viernes, 5 de abril de 2019
EL PAPA DE ROMA 'BENDICE' EL ISLAM MODERADO DEL GRAN COMENDADOR DE LOS CREYENTES
Religión Digital
"No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones". El Papa Francisco conoce y comparte el viejo aforismo acuñado por el otrora teólogo rebelde alemán, Hans Küng. Por eso, desde su llegada al pontificado y tras convertirse en poco tiempo en el principal líder moral del planeta, intenta invertir todo su capital simbólico en promover la paz, creando puentes entre las religiones. No en vano, se llama Sumo Pontífice (el máximo hacedor de puentes).
Para Francisco, el diálogo interreligioso no es una frase teórica, sino uno de los objetivos prioritarios de su pontificado. Desde su visón poliédrica de la realidad, está absolutamente convencido de la bondad de la pluralidad religiosa. Ya han pasado los tiempos de las cruzadas. Ya no hay anatemas papales contra las otras dos religiones del Libro, el Judaísmo y el Islam, ramas del mismo tronco, que hunde sus raíces en el Padre Abraham.
En Marruecos, patria del Islam moderado, quiso dar un paso más en su lucha por acabar con el fundamentalismo, lacra de todas las religiones y que se manifiesta con especial virulencia en los diversos credos, según las épocas. La nuestra, especialmente marcada por el radicalismo de algunas musulmanes que, como antes los católicos o los protestantes, utilizan el nombre de Dios en vano.
Francisco quiere firmar con el Rey De Marruecos algo parecido al ya histórico 'Documento sobre la hermandad humana por la paz mundial y la convivencia común', rubricado, hace unos meses, en Abu Dhabi por el Papa y el Gran Imán de Al Azhar, Ahmed Al-Tayeb. Porque el Islam no tiene un sólo Papa, sino diferentes cabezas religiosas.
Una de ellas y de las más importantes es Sidi Mohammed ben el-Hassan ben Mohammed ben Youssef el- Alaoui (Mohamed VI), que, además del decimoctavo rey de la dinastía alauí que reina en Marruecos desde 1666, es Comendador de los Creyentes (Amir al Muminin), el Reunificador y el Salvador, cargos que recoge la Constitución marroquí y que emanan del hecho de ser el 36º descendiente en línea directa de Mahoma.
El deseo papal de acercamiento a este Islam moderado, que capitanea el Rey de Marruecos, quedó patente desde el mismo momento en que puso pié en el país, con su visita a Mohamed VI, a las autoridades en la explanada de la Mezquita de Hassan II, al mausoleo de Mohamed V y al Instituto de los Imanes y predicadores.
Con excelentes resultados. Dos de las últimas teocracias del mundo se dan la mano y se comprometen a caminar juntas en busca de la concordia, la hermandad y la paz de los auténticos seguidores de Dios.
Porque la paz entre las religiones es la única salida para instaurar en África el reinado de los derechos humanos, que permitan el despegue económico y el final de la globalizada cultura de la indiferencia, que condena a los africanos, árabes y subsaharianos, a arriesgarse a perder la vida en el cementerio del Mediterráneo, para alcanzar el sueño dorado del pan ganado con dignidad.
Papa y emigrantes
Y para dejarlo bien claro, Francisco quiso encontrarse con los emigrantes también el primer día de su estancia en Marruecos. Un país que emigra, pero que, al mismo tiempo, sirve de 'stopper' a la rica Europa, para detener los flujos migratorios o, al menos, ralentizarlos. Porque nadie (ni la opulenta Europa) es capaz de poner puertas al mar de los sueños de los pobres.
Allí, rodeado de los subsaharianos que le quieren como un padre y le respetan como el Gran Anciano, vuelve a erigirse en su abogado defensor y vuelve a proclamar que a la marea de los descamisados africanos no la pararán ni las "barreras" con concertinas ni "la difusión del miedo", sino la valentía de la mano tendida.
En una sencilla sala, muy alejada de la pompa de las estancias reales marroquíes, Francisco, casi emocionado, volvió a ofrecerles a los "exiliados como Cristo" cuatro verbos, como cuatro tablas de salvación, para asirse a ellas: "Acoger, proteger, promover e integrar". Con sus correspondientes concreciones prácticas y políticas.
El Papa sabe que la actual dinámica mundial se opone con perros, abusadores, mafias que comercian con su carne, alambradas y el cementerio del mar a la dinámica de la mano tendida que él propone. Pero sigue clamando en el desierto y despertando las conciencias.
Porque está convencido de que toda persona tiene derecho a emigrar o a no emigrar, tiene "derecho a sus sueños y a un futuro digno". Y por eso, el Papa de los pobres se romperá el alma hasta el final
El Papa concluye su visita a Marruecos con una eucaristía ante 10.000 personas en Rabat
Como en todos sus viajes, el Papa concluye su visita a Marruecos con una eucaristía en el complejo deportivo Príncipe Moulay de Rabat, que los cristianos del país llenan hasta la bandera. Mientras esperan la salida del Papa, unos 10.000 fieles cantan y gritan. En la homilía, el Papa da las gracias a los cristianos marroquíes por "dar testimonio del Evangelio de la misericordia" y les pide que nunca caiigan en la tentación de "creer en el odio y la venganza como formas legítimas de brindar justicia de manera rápida y eficaz".
“Toda la Iglesia de Marruecos se reúne en torno al Papa Francisco, servidor de esperanza”, anuncia en español una comentarista de la ceremonia.
Un altar sobrio, estilo árabe, presidido por una sencilla cruz y una imagen de la Virgen negra con el Niño.
La primera lectura, leída en español, del libro de Josué.
Salmo responsorial: “Gustad y ved qué bueno es el Señor”
La segunda lectura, en árabe, es de la carta de Pablo a los Corintios: “Hermanos, el que es de Cristo es una criatura nueva...”
Lectura del Evangelio de Lucas en el pasaje de la parábola del hijo pródigo.
Así el evangelio nos pone en el corazón de la parábola que transparenta la actitud del padre al ver volver a su hijo: tocado en las entrañas no lo deja llegar a casa cuando lo sorprende corriendo a su encuentro. Un hijo esperado y añorado. Un padre conmovido al verlo regresar.
Pero no fue el único momento en que el padre corrió. Su alegría sería incompleta sin la presencia de su otro hijo. Por eso también sale a su encuentro para invitarlo a participar de la fiesta (cf. v. 28). Pero, al hijo mayor parece que no le gustaban las fiestas de bienvenida, le costaba soportar la alegría del padre, no reconoce el regreso de su hermano: «ese hijo tuyo» afirmó (v. 30). Para él su hermano sigue perdido, porque lo había perdido ya en su corazón.
En su incapacidad de participar de la fiesta, no sólo no reconoce a su hermano, sino que tampoco reconoce a su padre. Prefiere la orfandad a la fraternidad, el aislamiento al encuentro, la amargura a la fiesta. No sólo le cuesta entender y perdonar a su hermano, tampoco puede aceptar tener un padre capaz de perdonar, dispuesto a esperar y velar para que ninguno quede afuera, en definitiva, un padre capaz de sentir compasión.
En el umbral de esa casa parece manifestarse el misterio de nuestra humanidad: por un lado, estaba la fiesta por el hijo encontrado y, por otro, un cierto sentimiento de traición e indignación por festejar su regreso. Por un lado, la hospitalidad para aquel que había experimentado la miseria y el dolor, que incluso había llegado a oler y a querer alimentarse con lo que comían los cerdos; por otro lado, la irritación y la cólera por darle lugar a quien no era digno ni merecedor de tal abrazo.
