FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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ATALAYA ENERO 2025

jueves, 14 de noviembre de 2024

MIS PALABRAS NO PASARÁN

col Fidel Aizpurua

 


Esta clase de textos, denominados “apocalípticos”, quieren incitar a la vigilancia, a la fe y a la vida cristiana por la senda del temor. Hace tiempo que hemos ido abandonando ese camino de la pedagogía negativa, aunque todavía queden vestigios. Nosotros no tememos al Dios de amor y nos hemos alejado de la religión del temor. Vaya esto por delante.

Posiblemente el mismo Jesús tuvo una mentalidad similar a la que aquí se refiere, propia de la época que, con los años, heredaron sus seguidores: creían que el reino de Dios venía en cuatro días. Estaba la certeza de que el mundo tenía pronta fecha de conclusión. No disponían de las informaciones científicas que tenemos hoy que nos hablan de un ciclo de millones de años para la tierra.

Pero hay algo que puede ser de nuestro interés. El evangelista pone en boca de Jesús este aserto: MIS PALABRAS NO PASARÁN. ¿Qué palabras son esas que no van a pasar y por qué no van a hacerlo?

· No pasarán los sueños liberadores de Jesús: la certeza de la dicha para todos, el fin del sufrimiento de los pobres, la pervivencia de la justicia, las hambres saciadas, el mal derrotado. Todo eso no pasará y sigue vigente en la vida de quienes lo hacen posible.

· No pasarán porque hay mucha gente, como Jesús, tocada por la fuerza humanizadora del amor. Y no hay dique ni obstáculo que frene a quien ama. Y por ello, las grandes palabras de las que con frecuencia nos desdecimos, no pasarán, siempre habrá personas que luchen por ellas.

No habríamos de esbozar un gesto de incredulidad cuando se nos digan estas cosas. Porque si nosotros no damos acogida a las utopías del evangelio, ¿quién las creerá? ¿Y para qué sirve nuestra fe si no creemos en los sueños de Jesús? Tengamos por cierto: creer en los sueños de Jesús es más importante que creer en los dogmas.

Por eso, habríamos de colaborar a que las palabras de Jesús no pasen:

· Que no pase la justicia: aunque demos pasos atrás (como lo son las guerras y quienes les apoyan).

· Que no pasen los sufrimientos de los pobres: trabajando por mitigarlos (como muchos voluntarios en la DANA)

· Que no pase el anhelo de dicha: sobre todo para quien lo tiene peor (como los inesperados hermanos que vienen de la pobreza).

· Que no pasen las hambres no saciadas: hambres físicas, sociales y espirituales.

· Que no pase el tiempo de los sueños y de las utopías: de lo contrario, estamos muertos.

No es lo mismo sueños que ensoñaciones: estas no mueven un dedo para que las cosas cambien. Los sueños son verdaderos porque implican a quien dice tenerlos y lo mueven a actuar, aunque fuere un poco. Si mueren los sueños y las palabras pasan, nuestro planeta muere también.

Y si la eucaristía nos reconforta, si alimenta nuestros sueños, si da fuerza a las mejores utopías, sirve para algo. Si fuera por cumplir, porque siempre lo he hecho, si no me levanta el ánimo, la eucaristía está difunta. Necesitamos pensarlo.

 

PLANTEARNOS LAS GRANDES CUESTIONES José Antonio Pagola

col pagola art

 


Al hombre contemporáneo no le atemorizan ya los discursos apocalípticos sobre «el fin del mundo». Tampoco se detiene a escuchar el mensaje esperanzador de Jesús, que, empleando ese mismo lenguaje, anuncia sin embargo el alumbramiento de un mundo nuevo. Lo que le preocupa es la «crisis ecológica». No se trata solo de una crisis del entorno natural del hombre. Es una crisis del hombre mismo. Una crisis global de la vida en este planeta. Crisis mortal no solo para el ser humano, sino para los demás seres animados que la vienen padeciendo desde hace tiempo.

Poco a poco comenzamos a darnos cuenta de que nos hemos metido en un callejón sin salida, poniendo en crisis todo el sistema de la vida en el mundo. Hoy, «progreso» no es una palabra de esperanza como lo fue el siglo pasado, pues se teme cada vez más que el progreso termine sirviendo no ya a la vida, sino a la muerte. La humanidad comienza a tener el presentimiento de que no puede ser acertado un camino que conduce a una crisis global, desde la extinción de los bosques hasta la propagación de las neurosis, desde la polución de las aguas hasta el «vacío existencial» de tantos habitantes de las ciudades masificadas.

Para detener el «desastre» es urgente cambiar de rumbo. No basta sustituir las tecnologías «sucias» por otras más «limpias» o la industrialización «salvaje» por otra más «civilizada». Son necesarios cambios profundos en los intereses que hoy dirigen el desarrollo y el progreso de las tecnologías. Aquí comienza el drama del hombre moderno. Las sociedades no se muestran capaces de introducir cambios decisivos en su sistema de valores y de sentido. Los intereses económicos inmediatos son más fuertes que cualquier otro planteamiento. Es mejor desdramatizar la crisis, descalificar a «los cuatro ecologistas exaltados» y favorecer la indiferencia.

¿No ha llegado el momento de plantearnos las grandes cuestiones que nos permitan recuperar el «sentido global» de la existencia humana sobre la Tierra, y de aprender a vivir una relación más pacífica entre los hombres y con la creación entera?

¿Qué es el mundo? ¿Un «bien sin dueño» que los hombres podemos explotar de manera despiadada y sin miramiento alguno o la casa que el Creador nos regala para hacerla cada día más habitable? ¿Qué es el cosmos? ¿Un material bruto que podemos manipular a nuestro antojo o la creación de un Dios que mediante su Espíritu lo vivifica todo y conduce «los cielos y la tierra» hacia su consumación definitiva?

¿Qué es el hombre? ¿Un ser perdido en el cosmos, luchando desesperadamente contra la naturaleza, pero destinado a extinguirse sin remedio, o un ser llamado por Dios a vivir en paz con la creación, colaborando en la orientación inteligente de la vida hacia su plenitud en el Creador?

 

DIOS NO TIENE FUTURO, ES UN ETERNO PRESENTE EN EL AQUÍ Y AHORA DOMINGO 33º (B) Mc 13,24-32


 


Estamos en el c. 13 de Marcos, dedicado todo él al discurso escatológico. Este capítulo hace de puente entre los relatos de la vida de Jesús y la Pasión. Los tres sinópticos proponen un discurso muy parecido, lo cual hace suponer que algo tiene que ver con el Jesús histórico. Pero las diferencias entre ellos son tan grandes, que presupone una elaboración de las primeras comunidades. Es imposible saber hasta qué punto Jesús hizo suyas esas ideas. Tampoco debe sorprendernos que admitiera el común sentir.

Estamos ante una manera de hablar que no nos dice nada hoy. No se trata solo del lenguaje, como en otras ocasiones. Aquí son las ideas las que están trasnochadas y no admiten ninguna traducción a un lenguaje actual. Tanto en el AT como en el NT, el pueblo de Dios está volcado sobre el porvenir. Israel se encuentra siempre en tensión hacia la salvación que ha de venir… y nunca llega. Desde Abrahán, a quien Dios dice: "sal de tu tierra", pasando por el éxodo hacia la tierra prometida; y terminando por el Mesías definitivo, Israel vivió siempre esperando de Dios la salvación que le faltaba.

