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jueves, 18 de marzo de 2021

RESPUESTA AL ARZOBISPO DE OVIEDO DE UNA FEMINISTA


col capellin

 

Presidenta del Fórum de Política Feminista de Asturias


Don Jesús Sanz, arzobispo de Oviedo ha publicado el pasado domingo un artículo, “Hombre y mujer los creó” en que, como es habitual en él, condena al feminismo. Pero lo hace, también como de costumbre, malinterpretándolo, yo diría que deliberadamente, para poder rechazarlo pues no creo que un hombre de sus conocimientos y cargo pueda desconocer de esa manera una de las grandes corrientes del pensamiento de nuestro tiempo.

Reconoce que “durante demasiados siglos se ha impuesto una visión del mundo desde la óptica masculina. Esta concepción monocolor y excluyente, de índole “machista” ha sido pobre y empobrecedora e injusta”. Según él la visión feminista cometería el error contrario.

Empecemos aclarando que durante milenios se ha desarrollado un sistema de relaciones de opresión basadas en el sexo que somete y discrimina a las mujeres y desarrolla un conjunto de roles, expectativas y conductas culturalmente determinadas:  lo femenino y lo masculino, para que cada uno de los sexos adquiera un comportamiento que contribuya a mantener el sistema y en el que la mujer lleva siempre las de perder. A eso se le llama patriarcado, un sistema que va cambiando pero que tiene una gran resistencia. No es lo mismo el patriarcado en Arabia Saudí que en Asturias, en el siglo XVIII que hoy, como no es lo mismo el cristianismo de las Cruzadas que el del Papa Francisco.

Nos referimos con el “machismo” a aquellas conductas despreciativas o vejatorias hacia las mujeres. Así todos vivimos en un sistema patriarcal pero no todas las personas son machistas.

La cita que hace de Guitton “la mujer posee la llave de nuestros abismos, es capaz de perderlo todo o de salvarlo todo” nos lleva a la inmediata asociación de ese par, tan querido al pensamiento conservador, de Eva que induce al pecado frente a María que lo redime.

No hace falta ser creyente para maravillarse de la pobreza de pensamiento de tantos hombres religiosos que olvidan las numerosas mujeres que la Biblia nos da a conocer: Judith, Noemí, Ruth, Sarah, Agar, Rebeca y tantas más, modelos valiosos de “mujeres fuertes”.

De la misma forma que aún hoy cuando leen el Evangelio, siguen sin ver que Jesús se rodeaba de discípulos y discípulas y cómo Cristo resucitado se aparece primero a María Magdalena y María Cleofás quienes se encargan de dar la “buena nueva”, es decir de hacer el primer apostolado. Tres siglos después decidieron, respondiendo a su época, que los varones eran los Apóstoles y ellas quedaban ocultas en lo de las “santas mujeres”. Tal ceguera interesada hoy, es bastante sorprendente. Afortunadamente hay en todas las religiones del “libro” mujeres teólogas que están releyendo su propia historia y eso Señor Arzobispo es feminismo.

Cuestiona a Guitton porque “extraña su (de las mujeres) irrelevancia explícita en la marcha de la historia, o tal vez explique el injusto acoso y arrinconamiento que ha sufrido por parte del hombre”.

Es cierto que cuando los destinos de los pueblos se determinaban por la guerra y la fuerza era la llave al poder, las mujeres eran irrelevantes, pero cuando era la diplomacia y el desarrollo de la vida lo que primaba, conocemos una larguísima genealogía de mujeres que tuvieron un papel decisivo en la historia.

Incluso en una institución tan patriarcal como la Iglesia, hay un buen número de abadesas, en todos los países, extraordinariamente importantes en el transcurrir de su tiempo. Y cuando los varones que ocupaban la jerarquía de esa Iglesia la hundieron en la corrupción, la simonía, el nepotismo y el crimen en la lucha por el poder, mujeres como Catalina de Siena o Teresa de Ávila -ambas consideradas santas- encabezaron, cada una en su época, los movimientos para volverla al buen camino.

Estoy segura que analizando la esclavitud el señor arzobispo no se atrevería a considerar simétricos en el error a quienes defendieron ese sistema -y a quienes aún hoy desarrollan el apartheid, el racismo estructural- frente a quienes combatieron ese crimen contra la humanidad que la esclavitud y el racismo suponen defendiendo que todos los seres humanos somos iguales.

¿Por qué entonces ese empecinamiento en tergiversar el feminismo? Repasemos cuales han sido sus objetivos y su práctica lo largo de los tres siglos de su historia.

Hay una primera etapa centrada en el derecho a la educación y al conocimiento. Las feministas que lo demandan y los pocos hombres que las apoyan se encuentran una oposición tenaz. Todavía hoy las tasas de analfabetismo y los años de escolarización, arrojan un saldo muy desfavorable para las mujeres en muchos lugares del mundo. Aún no hemos alcanzado esa meta.

Después viene la lucha por el sufragio como instrumento para influir en las leyes que permitieran cosas como el acceso a empleos dignos, a la universidad, a la herencia, a manejar sus propios recursos, a la autonomía personal, a la propiedad, a no someterse a un matrimonio impuesto, a la patria potestad, a alquilar un piso o abrir una cuenta bancaria y un largo etcétera. En resumen, el acceso a los derechos civiles y políticos.

Y a pesar de los avances conseguidos por el feminismo, de nuevo lamentamos que en el mundo demasiadas niñas sean obligadas a casarse, demasiadas mujeres no puedan decidir libremente sobre sus vidas, demasiadas sufran ablación genital, puedan ser encarceladas por conducir un coche o leer un periódico, y padezcan todo tipo de opresiones bajo el manto de leyes injustas.

El último medio siglo las reivindicaciones feministas dieron un paso más, intuyo que son éstas las que condena el Arzobispo de Oviedo, siguiendo la estela de los hombres de Iglesia que, antes que él, se opusieron a las anteriores demandas.

Las feministas conseguimos que las mujeres pudieran acceder a los puestos de trabajo prohibidos; hoy podemos ser jueces, médicas, militares, ejecutivas, notarias, presidentas, alcaldesas, conductoras de autobús o metalúrgicas; aún no podemos ser sacerdotes u obispas en la Iglesia Católica, pero ya se ha conseguido en la Anglicana. Exigimos respeto a nuestra dignidad, y a nuestra integridad física y que las leyes lo respalden castigando la violación, el abuso sexual, la trata y la violencia contra nosotras. No entiendo que ninguna de estas demandas implique violencia contra los hombres. De hecho, afortunadamente millones de hombres las apoyan.  

Hay un asunto sobre el que no tendríamos acuerdo: el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo y por tanto a la interrupción voluntaria de un embarazo no deseado. Pero el feminismo no se queda ahí, demandamos la extensión de una coeducación afectivo-sexual que prevenga los embarazos no deseados y propicie una relación más sana e igualitaria y de mutuo respeto entre adolescentes y jóvenes.