Así, una vez más sale a la luz la tensión que se vive al interno de nuestros pueblos y comunidades, e incluso de nosotros mismos. Una tensión que desde Caín y Abel nos habita y que estamos invitados a mirar de frente: ¿Quién tiene derecho a permanecer entre nosotros, a tener un puesto en nuestras mesas y asambleas, en nuestras preocupaciones y ocupaciones, en nuestras plazas y ciudades? Parece continuar resonando esa pregunta fratricida: acaso ¿soy guardián de mi hermano? (cf. Gn 4,9).
En el umbral de esa casa aparecen las divisiones y enfrentamientos, la agresividad y los conflictos que golpearán siempre las puertas de nuestros grandes deseos, de nuestras luchas por la fraternidad y para que cada persona pueda experimentar desde ya su condición y dignidad de hijo.
Pero a su vez, en el umbral de esa casa brillará con toda claridad, sin elucubraciones ni excusas que le quiten fuerza, el deseo del Padre: que todos sus hijos tomen parte de su alegría; que nadie viva en condiciones no humanas como su hijo menor, ni en la orfandad, el aislamiento o en la amargura como el hijo mayor. Su corazón quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tm 2,4).
Es cierto, son tantas las circunstancias que pueden alimentar la división y la confrontación; son innegables las situaciones que pueden llevarnos a enfrentarnos y dividirnos. No podemos negarlo. Siempre nos amenaza la tentación de creer en el odio y la venganza como formas legítimas de brindar justicia de manera rápida y eficaz. Pero la experiencia nos dice que el odio, la división y la venganza, lo único que logran es matar el alma de nuestros pueblos, envenenar la esperanza de nuestros hijos, destruir y llevarse consigo todo lo que amamos.
Por eso Jesús nos invita a mirar y contemplar el corazón del Padre. Sólo desde ahí podremos redescubrirnos cada día como hermanos. Sólo desde ese horizonte amplio, capaz de ayudarnos a trascender nuestras miopes lógicas divisorias, seremos capaces de alcanzar una mirada que no pretenda clausurar ni claudicar nuestras diferencias buscando quizás una unidad forzada o la marginación silenciosa. Sólo si cada día somos capaces de levantar los ojos al cielo y decir Padre nuestro podremos entrar en una dinámica que nos posibilite mirar y arriesgarnos a vivir no como enemigos sino como hermanos.
«Todo lo mío es tuyo» (Lc 15,31), le dice el padre a su hijo mayor. Y no se refiere tan sólo a los bienes materiales sino a ser partícipes también de su mismo amor y compasión. Esa es la mayor herencia y riqueza del cristiano. Porque en vez de medirnos o clasificarnos por una condición moral, social, étnica o religiosa podamos reconocer que existe otra condición que nadie podrá borrar ni aniquilar ya que es puro regalo: la condición de hijos amados, esperados y celebrados por el Padre.
«Todo lo mío es tuyo», también mi capacidad de compasión, nos dice el Padre. No caigamos en la tentación de reducir nuestra pertenencia de hijos a una cuestión de leyes y prohibiciones, de deberes y cumplimientos. Nuestra pertenencia y nuestra misión no nacerá de voluntarismos, legalismos, relativismos o integrismos sino de personas creyentes que implorarán cada día con humildad y constancia: venga a nosotros tu Reino.
La parábola evangélica presenta un final abierto. Vemos al padre rogar a su hijo mayor que entre a participar de la fiesta de la misericordia. El evangelista no dice nada sobre cuál fue la decisión que este tomó. ¿Se habrá sumado a la fiesta? Podemos pensar que este final abierto está dirigido para que cada comunidad, cada uno de nosotros pueda escribirlo con su vida, con su mirada y actitud hacia los demás. El cristiano sabe que en la casa del Padre hay muchas moradas, sólo quedan afuera aquellos que no quieran tomar parte de su alegría.
Queridos hermanos, quiero darles las gracias por el modo en que dan testimonio del evangelio de la misericordia en estas tierras. Gracias por los esfuerzos realizados para que sus comunidades sean oasis de misericordia. Los animo y aliento a seguir haciendo crecer la cultura de la misericordia, una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea su sufrimiento (cf. Carta ap. Misericordia et misera, 20). Sigan cerca de los pequeños y de los pobres, de los que son rechazados, abandonados e ignorados, sigan siendo signo del abrazo y del corazón del Padre.
Que el Misericordioso y el Clemente —como lo invocan tan a menudo nuestros hermanos y hermanas musulmanas— los fortalezca y haga fecundas las obras de su amor.
Saludo final del Papa
A la conclusión de esta Eucaristía, deseo nuevamente bendecir al Señor que me ha permitido realizar este viaje para ser, ante ustedes y con ustedes, servidor de la Esperanza.
Agradezco a Su Majestad el Rey Mohammed VI su invitación, como también a las Autoridades y todas las personas que han colaborado para el buen desarrollo de este viaje.
Gracias a mis hermanos en el episcopado, los Arzobispos de Rabat y Tánger, como también a los sacerdotes, religiosos y religiosas y a todos los fieles laicos que están aquí en Marruecos como servidores de la vida y de la misión de la Iglesia. Gracias a ustedes, queridos hermanos y hermanas, por todo lo que han hecho para preparar este viaje y por todo lo que hemos podido compartir desde la fe, la esperanza y la caridad.
Con estos sentimientos de gratitud, deseo nuevamente animarlos a perseverar en el camino del diálogo con nuestros hermanos y hermanas musulmanas y a colaborar también a que se haga visible esa fraternidad universal que tiene su fuente en Dios. Que sean aquí los servidores de la esperanza, que el mundo tanto necesita.
Y, por favor, no se olviden de rezar por mí.
MÍTINES Y PROCESIONES ¿A DÓNDE VAMOS?
Fe Adulta
Sin darnos cuenta nos han metido las elecciones y los mítines en unas semanas en las que los cristianos celebramos la muerte y Resurrección de Jesús. Parece que en esos mismas días van a existir los mítines de los partidos políticos ante las próximas elecciones. Pero no hay problema, que para todo hay tiempo. Y en último caso… ¿Qué elegimos? ¿A dónde vamos?
De momento podemos tener unos días con más tiempo para pensar; Y pensar por nosotros mismos. Ni los mítines ni los sermones nos han de atraer sin que estemos convencidos.
El silencio y la reflexión nos vienen muy bien. Y no son cosas tan opuestas, porque celebramos el compromiso de Jesús por hacer una humanidad nueva. Buena razón para votar a uno u otro partido; si nos mueven a hacer una sociedad nueva: sin miseria, sin ignorancia, sanando el dolor, creando una sociedad de hermanos, acogiendo a todos, en la paz y la justicia. Haciendo un mundo en el que no haya crucificados por ninguna causa y de ninguna manera.
Tienen también el peligro de un parecido: los mítines y las procesiones. Es oír, ver, pero sin implicarnos en la sociedad. Buen motivo el testimonio de Jesús para que nos animemos a participar desde un partido u otro según sea en beneficio de toda la humanidad. Y los que se presenten que tengan muy claro: que es un servicio-real- a los demás; sin esperar sacar nada, sin beneficio; solamente por servir. Al servicio del pueblo: escuchando y sirviendo.
No sería bueno que en uno u otro caso nos dediquemos a mirar; O que sea simplemente tarea de un rato más o menos largo. Necesitamos, en todo, profundidad, implicación, compromiso…
Hay muchas personas que no van a poder participar ni en los mítines ni en las procesiones: enfermos, trabajadores, ancianos, presos…. Ojalá, en las dos celebraciones, sean éstos el eje de nuestra reflexión.