La apocalíptica fue una actitud vital y un género literario. La palabra significa “desvelar”. Escudriñaba el futuro partiendo de la palabra de Dios. Nació en los ambientes sapienciales y desciende del profetismo. Desarrolla una visión pesimista del mundo, que no tiene arreglo; por eso, tiene que ser destruido y sustituido por otro de nueva creación. Invita, no a cambiar el mundo, sino a evitarlo. El futuro no tendrá ninguna relación con el presente. El objetivo era que la gente aguantara el chaparrón en tiempo de crisis.

Escatología, procede de la palabra griega "esjatón", que significa “lo último”. Su origen es también la palabra de Dios, y su objetivo, descubrir lo que va a suceder al final de los tiempos, pero no por curiosidad, sino para acrecentar la confianza. El futuro está en manos de Dios y llegará como progresión del presente, que también está en manos de Dios, y es positivo a pesar de todo. Este mundo no será consumido sino consumado. Dios salvará un día definitiva­mente, pero esa salvación ya ha comenzado aquí y ahora.

En tiempo de Jesús se creía que esa intervención definitiva, iba a ser inminente. En este ambiente se desarrolla la predica­ción de Juan Bautista y de Jesús. También en la primera comunidad cristiana se vivió esta espera de la llegada inmediata de la parusía. Solamente en los últimos escritos del NT, es ya patente un cambio de actitud. Al no llegar el fin, se empieza a vivir la tensión entre la espera del fin y la necesidad de preocuparse de la vida presente. Se sigue esperando el fin, pero la comunidad se prepara para la permanen­cia.

Hasta aquí hemos afrontado la salvación desde una visión mítica que ha durado miles y miles de años. Ahora vamos a situarnos en el nuevo paradigma en el que nos movemos hoy. Al superar la idea del dios intervencionista, se nos plantea un dilema. Por una parte, sabemos que Dios no tiene pasado ni futuro, sino que está en la eternidad. Por otro lado, el hombre no puede entender nada que no esté en el tiempo y el espacio. Meter a Dios en el tiempo es un disparate. Sacar al hombre del tiempo y el espacio, es tarea inútil.

Los novísimos (muerte, juicio, infierno y gloria) son viejísimos conceptos mitológicos que hoy no nos sirven para nada. Sabemos con absoluta certeza que no puede haber conciencia individual sin la base de un cerebro sano y activado. ¿Cómo podemos seguir aceptando una salvación para cuando no quede ni una sola neurona operativa? Piensa por tu cuenta, no sigas tragando el pienso que otros han preparado para ti, no sin antes haberte puesto orejeras para que la realidad no te espante. La realidad supera toda posible expectativa humana. Dios se ha dado todo, a cada uno, desde siempre.

Hoy sabemos que el tiempo y el espacio son productos de la mente. ¿Qué sentido puede tener el hablar de tiempo y espacio cuando ya no haya mente? Hablar de un cielo o infierno más allá de este mundo no tiene ningún sentido. Hablar de un “día del juicio”, cuando no haya tiempo ni espacio, es un contrasentido. Hablar de lo que Dios ha hecho en el pasado o de lo que va hacer en el futuro, es proyectar sobre él nuestros anhelos. Dios es un eterno presente. En el aquí y ahora debemos descubrir lo que está siendo para nosotros siempre. En el aquí y ahora debemos hacer nuestra su salvación.

No esperes más a salir de una mitología que nos ha mantenido pasmados durante tanto tiempo. Salta de la pecera donde has estado confinado y descubre el océano. Ni Dios tiene que cambiar nada ni Jesús tiene que volver al final de los tiempos a rematar su obra. Esperar que el bien triunfe sobre el mal, supone, no solo que existe el mal y el bien (maniqueísmo), sino que sabemos perfectamente lo que es bueno y lo que es malo y pretendemos, como en el caso de Adán y Eva, ser nosotros los que decidamos.

Todos los seres humanos que han vivido una experiencia cumbre, han experimentado la verdadera salvación que consiste en una conciencia clara de lo que son. Para alcanzar esa plenitud no se necesita ningún añadido a lo que ya es el hombre ni quitarle nada de lo que tiene. Desde esta perspectiva no necesitaríamos un Ser supremo que nos quite lo que no nos gusta y nos dé todo aquello que creemos necesitar y no tenemos. Tú lo eres todo. Estás en la plenitud de ser y puedes vivir lo absoluto que hay en ti aquí y ahora.

No tienes que esperar ninguna salvación que te venga de fuera, porque ahora mismo estás absolutamente salvado. La plenitud está ya en ti. Solo tienes que tomar conciencia de lo que eres y vivirlo. Todo está en ti en el momento presente. Nadie te puede añadir nada ni quitar nada de lo que te es esencial. En ningún momento futuro tendrás más posibilidades de ser tú mismo que en este precioso instante. Eres ya uno con todo en el instante presente y no hay ningún otro instante mejor que este.

Todo miedo y ansiedad debe desaparecer de tu vida, porque todas tus expectativas están ya cumplidas sin limitación posible. Si echas en falta algo es que aún estás en tu falso ser y pesa más lo accidental que lo esencial. Ningún tiempo pasado fue mejor y ningún tiempo futuro puede ser mejor que el ahora. Lo que te ha pasado, lo que te pasa y lo que te pasará es lo mejor que te puede pasar. Deja de dar valor a las circunstancias positivas y deja de temer las adversas. Descubre lo que eres y vívelo.

Todo el que te prometa una salvación para mañana o para después de tu muerte te está engañando. Si alguien te convence de que eres una mierda y tiene que venir alguien a sacarte de tus miserias, te está engañando. Aquí y ahora puedes descubrir en ti una absoluta plenitud y alcanzar la felicidad sin límites. No esperes a mañana porque mañanas estarás en las mismas condiciones que hoy. Muchos seres humanos, a través de la historia lo han conseguido, ¿por qué no lo vas a conseguir tú?

 

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, VALENCIA… ¿EL FIN DEL MUNDO? Domingo 33. Ciclo B

 


En el siglo I, sobre todo en las décadas en las que se escribieron los evangelios, ocurrieron cosas parecidas. Un terremoto en Asia Menor que destruyó doce ciudades en una sola noche (año 61). Otro terremoto en Pompeya y Herculano (año 63). Incendio de Roma (año 64). Rebelión de los judíos contra Roma, guerra que durará hasta el año 70 y terminará con el incendio de Jerusalén y de su templo. Nuevo terremoto en Roma (año 68). Guerra civil, con tres emperadores en un solo año: Otón, Vitelio y Vespasiano (año 69). Erupción del Vesubio (año 79).

