supremo afán de supervivencia, cumpliendo el primer mandamiento de Gen 1-2: vivid… (ella no pudo cumplir el segundo, y multiplicaos, porque mujeres de su condición no tienen hijos, pues no encuentran hombre ni amor para tenerlos).
Pero no encontré un "momento interior" para escribir una reseña de esta “novela”, porque me considero amigo de P. M. Lamet (y es difícil escribir de los amigos), y porque he vivido y vivo inmerso, desde hace muchos años, en la trama religiosa y literaria de María Magdalena, la mujer que el evangelio presenta como “amiga” de Jesús, en la línea del “discípulo amigo” (varón o mujer), a quien la tradición de Juan y después el conjunto de la Iglesia ha identificado al menos veladamente con uno de los “doce” apóstoles, varones enviados a predicar el evangelio.
No tenía distancia ante Pedro Miguel ni ante su tema... y he dejado que pasaran los meses antes de ponerme a comentarla, pero ahora, de pronto (8.2,17), día internacional de la mujer trabajadora, he sentido el impulso de volver a leerla, entrando en su trama interior de mujer amante. Ciertamente, el buen trabajo define a la mujer, pero más le define el buen amor, su capacidad de ser amada.
Así he dedicado a María de Magdala, con P. M. Lamet (y en el fondo con Jesús de Nazaret) las mejores horas de esta repentina primavera de Castilla, con los prunos en flor, con los jacintos amorosos y las yemas abiertas del lilar del patio.
Una de las promesas de esa primavera 2017 ha sido de nuevo el libro de P. M. Lamet sobre María Magdalena, y quiero presentarlo, como lectura gozosa del tiempo de Pascua que llega, tiempo propicio para iniciar el camino del amor.
Esta María Magdalena de P. M. Lamet empieza diciendo no sé cómo amarte.... pero a medida que vamos leyendo descubrimos que ella sabe y que nos enseña a amar, si es que así queremos, y nos enseña a descubrir y revivir la primavera, preparando, con las flores tempranas de la imagen, la Gran Flor de Pascua, que el Cristo del Amor, a quien amamos, sin saber nunca amarle del todo, desde este lado del río de la vida.
Gracias, Pedro Miguel, por el libro... gracias contigo a la editorial Mensajero, por haberlo publicado así, de forma profesional y amorosa, para que podamos descubrir una de las caras más brillantes de ese poliedro del Amor que es el Cristo de María Magdalena, el Cristo de millones y millones de personas que decimos con ella "no sé cómo amarte", y al decir, seguimos caminando, pues el mismo amor nos hace capaces no sólo de trabajar, sino también de vivir buscando en esperanza, atraídos por el mismo Amor.
María Magdalena, una mujer de la primera tradición de la Iglesia
Esa misma tradición de la Iglesia, a partir de Jn 19, 19, 25-27 (que recrea los datos de Mc 15, 40-41 par.) ha situado ante la cruz a las dos marías (la madre de Jesús y la Magdalena, dejando en la penumbra a la de Cleofás), y al Discípulo al que Jesús amaba (es decir, a su amigo/a). Toda la historia del mundo está resumida en esa imagen del Dios moribundo con su madre y el discípulo amigo, con Magdalena “amiga” como testigo.
Resultaría difícil, y quizá arriesgado en unos tiempos de sospecha como los nuestros, escribir una novela sobre el discípulo amigo varón, pues los datos que tenemos y el contexto judeo-helenista en el que se han transmitido, pueden abrirse a interpretaciones histórica y simbólicas, de tipo afectivo y/o religioso que hoy no comprenderíamos. Quizá no ha llegado todavía el momento de escribir una novela histórica sobre ese “discípulo amigo”, a pesar de que existen ya estudios exegéticos que ofrecen claves para trazar su posible argumento, entre ellos el espléndido trabajo de S. Vidal, Los escritos originales de la comunidad del discípulo amigo de Jesús El evangelio y las cartas de Juan, Sígueme, Salamanca 1997, reelaborado en Evangelio y cartas de Juan. Génesis de los textos joánicos, Mensajero, Bilbao 2013.
Pero ha llegado hace algún tiempo el momento de escribir la historia de María Magdalena, sea de forma novelada, como ha hecho entre nosotros D. Lamarre (=T. León), La comunidad de Magdala, Arcíbel, Sevilla 2007, sea de forma histórico-exegética, como han intentado, por ejemplo, C. Bernabé, María Magdalena. Tradiciones en el cristianismo primitivo, Verbo Divino, Estella 1994 y J. Shaberg, La resurrección de María Magdalena, Verbo Divino, Estella 2008. A diferencia de la falsa reconstrucción (estéril y plana) de D. Brown y de la mala película de Ron Howard (El código de Vinci, cf. juicio crítico incluso en elpais.com/diario/2006/06/06/opinion/1149544813_850215.html), la “historia” de María Magdalena nos sitúa ante una de las claves de la vida humana, desde la perspectiva de Jesús y de su entorno.
A pesar de lo dicho, esa “historia” de María Magdalena no ha sido escrita plenamente todavía, ni en plano de narración, ni de historia crítica, a pesar de los estudios que he citado, y a pesar de más de una docena de novelas que he leído, o al menos ojeado sobre ella, en los últimos cuarenta años, a partir del famoso “musical” Jesucristo Superstar, que tuve el honor de presentar, ante un público desbordado y expectante, en el auditorio de la Caja de Ahorros de Salamanca, el año 1975, con el entonces colega y amigo el prof. Antonio Rouco Varela.
No puedo reseñar todas las narraciones que he leído (o, más bien, empezado a leer) desde entonces sobre Jesús y María Magdalena, de la que he escrito varias veces en este blog (cf. 22.07.16; 15.07.16; 12.06.16; 11.06.16; 08.06.16 etc.), e incluso en mi Historia de Jesús (Estella 2014). Pero quiero y debo destacar esta novela de P. M. Lamet, de quien he tratado ya también en este blog (cf. 09.06.16; 12.04.15)... sabiendo que sin ella, sin el amor de María Magdalena, no habría existido la iglesia, pues ella enseñó a querer a Pedro y al resto de los apóstoles, abriendo su corazón para que vieran al Señor/amigo resucitado.
Aprender a querer
Como he señalado ya he dejado pasar varios meses desde que recibí el libro y lo leí, apasionadamente al principio, con más distancia después. Por eso, siguiendo una buena costumbre académica, dejé que pasara el tiempo, para que se fueran serenando las aguas y pudiera escribir así sobre esta nueva obra de P. M. Lamet, desde la distancia despejada, cribadas las primeras emociones, un día sereno de esta pre-primavera de la Vieja Castilla.
Como he dicho, mi primera impresión fue de emoción apasionada, que iba creciendo a medida que P. M. Lamet recreaba la historia de María de Magdala, maltratada por su padre y por su entorno, sin más salida que salir de casa y buscar la vida (su vida) con lo único que tenía, es decir, con su cuerpo, por simple y supremo afán de supervivencia, cumpliendo así el primer mandamiento de Dios en Gen 1-2: vivid… (ella no pudo cumplir el segundo, y multiplicaos, porque mujeres de su condición no pueden multiplicarse en sus hijos, pues no encuentran hombres ni amor para tenerlos).
No puedo (ni quiero) rehacer las etapas del calvario previsible de María Magdalena, de mujer usada y mal-querida, desde Cesarea, en la corte del Gobernador romano, pasando por Palmira (centro del comercio del oriente) y Petra (capital de los reyes nabateos), hasta volver de nuevo a Magdala, donde encontrará a Jesús. P. M. Lamet no se atreve a hacer que ella pase por Jerusalén, ni por Alejandría o Antioquía, las grandes plazas del imperio en oriente. El itinerario de Cesarea, Palmira y Petra le resulta suficiente.
Un camino previsible y sorprendente
Digo que se trata de un “calvario previsible”, que nos permite entrar en el camino y en la piel de una mujer con arrojo intenso, con suerte, que fue capaz de sobrevivir y madurar en los prostíbulos de la raya oriental del imperio romano, en la linde los reinos nabateos. María fue una mujer con suerte, porque pudo resistir con salud física y mental, conservando lo mejor de su humanidad en aquel estercolero ral donde la mayor parte de las mujeres como ella morían de enfermedad, de pena o de asesinato directo.
Ésta es, a mi juicio, la mejor parte de la novela, que he leído con pasión y con envidia, pues hace algo más de diez años quise escribir y escribí una historia paralela, escogiendo como protagonista, quizá por menos conocida, a Salomé, que fue también discípula de Jesús (cf. Mc 15, 40 y 16, 1). Guardo esa “historia” ya escrita en mi ordenador y en un cajón de la mesa, en espera de posible (y deseada) revisión y publicación, una historia que empieza también en Galilea y sigue por el prostíbulo “imperial” (romano) de Cesarea, donde pudo encontrarse con María de Magdala. Pero después, en vez de conducirla a Petra, quise que ella pasara por las islas de Grecia para asentarse al fin en Joppe, gran puerto judiío, encontrarse al fin con Juan Bautista en Alejandría y con Jesús de Nazaret el Galilea.
Hasta aquí, es decir, hasta el encuentro de María de Magdala (o en mi caso de Salomé) con Jesús, la historia de P. M. Lamet se me hace apasionante, por su realismo (su verosimilitud y su frescura), por los escenarios que ofrece y por los datos que aporta, aunque en alguna ocasión, como en el tema de la distancia entre Palmira y Petra se me vuelva menos aceptable.
Todo se me hizo espléndido en esta primera mitad de la novela, hasta el encuentro apasionado de la Magdalena con Jesús, como mujer redimida por amor, enamorada del Mesías (pág. 153). Después, la historia se me vuelve menos clara y transparente. Sigue siendo ejemplar (y emocionada) desde la perspectiva del amor de Magdalena, y pocas veces he sentido más cercanos los latidos de amor de una mujer que se enamora de un hombre posible (el único real que ha encontrado en una larga hilera de machos irreales y opresores), un hombre que es al mismo tiempo imposible pues no puede (ni quiere) hacerle suyo en la línea de las familias ordinarias de este mundo. A pesar de ello, como digo, la historia se me vuelve menos clara, pues no responde a mis “prejuicios” sobre el itinerario histórico de Jesús en Galilea y en Jerusalén.
El claro y misterioso camino de Jesús. Amor por carta
De aquí nace el título no sé cómo amarte, que P. M. Lamet ha dado al fajo de Cartas de María Magdalena a Jesús de Nazaret, diciéndole su amor, mientras ella va recorriendo con él su camino, unas cartas que nunca le ha mandado, por exceso de pasión y por rubor de mujer utilizada, y porque ella ha ido descubriendo que el camino de amor de Jesús no había culminado, ni culminaría hasta su muerte. Sólo después, y por amor más alto, María de Magdala entregará esas cartas de amor a Jesús a María de Nazaret, su madre, en gesto de complicidad femenina.
Éste es el argumento de la narración (novela) de P. M. Lamet, una historia admirable por su argumento, y admirablemente contada, con palabras e imágenes que logran cortar el aliento del lector (a mí, al menos, me lo han cortado varias veces). A pesar de todo ello, esta segunda parte me ha interesado e impactado menos, y ello se debe probablemente a mi prejuicio de biblista profesional, autor de una Historia de Jesús (Verbo Divino, Estella 2014), en la que creo haber dispuesto de un modo exegético (histórico) los pasos de la historia de Jesús, de manera que los que supone y cuenta P. M. Lamet me parecen menos coherentes.
Evidentemente, esa reserva no se debe a un defecto de Lamet, sino más bien a un prejuicio mío, pues parto del supuesto de que las cosas fueron como yo las cuento (o como yo las he investigado), en la línea de mi “historia” o de la que quiere escribir, por ejemplo, J. P. Meier, Un judío campesino. Nueva visión del Jesús histórico (I-IV, Verbo Divino, Estella 1997 ss). Sin duda, P. M. Lamet tiene el derecho de contar las cosas desde su propia perspectiva, como lector directo de los evangelios, sin someterse al corsé siempre hipotético que queremos imponer aquellos que nos creemos “investigadores más críticos”. Pero, precisamente por eso, nos cuesta algo más leer su historia, tal como él la cuenta en esta segunda parte de la novela.
Pero, dicho eso, he de seguir indicando que estas cartas de María Magdalena a Jesús, escritas al filo de su historia, en los caminos que llevan de Galilea a Jerusalén, me siguen pareciendo impresionantes. Ciertamente no toman como base el itinerario de E. P. Sanders o el de J. P. Meier, o el que yo quise fijar hace unos años en la otra “novela” que escribí, como he dicho, desde la perspectiva de Salomé y su historia de mujer prostituida, liberada primero por Juan Bautista, y luego por Jesús de Nazaret… Estas cartas no siguen ese itinerario, pero anchos son los caminos de las mujeres del entorno de Juan Bautista y de Jesús, y varias las historias que pueden contarse sobre ellas.
Nadie se había atrevido a escribir un evangelio de María Magdalena como éste
Entre esos caminos e historias, uno de los mejores que conozco es éste que ha descrito Pedro Miguel Lamet, a quien debo dar gracias por lo que nos ha enseñado, pidiéndole que disculpe mi tardanza en contestarte, una tardanza que se debe también al hecho de que yo mismo tengo pendiente en el cajón de la mesa y en el PC de estudio la Vida de Salomé, la otra amiga de Jesús (cf. Mc 15, 40; 16, 1, con el dicho inquietante y poderoso de Ev.Tomás 61)...
Sabes, Medro Miguel, que he estado muy pendiente de mis comentarios eruditos, de los evangelios de Marcos (Verbo Divino, Estella 2012) y ahora, tras cinco años, al de Mateo, que estoy corrigiendo esta mañana (10.3.17) precisamente por el tema de M. Magdalena ante la Cruz del amor de Jesús (Verbo Divino, Estella 2017).
Por todo eso te digo, amigo Pedro Miguel, que me disculpes, pues he necesitado tiempo físico, pero sobre todo psicológico, para situarme ante una narración tan fuerte como la tuya, de gran aliento, de hondo calado, de precioso lenguaje de amor. Me mandaste también hace unos meses tu Cancionero de Adviento y Navidad (Mensajero, Bilbao 2016).
Lo he tenido semanas y semanas sobre la mesa, leyendo unas canciones cada día, hasta dejar que vibraran en mi vida, para escribirte después un comentario. Pero alguien vino por casa, y se tomó la libertad de meterlo en el bolsillo de su abrigo, en el duro invierno de San Morales, y de llevarlo, sin decir nada (ya sabes, muchos piensan que los libros brotan por generación espontánea), y así no he podido mandarte un comentario. Perdona, antes del próximo adviento compraré yo mismo el libro y cuando sienta el temblor de sus versos te mandaré unas letras.
Un abrazo, Pedro Miguel. Sabes que Mabel, mi mujer, te quiere y te lee. Yo te admiro, como colega escritor, como hombre de horizonte siempre abierto, y también como amigo. Xabier Pikaza