Los costaleros que llevan los pasos, que de verdad sean costaleros de las personas necesitadas; que carguemos con ellos y que lo mismo hagamos en la política: que la preocupación por los pobres sea prioritaria en nuestro voto.
En unos y otros actos vamos a oír muchas trompetas y altavoces con himnos partidistas. Cada uno participará en lo que crea mejor. Se pueden participar en las dos cosas. Otros se irán de vacaciones y se separarán de los distintos actos.
Yo sencillamente, quiero ir a las celebraciones de la iglesia -las rituales-, -las de dentro del templo- en las que celebramos la muerte y resurrección de Jesús, porque espero el día nuevo -no del triunfo de un partido- sino de una humanidad nueva: La de Jesús Resucitado. Pero también me leeré los programas de los partidos. Al final, resulta que no son cosas tan dispares.
¿POR QUÉ LA IGLESIA OFICIAL SE NIEGA A DISCUTIR SOBRE LA SEXUALIDAD Y LA LEY DEL CELIBATO?
Es innegable el valor del Papa Francisco al enfrentar abiertamente la cuestión de la pedofilia dentro de la Iglesia. Ha impulsado la entrega de los pedófilos, curas, religiosos y cardenales a la justicia civil para ser juzgados y castigados. En el encuentro de Roma para la Protección de los Menores a finales de febrero de 2019, el Papa impuso 8 determinaciones entre las cuales estaban la “pedofilia cero” y “la protección de las víctimas de abuso”.
El Papa señala la llaga principal: “el flagelo del clericalismo, que es el terreno fértil para todas estas abominaciones”. Clericalismo significa aquí la concentración de todo el poder sagrado en el clero, con exclusión de otros estamentos, que se juzga por encima de cualquier sospecha y crítica. Ocurre que algunos clérigos usan ese poder, que de por sí debería irradiar confianza y reverencia, para abusar sexualmente de menores.
Sin embargo, a mi modo de ver, el Papa actual y los anteriores, por razones que más abajo intento esclarecer, no han llevado la cuestión de la sexualidad y la ley del celibato hasta el fondo.
En cuanto a la sexualidad hay que reconocer que la Iglesia-gran-institución-piramidal ha alimentado históricamente una actitud de desconfianza y muy negativa ante ella. La Iglesia es rehén de una visión errónea, proveniente de la tradición platónica y agustiniana. San Agustín veía la actividad sexual como el camino por el cual entra el pecado original. Por él, de nacimiento, cada ser humano se hace portador de una mancha, de un pecado, sin culpa personal, en solidaridad con el pecado de los primeros padres.
Celibato
Cuanto menos sexo procreativo, menos “massa damnata” (masa condenada). La mujer, por ser engendradora, introduce en el mundo el mal originario. Por ello se le negaba la plena humanidad. Era llamada “mas” que en latín significa “hombre no completo”. Todo anti-feminismo y machismo en la Iglesia romano-católica encuentran aquí su presupuesto teórico.
De aquí el alto valor atribuido al celibato, porque, no habiendo relación sexual-genital con una mujer, no nacerán hijos e hijas. Así no se transmite el pecado original.
En los análisis y condenas que se han hecho sobre la pedofilia todavía no se ha discutido el problema subyacente: la sexualidad. El ser humano no tiene sexo. Todo él es sexuado en cuerpo y alma. Es tan esencial que por él pasa la continuidad de la vida. Pero se trata una realidad misteriosa y extremadamente compleja.
Tenemos a ver con una realidad misteriosa y profundamente compleja. La reflexión oficial hasta hoy nunca se confrontó positivamente con aquellos que debidamente se han ocupado de la sexualidad como Freud, Jung, Adler, Fromm, Winnicott, Lacan, Rollo May, Simone de Bouvoir, Ana Freud, Rose Marie Muraro, Janette Paris entre tantos y tantas. La Iglesia y la teología tendrían mucho que aprender con estas contribuciones, sin todavía renunciar a eventuales críticas.
De manera general, podemos decir que en el campo cristiano católico no se han elaborado aún una utopía, un proyecto sobre la sexualidad humana. Predominó el discurso moralista y sospechoso que ha significado sufrimiento y angustia a muchos cristianos y parejas. El documento del Papa Francisco Amoris Laetitiae va en esta línea. Pero hay que profunidizar mucho más en el sentido de ofrecer una visión evangélica y positiva sobre esta realidad con la cual todos tenemos que ver.
El pensador francés Paul Ricoeur, que reflexionó mucho filosóficamente sobre la teoría psicoanalítica de Freud, escribió: “La sexualidad, en el fondo, permanece tal vez impermeable a la reflexión e innacesible al dominio humano; tal vez esa opacidad hace que ella no pueda ser reabsorbida en una ética ni en una técnica” (Revista Paz y Tierra n. 5 de 1979, p. 36). Ella vive entre la ley del día donde prevalecen los comportamientos establecidos y la ley de la noche donde funcionan las pulsiones libres. Sólo una ética del respeto hacia el otro sexo y el autocontrol permanente de esa energía volcánica pueden transformarla en expresión de afecto y de amor, y no en una obsesión.
Sabemos cuan insuficiente es la formación para la integración de la sexualidad que se da a los curas en los seminarios. Se hace lejos del contacto normal con las mujeres, lo que produce cierta atrofia en la construcción de la identidad. ¿Por qué Dios creó a la humanidad como hombre y mujer (Gn1, 27)? No fue en primer lugar para engendrar hijos sino para que no estuviesen solos, para que fueran compañeros (Gn 2,18).
Las ciencias de la psique nos han dejado claro que el hombre solo madura bajo la mirada de la mujer y la mujer bajo la mirada del hombre. Hombre y mujer son completos pero recíprocos y se enriquecen mutuamente en la diferencia.
El sexo genético-celular muestra que la diferencia entre hombre y mujer en términos de cromosomas se reduce solamente a un cromosoma. La mujer posee dos cromosomas XX y el hombre un cromosoma X y otro Y. De donde se deduce que el sexo-base es el femenino (XX), siendo el masculino (XY) una diferenciación de él. No hay pues un sexo absoluto, sino solo uno dominante. En cada ser humano, hombre y mujer, existe “un segundo sexo”. En la integración del “animus” y del “anima”, o sea, de las dimensiones de lo femenino y de lo masculino presentes en cada persona, se gesta la madurez humana y sexual.
Celibato
En este proceso no está excluido el celibato. Puede ser una opción legítima, pero en la Iglesia católica es impuesto como condición previa para ser sacerdote o religioso. Por otro lado, el celibato no puede nacer de una carencia de amor, sino de una superabundancia de amor a Dios, que se transborda a los otros, en especial a los más carentes de afecto.
¿Por qué la Iglesia romano-católica no deroga la ley del celibato? Porque es contradictorio con su estructura. Ella es, socialmente, una institución total, autoritaria, patriarcal, machista y jerarquizada. Una Iglesia que se estructura en torno al poder sagrado cumple lo que C. G. Jung denunciaba: “donde predomina el poder ahí no hay amor ni ternura”. Es lo que ocurre con el machismo y la rigidez, en parte, en la Iglesia. Para corregir este desvío, el Papa Francisco no se cansa de predicar “la ternura y el encuentro afectuoso” que implican una integración de la sexualidad y un apoyo al celibato. Pero así como está el celibato es funcional a la Iglesia clerical, sola y solitaria.
De perdurar este tipo de Iglesia no esperemos la abolición de la ley del celibato. Es útil para ella pero no para los fieles.
¿Y dónde queda el sueño de Jesús de una comunidad fraternal e igualitaria? Si se viviera, cambiaría todo en la Iglesia.