Estos fenómenos provocaron en muchos sectores cristianos la certeza del fin del mundo. Y los tres evangelistas sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) consideraron fundamental incluir un largo discurso de Jesús a propósito de este tema. Su idea fundamental es tranquilizar los ánimos, y consolar anunciando la vuelta de Jesús. Este convencimiento de que la vuelta de Jesús era inminente recorre todo el Nuevo Testamento, desde su primer escrito, la carta de Pablo a los Tesalonicenses, hasta el último, el Apocalipsis, que termina con las palabras: «Ven, Señor Jesús».

El fragmento de Marcos seleccionado para este domingo se centra en las señales que precederán al fin del mundo y el momento en el que tendrá lugar, insistiendo en que lo fundamental es la vuelta de Jesús. Aquí radica el punto débil de las lecturas de hoy. En el siglo I, algunos cristianos podían estar convencidos de que el fin del mundo y la vuelta de Jesús eran inminentes. Hoy día, salvo los Testigos de Jehová (y ellos mismos han tenido que actualizar sus cálculos), nadie lo cree.

Por consiguiente, cabe el peligro de convertir la homilía en una conferencia sobre la mentalidad cristiana del siglo I a propósito de las grandes desgracias. Sin embargo, en medio de ese lenguaje anticuado, las lecturas encierran gran dosis de esperanza y consuelo, muy necesarias hoy día.

Tres años terribles (169-167 a.C.): el origen del movimiento apocalíptico.

Los años 169-167 a.C. fueron especialmente duros para los judíos. El 169, Antíoco Epífanes, rey de Siria, invadió Jerusalén, entró en el templo y robó todos los objetos de valor, después de verter mucha sangre. El 167, un oficial del fisco enviado por el rey mata a muchos israelitas, saquea la ciudad, derriba sus casas y la muralla, se lleva cautivos a las mujeres y los niños, y se apodera del ganado. Al mismo tiempo, Antíoco, obsesionado por imponer la cultura griega en todos sus territorios, prohíbe a los judíos ofrecer sacrificios en el templo, guardar los sábados y las fiestas, y circuncidar a los niños [como si a nosotros nos prohibieran celebrar la eucaristía y bautizar a los niños]; y manda contaminar el templo construyendo altares y capillas idolátricas, y sacrificando en él cerdos y animales inmundos.

Estos acontecimientos provocaron dos reacciones muy distintas: una militar, la rebelión de los Macabeos; otra teológica, la esperanza apocalíptica, que encontramos reflejada en la 1ª lectura de hoy.

Apocalipsis significa “revelación”, “desvelamiento de algo oculto”. La literatura apocalíptica pretende revelar un secreto escondido, que se refiere al fin del mundo: momento en que sucederá, señales que lo precederán, instauración definitiva del Reino de Dios. Es una literatura de tiempos de opresión, de lucha a muerte por la supervivencia, de búsqueda de consuelo y de unas ideas que den sentido a su vida. La única solución consiste en que Dios intervenga personalmente, ponga fin a este mundo malo presente y dé paso al mundo bueno futuro, el de su reinado.

La respuesta del libro de Daniel

El pequeño fragmento del libro de Daniel recoge algunas de estas ideas. Se anuncia al profeta que habrá un tiempo de angustia como no lo ha habido nunca; pero, al final, se salvará su pueblo, mientras que los malvados serán castigados. Todo esto no puede ocurrir en este mundo, el autor está convencido de que este mundo no tiene remedio. Ocurrirá en el mundo futuro, cuando unos resuciten para ser recompensados y otros para ser castigados. Entre los buenos el autor destaca a los doctos, a los que enseñaron a la multitud la justicia, que brillarán como las estrellas, por toda la eternidad. Con ello deja clara su opción política y religiosa: la solución no está en las armas, como piensan los Macabeos.

Una década fatal (60-70 d.C.)

Además de los datos que hemos indicado al comienzo, la comunidad cristiana sufre toda clase de problemas. Unos son de orden externo, provocados por las persecuciones de judíos y paganos: se les acusa de rebeldes contra Roma, de infanticidio y de orgías durante sus celebraciones litúrgicas; se representa a Jesús como un crucificado con cabeza de asno. Otros problemas son de orden interno, provocados por la aparición de individuos y grupos que se apartan de las verdades aceptadas. La primera carta de Juan reconoce que “han venido muchos anticristos”, no uno solo (1 Jn 2,18), y que “salieron de entre nosotros”.

La respuesta del evangelio de Marcos

En este ambiente tan difícil, el evangelio de Marcos también ofrece esperanza y consuelo mediante un largo discurso (capítulo 13). La lectura de este domingo ha seleccionado algunas frases del final del discurso, a propósito de los interrogantes principales de la apocalíptica: las señales del fin del mundo el momento en el que ocurrirá. En medio, la gran novedad: la venida gloriosa del Señor.

Las señales del fin y la venida del Señor

Las señales no acontecen en la tierra, sino en el cielo: el sol se oscurece, la luna no ilumina, las estrellas caen del cielo. Pero lo que ocurre no provoca el pánico de la humanidad. Porque la desaparición del universo antiguo da lugar a la venida gloriosa del Señor y a la salvación de los elegidos. Indico algunos detalles de interés en estos versículos.

1) A Dios no se lo menciona nunca. Todo se centra, como momento culminante, en la aparición gloriosa de Jesús.

2) De acuerdo con algunos textos apocalípticos judíos, se pone de relieve la salvación de los elegidos. Esto demuestra el carácter opti­mista del discurso, que no pretende asustar, sino consolar y fomentar la esperanza, aunque no encubre los difíciles momentos por los que atravesará la Iglesia.

3) A diferencia de otros textos apocalípticos, que conceden gran importancia a la descripción del mundo futuro, aquí no se hace la menor referencia a ese tema, como si pudiera descentrar la atención de la figura de Jesús.

El momento del fin

La parte final contiene tres afirmaciones distintas: 1) vosotros podéis saber cuándo se acerca el fin (parábola de la higuera); 2) el fin tendrá lugar en vuestra misma generación; 3) el día y la hora no lo sabe más que Dios Padre.

La segunda es la más problemática. Si se refiere a la caída de Jerusalén no plantea problema, porque tuvo lugar el año 70. Pero, si se refiere al fin del mundo, no se realizó. A pesar de todo, es posible que así la interpretasen muchos cristianos, conven­cidos de que el fin del mundo era inmi­nente. Así pensó Pablo en los primeros años de su actividad apostólica.

Pero al lector debe quedarle claro lo que se dice al final: nadie sabe el día ni la hora.

Una omisión incomprensible

El discurso no termina ahí. Añade una exhortación capital: «¡Atención, estad despiertos!». Lo importante no es discutir o calcular, sino mantener una actitud vigilante, esperando contra toda esperanza. Los miles de personas que están ayudando de forma muy sacrificada a las víctimas de Ucrania, Gaza, Líbano, Valencia… nos enseñan cómo debemos responder a las múltiples tragedias de nuestro mundo.

 

LO ÚNICO QUE PERMANECE XXXIII Domingo del TO 17 de noviembre Mc 13, 24-32

 


Con un lenguaje que hoy nos resulta extraño, el género apocalíptico trata de revelar o des-velar (el término “apocalipsis” significa quitar el velo, revelación o des-cubrimiento) lo realmente real, aquello que permanece cuando todo lo demás cambia.

