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ATALAYA ENERO 2025

miércoles, 10 de septiembre de 2025

CUATRO ACTITUDES ANTE LOS PECADORES Domingo 24 Ciclo C

 fe adulta

Por una extraña coincidencia, las tres lecturas de este domingo hablan del perdón a los pecadores y de la alegría que Dios experimenta ante su conversión.

Moisés: intercesión

Según el libro del Éxodo, Moisés pasó cuarenta días en la cumbre del monte Sinaí hablando con Dios. Demasiado tiempo para el pueblo, que termina pensando que ha muerto. En busca de algo que le ofrezca garantía y seguridad, convence al sacerdote Aarón para que fabrique un becerro de oro. En el Antiguo Oriente, el toro era un símbolo muy adecuado para representar la fuerza y vitalidad de un dios, y por eso los israelitas proclaman: «Este es tu dios, Israel, el que te sacó de Egipto».

Sin embargo, construir imágenes de Dios es una forma de intentar manipularlo. A la imagen se la puede premiar o castigar; se la puede ungir con perfumes y ofrecer regalos si Dios me concede lo que quiero, o se la puede privar de todo si no me lo concede. Además, la imagen destruye el misterio de Dios reduciéndolo a un objeto visible.

¿Cómo reaccionará el Señor ante este pecado? El relato no carece de cierto humor. Dios se muestra indignado, pero no actúa. Al contrario, provoca a Moisés para que interceda por el pueblo. Como un padre que, indignado con su hijo, le dice a su esposa que piensa castigarlo para que ella interceda y le anime a perdonar.

Las palabras que dirige a Moisés: «se ha pervertido tu pueblo, el que  sacaste de Egipto» recuerdan a las que tantas veces dice un marido a su mujer: «tu hijo…», como si no fuera también suyo. Como si Israel no fuera el pueblo de Dios y no hubiera sido él quien lo sacó de Egipto. El tono humorístico, dentro de la tragedia, alcanza su punto culminante cuando Dios le pide permiso a Moisés para terminar con el pueblo: «Déjame, mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo».

Pero Moisés no se deja tentar por la promesa de ese nuevo gran pueblo. “El que ahora guío ˗le responde a Dios˗ aunque sea pervertido y de dura cerviz, es tu pueblo, el que  sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta. No me eches a mí la culpa y acuérdate de lo que prometiste a Abrahán, Isaac y Jacob”. Bastan estas pocas palabras para que el Señor se arrepienta de la amenaza.

Dos grandes enseñanzas en este breve relato: 1) lo fácil que es convencer a Dios para que perdone; 2) el responsable de la comunidad nunca debe rechazarla por más pervertida que pueda parecer; su postura debe ser la de Moisés, recordando lo bueno que hay en ella y defendiéndola.

Los seglares piadosos y los teólogos: rechazo y crítica

La lección de Moisés, intercediendo por los pecadores, no la han aprendido los teólogos de la época (los escribas) ni los seglares piadosos (fariseos). Son partidarios de una separación radical de buenos y malos que excluya cualquier contacto entre ellos. Y, dentro de los malos, los peores son los publicanos, explotadores al servicio de Roma, y los pecadores, gente que no va a la sinagoga el sábado, no ayuna, no reza tres veces al día, no paga el tributo al templo ni los diezmos, no observa las leyes de pureza, etc.

Pero lo interesante es que escribas y fariseos no se indignan con los pecadores sino con Jesús, porque los acoge y come con ellos.

Jesús: acogida

A la murmuración y la crítica de sus adversarios Jesús no responde con un ataque durísimo a su hipocresía sino contando tres parábolas (la oveja perdida, la moneda perdida, el padre con dos hijos), que insisten las tres en la alegría de Dios por la conversión de un solo pecador. La liturgia permite una lectura breve, limitándose a las de la oveja y la moneda.

A pesar de las diferencias, las dos parábolas tienen una estructura y mensaje parecidos. Al protagonista masculino de la primera se añade el femenino de la segunda. Los dos pierden algo (una oveja, una moneda) y realizan un gran esfuerzo para encontrarla. Cuando lo consiguen, convocan a amigos/amigas y vecinos/vecinas para que les den la enhorabuena. Conclusión: la misma alegría habrá en el cielo o entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.

Lo que une a las parábolas con la moraleja es el tema de la alegría. La alegría del pastor, de la mujer, de los amigos y vecinos, amigas y vecinas, asemeja a la que hay en el cielo o entre los ángeles de Dios. Oveja, moneda y pecador se parecen por haberse perdido y ser encontrados.

Pero ese éxito requiere mucho esfuerzo, amor e interés. Entonces, el punto de vista se desplaza de la oveja y la dracma al hombre y la mujer, que, con su actitud, justifican que Jesús busque a publicanos y pecadores y coma con ellos para que se conviertan. Lo que no está justificado es la murmuración de los escribas y fariseos, que contrasta con la alegría del cielo.

Dios: compasión

Los textos anteriores enseñan a través de relatos (Éxodo) y parábolas (evangelio), la segunda lectura cuenta la experiencia personal de Pablo. Él, fariseo de pura cepa, termina descubriéndose como «un blasfemo, un perseguidor y un violento». Ha maldecido a Jesús, ha metido en la cárcel a los cristianos, ha querido exterminarlos. «Pero Dios tuvo compasión de mí… Dios derrochó su gracia en mí… Jesús se compadeció de mí». La experiencia de Pablo, en mayor o menor grado, es la de cualquiera de nosotros. Y nuestra reacción debe ser también la suya de servicio y alabanza a Dios.

¿CUMPLIDORES, SEGUIDORES, BUSCADORES O RECONOCEDORES? Domingo XXIV del TO 14 de septiembre Lc 15, 1-32

 fe adulta


El hermano mayor de esta parábola es el prototipo del “cumplidor”. No ha desobedecido ni una sola de las normas de su padre, pero su corazón sigue tan endurecido como el primer día. Por eso estalla de resentimiento cuando cree que no ha recibido el reconocimiento que su comportamiento exigente habría merecido. El cumplidor -que se halla en diferentes grupos, religiosos o no- termina con facilidad en el resentimiento y la amargura, resultando una figura trágica: su exigencia perfeccionista no le ha hecho mejor persona; simplemente, ha engordado y envenenado su ego.

Con frecuencia, la religión cristiana ha promovido personas cumplidoras, por más que, según el evangelio, los “cumplidores” fariseos -imagen también prototípica de la observancia religiosa- fueron objeto de las mayores denuncias por parte de Jesús.