Respeto a quienes no consideran admisible el aborto (cierto que me gustaría un poco más de caridad en su actitud), incluso sabiendo que es algo que también ha cambiado históricamente, pues durante siglos se admitió el aborto en los primeros meses del embarazo porque se consideraba que el alma aún no había entrado en el feto. Tomás de Aquino pensaba que en los niños se formaba a los 4 meses y en las niñas a los seis, creo recordar. Vergonzoso que se tolerase en los primeros años del franquismo el “aborto por razón de honor” en que un varón podía obligar a abortar a su hija soltera o a su esposa supuestamente adúltera y que no fuese condenado por ello.

Lo que confieso no soy capaz de comprender es su condena a los derechos de las personas homosexuales y su indiferencia ante el dolor que causan con su crueldad; las feministas hemos apoyado sin fisuras dichos derechos a una vida plena.

El divorcio ha sido otro punto conflictivo, pero solo afectaría a los católicos e incluso para estos la Iglesia ha encontrado formas de reconocerlo anulando a través de costosos procesos y por diversos motivos, algunos matrimonios.

Vuelvo a repetir: ninguno de estos temas supone un “abuso de nuevo cuño feminista” ni lleva a una “polarización hostil y excluyente” o a una lucha de poder entre los sexos. La realidad es que gran número de militantes feministas compartimos nuestra vida con compañeros varones que nos apoyan, somos madres y abuelas de hijos y nietos, tenemos padres y hermanos, amigos que entienden que solo con el avance del feminismo habrá un mundo más justo y más pleno para todos. Un feminismo que pretende que las mujeres, cada una de ellas, tengan capacidad y posibilidad de decidir sobre su vida, con autonomía moral y sin que persona ni institución alguna pueda usar o abusar de ella.

MI GRITO, SEÑOR, ES EL GRITO DE UN PUEBLO, EL PUEBLO CATÓLICO SEXUALMENTE DIVERSO, AL QUE HOY LE HAN DADO UN NUEVO GOLPE

RELIGIÓN DIGITAL

col magdala

Carta abierta de un joven gay a Dios con motivo de la última declaración de la Santa Sede sobre la bendición de parejas homosexuales

Algún lugar del mundo, 15 de marzo de 2021

Señor:

Hoy soy solo uno más de tus hijos, que puede ser tu hija, también, y a quien llamas con nombre propio, con plena dignidad. Yo, Señor, hoy me siento como Job. Estoy ahora mismo ante una iglesia, solo, con la luz del mediodía. La gente pasa y ni ve la iglesia, porque ya es parte del paisaje. No es nada nuevo. Tampoco es nuevo lo que hoy dijo tu siervo. No es nuevo que nos llamen personas con “tendencias objetivamente desordenadas” y que nos pongan el sello del pecado. No es nuevo. Pero siempre que se reafirma es doloroso, muerde el alma como el mal espíritu al corazón de tus santos. Y recuerdo las noches sin dormir, porque no podía sacarme de encima este deseo, estas ganas de amor “desviadas”, “mal encaminadas”, “con un objetivo erróneo”. Recuerdo la adolescencia negándome a mí mismo, escondiéndome. Con miedo a sacar a relucir mi secreto. Recuerdo mi miedo. Miedo, Señor, que mata la esperanza, que mata la vida. Señor, ¿tu camino no era el de la Verdad y la vida? ¿Por qué estuve tantas veces muerto?

¡Cuántas veces, Señor, me dijeron que esto era una prueba tuya! Que todo esto era una suerte de treta para probar hasta dónde podía darme a ti, hasta dónde lo dejaba todo por seguirte, hasta dónde podía negarme a mí mismo. Señor, me decían que me ibas a dar la vida si moría a este pecado. Pero yo moría entero, estaba muerto entero, como si nunca me fuera a llegar la vida.

Hoy me planto frente a esta iglesia tuya, donde tantas conversaciones hemos tenido. Y recuerdo toda la consolación que me has dado, toda la vida que me has dado tan gratuitamente. Recuerdo incluso el amor que me ha venido en forma de otro hombre, como yo. Ese amor que sé que ha venido de ti, a salvarme de mí mismo, de mis cerrazones, de mis angustias, de mis miedos, y me ha llenado de esperanza y de sentido de misterio. A estos recuerdos me aferro, Señor, para no perder el norte.

Hoy me planto frente a esta iglesia tuya, donde tantas conversaciones hemos tenido. Y recuerdo toda la consolación que me has dado, toda la vida que me has dado tan gratuitamente. Recuerdo incluso el amor que me ha venido en forma de otro hombre, como yo. Ese amor que sé que ha venido de ti, a salvarme de mí mismo, de mis cerrazones, de mis angustias, de mis miedos, y me ha llenado de esperanza y de sentido de misterio. A estos recuerdos me aferro, Señor, para no perder el norte.

Ya no estoy en edad, pero recuerdo el desasosiego que me llevaba a pensar en que me odiaras, en que repudiaras lo que sentía. Señor, fueron días en que no quería ni estar vivo. En que me despreciaba, me odiaba. Señor: odio, miedo, desesperanza, repudio, cerrazón, obsesión, ¿todo esto viene de ti? Ya sé que no.

Señor, veo la iglesia delante de mí cerrada: estarán almorzando. Y luego pienso, ¿esta es la Iglesia que tú querías? ¿Esta de puertas cerradas, con olor a polilla, de columnas de piedra, de retablos de oro? ¿Esta de cardenales que acusan, de poderosos que presionan, que atornillan, que le matan el vuelo a la libertad, a la novedad y al encuentro? Señor, en muchas partes de esa Iglesia me han hecho a un lado, se han asustado conmigo, por miedo a esa autoridad. Me han negado la vocación que tengo por ser como soy. Me han dicho que mi sacerdocio es inviable por mi “tendencia profundamente arraigada”. Señor, yo no la tengo profundamente arraigada.

La tengo como algo más de mi persona, que no me quita ni me pone, que simplemente es. Solo tú sabes por qué me hiciste así y cuál es tu plan conmigo, pero quería yo entregarme al servicio a tu Iglesia y me cerraron las puertas. Algo que ni siquiera constituye el centro de mi vida pasó a ser una “tendencia profundamente arraigada” ese día. Como si el objeto de mi deseo afectivo se volviera algo crucial, determinante. Como si lo que hiciera con mi genitalidad (que Tú creaste, que Tú me diste y que agradezco) fuera algo exento de ti, exento al Amor, a la vida, a la Verdad. Todo parece siempre reducirse a eso: a rechazar mi carne, a plantearme un dualismo entre mi cuerpo y mi alma que no viene de ti.