Sabemos que todas las formas u objetos son impermanentes y que, en ese mundo, lo único constante es el cambio. Y sabemos también que la impermanencia es fuente de dolor y, con frecuencia, de intenso sufrimiento, cuando nuestro apego a las formas es fuerte.

Forma u objeto es todo aquello que puede ser observado. En cuanto tales, todos ellos son contenidos de consciencia, ocupan un “espacio” delimitado de lo real y, como acabo de indicar, no escapan a la llamada ley de la impermanencia.

En conclusión: todo aquello que podemos observar, por más importante que nos parezca y por más querido que nos resulte, un día desaparecerá. Lo cual es lo mismo que decir que todo lo que nace, morirá.

¿Hay algo que se salve de la impermanencia? Justamente aquello que no es objeto, lo sin-forma, la consciencia que sostiene todos los contenidos, la “espaciosidad” que contiene todas las formas.

Lo único que permanece es lo no-nacido: aquello -el único “sujeto”- que observa todos los objetos, pero que no puede ser observado; la consciencia que sostiene, contiene y, a la vez, constituye el “núcleo” de todos los contenidos; la “espaciosidad” o presencia consciente en la que aparecen y donde se mueven todas las formas. En definitiva, lo realmente real es aquello que no tiene forma ni nombre, dado que, al no ser objeto, no puede nombrarse adecuadamente. Tal como lo expresó bellamente José Saramago, “en todos nosotros hay algo que no tiene nombre; eso es lo que somos”.

El texto evangélico proyecta esa realidad -lo único permanente, lo realmente real- en Jesús: “El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán”. Pero quien sabe leer descubre que va más allá de la persona del Maestro de Galilea. Lo único que “no pasará” es la consciencia, el ser, la vida… -hacia ello es adonde apunta la palabra de Jesús-, y eso es lo que realmente somos.

JESÚS, NORMA DEFINITIVA DE VIDA Mc 13, 24-32


 


«Y entonces verán al Hijo del Hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria»

El mensaje que encierra el texto de Marcos es muy difícil de interpretar, pues está escrito en un lenguaje escatológico que no va con nuestro estilo y confunde a los especialistas. No obstante, vamos a tratar de extraer alguna conclusión en la línea en la que parece moverse al menos una parte de la exégesis actual, y que, además, no se quede en la mera erudición, sino que nos ayude a vivir con sentido.

La imagen de hecatombe universal que nos describe Marcos en el texto de hoy no nos interesa nada, pues nadie cuenta con vivir esa experiencia. Lo que nos interesa, porque nos atañe como ninguna otra cosa en el mundo, es que cada uno de nosotros camina hacia el final de su propio tiempo; que nuestra vida es camino; que por él nos dirigimos paso a paso hacia la muerte y que nada en la vida de un cristiano tiene sentido si no es mirando al final que le espera.

Somos caminantes que caminan hacia su destino, y el libro del Éxodo es una preciosa metáfora de nuestra vida: “Desde la cómoda esclavitud de nuestras pasiones, por el desierto de la vida, hacia la Patria; hacia la casa del Padre”.

Mientras dura el camino estamos sujetos a error; tenemos propensión a equivocarnos; a confundir lo que es mera apariencia con la verdad, y ese error nos mueve a elegir mal y echar a perder nuestra vida.

Y sobre esta base, lo que parece decirnos Marcos en el evangelio de hoy es que, al final de su vida, Jesús se proclama a sí mismo camino de Verdad”; nos alerta de que la Palabra está ahí para mostrarnos el camino; para no perdernos por otros caminos que mueren cuando acaba nuestra vida; para salvar nuestra vida de la banalidad y el desastre… Jesús nos urge con fuerza a optar por él; a optar por sus criterios; por su propuesta de vida.

«Yo soy el camino, la verdad y la vida», nos dice Juan en su evangelio. Pero Marcos no se expresa de una forma tan sencilla, sino que se vale de unas imágenes soberbias para presentarnos a Jesús como el juez supremo del bien y el mal; del acierto y el desacierto: «Y entonces verán al Hijo del Hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; y enviará a los ángeles...».

Nos cuesta mucho trabajo entender este lenguaje, nos resulta extraño, pero quizá pueda ayudarnos el recordar que el evangelio asocia siempre el final con un juicio, y lo hace usando una escenografía colosal que no debe confundirnos. Lo que significa ese juicio es que al final resplandecerá la Verdad; que al final, los seres humanos nos encontraremos con la revelación definitiva; y esa revelación es Jesús como norma definitiva de vida; que no aceptarlo así es equivocarse.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

miércoles, 6 de noviembre de 2024

El río se ha vuelto loco

 


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EFE/Jorge Zapata.

NUEVA TRIBUNA

Carlos Sotos
Carlos Sotos

¿Se volvió loco el río? Ese grito que la ignorancia en forma de pánico gritó una mujer angustiada cuando ve peligrar su vida. ¿Qué es lo que se volvió loco? ¿Fueron los ayuntamientos y comunidades autónomas que durante decenios colmataron barrancos, cauces y zonas inundables para ir creando ataúdes de hormigón armado en un urbanismo expansivo sin controles de su repercusión sobre el territorio? ¿Los que desoyeron y ocultaron los informes técnicos y científicos invadiendo el dominio público hidráulico aprobando planes que permitieron esas infraestructuras inadecuadas para el desarrollo urbanístico? ¿Los que evitaron siquiera mirar los documentos de CEDEX, o del Instituto Geográfico y Minero de España, que tienen cartografiadas las áreas de inundación y están disponibles por los ayuntamientos de toda España y de los que no hacen ningún caso los planes de ordenación del territorio de las comunidades autónomas en su afán de "crear suelo”? ¿Para qué? ¿Para financiar los presupuestos municipales, para resolver el “problema de la vivienda” o para el 3%?

¿Enloquecieron los propietarios de suelos rústicos, que de hortelanos pasaron a millonarios terratenientes y rentistas por mor de los aprovechamientos y plusvalías de sus recalificaciones de suelo productivo a urbano? ¿Estaban tarumbas los Bancos y Cajas de Ahorro locales que financiaron a lo bestia esos proyectos “creando suelo” para la actividad constructiva e inmobiliaria y que luego hubo de rescatarlos por sus excesos de riesgo en la crisis de 2008-2017? ¿Se enajenaron los ciudadanos que votaron mayoritariamente a los representantes políticos que les garantizaban “riqueza y empleo” por esos medios? ¿Se volvió loca la codicia?

¿Estaba en su sano juicio el científico que en medio de la catástrofe pondera “con lingüística literaria” que el agua tiene memoria, como si el agua solo buscase salida cuando el ser humano se lo impide de manera natural? ¿Están bien de la cabeza los que hacen panegírico de las “marchas de la escoba” de la ciudadanía solidaria, cuando lo que hace falta son medios técnicos y herramienta pesada, además de personal formado para retirar los materiales de desecho y escombros que permitan recuperar viarios e infraestructuras en una catástrofe? ¿Andan bien de entendederas los que organizan como pollos sin cabeza recogida de alimentos al buen tuntún cuando la zona afectada es de una población de 150.000 personas y a apenas 5 km hay una población y unas infraestructuras de 3.000.000 de personas con todos los medios disponibles para resolver el problema de acopios y lo que es imprescindible es hacerlos llegar sin viajar 400 km desde Madrid? ¿Se volvió loca la rabia?