Además de cumplidores, el cristianismo -como toda religión teísta- ha promovido “seguidores”. No es extraño que se les llame “fieles”, y que se insista en la primacía de las creencias como el valor supremo. El problema es que, en la práctica, no se potenciaba que fueran fieles a sí mismos, sino a la autoridad religiosa. Con lo cual, la supuesta fidelidad se transformaba en sometimiento.

Las personas más libres no se conforman con ser seguidoras. Se consideran a sí mismas como buscadoras. A fin de cuentas, vienen a decir, los seguidores se mantienen aferrados a creencias, que no dejan de ser respuestas heredadas y, en ese sentido, verdades prestadas y, en definitiva, conocimientos de segunda mano.

Pero los buscadores no han estado bien vistos en Occidente. Se los tachaba, despectivamente, de “librepensadores” y despertaban recelos entre los fieles y, particularmente, para la autoridad religiosa. Sin embargo, todos los sabios han sido buscadores. Lo cual resulta lógico: cuando alguien tiene un anhelo espiritual genuino, es muy difícil aceptar la prisión de la religión.

Con todo, los buscadores se hallan constantemente acechados por una trampa: percibirse a sí mismos en clave de carencia, pensando que el objeto de su anhelo es algo que se halla fuera o en el futuro. Eso explica que las personas sabias, que empezaron su camino como buscadoras, antes o después, se vieron en la necesidad de abandonarlo, justo en el momento en que comprendieron que, en su profundidad, ya eran aquello que andaban buscando.

En ese momento, los buscadores se convierten en reconocedores, es decir, en seres despiertos, que han comprendido -se les ha revelado- que no hay nada que buscar. Han visto con claridad que la propia búsqueda alimenta y fortalece la idea errónea de carencia, ya que solo busca quien se siente incompleto. En eso consiste el despertar: en ver que quien busca, en realidad se está alejando de lo anhelado; en ver que no se trata de buscar o alcanzar nada, sino, sencillamente, en caer en la cuenta, en reconocer que ya somos lo buscado.

 

LEJOS DE LA CASA DEL PADRE Lc 15, 1-32

fe adulta

 

«Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde»

El capítulo quince de Lucas expresa de forma sencilla, pero inequívoca, la esencia misma de la buena Noticia. A través de sus tres parábolas, Jesús nos dice que Dios no es el que nos juzga, el que nos aparta de sí por causa de los pecados y nos condena si hemos pecado. Dios es el que nos busca cuando estamos perdidos; el que sale cada tarde al camino a esperar nuestro regreso; el que nos restituye a nuestra condición de Hijos sin que medie ningún mérito para ello.

El protagonista indiscutible de la tercera parábola, la del “Hijo pródigo”, es el paterfamilias que da al traste con su dignidad y la mitad de su hacienda porque ha recuperado al sinvergüenza de su hijo que ha vuelto a casa lleno de miseria, pero hoy queremos extraer de este texto universal una enseñanza sobre la naturaleza del pecado.

En primer lugar, el pecado es error. El hijo pequeño se va porque piensa que va a estar mejor lejos de la casa de su padre, pero se equivoca y arruina su vida. Nuestra condición humana se ve atraída por lo que no le conviene y es propensa a engañarse acerca del bien y el mal. Nos apetece lo que no merece la pena; nos fascina lo que nos perjudica. Por eso, nuestra condición de pecadores significa, básicamente, que no sabemos distinguir; que nos sentimos atraídos por cosas que nos parecen buenas, pero que estropean nuestra vida y hacen daño a los demás. Una buena definición de pecado podía ser ésta: “Preferir el mal engañados por su apariencia de bien”.

Pero no cabe duda de que el pecado tiene también una componente de debilidad, de esclavitud, que, unida al error, nos arrastra a perder la dignidad e incluso la identidad; como le ocurre al hijo de la parábola. Pablo, en su carta a los romanos, se lamenta amargamente de ello: «Realmente, mi proceder no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco. Y, si hago lo que no quiero, en realidad ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí» 

«Me esclaviza la ley del pecado», dice Pablo en esa misma carta. El evangelio no nos considera libres sin más, sino esclavos del pecado, y desde esa óptica, el papel de Dios no es el del juez que juzga a personas libres y responsables, sino el del padre que ayuda a sus hijos a que vean mejor y se liberen de sus cadenas.

Finalmente, también podemos concebir el pecado como una pesada carga de la que Dios nos quiere librar. Como decía Ruiz de Galarreta: «Habitualmente hablamos del pecado cometido, pero rara vez del pecado padecido». Jesús nos libera de esa carga proponiéndonos un modo de vida mucho más atractivo que el que nos ofrece el mundo; nos descubre un tesoro escondido que, cuando alguien lo encuentra (porque se ha fiado de él y lo ha buscado), renuncia a todo lo demás, porque todo lo demás deja de tener valor para él.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

miércoles, 3 de septiembre de 2025

León XIV y el reto pendiente de la Iglesia: ¿profecía o diplomacia?

 


Los primeros cien días de León XIV en el papado han despertado análisis diversos. El texto de Juan Antonio Mateos Pérez sintetiza con acierto la diferencia entre Francisco, el papa de los gestos proféticos y disruptivos, y León XIV, el papa de la calma y la diplomacia. Francisco irrumpió con fuerza: gestos de cercanía, palabras contundentes contra la injusticia, viajes simbólicos como el de Lampedusa. León XIV, en cambio, se muestra prudente, sereno, con un estilo de escucha y mediación, pero sin rupturas ni grandes denuncias. Esa comparación es justa: Francisco marcó el listón muy alto con su palabra profética, y León XIV ha preferido comenzar sin sobresaltos, cuidando la unidad y la diplomacia vaticana. El resultado es un inicio de pontificado que transmite paz, pero también deja una sensación de silencio en temas donde el mundo espera claridad: la guerra en Gaza, los abusos, la situación de las mujeres, los migrantes o el reconocimiento de las diversidades.

Ahora bien, el análisis de Mateos puede complementarse con una reflexión más profunda: ¿qué significa hoy el papado y hasta qué punto la propia estructura de la Iglesia ayuda o impide un verdadero liderazgo evangélico? Desde hace siglos, el papado se presenta como la cúspide de una pirámide eclesial: cardenales, obispos, arzobispos, monseñores… una cadena jerárquica que separa al pueblo de Dios de la cabeza visible. Y aquí se abre una pregunta incómoda: ¿es esa forma de organizarse fiel al Evangelio? Jesús mismo rechazó las tentaciones del poder, de la grandeza y de la gloria. Él no buscó tronos ni títulos, sino el servicio humilde, el lavatorio de los pies, la cercanía al pobre y al excluido. Sin embargo, la Iglesia ha terminado configurándose de modo muy parecido a los sistemas políticos: con rangos, privilegios y ascensos que, como ocurre en la política, muchas veces generan ambiciones, ansias de poder y luchas internas.