Luego quise apoyar desde el laicado. Y siempre viene el miedo, Señor. A no encontrarme un presbítero tan abierto, a encontrarme con argucias argumentativas que justifican la doctrina de mi dolor, que justifican la injusticia que siento que se me hace. A encontrarme con que incluso me pueden negar la subida a tu altar y la comunión, como si eso no fuera conmigo. Me escondo en muchos escenarios por miedo, me da miedo mostrarme como soy, decir lo que siento. Todos pueden hablar de sus parejas, de sus amistades, de sus amores, menos yo. Yo tengo que ser prudente. ¿Por qué, Señor?

Te hablo desde mi fragilidad, Señor, desde mi dolor, desde mi soledad. Te hablo desde las palabras sin decir, desde las palabras sin entender. Te hablo desde mis días de pobreza, de miseria, de dolor de consciencia desesperada, de sueños rotos, de necesidad de amor, cariño, libertad, paz. De todo eso que solo tú nos das. Te hablo desde el miedo a que esto se lea y que me censuren, que me castiguen. Te hablo desde una prisión que me he hecho y me han hecho.

Hoy, Señor, te hablo desde aquí y te veo en la cruz, todo lleno de heridas, de insultos, de agravios. Te veo condenado por el sanedrín, acusado de no obedecer la Tradición, de poner a la persona que sufre antes que la Ley. Por curar en sábado, por poner al leproso en el medio, por andar con prostitutas y pecadores, por andar con lo excluido, con lo condenado, y por no pedirles nada más que amor. Hoy me siento como Job, Señor, gritando desde mi pequeñez, diciéndote que me duele. Diciéndote desde todo lo que no sé que te necesito. Sabiendo que mi grito es el de un pueblo, el pueblo católico sexualmente diverso al que hoy le han dado un nuevo golpe. Por estas razones te escribo como anónimo: por miedo, por mi fragilidad, por mi condición de pecador (como todo ser humano, no por gay), y porque siento que así muchas personas se verán reflejadas en estas palabras. Por eso también quiero que se publique, para que no nos sintamos solos, sino que somos comunidad, como tú quieres.

Por estas razones te escribo como anónimo: por miedo, por mi fragilidad, por mi condición de pecador (como todo ser humano, no por gay), y porque siento que así muchas personas se verán reflejadas en estas palabras. Por eso también quiero que se publique, para que no nos sintamos solos, sino que somos comunidad, como tú quieres

Señor, desde aquí te pido que me ayudes. Y que me des fuerzas, porque veo mi lucha vana, incierta. Porque me siento mal en una Iglesia que me va a maltratar cada tercer año de este modo. Porque cada paso hacia adelante significa dos para atrás. Dánosla a todos los que dudamos de la santidad de tu Iglesia, para que podamos discernir tu camino, para que podamos seguir contigo, aunque a muchos les pese. Danos consciencia de que no quieres victorias, sino luchas por la justicia, aunque estén perdidas; que no quieres coronaciones mundanas, títulos cardenalicios y presbiterales mundanos, sino obras de misericordia. Que repitamos “bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados”. Que vivamos en esta esperanza, Señor, y que amemos mucho, en nuestros trabajos, en nuestras familias, en nuestras camas, en todas partes, a quien sea y como sea, pero siempre amando.

Te ama,

Tu creatura gay.

VOCACIONES

ECLESALIA

col zapatero

El pasado día 7 de marzo, víspera del Día Internacional de la Mujer, se manifestaron delante de la catedral o de algunas iglesias de varias ciudades de España numerosos colectivos de mujeres cristianas reclamando a la jerarquía eclesiástica el reconocimiento de su derecho por la igualdad dentro de la propia Iglesia y para que se ponga fin, ya de una vez, su estructura patriarcal.

Pues bien, el día 19 del mismo mes, concretamente once días más tarde, se celebra en todas las diócesis de España también, como todos los años, el Día del Seminario. Es el día en qué, además de hacer una cuestación especial para sostener los seminarios que preparan a los futuros sacerdotes, se dedica fundamentalmente a rezar por las vocaciones sacerdotales. Un tiempo de oración que, si bien es cierto, no se reduce ni mucho menos a esta jornada, ya que rezar por esta intención es algo que suele hacerse, a veces casi de forma cansina, todos los días del año en parroquias, iglesias, conventos y centros de culto; sí que es verdad que en este día el rezar por esa intención, y hacerlo bajo el patrocinio de san José, tiene un sentido especial.

Dos realidades de iglesia separadas por un intervalo pequeño de tiempo. Dos realidades que, si bien forman parte en principio de un objetivo común en su caminar hacia la consecución del Reino y, por lo mismo, avanzar juntas, no lo hacen, sin embargo, de esa manera, es decir, juntas; sino, más bien, de manera paralela, como lo hacen las vías del tren: cada una por su lado y sin ninguna posibilidad de llegar a juntarse. Pero es que, además, es así porque, si bien el fin es el mismo, creo que de eso no duda nadie, los caminos para llegar a dicho fin son, sin embargo, no solo diferentes, sino que me atrevería a decir que opuestos en muchos momentos.

Por un lado, unos candidatos preparándose para recibir el sacramento del Orden, dentro de una Iglesia jerárquica y piramidal. Una iglesia separada en dos bloques: el clero y el pueblo. Una Iglesia en la que el sacramento del Orden sacerdotal es “más de primera” que el sacramento del Bautismo. Una Iglesia en la que los ministros, que un día saldrán de esos seminarios, una vez ordenados por el obispo, serán quienes decidan en todos los asuntos dentro de las parroquias y/o comunidades; eso sí, como máximo, después de oír y/o consultar a algunos fieles o miembros de dichas parroquias o comunidades. Una Iglesia en la que los sacerdotes que la sirven deben asumir obligatoriamente el celibato como “conditio sine qua non” para poder recibir después el sacramento del Orden Sacerdotal. Una condición, por cierto, que cierra el camino a muchos candidatos, exclusivamente masculinos en este caso, que pudieran sentirse vocacionados para el servicio ministerial, pero, en cambio, sin la fuerza suficiente para vivir con alegría el carisma del celibato; ya que, por tratarse de un don no recibido, carecen de la gracia necesaria para vivirlo como vale la pena, precisamente porque no les ha sido dado. Una Iglesia que no impone, pero que sí que aconseja a sus sacerdotes y a quienes lo serán en un futuro que se distingan por un tipo de vestir ante toda la gente que los pueda ver; y no solo ante la gente perteneciente a la propia parroquia, comunidad o movimiento eclesial. Porque, queramos o no, esta Iglesia a la cual servirán los futuros sacerdotes, continúa teniendo, para sus dirigentes, mucho de “cristiandad” y muy poco de “pueblo de Dios”.