Pedro Miguel Lamet
Religión digital

jueves, 16 de marzo de 2017

Evangelio del 19 / Mar / 2017 3 Cuaresma – A (Juan 4,5-42)

José Antonio Pagola

Coordinador Grupos de Jesús

A GUSTO CON DIOS

La escena es cautivadora. Cansado del camino, Jesús se sienta junto al manantial de Jacob. Pronto llega una mujer a sacar agua. Pertenece a un pueblo semipagano, despreciado por los judíos. Con toda espontaneidad, Jesús inicia el diálogo con ella. No sabe mirar a nadie con desprecio, sino con ternura grande. «Mujer, dame de beber».
La mujer queda sorprendida. ¿Cómo se atreve a entrar en contacto con una samaritana? ¿Cómo se rebaja a hablar con una mujer desconocida? Las palabras de Jesús la sorprenderán todavía más: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, sin duda tú misma me pedirías a mí, y yo te daría agua viva».
Son muchas las personas que, a lo largo de estos años, se han ido alejando de Dios sin apenas advertir lo que realmente estaba ocurriendo en su interior. Hoy Dios les resulta un «ser extraño». Todo lo que está relacionado con él les parece vacío y sin sentido: un mundo infantil cada vez más lejano.
Los entiendo. Sé lo que pueden sentir. También yo me he ido alejando poco a poco de aquel «Dios de mi infancia» que despertaba, dentro de mí, miedos, desazón y malestar. Probablemente, sin Jesús nunca me hubiera encontrado con un Dios que hoy es para mí un Misterio de bondad: una presencia amistosa y acogedora en quien puedo confiar siempre.
Nunca me ha atraído la tarea de verificar mi fe con pruebas científicas: creo que es un error tratar el misterio de Dios como si fuera un objeto de laboratorio. Tampoco los dogmas religiosos me han ayudado a encontrarme con Dios. Sencillamente me he dejado conducir por una confianza en Jesús que ha ido creciendo con los años.
No sabría decir exactamente cómo se sostiene hoy mi fe en medio de una crisis religiosa que me sacude también a mí como a todos. Solo diría que Jesús me ha traído a vivir la fe en Dios de manera sencilla desde el fondo de mi ser. Si yo escucho, Dios no se calla. Si yo me abro, él no se encierra. Si yo me confío, él me acoge. Si yo me entrego, él me sostiene. Si yo me hundo, él me levanta.
Creo que la experiencia primera y más importante es encontrarnos a gusto con Dios porque lo percibimos como una «presencia salvadora». Cuando una persona sabe lo que es vivir a gusto con Dios, porque, a pesar de nuestra mediocridad, nuestros errores y egoísmos, él nos acoge tal como somos, y nos impulsa a enfrentarnos a la vida con paz, difícilmente abandonará la fe. Muchas personas están hoy abandonando a Dios antes de haberlo conocido. Si conocieran la experiencia de Dios que Jesús contagia, lo buscarían. Si, acogiendo en su vida a Jesús, conocieran el don de Dios, no lo abandonarían. Se sentirían a gusto con él.