La crítica no es menor. Un papa puede ser profético en sus gestos y en sus palabras, pero si la estructura que lo sostiene sigue siendo piramidal, rígida y llena de parafernalia, siempre habrá un límite a la verdadera conversión evangélica de la Iglesia. Francisco lo intuyó cuando habló contra el clericalismo y soñó con una Iglesia sinodal, más horizontal. León XIV, por ahora, ha preferido mantener la calma, sin tocar las estructuras de fondo. Otra cuestión clave es la necesidad de esa burocracia eclesial. ¿Es indispensable que existan cardenales, arzobispos, nuncios y una multiplicidad de cargos? Al final, cuanto más lejos se está de la base, más difícil resulta escuchar el clamor del pueblo de Dios. La experiencia política demuestra algo parecido: cuanto más grande es el aparato de poder, más riesgo de desconexión con la realidad cotidiana de la gente.

En este punto surge una cuestión que ya no puede ser callada: el papel de la mujer en la Iglesia. Durante siglos, se ha limitado su presencia a lo secundario o a lo servicial, sin reconocer su plena corresponsabilidad en la misión evangelizadora. Sin embargo, la realidad es evidente: son las mujeres quienes sostienen la vida de las parroquias, de las comunidades, de las catequesis, de la caridad, de la educación, de la vida consagrada. Que su voz no esté al mismo nivel que la de los varones ordenados es un signo de incoherencia y de injusticia que no corresponde al Evangelio. Si la Iglesia quiere ser fiel a Cristo, debe dar un paso claro: sin las mujeres en la toma de decisiones, no habrá verdadera renovación.

A la vez, está pendiente otra deuda: la de los seglares. Se habla mucho de la “Iglesia Pueblo de Dios”, pero en la práctica, la jerarquía sigue acaparando el protagonismo. Los laicos y laicas son mayoría en la Iglesia y, sin embargo, se los trata como espectadores pasivos o ejecutores de lo que otros deciden. El Concilio Vaticano II abrió una puerta que nunca se terminó de cruzar: la de una Iglesia donde el sacerdocio común de todos los bautizados tenga un peso real en la vida comunitaria. Reconocer a los seglares no como auxiliares, sino como corresponsables, sería dar un paso hacia esa Iglesia más horizontal que tanto se necesita.

Volviendo al presente, León XIV parece querer empezar su pontificado construyendo desde la diplomacia. Hay algo valioso en ello: en tiempos de polarización y guerras, alguien que tienda puentes y evite cerrar puertas puede ser necesario. Pero también hay un riesgo: que esa calma se convierta en tibieza, en silencio que duele más que la confrontación. El Evangelio no es un mensaje de equilibrio diplomático, sino de compromiso profético. Jesús no calló ante la injusticia; denunció con nombres y rostros a quienes oprimían al pueblo. Por eso muchos hoy sienten decepción: no basta con llamar a la paz en abstracto, se espera del Papa que señale con valentía las realidades de dolor que claman al cielo. Francisco, en sus primeros cien días, sorprendió con gestos que marcaron un rumbo: cercanía al pobre, denuncia contra la indiferencia, creación del Consejo de cardenales para reformar la Curia. León XIV, en cambio, ofrece un estilo más diplomático, menos arriesgado. Es un papa que escucha, pero que todavía no habla con la fuerza que muchos creyentes esperan.

En este contexto, quizá el gran reto no sea tanto comparar a Francisco con León XIV, sino preguntarnos: ¿qué Iglesia queremos construir? Una Iglesia profética, que no tema alzar la voz por los pueblos sufrientes. Una Iglesia humilde, que renuncie a títulos y pompas que poco tienen que ver con el Evangelio. Una Iglesia sinodal, más horizontal, donde la corresponsabilidad del laicado no sea decorativa, sino real. Una Iglesia que reconozca plenamente el papel de las mujeres, no solo en lo pastoral, sino también en lo decisorio. Una Iglesia que deje de parecerse a los sistemas políticos de poder y se parezca más al Reino de Dios, donde el mayor es el que sirve. Porque al final, el verdadero cambio no vendrá solo de lo que diga o haga el Papa, sino de una conversión estructural y espiritual de toda la Iglesia, desde las comunidades de base hasta la cúpula vaticana.

En sus primeros cien días, León XIV se ha mostrado como un papa diplomático, sereno y prudente. Esa actitud puede ser útil para cuidar la unidad y no precipitarse en decisiones. Pero al mismo tiempo, deja la sensación de que el mundo espera más: más valentía, más palabra clara, más compromiso con los que sufren. La Iglesia necesita serenidad, sí, pero sobre todo necesita profecía, necesita recordar que su misión no es preservar equilibrios políticos, sino anunciar el Evangelio con radicalidad. Y ese Evangelio no es un mensaje tibio: es Buena Noticia para los pobres, denuncia contra los poderosos, anuncio de esperanza para los que sufren.

Si el papado quiere ser realmente evangélico, no basta con un papa diplomático: hace falta una Iglesia menos piramidal, menos política y más humilde, donde la voz profética no dependa de una sola persona, sino que brote de todo el pueblo de Dios. Y en ese pueblo, mujeres y seglares tienen un lugar central, no accesorio. Ese, quizás, sea el verdadero legado pendiente que León XIV podría asumir si quiere pasar de la calma a la profecía.

Javier Cercas: «El cristianismo es revolucionario…… la paradoja es que hoy la Iglesia es incapaz de comunicar esta revolución” -- José Lorenzo

 


Redes Cristianas

Fuente: Amerindia
En el Meeting de Rímini, los escritores Colum McCann, Javier Cercas y el Prefecto del Dicasterio para la Comunicación discuten sobre los límites de la comunicación que puede construir comunión.
Uno de los momentos más vibrantes —según detalla el portal Vatican News— ocurrió cuando Cercas invitó a la Iglesia a cambiar su lenguaje.

El artículo es de José Lorenzo , periodista español, publicado por Religión Digital , 26-08-2025.

Aquí está el artículo.

El escritor español Javier Cercas , el prefecto del Dicasterio para la Comunicación, Paolo Ruffini , y el escritor estadounidense de origen irlandés Colum McCann , moderados por la periodista de la RAI Linda Stroppa , buscaron definir los límites de la comunicación que construye comunión en uno de los encuentros más intensos celebrados en estos días en el Meeting de Rímini , organizado por Comunión y Liberación.

