FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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SAN JUAN BOSCO (Pinchar imagen)

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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ATALAYA

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ATALAYA ENERO 2025

jueves, 21 de marzo de 2019

EL DEDO DE DIOS

col aradillas

Hablamos y nos comunicamos con los demás y con Dios, no solo con las palabras. Lo hacemos además con los gestos y, por supuesto, y por encima de todo, con los ejemplos de vida. A las palabras –todas las palabras– “se las lleva el viento”, de modo especial si de ellas se dice que son “religiosas”. Pero el eje- justificación de mi reflexión aquí y ahora se halla en las manos, y más concretamente en uno de sus dedos.
Las manos hablan en todos los idiomas. Y sin necesidad de intérpretes, por raros y dificultosos que sean el discurso y el aprendizaje de algunos de ellos. De las propias manos de Dios –“ópera manuum tuarum” –, refieren los Libros Sagrados -la Biblia- que las mismas personas- “la obra creada”- fue y es inconfundible palabra divina. Es decir, todos y todo somos “palabras o sílaba de Dios” en trinitaria conversación salvadora, libre y comunitaria. Las manos –las de Dios y las nuestras- crean y re-crean. Afirmación como esta, es poseedora, y distribuidora, de mucha y buena teología. Fotografiar las manos equivale a tener que comprometerse con ser perfectamente coherentes con Dios y con la misión que por Él se nos encomendara, en acto permanente de adoración, mediante el servicio al prójimo.
Una fotografía de las manos de Dios y de su obra, es un manual adoctrinador e inteligible, con idéntica y aún mayor capacidad de evangelio que lo son los catecismos, las Cartas Pastorales de los obispos y hasta las encíclicas de los papas. La asignatura de la hospitalidad, de la cercanía, de la caricia, de la acogida y del entendimiento, se descubre y ejercita cristianamente gracias, y mediante, las manos…
Y con especial y escalofriante mención para uno de los dedos, concretamente el índice –el segundo después del gordo o pulgar–, del uso y concreción de sus fotos, las “palabras” son multitud. El que pintara Miguel Ángel es dedo creador por antonomasia. Es Dios mismo. Es el mejor tratado de teología que haya podido ejecutarse. Es capítulo que ni cabe, ni encaja, en los manuales de la técnica pictórica. Rebasa sus límites y se torna y convierte en Ciencia Sagrada. Adoctrina y enseña con mayor relevancia y capacidad de convicción que las tesis doctorales.
Censura y recriminación
Pero hay un dedo de los más fotografiados de los tiempos modernos, que merece y justifica multitud de consideraciones religiosas, y no religiosas. Me refiero al dedo índice pontificio de Juan Pablo II que, recriminatorio y censurante, extendiera infinitamente sobre la figura arrodillada de Ernesto Cardenal, a quien desde la difusión de tal escena se le conoció y conoce en el mundo como el “cura poeta, maldecido y hereje”, por aquello de la “teología de la liberación”, en conformidad con el sentir de parte de la Iglesia oficial anti- conciliar, retrógrada y compadreada con el poder y el dinero, al margen, o en contra, de la pobreza, y al dictado de por sí super blasfemo de que “Dios solo está, y se le encuentra, en donde está el dinero…”
Y pasó el tiempo, y el dedo de Woytila perdió rigidez, pedagogía y actualidad evangelizadora y el papa Francisco comenzó a dar los pasos precisos para reintegrar al teólogo entre quienes mejores y más cristianos servicios le prestó y le presta a la Iglesia, en los tiempos inclementes por los que ésta actualmente pasa, y le hacen pasar, quienes protagonizaron, justificaron y alargaron, hasta no poder más, la rigidez, hipócrita a veces, del condenador dedo pontificio.
A quienes reaccionen ante esta aseveración y comprobación de los hechos, arguyendo que tal papa, con tanta precipitación y presteza, alcanzó el honor de ascender a los altares de la Iglesia universal, les bastará con recordar algunos principios teológicos muy elementales.
De entre ellos destaca el de que, también los santos canonizados, fueron pecadores, tanto por exceso como por defecto. Que no es de fe, ni exigencia dogmática, el dato de que todos los canonizados oficialmente, son santos, según el sentir de la mayoría de los miembros de la Iglesia, en la que también existen recomendaciones “non sanctas”.
Que la infalibilidad pontificia se extienda a tales menesteres es un atrevimiento impropio de los estudiosos de la doctrina cristiana. Conocer los entresijos de gestos, gestiones y gastos “canonizadores” es hoy fácil y asequible, gracias a Dios, con lo que, permanecer en la inopia impuesta por curiales, resulta difícil, aun cuando algunos tilden de blasfemo e irreverente desvelar “secretos” y seguir burdas y escandalosas situaciones de tenebrosas faltas de verdad y de transparencia. De todas maneras, como las prisas, por santas que sean, jamás son buenas consejeras, lo del “¡santo, súbito!” no debiera habérsele aplicado tampoco a Juan Pablo II.
¡Felicidades al papa Francisco, al teólogo Ernesto Cardenal y a la Iglesia universal, en la que se interpretará el gesto condenador pontificio, al menos como fuera de lugar y de tiempo…!

¿VERDAD O AUTENTICIDAD?