Por otro lado, unos colectivos de mujeres, junto a comunidades de base y muchas otras personas y grupos, tanto de hombres como de mujeres, que no coinciden con los parámetros de Iglesia según el Derecho Canónico. Una Iglesia de iguales, donde la persona que la presida sea un miembro de la propia comunidad, escogido/a de manera libre y democrática por los miembros que la forman. Una Iglesia donde, por estar formada precisamente por hombres y mujeres, a los/as candidatos/as a presidirla no se les tenga en cuenta, a la hora de ser escogidos/as, el sexo ni la orientación sexual. Una Iglesia insertada plenamente en la vida de los hombres y mujeres, sin distinciones ni privilegios. Una Iglesia que camina con el pueblo, junto al pueblo, escuchando al pueblo en todo momento, lejos de los parámetros de “cristiandad” en la que tanto pesa el sentido proselitista. Una Iglesia, en definitiva, vacía de normas de conducta y de leyes impositivas, excepto las necesarias para asegurar el correcto funcionamiento; pero siempre consensuadas por todas/os miembros. Una Iglesia sin dogmas ni preceptos; con la única excepción de creer en el Dios que enseñó y testimonió Jesús: el Dios que ama y perdona sin condiciones. Por ello precisamente, una Iglesia que, por creer únicamente en el amor, practica la caridad de manera incansable y se esfuerza por vivir en la esperanza de la “Utopía final”. Una Iglesia…

Vamos a rezar también y seguir rezando sin parar por esta forma de ser “iglesia” y de vivirla.

miércoles, 17 de marzo de 2021

Juan José Tamayo: “La extrema derecha de Dios”

 


El Blog de Juan José Tamayo

Tamayo4

“La internacional cristo-neofascista al asalto del poder blandiendo la Biblia”
Una alianza cristo-bíblico-militar-neoliberal-patriarcal neofascista ensombrece el mundo, y muy especialmente América Latina. Ejemplos de ello son España, Colombia, Costa Rica, Brasil, El Salvador, Bolivia…
Actúa coordinadamente en todos los continentes, utiliza irreverentemente el nombre de Cristo y defiende la “teología de la prosperidad” como legitimación del sistema capitalista en su versión neoliberal
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La extrema derecha europea se lanza a por el Papa Francisco

 


Religión Digital

Papa Francisco7

Tras el desmantelamiento del ‘contra Vaticano’ de Bannon
Marine Le Pen: “No tengo ninguna duda de que muchos creyentes estarían encantados si el Papa se ocupara de lo que está sucediendo en las iglesias en lugar de en las urnas. Deje que todos hagan lo que deben hacer”
El entramado mediático de la ultraderecha europea acusa a Bergoglio de haber tildado de “preocupante” la hipotética llegada de la líder del Frente Nacional al Elíseo
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Los ‘curas rebeldes’ austriacos bendecirán las uniones homosexuales a pesar del veto vaticano

 


Religión Digital

Gays3

Tildan la decisión de ofensiva para las personas y perjudicial para el mensaje del evangelio
El movimiento de curas rebeldes austriacos que desde 2011 exige la modernización de la Iglesia católica
Afirman que “la realidad nos ha demostrado que las parejas homosexuales pueden celebrar el amor de Dios en la Iglesia igual que el resto”
Denuncia que con esta decición el Vaticano asume que las parejas homosexuales “no son parte del plan divino” y afirman que ellos “no rechazarán ninguna pareja que se ame y busque la bendición de Dios”
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La Santa Sede fiscaliza la labor de Sarah al frente de Culto Divino

 


Jesús Bastante

Religión Digital

El Papa ordena una ‘visita canónica’ al dicasterio antes de nombrar a su sucesor
La investigación corre a cargo de Claudio Maniago, presidente de la Comisión Litúrgica del Episcopado italiano, y uno de los mayores opositores a la doctrina ultraconservadora del cardenal guineano
Secretaría de Estado ha firmado una orden por la que se ‘expulsa’ a las misas bajo el rito extraordinario de la basílica de San Pedro, pasando a la capilla Clementina
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Doctrina de la Fe vuelve a cerrar la puerta a cualquier bendición para las parejas homosexuales

 


Religión DIgital

Gays

Ladaria: “La Iglesia no bendice ni puede bendecir el pecado”
“La bendición de las uniones homosexuales no puede ser considerada lícita”, afirma
“No es lícito impartir una bendición a relaciones, o a parejas incluso estables, que implican una praxis sexual fuera del matrimonio”
“No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia”
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El fallo de la Corte Penal Internacional por los crímenes cometidos en Palestina


¿Una etapa decisiva?

Rebelión

Palestina

Tras confirmar su competencia el 5 de febrero de 2021, la CPI anunció el 3 de marzo la apertura de una investigación formal sobre los crímenes cometidos en los territorios palestinos. Se trata de una victoria del derecho internacional, aunque todavía estemos muy lejos de un juicio.
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“Es un momento bastante triste”: la respuesta del colectivo LGTBI a la puerta cerrada del Vaticano

 


Religión Digital

Gays3

James Martin: “La Iglesia está llamada a continuar acercándose a las personas LGBTQ”
El presidente de los obispos alemanes toma nota de la declaración vaticana, pero insiste en que “en este camino sinodal, nos esforzaremos por discutir el tema de manera amplia, para considerar la necesidad, y los límites, de un mayor desarrollo del magisterio”
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‘Los pobres están en el centro del Evangelio’

 


Jaime Escobar Martínez, Director de revista ‘Reflexión y Liberación’

Reflexión y Liberación

En este octavo año de gobierno del Papa Francisco, hay festejos y diversos análisis eclesiales sobre su notable gestión. Nos sumamos a ellos y en esta importante fecha es oportuno hacer un repaso sobre algunos hechos históricos que hicieron posible que el Cardenal Jorge Mario Bergoglio fuera elegido, sorpresivamente, Papa ese memorable 13 de marzo de 2013.
Sin duda que fue la certera intervención del Cardenal argentino en una de las reuniones previas a la elección pontificia, las congregaciones generales, la que marcó el destino del Cardenal y el destino de la Iglesia Católica ya conmocionada por variados escándalos y por la súbita renuncia del Papa teólogo; Joseph Ratzinger.
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Papa: “Recemos para que tanto sufrimiento en la amada y martirizada Siria no sea olvidado y para que nuestra solidaridad reavive la esperanza”

 


José Manuel Vidal

Religión Digital

papa47

Pide esfuerzos a la comunidad internacional ” se pueda volver a coser el tejido social y poner en marcha la reconstrucción”
“Hace diez años se iniciaba la sangriento guerra de Siria, que ha causado una de las mayores catástrofes humanitarias de nuestro tiempo. Un número indeterminado de muertos y heridos, millones de prófugos, miles de desaparecidos, destrucción, violencia de todo tipo, terribles sufrimientos para toda a población”
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Amar como Cristo nos amó, hasta lograr una vida santa

Benjamín Forcano

 Redes Cristianas

Benjamín Forcano1

1.¿En qué consiste ser cristiano?
En el mundo y en la historia, el cristianismo no existiría sin Jesús de Nazaret, ni nosotros podríamos ser hoy cristianos, ni llamarnos tales.
La Comunidad cristiana, históricamente hablando , proviene de Jesús de Nazaret. Por El comenzó a existir, por él creció y se expandió, de él recibió los principios que debían guiarla, de él aprendió el sentido de la vida y el destino final que le aguarda

Como cristianos reservamos, dentro de la gran Comunidad cristiana, un espacio de singular memoria y veneración para cuantos supieron cumplir el mensaje de quien fundó esa gran Comunidad. ¿Qué queremos decir con esto?