Uno de los momentos más vibrantes, como detalla el sitio web de Vatican News , ocurrió cuando Cercas instó a la Iglesia a cambiar su lenguaje. «La Iglesia hoy necesita cambiar su lenguaje porque tiene un problema lingüístico. El cristianismo es revolucionario porque ha cambiado nuestra forma de existir en el mundo. La paradoja es que hoy la Iglesia es incapaz de comunicar la revolución social de Cristo . La Iglesia tiene un lenguaje anticuado. No es atractivo, no es vital», observó el escritor, nacido en Extremadura y residente en Cataluña desde hace años.

Una declaración solemne, contundente y categórica, con la que el alcalde no parecía del todo de acuerdo. «Hay un problema con el lenguaje, por supuesto», admitió, «pero el lenguaje viene después de la realidad. La Iglesia es comunión o no lo es. Y esta comunión, este cuerpo único, no se trata solo de la Iglesia. Se trata de creer que todos somos hijos e hijas de Dios . Si vivimos así, nuestras palabras tendrán sentido. Pero si dos personas dicen que se aman y no lo hacen, pueden decirse ‘Te amo’ o ‘Te deseo’ de todos modos, pero esas palabras no hablan. Este, en mi opinión, es el punto en el que la Iglesia debe redescubrir la belleza de la comunión».

Incomprensible incluso para los católicos

El riesgo de un lenguaje tan incomprensible, continuó el español, es que «ni siquiera los católicos entienden lo que significa la Iglesia ». Cercas lo ilustró con un ejemplo: «Una de las palabras fundamentales del pontificado de Bergoglio sigue malinterpretándose: sinodalidad . La Iglesia no ha sabido explicar qué es. Y, además, falta algo muy importante, algo que deberíamos aprender del papa Francisco : sentido del humor, ironía».

En ese momento, como informa Vatican News , Cercas recordó «la ternura que la Iglesia me mostró al invitarme a participar en el viaje del papa Francisco y a escribir un libro sobre él, « El Loco de Dios en el Fin del Mundo », aunque no soy creyente. Francisco nos pidió a todos que asumiéramos riesgos. Y para la Iglesia, eso era un riesgo, mientras que para mí era una gran tarea: tenía que deshacerme de mis prejuicios».

Mucha gente en todo el mundo, pero especialmente en países tradicionalmente católicos como Italia , España e Irlanda , alberga enormes prejuicios hacia la Iglesia y el Vaticano. Escribir un libro como este requirió un esfuerzo tremendo: ver, sin juicios automáticos, lo que realmente está sucediendo, quiénes son estas personas, qué está haciendo la Iglesia hoy. Eso es lo que hacemos los escritores: desautomatizamos la realidad. Como si la viéramos por primera vez. Y así, todo se vuelve sorprendente.

Libro » El loco de Dios en el fin del mundo «, de Javier Cercas (Editorial Random House, 2025).

https://www.ihu.unisinos.br/656413-cercas-o-cristianismo-e-revolucionario-o-paradoxo-e-que-hoje-a-igreja-e-incapaz-de-comunicar-essa-revolucao-artigo-de-jose-lorenzo?utm_medium=email&utm_campaign=newsletter_ihu__27-08-2025&utm_source=RD+Station

Sacerdotes y religiosas de Gaza desafían a Israel y mantienen sus complejos abiertos

 


Redes Cristianas

Fuente: Amerindia
Para los refugiados en el complejo ortodoxo y en el católico “tratar de huir hacia el sur equivaldría a una sentencia de muerte”, denuncian los patriarcados de Tierra Santa
El cardenal Pietro Parolin denuncia que lo que ocurre
en la Franja es “un sin sentido”, todo ello “a pesar de la condena del mundo entero”

El último bombardeo sobre un hospital de Gaza ha unido al Patriarcado Griego Ortodoxo de Jerusalén y al Patriarcado Latino de Jerusalén para realizar una declaración conjunta, firmada este 26 de agosto de 2025, denunciado la decisión del gobierno israelí de ?tomar el pleno control de la ciudad de Gaza? algo que ha comenzado una ?inminente ofensiva? y el traslado de civi les al sur de la Franja.

Las puertas del infierno
Así, constatan, se registra más destrucción y muertes en una situación ya dramática antes del inicio de la operación cumpliendo el anuncio del gobierno israelí de que se abrirán las puertas del infierno.
En medio de esta operación, se ha forzado a quienes encontraban refugio en el complejo greco-ortodoxo de San Porfirio y en el complejo latino de la Sagrada Familia.

?Entre quienes han buscado refugio dentro de los muros de los complejos, muchos están debilitados y desnutridos debido a las dificultades de los últimos meses, para ellos, abandonar la Ciudad de Gaza y tratar de huir hacia el sur equivaldría a una sentencia de muerte.

Por ello, ratifican que ?los sacerdotes y las religiosas han decidido quedarse y seguir cuidando de todos los
que se encuentren en los dos complejos?. En la Sagrada Familia se encuentran, por ejemplo las religiosas de la Madre Teresa. ?

No sabemos exactamente qué sucederá sobre el te-
rreno, no solo por nuestra comunidad, sino por toda la población. Solo podemos repetir lo que ya hemos dicho:no puede haber un futuro basado en el cautiverio, el desplazamiento de palestinos o la venganza?, apuntan señalando una de las últimas intervenciones del papa León XIV.

Para los patriarcas, no hay razón alguna que justifique el desplazamiento deliberado y forzoso de civiles. No hay razón alguna que justifique tener a civiles como prisioneros o rehenes en condiciones dramáticas.
Así, concluyen haciendo un llamamiento a la comunidad internacional para que actúe para poner fin a esta guerra insensata y destructiva y para que las personas desaparecidas y los rehenes israelíes puedan regresar a casa?.

Un sin sentido
Por su parte, el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, que está participando en la 75ª Semana Litúrgica Nacional de la Conferencia Episcopal Italiana en Nápoles, ha señalado en declaraciones a los periodista que lo que está ocurriendo en Gaza con el bombardeo israelí a un hospital provocando 20 muertos, entre ellos cinco periodistas, es un sin sentido, todo ello a pesar de la condena del mundo entero.

El cardenal lamentó que no hay visos de solución y que la situación es cada vez más complicada y desde el punto de vista humanitario cada vez más precaria, con todas las consecuencias que estamos viendo constantemente.