Leonardo Boff
Religión Digital
*Leonardo Boff y Rose Marie Muraro escribieron Femenino & Masculino: una nueva conciencia para el encuentro de las diferencias, Record 2010.
La semana en clave de derechos humanos
El arzobispo de Tánger valora el viaje del Papa a Marruecos. Santiago Agrelo: “Europa no solo tiene que cerrar puertas. Puede ayudar a que la migración se reduzca”
Los fenómenos migratorios provocan alarma y temor, a menudo fomentados y explotados con fines políticos. De esta manera se está extendiendo una mentalidad xenófoba, de cierre y de autorreflexión, a la que hay que reaccionar con decisión··· Ver noticia ·
La homosexualidad como falta de respeto
José María Castillo
Digo que les hacen daño a muchos seres humanos por la sencilla razón de que, en la sociedad en que vivimos, existe una mentalidad, bastante extendida, que ve en la homosexualidad una “perversión” o una “enfermedad”. Y ambas cosas relacionadas – sobre todo entre gente “chapada a la antigua” – como algo degradante, humillante y despreciable. Calificativos que destrozan, en su intimidad, a quienes los tienen que soportar.
Este destrozo se produce, sobre todo, porque el individuo, que se ve calificado como un “maricón” (o “maricona”), si es que quiere verse respetado y apreciado, no tiene más remedio que ocultar su propia identidad. Es decir, tiene que pasarse la vida entera fingiendo, ocultando y, en algunos casos (según las circunstancias y la manera de ser de cada cual), hasta mintiendo. Con la confusión, la oscuridad, las dudas y el desagradable sentimiento de verse rechazado e incluso despreciado hasta límites y en condiciones que seguramente no imaginamos. Evidentemente, es una “canallada” condenar a una persona a que viva así. Y bien sabe Dios que la religión y muchos de sus funcionarios tienen bastante responsabilidad en que las cosas estén como están, en lo que respecta a este problema.
Las personas que van por la vida empeñados en “curar” o “corregir” a los homosexuales deberían pensar en serio que, seguramente, quienes más necesitan curarse o corregirse son ellos mismos. De forma que, en vez de mandar a los otros al psiquiatra, tendrían que ser ellos los primeros en ir para que el psiquiatra los cure. Porque, en realidad, el más desquiciado es el que emite un juicio negativo y dañino sobre seres humanos, que se tendría que emitir igualmente sobre los monos, los leones, las mariposas, el puerco espín y una notable variedad de especies animales, de las que se sabe con seguridad que viven con toda naturalidad lo mismo la heterosexualidad que la homosexualidad. Esto está estudiado al detalle. Y ha sido bien explicado por los especialistas más eminentes.
Sin duda alguna, la sexualidad es variable y se concreta en modalidades distintas, que, si se da y se reproduce, tanto en seres humanos como en otras especies de animales vivientes, lo más lógico es pensar que esta experiencia fundamental se puede vivir en concreciones y experiencias distintas. Si la naturaleza nos ha hecho así a los seres vivientes, respetemos la realidad tal cual es.
¿Cómo es posible que, sabiendo esto, haya gente tan trastornada que se obsesiona con la idea de que lo más urgente, en este momento, es curar a las personas homosexuales? ¿No se han enterado todavía que no es lo mismo la “sexualidad” que la “genitalidad”? Si no saben estas cosas tan elementales, ¿cómo se ponen a “pontificar”, aprobando a unos o rechazando a otros, sin saber lo que dicen?
Lo indignante es que ahora haya en la Iglesia no pocos clérigos que se parten la cara por limpiar la sociedad de homosexuales, al tiempo que se callan ante los corruptos, los embusteros y los que descaradamente nos quieren imponer una sociedad en la que unos pocos potentados se impongan a millones de criaturas que no pueden tirar de la vida ante tantas injusticias como las que estamos viviendo. Y hasta parece que hay quieren seguir haciendo lo que se ha hecho hasta ahora, aunque sea de forma más disimulada y hasta con buenas apariencias.
jueves, 4 de abril de 2019
LA MISA DEL DOMINGO Semana V de Cuaresma 7 de abril de 2019 Isaías 43, 16 – 21. Salmo 125. Filipenses 3, 8 – 14. Juan 8, 1 – 11.
Este quinto domingo de cuaresma se nos presenta una nueva disputa de Jesús frente a los fariseos y escribas. Estos siguen tratando de buscar alguna manera de acusarlo para que sea condenado.
Pero hemos de fijarnos también en lo que nos relata el inicio del evangelio de hoy. Jesús se retira, se aleja de las tareas, del ruido, de la gente. Y va al monte de los olivos, se va a una zona para orar, para estar con Dios. Tal como hará tiempo después, cuando es apresado. Tiene confianza plena en Dios, y está con él todo el tiempo que puede. IR A LA PÁGINA
MISA CON NIÑOS DOMINGO V de CUARESMA (C) “Perdonar como Jesús” 7 de abril de 2019
(El evangelio de hoy se sitúa dentro de la catequesis de preparación al bautismo: el perdón de los pecados, siempre y para todos.Convendría transmitir en la celebración la misericordia de Jesús con los pecadores.
• La celebración de hoy será buena ocasión también para comunicar todos los actos programados para la Semana Santa, comenzando por la celebración penitencial, si es que se celebra en alguno de estos próximos días. • Un signo para la celebración: unas cuantas piedras. Se pueden colocar en una bandeja unas cuantas piedras. En cada piedra viene pegado un papelito con una palabra (mentiras, insultos, desobedecer, malgastar el dinero, no trabajar…). Son algunos de nuestros límites que queremos superar antes de Pascua. • Hoy también se puede hacer una procesión de entrada, destacando el libro de las Lecturas que abre la procesión. • Una canción para la celebración: “La sal y la luz” (Brotes de Olivo). Se puede cantar en la Acción de Gracias) IR A LA PÁGINA
EL MIEDO ES EL MATERIAL SOBRE EL CUAL SE CONSTRUYEN LAS DICTADURAS
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...Y de repente, en mitad de la entrevista, en pleno Vaticano, Jordi Évole sacó una cuchilla. Una de las muchas que existen en la valla de Melilla y Ceuta, en la frontera con Marruecos. El Papa, que días después viajaba al reino alauita (este domingo por la noche regresó a Roma), tomó con profunda tristeza la concertina, negó con la cabeza y contestó: “Es tal la inconsciencia que parece lo más natural. Nos hemos acostumbrado a esto”.
'Salvados' emitió esta noche una histórica entrevista, cargada de titulares y de una sensación: el Papa Francisco es, sin lugar a dudas, un animal mediático. Seguramente el Papa más influyente de los últimos años, y el más incomprendido de puertas abiertas.
El programa arrancó con la fumata blanca, y con la explicación que el Papa dio para llamarse Francisco: “Cómo me gustaría una iglesia pobre y para los pobres”, como diría san Francisco de Asís. El programa se 'trasladó' al siglo XIII, a la cuna del poverello, dramatizando el encuentro con un joven Francesco y un leproso, que resultó ser el propio Jesús. Y que llevaba consigo la misma concertina que Évole le mostró a Bergoglio.
¿Tiene usted enemigos en el Vaticano? “En teoría puede haberlos, pero me cuesta declarar un enemigo”, señaló casi al final de una conversación, que estaba prevista para hablar de temas relacionados con la migración -Open Arms ha tenido mucho que ver en el 'Salvados' de hoy-, Francisco no obvió un repaso por la realidad de la sociedad y la Iglesia. El aborto, la eutanasia, los abusos sexuales, el papel de la mujer... Con momentos para las risas y las confidencias familiares.