¿No se volvieron locos los negacionistas en las instituciones valencianas que han impedido con su incompetencia funcional afrontar esta situación con un mínimo de previsión?

¿Algún cuerdo se ha dado cuenta de que en el Puerto de Valencia se encuentra uno de los mayores enclaves de transportes de alimentos de España y Europa, y de que los almacenes de acopio de El Corte Inglés, Amazon, Lidl, Carrefour, etc. (que son de los mayores de España) están ubicados allí? ¿Alguien ha reparado cuál es el destino de las numerosas aportaciones solidarias y a quienes se les dirigen, estando presentes sobre el terreno Cruz Roja y otras organizaciones solventes conocidas? ¿Se le supone sentido común al personal que duda de que se pueda alimentar a 35.000 personas cuando solo la fuerza desplazada del estado suma ya 20.000 efectivos que se alimentan diariamente y tiene capacidad operativa para muchos más? ¿Hay alguna cabeza pensante para que en un estado de frustración y rabia se le ocurra NO hacer una visita de Estado a la zona 0 del desastre sin haber desplegado toda la infraestructura, el personal y tomar las medidas básicas para superar la imagen y las consecuencias de este? ¿Se ha vuelto loco el sentido común?

Todas esas preguntas son meras reflexiones de urgencia, en un estado de ansiedad y de rabia contenida por personas de cierta edad que, por experiencia y lectura informada, sabíamos que este tipo de situaciones son la noticia de una catástrofe anunciada. Cuya enseñanza dudo mucho que produzca las respuestas adecuadas. Tengo, eso sí, la seguridad de que no se volvieron locos los negacionistas en las instituciones valencianas, que han impedido con su ignorancia científica, su incapacidad técnica, su incompetencia funcional y su cerrazón ideológica, el afrontar un mínimo de previsión de estas situaciones. Son los que destinan millones a festejos taurinos y se reúnen para charlas del tema mientras se barruntaba la tragedia. Son los que vienen negando el cambio climático hasta tal punto que hacen desaparecer los organismos de prevención de catástrofes por resultar “innecesarios”. Son los que dar por sentado que siempre que llueve escampa y hasta es bueno para el campo.

Porque también son los que no tiene conciencia de su responsabilidad a las 7.32 horas de la mañana y no toman medida de alerta hasta 12 horas después. Los que no modifican “agenda institucional” mientras el cielo se viene encima. Los que se ponen chaleco de “comandante en jefe supremo” cuando no pasan de soldado raso en esto de gestionar lo público. Son los que muchos de ellos tienen en su haber no haber tenido un solo trabajo de responsabilidad profesional, empresarial o de gestión en toda su vida, que les haya capacitado para el ejercicio de sus funciones. Los que trampean para escurrir el bulto y no tomas medidas generosas para confortar a las víctimas, obsesionados con mantener sus “competencias”, mientras que las gentes lloran y se desesperan con sus muertos a pocos metros y la imagen de sus vidas destruidas. No, esos no están locos tampoco, son, eso sí, unos incompetentes e irresponsables, pero son responsables de vidas, salud, hacienda y patrimonio de la ciudadanía. Y de eso van a tener que responder de ello. Porque no van a poder alegar locura en sede judicial. Que es donde esto va a residir después.

No se trata de una locura y sí de una responsabilidad compartida

Aunque moralmente no son los únicos. También lo son los ciudadanos que les han aupado al poder y ahora lloran y tiran piedras, fango y palos al aire. A donde deben y a donde no deben. Son los que les han votado para estar ahí, no ningún dictador al que pasarle esa responsabilidad en calidad de loco. Porque eso también tiene una calificación moral y política: NO se trata de una locura y SÍ de una responsabilidad compartida. Aunque la gran excusa puede residir en ese grito “El río se ha vuelto loco”. Valdría para todos. Si es así como pensamos, mala solución tenemos a futuro.

La Reforma que trastocó Iglesia y mundo

 


Fuente: Observatorio eclesial

Este 31 de octubre se conmemora en todo el mundo la Reforma Protestante, algo más de cinco siglos después de que Lutero clavase sus 95 tesis en Wittenberg (Alemania)
El 31 de octubre de 1517, víspera de la fiesta católica de Todos los Santos, Martín Lutero dio a conocer públicamente sus tesis, y el impacto fue tal que se señala esa fecha como el comienzo de la Reforma protestante
y una vuelta a la pureza del mensaje del Evangelio de Jesús.

Para unos, Lutero es el ogro que destruyó la unidad de ―la iglesia, la bestia salvaje que holló la viña del Señor, un monje renegado que se dedicó a destruir las bases de la vida monástica. Para otros, es el gran héroe que hizo que una vez más se predicara el evangelio puro de
Jesús y la Biblia, el reformador de una iglesia corrupta.

Él cambió el curso de la historia al desafiar con valentía
el poder del papado y del imperio, sosteniendo puntos
de vista contrarios a la práctica y ordenanzas de la reli-
gión establecida, el catolicismo romano, por considerar-
las contrarias al contenido de la Biblia.

La principal doctrina evangélica que Lutero alzó contra
el sistema ritualista de penitencias fue que la salvación
es por fe y por gracia solamente, no por obras. La chis-
pa que movió al monje vino probablemente en 1515, cuando Lutero empezó
a dar conferencias sobre la Epístola a los Romanos,
pues él mismo dijo después que fue en el primer capítu-
lo de esa epístola donde encontró la respuesta a sus
dificultades.

Larga lucha
Esa respuesta no vino fácilmente. No fue sencillamente
que un buen día Lutero abriera la Biblia en el primer
capítulo de Romanos, y descubriera allí que ―el justo
por la fe vivirá‖.

Según él mismo cuenta, el gran descubrimiento fue
precedido por una larga lucha y una amarga angustia,
pues Romanos 1:17 empieza diciendo que ―en el evan-
gelio la justicia de Dios se revela‖. Según este texto, el
evangelio es revelación de la justicia de Dios.

Estuvo meditando de día y de noche para comprender
la relación entre las dos partes del versículo que, tras
afirmar que ―en el evangelio la justicia de Dios se reve-
la‖, concluye diciendo que “el justo por la fe vivirá”.
La respuesta que encontró Lutero fue sorprendente. La
―justicia de Dios‖ no se refiere en la carta a los Roma-
nos, como piensa la teología tradicional, al hecho de
que Dios castigue a los pecadores. Se refiere más bien
a que la ―justicia‖ del justo no es obra suya, sino que es
don de Dios.

La ―justicia de Dios‖ es la que tiene quien vive por la fe,
no porque sea en sí mismo justo, o porque cumpla las
exigencias de la justicia divina, sino porque Dios le da
este don.