El purpurado también comentó la situación de Ucraniaseñalando que hay que seguir trabajando por la paz y
la reconciliación, para lo que hace falta mucha política.

Según recogen los medios vaticanos, en esta situación hay muchas soluciones a nivel teórico y hay muchos caminos que se pueden tomar para llegar a la paz? pero hay que querer ponerlos en práctica y evidentemente hacen falta también disposiciones del espíritu?, señaló apelando a la esperanza.

(vidanuevadigital.com) 26/08/2025

Con la excusa del «narcoterrorismo», EE.UU. amenaza con invadir Venezuela -- Editorial de Observatorio en Comunicación y Democracia

 


Rebelión

Fuentes: CLAE –
El gobierno de Donald Trump envió el crucero de misiles guiados USS Lake Erie y el submarino de ataque rápido de propulsión nuclear USS Newport News al “sur del Caribe”, es decir, a las costas venezolanas. Washington ya cuenta con por lo menos ocho buques de guerra desplegados en la zona, como parte de lo que el mandatario denomina «ofensiva contra el narcoterrorismo» pero que en realidad es un intento más de apoderarse del petróleo venezolano. Ver noticia

La sangre de los inocentes en Gaza -- Revista ‘Reflexión y Liberación

 


Reflexión y Liberación

El cardenal Matteo Zuppi, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, dirigió una vigilia de oración donde se leyó el nombre de cada niño que ha sido asesinado en el conflicto entre Israel y Hamás desde el comienzo de la guerra en Tierra Santa hace dos años.
“Pronunciamos sus nombres uno por uno”, dijo Zuppi al inicio de la vigilia. Ver noticia

ENRIC GARCÍA, EL CURA QUE HACE DE COCINERO EN UN ALBERGUE DE JORBA: "UNA VOCACIÓN AYUDA LA OTRA"


col martell

 

Rector de un puñado de parroquias, cocinero desde la infancia, vicario episcopal del obispado de Vic y, durante unos días de verano —”mientras el obispo Romà Casanova y el vicario general, Josep Maria Riba, están de vacaciones”—, quien se queda al frente de la curia vicense hasta que los dos vuelvan para iniciar el curso eclesial.

Estas son las funciones que lleva a cabo Enric Garcia (Campdevànol, 1973), las cuales son detalladas mientras nos atiende, este mes de agosto, en la antigua vicaría de Jorba, en la Anoia, convertida hace quince años en albergue para acoger anualmente a una media de más de dos millares de peregrinos que hacen el tramo catalán de los caminos de Santiago y de san Ignacio. Y donde la chaqueta de cocinero y la sotana comparten colgador.

Desde este espacio, el presbítero es capaz de gestionar, con el apoyo de un vicario, hasta cincuenta iglesias (la más lejana, en Aguilar de Segarra, a 30 kilómetros) gracias al esfuerzo que, como reconoce, hacen numerosos grupos de laicos. “Todo lo que puedan hacer ellos”, indica, “no hace falta que lo haga yo”. Esto es “clave” para que tanto Garcia como las dos personas que lo ayudan los fines de semana “a servir platos, limpiar y guiar los peregrinos que van y vienen”, afirma, puedan irradiar un sentimiento de acogida a todos ellos que, incluso, “es observado como un hecho extraordinario, si bien tendría que ser propio en todos los seres humanos”.

Sin ningún televisor enchufado “porque la conversación es el plato fuerte de esta casa”, dice, y con un pueblo entregado altruistamente desde los inicios a dar cualquier tipo de apoyo al albergue jorbense, Garcia continúa siendo autor de unos platos aprendidos a hacer desde que accedió, con 9 años, a una fonda de Campdevànol, “donde fui a pedir trabajo porque me aburría en casa”, recuerda. Después de unos años compaginando los estudios seminarísticos con la función de cocinero, en Jorba Garcia ha encontrado la posibilidad de vincular sus dos vocaciones (“que, en ningún caso, considero como dos trabajos, sino como actividades de placer vital“, señala).

Los dos santos, venerados en una pequeña capilla

“Una vocación ayuda la otra”. Y, con esta idea en los labios, Garcia se mueve por un edificio que puede acoger hasta 150 comensales y que, incluso, dispone de una capilla para el culto “para quien lo pida”. Un espacio que unos años atrás “estaba derruido y no disponía de imágenes [como las de san Roque y san Sebastián, venerados antiguamente]” y que, después de reformarlo, es donde se reza tanto a Santiago apóstol como a san Ignacio. “Damos fuerza a todo peregrino para llegar al final del trayecto, gastronómicamente y espiritualmente”, determina el cura, para quien, como decía santa Teresa de Jesús, Dios también se encuentra entre los pucheros, como en los de Jorba.

 

Xavier Pete Vega

Religión Digital

SI QUEREMOS COMPRENDER AL PAPA, TENDREMOS QUE ACUDIR A SAN AGUSTÍN


col martell

 

Seamos claros desde el principio. Si queremos comprender cada paso, cada gesto, cada idea e iniciativa de León XIV tenemos que acudir a San Agustín. La vida de este filósofo único y que es cada día más actual conforma la base existencial y teológica de Robert Prevost. No sólo porque ya fuera el Prior General de la Orden de San Agustín, líder de la congregación agustina desde 2001 hasta 2013, que es mucho e indicativo de por sí, porque, además, se considera su hijo, transformando esta vinculación en todo un programa de vida y de testimonio de fe. No olvidemos que aquel 8 de mayo, minutos después de ser elegido y comparecer ante el mundo, se presentó como agustiniano y el jueves 28 de agosto, día del santo del filósofo, escribió lo siguiente en X: “La vida y el testimonio de San Agustín nos recuerdan que cada uno de nosotros ha recibido dones y talentos de Dios, y que nuestra vocación, nuestra realización y nuestra alegría nacen de devolverlos en amoroso servicio a Dios y a los demás”.

¿Por qué San Agustín? ¿Qué podemos hallar en este hombre que habló y escribió hace 1600 años? ¿No son su mundo y el nuestro diametralmente opuestos? En él encontramos una de las realidades humanas más importantes de la vida: la búsqueda.