LA FALTA DE VOCACIONES EN ESPAÑA

col aradillas

Los presagios en los alrededores de los Seminarios, en el día consagrado a tan santa idea y a sus patrocinadores, no pueden ser hoy más aciagos e infaustos. Lo son también los datos y las estadísticas, al igual que las inclinaciones o tendencias sociológicas. Es posible que las siguientes consideraciones contribuyan a enmarcar la realidad de un problema de tanto relieve e importancia en la Iglesia
El hecho cierto y seguro es que el punto de referencia para cualquier planteamiento serio y formal, es que faltan vocaciones para el sacerdocio. No hay vocaciones, ni la proporción de los que ya son sacerdotes se sienten cómodos y satisfechos en el ejercicio de su ministerio y en la relación con la jerarquía, así como que la edad media de sus vidas ronde ya, o sobrepase, las lindes de la jubilación laboral o profesional.
En recientes encuestas, aún con carácter oficial, se reconoce la existencia ya de alguna diócesis en la que no hay ni un solo seminarista. En otras, por mucha piedad con la que se ofrezcan e interpreten las cifras, estas resultan obviamente negativas, comprobándose además el destino que hoy tienen los seminarios diocesanos o conciliares, cerrados unos, y otros dedicados a menesteres sin ninguna relación con la formación sacerdotal.
Las causas de la falta de vocaciones son muchas y de signo diverso. Fácilmente explicables unas, y otras, no tanto. Aunque de todas maneras no son un misterio, aunque lo sea para algunos, el hecho de que, pudiendo contar con seguridad al término de la "carrera", con un trabajo "religioso", al servicio de la comunidad, aunque a medias remunerado, pero con considerable categoría social -"las fuerzas vivas de la localidad"-, ni echando la red a diestra o a sinistra mano, "se pesca" una vocación que se corone con la consagración sacramental.
¿Que cuanto se relaciona con el celibato, la pobreza, la obediencia y otros condicionamientos disuaden a muchos a no dejarse "pescar"? No creo que solo estos elementos expliquen que, al paso que vamos, dentro de poco, estén el peligro de desaparecer el colectivo clerical...
¿Que los procesos de secularización hoy imperantes, lleguen ya, o estén a punto de llegar, a borrar de la haz de la tierra los valores y comportamientos exigidos por la fe en Dios y el servicio al prójimo? No parece veraz tan dramático diagnóstico y apreciación, en unos tiempos en los que tiene amplio eco en la sociedad también lo religioso, suscitando interés tanto personal como colectivamente.
¿Que a lo que hemos tradicionalmente llamado y considerado "religioso" - y aún eclesial y eclesiástico-, ni lo fue, ni lo es en realidad evangélica, ni menos, avalado por los ejemplos de vida de sus representantes aún canonizados o canonizables? Es posible que tal apreciación tan generalizada, objetiva y real, aporte elementos válidos para formarse un elocuente y adoctrinador criterio cercano a la realidad de los hechos...
Por cierto que la apertura al sacerdocio de las mujeres que así lo prefieran, al igual que los llamados sacerdotes "secularizados," sean "redimidos" para el ministerio, al igual que el celibato opcional, y la masiva importación vocacional de otros países habrían de contribuir en la solución del problema. Pero que conste que en estas contingencias no está su raíz.
Esta se encuentra en gran parte, proporción y medida en la falta de profundización de la teología del laicado, de los evangelios y del santo bautismo, en la desaparición de cualquier gesto o aparato del "carrerismo eclesiástico", en la limitación de la burocracia, supresión de la "casta" y en la terminante decisión de engrosar y enriquecer los museos diocesanos con las colecciones de báculos, mitras, incensarios, jaculatorias, no pocos devocionarios, "capas magnas", mucetas cáligas, edictos, "cartas pastorales", códigos y titulitis... A los jóvenes y a quienes de verdad viven la actualidad, el lenguaje de tantos misterios, signos y símbolos paganos, no les resulta mínimamente religioso, por lo que recusan ser un día sujetos y objetos de los mismos. Su imaginación y su lógica no se lo permiten.
"Pedir por las vocaciones sacerdotales..." Pedir, es decir, rezar todo, y más, de lo que se pueda y se quiera... ¿Pero pedir y recabar limosnas para su mantenimiento...? Hoy, los seminarios -colegios mixtos-, que quedan son, y están concertados, por lo que la contribución estatal está asegurada, al igual que las becas. Simultanear los estudios "eclesiásticos", con los técnicos o profesionales, es -debiera ser- de precepto.
No puedo dejar de reseñar la estampa-propaganda "antiseminario" proporcionada estos días por un arzobispo "imputado", investigado, sermoneando a la salida de un tribunal acerca "del padre que debe velar por no disgregar a sus hijos", y con la cruz pectoral colocada en el retablo de su pecho, reconociendo, al menos, que "no les habían sido ajenos los comportamientos oscuros y misteriosos de un determinado cenáculo clerical de su diócesis"
¿Qué opinar acerca de las parroquias "regidas", no por los sacerdotes formados y "educados" en los "seminarios diocesanos conciliares", sino por los religiosos, que lo fueron en sus Casas-Noviciados respectivos, con criterios, métodos, pedagogía y procedimientos pastorales específicos de las Órdenes- Congregaciones Religiosas para las que se sintieron vocacionados? Además de reconocer y valorar el esfuerzo exigido para su adecuación y estilo en el trato con los feligreses, inédito para ellos, lamento que solo, o fundamentalmente el hecho se deba a la falta de vocaciones "diocesanas" en unos, y de actividades "religiosas" en otros, con lo que a sus respectivas Órdenes y Congregaciones les resulta posible perpetuarse unos años más en su gloriosa y santa historia, y en el ideario y reglas de sus santos fundadores, con la esperanza de que algún día, y a su favor, puedan serles más propicios los tiempos. La tentación de convertir las parroquias en dependencias - capillas de sus estatutos, también habrá de ser tenida en cuenta dentro del organigrama diocesano.