col haya
No presento una contradicción entre estos dos términos, que son complementarios, sino un matiz en la interpretación de algunos textos de los evangelios, matiz que puede haber facilitado una desviación del mensaje de Jesús, de lo concreto a lo abstracto, de la ortopraxis a la ortodoxia, de una religión profética a una religión sapiencial, del Jesús Mesías a la Palabra encarnada. Y para mí es muy importante conocer lo mejor posible el ejemplo y el mensaje de Jesús, que es el principal referente de mi vida, y el que conecta mejor con los atisbos de mi conciencia.
Me refiero aquí al término griego alêtheia. Se menciona más de cien veces en el Nuevo Testamento (sin contar sus correspondientes adjetivos) y se ha traducido generalmente como “verdad”.
Planteamiento
Vicente Haya ha estudiado detenidamente el texto arameo de la Peshitta, tratando de aproximarse a las “Palabras originales… de Jesús”, porque Jesús hablaba en arameo y, sobre todo, su pensamiento, y su sensibilidad, era orientalAunque la Peshittaes una traducción de los originales griegos, sin embargo muestra cómo unos arameoparlantes tuvieron que readaptar algunos conceptos griegos empleados por los evangelistas, porque eran impropios de una mentalidad oriental. Y parece razonable admitir que fueron los redactores griegos los que habían matizado, o desviado, lo que Jesús podría haber dicho; aunque tengamos en cuenta que ni unos ni otros nos han transmitido las palabras auténticas de Jesús.
Evidentemente este tema merecería y desbordaría no una sino varias tesis doctorales pero, una vez planteado, no puedo eludir una primera aproximación como cristiano adulto.
Dicho esto, vamos al término griego alêtheia. De las más de cien menciones de este sustantivo griego en el Nuevo Testamento, 3 corresponden a Marcos, 1 a Mateo, 2 a Lucas, y 22 a Juan. Algo semejante encontramos con el uso de los adjetivos correspondientes: 9 en los sinópticos y 32 en Juan.
De las 6 veces que aparece el sustantivo en los sinópticos, sólo una está puesta en boca de Jesús, y es como una forma de juramento: “en verdad os digo”. De las 22 del evangelio de Juan, 19 son atribuidas a Jesús, 1 a Pilato, y 2 en el Prólogo de Juan.
De ello parece deducirse que el sustantivo “verdad” no era frecuente en Jesús, ni en los sinópticos, aunque sí empleaban algo más los adjetivos correspondientes. Por el contrario, la frecuencia con la que lo encontramos en Juan (mejor dicho, en la Escuela de Juan, que muestra influencias gnósticas) y en Pablo, parece indicar un desplazamiento del pensamiento cristiano hacia la mentalidad griega.
El pensamiento cristiano comienza con unos adjetivos, que expresan su experiencia directa de una persona como auténtica o verdadera (o dan testimonio algo concreto, como la narración de un hecho). Posteriormente pasa a hablar de la verdad proclama por una persona o grupo, y emplea un sustantivo que constituye una categoría conceptual. Igualmente el concepto “fe” (pistis, en griego) pasó de lo concreto a lo abstracto; comenzó designando confianza, continuó como testimonio sobre la muerte y resurrección de Jesús, y ha terminado como un Credo conceptual.
“La verdad bíblica (cristiana) es verdad de testimonio, no de razonamiento, como puede ser la de la filosofía griega” (Xabier Pikaza, “Palabras originarias para entender a Jesús”, en colaboración de Xabier Pikaza y Vicente Haya).
Y considero que este desplazamiento de lo verdadero hacia la verdad -de la experiencia directa hacia el concepto abstracto- es muy importante para aproximarnos a Jesús, porque la Escuela de Juan no lo presenta como interpretación propia sino que lo ha atribuido a Jesús introduciéndolo en sus discursos.
Un preso verdadero
Un preso verdadero” es el título que un amigo puso al poema que narra su prisión y torturas en tiempos de Pinochet. Mi amigo es un hombre sencillo, era estibador del Puerto, representante sindical, y miembro desde sus comienzos de “Cristianos por el socialismo”.
¿Qué significaba para él “un preso verdadero”? Parece que todos los presos son verdaderos presos, a no ser esos policías infiltrados en las cárceles que vemos en las series policíacas.
Creo que mi amigo sentía con orgullo su resistencia política y cristiana, su lealtad a los compañeros del sindicato, sin claudicar en sus ideales, a pesar de las torturas en la cárcel. “Verdadero” no significa aquí “la conformidad de su relato con la realidad “que sufrió; significa “la conformidad de su comportamiento con su conciencia social y cristiana”. Y creo que éste es el sentido más espontáneo y profundo de lo que llamamos “verdadero”.
Conclusión
La consecuencia, a mi parecer, podría ser que, como afirma Vicente Haya, el pensamiento de Jesús se ajustaría más a la “shërârâ” aramea que a la “alêtheia” griegaY que en los sinópticos el término “alêtheia” y sus afines se refieren a la credibilidad que merece la autenticidad de una persona, o de un testimonio sobre un hecho concreto, aunque en Juan se corresponda más con la idea de “verdad”.
Con nuestra mentalidad occidental podemos extasiarnos al leer estas palabras atribuidas a Jesús en el evangelio de Juan: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida”; pero no creo que Jesús pronunciara esas palabras. Tal vez me valdrían, en sentido ponderativo, dichas por alguien sobre Jesús: ¡es tan tan auténtico que es la misma verdad!
Me temo que la sublimación de la verdad abstracta haya desviado nuestra atención y haya marginado al comportamiento verdadero. Obras son amores, que no buenas razones”. Yo conecto mejor con el Jesús de los sinópticos.

José María Castillo: “El Evangelio no es lo que dicen los curas”


Castillo1“¿Nos han educado para creer en lo que dijo y vivió Jesús?”
“No es suficiente ‘creer en Jesucristo'”
“No basta con estar bautizado y con ir a misa los domingos y fiestas de guardar”
¿Qué me importa el Evangelio? Esta pregunta – que produce la impresión de una falta de respeto – tendría que ser central en nuestra vida. Porque equivale a preguntarse si el Evangelio de Jesús me “conviene” o no me conviene; si me “interesa” o no me interesa; si “le hago caso” o me importa un bledo; si tiene o no tiene “consecuencias” en mi forma de vivir o en mi proyecto de vida.··· Ver noticia ·

Hermana Ruth Schönenberger, priora del convento benedictino de Tutzing, Alemania: “Sería simplemente natural que las mujeres fuéramos sacerdotes”


Cameron Doody

Mujer sacerdote christina-moreira“No puedo entender las razones de por qué no”, lamenta sor Ruth Schönenberger
“Me sorprende que la presencia de Cristo haya sido reducida al sexo masculino”
“La imagen y el concepto actual del sacerdocio necesita revisarse a fondo urgentemente”
La priora de una de las órdenes religiosas más grandes y más importantes de Alemania ha cuestionado públicamente que la Iglesia católica solo admita a hombres al sacerdocio. “Sería simplemente natural que las mujeres fueran sacerdotes y no puedo entender las razones que se dan acerca de por qué no”, ha declarado sor Ruth Schönenberger, responsable del convento de las Hermanas Benedictinas Misioneras de Tutzing.··· Ver noticia ···

Carta al Papa ante su visita a Marruecos


WSRWE – Observatorio de Recursos Naturales del Sahara Occidental España – CEAS Sahara – Coordinadora Estatal de Solidaridad con el Sahara.

Saharahuis.bmpA Su Santidad el Papa Francisco
Santidad,
Ante la inminente visita de Su Santidad al Reino de Marruecos, consideramos nuestra obligación recordarle que ese país ocupa ilegalmente una parte del Sahara Occidental, antigua colonia española que no fue descolonizada por España y que sigue pendiente de que se realice un referéndum de autodeterminación. Las Naciones Unidas siguen buscando la manera de resolver el conflicto, y Marruecos, apoyado por los gobiernos de países como Francia o España, obstaculiza sistemáticamente el proceso.··· Ver noticia ··

Agustín Rosety, Delegado episcopal del obispo Zornoza para las Fundaciones, número 1 de VOX por Cádiz


Zornoza2Aumenta el clamor y la indignación de clero y fieles con el prelado gaditano
“Zornoza se ha retratado y ha roto la equidistancia política, ha dejado de ser obispo de todos los gaditanos y se ha aliado abiertamente y por persona interpuesta con la derecha más radical”
El nombre del flamante fichaje del partido de Abascal ha desaparecido ya del organigrama diocesano
··· Ver noticia ···

¿Celibato opcional?