La ―justificación por la fe‖ no quiere decir que la fe sea
una obra más sutil que las obras buenas, y que Dios
nos pague esa obra. Quiere decir más bien que tanto la
fe como la justificación del pecador son obra de Dios,
don gratuito.
En consecuencia, continúa comentando Lutero acerca
de su descubrimiento y revelación, ―sentí que había na-
cido de nuevo y que las puertas del paraíso me habían
sido franqueadas.

Las Escrituras todas cobraron un nuevo sentido. Y a
partir de entonces la frase ‗la justicia de Dios‗ no me
llenó más de odio, sino que se me tornó indeciblemente
dulce en virtud de un gran amor‖.

Prudente y reservado
Lutero parece haber sido un hombre relativamente re-
servado, dedicado a sus estudios y a su vida espiritual.
Su gran descubrimiento, aunque le trajo una nueva
comprensión del evangelio, no lo llevó de inmediato a
protestar contra el modo en que la Iglesia católica en-
tendía la fe cristiana.

Al contrario, nuestro monje continuó dedicado a sus la-
bores docentes y pastorales y, si bien hay indicios de
que enseñó su nueva teología, no pretendió contrapo-
nerla a la que enseñaba el catolicismo.

Cuando por fin decidió que había llegado el momento
de lanzar su gran reto, redactó noventa y cinco tesis,
que debían servir de base para un debate académico.
En ellas, Lutero atacaba varios de los principios funda-
mentales de la teología escolástica católica, y por tanto
esperaba que la publicación de esas tesis, y el debate
consiguiente, serían una oportunidad de darle a cono-
cer su descubrimiento al resto de la Iglesia.

Contra el lucro
La controversia fue mucho mayor de lo que Lutero se
proponía. Lo que había sucedido era que, al atacar la
venta de las indulgencias de Juan Teztel en Alemania,
Lutero se había atrevido, aún sin saberlo, a oponerse al
lucro y los designios de varios personajes mucho más
poderosos que él.

Según Lutero, si es verdad que el Papa tiene poder pa-
ra sacar las almas del purgatorio, ha de utilizar ese po-
der, no por razones tan triviales como la necesidad de
fondos para construir una iglesia, sino sencillamente
por amor, y ha de hacerlo gratuitamente (Tesis 82). Pe-
ro aunque muchos abrigaban tales sentimientos, nadie
protestaba, y la venta continuaba.

Las 95 tesis
Lutero clavó sus famosas noventa y cinco tesis en la
puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Esas te-
sis, escritas en latín, no tenían el propósito de crear una
conmoción religiosa. Lutero dio a conocer sus tesis la
víspera de la fiesta de Todos los Santos, y su impacto
fue tal que frecuentemente se señala esa fecha, el 31
de octubre de 1517, como el comienzo de la Reforma
protestante y la reafirmación de que la Palabra de Dios
es el punto de partida y la autoridad final de la Iglesia y
de toda teología.

La mayoría de historiadores conviene en que Lutero
remitió sus tesis al Arzobispo de Maguncia, al Papa, a
algunos amigos y a otras universidades en esa fecha.
Con todo, las tesis fueron impresas muy pronto, y antes
de 1518 habían sido extensamente leídas por toda Eu-
ropa.

Reacción y cisma
Su impacto sorprendió al propio Lutero. Las autoridades
religiosas vacilaron, sin embargo, en condenarle. Conti-
nuará discutiendo con teólogos partidarios de las doc-
trinas de Roma, por ejemplo, con Johann Eck en la fa-
mosa disputa de Leipzig de 1519.

Las 95 tesis son finalmente condenadas definitivamente
el 15 de junio de 1520 por la bula Exsurge Domine del
papa León X. Lutero, entonces abiertamente en conflic-
to con la Iglesia católica, es excomulga-
do a principios del año siguiente.

El Papa León X exigió que Lutero se retractara por lo
menos de 41 de sus tesis, pero el monje alemán, ya
famoso en toda Europa, rechazó esta exigencia públi-
camente en la Dieta de Worms de 1521 jugándose la
vida. Era el paso definitivo para lo que luego sería la
reforma protestante.

Esta Reforma supuso no sólo una revolución espiritual,
sino también social, económica, cultural, científica y po-
lítica. Se puede decir que el mundo y la sociedad mo-
dernos en gran parte nacen de este momento de la His-
toria que supo señalar al Jesús del Evangelio de una
forma nítida, nueva y clara.

Israel cancela el acuerdo de 1967 con la UNRWA y deja sin asistencia a cinco millones de personas refugiadas palestinas

 


kaosenlared

Diario Al-Quds Libération
El Estado ocupante informa a Naciones Unidas la cancelación de la UNRWA en Cisjordania y Gaza
El Ministerio de Asuntos Exteriores de la ocupacion informó a Naciones Unidas de la cancelación del acuerdo que regula las operaciones de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) en Israel y los territorios ocupados, que incluyen Cisjordania y la Franja de Gaza (la agencia presta servicios sociales a más de cinco millones de refugiados palestinos). Ver noticia

Vivir con nuestros muertos

 

PEPA TORRES

El título de este artículo no es mío; es de un espléndido libro escrito por la rabina francesa Delphine Horvilleur sobre la pérdida de los seres queridos y la inseparabilidad de la vida y la muerte en la existencia humana. Junto con otro titulado A la salud de los muertos, Relatos de quienes quedan de la antropóloga Vinciane Despret, son los libros -sin contar el Evangelio-, que más me han ayudado a integrar en mi propia vida el misterio, el dolor y la esperanza de la muerte, casi siempre inoportuna.

Este noviembre, “mes de los muertos”, quiero escribir sobre ello. He tenido la suerte de que las personas queridas que he acompañado a vivir hasta el fin han sido personas que pudieron vivir y morir con dignidad, conscientes del trance que atravesaban, y despedirse de la vida con pasión, con amor y con una inmensa resiliencia y esperanza, pese al dolor y el misterio que las atravesaba. Se puede vivir y morir de muchas maneras y yo he tenido la suerte de ser testigo de esta forma de hacerlo.


Quizás por eso el sentimiento de presencia de estas vidas en mi existencia cotidiana es constante y se me revela como fuerza, como aliento de vida y agradecimiento permanente. Mis muertos no me abandonan. Forman parte de mi día a día. Se me hacen presentes cuando me doy crema en la cara y, en este gesto de cuidado, la presencia de mi madre se me hace más nítida con una sonrisa cómplice de aprobación, o cuando escucho atenta a mujeres jóvenes que andan buscando ser ellas mismas, enfrentando el precio que han de pagar por serlo; trato de apoyarlas con todas mis fuerzas, como hizo conmigo otra de mis muertas más queridas, mi compañera incondicional y siempre amiga Teresa. O cuando me sumo a las movilizaciones contra el genocidio de Gaza cantando “Libre, libre Palestina”, como aprendí de Conchita, una de mis muertas más insumisas. Quizás, por ello, por esa naturalidad con la que convivo con mis muertas más queridas, de manera que viven en mí y conmigo a cada instante, me resulta tan evocador un poema de Begoña Abad del que me he apropiado, recreándolo:

Cada día no hablo de ti, te guardo (…)

Cada vez que pronuncio palabras esenciales:

pan, agua, caricia, mano, beso (…)

silencio, libertad,

imaginación, misterio,

valentía,

presencia infinita y eterna

Dice Vinciane Despret en su libro que las teorías occidentales del duelo instan a cortar todos los lazos con las personas fallecidas, de manera que a los muertos no les queda otro rol más que el de hacerse olvidar. Así, los muertos solo están verdaderamente muertos si no les damos conversación; es decir, consideración. Por ello nos urge a crear y explorar de manera creativa y simbólica la relación con ellos porque, como señala también Anny Duperey, los muertos sólo están muertos si los enterramos, si no trabajan por y con nosotros. Por tanto, debemos acompañarlos y ayudarlos a acompañarnos, ofrecerles y reconocerles un plus de existencia.