San Agustín buscó, se dio cuenta de que su camino no estaba enderezado, y sufrió por ello, pero lo mostró, lo confesó, y encontró en Dios el verdadero sentido de la existencia. León XIV, y su encuentro con los jóvenes fue todo un ejemplo, insiste una y otra vez en la búsqueda de iniciativas y proyectos que sustituyan a los sucedáneos del mundo que pueden generar placer, pero no felicidad. Las Confesiones de San Agustín son una lucha tremenda en este sentido. En el Libro III dice: “Sólo con la humilde piedad volvemos a ti. Y sólo confesándote nos purificas de los malos hábitos y te muestras propicio con nuestros pecados. Tú escuchas los gemidos de los cautivos y nos libras de las cadenas que nosotros mismos nos echamos encima. Y esto lo haces con tal de que no levantemos contra ti los cuernos de una falsa libertad, bien por el ansia de poseer más, bien por perderlo todo, amando más nuestro propio interés que a ti, bien universal de todos”.

Si la Iglesia tiene hoy algo que decir es señalar las diferentes cadenas que esclavizan al mundo y al ser humano. El mensaje del Dios crucificado es liberador de las diferentes cadenas que nos oprimen y nos enfrentan. ¿Estamos cayendo en la cuenta de que León XIV se está tomando la paz como el eje de su pontificado?

La paz es una de las palabras más manoseadas que existen, fácil de pronunciar sin compromiso alguno ante cantidades ingentes de personas, pero recordemos que el proyecto de Jesús de Nazareth es un camino de paz que vemos reflejado en cada eucaristía. Otra vez, el 8 de mayo, ante todo el mundo, nos sorprendieron sus primeras palabras: “La paz esté con todos ustedes: hacia una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante”. Este será, y es todo un acierto, el lema para el mensaje de la Jornada de la Paz del 1 de enero de 2026. La guerra es el resultado de un mal uso de nuestra libertad que nos hace creer en la lógica de la posesión y dominación absoluta sobre la tierra y los demás. Este es el principio del mal de nuestro mundo, el de San Agustín y el nuestro.

¿A alguien le sorprende que el primer libro que ha publicado el Vaticano de León XIV lleve por título Que sea la paz? La paz no sólo se tiene que proclamar, sino que debe ser encarnada. El Papa está insistiendo en que la Iglesia tiene que transformarse en una realidad de comunión y fraternidad. ¿Se puede decir algo diferente desde la lógica del nazareno? Insiste León XIV: “La paz comienza por cada uno de nosotros: por la forma en que miramos a los demás, escuchamos a los demás, hablamos de los demás”.

El mismo 28 de agosto pasado, y ante unos cuarenta miembros de la delegación de representantes políticos y personalidades civiles de Val de Marne, en la diócesis francesa de Créteil, recordó la esencia misma del cristianismo para que no existan equívocos y sepamos cuál es la prioridad de seguir a Cristo en nuestro mundo: “No una simple devoción privada, sino una forma de vivir en sociedad impregnada de amor a Dios y al prójimo que, en Cristo, ya no es un enemigo sino un hermano”. Nada más y nada menos. San Agustín a través de su confesión personal puso encima de la mesa una coherencia evangélica sin precedentes. Por ello es modelo de vida de fe. León XIV está haciendo lo mismo para trazar sentido a su pontificado.

Podríamos escribir infinidad de artículos, estos días se están publicando muchos, sobre todas las influencias de San Agustín en León XIV: la naturaleza del bien y del mal, la felicidad, la importancia del camino del monólogo interior y la introspección psicológica que se adelanta a la modernidad, el ordo amoris o amor ordenado, el intellige ut credas, crede ut intelligas o el comprende para creer donde la fe y la razón tienen que ser complementarias, la relación entre el amor y la gracia desde la presencia perenne del pecado, el libre albedrío y el problema del mal junto con las dos ciudades, la terrenal y divina. En todos y cada uno de los discursos del Papa encontraremos estos temas de san Agustín leídos e interpretados desde nuestra actualidad.

Ahora bien, si algo hay en el Papa Prevost que a mi modo de ver marca la diferencia, desde su estilo y contenido, es, como no podría ser de otra manera, en la insistencia de hablar de DiosY esto, dentro de la propia Iglesia, es contracultural. ¿Cómo puedo afirmar o suponer que la Iglesia no hable de Dios? Pues sí, hoy se nos llena la boca de hablar de injusticias, de pobreza, de los condenados y débiles de la tierra, de dogmas, de instrucciones, de normas, de derecho canónico, pero nos olvidamos de Dios que es de donde emana el fundamento para poder hablar de todo lo demás. Esta es una presencia, una huella clave de San Agustín en León XIV. Vale la pena que recordemos la definición extraordinaria de Dios en el Libro I de Confesiones:

“¿Qué es, pues, mi Dios? ¿Qué si no el Señor de Dios? Porque, ¿qué señor hay fuera del Señor o qué dios fuera de nuestro Dios? Sumo, bonísimo, potentísimo, poderosísimo, misericordiosísimo, justísimo, secretísimo, presentísimo, hermosísimo, y fortísimo. Estable, incomprensible, inmutable, mudando todas las cosas. Nunca nuevo, nunca viejo, renovando todas las cosas y envejeciendo a los soberbios sin que ellos lo entiendan. Siempre en acción y siempre en reposo, que siempre recoges y nunca necesitas. Llevas, llenas y amparas, creas, nutres y perfeccionas. Buscas y no tienes falta de cosa alguna”.

Todos estos atributos, ¿dónde convergen y a dónde nos llevan? Y aquí entra la claridad filosófica y teológica agustiniana de León XIV. En la Misa de iniciación de su pontificado lo dejó claro: “Hermanos y hermanas, esta es la hora del amor de Dios, la caridad de Dios que nos hace hermanos entre nosotros, es el corazón del evangelio”. La inmensidad de Dios, su inabarcable presencia sólo podemos entenderla desde el amor concreto y humano que tiene su máxima manifestación en la donación y en el sacrificio de Jesús en la cruz. Aquí estamos ante el núcleo mismo del cristianismo.

El amor es lo esencial y por ello el Papa nos invita volver a ello, a lo que cura y sana en un mundo herido por la guerra, el odio, el egoísmo y la indiferencia. De ahí que hablase el 1 de junio de que “el mundo actual necesita de una alianza conyugal para acoger y conocer el amor de Dios”. No sólo estaba hablando de los matrimonios que ya levantó ampollas ante esos que se llaman progresistas y que no aceptan nada que no entre en sus esquemas mentales, sino en la unión entre las personas con independencia de su inclinación sexual, su credo religioso, su color de piel, nacionalidad o situación económica. Es la invitación a la experiencia y vivencia del Dios de Cristo crucificado y que es, desde nuestra libertad y responsabilidad, uno de los proyectos más apasionantes de la historia de la humanidad. Sólo falta acogerlo y creérnoslo como lo hizo San Agustín y que hoy anuncia y clama León XIV de forma humilde y sencilla.