Tomás Maza Ruíz

Cura casado2“El obispo debe ser intachable, fiel a su esposa, juicioso, equilibrado, bien educado, hospitalario, hábil para enseñar, no dado al vino ni amigo de reyertas, sino comprensivo, pacífico y desinteresado. Tiene que gobernar su propia casa y hacerse obedecer por sus hijos con dignidad. Uno que no sabe gobernar su casa y hacerse obedecer por sus hijos, ¿cómo va a cuidar de una asamblea de Dios” (1ª carta a Timoteo, 3, 2-6).··· Ver noticia ·

Taslima Nasrin: ‘Como mujer, siento la responsabilidad de denunciar el islam’

Redes cristianas
La autora, bengalí en el exilio, Taslima Nasrin, llama a yugular el fundamentalismo religioso, afirmando que las críticas a la religión no son propiedad exclusiva de los intelectuales no musulmanes.
Nacida en Bangladés en 1962, primero médica ginecóloga trabajando en un hospital público y luego escritora, Taslima Nasrin fue amenazada por los fundamentalistas islámicos tras la publicación de su primera novela Lajja (La vergüenza), que denuncia la opresión en la que vive la comunidad hindú en Bangladés.
Humanista, feminista y laica, recibe prestigiosos premios, incluido el “Premio Sajarov a la libertad de pensamiento”, otorgado por el Parlamento Europeo en 1994, mientras que los fundamentalistas queman sus libros y reclaman su ahorcamiento. Ese mismo año, Taslima Nasrin huye de su país después de que se emitiera una fetua contra ella por haber criticado al islam en Bangladés. Desde entonces, ha estado viviendo en el exilio.
Algunas publicaciones: La vergüenza (1993), El destino de mujer (1998), Viento a ráfagas (2003), Rumores de odio (2005), De mi prisión (2008).
¿Por qué es importante para ti mencionar de nuevo la condición de las mujeres musulmanas?
Por todo el mundo, las mujeres están oprimidas por las religiones, las costumbres y las tradiciones. Pero donde más sufren hoy día es en los países islámicos. Occidente ha establecido la laicidad, la separación de las Iglesias y el Estado, mientras que, en la mayor parte de los países musulmanes, las mujeres todavía están bajo el yugo de setecientos años de ley de la charía. Millones de mujeres soportan terribles sufrimientos.
Son encerradas, quemadas, apedreadas a muerte… Al venir de una familia musulmana, siento la responsabilidad de denunciar el islam, porque las mujeres que allí están sometidas no tienen ni los derechos ni la libertad que deberían tener. Se les ha inculcado desde hace siglos que eran esclavas del hombre, que debían seguir el sistema que los hombres o Dios habían creado. Bajo la charía, las mujeres son consideradas no como seres humanos, sino como objetos sexuales, seres de segunda clase. No tenemos necesidad de esa ley. ¡Hace falta combatirla!
¿De qué modo tu propia vida ilustra esta condición femenina? ¿Eres un buen ejemplo?
Sí, lo soy. Yo he vivido en una sociedad dominada por los hombres. Durante toda mi infancia, sufrí mucho, especialmente porque la tradición me prohibía salir. Debía quedarme en casa, para ayudar a mi madre.
Ella no era la única que estaba oprimida. Todas las mujeres lo estaban: mis tías, mis vecinas… En aquella época, yo no veía esto como una opresión, sino como el fruto de la tradición. No comprendía que el islam era la herramienta del sistema patriarcal. Vivía en una sociedad musulmana, en una familia musulmana, y estaba acostumbrada a ver a las mujeres envueltas en su burka de pies a cabeza, golpeadas por su marido, que podía ser polígamo o que se divorciaba cuando le apetecía.
Pensaba entonces que, quizá, aquellos hombres estaban actuando mal, que seguramente el islam no permitía tales cosas.
¿Fue al leer el Corán cuando viste las cosas de otra manera?
Sí. Fue mi madre quien me enseñó el Corán. También tenía un maestro que venía a mi casa a enseñarme árabe para poder descifrar el texto, sin entenderlo realmente. Con frecuencia, las mujeres no saben lo que dice el Corán, porque el texto está escrito en árabe, y en muchos países que no hablan árabe se lee el árabe sin entender el significado de los versículos…
Pero, a los 14 años, me encontré con un Corán traducido al bengalí, y comparé más de doce traducciones bengalíes diferentes… Para mi sorpresa, comprendí que era Alá el que declaraba inferiores a las mujeres, el que favorecía la poligamia, el divorcio únicamente para los hombres, el derecho a golpear a sus esposas, la prohibición de que las mujeres testifiquen ante los tribunales, la desigualdad en asunto de herencia, el uso del velo…
Sí, Alá permitía todo eso. Comprendí que la condición de las mujeres musulmanas no era un problema específico de la sociedad bengalí, sino el resultado de la ley de Alá, una ley terrorífica, o más precisamente de la ley que Mahoma había impuesto en nombre de de Alá… Cuando intenté criticar el islam en nombre de las mujeres y de la justicia, los fundamentalistas se volvieron locos. No aceptaban debatir, no argumentaban, solamente querían hacerme callar y matarme. Decretaron una fetua que el gobierno respaldó en lugar de castigarlos. No era ilegal, puesto que el Corán dice que el increyente debe ser matado: Alá lo permite. Para salvar mi vida, me vi forzada a esconderme y abandonar mi país, sabiendo que mucha gente me apoyaba pero no podían decirlo públicamente.
¿Realmente es responsable el Corán, o los fundamentalistas que lo interpretan a su manera?
Muchos musulmanes modernos dicen que los fundamentalistas están equivocados, que estos últimos no representan al verdadero islam, y que este nunca ha prescrito asesinar a los increyentes. ¡Es falso! Es sin duda el islam, el verdadero islam, el auténtico islam, el que prescribe matar a los apóstatas y a los increyentes. Esto está explícitamente en el Corán.
El Corán dice incluso que se puede matar a los judíos y a los cristianos, y que si hacemos amistad con ellos, Alá nos mandará al infierno.
¿No sería más exacto decir que en él encontramos versículos contradictorios?
Sí, pero es únicamente porque, cuando Mahoma no tenía el poder, buscaba alianzas políticas con los no musulmanes. Quería ser tolerante. Pero, tan pronto como tuvo el poder, cambió radicalmente y comenzó a hablar de masacrar a los no musulmanes… Si los fundamentalistas quisieron matarme, es porque realmente quieren aplicar el verdadero islam. Ellos son el islam auténtico. Los musulmanes que desearan ver a las mujeres liberadas están en contradicción con su doctrina: Alá no los habría aceptado. El Corán lo dice claramente, y son las palabras del mismo Alá: “Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres, porque Dios ha preferido a unos más que a otras, y porque los hombres gastan de sus bienes en favor de sus mujeres. Las mujeres virtuosas son obedientes… a aquellas que temáis que no sean dóciles, reprendedlas, relegadlas en sus dormitorios, golpeadlas…” (Corán 4,34).
¿Qué dice de la vida sexual de las mujeres?