Antonio Aradillas
Religión Digital

LA ESPERANZA

col otalora

El contenido de esta palabra languidece en nuestra cultura. No es un valor que se vive, sino un deseo que no acaba de concretarse en su derivada natural: la alegría. Como afirma Chesterton en El hombre eterno, "La desesperanza no reside en el cansancio ante el sufrimiento, sino en el hastío de la alegría. Y cuando lo bueno de una sociedad deja de funcionar roída por dentro, la sociedad empieza a declinar roída hacia la decadencia o declive de la cultura, las instituciones civiles, las relaciones sociales, los valores, la Iglesia y otras características principales de una civilización, por muy floreciente que haya sido".
Chesterton resulta original al invertir la idea preconcebida de que nadie se hastía de la alegría. Escribe con agallas que “el pesimismo llega cuando nos cansamos del bien” y permitimos secar las fuentes de la verdadera alegría. Que tanto la alegría como su antecedente, la esperanza, hay que trabajarlas; no existe atajo posible, porque no vienen solas. Tampoco el dinero sirve para comprarlas. Pretenderlas a través de los sentidos solo sirve para engañarnos con alegrías superficiales. Es otra la fuente la que permite activarlas para que broten dentro de cada persona ¿De dónde nace la esperanza? No nace, desde luego, aguardando a que el problema se solucione, a que la crisis pase o la situación cambie. Esta actitud solo produce añoranza y pasividad. La esperanza está más cerca de una respuesta activa de rebeldía positiva frente a la incertidumbre que nos desequilibra. Está emparentada con la incansable construcción del mañana desde el ahora y el presente. En la desesperación, en cambio, nos cegamos perdiendo el control y convirtiéndonos en el origen de muchas situaciones y conflictos que traerán graves consecuencias. Con la esperanza, en cambio, actuamos construyendo el futuro,centrados en el trabajo del presente, el que constituirá las bases del mañana que pronto será hoy, antes de lo que imaginamos.
Para un cristiano, la esperanza es mucho más que optimismo; es la cualidad teologal que nunca defrauda. Esperar es la capacidad de ver aun cuando nuestros ojos no vean. No solo es un don del Espíritu sino una obligación el pedirlo. La fe en Cristo y la confianza subsiguiente nos invitan a madurar el “creer que” ocurrirán cosas hasta "creer en” Cristo y en su providencia por encima de toda adversidad. Ellas nos equilibran y guían con alegría al amor. No estéis tristes, exhorta el Evangelio, porque el plan de Dios insufla toneladas de esperanza para despertar el corazón hasta convertirlo en hechos de esperanza para otros. Cristo es el motivo angular de nuestra esperanza, la revolución en la historia a pesar de la limitación, el mal y la muerte, que nos impulsa a “esperar contra toda esperanza” (Romanos 4,18).
Pero nos cansamos del bien y nos volvemos pesimistas, como dice Chesterton. Decidimos que ya no merece la pena trabajarnos en la bondad y nos gusta vivir de las rentas de haber hecho el bien y haber esperado nuestra sola voluntad. Y entonces empezamos a dejar de vivir. Y nos marchitamos¿Por qué? Porque no hacemos las cosas mirando a Cristo cuando las hacemos para los demás. No hay amor. Así pues, los demás, antes o después, también nos defraudan; somos humanos, débiles, sentimos la ingratitud creyendo que merecemos el reconocimiento de quienes deben valorar lo que hacemos. En realidad, lo exigimos en nuestro interior. Sentimos que la gente a la que ayudamos nos debe algo. Solo cuando nos cansamos de hacer el bien, descubrimos que el bien que hacíamos no lo estábamos haciendo para Dios. No era algo desinteresado, generoso, no era amor. Y descubrimos una crisis de motivos aun en los gestos en los que ponemos más generosidad cayendo en la desesperanza. Pero Dios acude a nuestra llamada, cumple sus promesas y nos renueva la fe.
Y volveremos a empezar con humildad; entonces brotará de nuevo la alegría.

Gabriel Mª Otalora
Extracto de “Orar con los libros”. Gabriel Mª Otalora. Grupo Editorial Fonte. Burgos, 2016

Domingo 19 de marzo de 2017 Domingo 3º de Cuaresma

 
Recordemos el carácter más o menos aleatorio que tiene la distribución de los textos bíblicos en la liturgia católica. No existe ninguna explicación de cómo se ha hecho tal distribución, ni de por qué tal texto en tal fecha. Una comisión elegida a dedo lo decidió así, y no se conocen los criterios que siguió. Quien quiera puede conjeturar sobre ellos. Se observa una “asociación de ideas” –o de imágenes– entre la primera y la tercera lecturas, mientras la segunda con frecuencia va por sus caminos propios, sin ninguna relación a las otras dos. La sucesión de los domingos tampoco muestra un criterio claro (como podría ser el de dar pie a un proceso sistematizado de formación teológica o bíblica), ni se da oficialmente libertad para que al menos algunas comunidades especiales (jóvenes, grupos de formación, ambientes especiales...) pudieran hacer su propio «calendario litúrgico»... Son temas que quedan pendientes para una próxima reforma litúrgica... Ni el propio papa Francisco se ha referido a esta urgencia (sin duda que hay otras mayores). (Seguir Leyendo)

EL DESEO DE LA SAMARITANA

salomenecega

Jesús conoce nuestro corazón, nuestros deseos... los más íntimos, los que nos constituyen. ¿quién no ha sentido la sed de la samaritana?... la sed de ser amada de verdad, de no ser apartada ni mirada con recelo, la sed de encajar, de ser feliz con lo que tiene... Que sepamos ser cántaro para recibir y repartir el agua de la vida.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Agua viva - 3º Domingo de Cuaresma, Ciclo A

Ramiro Calle: De la ansiedad a la quietud

El analfabetismo religioso de los españoles


Juan G. Bedoya


FUENTE: EL PAÍS
Los obispos se aferran a la polémica asignatura de catolicismo en las escuelas, pese a su fracaso
El afán principal de los obispos ya no es bautizar a los no creyentes, sino convertir a los bautizados
No es verdad que el hecho de que la asignatura de catolicismo se imparta en las escuelas sea un mandato de la Constitución
Los obispos deberían preocuparse por el notorio analfabetismo religioso de los niños y jóvenes españoles pese a frecuentar sus clases de religión y moral católica en todos los centros escolares, incluidos los estatales. “Vienen estudiantes que preguntan ¿quién es aquel señor colgado de la cruz?”, confiesa, desolado, el prior del monasterio de Poblet, Lluc Torcal Sirera. “Más de la mitad de los jóvenes no saben quién es Jesucristo”, reconoce el prelado de San Sebastián, José Ignacio Munilla. La consecuencia es que el afán principal de los obispos ya no es bautizar a los no creyentes, sino convertir a los bautizados. La Iglesia católica sigue ocupando un lugar importante en la sociedad, pero ha perdido credibilidad religiosa, espiritual, moral y cultural. ··· Ver noticia ···

El arzobispado de Santiago, contra las mujeres sacerdotes


Segundo Pérez

mujeres sacerdotes1
Responde a la presbítera de La Coruña
“La ordenación de esa señora es ilícita e inválida”, sentencia
Que la mujer no pueda celebrar los sacramentos no significa que no sea una parte fundamental en una Iglesia, toda ella ministerial en virtud del sacramento del bautismo
A raíz de la noticia de la mujer, Christina Moreira, que afirma celebrar los sacramentos en la comunidad Home Novo de la ciudad de La Coruña, el arzobispado de Santiago ha emitido un comunicado en el que afirma que “la presidencia de la celebración sacramental no es… un ministerio que Cristo haya entregado a las mujeres”. ··· Ver noticia ···

Me duele España (II)

Álvaro Ruiz de Vergara

Una aclaración sobre la declaración de la APM (Asociación de Prensa de Madrid): El periodista Antonio San José, directivo de la Asociación de la Prensa de Madrid, en presencia Victoria Prego , presidenta de la Asociación , y sin la más mínima contradicción o desmentido de ésta, refutó el comunicado en el que se acusa al “equipo directivo de Podemos encabezado por Pablo Iglesias” de presionar a periodistas. Según el periodista los acosadores son “un ejército en Internet cercano a Podemos” pero no sus dirigentes. La impresión que sacamos desde fuera es, más bien, de que es al revés: que los partidos clásicos, y muchos periódicos, más que periodistas, de la derecha Conservadora, a los que se ha unido El País, hostigan y acosan desde todos los frentes al nuevo partido surgido del movimiento del 15 M.

El autobús de Hazte Oír sigue en sus trece, y se atreve a incordiar en la Ciudad Universitaria. En tiempos de Franco, de tantísima tolerancia, como todos sabemos, el recinto universitario, no solo los edificios, sino parques, jardines y terrenos adyacentes, era respetado por la Policía, y se consideraba un espacio de libertad para que las ideas y las opiniones fluyeran libremente. Porque es fundamental que los que montan esta escena sepan que la libertad de expresión, que entre todos hemos conquistado, no la queremos usar, es decir, abusar, para propagandas en contra de la libertad esencial de las personas, que como han expresado los alumnos del colegio de Huelva, Príncipes de España: “Somos diferentes pero iguales en derechos. Los niños tienen ♥. Las niñas tienen ♥. ¡Esto es lo que importa!” Si me duele España, me reconforta, y me sana, que unos niños limpios, pero listos y autónomos, pongan en su sitio a unos rancios señores, que se dicen católicos, pero olvidan el corazón misericordioso de Jesús.
Sigue la marea de la corrupción. Fundescam, fundación del PP, es una “empresa transparente, según la expresidenta de la Comunidad de Madrid. Pero según la Guardia Civil, mientras el juez Velasco la responsabiliza de la financiación de la “caja b” de Madrid en la época de Esperanza Aguirre. Pero hay más. “Según los documentos a los que en su día tuvo acceso este diario, (Público), el PP de Madrid falsificó facturas con el fin de encubrir la financiación de las campañas de 2003 que terminaron con el tamayazo y el consiguiente Gobierno de la Comunidad en manos de Esperanza Aguirre con el fin de burlar la Ley Electoral y la de Partidos.
La primera prohíbe las aportaciones a partidos en campaña por importe superior a 6.000 euros. La segunda limitaba entonces a 60.000 euros anuales la aportación máxima que, directa o indirectamente, podía entregar una misma persona, física o jurídica, a un partido”. De hecho, parece que el cerco judicial y periodístico se estrecha cada vez más sobre el PP, y sobre algunos de sus más eximios representantes, en un pasado no muy lejano. Y lo triste es que aunque los datos de la creciente corrupción del PP parecen influir sobre sus electores, en éstos predomina más la simpatía por “su” partido político, que las evidencias de la falta de honradez administrativa del mismo, y de los casos de corrupción que se van multiplicando según los secretos de los sumarios correspondientes van despareciendo.
La subordinación de la Fiscalía al poder ejecutivo es legal en España, pero se está demostrando que lo es “desgraciadamente”, muy desgraciadamente, por cierto. No hay más que contemplar la alarma social que la intervención de un fiscal general nombrado por el Gobierno, no solo “a dedo”, que era lo normal, sino “ad hoc”, que es lo verdaderamente escandaloso, que esta haciendo desplomarse la ya baja, y casi mínima, confianza de los ciudadanos, en el Gobiernos, y en su relación con el poder Judicial. Los “entendidos” (¿?) que salen a la palestra, como al mismo fiscal General del Estado oímos hace unos días, puntualizan muy bien, y lo sería, lo de “muy bien”, efectivamente, si esas relaciones fueran, como afirmó, estrictamente, del Ejecutivo a la fiscalía. Pero nadie se engaña, de que detrás de ésta se encuentra una judicatura que, si bien es cierto se esta comportando con ecuanimidad y honradez en casi todos los casos, se encuentra, no obstante, sometida a presiones y trabas, que merecerían, seriamente, ser denunciadas por el Consejo del poder Judicial, con motivación y exposición mucho más amplias y exactas que las de la APM.
¿Es, o no es, lógico y normal que con todo ese panorama “me duela España”? (Y falta mucho más, pero no tengo ahora inspiración para compaginar la pasión y la ira que debiera, con la necesaria calma y ecuanimidad para escribir. Otro día será).
Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

