No pelearemos por plantar banderas, sino para despejar la tierra de ellas, para que las jóvenes sin protección la tengan, para que no deban dormir con un ojo abierto.
Es cierto, al abrir la puerta de mi casa no me encuentro con inmigrantes saharianos y subsaharianos. Cuando despliego mi sombrilla en la playa, no me alcanza el ruido de chamizos y chabolas en los que se refugian otros hermanos de piel más morena. Cuando me aqueja una dolencia, no tengo que hacer larga cola si deseo que me atienda mi médica comarcal… "Es muy fácil hablar, defender a los inmigrantes desde la distancia…", se nos dice en las redes.
Indudablemente tienen su parte de razón. ¿Tendremos en ese caso que callar…? Seguramente sí, sin embargo, nosotros no queríamos ser ni "gauche", ni "divine" que se entretiene ponderando sobre la inmigración desde la terraza climatizada. Queremos que Ceuta no sea ariete interesado, queremos luz, moderación y verdad sobre la complejísima crisis, queremos compromiso. Primero, el nuestro.
Ceuta y su desafío demandan diferentes atalayas y lecturas, pero desde ninguna nos podremos sustraer al enfoque solidario inherente a la condición humana. Ceuta es un ejemplo más de lo acuciante que se presenta hoy el reto global del compartir, de la necesidad que nos asalta de empezar a asumirlo.
Estamos muchos miles de millones de almas sobre el planeta y es llegado el momento de renunciar a bastantes de nuestros pretéritos privilegios. El pulso entre el espíritu del cooperar y compartir o de mantener el privilegio se dirime tanto en la esfera política, como en la cotidiana. En la esfera política se hace evidente con el ascenso fulgurante de la extrema derecha por doquier, en la esfera cotidiana por ejemplo con el empuje del flujo migratorio que está alcanzando una fuerza sin precedentes.
Es cierto que como nación no podemos atender a todo ese flujo, no tenemos capacidad de acogida para todos los que desean entrar en nuestra geografía, pero sí manifestar cuanto menos cierta empatía y generosidad en la medida que podamos. Hay quinientas mujeres en situación de vulnerabilidad que debían haber pasado ya el estrecho y disfrutar en España de una digna acogida. ¿Por qué no están aún con nosotros…? El deseo de que "todo continúe como antes" era uno de los anhelos de los manifestantes "pro Ceuta" del día pasado en las ciudades españolas. Sin embargo, ya nada volverá a ser como antes, por más que nos empeñemos.
Es preciso readaptarnos al presente y con unos reflejos solidarios, no proteccionistas, nacionalistas. Ghandi nos habla con más actualidad que nunca: "Vive sencillamente para que otros puedan sencillamente vivir." Ceuta nos invita a abandonar el consumo y el derroche de otrora para que podamos cada vez atender a más demanda solidaria que nos alcanza desde el Sur.
No tanto quién enarbola más alto la enseña patria, sino quién raya más arriba en compromiso con los últimos. No tanto si ese terreno es tuyo o mío, sino qué podemos hacer juntos ante la necesidad que dentro de él se ha manifestado con urgencia. No tanto si Ceuta es española, marroquí o japonesa, sino cómo haremos para atender a este desafío solidario de envergadura. No tanto la titularidad del territorio, sino la vulnerabilidad de quienes ya son entre nosotros. Sin voluntad alguna de abrir ninguna caja de truenos, es preciso observar que Ceuta no deja de ser un enclave que está inserto en pleno continente africano y no nos debieran extrañar las reivindicaciones de Marruecos sobre la plaza.
No pelearemos, por lo tanto, por plantar banderas, sino más bien para despejar la tierra de ellas, para que las jóvenes sin protección la tengan, para que no deban dormir con un ojo abierto, para que el duro asfalto con cartón deje de ser su único colchón. Sí, "Ceuta somos todos", pero no todos vamos descalzos. Solidaridad, si las posibilidades nos alcanzan, con quien llega a nado, con quien avanza por el muelle sin futuro, ni zapatos.
No negamos el origen geopolítico de la crisis. Apuntamos a la necesidad de abordarla desde una actitud más solidaria que nacionalista. ¿"Gobierno traidor"? ¿A qué? ¿A quién, si nuestra esencia humana es ayudar, compartir, entregar? ¿Quién está traicionando a quién, bien envuelto en la rojigualda…? Ceuta nos invite más a apurar al máximo la acogida, que a pintar rojo y amarillo por doquier. Ceuta no puede ser la enésima excusa de las fuerzas de la reacción para tumbar a Sánchez. No corremos a salvar el actual gobierno, por más que no veamos ningún repuesto que nos satisfaga, corremos a salvar lo que nos queda del espíritu solidario español que nunca debimos enterrar, ni siquiera a las puertas del desierto.
Koldo Aldai
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