El islam considera a la mujer únicamente como un objeto sexual, un objeto sucio como una mierda, pues el Corán dice textualmente: “Oh, vosotros que creéis, si estáis enfermos o de viaje, si venís de hacer vuestras necesidades o habéis estado en contacto con mujeres y no tenéis agua, recurrid a arena limpia [antes de orar]” (Corán 4,43). También dice: “Vuestras mujeres son un campo de labor para vosotros. Venid a él como queráis”. Así que cuando los hombres quieren y como quieren. Que la mujer quiera o no, es una cuestión que nunca se plantea. Los hadices especifican dos categorías de plegarias que nunca alcanzan el cielo: las del esclavo huido y las de la mujer que rechaza de noche a su marido …
¿Y el velo?
Hay que saber que el velo existe únicamente porque Mahoma era muy celoso de sus amigos que venían a visitarlo y miraban a Aisha, su esposa. Él no podía tolerar eso. Entonces fue cuando dijo que había recibido una revelación de Alá, diciéndole que las mujeres debían cubrirse delante de los hombres. Por eso, impuso el velo a Aisha, y por extensión a todas las mujeres. Démonos cuenta de que Mahoma contrajo matrimonio con Aisha cuando ella tenía 6 años. Esto es, por supuesto, un abuso infantil. Sí, yo podría calificar a Mahoma de abusador infantil. Y el velo es, para mí, el signo de la opresión más profunda.
¿Te das cuenta de que tus comentarios pueden considerarse chocantes, incluso insultantes, para el islam?
Si es un insulto al islam decir que el Corán es un texto opresor, entonces puedo insultar al islam. Lo que me importa es el ser humano, no el texto. El islam no es una persona con un corazón y sentimientos. Es solo una creación humana que data de hace mucho tiempo. Creo que el islam es realmente una tortura contra las mujeres, una tortura que debemos combatir. Mi pluma es mi única arma. No me considero especialmente radical. Solamente digo la verdad. Todo está escrito en el Corán. Soy yo quien quedó impresionada cuando lo leí por primera vez, cuando vi que millones de personas creían todavía en este horrible libro. ¿Cómo es posible si creemos también en el humanismo? Pienso que cualquier persona consciente se sentirá tan impresionada como yo.
¿No tienes miedo de hablar así?
¿Por qué voy a tener miedo, si estoy diciendo la verdad? Incluso en Bangladés, hablaba de esta manera, y no tenía miedo. El Corán no dice nada sobre la realidad del mundo, no permite la puesta en práctica de los derechos del hombre, la democracia, la libertad de expresión. Está repleto de ideas falsas sobre el universo.
En vez de ser la causa de la opresión, el Corán ¿no sería un pretexto del que ser sirven los hombres para conservar su poder sobre las mujeres?
Si pueden servirse de él, es porque el texto existe. Si este texto no se considerara como procedente de Alá, intangible para todos los tiempos pasados ​​y futuros, entonces el Corán no sería importante. En realidad, los fundamentalistas pueden justificar sus crímenes solamente porque este texto se considera sagrado.
Entonces, ¿no hay nada que conservar del Corán?
No, porque ahora conocemos la modernidad y los derechos del hombre. Y añado que, para mí, no hay conflicto entre el islam y Occidente, entre el cristianismo y el islam; más bien, existe un conflicto entre secularización y fundamentalismo, entre pensamiento lógico y pensamiento irracional, entre innovación y tradición, pasado y presente, modernidad y antimodernidad, entre quienes valoran la libertad y quienes no la buscan. Defiendo a los musulmanes en todas partes donde están oprimidos, en India o en otros lugares cuando están en minoría. Estoy en contra de la violencia. La violencia nunca es una solución. Sé que la mayoría creen en el islam, ante todo, por ignorancia y porque los políticos se sirven de la religión para mantenerlos en la ignorancia. Lo que necesitamos es educación ilustrada. Hace siglos, unos hombres crearon el islam. El Corán se puede considerar como un documento histórico. Nunca he dicho que haya que destruirlo, tampoco que haya que destruir los hadices. Debemos tomarlo como un elemento de nuestra historia pasada, pero no tratar de aplicarlo en nuestros días.
No puedes negar cierta evolución de la condición de las mujeres. ¡No estamos ya en tiempos del profeta!
Claro. Pero lo esencial no cambia. Un ejemplo: en Bangladés, antes de 1962, un hombre que quería divorciarse simplemente tenía que pronunciar tres veces la palabra “divorcio” para obtenerlo. Desde la reforma de la ley islámica, le basta con escribir una simple carta a la autoridad local, y el divorcio está declarado. ¿Dónde está la diferencia? Otro ejemplo: si un hombre quiere casarse por segunda vez, debe pedir el permiso a su primera esposa. En realidad, como ella sigue dependiendo económicamente de su marido, no tiene más opción que aceptar… Del mismo modo, apedrear a una mujer ya no es legal en Bangladés. Sin embargo, esto sucede a diario en los pueblos y las autoridades dejan hacer: los fundamentalistas simplemente responden que ellos no hacen más que seguir la ley de Alá. Para mí, estas reformas no tienen sentido. Quiero una revolución.
Todo depende del país. En el Magreb, por ejemplo, las mujeres jóvenes parecen más libres que sus madres.
En algunos países musulmanes, las mujeres puede que tengan más libertad sexual, pero no es gracias al islam. ¡Si tienen más libertad, es porque se la han tomado! Ninguna sociedad se la ha concedido. El hecho es que la mayoría de las mujeres musulmanas tienen miedo todavía y no pueden rechazar el sistema tan fácilmente.
¿Qué desearías decir a todas esas mujeres?
Me gustaría hacerles comprender que deben leer el Corán con un espíritu clarividente, para buscar en él algo de justicia. Si no la encuentran en el texto (y no la encontrarán), deberán dejar de seguir esas reglas y comenzar a luchar.
A cada uno le corresponde encontrar la manera de hacerlo. La mía es la escritura.
Simplemente quiero animarlas, decirles que, si queremos ser más civilizados, ya no podemos seguir esos libros que prescriben la desigualdad. Quiero hacerles tomar conciencia de que si ellas no emprenden su propia liberación, entonces sus hijas sufrirán también. Quizá las mujeres de hoy no lleguen a ver el advenimiento de una sociedad laica, pero es su deber prepararla para las generaciones futuras.
A aquellas que no luchan para poner fin a la opresión de este sistema patriarcal y religioso, les digo: ¡la culpa es vuestra! La culpa de no protestar, la culpa de consolidar semejante sistema. Es difícil, porque existe una especie de conspiración que mantiene a las mujeres dispersas y aisladas (en muchos países musulmanes ni siquiera tienen derecho a entrar en las mezquitas) y les resulta difícil reunirse… Pero, de ahora en adelante, las mujeres deben conquistar su independencia económica. Deben luchar para vivir con dignidad, como seres humanos.
Tenemos necesidad ya de una educación laica, tenemos necesidad de la Ilustración.