El Mediterráneo, ¿mayor cementerio del mundo?


Valeria Méndez de Vigo

Inmigrantes2[EuroEFE] Las pasadas semanas nos despertábamos sobresaltados con la noticia del decreto del presidente Trump que prohibía indefinidamente la entrada de personas sirias en territorio norteamericano, suspendía durante 120 días la entrada de personas procedentes de siete países de mayoría musulmana y otros programas de reasentamiento de refugiados. ··· Ver noticia ···

La Iglesia española desbanca como número dos al hombre del Papa y pone al ultraconservador Cañizares


Jesús Bastante


Cañizares2Ricardo Blázquez revalida como presidente, como estaba previsto, y los obispos eligen de vicepresidente al cardenal Cañizares, el prelado homófobo y contrario a la “ideología de género”
El propio papa Francisco llamó a capítulo a Cañizares, pero los obispos españoles han decidido desbancar a Osoro, candidato del pontífice, para poner al cardenal conservador
Doce años después, la Conferencia Episcopal ha elegido al mismo tándem para dirigir la Casa de la Iglesia. ··· Ver noticia ···

Una ética para la Madre Tierra

Leonardo Boff


Leonardo Boff2Hoy es un hecho científicamente reconocido que los cambios climáticas, cuya expresión mayor es el calentamiento global son de naturaleza antropogénica, con un grado de seguridad del 95%. Es decir, tienen su génesis en un tipo de comportamiento humano violento con la naturaleza.
Este comportamiento no está en sintonía con los ciclos y ritmos de la naturaleza. El ser humano no se adapta a la naturaleza sino que la obliga a adaptarse a él y a sus intereses. El mayor interés, dominante desde hace siglos, se concentra en la acumulación de riqueza y de beneficios para la vida humana a partir de la explotación sistemática de los bienes y servicios naturales y de muchos pueblos, especialmente, de los indígenas.


Los países que hegemonizan este proceso no han dado la debida importancia a los límites del sistema-Tierra. Continúan sometiendo a la naturaleza y la Tierra a una verdadera guerra, sabiendo que serán vencidos.
La forma como la Madre Tierra demuestra la presión sobre sus límites intraspasables es mediante los eventos extremos (prolongadas sequías por un lado y crecidas devastadoras por otro; nevadas sin precedentes por una parte y oleadas de calor insoportables por otra).
Ante tales eventos, la Tierra ha pasado a ser el claro objeto de la preocupación humana. Las numerosas COPs (Conferencia de las Partes), organizadas por la ONU nunca llegaban a una convergencia. Solamente en la COP21 de París, realizada del 30 de noviembre al 13 de diciembre de 2015 se llegó por primera vez a un consenso mínimo, asumido por todos: evitar que el calentamiento supere los 2 grados Celsius. Lamentablemente esta decisión no es vinculante. Quien quiera puede seguirla, pero no existe obligatoriedad, como lo mostró el Congreso norteamericano que vetó las medidas ecológicas del presidente Obama. Ahora le presidente Donald Trump las niega rotundamente como algo sin sentido y engañoso.
Va quedando cada vez más claro que la cuestión es antes ética que científica. Es decir, la calidad de nuestras relaciones con la naturaleza y con nuestra Casa Común no eran ni son adecuadas, antes bien son destructivas.
Citando al Papa Francisco en su inspiradora encíclica Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común (2015): «Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos… estas situaciones provocan el gemido de la hermana Tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo» (n.53).
Necesitamos, urgentemente, una ética regeneradora de la Tierra, que le devuelva la vitalidad vulnerada a fin de que pueda continuar regalándonos todo lo que siempre nos ha regalado. Será una ética del cuidado, de respeto a sus ritmos y de responsabilidad colectiva.
Pero no basta una ética de la Tierra. Es necesario acompañarla de una espiritualidad. Esta hunde sus raíces en la razón cordial y sensible. De ahí nos viene la pasión por el cuidado y un compromiso serio de amor, de responsabilidad y de compasión con la Casa Común, como por otra parte viene expresado al final de la encíclica del obispo de Roma, Francisco.
El conocido y siempre apreciado Antoine de Saint-Exupéry, en un texto póstumo escrito en 1943, Carta al General “X” afirma con gran énfasis: «No hay sino un problema, solo uno: redescubrir que hay una vida del espíritu que es todavía más alta que la vida de la inteligencia, la única que puede satisfacer al ser humano» (Macondo Libri 2015, p. 31).
En otro texto, escrito en 1936 cuando era corresponsal de Paris Soir durante la guerra de España, que lleva como título “Es preciso dar un sentido a la vida”, retoma la vida del espíritu. En él afirma: «el ser humano no se realiza sino junto con otros seres humanos en el amor y en la amistad. Sin embargo los seres humanos no se unen solo aproximándose unos a otros, sino fundiéndose en la misma divinidad. En un mundo hecho desierto, tenemos sed de encontrar compañeros con los cuales con-dividimos el pan» (Macondo Libri p.20). Al final de la Carta al General “X” concluye: «Cómo tenemos necesidad de un Dios» (op.cit. p.36).
Efectivamente, sólo la vida del espíritu da plenitud al ser humano. Ella es un bello sinónimo para espiritualidad, frecuentemente identificada o confundida con religiosidad. La vida del espíritu es más, es un dato originario y antropológico como la inteligencia y la voluntad, algo que pertenece a nuestra profundidad esencial.
Sabemos cuidar la vida del cuerpo, hoy una verdadera cultura con tantas academias de gimnasia. Los psicoanalistas de varias tendencias nos ayudan a cuidar de la vida de la psique, para llevar una vida con relativo equilibrio, sin neurosis ni depresiones.
Pero en nuestra cultura prácticamente olvidamos cultivar la vida del espíritu que es nuestra dimensión radical, donde se albergan las grandes preguntas, anidan los sueños más osados y se elaboran las utopías más generosas. La vida del espíritu se alimenta de bienes no tangibles como es el amor, la amistad, la convivencia amigable con los otros, la compasión, el cuidado y la apertura al infinito. Sin la vida del espíritu divagamos por ahí sin un sentido que nos oriente y que hace la vida apetecida y agradecida.
Una ética de la Tierra no se sustenta ella sola por mucho tiempo sin ese supplément d’ame que es la vida del espíritu. Ella hace que nos sintamos parte de la Madre Tierra a quien debemos amar y cuidar.
*Leonardo Boff es articulista del JB online y autor de Ética y Espiritualidad: cómo cuidar de la Casa Común, Vozes 2017.

