¡Qué fácil contestar preguntas que no nos atañen directamente! Sin responsabilidad, simplemente un comentar genérico que no nos implique: “lo escuché en un reel”, “me lo comentó una amiga”, “salió en un debate de tertulianos”.
No vale, lo sé, a Ti no te vale. Por eso amplias el campo:
“Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo? La cosa se complica porque con siete palabras haces una pregunta que tiene un toque muy comunitario formulada en plural. Pregunta de la que se podían esperar infinitas respuestas. Pero no, tus discípulos guardaron silencio. Salvo uno.
“Simón Pedro, tomó la palabra y dijo: “Tú eres el Mesias, el Hijo del Dios vivo”. Un impulso. Una certeza. Un no poder callar. Un sentir sin teorizar. Una revelación incuestionable… ¡Pedro, Pedro… la que se te venía encima!
¿Y nosotros, hoy, aquí, ahora? No hace falta pensar mucho para comprender que la pregunta que hiciste sigue vigente, activa, retante y, quien se la tome en serio y no la esquive, la tendrá que contestar sí o sí; sin escabullirse en un plural comunitario.
A quién escuche en lo profundo de su ser: “¿Quién dices tú que soy Yo?, no tendrá que enredarse en grandes explicaciones, sobrarán sabios conceptos teológicos, se sentirá ajeno a las multitudes y se dejará hacer dejando a un lado su ego interior, ese que tantas veces hace sombra, para que la luz ilumine su respuesta y su vida en general.
La oración y el silencio serán compañera y compañero del camino que lleva al hondón del alma, lugar del encuentro y las respuestas sinceras.
Mari Paz López Santos
FEADULTA, 23 agosto 2026
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