miércoles, 20 de marzo de 2019

Cavar y abonar para dar fruto

col rosario ramos
Lc 13, 1-9
Nos encontramos en el tercer tramo del tiempo de Cuaresma. Siempre se ha recibido este tiempo como un momento de conversión, de interiorización, de revisión de vida. Cada comunidad cristiana ha ido interpretando este significado a partir de las recomendaciones eclesiales y desde la realidad de cada una. Ahora bien, este texto de hoy puede ayudarnos a dar un paso más y adentrarnos en el significado de la CONVERSIÓNdesde lo que plantea Jesús. Sería interesante no quedarnos en los gestos propios y sí tocar fondo en lo que supone esta palabra tan nuclear en nuestro itinerario creyente. Ser creyente es un proceso personal y comunitario de experimentar la unidad con la Trascendencia, no a golpe de pecho sino a golpe crecimiento. Este parece ser el planteamiento que nos hace Jesús en esta narración recogida por Lucas.
El texto de hoy tiene dos partes con dos enseñanzas de Jesús tremendamente importantes. Por un lado, le plantean a Jesús el tema del pecado como el no cumplimiento de la ley judía. La respuesta de Jesús puede resultar confusa. Sin embargo, por coherencia con toda la posición de Jesús posterior, se puede entender que la conversión tiene mucho que ver con esa invitación a liberarse de la ley cerrada en contra del cumplimiento absurdo.
Jesús hace notar que “el pecado” no es una cuestión de grados, de juicio sobre quién peca más y las consecuencias de éste. Es más bien una cuestión de no tomarse en serio la conversión de corazón, de ser conscientes de lo que se hace, sin duda, pero también de decidir cambiar la posición ante la vida. Lo uno sin lo otro no parece que ayude a dejar fluir el verdadero sentido de la existencia. Existe el riesgo de quedarnos en sumar o restar actos puros o impuros y vivir convencidos de que lo que no son cuentas son cuentos. Quizá no sea este el paradigma que Jesús plantea sobre la conversión; no es un problema de malas obras sino de encontrar un espacio interior de conexión con nuestro origen divino y que toda nuestra vida gire en torno a ello. Tampoco quiere Jesús compensar estas salidas del camino con gestos puntuales que sólo nos engañan y tranquilizan nuestra conciencia.
Conversión tiene tres componentes léxicos que pueden ayudarnos a una interpretación más vital de la palabra: CON (junto, completamente) VERSUS (dado vuelta, girado) SIÓN (acción y efecto). Estos tres componentes nos hablan, sin duda, de un movimiento que conduce más a una transformación que puede llegar a dar la vuelta a nuestra vida que a un cambio de actitudes. Sería una búsqueda completa de nuestra VERSIÓNoriginal y dejar ya de vivir haciendo doblajes que nos alejan mucho de nuestra esencia y de nuestra verdad más honda. Por eso, la parábola con la que concluye el texto de este domingo nos plantea la aridez e infertilidad de la vida cuando nos dejamos llevar por la inercia de los acontecimientos, de las situaciones, por sentir la seguridad que nos da hacer lo de siempre, por no afrontar el miedo que supone entrar en nuestra realidad y “abonar y cavar” nuestra tierra personal para tocar las raíces donde está la verdadera esencia de nuestra savia vital.
Y esto que ocurre a nivel personal es también el drama de nuestras comunidades y de nuestra Iglesia; No existe mala voluntad sino poca voluntad para arriesgarse y buscar alternativas. Esta parábola es muy clara, si la higuera no da fruto no tiene sentido que siga ocupando un espacio que “otros” pueden ocupar. El planteamiento, quizá, sea ponernos de acuerdo en cómo cavar, qué abono echar y qué frutos esperamos obtener. Es importante cavar para sanear las raíces, nuestras raíces más hondas dónde está la fuerza de Dios vitalizando nuestra existencia; el abono, tal vez, sea conectar más con el mensaje de Jesús, con el Evangelio y amasarnos en el Dios de la Vida: los frutos, sin duda, tendrán más el color y el sabor de la visibilidad, de la osadía, de la libertad, de la denuncia de aquello que atenta contra la dignidad humana, de atrevernos a soltar lo de siempre y generar nuevas formas de vivir el Evangelio en el siglo XXI.
FELIZ DOMINGO

ESTAMOS AQUÍ PARA RECTIFICAR NUESTRA TRAYECTORIA

FRAY MARCOS
Lc 13,1-9
El mensaje de hoy es muy sencillo de formular, pero muy difícil de asimilar. Con demasiada frecuencia seguimos oyendo la fatídica expresión: ¡Castigo de Dios! El domingo pasado decíamos que no teníamos que esperar ningún premio de Dios. Hoy se nos aclara que no tenemos que temer ningún castigo. Premio y castigo son dos realidades correlativas, si se da una, se da la otra. Si Dios es el que manda la lluvia, la sequía es necesariamente un castigo. Es difícil superar la idea de “el Dios que premia a los buenos y castiga a los malos”. La dinámica en la que hemos metido a Dios, es un callejón sin salida, para Él y para nosotros.
La gran teofanía de Yahvé a Moisés, indica el principio de la liberación. Debemos tener mucho cuidado al leer estos textos. No son relatos históricos tal como entendemos hoy la historia. Hace referencia a acontecimientos del s. XIII a. de C. y se escribieron entre el VII y el IV. Los primeros relatos fueron orales. La última fijación de la Biblia se produjo en el siglo V a. de C. en tiempos de Esdras y Nehemías. Su único objetivo era afianzar la fe del pueblo.
Dios salva a su pueblo y en esa salvación, se reconoce como elegido por Dios. Fíjate bien: Dios responde a las quejas del pueblo. No es un Dios impasible, trascendente, que le importa muy poco la suerte de los seres humanos. Es un Dios que interviene en la historia a favor del pueblo oprimido. Así lo creían ellos, desde una visión mítica de la historia. Dios se sirve de los seres humanos para llevar a cabo la obra de salvación. Esto es muy importante a la hora de pensar la liberación. Somos nosotros los responsables de que la humanidad camine hacia una liberación o que siga hundiendo en la miseria a la mayoría de los seres humanos.
“Yo soy el que soy”. Estamos ante la intuición más sublime de toda la Biblia, y seguramente de todo el pensamiento religioso: Dios no tiene nombre, simplemente, ES. El nombre de Dios es una expresión verbal: “El que es y será”. En aquella cultura, conocer el nombre de alguien era dominarlo. La enseñanza es que Dios es inabarcable y nadie puede conocerle ni manipularle. Es una pena que hayamos intentado durante dos mil años, meterlo en conceptos y explicarlo. Todos sabemos que el discurso sobre Dios es siempre analógico, es decir: sencillamente inadecuado, y solo “sequndum quid” acertado. Pero a la hora de la verdad, lo olvidamos y defendemos esos conceptos como si fueran la realidad de Dios.
Partiendo de la experiencia de Israel, Pablo advierte a los cristianos de Corinto que no basta pertenecer a una comunidad para estar seguro. Nada podrá suplir la respuesta personal a las exigencias de tu ser. El ampararse en seguridades de grupo, puede ser una trampa. Esta recomendación de Pablo está muy de acuerdo con el evangelio. Pablo dice: “El que se cree seguro, ¡cuidado! no caiga.” Y Jesús dice por dos veces: “si no os convertís, todos pereceréis”. La vida humana es camino hacia la plenitud, que necesita de constantes rectificaciones. Si no corregimos el rumbo equivocado, nos precipitaremos al abismo.
El evangelio de hoy nos plantea el eterno problema: ¿Es el mal consecuencia del pecado? Así lo creían los judíos del tiempo de Jesús y así lo siguen creyendo la mayoría de los cristianos de hoy. Desde una visión mágica de Dios, se creía que todo lo que sucedía era fruto de su voluntad. Los males se consideraban castigos y los bienes premios. Incluso la lectura de Pablo que acabamos de leer se pude interpretar en esa dirección. Jesús se declara completamente en contra de esa manera de pensar. Lo expresa claramente el evangelio de hoy, pero lo encontramos en otros muchos pasajes; el más claro, el del ciego de nacimiento, en el evangelio de Jn, donde preguntan a Jesús, ¿Quién peco, éste o sus padres?
Debemos dejar de interpretar como actuación de Dios lo que no son más que fuerzas de la naturaleza o consecuencia de atropellos humanos. Ninguna desgracia que nos pueda alcanzar, debemos atribuirla a un castigo de Dios; de la misma manera que no podemos creer que somos buenos porque las cosas nos salen bien. El evangelio de hoy no puede estar más claro pero, como decíamos el domingo pasado, estamos incapacitados para oír lo que nos dice. Solo oímos lo que nos permiten escuchar nuestros prejuicios.
Insisto, debemos salir de esa idea de Dios Señor o patrón soberano que desde fuera nos vigila y exige su tributo. De nada sirve camuflarla con sutilezas. Por ejemplo: Dios, puede que no castigue aquí abajo, pero castiga en la otra vida... O, Dios nos castiga, pero es por amor y para salvarnos... O Dios castiga solo a los malos... O merecemos castigo, pero Cristo, con su muerte, nos libró de él. Pensar que Dios nos trata como tratamos nosotros al asno, que solo funciona a base de palo o zanahoria, es ridiculizar a Dios y al ser humano.
Claro que estamos constantemente en manos de Dios, pero su acción no tiene nada que ver con las causas segundas. La acción de Dios es de distinta naturaleza que la acción del hombre, por eso la acción de Dios, ni se suma ni se resta ni se interfiere con la acción de las causas físicas. Desde el Paleolítico, se ha creído que todos los acontecimientos eran queridos por un dios todopoderoso. Pero resulta que Dios, por estar haciéndolo todo en todo instante, no puede hacer nada en concreto. No puede empezar a hacer nada, porque una acción es enriquecimiento del ser que actúa, y si Dios pudiera ser más, antes no sería Dios. No puede dejar de hacer nada de lo que hace, porque perdería algo y dejaría de ser Dios.
Si no os convertís, todos pereceréis. La expresión no traduce adecuadamente el griego metanohte, que significa cambiar de mentalidad, ver la realidad desde otra perspectiva. Perecer no es desaparecer sino malograr la existencia. No dice Jesús que los que murieron no eran pecadores, sino que todos somos igualmente pecadores y tenemos que cambiar de rumbo. Sin una toma de conciencia de que el camino que llevamos termina en el abismo, nunca estaremos motivados para evitar el desastre. Si soy yo el que voy caminando hacia el abismo, solo yo puedo cambiar de rumbo. Cada uno es responsable de sus actos. No somos marionetas, sino personas autónomas que debemos apechugar con nuestra responsabilidad.
La parábola de la higuera es esclarecedora. La higuera era símbolo del pueblo de Israel. El número tres es símbolo de plenitud. Es como si dijera: Dios me da todo el tiempo del mundo y un año más. Pero el tiempo para dar fruto es limitado. Dios es don incondicional, pero no puede suplir lo que tengo que hacer yo. Soy único, irrepetible. Tengo una tarea asignada; si no la llevo a cabo, esa tarea se quedará sin realizar y la culpa será solo mía. No tiene que venir nadie a premiarme o castigarme. El cumplir la tarea y alcanzar mi plenitud, será el premio, no alcanzarla el castigo. La tarea del ser humano no es hacer cosas sino hacerse, es decir, tomar conciencia de su verdadero ser y vivir esa realidad a tope.
¿Qué significa dar fruto? ¿En qué consistiría la salvación para nosotros aquí y ahora? Tal vez sea esta la cuestión más importante que nos debemos plantear. No se trata de hacer o dejar de hacer esto o aquello para alcanzar la salvación. Se trata de alcanzar una liberación interior que me lleve a hacer esto o dejar de hacer lo otro porque me lo pide mi auténtico ser. La salvación no es alcanzar nada ni conseguir nada. Es tu verdadero ser, estar identificado con Dios. Descubrir y vivir esa realidad es tu verdadera salvación.
Meditación
No tienes que esperar nada de fuera.
Dios ya te lo ha dado todo, lo que falta lo tienes que hacer tú.
La tarea fundamental está dentro de ti mismo.
Es un proceso de iluminación, de toma de conciencia de lo que eres.
Convertirse es centrarse, bajar al centro.
La única meta que te puede saciar está dentro