Muy sencillo: que todos los que hemos decidido seguir a Jesús, debemos saber que “estamos movidos y llamados a amar a Dios con todo nuestro corazón y todas nuestras fuerzas y a amarnos los unos a los otros como Cristo nos amó; un amor que nos hace partícipes de la vida divina y que debemos cultivarla día a día, hasta lograr que nuestra vida sea un reflejo de la vida de Dios, una vida santa” (Lumen Gentium, 40).
De modo que todos como cristianos estamos llamados a practicar esa vida santa, no sólo algunos excepcionales, ¡Todos! Nadie debe amilanarse, acomplejarse, pensar que para escalar esa cumbre, sólo pueden hacerlo algunos, pues se necesitan condiciones y cualidades especiales que ellos no tienen. No.

Dios nos ama a todos por igual y Jesús, su enviado, presente entre nosotros, nos dice que todos podemos amar como él, todos tenemos vocación de santidad. Lo afirma, con gran autoridad, – la mayor en la Iglesia- el concilio Vaticano II: “Todos los fieles de cualquier condición o estado están llamados a la plenitud de vida cristiana y a la perfección de la caridad, santidad con la cual, aún en la sociedad terrena, se promueve un modo de vivir más humano” (LG, 40).

2.Vivir y amarnos como Cristo nos amó
Dejemos, pues, claras dos cosas:
Pimera: La vida cristiana la poseemos por seguir a Jesús. El es la fuente, el modelo, el camino y la meta. Ser cristiano es, primero de todo, seguir a Jesús de Nazaret, vivir como él, tratar de sentir, pensar y actuar como él. Todo lo que se aparte de este objetivo, debe ser sometido a examen.

Segunda: siempre y también ahora, somos muchos los que nos presentamos como cristianos. A cualquiera que nos analice, le surge inmediata esta pregunta:
– Pero, ¿en qué hacéis consistir vuestro cristianismo?
Si hubiéramos de responder. ¿Tendríamos una respuesta unánime?
Seguramente, muchos piensan que ser cristiano consiste en practicar una serie de preceptos y leyes y también una serie de ritos y actos religiosos de vez cuando, sin que ello suponga un estilo de vida semejante al de Jesús.

Hay que ir pues directos a lo que es bien simple: En la vida de cada día, ¿Cómo procedemos? ¿Cómo nos comportamos en la familia, en el trabajo, en el comercio, en la enseñanza, en el turismo, en la administración, en la política?
¿El comportamiento nuestro es semejante al de Jesús?
Seguramente hay cristianos que van regularmente a Misa y su vida va por otro lado que la de Jesús. Y, sin embargo, puede haber personas que pocas veces o nunca van a Misa y su comportamiento no dista mucho del de Jesús.

Por eso, conviene dejarl bien bien claro: la santidad es cosa de todos, de todos los que nos hemos apuntado a seguir y vivir como Jesús. La santidad no consiste en tener revelaciones especiales de Dios ni en hacer cosas milagrosas, sino en ser fieles a nosotros mismos, en realizar todo lo que Dios nos ha dado , utilizando responsablemente nuestra razón y nuestra libertad, amando a Dios y al prójimo como a nosotros mismos.
El amor a Dios y al prójimo van inseparables, no es posible el uno sin el otro: “Si alguien dice que ama a Dios mientras odia a su hermano, es un embustero, porque quien no ama a su hermanos a quien está viendo, a Dios, a quien no ve, no puede amarlo” (I Juan, 4, 20-21). .
Y ésta es tarea individual, irreemplazable, en la cual nadie nos puede sustituir. Cada uno es único, singular y debe aspirar a ser él mismo, sin complejos de inferioridad ni ensoñaciones de grandeza, sino como uno más, dentro de la común dignidad, igualdad y solidaridad compartidas en fraternal comunidad.

3. ¿Y los Santos, qué son para nosotros?
Dentro de esa gran comunidad cristiana, recordamos y veneramos con especial cuidado a personas, -varones y mujeres-, que mejor supieron asimilar la vida y enseñanza de Jesús.
Son los Santos. Y no hay pueblo o ciudad que no tenga sus Santos. ¿A quién recordamos y veneramos nosotros? ¿Qué significa para nosotros tenerlos como patronos?

Creo que podríamos honrarlos e imitarlos si aplicáramos su ejemplo
al contexto y circunstancias concretas de nuestra época y sociedad.
¿Qué retos o tareas nos plantean? ¿Cuáles son los dioses falsos a los que nosotros debemos renunciar? ¿Dónde, con qué criterios y con qué acciones? ¿Qué alternativas de pensamiento y acción nos sugieren nuestros Santos? ¿Cómo ponerlas a rodar en nuestro pueblo , en nuestro contorno diocesano y nacional?

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UNA PROPUESTA EFICAZ Y ASEQUIBLE

Alerta preambular
Llego hoy a vosotros con un mensaje de resolución, esperanza y compromiso.
El ambiente que nos envuelve rezuma incertidumbre, temor, desconfianza y cesión a los agentes que solapada y criminalmente generan ese ambiente. Todo como si no supiéramos de dónde surge la calamidad globalizada del CORONAVIRUS y no tuviéramos más suerte que la resignación .
No es fácil ver qué y cómo hacer. Pero, lo peor es dar por válido que es así y que no hay alternativa, es decir, causas que lo provocan y que está en nosotros combatirlas y reemplazarlas.

Lamentablemente, la información mediática,supercontrolada, es tan poderosa y sutil, que la mayoría ni lo sospecha ni plantea alternativa posible.
Utópicamente,nosotro decimos que no, que nada ocurre al azar, ni es fruto del fatalismo ni de la voluntad vindicativa de los dioses. El terreno donde fermenta es terreno humano como el nuestro y, por eso, podemos descifrarlo y ponerlo al descubierto.
Lo primero, pues, desenmascarar los propósitos de esa minoría – financiera primordialmente- malvada, cruel e indecente.
Creo que tenemos alternativa y es lo que debemos intentar.