Un Papa que, en la comida, “hablamos de todo, de fútbol, de lo que salga”. Un papa que “duermo como un tronco, seis horas seguidas”, y que “nunca me acostumbré” a vivir en el Vaticano. “Es bueno no acostumbrarse nunca al trabajo, porque pierdes la capacidad de cambiar las cosas”. Francisco no ve la televisión, ni tiene móvil. “Me regalaron uno cuando me ordenaron obispo en el 92, hice una llamada a mi hermana, y al mes lo devolví”.
Encontrar los cadáveres
“Siempre he defendido el derecho a encontrar los cadáveres. Una sociedad no puede sonreír al futuro teniendo sus muertos escondidos. Los muertos son para ser enterrados, son para ser individualizados en los cementerios, pero no para ser escondidos. Nunca vas a tener paz con un muerto escondido. Nunca”. El Papa Francisco contestó a casi todo en una histórica entrevista a Jordi Évole en 'Salvados'. Excepto a la exhumación de Franco que, adujo, es un tema que no depende del Vaticano.
La respuesta sobre las fosas del franquismo no es fruto de la improvisación. Bergoglio lo vivió en carne propia durante la dictadura de Videla en Argentina, que extrapoló a la realidad española. “En Argentina fueron más de 30.000, en la época de la dictadura, y me tocó de cerca eso. Siempre he defendido el derecho a la verdad sobre lo que pasó. El derecho a una sepultura digna. A encontrar los cadáveres. En Argentina se sigue haciendo eso, lentamente... Es un derecho. No sólo un derecho de la familia, de la sociedad”.
"El mundo se olvidó de llorar"
La entrevista tuvo lugar el 22 de marzo, pocos días antes del viaje que el Papa acaba de concluir a Marruecos. En un momento de la misma, Évole sacó de su bolsillo una cuchilla, similar a la que se ven, todavía hoy, en las vallas de Ceuta y Melilla. Francisco tomó el trozo de concertina y, con profunda tristeza, negó con la cabeza, la miró, y respondió: “Pienso que cada persona que tiene que cruzar esa valla, cada uno de los que hace eso es mi hijo, mi madre, mi hermano. Es tal la inconsciencia que parece lo más natural. Nos hemos acostumbrado a esto. El mundo se olvidó de llorar. Eso es lo más inhumano que hay. Esto demuestra hasta dónde es capaz de descender la humanidad de una persona”.
“El que levanta un muro termina prisionero del muro que levantó. Y eso es ley universal. Y eso se da en el orden social y en el personal. Si vos levantas un muro entre personas, terminas prisionero de ese muro que levantaste” dijo, tajante, Bergoglio. “La alternativa son los puentes, que son un invento de Dios, son las alas de los ángeles que Dios inventó para que los hombres puedan comunicarse”.
¿Qué le diría a los católicos españoles que rechazan la inmigración?
“Que lean el Evangelio. Son católicos, que lean el Evangelio. Y que sean coherentes”, contestó el Papa, que también hizo referencia a la actitud de algunos medios de comunicación de la Iglesia española: “Algunos los conozco, sí. Católicos de misa, y no hacen más que ensuciar a los demás”
Bergoglio defendió la labor de organizaciones como Open Arms, cuyo barco sigue retenido en el puerto de Barcelona. “Me parece una injusticia muy grande. ¿Para qué se hace? ¿Para que se ahoguen? Es simplista, pero si no los puedes rescatar… ¿Y para qué vienen? Viven en una desesperación, unida a una ilusión tan grande, que se lanzan… No miden las consecuencias. Y nosotros no medimos el dolor de esa gente.”
El Papa que ha denunciado en varias ocasiones que el Mediterráneo se ha convertido en el mayor cementerio de Europa confesó su “dolor, mucho dolor”, al ver como Europa asiste, impasible, a la muerte de miles de migrantes en sus aguas. “No entiendo. No entiendo la insensibilidad. O no entiendo la injusticia de guerra, la injusticia de hambre, la injusticia de explotación, que hace que una persona migre buscando cosas mejores. Y la injusticia de quien le cierra la puerta”.
Europa se envejeció de golpe
“La madre Europa se volvió demasiado abuela, se envejeció de golpe. Ese es el problema de Europa es que se olvidó cuando después de las guerras sus hijos iban a golpear las puertas de América (…). En Europa nos olvidamos que Europa está llena de inmigrantes. Pero también es ahora, que vienen de otros lados. ¿Me querés decir que los de África son de segunda categoría?”
Évole le preguntó por el miedo que genera estas crisis. “El Premio Nobel a la cosa más abyecto fue el nacionalsocialismo, con cadáveres por todos lados, y falta de dignidad humana. Eso se puede repetir, totalmente, se está repitiendo. El miedo es el material sobre el cual se construyen las dictaduras”. ¿La Iglesia ha jugado con el miedo?, cuestionó el periodista. “Evidentemente, tenemos una historia que a veces nos avergüenza”.
El dinero del Vaticano
Sobre el dinero, el Papa denunció cómo “cada vez hay menos ricos con mucha plata, y cada vez hay más pobres con mucha plata”, aunque aclaró que “no soy anticapitalista, creo en un capitalismo sano. La doctrina social de la Iglesia no condena formas que sean objetivas, justas. Yo sigo la doctrina social de la Iglesia, no soy anticapitalista ni antisocialista”.
¿Debe pagar el IBI?
“Los hombres de Iglesia son ciudadanos, y tienen que cumplir con todo su derecho de ciudadano. Hay cosas dedicadas al culto, hay propiedades dedicadas al fin social. Todo lo que no sea culto o bien común, hay que pagar impuestos”. Eso sí: “Yo no puedo vender un ladrillo de San Pedro”.
Francisco también fue muy crítico con la venta de armas de España a Arabia Saudí aunque, como asumió, “no es el único gobierno”. Y lanzó una advertencia. “Si vos armas la guerra allá, la vas a tener en tu casa, quieras o no quieras”.
Abusos y los procesos
Sobre los abusos, Francisco volvió a pedir paciencia a las víctimas. “Las cosas concretas de la cumbre fueron iniciar procesos. Y eso lleva su tiempo. Comprendo la gente que haya quedado insatisfecha, porque cuando hay un dolor de por medio, vos tenéis que callar, rezar, llorar, acompañar, y punto. Pero iniciar procesos es la manera para que sea irreversible la cura”. Pero también, que quiere limpiar: “Trato de que la limpieza se vaya haciendo sola, creando pautas de administración tan limpias.... que en la estructura no haya lugar para cierta suciedad, … pero esto es muy lento, y yo te digo que hay problemas en el Vaticano”.
Respecto al aborto, el Papa dijo comprender que una mujer víctima de la trata, y que queda embarazada, quiera abortar, pero “también sé que no es lícito eliminar una vida humana para resolver un problema”. Así, dijo “respetar” a la persona que, voluntariamente, decide ejercer la prostitución, “otra cosa son las redes de explotación”.
Si una chica se quedara embarazada fruto de esa violación, “la entendería. Pero también sé que no es lícito eliminar una vida humana para resolver un problema”.
No al machismo con faldas
Sobre el papel de la mujer en la Iglesia, el Papa admitió que “es muy triste. Todos estamos al servicio, pero parece que a las mujeres además les está reservada la servidumbre. La mujer es protagonista en la Iglesia, pero hay que moverse. Y eso cuesta más”.
Francisco quiso explicar su polémica frase sobre el feminismo (“un machismo con faldas”). “La frase justa tendría que ser: Todo feminismo puede correr el riesgo de transformarse en un machismo con faldas. La otra me equivoqué”.