En el momento en el que el individuo muere, su actividad está inacabada y puede decirse que permanece inacabada en tanto no subsistan seres capaces de reactualizar esta ausencia activa, semilla de consciencia. Creo que, en cierto sentido, la creencia cristiana de la Resurrección tiene que ver con esto y, sobre todo, la celebración de los muertos en tantas culturas, pero me refiero especialmente a los rituales mexicanos. Creo también que el miedo a la muerte en el Norte global tiene que ver con la ausencia de esta perspectiva.

Sin embargo, también hay otros muertos, millones de muertos, sin nombre, muertos que, como dice Judit Butler, sus vidas no son dignas de ser lloradas, muertos sin memoria que pierden -por tanto- su capacidad de revelación, que esperan ser rescatados de la amnesia colectiva: los desaparecidos y desaparecidas en tantas fosas comunes en México, Colombia, Argentina, Chile, España…y en el Mediterráneo o la ruta canaria, los más de 40.00 muertos masacrados en Gaza, los olvidados en África. Muertos que son también nuestros, por nuestro silencio o complicidad. Muertos que piden no ser olvidados y que las historias de abandono, de violencia, de injusticia, de barbarie, cuyas vidas representan, nunca más se repitan.

Tenemos una deuda de llanto, de grito, de justicia y reparación con ellos y ellas. Muertos que claman ante el desamor y en ese clamor está su plus de existencia, su presencia incómoda, porque como me recuerda mi muerta más querida, mi hermana Susana, el amor es la vida y nos hace eternas, porque quien ama y es amada no morirá jamás.

La peligrosa economía Trump-Musk -- Joseph Stiglitz / Profesor en la Universidad de Columbia, Premio Nobel de Economía

 


Reflexión y Liberación

La campaña presidencial de Estados Unidos alcanzó un punto álgido cuando Donald Trump y sus acólitos pronuncian promesas cada vez más radicales si llegan al poder. Pero, es imposible recortar impuestos para las corporaciones y los multimillonarios, sostener programas básicos de defensa y seguridad social y bajar el déficit, todo al mismo tiempo. Ver noticia

Devastación y barro -- Miguel Ángel Mesa Bouzas

 


Redes Cristianas

Desbordó la noche ingentes torrentes de agua
inesperada, salvaje, indomable,
arrasando, arrastrando, exterminando.
No hubo ni un instante de sosiego,
solo se escuchaba el fragor de impetuosas aguas,
desgarradores gritos sin respuesta,
cuerpos conducidos por la corriente
hacia la insaciable oscuridad.

Al amanecer todo era devastación y barro.
Como en las montañas de Ararat después del diluvio.
No quedó a salvo nada.
Todo flotaba caótico sobre la nada.

Y fueron saliendo bañados en lágrimas.
Con el ánimo asolado y la rabia desbordada.
Pero uno sacó una pala, otra una escoba,
alguien más allá un rastrillo,
limpiando la propia casa
y ayudando en la del vecino.

Como un río esta vez de gente
cruzaban los puentes, andaban horas
y se unían a la limpieza, al desescombro.
Afluentes de solidaridad y empatía
que calmaban por un instante la herida abierta.

Todo un país lacerado por la desdicha de otros.
Toda una sociedad arropando a quienes
se han quedado durante una noche interminable
sin nada.

Queda la angustia y la humanidad más profunda
consolando el alma desgarrada,
abrazando a quienes se encuentran abatidos,
uniendo sus manos y su sensibilidad
ante el desaliento, el abandono
y la infinita vulnerabilidad de la vida.

FERNANDO DÍAZ ABAJO: "ES NECESARIA UNA NUEVA COMPRENSIÓN DEL TRABAJO EN LA CLAVE DE RELACIÓN Y CUIDADO"


col martell

 

Cuando este noviembre se cumpla el 30º aniversario del documento La Pastoral Obrera de toda la Iglesia, una parte del impulso que ha recibido en todo este tiempo el 'patito feo' de la pastoral en la Iglesia española se deberá al empeño de este sacerdote sevillano, Fernando Díaz Abajo, quien, junto con otros curas, laicos y obispos inolvidables, como Antonio Algora, dieron la cara por insistir en no dejar al mundo del trabajo fuera de la misión evangelizadora. Aunque algunas veces se las rompieran y los ningunearan.

Hoy, tres décadas después, este cura de la HOAC y durante años director del Departamento de Pastoral Obrera de la Conferencia Episcopal Española, repasa en entrevista con Religión Digital la importancia de este documento aprobado por la Plenaria del Episcopado español en 1994, y del que, asegura que "muchas de sus orientaciones siguen teniendo plena actualidad", aunque deja abierta la puerta a una actualización debido a los grandes cambios que se vislumbran en el mundo del trabajo con el advenimiento de la Inteligencia Artificial.

¿Qué balance hace de estas tres décadas del documento La Pastoral Obrera de toda la Iglesia?

Ha sido un documento importante porque ha orientado la acción pastoral en el mundo del trabajo posibilitando que hoy sea una pastoral mucho más transversal de la Iglesia española. Muchas de sus orientaciones y propuestas operativas siguen hoy activas, impulsando la presencia eclesial en el mundo del trabajo; sigue conservando su vigencia. Quizá con la perspectiva de estos treinta años, y los cambios producidos en el mundo del trabajo, llega el momento de revisar y actualizar la propuesta pastoral de la Iglesia en este ámbito, pero muchas de sus orientaciones siguen teniendo plena actualidad.

Durante algunos años, este documento fue algo así como el patito feo de la pastoral en la Iglesia en España. ¿Por qué?

No tanto el documento, como la propia Pastoral Obrera. El documento tuvo lo que hoy llamaríamos un proceso muy sinodal de elaboración y se aprobó por una muy cualificada mayoría en la Asamblea Plenaria, pero siempre se pensó que estábamos ante una pastoral muy sectorial, propia de especialistas, de los movimientos apostólicos obreros, como algo accesorio a la misión evangelizadora de la propia Iglesia.

Hoy, en cambio, creo que podemos decir que es una pastoral que ha adquirido carta de naturaleza en la pastoral de toda la Iglesia. El papa Francisco insiste en que el “gran tema es el trabajo”, y el devenir de estos treinta años ha ido propiciando que sea una pastoral, como proponía el documento, de toda la Iglesia, aunque queda mucho camino aún por recorrer.