TRES MANERAS DE MORIR Y UNA SOLA DE SALVARSE

col sicre

Domingo 3º de Cuaresma. Ciclo C.
El evangelio de hoy es exclusivo de Lucas, sin correspondencias en Mateo y Marcos. Y las tres breves partes en que podemos dividirlo se centran en el mismo tema, muy apropiado a la Cuaresma: la conversión.
Tres maneras de morir
1) Asesinado por Pilato; 2) Aplastado por una torre; 3) Negándonos a convertirnos.
Todo comienza con el aparente deseo de informar a Jesús, galileo, de lo que ha hecho el procurador romano a otros galileos: matarlos mientras ofrecían sacrificios en el templo[1]. Parece un informe imparcial, pero es una trampa muy astuta: nadie le pregunta qué piensa de este hecho; se limitan a contarle el caso. Si responde airadamente, se enemistará con las autoridades; si se calla la boca, se revelará como un mal galileo y un mal israelita.
Para quienes han venido a contarle el caso, todo se juega entre unos galileos muertos, Pilato y Jesús. Ellos se limitan a informar, como la prensa; el caso no les afecta personalmente. Y aquí es donde Jesús va a cazarlos en su propia trampa. Con una ironía muy sutil da por supuesto que sus informadores no le piden una declaración de tipo político (Pilato es un asesino, muerte a los romanos) sino de tipo religioso (esos galileos han muerto por ser pecadores). De hecho, la mayoría de los judíos de la época (y muchos cristianos actuales), consideran que una desgracia es consecuencia de un pecado.
Pero Jesús toma un rumbo completamente distinto. Los importantes no son los galileos muertos, Pilato y Jesús. Los importantes son ellos, los que preguntan, que no pueden considerarse al margen de los acontecimientos. Si piensan que esos galileos eran más pecadores que ellos, se equivocan. También se equivocaron quienes pensaron que los dieciocho aplastados por el derrumbe de la torre de Siloé eran más pecadores que los demás.
La muerte no solo la provocan políticos injustos y criminales (Pilato) o desgracias naturales evitables (la torre). Hay otra amenaza mucho más grave: la que tramamos contra nosotros mismos cuando nos negamos a convertirnos.
Dios pide higos a la higuera, no pide peras al olmo
La historia de los galileos y de la torre la ha utilizado Jesús para avisar seriamente, y por dos veces: “Si no os convertís, todos pereceréis”. Este tono tan amenazador recuerda al de Juan Bautista, cuando clama: «¡Raza de víboras! ¿Quién os ha enseñado a escapar de la condena que se avecina? (…) El hacha está ya aplicada a la cepa del árbol: árbol que no produzca frutos buenos será cortado y arrojado al fuego» (Lc 3,7-9). Quienes conciben a Jesús como un hippy de los años 80 del siglo pasado, repartiendo flores y besos, no han leído nunca el evangelio. Él no hay traído paz, sino espada.
Pero la invitación tan seria a convertirse, con la amenaza de perecer en caso contrario, no debe interpretarse de forma equivocada. Dios no va a caer sobre nosotros como una torre, ni va a mandar a sus ángeles con espadas desenvainadas. Mediante un breve parábola Lucas cuenta cómo nos va a tratar: como un agricultor sensato, realista y paciente.
Sensato, porque solo nos pide lo que podemos dar naturalmente, sin especial esfuerzo. De la higuera solo espera que dé higos, no plátanos ni melones. Lo que espera de nosotros es algo que cada uno debe pensar teniendo en cuenta sus circunstancias familiares y laborales, pero nunca esperará nada que exceda nuestra capacidad.
Realista, porque no se deja engañar. La higuera lleva tres años sin dar fruto. Con él no valen las excusas del mal estudiante que asegura haber trabajado mucho cuando no ha dado golpe en todo el curso. A nosotros podemos engañarnos diciendo que damos fruto; a Dios, no.
Paciente, porque ha esperado ya tres años, y todavía está dispuesto a conceder uno más.
Pero la parábola no habla solo del dueño de la viña. El gran protagonista es el viñador, el que intercede por la higuera y se compromete a cavarla y echarle estiércol. Ya que la higuera nos representa a cada uno de nosotros, el viñador tiene que ser Jesús. Se espera que la higuera produzca fruto no solo por ella misma sino también gracias a su acción.
En definitiva, la parabolita final matiza bastante la dureza de la primera parte del evangelio. Pero matizar no significa anular. Si nos empeñamos en no dar fruto, si no mejora nuestra relación con Dios y con el prójimo, por más que Jesús cave y trabaje, la higuera será cortada.
2ª lectura: Nosotros no somos distintos ni mejores (1 Cor 10,1-6.10-12)
En el evangelio, Jesús advierte a los presentes que no deben considerarse mejores que los asesinados por Pilato o muertos por el derrumbe de la torre. La segunda lectura nos recuerdan que nosotros no somos mejores que el pueblo de Israel. A pesar de tantos beneficios divinos (paso del Mar, maná, agua que brota de la roca), muchos israelitas no agradaron a Dios y terminaron pereciendo en el desierto. Esto debe servirnos de ejemplo y escarmiento. Nos puede ocurrir lo mismo si nos comportamos igual que ellos. Dicho con las palabras del evangelio. “Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.”
1ª lectura: Moisés (Ex 3,1-8.13-15)
Tras recordar a Abrahán el domingo pasado, hoy se cuenta la vocación de Moisés. La lectura del Éxodo nos habla de la preocupación de Dios por su pueblo esclavizado en Egipto. La vocación de Moisés será el primer acto de su liberación. Por eso, el estribillo del Salmo repite: “El Señor es compasivo y misericordioso”.

