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miércoles, 9 de septiembre de 2026

Tres palabras para habitar el futuro

 


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Al leer Magnifica Humanitas, tres palabras resonaron profundamente: verdad, trabajo y libertad. Tres realidades humanas que la llegada de la IA nos obliga a repensar qué humanidad queremos construir.

Cuando empecé a leer Magnifica Humanitas, la encíclica de León XIV, lo hice pensando que iba a encontrar, sobre todo, una reflexión sobre la inteligencia artificial.

Y sí, la inteligencia artificial está muy presente.

Pero, a medida que avanzaba en la lectura, tuve la sensación de que la IA era casi una puerta de entrada a algo mucho más grande.

Porque detrás de algoritmos, datos, plataformas y máquinas aparecen preguntas que no son nuevas y que, en realidad, nos afectan a todos: ¿qué entendemos por verdad?, ¿qué lugar ocupa el trabajo en nuestra vida?, ¿y qué significa ser realmente libres?

Hay tres palabras que se me quedaron especialmente grabadas: verdad, trabajo y libertad.

Tres palabras sencillas. De esas que utilizamos todos los días y que creemos conocer bien. Pero que, leídas desde Magnifica Humanitas, adquieren una profundidad nueva.

Y quizá ahí está, para mí, una de las cosas más interesantes de esta encíclica: que cuando el Papa habla de inteligencia artificial, no está hablando solamente de tecnología. Está hablando de nosotros.

VerdadLa verdad no es algo que poseemos: la buscamos juntos.

En los números 132-136, Magnifica Humanitas llama la atención sobre un problema que la inteligencia artificial hace todavía más evidente: la facilidad con la que podemos confundir lo verdadero con lo que simplemente parece verdadero.

Vivimos rodeados de información. Nunca habíamos tenido tanto acceso a noticias, imágenes, opiniones, vídeos o conocimientos. Y ahora tenemos además herramientas capaces de producir textos, imágenes, voces o vídeos que pueden parecer completamente reales.

La pregunta entonces ya no es solamente cuánto sabemos, sino cómo sabemos que lo que sabemos es verdad.

La encíclica recuerda que la verdad tiene una dimensión relacional. Necesita contraste, diálogo, confianza y responsabilidad. No basta con encontrar una respuesta: también tenemos que preguntarnos de dónde viene, si podemos verificarla y qué responsabilidad tenemos al transmitirla.

Una inteligencia artificial puede darnos una respuesta perfectamente redactada y decirla con una seguridad absoluta. Pero eso no significa que sea verdadera.

Y aquí aparece algo que ninguna máquina puede hacer por nosotros: juzgar, contrastar, dialogar y asumir la responsabilidad de aquello que creemos y transmitimos.

Me parece una llamada de atención importante en un momento en el que podemos acostumbrarnos demasiado fácilmente a preguntar a una máquina y aceptar su respuesta.

Quizá la tecnología pueda ayudarnos a encontrar la verdad.

Pero la búsqueda de la verdad sigue siendo una tarea humana.

TrabajoEl trabajo no es solo producir: también es dignidad, realización y aportación.

En los números 148-156, la encíclica presenta el trabajo como una dimensión esencial de la persona. No es solamente aquello por lo que cobramos a final de mes. También es experiencia, conocimiento, creatividad, responsabilidad y una manera de aportar algo a la sociedad.

Aquí aparece una expresión que me llamó especialmente la atención: "desespecializar" al trabajador.

Podemos seguir siendo especialistas en nuestro oficio y, sin embargo, acabar trabajando cada vez más al ritmo que marca una máquina, siguiendo instrucciones de un sistema y utilizando cada vez menos nuestro propio criterio.

Y entonces aparece una pregunta que me parece muy sencilla:

¿Quién manda a quién?

La tecnología debería ayudarnos a hacer mejor nuestro trabajo, no convertirnos en piezas que tienen que adaptarse permanentemente a ella.

Pero aquí también hay una oportunidad.

Si la inteligencia artificial puede hacerse cargo de tareas repetitivas, pesadas o mecánicas, quizá pueda devolvernos algo que hoy vale muchísimo: tiempo.

La cuestión será qué hacemos con ese tiempo.

¿Trabajaremos todavía más?

¿O podremos dedicar algo más a conversar, cuidar, aprender, crear, descansar, estar con otros?

Quizá también tengamos que aprender a medir el progreso no solamente por cuánto conseguimos producir, sino por cuánta vida humana somos capaces de recuperar.

LibertadSer libres no es solo poder elegir: también es poder detenernos y decidir.

En los números 170-171, Magnifica Humanitas habla de la "economía de la atención" y de la capacidad de los sistemas digitales para conocer nuestros hábitos, preferencias y vulnerabilidades, con el riesgo de llegar a predecir y orientar nuestros comportamientos.

Nos gusta creer que somos libres porque podemos elegir.

Pero ¿qué ocurre cuando otros conocen tan bien nuestros hábitos que pueden utilizar ese conocimiento para conseguir nuestra atención, nuestro tiempo o nuestro dinero?

Todos conocemos esa experiencia de coger el teléfono para mirar una cosa y descubrir, media hora después, que seguimos allí.

La pregunta es sencilla:

¿He elegido yo realmente estar aquí durante media hora?

La inteligencia artificial puede hacer que estos sistemas sean todavía más eficaces a la hora de conocernos, anticipar nuestros comportamientos y orientar nuestras decisiones.

Por eso la libertad no consiste solamente en poder elegir entre A o B.

También significa poder parar.

Poder cerrar el teléfono.

Poder no comprar.

Poder no reaccionar inmediatamente.

Poder preguntarnos antes de hacer clic: "¿Realmente quiero esto o me han hecho desearlo?"

Y esa capacidad de detenernos, de pensar y de decidir conscientemente me parece una de las formas más importantes de libertad que tendremos que cuidar.

Tres palabras para una misma pregunta

Al terminar Magnifica Humanitas, me quedé pensando que quizá verdad, trabajo y libertad no son tres temas separados.

Los tres hablan, en el fondo, de lo mismo: de qué lugar queremos que ocupe la persona en un mundo en el que la tecnología va a tener cada vez más capacidad para hacer, decidir, predecir y transformar.

Verdad, para no delegar nuestro criterio.

Trabajo, para no olvidar que nuestra dignidad vale mucho más que nuestra productividad.

Libertad, para recordar que nuestro tiempo, nuestra atención y nuestras decisiones no deberían convertirse en mercancía.

Por eso, aunque muchas veces hablemos de Magnifica Humanitas como "la encíclica sobre la inteligencia artificial", yo me quedo con una impresión diferente.

Quizá sea, sobre todo, una encíclica que nos pregunta qué queremos hacer con nuestra humanidad cuando tenemos a nuestra disposición una inteligencia cada vez más poderosa.

La inteligencia artificial va a cambiar muchas cosas. Algunas serán extraordinariamente buenas. Otras nos obligarán a estar atentos.

Pero quizá la pregunta más importante no sea qué hará la inteligencia artificial con nosotros.

Quizá sea otra:

¿Qué queremos hacer nosotros con ella?

Porque una máquina puede aprender muchísimo sobre el ser humano.

Lo que sigue estando en nuestras manos es decidir qué humanidad queremos construir.

María Eugenia Massariol

Referencias a Magnifica Humanitas: Las reflexiones sobre la verdad parten especialmente de los números 132-136; las relativas al trabajo, de los números 148-156; y las referidas a la libertad y la economía de la atención, de los números 170-171. León XIV, Magnifica Humanitas, 15 de mayo de 2026.

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