Traducción de Mª José Gavito Milano

El Papa Francisco abre la puerta a la ordenación de curas casados


Juan Cejudo, miembro de MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares


Cura casado2Hace unos días el Papa Francisco, en unas declaraciones al semanal alemán “Die Zeit” declaraba que habría que analizar si los “viri probati” (hombres casados con una probada virtud) sería solución para paliar la falta de sacerdotes, especialmente en pequeñas comunidades, muchas de ellas muy aisladas, que durante todo el año apenas pueden participar de la eucaristía. Habría que ver también qué funciones tendrían estos hombres casados. Reconoció que la crisis vocacional es grave y extensa.
Los viri probati es una expresión tomada de una carta de San Clemente, sucesor de los apóstoles en el siglo I donde contaba cómo ordenaban ellos a sus sucesores:
“Y así, predicando por campos y ciudades, por todas partes, designaron a las primicias (de sus trabajos), una vez hubieron sido probados por el Espíritu, para que fueran obispos y diáconos de los que creyeran” ··· Ver noticia ···

Francisco: cuatro años después

Juan José Tamayo


Tamayo3Director de la Cátedra de teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”. Universidad Carlos III de Madrid y autor de Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis, Editorial Trotta
Los tiempos históricos en la Iglesia católica son largos, muy largos, se hacen casi eternos. La historia parece detenerse. La tendencia es a dar respuestas del pasado a preguntas del presente. Los cambios, empero, son lentos y, cuando se producen, tienen un corto recorrido y una breve duración. Así sucedió con el Concilio Vaticano II (1962-1965), convocado por Juan XXIII para reformar la Iglesia, que estaba anclada en el medioevo. Aquella primavera eclesial apenas duró un lustro eclesial y fue seguida por un largo periodo invernal. Francisco, empero, parece haber roto el estancamiento del tiempo eclesiástico. No ha pasado un lustro desde su elección –accedió al pontificado el 13 de marzo de 2013- y ya puede hablarse de verdadera revolución –incruenta, por supuesto- o de cambio de paradigma.



Las prioridades del papa argentino distan mucho de las de sus predecesores. Juan Pablo II y Benedicto XVI, primero al frente de la todopoderosa Congregación para la Doctrina de la Fe y después como papa, priorizaron, hasta la obsesión, la doctrina, la moral y la disciplina eclesiástica. La doctrina fue formulada dogmáticamente en el Catecismo de la Iglesia católica con la consiguiente condena de las teólogas y los teólogos que se desviaban de la ortodoxia. Fue una de las épocas con más sanciones teológicas del siglo XX.
La disciplina se fijó en el “nuevo” Código de Derecho Canónico con sanciones y penas para los transgresores del rígido orden eclesiástico, no así contra los pederastas, que en muchos casos siguieron ejerciendo sus funciones pastorales con total impunidad con un simple cambio de actividad. La moral impuesta por los papas no se rigió por la ética radical del seguimiento de Jesús, sino que se redujo a “moralina” represiva de la sexualidad, negadora de las diferentes identidades sexuales que no se atuvieran a la concepción binaria y con condenas del divorcio, el aborto, la homosexualidad, los métodos anticonceptivos, las relaciones prematrimoniales, la fecundación in vitro, etc.

Las prioridades de Francisco van en otra dirección y son la economía, la ecología y la reforma de la Iglesia. A la economía le ha dedicado la exhortación apostólica La alegría del Evangelio, a mi juicio la más severa condena del actual modelo social y económico, que califica de injusto en su raíz, al tiempo que considera la inequidad origen de los males sociales y generadora de la violencia. La alegría del Evangelio se encuentra en plena sintonía con los movimientos populares mundiales, con quienes se ha reunido entre tres ocasiones identificándose con sus reivindicaciones de Tierra, Trabajo y Techo. A decir verdad, también Juan Pablo II se mostró muy crítico con el neoliberalismo en sus encíclicas sociales.

El horizonte ético de Francisco es la opción por los pobres, seña de identidad de la teología de la liberación, la solidaridad, que entiende como decisión de devolver a los pobres lo que se les ha robado. La ética lleva a compartir, ya que, según Juan Crisóstomo, “no compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”. El papa propone como alternativa “una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano”.
Francisco es el primer papa que ha dedicado una encíclica a la ecología bajo el título Laudato Si. Sobre el cuidado de la casa común, donde critica el “antropocentrismo despótico” y las distintas formas de poder destructivo de la tecnología tanto de la naturaleza como de las relaciones sociales, defiende una visión holística del cosmos del que los seres humanos formamos parte, cree necesario compaginar el cuidado de la tierra y el de los seres humanos, sobre todo de los más vulnerables, coloca a la par la justicia económica y la justicia ecológica y declara el derecho de la tierra a ser feliz.

La tercera prioridad en la que ha puesto especial empeño Francisco es la reforma de la Iglesia. Lo hizo desde el principio con su propuesta de una Iglesia pobre y de los pobres y lo viene ejemplificando con su estilo de vida austera y su denuncia de las patologías de la Curia, del cuerpo episcopal y del clero cuando se desvían del testimonio evangélico. La reforma eclesial está en continuidad con el aggiornamento de Juan XIII y el Concilio Vaticano II, que contrasta con el modelo contrarreformista y restauracionista de Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Sin embargo, es en lo referente a la reforma interna de la iglesia católica donde se están produciendo más resistencias y menos avances. Las resistencias provienen de distintos frentes: de la Curia y, dentro de ella, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por el cardenal Gerhard Müller, nombrado por Benedicto XVI poco antes de su dimisión para asegurar que el depósito de la fe permanecería incólume, de un sector importante del episcopado, que se resiste a seguir la senda marcada por Francisco, y de los movimientos cristianos neoconservadores, que siguen anclados en el paradigma eclesial de los papas anteriores.
El propio Francisco creo que no acertó con la creación de una Comisión de cardenales para asesorarle en la reforma eclesial. En ella todos son varones, miembros de la alta clerecía, “príncipes de la Iglesia”. No hay laicos –ni hombres ni mujeres-, ni teólogas ni teólogos, ni representantes de comunidades cristianas de base, ni miembros de congregaciones religiosas. Otro error fue nombrar miembro y coordinador de dicha Comisión al arzobispo de Honduras, cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, que apoyó el golpe de Estado del 28 de junio de 2009 contra el presidente Manuel Zelaya y reconoció el gobierno de Roberto Micheletti surgido del golpe. ¿Cómo puede apoyar la democratización de la Iglesia universal una persona que ha contribuido al derrocamiento de un presidente elegido democráticamente en su país?
Más allá de algunas declaraciones en favor de la igualdad entre hombres y mujeres y de algunos intentos por incorporar a las mujeres a puestos subalternos, creo que en la Iglesia católica sigue manteniéndose el patriarcado en estado puro, es decir, como sistema de dominación sobre las mujeres, basado en la masculinidad sagrada (“Si Dios es varón, entonces el varón es Dios”, decía Mary Daly). Un patriarcado que se traduce en la exclusión de las mujeres del ministerio eclesial, del acceso directo a lo sagrado, de las funciones directivas, de la elaboración de la doctrina teológica y moral, y en la negación de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
La Iglesia católica sigue configurada hoy como una patriarquía. Mientras no se conforme y funcione como una comunidad igualitaria –no clónica- de hombres y mujeres, todo intento de reforma terminará en un rotundo fracaso. 

martes, 14 de marzo de 2017

Cuatro años después; el don de un Papa “falible” 1/4

Redacción de Atrio

vatican insiderReflexiones (en cuatro capítulos) para huir a las trampas de los «balances provisionales» sobre el Pontificado actual

GIANNI VALENTE. CIUDAD DEL VATICANO. VaticanInsider
«Cuatro años de Bergoglio bastarían para cambiar las cosas…». Hace cuatro años, a principios de marzo, un anónimo cardenal revelaba a un periodista amigo suyo sus esperanzas ante el Cónclave inminente. Cuando Papa Francisco se asomó por primera vez para saludar a la multitud reunida en la Plaza San Pedro, fueron suficientes menos de diez minutos que quedara claro que ya habían cambiado muchas cosas. Las primeras palabras que pronunció como Obispo de Roma, el recuerdo del «obispo emérito» Benedicto, las oraciones rezadas todos juntos (el «Pater», el «Ave» y el «Gloria», las más sencillas y las que usan los pobres») y también la petición al pueblo de que invocara la bendición de Dios sobre el nuevo camino que habría que hacer juntos. Esos pocos indicios fueron suficientes para que muchos se tranquilizaran. Para que reconocieran que el Señor seguía queriendo a su Iglesia, «Ecclesiam suam».
 

