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miércoles, 9 de septiembre de 2026

El mundo de la justicia y el mundo del amor

 


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Mt 18, 21-35

«Hasta setenta veces siete»

Los ciudadanos normales soñamos con un mundo en el que reine la justicia, pero Jesús fue muncho más lejos y nos invitó a trabajar por un mundo en el que reine el amor. Como le dijo a Pedro «Tú piensas como los hombres y no piensas como Dios». Una de las parábolas en las que se muestra esta propuesta de manera inequívoca es la de los viñadores de la última hora, en la que vemos que quienes apenas habían trabajado recibieron lo mismo que los que lo habían hecho a lo largo de todo el día. Y desde nuestra mentalidad, los viñadores de la primera hora que protestaron tenían razón; na hay derecho a semejante injusticia, a semejante agravio comparativo, pero gracias a la actitud del dueño aquellos últimos viñadores pudieron dar ese día algo de cenar a su familia…

El Estado Civil en el que vivimos basa la convivencia en las leyes. Quien se salta la ley es perseguido y en su caso juzgado y condenado. Y eso está muy bien, y es necesario, pero refleja una sociedad todavía inmadura a la que le falta mucho trecho por recorrer. Porque la ley deja a la persona a sus fuerzas, le pone preceptos que debe cumplir, le amenaza, le castiga, pero no le cambia el corazón y el mal prevalece. En el Reino con el que soñó Jesús se siembran unos valores que cambian a la persona por dentro y ya no es necesario mandarle nada.

Y esto no significa que se pueda prescindir de las leyes, sino que el énfasis debe ponerse en el arraigo de esos valores que fomenten la convivencia –por ejemplo, el perdón– y no en la promulgación leyes y más leyes. Y es que la convivencia se puede imponer (o tratar de imponer) y se puede sembrar. Si se siembra tarda un tiempo en dar fruto, pero cuando lo da, da el ciento por uno… Y éste es el estilo de Jesús, el estilo del Reino, que lo fía todo al poder de la semilla o la acción de la levadura.

En Jesús hemos visto que el modo humano de vivir es perdonando, no llevando la cuenta de las ofensas recibidas, dejando siempre lugar a la concordia, no exigiendo a nadie la perfección… Es decir, hemos visto que el perdón es uno de los puntos clave de la buena Noticia y que es, además, un excelente test para medir la sinceridad de nuestra fe. El episodio de la mujer adúltera que iba a ser lapidada por los santos de Israel es una buena muestra del talante de Jesús; por encima de la ley el amor, pero quizá la mejor de ellas sea la del propio Jesús perdonando en la cruz a quienes le están crucificando.

Los cristianos anhelamos una sociedad basada en el perdón, pero no estamos en ella y a lo máximo que podemos aspirar por el momento es a que prevalezca la justicia. Sin embargo, quien sigue a Jesús no se conforma, y se ve llamado a trabajar para propiciar otro tipo de convivencia; para hacer posible el perdón; para que la cultura del perdón y la concordia acabe por empapar el mundo: «Que los hombres vean en vuestras buenas obras el amor del Padre»

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

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