En treinta años, el mundo del trabajo ha cambiado de manera importante. ¿Mantiene su vigencia este texto, se ha quedado desfasado o sus postulados siguen siendo proféticos?

Como te decía, creo que precisamente por ese carácter profético, novedoso, creativo, con el que vio la luz, sus propuestas siguen siendo teniendo actualidad: en la consideración de que se trata de un campo pastoral transversal en la misión evangelizadora de la Iglesia, en que es algo que no es solo cuestión de especialistas, sino de toda la Iglesia, en que sigue siendo necesario un conocimiento y una mayor aplicación pastoral de la Doctrina Social de la Iglesia, en la necesidad de una presencia encarnada en el mundo del trabajo, en la importancia que hemos de seguir dando a la misión de los movimientos apostólicos obreros, a la formación sacerdotal en relación con estos temas, tan desconocidos por muchos candidatos al sacerdocio… Sigue habiendo desafíos tan actuales como lo eran entonces.

Lo que sí ha cambiado es la configuración del mundo obrero y del trabajo, y la de las realidades pastorales presentes en él, y ello sí requiere que algunas de las propuestas operativas las actualicemos a la luz de la experiencia de estos treinta años.

Lo que no ha perdido vigencia es la precariedad en el mundo del trabajo. Hoy, en lo que algunos llaman el precariado, tener un empleo ya no te garantiza salir de la pobreza. ¿Cómo afronta la Iglesia en España este desafío?

Juan Pablo II ya nos avisaba en Laborem Exercens que muchas de las situaciones de pobreza y de injusticia que enfrentamos en nuestro mundo son resultado de la violación de los derechos de las personas trabajadoras, de los derechos asociados al trabajo. Al precarizarse el trabajo, se precarizan también los derechos asociados a él.

Esto es algo que en la Doctrina Social de la Iglesia se ha ido planteando cada vez con más claridad y contundencia. No hay mayor pobreza que no poder llevar a casa el sustento necesario de la familia, como insiste el papa Francisco. Hace muchos años que la Iglesia puso en la primera línea de la reflexión pastoral la cuestión del precariado, que hoy se ha convertido en una forma normalizada de configurar las relaciones laborales. La realidad de los trabajadores pobres es cada vez mayor. Pese a tener trabajo no les permite vivir con dignidad. Solo habría que mirar, por ejemplo, el acuciante tema de la vivienda.

De ahí que el necesario impulso de todo lo que significa el trabajo decente, tal como lo definió Benedicto XVI en Caritas in Veritate, haya de ser uno de los ejes centrales de la acción pastoral de la Iglesia en este campo.

La tarea profética de seguir denunciando esas situaciones que atentan contra la dignidad humana, y de ir impulsando la dignidad del trabajo y el trabajo decente, sigue siendo motor del acompañamiento pastoral que la Iglesia realiza en estas realidades.

La dignidad y dignificación del trabajo recorre esas páginas y la necesaria apuesta por ser acompañada esa reivindicación desde la Iglesia. ¿Cree que quienes sufren esa falta de trabajo digno y decente esperan una palabra de acompañamiento y profética por parte de la Iglesia?

Por supuesto que la esperan y la necesitan. Lo han manifestado así trabajadores que sufren esas situaciones. Lo han reconocido las propias organizaciones sindicales de nuestro país, que agradecen esta presencia, este impulso y este acompañamiento de la Iglesia y que valoran la presencia profética y samaritana de la misma en estas realidades. Lo expresan así los familiares de los trabajadores fallecidos en accidentes de trabajo…

Recuerdo en este sentido la valoración tan positiva que hicieron y el reconocimiento que trasladaron en el Encuentro Internacional de Organizaciones sindicales que se celebró en el Vaticano en el año 2017 convocado por el Dicasterio para el desarrollo Humano Integral.

Se percibe en todo el mundo del trabajo, también en la vida sindical, una cierta desmovilización, probablemente debido a ese individualismo detectado por los sociólogos y que se ha instalado como principio social. Se ve hoy en que apenas hay movilizaciones ciudadanas ni por la invasión de Ucrania ni por lo que está sucediendo en Gaza o El Líbano. ¿Cómo se lucha desde la Iglesia, desde la Pastoral Obrera, contra eso? ¿O corre también la Iglesia el peligro de contagiarse de ese mirarse el ombligo?

El individualismo se ha introducido también en la Iglesia. Uno de los mayores desafíos para la evangelización, para la vivencia de la fe es la recuperación de la dimensión comunitaria de nuestra existencia y de nuestra fe, que nos permita realizar una mirada creyente y misericordiosa sobre las realidades humanas, y especialmente sobre toda esta amplia realidad del trabajo humano.

La formación que nos permita vincular fe y vida de manera inseparable, generando una espiritualidad honda, activando los mecanismos necesarios para tejer redes de solidaridad, para tender puentes que nos permitan seguir encontrándonos a los distintos agentes sociales y a la Iglesia, posibilitar experiencias alternativas de comunión dentro de la propia Iglesia que podamos ofrecer a los hombres y mujeres del trabajo como nuevas formas de solidaridad humana, para seguir acompañando a las víctimas de la violación de la dignidad del trabajo, son tareas que seguir abordando.

En esto ha insistido especialmente el papa Francisco en su pontificado: rehacer la conciencia y la experiencia de ser una comunidad humana, una familia humana, en la que nadie pude salvarse solo, en la que necesitamos unos de otros para realizar vitalmente nuestra vocación comunitaria.

El Sínodo sobre la sinodalidad puede ser un momento positivo de inflexión en esta dirección.

Algunos vaticinan para menos de cinco años un fuerte impacto de la Inteligencia Artificial en el mundo del trabajo. Millones de personas serán prescindibles y prescindidas… ¿Está teniendo en cuenta la Iglesia, la Pastoral Obrera, ese nuevo y no tan lejano horizonte?

Por supuesto. Hay realidades del trabajo que cambiarán significativamente, especialmente en el ámbito del empleo. Pero en todo caso, hay que seguir insistiendo en la necesidad de reconocer y valorar trabajos que hoy no tienen esa consideración. El trabajo es más que el empleo. Todos necesitamos trabajar. Por eso es necesaria una nueva comprensión del trabajo en la clave de relación y cuidado que propone Francisco. Esto es necesario ayudar a comprenderlo fuera de la Iglesia, y a realizarlo dentro de ella.

Con este panorama, ¿se atreve a vislumbrar la Pastoral Obrera de dentro de otros treinta años?

Las adivinanzas no funcionan en la pastoral. Pero la confianza en el Espíritu que surge de una lectura creyente de la realidad y que activa de manera creativa procesos de humanización, sí. Yo creo que siempre será necesaria una pastoral obrera de toda la Iglesia que irá descubriendo en clave samaritana las presencias pastorales que permitirán acompañar esta realidad humana, y que por eso cada vez seremos una Iglesia más conscientes de la centralidad del trabajo en la vida de las personas, de la necesidad de que ese trabajo humano sea digno, y de que propiciar eso es avanzar caminos de realización del reino de Dios. Creo que tendremos Pastoral Obrera para muchos años.

 

José Lorenzo

Religión digital