También hubo un momento para hablar sobre el Vaticano, y sobre los “mercaderes del templo” que sigue habiendo, hoy, en el interior de la Iglesia. “Sí, hay. Los hay, como en todos los sitios. El Estado de la Ciudad del Vaticano no se salva de los límites y de los pecados y las vergüenzas de otras sociedades. Acá somos hombres y tenemos los mismos límites y caemos a veces en las mismas cosas”. ¿Qué hacer frente a ello? “Hay que ir limpiando. El trabajo es ir limpiando, limpiando, limpiando”. ¿Será capaz de hacerlo? Ese es tema para otra entrevista, o tal vez para la Historia.
LA LEY DE LA NUEVA OPORTUNIDAD
FE ADULTA
Jn 8, 1-11
La liturgia de este 5º Domingo de Cuaresma nos propone adentrarnos en este relato del Evangelio de Juan, tan profundamente importante para nuestra vida creyente. Hemos recorrido un camino presentado como una oportunidad para una nueva consciencia de nuestra posición ante la vida. Sin embargo, es recurrente el tema del “pecado” quizá porque se presenta como un gran obstáculo para vivir una fe más vital en detrimento de una fe más centrada en el “cumplimiento”. El asunto del “pecado” era casi una obsesión en el judaísmo. Podría decirse que marcaba la pertenencia o no al Pueblo y a su Religión. Juan nos presenta el caso de una “mujer pecadora” para mostrar una visión de Dios que dignifica y sostiene nuestra debilidad.
Los escribas y fariseos se relamían con el caso de esta mujer “pecadora”. Era muy evidente que había cometido un solemne pecado y además era mujer cuya condena por este acto era mucho más dura que para los varones. El desenlace desde su punto de vista estaba claro. Los escribas y fariseos no necesitan a Jesús para dictar sentencia. Acuden a él, una vez más, para ponerle a prueba. La situación en este texto no puede reflejar mejor la intención liberadora de Jesús, no sólo de la ley sino también de la situación de la mujer.
Se da una constelación de los personajes en este texto que merece la pena tener en cuenta para comprender el final de la historia. Jesús va al Templo, está sentado porque no fue a orar sino a enseñar. Los fariseos y escribas llegan en clara oposición, ellos no enseñan, pero tienen el control de lo que se debe enseñar. Estos personajes son los que saben de la Ley, van en colectivo poseedor de la verdad a cuestionar a Jesús. Los miembros de este colectivo se van empoderando entre ellos y les une intentar poner en evidencia la situación de esta “pecadora”. La mujer es la transgresora de la Ley y es llevada por la fuerza para ser juzgada. Ella está en el centro, es decir, el punto de desacuerdo es esa mujer que ha cometido adulterio. La descripción de los hechos por parte de los “maestros letrados” no puede ser más despreciativa. Parece ser que el cumplimiento obsesivo de la ley no les permitía humanizar su visión de las personas; lejos de esta intención, la degradan y no obtener palabras de Jesús les pone cada vez más nerviosos.
Jesús observa y no habla, no merece la pena entrar en una discusión en la que los interlocutores están en una nula disposición para el diálogo. Es verdad que piden opinión a Jesús pero con la intención de probarle para encontrar razones que les confirme su deslealtad al Judaísmo. El silencio de Jesús genera todavía más expectación. Escribe en el suelo las dos veces que los legalistas le preguntan directamente. El significado de este gesto de escribir en el suelo tiene muchas interpretaciones en las que no hay gran acuerdo. Quizá, cuando Jesús escribe en la tierra pretende superar la ley escrita en piedra por Moisés y, por coherencia con lo que ocurre después, está escribiendo una nueva ley basada en la destrucción del pecado, pero no del pecador(a).
Por fin habla Jesús y se posiciona. No intenta dar la razón a todos, toma posición por la mujer sin importarle lo que digan y arriesgando el rechazo de los oyentes. Es parcial, entiende que hay que posicionarse con claridad porque es la única manera de resolver el conflicto. Esta es la libertad de Jesús que le lleva a ser valiente y no quedarse en contentar a todo el mundo. Sus palabras con autoridad rompen la escena y libera a la mujer de la carga del juicio introduciendo la nueva visión de Dios revelada en su actuación: el Dios de la miseri-cordia, es decir, el Dios que pone corazón en la miseria humana del orden que sea. No entender así al Dios de Jesús nos distancia mucho de la esencia del Evangelio.
La constelación de la escena inicial cambia. Se van de uno en uno, dice el texto; ese equipo de leguleyos basado en la Ley de Moisés se rompe; los más ancianos son los primeros en irse que representan la autoridad judía y la tradición más arraigada. Ahora es la relación personal la que va a marcar la nueva experiencia del Dios de Jesús. No se atreven a condenar porque Jesús les ha puesto delante de sus ojos y de su conciencia la cara B de la realidad humana, la dureza de las normas de la Ley mosaica en contraposición a la nueva ley del Amor.
Con la mujer sí habla, se sitúa en simetría con ella y la libera de una ley opresiva y androcéntrica, cruel y deshumanizada, para ampararla en la ley de la nueva oportunidad y de la incondicionalidad del amor cristiano. El pecado, en este nuevo escenario, no es una cuestión de humillación sino de humildad; la humillación degrada a la persona, la humildad la pone ante su verdad. Se trata, pues, de reconocer aquello que ha frustrado el proyecto de Dios, de haber negociado mal con los dones recibidos. Jesús no le pide nada a la mujer tan sólo que no peque más; no se nos pide nada más que estemos atentos para no anular nuestra dignidad y fortalecernos interiormente para que otros no nos la arrebaten. Pero también podemos situarnos al otro lado del espejo y ser como ese colectivo que, con dureza, juzga y anula, desprecia desde la intolerancia y la insensibilidad. Recordemos, entonces, que “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra” y el resultado será un corazón solidario y empático con la debilidad humana. Tal vez sería otro importante paso a dar en nuestra vida.
¡¡FELIZ DOMINGO!!
¿EN NOMBRE DE QUÉ DIOS SEGUIMOS CONDENANDO?
FE ADULTA
Jn 8,1-11
La principal característica de las tres lecturas de hoy es que nos invitan a mirar hacia adelante. Isaías, desde la opresión del destierro, promete algo nuevo para su pueblo. Pablo quiere olvidarse de lo que queda atrás y sigue corriendo hacia la meta. Jesús abre a la adúltera un horizonte de futuro que los fariseos estaban dispuesto a cercenar. El encuentro con el verdadero Dios nos empuja siempre hacia lo nuevo. En nombre de Dios nunca podemos mirar hacia atrás. A Dios no le interesa para nada nuestro pasado. A mí debía interesarme, solo en cuanto me permite descubrir mis verdaderas posibilidades de futuro.
El texto que acabamos de leer, está en un contexto artificial. No se encuentra en ningún otro evangelista y, seguramente ha sido añadido al evangelio de Jn. No aparece en los textos griegos más antiguos y ninguno de los Santos Padres lo comenta. Está más de acuerdo con la manera de redactar de Lc; incluso aparece incorporado a este evangelio en algunos códices. Está garantizado que es un relato muy antiguo y su mensaje está muy de acuerdo con todos los evangelios, incluido el de Juan. Puede ser que la supresión y los cambios se deban a su mensaje de tolerancia, que se podía interpretar como laxitud o permisividad.
En el relato, se destaca de manera clara el “fariseísmo” de los letrados y fariseos, acusando a la mujer y creyéndose ellos puros. No aceptan las enseñanzas de Jesús, pero con ironía le llaman “Maestro”. El texto nos dice expresamente que le estaban tendiendo una trampa. En efecto, si Jesús consentía en apedrearla, perdería su fama de bondad e iría contra el poder civil, que desde el año treinta había retirado al Sanedrín la facultad de ejecutar a nadie. Si decía que no, se declaraba en contra de la Ley, que lo prescribía expresamente. Como tantas veces, los jefes religiosos están buscando la manera de justificar la condena de Jesús.
