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miércoles, 19 de agosto de 2026

La misericordia no se toma vacaciones

 


Aunque la agenda pontificia ha bajado el ritmo en Castel Gandolfo, León XIV ha seguido acordándose de quienes sufren en las fronteras, bajo las bombas o después de una catástrofe.

Agosto ha aligerado la agenda de León XIV. El Papa ha pasado estos días en Castel Gandolfo, con menos actos públicos y un ritmo más reposado. Pero el sufrimiento del mundo no ha desaparecido de sus palabras. Durante la última semana, su mirada ha vuelto una y otra vez hacia quienes viven en los márgenes: los menores migrantes, las víctimas de la guerra y los pueblos golpeados por nuevas tragedias.

En un mensaje dirigido a las religiosas de Estados Unidos, León XIV propuso responder a «la globalización de la indiferencia y la impotencia» con «el remedio del amor y la misericordia de Cristo». También las animó a ser «expertas en sinodalidad»: mujeres capaces de escuchar, dialogar y buscar juntas caminos nuevos.

La misma sensibilidad apareció en su mensaje para la próxima Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, dedicada este año a los niños y adolescentes. Bajo el lema «Incluso uno solo de estos pequeños», el Papa reclamó protección, educación y el derecho a crecer junto a la propia familia. Antes que migrante, refugiado o extranjero, cada menor es un niño al que nadie debería arrebatarle la infancia.

El día de la Asunción, durante la misa celebrada en la parroquia de Santo Tomás de Villanueva, en Castel Gandolfo, León XIV habló de otra manera de mirar. Frente a una sociedad empeñada en ocultar el paso del tiempo, invitó a descubrir en los rostros y los cuerpos «los signos del amor que no tiene fin». La misericordia comienza precisamente ahí: cuando dejamos de medir el valor de las personas por su juventud, su belleza o su utilidad.

Un día después, el encuentro de Jesús con la mujer cananea le permitió volver sobre las fronteras que levantamos entre unos y otros. Jesús, explicó el Papa, llevó adelante su misión «dejándose conmover por lo que ve y lo que oye». Aquella mujer extranjera logró abrir una puerta que parecía cerrada y reveló que en la mesa de Dios «a nadie le corresponden las migajas».

La reflexión tuvo una prolongación muy concreta. Tras el ángelus, León XIV pidió el fin de la violencia contra la población palestina de Cisjordania y reclamó avances hacia una solución basada en dos Estados. La compasión evangélica no puede quedarse en un sentimiento: obliga a mirar de frente a quienes pierden sus hogares, viven bajo las armas o ven cómo la violencia les roba el futuro.

La semana concluyó con varios mensajes de condolencia. El Papa expresó su cercanía a las víctimas del terremoto de Indonesia, del naufragio ocurrido en el lago Kariba, en Zimbabue, y del accidente sufrido por un grupo de peregrinos polacos en Hungría. Tampoco olvidó al pueblo colombiano ni a las comunidades castigadas por las guerras, las catástrofes y la persecución.

Las vacaciones pueden aligerar una agenda, pero no suspender la atención. Esta semana, León XIV no ha pronunciado grandes discursos ni desplazamientos. Ha hecho algo más sencillo: recordar nombres, lugares y heridas que corren el riesgo de quedar lejos. Tal vez esa sea la forma más concreta de demostrar que la misericordia no se toma vacaciones.

Fuentes consultadas: Vatican News y Oficina de Prensa de la Santa Sede.

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