 

José Miguel Martínez Castelló *

Religión Digital

*Doctor en Filosofía y profesor de bachillerato de filosofía, psicología y religión en el Patronato de la Juventud Obrera de Valencia (PJO)

PADRE, DÍGAME QUÉ LE HAN HECHO AL BOSQUE


col koldo

 

Vamos sintiendo la catástrofe de los fuegos en todo el país. Y es una inmejorable ocasión de disponernos hacia el futuro inmediato y lejano. Podemos estar alerta y prevenirnos.

Necesitamos contratar obreros fijos y con sueldos dignos, bomberos, preparar los montes fomentando ganaderías que limpien los bosques y laderas, que se hagan senderos y limpieza. Es muy importante que nos proveamos de maquinaria oportuna, que haya personal oficial que tengan planes y directrices. Es preciso que tomemos conciencia todos para no prender fuego en los bosques y contratar los bomberos suficientes para trabajar todo el año, disponiendo los terrenos desde cualquier momento del año.

Hay una cosa muy importante: los fuegos ocurren sobre todo en los pueblos pequeños.

No podemos olvidar el cuidado de las zonas pequeñas, no solo para que llegue el turismo, sino para ayudar, apoyar y cuidar esos municipios y esas zonas. Eso exige fomentar la ganadería, con medios para cuidar los grandes paisajes y las grandes explanadas. Una comunidad autónoma no es solo importante por sus grandes pueblos, por sus monumentos, sino por los municipios pequeños, las praderas, los riachuelos. Por las personas -todas- que vivimos en la España Rural.

Antaño se reunía el Concejo ante los problemas de un municipio y de la zona. Lo sentían como propio. Creo que ha llegado el momento de que funcionen no solo las instituciones, sino todas las personas que nos sintamos afectados. Da pena ver a los partidos políticos reñir y culpabilizarse. No solo se queman los árboles y los bosques, se queman las amistades y las uniones. Y sintamos como propios los problemas de la ciudadanía. Qué bien lo canta Serrat:

«Padre, dime qué le han hecho al río que ya no canta

Se desliza como un pez muerto bajo una capa de espuma blanca

Padre, el río ya no es el río

Padre, antes de que vuelva el verano esconda todo lo que está vivo

Padre, dime qué le han hecho al bosque que ya no hay árboles

En invierno no tendremos fuego ni en verano lugar donde detenernos

Padre, el bosque ya no es el bosque

Padre, antes de que oscurezca llene de vida la despensa

Sin leña y sin peces, padre, tendremos que quemar la barca, sembrar el trigo entre las ruinas

Padre, y cerrar la casa con tres candados y usted decía

Padre, si no hay pinos no hay piñones ni gusanos, ni pájaros».

Ni bosques ni animales, ni hierba, ni naturaleza. NI UNIÓN, NI CONCEJOS.

Como lo cantó Joan Manuel Serrat.  “Padre, dígame qué le han hecho al bosque”. Bueno sería volver a escucharlo a “la SOMBRA DE UN ÁRBOL”.

 

Gerardo Villar

EL OBISPO DE MALLORCA ALABA EL GESTO “HUMANITARIO, VALIENTE Y PACÍFICO” DE LA GLOBAL SUMUD FLOTILLA DE GAZA


col kowalski

 

El obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull, ha mostrado el apoyo y solidaridad de toda la Iglesia de Mallorca a la Global Sumud Flotilla. Esta embarcación impulsada por una red de personas contra el asedio de Israel a Palestina ha salido este domingo, 31 de agosto, de Barcelona y de diferentes lugares rumbo a Gaza. El prelado ha recordado las palabras del papa León XIV “por una paz desarmada y desarmante”.

Gestos de paz

Taltavull espera que la iniciativa sirva para llevar la paz “especialmente en todo aquello que puede contribuir a paliar tanto sufrimiento en muchos lugares del mundo, pero especialmente en Palestina y Ucrania”. Esta flotilla supone, para el obispo, un gesto “humanitario, valiente y pacífico” el ir hacia Gaza, según recoge Europa Press. Es, además, un reclamo para desbloquear el cierre humanitario al que está sometido el pueblo palestino y, concretamente la ciudad de Gaza.

El obispo recuerda además “el esfuerzo de todos crear un corredor humanitario que se abra a tanta gente privada de alimentos, medicinas y aquello más básico para una vida digna, como se ha pedido a nivel internacional desde las Caritas, las Comisiones de Justicia y Paz e innumerables instituciones”. Ojalá, desea, que el proyecto “sea un estímulo para no desfallecer en nuestra lucha por la justicia y la paz entre los pueblos” y ha animado a “romper con toda violencia e invitar a hacer gestos valientes y significativos desde el caminar de cada día en favor de una paz justa y perenne, contando con el esfuerzo de todos por encima de cualquier diferencia, poniendo siempre en primer lugar la dignidad de la persona humana y sus derechos fundamentales”.

 

Vida Nueva - 02/09/2025

LA BONDAD ORIGINAL


col kowalski

 

Durante muchos años creí, como muchos, que el ser humano nacía marcado por una culpa original, por una herida profunda transmitida desde el inicio de los tiempos. Esa enseñanza se me grabó desde niño: que éramos pecadores por naturaleza, y que solo por el sacrificio de Jesús en la cruz pudimos ser rescatados... Y aunque siempre lo acepté, con el tiempo algo en mí no terminaba de asentir.

Recuerdo la frase que repetía “un santo de nuestros días” (que hace muchos años me marco porque la creía verdad superior…) que decía de sí mismo: “Solo soy un pecador que ama a Jesucristo”. Ahora esa frase la entiendo como una expresión de una fe triste, rota, enferma…; no es ese el espíritu de Jesús ni palabras que espera escuchar de nosotros.

Con el tiempo —con la vida, oración, experiencia, amor y algo de silencio— esa certeza empezó a tambalearse. No porque negara el mal o ignorara nuestra fragilidad, sino porque cada vez se hacía más claro dentro de mí que esa no podía ser toda la verdad. Que era insuficiente para explicar la belleza de lo humano, y sobre todo, el rostro de Dios que yo había llegado a conocer.

Hoy, después de un camino de búsqueda, puedo decir con paz que creo más en una “Bondad Original que en un “Pecado Original... Pienso que fuimos creados desde el amor, por amor y para el bien. Que el centro del cristianismo no está en una caída, sino en una filiación. No somos seres condenados que buscan redención. Somos hijos amados, y eso cambia todo.