  • Las leyendas sobre el «Cónclave» manipulado
La elección de Papa Bergoglio, en más de un aspecto, pertenece a la categoría de los milagros. Ostentan un despiadado desprecio a la inteligencia y a la memoria ajena los «malos maestros» que tratan sin vergüenza de envenenar los pozos con el engaño del «Cónclave manipulado».
Antes de la renuncia de Benedicto XVI y de la llegada a Roma de los cardenales para las Congregaciones generales antes del Cónclave, Bergoglio era para casi todos sus colegas solamente un anciano arzobispo a punto de dejar el gobierno de la diócesis de Buenos Aires. Desde hacía tiempo se estaba preparando para retirarse a la residencia diocesana para sacerdotes ancianos, liberando armarios y distribuyendo entre sus amigos y conocidos sus cosas. Desde hacía años, los periódicos de la ultra-derecha católica argentina hacían macabras alusiones a su voz «cada vez más débil», que habría callado poco tiempo después y para siempre. Los intentos de tejer soluciones «preconfeccionadas» para el Cónclave, acelerado por la renuncia de Papa Ratzinger, cuando existían, miraban hacia otras direcciones. Había algunos que actuaban creyendo que podían dar la impresión de que el Conclave se deslizaría en un plano inclinado hacia una dirección «natural» y «obligada». Pocos días antes del «extra omnes», un estratega «ruiniano» informaba todas las tardes a los vaticanistas sobre cuántos votos «seguros» ya había reunido el candidato que consideraba vencedor.

  • Esa noche de marzo de 2013
El 13 de marzo por la noche, la desorientación de los aparatos fue disimulada con frases hechas y se ocultó rápidamente en las sombras, para tratar de tomarle la medida al «marciano» a partir de entonces. Las fábricas de los conformismos anti-bergoglianos y bergoglianos todavía no habían comenzado a funcionar. Y así, antes de que se cristalizaran las máscaras y las definiciones, el Papa electo dijo, al dar los primeros pasos de su Pontificado, lo más importante: confesó a la Iglesia y al mundo que los milagros no los hacía él, que él era un pobrecillo, un «pecador a quien Cristo ha visto». Era, al máximo, como el dedo que señala la luna. Uno con sus límites, que no fue a vivir al Palacio Apostólico «por motivos psiquiátricos». Uno que no quería ser Papa, porque «una persona que quiere hacer el Papa no se quiere bien a sí misma, y Dios no la bendice». Extendió en los pliegues de su magisterio, en las imágenes repetitivas de sus intervenciones, lo que ya había sugerido en el breve discurso ante los cardenales, durante las Congregaciones generales antes del Cónclave: que la Iglesia misma, empezando por el Papa, no brilla con luz propia. Que la Iglesia se vuelve un cuerpo opaco y oscuro, con todos sus aparatos y sus prestaciones, sus antigüedades gloriosas y sus astutas modernidades, si Cristo no la ilumina con su luz. Y que solo Cristo, perdonándola, puede liberarla y hacer que la Iglesia salga de su inercia auto-referencial, del repliegue sobre sí misma. Porque «si Dios no perdonara todo, el mundo no existiría» (Ángelus del 17 de marzo de 2013).

  • Las cosas de siempre
En los primeros meses de Pontificado, las palabras y los gestos más propios e íntimos de la dinámica de la fe y de la vida cristiana, reducidos a sus características más esenciales (gracia, misericordia, pecado, perdón, caridad, salvación, predilección por los pobres) llenaban generosos los días y las intervenciones públicas de Papa Bergoglio. Eran las cosas y las palabras de siempre, sin embargo, para muchos, sonaban insólitas. Disipaban los velos de las objeciones, encendían las preguntas de muchos. Y Francisco, para que llegara a muchos, se encomendó desde el principio al instrumento más ordinario y común, utilizado desde siempre en la vida de la Iglesia: las homilías matutinas, en Santa Marta. Cortar el pan del Evangelio cada día y nutrirse de él, en compañía de los hermanos. Eran esas que ya entonces ciertos «expertos» de política eclesiástica llamaban «los sermoncitos». Para no crear obstáculos, para facilitar, para hacer lo más fácil posible el encuentro de cada uno y de cada una con Cristo.

  • El «Sensus fidei» del pueblo de Dios
Después de mucho tiempo volvió a aparecer en el horizonte eclesial el pueblo de Dios. Frágil y distraído, pobre y mal cuidado, reconoció inmediatamente la voz y el olor del pastor. Reconoció los acentos sorprendentes y al mismo tiempo familiares, la concreción de una promesa de humanidad y de felicidad que acoge pero al mismo tiempo sorprende, que supera cualquier expectativa. No los militantes de las siglas, los activistas de la movilización eclesial permanente, los fervientes de tiempo completo de las «minorías creativas» y de ls círculos culturales, sino los «diletantes», los bautizados «genéricos», los que no tienen preparado el discurso. Esos en quienes se percibe una necesidad casi física de seguir siendo simples. Porque ser y decirse cristiano es ya un milagro, y no es necesario inventarse nada más. Ellos advertían una consonancia instintiva con la Iglesia «elemental» propuesta por Bergoglio directamente. La Iglesia de siempre, la de Papa Benedicto y de todos los Sucesores de Pedro. No una Iglesia «nueva», sino un nuevo inicio, siguiendo el camino de la fe de los apóstoles. En una historia siempre marcada por nuevos inicios, encomendada a las frágiles manos de hombres y mujeres que anuncian el perdón y la misericordia de Dios, solo porque lo han experimentado en carne propia.

  • La curiosidad de los «otros»
Pero las palabras y los gestos del nuevo Obispo de Roma también encendieron la simpatía entre las multitudes que no conocen o que ya no reconocen el nombre de Cristo, en todos ellos que consideran el cristianismo como un pasado que no tiene que ver con ellos y en todos los que le dieron la espalda a la Iglesia. Cayó la máscara del falso dogma de los círculos eclesiásticos que durante los últimos años se complacían mostrándose odiosos e insoportables al mundo entero, confundiendo ese desprecio con una medalla, un certificado de su identidad exhibida sin descuentos ni «buenismos», «opportune et importune». Papa Francisco le recordó a todos que el cristianismo no funciona así. Que vence al mundo por «delectatio», como decía San Agustín; «por atracción», como repite siempre él mismo citando a Papa Ratzinger. Que las multitudes no estaban maravilladas y no eran atraídas por las invenciones ni por las estrategias de los sacerdotes, sino por Cristo, que desde el principio pasaba por el mundo haciendo el bien para todos, para los pecadores, para las mujeres, para los malhechores y para los que no pertenecían al pueblo elegido.

  • El interés de los poderes del mundo
Los gestos y las palabras del Papa pescado casi «al fin del mundo», y el aliento que parecían inspirar en la Iglesia, fueron advertidos también por los que tienen el poder. El primer Papa americano se alejaba de las líneas del pensamiento eclesiástico que a partir de los años ochenta, en el derrumbe de las ideologías secularizantes, propusieron la pertenencia religiosa como factor de identificación político-cultural y apostaron por reafirmar (política o geopolíticamente) la centralidad hegemónica de los aparatos religiosos en la vida colectiva. Al mismo tiempo, la «conversión pastoral» que Bergoglio ha sugerido a toda la Iglesia no era una manera para retirarse a un mundo paralelo, el mundo «de la Iglesia» separado del mundo de los hombres. Tenía, en sus rasgos más netos, la preocupación por toda la familia humana, por el destino de los pueblos y de las naciones. Papa Francisco no llegó a la Cátedra de Pedro con la intención de aplicar un plan geopolítico. Su Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, ha afirmado que los objetivos de la diplomacia pontificia consisten en «construir puentes, promover el dialogo y la negociación como medio para solucionar conflictos, difundir la fraternidad, luchar contra la pobreza, edificar la paz. No existen otros “intereses” ni “estrategias” del Papa ni de sus representantes cuando actúan en el escenario internacional». Una actitud al servicio del bien común «global», sin intereses propios o «ejes preferenciales» que hay que cuidar. Y esto explica, por lo menos en parte, la atención y el crédito que se ha ganado el Pontificado de Bergoglio entre los sujetos geopolíticos más dispares. Hasta ahora, mientras se revelan claramente las incógnitas en las relaciones con Donald Trump, la atención de los líderes globales y nacionales por los gestos y las palabras del Obispo de Roma ha sido constante y transversal. Desde Vladimir Putin hasta Barack Obama, pasando por Angela Merkel, la reina Isabel, Benjamin Netanyahu, el rey de Bahrein, Hamad bin Isa Al Khalifa. Todos han querido pasar por el Palacio Apostólico o por Santa Marta para escuchar al Papa y para que él los escuche.