José Luis Sicre

[1] Flavio Josefo no informa de este hecho, aunque sí de una matanza ordenada para reprimir una revuelta contra el uso del tesoro del templo para construir un acueducto (Guerra de los Judíos, libro II, 175-177). Tampoco tenemos información sobre el derrumbe de la torre de Siloé.

Como una higuera

comentario editorial
“El hacha del leñador le pidió al árbol el mango, y el árbol se lo dio”. (Rabindranath Tagore)
Lc 13, 1-9Un hombre tenía plantada una higuera en su huerto. Fue a buscar fruto en ella y no lo encontró (v6)
Jesús, hombre de campo y amante de la naturaleza, como demuestran las constantes menciones que hace de elementos de los mismos -la higuera estéril (Mc. 11, 13), la viña (Mt. 21, 33), el trigo y la cizaña (Mt. 13, 26), etc.-, contó parábolas porque, como dice Cantar de los Cantares Rabbah, sirven de llave para abrir los misterios que afrontamos, y nos ayudan a hacernos las preguntas correctas: cómo vivir en comunidad, cómo determinar lo que en última instancia importa, cómo vivir la vida que Dios quiere que vivamos. Las parábolas son el modo como enseñaba Jesús y son recordadas hasta el presente no sólo porque están en el canon cristiano, sino porque siguen provocando, desafiando e inspirando (Amy-Jill Levine, Relatos cortos de Jesús. Las parábolas enigmáticas de un rabino polémico).
Actualmente son numerosos los biblistas que consideran que las parábolas de Jesús no tratan, o no solamente, de la salvación, sino también de cuestiones prácticas como por ejemplo cómo nos comportamos con el prójimo, cómo nos comprometemos en las relaciones laborales, o abordamos los asuntos económicos o políticos.
corta arb
En la parábola de la higuera estéril el evangelista, que pone esta enseñanza en labios de Jesús de Nazaret, ubica la misma en un pasaje en el cual se realiza una llamada a la conversión y al arrepentimiento, y con ella estimula a los oyentes a rectificar sus conductas“Un hombre tenía plantada una higuera en su huerto. Fue a buscar fruto en ella y no lo encontró”.
En la de la viña, John Wesley “afirmaba que el “objetivo fundamental” de la parábola era mostrar que muchos judíos serían rechazados y muchos paganos admitidos”.
Y, finalmente, la del trigo y la cizaña, ha sido mencionada como ejemplo de la tolerancia que hay que tener sobre todo a personas con una religión distinta a la propia.
En su Carta al obispo Roger de Chalons, el obispo Wazo se basó en dicha parábola para argumentar que “la iglesia debe dejar que la disidencia crezca con la ortodoxia hasta que venga el Señor para separarlos y juzgarlos”.
El creyente ha de vivir, según manifiesta Jesús, en actitud de producir buenos frutos, es decir, buenas obras: hacer el bien, practicar la justicia, mantener unas buenas relaciones consigo mismo, con los demás y con el mundo entero: animal, vegetal y mineral. ¿No somos todos hijos de la misma Madre Naturaleza, y en consecuencia hermanos?
Una fraternidad tan sentida por todos los seres del Universo, que hasta los inanimados responden con generosidad a ella, como testimonian estas palabras de Rabindranath Tagore: “El hacha del leñador le pidió al árbol el mango, y el árbol se lo dio”.
Teilhard de Chardín, dijo:
EN BUSCA DE DIOS
 “¡Te necesito, Señor!, 
porque sin Ti mi vida se seca. 
Quiero encontrarte en la oración, 
En tu presencia inconfundible, 
durante esos momentos en los que el silencio 
se sitúa de frente a mí, ante Ti. 
¡Quiero buscarte! 
Quiero encontrarte dando vida a l8aturaleza que Tú has creado; 
en la transparencia del horizonte lejano desde un cerro, 
y en la profundidad de un bosque 
que protege con sus hojas los latidos escondidos 
de todos sus inquilinos. 
¡Necesito sentirte alrededor! 
Quiero encontrarte en tus sacramentos, 
En el reencuentro con tu perdón, 
en la escucha de tu palabra, 
en el misterio de tu cotidiana entrega radical. 
¡Necesito sentirte dentro! 
Quiero encontrarte en el rostro de los hombres y mujeres, 
en la convivencia con mis hermanos; 
en la necesidad del pobre 
y en el amor de mis amigos; 
en la sonrisa de un niño 
y en el ruido de la muchedumbre. 
¡Tengo que verte! 
Quiero encontrarte en la pobreza de mi ser, 
en las capacidades que me has dado, 
en los deseos y sentimientos que fluyen en mí, 
en mi trabajo y mi descanso 
y, un día, en la debilidad de mi vida, 
 cuando me acerque a las puertas del encuentro cara a cara contigo”.