Hijos, no acusados

Durante siglos nos hemos definido como “pecadores redimidos”. Pero, ¿y si comenzáramos desde otro punto de vista? ¿Y si, en vez de vernos desde la herida, nos atreviéramos a mirarnos desde el amor primero que nos dio la existencia? ¿Y si fuéramos, antes que nada, hijos en proceso de encontrarnos, de crecer, de madurar…?

Decimos que somos hijos de Dios, pero a veces vivimos como si fuéramos sus acusados. Nos dirigimos a Él con miedo, con culpa, con la sensación de no estar nunca a la altura. ¿Cómo se puede amar con libertad a un Dios que parece más un juez que un padre? ¿Cómo confiar si se nos dice que para que Él pudiera perdonarnos, necesitó la sangre de su propio Hijo?

Esa imagen ha hecho daño a la cristiandad. Ha forjado generaciones durante siglos que viven la fe desde el temor, la deuda, la indignidad. Y quizás esa sea una de las razones por las que tantas personas, especialmente los jóvenes, se alejan de la fe: no porque no busquen a Dios, sino porque el rostro que les presentamos de Él ya no les dice nada. O peor aún, les hiere.

El rostro verdadero del Padre

Jesús vino a mostrarnos a Dios, no como juez, sino como Padre. No como un ser airado que exige sacrificios, sino como un amante de la vida, un Dios que se alegra con nuestra existencia. El kerigma no fue un anuncio de condena, sino una noticia de amor: “El Reino de Dios está entre ustedes. Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco.”

Imaginemos algo: ¿cómo nos marcaría saber que nuestros padres, para salvarnos de un castigo, hubieran tenido que sacrificar a nuestro hermano mayor? ¿Qué imagen de justicia, de amor, de paternidad quedaría grabada en nuestro corazón? ¿Qué sentimiento albergaría ese padre en el fondo de su alma? ¿Realmente podríamos amar a alguien que nos amó a ese precio? ¿Y qué sentiríamos hacia ese hermano?

¿Y si la señal de nuestra fe es ver siempre a nuestro Hermano mayor —Dios enviado por Dios— colgado de una cruz en vez de representarlo sonriendo al vivir su vida entre nosotros…? Esto también ha hecho mucho daño…

¿Qué tipo de fe nos ha llegado, hemos heredado…?

Pero Dios no es así. Dios no entregó a su Hijo como quien paga una deuda. Jesús no murió para calmar la ira del Padre. Jesús murió por amar hasta el final, por fidelidad a su mensaje, por no dejar de creer en la bondad del hombre ni siquiera frente al odio. La cruz no es un pacto sangriento. Es la prueba de un amor que no se detiene, que no impone, que no exige, pero que permanece hasta el último aliento.

Desnudos, pero no avergonzados

Cuando leemos el Génesis, vemos que Adán y Eva se escondieron por vergüenza. Pero, ¿quién les dijo que debían avergonzarse? ¿Quién les enseñó a temer su desnudez? Dios no los maldijo. Los buscó. Los llamó por su nombre. Les hizo ropa con sus propias manos. Fue un gesto de ternura, no de juicio.

Quizá el “pecado original” no fue una culpa heredada, sino una toma de conciencia. No una caída, sino un despertar. Y como todo despertar, trajo consigo miedo, vulnerabilidad, confusión. Pero Dios no se asustó de nuestra desnudez. Porque Él conoce el barro del que estamos hechos, y fue precisamente ese barro el que modeló con amor.

Dios vio que era bueno

La Biblia dice que al final de la creación, Dios vio todo lo que había hecho y “era muy bueno”. Y eso nos incluye. Nos creó varón y mujer a su imagen, y se alegró de su obra. Entonces, ¿por qué hemos insistido tanto en vernos como seres dañados? ¿Por qué hemos hecho de la culpa nuestra identidad más profunda?

El ser humano no es, ante todo, un pecador. Es una maravilla en proceso. Un misterio que respira, siente, ama, falla, vuelve a empezar… Y Dios se alegra con cada uno de nuestros pasos. Se alegra cuando creamos, cuando perdonamos, cuando cuidamos, cuando simplemente somos. No porque seamos perfectos, sino porque somos suyos, obra de sus manos.

El drama no es el pecado… sino el miedo

El verdadero drama no es que seamos falibles, que hayamos fallado. El error es que hayamos creído que Dios se aleja por ello. Que hayamos vivido como si su amor dependiera de nuestro desempeño; que hayamos transmitido una fe que asusta, en lugar de una que consuela, que acompaña…

Cuando uno ha amado de verdad, sabe que el amor no se retira ante la fragilidad. Y si nosotros, siendo limitados, sabemos perdonar y volver a amar, ¿cómo no lo haría Dios, que es todo amor?

Tal vez el camino sea este: volver a la ternura original. A la bondad fundante. A la alegría de sabernos hijos. No para negar nuestras sombras, sino para no quedar atrapados en ellas.

Ser cristiano es vivir en paz

Sí. Ser cristiano debería ser motivo de alegría. De confianza. De descanso interior. Porque si el origen es bueno, todo lo demás puede ordenarse. No se trata de negar el mal, sino de no absolutizarlo. Se trata de creer que somos más que nuestras caídas.

Nadie ama desde la culpa. Se ama desde la libertad. Y solo un Dios que ama primero puede despertar en nosotros una respuesta verdadera. No de miedo, sino de confianza. No de exigencia, sino de encuentro.

La gracia no es una limosna. Es la savia que hace florecer lo que somos. Y si la fe no nos hace más humanos, más libres, más agradecidos, tal vez hemos entendido mal el mensaje.

Estas palabras son de búsqueda, no de doctrina…; es más bien testimonio. No es una negación del pecado, sino una afirmación del amor. No busca polemizar, sino invitar... Porque creo, desde lo más hondo de mí, que lo que más necesita el mundo no es una religión que imponga, sino una fe que abrace, un Padre que nos acompañe porque nos ama siempre y desde el inicio…

No somos, ante todo, pecadores: Somos hijos, somos amados desde siempre por quienes somos y como somos. Somos llamados a vivir en plenitud.

Y tal vez —solo tal vez— eso sea lo único que hacía falta recordar.

Y este escrito es, también, una invitación a volver… Una invitación a revisar nuestras ideas y creencias sobre Dios, nuestras palabras sobre el pecado, nuestra forma de anunciar el Evangelio... Pienso que solo si mostramos el rostro amable de Dios —el de un padre que nos mira con ternura desde siempre y no con condena— nuestra fe será verdaderamente una buena noticia.

 

Alfonso Núñez Chávez

agosto ’25