Francisco: “No podemos seguir fabricando armas en lugar de salvar vidas”

 


Domenico Agasso

Religión Digital

papa49

‘Dios y el mundo futuro’, el libro-entrevista del Papa Francisco-Domenico Agasso
“Ya no es posible fingir que no se ha instalado un círculo dramáticamente vicioso entre la violencia armada, la pobreza y la explotación insensata e indiferente del medio ambiente”
Son frases del Papa extraídas de “Dios y el mundo futuro”, el libro-entrevista del Papa Francisco en conversación con el periodista vaticanista Domenico Agasso (Edición Piemme-LEV) que llega el martes a las librerías
A continuación compartimos un extracto
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María Lía Zervino: “Querido Papa Francisco, permítame decirle que tiene aún una deuda con las mujeres”

 


Religión Digital

La presidenta de UMOFC al Papa: “Es usted quien nos ‘primerea’ con sus hechos”
La argentina, presidenta de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) y amiga del Papa, agradece al pontífice “sus bocanadas de oxígeno” en una carta, sus hechos y sus encíclicas
“Gracias por haberse entregado por entero en estos ocho años. Desde sus inicios, nos lanzó como desafío la conversión pastoral para toda la Iglesia y es usted el primero en bogar por concretarla”
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Domingo 21 de Marzo 5º Cuaresma Nicolás de Flüe (1497)

KOINONIA

 En medio de la aflicción que se siente al ver Jerusalén destruida y a los judíos divididos entre los que se quedaron y los que fueron deportados, se oyen las palabras del profeta Jeremías como un canto al perdón y la esperanza. Con razón los expertos llaman a estos capítulos de Jeremías el «libro de la consolación». Dios quiere comenzar de nuevo con su pueblo, proponiendo sellar una «nueva alianza», que genere relaciones nuevas entre Dios y su pueblo. ¿Qué tipo de alianza? Una que ya no esté escrita en tablas sino en el corazón mismo del ser humano. IR A LA PÁGINA

DOMINGO 5 Cuaresma – B (Juan 12,20-33) UNA LEY PARADÓJICA

 


JOSÉ ANTONIO PAGOLA


Pocas frases encontramos en el evangelio tan desafiantes como estas palabras que recogen una convicción muy de Jesús: «Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto».

La idea de Jesús es clara. Con la vida sucede lo mismo que con el grano de trigo, que tiene que morir para liberar toda su energía y producir un día fruto. Si «no muere» se queda encima del terreno. Por el contrario, si «muere» vuelve a levantarse trayendo consigo nuevos granos y nueva vida.

Con este lenguaje tan gráfico y lleno de fuerza, Jesús deja entrever que su muerte, lejos de ser un fracaso, será precisamente lo que dará fecundidad a su vida. Pero, al mismo tiempo, invita a sus seguidores a vivir según esta misma ley paradójica: para dar vida es necesario «morir».

No se puede engendrar vida sin dar la propia. No es posible ayudar a vivir si uno no está dispuesto a «desvivirse» por los demás. Nadie contribuye a un mundo más justo y humano viviendo apegado a su propio bienestar. Nadie trabaja seriamente por el reino de Dios y su justicia si no está dispuesto a asumir los riesgos y rechazos, la conflictividad y persecución que sufrió Jesús.

Nos pasamos la vida tratando de evitar sufrimientos y problemas. La cultura del bienestar nos empuja a organizarnos de la manera más cómoda y placentera posible. Es el ideal supremo. Sin embargo, hay sufrimientos y renuncias que es necesario asumir si queremos que nuestra vida sea fecunda y creativa. El hedonismo no es una fuerza movilizadora; la obsesión por el propio bienestar empequeñece a las personas.

Nos estamos acostumbrando a vivir cerrando los ojos al sufrimiento de los demás. Parece lo más inteligente y sensato para ser felices. Es un error. Seguramente lograremos evitarnos algunos problemas y sinsabores, pero nuestro bienestar será cada vez más vacío y estéril, nuestra religión cada vez más triste y egoísta. Mientras tanto, los oprimidos y afligidos quieren saber si le importa a alguien su dolor.

DOMINGO APROVECHA TU VIDA BIOLÓGICA PARA DESPLEGAR LA VERDADERA VIDA

FE ADULTA

col fraymarcos

 

Jn 12, 20-33

Estamos en el c. 12. Después de la unción en Betania y de la entrada triunfal en Jerusalén, y como respuesta a los griegos que querían verle, Juan pone en boca de Jesús un pequeño discurso que no responde ni a los griegos ni a Felipe y Andrés. Versa, como el domingo pasado, sobre la Vida pero desde otro punto de vista. Aquí la Vida solo puede ser alcanzada aceptando la muerte del falso yo. También hoy Jesús es levantado en alto, pero para atraer a todos hacia él. Los “griegos” que quieren ver a Jesús podían ser simplemente extranjeros simpatizantes del judaísmo. El mensaje de Jn es claro: Los judíos rechazan a Jesús y los paganos le buscan.

Ha llegado la hora de que se manifieste la gloria de este Hombre. Todo el evangelio de Jn está concentrado en la “hora”. Por tres veces se ha repetido la palabra “hora” y otras tres, aparece el adverbio “ahora”. Es el momento decisivo de la cruz, en el que se manifiesta la gloria-amor de Dios y de “este Hombre”. En su entrega total refleja lo que es Dios. Todos estamos llamados a esa plenitud humana que se manifiesta en el amor-entrega. Ahora es posible la apertura a todos. El valor fundamental del hombre no depende ni de religión ni de raza ni de cultura. Los que buscaban su salvación en el templo tienen que descubrirla ahora en “el Hombre”.

Si el grano de trigo no muere, permanece él solo. Declaración rotunda y central para Jn. Dar Vida es la misión de Jesús. La Vida se comunica aceptando la muerte. La Vida es fruto del amor. El egoísmo es la cáscara que impide germinar esa vida. Amar es romper la cáscara y darse. La muerte del falso yo es la condición para que la Vida se libere. La incorporación de todos a la Vida es la tarea de Jesús y será posible gracias a su entrega hasta la muerte. El fruto no dependerá de la comunicación de un mensaje sino de la manifestación del amor total. El amor es el verdadero mensaje. El fruto-amor solo puede darse en comunidad.

Hoy sabemos que el grano de trigo muere solo en apariencia. Desaparece lo accidental (la pulpa) para ser alimento de lo esencial (el embrión). En la semilla hay vida, pero está latente, esperando la oportunidad de desplegarse. Esto es muy importante a la hora de interpretar el evangelio de hoy. La vida no se pierde cuando se convierte en alimento de la verdadera Vida. La vida biológica cobra pleno sentido cuando se pone al servicio de la Vida. La vida humana llega a su plenitud cuando trasciende lo puramente natural. Lo biológico no queda anulado por lo espiritual.

Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden es conservarse para una Vida definitiva. La traducción del griego es muy difícil. Primero habla de “psyche” (vida psicológica) y al final de “zoen” vida, pero al añadir “aionion”, perdurable, eterna, (vitam aeternam), está hablando de una vida trascendente. No es un trabalenguas, está hablando de dos realidades distintas. Hoy podemos entenderlo mejor. Se trata de ganar o perder tu “ego”, falso yo, lo que crees ser o de ganar o perder tu verdadero ser, lo que hay en ti de trascendente.