  • El partido de los devotos
Además del pueblo fiel, además de las multitudes globales, distraídas y afanadas, además de las élites de los que tomas las decisiones y de quienes tienen el poder, se dejó sentir también una parte de las élites eclesial-mediáticas que en los últimos lustros, mientras iba avanzando por todo el Occidente la deforestación de la memoria cristiana, lucraron posiciones de poder (incluso eclesiales) con base en la afiliación a la línea ideológica muscular-identitaria y «teo-con», la «vencedora», la que volvió a descubrir el «orgullo católico». Los sectores que habían creado una clave de lectura «orgánica» para aplicarla a los últimos dos Pontificados, de carácter sustancialmente político-ideológica, construida completamente en las dicotomías conservador-progresista, liberal-ortodoxo. Con el tiempo, lograron afinar instrumentos y redes globales capaces de imponer las propias consignas como unidad de medida de la ortodoxia católica, criterios de conformidad con respecto a la Tradición de la Iglesia. En estos sectores comenzó a aumentar inmediatamente el nerviosismo. Y también las operaciones mediático-clericales creadas y difundidas por los canales y los agentes «de confianza», según los típicos clichés de las luchas de poder que habían marcado los anteriores periodos eclesiales: «Quejarse y despotricar es su fuerte. Ellos refunfuñan, mascullan, regañan. Están de pésimo humor y, lo que es peor, nutren rencor» (Charles Péguy).

La fe de los simples y las operaciones anti-Francisco 2/4

Redacción de Atrio

vatican insider Cuatro años después. Segunda parte del análisis de Gianni Valente. Cuando la fe cristiana es suplantada por la ideología religiosa

GIANNI VALENTE. CIUDAD DEL VATICANO. VaticanInsider
La hostilidad eclesiástica militante contra Papa Francisco, en sus diferentes gradaciones, no tiene precedentes en la historia del los últimos siglos.
El ruido invadente y los ataques, el ritmo obsesivo-compulsivo de los ataques en equipo, con conexiones y frecuencias coordinadas a nivel internacional, de verdadera «guerra de liberación», en contra del actual Sucesor de Pedro por parte de individuos y redes coordinadas mediático-clericales tiene motivaciones prosaicas. Cuando Papa Francisco hizo saltar por los aires los automatismos relacionados con ciertas sedes episcopales tradicionalmente «cardenalicias», quedaron desorientadas las laboriosas estrategias con las que los grupos eclesiásticos «vencedores» ya habían comenzado a situar futuros grandes electores para los Cónclaves de los lustros y décadas del futuro. También los primeros nombramientos episcopales importantes dieron a entender que ya no tenían lugar los juegos y las afiliaciones con los que desde hace tiempo era seleccionada la mayor parte de los obispos. Pero esto no explica todo.

En cierto sentido, los ataques coordinados y sin tregua de las redes en contra de Papa Francisco siguen siendo un misterio, pertenecen al misterio mismo de la Iglesia. En ciertas operaciones que han llevado a cabo los aparatos clericales-mediáticos (interconectados y bien equipados) en contra de Bergoglio se advierte un odio religioso en contra del actual obispo de Roma que no tiene que ver con el nivel «fisiológico» de las objeciones, de las críticas o de los malestares que normalmente se pueden comunicar a un Papa. Parece, por analogía, revelarse la «revelación de los corazones» narrada en los Evangelios, esa de los hombres religiosos que secuestraban incluso la Ley de Dios para alejar la autoridad de Jesús del pueblo, y le tendían trampas para que se contradijera.

  • Rigorismo doctrinal secularizado
Este inédito desprecio hacia el Papa por parte de los nuevos y auto-elegidos santos oficios virtuales, que están cazando sus presuntos «resbalones» doctrinales, es el signo de que justamente en esos mismos sectores, doctrinalmente tan aguerridos, la familiaridad «instintiva» con la experiencia cristiana y con la misma doctrina católica ha sido sustituida tácticamente con una ideología religiosa, adornada con palabras y fórmulas cristianas, que ha atrofiado el más esencial y germinal «censos fidei». Una secularización íntima, escondida bajo las demostraciones de fuerza del rigorismo doctrinal, que es más devastador que todas las que favorecen los condicionamientos culturales de matriz mundana (incluidos el relativismo y el nihilismo), justamente porque se da a la sombra de la ideología «cristiana» (Rémi Brague). La campaña orquestada y sin tregua de las brigadas anti-Bergoglio, cuyas raíces son misteriosas, se mueve estratégicamente por líneas patentadas. Los puntos sobre los que concentra sus ataques se pueden identificar con facilidad. En primer lugar tratan de exasperar la polarización pro/contra Papa Francisco, de concentrar la atención y de fomentar la batalla alrededor de su persona. Quieren que pase la idea de que en la actual estación eclesial todo se reduce, en última instancia, a una cuestión de «gustos», opiniones e inclinaciones personales sobre la personalidad de Bergoglio, y que, la partida global en acto, consiste en alinearse u oponerse a las «ideas» del Papa argentino, a sus orientaciones individuales íntimas e incluso a sus defectos y necedades.

  • La insistencia sobre los orígenes del jesuita argentino
Esta «reductio» también recurre permanentemente a referencias sobre el origen latinoamericano y jesuítico de Papa Bergoglio. Se insiste en estos dos rasgos para utilizarlos como la matriz de cada uno de los gestos y decisiones del actual obispo de Roma. La «jesuitización» y la «latinoamericanización» de Bergoglio sirven para encasillarlo en estereotipos y esquemas preconfeccionados, para reducir todas sus decisiones (incluidas las sugerencias de reforma y cambio) al mecánico y banal recurso a sus dos arquetipos: uno ignaciano y otro argentino. También ciertos entusiastas «bergoglistas» (como se verá) patrocinan como coordenadas de interpretación exclusivas del Pontificado de Bergoglio esas dos innegables características personales. Y así, acaban, indirectamente, contribuyendo a las operaciones de los que apuestan por ocultar la elementalidad evangélica y sacramental que ha propuesto Bergoglio como vía para la renovación y para rejuvenecer constantemente a la Iglesia. El exceso de atención que solo se concentra en el Papa, aislado de la Iglesia, a largo plazo acaba generando distorsiones y favoreciendo operaciones de manipulación. Quienes atacan con profesionalidad al Papa reinante en el vaticano se aprovechan del énfasis sobre su excepcionalidad innovadora, se enorgullecen de desenmascararla reduciéndola a sus orígenes jesuítico-argentinos, para después acusarlo de romper la continuidad y de una potencial «desviación» con respecto a sus últimos dos predecesores.

  • Un circuito que se auto-alimenta
Ninguna de las acusaciones para-doctrinales contra Papa Francisco tienen relaciones genealógicas, ni de lejos, con la Tradición ni con la gran disciplina de la Iglesia. Mucho menos con el magisterio auténtico de los últimos Papas. El Obispo de Roma entra en la mira de los nuevos pequeños y grandes inquisidores simplemente porque no se ha alineado a la línea del partido eclesiástico que ha dominado en las últimas décadas. Ese que durante los Pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI produjo un aparato ideológico doctrinal de carácter neoconservador, se proclamó depositario de la hermenéutica «vencedora» de los últimos dos Pontificados y, en la barbarización global e la confrontación eclesial en línea, se esfuerza por convertir el propio arsenal de política eclesiástica en la nueva medida de la ortodoxia y sus prácticas eclesiales. Las estrategias organizadas en contra de Papa Francisco interpretan sus palabras y gestos según las categorías polarizantes de factura anglosajona (liberal – conservador; progresista -tradicionalista) y por ello es el único esquema con el que los anti-Papistas se mueven como peces en el agua, en ese único circuito cerrado y auto-alimentado en el que logran hacer que funcionen sus juegos de roles clericales.

  • Escuchar lo que el Papa dice de verdad
Bastaría simplemente la recepción de lo que Papa Francisco dice y hace de vedad, y tal vez seguir el instinto de la fe de los simples que han reconocido su corazón de pastor, para no angustiarse demasiado por todas las enardecidas operaciones anti-Bergoglio, y dejarlas que vuelvan al nido de las auto-ocupaciones clericales. Sin embargo, encuentran filas de entusiastas aedas del nuevo «curso» bergoglista que les ofrecen argumentos y una paradójica fuerza.

Reapertura del juicio a los nacionalistas saharauis

Peter Kenworthy
Pambazuka News


[Fundación Sur]


Urge la presión internacional para garantizar un juicio justo para los "saharauis condenados injustamente" La presencia y la presión internacionales son necesarias para garantizar justicia en el reabierto juicio contra el Grupo Gdeim Izik del Sáhara Occidental ocupado por Marruecos , que Amnistía Internacional considera "injustamente condenado". La reapertura del juicio estaba fijada para el 13 de Marzo. El Grupo niega enérgicamente los cargos. Afirman que tienen motivaciones políticas e (...)