Si los pescaron “in fraganti”, ¿dónde estaba el hombre? (La Ley mandaba matar a ambos). Se consideraba adulterio la relación de un hombre con una mujer casada, no con una soltera. Se trataba de un pecado contra la propiedad, porque la mujer se consideraba propiedad del marido. Cuando el marido era infiel a su mujer con una soltera, su mujer no tenía ningún derecho a sentirse ofendida. Hoy seguimos midiendo con distinto rasero la infidelidad del hombre y de la mujer. Qué pocas veces se tiene esto en cuenta.
No se trata, pues, de un pecado sexual sino de un pecado contra la propiedad privada. Llevamos dos milenios tergiversando los textos con la mayor naturalidad. Decimos “palabra de Dios” pero no tenemos empacho alguno a la hora de distorsionarla. La Biblia apenas habla de la sexualidad, no era para ellos un problema, no estaban obsesionados con el tema. La obsesión enfermiza que nos ha inoculado la Iglesia no tiene nada que ver con el mensaje de la Biblia. Ni el AT ni el NT hacen hincapié en un tema que nos ha traumatizado a todos.
Aparentemente Jesús está dispuesto a que se cumpla la Ley, pero pone una simple condición: que tire la primera piedra el que no tenga pecado. El tirar la primera piedra era obligación o “privilegio” del testigo. De ese modo se quería implicar de una manera rotunda en la ejecución y evitar que se acusara a la ligera a personas inocentes. Tirar la primera piedra era responsabilizarse de la ejecución. Nos está diciendo que todos aquellos hombres acusaban, pero nadie quería hacerse responsable de la muerte de la mujer.
En contra de lo que nos repetirán hasta la saciedad durante estos días, Jesús perdona a la mujer antes de que se lo pida; no exige ninguna condición. No es el arrepentimiento ni la penitencia lo que consigue el perdón. Por el contrario, es el descubrimiento del amor incondicional lo que debe llevar a la adúltera al cambio de vida. Tenemos aquí otro gran tema para la reflexión. El “perdón” por parte de Dios es lo primero. Cambiar de perspectiva será la consecuencia de haber tomado conciencia de que Dios es Amor y está en mí.
Es incomprensible e inaceptable que después de veinte siglos, siga habiendo cristianos que se identifiquen con la postura de los fariseos. Sigue habiendo “buenos cristianos” que ponen el cumplimiento de la “Ley” por encima de las personas. La base y fundamento del mensaje de Jesús es precisamente que, para el Dios de Jesús, el valor primero es la persona de carne y hueso, no la institución ni la “Ley”. El PADRE estará siempre con los brazos abiertos para el hermano menor y para el mayor. El Padre no puede dejar de considerar hijo a nadie.
La cercanía, que manifestó Jesús hacia los pecadores, no podía ser comprendida por los jefes religiosos de su tiempo porque se habían hecho un Dios a su medida, justiciero y distante. Para ellos, el cumplimiento de la Ley era el valor supremo. La persona estaba sometida al imperio de la Ley. Por eso no tienen ningún reparo en sacrificar a la mujer en nombre de ese Dios inmisericorde. Jesús nos dice que la persona es el valor supremo y no puede ser utilizada como medio para conseguir nada. Todo tiene que estar al servicio del individuo.
Ni siquiera debemos estar mirando a lo negativo que ha habido en nosotros. El pecado es siempre cosa del pasado. No habría pecado ni arrepentimiento si no tuviéramos conciencia de que podemos hacer las cosas mejor. Con demasiada frecuencia la religión nos invita a revolver en nuestra propia mierda sin hacernos ver la posibilidad de lo nuevo, que sigue estando ahí, a pesar de nuestros fallos. Dios es plenitud y nos está siempre atrayendo hacia Él. Esa plenitud, hacia la que tendemos, siempre estará más allá pero siempre alcanzable.
En la relación con el Dios de Jesús tampoco tiene cabida el miedo. El miedo es la consecuencia de la inseguridad. Cuando buscamos seguridades, tenemos asegurado el miedo. Miedo a no conseguir lo que deseamos, o miedo a perder lo que tenemos. Una y otra vez, Jesús repite en el evangelio: "no tengáis miedo". El miedo paraliza nuestra vida espiritual, metiéndonos en un callejón sin salida. El descubrimiento del verdadero Dios tiene que ser siempre liberador. La mejor prueba de que nos relacionamos con un ídolo, creado por nosotros y no con el verdadero Dios, es que nuestra religiosidad produce miedos.
El evangelio nos descubre la posibilidad que tiene el ser humano de enfocar su vida de una manera distinta. La “buena noticia” consiste en que el amor de Dios es incondicional, no depende de nada ni de nadie. Dios no es un ser que ama sino el amor. Su esencia es amor y no puede dejar de amar sin destruirse. Nosotros seguimos empeñados en mantener la línea divisoria entre el bueno y el malo. Lo que hace Jesús es destruir esa línea divisoria. ¿Quién es el bueno y quién es el malo? ¿Puedo yo dar respuesta a esta pregunta? ¿Quién puede sentirse capacitado para acusar a otro? El fariseísmo sigue arraigado en nosotros.
Recordemos el evangelio del domingo pasado. La adúltera ha desplegado el hermano menor y se cree digna de condena. Los fariseos actúan desde el hermano mayor y se creen con derecho a condenar. Jesús está ya identificado con el Padre y unifica los tres. Tanto el menor como el mayor tienen que ser superados. Una vez más descubrimos que el menor está dispuesto a cambiar con más facilidad que el mayor. Seguimos empeñados en echar la culpa al otro, y en consecuencia, siempre será el otro el que tiene que cambiar.
Meditación
Quien condena no habla en nombre de Dios.
Si uno te ayuda a descubrir tus fallos,
te está ayudando a encontrar el camino de tu plenitud.
Si alguien te convence de que eres una mierda,
te está metiendo por un callejón sin salida.
Sea cual sea tu situación, siempre hay una salida.
DOS CONVERSIONES DISTINTAS Y PARECIDAS
FE ADULTA
Domingo 5º de Cuaresma. Ciclo C.
Los domingos anteriores han tratado el tema de la conversión con distintos enfoques: amenazando con un final trágico a los que no se conviertan, pero concediendo un año de plazo para evitar la desgracia (domingo 3º); acogiendo al hijo pródigo, que se convierte por puro egoísmo, pero que da una inmensa alegría al padre con su vuelta (domingo 4º). En este quinto domingo habla del mejor recurso para convertirse: el contacto con Jesús, como lo demuestran una adúltera y un fariseo radical y violento.
¿Qué hacemos con la adúltera?
El evangelio parte de un hecho concreto: una mujer sorprendida en adulterio. Se trata de un pecado condenado en todas las legislaciones antiguas y en el Decálogo. El problema que plantean a Jesús es qué hacer con la adúltera. Del tema ya se habían ocupado los legisladores antiguos. Recojo tres opiniones.
La ahogamos con el adúltero (Código de Hammurabi)
Es la respuesta del famoso Código de Hammurabi, rey de Babilonia muerto hacia 1750 a.C. En el párrafo 129 dictamina: “Si la esposa de un hombre es sorprendida acostada con otro varón, que los aten y los tiren al agua [al río Éufrates]; si el marido perdona a su esposa la vida, el rey perdonará también la vida a su súbdito.” Adviértase que la ley empieza por la mujer, pero los dos merecen la condena a muerte, aunque cabe la posibilidad de que el marido perdone.