El amor consiste en superar el apego a la vida biológica y psicológica. En contra de lo que parece, entregar la vida no es desperdiciarla, sino llevarla a plenitud. No se trata de entregarla de una vez muriendo, sino de entregarla poco a poco en cada instante, sin miedo a que se termine. El mensaje de Jesús no conlleva un desprecio a la vida, sino todo lo contrario, solo cuando nos atrevemos a vivir a tope, dando pleno sentido a la vida, alcanzaremos la plenitud a la que estamos llamados. La muerte al falso yo, no es el final de la vida biológica, sino su plenitud. Si tomo consciencia de esto y he perdido el temor a la muerte, nadie ni nada te podrá esclavizar.

El que quiera colaborar conmigo que me siga. “Diakonos” significa servir, pero por amor, no servir como esclavo. Traducir por servidor, no deja claro el sentido del texto. Seguir a Jesús es compartir la misma suerte, es entrar en la esfera de lo divino, es dejarse llevar por el Espíritu. El lugar donde habita Jesús es el de la plenitud del amor. Lo manifestará cuando llegue su “hora”. Allí, entregando su vida, hará presente el Amor total, Dios. No se trata de la muerte física que él sufrió. Se trata de dar la vida, día a día, en la entrega confiada a los demás.

Ahora me siento fuertemente agitado. ¿Qué voy a decir? “Padre líbrame de esta hora”. ¡Pero si para esto he venido, para esta hora! En esta escena, que los sinópticos colocan en Getsemaní, se manifiesta la auténtica humanidad de Jesús. Está diciendo que ni siquiera para Jesús fue fácil lo que está proponiendo. Se trata del signo supremo de la muerte al “ego”. Se deja llevar por el Espíritu, pero eso no suprime su condición de “hombre”. Su parte sensitiva protesta vivamente. Pero está en el ámbito de la Vid, y eso le permite descubrir que se trata del paso definitivo.

Ahora el jefe del orden este, va a ser echado fuera. Cuando sea levantado de la tierra, tiraré de todos hacia mí. Como el domingo pasado, identifica la cruz y la glorificación, idea clave para entender el evangelio de Juan. Muerte y vida se mezclan y se confunden en este evangelio. Habla de dos clases de muerte y dos clases de vida. Una es la muerte espiritual y otra la muerte física, que ni añade ni quita nada al verdadero ser del hombre. La muerte física no es imprescindible para llegar a la Vida. La muerte al falso “yo”, sí. La Vida de Dios en nosotros es una realidad muy difícil de aprender, pero a la que hay que llegar para alcanzar la plenitud humana. Toda vida espiritual es un proceso, un paso de la muerte a la vida, de la materia al espíritu.

Mi plenitud humana no puede estar en la satisfacción de los sentidos, de las pasiones, de los apetitos, sino que tiene que estar en lo que tengo de específicamente humano; es decir, en el desarrollo de mi capacidad de conocer y de amar. Debo descubrir que mi verdadero ser consiste en darme a los demás. El dolor que causa el renunciar a la satisfacción del ego, lo interpreta el evangelio como muerte y solo a través de esa muerte se puede acceder a la verdadera Vida. Si ponemos todo nuestro ser al servicio de la vida biológica y psicológica, nunca alcanzaremos la espiritual.

 

Meditación

No muere la semilla al caer en tierra.
La quietud, oscuridad, humedad y calor,
despliegan el germen de vida que allí late,
integrando lo que era accidental en cada grano.
Así tienes que transformar tus apariencias
en la Vida definitiva y plena que es tu esencia.

 

Domingo V de Cuaresma LA BÚSQUEDA Y LA RENDICIÓN 21 marzo 2021

col lozano art

 



Jn 12, 20-33

La búsqueda constituye uno de los temas centrales del cuarto evangelio. Empieza con la pregunta de Jesús a sus dos primeros discípulos –“¿a quién buscáis?” (Jn 1,38)– y concluye constatando que también los paganos desean encontrarlo.

La búsqueda suele nacer de una doble fuente: la insatisfacción –o vacío– que reclama respuesta o salida y el Anhelo profundo que nos hace añorar nuestra “casa” y clama porque nos reencontremos con nosotros mismos. En el primer caso, la búsqueda es interesada porque nace del sufrimiento o del malestar provocado por la lejanía de nosotros mismos; en el segundo, aun sin saberlo conscientemente, es expresión de nuestra verdad profunda.

No es raro que la búsqueda vaya acompañada de ansiedad, cuando no de miedo y de frustración. Sin embargo, a medida que crece la comprensión, la propia búsqueda se empieza a vivir de forma más desapropiada para, finalmente, cesar. Cesa cuando has comprendido que, en tu verdad profunda, ya eres lo que andabas buscando y que, por tanto, no hay nada que buscar.

A partir de ese momento, se empieza a entrever que la búsqueda desorienta porque, al hacernos pensar que hay “algo” que tenemos que perseguir fuera o en el futuro, nos aleja de lo que realmente somos. Con la promesa de un señuelo exterior, nos embarca en un camino que cada vez nos aleja más del tesoro auténtico.

Tiene razón, sin duda, el dicho según el cual, “quien busca encuentra”, pero la tiene igualmente –somos una realidad paradójica– aquel otro que afirma que “buscar es el mejor modo de no encontrar”. Y, tal vez, en cierto sentido, ambas afirmaciones quedan sintetizadas en aquella otra que lo resume de este modo: “La salida es hacia dentro”.

La salida se halla en la comprensión de que lo realmente somos. Ahí cesa la búsqueda. Y al cesar, se vive una profunda aceptación de lo que es, que llega a rendición –consciente y lúcida– y se plasma en la actitud de fluir con la vida. No buscas nada; permites que la vida, que ya has reconocido como tu identidad más profunda, se exprese en cada momento a través de ti.

El hecho de que cese la búsqueda no significa que cese la acción. Lo que cambia, de modo radical, es el lugar de donde la acción nace: antes lo hacía, generalmente, del yo ansioso; ahora brota, se despliega o, mejor, fluye de la plenitud que somos en lo profundo. Por eso, en el primer caso, la acción es egocentrada; en el segundo, desapropiada.

¿Cómo me sitúo ante la búsqueda?

Domingo V de Cuaresma ANGUSTIA Y ORACIÓN

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La primera lectura, de tono profundamente optimista, anuncia una nueva alianza entre Dios y el pueblo. Todo tendrá lugar de forma fácil, casi milagrosa, sin especial esfuerzo para Dios ni para nosotros. En cambio, las dos lecturas siguientes ofrecen una imagen muy distinta: la nueva alianza entre Dios y el pueblo implicará un duro sacrificio para Jesús. Un sacrificio que le sumerge en la angustia y le mueve a rezar al Padre. Esta trágica experiencia se recuerda hoy en dos versiones distintas: la de Juan, y la de la Carta a los hebreos, que recoge el famoso relato de la oración del huerto de los olivos contado por los evangelios sinópticos.