San Romero de América

José Arregui
Óscar Romero
El domingo 24 de marzo celebramos, por primera vez de manera canónica y oficial, la festividad de “San Romero de América, Pastor y Mártir” (Pedro Casaldáliga), canonizado el pasado 14 de octubre. Pero ¡a qué vienen aquí cánones y canonizaciones, tan costosas y arbitrarias estas, tan arbitrarias como el reconocimiento de los dos “milagros” requeridos como condición! Su vida fue el milagro, su muerte se volvió pascua, y el pueblo salvadoreño lo canonizó como canon o modelo para su camino de cruz y de esperanza.

Óscar Romero, obispo profeta y mártir, se entrañó con su pueblo. Cuando digo “pueblo”, digo la multitud, la mayoría condenada a la miseria por el poder y el lucro de unos pocos. Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de su pueblo fueron sus gozos y esperanzas, sus tristezas y angustias. La cruz de su pueblo fue su cruz. La pascua de su pueblo, la suya. Es un modelo, afable y firme, de la mística del pueblo, de la espiritualidad de las Bienaventuranzas. Pero no siempre lo fue. Tuvo que convertirse al Espíritu de Jesús, el Espíritu de Medellín y de las comunidades eclesiales de base.
Era hijo del pueblo humilde, sometido a las fuerzas armadas y/o a la oligarquía terrateniente –14 familias dueñas de casi todas las tierras y riquezas– respaldadas siempre por el capital y las armas de los Estados Unidos del Norte. Hijo de un pueblo hambriento de pan y libertad, que se debatía entre la desesperación resignada y la violencia armada, igualmente desesperada, contra la violencia primera, la violencia institucionalizada del poder y del dinero, la más asesina. Era, también hay que decirlo, hijo sumiso de una institución eclesiástica alienada, alienante, dedicada a sus rezos y mandamientos, aliada de los grandes, olvidada de las Bienaventuranzas revolucionarias del profeta galileo.
Fue un sacerdote, un párroco, un obispo bueno: austero, caritativo y piadoso. Ayudaba a los pobres y los acompañaba cuanto podía. Pero aún ignoraba las causas del hambre y del conflicto armado que asolaban el país. “A los pobres les aliviaba sus problemas y a los ricos su conciencia” (José Manuel Mira). Dios había hecho pobres a los pobres para ganar el cielo con su pobreza, y ricos a los ricos para ganar el mismo cielo con sus limosnas. Cada uno en su sitio. Eso era la paz.
Es lo que le habían enseñado, y es lo que él enseñó y practicó durante años, a pesar de la “opción preferencial por los pobres” proclamada por los obispos latinoamericanos en Medellín en 1968, a pesar de las numerosas comunidades eclesiales de base y de los muchos sacerdotes, de los jesuitas Rutilio Grande, Ignacio Ellacuría, Jon Sobrino y de tantos otros religiosos en los que había prendido el fuego de Jesús, el Espíritu y la teología de la liberación.
Los hechos y la vida, sin embargo, le fueron enseñando otra cosa, y él se dejó enseñar. Se fue convirtiendo a la verdad de la realidad, a los dolores y sueños del pueblo. El 12 de marzo de 1977 los escuadrones de la muerte mataron a su amigo jesuita Rutilio Grande junto con dos laicos: Manuel, de 72 años, y Nelson Rutilio, de 16. En cuanto lo supo, Monseñor Romero, ya arzobispo de San Salvador, acudió al templo donde descansaban los tres cuerpos acribillados. Permaneció un largo rato contemplando, ésta es la palabra, en el cadáver de Rutilio a Dios o la Realidad en el pueblo crucificado. Se le cayeron las vendas, se le abrieron los ojos del todo y todo lo vio de otra forma, como Ignacio de Loyola junto al río Cardener en Manresa: Todas las cosas le parecieron nuevas. Como Jesús junto al lago Genesaret de Galilea: Al desembarcar, vio un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas (Marcos 6,34), cosas de vida o muerte. Dadles vosotros de comer, dijo Jesús a sus discípulos, que a gusto se hubieran quedado en la barca con Jesús. Pero Jesús no se quedó.
En el cuerpo de Rutilio veía Monseñor Romero la injusticia flagrante, del fondo de sus heridas le llegaba el grito de los pobres. Tocaba tierra en la otra orilla. Por fin, rompiendo su largo silencio, solo dijo: Si lo mataron por hacer lo que hacía, me toca a mí andar por su mismo camino. Todo se revelaba.
Desembarcó. Optó. Vio, juzgó y actuó. Denunció sin cesar los abusos del poder. Condenó la violencia de los pobres, la guerrilla de los desesperados, pero sobre todo la guerra de los poderosos y la causa principal de toda violencia: la injusticia, la desigualdad, el hambre. Por comprensible que fuera la opción armada frente a las armas del poder, ¿era la opción más humana? Nuestra especie lleva trescientos mil años, desde su origen, empeñada en vano en lograr la justicia y la paz a través del poder violento en sus infinitas formas: individuos contra individuos, tribus contra tribus, pueblos contra pueblos, imperios contra imperios. Empresas contra empresas, iglesias contra iglesias, religiones contra religiones, el hombre contra la mujer, todos contra todos. La ley del más fuerte. Pero ¿la fuerza violenta es acaso la más poderosa? ¿La violencia del corazón y de las armas puede ser camino de esperanza?
San Romero anunció una esperanza rebelde y no violenta. Lo dijo Jesús: Bienaventurados los pobres porque dejaréis de serlo. Bienaventurados los pacíficos, porque poseeréis la tierra. Una esperanza pacífica y activa, fundada en la confianza en Dios o en la Bondad Creadora, en el pueblo, en el ser humano, en sí mismo. Una confianza capaz de trasladar montañas. Una esperanza valiente y arriesgada. La esperanza de Jesús, la esperanza de los profetas, la esperanza más profunda del pueblo salvadoreño.

El profeta Romero tuvo que pagar, eso sí, el precio de la esperanza profética, como Gandhi y Luther King, como Rutilio Manuel y Nelson, como luego Ignacio Ellacuría junto con otros cinco jesuitas, y Elba y Celina con ellos. Al igual que Jesús, él también lo presentía, pero no lo temía, estaba dispuesto a todo. El 24 de marzo de 1980 fue asesinado por un francotirador a las órdenes de un alto militar, mientras celebraba la eucaristía en un hospital. Dos semanas antes había declarado: Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño. Se lo digo sin ninguna jactancia, con la más grande humildad. Y de antemano perdonó a su asesino. Con el último aliento resucitó del todo.
Nosotros todavía no. Nuestro pobre mundo y nuestra pobre Iglesia y todas las religiones viven una gran crisis espiritual: crisis de respiro, de comunión planetaria de todos los pueblos, de fraternidad-sororidad de todos los vivientes. Necesitamos testigos como Óscar Romero. Testigos creyentes o laicos del Aliento Vital, del Espíritu subversivo y consolador. San Romero de América, camina con nosotros.

Carta a toda la juventud del 15M. José I. González Faus, a los jóvenes: “No salvaréis la tierra si no conseguís cambiar el sistema económico”


González Faus
Felicitación y aplauso de un pobre viejo octogenario, aunque quizás debería comenzar pidiéndoos perdón por el planeta que os dejamos
“El sistema solo produce a condición de no repartir, solo sabe crear ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres”
“No hay que ser pacientes hasta que todos sean ricos, sino impacientes para que se acaben pronto los ricos”
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