La apedreamos (los escribas y fariseos)
Es lo que proponen escribas y fariseos invocando la Ley de Moisés. Es el procedimiento más frecuente en la Biblia para ejecutar a un culpable. Cosa lógica, ya que en Israel no abunda el agua, como en Babilonia, y sí las piedras. Sin embargo, estos escribas y fariseos no habrían aprobado un examen de Biblia por dos motivos.
1) La Ley de Moisés, que usa a menudo el verbo “apedrear” para hablar de un castigo a muerte, nunca lo aplica al adulterio. El texto que podrían invocar sería este del Deuteronomio: “Si uno encuentra en un pueblo a una joven prometida a otro y se acuesta con ella, los sacarán a los dos a las puertas de la ciudad y los apedrearán hasta que mueran: a la muchacha porque dentro del pueblo no pidió socorro y al hombre por haber violado a la mujer de su prójimo” (Dt 22,23-24). Pero esta ley no habla de adulterio, sino de violación (aparentemente consentida) de una muchacha.
2) Si tienen tanto interés en cumplir la Ley de Moisés, al primero que deberían haber traído ante Jesús es al varón, ya que también a él lo han sorprendido en adulterio y por él comienza la ley (“Si uno encuentra a una joven…y se acuesta con ella”). Hay un caso en el que solo se habla de apedrear a la muchacha, pero tampoco se trata de adulterio, sino de la que ha perdido la virginidad mientras vivía con sus padres. Cuando se casa, su marido lo advierte y lo denuncia, si la denuncia es verdadera “sacarán a la joven a la puerta de la casa paterna y los hombres de la ciudad la apedrearán hasta que muera, por haber cometido en Israel la infamia de prostituir la casa de su padre. (Dt 22,20-21).
¿Cómo puede un escriba, con tantos años de estudios bíblicos, cometer estos errores elementales? ¿Por ignorancia? ¿Por el deseo de interpretar la ley de la forma más rigurosa posible? ¿Para poner a Jesús en un aprieto y poder acusarlo, como dice Juan?
La perdonamos (Jesús)
Jesús no precipita su respuesta. Le piden una opinión (“¿qué dices tú?”) pero se calla la boca y escribe en el suelo. Ellos insisten. Buscan lana y salen tranquilados. “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. El principal pecado de escribas y fariseos no es la ignorancia, ni el rigorismo, sino la hipocresía. Cuando se retiran, solo quedan Jesús y la mujer, ella de pie en el centro. Un imagen de gran impacto, digna de la mejor película. Por suerte para la mujer, Jesús no es un confesor a la vieja usanza. No le pregunta cuántas veces ha cometido adulterio, con quién, dónde, cuándo. Se limita a dos preguntas breves (“¿dónde están?, ¿nadie te ha condenado?”) y a la absolución final: “Yo tampoco te condeno. Ve y en adelante no peques más”.
A veces se habla de la actitud de Jesús con los pecadores de forma muy ligera, como si los abrazase y aceptase su forma de vida. Pero a la mujer no le dice: “No te preocupes, no tiene importancia; ya sabes a quién tienes que acudir la próxima vez”. Lo que le dice es: “en adelante no peques más”. Se lo dice por su bien, no porque corra peligro de ser apedreada. A este caso, cambiando de género, se puede aplicar el proverbio bíblico: “El adúltero es hombre sin juicio, el violador se arruina a sí mismo” (Prov 6,32). Eso es lo que Jesús no quiere, que la mujer se arruine a sí misma.
El buen ejemplo de los escribas y fariseos
A pesar de su hipocresía y mala idea, hay que reconocerles algo bueno: se van retirando poco a poco, empezando por los más viejos. Hoy día, somos muchos los que conocemos la opinión de Jesús pero seguimos considerándonos buenos y no vacilamos en apedrear (más con palabras y juicios condenatorios que con piedras) a quien hemos elegido como víctima.
Nota: Un texto escandaloso
Este pasaje del evangelio es de los más desconcertantes para los especialistas. Forma parte del evangelio de Juan, pero falta en los mejores manuscritos, códices y leccionarios; otros lo trasladan al final del evangelio de Juan; y algunos lo traen en el evangelio de Lucas (después de 21,38s o de 24,53). Como si hubiese sido una hoja suelta que muchos dudaban de incluir, y otros no sabían dónde meterla.
No es raro que este pasaje provocase dificultades. Con el criterio “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra” podrían verse libres desde los terroristas del Isis hasta los ladrones de guante blanco. Naturalmente, no es eso lo que pretende Jesús. Sus palabras finales a la mujer, “no peques más”, dejan claro que no defiende un mundo en el que cada cual hace lo que quiere.
La conversión del fariseo radical y violento (2ª lectura: Filipenses 3,8-14))
La lectura de Pablo a los Filipenses no cuenta su conversión, pero hace un balance de su vida antes y después de ella. Antes se gloriaba de ser israelita de pura cepa, de la tribu de Benjamín (¡ocho apellidos vascos!), circuncidado a los ocho días, estrictísimo en la observancia de la Ley, perseguidor de los cristianos. De todo estaba enormemente orgulloso hasta que descubrió a Cristo. A partir de ese momento, su vida cambia. Todo lo anterior lo considera basura. Él estaba obsesionado con salvarse, pero la Ley de Moisés no puede salvarlo, solo la fe en Cristo. Por eso, lo único importante es conocerlo cada vez mejor, compartir sus sufrimientos, resucitar con él. Pablo ve su vida como una extraña carrera. Ya le ha concedido el primer premio, pero debe seguir corriendo hacia la meta, sin mirar atrás.
La adúltera y el fariseo
A pesar de las diferencias, hay algo común a la conversión de estas dos personas: el contacto con Jesús. Lo cual supone una gran novedad con respecto al mensaje de los domingos anteriores. Ahora, lo que provoca la conversión no es el miedo, ni el hambre, sino la relación personal con el Señor. Relación a la que se llega por caminos muy diversos: en el caso de la adúltera, son sus enemigos quienes la llevan ante Jesús; en el caso de Pablo, es Jesús quien le sale al encuentro. Este encuentro personal con él es la única garantía de una conversión auténtica y duradera.
El éxodo antiguo y el nuevo (1ª lectura: Isaías 43,16-21)
La primera lectura sigue recordando momentos capitales de la Historia de la salvación: Abrahán, Moisés, Josué. Hoy se contraponen el éxodo de Egipto, con la gran victoria sobre el ejército del faraón, y el nuevo éxodo de Babilonia, en el que Dios protegerá a su pueblo durante la marcha por el desierto. El peligro de los israelitas es seguir soñando con lo antiguo. Y el profeta le dice: “no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo”. Curiosamente, coincide con lo que dice Pablo en la segunda lectura: “olvidándome de lo que queda atrás, me lanzo a lo que está por delante”.
El obispo homófobo de Alcalá no está por encima de la ley
Ignacio Escolar
La orientación sexual ni se elige ni se cura, por mucho que lo crea el obispo de Alcalá
Las terapias de conversión de la orientación sexual no están prohibidas en Madrid por capricho del legislador. Son ilegales porque está más que acreditado el daño psicológico que provocan en aquellos que pasan por esta falsa curación
La ley de Protección Integral contra la LGTBfobia de Madrid es bastante clara. Artículo 70.4.C: es una infracción muy grave “la promoción y realización de terapias de aversión o conversión con la finalidad de modificar la orientación sexual o identidad de género de una persona. Para la comisión de esta infracción será irrelevante el consentimiento prestado por la persona sometida a tales terapias”.
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