Oración en el templo (evangelio)

El cuarto evangelio enfoca el relato de la pasión de manera peculiar, bastante distinta a la de los sinópticos: no acentúa el sufrimiento de Jesús sino el señorío y la autoridad que demuestra en todo momento. Por eso no cuenta la oración del huerto. Pero unos días antes sitúa una experiencia muy parecida de Jesús en la explanada del templo de Jerusalén.

El evangelio comienza y termina en tono de victoria. El triunfo inicial se concreta en el deseo de algunos de conocer a Jesús (es secundario que se trate de “gentiles”, paganos, como dice la traducción litúrgica, o de “judíos de lengua griega” residentes en otros países que han venido a celebrar la fiesta de Pascua). Y ese triunfo, reflejado en el interés de unos pocos, alcanza dimensiones universales al final: “Atraeré a todos hacia mí”.

Pero este marco de triunfo encuadra una escena trágica: Jesús es consciente de que para triunfar tiene que morir, como el grano de trigo; tiene que ser “elevado sobre la tierra”, crucificado. Ante esta perspectiva confiesa: “Me siento agitado, angustiado”. E intenta superar ese estado de ánimo con la reflexión y la oración. Ante todo, procura convencerse a sí mismo de la necesidad de su muerte: igual que el grano de trigo tiene que pudrirse en tierra para producir fruto. Sin embargo, los argumentos racionales no sirven de mucho cuando uno se siente angustiado. Viene entonces el deseo de pedirle a Dios: “Padre, líbrame de esta hora”.  Pero se niega a ello, recordando que ha venido precisamente para eso, para morir. En vez de pedir al Padre que lo salve le pide algo muy distinto: “Padre, glorifica tu nombre”. Lo importante no es conservar la vida sino la gloria de Dios.

Oración en el huerto (Carta a los Hebreos)

El relato de los evangelios sinópticos es muy conocido: Jesús marcha al huerto de los olivos la noche en que será apresado. Sabe que va a morir, siente profunda angustia, y por tres veces reza al Padre pidiéndole que, si es posible, le evite ese trago amargo. La Carta a los hebreos no se detiene a contar lo ocurrido. Pero recuerda lo trágico del momento cuando afirma que Jesús rezó “a gritos y con lágrimas”, cosa que no menciona ninguno de los evangelios. Y lo que pedía (“pase de mí este cáliz”) lo sugiere al decir que suplicaba “al que podía salvarlo de la muerte”.

Sin embargo, el final de la lectura es optimista: Jesús salva eternamente a quienes le obedecen. En medio de este contraste entre tragedia y triunfo, unas palabras desconcertantes: “En su angustia fue escuchado”. Quizá el autor piensa en el relato de Lucas, que habla de un ángel que viene a consolar a Jesús. Pero quien conoce el evangelio advierte la ironía o el misterio que esconden estas palabras: Jesús es escuchado, pero muere.

El templo y el huerto

Es evidente la relación entre las dos lecturas. En ambos casos Jesús se siente agitado (Juan) o angustiado (hebreos). En ambos casos recurre a la oración. En ambas lecturas, la palabra final no es la muerte, sino la victoria de Jesús y, con él, la de todos nosotros. Pero, dentro de estas semejanzas, hay una gran diferencia con respecto a la oración de Jesús: en el evangelio, se niega a pedir al Padre que lo salve, sólo quiere la gloria de Dios, por mucho que le cueste; en la Carta, Jesús suplica “a gritos y con lágrimas” para ser salvado de la muerte.

La ciencia bíblica actual tiende a considerar estos relatos dos versiones distintas del mismo hecho. Pero durante años y siglos estuvo de moda la tendencia a armonizar los datos del evangelio. En esta postura, los relatos ofrecen dos momentos distintos y sucesivos de la experiencia humana y religiosa de Jesús.

En un primer momento, ante la angustia de la muerte, se refugia en la reflexión racional (he venido para morir como el grano de trigo) y se niega a pedirle al Padre que lo salve. Al cabo de pocos días, cuando la pasión y muerte no son una posibilidad sino una certeza, reza con gritos y lágrimas, sudando sangre (como añade Lucas): “Padre, si es posible, pase de mí este cáliz”. Una reacción más humana, pero perfectamente compatible con lo que cuenta Juan.

A las puertas de la Semana Santa, la experiencia y la reacción de Jesús son un ejemplo excelente que nos anima en nuestros momentos de angustia y desánimo, y nos mueve a agradecerle su entrega hasta la muerte.

LOS SONIDOS INTERIORES

FE ADULTA

comentario editorial

 

Nada sabemos de la siembra ni de las cosechas, de los segadores doblados sobre las espigas (Oscar Wilde)

domingo 21 de marzo. V DOMINGO DE CUARESMA

Jn 12 20-33

Sin que sepamos cómo ni donde, dejando pendiente la narración de la entrada de Jesús en Jerusalén, Juan nos refiere la aparición de unos griegos que quieren ver a Jesús. Estos griegos representan la primicia de la gentilidad; son la vanguardia de la humanidad que viene a Jesús.

Su venida plena a la fe aparecerá después de Pascua; pertenecen a los que creen sin haber visto y, a continuación, el Maestro de Nazaret declara en unas breves pinceladas y con un lenguaje elevadamente conmovedor la significación de su muerte.

Para el evangelista Lucas, lo que sucedió en la muerte de Jesús es la revelación más clara, desde siempre, del increíble alcance de la comprensión, el perdón y la sanación de Dios. La necesidad de dicha muerte es ilustrada en la palabra del grano de trigo que cae en la tierra para dar su fruto.

sonidos interiores

En el capítulo 12 del mismo Evangelio de se lee: 

“Os aseguro que, si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”

La audiencia rural de Jesús podía entender el principio de la resurrección producida por semillas muertas sembradas en la tierra.

El apóstol Pablo dice también en 1 Corintios: “Lo que se siembra en la tierra está sometido a pudrirse, pero lo que resucita es siempre incorruptible

Nada sabemos de la siembra ni de las cosechas, de los segadores doblados sobre las espigas, decía Oscar Wilde

En mi libro Naturalia, El Sueño de las criaturas, escribí este Poema:

 

SOÑARON

Soñaron que eran dioses y lo eran,
en cada criatura reflejados.
Eran divinos seres encarnados,
que tierra, mar y aire les parieran.

¡Qué Olimpo y qué florón si conocieran
la estirpe celestial que les dio cuna!

Quién soñaba por ti ¿el sol? ¿la luna?
Poco importa si fue el sueño o el hado,
lo importante es que todo fue soñado.
Soñaban Tierra y Cielo: ¡qué fortuna!

Y entretanto Jesús sembró su trigo
para que yo recogiera la cosecha.